Вы находитесь на странице: 1из 2

VIVENCIAS DE LOS PEREGRINOS - 7

Documentos de un Saber Trascendente

LA RELIGIÓN DEL SOL Y SUS MITOS


EN LA MITAD DEL MUNDO
Por Humberto Vera H.
(Quito, 1989)
El autor hace referencia a los pueblos que se asentaron en la zona
ecuatorial de Ecuador, y las denomina en general cultura cósmica
ecuatorial de la provincia de Pichincha. La religión del Sol surge en el
mundo desde tiempos remotos, en China, India, Japón, Egipto, Europa,
así como por toda América. Afirma que en la zona ecuatorial andina
nuestros antepasados tenían adoratorios solares para celebrar sus fiestas
religiosas del Inti-Ñan (el Camino del Sol) en los equinoccios y solsticios.
Como expertos astrónomos, sus conocimientos se basaron en la
observación directa del firmamento, lo cual determinó su concepción
teosófica solar.
La provincia de Pichincha fue asiento de las antiguas parcialidades de
la cultura teo-cosmográfica de los Caras, fruto de la presencia refulgente y
permanente del Sol y la Luna en la Mitad del Mundo. Llegaron desde la
costa del Pacífico al Reino de Quitu antes de nuestra Era, reino, el cual los
absorbió militarmente. Más tarde esta cultura fue conquistada por los
Incas por una alianza de amor: del Inca Huayna Capac con la valiente y
bella princesa quiteña Paccha.
El arqueólogo Marcel Homet, en su libro “Tras las Huellas de los Dioses
del Sol”, llama tepes a los montículos artificiales en forma de cono o
pirámide truncada, que la cultura Cara construyó, y que según él se
encuentran también en diferentes partes del mundo, estaban destinadas a
ceremonias de la Religión Solar. Opina que “el tepe tenía preponderancia
religiosa solar en todas las antiguas civilizaciones, desde el archipiélago
malasio a la Polinesia, pasando por India, el Medio Oriente, Europa,
América del Norte, Centro y Sur.”
El investigador Giancarlo Libague, 1982, indica que “Ecuador
representa unos seis mil años de historis, es sede de los más antiguos
fenómenos culturales de América, desde la invención de la agricultura
hasta la época de la cerámica. Podría considerarse como centro irradiador
de la civilización en América, y sino primeramente, al menos paralelamente
respecto al Cercano Oriente y Europa. Las culturas de México y Perú, por
nuestras investigaciones, están precedidas y condicionadas por la cultura

1
ecuatorial, la cual emerge ahora en su plena evidencia.” (Diario La Hora,
agosto 24, 1982.)
El autor de esta importante obra cita otros autores y evidencias acerca
del relevante papel desempeñado por la cultura de la zona ecuatorial en
sus diversas épocas y pueblos. Menciona al arqueólogo padre Pedro
Porras, quien se refiere a un sitio ceremonial solar de hace cuatro mil
años, representado por un gran jaguar en relieve de unos 350 metros de
largo por seis de alto, acompañado de un hombre en su costado izquierdo;
hecho de montículos de tierra apisonada, recubierta con caolinits. De
acuerdo con la mitología indoamericana, el jaguar es la representación del
Sol. Porras manifiesta que estas pirámides son el origen primario de la
cultura Chauvín del Perú. (Diario Últimas Noticias, sept. 11, 1987.)
La agricultura giraba en torno al cultivo del maíz, importante cereal que
tenía un lugar prominente en las fiestas religiosas.
Los puca-caras o tepes, adoratorios solares, se hallan en la zona
ecuatorial sobre los 3.000 a 3.500 metros sobre el nivel del mar, entre las
cordilleras Oriental y Occidental de los Andes, construidos sobre las
colinas más sobresalientes, apuntando a la salida y la puesta del Sol. Este
tramo de la ruta ecuatorial del Sol los antiguos habitantes lo llamaron Inti-
Ñan o Camino del Sol, según el concepto teo-cosmográfico de los Caras y
luego de los Quitus.