Вы находитесь на странице: 1из 24

La esencia del neoliberalismo

Pierre BOURDIEU - Mayo de 1998

El mundo económico ¿es realmente, como pretende la teoría


dominante, un orden puro y perfecto, que desarrolla de
manera implacable la lógica de sus consecuencias
previsibles, y dispuesto a reprimir todas las transgresiones
con las sanciones que inflige, bien de forma automática o
bien - más excepcionalmente- por mediación de sus brazos
armados, el FMI o la OCDE, y de las políticas que estos
imponen: reducción del coste de la mano de obra, restricción
del gasto público y flexibilización del mercado de trabajo? ¿Y
si se tratara, en realidad, de la verificación de una utopía, el
neoliberalismo, convertida de ese modo en programa
político, pero una utopía que, con la ayuda de la teoría
económica con la que se identifica, llega a pensarse como la
descripción científica de lo real?

Esta teoría tutelar es una pura ficción matemática basada,


desde su mismo origen, en una formidable abstracción, que,
en nombre de una concepción tan estrecha de la
racionalidad, identificada con la racionalidad individual,
consiste en poner entre paréntesis las condiciones
económicas y sociales respecto a las normas racionales y de
las estructuras económicas y sociales que son la condición
de su ejercicio.

Para percibir la dimensión de estos aspectos omitidos, basta


pensar en el sistema de enseñanza, que jamás se tuvo en
cuenta en tanto que tal en un momento en el que
desempeña un papel determinante en la producción de
bines y servicios, así como en la producción de los
productores. De esta especie de pecado original, inscrito en
el mito walrasiano (1) de la "teoría pura", derivan todas las
carencias y las ausencias de la disciplina económica, y la
obstinación fatal con la que se pega a la oposición arbitraria
a la que da lugar, por su sola existencia entre la lógica
propiamente económica, basada en la competencia y
portadora de eficacia, y la lógica social, sometida a la regla
de la equidad.

Dicho esto, esta "teoría" originariamente desocializada y


"deshistorizada" tine hoy más que nunca los medios de
convertirse en verdad, empíricamente verificable. En efecto,
el discurso neoliberal no es un discurso como los otros. A la
manera del discurso psiquiátrico en el sanatorio, según
Erving Goffman (2), es un "discurso fuerte", que si es tan
fuerte y tan difícil de combatir es porque dispone de todas
las fuerzas de un mundo de relaciones de fuerza que él
contribuye a hacer tal y como es, sobre todo orientando las
opciones económicas de los que dominan las relaciones
económicas y sumando así su propia fuerza, propiamente
simbólica, a esas relaciones de fuerza. En nombre de ese
programa científico de conocimiento, convertido en
programa político de acción, se lleva a cabo un inmenso
trabajo político (negado en tanto que es, en apariencia,
puramente negativo) que trata de crear las condiciones de
realización y de funcionamiento de la "teoría"; un programa
de destrucción metódica de los colectivos.

El giro hacia la utopía neoliberal de un mercado puro y


perfecto, posibilitado por la política de desregulación
financiera, se realiza a través de la acción transformadora y,
hay que decirlo muy claro, destructora de todas la medidas
políticas (la más reciente de éstas es el A.M.I., Acuerdo
Multilateral de Inversiones, destinado a proteger a las
empresas extranjeras y sus inversiones contra los Estados
nacionales), tendientes a poner en tela de juicio todas las
estructuras colectivas capaces de obstaculizar la lógica del
mercado puro : nación, cuyo margen de maniobra no deja de
disminuir; grupos de trabajo con, por ejemplo, la
individualización de los salarios y de las carreras en función
de las competencias individuales y la atomización de los
trabajadores, sindicatos, asociaciones, cooperativas; incluso
familia, que, a través de la constitución de mercados por
"clases de edad", pierde una parte de su control sobre el
consumo.

El programa neoliberal, que extrae su fuerza social de la


fuerza político - económica de aquellos cyos intereses
expresa (accionistas, operadores financieros, industriales,
políticos conservadores o socialdemócratas convertidos a la
deriva cómoda del laisser - faire, altos ejecutivos de las
finanzas, tanto más empecinados en imponer una política
que predica su propio ocaso cuanto que, a diferencia de los
técnicos superiores de las empresas, no corren el peligro de
pagar, eventualmente, sus consecuencias), tiende a
favorecer globalmente el desfase entre las economías y las
realidades sociales, y a construir de este modo, en la
realidad, un sistema económico ajustado a la descripción
teórica, es decir, una especie de máquina lógica, que se
presenta como una cadena de restricciones que obligan a los
agentes económicos.

La mundialización de los mercados financieros, junto al


progreso de las técnicas de información, garantiza una
movilidad sin precedentes de capitales y proporciona a los
inversores, preocupados por la rentabilidad a corto plazo de
sus inversiones, la posibilidad de comparar de manera
permanente la rentabilidad de las más grandes empresas y
de sancionar en consecuencia los fracasos relativos. Las
propias empresas, colocadas bajo semejante amenaza
permanente, deben de ajustarse de forma más o menos
rápida a las exigencias de los mercados, so pena, como se
ha dicho, de "perder la confianza de los mercados", y, al
mismo tiempo, el apoyo de los accionistas que, preocupados
por una rentabilidad a corto plazo, son cada vez más
capaces de imponer su voluntad a los managers, fijarles
normas (a través de las direcciones financieras) y de
orientar sus políticas en materia de contratación, de empleo
y de salarios.

De este modo se instaura el reino absoluto de la flexibilidad,


con la extensión de los contratos temporales o los
interinatos, y los "planes sociales" reiterados y, en el propio
seno de la empresa, la competencia entre filiales
autónomas, entre equipos empujados a la polivalencia y, en
definitiva, entre individuos, a través de la individualización
de la relación salarial: fijación de objetivos individuales;
entrevistas individuales de evaluación; evaluación
permanente; subidas individualizadas de salarios o
concesión de primas en función de la competencia y del
mérito individuales; carreras individualizadas; estrategias de
"responsabilización" tendientes a asegurar la
autoexplotación de algunos técnicos superiores que, meros
asalariados bajo fuerte dependencia jerárquica, son
considerados a la vez responsables de sus ventas, de sus
productos, de su sucursal, de su almacén, etc., como si
fueran "independientes"; exigencia de "autocontrol" que
extiende la "implicación" de los asalariados, según las
técnicas de la "gestión participativa", mucho mós alló de los
empleos de técnicos superiores. Técnicas todas ellas de
dominación racional que, mediante la imposición de la
superinversión en el trabajo a destajo, se concitan para
debilitar o abolir las referencias y las solidaridades colectivas
(3).
La institución práctica de un mundo darwinista de lucha de
todos contra todos, en todos los niveles de la jerarquía, que
halla los resortes de la adhesión a la tarea y a la empresa en
la inseguridad, el sufrimiento y el stress, no podría triunfar
tan completamente, sin duda, de no contar con la
complicidad de las disposiciones precarizadas que produce
la inseguridad y la existencia - en todos los niveles de la
jerarquía, hasta en los niveles más elevados, especialmente
entre los técnicos superiores - de un ejercito de reserva de
mano de obra domeñada por la precarización y por la
amenaza permanente del paro. En efecto, el fundamento
último de todo este orden económico situado bajo el signo
de la libertad, es la violencia estructural del paro, de la
precariedad y de la amenaza de despido que implica: la
condición del funcionamiento "armonioso" del modelo micro-
económico individualista es un fenómeno de masas, la
existencia del ejercito de reserva de los parados.

Los efectos visibles del modelo

Esta violencia estructural pesa también sobre lo que


llamamos el contrato de trabajo (sabiamente racionalizado y
desrealizado por la "teoría de los contratos"). El discurso de
empresa nunca había hablado tanto de confianza, de
cooperación, de lealtad y de cultura de empresa como en
una época en la que se obtiene la adhesión de cada instante
haciendo desaparecer todas las garantías temporales (las
tres cuartas partes de los contratos son temporales, no cesa
de crecer la parte de empleos precarios y el despido
individual tiende a no estar ya sometido a ninguna
restricción).
Vemos así cómo la utopía neoliberal tiende a encarnarse en
la realidad de una especie de máquina infernal, cuya
necesidad se impone a los propios dominadores. Esta utopía
- como el marxismo en otros tiempos, con el cual, desde
este planteamiento, tiene muchos puntos en común - suscita
una formidable creencia, la free trade faith (la fe en el
librecambio), no sólo entre los que viven de ella
materialmente, como los financieros, los patronos de las
grandes empresas, etc., sino también entre los que extraen
de ella su razón de existir, como los altos ejecutivos y los
políticos, que sacralizan el poder de los mercados, en
nombre de la eficacia económica, que exigen el
levantamiento de las barreras administrativas o políticas
susceptibles de importunar a los detentadores de capitales
en la búsqueda puramente individual de la maximización del
beneficio individual, instituida en modelo de racionalidad,
que quieren bancos centrales independientes, que predican
la subordinación de los Estados nacionales a las exigencias
de la libertad económica para los amos de la economía, con
la supresión de todas las reglamentaciones en todos los
mercados, empezando por el mercado de trabajo, la
prohibición de los déficits y de la inflación, la privatización
generalizada de los servicios públicos y la reducción del
gasto público y del gasto social.
Los economistas vinculados al neoliberalismo, sin compartir
necesariamente los intereses económicos y sociales como
verdaderos creyentes, tienen los suficientes intereses
específicos en el campo de la ciencia económica como para
aportar una contribución decisiva, cualesquiera que sean sus
impresiones respecto de los efectos económicos y sociales
de la utopía que visten de razón matemática, en la
producción y en la reproducción de la creencia en la utopía
neoliberal. Como están separados a lo largo de toda su
existencia y, sobre todo, por su formación intelectual, casi
siempre puramente abstracta, libresca y teoricista, del
mundo económico y social tal como es, se muestran
particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica
con la lógica de las cosas.
Participan y colaboran en un formidable cambio social y
económico - confiando en modelos que tunca tuvieron la
oportunidad de someter a la prueba de la verificación
experimental, propensos a mirar desde arriba los logros de
las otras ciencias históricas, en las que no reconocen la
pureza y la transparencia cristalina de sus juegos
matemáticos, y cuya profunda necesidad y su capacidad
suelen ser incapaces de comprender - que, pese a que
algunas de sus consecuencias les causan horror (pueden
cotizar para el Partido Socialista y dar meditados consejos a
sus representantes en las instancias de poder), no puede
disgustarles ya que, aun a riesgo de algunos fallos,
imputables a lo que ellos llaman a veces "burbujas
especulativas", tiende a hacer realidad la utopía
ultraconsecuente (como ciertas formas de locura) a la que
consagran su vida.
Y, sin embargo, el mundo está ahí, con los efectos
inmediatamente visibles de la puesta en práctica de la gran
utopía neoliberal: no sólo la miseria cada vez mayor de las
sociedades más avanzadas economicamente, el crecimiento
extraordinario de las diferencias entre las rentas, la
desaparición progresiva de los universos autónomos de
producción cultural, cine, edición, etc., por la imposición
intrusista de los valores comerciales, sino también y sobre
todo la destrucción de todas las instancias colectivas
capaces de contrapesar los efectos de la máquina infernal, a
la cabeza de las cuales está el Estado, depositario de todos
los valores universales asociados a la idea de público, y la
imposición, generalizada, en las altas esferas de la economía
y del Estado, o en el seno de las empresas, de esta especie
de darwinismo moral que, con el culto del "triunfador",
formado esencialmente en las matemáticas superiores,
instaura como normas de todas las prácticas la lucha de
todos contra todos y el cinismo.
¿Cabe esperar que el volumen extraordinario de sufrimiento
que produce semejante régimen político-económico llegue
un día a ser el origen de un movimiento capaz de parar la
carrera hacia el abismo? De hecho, nos encontramos aquí
ante una extraordinaria paradoja: en tanto que los
obstáculos encontrados reiteradamente en el camino de la
realización del otro orden - el del individuo solo, pero libre -
se consideran hoy imputables a rigideces y a arcaísmos, y
mientras que cualquier intervención directa y consciente, al
menos cuando viene del Estado, es desacreditada de
antemano, es decir, conminada a desaparecer en beneficio
de un mecanismo puro y anónimo, el mercado (olvidamos
con frecuencia que éste es también el ámbito del ejercicio
de los intereses), en realidad, la permanencia o la
supervivencia de las instituciones y de los agentes del orden
antiguo a punto de ser desmantelado, y todo el trabajo de
todos los niveles de trabajadores sociales, y también todas
las solidaridades sociales, familiares y muchas más, es lo
que hace que el orden social no se hunda en el caos a pesar
del volumen creciente de la población precarizada.
El paso al "liberalismo" se ha realizado de manera
insensible, o sea imperceptible, como la deriva de los
continentes, ocultando así a las miradas sus más terribles
efectos a largo plazo. Efectos que, paradojicamente,
también son disimulados por las resistencias que suscita ya
por parte de los que defienden el orden antiguo bebiendo en
las fuentes que encerraba, en las solidaridades antiguas, en
las reservas de capital social que protegen toda una parte
del orden social presente de su caída en la anomía. (Capital
que si no se renueva, ni se reproduce, está abocado a su
depauperación, pero cuyo agotamiento no es para mañana).
Pero esas mismas fuerzas de "conservación", a las que no es
tan fácil tratar como fuerzas conservadoras, son también,
bajo otra relación, fuerzas de resistencia contra la
instauración del orden nuevo, que pueden terminar siendo
fuerzas subversivas. Y si, por consiguiente, podemos guardar
alguna esperanza razonable, es porque todavía existe, en las
instituciones estatales y también en las disposiciones de los
agentes (en especial, los más vinculados a esas
instituciones, como la pequeña aristocracia funcionarial), de
tales fuerzas que, bajo la apariencia de defender
simplemente - como se les reprochará en seguida -un orden
desaparecido y los "privilegios" correspondientes, deben
ciertamente (para resistir la prueba) afanarse en inventar y
construir un orden social que no tenga por única ley la
búsqueda del interés egoísta y la pasión individual del
beneficio, que prepare el camino a colectivos orientados a la
consecución racional de fines colectivamente elaborados y
aprobados.
¿Cómo no hacer un sitio especial, entre estos colectivos,
asociaciones, sindicatos, partidos, al Estado, Estado nacional
o, mejor todavía, supranacional, es decir, europeo (etapa
hacia un Estado mundial), capaz de controlar y de imponer
eficazmente los beneficios obtenidos en los mercados
financieros y, sobre todo, de contrapesar la acción
destructora que estos últimos ejercen sobre el mercado de
trabajo, organizando, con la ayuda de los sindicatos, la
elaboración y la defensa del interés público que, se quiera o
no, no saldrá nunca, ni siquiera al precio de algunos errores
en la escritura matemática, de la visión de contable (en otra
época se hubiera dicho "de tendero") que la nueva creencia
presenta como la forma suprema de la realización humana.

Notas

(1) NDLR: en referencia a Auguste Walras (1800-1866),


economista francés, autor De la nature de la richesse et de
l'origine de la valeur (1848); fue uno de los primeros que
intentó aplicar las matemáticas al estudio económico.
(2) Erving Goffman, Asiles, Etudes sur la condition sociale
des malades mentaux, Editions de Minuit, Paris, 1968
(3) Sobre todo esto, cabe remitirse a los dos números de las
Actes de la recherche en sciences sociales dedicadas a las
"Nouvelles formes de domination dans le tranail" (1 y 2),
n°114, septiembre de 1996, y n°115, diciembre de 1996, y
muy especialmente a la introducción de Gabrielle Balazs y
Michel Piatoux, "Crise du travail et crise du politioque",
n°114.
Cuerpo legítimo y cuerpo alienado de Pierre Bourdieu Artículos Topía.htm

Cuerpo legítimo y cuerpo alienado de Pierre


Bourdieu

Por Lic Daniel Gómez - Publicado en 16 November 2008

Algunas reflexiones a partir de las conceptos de “cuerpo legitimo” y “cuerpo alienado”


de Pierre Bourdieu

Lo que proponemos es un cruce de caminos. Las posibles preguntas quedaran


planteadas (o situadas) en ese cruce, en la intersección. La idea que nos motiva es
acercarnos a una concepción política del cuerpo, utilizando como mapa (o cartografía)
del análisis, el texto del sociólogo francés Pierre Bourdieu: “Notas provisionales sobre
la percepción social del cuerpo” (1) Allí el cuerpo humano es pensado o leído como un
producto social y por tanto atravesado (penetrado) por la cultura, por relaciones de
poder, las relaciones de dominación, y de clase . Ello permite plantear (brevemente)
una noción o percepción del cuerpo de quienes “dominan” y una noción del cuerpo de
quienes son “dominados”. Es dable aclarar que el concepto de dominación no
entendido sólo en un sentido material y concreto, sino también (o mejor) en un sentido
simbólico, en tanto un grupo social es capaz de “crear sentido”, y articular y sostener
el consenso de esa dominación. Pero como pensar (sustentar) esta perspectiva
dicotómica (y dualista) del cuerpo que plantea Bourdieu, frente a la diversidad –
multiplicidad de manifestaciones y formas corporales a las que hoy asistimos. Máxime
en un contexto donde por momentos el soporte “material” del cuerpo retrocede frente
a las relaciones virtuales que Internet permite.
Por otro lado es cierto que las ciencias sociales plantean una crisis histórica y filosófica
de las clasificaciones binarias (o duales) del cuerpo, del tipo “normal – anormal”,
“moral – inmoral”, “bello – feo”. Pero aun así dado que el cuerpo humano esta inscripto
en relaciones sociales, ¿pueden encontrarse en él signos no naturales? Es decir
¿pueden “leerse en él, las relaciones de dominación a las que antes se aludieron?. Y
por ello a pesar de la crisis de las clasificaciones binarias: ¿tienen alguna manifestación
corporal (en tanto posturas, gestos, hexis) las relaciones de clase (o grupo) social? O
¿es todo una confusión babeliana o “neo barroca” (2) de características corporales?
Según Bourdieu el cuerpo humano es un producto social (mucho mas que natural),
modelado (o construido) en relaciones sociales que lo condicionan y le dan forma. Es
decir el cuerpo humano es, por ello, un cuerpo “desnaturalizado” en un sentido
estrictamente biológico. A través del cuerpo hablan (y como tal pueden ser “leídas”)
las condiciones de trabajo, los hábitos de consumo, la clase social, el habitus, la
cultura. El cuerpo es pues, como un texto donde se inscriben las relaciones sociales de
producción y dominación. Tendría entonces: un carácter históricamente determinado,
podría decirse: la historia del cuerpo humano, es la historia de su dominación. Esta
condición del cuerpo como producto (producción) social, es analizada en toda su
brutalidad por Michel Foucault, para el caso del paso del trabajador agrícola medieval,
al obrero industrial en período previo a la Revolución Industrial. (3)
Pero además, esta construcción social del cuerpo, tiene un correlato en la percepción
social del propio cuerpo. Es decir a los aspectos puramente físicos, se suman otros de
tipo estético, como el peinado, la ropa, los códigos gestuales, las posturas, las mímicas,
etc, que el sujeto incorpora paras si. El cuerpo es entonces aprehendido. Según
Bourdieu: “las propiedades corporales, en tanto productos sociales son aprehendidas a
través de categorías de percepción y sistemas sociales de clasificación que no son
independientes de la distribución de las propiedades entre las clases sociales: las
taxonomías al uso tienden a oponer jerarquizándolas, propiedades mas frecuentes
entre los que dominan (es decir las mas raras) y las mas frecuentes entre los
dominados”. (4) Por ello la desigualdad con que se ordena una sociedad, tendrá por
tanto un correlato de distribuciones desiguales de rasgos corporales en los diferentes
sectores sociales.
Es decir, que el análisis da cuenta de una construcción – percepción de un cuerpo de
los que dominan (cuerpo legítimo) y un cuerpo de los dominados (cuerpo ilegítimo o
alienado) . Ambos están unidos por una relación de complementariedad. La ausencia
de rasgos en uno “habla” de los rasgos que estarán presentes en el otro. Si el cuerpo
legitimo es “naturalmente” suelto, el cuerpo será “naturalmente” torpe. Por ejemplo: el
cuerpo desgarbado de los hipíes de finales de la década del 60 (en lo que niega) habla
del cuerpo legítimo del soldado que combate en Vietnam.
¿Pero como traducir o interpretar esta perspectiva de análisis, frente las múltiples
manifestaciones del cuerpo (y de miradas) a la que hoy asistimos? Cómo cruzar el par
cuerpo legítimo – alienado con la diversidad corporal del presente? En mi opinión, la
multiplicidad no ha disuelto las fronteras. Quizás la línea de separación sea ahora una
zona o superficie. La “era del vacío” (que plantea Lipovetsky) (5) con su correlato de un
interés profundo por el propio cuerpo, que somete el cuerpo a técnicas de cuidado y
reciclaje: gimnasias, dietas, deportes, cirugía, cultos solares y terapéuticos y que
alimenta un nuevo “imaginario” del cuerpo, pero aun así, este imaginario esta ligado
mas fuertemente a los sectores medios y altos urbanos. En la periferia, en la sub
urbanidad, estas preocupaciones no aparecen con tanta fuerza. Con la crisis de la
“sociedad disciplinaria” (que analiza Foucault) y el auge de la “sociedad de control”
(que opera desde el marketing y la empresa que plantea Deleuze y de la “seducción”,
según Lipovetsky ) (6) aun no desparecen las fronteras. Existe una nueva “normalidad”
ahora aceptada: “travestis, transformistas, físico culturistas, andróginos, darks...etc”.
pero aun así existe un “otro lado”, “un afuera”, un “cuerpo alienado”. En este otro lado
estarían (casi siempre) por ejemplo, los bolivianos, salteños, jujeños, que son
muchísimas veces detenidos por la policía para “verificar” su identidad. O los jóvenes
de la periferia urbana (y social) portadores de signos e indicadores corporales “no
legítimos” como los tatuajes “tumberos” de tinta china (no de aquellos prolijos y
multicolores), o su postura, forma de caminar y vestimenta “no legítima”. Aun en la
diversidad: ¿qué los hace sospechosos? ¿qué los hace torpes en el transito por el
espacio urbano? ¿Qué los hace visibles? Pues la portación de cualidades corporales no
legitimas, tal como las entiende Bourdieu.
Me niego a creer con Lipovetsky que la “era de la personalización” abra un nuevo
mundo de nuevas y ampliadas libertades. La dominación, la exclusión los intereses de
clase parecen existir a pesar de Lipovetsky, aunque si coincido con él, es justo decirlo,
en que la seducción (del consumo) es una de las partes fundamentales que articulan
hoy, el control social.
Surge entonces una última pregunta: ¿son válidas las nociones planteadas por
Bourdieu para acercarnos a las (múltiples) problemáticas que el cuerpo humano, como
categoría de análisis, presenta en nuestros días?. Yo creo que si. Si no ¿qué sentido
tendrían las puertas de servicio?
Notas
1- Bourdieu, Pierre: “Notas provisionales sobre la percepción social del cuerpo”. En
Materiales de Sociología Crítica. Ed. La Piqueta. Madrid, 1986.
2- El concepto de “neo barroco” alude al tono de época, utilizado por Calabrese Omar,
en la “La era neo barroca”, Ed. Cátedra, 1989.
3- Aunque Foucault analiza este proceso en muchos de sus trabajos y conferencias. La
construcción del cuerpo “dócil” esta magistralmente descripta en: Foucault Michel:
Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión. Siglo XXI, Bs As, 1994.
4- Bourdieu, Pierre. Op. Cit.
5- LIPOVETSKY, Giles: “La era del vacío” Anagrama, Barcelona, 1986.
6- Según la actual teoría social asistimos a una nueva manifestación-articulación del
poder, donde la vigilancia perpetua de la sociedad disciplinaria a dado paso a
estrategias de control social, basado en el consumo, el marketing, la empresa, una
lectura en este sentido puede leerse en: Deleuze Gilles: Posdata a las sociedades de
control. Mimeo. O en , Lipovetsky Gilles: La era del vacío. Op. Cit. En sus trabajos, el
control social aparece ligado a estrategias de seducción como el consumo, el culto del
cuerpo, etc
CULTO AL CUERPO, MODERNIDAD Y MEDIOS DE COMUNICACION 1 €

Lecturas: Educación Física y Deportes.
Año 3, Nº 9. Buenos Aires. Marzo 1998
http://www.efdeportes.com

CULTO AL CUERPO, MODERNIDAD Y MEDIOS DE COMUNICACION 1

Prof. Ms. Ana Lúcia de Castro2


UNICAMP/FAPESP (Brasil)
Resumen
Este trabajo pretende ofrecer algunas pistas para la reflexión
sobre la intensificación del 'culto al cuerpo' en las sociedades
contemporáneas, ubicando los momentos históricamente
importantes para la construcción de esa práctica con el devenir del
siglo XX. Busca, además, relacionar el papel de los medios -prensa
y audiovisual- con la creciente preocupación imagética y estética
experimentada por los individuos en esta etapa contemporánea de
la modernidad.
Palabras clave: Culto al cuerpo. Modernidad. Medios de
comunicación de masas.

Physical Ideal, Modernity And Media


Abstract
This paper intends to contribute for the reflection
about the intensification of the care with the body in
the contemporary society, pointing out the historical moments of
the constitution of this practise during XX century. The text
searches, yet, to establish relationships between the media and
the increasing preoccupation with the image and aesthetic
experienced in this contemporary phase of modernity.
Keywords: Physical fitness; modernity; mass media.

Entendida como consumo cultural, la práctica del 'culto al


cuerpo' se coloca hoy como preocupación general, que
atraviesa todos los sectores, clases sociales y períodos etarios,
apoyada en un discurso que ora hecha mano de la cuestión
estética, ora muestra preocupación por la
salud. Con todo, en cuanto preocupación
general el culto al cuerpo está presente en
todos los segmentos sociales, la forma como
este se establece en el interior de cada grupo
es diversificada. La elección de la modalidad
deportiva, de gimnástica, de danza y de la
academia/gimnasio en que se practicará, esta
asociada, probablemente, a las demás esferas
• ADORNO, T. W. & HORKHEIMER (1985). Dialética
do esclarecimento. Rio de Janeiro, Zahar.
ALLEN, R. (1985) Speaking of Soap Opera. North
Carolina, University of North Carolina.
BAUDRILLARD, J. Sociedade de consumo. Lisboa,
Edições 70.
BOLTANSKI, L.(1989) As classes sociais e o corpo. Rio
de Janeiro, Graal.
BOURDIEU, P. (1988) La distinción: critérios y bases
sociales del gusto. Madrid. Taurus. 1988.
CODO, W. & SENNE, W. A. (1993) O que é Corpolatria?.
São Paulo, Brasiliense.
CONNOR, S. (1992) "TV, vídeo e filmes pós-modernos".
In: Cultura Pós-moderna: introdução às teorias do
contemporâneo. São Paulo, Loyola.
ELIAS, N. (1994) O processo civilizador: uma história
dos costumes, vol.1. Rio de Janeiro, Zahar.
FEATHERSTONE, M. (1993) "The body in consume
culture". In: FEATHERSTONE, Mike et. Col. (org.)
The body: social process and cultural theory,
London, Sage publications.
FEATHERSTONE, M. (1995) Cultura de consumo e Pós-
modernismo. São Paulo, Studio Nobel.
FEATHERSTONE, M. (1994) "O curso da vida: corpo,
cultura e o imaginário no processo de
envelhecimento". In: DEBERT, G. G (org.)
Antropologia e velhice. Coleção Textos Didáticos
13, UNICAMP-IFCH.
FISKE, J. (1987) Television culture. Londres/Nova
Iorque, Methuem.
JAMESON, F. (1995) Pós-Modernismo: a lógica cultural
do capitalismo tardio. São Paulo, Ática.
FOUCAULT, M. (1985) História da Sexualidade, Vol 3, "o
cuidado de si". Rio de Janeiro, Graal.
GIDDENS, A. (1993) A transformação da intimidade:
sexualidade, amor e erotismo nas sociedades
modernas. São Paulo, Ed. Unesp.
HARVEY, D. (1992) A condição pós-moderna. São Paulo,
Loyola.
IANNI, O. (1992) A sociedade global. Rio de Janeiro, Ed.
Civilização Brasileira.
MARTIN-BARBERO (1987) De los médios a las
mediaciónes. Comunicación, cultura e hegemonia.
México, G. Gili.
MAUSS, M. (1974) "Técnicas corporais". In: Sociologia e
Antropologia. São Paulo, Edusp.
MORIN, E. (1987) Cultura de massa no século XX: o
espírito do tempo. vol 1, Rio de Janeiro, Forense
Universitária.
ORTIZ, R. (1993) "Cultura e mega-sociedade mundial".
In: Lua Nova - Estado, reforma e
desenvolvimento, nº 28/29. São Paulo, Marco
Zero/CEDEC.
_________________ (1991) Cultura e modernidade. São
Paulo, Brasiliense.
_________________ (1994) Mundialização e cultura. São
Paulo, Brasiliense.
PROST, A. (1992) "Fronteiras e Espaços do privado. In:
ARIES, P. & DUBY, G. História da Vida Privada, vol
5. São Paulo, Cia das Letras.
RAMOS, J.M.O (1995) Televisão, publicidade e cultura
de massa. Petrópolis, Vozes.
REVISTA VEJA. A vitória sobre o espelho. Agosto de
1995.
SEVCENKO, N. (1992) Orfeu extático na metrópole: São
Paulo, sociedade e cultura nos frementes anos
20. São Paulo, Cia das Letras.
VINCENT, G. (1992) "O corpo e o enigma sexual". IN:
ARIES, P. & DUBY, G. História da Vida Privada,
vol. 5. São Paulo, Cia das Letras.
WILLIAMS, R. (1975) Television: technology and
cultural form. New York, Schocken Books.
Lista de correo
www.attacmadrid.org 30 diciembre 2

Tiempo y Cuerpo
El derecho a un salario social.Además de las dimensiones espaciales
que hemos considerado, múltiples elementos emergen de los infinitos
caminos de la multitud móvil.
En particular, la multitud se apodera el tiempo y construye nuevas temporalidades,
que podemos reconocer observando las transformaciones del trabajo. La
comprensión de esta construcción de nuevas temporalidades nos ayudará,
asimismo, a ver cómo la multitud posee el potencial de tornar su acción coherente
como una tendencia política real.
Las nuevas temporalidades de producción biopolítica no pueden ser entendidas en
los marcos de las concepciones tradicionales del tiempo. Aristóteles definía al
tiempo por la medida del movimiento entre un antes y un después. Esta definición
de Aristóteles poseyó el enorme mérito de separar la definición de tiempo de la
experiencia individual y del espiritualismo. El tiempo es una experiencia colectiva
que se incorpora y vive en los movimientos de la multitud. Aristóteles, sin embargo,
procedió a reducir este tiempo colectivo determinado por la experiencia de la
multitud a un patrón de medida trascendente. A lo largo de la metafísica
Occidental, desde Aristóteles hasta Kant y Heidegger, el tiempo ha sido ubicado
continuamente en esta morada trascendente. En la modernidad, la realidad no era
concebible sino como medida, y la medida a su vez, no era concebible sino como un
(real o formal) a priori que acorralaba al ser dentro de un orden trascendente. Sólo
en la posmodernidad ha habido una ruptura real con esta tradición-ruptura no con
el primer elemento de la definición Aristotélica del tiempo en cuanto constitución
colectiva, sino con la segunda configuración trascendente. En la posmodernidad, en
realidad, el tiempo ya no está determinado por ninguna medida trascendente, por
ningún a priori: el tiempo pertenece directamente a la existencia. Es aquí donde se
quiebra la tradición Aristotélica de la medida. De hecho, desde nuestra perspectiva,
el trascendentalismo de la temporalidad es destruido más decisivamente por la
circunstancia que es ahora imposible medir el trabajo, ya sea por convención o por
cálculo. El tiempo regresa enteramente bajo la existencia colectiva, y por ello reside
dentro de la cooperación de la multitud.
Mediante la cooperación, la existencia colectiva y las redes comunicativas que se
forman y reforman dentro de la multitud, el tiempo es reapropiado en el plano de la
inmanencia. No se le otorga un a priori, sino que lleva la marca de la acción
colectiva. La nueva fenomenología del trabajo de la multitud revela al trabajo como
la actividad creativa fundamental que, mediante la cooperación va más allá de todo
obstáculo impuesto sobre ella, y re-crea constantemente al mundo. Por ello, el
tiempo puede ser definido como la inconmensurabilidad del movimiento entre un
antes y un después, un proceso inmanente de constitución. Los procesos de
constitución ontológica se despliegan durante los movimientos colectivos de
cooperación, a través de las nuevas tramas tejidas por la producción de
subjetividad. Es en este sitio de constitución ontológica donde el nuevo
proletariado aparece como un poder constituyente.
Este en un nuevo proletariado y no una nueva clase trabajadora industrial. Esta
distinción es fundamental. Como hemos explicado antes, "proletariado" es el
concepto general que define a todos aquellos cuyo trabajo es explotado por el
capital, toda la multitud cooperativa. La clase trabajadora industrial representa
sólo un momento parcial en la historia del proletariado y sus revoluciones, en el
período en que el capital era capaz de reducir el valor a la medida. En aquel período
parecía como que sólo el trabajo de los trabajadores asalariados era productivo, y
por lo tanto todos lo demás segmentos del trabajo aparecían como meramente
reproductivos e incluso improductivos. Sin embargo, en el contexto biopolítico del
Imperio, la producción de capital converge cada vez más con la producción y
reproducción de la misma vida social; y por ello es cada vez más difícil mantener
las distinciones entre trabajo productivo, reproductivo e improductivo. El trabajo
material o inmaterial, intelectual o corporal-produce y reproduce la vida social, y
en ese proceso es explotado por el capital. Este amplio panorama de producción
biopolítica nos permite reconocer la generalidad total del concepto de proletariado.

La indistinción progresiva entre producción y reproducción en el contexto


biopolítico también subraya nuevamente la inconmensurabilidad del tiempo y el
valor. A medida que el trabajo se mueve hacia fuera de las paredes de las fábricas,
es cada vez más difícil mantener la ficción de cualquier medida de la jornada
laboral, y mediante ello separar al tiempo de producción del tiempo de
reproducción, o al tiempo de trabajo del tiempo de ocio. No hay relojes para fichar
la hora en el terreno de la producción biopolítica; el proletariado produce en toda
su generalidad en todas partes durante todo el día.
Esta generalidad de la producción biopolítica deja en evidencia una segunda
demanda política de la multitud: un salario social y un ingreso garantizado para
todos. El salario social se opone, primeramente, al salario familiar, esa arma
fundamental de la división sexual del trabajo por la cual el salario pagado por el
trabajo productivo del trabajador varón es concebido también como pago por el
trabajo reproductivo no asalariado de la mujer del trabajador y sus dependientes en
el hogar. Este salario familiar mantiene el control familiar firmemente en las
manos del varón ganador de salario y perpetúa un falso concepto sobre cual trabajo
es productivo y cual no lo es.
A medida que la distinción entre trabajo productivo y reproductivo se desvanece,
así también se desvanece la legitimación del salario familiar. El salario social se
extiende mucho más allá de la familia, hacia toda la multitud, incluso a aquellos
que están desempleados, porque toda la multitud produce, y su producción es
necesaria desde la perspectiva del capital social total. En el pasaje a la
posmodernidad y la producción biopolítica, la fuerza de trabajo se ha vuelto
crecientemente colectiva y social. Ya no es posible sostener el viejo slogan "a igual
trabajo igual paga" cuando el trabajo deja de ser individualizado y medible. La
demanda de un salario se extiende a toda la población que demanda que toda
actividad necesaria para la producción de capital sea reconocida con igual
compensación, de tal modo que un salario social sea un ingreso garantizado. Una
vez que la ciudadanía se extienda para todos, podremos llamar a este ingreso
garantizado un ingreso ciudadano, debido a cada uno en tanto miembro de la
sociedad.

Extracto del Libro "Imperio" - Michael Hardt y Toni Negri

Michael Hardt y Toni Negri

En www.attacmadrid.or
viar g
Sandra Russo
« La costra
Doble comando »

El cuerpo y el tiempo

Hay una campaña publicitaria que veo últimamente y que no sé de


qué marca es. Siempre que paso por alguna gran avenida y veo los
dos afiches de esa campaña, me propongo fijarme qué publicita, pero el
auto pasa rápido y la visión de las enormes fotografías vuelve a
capturarme la mirada. Es que a las fotos las acompaña una leyenda, una
“bajada”, y el ojo no alcanza a leer tanto. Las imágenes son dos, y de
ellas sólo recuerdo textualmente una de las leyendas. La foto es la de
una chica a la que no se le llega a ver bien la cara. Medio plano. Hay un
mentón, y hay pelo largo, pero los rasgos de la cara no se llegan a ver.
La chica tiene puesta una musculosa blanca, y no usa corpiño. Tiene
unas tetas importantes, de las que está orgullosa, o por lo menos segura
del efecto que provocan, porque sólo así una chica se dejaría fotografiar
con musculosa ajustada, ese escote, esa transparencia un poco violenta
de los pezones. La leyenda dice: “A los catorce le decían tabla de
planchar”.

A la otra foto la vi menos veces, pero también es un recorte de la cara


de una chica, en blanco y negro, con el eje central en la boca. Una boca–
pico, de labios abultados, vulvosos. La leyenda dice algo así como “A los
catorce le decían que tenía un buzón”.

Las dos fotografías y las dos leyendas están unidas por una lógica de
significado, podría decirse por una estructura. Una variación de la del
“antes y después”, que quedó sellado a fuego en las páginas de
publicidad de las revistas de comics: esas que nos dejaron en la
memoria al “pobre alfeñique” que era el hombre, antes de hacerse
físicoculturista. Pero esa estructura sigue repitiéndose, alargando el
mito.

El mito en esencia es el mismo: lo usan quienes ofrecen métodos,


aparatos, pastillas, vitaminas, aminoácidos, cirugías, extensiones,
postizos, métodos de adelgazamiento, métodos anticalvicie, belleza
dental, en fin, cualquier cosa que permita cambiar drásticamente el
aspecto físico. Se apela, sobre todo en esos casos, a un quirófano
simbólico, habilitado por el derecho de cada individuo a “encontrarse”
físicamente consigo mismo, como si nuestros cuerpos y sus
terminaciones fueran obstáculos fácilmente derrotables. Se nos incita a
la derrota de nuestros cuerpos verdaderos, en pos de una autoimagen
difusa, tejida con recortes de revistas de actores y actrices y modelos y
famosos que portan los cuerpos de belleza oficial.

En esos casos de “antes” y “después”, él o ella dejaron atrás un “antes”


donde habían sido débiles, poca cosa, mitades de camino, y avanzaron
con firmeza hacia un “después” que los exhibe ya dueños de algún
atributo físico deseable.

En los dos casos de esta nueva campaña callejera, se trata de atributos


femeninos, a saber: buenas tetas, labios carnosos. Si el “antes” está
congelado en una edad (trece, catorce), la imagen del “ahora”, que se
superpone al “después” del mito, en este caso, nos permite imaginar
que todo pasó muy rápido: las chicas de las fotos son muy jóvenes. Eso
es lo que entusiasma siempre: la rapidez. Esta época no tolera los
procesos.

El problema del mito, que sobrepromete, que garantiza lo azaroso, es


que hay muchas mujeres con tetas chiquitas y bocas de labios finos. El
problema es qué les dicen esas fotografías y esas leyendas a las chicas
que ya pasaron los catorce y siguen siendo tablas de planchar o siguen
teniendo bocas muy diferentes de la de Angelina Jolie o Dolores Barreiro,
que por otra parte son chicaneadas por el colágeno que se pusieron.

Nunca antes hubo tantas adolescentes con trastornos de alimentación y


nunca antes hubo un discurso mítico tan unánimemente aceptado. El
discurso sobre la belleza femenina ha sido una de las grandes trampas
de la historia para someter a la mitad de la población. Es un discurso
viscoso y cínico, de acuerdo con el cual “lo que se escribe” y “lo que se
dice” corre en sentido favorable a la salud y la diversidad, pero que es
acompañado por discursos visuales despóticos que exigen cuerpos de
Photoshop. Ninguna mujer común puede aspirar, sin una considerable
carga neurótica, a parecerse a alguien cuya fotografía además fue
trabajada en pantalla. Las chicas ya no quieren ser flacas: quieren ser
dibujos de flacas.

La belleza oficial jamás será abolida, pero al menos, teniendo en cuenta


los miles de anónimos dolores que provoca en aquéllas y aquéllos cuyos
cuerpos no se ajustan a ella, puede por lo menos ser cercada por la idea
de que lo verdaderamente bello generalmente es libre.

This entry was posted on Monday, May 5th, 2008 at 2:00 and is filed under mitologías, mujeres, página 12.
You can follow any responses to this entry through the
Fatal error: Call to undefined function post_comments_feed_link() in
/home/putoyapart/domains/sandrarusso.com.ar/public_html/wp/wp-content/themes/default/single.php
on line 30
Gilles Deleuze
Posdata sobre las sociedades de control

Gilles Deleuze: “Posdata sobre las sociedades de control”,


en Christian Ferrer (Comp.) El lenguaje literario, Tº 2, Ed. Nordan, Montevideo, 1991.

I. Historia

Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades
alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes
espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno
con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después
el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital,
y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que
sirve de modelo analógico: la heroína de Europa 51 puede exclamar, cuando ve a unos
obreros: “me pareció ver a unos condenados...”. Foucault analizó muy bien el proyecto
ideal de los lugares de encierro, particularmente visible en la fábrica: concentrar, repartir en
el espacio, ordenar en el tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva
cuyo efecto debe ser superior a la suma de las fuerzas elementales. Pero lo que Foucault
también sabía era la brevedad del modelo: sucedía a las sociedades de soberanía, cuyo
objetivo y funciones eran muy otros (recaudar más que organizar la producción, decidir la
muerte más que administrar la vida); la transición se hizo progresivamente, y Napoleón
parecía operar la gran conversión de una sociedad a otra. Pero las disciplinas a su vez
sufrirían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas que se irían instalando lentamente, y que
se precipitarían tras la segunda guerra mundial: las sociedades disciplinarias eran lo que ya
no éramos, lo que dejábamos de ser.

Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital,
fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores,
escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar
reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital,
el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o
menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la
instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de
control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias.

“Control” es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo, y que
Foucault reconocía como nuestro futuro próximo. Paul Virilio no deja de analizar las
formas ultrarrápidas de control al aire libre, que reemplazan a las viejas disciplinas que
operan en la duración de un sistema cerrado. No se trata de invocar las producciones
farmacéuticas extraordinarias, las formaciones nucleares, las manipulaciones genéticas,
aunque estén destinadas a intervenir en el nuevo proceso. No se trata de preguntar cuál
régimen es más duro, o más tolerable, ya que en cada uno de ellos se enfrentan las
liberaciones y las servidumbres. Por ejemplo, en la crisis del hospital como lugar de
encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al
principio nuevas libertades, pero participan también de mecanismos de control que
rivalizan con los más duros encierros. No se trata de temer o de esperar, sino de buscar
nuevas armas.

II. Lógica

Los diferentes internados o espacios de encierro por los cuales pasa el individuo son
variables independientes: se supone que uno empieza desde cero cada vez, y el lenguaje
común de todos esos lugares existe, pero es analógico. Mientras que los diferentes aparatos
de control son variaciones inseparables, que forman un sistema de geometría variable cuyo
lenguaje es numérico (lo cual no necesariamente significa binario). Los encierros son
moldes, módulos distintos, pero los controles son modulaciones, como un molde
autodeformante que cambiaría continuamente, de un momento al otro, o como un tamiz
cuya malla cambiaría de un punto al otro. Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la
fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más
alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad
de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. Sin
duda la fábrica ya conocía el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza más
profundamente por imponer una modulación de cada salario, en estados de perpetua
metastabilidad que pasan por desafíos, concursos y coloquios extremadamente cómicos. Si
los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la
situación de empresa. La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja
del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una
masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como
sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a
cada uno, dividiéndolo en sí mismo. El principio modular del “salario al mérito” no ha
dejado de tentar a la propia educación nacional: en efecto, así como la empresa reemplaza a
la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluación
continua al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela a la
empresa.

En las sociedades de disciplina siempre se estaba empezando de nuevo (de la escuela al


cuartel, del cuartel a la fábrica), mientras que en las sociedades de control nunca se termina
nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y coexistentes de
una misma modulación, como un deformador universal. Kafka, que se instalaba ya en la
bisagra entre ambos tipos de sociedad, describió en El Proceso las formas jurídicas más
temibles: el sobreseimiento aparente de las sociedades disciplinarias (entre dos encierros),
la moratoria ilimitada de las sociedades de control (en variación continua), son dos modos
de vida jurídica muy diferentes, y si nuestro derecho está dubitativo, en su propia crisis, es
porque estamos dejando uno de ellos para entrar en el otro. Las sociedades disciplinarias
tienen dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su
posición en una masa. Porque las disciplinas nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y
porque el poder es al mismo tiempo masificador e individualizador, es decir que constituye
en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y moldea la individualidad de cada miembro
del cuerpo (Foucault veía el origen de esa doble preocupación en el poder pastoral del
sacerdote -el rebaño y cada uno de los animales- pero el poder civil se haría, a su vez,
“pastor” laico, con otros medios). En las sociedades de control, por el contrario, lo esencial
no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña, mientras que las
sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas (tanto desde el punto de vista de
la integración como desde el de la resistencia). El lenguaje numérico del control está hecho
de cifras, que marcan el acceso a la información, o el rechazo. Ya no nos encontramos ante
el par masa-individuo. Los individuos se han convertido en “dividuos”, y las masas, en
muestras, datos, mercados o bancos. Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la
diferencia entre las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas
moldeadas que encerraban oro como número patrón, mientras que el control refiere a
intercambios flotantes, modulaciones que hacen intervenir como cifra un porcentaje de
diferentes monedas de muestra. El viejo topo monetario es el animal de los lugares de
encierro, pero la serpiente es el de las sociedades de control. Hemos pasado de un animal a
otro, del topo a la serpiente, en el régimen en el que vivimos, pero también en nuestra
forma de vivir y en nuestras relaciones con los demás. El hombre de las disciplinas era un
productor discontinuo de energía, pero el hombre del control es más bien ondulatorio, en
órbita sobre un haz continuo. Por todas partes, el surf ha reemplazado a los viejos deportes.

Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las
máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas
y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas,
poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas
energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las
sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y
ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de
virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del
capitalismo. Una mutación ya bien conocida, que puede resumirse así: el capitalismo del
siglo XIX es de concentración, para la producción, y de propiedad. Erige pues la fábrica en
lugar de encierro, siendo el capitalista el dueño de los medios de producción, pero también
eventualmente propietario de otros lugares concebidos por analogía (la casa familiar del
obrero, la escuela). En cuanto al mercado, es conquistado ya por especialización, ya por
colonización, ya por baja de los costos de producción. Pero, en la situación actual, el
capitalismo ya no se basa en la producción, que relega frecuentemente a la periferia del
tercer mundo, incluso bajo las formas complejas del textil, la metalurgia o el petróleo. Es
un capitalismo de superproducción. Ya no compra materias primas y vende productos
terminados: compra productos terminados o monta piezas. Lo que quiere vender son
servicios, y lo que quiere comprar son acciones. Ya no es un capitalismo para la
producción, sino para el producto, es decir para la venta y para el mercado. Así, es
esencialmente dispersivo, y la fábrica ha cedido su lugar a la empresa. La familia, la
escuela, el ejército, la fábrica ya no son lugares analógicos distintos que convergen hacia un
propietario, Estado o potencia privada, sino las figuras cifradas, deformables y
transformables, de una misma empresa que sólo tiene administradores. Incluso el arte ha
abandonado los lugares cerrados para entrar en los circuitos abiertos de la banca. Las
conquistas de mercado se hacen por temas de control y no ya por formación de disciplina,
por fijación de cotizaciones más aún que por baja de costos, por transformación del
producto más que por especialización de producción. El servicio de venta se ha convertido
en el centro o el “alma” de la empresa. Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo
cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento
del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y
de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de
larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el
hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema
miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado
numerosos para el encierro: el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de
las fronteras, sino también con las explosiones de villas-miseria y guetos.

III. Programa

No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada
instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en
una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno
podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual)
que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre
determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la
posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal.

El estudio socio-técnico de los mecanismos de control, captados en su aurora, debería ser


categorial y describir lo que está instalándose en vez de los espacios de encierro
disciplinarios, cuya crisis todos anuncian. Puede ser que viejos medios, tomados de las
sociedades de soberanía, vuelvan a la escena, pero con las adaptaciones necesarias. Lo que
importa es que estamos al principio de algo. En el régimen de prisiones: la búsqueda de
penas de “sustitución”, al menos para la pequeña delincuencia, y la utilización de collares
electrónicos que imponen al condenado la obligación de quedarse en su casa a
determinadas horas. En el régimen de las escuelas: las formas de evaluación continua, y la
acción de la formación permanente sobre la escuela, el abandono concomitante de toda
investigación en la Universidad, la introducción de la “empresa” en todos los niveles de
escolaridad. En el régimen de los hospitales: la nueva medicina “sin médico ni enfermo”
que diferencia a los enfermos potenciales y las personas de riesgo, que no muestra, como se
suele decir, un progreso hacia la individualización, sino que sustituye el cuerpo individual o
numérico por la cifra de una materia “dividual” que debe ser controlada. En el régimen de
la empresa: los nuevos tratamientos del dinero, los productos y los hombres, que ya no
pasan por la vieja forma-fábrica. Son ejemplos bastante ligeros, pero que permitirían
comprender mejor lo que se entiende por crisis de las instituciones, es decir la instalación
progresiva y dispersa de un nuevo régimen de dominación. Una de las preguntas más
importantes concierne a la ineptitud de los sindicatos: vinculados durante toda su historia a
la lucha contra las disciplinas o en los lugares de encierro (¿podrán adaptarse o dejarán su
lugar a nuevas formas de resistencia contra las sociedades de control?). ¿Podemos desde ya
captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing?
Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser “motivados”, piden más cursos, más formación
permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores
descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son
aún más complicados que los agujeros de una topera.
Traducción: Martín Caparrós