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INTRODUCCIÓN AL TEMA DE LA “INTELIGENCIA EMOCIONAL” (I.E.) Luis Achaerandio S.J. Abril 2008 Hasta el

INTRODUCCIÓN AL TEMA DE LA “INTELIGENCIA EMOCIONAL” (I.E.)

Luis Achaerandio S.J. Abril 2008

Hasta el año de 199O, ni los psicólogos ni los educadores habían hablado de la Inteligencia Emocional (I.E.). Se disertaba de la inteligencia en general y de la inteligencia cognitiva. Howard Gardner, al principio de la década de los ochenta, desarrolló la teoría de la "inteligencia múltiple". La I.E. tiene gran cantidad de elementos, que coinciden con los de la "inteligencia múltiple", como se detalla más adelante. En 1990, los psicólogos Peter Salovey y John Mayer, acuñaron el término de "Inteligencia Emocional", (I.E.), y fueron dando a conocer el término y su fecundo contenido. En estos últimos años, Daniel Goleman, con su obra “Emotional Intelligence”, ha difundido en todos los ámbitos psicológicos y educativos, el tema de la I.E., vista desde diferentes perspectivas. Ese libro ha sido traducido a siete idiomas, entre ellos el chino, y se ha colocado en los primeros puestos de las listas de los libros más vendidos en Estados Unidos, España, Japón, Brasil, Italia, etc.

En esta breve disertación se van a tratar los siguientes temas:

1. ¿Qué es la inteligencia emocional (I.E.)?

2. Componentes biológicos de la I.E.

3. Fundamentos psicológicos de la I.E.

4. Fundamentos sociales de la I.E.

5. Efectos personales y sociales de la I.E., en positivo y en negativo.

6. ¿Cómo educar y desarrollar la I.E.?

7. Aplicaciones a la Educación

1. ¿Qué es la I.E.?

A partir de los autores antes citados, Salovey, Mayer y Goleman, se puede describir la I.E., en una primera aproximación, como un conjunto de habilidades de índole emocional que contribuyen al éxito humano y social del ser humano. La I.E. favorece la resolución adecuada de los problemas personales y sociales; ayuda a actuar acertadamente; puede dinamizar y optimizar la eficacia de la inteligencia cognitiva.

La deficiente I.E. produce, al contrario, efectos negativos: Bloquea la inteligencia cognitiva y la racionalidad; produce problemas personales y sociales; contribuye a los fracasos.

La I.E. es la resultante de cualidades o defectos relacionados con: Autocontrol, identidad madura; capacidad de abrirse a los puntos de vista y sentimientos de los otros, empatía; metacognición y expresión equilibrada de los propios sentimientos; tenacidad, respeto, amabilidad, etc. Goleman cita a Aristóteles para explicar que no existen emociones buenas

o malas, sino un correcto o incorrecto uso de ellas: "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo" (En la "Etica a Nicómaco").

El tema de la I.E. tiene resonancias anteriores en los autores que han venido tratando aspectos psicológicos de la personalidad relacionados con la "madurez" humana y social. Así Gordon W. Allport nos ofrece siete criterios específicos de madurez, que parecen algo así como el perfil de una persona dotada con una buena I.E. De parecida manera se puede hablar de las 17 características con las que Abraham Maslow describe a la persona en proceso de "autorrealización". Carl Rogers también parece anticipar el retrato de la persona de buena I.E., cuando explica cómo es "el sujeto que funciona plenamente". Y algo parecido hace Erich Fromm cuando nos señala las cualidades de "la orientación productiva" como signo de madurez humana.

La I.E. sintoniza perfectamente con las siete inteligencias o “inteligencia múltiple” de Gardner, sobre todo con la inteligencia “intrapersonal” y sus elementos constitutivos:

autoestima, metacognición afectiva, homeostasis emocional, etc; igualmente coinciden con la inteligencia “interpersonal” y sus elementos: las buenas relaciones con los demás, la empatía, la comprensión afectiva, la buena comunicación, la solidaridad y la convivencia. La I.E. toma algunos elementos, aunque en menor grado, de las otras inteligencias citadas por Gardner: la inteligencia “naturalista” o ecológica, de empatía con el orden y la belleza del mundo, y con el respeto al medio ambiente, etc.

En el cuadro de la página siguiente se describen los signos o rasgos de una buena o de una deficiente I.E.; se han elegido quince de ellos, repartidos en tres áreas o categorías:

A) los aspectos internos del propio ser humano, B) los aspectos de autocontrol, y C) los aspectos de interrelación con los otros. (Véase el anexo al final del artículo; en dicho anexo, el cuadro de signos o rasgos se transforma en un cuestionario de autoevaluación y reflexión).

área

“A”

área

“B”

área

“C”

Signos de buena I.E.

Confianza básica; ser confiado

Autoestima realista; autoeficacia

Autoconcepto equilibrado

Conoce los propios sentimientos

Capaz de introspección y reflexión

propios sentimientos Capaz de introspección y reflexión Controla sus impulsos inmoderados posponiendo sus

Controla sus impulsos inmoderados posponiendo sus satisfacciones inmediatas.

Controla sus estados de ánimo.

Capaz de superar contrariedades y problemas de la vida.

Sanos criterios éticos.

Automotivado por principios.

vida. Sanos criterios éticos. Automotivado por principios. Empatía con los otros. Facilidad de comunicarse y

Empatía con los otros.

Facilidad de comunicarse y relacionarse.

Respetuoso con personas, culturas, ideas, género…

Solidario, capaz de “ser para los otros”.

Comunica paz, alegría.

Signos de deficiente I.E.

Desconfianza de sí mismo y de los otros.

Baja o confusa autoestima.

Falso autoconcepto.

Deficiente conocimiento de sus sentimientos.

Poca capacidad de introspección y reflexión

sentimientos. Poca capacidad de introspección y reflexión Poco control de sus impulsos. Incapaz de posponer sus

Poco control de sus impulsos. Incapaz de posponer sus satisfacciones.

No controla sus estados de ánimo

Poco capaz de superar contrariedades y problemas.

Dudosos criterios éticos.

Depende casi sólo de motivaciones extrínsecas.

éticos. Depende casi sólo de motivaciones extrínsecas. Vive alrededor de su propio yo. De difícil comunicación

Vive alrededor de su propio yo.

De difícil comunicación y escasa interrelación.

Cerrado a las ideas de los otros.

Egoísmo malsano, egolatría.

Violento, conflictivo.

2. Componentes biológicos de la I.E.

No sabemos mucho de la biología y neurología de las emociones: éstas son impulsos que nos mueven a la acción; son programas, (software), de actuación que se ponen en marcha automáticamente ante determinados estímulos sensoriales (visuales, auditivos, olfativos.). Se sabe que estas reacciones automáticas han tenido un gran papel en la supervivencia de las especies animales, y en la humana, a lo largo de la evolución.

Sabemos también que el cerebro, a lo largo de millones de años de evolución, ha ido creciendo de abajo, para arriba y que los centros superiores y más inteligentes, (neocórtex), constituyen derivaciones relativamente jóvenes, de los centros inferiores más antiguos. Este fenómeno filogenético de las especies, se repite en la ontogénesis, es decir en el desarrollo intrauterino de cada ser humano.

Empezando de los estratos inferiores hacia los superiores, los centros están en este orden:

- Médula espinal

- Tallo encefálico

- Sistema límbico (lóbulo olfatorio, amígdala, tálamo

- Neocórtex.

)

La vida emocional se produce y reside fundamentalmente en el "sistema límbico". Parte importante de éste es la "amígdala" (que significa "almendra" por su forma). La amígdala es el núcleo de los afectos, emociones y pasiones; ahí crecen los sentimientos de miedo, ira, disgusto, placer, erotismo, angustia, etc. Ella es el depósito de la memoria afectiva y emocional.

El cerebro humano, resultado de la evolución, tiene un centro superior, prodigiosamente complejo, y causa principal del normal comportamiento humano: es el neocórtex; es el centro del aprendizaje cognitivo, de la memoria de trabajo, de la memoria permanente, de la creatividad, de los planes e ideales de futuro, de los análisis, de las decisiones libres, de la personalidad.

El lóbulo frontal del neocórtex, que se halla detrás de la frente, controla y gobierna las reacciones de la amígdala, procurando hacerlas conforme a razón. Veamos cómo trabajan estos dos centro neuronales (la amígdala y el lóbulo frontal del neocórtex), unas veces en comunicación, y, otras veces separadamente: en situaciones normales, los pasos del circuito emocional son los siguientes:

1. Los sentidos (vista, oído, olfato, etc.), perciben estímulos, y pasan la señal al "tálamo"

(parte del Sistema Límbico).

2. El tálamo codifica la señal, es decir la traduce al lenguaje neuronal; y la pasa, codificada, al neocórtex.

3. El lóbulo frontal del neocórtex analiza la información en la "memoria de trabajo", elige

razonadamente la solución de respuesta emocional, y envía su mensaje a la amígdala.

4. La amígdala reacciona con las correspondientes emociones, y pasa las órdenes a los

centros motores y glandulares para que actúen pertinentemente.

Como se ve, el lóbulo frontal del neocórtex (paso 3) es muy importante en el proceso. Es

el que analiza juiciosamente la situación, controlando el instinto ciego de la amígdala, y da

a ésta las pautas de reacción.

Más en detalle, el lóbulo frontal izquierdo parece ser (como un termostato neuronal), el que apaga, corta, detiene o atenúa los impulsos emocionales más negativos. Y el lóbulo frontal derecho es la sede (o memoria) de los sentimientos negativos como el miedo, la agresividad, etc. Los neurólogos han descubierto que algunas lesiones en el lóbulo frontal derecho, producen cambios en las emociones de tristeza, agresividad, etc., hacia reacciones positivas de alegría, calma y jovialidad.

La inteligencia cognitiva y racional del neocórtex hace que las tendencias instintivas y emotivas del sistema límbico, se conviertan en inteligencia emocional. Sin la supervisión, tutoría y control del neocórtex, las reacciones emocionales serían sencillamente como las de los animales, es decir básicamente automáticas, ciegas, según la programación de los instintos.

Este circuito emocional, a través del neocórtex, retarda las respuestas motoras o glandulares relacionadas con la emoción, pero se logra que, para situaciones en que no haya urgencia crítica de reacción, el pensamiento preceda al sentimiento.

Pero en casos especiales de peligro o de emergencia, el sistema límbico actúa independientemente, se salta el circuito reglamentario, sin pasar por el neocórtex ni contar con la supervisión y control sopesado de éste. Es decir, el mensaje pasa directamente del tálamo a la amígdala. Y ésta reacciona rápida y automáticamente, conforme al programa genético de los instintos. Esto sucede, por ejemplo, ante un peligro imprevisto, al reventar una llanta del carro, al serpentear un reptil a nuestros pies, etc.

Desde el punto de vista de la I.E., esta respuesta automática es inteligente, ya que el sistema funciona adecuadamente, según la programación prevista para asegurar la supervivencia.

Pero no sería inteligente, por ejemplo, una respuesta de violencia física dentro de una acalorada discusión futbolística; en este caso, la sinrazón de la amígdala se ha impuesto sobre las advertencias del neocórtex. Dos son las principales razones para que sucedan respuestas emocionales poco inteligentes:

- falta de la debida comunicación entre la amígdala y el neocórtex; de ahí que respuestas automáticas, instintivas, semiautomáticas, etc.

- que el neocórtex no cumpla adecuadamente (por malos hábitos), con su función de

transmitir a la amígdala el consejo pertinente nacido de inteligentes análisis y reflexiones.

haya

Por desgracia, así como se habla de "analfabetismo cognitivo" como de una lacra social, igualmente habría que hablar de un "analfabetismo emocional", cuyos signos frecuentes y extendidos por el mundo, son la violencia, la opresión, la injusticia, la pobreza, el egoísmo. Codificando toda esa maldad humana y social en lenguaje de inteligencia emocional, habría que decir:

- Muchos sienten y reaccionan antes de pensar, basándose en impulsos neuronales fragmentarios; y pierden el control de la situación.

- El sistema límbico secuestra al neocórtex, poniendo todo el talento de éste al servicio de las pulsiones egoístas, y opacando las "tendencias transitivas"(Lersch).

- Manda el instinto sobre la razón.

- El sentido de placer prevalece sobre el sentido de realidad.

3. Fundamentos Psicológicos de la I.E.

En este subtema es importante conocer los aportes de Lersch, en su conocido libro La estructura de la personalidad, del que se sintetizan aquí algunos de sus aportes.

La personalidad del ser humano se estructura en tres capas o niveles. Estos son estratos autónomos pero interrelacionados:

Superestructura personal: Pensamiento y voluntad conscientes. El Yo. Fondo endotímico: Vivencias pulsionales. Emociones y afecciones. Instintos. Fondo vital: Fondo de la vida; realidad pre-psíquica, inconsciente; estados y procesos orgánicos.

La "Superestructura personal" es la que caracteriza al ser humano sobre todos los demás seres, de los que se distingue por: el pensamiento consciente y reflexivo, la voluntad libre, la creatividad, los valores éticos, el dominio y señorío sobre las vivencias pulsionales del Fondo endotímico.

El “Fondo vital” es la capa inferior o biosomática, glandular, hormonal, etc., que influye en la parte psicológica. Así las glándulas endocrinas (hipófisis, gónadas, suprarrenales) con sus secreciones, producen cambios bien conocidos por los y las adolescentes.

el Fondo

endotímico. De aquí en adelante le llamaremos F.E. El epíteto endotímico viene del griego (endon = dentro; y thimos = pulsiones, sentimientos, estados de ánimo). Está constituido por emociones, sentimientos, instintos, tendencias. El F.E., tiene su dinámica propia, pero,

excepto en las reacciones automáticas y programadas ante situaciones que hacen peligrar la supervivencia, dicho Fondo puede ser controlado por el Yo o Supraestructura personal, cuando las pulsiones de aquél aparecen como negativas.

Pero lo que en este trabajo interesa más,

es el segundo

nivel, es decir

Pero, en la interpretación, representación e interiorización que el ser humano hace del mundo, influyen tanto el Yo como el F .E. En eso se diferencia el animal del ser humano; el primero está programado y funciona básicamente desde el F.E.; el ser humano se va autoconstruyendo.

Pero no se crea que el F.E. es algo negativo; todo lo contrario, él es el motor de la vida, es como un potente avión que puede volar rápidamente y a gran altura, pero necesita del control del piloto. En el caso del Fondo endotímico, no basta tampoco delegar todo en un "piloto automático".

No sólo no es negativo el F.E. No pocas de sus vivencias pulsionales son, en sí mismas,

positivas, como veremos a continuación; otras son ambiguas del punto de vista de la ética

o de la I.E. Pero lo que esas vivencias suelen tener de poco "inteligentes" o de

perversidad, es el abuso, el enfoque inadecuado, la inoportunidad, la falta de control, la

finalidad equivocada. Por eso, dice Lersch, la personalidad del Yo, con su pensamiento y voluntad consciente, tiene que analizar razonablemente las situaciones, controlar y dar dirección finalística positiva a todas las tendencias y procesos dinámicos del I.E.

Es interesante analizar personalmente cuándo cada una de esas vivencias pulsionales son positivas, si se manejan bien; y cuándo se convierten en negativas y destructivas; por ejemplo, el egoísmo (una de las vivencias del Yo individual), puede ser sano cuando es moderado; y resulta nocivo cuando es abusivo y se convierte en egolatría o egoísmo social. Lo mismo se puede decir de las otras vivencias pulsionales del Yo individual y de la vitalidad.

A continuación va un cuadro-síntesis de las vivencias pulsionales del Fondo endotímico:

Vivencias pulsionales del Fondo Endotímico de una personalidad

I.

Las vivencias pulsionales de la vitalidad:

El

impulso a la actividad

La

tendencia al goce

La

libido, como instinto de vivir y dar vida; el impulso vivencial

II.

Las vivencias pulsionales del Yo individual:

 

El

instinto de conservación y desarrollo individual

El

egoísmo que puede ser positivo, y puede hacerse idolatría; el deseo de poder social

La

necesidad de estimación social; ansia de notoriedad; el nivel de aspiración

El

afán vindicativo, de que se haga justicia

La

necesidad de autoestima

III. Las vivencias pulsionales transitivas:

Las tendencias dirigidas hacia el otro (convivencia

Las tendencias de "ser-para-el-otro" (solidaridad, benevolencia) Las tendencias creadoras

El deseo de saber

Tendencias a amar Tendencias normativas, seguir normas sociales Tendencias hacia la trascendencia

)

4. Fundamentos sociales de la I.E.

Sabemos

rasgos de temperamento: timidez, sociabilidad; inestabilidad-estabilidad; irritabilidad- tranquilidad, etc.

sus

que

los

bebés

recién

nacidos

se

diferencian

entre

si

por

Esta herencia genética influirá, de alguna manera, en el desarrollo emocional del sujeto a lo largo de toda su vida. Pero "el temperamento no es el destino", según Goleman; y, por tanto, el ser humano puede ir cambiando por influencias del ambiente en el que vive.

Jerome Kagan, de la Universidad de Harvard, describe cuatro temperamentos básicos que corresponden a otras tantas pautas diferentes de la actividad cerebral: Tímido, abierto, optimista, melancólico. En verdad hay innumerables tipos temperamentales, dependiendo de las distintas combinaciones de la actividad neuronal. Pues bien, Kagan descubrió que niños que nacieron con un temperamento tímido, llegaron a Kinder, a los 5 años, con su timidez superada, y relacionándose normalmente con los otros. ¿Qué había pasado? Pues que esos niños tuvieron unos padres responsables que les ayudaron a cambiar. En páginas posteriores se sintetiza esta experiencia de Kagan.

Dice Goleman que "el cerebro humano es enormemente maleable durante toda la infancia. Los centros cerebrales, reguladores de la respuesta emocional, son los últimos en alcanzar la madurez anatómica. Todavía en la adolescencia siguen creciendo".

Es grande la influencia del ambiente social, durante la primera infancia, en la que, según Erich H. Erikson, se establecen las bases emocionales para el desarrollo posterior. Durante los 18 primeros meses después del nacimiento, el bebé adquiere su "confianza o su desconfianza básica". Esto depende en gran parte del cuidado sensorial y afectivo que el bebé recibe de sus padres, especialmente de la mamá, es, decir del ambiente social. Sobre la confianza básica se va construyendo después la identidad, la autoestima, etc., de un adolescente maduro. Pero esta influencia de la sociedad en la I.E., puede ser, para bien o para mal, para mejorar la calidad de dicha inteligencia emocional o para deteriorarla.

Como se decía anteriormente, la calidad mayor o menor, positiva o negativa, de la inteligencia emocional, se define, en un ser humano, por su madurez o inmadurez humanas, manifestadas en sus conductas sociales: Así unos expresan su gran I.E. en el control de los impulsos egoístas, en su automotivación, en su empatía y solidaridad con los demás; y otros, al contrario, reflejan su pequeña I.E. en sus conductas descontroladas, pusilánimes, egoístas, violentas, etc.

Según demuestra la psicología social, la mayor parte de nuestras conductas sociales, que dan razón de nuestra I.E., las adquirimos por observación y modelado en nuestro proceso de socialización, es decir viendo e imitando lo que otros hacen.

Dice Pozo que uno de los recursos más ingeniosos de la naturaleza, para integrar a los niños en las pautas de interacción de su especie y su cultura, es dotarles de una tendencia

compulsiva e irrefrenable a la imitación de todos los modelos que observan. Este "modelado" sirve para adquirir nuevas conductas, no sólo deseables (como ayudar a un anciano), sino también indeseables (como agredir a un compañero). Con ese "modelado",

el

niño aprende a controlarse inhibiendo conductas desordenadas que ve son castigadas

en

otros; o también aprende a recuperar conductas indeseables que tenía inhibidas, y que

ve

que otros usan con éxito. No sólo los niños aprenden por modelado; también lo hacen,

en

gran manera los adolescentes.

Como decíamos, al explicar qué es la I.E., las actitudes ante la vida, ante uno mismo, ante los demás, etc., son parte muy importante de la I.E., pues el núcleo de las actitudes es su componente afectivo o emocional, además de los otros dos componentes (el cognitivo y el conductual). Pues bien, las actitudes se aprenden también, principalmente, por "modelado". En el caso de las actitudes, se da frecuentemente, en niños y jóvenes, la identificación con el modelo, es decir una implicación personal de elementos afectivo- emotivos y representacionales. A la "identificación", se añaden los procesos de "conformidad" a la presión grupal. "La tendencia de los jóvenes, a la conformidad con la mayoría, es uno de los datos más apabullantes (y preocupantes) que nos proporciona la investigación de la psicología social" (Pozo). Esta tendencia a identificarse con modelos, y demostrarse "conformes" con la mayoría, sería excelente si los modelos y las mayorías funcionaran con niveles adecuados de I.E. Pero muchas veces sucede lo contrario en los grupos sociales de referencia (sociedad consumista; grupos con prejuicios racistas o de género; maras, etc.).

Las fuentes de presión social o los grupos de modelado con los que podemos identificamos, son tal vez hoy más influyentes que nunca, sobre todo por la presencia masiva, constante y atrayente de los medios de comunicación social. Según no pocos autores, esa persistente y persuasiva omnipresencia de los medios de comunicación, "los hace particularmente efectivos, generando buena parte de la realidad social en que vivimos"(Pozo). Y eso, es para mal más que para bien. Según estudios recientes, la televisión frecuentemente presenta modelos que fomentan actitudes violentas, egoístas y consumistas en los individuos y en los grupos; las modas y los modos sociales son impuestos solapadamente por los medios de comunicación. También podría ser más para bien (y así lo es a veces), mediante programas de solidaridad y presentación de modelos positivos de personas o grupos imitables desde el punto de vista ético.

A propósito de la violencia, que

comunicación son indirectamente responsables de ella cuando incitan al consumismo, suscitando, en el pueblo, poderosas “necesidades secundarias”, es decir necesidades artificiales. Este es un fenómeno especialmente negativo en los países en vías de desarrollo, en los que son frecuentes las frustraciones de las mayorías cuando éstas no pueden ya satisfacer suficientemente sus “necesidades primarias”, alimentación, salud, educación, vivienda. Según la “Teoría de Yale”, la frustración produce agresividad y ésta produce violencia. A la enorme frustración (y consiguiente agresividad por no satisfacer las “necesidades primarias”), se sobreañade la frustración por no lograr tampoco satisfacer las múltiples y artificiales “necesidades secundarias” provocadas por los medios de comunicación en estas sociedades consumistas.

medios de

es signo inequívoco

de baja

I.E., los

5. Efectos personales y. sociales de la I.E.

En positivo la buena I.E.: Facilita el éxito humano; favorece la felicidad personal, desde la autoestima positiva y la paz interior; ayuda a las buenas relaciones familiares y al éxito profesional.

Según encuestas recientes, en USA y U.E., los éxitos empresariales se deben a la buena cualificación en la inteligencia emocional de sus mandos altos e intermedios (buenas relaciones laborales, capacidad para sintonizar con los compañeros, equilibrio emocional, etc.).

La I.E. facilita los éxitos académicos. A continuación van unas citas de Peter Salovey sobre la posible buena influencia de ciertos sentimientos y emociones, en nuestros procesos mentales: “La regulación de nuestros sentimientos facilita nuestros procesos mentales en concreto cómo planeamos y organizamos el futuro”; “ciertas emociones moderadas “hacen que nos concentremos mejor en la resolución de problemas personales”; “las emociones positivas pueden mejorar la organización de nuestra memoria, de manera que se integre mejor el material cognitivo; las ideas, que antes parecían dispersas, aparecen relacionadas, y más fáciles de recordar”.

Dice Goleman, a propósito de la memoria, que un factor importante, para explicar el éxito académico de los que tienen una buena I.E., es la relación entre los centros emocionales que controlan los estados anímicos, y los lóbulos frontales que sustentan la inteligencia cognitiva y, en concreto, la llamada "memoria de trabajo" ("working memory", W.M.). Por un lado, en positivo, el buen estado de ánimo concentra la atención en los elementos de la W.M. que hay que tener en cuenta, optimizando la tarea. Por otro lado, en negativo, cuando el niño o adolescente está ansioso o deprimido, experimenta pensamientos intrusos que roban su atención. Recordemos que en la W.M., el número máximo de elementos que puede concentrar un adolescente es de siete; y los niños, muchos menos; es decir cuantos más elementos estén ocupados por “pensamientos intrusos”, menos capacidad le quedará a la W.M. para “trabajar” y aprender inteligentemente; el alumno será como un atleta con pesas en los pies. Recordemos los fracasos de algunos alumnos ansiosos en los exámenes. Lo que sucede es que la ansiedad perturba y ofusca su W.M. no dejando espacios a la información pertinente.

la deficiente I.E., dificulta el aprendizaje; la ansiedad influye

negativamente en la inteligencia cognitiva. Esto tiene mucha relación con la conocida “curva de la motivación”; tanto la falta de motivación como el exceso de ella, influye negativamente en la calidad del aprendizaje.

En negativo también,

Según Goleman, "los niños que en 1°. ó 2°. de Primaria son muy impulsivos y conflictivos, tienen más probabilidad - en un 6 o un 8% de los casos - de cometer crímenes y ser violentos, en la adolescencia. Las niñas de 6°. Grado que mezclan sentimientos de ansiedad, cólera, aburrimiento, etc., van a tener, con mayor probabilidad, problemas de "anorexia". A estos niños y niñas les falta claridad y conciencia crítica de lo que realmente les pasa consigo mismo y con los demás. Y pasada la adolescencia con niveles bajos de I.E., esos sujetos, seguirán, de adultos, probablemente con graves problemas. Este tipo de niños o adolescentes, si no se les ayuda en sus desequilibrios emocionales, se convertirán, con frecuencia, en víctimas del "analfabetismo emocional", cuyos síntomas

son, según Salovey, los siguientes: se hace uno esclavo de sus caprichos y de su ambición desproporcionada; se aísla uno de los demás, al no reconocer los sentimientos propios y ajenos; se generan personalidades psicópatas; se propician abusos de autoridad y racismo.

6. ¿Cómo educar y desarrollar la I.E.?

Como hemos visto, la I.E., de los seres humanos, depende, en gran parte, para bien o para mal, de las influencias sociales. Dicho de otra manera, la familia, la educación formal, el grupo de amigos en la adolescencia, los medios de comunicación, etc., moldean nuestra I.E.

Esto es posible porque el cerebro humano es notablemente maleable durante toda la infancia. Dice Goleman que "los centros cerebrales reguladores de la respuesta emocional son los últimos en alcanzar la madurez anatómica". Todavía en la adolescencia siguen creciendo. De ahí la gran oportunidad que tienen los Centros educativos de fomentar en los niños, desde muy temprano, las experiencias y respuestas emocionales adecuadas. Sabemos que "las repetidas lecciones emocionales, en la vida de un niño, moldean favorablemente los circuitos cerebrales para generar respuestas inteligentes del punto de vista emocional.

Por supuesto la principal responsable de la educación de la I.E. es la familia. Es notable, la incidencia de los padres en moldear inclusive los rasgos temperamentales de sus hijos. En esto G. Kagan ha hecho grandes aportes investigando la influencia de los padres en niños temporalmente tímidos desde el nacimiento. Se cita a continuación una síntesis de la experiencia de Kagan:

“Se trata de uno de los logros más notables de la l.E: es verdad que los niños recién nacidos difieren en los rasgos de su temperamento, pero son muy maleables. Las mejores aportaciones a este tema proceden de G. Kagan, que estudió a los niños tímidos. Descubrió que se puede descubrir una cierta tendencia a la timidez en las dos primeras semanas de vida. Fijándose en cómo el niño se sobresalta ante un ruido, su susto y rechazo ante experiencias estimulantes, nuevas o inciertas y, sobre todo su seguimiento hasta la adolescencia, se ha demostrado que, en efecto, esas pequeñas señales delatan claramente que el niño es tímido. Sin embargo, Kagan descubrió que un subgrupo de niños con los mismos comportamientos de timidez al nacer, no lo fueron después. El investigador averiguó que los padres de este subgrupo habían tratado a sus niños de modo diferente. En vez de alimentar su timidez, y, protegerles del mundo, esos padres los habían empujado a enfrentarse gradualmente a diversas situaciones: presentarles un nuevo amigo, llevarles a lugares diversos, etc., para proporcionarles una experiencia continuada de dominar algo nuevo. Al comenzar en el parvulario, estos niños, predispuestos a la timidez, no se comportaban como tales. No eran ciertamente los más extrovertidos, pero sí normales”.

Lamentablemente, el medio familiar de los niños es generalmente deficiente en el cultivo y

modelado de la I.E. Los padres, con frecuencias, llegan al hogar cansados del trabajo, y no dedican casi tiempo a sus hijos. Estos pasan horas y horas solos ante la televisión aprendiendo a veces, a ser violentos, hedonistas, atraídos por modelos consumistas y egoístas.

¿Qué puede, todavía, hacer la educación formal para mejorar o reconstruir la I.E. de los alumnos desde Kinder hasta el último año de la Secundaria? La respuesta de los expertos es: "mucho puede hacer". Pero tanto más efectiva será su acción cuanto menor edad tenga el educando. Por eso, en no pocos países se están implementando programas de I.E. en las escuelas de primaria y secundaria.

Para terminar este breve trabajo, se sugieren aquí algunas ideas y propuestas que pudieran ser útiles a los educadores.

7. Aplicaciones a la Educación En el fondo, de lo que se trata es de ayudar a los alumnos, a construirse una adecuada y madura I.E., a lo largo de sus años escolares empezando desde Kinder o Prekinder. Pero, como hemos visto, la I.E. se puede traducir por "Madurez humana y social". Y ésta, a su vez, se identifica con la posesión y vivencia de un conjunto de valores y actitudes que contienen un gran componente afectivo-emocional.

Por tanto hay una primera conclusión: El Colegio o Escuela debe tener un Programa global de formación sucesiva y constante de aquellos básicos valores y actitudes, que conforman una adecuada I.E. En muchas instituciones de USA y Europa, funcionan, con buenos resultados, programas de este tipo de promoción de la I.E.; se sugiere un proyecto de currículo, elaborado y puesto en práctica desde la perspectiva metodológica de los "Ejes Transversales", que atraviesan todas las materias y ámbitos del proceso de enseñanza- aprendizaje.

Se sugiere, también, recordar los aportes de la psicología social sobre el aprendizaje de las hoy llamadas “competencias interpersonales”, que vienen a ser los valores y actitudes humanas de una buena inteligencia emocional. En síntesis, recordemos que los valores y actitudes tienen un triple componente: cognitivo, afectivo o emocional, y conductual), y que, consiguientemente, el aprendizaje debe ser abordado desde cada uno de esos tres componentes:

Esto supuesto, podemos recordar, además, que la adquisición y desarrollo de actitudes (y también el cambio de ellas), se hace básicamente,

- mediante los procesos de "modelado" (Bandura)

- mediante los procesos de "identificación" con los modelos.

- mediante los procesos de "conformidad" con el grupo

Para que los alumnos "aprendan" y asimilen valores mediante el "modelado", se recomienda pasar por cinco fases principales:

a) Información cognitiva verbal o escrita sobre los valores o habilidades de la I.E., que se

quieren promover. Así se cultiva el componente cognitivo, del que se habla anteriormente.

b) Presentación de "modelos": Actuales e históricos; religiosos y profanos, Por supuesto, el

modelo más impactante, no pocas veces, es el profesor.

c) Experienciar ese valor, actitud positiva o habilidad ética, en condiciones reales o

simuladas (experiencias de campo, prácticas de servicio social, etc.).

d) Corrección (en casos de deficiencia) y reforzamiento (de aquellas conductas que sintonicen con las actitudes o valores que se están promoviendo). Como es sabido, en el

"condicionamiento operante"(Skinner), son más eficaces los reforzamientos positivos que las sanciones. Es un arte difícil el dar buenos reforzamientos en los procesos educativos; ojalá todos los maestros dominen ese arte. Relacionadas con el manejo exitoso del reforzamiento, por parte del profesor, están las expectativas que éste tiene de cada uno de sus alumnos. Como sucede con el "efecto Pigmalión", el rendimiento de los alumnos en

está

el aprendizaje de contenidos conceptuales, relacionado con dichas expectativas.

e) Mantenimiento, transferencia, aplicación y generalización de esas positivas habilidades

y actitudes, a otras situaciones.

procedímentales

y

actitudinales,

Una última observación: El Paradigma pedagógico ignaciano (P.P.I.) es un buen instrumento para la formación de actitudes y valores que vayan desarrollando la inteligencia emocional.

BIBLIOGRAFÍA

Cohen, Jonathan (Comp.) (2006) La inteligencia emocional en el aula. Buenos Aires: Edit. Troquel.

Goleman, Daniel (1997) La inteligencia Emocional.

también en Barcelona: Editorial Kairós).

México: Edit. Javier Bergara. (Y

Goleman, Daniel (2004) La práctica de la Inteligencia Emocional. Barcelona: Editorial Kairós.

Goleman, Daniel y Cary Cherniss (2005) Inteligencia Emocional en el trabajo. Barcelona:

Editorial Kairós.

Lersch, Philip (1971) La estructura de la personalidad. Barcelona: Editorial Scientia.

Märtin, Doris y Boeck, K (1999) Qué es Inteligencia Emocional. Madrid: EDAE.

Pennbaker J. W. (1995) Emotion, Disclosure and Health. Washington D.C.: American Association.

Salovey, Peter, Sluyter, D (1997) Emotional Development and emocional intelligence. New York: BasicBooks.

Shapiro, L (1997) La Inteligencia Emocional de los Niños. México: Edit. Javier Bergara.

Virtual Knowledge (1997) The Emocional Intelligence Home Page. The Emotional EQ Test, test results sample. http://www.virtent.com/images/egresult.gif

ANEXO

AUTOEVALUACIÓN DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL (I.E.)

La inteligencia emocional (I.E.) es un “constructo” de profundo y denso significado; pero es posible detectar y valorar su buena o deficiente calidad en los seres humanos, mediante signos o señales; en el cuadro de la página siguiente, se presenta una lista de 15 signos de buena I.E., en contraste con sus correspondientes signos de deficiente I.E.

En un continuo de 5 a 1, al modo de calificación de la prueba psicológica llamada del “diferencial semántico”, se puede uno autoevaluar de 5 a 1 en cada uno de esos 15 signos o rasgos de I.E.; basta responderse sinceramente “Cómo se ve o se siente en cada uno de esos ítems”, haciendo la señal en la casilla correspondiente de 5 a 1:

(5) significa: muy bien, muy positivamente. (4) significa: bien, positivamente. (3) significa: regular, “más o menos”. (2) significa: deficiente, debe mejorar. (1) significa: muy deficiente, necesita ayuda.

El cuestionario tiene 3 áreas o categorías de signos: los cinco primeros signos (área A) se refieren a los “modos internos de ser” en la I.E.; los signos 6 al 10 (área B) tratan del nivel de “autocontrol”; los signos 11 al 15 (área C), tratan de la relación con los demás (algunas competencias interpersonales”).

Una vez respondido el cuestionario, se pueden calificar los resultados sumando los números de las 15 casillas y comparando el resultado total con la siguiente escala:

Muy bien, muy positivamente Bien, positivamente Regular Deficiente, debe mejorar Muy deficiente, necesita ayuda

(de 75 a 64) (de 63 a 52) (de 51 a 39) (de 38 a 27) (de 26 a 15)

Pueden también analizarse los resultados separándolos por cada área (A,B,C,), y contrastándolos con la siguiente escala:

Muy bien

(de 25 a 22)

Bien

(de 21 a 18)

Regular

(de 17 a 13)

Deficiente

(de 12 a 9)

Muy deficiente

(de 8 a 5)

Véase cuestionario en la página siguiente:

CUESTIONARIO DE INTELIGENCIA EMOCIONAL

área

“A”

área

“B”

área

“C”

Signos de buena I.E.

5

4

3

2

1

Signos de deficiente I.E.

Confianza básica; ser confiado

         

Desconfianza de sí mismo y de los otros.

Autoestima realista; autoeficacia

         

Baja o confusa autoestima.

Autoconcepto equilibrado

         

Falso autoconcepto.

Conoce los propios sentimientos

         

Deficiente conocimiento de sus sentimientos.

Capaz de introspección y reflexión

         

Poca capacidad de introspección y reflexión

Total del área A

Controla sus impulsos inmoderados posponiendo sus satisfacciones inmediatas.

         

Poco control de sus impulsos. Incapaz de posponer sus satisfacciones.

Controla sus estados de ánimo.

         

No controla sus estados de ánimo

Capaz de superar contrariedades y problemas de la vida.

         

Poco capaz de superar contrariedades y problemas.

Sanos criterios éticos.

         

Dudosos criterios éticos.

Automotivado por principios.

         

Depende casi sólo de motivaciones extrínsecas.

Total del área B

Empatía con los otros.

         

Vive alrededor de su propio yo.

Facilidad de comunicarse y relacionarse.

         

De difícil comunicación y escasa interrelación.

Respetuoso con personas, culturas, ideas, género…

         

Cerrado a las ideas de los otros.

Solidaridario, capaz de “ser para los otros”.

         

Egoísmo malsano, egolatría.

Comunica paz, alegría.

         

Violento, conflictivo.

Total del área C

Total de Totales