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Traduccion de JAVIER FACI LACASTA EL NACIMIENTO DEL MUNDO OCCIDENTAL. UNA NUEVA HISTORIA ECONOMICA (900-1700) por DOUGLASS C. NORTH y ROBERT PAUL THOMAS PREFACIO En algunos aspectos se pretende que éste sea un libro re- volucionario, pero en otros es ciertamente muy tradicional. Es revolucionario en cuanto que hemos elaborado un marco analitico global para examinar y explicar el desarrollo del mundo occidental; un marco que esté de acuerdo con la {teoria econémica neoclsica y que la complementa, Dado ‘que este libro est escrito para que resulte comprensible (y es de esperar que interesante) para quienes carecen de una previa preparacién econémica, hemos tratado de evitar la jerga profesional, y de ser tan claros y directos como nos ha sido posible. Este libro es tradicional en cuanto que se basa en los estudios de una pléyade de predecesores. Los eruditos en la materia reconocerén fécilmente nuestra deuda con Marc Bloch, Carlo Cipolla, Maurice Dobb, John U. Nef, M. M. Pos- tan, Joseph Schumpeter, asf como con las obras clasicas de caracter legal y constitucional de Pollock, Maitland y Stubbs. Debemos resaltar que ésta es una obra interpretativa —un esquema explicativo ampliado— y no una historia eco- némica en el sentido cl4sico. No proporciona ni los detalla- dos y exhaustivos estudios de la historia econémica habi- tual ni los exactos y precisos andlisis de la nueva historia econémica. Su objetivo, mas que completar cualquiera de estos clasicos tratados, es sugerir nuevos caminos para el estudio de la historia econémica europea. Mas que otra cosa es una enumeracién de aspectos y problemas que deben ser investigados. Muchas son nuestras deudas especificas con nuestros inuy sufridos colegas, en especial con Steven Cheung, que aporté su ayuda para desarrollar el marco teérico; con Mar- 2 D.C. North y R. P. Thomas tin Wolf, que nos permitié estudiar el manuscrito de su libro sobre la historia fiscal francesa; con David Herlihy y M. M. Postan, quienes tuvieron la generosidad de leer los borradores previos de las partes I y II, aportando detalla- das sugerencias y criticas; con Terry Anderson y Clyde Reed, quienes proporcionaron tanto una valiosa ayuda en materia de investigacién como titiles comentarios criticos, y final- mente con las numerosas personas de diversas universidades que escucharon las primeras versiones de los planteamien- tos tedricos. Sin embargo, debemos hacer constar que, en definitiva, somos responsables de los defectos del libro y que cualquier valor que éste tenga deberia ser compartido. La National Science Foundation proporcioné su apoyo econémico para la investigacién que hizo posible esta obra. Reconocemos con gratitud nuestra deuda por su continuo apoyo e interés. Debemos un especial agradecimiento a Marion Impola, que consiguié traducir nuestra complicada y contradictoria prosa a un estilo legible y literario, asf como a Joanne Ol- son por idéntico motivo. ‘A riesgo de ofender a algunos eruditos, hemos pensado que contribuirfamos a la claridad y mejor lectura del libro colocando al final del mismo una enumeracién general de fuentes por capitulos y limitando las notas a pie de pagina para referencias de citas directas 0 explicaciones de algunos aspectos concretos. PRIMERA PARTE TEORIA Y SINTESIS 1. PLANTEAMIENTO La riqueza del hombre occidental constituye un fenémeno tinico y nuevo. A través de los tltimos siglos se ha liberado de los grilletes de un mundo dominado por la mayor pobre- za y hambres periddicas y ha alcanzado una calidad de vida a la que sélo es posible acceder mediante una.relativa abun- ,dancia. El presente trabajo explica este logro histérico ini- €6" "el desarrollo del mundo occidental. Nuestra argumentacién_esencial es muy simple..La clave del cfecimiento reside én una organizacién econémica efi- caz; la razén del desarrollo de Occidente radica, por tanto, ila construccién de una organizacién econémica eficaz en Europa occidental. Una “organizacién eficaz’ implica el establecimiento de un marco institucional y de una estructura de la propiedad | capaces de canalizar los esfuerzos econémicos individuales [hacia actividades que supongan una aproximacién de la tasa ‘ privada de beneficios respecto a la tasa social de benefi- cios'. En los capitulos siguientes desarrollaremos y aplica- ‘Fémos un modelo adecuado describiendo entonces los cam- bios de par4metros que dan lugar a un cambio institucio- nal. Pero, ante todo, debemos exponer en forma sucinta las GBiidiciones fundamentales para el logro del crecimiento ‘éconémico y examinar la diferencia entre _costos_y., benefi- cios privados y sociale: Al hablar de crecimiento econémico, nos referimos a un incremento a largo plazo de la renta per c4pita. As{ pues, D.C. North y R. P. Thomas el auténtico crecimiento econémico implica que Ja renta total de la sociedad aumente proporcionalmente més que la poblacién. Por el contrario, una situacién estacionaria no lleva a un incremento sostenido de Ia renta per cépita, aun cuando el promedio de renta pueda aumentar o des- cender durante ciclos de duracién relativamente larga. “2 Una situacién estacionaria se produciré cuando en la ‘sociedad no existan los incentivos adecuados para que los individuos dediquen sus esfuerzos a las actividades que llevan al crecimiento econémico. Aun admitiendo que los individuos de una sociedad pueden ignorar tales estimulos, positivos y que en todas las sociedades algunos se conten- tan con su situacién actual, la experiencia demuestra que la mayoria prefiere tener més bienes a tener menos y que acttia de acuerdo con esta premisa. Para el crecimiento eco- némico es suficiente con que una parte de la poblacién sea ambiciosa. Por tanto, volvemos al principio de que si una sociedad no crece es porque no existen incentivos para la iniciativa econémica. Examinemos lo que esto quiere decir. En pri- mer lugar debemos considerar aisladamente el tipo de cre- cimiento de renta que resulta de un incremento de las in- versiones de los factores productivos (tierra, trabajo, capi- tal), Tales incremerites direétos“producen un crecimiento global, extensivo, pero no necesariamente un aumento de la renta personal. Dos son los factores que pueden desembocar en una elevacién de la renta per cApita, que es lo que nosotros consideramos verdadero crecimiento econémico. Por una parte, puede haber un aumento cuantitativo de los factores productivos per cpita. Por otra, una mayor eficacia de uno © més de los factores productivos conduciré también al crecimiento. Tal incremento de la productividad puede con- seguirse mediante la implantacién de economias de escala, bien por mejoras cualitativas en los factores productivos (mano de obra mejor preparada, capital que incorpore nue- va tecnologia), bien por una reduccién de las imperfeccio- nes del mercado derivadas de la inseguridad y los costos de informacién ©, finalmente, gracias a ciertos cambios en t * econémi © cent ygién del mercado. No cabe duda de que ¢ Planteamiento 7 Ja organizacion que hagan desaparecer las imperfecciones lel mercado. En el pasado, la mayorfa de los historiadores de la eco-<< nomia han proclamado que los adelantos tecnolégicos cons- *©¢" tituian la causa fundamental del crecimiento econémico de #2! * Occidente; ciertamente, la historia de la economia europea “74+ gira en torno a la Revolucién industrial. Mas recientemente, otros han subrayado la importancia de la inversion en capi tal humano como la principal fuente de crécimiento. En” fecha atifi mds reciente, los estudiosos han comenzado a analizar la influencia que haya podido tener en el_creci- miento econémico la reduccién de los costos de informa- ida’ uno de esos elementos ha contribuido notablemente al incremento de la produccién. Lo mismo se puede afirmar de las economiasY de escala, basadas en una produccién para mercados cada vez més amplios. Por esa razén, y dado que lo que esencial- mente nos preocupa es el crecimiento per capita, el mero crecimiento demografico aftade-auit otra diinension a nues- ira determinacién del Resumiremos cuanto se ha dicho hasta aqui. El creci- fe." miento econémico acontece cuando la produccién aumenta "| con mayor rapidez que la poblacién. En base a las hipstesis expuestas acerca del modo en que los hombres se compor- tan, el crecimiento econémico tendré lugar si los derechos de propiedad hacen que valga la pena emprender activida- des socialmente productivas. La creacién, especificacion y aplicacién de tales derechos de propiedad resultan costosas en una medida que esté en relacién con el grado de tecno- logia y organizacién. Se intentaré establecer estos derechos de propiedad en la medida en que se intensifiquen las ex- pectativas de que las ganancias privadas superen a los cos- tos de transaccién. Los gobiernos asumen la proteccién y la aplicacién de tales derechos de propiedad porque pueden hacerlo a un costo inferior que los grupos privados volun- yf fatios. Sin embargo, las necesidades fiscales del gobierno pueden Ievar a proteger ciertos derechos de propiedad que impiden ms que contribuyen al crecimiento; por tanto, no es seguro que Ileguen a desarrollarse marcos instituciona- les que favorezcan la productividad. Debemos atin responder a la pregunta de por qué cier- tos derechos de propiedad que no pueden ser instaurados de manera provechosa en un momento dado quedan justifi- cados econémicamente con posterioridad. Evidentemente, Tos beneficios derivados del desarrollo de nuevas institu- ciones y derechos de propiedad se habran incrementado en relacién con los costos, de manera que llegaré a resultar rentable realizar innovaciones. Por consiguiente, resulta esencial para nuestro estudio realizar un anilisis de los pa- rametros que inciden sobre las relaciones entre costos y be- neficios. El cambio de pardmetro esencial que provocé las innovaciones institucionales a las que el mundo occidental debe su desarrollo fue el crecimiento de la poblacién. Vea- mos cémo se desarrollé a lo largo de la historia, D. C. North y R. P. Thomas 2. SINTESIS Aun a riesgo de forzar la esencial continuidad histérica, nos vemos precisados a comenzar nuestra exposicin a par- tir de una época determinada. Hemos elegido el siglo x, des- pués del hundimiento del Imperio carolingio, cuando el régimen feudal y sefiorial configuré la sociedad de una gran parte de Europa occidental. Comoquiera que la evolucién de los marcos institucionales constituye la clave de nues- tra exposicién, resulta imprescindible describir el feudalis- mo de la forma més exacta y fiel posible. Para ello hemos recurrido a la exposicién que aparece en la Shorter Cam- bridge Medieval History, pp. 418-19 * Aunque el feudalismo en su momento de pleno desarrollo fue en gran medida el resultado de una ruptura con el sistema de gobierno y el derecho precedentes, hemos de decir que heredé el derecho del pasado, al tiempo que cre6 otro nuevo mediante el rapido desarrollo de la costumbre basada en los hechos in- mediatos. En cierto sentido puede definirse como una organi- zacién de la sociedad basada en un contrato, expreso o impli- cito. La condicién social de una persona dependfa por completo de su situacién con respecto a la tierra y, por otra parte, la tenencia de ésta determinaba derechos y deberes politicos. Los actos constitutivos del contrato feudal recibfan el nombre de homenaje e investidura. El dependiente 0 vasallo se arrodillaba ante el sefior que aparecia rodeado de su corte (curia) colo- cando sus manos enlazadas entre las del sefior y convirtién- dose asi en su «hombre» (homme, de donde la palabra home- naje). Asimismo prestaba un juramento de fidelidad (fidelitas) por el cual contraia una especial obligacién. Por supuesto, ésta no era sino la antigua ceremonia de encomienda que posterior- mente se desarrollé y especializ6. A su vez, el sefior respondia mediante la «investidura», ofreciendo a su vasallo un bastén, un estandarte, un pufiado de tierra, una carta u otro simbolo * Hay trad. castellana: Historia det mundo en la Edad Media, Sopens, Barcelona, 3 vols. Ne Sope 18 D.C. North y R. P. Thomas de la propiedad o el cargo concedido, el feudo (feodum o Lehn), como se le denominaba, mientras que el término mds antiguo de beneficio fue cayendo progresivamente en desuso. As{ quedaba constituida la libre y honorable investidura a la que caracteri- zaba la prestacién de un servicio de tipo militar, mientras que el campesino, ya fuera libre o siervo, hacia igualinente un jura- mento de fidelidad, siendo investido con el disfrute de una tenencia de su sefior. El nexo feudal asi creado implicaba esen- cialmente una relacién de reciprocidad. Sin embargo, la actividad econémica se centraba en tor- no al feudo; de nuevo la Shorter Cambridge Medieval Histo- ry nos ofrece una concisa descripcién de esta compleja ins- titucién (pp. 424-425). La versién mas tipica de una aldea feudal, aunque mas reduci- da en su distribucién, es el manor inglés, que fue el_més rigi- damente organizado y’duradero de los de su especie. Se compo- nia de dos elementos distintos, el econémico y el administrativo, y se hallaba orientado a la consecucién de ‘dos finalidades in- timamente relacionadas: la subsistencia de los habitantes y el beneficio y la autoridad del sefior. En la base del sistema se hallaba la comunidad aldeana. En aras de la brevedad nos ve- mos obligados a presentar una version tipificada, sujeta a nu- merosas variaciones en cada caso concreto. El aldeano medio, el villano (villanus, villein), posefa un yarland o virgate de unos treinta acres (o la mitad, un bovate) distribuido en par- celas dispersas de un acre cada una en los dos o tres campos abiertos del manor, que podian coincidir con la aldea o ser s6lo parte de ésta, Segufa la rutina del manor (su «costumbre») en el cultivo, arado, siembra y siega de sus parcelas; la activi dad agricola’ independiente era casi imposible en los campos abiertos. Cada afio, siguiendo un sistema rotativo, uno de los dos o tres campos se dejaba en barbecho y sin cercar para que los animales pudieran pastar en él; el campo o los campos de- dicados al cultivo se vallaban. Su propio rebaio —hasta un mimero determinado de animales— podia pastar en el «baldfo»; tenfa derecho a una parte del heno de los prados. Entremezcla- das con las parcelas de los arrendatarios en los campos abier- tos se encontraban las tierras que conservaba por su propia cuenta el sefior del manor, su reserva. Sin embargo, posterior- mente se tendié a aislar Ia reserva. En relacién con ella sur- gieron la mayor parte de las prestaciones de trabajo a que estaba obligado el aldeano a cambio de su tenencia. Cada fa- milia de villanos estaba obligada a realizar un week-work* (un * Sernas, en el Ienguaje castellano medieval. Sintesis 19 trabajador), normalmente de tres dias por semana en la reserva, para lo cual tenfa que utilizar sus propios arados, bueyes, asi como herramientas y aparejos para el trabajo y el acarreo. Los cottars, cuyas tenencias eran mucho més pequefas, estaban, légicamente, obligados a prestar menos trabajo. En los perio- dos de siega se requeria ademas el boon-work, en el que toma- ban parte los hombres libres, los socagers y otros que ocupa- ban tierras mediante una renta u otras condiciones que confi- gurasen un contrato libre. Sin embargo, un hombre libre podia ocupar las tierras de un no libre y viceversa. Los assarts, 0 te- rrenos recuperados al yermo, sé vefan generalmente menos sometidos a las duras cargas propias de los villanos. En cual- quier caso, tanto los hombres libres del feudo como los villa- nos se veian obligados a realizar numerosas prestaciones: en- trega de gallinas, huevos, pagos especiales, etc. Ademas de es- tar sujeto a la gleba, el villano se veia sujeto a la obligacion servil del merchet* (formariage) cuando se produjera el ma- de su hija y a la exaccién de su mejor animal como (mainmorte) en el momento de su muerte; habla de pagar un tributo monetario segun la voluntad del sefior; su grano se molia en el molino de aquél; en Francia el horno del Sefior y su prensa para el vino constitufan monopolios sefio- riales. El villano podfa ocupar el cargo de inspector o cualquier otro de escasa importancia en la economia rural del manor. Sin embargo, su condicién se vio mejorada por el desarrollo del derecho ‘consuetudinario del manor, que fue fijando las exacciones bajo las que habia de trabajar y aseguré la sucesion de sus herederos en sus posesiones. Al igual que el hombre li- bre, acudfa al tribunal del manor, donde se declaraba la cos- tumbre del manor y su mecénica. 'El sefior que posefa muchos manors podia enviar a su steward o bailiff para que recaudara sus ganancias y los productos destinados a su manutencién en aquellos en los que residia periédicamente. En resumen, los aldeanos, ademas de procurar su subsistencia, habjan de pro- veer a la de la clase dominante —los guerreros— y a la de sus aliados —los dignatarios eclesidsticos—, estamentos estos dos a los que en general debian la poca paz, justicia y cultura que pudieran poseer. De esta manera, el derecho consuetudinario del manor pasé a convertirse en la «constitucién» no escrita, en el marco institucional fundamental de un mundo esencialmen- te andrquico, que deberiamos concebir ante todo como pe- quefios asentamientos aislados, a menudo al abrigo de un = No existe un equivalente exacto en Castilla, Es el nuncio © mortuorium castellano. 20 D. C. North y R. P. Thomas lugar fortificado y rodeados de tierras incultas. El castillo de tierra o madera, el caballero y el sefiorio hasta cierto punto autosuficiente habfan surgido como la respuesta més viable al colapso del poder central y a las periédicas inva- siones de vikingos, musulmanes y magiares. Si bien el terror que sembraban estos invasores extranjeros disminuy6 hacia mediados del siglo x, la tierra se vio entonces asolada por continuas luchas y actos de bandidaje con el surgir y de- clinar del poder de los sefiores locales. El feudalismo aporté cierto orden y estabilidad a este mundo fragmentado. De este modo, en los lugares en que reinaba una cierta segu- ridad, la poblacién comenz6 una vez mas a aumentar. Si su mimero creciente amenazaba con producir una inquietante superpoblacién del sefiorfo, siempre existia la posibilidad de roturar y cultivar nuevas tierras bajo la proteccién de un nuevo sefior. En su desplazamiento hacia el norte y el oeste de Europa, las olas de emigrantes iban ganando pro- gresivamente terreno al bosque, dejando menos espacio a los bandoleros para esconderse y poniendo zonas cada vez mas extensas bajo la proteccién de los sefiores y sus vasa- los. Es cierto que éstos luchaban también entre ellos; pero gradualmente, muy gradualmente, el caos fue desapare- ciendo. El comercio entre las diversas regiones de Europa hab{a sido siempre, en potencia, mutuamente beneficioso, ya que la variedad de recursos y condiciones climéticas daba ori- gen a una amplia diferenciacién de cultivos y ganado. Pero el comercio era esporddico debido a los numerosos peligros que acechaban a los comerciantes y viajeros. Con el resta- blecimiento de la paz y la seguridad se incrementé parale- lamente Ia rentabilidad del intercambio de productos. En consecuencia, comenzaron a desarrollarse las ciudades en las zonas més densamente pobladas, en ocasiones bajo la proteccién de un sefior y en otros casos como entidades independientes con sus propias murallas, gobierno y defen- sa militar. Y en ellas florecieron las técnicas y actividades artesanas, obteniéndose bienes «manufacturados» que se intercambiaban por los alimentos necesarios y las materias primas procedentes del campo. Sintesis a Este viraje de una organizacin autosuficiente a una ma- yor especializacién y un comercio creciente dio al traste con la idoneidad de la’ antigua relacién feudal y sefiorial. En Inglaterra, los grandes sefiores, que otrora exigian a sus va- sallos la prestacién de un servicio defensivo mediante la aportacién de un cierto mimero de caballeros durante cua- renta dias al afio, preferfan ahora recibir un pago moneta- rio (scutage), que les permitia contratar tropas mercenarias para subvenir a sus necesidades militares. Por otra parte, el vasallo podfa especializarse de forma més eficaz una vez liberado de la rigida exigencia del servicio de armas. Cuan- do el pago monetario (commutation) sustituy6, en el manor, a las prestaciones personales, tanto el sefior como el siervo obtuvieron una mayor flexibilidad para el consumo y las transacciones. El renacer de la industria y del comercio de los siglos xr y XII tuvo como consecuencia no sélo la proliferacién de las ciudades, sino también el desarrollo de numerosos acuer- dos institucionales destinados a limitar las imperfecciones del mercado. Las nuevas ciudades, conforme desarrollaron sus propios 6rganos de gobierno con Ia funcién de adminis- trar y ofrecer proteccién, se vieron en la necesidad de ins- tituir cuerpos legales que dirimieran las disputas surgidas de estas nuevas condiciones. Gracias al constante crecimien- to de la poblacién y el comercio, las ciudades de la Italia septentrional, Alemania central y Flandes se convirtieron en présperos centros comerciales. . Pero hacia el siglo x11 un cambio comenz6 a hacerse evidente. Las mejores tierras ya habian sido ocupadas, y ahora las nuevas roturaciones habian de realizarse en tie- rras de peor calidad o cultivando las existentes de forma més intensiva. Un joven trabajador no pod{a ya producir tanto como sus antepasados, porque no disponfa de igual cantidad de tierra. Los precios de aquellos bienes cuya pro- duccién requeria grandes extensiones de terreno —los pro- ductos agricolas— subieron en relacién a los restantes bie- nes. En contraste, dado que la mano de obra habla expe rimentado un aumento relativamente mayor, los bienes producidos mediante la utilizacién intensiva del factor tra- i 22 D.C. North y R. P, Thomas bajo experimentaron un descenso en sus precios en relacién con aquellos en que el factor tierra era fundamental. Los acuerdos contractuales feudales y sefioriales, que ya se ha- bfan visto afectados por el comercio y por el desarrollo de una economia monetaria, tuvieron ain mayores incentivos para variar. Dado que el valor de la tierra se habia incre- mentado notablemente, tanto el sefior como el campesino tenfan buenas razones para intentar utilizarla de forma més exclusiva, imponiendo restricciones en su utilizacién por los demas. Asimismo, las ganancias del trabajador agricola se redujeron, ya que ahora producia relativamente menos. El derecho consuetudinario del manor suponia una limitacién para introducir variaciones, pero con todo las nuevas con- diciones indujeron a realizar intentos para modificar los marcos contractuales existentes en el sentido de una utili- zacién mas exclusiva de la tierra. Las nuevas condiciones econémicas situaron al sefior en una posicién de fuerza a la hora de «regatears en la negociacién de nuevos marcos con- tractuales con el siervo. Como es facil suponer, los resulta- dos del relativo incremento de la mano de obra se tradu- jeron en un descenso en el nivel de vida del trabajador. Los precios de los alimentos aumentaron. Los salarios reales se redujeron, EI siglo xn, al tiempo que presenciaba un inexorable descenso en el nivel de vida del campesino, ofrecia el es- pectaculo de una industria y un comercio en pleno proceso de expansién. Siguiendo el ejemplo de Venecia, las ciudades italianas extendieron sus rutas comerciales a través del Me- diterréneo, e incluso traspusieron la costa atlantica, para Megar hasta Gran Bretafia. Las ferias de Champafia en Fran- cia, la industria lanera flamenca y los centros mineros y comerciales alemanes participaron en un pujante comercio que desembocé en la consecucién de diversas mejoras en los marcos institucionales bancarios y comerciales. Debido a los rendimientos decrecientes del trabajo en la agricultura, a lo largo de este siglo el crecimiento de la poblacién continué desbordando el de la produccién. La pri- mera consecuencia evidente de este hecho fue el hambre generalizada de 1315-1317. Pero mucho mas mortifera y per Sintesis 23 sistente fue la peste, tanto bubénica como neuménica, que se extendié por Europa entre 1347 y 1351. Desde entonce: a peste se convirtié en un mal endémico, y sucesivas epi demias continuaron diezmando campos y ciudades. No existen cifras exactas para calibrar el alcance del descenso de la poblacién, pero parece que continué a lo largo de un siglo. El resultado fue una inversién en el pro- ducto relativo y en la importancia de los factores. Una vez més, la tierra volvié a ser relativamente abundante y el trabajo mas escaso y més valioso. Se prescindié en todas partes de la utilizacién de las tierras marginales con fines productivos, y algunas dejaron de destinarse al cultivo para utilizarse como terreno de pasto para el ganado, que re- quiere mayores extensiones. A pesar de los intentos de tipo politico para impedirlo, los salarios reales se incrementaron con cardcter generalizado. Por primera vez comienzan a existir estadisticas rudimentarias que nos permiten conocer las condiciones econémicas existentes '. El grafico 2.1 mues- tra, basandose en ellas, el descenso relativo de los precios agricolas durante este periodo, el alza de los salarios y la subsiguiente elevacién de los salarios reales. El descenso de las rentas empeoré la situacién de los se- fiores al tiempo que la escasez de mano de obra mejoraba la situacién del trabajador. Bajo este tipo de influencias, la relacién caracteristica amo-siervo del régimen seforial desaparecié gradualmente. Los plazos de los arrendamien- tos se alargaron, comenzando a adquirir el villano dere- chos exclusivos respecto a sus tierras. Solamente en aquellos lugares en los que los sefiores pudieron colaborar en vez de competir por la contratacién de mano de obra, como ocu- rrié en Europa oriental, pudieron impedir la transforma- cién del status (y de la condicién econémica) de sus anti- guos vasallos, 'Debemos poner en guardia al lector acerca del hecho de que no s6lo los datos ‘cuantitatives son dispersos y de valor desigual, sino que, ademas, suelen estar referidos a un Area geogréfica limitada. Hemos uti- Iizado los datos como ilustracion de amplias tendencias en unidades geo. grdficas mayores cuando hemos tenido la seguridad de que tal informa: Gién cuantitativa refleja realmente tendencias més generales. 24 D.C. North y R. P. Thomas 30 250 —salarios (agricolas) salarios reales (agricolas) trig g 3 rues ra00-71 91400 & gtis00 Grafico 241. Salarios y precio del trigo en Inglaterra, 1200-1500. Fuswrss: Para el trigo, J.'E, Thorold Rogers, A history of agriculture and prices in England: 1361-1400, vol. I (14001-500), p. 245; vol. TV, p. Para los. salarios, Lord Beveridge, «Westminster wages in the manorial eras, The Economic History Review, 8, nim, 1 (agosto de 1955). Not Tas" observaciones que faltaban fueron’ compictadas con interpolaciones. Sintesis 28 Mientras en el medio rural se iban disolviendo los vincu- los sefioriales, la industria y el comercio se vieron afectados de forma negativa por el descenso de la poblacién. La con- traccién de los mercados hizo que disminuyeran los incen- tivos para intentar reducir las imperfecciones del mercado. Con la excepcién de la banca italiana, donde el gran banco florentino de los Médicis conocia una gran expansién,. los acuerdos institucionales se enfocaban ahora de una manera predominantemente «defensiva», dirigida sobre todo a man- tener los mercados existentes, monopolizar el comercio € impedir la entrada (y la competencia) de mercancias ex- tranjeras. La Liga Hansedtica, agrupamiento de ciudades co- merciales, parece haber constituido un tipo de acuerdo de- fensivo de esta indole a nivel internacional; el desarrollo de los gremios artesanos en las ciudades refleja la misma ten- dencia a nivel local. En la segunda mitad del siglo xv, cuando la poblacién comenz6 de nuevo a crecer, la estructura basica de la so- ciedad feudal se habfa desmoronado. Su erosién quedé com- pletada al producirse el siguiente ciclo de expansién de la poblacién acompafiado de uria presién malthusiana sobre los recursos. Los gréficos 2.2 y 2.3 muestran las curvas de nivel de los precios agricolas en alza y de los salarios rea- les en descenso durante el siglo xvi, que en este aspecto constituye una réplica del x11. Pero ahora aparecieron di- ferencias esenciales, Las mejoras llevadas a cabo en los buques y en la navegacién permitieron que se Jlevaran a cabo exploraciones que culminaron en descubrimientos y colonizaciones en el Nuevo Mundo. Una estructura dife- rente de los derechos de propiedad (sobre todo en Holanda € Inglaterra) fue el marco esencial en el que tomaron for- ma los acuerdos institucionales referentes a la produccién. Como consecuencia de esto, la reaccién malthusiana que se produjo en el siglo xvir fue mucho menos catastrofica que la del x1v, ya que tanto la emigracién al Nuevo Mundo como el incremento de la productividad mitigaron los efectos de los rendimientos decrecientes de la agricultura. Pero nos hemos adelantado en nuestra exposicién. Los precios agricolas en alza y la consiguiente subida adn mas 26 D.C. North y R. P. Thomas rentas ++ precios agricolas — nivel general de precios precios industriales ‘= salarios monetarios i i i Gréfico 22. Indices de rentas, precios agricolas, nivel general de precios y salarios monetarios en Inglaterra: 1500-1600. Furnte: Joan Thirsk, The agrarian history of England and Wales, vo- lumen IV, 1500-1610, Cambridge University Press, 1967, pp. 862 y 865; ric Kerridge, «The movement of rent, 1340-1640», The Economic History Re- view, 2*'serie, 6, agosto de 1983, p. 25. Sintesis 27 -relaciones de intercambio CI salarios reales -—= precios relativos de los factores I i g Grafico 23, Indice de salarios reales, relaciones de intercambio y precios relativos de los factores en Inglaterra, 1500-1600 Furntss: E. H. PhelpsBrown y Sheila V. Hopkins, «Wagerates and prices: evidence for population pressure in the Sixteenth Centurys, Eco nomica, 24, nim. 9, p. 306; y «Seven centuries of the Prices of consuma- bles, compared with builders’ wage-ratess, Economica, 23, ntim, 92, pa- ginas 314. répida de las rentas provocaron renovados intentos para eliminar los vestigios de la propiedad comunal de la tierra. En Inglaterra comenz6 la era de los enclosures, apoyada por medidas basicas que garantizaran al campesino fa- cilidades de transferencia de la propiedad y una mayor proteccién. ps 28 D.C. North y R. P. Thomas El siglo xvr fue asimismo una época de expansién co- mercial. La creciente diferenciacién en la dotacién de los factores fomenté el comercio, ya que en Europa oriental la tierra era atin abundante en relaci6n a la poblacién, mien- tras las florecientes villas y ciudades de Europa occidental se habian convertido en centros de industrias especializa- das y manufactureras. Los tesoros del Nuevo Mundo, flu- yendo como un rio de plata a través de ciudades como Lis- boa, Cadiz, Burdeos, Ruan, Amberes, Amsterdam, Bristol y Londres, contribuyeron también a alimentar este comer- cio internacional en expansién. La consecuencia fue la inno- vacién y proliferacién de un sinfin de mecanismos, como las sociedades anénimas y las instituciones destinadas a redu- cir las imperfecciones del mercado mediante la superacién de los problemas de los riesgos y de la financiacién. A esto siguié otro légico paso adelante: se desarrollé un cuerpo legal en el que se recogia un derecho de propiedad mis efi- caz para la posesién e intercambio de mercancias invisibles. Para el lector moderno esta progresién puede parecer algo simple e inevitable. Nada mAs lejos de la realidad. Y a la luz de lo que se ha expuesto en el capitulo anterior, no deben extrafiarnos las experiencia contradictorias y los falsos comienzos que se produjeron durante este perfodo en diversas regiones. La evolucién hacia un Estado nacional —suscitada por una economia de mercado en expansién— estuvo en la base de todas las transformaciones. En el mundo fragmen- tado de la sociedad feudal, el castillo inamovible y el caba- Mero armado habjan constituido las piezas esenciales del me- canismo defensivo. A medida que éstos dieron paso a una nueva tecnologia militar (la ballesta, el arco largo, la pica y la pélvora) fue aumentando el tamafio éptimo de Ja uni- dad militar mAs eficaz. Por razones de eficiencia el sefiorfo tuvo que crecer para convertirse en una comunidad, en un Estado; y para sobrevivir, el Estado necesitaba unos ingre- sos fiscales muy superiores a los que podian obtenerse de las tradicionales fuentes feudales. Habfa que fomentar, in- crementar, extender el comercio para aportar al jefe del Estado ingresos fiscales. Y en tanto que el castillo feudal Sintesis 29 habia sido incapaz de proporcionar la proteccién necesaria al comercio de larga distancia, las unidades 0 coaliciones politicas més amplias que habian aparecido podian prote- ger ms eficazmente las rutas que la expansién del comer- cio necesitaba. El incremento del comercio se convirtié en la preocu- pacin esencial de todos los soberanos europeos. Intrigas, coaliciones, traiciones, confiscaciones, tratados, exacciones fiscales cada vez més ingeniosas; todos estos elementos e: tn presentes en el proceso que finalmente produjo la trans- formacién de las sociedades feudales en Estados naciona- les. ¥ el tipo de Estado que de aqui surgié estaba deter- minado por la fuerza que un monarca podia ejercer al pretender arrogarse el monopolio del poder del gobierno. Ello, a su vez, dejé su impronta en la estructura de esa economia en desarrollo, En Francia y en Espafia la monarqufa despojé gradual- mente a los cuerpos representativos de sus facultades tra- dicionales desarrollando un sistema —y un nivel— de im- posicién que fomenté los monopolios locales y regionales y ahogé la innovacién y movilidad de los factores provocando un decadencia en la actividad econémica productiva que fue relativa en el caso de Francia y absolita en el de Espafia’. En Holanda, las nuevas condiciones otorgaron el poder a una oligarqufa de comerciantes; en Inglaterra, tras afios de disputas, el Parlamento llega ocupar una posicién de predominio con respecto a la Corona y en ambas naciones se produjo un crecimiento econémico constante, consecuen- cia de un contexto favorable para la evolucién de un siste- ma de derechos de propiedad que fomentaba los acuerdos institucionales, desembocando en una posesién absoluta y libre de servidumbres de la tierra, mano de obra libre, pro- teccién de los bienes privados, derechos de patente y otros estimulos a la propiedad intelectual, asf como multitud de acuerdos institucionales destinados a reducir las imperfec- ciones del mercado en los mercados de bienes y capitales. 7 Dado que a lo largo del siglo xv1r las series de precios variaron de una nacién a otra, posponemos nuestra discusién a este respecto hasta el capitulo 9. 30 D.C. North y R. P. Thomas Nuestro relato termina en los comienzos del siglo xvi. Para entonces se habfan creado las condiciones esenciales para una equiparacin entre las tasas privada y social de beneficios, de manera que el incremento de la productividad Iegé a convertirse en una pieza esencial del sistema en Ho- landa e Inglaterra (asi como en el Nuevo Mundo). A lo lar- go del siguiente siglo, tales condiciones provocaron en esas zonas una revolucién tecnolégica que se extendié gradual- mente por gran parte del resto de Europa, as{ como por sus satélites coloniales en ultramar. SEGUNDA PARTE 900-1500