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CICLO DEL CARBONO

El carbono, vital para todos los seres vivos, circula de manera


continua en el ecosistema terrestre. En la atmósfera existe en forma
de dióxido de carbono, que emplean las plantas en la fotosíntesis. Los
animales usan el carbono de las plantas y liberan dióxido de carbono,
producto del metabolismo. Aunque parte del carbono desaparece de
forma temporal del ciclo en forma de carbón, petróleo, combustibles
fósiles, gas y depósitos calizos, la respiración y la fotosíntesis
mantienen prácticamente estable la cantidad de carbono atmosférico.
La industrialización aporta dióxido de carbono adicional al medio
ambiente.

INTERCAMBIOS AIRE-AGUA
A escala global, el ciclo del carbono implica un intercambio de CO2
entre dos grandes reservas: la atmósfera y las aguas del planeta. El
CO2 atmosférico pasa al agua por difusión a través de la interfase
aire-agua. Si la concentración de CO2 en el agua es inferior a la de la
atmósfera, éste se difunde en la primera, pero si la concentración de
CO2 es mayor en el agua que en la atmósfera, la primera libera CO2
en la segunda. En los ecosistemas acuáticos se producen
intercambios adicionales. El exceso de carbono puede combinarse
con el agua para formar carbonatos y bicarbonatos. Los carbonatos
pueden precipitar y depositarse en los sedimentos del fondo. Parte
del carbono se incorpora a la biomasa (materia viva) de la vegetación
forestal y puede permanecer fuera de circulación durante cientos de
años. La descomposición incompleta de la materia orgánica en áreas
húmedas tiene como resultado la acumulación de turba. Durante el
periodo carbonífero este tipo de acumulación dio lugar a grandes
depósitos de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas.

CICLO DEL NITROGENO


Proceso cíclico natural en el curso del cual el nitrógeno se incorpora al
suelo y pasa a formar parte de los organismos vivos antes de regresar
a la atmósfera. El nitrógeno, una parte esencial de los aminoácidos,
es un elemento básico de la vida. Se encuentra en una proporción del
79% en la atmósfera, pero el nitrógeno gaseoso debe ser
transformado en una forma químicamente utilizable antes de poder
ser usado por los organismos vivos. Esto se logra a través del ciclo del
nitrógeno, en el que el nitrógeno gaseoso es transformado en
amoníaco o nitratos. La energía aportada por los rayos solares y la
radiación cósmica sirven para combinar el nitrógeno y el oxígeno
gaseosos en nitratos, que son arrastrados a la superficie terrestre por
las precipitaciones. La fijación biológica, responsable de la mayor
parte del proceso de conversión del nitrógeno, se produce por la
acción de bacterias libres fijadoras del nitrógeno, bacterias
simbióticas que viven en las raíces de las plantas (sobre todo
leguminosas y alisos), algas verdeazuladas, ciertos líquenes y epifitas
de los bosques tropicales.
El nitrógeno fijado en forma de amoníaco y nitratos es absorbido
directamente por las plantas e incorporado a sus tejidos en forma de
proteínas vegetales. Después, el nitrógeno recorre la cadena
alimentaria desde las plantas a los herbívoros, y de estos a los
carnívoros. Cuando las plantas y los animales mueren, los
compuestos nitrogenados se descomponen produciendo amoníaco,
un proceso llamado amonificación. Parte de este amoníaco es
recuperado por las plantas; el resto se disuelve en el agua o
permanece en el suelo, donde los microorganismos lo convierten en
nitratos o nitritos en un proceso llamado nitrificación. Los nitratos
pueden almacenarse en el humus en descomposición o desaparecer
del suelo por lixiviación, siendo arrastrado a los arroyos y los lagos.
Otra posibilidad es convertirse en nitrógeno mediante la
desnitrificación y volver a la atmósfera.

En los sistemas naturales, el nitrógeno que se pierde por


desnitrificación, lixiviación, erosión y procesos similares es
reemplazado por el proceso de fijación y otras fuentes de nitrógeno.
La interferencia antrópica (humana) en el ciclo del nitrógeno puede,
no obstante, hacer que haya menos nitrógeno en el ciclo, o que se
produzca una sobrecarga en el sistema. Por ejemplo, los cultivos
intensivos, su recogida y la tala de bosques han causado un descenso
del contenido de nitrógeno en el suelo (algunas de las pérdidas en los
territorios agrícolas sólo pueden restituirse por medio de fertilizantes
nitrogenados artificiales, que suponen un gran gasto energético). Por
otra parte, la lixiviación del nitrógeno de las tierras de cultivo
demasiado fertilizadas, la tala indiscriminada de bosques, los residuos
animales y las aguas residuales han añadido demasiado nitrógeno a
los ecosistemas acuáticos, produciendo un descenso en la calidad del
agua y estimulando un crecimiento excesivo de las algas. Además, el
dióxido de nitrógeno vertido en la atmósfera por los escapes de los
automóviles y las centrales térmicas se descompone y reacciona con
otros contaminantes atmosféricos dando origen al smog fotoquímico.

CICLO DEL AGUA


La hidrología es la ciencia que estudia la distribución del agua en la
Tierra, sus reacciones físicas y químicas con otras sustancias
existentes en la naturaleza, y su relación con la vida en el planeta. El
movimiento continuo de agua entre la Tierra y la atmósfera se conoce
como ciclo hidrológico. Se produce vapor de agua por evaporación en
la superficie terrestre y en las masas de agua, y por transpiración de
los seres vivos. Este vapor circula por la atmósfera y precipita en
forma de lluvia o nieve.

Al llegar a la superficie terrestre, el agua sigue dos trayectorias. En


cantidades determinadas por la intensidad de la lluvia, así como por
la porosidad, permeabilidad, grosor y humedad previa del suelo, una
parte del agua se vierte directamente en los riachuelos y arroyos, de
donde pasa a los océanos y a las masas de agua continentales; el
resto se infiltra en el suelo. Una parte del agua infiltrada constituye la
humedad del suelo, y puede evaporarse directamente o penetrar en
las raíces de las plantas para ser transpirada por las hojas. La porción
de agua que supera las fuerzas de cohesión y adhesión del suelo, se
filtra hacia abajo y se acumula en la llamada zona de saturación para
formar un depósito de agua subterránea, cuya superficie se conoce
como nivel freático. En condiciones normales, el nivel freático crece
de forma intermitente según se va rellenando o recargando, y luego
declina como consecuencia del drenaje continuo en desagües
naturales como son los manantiales.

CICLO DEL FOSFORO


Ciclo del fósforo, circulación a través de los ecosistemas, del fósforo,
un elemento esencial para la célula, ya que forma parte de los ácidos
nucleicos, de moléculas que almacenan energía química como el ATP,
y de moléculas como los fosfolípidos que forman las membranas
celulares.

El fósforo se encuentra en la naturaleza principalmente en forma de


rocas fosfáticas y apatito. A partir de estas rocas, y debido a procesos
de meteorización, el fósforo se transforma en ion fosfato y queda
disponible para que pueda ser absorbido por los vegetales. A partir de
las plantas, el fósforo pasa a los animales, volviendo de nuevo al
medio tras la muerte de éstos y de los vegetales, así como por la
eliminación continua de fosfatos en los excrementos. Un caso
especial lo constituyen los excrementos de las aves, que en zonas
donde son particularmente abundantes forman auténticos
“yacimientos” de fósforo, conocidos como guano.

El fósforo proveniente de las rocas puede ser también arrastrado por


las aguas, llegando a los océanos. Parte de este fósforo puede
sedimentar en el fondo del mar formando grandes acúmulos que, en
muchos casos, constituyen reservas que resultan inaccesibles, ya que
tardarán millones de años en volver a emerger y liberar estas sales
de fósforo, generalmente gracias a movimientos orogénicos. Pero no
todo el fósforo que es arrastrado hasta el mar queda inmovilizado, ya
que parte es absorbido por el fitoplancton, pasando a través de la
cadena alimentaria hasta los peces, que posteriormente son ingeridos
por los seres humanos o constituyen la fuente de alimento de
numerosas aves.

CICLO DEL AZUFRE


Ciclo del azufre, circuito que recorre el azufre a través de los
ecosistemas, desde el medio físico a los organismos y de éstos, de
nuevo, al medio natural. El azufre del planeta se encuentra en forma
de minerales, tanto de sulfato (sobre todo yeso y sulfato cálcico)
como de sulfuro (especialmente pirita y sulfuro de hierro); sin
embargo, el principal reservorio de azufre de la biosfera lo constituye
el mar (en forma de sulfato inorgánico). El sulfato puede ser
metabolizado por las plantas superiores y por microorganismos, en lo
que se denomina reducción asimiladora de los sulfatos. Bacterias,
levaduras, hongos y algas son capaces de utilizar los sulfatos como
fuente de azufre, y producir sulfuro de hidrógeno (H2S). Las bacterias
reductoras de sulfato realizan esta transformación en un medio
anaerobio. En los lugares donde ocurre este proceso aparecen
sedimentos y fangos de color negro, debido al sulfuro de hidrógeno,
que les confiere ese color. Las plantas superiores absorben sulfatos
por las raíces, incorporándolos directamente en los compuestos
orgánicos o manteniéndolo en forma libre como ión, interviniendo en
la regulación osmótica celular. Las plantas también pueden oxidar y
reducir los sulfatos para incorporar el azufre a otros compuestos
orgánicos (aminoácidos como la cisteína o la metionina). Así mismo,
las plantas superiores absorben por las hojas el SO2 atmosférico que
proviene de las emisiones, de origen antrópico, de óxidos de azufre
procedentes de procesos de combustión y, en menor medida, de
procesos naturales a través de la emisión de diversos gases
sulfurados por volcanes, géiseres y fumarolas. Por otra parte, la
reducción no asimiladora del sulfato es un proceso de transformación
de éste a iones sulfuro, cuya finalidad es el suministro de energía a
las células; es llevada a cabo por ciertas bacterias anaerobias, por
ejemplo del género Desulfovibrio.

Los compuestos orgánicos generados (algunos esenciales para los


animales como la metionina) pasan a los animales a través de la
cadena alimentaria, ya que no pueden ser sintetizados por ellos
mismos. Continuando el ciclo, los procesos de descomposición de
animales y plantas por parte de los microorganismos generan sulfuro
de hidrógeno. Éste puede ser oxidado por bacterias oxidadoras de
sulfuro, catalizando su oxidación a azufre elemental, inorgánico, tanto
en medios aerobios como anaerobios. Pero también el sulfuro puede
ser transformado por la acción microbiana en dimetilsulfuro, que se
difunde a la atmósfera.

Por último, la oxidación de azufre elemental también puede ser


realizada por bacterias oxidadoras del azufre, sobre todo del género
Thiobacillus, originando iones sulfato e hidrógeno, cerrando así el
ciclo.

La fase sedimentaria del ciclo, correspondiente a la precipitación del


azufre, puede producirse bajo condiciones anaerobias y en presencia
de hierro, a partir de sulfuro de hidrógeno, produciéndose una
acumulación lenta y continua en los sedimentos profundos,
originando sulfuros metálicos y carbones. El azufre también puede
precipitar bajo condiciones aerobias pasando a formar parte de las
denominadas rocas salinas o evaporitas, en forma de sulfato sódico.

EL CICLO DEL AGUA


El ciclo hidrológico consta de 4 etapas: almacenamiento, evaporación,
precipitación y escorrentía. El agua se almacena en océanos y lagos,
en ríos y arroyos, y en el suelo. La evaporación, incluida la
transpiración que realizan las plantas, transforma el agua en vapor de
agua. La precipitación tiene lugar cuando el vapor de agua presente
en la atmósfera se condensa y cae a la Tierra en forma de lluvia,
nieve o granizo. El agua de escorrentía incluye la que fluye en ríos y
arroyos, y bajo la superficie del terreno (agua subterránea).