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Número 7

CONTENIDO
Febrero - Marzo 1999 * Editorial
Mitos y realidades de la capacitación docente

La mujer ante el nuevo milenio

* Cuando el silencio habla... al alma

* Educación y valores

* Liderazgo, educación y valores


Preparando líderes para el nuevo siglo

* Planeación y administración estratégicas


El cambio fundamental

* La escolástica y su aplicación actual


Los grandes principios de la escolástica

* Para formar buenos lectores


Portada:
El gran humanista español Antonio de Nebrija, autor de la
Gramática Castellana.
* Técnicas de enseñanza en grupo
Las técnicas de enseñanza en grupo, sic et non

* El educador práctico
Maestros con visión de futuro

* Peticiones de un niño moderno

* A propósito de los niños


No sólo derechos... también obligaciones

* Para leer y guardar


El himno majestuoso de las campanas

* Los grandes educadores en la historia


San Juan Crisóstomo
Mitos y realidades
de la capacitación docente
Por: Flavio Mota Enciso

NO CABE DUDA QUE EL DOCENTE es importante en el éxito de


cualquier modelo o sistema educativo. Repetidamente se ha
dicho que cualquier proceso de mejora en el área de la
educación, para que realmente sea efectivo, debe, finalmente,
llevarse a cabo -o al menos manifestarse- en el aula. Y lo que
sucede en el aula está directamente relacionado con lo que
hace el profesor. De allí que sean necesarios programas
tendientes a mejorar su desempeño, bajo la premisa de que
entre mejor capacitado esté el profesor, más eficiente será su
labor educativa.

Actualmente estos programas presentan diversas


modalidades relacionadas con sus fines. Por formación
docente se entienden las tareas relacionadas con “hacer
docentes” como actividad profesional. Es decir, se refiere a
los procesos en que la formación profesional universitaria o
de tercer nivel, es en el área de la docencia. En el lenguaje que
manejan los organismos de educación oficiales en México,
este concepto lo aplican casi exclusivamente a los programas
del subsistema de Educación Normal.

La capacitación docente se refiere al tipo de programas que


tienen como finalidad desarrollar principalmente las
habilidades necesarias para desempeñar eficientemente la docencia, dentro de un sistema o modelo educativo concreto.
La actualización tiene que ver más con “poner al día” los conocimientos, habilidades y actitudes adquiridas previamente.
Este tipo de programas combina con cualquier otro.

Cuando se habla de programas de profesio-nalización docente, comúnmente se refiere a aquellos que tienen como finalidad
convertir al docente (independientemente de su formación) en un verdadero profesional de la docencia, no sólo en términos
de aprendizaje, sino también de estatus. Este tipo de programas tienen como características el que son sistemáticos, de
mediana o larga duración y generalmente están vinculados con los estudios de posgrado.

Una vez establecidas algunas diferencias respecto a los programas para formar o mejorar el desempeño de los docentes,
puede abordarse con más facilidad lo relativo a mitos y realidades sobre la capacitación:

* Se ha considerado a la capacitación como una de las mejores áreas de inversión educativa, y esto es cierto. La capacitación
acerca más al docente hacia lo que se considera la mejor forma de educar, dentro de un sistema o modelo educativo.
Anteriormente se comentó el papel fundamental del maestro en la educación. Esta afirmación es sostenida desde distintas
posiciones políticas y académicas: El Programa de Desarrollo Educativo, presentado por el Poder Ejecutivo Federal lo
establece como una de las estrategias prioritarias para el desarrollo de México1. La Comisión Internacional sobre la Educación
para el Siglo XXI, en el informe dirigido a la UNESCO, también establece esta prioridad: “para mejorar la calidad de la
educación hay que empezar por mejorar la contratación, la formación, la situación social y las condiciones de trabajo del
personal docente, porque éste no podrá responder a lo que de él se espera si no posee los conocimientos y la competencia, las
cualidades personales, las posibilidades profesionales y la motivación que se requiere”2. Luis Llorens Baez, Subsecretario
de Educación Superior e Investigación Científica de la SEP, México, en la conferencia inaugural sobre Excelencia Educativa
organizada por la Universidad Autónoma de Guadalajara3, establece como primer objetivo elevar la calidad de los principales
componentes del proceso educativo, especialmente del maestro. En el nuevo marco de la tarea docente, Ricardo Díez
Hochleitner4, afirma que “No existe probablemente ninguna otra inversión más rentable que los recursos dedicados a la
formación del profesorado”.
* La capacitación docente debe de ser continua. Esto no es del todo cierto. La capacitación se refiere al desarrollo de
habilidades específicas para desarrollar una tarea también específica, y con el paso del tiempo, no necesariamente se
requiere nuevamente de la capacitación, sino más bien de la actualización (que tiene como fin la revisión de nuevas
aportaciones), o bien otro tipo de programas de superación académica, relacionados más bien con la profesionalización
docente que con la capacitación. La educación del docente sí debe ser continua, pero no necesariamente su capacitación.
* Existen directivos que piensan que todos los problemas o buena parte de ellos se pueden solucionar con la capacitación,
lo cual tampoco es del todo cierto. El funcionamiento y la eficiencia de una institución educativa es producto de diversos
factores: políticas académico-administrativas, curriculum, recursos, alumnos y también de los maestros y su preparación.
Para analizar (y solucionar) la problemática de la institución se tiene que utilizar un enfoque sistémico, integrador, en el que
los diferentes subsistemas están interrelacionados y la calidad es el resultado de todos en conjunto y no de uno en particular.
La capacitación, si es efectiva, garantiza que el docente sabe cómo desempeñar su tarea y tiene las habilidades necesarias
para ello, pero su desempeño estará relacionado con los procedimientos académicos y las exigencias de su área de trabajo.
Dicho de otra forma, de poco sirve que se haya capacitado a un profesor, si en su área de trabajo no se le pide que aplique lo
aprendido, bien sea por desconocimiento de sus superiores o porque la práctica educativa no corresponde con la capacitación.
Aún más, podemos encontrarnos ambientes académicos que no facilitan la incorporación de mejoras en el desempeño
docente, y que cuando éstas suceden, son más producto de la iniciativa y responsabilidad del maestro, que del sistema
académico vigente.

* Aunque ya se tenga una formación sistemática para la docencia, se requiere de la capacitación. Esta afirmación es cierta,
pero no en todos los casos. Es cierta particularmente cuando se modifican los sistemas académicos, se adoptan nuevos
modelos o se instrumentan programas específicos, y la capacitación es necesaria porque nos presenta “nuevas formas de
hacer las cosas”. Pero el caso negativo sobre este punto, es la subvaloración de otros programas formativos y sistemáticos
que suponen un dominio mucho más amplio y profundo de la tarea educativa, como es el caso de los posgrados. El tener un
posgrado en cualquier área pedagógica significa tener los fundamentos teóricos para comprender el por qué, el para qué, el
qué y el cómo del proceso educativo. Y esto supondría que un profesor con posgrado puede adaptarse fácilmente a nuevas
situaciones y proponer soluciones concretas a los problemas educativos. Sin embargo, es común que estos profesores,
impulsados a veces por sus mismos directivos, estén recurriendo frecuentemente a los programas de capacitación, cuando
se supone que estarían más para darla, que para recibirla. Esto puede ser visto también como un problema de actitud, que se
manifiesta con una falta de confianza en sí mismo o en la formación recibida. No es raro encontrar a un Doctor en Educación
solicitando capacitación para mejorar su práctica docente.

* La capacitación puede cambiar a las personas, puede convertir a un profesor desordenado e irresponsable en un buen
profesor. Salvo milagros, esta afirmación es falsa y hasta ingenua. La capacitación no es un proceso mágico que transforme
personas. Un mal profesor es producto de años de indisciplina personal, de pocos conocimientos o de problemas de carácter
y de comunicación con sus alumnos. La capacitación poco puede hacer por él. 15, 30 ó 50 horas de capacitación no pueden
competir contra todos los años en los que el profesor ha formado (o deformado) sus hábitos de trabajo.

En la medida en que la capacitación sea más eficiente y se comprenda mejor su función, dentro del proceso educativo,
entendido como un sistema, estaremos en condición de reconocerle su valor real y su importancia, desvinculada de los mitos
que no solamente distorsionan su esencia, sino que también obstaculizan su tarea.

NOTAS

1) Poder Ejecutivo Federal. (1996). Plan de Desarrollo Educativo 1995-2000. México: SEP. 153-154.

2) Delors, J. y otros. (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid: Santillana-Ediciones UNESCO.

3) Llorens, Luis. (1995). Notas para la inauguración de la conferencia sobre excelencia educativa organizada por la Universidad
Autónoma de Guadalajara, en: Memorias sobre Excelencia Educativa. Universidad Autónoma de Guadalajara. Abril de 1995. 7-10.

4) Díez Hochleitner, R. (1998). Aprender para el futuro: nuevo marco de la tarea docente. Madrid: Fundación Santillana. 36.
La mujer ante el nuevo milenio
Por: Dra. Guadalupe Figueiras de Montiel

La mujer, quien fue creada por Dios, para ser “custodia y guardiana de la vida", debe contribuir
de un modo fecundo y creativo a una sociedad que atraviesa por momentos críticos con el aporte
“El nivel de de su “genio femenino” y de su “energía creadora” a resolver los problemas que nos aquejan en
la actualidad.
toda
civilización se En este tema tan importante de la MUJER cuando nos encontramos en los umbrales de un
nuevo milenio; me siento profundamente comprometida como universitaria, como católica y como
mide por el mujer que soy, además madre y esposa, a dar testimonio personal de lo que sinceramente creo
nivel de sus debe ser el papel de la mujer en el mundo actual.
mujeres”.
Para lograr este objetivo, me propongo tratar dos aspectos:

1. Dignidad y esencia de la mujer.

2. Papel de la mujer en la sociedad y su misión en el mundo en crisis.

1. Dignidad y esencia de la mujer. Mons. Fulton J. Sheen, afirmó que “el nivel de toda civilización se mide por el
nivel de sus mujeres”. La razón de ello hay que buscarla en la diferencia entre conocer y amar. Cuando conocemos algo
que está por encima de nuestro entendimiento lo hacemos descender al nivel de nuestra inteligencia. Para explicar conceptos
abstractos a un niño, hay que ponerle ejemplos de sus experiencias diarias concretas. Pero cuando amamos algo, siempre
debemos salir a su encuentro para satisfacer las demandas de lo que se ama. Por ejemplo, si amamos la música hemos de
obedecer las leyes de la armonía. Cuando un hombre ama a una mujer, tiene que hacerse digno de ella; cuanto más
inteligente, más culto y más virtuoso tendrá que ser el hombre para merecer su amor. He aquí por qué el nivel de toda
civilización está determinado por el nivel de sus mujeres.

a) El valor de la mujer como persona. En orden físico hay objetos, en el orden humano hay personas. Ambos
conceptos son diferentes: Persona, del latín “per-se una”, por su, única e irremplazable. Las personas son fines en sí
mismas, pues fueron hechas a imagen de Dios y
tienen un destino eterno. Los objetos son
individuales no personales y pueden ser
reemplazados; por ejemplo: esta manzana no me
gusta, deme otra. Las personas no pueden ser
reemplazadas. Las individualidades son medios
para un fin, por ejemplo, para hacer un dibujo
podemos utilizar varios tipos de lápices o pinceles,
las personas no pueden ser utilizadas pues son
fines en sí mismas.

Una persona se realiza a sí misma y llega a


una relativa perfección dentro de la sociedad, pero
sólo porque tiene dentro de sí un principio
independiente de la sociedad a saber: un alma
inmortal. Esta es precisamente la piedra funda-
mental de nuestra civilización cristiana; es decir,
el reconocimiento al valor de la persona porque
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La mujer está llamada por
naturaleza a proteger la cultura
de la vida y los valores.

Hombre y mujer son iguales en cuanto perso-


nas y por lo tanto también en cuanto a su dignidad.
Sin embargo esta igualdad fundamental no anula
la diversidad en cuanto a su modo de ser.
Masculinidad y femineidad son diferentes como
valores particulares de la persona humana y por lo
tanto complementarios; por lo cual en esencia el
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hombre y la mujer son iguales en dignidad, aunque
diferentes en su particular modo de ser. Además
la mujer fue formada de la costilla de Adán. No de su cabeza (no es superior a él); no de sus pies (tampoco inferior), sino
de su costilla cerca de su corazón, y por eso junto a un gran hombre siempre hay una gran mujer.

b) Esencia de la Mujer. Esencia de nuestro ser femenino es la maternidad; no sólo física, sino también espiritual. En
el ejercicio de esta vocación protectora, creadora y ensalzadora, se haya el origen de nuestro poder. La mujer no puede ver
un niño necesitado o un animal herido e indefenso sin que su corazón, su mente y sus manos, vayan hacia ellos como para
atestiguar que Dios la instituyó “Custodia y guardiana de la vida” (dentro y fuera de la familia).

En nuestra sociedad la mujer está llamada por naturaleza a proteger la cultura de la vida y los valores que permitan el
desarrollo completo de la vida humana, con énfasis en los valores trascendentes del espíritu, por eso debemos lograr que
todos a nuestro alrededor aprendan a conocer el valor, no sólo el precio de las cosas, es decir, una cultura basada en
VALORES.

2. El papel de la Mujer en la sociedad y su misión en un mundo de crisis. A través de los siglos (y el próximo siglo
no es la excepción) la mujer ha sido el pilar de la familia que es la base de la sociedad; aquí es donde la mujer tiene su reino.
Desafortunadamente el papel de “ama de casa”, por una parte se ha menospreciado, y por otra, la mujer ha tenido que salir
de su casa a trabajar hombro a hombro con el hombre para poder sostener el hogar. Esto ha impuesto una carga muy
pesada a la mujer, quien no siempre puede realizar ambas funciones, es decir, ser esposa, madre y educadora de sus hijos
y además desarrollarse profesionalmente en su trabajo. La mujer que ejerce una profesión o un trabajo y es además esposa
y madre, debe establecer claramente sus PRIORIDADES, pues no debe olvidar que debe darse TIEMPO, para ser para
su esposo: compañera, amante y amiga; y para sus hijos la guía y la educadora natural; por lo que también debe darse
TIEMPO para educarlos en la obediencia y en el amor, TIEMPO para conocerlos y comprenderlos y TIEMPO para
despertar en ellos la responsabilidad y el amor a la verdad.

Por supuesto que no es fácil, pero no podremos mantener vivos los grandes frutos de nuestra civilización cristiana sin
conservar sus raíces; y esas raíces se nutren precisamente en la familia.

Vivimos en un mundo en crisis de VALORES trascendentes; y en medio de esta crisis, la imagen de la mujer ha sido
gravemente distorsionada. Hay quienes piensan que la mujer es solamente un objeto de placer para el hombre. En el otro
extremo se encuentra la corriente feminista que aboga por la “liberación femenina” promoviendo el libre uso de su cuerpo,
y abriendo la puerta al aborto y a la promiscuidad sexual. Existen también aquellos que consideran a la mujer no como
persona sino como un engranaje más en la maquinaria del trabajo en serie, son estos los que siguiendo las ideas de Karl
Marx piensan que: “los seres humanos en y por sí mismos no tienen valor alguno, sino cuando forman parte de la clase
productiva de un estado”.
México requiere mujeres que conciban la vida como

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un acto de servicio; que tengan la osadía de ser
emprendedoras

Ante todas estas caricaturas grotescas de la mujer, nos corresponde a


nosotras restaurar la verdadera imagen de la mujer en nuestra sociedad, dando
testimonio viviente de lo que debe ser la mujer, llegando a ser lo que un día
dijera de nosotras el poeta “Mujeres... en otro tiempo nuestras superiores, hoy
nuestras iguales”.

Por eso ahora más que nunca se necesita a la mujer; que por su particular
esencia femenina, rehabilite el verdadero y olvidado concepto de la dignidad de
la persona humana; para que se reconozca que además del cuerpo ocupa un
lugar preeminente la espiritualidad, la trascendencia y el destino eterno.

Es necesario pues, que la mujer que ha recibido una mejor formación y un mayor acervo de conocimientos tome en
serio la responsabilidad de restaurar estos VALORES; restaurando su propia imagen de MUJER: “Mater et magistra”
Madre y maestra de la sociedad.

Por otra parte al ser mujeres profesionistas y mexicanas, tenemos responsabilidades para con nuestra Patria y nuestra
sociedad; pues la educación que hemos recibido no nos da más derechos, nos da más obligaciones y es precisamente el
mundo de crisis que nos ha tocado vivir, el que nos da la gran oportunidad de emprender acciones concretas que beneficien
a los demás.

México, nuestra Patria, necesita hoy más que nunca mujeres que conciban la vida como un acto de servicio; que tengan
la osadía de ser emprendedoras, de concretar acciones que den educación y trabajo digno a todos aquellos millones de
mexicanos que no han podido alcanzar la meta de una educación universitaria.

Y sólo así, en una vida fundada en el señorío de ser mujer, en la concepción de la vida como un acto de servicio,
sostenida en los más altos valores espirituales y en las más concretas verdades científicas, veremos como resultado la
aparición de las mujeres que nuestra Patria necesita: “Las mexicanas de la Esperanza”.

Debemos definir hoy lo que queremos para nuestra familia, para nuestra sociedad y para nuestra Patria en el siglo que
viene. Si queremos una familia fuerte y unida, una sociedad basada en VALORES trascendentes, y un México mejor, más
libre y más soberanamente independiente, no esperemos a que lo hagan otras, debemos hacerlo NOSOTRAS. México nos
exige una respuesta y un compromiso.

En nosotras está esa respuesta.

_______________

BIBLIOGRAFÍA
©C

1) Mons. Fulton J. Sheen. “La vida merece Vivirse”. Ed. Zarco, 1955.
opy

2) Dra. Ma. Liliana Lukac de Stier. “Mujer feminismo y femineidad”. Memoria del 1er. Foro Juventud
rigt

Positiva. Ed. UAG 1991.


h.
IMS

3) Dr. Antonio Caponnetto. “Pedagogía y Educación”. Colección Ensayos Doctrinarios, 1981.


I. M
aste
rclip
.

La autora es doctora en educación por la UAG. Actualmente es directora de la Preparatoria Colinas de


San Javier.
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Cuando el silencio
habla... al alma
Por: Yéssica Velasco Villanueva

PROBABLEMENTE ALGUNA VEZ USTED ha escuchado decir esta frase: “Hay tiempo para hablar y tiempo para callar” , es una
frase que, aunque pequeña, tiene mucho significado. Sobre las razones que explican por qué a veces los hombres preferimos
el silencio al bullicioso ruido del mundo y de las palabras, hablaré en este artículo.

Parece paradójico el tema en este tiempo, porque en la actualidad más bien nos inclinamos a hablar mucho para
convencer, para conseguir lo que deseamos o simplemente por el gusto de hacerlo para mantener una buena convivencia
social, sólo que no pensamos que en ocasiones hubiera sido mejor el retener nuestras ideas dentro de nosotros que el
expresarlas, porque las consecuencias no fueron muy satisfactorias.

El silencio es el estado de la persona que no habla, es discreción, mordaza, reserva, según el diccionario. Esta es una
definición de sentido común, todos entendemos esto por silencio, pero tiene un significado más profundo, más trascendente
que tiene que ver con la espiritualidad del hombre. De hecho en esta ascepción el silencio se relaciona con la discreción,
que viene siendo un don de Espíritu Santo, lo que los católicos llamaríamos prudencia.

Dándole un sentido místico y espiritual San Buenaventura definió el silencio como “la actitud mística frente a la
inefabilidad del Ser Supremo”, es decir, que el hombre adopta el silencio cuando quiere “hablar” con Dios, cuando eleva
su alma para unirla en plática y discurso con Dios. Para decir: “Ayúdame Dios, mío” o “gracias por librarme del peligro”,
el hombre no suele proferir palabras, sino que habla, sí, pero en su interior, para hacer más perfecta y directa la comunicación
con su Creador.

Sobre el uso que le da naturalmente el alma humana al silencio, nos habla el Papa Pío XII en un discurso dirigido a los
esposos y editado en un libro llamado “Así habló el Papa” y dice: “Las luchas corporales son abiertas y evidentes; en
el campo interior por el contrario, todo está oculto; batallas, victorias y coronas ocultas sólo notadas por Dios y
por Él premiadas”

La frase nos habla de cómo el alma esconde las cosas más trascendentes que le suceden. Los grandes combates en los
que enfrenta a las tentaciones, a las dudas y confusiones, esas grandes batallas las libra a la sombra del silencio, porque
necesita de la tranquilidad y la calma para resolverlas.
Dios no habla al alma que está inquieta y que vive en el ruido, porque no es
capaz de escucharlo.

Busca el alma el silencio del mundo para poder escuchar a Dios, porque siente muchas veces que los consejos del
hombre no le llenan. Cuántas veces ante la tribulación hemos tratado de buscar consuelos humanos pero no nos “sacan de
apuro” esto sucede porque ante los grandes conflictos del alma sólo Dios nos libra.

Tomás de Kempis, en su inmortal “Imitación de Cristo” explica que Dios no habla al alma que está inquieta y que vive
en el ruido, porque no es capaz de escucharlo, como sucede cuando dos personas que platican ven interrumpido el diálogo
cuando uno ya no atiende al otro o cuando hay algún obstáculo que impide que se escuchen. Es aquí cuando Dios calla, el
silencio de Dios.

Ahora bien, en una visión más terrenal, podríamos decir que el silencio tiene otras razones:

El silencio transmite mensajes: no es necesario hablar para transmitir una idea, el silencio también tiene significado por
sí mismo dentro de una charla, por ejemplo. Decía el Papa Bonifacio VIII que “El silencio otorga consentimiento”. Y
esto lo hemos dicho una y mil veces cuando una persona calla ante una pregunta, quiere decir sin palabras que sí.

El silencio, positivamente hablando, denota también razonamiento; quiere decir que el hombre trata de darse explicaciones
o encontrar explicaciones a algo. En el silencio es donde prosperan las grandes decisiones. Los grandes empresarios
necesitan un tiempo de calma para decidir cuestiones decisivas, necesitan silencio.

En el estudio, también requerimos de un tiempo de silencio para aprender efectivamente.

En el campo de la Orientación y asesoría escolar inclusive existe la llamada técnica del silencio en donde se recomienda
al asesor que debe emplearlo.

El silencio del asesor en este caso, facilita la expresión de ideas del entrevistado. En lugar de llenar el tiempo con sus
palabras permite que la persona que necesita ayuda se explaye.

El silencio estimula la reflexión y penetración del entrevistado y favorece también que se aproveche al máximo el
tiempo.
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En cuanto al significado que puede tener el silencio del entrevistado, se dice que suele ser de dos tipos: uno que es el
silencio negativo o de rechazo en donde es obvia su inconformidad por la charla, y el otro es el silencio de aceptación
o positivo que es consecuencia de una buena relación.

El valor del silencio es tal que un proverbio alemán dice de él: “El habla es plata; el silencio es oro” .

Hablar pues con cautela y saber callar cuando la ocasión lo amerita, cuando nuestras palabras van a herir a alguien o
cuando no tiene ninguna relevancia nuestra plática, es cosa de prudencia y útil para nuestras vidas.

Más vale haber callado que vuelto a casa con el corazón intranquilo después de haber utilizado el poder de las palabras
para ofender a quienes nos rodean o a Dios mismo.

Por eso, cuando veamos a una persona que más bien suele callar que hablar, en lugar de compadecerla o pensar que
tiene un gran problema de adaptación, pensemos entonces que es una persona prudente, que utiliza con inteligencia el don
del habla.

Obvio es decir que hay quien presenta problemas psicológicos y que no habla porque se encuentra ensimismada, pero
no se habla en este artículo de este tipo de silencio o del silencio que se guarda para maquinar venganzas o acciones
negativas, se habla más bien del silencio fructífero, paciente y sufrido, de ese que practicaron grandes santos y del que
incluso fue maestro el mismo Cristo y su Santísima Madre y que por eso se le calificó a ella en una antigua letanía como “
Madre muda del Verbo que calla”.

La autora es licenciada en ciencias de la comunicación y estudiante de la maestría en educación por la UAG. Actualmente es asesora docente del
Departamento de Tecnología Instruccional de la DAPA.
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Educación y
valores
Por: Ernesto Avalos López

"El problema de los valores


es tan viejo como la filosofía”.
Oswaldo Robles.

EL PROBLEMA DE LOS VALORES y la educación


es un tema recurrente en nuestros días: las
autoridades gubernamentales y educativas (en
nuestro país y en otros) en reiteradas ocasiones,
han hecho mención de la necesidad e importancia
de que las instituciones educativas se preocupen
por formar a los educandos en los valores. Las
mismas instituciones educativas han reparado en
la necesidad de ofrecer a los estudiantes no sólo
información, sino una formación de los valores.

Constantemente se ofertan gran cantidad de


conferencias, talleres, encuentros, seminarios, etcétera, con relación a este tema. Pero, desafortunadamente, también
muchos charlatanes, cuya única gracia es manejar un florido lenguaje, atractivo para los jóvenes, han hecho de este
tema su “modus vivendi”, aun cuando desconozcan en definitiva lo que son los valores.

Y es que durante mucho tiempo -particularmente a partir del siglo pasado, se descuidó este aspecto, debido a que
“se impulsó una conveniente transformación hacia la educación profesional, que fue necesaria para satisfacer las
necesidades de la vida moderna. Pero esta tendencia se llevó al extremo de romper el equilibrio y la armonía del acto
educativo. Se dejó entonces de proporcionar al alumno una visión adecuada del hombre y del universo que lo orientara
en función del porvenir”1.

Los grandes avances de la ciencia y la tecnología hicieron que el centro de la educación fuera la simple transferencia
de la información; se ofreció una educación científica, preferentemente informativa, que descuidó el aspecto de la
formación espiritual del hombre, que permite al hombre encontrarle sentido y trascendencia a su vida.

Las cosas no han cambiado mucho, la gran mayoría de los programas educativos actuales dan gran importancia a la
formación científica y tecnológica, pero descuidan peligrosamente otras áreas del conocimiento, que también son muy
importantes. Durante mucho tiempo, la mayor preocupación fue brindar mucha información respecto de los porqués
secundarios, dejando sin atender la búsqueda y profesión de las respuestas a los porqués primarios y esenciales.
A lo anterior debemos agregar el hecho de que los medios masivos de comunicación parecen estar comprometidos
con una campaña en contra de los auténticos valores trascendentes, lo cual se evidencia en el indisimulado afán
desintegrador de la convivencia y comunicación familiar y la acción descaradamente corruptora de muchos de sus
mensajes.

Lo antes dicho nos hace coincidir con el Doctor Luis Garibay Gutiérrez, rector de la UAG por más de cuarenta
años, quien en el Primer Foro Juventud Positiva, afirmaba:

“Parece que la humanidad contemporánea -y particularmente la juventud- está siendo sometida a un violento
experimento de atroz bajeza moral, que degrada la imaginación y ofende la inteligencia, mezclando e invirtiendo las
dosis de la demencia y la cordura. Poniendo una zancadilla a la facultad crítica de los hombres, para hacerles admitir
que la carencia de ciertas virtudes, como la responsabilidad social, puede compensarse con la adquisición de ciertos
vicios, como la drogadicción. O que ciertos vicios se corrigen al adquirir otros. Que la sexualidad desbocada, el abuso
de drogas, la procacidad y la violencia, pueden curar males sociales o mejorar a los hombres” 2.

No podía ser más certero el diagnóstico que hacía el eximio maestro. En resumidas cuentas, actualmente la sociedad
se enfrenta a un gran problema, del cual la inseguridad, la desintegración, la violencia, etcétera, son tan sólo el resultado
del grave descuido: La afrenta a la escala de valores orientada hacia lo trascendente. Esto tiene su precio, y éste ha sido
alto.

El mismo doctor Garibay anotaba una posible solución: “El problema principal no consiste en encontrar nuevos
valores sino en depurar y ser fieles a los que ya profesamos y en hacerles cobrar plena vigencia. Tratar de eliminar
costumbres, patrones culturales, modales, formas y pautas, sólo por consigna, capricho o enojo, meramente para dar
rienda suelta a nuestras pasiones o impulsos, es suicida. Hay siempre un límite para la intolerancia de la explotación por
placer o por interés, al gozo del impulso o al uso de un mundo sin formas, y ese límite ya lo hemos alcanzado. Es
necesario recobrar el equilibrio...”3.

Como podrá comprenderse, el llamado problema de los valores no consiste en reconocer o discutir el hecho de los
valores, sino en explicar la naturaleza del valor y su lugar en la esfera de la realidad.

Pero ¿qué es el valor?, ¿cómo definir el valor? Estas son preguntas difíciles de contestar, sin embargo es un paso que
no podemos dejar de dar si queremos clarificar el problema.

Podemos afirmar que un valor es una perfección que eleva a la persona inclusive a un nivel sobrenatural 4.

A despecho de lo que muchos relativistas contemporáneos creen que son los valores, estos valen siempre y no
cambian. Son constantes en el presente, pasado y futuro; y son válidos en cualquier parte del mundo. A los valores hay
que reconocerlos y aceptarlos, no inventarlos.

Explica el filósofo español Manuel García Morente en sus “Lecciones preliminares de filosofía” que “acerca de los
valores, hay discusión posible; acerca del agrado o desagrado subjetivo, no hay discusión posible. Si yo digo que este
cuadro me es molesto y doloroso nadie puede negarlo, ya que nadie puede comprobar si el sentimiento subjetivo que
el cuadro me produce, es como yo digo o no, que enuncia algo cuya existencia en realidad es íntima y subjetiva en mi
yo. Pero si yo afirmo que el cuadro es bello o feo, de esto se discute; y se discute lo mismo que se discute acerca de una
tesis científica; y los hombres pueden llegar a convencerse unos a otros que el cuadro es bello o feo, no ciertamente por
razones o argumentos como en las tesis científicas, sino por mostración de valores. No se le puede demostrar a nadie
que el cuadro es bello, como se demuestra que la suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos rectos; pero se le
puede mostrar la belleza; se le puede correr el velo que cubre para él la intuición de esa belleza; se le puede hacer ver
la belleza que él no ha visto, señalándosela, diciéndole: vea usted, mire usted. Es la única manera de hacerlo cuando se
trata de estos objetos.
“Por consiguiente, de los valores se puede

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discutir, y si se puede discutir de los valores es
que a la base de la discusión está la convicción
profunda de que son objetivos, de que están ahí,
y de que no son simplemente el peso o residuo
de agrado o desagrado, de placer o de dolor,
que queda en mi alma después de la
contemplación del objeto.
“Por otra parte, podríamos añadir que los
valores se descubren. Se descubren como se
descubren las verdades científicas. Durante un
cierto tiempo, el valor no es conocido como tal
valor, hasta que llega un hombre en la historia, o
un grupo de hombres, que de pronto tienen la
posibilidad de intuirlo; y entonces lo descubren,
en el sentido pleno de la palabra descubrir... Pero
entonces no aparece ante ellos como algo que
antes no era y ahora es; sino como algo que antes
no era intuido y ahora es intuido” 5.
En fin, para enfrentar el problema de los
valores debemos, en primer lugar, entender y
aceptar que los valores son objetivos, que no
dependen ni del agrado ni de la percepción que
el individuo tenga frente a ellos. En ese sentido,
no podemos ser transigentes con el peligroso
relativismo imperante en la sociedad, en el que
cada quien tiene sus propios criterios de valor,
sino que debemos empezar por conocer y aceptar
criterios objetivos de valor.

__________________________

NOTAS
1. Garibay Gutiérrez, Luis. Citado en “Aprender a Vivir”, DAPA, UAG, 1997.
2. Gaibary Gutiérrez, Luis, “Libertad, Vida, Cultura y Ciencia; Memoria del primer foro juventud positiva”, UAG, 1992. P. 133.
3. Idem. P. 137.
4. Garibay Gutiérrez, Luis. La Trampa, ensayos sobre la juventud seducida, UAG, 1972.
5. Chávez Chávez, José, “Aprender a vivir”, Tercero de secundaria, primer semestre. DAPA-UAG, México, 1997.
6. García Morente, Manuel, “Lecciones preliminares de filosofía”, EDESA, 1989, p. 373.

El autor es licenciado en derecho y estudiante de la maestría en educación por la UAG. Actualmente es jefe del Departamento de Tecnología
Instruccional, de la DAPA y editor de “Academia”.
LIDERAZGO, EDUCACIÓN Y VALORES (I)

Preparando líderes
para el nuevo siglo
* La necesidad del liderazgo
Por: Oscar Antonio Angulo Favela
© Copyrigth. IMSI. Masterclip.

TAN GRAVE ES LA FALTA DE UN LIDERAZGO adecuado que


puede ser causa de la desintegración social y sumergir
a la sociedad en un caos total, que significaría su
propio aniquilamiento.

El líder es principio de orden y unidad, es quien se


encarga de unificar las voluntades orientándolas a la
prosecución del bien colectivo, de lo contrario cada
quien buscaría únicamente el cumplimiento de sus
propios intereses, disgregándose en esfuerzos
yuxtapuestos y hasta contradictorios que se
neutralizan y terminan siempre en el fracaso.
Discordia y frustración es el único resultado posible
de un grupo sin un adecuado liderazgo.

La importancia del líder es tan evidente que hasta


“Hace pocos años un científico de la las asociaciones delictivas se sustentan en sus líderes
Universidad de Michigan hizo una lista y la principal acción policiaca para acabar, por ejemplo,
de lo que él consideraba los diez peligros con los grandes cárteles de la droga, se orienta a la
básicos para nuestra sociedad. El captura de sus líderes.
primero y más significativo es la
posibilidad de algún tipo de guerra o Toda sociedad humana requiere la presencia de
accidente nuclear que destruya la raza un líder que la ordene y la unifique o terminará en
humana. El segundo peligro es la desbandada.
perspectiva de una epidemia mundial... El
tercero de los problemas clave, que La necesidad de liderazgo como principio
podría acarrear la destrucción de la ordenador y unificador lo explica muy bien Warren
sociedad, es la calidad de la Bennis con estas palabras: “una persona sola puede
administración y del liderazgo de vivir en una isla desierta sin liderazgo. Dos personas,
nuestras instituciones”. sin son totalmente compatibles, probablemente podrían
entenderse y aún progresar. Si hay tres o más, alguien
Warren Bennis, en “Cómo llegar a ser líder”. tiene que asumir la dirección, o de lo contrario estalla
el caos” (Bennis, 1990).
Además de la función ordenadora y unificadora, el liderazgo tiene otra importante función, la cual constituye su
característica más reconocida: su papel directivo. Es decir, el líder debe señalar el rumbo, la dirección.

Nuestra cultura ha sido impregnada por un igualitarismo mal entendido que tiende a negar la necesidad del principio de
autoridad como condición necesaria para la convivencia humana. Muchas personas reclaman el derecho de conducirse
con una total autonomía, despreciando cualquier figura de autoridad. Hasta en las familias, los hijos exigen un desmedido
respeto de sus padres, según el cual, les niegan el derecho a sus padres de dirigirlos y, por lo tanto, de educarlos.

Este igualitarismo reclama el derecho de cada persona para conducirse autónomamente hasta llegar al absurdo. Por
ejemplo, en el sistema de Summer Hill se dice “no hay que dirigir” y quieren que todos le sigan en la aplicación de este
principio; se contradicen abiertamente queriendo marcar una dirección que todos deben seguir, y, al mismo tiempo, negando
el derecho a que una persona asuma funciones directivas. ¿Con qué derecho pretenden entonces marcarnos una dirección?

Para cumplir con la función directiva, el líder debe ser capaz de percibir con claridad el destino al cual debe dirigirse,
pero, al mismo tiempo, debe ser capaz de entusiasmar a sus seguidores y convencerlos de la conveniencia de dirigirse
precisamente al destino que él les señala.

La sociedad necesita líderes con miras elevadas que la saquen de lo ordinario y lo vulgar. Como dice John W. Gardner
en su libro “No easy victories”: A los líderes les corresponde un papel significativo en la creación del estado de ánimo de
la sociedad. Pueden servir como símbolos de la unidad moral de la sociedad. Pueden expresar los valores que mantienen
a la sociedad unida. Lo más importante es que pueden concebir y expresar metas que elevan a la gente por encima de sus
mezquinas preocupaciones, la pasan por encima de los conflictos que despedazan a una sociedad, y la unen en busca de
objetivos dignos de sus mejores esfuerzos”.

Las multitudes requieren de alguien que las dirija para poder avanzar en un rumbo determinado, cuando les faltan estos
líderes, las sociedades se estancan, quedan paralizadas, o, en todo caso, avanzan en círculo, volviendo una y otra vez sobre
sus pasos, cometiendo los mismos errores.

Como conclusión se puede decir que el líder es necesario porque cumple con dos funciones importantísimas para la
sociedad: por una parte, basado en su autoridad, es principio de orden y unidad; y, por otra parte, basado en sus ideales, es
rector del destino individual y colectivo de sus seguidores, sirviendo de inspiración para que los individuos realicen su mejor
esfuerzo.

LA ESCASEZ DE LÍDERES
La falta de líderes es un problema que aqueja a todos los sectores de nuestra sociedad, tanto en la empresa privada
como en la administración pública; en los movimientos políticos o en las organizaciones sociales se presenta este fenómeno
inquietante.

En realidad, el problema no consiste en la ausencia total de dirigentes, pues sin éstos la sociedad tampoco existiría. El
problema consiste en que los dirigentes actuales, en términos generales, no han demostrado ser eficaces. No han podido
integrar adecuadamente los diversos sectores sociales y en el interior de cada uno de estos sectores tampoco se ha logrado
una adecuada integración, sino, por el contrario, se observa una desintegración creciente, como prueba de esto basta con
observar los numerosos conflictos existentes actualmente y que amenazan con proliferar cada día más.

Los líderes actuales, en su mayoría, tampoco han mostrado ser auténticos. Es de sobra conocido que la mayor parte de
los dirigentes buscan el poder para su beneficio personal y no tienen como fin primordial el interés colectivo. Por eso la
sociedad se encuentra, en muchos sentidos, estancada. No hay un rumbo claro, no hay ideales compartidos que permitan
avanzar a una meta definida.

Preguntando a las personas hacia dónde las conducen sus dirigentes, no encontramos una respuesta clara, y todavía
peor, encontramos que ni siquiera les interesa saberlo, lo cual nos muestra la ausencia de compromiso con el destino al cual
se dirigen las sociedades a las que pertenecen.
Todo el mundo se queja y se lamenta por la
falta de un liderazgo auténtico y eficaz, pero muy
poco se hace para remediar esta situación; los
pocos esfuerzos realizados han resultado
infructuosos, y es porque, cuando se trata de
identificar la causa de este problema, normalmente,
se culpa a las personas por su falta de interés o
por su falta de capacidad para asumir las
responsabilidades directivas.

Este diagnóstico no va a la raíz del problema y,


por lo tanto, no nos lleva a verdaderas soluciones.
Tomemos, por ejemplo, el mundo de los negocios:
las empresas, basadas en este diagnóstico, han
seguido como estrategia generalizada, por una
parte, ofrecer sueldos altos y otros beneficios a
quienes asumen responsabilidades directivas, para
© Copyrigth. IMSI. Masterclip. motivar a sus empleados a aceptar estos puestos
y, por otra parte, invierten grandes sumas para
que sus empleados asistan a cursos destinados a desarrollar las habilidades directivas. En el mejor de los casos, siguiendo
estas estrategias, las empresas han logrado formar buenos gerentes, pero no auténticos líderes. Todo líder es administrador,
pero no todo administrador es un líder.

El error está, entonces, en el diagnóstico del problema, pues, como hemos dicho, la falta de líderes es algo tan generalizado
que no podemos ubicar su causa principal en las deficiencias individuales, sino debemos asumir que el origen de este
problema radica en las condiciones sociales imperantes en nuestros días. Esta es la causa más profunda del problema. La
escasez de líderes auténticos y eficaces sí está provocada por la falta de interés y de capacidad en los individuos para
asumir las responsabilidades directivas, pero esta falta de interés y capacidad está determinada por las condiciones sociales.

Ciertamente los líderes no nacen, se hacen; es decir, requieren una formación determinada, de una educación que
busque el desarrollo de ciertas actitudes y de ciertas habilidades necesarias para que una persona esté dispuesta y capacitada
para asumir la función de liderazgo. Pero no bastan las habilidades, son indispensables las actitudes adecuadas. La falta de
líderes no es un problema únicamente de destreza y de conocimientos, es, fundamentalmente, un problema de actitudes.

También es cierto que algunas personas tienen determinadas habilidades naturales para asumir el liderazgo, por eso se
dice que existen líderes natos. Pero aún estos individuos requieren de alguna educación o de un determinado ambiente
cultural para desarrollar en ellos las actitudes convenientes pues, de lo contrario, aún cuando posean dichas habilidades no
llegarán a ejercer su liderazgo.

Definitivamente, la solución de este problema radica en una adecuada educación. Desde luego, no me refiero únicamente
a la educación escolarizada, sino a la educación en un sentido amplio. Incluyendo la proporcionada en la familia y por otras
instituciones sociales, como los medios masivos de comunicación.

En pocas palabras, podemos afirmar: el problema de la escasez de líderes en la actualidad tiene su origen en la cultura
imperante en nuestra sociedad y, por lo tanto, su solución depende de una reforma educativa, la cual debe alcanzar a todas
las instituciones sociales que influyen de manera determinante en la transmisión de la cultura.

El autor es Ingeniero Químico y postulante de la maestría en filosofía por la UAG. Actualmente es jefe de la oficina de Candidatos Potenciales de
la misma institución.
Planeación y administración estratégicas

El cambio fundamental
Por: Francisco Montoya Camacho.

LA PLANEACIÓN ESTRATÉGICA es un buen método


para mejorar cualquier empresa, es muy
importante proyectar el futuro en lugar de
predecirlo.

Es necesario para cualquier empresa hacer


que las cosas sucedan e ir creando los escalones
u oportunidades y no esperar que las cosas salgan
al azar.

¿Para qué planear?

Si no planeamos seremos simples ejecutores


de lo que otros sí planean, de los que sí se fijan
objetivos.

Al planear y replanear se le inyecta dinamismo


© Copyrigth. IMSI. Masterclip.
a cualquier empresa, surgen siempre nuevos retos.
Si se tienen objetivos, de inmediato se establecen otros por lograr, creando así un espíritu de
superación constante, lo cual lleva a la excelencia.

Cada empresa, de acuerdo con sus necesidades, fines, misión, etc. , deberá desarrollar su propia manera de planear
involucrando un proceso de evaluación que confronte, cada cierto tiempo, lo que se planeó, con los resultados.

Es importante la planeación también, como motivación para los empleados, porque se les toma en cuenta y participan en
ella, lo que fomenta las Relaciones humanas y la comunicación interna de la empresa.

PROYECTAR EL FUTURO EN VEZ DE PADECERLO


La idea de planear responde a esta lógica inquietud de la humanidad por conocer su futuro, aunque con un enfoque más
activo que la simple espera de su ocurrencia. Lo que se busca con la planeación no es tan sólo el diseño de escenarios, sino
la forma de alterarlos y sacarles el mayor provecho. Se trata, por tanto, de planear el futuro en vez de padecerlo.

PLANEACION Y ADMINISTRACION ESTRATÉGICAS


Planear es, sin duda, una de las actividades características en el mundo contemporáneo, la cual se vuelve más necesaria,
ante la creciente interdependencia y rapidez que se observa en el acontecer de los fenómenos económicos, políticos,
sociales y tecnológicos. Las técnicas de planeación, que otrora tuvieron un alto componente cuantitativo, hoy tienden a
centrarse en el análisis de elementos cualitativos.

La planeación sigue siendo en esencia, un ejercicio de sentido común a través del cual se pretende entender, en primer
término, los aspectos cruciales de una realidad presente, para después proyectarla, diseñando escenarios de los cuales se
busca finalmente obtener el mayor provecho. De ahí el carácter estratégico de la planeación: no se trata sólo de prever un
camino sobre el que habremos de transitar, sino que se busca anticipar su rumbo y, si es posible, cambiar su destino.
El objetivo no es sólo planear, sino realizar en forma ordenada un amplio número de actividades que, a su vez, implican
el uso de recursos humanos y materiales. Es fundamental tener claridad de cuál es la misión y los objetivos que se
persiguen, para que la repetición del ciclo de la planeación nos acerque paulatinamente al destino deseado. Esto es el
diseño e implantación de una estrategia.

Un plan cuyos objetivos no se traducen en una estrategia específica y consistente, representada por acciones concretas,
no es un plan verdaderamente, sino un catálogo de buenos deseos. Por cada objetivo se deben definir las acciones a
realizar, anticipar los problemas por resolver, priorizar sus soluciones, establecer recursos y responsabilidades, y diseñar
medidas de seguimiento que permitan no sólo evaluar el avance, sino, sobre todo, volver a planear.

Traducir los objetivos estratégicos en acciones concretas que se incorporen al quehacer diario de la empresa, es pasar
de la planeación a la administración estratégicas; es darle, de hecho, un sentido trascendente a la acción cotidiana de todos
sus integrantes, quienes sabrán que al margen de las tareas rutinarias, hay que desarrollar otras actividades que tienen un
efecto más importante, duradero y, sobre todo, necesario para garantizar el futuro de la organización de la que forman
parte.

El conocimiento de la misión, objetivos y estrategia de la empresa por parte de todos sus integrantes, es un elemento
fundamental para cumplirlos. Sirve también como mecanismo motivador pues, al participar en su establecimiento, lograrlos
se convierte en un reto profesional para cada individuo.

En síntesis, la administración estratégica significa tener conciencia de cambio y comprender lo vital. De lo contrario, la
vida de una empresa queda reducida al objetivo de sobrevivir.

PLANEAR Y REPLANEAR
Un plan que no se actualiza tiene la misma vigencia que un rayo en la oscuridad: su efecto, tan efímero, sólo nos
permitirá conocer momentáneamente el camino, pero finalmente lo recorreremos a oscuras.

Replanear es la única forma de aprender a planear; puesto en forma elemental, es un proceso de acierto y error:
analizar éxitos, fracasos, avances y retrocesos, para de ahí volver a planear el camino. Replanear significa la posibilidad de
mantener en el tiempo coherencia y consistencia entre un grupo de acciones y un conjunto de objetivos.

Replanear es una actividad que confiere un notable dinamismo a cualquier organización, ya que constituye un ejercicio
a través del cual siempre surgirán nuevos retos. Así, a los objetivos alcanzados, seguirá el establecimiento de otros por
lograr, buscando de esa manera la superación constante y, por ende, la excelencia.

ARTE O CIENCIA
Planear es un procedimiento que permite distinguir lo importante de lo urgente; se trata de separar aquello que nos
apremia de lo que realmente importa.

Planear, a pesar de todos lo avances metodológicos, está más cerca de ser un arte que una ciencia, puesto que no hay
en ellas soluciones de aplicación universal. Mas aún, la planeación es, en esencia, un ejercicio muy particular de cada
organización y, al estar concebida por seres humanos, sintetiza su visión y percepción de la realidad presente y del futuro.

Cada empresa debe desarrollar su propia manera de planear mediante un inevitable proceso de aprendizaje que
confronte periódicamente aquello que se previó con lo que se consiguió.

Planear requiere del trabajo en equipo, lo cual implica un compromiso de todos los participantes y hace necesario en
ellos un alto grado de madurez y experiencia, puesto que involucra un proceso constante de revisión de objetivos, evaluación
de resultados y asignación de responsabilidades.

El autor es ingeniero mecánico eléctrico y postulante de la maestría en sistemas de calidad por la UAG. Actualmente es asesor docente del
Departamento de Aprendizaje de la DAPA.
La escolástica y su aplicación actual

Los grandes principios de la escolástica


Por Antonio Caponnetto

Última parte

En la pasada edición de “Academia” el autor abordó los grandes aportes que la Escolástica y Santo Tomás hacen respecto de
los hábitos de estudio y enseñanza. En esta tercera y última parte, Antonio Caponnetto pone a nuestra consideración los
grandes principios que el Doctor Angélico nos aporta metodológicamente para el cultivo de nuestra actividad. N.R.

MUCHOS SON LOS PRINCIPIOS QUE SANTO Tomás nos aporta, sin embargo hay algunos que no pueden dejar de ser mencionados

1. La armonía entre la razón y la fe. Una armonía que queda sintetizada en aquella expresión del profeta Isaías “Creer para
entender”, este creer para entender nos indica no un fideísmo, como los malos intérpretes y los malos críticos de la escolástica,
sino el valor gnoseológico que tiene la fe además del valor teológico.

No discutiremos ahora el valor de la fe como virtud teologal, pero desde el punto de vista gnoseológico, la fe es un
conocimiento, y el mundo moderno no tiene derecho a reconocer sólo el carácter gnoseológico de la razón y a desconocer el
valor gnoseológico de la fe; por eso es que Santo Tomás no solamente reitera el valor gnoseológico de la fe, sino que dice que
sin la fe no podremos entender. “infidelitas es contra natura” (“La infidelidad es contraria a la naturaleza”); mientras que la
fidelidad, es decir, el ejercicio de la fe, coadyuva a la plenitud del ejercicio de la naturaleza.

Miniatura que representa la actividad académica en una universidad medieval.


Vean ustedes hasta qué punto Santo Tomás no fue fideísta, que en la respuesta que le da a Siger de Bravante, dice esto que
no puede leerlo por enésima vez sin rendirle mi admiración.
Le dice el santo al heresiarca: “ He aquí nuestra refutación del error, no está basada en documentos de fe sino de razón y en

acierto de los mismos filósofos. Si hay pues alguien que orgullosamente engreído en su supuesta ciencia quiera desafiar lo
que hemos descrito, que no lo haga en un rincón o delante de los niños, que son impotentes para decidir materias tan difíciles,
que responda públicamente si se atreve, que responda delante de los maestros".

Esos profesores indoctos, pedantes y orgullosos que enseñan triquiñuelas, falacias y mentiras e imposturas sin que los
alumnos puedan defenderse sin que los expongan a esos errores delante de los maestros y entonces veremos quien tiene razón.

Dirá Santo Tomás. “El me encontrará frente a sí, el impostor, y no sólo al mísero de mí sino a muchos que conmigo han
estudiado la verdad y daremos batalla a sus errores o curaremos su ignorancia".

Este es el gran principio que Santo Tomás nos deja desde el punto de vista metodológico “Credo ut integridam”.

2. El principio del realismo: “Las cosas son", por eso pueden ser cosas conocidas y no
exactamente al revés; las cosas no existen porque a mí me parecen que existen; las cosas no existen
porque yo las pienso, al estilo kantiano, cartesiano o hegeliano; las cosas existen porque Dios ha
El misterio es dispuesto que existieran y así que San Agustín pudiera decir y dice “ vemos las cosas porque existen;
luminosidad pero las cosas existen porque Dios las ve”. “Amamos las cosas porque existen; pero las cosas
existen porque Dios las ama”.
y por eso es
que frente a Porque las cosas existen es por eso que nosotros podemos ser realistas, conocer las cosas y
trabajar con las cosas y comunicar lo que las cosas son.
él no queda el
3. Otro gran principio de la escolástica es el respeto por el misterio.
encogimiento
de hombros, Qué cosa más notable esto que ocurre en la cultura moderna. Para un profesor moderno, para un
conferencista, para un expositor moderno, el misterio es el ámbito de lo fantasmagórico, casi diríamos
sino la de lo incierto, cuando no sabemos qué decir frente a algo, nos encogemos de hombros y decimos
admiración “es un misterio”.
fecunda. Pero es exactamente al revés. El misterio es diafanidad y lumbre, el misterio es visibilidad
sobrenatural y divina, el misterio es infalibilidad, el misterio es precisamente luminosidad y por eso es
que frente al misterio no queda el encogimiento de hombros sino la admiración fecunda.

“Esto es misterioso por eso es que aquí me detengo a contemplar mudo, estático...”

4. Otro principio que nos aporta Santo Tomás, desde el punto de vista metodológico, el decirnos que no hay inteligencia
sin capacidad del “intus legere” y del “abstraegere”, del “ver adentro” y del “separar o distinguir”, lo que ya decíamos. Por
eso, en el conocimiento humano hay una “ratio” que conoce, pero hay un “intelectum” que ilumina, y el conocimiento humano
no se agota en la ratio, sino que es capaz de llegar al intelectum, a lo que Santo Tomás llama no solamente “visius cognitionis”,
sino también “visius compresionis”; esa capacidad comprensiva que es superior a la capacidad cognoscitiva.

5. Finalmente, Santo Tomás nos hace una aportación en el terreno de las reglas, o si ustedes prefieren llamarlas de otro
modo en el terreno de la casuística.

Una vez que nos ha iluminado con la forma, nos da reglas. De este conjunto de reglas hay dos que parecen particularmente
importantes en nuestros días: las reglas para la memoria y las reglas para decidir el tesoro de la ciencia.

Dirá de las primeras: “Deben tomarse semejanzas convenientes si se quieren memorizar las cosas, aunque no deben ser
demasiado ordinarias, porque si son más raras, llaman más la atención”.

Cuántas veces nos ha ocurrido a nosotros observar catequistas o hacer nosotros las veces de catequistas, que para explicar
el misterio de la Santísima Trinidad o para que el niño lo retenga, lo memorice, se apelan a imágenes demasiado obvias, casi
"El estudiante y el estudioso, como el
atleta, tienen que privarse de cosas, aún
de cosas lícitas pero que obstaculizarían
su carrera".

diríamos impropias, como si dijéramos, “pues mira, un hombre con


tres cabezas, será deforme pero no deja de ser un solo hombre,
aunque tenga tres cabezas”. Este tipo de semejanzas y de
comparaciones por lo burdas, son impropias de la vida de la Ciencia.

En cambio, Santo Tomás dice que si queremos retener algo


hemos de buscar semejanzas que sean convenientes; convenientes
por lo respetuosas del ser a la que van destinadas esas semejanzas.

Por eso es que San Agustín no pretende explicar el Misterio de la


Santísima Trinidad; pero dice que si alguna imagen pudiera
transmitirnos acercamiento al mismo, bien podría ser el hombre
que, sin dejar de ser hombre, tiene el don de la inteligencia, el don
de la voluntad y la capacidad de apasionarse.

Y dirá Santo Tomás que hay una segunda regla para ejercitar la
memoria: “Es necesario que aquellas cosas que se quieren memorizar
se dispongan de un modo ordenado, de manera que de una cosa
Ilustración de un códice medieval que representa la vida de los
estudiantes del Colegio del Ave María, en París.
pueda pasarse fácilmente a la otra, y además es necesario que el
hombre ponga solicitud o un cierto apetito hacia aquellas cosas que
quiera recordar”.

¿Qué pasa con nuestros alumnos que no memorizan, que son dispersos, que son desatentos, que no tienen apetito o
curiosidad ordenada por saber?

Y finalmente, dirá Santo Tomás, “hay una regla de oro para memorizar. Se requiere la frecuente meditación de las cosas por
memorizar, ya que, como dice el filósofo, “la meditación salva a la memoria”.

No podemos memorizar si no meditamos sobre aquello que queremos memorizar.

Hay otro conjunto de reglas que Santo Tomás nos entrega, ya no para memorizar, sino para adquirir el tesoro de la Ciencia.

Son muchas estas reglas, pero hay algunas que vale la pena considerar. Están dirigidas al hermano Juan, al que Santo Tomás
aconsejó durante muchos años de su vida:

“Entra en el mar por los arroyuelos, no entres al mar de una vez, pues es por medio de lo más fácil que conviene llegar a lo
más difícil. Quiero que seas tardo para hablar, tardo para ir allí donde se habla de más. Conserva la pureza de la conciencia, no
ceses de entregarte a la meditación. Frecuenta con amor la celda si quieres ser introducido a la celda del vino". Los antiguos
consideraban que en el vino está la verdad, es la Sangre de Cristo, por tanto quien quiera amar la verdad, deberá penetrar en la
celda como quien penetra en el dulce sabor del vino.

"Muéstrate amable para con todos; no quieras averiguar nada de los hechos ajenos; el exceso de familiaridad engendra
menosprecio. No seas confianzudo; huye por sobre todo de las gestiones inútiles". Esas personas que viven dependientes de lo
superficial, de lo periférico, de lo que ocurre hoy no pueden ser sabias, no pueden dedicarse a la ciencia, no pueden estudiar,
no pueden aconsejarnos porque pagan tributo permanente al fenómeno, a si ha llovido mucho o poco, a si el sol quema más o
menos, pero fuera de ello no tienen nada, están vacíos, entonces no hay ciencia posible.
"Trata de comprender aquello que leas y que oigas; certifícate sobre tus dudas. No busques lo que te sobrepasa y esfuérzate
por ordenar todo lo que puedas en el tesoro de tu espíritu como se llena un vaso. Si sigues esta huella, llevarás durante toda tu
vida un buen servicio al Dios de los Ejércitos”.

Alguien que ha entendido estas reglas de Santo Tomás de Aquino, alguien que no solamente las ha entendido sino que las ha
comprendido en su verdadero espíritu, ha sido San Bernardino.

San Bernardino fue un modelo de santo universitario y tal vez un modelo a seguir en nuestros días. Amparándose, sosteniéndose
y basándose en estas reglas tomistas, San Bernardino escribió para sus estudiantes y para sus profesores siete reglas a tener en
cuenta: La primera es la regla del aprecio, la segunda la de la separación, la tercera la de la tranquilidad, la cuarta la del orden,
la quinta la de la perseverancia, la sexta la de la discreción y la séptima, la de la delectación.

¿Qué es la regla del aprecio? Es -como diría el padre Santillán en su tan conocida obra “ La vida intelectual”- saber cuál es
la vocación, cuál es el llamado y concluir en que si la vocación y el llamado es la vocación y el llamado al estudio, hay que
consagrarse al estudio, con el deseo no de ser un erudito, sino de ser un sabio; no de ser un hombre informado, sino de ser
un hombre culto. Con ese hábito que Aristóteles consideraba virtuoso, que es el hábito de la Episteme, es decir, la ciencia como
virtud intelectual. Por eso San Bernadino de
Siena dice: “Uno nunca llega a estudiar en serio
si primero no aprecia el estudio”. Apreciar el
estudio significa apreciar las buenas lecturas,
apreciar los buenos libros, apreciar los buenos
autores.

Quevedo decía: “Con pocos pero doctos


libros juntos, / si no siempre aprendidos,
siempre abiertos, / o enmiendan o resuelven
mis asuntos". Pero es necesario amar la lectura.

La regla de la separación. San Bernar-


dino dice: “El estudiante y el estudioso, como
el atleta, tienen que privarse de cosas, aún de
cosas lícitas pero que obstaculizarían su
carrera". No puede tener malas compañías o
malos hábitos o malas lecturas o malas
imágenes o malas acciones, y le preocupan
en particular a San Bernardino las malas
compañías, y propone este remedio para los
estudiantes que bien podríamos ofrecérselo
hoy a nuestros propios estudiantes:

Recuerda San Bernardino el caso de aquel


saltinbanqui, de aquel malabarista que, estando
en una plaza, le ofrecía a los transeúntes una
caja cerrada en la cual les aseguraba que
existía el remedio categórico y definitivo para
evitar las coces del asno, y entonces (en una
época en que el asno era elemento primordial
para el transporte) muchos compraban esa
caja tan supuestamente maravillosa y secreta
que contenía en su interior un remedio
eficacísimo y al mismo tiempo accesible
económicamente contra las coces del asno.
Cuando alguno abría la maravillosa caja, se
encontraba con una soga de dos metros y
Escenas de la vida de Santo Tomás, arriba, explicando teología; abajo, sufriendo la entonces le reclamaban: “ El remedio que me
tentación. has vendido ¿qué es esto, qué clase de remedio
es éste?”. Y muy seguro les respondía: “Aléjese del asno en lo que mide esa soga y el asno jamás le dará coces” ... aléjese del
asno más de dos metros o dos millas y jamás tendrá el problema de las malas compañías

La regla de la tranquilidad. Si el alma nuestra no está serena no podemos estudiar. Saint Exuperí lo dice bellamente: “Sólo
en el silencio la verdad se anula y hace raíces, el espacio del espíritu, aquél en donde se puede desplegar las alas es el silencio”.

En la vieja liturgia de la Noche Buena se decía esto que tiene un gran significado, “en medio del silencio de la noche nació
la Palabra" y una viejísima letanía medieval llamaba a María Santísima “Madre muda del verbo que calla”.

Es decir que si no somos capaces de callar, de silenciar lo superfluo en nosotros, si no somos capaces del recogimiento y
del ensimismamiento no podremos estudiar, esta regla pide San Bernardino.

Tenemos que practicar el retiro, es decir, retirarnos. Cuando Fray Luis hace el elogio de la descansada vida, nos dice “el que
huye del mundanal ruido", es condición sine qua non para poder estudiar. San Bernardino le propone a los estudiantes repetir
esta jaculatoria: “Da, Señor, reposo a nuestra mente”.

La regla del orden es la regla de la sobriedad, la austeridad, de la templanza. ¿Cómo podemos estudiar si estamos destemplados,
si no somos austeros, si no somos sobrios, si estamos pensando en lo que vamos a comer, en lo que vamos a beber, o en cómo
nos vamos a embriagar o cómo nos vamos a divertir? De ahí el auxilio que ve San Bernardino en la vida del estudiante en el
deporte y dirá, esto qué bien podría decir un médico moderno: “Aquellos que no encuentran tiempos para hacer ejercicio,
deberán encontrar tiempo para estar enfermos.”

La regla de la perseverancia. No es lo mismo la mosca que zumba y que es ruidosa pero que pasa y no se detiene nunca en
nada, de allí que no halla actividad más penosa que querer atrapar una mosca, que la actividad de la abeja detenida, paciente;
dirá san Bernardino donde hay una voluntad, hay un camino.

La perseverancia es una virtud que tenemos que proponerles a nuestros estudiantes.

La regla de la discreción. No correr más que lo que nos permiten nuestras piernas. No contraer tortícolis de mirar más alto
que lo que nos permiten nuestros hombros. No comenzar demasiadas cosas a la vez; tener iniciativa, pero también tener
terminativa.

Y el hábito de la delectación, es decir, el hábito de amar lo que estamos haciendo. Si no amamos lo que estamos haciendo
se nos nota, y los estudiantes no querrán estudiarnos porque dirán: "¿Para qué queremos estudiar lo que éste nos propone?
¿Para volvernos odiosos como éste?" Si, en cambio, nos enamoramos de lo que estamos haciendo y lo que estamos enseñando,
dirán pues: “Valdrá la pena vivir felices de amor como vive éste que está enseñándonos estas cosas".

A fin de cuentas tenía razón San Juan de la Cruz al decir que en la tarde de la vida, el único examen que nos tomarían sería
el examen del amor y que, por otra parte, el único examen que Cristo le tomó a Pedro a la hora de entregarle la más alta de todas
las cátedras, fue tres veces preguntarle si lo amaba. No lo examinó en teología ni en teodisea, ni en filosofía, lo examinó en el
amor.

Habrán oído ustedes, porque es bien conocido, hablar de aquella obra de Ghoette, “El Fausto”. Pues bien, en la primera
parte del Fausto, aparece un personaje pronunciando un famoso soliloquio y ¿cuál es el soliloquio del Fausto?

Fausto abre el Evangelio de San Juan, comienza a leerlo y ve que lo primero que dice es: “Al principio fue el Verbo” y se
inquieta ese hombre que ya estaba dispuesto a entregar su alma al demonio, se inquieta, rechaza el Evangelio de San Juan, lo
cierra abruptamente y dice: “No, no, yo no podré repetir nunca al principio fue el Verbo”. Entonces modifica la traducción y
dice: “Al principio fue la razón”. Pero le sigue pareciendo demasiado para ser el principio y vuelve a traducir y dice: “No, al
principio fue la fuerza”, y también le sigue pareciendo demasiado decir esto, y traduce por tercera vez el texto de San Juan y
dice: “Al principio fue la acción”, y aquí se queda contento y gustoso, delectante: “Al principio fue la acción”.

Por hacerle caso a este personaje endemoniado, la Universidad ha dejado de ser el testigo de esta expresión del Evangelio de
San Juan: “Al principio fue el verbo” . Y se ha convertido en una universidad racionalista, como la que conocimos en tiempos
renacentistas y posteriores. La universidad de la mente que terminó siendo la universidad para dementes. Ha pasado a ser
después una universidad de la fuerza, una universidad materialista, positivista y ha devenido, finalmente, en una universidad de
la acción, una universidad activista, utilitarista, pragmática. “Lo que cuesta es el mercado”, dice el marketing.

Pues bien, hemos de tener el valor nosotros de reconstruir la Universidad del Verbo, la pedagogía del Verbo, la pedagogía de
la Cruz, la pedagogía de la Palabra que rescata y que redime, la pedagogía salvífica y redentora, la que repita todos los días al
despertarnos lo que ha dicho el apóstol San Juan y que no necesita traducción demoniaca alguna: “Al principio fue el Verbo”.

Por eso Sto. Tomás todos los días empezaba su jornada elevando una plegaria al Dios de los ejércitos:

“Inefable Creador que de los tesoros de tu sabiduría designaste tres jerarquías de ángeles colocándolos
de maravillosa manera en el cielo empíreo, dispusiste todas las partes del Universo con singular
orden y hermosura.

"Tú Señor que eres llamado, fuente verdadera de luz y de la sabiduría, principio super eminente;
dígnate infundir en las tinieblas de mi entendimiento un rayo de tu claridad, apartando de mí las
dos oscuridades con las que he nacido: el pecado y la ignorancia.

"Tú, que haces elocuentes las lenguas de los niños, instruye mi lengua y derrama en mis labios la
llama de la bendición.

"Dame viveza para entender, capacidad para retener, facultad y modo para aprender, sutileza para
interpretar y gracia copiosa para hablar.

"En todas mis obras enséñame a comenzarlas debidamente. Dirígeme a la ejecución y corónalas
con un éxito feliz.

"Tú, que eres verdadero Dios y verdadero hombre y que vives y reinas por los siglos de los siglos”.

Por eso dicen que al final de su carrera se le apareció un día a Santo Tomás el buen Jesús y le dijo: “Tomás, mucho y bien
has escrito y hablado sobre mí ¿qué quieres como recompensa?"

Tomás, cayendo de rodillas le dijo: “Señor, yo no quiero otra cosa más que Vos mismo”.

El autor es educador y periodista de nacionalidad argentina. Es profesor honoris causa de la Universidad Autónoma de Guadalajara.
Para formar buenos lectores
Por: María de la Luz Aceves Miramontes

EL LENGUAJE HABLADO Y ESCRITO son dos sistemas de signos distintos, siendo que el segundo representa al primero.

Para iniciar se aclarará de dónde surge el lenguaje escrito, y para ello es necesario explicar lo que es la realidad.

Según el diccionario de Filosofía de Nicola Abbagnano, “realidad en su significado propio y específico, es el término que
designa al modo de ser de las cosas, en cuanto existen fuera de la mente humana o independientemente de ella”, es decir,
la realidad es todo aquello que existe y que es verdadero, por ejemplo un árbol, un lago, una persona.

El hombre, por su capacidad intelectual, es capaz de abstraer del mundo, es decir de la realidad, el concepto; por
ejemplo, concepto de árbol, concepto de lago, concepto de persona. Esto es imposible para cualquier otro ser viviente,
llámese planta o animal.

Pero no llega hasta aquí la capacidad del hombre, sino que estos conceptos los transforma en lenguaje, ya sea oral o
escrito, y es de esta manera como se comunica más fácilmente con sus semejantes.

Observe la siguiente grafica:

CONCEPTO PALABRA PALABRA


ORAL ESCRITA

REALIDAD
Aquí el árbol es la realidad; el concepto es un signo que el hombre se forma de la realidad; la palabra hablada es un
signo del concepto, y la palabra escrita es un signo de la palabra hablada.

Esos conceptos que el hombre logra formarse de la realidad de nada le servirían si no los comunica, ya sea de manera
oral o escrita. Gracias a esa inquietud por comunicar sus conocimientos existen los libros, y de la actividad de descubrir sus
contenidos hablaremos enseguida.

La lectura es una actividad muy importante que nos lleva a apropiarnos de una gran riqueza cultural, intelectual,
científica y moral, además, es un gran medio para comunicarnos, es una actividad mental que desarrolla la inteligencia y
que sólo posee el hombre. La lectura es un gran instrumento para el desarrollo educativo del individuo. La persona que es
buena lectora y que además tiene la capacidad de discernir, y hacer un juicio crítico de lo que lee, siempre apegándose a la
realidad, entendida esta realidad como la verdad, es generalmente una persona culta.

De ahí la importancia de formar lectores con criterio recto y claro, y no simplemente, como comúnmente se menciona,
“gente de criterio amplio” (al que siempre se le asocia como un individuo que acepta todo sin importar el valor de lo que
está aceptando), pues de esta manera la formación quedará trunca ya que no podrán discernir entre lo verdadero y lo falso,
entre lo bueno y lo malo, entre lo bello y lo desagradable.

Las deficiencias detectadas en el campo de la lectura han sido puestas de manifiesto por muchos profesores y padres
de familia. El bajo rendimiento escolar parece estar asociado, aunque no de manera unidireccional, a la dificultad de la
lectura.

La lectura es una de las actividades medulares que condicionan el acceso del conocimiento y es en las escuela de
educación elemental donde se inicia la formación de lectores con actitudes positivas

En un estudio, llevado a cabo en el estado de Jalisco por Peredo Merlo (1994), se detectó que en el nivel de primaria
existe muy poca cultura lectora entre los alumnos y maestros; la lectura sólo se limita a los textos escolares, en el aula es
escasa y prácticamente, en muchas escuelas, hay ausencia total de ésta.

Existen otros motivos por los que las personas mayores y no sólo los niños no leen, y es la competencia que la lectura
tiene con otras actividades. En otro estudio, llevado a cabo en Brasil por Sandroni Laura (1999), se menciona que los niños
prefieren juegos infantiles o televisión; los adolescentes se inclinan más por los paseos, los deportes, la música, televisión y
reuniones. Los adultos dedican la mayor parte de su tiempo para ver televisión, intensidad horaria profesional, ocupaciones
domésticas, convivencia con familiares y amigos, deportes, paseos y sueño.

Las personas que tiene el hábito de la lectura por lo regular tienen la facilidad para expresarse tanto en forma oral como
en forma escrita.

Es importante que los maestros y padres seleccionen los libros que el niño ha de leer, cuidando entre otras cosas, la
dificultad del texto, los valores y enseñanzas que éste puede dejar en los niños y jóvenes, pues son individuos que están en
formación y un buen o mal libro dejará en sus almas muchas veces una huella que será difícil de borrar.

El gusto por la lectura no es innato, los padres son los primeros que deben contribuir a que su hijo tenga el hábito de la
lectura y ello lo pueden lograr si desde que el pequeño está en la cuna escucha cuentos interesantes y divertidos. Seguramente
un niño que recibió estos cuidados tendrá más interés en aprender a leer que otros a los que no se les fomentó este gusto
por la lectura.

En las familias en donde existe un ambiente propicio para la lectura, en donde la madre y el padre tienen el hábito de la
lectura, y cuidan de proporcionar al pequeño que está en desarrollo libros infantiles, estarán formando buenos lectores.

El pequeño que aún no sabe leer, pero que basándose en las ilustraciones de su libro inventa historias y cuentos, es un
niño que está motivado a la lectura y seguramente le será fácil adquirir el hábito.
Otra gran ventaja que existe cuando al pequeño se le narran cuentos, es que al mismo tiempo se le está ayudando a
formar el hábito de saber escuchar a los demás y ejercita la concentración al estar atento a lo que se le lee, se le ayudará
a tener un mejor desempeño en la escuela.

Cuando al niño se le enseña a leer es necesario que al mismo tiempo se le inculque el amor y el placer por la lectura.
Cuando el adulto proporciona al pequeño lecturas de calidad e interesantes para la edad del infante es posible que el niño
desarrolle actitudes positivas hacia la lectura y en el futuro se convierta en buen lector.

Debe tenerse cuidado de no poner lecturas poco atractivas al niño, se deben seleccionar temas que le sean agradables
e interesantes para que así vea en la lectura una actividad cautivadora.

También es necesario que el maestro tenga una actitud positiva hacia la lectura, para que éste, a su vez, transmita a sus
estudiantes estos mismos sentimientos, ya que, como sabemos, el maestro es un modelo para sus alumnos.

Aunque muchos maestros suelen poner objeciones contra los textos extensos, argumentando la escasez de tiempo,
puede evitarse esto seleccionando fragmentos que causen interés en los estudiantes, motivándolos a continuar la lectura en
forma individual, fuera de clases.

Es, pues, importante que motivemos a las nuevas generaciones a tomar la lectura como un hábito necesario para su
desarrollo personal y profesional. Es necesario enseñarles, desde niños, que los buenos libros son compañeros valiosos, que
les ayudan a desarrollar su capacidad intelectual, y que son importantes para completar su educación.

La autora es licenciada en pedagogía y maestra normalista. Actualmente ocupa la jefatura del Departamento de Aprendizaje de la DAPA.
Técnicas de enseñanza en grupo

Las técnicas de enseñanza


en grupo, sic et non
Por: Fernando Sánchez Cu

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LAS TÉCNICAS SON, EN REALIDAD, un conjunto de
normas que dirigen la forma de realización. En
el caso de las técnicas didácticas esto se aplica
con mayor rigor. De tal manera, el asunto de las
técnicas de enseñanza se reduce a la evaluación
y análisis de las normas, reglas y procedimientos
indicados en cada caso.

A continuación hacemos un análisis de las


normas generales, (principios generales de la
dinámica de grupo), que se aplican y dan sustento
a las técnicas grupales. En esta parte decimos
aquello que consideramos puede ser aceptado
(sic), así como aquello considerado como
riesgoso, e incluso negativo, de las mismas (non).

Esto permitirá delinear la acción


correspondiente en cada caso concreto. Para
ilustrar este proceder correcto, indicamos cómo se manifiestan los errores de los “principios” en algunas técnicas, así
podrá usted notar con mayor facilidad las “ventanas” por donde se puede filtrar el error.

Los principios básicos de la acción de grupo los tomamos de Cirigliano y Villaverde que citan a Jack R. Gibb 1. Los
principios alulidos son:

1. Ambiente. El grupo debe de actuar dentro de un ambiente físico favorable, cómodo, propicio para el tipo de
actividad que ha de desarrollarse 2.

Este primer principio es por demás evidente. Es claro que el ambiente donde se trabaja es importante para tener cierta
disposición. Por otra parte, es clara la importancia de tener un cierto espacio físico, e incluso cierto tipo de instalaciones de
acuerdo con el trabajo del grupo. Pero de aquí no es válido concluir una especie de determinismo ambientalista de ningún
grado.

2. Reducción de la intimidación. Las relaciones interpersonales deben ser amables, cordiales, francas, de
aprecio y colaboración 3.

Indudablemente el trabajo académico y escolar debe realizarse bajo condiciones propicias, entre ellas, el respeto y
colaboración son necesarias en todo tipo de preparación académica. Cuando este principio falla se tiene un campo de
batalla y no un trabajo escolar.
Sin embargo, esto no implica, de ninguna manera, un permisivismo absoluto ni la ausencia de la verdad o la autoridad.

3. Liderazgo distribuido. Todo grupo requiere una conducción (liderazgo) que facilite la tarea y favorezca el
logro de sus objetivos; pero esa conducción ha de ser distribuida en todo el grupo con el fin de que todos los
miembros tengan la oportunidad de desarrollar las correspondientes habilidades...4

En este punto hay que tener cierta reserva, puesto que continuamente se habla de un liderazgo del, o los alumnos, tal
como hemos visto antes. Este principio tiene su utilidad cuando se están aprendiendo habilidades de dirección. Pero esto no
invalida ni la autoridad del maestro, principal responsable de las decisiones de los alumnos, ni la docilitas, esa añeja virtud
exigida a los educandos. De esta virtud afirma Josef Pieper: “Por docilitas debe entenderse el saber-dejarse-decir-algo,
aptitud nacida no de una vaga discreción, sino de la simple voluntad de conocimiento real (que implica siempre y
necesariamente auténtica humildad” 5.

Con esto puede observarse con claridad la importancia de esta virtud, sin ella no puede haber dirección por parte del
docente, no puede haber esa “influencia” de que hablan Redden y Ryan. La importancia de esta docilitas llega hasta el
ámbito familiar, social y político. Donoso Cortés, diplomático y político cristiano del siglo XIX, dice en su “discurso sobre la
situación general de Europa”:

“Señores, la verdadera causa del mal hondo y profundo que aqueja a la Europa está en que ha desaparecido la idea de
autoridad divina y de autoridad humana. Ese es el mal que aqueja a la sociedad, ese es el mal que aqueja al mundo...” 6

Si eso decía Donoso Cortés en el siglo XIX, que no podremos decir nosotros ante el abandono de la autoridad en todos
los ámbitos: en las familias, los padres ya no quieren ejercer la autoridad sobre sus hijos; en el campo educativo, los
maestros, e incluso las autoridades escolares, ya no desean tomar en sus manos la autoridad; en fin, la Iglesia, en cuanto
institución humana, se observa relajada en una especie de democracia, tal como señalan muchos estudiosos del problema.

Antonio Caponnetto, en su obra Pedagogía y educación, dice que “educar en y para la democracia ha pasado a ser un
objetivo irrenunciable, de una intangibilidad religiosa que se le niega paradójicamente a la religión”.

Con esto podemos notar el gran peligro de dar ese “liderazgo compartido” en la preparación del alumno, puesto que
lleva a la ingobernabilidad, el subjetivismo y la destrucción de toda institución natural y sobrenatural necesarias al hombre
para el bien vivir.

4. Formulación del objetivo. Deben establecerse y definirse con la mayor claridad los objetivos del grupo.
Pero esto debe hacerse con la participación directa de todos los miembros, pues de tal modo se incrementa la
conciencia colectiva, el sentimiento de “nosotros” indispensable para el buen funcionamiento del grupo...7

Observe la gran proximidad con la ideología marxista, se trata de desarrollar una “conciencia colectiva” en oposición al
“individualismo”.

Este énfasis en una “conciencia colectiva” tiende a nivelar por lo bajo, a evitar el surgimiento de personalidades fuertes;
elimina la formación de convicciones sólidas como bien dice A. Caponneto: “para Dewey los principios y las ideas son
siempre negociables, en la misma forma que un comprador y un vendedor convienen un precio acomodado, cabe negociar
las religiones, las nacionalidad y las filosofías encontradas” 8. Esta crítica a Dewey es válida para estas técnicas, pues ellos
mismos sostienen la necesidad del clima democrático, además, ellos mismos reconocen a Dewey como fuente de su propia
postura.

No deje de observar la presencia de ese dejar decidir a los alumnos, y recordemos que la educación exige una planificación
de objetivos a alcanzar, por lo cual no puede dejarse al grupo la facultad de decidir a dónde se va a dirigir.

Podrá, quizá argumentarse la funcionalidad de este principio en el ámbito laboral, pero hemos de recordar que esto se
debe a un criterio mercantilista y pragmático subyacente en la empresa moderna, este criterio puramente crematístico
impone a la empresa, como máximo ideal, el aumento de ventas y ganancias, sin importar el bien común o la honestidad, o
la verdad, sino tan sólo lo útil.
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En realidad este principio está dando por supuesta la capacidad de los alumnos para saber tanto como el maestro de
educación y de la actividad profesional para la cual se está preparando el alumno. Si el alumno es capaz de esto, entonces
¿ para qué estudia si ya sabe lo que ha de hacer? Con esto, esperamos haber dejado en claro el fundamento antieducativo
de este “principio”.

Podemos, por lo tanto, concluir reafirmando lo expresado por Santo Tomás de Aquino: “No se puede llegar a fines
buenos por caminos intrínsecamente malos”. Es claro el punto de arribo si se sigue esta ruta: si el “método” supone en el
alumno la capacidad de fijar el fin y los medios para lograrlo, ya no es necesaria la escuela, universidad ni algún sistema
educativo.

Este aspecto puede notarse con meridiana claridad si se atiende el siguiente “principio” y se observa su relación con el
aquí comentado por nosotros. Y recuerde: se trata de un sistema de principios y no de un simple juntarlos.

5. Flexibilidad. Los objetivos establecidos deben ser cumplidos de acuerdo con los métodos y procedimientos
que se hayan elegido... debe existir en el grupo una actitud de flexibilidad que facilite la adaptación constante a
los nuevos requerimientos. Debe evitarse la rigidez de reglamentaciones o normas, pues éstas sólo sirven cuando
favorecen la tarea del grupo, y pierden su valor cuando la entorpecen” 9.

Es clara la importancia de la flexibilidad en planes de acción, y no pretendemos negarla pues es inevitable ajustarse a la
realidad si se quiere tener éxito, pero estemos conscientes de que se trata de un plano puramente pragmático y no
educativo, al menos necesariamente.

En educación y en didáctica, el profesor debe saber a dónde se dirige, el fin marcado; de hecho esto se afirma
continuamente en toda la programación educativa, los objetivos y metas fijan el rumbo y la acción didáctica. Por lo tanto,
no es posible pedir que sea el grupo quien decida sobre el camino.

Tal vez pueda objetarse que en la vida profesional así sucede en los grupos de trabajo, pero no debe olvidarse que: 1) en
los grupos profesionales se trata precisamente de profesionales, luego, se suponen que saben lo que ha de hacerse; 2) Aún
en los grupos profesionales el responsable de la decisión es algún gerente u otra autoridad que ha de aprobar o no los planes
y procedimientos. Pero insistimos, por ser una deformación, ya que las empresas actuales, en general, no se interesan por
el bien común, sino por sus intereses económicos.

Otra área donde se da una mayor libertad, sin tantos riesgos, es el área médica. Pero en este punto hemos de tener
presente el peso otorgado a la sistematización de los procedimientos. La profesión médica ha logrado establecer algunos
procedimientos claros para el diagnóstico, y hay que reconocerlo; pero, por otro lado, la medicina no es una ciencia exacta
y depende mucho de la experiencia personal en el desempeño profesional.

Sin embargo, no debemos excedernos, el médico verifica datos objetivos y los compara con cuadros médicos objetivos,
pero además supone la estandarización de ciertos síntomas inverificables como es el dolor. Por ello se puede dar, y se da,
el caso de pacientes quejándose de ciertos síntomas, e incluso con ciertos datos objetivos, y sin embargo estar sano física
y fisiológicamente, aunque esto le lleve después a la misma muerte por autosugestión.

Por lo tanto, este criterio, al igual que el anterior debe ser manejado con suma prudencia. De hecho, podrá usarse
cuando el docente y el tema permitan objetividad en la decisión; cuando exista claridad en los criterios para la toma de
decisiones, en el procedimiento a seguir. Esto no significa la existencia de un camino único o dogmático por necesidad, pero
sí un método de decisión claramente establecido.

Ahora bien, el pretender que los alumnos sean los que decidan sobre ese criterio, implica caer en el relativismo y en los
errores señalados en el punto anterior.

Por lo pronto hasta aquí nos detendremos en el análisis de los “Principios generales de la dinámica de grupos”, lo cual
continuaremos en una próxima ocasión.

_________________

CITAS:
1) Cirigliano, Gustavo F.J. y Villaverde, Aníbal. "Dinámica de grupos y educación; fundamentos y técnicas",
7a. ed, Humanitas, Argentina, 1975, p. 69.
2) Idem.
3) Idem.
4) Ibid., p. 70.
5) Pieper, Josef, "las virtudes fundamentales", RIALP, España, 1990. p. 49.
6) Cortés, Donoso, "Discurso sobre la situación general de Europa".
7) Cirigliano y Villaverde, op. cit. p. 70
8) Caponnetto, Antonio, "Pedagogía y Educación", Cruz y Fierro, editores, Argentina, 1981. p. 80.
9) Cirigliano y Villaverde, op. cit. p. 70.
El educador práctico

Maestros con visión de futuro


Por: Mario Castañeda Rojas

UNA VERDAD, QUE A MENUDO los educadores olvidamos, es el que en nuestras manos tenemos el futuro de una sociedad y es
nuestra responsabilidad prepararlo y forjarlo. El futuro desfila día a día por nuestras aulas: está encarnado en los alumnos
a quienes tratamos y con los que convivimos cotidianamente.

Los jóvenes son la esperanza del mañana y por el compromiso que hemos aceptado con ellos, debemos dar siempre el
mejor de nuestros esfuerzos con la intensión de ser cada día más dignos del trabajo tan sublime que realizamos. El
verdadero educador ama realmente su ministerio, ama los límites que tiene para obrar: “Que aquel de vosotros que está a
la cabeza se haga servidor de todos” (Mateo XX, 25), dice el Maestro.

Procuremos el comentario prudente y oportuno ante nuestro alumnos. Gran ayuda les daremos enseñándoles a
hermanar su sueño con la realidad, el ideal con lo práctico, estemos vigilantes y alertas para intervenir cuando sea
prudente hacerlo ante las caídas que puedan dar.

El buen maestro debe aprovechar toda ocasión, de manera hábil, para brindar un buen ejemplo, un buen consejo, una
advertencia, una explicación adecuada.

Una cosa es evidente: la juventud tiene el deseo ardiente de llegar a realizarse. Toca a nosotros, en gran medida,
mostrarles y guiarles por el camino correcto.

El educador, de la mano con los padres de familia, es el encargado de levantar hermosos templos en el interior de los
educandos y debe orientar al educando a cultivar lo agradable y lo bello.

Es necesario actuar y no esperar. Como dice el refrán: “No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy”.
Actuemos y demos el valor y la atención, no nada más el tiempo, a las situaciones que se presentan en la formación de los
educandos.

Una primera condición para educar es que conozcamos y comprendamos a nuestros alumnos, de acuerdo con su etapa
de desarrollo, ya sea niño o adolescente; así comprendidos, será más fácil guiarlos, orientarlos, formarlos y, en fin, educarlos.
No sólo es un deber preparar muy bien nuestras materias y preocuparnos por dar buenas clases o lecciones, sino que
también debemos estudiar al educando científicamente, sus tendencias, hábitos, aptitudes, para poderle servir de ayuda en
un momento dado.

El padre Chamot, sacerdote francés, dice que “para dirigir a los niños, es necesario no solamente escoger un hombre de
Dios, sino un educador que conozca al niño, al adolescente y al mismo hombre".

El cardenal Mercier comenta al respecto: “He pasado mi vida en la enseñanza, he aprendido que para lograr la educación
del joven es necesario conocerlo, antes de imponerle las fórmulas”.
Esto es con el fin de darles el trato adecuado,
procurando, por ejemplo, no tutearlos, ni rebajarlos,
ni maltratarlos, ya que si se hace, se corre el riesgo
de perder autoridad y finalmente fracasar en
nuestra labor educativa. Es dura tarea ganarse al
alumno y comprenderlo para llevarlo de manera
gradual a los fines, no sólo de la instrucción y la
enseñanza, sino de la educación completa.

Al tratar con nuestros alumnos, no exageremos


y actuemos de manera natural. No caigamos en
el error tan común de exagerar en las cosas
secundarias y ser blandos en lo importante; no
cedamos a la tentación de asumir una actitud de
"cátedra olímpica", en la que los alumnos no pueden
seguirnos, por la prisa o lo rápido con la que
hacemos nuestras lecciones.

Para el buen éxito de nuestra tarea no es


absolutamente necesario ser progresista e
innovador. Se han visto pasar muchas escuelas y
sistemas pedagógicos que nacen y se ponen de
moda y luego prácticamente desaparecen, aunque
dejan su huella, sus errores y lo poco que tienen
de educativo. El educador ha de centrarse en el
verdadero sentido de la tradición y de lo útil que
ella resulta.

No soñemos en construir, en instruir, en formar y educar sin las bases, leyes y principios educativos,que ya están
establecidos en la educación integral: la unidad de la educación, la universidad de la educación, la armonía de la educación,
la responsabilidad creciente del educando, los principios o causas (formal, material, final, ejemplar, instrumental, eficiente),
y los principios y causas secundarias (como enseñar de lo más fácil a lo más difícil, de lo concreto a lo abstracto, etc.).

Tampoco todo el pasado debe ser glorificado, habrá que analizarse los arquetipos que sirven y velan por el porvenir de
los hombres, de la familia y de la sociedad. Se deben ensalzar a los verdaderos personajes que fueron los Ulises en la
educación, los que buscaron y tendieron a la misma perfección.

Los verdaderos educadores toman en cuenta lo anterior y se esfuerzan por conservar la tradición y mirar por el
porvenir, impregnados de carácter y optimismo; de los que palpan en los jóvenes las repercusiones felices o desagradables
de la conducta; los que quieren forjar sólidamente en cada educando a toda una generación o una cadena de generaciones.

La empresa es difícil, sin embargo desistir sería una cobardía, optar por un camino fácil, sin compromiso o responsabilidad,
sin vivir esa vocación por la enseñanza, sería un error que pagarían nuestros alumnos. Dejar a la juventud que corra sin
límites y orientación sólo equivaldría a poner en riesgo su futuro y el de toda una sociedad. Un maestro con visión de futuro,
es pues, quien aquilata el valor de su trabajo porque sabe que verá reflejado en el mañana sus esfuerzos.

El autor es licenciado en educación y pasante de la maestría en filosofía por la UAG. Actualmente se desempeña como asesor docente del
Departamento de Aprendizaje de la DAPA.
Peticiones de un niño
moderno
Por: Felipe Villalobos Pérez

A PROPÓSITO DE LA SITUACIÓN SOCIAL que vive la niñez actual, me permito escribir algunas ideas sobre lo que seguramente
algunos niños, al presentárseles la oportunidad de hacerlo, pedirían a los adultos, sean éstos padres de familia, tutores,
profesores o simplemente personas que convivan con ellos.

Acuérdate de mis necesidades corporales pero también de las espirituales; así como te pido techo, vestido y comida, te
solicito me enseñes a practicar las virtudes, cultiva en mí los valores permanentes: la verdad, la justicia, la bondad y la
belleza. No temas hablarme sobre la existencia de Dios y de que tengo un alma que salvar.

Aunque lo tengas, no me des todo lo que me puedas dar, déjame conquistar lícitamente aquello que puedo alcanzar.

Denme el ejemplo de una sólida familia, no discutan si la mujer es igual o superior al hombre, necesito la diferente
imagen de los dos para crecer con la seguridad de enfrentar los problemas en la vida pasando sobre ellos y logrando
progresar.

Continúa siendo mi maestro, quiero aprender de ti todas las virtudes humanas; corrígeme, pero no me maltrates, un
oportuno “no hagas eso” me hará sentir el interés tuyo por mí y me indicará que hay cosas convenientes de evitar.

Siendo aún niño, no me obligues a trabajar, ni ofreciendo productos de consumo en las peligrosas calles de una gran
ciudad ni tampoco quieras que sea cantante o artista; déjame soñar y fantasear,
con las características únicas que en la infancia se suelen dar.

No insistan en que los niños tenemos el control, la verdad, con él en mis


manos ignoro cómo proceder; sé que como ser humano soy el rey de la
Creación pero toda reyecía exige gran responsabilidad. Esperen a que ya
adulto me corresponda dirigir, pues en esta etapa de mi vida aún no lo sé
hacer.

Recalquen en que además de derechos -en todas partes se habla


de ellos- también me corresponden deberes: respeto y obediencia
al recto proceder. No quiero crecer suponiendo que sólo debo
recibir, si eso ocurriera no sabré cómo dar cuando sea momento
de compartir.

No me pinten un mundo de solo paz, pues en la vida es


necesario luchar e inclusive hacer la guerra a las bajas pasiones
y vicios que a través de mi vida no cesarán de acosar.

No me mientan, pero tampoco requiero hoy toda la verdad, hay


asuntos que no lograré comprender hasta llegado el momento en
que lo deba conocer.
© Copyrigth. IMSI. Masterclip.
"No quiero
crecer
suponiendo
que sólo debo
recibir, si eso
ocurriera no
sabré cómo
dar cuando
sea momento
de
compartir".

No me presenten la cruda realidad de inseguridad y violencia que en la sociedad se suele dar, por remediarla ahora nada
puedo hacer, si me enteras de la existencia de un “mochaorejas” o un “mochadedos” existe el riesgo de que por su
popularidad sienta la tentación de imitarles; mejor díganme que en este mundo aún existen hombres bondadosos y piadosos.

No cedan su lugar a la televisión, a ustedes los conozco y sé cómo son, pero de quienes hacen los programas ni siquiera
sé de sus sentimientos. Quiero platicar con ustedes, que me escuchen y me orienten. Cuando juego con la máquina, no
piensen que siempre me divierto, en ocasiones estoy horas frente a ella para ocultar mi soledad; aunque trabajen mucho y
les quede apenas tiempo para acordarse de mí, jueguen conmigo, quiero al sentir su palmada escuchar su voz que me diga
“bien hecho muchacho”, así ya no estaré solo.

Pregúntame, o cuando yo quiera decirte escúchame, quiénes son mis amistades, qué hago cuando no estás conmigo,
interésate por mí, necesito de los adultos de buena voluntad para ser un hombre de bien, y mientras tanto déjenme ser niño,
hasta que irremediablemente llegue el momento de crecer.

* El autor es docente de la Primaria Antonio Caso.


A PROPÓSITO DE LOS NIÑOS

No sólo derechos... también obligaciones


Por: Rosa Elena Valle Carmona.

EN ESTOS TIEMPOS MUCHO SE HABLA de los derechos que tienen los niños, pero pocas veces se habla de sus obligaciones.
También es importante, ¿por qué no hacer una reflexión acerca de cuáles son las obligaciones de ellos?

En fechas recientes se ha promovido a través de los medios masivos de comunicación una intensa campaña acerca de
cuáles son sus derechos, pero ningún organismo ha tenido la preocupación por resaltar cuáles son los deberes que tienen,
de acuerdo a la edad o rol que desempeña cada uno. Hay que recordar que todas las personas tenemos no sólo derechos
sino que también tenemos obligaciones: para con Dios, para con nuestros padres y hermanos y para con nuestros semejantes,
en general.

Desafortunadamente, no estamos educando de una manera adecuada a nuestros hijos. No es difícil notar que hay
padres que no son capaces de orientar correctamente a sus hijos; su intervención directa en la formación de los hijos es
poca. Es evidente que nos hemos vuelto muy permisivos. Lo que hace falta es establecer reglas y aplicarlas sin el temor de
que ellos nos tomen como dictadores, ya que los hijos necesitan de un guía para su vida, no de un aliado de sus caprichos
e inquietudes.

Las tareas domésticas, por ejemplo, debieran ser una buena oportunidad para la formación de los hijos, sobre todo
cuando son chicos, sin embargo, constantemente elegimos el camino más fácil, el de preferir hacer las cosas nosotros
mismos con tal de no tener disgustos ante una actitud negativa o de rechazo. Esto es una forma de tolerar la desobediencia,
lo que nos revela un problema mayor.

No hay nada más preocupante que esos padres “tolerantes” que se vuelven muy estrictos en el momento menos
pensado. En esos cambios bruscos, el niño es confundido y ello influye determinantemente en la formación de su carácter.

Algunas expertos advierten que no hay que complacer a los niños, ya que al momento de que se le asigne una tarea, no
debemos permitir la negación de la actividad o
quehacer designado, pues el llevarlo a cabo es
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darle el control de la situación. Por ejemplo: "Me


portaré bien si me llevas al parque".

Sabemos de antemano que los padres amamos


a nuestros hijos, razón por lo cual tratamos de
convivir la mayor parte del tiempo posible, pero,
¿eso es suficiente?

Pero la realidad no es convivir más sin darle


una formación íntegra a nuestros hijos, ya que no
se puede sustituir la calidad por la cantidad.

Yo me pregunto, ¿porqué los medios de


comunicación no difunden cuáles son también sus
obligaciones?

La autora es licenciada en trabajo social. Actualmente pertenece al equipo de asesores docentes de la DAPA.
Para leer y guardar

El himno majestuoso
de las campanas
Selección y notas por: José Chávez Chávez

E
l autor del texto que líneas más adelante
ofrecemos, Francisco René de
Chateaubriand, fue “uno de los monarcas
sin corona de su tiempo” y su Genio del
Cristianismo (de donde procede la lectura de hoy)
constituye “el advenimiento de una nueva
apologética basada sobre la idea de la belleza”1.
Vivió “en una de las edades más tormentosas de
la historia moderna, y lo experimentó todo, en el
mal y en el bien, con más victorias que fracasos”.
Soldado, político, desterrado diplomático, ministro,
viajero, sensual, soberbio; pero, por sobre todas
sus virtudes y defectos, Chateaubriand fue un
inspirado y sincero poeta católico, o mejor dicho:
Un católico poeta. “Poquísimos de sus
contemporáneos podrían competir con su talla. Tal
vez, en el mundo de la poesía sólo Bayron y Goethe,
y más tarde Víctor Hugo”.

Dice Papini que “la importancia de su legado y


aportaciones a la cultura occidental trasciende la
anécdota biográfica. En primer lugar su
descubrimiento o redescubrimiento de la belleza
poética como vehículo que lleva a la fe de Cristo”.
El supo encontrar “una de las formas de la
revelación divina: la poesía del Cristianismo”. La
poesía de su verdad y de su liturgia, de sus
tradiciones y de sus iglesias, de sus mártires y de
sus santos. “Para llevar de nuevo a los hombres a
Jesús y a Pedro no se sirvió de las Sumas2, ni se
entregó a la refutación de los iluministas
supervivientes, habló y refirió con el amor plástico
de los poetas. Todo el Genio del Cristianismo
puede compendiarse en unas pocas palabras: el
Cristianismo es bello por tanto digno de ser amado,
por tanto es verdad .
Este método apologético es incierto y peligroso3 porque se apoya en la sensibilidad y en la
fantasía que son por esencia mudables, caprichosas, individuales, y Chateubriand es el padre
Chateaubriand corrompido de ese esteticismo católico que floreció a fines del ochocientos... y que no dio frutos
duraderos y sanos. Pero a comienzos de aquel siglo, siglo hostil por la infatuación de los ideólogos,
fue un Chateaubriand no podía haber acudido a la teología escolástica, ni tampoco a la filosofía perenne,
inspirado y entonces olvidada cuando no desprestigiada. A una generación obscuramente sedienta de
sincero poeta sentimientos le ofreció la sola bebida que podía desalterarla y embriagarla: la divina y eterna
poesía. Y no fue el suyo un error fatal, sino feliz expediente para que las almas sensibles y los
católico, o corazones inquietos volvieran a tomar gusto a los encantos severos y sublimes de la religión”.
mejor dicho:
Un católico Es cierto que “el Cristianismo debe ser creído por que es verdad, por que la Iglesia es la única
maestra y depositaria de la verdad única, pero es también verdad que Dios en su revelación
poeta. siempre se valió del lenguaje de la poesía (baste pensar en los Salmos y los profetas) y Cristo
mismo habló en imágenes y parábolas. Los poetas también son, como decía el viejo Platón, voz,
instrumento de la divinidad”.

Mi comentario al respecto que en 1948 hacía Papini, tiene igual vigencia en nuestro tiempo: “Hoy más que nunca,
cuando muchos pretenden hacer de la religión una política4, habría que reconocer en Chateaubriand a quien ha reivindicado
la hermandad existente entre la fe y la belleza. Este hombre, que a veces parece un dandy errante, un Casanova melancólico,
un Napoleoncillo de la vendetta legitimista, fue un hombre de corazón más tierno, y por ello secretamente muy desgraciado.
Nació a orillas del océano, en Saint-Malo, Francia (1768-1848) y quiso que lo enterraran bajo el arrecife del Grand-Be, en
su Bretaña natal, frente al océano. Allí entre las brumas y las furias del Atlántico, descansa el intrépido poeta, del Genio del
Cristianismo, su obra cumbre, de la cual tomamos el texto siguiente:

“De las Campanas”


Por: Renato Chateaubriand

Hablemos de la campana que nos llama a entrar al templo.

Es cosa que maravilla ver cómo se ha hallado un medio seguro de producir en un mismo instante, merced a un golpe de
martillo, un mismo sentimiento en mil corazones diferentes, obligando a los vientos y a las nubes a hacerse intérpretes de
los pensamientos humanos. Considerada luego como armonía, la campana es de esa belleza de primera clase que los
artistas denominan lo grande. El fragor del trueno es sublime, y lo es tan sólo por su majestad; lo mismo acontece respecto
del estrépito de los vientos, de los mares, de los volcanes, de las cataratas y de la voz de todo un pueblo.

Si Pitágoras, prestaba atento oído a los martillazos de un herrero, ¡con cuánto placer hubiera escuchado el sonido de
nuestras campanas en la víspera de una solemnidad! El alma puede conmoverse con las consonancias de una lira, pero no
se llenará de entusiasmo como cuando el rayo de los combates la despierta o cuando un alegre repique proclama en la
región de las nubes los triunfos del Dios de las batallas.

No es éste, sin embargo, el carácter más notable del sonido de las campanas, pues tiene con nosotros mil relaciones
secretas. ¡Cuántas veces, en el silencio de la noche, el fúnebre toque de agonía semejante a las lentas pulsaciones de un
corazón moribundo, ha sorprendido ha una esposa adúltera que lo escuchaba! ¡Cuántas veces llegaron hasta el ateo, que
en su vigilia impía osaba tal vez escribir contra la existencia de Dios! La pluma abandona su mano y cuenta con espanto los
golpes de la muerte, que parecen decirle: Por ventura no hay Dios? !Oh! ¡No fue otro el ruido que perturbó el sueño de
nuestros tiranos! ¡Admirable es la religión que sólo al golpe de un mágico metal, puede trocar en tormentos los placeres
conmover al ateo y hacer caer el puñal de las manos del asesino!.

Aún despierta sentimientos más dulces el sonido de las campanas. Cuando en el tiempo de siega, y al rayar el alba, se
oye con el canto de la alondra el grato repique de las campanas de nuestras aldeas nos parece que el ángel de las mieses,
para despertar a los trabajadores, suspira en algún instrumento hebreo la historia de Séfora o de Noemí. Tanto esa
campana, agitada por los fantasmas en la antigua capilla de la selva, como la que para alejar la tempestad hecha a vuelo en
nuestros campos un religioso temor, y la que por la noche se tañe en algunos puertos de mar para dirigir al piloto a través
"Si las campanas se hubieran destinado a cualquier
otro monumento que a las iglesias, habrían perdido
su simpatía moral con nuestros corazones.

de los escollos, tienen en sus confusos rumores sus encantos y maravillas.

El repique armónico de las campanas en nuestras fiestas parece aumentar la alegría y el regocijo público, expresándose
el gozo en una escala de sonidos inmensos, así como por el contrario, en las grandes calamidades, estos mismos ruidos se
hacen pavorosos. Todavía se erizan los cabellos a la memoria de aquellos días de incendio y de muerte en que la campana
vibraba los lúgubres clamores de alarma. ¿Quién ha olvidado aquellos alaridos, aquellos penetrantes gritos, interrumpidos
tal vez por algunos fusilazos, por algunas lamentables y solitarias voces y, sobre todo, por los sordos ecos de la campana de
rebato, o por el reloj que marchaba tranquilamente la hora transcurrida?.

En una sociedad bien dirigida, el toque de rebato excita la piedad y el terror y despierta de esta manera las dos fuentes
de las grandes emociones trágicas 5.

Estos son los sentimientos que producen las campanas de nuestros templos. Sentimientos tanto más bellos, cuanto que
llevan siempre consigo un recuerdo confuso del cielo. Si las campanas se hubieran destinado a cualquier otro monumento
que a las iglesias, habrían perdido su simpatía moral con nuestros corazones. Empero, no ha sido así. Dios es quien manda
al ángel de las victorias voltear las campanas para que publiquen nuestros triunfos, o al ángel de la muerte para que anuncie
la partida del alma que acaba de remontarse a su trono.

Así se comunica una sociedad cristiana con la divinidad por medio de mil voces secretas, y sus instituciones van a
confundirse misteriosamente con la fuente de todo misterio.

Dejemos, pues, que las campanas congregen a los fieles, por que la voz del hombre no es bastante para convocar al pie
de los altares el arrepentimiento, la inocencia y el infortunio. Entre los salvajes de América, cuando el viajero se presentaba
a la puerta de una cabaña un niño le introducía en el hogar de su padre: conveniente sería si se nos prohibiesen las
campanas, elegir un niño para que se nos llamase a la casa del Señor 6.

___________
NOTAS:

1.- Los párrafos entrecomillados proceden del libro “La logia de los bustos”, del italiano Giovanni Papini autor de obras tan célebres como
“Testigos de la pasión”, “San Agustín”, “Historia de Cristo”, “El ocaso de los filósofos”.

2.- Se refiere a la “Suma Teológica”, de Santo Tomás de Aquino, la máxima obra de la filosofía católica.

3.- Resaltamos por que la aclaración es muy importante, tanto en advertencia como en el elogio de la obra del poeta francés.

4.- ¿Qué no diría Papini si viera el escandaloso espectáculo que hoy ofrecen muchos clérigos del más bajo al más alto nivel, convertidos en
demagogos y agitadores, que se sirven de su sagrado ministerio para sembrar el odio y la impiedad en el pueblo cristiano?. Y con qué dolor no
contemplaría Chateubriand la sacrílega profanación y el salvaje saqueo que clérigos han hecho de las obras de arte del Cristianismo: Imágenes
de santos, altares, templos completos, ornamentos, cálices, custodias, ceremonias, cantos, y no sólo por su falta de sensibilidad o cultura, sino
sobre todo, porque esas obras constituyen un vivo testimonio y un sólido apoyo de la doctrina de Cristo, lo cual parece estorbar los propósitos de
“nuevas teologías” que ni son nuevas ni son teología por que son tan viejas y falaces como Luzbel.

5.- En México, una campana, de un templo (el de Dolores), sirvió a un sacerdote, Hidalgo, para sublevar al pueblo contra los gobernantes
españoles.

6.- Texto tomado de “Genio del Cristianismo”, Editorial Sopena.

El autor es asesor de la DAPA y catedrático de la Preparatoria Centro de la Universidad Autónoma de Guadalajara.


LOS GRANDES EDUCADORES EN LA
HISTORIA

San Juan
Crisóstomo
Por: Herminia Ruvalcaba Flores

DESPUÉS DE UN AZAROSO Y SOBRENATURAL inicio, la Verdad Evangélica, la


doctrina del Verbo eterno, fue adquiriendo la universalidad que le es propia.
La Iglesia, gran maestra de la humanidad, ha dado -a lo largo de su historia-
a insignes maes-tros.

Una de las más grandes figuras que en la época de la patrística descollaron, es sin duda la de San Juan Crisóstomo, a
quien sus contemporáneos llamaran “Boca de Oro” por su gran elocuencia.

En esta ocasión presentamos una breve semblanza de su persona, y un breve análisis de su propuesta pedagógica.

SU VIDA
Nació el 27 de enero del año 344, en Antioquía, Siria. Hijo de padres ilustres. Siendo muy niño pierde a su padre,
Secundo, y es su madre, Antusa, quien lo educa, procurándole los mejores maestros de la época. Aprendió las ciencias
humanas en Atenas, contándose entre sus preceptores, en retórica, Libanio, el gran pagano, y en filosofía, Andragacio.

A los 20 años era un muchacho equilibrado y virtuoso, pero nada encogido, gozaba de sus triunfos oratorios y alardeaba
de ingenioso en disquisiciones filosóficas. Le encantaban las funciones de teatro.

Escogió la carrera de abogado, y la ejerció con gran éxito en los tribunales, y aprovechó todas las ocasiones para
demostrar su arte; así comienza a divulgarse en Antioquía.

Después de cuatro años, cuando su fama atraía a visitantes, renuncia a la existencia profana, se convierte al cristianismo,
y practica el ascetismo en todo su rigor, fue entonces cuando adquirió la sabiduría Divina en el retiro monacal y en el
encierro de una cueva, donde hizo penitencia por dos años. A su regreso, el Obispo Flaviano la confiere el orden sacerdo-
tal, el año 381.

Predicó en Antioquía doce años consecutivos (386-398). Su éxito como predicador llamó la atención del Emperador
Arcadio, quien, en contra de su voluntad, lo llama a ocupar la silla episcopal de Constantinopla, entonces capital del Imperio
Romano, en 397.

Con Juan Crisóstomo culmina la Patrística Griega. Fue el segundo sucesor de San Gregorio Nacianceno, en la Sede
Episcopal de Constantinopla.
En su apostolado, dificultades de toda clase rodean al patriarca: un emperador débil, una emperatriz tornátil y vengativa,
intrigas de la corte, un clero dividido, celos ardientes y disimulados y un pueblo dispuesto al tumulto. Apenas entró se
enemistó con el favorito Eutropio; más tarde con la emperatriz Eudoxia, a quien criticó por sus lujos y desplantes.

Su intransigencia le creó muchos enemigos en la alta sociedad. Un sínodo de obispos lo depuso y fue desterrado. Pero
el pueblo se levantó por él y lo regresaron a su puesto. El conflicto volvió a surgir, y esta vez fue desterrado (404).

El Santo permaneció desterrado en el desierto de Ponto, hasta que murió en Commana, en Copadocia, el 4 de septiembre
del año 407. Su cuerpo fue conducido con gran pompa a Constantinopla y sus reliquias se conservan en San Pedro Apóstol.

SUS OBRAS
Su importancia teológica y literaria se basa en más de trescientos sermones, que no sólo son valiosos comentarios
exegéticos a la Sagrada Escritura, sino que también rebosan de pensamientos dogmáticos y morales, y vivaces pormenores,
sacados de la vida cristiana.

Sus obras comprenden tres clases de escritos: los tratados, los discursos y los cantos.

Los tratados son instrumentos o dictámenes de moral religiosa, con motivo de circunstancias diversas. A esta categoría
pertenecen: Contra los adversarios de la vida monástica; el Tratado sobre el sacerdocio y sobre el celibato; La demostración
de la verdad de Cristo, dirigida a los judíos y a los helenos; el discurso sobre San Babylas, etc.

Las cartas pertenecen al periodo de su destierro, están dirigidas a los amigos que dejó en Constantinopla y en Antioquía.
Poco enseñan acerca de los sucesos contemporáneos, pero muestran con noble aspecto el carácter del autor, incapaz de
odio y de flaqueza, nunca dispuesto a humillarse ni a transacciones.

La parte más vasta e interesante de su obra son sus Homilías. Estas comprenden toda la serie de predicaciones de San
Juan en Antioquía y Constantinopla, unas exegéticas, otras inspiradas por las circunstancias. Las más célebres son: Sobre
los Salmos, Sobre la Epístola de los Romanos; Contra los espectáculos del circo y del teatro; Sobre las alabanzas del
Apóstol San Pablo; Sobre las estatuas.

En todas ellas vemos los vicios generales de entonces: el gusto por los placeres, la pasión por los juegos y el espectáculo,
el amor al lujo, el egoísmo de los ricos, etc. Ningún predicador en tiempo alguno ha percibido más vivamente que él la
realidad contemporánea, y por consiguiente, ninguno la ha revelado mejor.

SU MODELO EDUCATIVO
Juan Crisóstomo fue uno de los grandes doctores de la Iglesia de Oriente, se dedicó, principalmente, a enseñar a vivir
cristianamente, por lo que está considerado más como un moralista que como un teólogo. Fue por excelencia orador.

Fue popular en su psicología, encantador en su poética, con una gran imaginación creadora, selecto en su dicción y
preparado en las aulas de la más notable retórica del siglo IV de nuestra era.

Lo que contribuyó, en gran medida, al gran éxito de San Juan Crisóstomo fue el carácter popular de su elocuencia, la
habilidad con que adapta su palabra a la capacidad de su auditorio, de aquí que podemos tomar como ejemplo, que el
profesor debe adaptarse a las características individuales, a las necesidades y capacidades de cada uno de sus alumnos.

El santo consideraba en sus prédicas los conocimientos de psicología para saber cómo y en qué momento aplicar sus
enseñanzas. Era imaginativo y creativo, tal y como debe ser un profesor, al elegir todos los medios y recursos que lo
llevaran a lograr con eficiencia el proceso educativo.

El fin de la educación, de acuerdo con el análisis de la propuesta educativa de San Juan Crisóstomo, debe ser el de
conducir al hombre a la salvación eterna. Para lograr esto, se debe enseñar a vivir cristianamente, formar hombres íntegros
y virtuosos.
Entre las disposiciones a lograr en el alumno, de acuerdo con el modelo
educativo del elocuente santo, se debe procurar despertar en el discente
el ejercicio de la virtud y la piedad; la rectitud e inflexibilidad en el
cumplimiento de sus deberes; observar la disciplina y la firmeza de
carácter; se le debe enseñar a defender la verdad.

El maestro debe ser un ejemplo a seguir; estar comprometido en la


defensa de la verdad; procurar una comunicación familiar con el alumno,
ser persuasivo, modesto, franco, y debe hacer valer la disciplina.

El medio que utilizó el patriarca para sus enseñanzas fue principalmente


la oratoria, enriqueciéndola con su espíritu creativo y adaptándola a las
necesidades del público, con el fin de lograr su propósito.

Cultivó los siguientes tipos de homilía para lograr sus propósitos:

El homilético, que es un género que se presta para tratar toda clase de materias y aprovechar todo tipo de oratoria; la
homilía patrística o conversación desde el púlpito de los padres de la Iglesia con los fieles para explicar las Sagradas
Escrituras, ya sea un tema moral o un suceso del día. La homilía eclesiástica, que es la que se da desde la cátedra sagrada
del obispo con sus fieles, para introducirlos a la vida cristiana. Homilía moderna, breve explicación del Evangelio del día,
que se realiza durante la Santa Misa por el sacerdote.

Regularmente las partes de la homilía son: introducción, desarrollo o cuerpo y una exhortación dirigida a los oyentes
para su provecho espiritual. San Juan Crisóstomo invierte este orden en la forma que mejor le conviene o que le imponen
las circunstancias, resultando de esta manera un género oratorio riquísimo. Esto nos muestra un aspecto didáctico muy
natural del santo.

Por lo anterior, San Juan Crisóstomo fue, y es, considerado un modelo educativo en sí mismo, y todos los profesores
deberíamos seguir su ejemplo.

BIBLIOGRAFÍA

* San Juan Crisóstomo. "Homilías", tomo I, Rafael Ramírez Torres, S.J., Ed. Tradición, México, 1976.

* E. Thomas, "Antología de los clásicos de todas las épocas y de todos los países". La Literatura Cristiana. S/A.

* Ludwig Herthing, S.I., "Historia de la Iglesia", Juventud, Barcelona, 1989.

* Diccionario del hogar católico. San Jerónimo. Juventud, Barcelona, 1962.

* Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa Calpe, Madrid, 1928.

* Johanes Quasten, "Patrología", T. I., BAC, Madrid, 1968.

* P. Fco. de Paulo Morell, S.J., "Flos Sanctorum de la familia cristiana", Librería Ed. Santa Catalina, Buenos Aires, S/A.

* F. Savio, "Historia sintética de la Iglesia", Periodo de Constantino el Grande a la caída del Imperio Romano de Occidente.

La autora es licenciada en educación media en el área de español y pasante de la maestría en educación. Actualmente es jefa del Departamento de
Diseño Curricular de la DAPA.