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1. Filosofía y política PELBART, P.: BIOPOLÍTICA Y CONTRA-NIHILISMO NÓMADAS 7
1. Filosofía y política
PELBART, P.: BIOPOLÍTICA Y CONTRA-NIHILISMO
NÓMADAS
7
nomadas@ucentral.edu.co • ORIGINAL RECIBIDO: 22-V-2006 – ACEPTADO: *
nomadas@ucentral.edu.co •
ORIGINAL RECIBIDO: 22-V-2006 – ACEPTADO:
*

Biopolítica y contra-nihilismo*

PÁGS.:8-19

Peter Pál Pelbart**

Traducción del Portugués: Rodrigo A. Ribeiro ***

Este ensayo aborda dos temáticas contemporáneas características de los debates sobre la libertad y la esclavitud en el capitalismo contemporáneo: la biopolítica y la biopotencia. Desde una perspectiva singularmente dialéctica, el ensayo formula la pregunta por la relación entre vida y poder y la responde mediante una relectura de Nietzsche que denomina “nihilismo versus contra-nihilismo”, o, mejor, “negación frente a afirmación”. Palabras clave: nihilismo, biopolítica, contra-nihilismo, afirmación

Este artigo aborda duas temáticas contemporâneas características dos debates sobre a liberdade e a escravidão no capitalismo contemporâneo: a biopolítica e a biopotência. Desde uma perspectiva particularmente dialética, o artigo formula a pergunta acerca da relação entre a vida e o poder e a responde mediante uma releitura de Nietzsche que denomina “niilismo versus contra-niilismo”, ou melhor, “negação versus afirmação”. Palavras-chaves: niilismo, biopolítica, contra-niilismo, afirmação.

This paper analyzes two question of the moment about the characteristics of discussion on slavery and freedom of latter capitalism: biopolitic and biopotency. From a particularly dialectic perspective, the paper formulates the following question: What is the relation-ship between life and power, today? Its answer is a re-reading of the Nietzsche account, that it denominates “nihilism versus against-nihilism”, or, better, “negation versus affirmation”. Key words: nihilism, biopolitic, against-nihilism, affirmation

15-VIII-2006

Este ensayo es resultado de un trabajo de investigación titulado Contextos histórico e cultural da Psicologia Clínica del Núcleo de Estudos e Pesquisas da Subjetividade iniciado en el año 2005 y financiado por el Programa de Estudios de Posgrados en Psicologia Clínica de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo en Brasil.

Profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo en Brasil. E- mail: ppelbart@uol.com.br *** Docente de portugués en el Instituto de Cultura Brasil-Colombia (Ibraco) – Embajada de Brasil en Bogotá, Colombia.

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(Ibraco) – Embajada de Brasil en Bogotá, Colombia. ** 8 N ÓMADAS N O . 25.

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Dos tendencias contrapues- tas nos obligan hoy a repensar ese término tan antiguo y cada día más invocado, la vida. La primera de ellas puede ser formulada de la si- guiente manera: el poder tomó por

asalto la vida; es decir, penetró to- das las esferas de la existencia, las movilizó y las puso a trabajar en provecho propio. Desde los genes,

el cuerpo, la afectividad, la psique,

hasta la inteligencia, la imagina- ción, la creatividad, todo eso fue violado e invadido, movilizado y colonizado, aun cuando no fue di- rectamente expropia- do por los poderes. ¿Pero qué son los po- deres? Digamos, para ir rápido, con todos los riesgos de simplifica- ción: las ciencias, el capital, el Estado, los medios. Pero es una respuesta muy general

y variable, pues, de

hecho, asistimos a una lógica desparramada, dispersa, infinitesimal, aun más molecular de

lo que tales instancias pudieran sugerir, y con mecanismos mucho más complejos

y sutiles. En la escala de Michel

Foucault, es preciso remitirse a los dispositivos heterogéneos, dispares, locales, así como a los mecanismos de poder constituyentes, y no sólo represivos, con sus hechos simultá- neos de individualización y totali- zación. En todo caso, lo que tal vez sea relativamente nuevo es que esos poderes se ejercen de manera posi- tiva, por invertir la vitalidad social de cabo a rabo, por intensificarla y optimizarla, por pilotearla y moni- torearla. Si antes todavía teníamos espacios preservados de la injeren- cia directa de los poderes o, como

dirían los marxistas, estábamos ante una subsunción formal de la socie- dad en el capital, hoy estamos ante

una subsunción real, es decir, inte- gral, de la vida concreta al capital abstracto. Si antes el inconsciente

y la naturaleza todavía parecían

dominios inviolables para el capi- tal, como lo notó Frederic Jameson, hoy mismo ellos fueron incorpora-

dos y puestos a trabajar. Si en una sociedad disciplinar aún teníamos

la ilusión de transitar de una esfera

institucional a otra, con un margen de maniobra y de respiro, en una

Aquí es donde interviene el se- gundo eje que sería preciso evocar, desarrollado sobre todo por autores provenientes de la corriente italia- na que, a partir de un spinozismo y marxismo singulares, combinaron su bagaje de luchas con una apropia- ción original de la filosofía de Foucault y Gilles Deleuze. Resumo este eje de la siguiente manera:

cuando parece que “está todo do- minado”, en el extremo de la línea se insinúa una transformación que resignifica la propia dominación como segunda. “La vida” o aquello que parecía sometido, subsumido, controla- do, dominado, revela en el proceso mismo de expropiación, su positividad indomable y primera. No se trata de romantizar una ca- pacidad de revancha y de resistencia, sino de repensar la relación entre los poderes y la vitalidad social en la llave de la inmanencia. Podríamos sintetizar

ese movimiento así: el biopoder responde a la biopotencia; al poder sobre la vida responde la potencia de la vida, pero ese “responde” no significa una re- acción, ya que la potencia se revela como el opuesto más íntimo, inma- nente y coextensivo al propio po- der. La vitalidad social, aun cuando está dominada por los poderes que la succionan, aparece súbitamente en su primacía ontológica, potencia primaria que el poder persigue y so- bre la cual él se construye y se ancla, que goza virtualmente de una fuer- za soberana y constitutiva, inaugu- ral e indomable. “La vida”, aquello que parecía enteramente sometido al capital o reducido a la mera pasi-

enteramente sometido al capital o reducido a la mera pasi- El Hospicio (demolido), fotografía anónima, c.

El Hospicio (demolido), fotografía anónima, c. 1920. Archivo J. V. Ortega Ricaurte,

© Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

sociedad de control dicho margen parece haber desaparecido. En re- sumen: el cuerpo, la psique, el len- guaje, la comunicación, la vida onírica, así como la fe, nada de eso preserva ya cualquier exterioridad en relación con los poderes, no sien- do posible, por lo tanto, servirles de contrapeso o de ancla crítica en la resistencia a ellos. Los poderes operan de manera inmanente: no más desde afuera, ni desde encima, sino como por dentro, al incorpo- rar, integrar, monitorear e invertir hasta de forma anticipada, los po- sibles que se van engendrando para colonizar el futuro.

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po- sibles que se van engendrando para colonizar el futuro. P ELBART , P.: B IOPOLÍTICA

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vidad, aparece ahora como la fuente mayor de valor, reserva inagotable de sentido, manantial de formas de existencia, germen de direcciones que extrapola las estructuras de co- mando y los cálculos de los poderes

constituidos, aun cuando estos se ejercen en sus modalidades menos centralizadas, rizomáticas e inma- nentes. Las fuerzas vivas presentes en

la red social dejan así de ser reservas

pasivas a merced de un monstruo insaciable, para convertirse en positividad inmanente y expansiva que los poderes se esfuerzan en regular, modular o con- trolar. En esa perspec- tiva, la producción de lo nuevo ya no apare- ce como exclusiva- mente subordinada a los dictámenes del ca- pital, ni como prove- niente de él, mucho menos dependiente de su valorización –ella está diseminada por to- das partes y constituye

una potencia psíquica

y política–. Como di-

ce Maurizio Lazzarato, basado en Gabriel Tarde: todos y cual-

quiera inventan, en la densidad social de la ciudad, nue- vos deseos y nuevas creencias, nue- vas asociaciones y nuevas formas de cooperación. Manera original de leer la vitalidad social que exi- ge una mirada menos detallada sobre los modos de dominación, analizándolos en general y reen- contrando la potencia de varia- ción y la fuerza-invención de la que ellos pretenden apropiarse, pero que no emana de ellos.

cinta de Moebius, el biopoder, la biopotencia, el poder sobre la vida, las potencias de la vida. El propio término biopolítica tiene un sentido paradójico. Tal como lo define Foucault, en algunos casos designa ciertas formas de domina- ción sobre la vida; tal como Toni Negri y otros, en parte inspirados en Deleuze, le subvirtieron el sen- tido, la biopolítica en otros casos designa justamente lo opuesto o lo mismo visto desde abajo, a saber, la vitalidad social y su potencia constituyente.

el sentido más originario, tal como Nietzsche lo formuló. La deprecia- ción de la vida alcanza allí un grado extremo: vaciada de sus deter- minaciones cualitativas, ella se ofrece como materia bruta para la infinita manipulación calculadora. Desde los prisioneros de Guantá- namo hasta la oveja Dolly, desde los ciberzombis hasta la gregariedad contemporánea, todo nos conduce al título del libro de Gilles Châte- lêt, Vivir y pensar como puercos. Sin embargo, en ese punto extremo de desnudamiento y vaciamiento, la “vida” aparece no sólo como “singularidad de existencia” y “afirma- ción absoluta de ser”, como lo dice Jean Luc Nancy (1994; 1993-4:

111) en un contexto concentracionario, si- no como virtualidad inhumana cuya poten- cia de transvaloración todavía está por ser pensada. Es así como la tematización del ni- hilismo podría ayu- darnos a pensar sobre el contexto biopo-

lítico, pues una lógica

semejante parece pre- sidir toda la reflexión de Nietzsche acerca del nihilismo, su travesía y el más allá del hombre.

del nihilismo, su travesía y el más allá del hombre . Cuartel de San Agustín en

Cuartel de San Agustín en el antiguo claustro ( demolido), anónima, 1899. Batallón de Zapadores del general F. Carvajal. Archivo Ortega Ricaurte, © Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

Voy a intentar sacar provecho de esa inversión que, como se verá más adelante, no es solo semánti- ca, sino que rompe con la fidelidad al concepto original. Hecho eso, en un segundo momento, leeré ese contexto biopolítico a la luz de la problemática del nihilismo y de los movimientos contra-nihilistas de la contemporaneidad. Me explico: el control de la vida, del monitoreo de sus formas y su rebajamiento actual en vida expuesta, puede ser caracterizado como la culminación histórica de un proceso nihilista en

Foucault, biopoder, resistencia

El biopoder fue definido origi- nalmente como el mecanismo que anexa la vida, que la genera y ad- ministra, para producir fuerzas y hacerlas crecer. Si antes el poder tenía por objetivo cuidar el alma, dice Foucault, ahora trata de cui-

Sería necesario recorrer esas dos vías mayores como se recorre una

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recorrer esas dos vías mayores como se recorre una 10 N ÓMADAS N O . 25.

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dar el cuerpo y, más aún, la vida misma. A una primera “toma de poder” sobre el cuerpo por el modo de la individualización disciplinar, le sigue una segunda, por el modo de la masificación biopolítica. Al lado del sometimiento de los cuer- pos a través de las escuelas, cole- gios, talleres, se pudo cuidar los problemas de natalidad, longevi- dad, salud pública, habitación, in- migración. En algunos fragmentos Foucault llega a asociar la emergen- cia del biopoder y de sus dos for- mas, disciplinar y biopolítica, con una exigencia de ajuste del ca- pitalismo. En todo caso, ante la explosión demográfica y la indus- trialización, la antigua mecánica del poder de soberanía se habría hecho inoperante, impulsando una prime- ra transformación de esa mecánica dirigida a la captura del cuerpo in- dividual, y una segunda dirigida a la captura de los fenómenos glo- bales de población. De ahí el privi- legio de la sexualidad, que se encuentra precisamente en ese en-

trecruzamiento entre los dos ejes de la tecnología política de la vida, la del individuo y de la especie, la del adiestramiento de los cuerpos y la regulación de las poblaciones, la de los controles infinitesimales, el micro-poder sobre el cuerpo, por un lado, y las medidas masivas, es- timaciones estadísticas, interven- ciones que tienen como objetivo el cuerpo social como un todo, por otro. Si al poder de soberanía co- rrespondía la sociedad de la sangre, la era del biopoder se corresponde con la sociedad del sexo y, tal vez

En

después, con la de los genes

un artículo en torno de las propues- tas de Illitch sobre la antimedicina, Foucault insiste en que la unión de la medicina con la biología tiene efectos imponderables:

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la posibilidad de modificar

la estructura genética de las cé- lulas no afecta apenas al indi- viduo y su descendencia, sino a la especie humana entera; es el conjunto del fenómeno de la vida que se encuentra coloca- do inestablemente bajo el cam- po de acción de la intervención médica. No se sabe todavía si el hombre es capaz de fabricar un ser vivo de naturaleza tal que toda la historia de la vida, el futuro de la vida, sean modifi- cados. El médico y el biólogo no trabajan más superficial- mente al nivel del individuo y de su descendencia, ya que co- mienzan a hacerlo al nivel de la misma vida y de sus aconte- cimientos fundamentales (Fou- cault, 1994a: 48).

) (

El poder ya no se ejerce sobre sujetos de derecho, pero sí sobre seres vivos; ya no utiliza meca- nismos jurídico-legales o sólo dis- ciplinares, sino mecanismos de seguridad, tal como Foucault los definió: gestión de las series abier- tas, estimativa de las probabilida- des, haciendo intervenir, por consiguiente, la gubernamenta- lidad, con sus componentes de poder pastoral, de policía, con su racionalidad propia de autoli- mitación, etc. Así, rechazando los universales disponibles en el pen- samiento político, Foucault forja instrumentos específicos para re- flexionar sobre los modos de ges- tión biopolítica de la población, sus mecanismos verídicos apoya- dos en la economía, y la propia co- ordinación entre ésta y la política atribuida a la gubernamentalidad.

Al reflexionar sobre esa trans- formación en su conjunto, Foucault

dice: “El poder se tornó materialis- ta. Él cesa de ser esencialmente ju- rídico. Él debe tratar con cosas reales que son los cuerpos, la vida mutación capital, una de las más importantes, sin duda, de la histo- ria de las sociedades humanas” (Foucault, 1994b: 182). Esa in- flexión materialista y vitalista en los mecanismos de poder, y en su análisis, no podría dejar de lado la problemática de la resistencia: ésta pasa a apoyarse en aquello mismo que es investido por el poder –es decir, sobre la vida y el hombre en cuanto ser vivo–. Y Foucault acla- ra, en un pasaje célebre: desde en- tonces las luchas no se hacen más en nombre de los antiguos dere- chos, pero sí en nombre de la vida, sus necesidades fundamentales, la realización de sus virtualidades, etc. Si la vida fue tomada por el poder como objeto político, ella también fue puesta en contra del sistema que

de ella se apoderó. El derecho a la vida, al cuerpo, a la salud, a la feli- cidad, a la satisfacción de todas las necesidades, es la réplica política a los nuevos procedimientos del po- der, tan diferentes del derecho tra- dicional de la soberanía. Sabemos cuan ambiguo eso nos parece hoy,

y en qué medida es justamente en

nombre del derecho al cuerpo, a la salud, a la felicidad, a la satisfac- ción de todas las necesidades, que los sujetos toman para sí mismos la gestión domesticadora de sí, en una incorporación activa de las activi-

dades de encuadre, prescindiendo

de las mediaciones institucionales

e invistiendo por cuenta propia

modalidades de auto-adiestramien- to. Por otro lado, sería preciso in- clinarse sobre el modo por el cual, en esa revancha, las fuerzas de vida que resisten al biopoder dan opor- tunidad a formas de subjetivación

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en esa revancha, las fuerzas de vida que resisten al biopoder dan opor- tunidad a formas

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que escapan a ese mismo biopoder –pensamos con Deleuze que ese es el sentido de la última fase del pen- samiento de Foucault–. Ante la claustrofobia que sus lectores pu- dieran sentir con sus análisis, Foucault no se cansa de repetir: “la resistencia es tan inventiva, cam- biante y productiva en lo que con- cierne al poder; desde que haya una relación de poder, hay una posibi- lidad de resistencia; nunca estamos totalmente acorralados por el po- der; siempre se puede modificar su alcance, en condiciones determina- das y según una estrategia precisa” (Foucault, 1994a: 267). En la au- sencia de cualquier exterioridad posible en relación con el ámbito de los poderes, ¿de dónde vendría la resistencia?

Hay siempre algo, en el cuerpo social, en las clases, grupos, en los propios individuos, que se escapa de una cierta manera a las relaciones de poder; algo que no es la materia prima más o menos dócil u obstinado, sino que es el movimiento centrífu- go, la energía inversa, la fuga La “plebe” no existe, pero hay “plebe”, hay plebe en los cuer- pos, almas, y en los individuos, en el proletariado, la burguesía Esa parte de plebe es menos el exterior en relación a las rela- ciones de poder que su límite, su opuesto (Ibíd.: 421).

Posteriormente, Foucault pare- ce reformular su idea en términos más tradicionales: el ejercicio del poder presupone el otro, su liber- tad, campo de acción eventual, la “intransitividad” de esa libertad, el agonismo allí en juego, por lo tan- to, la insumisión, la fuga, la trans- formación eventual (Foucault,

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la fuga, la trans- formación eventual (Foucault, 12 N ÓMADAS 1994b: 222). Contra una tradición crítica

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1994b: 222). Contra una tradición crítica que piensa en el sujeto do- minado como una especie de masa moldeable, como un sujeto obje- tivado, se trata de pensar no sólo en el residuo subjetivo sobre el cual incide el poder, pero además en la potencia subjetiva inscrita en toda relación de poder, susceptible, por

lo tanto, de ser siempre recondu-

cida a una transformación en la pro- pia relación de poder en que ella se encuentra. Ante los juegos de poder, no se trata sólo de resistir a ellos, sino a veces rechazar el pro- pio juego (Foucault, 1994a: 542). Con eso, y ya en la última fase de su transcurso, menciona la “crea- ción de nuevas formas de vida”, ya sea a través de las preferencias

sexuales, éticas o políticas, o a tra- vés de “estéticas de existencia”, de “estilos de vida”, e insiste en la propia afirmación como “fuerza creadora” (Foucault, 1994b: 736). Al destacar que estamos siempre en una situación estratégica, el filóso-

fo rechaza la crítica de que su obra

nos mostraría siempre acorralados,

y concluye, en una frase que

Deleuze aprovechó ampliamente:

“La resistencia viene [pues] en pri- mer lugar, y ésta permanece supe-

rior a todas las fuerzas del proceso; ella obliga, bajo su efecto, a las re- laciones de poder a cambiar”. “Considero que el término ‘resisten- cia’ es la palabra más importante,

la palabra-clave de esa dinámica”

(Ibíd.: 741). Es una tesis que los ita-

lianos aprecian, y que fue utilizada ampliamente para explicar las mutaciones del capitalismo a prin- cipios de los años setenta, en res- puesta a la nueva subjetividad, inmaterial, afectiva, colectiva, creadora, autónoma, allí naciente. Claro que la resistencia se apoya siempre en la situación que ésta

combate, pero para reinventarla y ponerla en contra de ella misma. Todo el problema sería evitar que la relación de poder, que es rela- ción estratégica, se torne relación de dominio. “Mi función, dice Foucault, es la de mostrar a las per- sonas que ellas son mucho más libres de lo que piensan”, al eviden- ciar “el carácter arbitrario de las instituciones” y el “espacio de liber- tad del cual aún disponemos, cuá- les son los corrimientos que todavía pueden efectuarse” (Ibíd.: 778). Pues Foucault lo admite expresa- mente: “nuestro futuro posee más secretos, libertades posibles e in- venciones de lo que nos permite imaginar el humanismo”. La con- jugación entre la hipótesis represi- va y el humanismo, todavía de fundamento marxista, bloquea to- talmente el sentido de la resisten- cia que se puede deducir de la última fase de la obra, a saber, como creación de formas de vida, como reinvenciones y subjetiva- ciones alternativas. Foucault expo- ne su propia posición, ante un humanismo marxista que marcó inclusive la Escuela de Frankfurt:

no se trata de reencontrar al hom- bre aún a través de un proceso de liberación, sino “de producir algo que todavía no existe y que no po- demos saber lo que será” (Ibíd.: 74).

La muerte de Dios, la muerte del hombre

No hay cómo dejar de escuchar en esa posición un eco nietzs- cheano, sobre el último hombre, la transvaloración de todos los valo- res, el más allá del hombre. Deje- mos de lado, por ahora, las demás relaciones conocidas entre Foucault y Nietzsche, desde la genealogía del

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poder hasta la problemática de la verdad y del sujeto de conocimien- to. Ni hablemos de un cierto ethos

filosófico, la relación entre experi- mentación filosófica y actualidad, tan importante para ambos. Con- centrémonos por ahora en ese único tópico, el problema de la “destruc- ción de lo que somos y la creación de alguna cosa totalmente diferen- te, de una total innovación”. En un pequeño trecho de Las palabras y las cosas, en que Foucault anuncia la disolución de la configuración antropológica que su arqueología había detectado, escri- be: “A todos los que pretenden todavía ha- blar del hombre, de su reino o de su libera- ción, a todos los que formulan preguntas sobre lo que es el hom-

bre en su esencia

se puede sino oponer una risa filosófica –es decir, en cierta medida, silenciosa”– (Foucault,

1968: 445). Posterior- mente, él hace pregun- tas para deshacer falsos parentescos. Al comen- tar el sentimiento de que:

ban, y que de lo más profundo de la distancia que tal vez no fuese invencible, otra se aproxi- maba– en la discreción del ama- necer, en el fulgor del medio día

o en la disensión del día que fi-

naliza. Pero esa próxima, peli- grosa inminencia de la que tememos hoy la promesa, de la que acogemos el peligro, no es en realidad del mismo orden. Entonces lo que ese anuncio prescribía al pensamiento era establecer para el hombre una estable residencia en esta tierra

citar el párrafo 343 de La Gaia Ciencia, titulado Lo que hay con nuestra serenidad, donde la des- trucción aparece en su opuesto, donde destrucción y creación son

como los dos lados de la misma moneda, o mejor aún, dos mane- ras de comprender el mismo acontecimiento:

El mayor de los acontecimientos recientes –que “Dios está muer- to”, que la creencia en el Dios

cristiano cayó en descrédito– ya comienza a lanzar sus primeras sombras sobre Europa. Para los pocos, por lo menos, cuyos ojos, cuya sospecha en los ojos es fuerte y refina- da lo suficiente para ese espectáculo, pa- rece justamente que algún atardecer, que alguna antigua, pro- funda confianza se convirtió en una du- da: para ellos, nuestro antiguo mundo ha de aparecer día a día más

ellos, nuestro antiguo mundo ha de aparecer día a día más Iglesia de Las Nieves (demolida

Iglesia de Las Nieves (demolida en 1922), anónima, 1922. Archivo Ortega Ricaurte,

© Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

donde los dioses se habían ale- jado o perdido. En nuestros días,

y una vez más Nietzsche indica

de lejos el punto de inflexión, no es tanto la ausencia o la muer- te de Dios que es afirmada como el fin del hombre (Ibíd.: 500).

La muerte del hombre, como la de Dios, a propósito, sólo es un espectáculo melancólico o pleno de pathos a los ojos de aquellos que no han aprehendido lo que allí se preanuncia. Para los demás, es mo- tivo de lo que Nietzsche llamaría de jovial serenidad. Sería preciso

no

poniente, más des-

confiado, más ajeno, más antiguo. Pero en lo principal se puede decir: el propio acontecimiento es dema- siado grande, distante, demasia- do separado de la capacidad de aprehensión de muchos, para que

si quiera su noticia pudiera ya lla- marse llegada: sin hablar que muchos ya supieran lo que pro- piamente se dio con eso –y todo lo que, después de socavar esa creencia, tiene ahora que caer porque estaba edificado sobre ésta, apoyado a ella, arraigado en ella; por ejemplo, toda nuestra

moral europea

– (Nietzsche,

1974: 219).

 

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alguna cosa de nuevo está

en vías de empezar, alguna cosa de la que apenas se sospecha, un leve riesgo de luz en la base del horizonte –ese sentimiento y esa impresión talvez no sean infun- dados. Se diría que existen, que no han cesado de formularse siempre de nuevo desde el ini- cio del siglo XIX; se dirá que Hölderlin, Hegel, Feuerbach y Marx tenían todos ya la certeza de que en ellos un pensamiento y tal vez una cultura se culmina-

) (

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En el contrario del ocaso nihilís- tico, otra figura se insinúa, en nada sombría. Si hay nihilismo, es preci- so tomarlo según la más alta defi- nición de Nietzsche. Como en el caso del eterno retorno, también el nihilismo puede ser leído en una doble acepción: como la más despreciable de las formas de pen- samiento, pero también la más divi- na. Depende, en última instancia, de quién la enuncia o, de acuerdo con los términos de Nietzsche, de la fuerza acumulada, de la materia explosiva, de las nue- vas necesidades y de los nuevos insatisfe- chos que reivindican esa doctrina.

Nietzsche y el nihilismo

El lector de Nietz- sche siente una gran dificultad cuando se enfrenta con sus aná- lisis sobre nihilismo:

en algunos casos, exis- te la impresión de que el filósofo está en vías de diagnosticar un ni- hilismo que él conde-

na; en otros, existe la certeza de que, por el contrario, el propio Nietzsche es un nihilista y que, según su perspecti- va, es necesario llevar este movi- miento a su término.

Partamos, para aclararlo, de la pequeña frase extraída de El Anti- cristo. “Si se pone el centro de gra- vedad de la vida, no en la vida, sino en el ‘más allá’ –en la nada–, retiro de la vida toda gravedad” (Nietz- sche, 1978: 43). Tenemos ahí ex- puesta la lógica que encierra gran

parte del pensamiento de Nietzsche con respecto al nihilismo. El nihi- lismo empieza con un desplaza- miento del centro de gravedad de la vida en dirección a otra esfera que no es ella misma –el resto es consecuencia–. Para decirlo de manera más precisa, el nihilismo consiste en una desvalorización metafísica de la vida, a partir de valores considerados superiores a la propia vida, con lo que la vida que- da reducida a un valor de nada, antes que estos mismos valores apa-

y sin sentido. Es el fin del optimis- mo moral, la conciencia de que con el mundo sin Dios y sin finalidad, no hay nada más para esperar, lo que intensifica los expedientes compensatorios de tranquilidad, cura, embriaguez, hedonismo. Pero, justamente, en la malicia propia de Nietzsche, cuando todo parece per- dido se hace posible una reversión:

si el pesimismo extremo puede ser indicio de un agotamiento vital, también puede ser el signo de que una potencia más amplia del espí- ritu está requiriendo nuevos valores.

amplia del espí- ritu está requiriendo nuevos valores. Padres franciscanos (el convento fue demolido), anónima, c.

Padres franciscanos (el convento fue demolido), anónima, c. 1905. Archivo Ortega Ricaurte,

© Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

rezcan, según un proceso de desva- lorización, en aquello que eran des- de el principio, “nada”, culminando con la abismal orfandad de la vida misma. Lo más interesante en la progresión que Nietzsche evoca, sin embargo, es el punto terminal, la fase más penosa, más patológica, la del nihilismo pasivo. Es el tiempo del gran cansancio, en que predo- mina la sensación de que “todo es igual, nada vale la pena” 1 . Es la re- pulsión por la existencia repetitiva

Así, el nihilismo en Nietzsche es un con- cepto equívoco, preci- samente porque es el síntoma de la decaden- cia y la aversión por la existencia y, simultá- neamente, la condi- ción para un nuevo comienzo, la expresión de un aumento de fuer- za, hasta una promesa. La posición tan parti- cular de Nietzsche con- siste en sustentar que el reconocimiento de un mundo sin sentido na-

da tiene de amenazan- te, y sólo lleva a una parálisis de querer una voluntad depauperada, ya que una vida su- perabundante, por el contrario, soporta y hasta necesita de esa eva- cuación para dar lugar a su fuerza de interpretación, aquella que no busca el sentido en las cosas, pues lo impone a ellas. Apenas una espe- cie fatigada necesita, para vivir, de creencia, de verdad, de instancias de autoridad que las legitimen y san- cionen, en vez de ser ella misma le- gisladora, instauradora, creadora.

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de ser ella misma le- gisladora, instauradora, creadora. 14 N ÓMADAS N O . 25. O

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Nietzsche detecta en esa nece- sidad de creencia y veneración un sufrimiento de la voluntad, fuente de las religiones y fanatismos. Al contrario del creyente, Nietzsche (1974: 223) hace un llamado por un espíritu que “se despide de toda creencia, de todo deseo de certeza, ejercitado, como él está, en poder mantenerse sobre leves cuerdas y posibilidades, y aunque ante abis- mos aún bailar”.

En algunos casos, el nihilismo pasivo es el del hombre extenuado por la incredulidad, no confor- me con la ausencia de un orden metafísico, y atas- cado de manera budista en el “todo es vano”. Es

ese el pathos nihilista que Nietzsche trata de disecar

y combatir, pero tam-

bién, al acompañar su inconsecuencia y reivin-

dicar la destrucción acti- va, trata de percibir en él el punto en que podría convertirse en su opuesto. Precisamente, Nietzsche (Ibíd.: 229) distingue dos tipos de destrucción: “El deseo de destrucción, cam- bio, viene a ser, puede ser

la expresión de la fuerza

repleta, llena de futuro

], [

pero puede ser también el

odio de lo malogrado, de lo des- provisto, de lo expuesto”. La des- trucción exaltada por Nietzsche no puede provenir del odio de lo ma- logrado, del veneno de lo resenti- do, del impulso reactivo de una aspiración negativista, sino que debe ser la consecuencia necesa-

ria de una voluntad afirmativa. “Los creadores son los más odia- dos: de hecho, ellos son los des-

tructores más radicales” (Nietz-

sche, 1982). En el límite, es la pre- ponderancia del Sí: Deberíamos usar esa valoración como criterio para un diagnóstico diferencial de los nihilismos en nuestra posmo-

dernidad

hilismos que dicen sí, los que dicen no, los pasivos, los activos. Se tra- ta, en todo caso, de hacer del ni-

hilismo una lectura no nihilística.

reales e imaginarias yo las quie- ro reivindicar como propiedad y producto del hombre: como su más bella apología. El hombre en cuanto poeta, pensador, dios, amor, potencia: ¡la real munifi- cencia con la cual él dotó todas las cosas para empobrecerse y sen- tirse miserable! Fue hasta enton- ces su mayor abnegación, que él haya admirado y adorado y que él haya sabido disimular que era él que había crea- do justamente aquello que él admiraba (Nietz- sche, Op. cit.).

cuáles son hoy los ni-

admiraba (Nietz- sche, Op. cit. ). cuáles son hoy los ni- Iglesia de La Capuchina, anónima,

Iglesia de La Capuchina, anónima, c. 1910. Archivo Ortega Ricaurte, © Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

Contra-movimiento

Brevemente, mostraré el modo por el cual Nietzsche se contrapo- ne al nihilismo que él diagnostica. En una lectura apresurada parecería que, recordando a los herederos de Hegel, Nietzsche se encaminara por la dirección de una reapropiación:

Toda la belleza, toda la sublimi- dad que atribuimos a las cosas

Sin embargo, una lec- tura más atenta de algunos fragmentos revela que pa- ra la superación del nihi- lismo no basta un crepúsculo de los ídolos, es decir, la su- presión de la esfera supra- sensible y la reapropiación humanista; se hace nece- saria la deconstrucción del propio hombre que pro- yectó en ellas sus necesi- dades, su debilidad, su inclinación a la reverencia, sus categorías. No basta, por lo tanto, situar al hom- bre en el lugar de Dios o devolverle los atributos divinos; el nihilista que

destruyó el mundo sin destruirse a sí mismo prolonga el antropocentrismo, la decadencia y la metafísica que piensa combatir. La muerte de Dios implica la muer- te del hombre pero, como dice Deleuze, ambas esperan todavía las fuerzas que les puedan dar el senti- do más elevado.

A partir de ahí, y grosso modo, podríamos vislumbrar las dos posi- bilidades, negativa y positiva, que

PELBART, P.: BIOPOLÍTICA Y CONTRA-NIHILISMO

NÓMADAS

las dos posi- bilidades, negativa y positiva, que P ELBART , P.: B IOPOLÍTICA Y CONTRA

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ofrece el nihilismo contemporáneo, simbolizadas por el respectivamen- te último hombre y por el más allá del hombre, conforme a lo descrito por Zaratustra. El último hombre es aquél que, después de la muerte de Dios, permanece en la reactividad, en la ausencia de sentido y valor, de deseo y creación, y que prefie- re, acorde al comentario de De- leuze, una nada de voluntad a una voluntad de nada –entregarse a la extinción pasiva–. Si, por el con- trario, el más allá del hombre con- siste en un nuevo modo de sentir, pensar, evaluar, una nueva forma de vida, y hasta otro tipo de subjeti- vidad, contrariamente a Heidegger para quien él es la realización de la metafísica de la subjetividad y su conclusión en la tecnociencia, es porque para Nietzsche, y en eso Deleuze y Foucault se encuentran completamente, la muerte de Dios significa necesariamente la muerte del hombre, pensada bajo el modo de un desafío ético y no de un even- to empírico o metafísico. Contra cualquier pathos sobre el melancó- lico agotamiento de una promesa, se trata de la apertura de un posi- ble cuyo entorno nos es completa- mente desconocido.

Es probable que la condición equívoca del posmodernismo se caracterice precisamente por la unión esquizofrénica entre esas dos tonalidades afectivas, correspon- diendo a movimientos dispara- tados, sin embargo simultáneos, donde ya no sabemos si estamos en vías de morir o de nacer, de la- mentar o celebrar. Nietzsche (1986: 45) tenía de eso la más viva conciencia: “Tengo para los sínto- mas de ascenso y declive un olfato más refinado del que jamás tuvo un hombre”. Sería el caso de pre-

16

del que jamás tuvo un hombre”. Sería el caso de pre- 16 N ÓMADAS guntar si

NÓMADAS

guntar si la lucidez que él demos- tró en lo que se refiere a la condi- ción anfibia de su trayecto no es un trazo del propio pensamiento contemporáneo, o de la misma fi- losofía como tal. ¿Sería demasia- do arriesgar la hipótesis de que la filosofía lleva hoy esa doble atri- bución, la de detectar lo que está en vías de perecer, pero hacerlo a partir de aquello que está en vías de nacer?

Deleuze y el nihilismo

Que me sea permitido, a estas alturas de esa continua libre asocia- ción teórica, hacer ver en qué me- dida los dos hilos sueltos a lo largo de este texto, la doble dirección de la vida en el contexto biopolítico,

y el doble sentido del nihilismo tal

como es postulado por Nietzsche, se entrelazan forzosamente. El nihi- lismo, más que el imperio de la nada, es el reino de la negación, la voluntad de negación dirigida con- tra la vida como un todo, con to- dos los gemidos que la acompañan, de la angustia a la ausencia, del culto de la muerte a la apología de la renuncia, de la finitud a la castra- ción –eso es lo que se trata de com- batir, desde sus figuras especulativas hasta sus concreciones históricas–.

Así, si el nihilismo equivale a la predominancia de la negación, y de la negación de la vida, ya podemos aseverar la inflexión conceptual de Deleuze en relación con Nietzsche:

el nihilismo se define, en última ins-

tancia, por la negación

ferencia. Desde Platón hasta Hegel

y Heidegger, es eso lo que está en

juego siempre, en toda la evalua- ción filosófica de Deleuze relativa

a los autores que él rechaza: la dis-

minución de la diferencia, su estran-

de la di-

gulamiento, su nivelamiento. Des-

de el punto de vista de las figuras que comandan el pensamiento y la subjetividad occidental, ya sea que

se trate de la Idea, de Dios, del Yo,

de la Razón, del Significante, del Edipo, del Estado o del Capital, estamos a la espera siempre con modalidades de decremento o ne- gación de la diferencia, con dosis mayores o menores de trascenden- cia, venganza, aplastamiento. En cuanto a la vida, muy resumida- mente, en la que pese la acusación de sus detractores, no existe para Nietzsche “la vida”, sino una

tipología vital, vida activa o reac- tiva, amorosa o vengativa, agresiva

o resentida, creadora o creyente,

evaluadora o interpretante, legisla-

dora o adaptativa, olvidadiza o me-

morial, inocente o culpada, enferma o saludable, alegre o que sufre, leve

o pesada, alta o baja. Sabemos con

qué cuidado es necesario manejar esos pares, al costo de cuántos entrelazamientos se conquista una salud, una liviandad, una inocencia.

Una transvaloración, en todo caso, sólo es posible si el elemento de lo negativo cede el paso a la afir- mación, de modo que la aprecia- ción substituya la depreciación, la actividad a la reactividad. Pero pa- ra que tal transmutación se dé, es necesario que el nihilismo se pon- ga en contra de sí mismo, que la voluntad de nada retorne contra sí, inspirando al hombre un nuevo gusto, el de destruirse activamen- te. El combate al nihilismo no pue- de darse sino a partir del nihilismo que se pretende traspasar, devol- viéndolo contra él mismo, en una especie de suicidio de la voluntad negadora. En otras palabras: el con- tra-movimiento no significa inte- rrumpir, frenar, bloquear el ascenso

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

del nihilismo –sino justamente in-

tensificarlo, agotarlo, llevarlo a su término, hacer que se complete y en su extremo, retornarlo contra sí–. El contra-nihilismo, radical- mente pensado, es el nihilismo lle-

vado a su límite suicida

Para que

todo eso no sea una abstracción, pensemos en lo que proponen en El Antiedipo, Deleuze y Félix Gua-

ttari (s.f: 191):

El capitalismo nos aproxima a

este límite esquizofrénico ( ) Al aproximarnos a este límite,

nos pone al otro lado

seo destruye efectivamente el

campo del límite, y su acción no es transgredir el límite, sino pulverizar el propio campo en

la superficie libidinal (

truir sólo puede provenir de una

liquidación todavía más líqui- da, de un crimen todavía ma- yor y de una recta de caída todavía menor, de más baile y de menos piedad. Lo que nos es

“actualización” minuciosa–. Sea como fuera, no podemos decir que nuestro presente sea insensible a esa explosividad del deseo anunciada por Deleuze y Guattari y presentida en toda parte, que acompaña la om-

nipresencia del capital y su efecto de laminación, pero también que lo amenaza por dentro o por el lado, en

la tangente imponderable

El de-

). Des-

Ya que,

si

como lo quiere Vatimo (2002: 11),

y

en eso Deleuze podría estar de

acuerdo, la consumación del nihilis-

mo reposa sobre la supremacía del valor de cambio, del equivalente general, de la indife- renciación generalizada, es preciso aseverar que en el torrente demonía- co que todo arrastra, el demonio puede sufrir una transmutación, el proceso puede ser arras- trado por una línea de escape, el impulso mor- tífero redescubrir una vi- talidad insospechable

Pienso el vitalismo de Deleuze, aprendido de Bergson, de Nietz-

sche y, de otra manera, de Spinoza, como un contra-nihilismo. Como dice Guy Lardreau, al trío negación-trascen- dencia-dialéctica, Deleuze opone afirmación-inmanencia-vida. Pero para que esa vida aparezca en su in- manencia y afirmación, es necesario que se haya despojado de todo aque- llo que pretendió representarla, hi- potecarla, volverla trascendente, contenerla, represarla, formatearla; en otras palabras, es preciso que se libere “en toda parte donde ella es prisionera”.

También Foucault nos ofrece instrumentos de análisis poderosos

¿Habrá así alguna solución, al-

) Tal

vez que –y desde el punto de vis-

guna vía revolucionaria? (

ta de una teoría y de una práctica de los flujos altamente es- quizofrénica– los flu- jos todavía no estén suficientemente des- territorializados, de- codificados. Aguan- tarse en el proceso, ir más lejos, “acelerar el proceso”, como de- cía Nietzsche: en la verdad, nosotros to- davía no vimos nada.

Si lo que el capita-

nosotros to- davía no vimos nada. Si lo que el capita- Iglesia y claustro de Santo

Iglesia y claustro de Santo Domingo (demolidos), anónima, c. 1910. Archivo Ortega Ricaurte,

© Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

necesario: que las variaciones de intensidad se vuelvan más imprevisibles, más fuertes; que en la ‘vida social’ los altibajos de la producción deseante pue- dan inscribirse sin objetivo, justificación, sin origen como en los tiempos fuertes de la vida ‘afectiva’ o ‘creadora’.

Sabemos que el Capitalismo Mundial Integrado puede mucho contra eso y mucho más de lo que en la época se creía, pero quizás, tam- bién, mucho menos –en todo caso hoy tal evaluación demandaría una

lismo decodifica con una mano, lo axio- matiza con la otra, se trata de discri- minar los flujos decodificados “tal como entran en una axiomática de clase sobre el cuerpo pleno del capi- tal, y los flujos decodificados que se liberan no sólo de esta axiomática sino también del significante despó- tico, que atraviesan el muro y el muro del muro, y se ponen a correr sobre el cuerpo pleno sin órganos” (Ibíd.:

196, 204). No se trata de combatir la desterritorialización capitalista, se trata más bien de hacer que estalle por dentro la ley del valor que cons- tituye su axiomática nihilista. Así lo describió Lyotard (1976: 129):

PELBART, P.: BIOPOLÍTICA Y CONTRA-NIHILISMO

NÓMADAS

nihilista. Así lo describió Lyotard (1976: 129): P ELBART , P.: B IOPOLÍTICA Y CONTRA -

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para un contra-nihilismo, sobre todo, cuando escoge los modos de ejercicio del poder en las diversas esferas de la existencia, no sólo la locura, la delincuencia, la sexuali- dad, sino la materialidad del cuer- po y la población, la constitución de la individualidad y los modos de subjetividad y de gobierno que ope- ran el ajuste entre lo económico y lo social. También, y especialmen- te, al convertir en su objeto la rela- ción del poder con la vida, en esa clave biopolítica, que nos permite proyectar, sobre el diagnóstico de Nietzsche, una dimensión antes in- sospechable. Para decirlo de mane- ra simplificada: ¿cómo entender que el poder tomó por asalto la vida sin interpretarlo críticamente a par- tir de un punto de vista todavía humano, demasiadamente huma- no? Como dice Ansell Pearson, en un contexto un poco distinto, todo discurso que se pregunta sobre la instrumentalización del humano a través de la tecnología, de Hei- degger a Adorno, supone una di- cotomía entre el humano y lo no humano y desemboca en la nostal- gia de una esfera humana presu- puesta como previa y autónoma, contraria a las evidencias históricas y materiales. Más aún, Pearson pos- tula que la imaginación de la mo- dernidad poco a poco deja traslucir su ingenuidad, ya que revela ser el resultado de una moralización y humanización de las fuerzas de la vida. El peligro consiste en supo- ner que el nihilismo podría ser su- perado con la reafirmación de la voluntad y de la autonomía de lo humano sobre las fuerzas heteró- nomas de la naturaleza y de la his- toria. Las teorías que critican la autonomización y trascendentali- zación del no vivo, por ejemplo, bajo forma de imágenes reestructu-

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no vivo, por ejemplo, bajo forma de imágenes reestructu- 18 N ÓMADAS radas ( Debord ),

NÓMADAS

radas (Debord), persisten en una concepción humanista y moralista, en todo caso en un maniqueísmo que vuelve diabólicas las fuerzas de la vida y de la historia y les opone una metafísica de la autenticidad, un antropocentrismo con resonan- cias hegelianas.

El desafío consiste en sondear el futuro transhumano que se anuncia en el seno del nihilismo, sin antro- pocentrismo. En pensar en los poderes de la vida y sus procesos liberados de toda teleología en cuan- to singularidades nómadas, anóni- mas y libres que atraviesan hombres, plantas y animales. El problema de las teorizaciones empieza cuando la vida desafía nuestra lógica antropo- céntrica de los medios y fines. La condición transhumana trata preci- samente de un proceso inmanente de “desregularización antropoló- gica”. Cuando Nietzsche pregunta:

¿en qué puede todavía transformarse el hombre?, él estaría hablando de un futuro que no aborta lo humano, pero lo conecta inseparablemente a lo in- humano y transhumano (Pearson, 1997). En sus palabras: “Nosotros, hijos del mañana, ¿cómo podríamos sentirnos en casa en este momento? Somos opuestos a todos los ideales que podrían llevar a alguien a sen-

tirse cómodo

tiempo de transición 2001: 281).

en este frágil y débil ”

(Nietzsche,

El nihilismo que nos asola ser- viría para minar nuestra perspecti- va antropocéntrica. En ese sentido, lamentar la pérdida del centro de gravedad es más que una futilidad, es un equívoco. De ahí el interés que tiene una concepción que nos impulsa en una dirección de indis- cernibilidad. Contrariamente al re- surgimiento de grandes narrativas

apocalípticas –inclusive por par- te de aquellos que hasta reciente- mente declaraban su agotamiento y que insisten en que cabe en la filosofía pensar el acontecimien- to del fin del acontecimiento–, cuya matriz es todavía totalmen- te antropocéntrica, lineal, racio- nal, para no decir hegeliana, Nietzsche insiste en no naturali- zar el carácter en constante cre- cimiento de nuestra evolución tecnológica y vital que es del or- den de lo contingente y de lo no lineal.

Cita

1 Con pequeñas variaciones, en Así habló Zaratustra: II, “El adivino”; III, “De los tres males”, párr. 2, y “De las antiguas y nuevas tablas”, párr. 13 y 16; IV, “El gri- to de socorro”.

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NÓMADAS

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nomadas@ucentral.edu.co • la la Nietzsche, Henry Bergson, Michel Foucault y Gilles Deleuze, entre otros. Palabras
nomadas@ucentral.edu.co •
la
la
Nietzsche, Henry Bergson, Michel Foucault y Gilles Deleuze, entre otros.
Palabras clave: pragmatismo, marxismo, filosofía de la diferencia, William James.
a
*
(2006).
**

Multiplicidad, totalidad y política*

PÁGS.: 20-29

Maurizio Lazzarato**

Traducción del francés: Gisela Daza Navarrete***

Este texto muestra cómo el marxismo, aun en sus desarrollos más contemporáneos, no forma parte de la lógica de multitud sino de la lógica de la totalidad. A través de un análisis del pragmatismo de William James, el ensayo describe

filosofía de la diferencia junto con algunas contribuciones de sus grandes exponentes europeos: Gabriel Tarde, Friedrich

Este texto mostra como o marxismo, ainda em seus desenvolvimentos mais contemporâneos, não faz parte da lógica

da multidão, senão da lógica da totalidade. Através de uma análise do pragmatismo de William James, o artigo descreve

filosofia da diferença juntamente com algumas contribuições de seus grandes expoentes europeus: Gabriel Tarde, Friedrich Nietzsche, Henry Bergson, Michel Foucault e Gilles Deleuze, entre outros. Palavras-chaves: pragmatismo, marxismo, filosofia da diferença, William James.

This text shows how the marxism, still in its more contemporary developments, does not comprise of the logic of the multitude but of the logic of the totality. Through an analysis of the pragmatism of William James, the essay describes the philosophy of the difference along with some contributions of its great European exponents: Friedrich Nietzsche, Gabriel Tarde, Henry Bergson, Michel Foucault and Gilles Deleuze, among others. Key words: pragmatism, marxism, philosophy of the difference, William James.

ORIGINAL RECIBIDO: 15-VI-2006 – ACEPTADO:15-VIII-2006

Este trabajo es producto de una investigación de largo aliento que busca redefinir la metodología de las ciencias sociales a partir de la filosofía de la diferencia y sobre todo de la teoría del acontecimiento. Ha sido patrocinado, entre otros, por la Unidad Mixta de Investigación de la Universidad de Paris 1-CNRS. Una versión de este escrito fue publicada en el libro Políticas del Acontecimiento, recientemente editado en español

Filósofo francés, investigador vinculado a la Unidad Mixta de Investigación de la Universidad de París I-CNRS, cofundador y miembro del Comité Editorial de la Revis- ta Multitudes. E-mail: mlazzarato@free.fr *** Investigadora del grupo de investigación Socialización y violencia del IESCO-UC.

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investigación Socialización y violencia del IESCO-UC. 20 N ÓMADAS N O . 25. O CTUBRE 2006.

NÓMADAS

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

Siempre me he sentido empirista, es decir, pluralista.

Gilles Deleuze

la totalidad y de la universalidad.

marxismo, debe tener profundas raíces en su teoría. El marxismo contemporáneo contribuye am- pliamente a producir otro bloqueo fundamental sobre el desarrollo de los movimientos políticos: al limi- tarse a defender lo “adquirido”, deja la gestión, la “innovación”, en manos del patronato y del Estado. Me parece que, a una política mar- xista, le hace una falta enorme una teoría de la “producción de lo nue- vo”. Los dos problemas, como lo veremos, están estrictamente imbricados y remiten a la ontología de la re- lación en el mismo Marx. Es lo que inten- taré analizar partiendo de la filosofía de la multiplicidad, que es prácticamente su con- temporánea.

¿Son las relaciones interiores o exteriores a los términos?

Gilles Deleuze y Félix Guattari, en su último libro conjunto Qu’est-ce que la philosophie? (1991), nos recuerdan que en el cambio del siglo pasado, el socialis- mo y el pragmatismo, el proletario

y el emigrante, encarnan dos mane-

ras diferentes de aprehender y de

practicar “la nueva sociedad de los hermanos y los camaradas”. Acep- taremos la pequeña provocación deleuziana de poner en un mismo plano pragmatismo y socialismo, porque nos permite enfrentarnos con la herencia hegeliana del marxismo

y con los estragos que ha provoca-

do y continúa provocando en los

movimientos políticos.

El marxismo, incluso cuando pre- tendía una crítica radical, no supo

crear las condiciones teóricas y El movimiento de Seattle abría prácticas para salir de esta lógica.

Por el contrario, con frecuencia, por no decir siempre, amplificó esta aspiración al todo y a lo uni- versal. Hay en ello un problema teórico-político fundamental, por- que estoy convencido de que una reanudación de la iniciativa polí- tica y del desarrollo de movimien- tos marxistas no podrá hacerse

la posibilidad a una política de la multiplicidad. El éxito del libro de Toni Negri y Michel Hardt, Multitude, seguramente está ligado con la direc- ción que, no sin ambigüedad, indi- caba: salir del concepto de pueblo

en tanto categoría que presupone y apunta a lo “uno”, a la vez que reivin- dica una fundación marxista de este pasaje. ¿Hay que com- prender con ello que el marxismo es una filosofía de la multi- tud? ¿Qué el concep- to de clase es una categoría de la mul- tiplicidad? Para Paolo Virno el concepto de clase es, sin duda al- guna, sinónimo de mul- titud. Para Toni Negri el concepto de multi- tud debe volver a ac- tualizar el proyecto marxiano de lucha de

clase, de manera que la “multitud es un con- cepto de clase”. No obstante, la ac- ción de fuerzas políticas y sindicales que se reclaman marxistas nos recuer- dan que las categorías de clase (como también las de capital, trabajo, etc.) son categorías ontológicas y no simplemente socioeconómicas, que funcionan y que sólo tienen sen- tido en relación con la “totalidad”. Esos conceptos implican modali- dades de acciones que privilegian siempre el todo (en contra de la multiplicidad, la universalidad en contra de la singularidad).

la universalidad en contra de la singularidad). Plazuela del barrio Egipto, anónima, c. 1910. Archivo

Plazuela del barrio Egipto, anónima, c. 1910. Archivo Ortega Ricaurte,

© Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

sobre la base de una política de la multiplicidad y de la singularidad. El referéndum sobre la Constitu- ción europea ha demostrado, una vez más, que para las fuerzas polí- ticas y sindicales de orientación

marxista, sean estas reformistas o revolucionarias, parece irresistible

el llamado a una especie de sobe-

ranía donde poder construir el “to- dos”, supuestamente, “absolutos”

y “completos” (trátese del traba-

jo, del Estado, de la nación, del su-

jeto). Esta voluntad de conducir

una singularidad hacia la totalidad

y hacia lo universal, sistemática-

mente repetida en la historia del

La tradición política occiden- tal se constituyó como política de

L AZZARATO, M.: M ULTIPLICIDAD,

TOTALIDAD Y POLÍTICA

NÓMADAS

occiden- tal se constituyó como política de L AZZARATO , M.: M ULTIPLICIDAD , TOTALIDAD Y

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La cuestión que plantea el pragmatismo parece no tener sino implicaciones filosóficas: “se trata de saber si todas las relaciones posibles de un ser con los otros están primi- tivamente encerradas en su natura- leza intrínseca y hacen parte de su esencia” (James, 1910: 76). En rea- lidad, la gran cuestión de saber si las relaciones “externas” son posibles, tiene un enorme alcance político. La teoría de la exterioridad de las rela- ciones implica que estas son am- pliamente independientes de los términos en que se efec- túan y, simultáneamen- te, que los términos pueden tener múltiples relaciones a la vez. Es decir, pueden estar al mismo tiempo en un sistema y en otro, y pueden cambiar algu- nas de sus relaciones sin cambiarlas todas. La posibilidad o la impo- sibilidad de una políti- ca de la multiplicidad (o

de la multitud) se juega según la existencia de re-

laciones externas a los términos, a la independencia de los términos y a las relaciones con la totalidad.

ga la posibilidad de las relaciones exteriores. Como en la tradición nacionalista y tradicionalista, las relaciones son aprehendidas a par- tir de la diferencia entre esencia y fenómeno. Para Marx, el indivi- duo, lo singular, lo particular, sólo es un hecho empírico, un fenóme- no. Lo que es real no es el indivi- duo empírico, es decir, el término, sino el individuo social y, con ello, las relaciones en las que el indivi- duo está inmerso. Para asir lo real hay que volver a la esencia consti-

Marx de 1899, aún inigualado por su claridad y precisión, nos hace notar que hasta aquí no hay sino lo de Hegel (Gentile, 1995). La úni- ca diferencia con la filosofía hege- liana es que las relaciones no son el hecho del pensamiento, sino de la actividad humana sensible. La uni- dad, la totalidad, la ligazón entre las cosas no es el resultado de la “praxis” de la idea, sino de la “praxis” de lo “sensible”. Siendo esta última un hacer alienado, el todo, la totalidad, lo entero, no están constituidos por el “conjunto de las rela- ciones sociales” sino por las relaciones de producción (la rela- ción capital-trabajo). Mientras que en la fi- losofía de Hegel la po- tencia de unificación de la idea es lo que “subsume” al mundo, en Marx la potencia de la relación capital- trabajo es lo que lo

unifica y lo subordina a su lógica.

trabajo es lo que lo unifica y lo subordina a su lógica. Plazuela, Cabildo y pila

Plazuela, Cabildo y pila de Las Nieves (demolidos), anónima, c. 1890. “En esta casa vivió Gonzalo Jiménez de Quesada. La plaza fue mercado público hasta 1910”. Archivo Ortega Ricaurte, © Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

tuida por el conjunto de las “rela- ciones sociales”.

El saber inmediato y empírico que se concentra en los “particula- res”, es un saber fenoménico que hace abstracción de sus enlaces, de sus relaciones. La teoría revolucio- naria, sin descuidar los particulares, debe por el contrario elevarlos hasta el “todo” en el que tienen su rela- ción. El hecho empírico, el indivi- duo, lo inmediato, son abstractos. Lo concreto es la “totalidad” de las relaciones en las que existe el indi- viduo, el hecho, lo empírico. El fi- lósofo italiano Giovanni Gentile, en un texto sobre la filosofía de

Etienne Balibar da una interpre- tación de la ontología de la rela- ción en Marx que no remite a la totalidad, sino a la indeterminación de lo “transindividual” 1 . Sin entrar en una discusión filológica, pode- mos afirmar que, de todas maneras

y seguramente, no es esta ontolo-

gía de la relación la que ha sido el

fundamento de la práctica teórica

y política de la tradición comunista.

Si se quiere encontrar el funda- mento teórico de un pensamiento que ha influido profundamente la política en el siglo que acaba de terminar, no hay que mirar hacia Gilbert Simondon, sino más bien

Esta teoría de las relaciones ex- teriores, “flotantes”, “variadas”, “flui- das”, nos hace salir del universo de la totalidad y entrar en el mundo del pluralismo y de la singularidad, don- de las conjunciones y las disyun- ciones entre las cosas son, en cada caso, contingentes, específicas, par- ticulares y no remiten a ninguna esencia, sustancia o estructura pro- funda que las funde.

La filosofía de Marx, aun sien- do una teoría de las relaciones, nie-

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de Marx, aun sien- do una teoría de las relaciones, nie- 22 N ÓMADAS N O

NÓMADAS

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hacia Georg Lukacs, Histoire et conscience de classe, quien exhibe la pretensión de traducir las expe- riencias políticas adquiridas en la revolución soviética, en apuestas teó- ricas y jugarlas contra las “antinomias del pensamiento burgués”. En ese li- bro formidable por su coherencia y afinidad con el pensamiento filosó- fico de Marx, los conceptos de “to- talidad”, de “todo”, de “entero”, vuelven como ritornelos en cada una de sus páginas. Según Lukacs, el marxismo debe asir con “claridad y pre- cisión” la diferencia entre la existencia em- pírica de los hechos y su “núcleo estructural interno”, es decir, su esencia. Desde este punto de vista, sigue muy de cerca el pen- samiento de Marx, para quien, si la esen- cia de las cosas y su existencia en tanto que fenómeno coinciden, entonces toda ciencia

es inútil. Para esta metodología las rela- ciones son internas a los términos. No hay exterioridad, no hay inde- pendencia, no hay autonomía po- sible ni de los términos, ni de las relaciones: “los elementos y los momentos particulares de la tota- lidad contienen en sí la estructura de lo entero, del todo” (Lukacs, 1960). Lo real es la relación, pero las relaciones remiten a una sustan- cia, a una esencia, a una estructu- ra. Así, las partes, los términos, los elementos, encuentran su verdad y su posibilidad de acción solamente en la relación con el todo, con lo entero, en el caso del marxismo, con relación al capital. Y aún más, como en Hegel, la realidad no es

lo que es, sino lo que deviene. La realidad es movimiento, tendencia, evolución.

Pero la aprehensión de la reali- dad como proceso, sólo permite descubrir la esencia del fenómeno al realizarla. De esta manera, los devenires, las tendencias, los pro- cesos no se abren a la indetermina- ción de la actualización de las relaciones, sino a su movimiento ininterrumpido hacia la totalidad

El punto de vista distributivo y el punto de vista colectivo

El pragmatismo es una larga y articulada creación de conceptos en contra de la manera de pensar y de actuar a partir y con vistas a la totalidad, y de remitir las relacio- nes a algo que las fundara. ¿La rea- lidad existe distributivamente o colectivamente, se pregunta James? “Puede ser que la realidad exista bajo un aspecto distri- butivo, no bajo el as- pecto de un todo sino de una serie de formas que tiene cada una su individualidad” (James, 1914: 123).

En toda su obra, James insiste sistemá- ticamente sobre la diferencia entre el punto de vista distri- butivo y el punto de vista colectivo. El pri- mero se identifica con

el pluralismo y la mul- tiplicidad; el segundo, con la lógica de la totalidad y de lo universal.

Pienso que percibimos cada vez más claramente que la existen- cia de las cosas, una a una, es independiente de la posibilidad de reunirlas todas a la vez, y que por lo menos un cierto número de hechos existen únicamente bajo la forma distributiva de un conjunto de cada unos, de cada unos en plural, que aún si son en número infinito, no necesitan, en ningún sentido inteligible, bien sea de experimentarse ellos mismos, bien sea de ser experi- mentados por otro ser en tanto

bien sea de ser experi- mentados por otro ser en tanto Patio del Convento de Santa

Patio del Convento de Santa Clara, anónima, c. 1909. Archivo Ortega Ricaurte,

© Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

(las relaciones de producción), ha- cia la realización de la esencia (la necesidad del desarrollo de la rela- ción de capital y, por ello, de la cla- se y de la revolución). El marxismo integra así otra condición de la po- lítica moderna. Para abarcar el conocimiento de lo real en su globalidad y para poder actuar a nivel de la totalidad, es necesario un sujeto universal. Todos los mar- xistas (incluso los de los años se- senta, althusserismo, operarismo, situacionismo) son fieles a esta ló- gica que, aun cuando no está ex- plícitamente tematizada, está implícita en los conceptos de tra- bajo, capital, clase, etc.

L AZZARATO, M.: M ULTIPLICIDAD,

TOTALIDAD Y POLÍTICA

NÓMADAS

en los conceptos de tra- bajo, capital, clase, etc. L AZZARATO , M.: M ULTIPLICIDAD ,

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que miembros de una totalidad (Ibíd.: 221).

La posibilidad de pensar el universo bajo la forma “cada” (“eaches, everys, anys”) y ya no sobre la forma de la “unidad co- lectiva”, la posibilidad de una

doctrina que admite la posibilidad

y el pluralismo “significa simple-

mente que las diversas partes de la realidad pueden mantener rela- ciones exteriores” (James, 1910:

30). Las relaciones son así libres de todo fundamento, de toda sus- tancia, de toda atribución esen- cial, y los términos pueden ser independientes de las relaciones. Las cosas se relacionan las unas con las otras de mil maneras, pero no hay una relación que las en- cierre a todas, no hay un ser que contenga a todos los otros. Cada relación sólo expresa uno de sus aspectos, de las características, de las funciones de una cosa.

A propósito de esto, Deleuze hablará de “una esencia opera- toria”, para distinguirla del concep- to clásico de esencia, como aquello

que se “desprende de una cosa al final de un cierto tipo de operación”

y que hace surgir así una diferen-

cia. Sin perder su identidad, “una cosa puede adjuntarse a otra o de- jarla ir”, puede entrar en una com- posición, en una unidad, sin estar por ello completamente determina- da por esa unidad, por esa compo- sición. Antes de ser una forma de organización política, el federa- lismo es una modalidad de organi- zación del universo. En el universo pluralista, este expresa la imposi- bilidad de totalizar las singularida- des en una unidad absoluta y completa, puesto que siempre hay algo que queda “por fuera”.

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puesto que siempre hay algo que queda “por fuera”. 24 N ÓMADAS Así el mundo del

NÓMADAS

Así el mundo del pluralismo se parece más a una república fe- deral que a un imperio o un rei- no. Cualquier porción enorme que sea llevada a la unidad, que sea llevada hacia cualquier cen- tro real de conciencia o de ac- ción donde ésta se constate presente, hay otra cosa que que- da autónoma, que se constata como ausente del centro en cues- tión, y que no se reduce a esta unidad (Ibíd.: 310).

La existencia de relaciones ex- ternas, variadas, flotantes, hace po- sible la creación. En la forma “todo”, las partes están esencialmente im- plicadas y su continuidad y cohesión está asegurada por la totalidad. En la forma “cada”, hay discontinui- dades y disyunciones reales y, en consecuencia, “siempre hay algo que escapa”, dice James. Y es eso que se escapa lo que hace el movimiento, lo que crea, lo que innova.

La existencia bajo una forma individual hace posible para una cosa estar ligada, por cosas intermediarias, a otra, con la cual no tiene relaciones inmediatas o esenciales. Así, entre las cosas siempre son posibles numerosas relaciones que no están necesa- riamente realizadas en un mo- mento dado (Ibíd.: 313).

En la teoría de las relaciones exteriores no hay esencia, no hay sustancia. Detrás de los fenómenos “no hay nada”, dirá James. De esta manera, las relaciones remiten a la indeterminación de lo virtual, a la “posibilidad de la novedad” y no a la realización de la esencia. El pragmatismo cree en una “reserva de posibilidades extrañas a nuestra experiencia actual”.

En el marxismo no hay la posi- bilidad de creaciones absolutas, in- tempestivas, imprevisibles, porque ya están dadas o implícitas en la es- tructura, o se desprenden de la esen- cia. El marxismo no puede tener una teoría de la “producción de lo nuevo”, pues su ontología encierra la posibilidad de la novedad (y de los sujetos) en una relación pre- constituida (en realidad, el capital y el trabajo detentan el monopolio de la invención y de los procesos de subjetivación).

La unión y la desunión de las cosas

La ontología pluralista supone una nueva manera de aprehender la política, por cuanto describe las modalidades con las cuales se com- ponen y se descomponen las singu- laridades, se unen y se separan, y remite a lógicas que, en el lenguaje de Deleuze y Guattari, podemos llamar mayoritarias y minoritarias. El pluralismo no niega el proceso de unificación y de composición, pero al reconocer que las vías por las que se realiza la continuidad de las cosas son innumerables y cada vez contingentes, plantea las si- guientes preguntas: “El mundo es uno: ¿pero de qué manera es uno? ¿Qué tipo de unidad posee? Y ¿qué valor práctico tiene para nosotros su unidad?” (James, 1917: 128).

Para William James, el proble- ma de la unidad y de la diversidad no puede resolverse con una ar- gumentación a priori. El mundo tendrá justo tantas unidades y diversidades como podamos cons- tatar. El empirismo formula el mundo en proposiciones hipotéti- cas; el racionalismo (y el marxis-

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

mo con él), en proposiciones ca- tegóricas. Del mismo modo que hay una multiplicidad de relaciones, hay también una multiplicidad de mo- dalidades de unificación, diferentes grados de unidad, maneras hete- rogéneas de ser “uno” y una multi- plicidad de maneras de realizarlas. Podemos tener “una unidad que se detiene delante de elementos ‘no- conductores’; una unidad que simplemente se hace poco a poco en cambio de hacerse de un solo golpe, en bloque: una unidad que, en muchos casos, se reduce a una simple pro- ximidad exterior; una uni- dad, en fin, que no es más que un encadenamiento” (Ibíd.: 144).

Cotidianamente la humanidad opera proce- sos de unificación, pero cada vez son contingen- tes, empíricos, parciales.

Nosotros mismos cons- tantemente creamos nue- vas conexiones entre las cosas, al organizar grupos de trabajadores, al esta- blecer sistemas postales, consulares, comerciales, redes de caminos férreos, de telégrafos, de uniones coloniales y de otras or- ganizaciones que nos ligan y nos unen a las cosas por una red cuya amplitud se extiende en la me- dida en que sus mallas se estre- chan (James, 1914: 159).

La unificación se hace a partir de la forma red y los “sistemas” constituyen un “número incalcu- lable de redes”, que se superponen los unos sobre los otros. El “modo

de unión” descrito por James es muy diferente al de la “unión per- fecta”, “absoluta”, que implica la “forma todo”.

En el universo de la multiplici- dad, las diferentes maneras de ser “uno”, llevan en sí una multiplici- dad de modalidades, a través de las cuales se practican esas unificacio-

zos y que implica tiempo– de la “unión absoluta” que se hace ins- tantáneamente por “convergencia universal”, por fusión o por subsun- ción, para hablar el lenguaje hege- liano-marxista. El conocimiento, siendo para James una de las partes más dinámicas de la realidad, no tie- ne su validez en su facultad de abar- car el todo, lo universal (ver la pretensión de los mar- xismos de proclamarse “ciencias”), sino en su ca- pacidad de dirigirnos y mostrarnos una “inmen- sa red de relaciones” con miras a la producción de algo nuevo y singular. El conocimiento tiene tam- bién un modo de constitu- ción pluralista, distributiva y temporal.

“Esteconocimiento‘en-

cadenado’ (concatenated), que va de poco en poco, difiere por completo del conocimiento ‘masivo’ (consolidated) que supone- mos sea el de un espíritu absoluto” (James, 1914:

159). El universo pluralis- ta se constituye por el “en- cadenamiento continuo” de las cosas y por “cono- cimiento encadenado” de los conceptos. Así, las re- des establecen cohesiones, “confluencias parciales”, por medio de la conexión lineal entre pedazos, partes y cabos del universo. Las par- tes componentes están ligadas entre sí por relaciones cada vez particula- res, específicas.

Por las diversas partes del uni- verso resultan innumerables pequeños agrupamientos que entran en agrupamientos más

pequeños agrupamientos que entran en agrupamientos más Plaza e iglesia de Las Aguas, anónima, c. 1930.

Plaza e iglesia de Las Aguas, anónima, c. 1930. © Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

nes. ¿Cómo se mantienen unidas las cosas, cómo hacen cohesión las re- des, cómo se construye el mundo? “Las cosas pueden tener consisten- cia, ser coherentes, de muchas ma- neras diferentes” (James, 1910: 71). Entre las “innumerables especies de enlaces”, James distingue la “unión por encadenamiento ininterrumpi- do” –que se despliega poco a poco, que se construye por piezas y peda-

L AZZARATO,

M.: M ULTIPLICIDAD,

TOTALIDAD Y POLÍTICA

NÓMADAS

poco a poco, que se construye por piezas y peda- L AZZARATO , M.: M ULTIPLICIDAD

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vastos, y son tantos pequeños mundos (…). Cada sistema repre- senta tal tipo o tal grado de uni- dad, sus partes componentes están ligadas entre sí según tal o cual relación de especie parti- cular; y una misma parte puede figurar en numerosos sistemas diferentes (James, 1917: 132).

No es, por tanto, imposible imaginar mundos que se opondrían entre ellos a partir de diferentes mo- dalidades de conexión, de formas heterogéneas de mantener juntos los elementos. “Así el mundo es ‘uno’ en la exacta medida en que la experiencia nos muestra un en- cadenamiento de fenómenos ‘uno’ con relación a las ligazones defini- das que nos aparecen y solamente con relación a ellas. Y entonces, en la medida en que se encuentran disyunciones definidas, el mundo no es uno” (Ibíd.: 143). Estudiar las “diversas suertes de unidades par- ticulares que el universo envuelve” significa también afirmar, que “más de una nos ha parecido coexistir con ciertas suertes de multiplicida- des suponiendo una separación que no sería menos real” (James, 1917:

155). En lugar de tener un “univer- so-bloque”, con sus términos y sus relaciones implicados los unos con relación a las otras, y todos con re- lación a la totalidad, tenemos un “universo-mosáico”, un universo- patchwork, un universo-archipiélago, es decir, un “universo incompleta- mente sistematizado”, un mundo “parcialmente alógico o irracional”, en el que hay una multiplicidad po- sible y contingente de conjunciones y de disyunciones, de unificaciones y de separaciones.

Jean Wahl ha reunido algunos de los términos con los que James

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ha reunido algunos de los términos con los que James 26 N ÓMADAS define el universo

NÓMADAS

define el universo pluralista: “arbi- trario, caótico, discontinuo, hormi- gueante, embrollado, cenagoso, penoso, fragmentario, en pedazos” (Wahl, 2004). Tenemos entonces un universo inconcluso, inacabable

e incompleto donde la realidad y

el conocimiento se hacen poco a poco, por adición, por colección de partes y de pedazos. Un universo en el que la composición debe se- guir la cartografía de las singulari- dades, de los pequeños mundos, de los diferentes grados de unidad que lo animan.

Un mundo aditivo donde el to- tal no está nunca hecho y que “crece aquí y allá”, gracias a la contribu- ción salpicada de singularidades heterogéneas y no a la acción del sujeto universal. En este mundo de

lo incompleto, de lo posible, donde

la novedad y el conocimiento se producen por manchas, por lugares, por placas, los individuos y las sin- gularidades pueden realmente actuar (y no sólo los sujetos colectivos o universales) y conocer 2 .

Ahora podemos responder a la pregunta pragmática: ¿“Qué conse- cuencias prácticas conlleva la idea

de unidad”, según se la tome en su concepción absolutista o pluralista? Las modalidades de unificación “ab- solutas y completas” y las modali- dades de composición pluralistas remiten a las lógicas mayoritaria y minoritaria, por las cuales Deleuze

y Guattari definen la política en las

sociedades modernas.

El marxismo como política de la totalidad

El pragmatismo nos permite comprender como la ontología

de la relación en Marx está aún profundamente ligada a la filosofía idealista del siglo XIX, y asir, en consecuencia, los lí- mites ontológicos de la política marxista.

El marxismo está en la impo- sibilidad de pensar las relaciones que son puras exterioridades. Re- laciones sin fundamento en la to- talidad de la relación del capital. Por el contrario, las modalidades de acción y los conocimientos de los movimientos que se desarro- llaron después de la Segunda Gue- rra Mundial, expresan relaciones que no se deducen de los térmi- nos ni de los términos que pue- den ser independientes de las relaciones. Al practicar y aspirar a una política de la multiplicidad, estos movimientos encuentran en los marxismos unos aliados más que ambiguos.

Tomemos el ejemplo de los movimientos de mujeres (pero hubiésemos podido tomar cual- quier otra minoría, cualesquiera otras piezas o pedazos del univer- so-mosaico, para hablar como James). El marxismo está siempre en gran dificultad frente a la ex- presión de movimientos que no remiten directamente o exclusi- vamente a la relación de clase. No puede pensarlos en su autono- mía e independencia, no puede pensarlos como “novedad radical” porque, según el método mar- xiano, su verdad no es inmanen- te a los movimientos mismos, no se mide con las posibilidades de vida que esas luchas abren, sino con la relación capital-trabajo. Esos movimientos sólo represen- tan fenómenos en los que la esencia está en la “relación de las

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relaciones”. Como en el raciona- lismo, en el marxismo finalmente hay “sólo una cosa”. El mundo es “uno” a priori, o debe serlo. En efecto, el marxismo pensará de diferentes maneras los movi- mientos de mujeres, pero todas remiten a la esencia. Estos son aprehendidos como movimiento por el “salario al trabajo domésti- co”, como “división sexual de la organización del trabajo” en la fá- brica o en la sociedad, o como “devenir mujer del trabajo”. El marxismo no ve en el mundo dis- tributivo, en la diseminación, en la fragmentación de “piezas y pe- dazos” por los que se hace la pro- ducción y el conocimiento del universo, sino una dispersión, sim- ples disyunciones, una multiplici- dad sin conexión. La imposibilidad de relaciones exteriores, de una novedad absoluta, de una apre- hensión del universo como mul- tiplicidad, conducirá a que el concepto de clase compita con la soberanía política burguesa en el mismo terreno de la unificación “absoluta y completa”, al operar una depuración, incluso física de todo lo que escapa. La clase, al igual que toda totalidad, no pue- de nunca, en un universo-mosaico, implicarlo todo. “Cualquiera sea la enorme porción de elementos que ella pueda llevar a la unidad”, siempre hay algo que queda por fuera, independiente y autónomo, para lo cual el socialismo fue y si- gue siendo una pesadilla. Presupo- niendo que el mundo del capital es “uno” (o lo que es lo mismo, dividido en dos), el marxismo ha contribuido potentemente a cons- truir su unidad “absoluta y com- pleta”, y ha hecho pagar un alto precio a todo aquello que se sus- trae o que se desborda.

El pragmatismo y el capitalismo

No es necesario mostrar la fi- liación pragmática del pensamien- to de Gilles Deleuze, puesto que él mismo la ha reivindicado. Pero es Michel Foucault, quien nunca se ha reclamado de esta tradición, quien mejor la ha actualizado en el análisis del hecho político y en la reconstrucción de la genealogía de los saberes. En ¿Qué es la filoso- fía?, Gilles Deleuze y Felix Guattari afirman que el mercado es el único verdadero universal del capi- talismo. Foucault agrega una con- sideración fundamental a esta constatación al demostrar, en sus últimos cursos publicados, que este universal, como todo univer- sal, es una construcción pragmáti- ca 3 . La relación capital-trabajo no tiene la espontaneidad dinámica que el marxismo le presta. Por el contrario, esta relación es el resul- tado de una estrategia que, para hacerla existir, utiliza una multi- plicidad de dispositivos de poder.

El principio totalizante del marxismo, Foucault lo sustituye con la proliferación de dispositi- vos que constituyen otras tantas composiciones, otros tantos siste- mas de consistencia, de grados de unidad cada vez contingentes. Esos dispositivos son múltiples y dife- rentes, porque están caracterizados por modalidades de relación más o menos “flojas”. La manera de ser “uno”, la manera de garantizar la cohesión de las partes, de asegurar la continuidad y discontinuidad de los pedazos, de suponer la autono- mía y la independencia de los ele- mentos, no es la misma en los dispositivos de seguridad y en los dispositivos disciplinarios, en los

L AZZARATO, M.: M ULTIPLICIDAD,

TOTALIDAD Y POLÍTICA

dispositivos políticos y en los dis- positivos económicos.

Y los sujetos de derecho no son los mismos que los sujetos econó-

micos y, estos últimos, se distinguen,

a su vez, de los sujetos “sociales”.

Según Foucault, la centralidad de la relación capital-trabajo debe buscarse en el hecho de que ella ha

revelado ser la más pragmáticamen- te eficaz para controlar y apropiarse de la exterioridad de las relaciones

y su potencia de producción de lo

nuevo. Al capitalismo, en tanto que estrategia de construcción de los universales, se le puede perfec- tamente aplicar este señalamiento de James: “habla de lo que llama la unidad de las cosas, y entre tanto no deja de pensar en la posibilidad de su unidad empírica” (James, 1917: 252).

La reconstrucción de los uni- versales, la crítica de la relación del capital como relación de relacio- nes, está argumentada y practicada desde un punto de vista que coin- cide perfectamente con el método pragmático: las diversas maneras de ser “uno” necesitan, para su “verifi- cación precisa, otros tantos progra- mas distintos en el trabajo científico” (Ibíd.: 143). Es esta metodología la que Deleuze reconoce en el trabajo de Foucault, y es en este sentido que define su filosofía como “pragmáti- ca y pluralista”.

El uno, el todo, el objeto y el su- jeto, no son universales, sino pro- cesos singulares de unificación, de totalización, de verificación, de objetivación, de subjeti- vación, inmanentes a tal disposi- tivo. También, cada dispositivo es una multiplicidad en la que operan tales procesos en devenir,

NÓMADAS

disposi- tivo. También, cada dispositivo es una multiplicidad en la que operan tales procesos en devenir,

27

distintos de los que operan en otro (Deleuze, 2003: 320).

Filosofía del siglo XVII y del siglo XIX

Para terminar, quisiera volver

sobre la importancia de la renova-

ción de la ontología que se produ- ce en Occidente, entre la Comuna de París y la Primera Guerra Mun- dial, a través del pragmatismo en los Estados Unidos y del trabajo de Nietzsche, Tarde y Bergson, entre otros, en Europa.

Deleuze, en sus cursos sobre Spinoza, señala una diferencia fun-

las relaciones, sólo afecta a los tér- minos, mientras que las relaciones que caracterizan una singularidad,

incluso si ya no están efectuadas, son eternas. No obstante, las relaciones necesitan todavía un fundamento,

una sustancia, una esencia. En

Spinoza, estas deben “sobrepasarse

hacia alguna cosa que es”. Es necesa-

rio que las relaciones sean interiores

a alguna cosa. La filosofía del siglo

XVII no puede pensar relaciones que

sean puras exterioridades, “puras re- laciones”. Estas últimas no pueden ser pensadas solas. Se requiere un ser más profundo que las rela- ciones, un fundamento para todas las compo- siciones y relaciones, nos dice Deleuze.

La teoría pluralista del conoci- miento de James encuentra una continuación sorprendente en la genealogía foucaultiana de los saberes locales, menores, situados, discontinuos. Mientras que la tra- dición marxista desafía la ciencia en su propio terreno, Foucault propo- ne hacer jugar esos saberes contra la “instancia unitaria”, los “efectos

de poder centralizadores”, que pue- den estar ligados a la institución, pero también a un “aparato político, como en el caso del marxismo” (Foucault, 1997). Y fi- nalmente, la cosa qui- zás más importante. Esta ontología pragma- tista al designar otras relaciones posibles en- tre las cosas, distintas a las de las partes y el todo, puede ser de gran utilidad para des- cribir las modalidades del “estar junto” y del

“estar contra” que los movimientos post-so- cialistas están experimentando actualmente 4 .

post-so- cialistas están experimentando actualmente 4 . Iglesia de Las Cruces, anónima, c. 1910. Archivo Ortega

Iglesia de Las Cruces, anónima, c. 1910. Archivo Ortega Ricaurte,

© Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

damental entre la filosofía del siglo

XVII y aquella de los autores que

acabamos de mencionar. Para De- leuze, la filosofía del siglo XVII es también una filosofía de las relacio- nes, en la que ellas son ampliamen- te independientes de los términos. En la filosofía de Spinoza, por ejem- plo, los términos efectúan las rela- ciones, pero estas últimas no se reducen a los primeros. Las relacio- nes siguen siendo actuales aun si no se efectúan. La teoría de la eterni- dad de Spinoza está precisamente fundada en la independencia de las relaciones con relación a los térmi- nos. En efecto, la muerte no impide

La filosofía del siglo XIX, por el contrario, ya no necesita ese fun- damento último, pues- to que las relaciones remiten al aconteci- miento. En la filosofía del acontecimiento, la esencia es el accidente,

es lo que acontece, continúa diciendo De- leuze. Lo que ocurre es que, a finales del siglo XIX, el problema cambió. Lo importante, lo remarcable, ya no

son las condiciones bajo las cuales po- demos alcanzar lo eterno o lo uni- versal, sino las condiciones bajo las cuales hay “producción de lo nuevo” (Tarde, Bergson) o la “posibilidad de la novedad” (James). Hay aquí un giro fundamental que fue completa- mente borrado por el acontecimien- to de la lógica de guerra, como lo he subrayado en otra parte, y que sólo ha sido redescubierto y reactualiza- do por la filosofía de la diferencia y, especialmente, por Deleuze en los

años sesenta.

Un movimiento, como todo elemento, puede participar en va- rios sistemas a la vez, tener varias relaciones, experimentar funciones diferentes; estar al mismo tiempo, por ejemplo, al interior y al exte- rior de la relación de capital, estar adentro y afuera. Esto conllevará estrategias políticas que se mantie- nen por completo opacas para las formas políticas y sindicales, preci- samente porque esta últimas consi- deran “la unidad de las cosas como siendo superior a su multiplicidad”.

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de las cosas como siendo superior a su multiplicidad”. 28 N ÓMADAS N O . 25.

NÓMADAS

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Histoire et conscience de classe es escrito por Lukacs como si este renacimiento del concepto de mul- tiplicidad, con todas las notables novedades que introduce en rela- ción con el siglo XVII, simplemen- te no hubiese tenido lugar. El marxismo fue así sumergido en ple- no siglo XIX, de donde no ha sali- do aún. Todavía estamos pagando caramente los costos, porque los marxistas actúan desde el interior de los movimientos y de las insti- tuciones con miras a la construc- ción de la “totalidad” y de los universales, de los que la gestión del referéndum sobre la Constitución Europea es el último ejemplo.

Citas

1 La interpretación del concepto “trans- individual”, tanto en Balibar como en Virno es más que sorprendente. A partir de textos de Simondon, parece imposi- ble interpretar los conceptos de “pre-in- dividual” y de “trans-individual” como lenguaje, relaciones de producción, rela- ciones sociales. En los dos casos se trata de “potenciales”, de “reservas del ser”, de “equilibrios meta-estables” que per- miten la individuación tanto biológica como social. Confundir el potencial “no estructurado” (que no es ni social ni “vi- tal”) con la estructuración del lenguaje, de las relaciones sociales, de las relacio- nes de producción, me parece una inter- pretación bastante problemática.

2 Esta descripción de la constitución ontológica coincide con la constitución de lo social en Gabriel Tarde.

3 Me permito remitir a mi reseña de los dos seminarios de Foucault, publicada en el número 21 de la revista Multitudes

(2005).

4 Me permito remitir a mi libro, Les révolutions du capitalisme (2004), donde esbozo una cartografía de esas nuevas di- námicas. Pero en este campo, todo está por hacer.

Bibliografía

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L AZZARATO,

M.: M ULTIPLICIDAD,

TOTALIDAD Y POLÍTICA

NÓMADAS

, París, Les empêcheurs de penser en rond. L AZZARATO , M.: M ULTIPLICIDAD , TOTALIDAD

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¿Se puede pensar la violencia?

Notas sobre Badiou y la posibilidad de la política (marxista)

PÁGS.: 30-43

nomadas@ucentral.edu.co •

Alberto Toscano*

Traducción del inglés: Diógenes Carvajal**, Mónica Zuleta Pardo***

Este ensayo analiza el pensamiento sobre la violencia en la trayectoria teórica y política del filósofo francés Alain Badiou. Argumenta que, de acuerdo con las transformaciones de la problematización de la violencia, es posible alcanzar una comprensión de la racionalidad profunda que acompaña los giros de la postura de Badiou. El ensayo traza el pasaje desde un pensamiento de la subjetividad propio de los escritos violentamente dialécticos (y dialécticamente violentos) del autor de los años setenta, hacia la reflexión metapolítica sobre los acontecimientos, las verdades y la subjetivación que identifica su trabajo más reciente. Palabras clave: marxismo, posmarxismo, subjetivación, violencia, Badiou.

Este artigo analisa o pensamento sobre a violência na trajetória teorética y política do filósofo francês Alain Badiou. Argumenta que, seguindo as transformações da problematização da violência, é possível alcançar uma compreensão da racionalidade profunda que acompanha os pontos de vista da postura de Badiou. O artigo traça a passagem desde um pensamento da subjetividade entendida como falta e destruição própria dos escritos violentamente dialéticos (e dialeticamente violentos) do autor dos anos setenta, em rumo à reflexão metapolítica sobre os acontecimentos, as verdades e a subjetivação que identifica seu trabalho mais recente. Palavras-chaves: marxismo, pós-marxismo, subjetivação, violência, Badiou.

This essay investigates the thinking of violence in the theoretical and political trajectory of the French philosopher Alain Badiou. It argues that, by following the transformations in the problematisation of violence in Badiou’s thought, we can gain an understanding of the deeper rationale behind the shifts in Badiou’s position. The essay briefly traces the passage from a thinking of subjectivity in Badiou’s violently dialectical (and dialectically violent) writings of the 1970s, to the metapolitical reflection on events, truths and subjectivation which marks his more recent work. Key words: marxism, postmarxism, subjetivation, violence, Badiou.

16-VI-2006 – ACEPTADO:

15-VIII-2006

ORIGINAL RECIBIDO:

Profesor e Investigador del Departamento de Sociología, Goldsmiths College, Univer- sidad de Londres. E-mail: a.toscano@gold.ac.uk Investigador, Universidad de Los Andes.

*** Coordinadora de la Maestría en Investigación en Problemas Sociales Contemporáneos y del grupo de Investigación Socialización y Violencia del IESCO-UC.

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Investigación Socialización y Violencia del IESCO-UC. 30 N ÓMADAS N O . 25. O CTUBRE 2006.

NÓMADAS

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

Los últimos años han ates- tiguado un creciente interés inter- nacional, dentro y fuera de la

academia, por las teorías filosóficas

y las posiciones políticas del pen-

sador francés Alain Badiou. Sin ig- norar el valor de su pensamiento –un aspecto del que se ocupará este

breve ensayo 1 – es importante pre- guntar por qué, recientemente, una figura como él ha alcanzado tanta audiencia intelectual.

sa fue socavado por la presión de los sucesos actuales y por la demanda de una filosofía digna de nuestro tiempo. Justamente, el aparato filo- sófico de Badiou se podría entender como una manera de combinar las demandas afirmativas del compro- miso (político y extra-político) con el desafío profundo propio de los deseos consensuales actuales, con respecto a cómo habitar en una era posmetafísica. La particularidad de su pensamiento, que se manifiesta en sus motivaciones exquisitamen- te militantes y políticas, estriba en-

xista (especialmente si consideramos que esta posición está encapsulada en el trabajo de Ernesto Laclau y de Chantal Mouffe) 3 . Más aún, repu- dia el aparato de-constructivo posmetafísico que está en la base de la crítica posmarxista al “esencia- lismo” marxista, y lo sobrepasa a través de una ontología anti-esen- cialista que, en un sentido, es mucho

más radical que el “giro lingüístico” posmarxista y que, a diferencia de éste, ha tenido éxito en la reformu- lación, racional y absoluta, de una categoría de la verdad (entendida como producción de y por un sujeto como consecuencia de un acontecimiento radi- cal y extra-ontológico). Igualmente, rechaza del posmarxismo su renun- cia a la demanda in- flexible (o axiomática) por la práctica y la lu- cha por la igualdad (o la no-dominación), asunto éste que, según él, es propio del carác- ter eterno de las hipó-

Para comenzar, podríamos decir que el entusiasmo generado por su trabajo especulativo, principalmente con su libro Being and Event ([1988]; 2006a), es proporcional al au- mento de la fatiga y de

la desilusión provoca-

das por aquellos pro-

gramas filosóficos que alcanzaron su apogeo en los medios y en la academia a finales de la década de los se- tenta, en los ochenta

y en los noventa, –esos

de los se- tenta, en los ochenta y en los noventa, –esos pseudo-movimientos Demolido en 1947.

pseudo-movimientos Demolido en 1947. Fotografía anónima, c. 1920. Archivo Ortega Ricaurte © Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

americanizados cono- cidos como posmodernismo, de- construcción, posestructuralismo, etcétera 2 –.

tesis comunistas.

tonces, por un lado, en que ofrece sistematicidad sin caer en el dogma- tismo ni en las aporías acostumbra- das del pensamiento totalizador (especialmente el de la variedad hegeliana). Por otro lado, en que acepta la multiplicidad radical (de situaciones, sujetos, ser) sin asumir la postura pluralista, escéptica o relativista tan común a las tres dé- cadas pasadas del filosofar. En este sentido, si bien es cierto que Badiou articula una separación inmanente de los dogmas del marxismo filosó- fico con miras a mantener su núcleo emancipatorio (comunista), ello no puede asimilarse al discurso posmar-

En virtud de lo anterior, el uso de la violencia es emblemático. Badiou evita cualquier crítica libe- ral o legalista sobre el vínculo en- tre marxismo y violencia, la cual, de forma más o menos encubierta, sustenta al posmarxismo y su depen- dencia de la crítica democrática al totalitarismo (especialmente en los trabajos de Claude Lefort). Por el contrario, intenta pensar la violen- cia no en términos de un exceso “malvado”, realizado por un sujeto político, sino como una debilidad potencial del sujeto de la política, un signo de que su constitución no es suficientemente autónoma, de

La idea de un “pensamiento fuerte” que rearticule las preocupa- ciones inmemoriales de la filosofía –verdad, justicia, ser– dentro de un pensamiento sistemático tan sensi- ble a las formas más contemporáneas de pensamiento y de práctica extra-

filosófica (en matemáticas, militan- cia política, creación artística, y

psicoanálisis

se atractiva en la medida en que el consenso poshistórico que caracte- rizó a la mayoría de la teoría france-

),

solo podía volver-

TOSCANO, A.: ¿SE PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA? NOTAS SOBRE BADIOU Y LA POSIBILIDAD DE LA POLÍTICA (MARXISTA)

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, A.: ¿S E PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA ? N OTAS SOBRE B ADIOU Y LA

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que sólo puede dar testimonio de su propia existencia mediante la destrucción de su lugar (social). Exploremos ahora con mayor pro- fundidad y de modo más cercano a los textos, el papel de la violencia en el desplegar de su pensamiento.

El texto en el que Badiou pro- pone –en cercanía putativa a su propia secuencia de militancia po- lítica maoísta o marxista-leninista– la “destrucción” y la “recomposi- ción” de la política marxista, se titula Can Politics Be Thought? (Ba- diou, 1985). En el principio de su libro, en una polémica amigable pero firme con los promotores de los seminarios en los que se basó el libro –Jean-Luc Nancy y Philippe Lacoue-Labarthe (quienes lo ha- bían invitado a presentar su traba- jo en el Centre d’Etude Philosophique du Politique en 1983-84)–, al inter- venir en la controversia léxica que ha tomado diferentes formas en variados escenarios político-filosó- ficos, señala de manera inflexible que su preocupación es con la polí- tica (la politique) y no con lo político (le politique). El estatus de lo políti- co, plantea, debe ser establecido como ficción: la ficción del vínculo entre el lazo social y su medida (o medición). En otras palabras, lo político es algo como una ilusión trascendental de lo relacional, de los lazos comunales y de una auto- ridad soberana sobre lo social. De modo que la fama breve que resta antes de la “retirada de lo político” (Lacoue y Nancy, 1997), en lugar de constituirse en ocasión para la melancolía sin fin sobre la esencia desvanecida o el lugar vacío de lo político, debe convertirse en la oportunidad para recuperar la fuer- za independiente y la determina- ción de un pensamiento de la política,

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la determina- ción de un pensamiento de la política , 32 N ÓMADAS que él ubica

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que él ubica entre Maquiavelo y Lenin, y cuya captura filosófica pro- pone organizar con los recursos le- gados por los que él llama “los cuatro grandes dialécticos france- ses”: Pascal, Rousseau, Mallarmé y Lacan (Badiou, 1985) 4 . Sin entrar en la naturaleza del proyecto filo- sófico y metapolítico iniciado por Can Politics Be Thought? 5 , podemos notar que la crítica de Badiou a sus posturas iniciales –a su “posleninis- mo”, para seguir su propio análisis, o a su “posmaoísmo”, para recor- dar el impresionante estudio de Bru- no Bosteels (2005b)– declara la autonomía o la separación de la polí- tica de lo político. Como él lo dice:

Lo político nunca ha sido nada más que esa ficción aguijoneada por la política como el agujero del aconte- cimiento” (Badiou, 1985: 12).

¿Por qué centrarse en el tema de la violencia en Badiou? Mis mo- tivos son dobles. Primero, deseo hacer mi propia investigación acer- ca de la relación retorcida de Badiou con el marxismo, que re- suena en los debates propiciados por el reciente trabajo de Étienne Balibar sobre las coordenadas y aporías histórico-materialistas in- herentes a la noción de Gewalt (2001) 6 . De hecho, como sugeriré en mi conclusión, pensar en térmi- nos de Gewalt, en lugar de simple violencia, puede abrir la posibilidad de complejizar considerablemente tanto la relación de Badiou con el marxismo, como su propuesta de una autonomía de la política. Se- gundo, considero que es sólo a través de la crítica a la amplia ex- periencia política de lucha leninis- ta, organización, conflicto y poder (de estado) que el asunto de la vio- lencia juega un papel clave en varios intentos, progresivos y re-

gresivos, para evaluar la vitalidad

y la posibilidad de una política

marxista.

Quizá se requiere una tercera y última observación con referencia al papel de dichas reflexiones dentro del contexto de la actual recepción de los escritos de Badiou. La aten- ción a su pensamiento político en el escenario anglófono (donde su acciones y opiniones políticas tempranas sólo recientemente han alcanzado el nivel de rumor sinies- tro) comenzó, en particular, por el trabajo pionero de Peter Hallward que se centró en el igualitarismo “axiomático” sui generis no compro- metido y, por así decirlo, en el “decisionismo” aparentemente ma- nifiesto de sus trabajos “maduros” – con especial atención a la novedad de un tratamiento no social o anti-

social de la innovación política y de

la acción e innovación política–.

Investigaciones posteriores so- bre el alcance total de su trabajo han conducido a una consideración más sustancial de su relación con el marxismo y, por supuesto, con

el maoísmo. Esto ha permitido una

posición más “continuacionista”, persuasivamente promovida por Bruno Bosteels en diversos artícu- los que se basan en el posmaoísmo de Badiou y que desentierran sus impresiones en torno a la revolución cultural y los textos militantes y teó- ricos escritos mientras era uno de los líderes del pequeño grupo maoísta francés, el UCFML (Groupe pour la Formation d’une Union des Commu- nistes de France, Marxiste-leniniste) 7 . He tratado de contribuir a este de- bate con un par de artículos y pre- sentaciones, la principal de las cuales se titula “Communism as Separa- tion” (2004). En dicho texto que

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era convincente (desde mi mirada inevitablemente sesgada), aunque fue criticado por Bosteels al plan- tear una especie de “rompimiento metapolítico” alrededor de 1985 (el año de publicación de Can Politics Be Thought?), propuse una clase de periodización del pensamiento de Badiou según su relación con el comunismo. Badiou mismo es, en- tre otras cosas, un teórico notable y no suficientemente apreciado de la periodización 8 . Siguiéndolo, me gustaría pensar la periodización de su trabajo como algo distinto a una simple segmentación del tiempo y el pensamiento, y más bien como un movimiento en “es- piral”, condicionado por toda cla- se de anticipaciones violentas, retracciones y reveses, sin men- cionar retornos (por ejemplo, el reciente en su obra de 2006 Logiques des mondes, en el que se hace presente la secuela masiva de Being and Event, en su materialismo dialéctico). Al revisar cuidadosa- mente mi propuesta, podemos es- quematizar las fases de su trabajo de la siguiente forma:

Antes de 1968: ‘aprendizaje’ de Badiou con Sartre, seguido de una participación –distante– en la es- cuela althusseriana durante el mo- mento de lo que Gregory Elliot llama su periodo “alto” 9 . Dada la autocrítica consecuente de Badiou podríamos llamar a esta fase la del comunismo teórico.

Entre 1968 y 1977: después de su momento del Camino a Damas- co 10 y de su paso de la disidencia del PSU (Parti socialiste unifié) al liderazgo del UCFML, Badiou y sus camaradas formulan lo que deno- minan un comunismo de producción (Toscano, 2004a).

Entre 1977 y 1982: en el de-

cline de la secuencia maoísta, Badiou sintetiza la teoría de la fuer- za y la destrucción planteada en Theory of Contradiction (1975), y se aparta más y más de cualquier re- ferencia al proceso de producción

y al papel de las masas en su cali-

dad de clases productoras. El sujeto (por ejemplo, el partido) adquiere

un lugar central en una construc-

ción dialéctica a la vez formidable

y excesiva, anclada alrededor de lo

que yo he decidido llamar un co- munismo de destrucción. El texto cla-

ve para entender su paradigma “destructivo” es Theory of the Sub- ject (1982), donde compendia y amplía una serie de seminarios dic- tados durante este periodo.

Desde 1982, ¿hasta el presente?:

Badiou declara el final de las tres grandes referencias del comunismo histórico: la referencia “estatista”,

es decir, la existencia de actualiza- ciones políticas del proyecto comu- nista que pueden llevar el tema de

la victoria; el referente marcial, o sea,

las guerras de liberación nacional que testimonian “la invención, bajo la dirección de los partidos moder- nos, de una nueva forma de guerra, una guerra disimétrica, enraizada en lo rural, organizadora del campesi- nado y que se despliega de manera prolongada, en etapas” (Badiou, 1985: 28); el referente subjetivo o de clase, es decir, la presencia sub- jetiva del movimiento de trabaja- dores en sí mismo. La así llamada “crisis del marxismo” es vista como el colapso progresivo de este siste- ma de referencias. Mientras que mantenía la convicción de que una política verdadera sólo puede ser radicalmente igualitaria y, en algún sentido, política comunista –de for- ma que él escribirá sobre una eter-

nidad del comunismo como “eter-

nidad de lo igual” (Badiou, 1991:

15)– Badiou realiza una deshisto- rización y una desestatización del comunismo, según la convicción ontológica de que, bajo la ficción del lazo social y político permanece la realidad o, mejor, lo Real, de la rup- tura, de una inconsistencia y mul- tiplicidad que sólo es explicada y representada ficticiamente por el Estado. Propone suspender cual- quier transitividad entre el sujeto de política y la situación en la cual éste surge (rareza y discontinuidad que llegan a ser superiores), a tra- vés de la categoría de lo genérico, criterio de lo que debe ser entendi- do por comunismo no-marxista. Todo ello es pensado como una pro- ducción local y discontinua de igual- dad, en un estadio que caractericé, en “Communism as Separation”, en términos de la producción del comu- nismo 11 . Por supuesto, con su giro reciente hacia el “materialismo dia- léctico” podríamos preguntarnos si un espíritu maoísta reincidente no

le está dando, incluso, otro giro a la

espiral…

Pero, ¿cómo esta periodización

y la trayectoria idiosincrásica de

Badiou dentro de la topología teó- rica del marxismo se relacionan con la pregunta por la violencia e, in- cluso, por la Gewalt? De forma es- quemática, mi argumento es el

siguiente: en el despertar de su con- versión “damascena” a la militancia maoísta, Badiou produjo una de las explicaciones más lúcidas e inquie- tantes sobre el carácter fundamen- talmente violento de la dialéctica marxista, tal como es capturado en

la práctica y en el pensamiento po-

lítico del leninismo y el maoísmo. Para ser más preciso, vinculó su preocupación marxista-leninista

TOSCANO, A.: ¿SE PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA? NOTAS SOBRE BADIOU Y LA POSIBILIDAD DE LA POLÍTICA (MARXISTA)

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por la verdad, la justicia y lo nuevo al requerimiento de un antagonis- mo destructivo, especialmente en su exégesis de la consigna maoísta: “es correcto rebelarse en contra de los reaccionarios” (Badiou, 2005b:

669-677) 12 . La posibilidad de una novedad revolucionaria está vincu- lada íntimamente aquí con la des- trucción organizada, sistemática y, más importante, no igualitaria, del

adversario reaccionario. El movi- miento que se sale de esta dialéctica de la destrucción (filosóficamente alcanza su máximo en Theory of the Subject, pero quizá políticamente se ago- ta algunos años an- tes), toma la forma de una subordinación del tema del antagonismo al de una capacidad política independien- te y a las “formas de conciencia” de un su- jeto colectivo igualita- rio (Sandevince: 5-6). De hecho, como lo su- giere el auto-análisis retrospectivo si no elíp- tico de The Century

física” como marxismo-leninis- mo 13 . En otras palabras, más que una condición inherente a la novedad igualitaria, la destrucción es vista como un intento falso de dominar una ruptura fundamental (déliaison), mediante la ficción letal del supues- to vínculo provisto por el Estado, la nación, el partido y/o la clase como agentes de una igualdad, cuyos úni- cos signos solo pueden darse en la destrucción de lo viejo. Esta centra- lidad de la destrucción fue discuti- ble en el corazón especulativo de la propia fase maoísta de Badiou.

sus escritos en los setenta. Esto es especialmente cierto en Theory of Contradiction, un comentario espe- culativo y conciso acerca de la sen- tencia de Mao “siempre es correcto rebelarse en contra de los reaccio- narios” 15 . En éste podemos leer lo siguiente: “la rebelión no espera por su razón; la rebelión es lo que siem- pre está ahí listo, para cualquier razón posible, sea la que sea. El mar- xismo simplemente dice: la rebelión es la razón, la rebelión es el sujeto. El marxismo es la recapitulación de la sabiduría de la rebelión” (Badiou, 2005b: 673). Es sobre la base de esta ecua- ción entre práctica po- lítica y antagonismo, que puede escribir: “Lo real no es lo que une, sino lo que separa. Lo que sucede es lo que desune” 16 .

Aquí debemos es- cuchar la tesis materia- lista de que el faktum de la rebelión –o en el discurso más reciente de Badiou, la irrupción

del acontecimiento o la disfunción de un régi- men trascendental– viene primero y la subjetividad, después. Más aún, en tanto que cualquier estructura de posiciones, cualquier situación representada, en un sentido, es para un sujeto la precipitación desde, o la recuperación de, su dislocación violenta; la resistencia, como lo plantea, es el secreto de la domi- nación. Badiou se acerca a la ma-

triz dualística de lo político –como la propuesta por los posmaoístas heréticos, nouveaux philosophes, Jambet y Lardreau en su libro The Angel (1975) 17 – cuando postula que la razón de la revuelta (o rebe-

– cuando postula que la razón de la revuelta (o rebe- Hospicio y Divorcio (en la

Hospicio y Divorcio (en la actual calle 18), Bogotá, anónima, c. 1934.

Archivo Ortega Ricaurte © Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

En 1975, en la publicación de “Yenán” de las Editions Maspéro (una serie que coeditó con Sylvain Lazarus), Badiou publicó el prime- ro de lo que se esperaba fuera una serie de panfletos sobre el materia- lismo dialéctico, Theory of Con- tradiction (Badiou, 1975), al que siguió On Ideology (Badiou y Bal- mès, 1976) 14 . En estos textos plan- teó, en gran detalle, el fundamento filosófico de una teoría marxista- leninista de la revuelta (o rebelión). La primacía de la rebelión –es de- cir, la primacía de la práctica– es, de hecho, el leitmotiv militante de

(Badiou, 2005), el

pensamiento emer- gente de Badiou divide el propio concepto de antagonismo en una variante destructiva y en otra que denomina sustractiva, por medio de una reminiscencia explícita de la distinción de Mao entre contradic- ciones antagónicas y contradiccio- nes entre el pueblo. Este pasaje –al que regresaré en la conclusión– es- pecialmente en los textos más re- cientes de Badiou, está marcado por una crítica implícita a la violencia política como signo de la debilidad organizacional y de la corrupción metafísica del pensamiento emanci- patorio, en su presentación “meta-

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pensamiento emanci- patorio, en su presentación “meta- 34 N ÓMADAS N O . 25. O CTUBRE

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lión) es una invariante, “profunda

e inextricable”; que el rechazo a la

dominación –como la dominación de la autoridad y el conocimiento– constituye un “dado” subjetivo que precede al marxismo y a cualquier análisis causal o estructural provis- to por una crítica de la economía política. Esto sugiere una anterio- ridad ontológica de la rebelión, un poder autónomo de oposición igualitaria que opera como una constante trans-histórica.

la tesis de la rectitud de la rebelión (o de la justicia de lo nuevo) se vin- cula con toda una teoría partisana de la conciencia y de la verdad, don- de ambos, el marxismo como cien- cia de las formaciones sociales y la realidad histórica objetiva de las re- beliones son duplicados por, y en- cuentran su razón en, la suposición consciente de las tareas de la rebe- lión en una organización y una di- rectiva, en pocas palabras, en un partido. La verdad marxista, plantea rigurosamente Badiou, “es eso en donde la rebelión encuentra su ra-

en posibilidad” 19 . La pregunta crucial, si queremos involucrarnos en una reflexión filosófica sobre el papel de la violencia en Badiou, es si este punto de conversión deman- da un antagonismo destructivo como una precondición o si, como lo sugieren algunos de sus escritos más recientes, la destrucción e in- cluso el terror, pueden ser la con- secuencia (contingente) de una capacidad de acontecimiento-lími- te para afirmar, independientemen- te, la existencia y los efectos de un sujeto político.

En su libro Theory of Contradiction no hay duda del hecho de que la visión de la rebelión como una afirmación del ser está íntimamen- te unida a la posibilidad de una destrucción ra- dical, una abolición – la exterminación, para ser etimológicamente precisos, por la fuerza– por parte de un sujeto

insurgente, de deter- minados lugares y po- siciones dentro de las estructuras de representación y dominancia 20 . O, para citar uno de sus pasajes más líricos: “al nada nuevo bajo el sol, el pensamiento de la revuelta opo- ne el siempre nuevo e insurgente sol rojo, bajo cuyo emblema la es- peranza afirmativa ilimitada de los productores rebeldes engendra ruptu- ras”. La destrucción del “nada nuevo bajo el sol” acarrea la posibilidad de una muerte total, una muerte sin Aufhebung y sin duelo. Así es –en uno de los ejemplos más pertinentes de Badiou– la forma en que el colo- nialismo debe morir, consignado a un olvido eterno. Esto no se debe en- tender en el sentido empobrecido de

Siguiendo la tesis maoísta de que

la propia esencia de la

dialéctica es la división (“Uno se divide en dos”), la teoría de la contradicción de Ba-

diou está fundada en la asimetría de los términos de la contra-

dicción: fuerza puri- ficadora, por un lado,

y sistema de posicio-

nes, por el otro. Pero,

y aquí está la clave,

ninguna pureza an-

gelical es dada de an- temano y tampoco podemos poner nuestras esperanzas en una simple epifanía que surge mecánicamente de las ruinas de lo viejo. Como lo argumenta persua- sivamente Bosteels, “el izquierdis- mo especulativo” permanece como la Némesis de Badiou (virulenta- mente atacado, uno puede argüir, hasta el punto de que éste es una posibilidad íntima de su pensamien- to del sujeto, una vez que el mismo se ha separado de cualquier tran- sitividad sistémica directa). Como escribe en Theory of the Subject: “en cualquier contradicción, la fuerza manifiesta su impureza a través del proceso aleatorio de su purifica- ción”. En Theory of Contradiction,

de su purifica- ción”. En Theory of Contradiction , Puente Uribe (cr. 13, calle 6), sobre

Puente Uribe (cr. 13, calle 6), sobre los ríos Sn. Francisco y Sn. Agustín, Bogotá, Montoya, c. 1915. “Se colocó la primera piedra el 1 o de mayo de 1892”.

© Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

zón en el fin de demoler al enemigo” y, en un tono que está aparen- temente ausente en sus últimos trabajos, declara que ello niega toda la igualdad antes de la verdad 18 .

En su trabajo de los setenta, pero también en su producción más reciente, el “sujeto” se refiere pre- cisamente a ese punto a través del cual, lo que es imposible en una si- tuación dada es forzado en posibi- lidad: “un sujeto es un punto de una conversión de lo imposible en lo posible. La operación fundamental de un sujeto es estar en el punto en donde algo imposible se convierte

TOSCANO, A.: ¿SE PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA? NOTAS SOBRE BADIOU Y LA POSIBILIDAD DE LA POLÍTICA (MARXISTA)

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una repudiación o represión, sino más bien como la destrucción efec- tiva de todo rastro de la domina- ción colonial. “La revolución cultural” es afirmada de este modo como anti-memoria. La paradoja abiertamente asumida por Badiou, en la cual creo que está encap- sulado lo que he llamado su comu- nismo de la separación, es que la destrucción de la desigualdad, la extinción del opresor, tiene como condición una asimetría dualística.

El acertijo político es, por lo tanto, aquel de la necesidad de dominar (controlar, liderar directa y vio- lentamente) el sende- ro hacia lo indómito, para dominar la domi- nación, con el fin de que surja la no-do- minación. Esta es la paradoja que en la his- toria del leninismo toma el nombre de “dictadura del proleta- riado”. Pero lo que podemos preguntar, entonces, acerca de la

observación soberbia de Christian Jambet, en parte diri- gida al mismo Badiou, es lo siguien- te: ¿el tema de la anti-memoria, del Año Cero tan famosamente vincu- lado a los campos de matanza de Camboya, depende de la hipóstasis más radical del dominador, de un discurso reducido a un secreto ines- crutable portado por un comando desconocido, para trabajar y para someter al anonimato, emparejado, inevitablemente quizá, con las prácticas más terribles e inútiles de la confesión –testigo de la feroci- dad destructiva de la prisión S-21

en Phnom Penh? 21 –. En respuesta a

tales objeciones, podríamos recor- dar que una de las tesis clave de Badiou, resultado de sus lecturas de Mao, es que la novedad no surge de la contradicción primaria, la que está entre los explotadores y explo- tados, sino más bien, de una con- tradicción “secundaria”, de una separación o división dentro del campo de la contradicción prima- ria misma –desde una verdad partisana esgrimida por una facción, por ejemplo, que se separa a sí mis- ma con el fin de desunir (o sustraer)

naturaleza de la violencia en sí mis- ma. Puesto que la dialéctica de una rebelión real introduce una nove- dad cualitativa dentro de una situa- ción, –tal como aquella de “El Estado, que es como decir la forma concentrada de todos los fenóme- nos de dominación, aunque ya no tengan el mismo nombre”– ella di- vide la muerte misma, en lo que es incorporado y metamorfoseado bajo una nueva ley (o reinscrita simbó- licamente, si queremos adoptar un marco lacaniano) y lo que simple- mente es abrogado. En fenómenos puramente estructurales despro- vistos de novedad, en los cuales sólo están implicados cambios cuantitativos de luga- res, sean éstos el colo- nialismo o la Primera Guerra Mundial, el im- pulso para conservar y continuar está acom- pañado, para Badiou, de una violencia enor- me. En sus palabras:

“cuando nada cambia, los hombres mueren”.

Es precisamente la fal-

ta de asimetría, la úl- tima base no antagónica de los antagonismos masivos que parecen desplegarse por sí mismos en cam- pos de batalla, lo que quiere decir que dichos antagonismos “estructu- rales dependen de un triunfo puramente cuantitativo, y de ahí acumulativo, no creativo, intermi- nable, sangriento y estéril”. En conclusión, entonces, contra la opo- sición de la resistencia y el poder, Badiou propone una dialéctica de la estructura (materialista) y la ten- dencia (subjetiva). Sin la inscrip- ción violenta en la situación de la tendencia subjetiva o la fuerza de

en la situación de la tendencia subjetiva o la fuerza de Convento de Las Aguas (posteriormente,

Convento de Las Aguas (posteriormente, Hospital Militar, Asilo del Niño Jesús de Praga

),

Bogotá, anónima, c. 1935. Archivo Ortega Ricaurte © Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

un real que es negado por el curso de una situación, por su represen- tación dominante y dominadora–. Transformar esta contradicción se- cundaria en primaria es lo que cons- tituye la formalización propia del acto de rebelarse. En otras palabras, la división y la separación –y no sólo el antagonismo destructivo puro– son las condiciones de posibilidad para engendrar una igualdad genérica.

En estos escritos tempranos, podemos encontrar argumentos de Badiou en el sentido de que la pre- sencia de la subjetividad cambia la

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de que la pre- sencia de la subjetividad cambia la 36 N ÓMADAS N O .

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transformación, que en sí mis- ma es el producto de las divi- siones y separaciones internas, sólo nos quedamos con la silen- ciosa brutalidad de una violen- cia estructural.

En estas breves consideracio- nes no es posible trazar las razo- nes políticas y filosóficas de la separación de Badiou de la temática destructiva,

y de su movimiento ha-

cia una nueva dialécti- ca de la inconsistencia, fundamentada matemá-

ticamente, que quebranta el concepto de totalidad

y toma distancia de mu-

chos de los referentes

principales del marxismo

y de la tradición materia-

lista-histórica. Sin em- bargo, podemos decir que las preguntas que surgen de la tematiza- ción de Badiou sobre la violencia y de su crítica política al terror (una crí- tica que se contrapone vehemente a aquella crítica capital –o parla- mentaria y anti-totalita- ria del terror–, tal como

se puede encontrar en François Furet) también pueden ser preguntas básicas para retomar la relación complicada e incompleta de Badiou con el mar- xismo, si se dejan de lado los re- clamos de que no existe relación alguna… 22 . Una conclusión preli- minar, o quizá una simple intui- ción, es que el tema de la Gewalt, aquel sobre una tensión y una dia- léctica entre poder y violencia –y de un intento emancipador para romper la solidaridad entre todos estos significados– puede consti-

tuir una especie de punto ciego en el pensamiento de Badiou. Antes de concluir, y con el único fin de plantear los lineamientos para investigaciones futuras, per- mítanme enumerar cinco puntos clave que cualquier investigación posterior en torno al tema de la violencia en el pensamiento de Badiou debe tocar:

llo desigual y combinado del pensamiento dialéctico y a su perio- dización vacilante, precisamente en términos de las innovaciones marcia- les hechas por Mao en contra del mo- delo leninista-estalinista. También es importante indicar el estatus dispa- ratado, ambiguo e incierto de las cuasi-referencias que habitan los intentos de Badiou de pensar en una política desmilitarizada y posleninista, por ejemplo, el movimiento polaco Solidarnoúã, la revolu- ción iraní, la experiencia del movimiento de los Sans Papiers en Francia y, recientemente, los Zapa- tistas en México.

2. El distanciamiento del Estado. Aquí es don- de podemos argumentar que Badiou evade la dia- léctica de la Gewalt, y se equivoca en su fidelidad por el llamado inevitable y saludable a la destruc- ción de la violencia o de la dominación. Diagnos- ticar el Estado, ya sea como captura y coopta- ción de la fuerza de la subjetividad o como su

perversión en una espiral asesina de la sospecha (si- guiendo explícitamente el análisis clásico del terror de Hegel en la Fenomenología del espíritu), y juzgar el contagio con sus mecanismos sin sujeto como fatal para las capaci- dades autónomas del pensamiento y la práctica igualitarios, convierte en central la tesis de la política dis- tanciada del Estado –una política de prescripción más que de deman- da o ataque– en las formulaciones de Badiou. Incluso la evasión de la asunción de la Gewalt sobre el su-

la evasión de la asunción de la Gewalt sobre el su- Incendiado el palacio virreinal, en

Incendiado el palacio virreinal, en el terreno se levantó el Capitolio, Bogotá,

anónima, c. 1880. © Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.

1. Marxismo, leninismo y mili- tarismo. Muchos de los intentos de Badiou de formular una “política sin partido” posleninista, están ba- sados en la idea de que la política igualitaria estaba fundamentalmen- te corrompida por el referente mi- litar o marcial, a través de un tipo de inercia histórica. Es importante anotar que Badiou, al seguir las te- sis militares de Mao, inicialmente defiende y alaba la especificidad de la contribución maoísta al desarro-

TOSCANO, A.: ¿SE PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA? NOTAS SOBRE BADIOU Y LA POSIBILIDAD DE LA POLÍTICA (MARXISTA)

NÓMADAS

, A.: ¿S E PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA ? N OTAS SOBRE B ADIOU Y LA

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jeto político, está sin embargo sus-

sicionamiento, identidad, recono-

panfleto del UCFML de Badiou, y

tentada en una formalización matemática del problema de la Gewalt, en términos de la tesis crucial e intuitivamente atractiva

cimiento 23 . De la comparación en- tre la función y las posibilidades inherentes en estos dos términos, podemos empezar a reconsiderar

su sucesor, l’Organization politique, meditó sobre la combinación desas- trosa –en la ausencia de una políti- ca organizada dentro de la fábrica–

del exceso incalculable del poder de

otra

constante en su pensamiento,

de un “movimiento democrático”

una situación (el Estado) sobre la

que

también ha sido enfatizada en

con clandestinidad militar, del tipo

situación en sí misma. En otras pa- labras, del exceso de representación

el trabajo complaciente de Slajov Zizek, aquella de verdad partisana.

que ha afectado brevemente al Prolétarienne ex Gauche, y que pos-

sobre presentación, de inclusión sobre pertenencia (Badiou a, 2006:

4. Terror y terrorismo. Aun-

teriormente iba a descargar una ca- tástrofe impotente en la Brégate

93-111). La conclusión de lo ante-

3. La fuerza del sujeto. Para

que

en trabajos recientes Badiou ha

rior es que el crux de la política para Badiou yace en su capacidad para medir y detener este exceso del Es- tado, pero desde una posición ex- trínseca, a través de una capacidad política y organizacional que no se traduce en el poder legal, burocrá- tico o militar.

mantenernos dentro del campo semántico de la Gewalt debemos notar que las anclas del materialis- mo dialéctico de Badiou son, en el periodo que he llamado del comu- nismo de la producción y la des- trucción, la noción de fuerza y, en el trabajo posterior a Being and Event (siguiendo al matemático

tratado de recuperar la noción de terror como un momento nece- sario, si no fundamental, en la subjetivación política 24 , uno de los aspectos principales de su produc- ción “posmaoísta” es una crítica a la tentación terrorista 25 . Sin embar- go –y esto es lo que básicamente lo separa de cualquier posición revi- sionista y moralista–, el argumento subyacente es que sólo una sustrac- ción inmanente y determinada de las innovaciones destructivas de la

política, sólo la crítica del terror del lado de la emancipación, puede pre- sagiar una forma nueva, distancia- da del Estado, de pensar la política. Badiou perspicazmente vincula la virulencia de la violencia del siglo

Rosse, RAF y Action Directe 27 . Badiou, bajo el seudónimo de Geor- ges Peyrol, anotó lo siguiente:

Demanda inventarse un criterio político para liquidar la tenta- ción terrorista, la retirada terro- rista. El objeto de dicho criterio es que la política sea superior al antagonismo. Por supuesto, la revolución supone cambiar un hostil real, hecho de opresión y división. Pero los valores de unidad de los cuales la revolu- ción proviene y que están liga- dos a formas de conciencia, tienen valor en y por sí mismos, y no sólo como instrumentos de violencia.

Paul Cohen), la de forzar. En am-

XX

con sus bases oscuras en las

La manipulación del odio o el

bos casos tenemos conceptos que

hecatombes coloniales y con la idea

miedo como factor unificador es

resuenan con la noción de Gewalt, que cualifican la relación entre un sujeto (político) y la creación de

“emancipadora” –en muchos aspec- tos nacida de la pesadilla bárbara de la Primera Guerra Mundial– de

considerada un fenómeno perni- cioso, lo que Sartre ha llamado “fraternidad del terror”. El antído-

novedad, igualdad y justicia –o de

una

violencia para acabar todas las

to lo expresa Badiou de la siguien-

hecho, para usar la categoría cen-

violencias, una guerra contra todas

te manera:

tral de la filosofía tardía de Badiou, verdad–. La primera noción (fuer-

las guerras (un tema que está tam- bién presente en Mao). Moviéndo-

debemos establecer en el cora-

za) está ligada a la de destrucción, la segunda (forzar) a una de sustrac-

se hacia la conjetura más inmediata de finales de los setenta y comien-

zón del pueblo un principio de unidad política cuya referencia

ción, y ambas circulan alrededor de

zos

de los ochenta, interpreta la

es menos el adversario que la

la capacidad del sujeto de interve- nir en una situación en puntos es- pecíficos, así como de seguir la

emergencia del terrorismo “rojo” en términos de una debilidad política y, más aún, de una relación en-

realidad que debe cambiarse. Para el terrorismo lo único real es el enemigo. La política em-

disfunción del sistema de domina- ción, que Badiou persistentemente representa como un sistema de po-

gañosa entre movimiento, organi- zación y Estado 26 . En un texto publicado en Le Perroquet (s/f), el

pieza quizá cuando uno subor- dina la imagen del adversario a la de transformación de lo real

38

del adversario a la de transformación de lo real 38 N ÓMADAS N O . 25.

NÓMADAS

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

que él quiere impedir. El obje- to del terrorismo es el obstácu- lo para lo real y no lo real en sí mismo.

Aquí podemos registrar la in- fluencia de la lectura heterodoxa de Badiou de la política de Soli- darnoúã, especialmente en cuan- to a la idea de una primacía de la unidad popular sobre el antago- nismo, y la tesis conexa de que la esencia de la política no es la gue- rra. El terrorismo, y aquí Badiou concurre con el último Guy Debord, el de Commentaries on the Society of the Spectacle –un texto que también se preocupa por el fenómeno de las Brigadas Rojas y grupos similares– es sólo una ca- pitulación al poder de símbolos y medios, un espectáculo. Tanto el terrorismo como el Estado se ali- mentan de la ausencia de la polí- tica, de una capacidad política determinada e independiente que permite en sí misma ser observa- da por los artificios del poder y sus formas de violencia. De don- de la tesis clave de que “todo de- pende de la existencia, ni siquiera el simple proyecto de la existen- cia, de una política que es exce- siva con respecto al Estado. En otras palabras, que no se define por la captura del Estado, ni si- quiera por su destrucción”. Una política igualitaria que pueda evitar el terror (o por lo menos el terroris- mo) constituye el horizonte del pro- yecto posmaoísta de Badiou, pero el punto es, otra vez, que es desde la perspectiva de una política de emancipación autónoma, y no so- bre la base de cualquier raison d’État, que uno podría someter los erro- res de dicha política al escruti- nio 28 . Este es el sentido en el que la metapolítica de Badiou se pue-

de definir, en términos de la coyun- tura dentro de la cual emergió, como anti-anti-totalitaria 29 .

5. Antagonismo. Si la dialéc- tica y la práctica política son des- militarizadas, arrebatadas al Estado y despojadas de sus referencias his- tóricas, ¿qué queda del papel del antagonismo, o de lo que Badiou, en una vena platónica, frecuente- mente llama el Dos? Para decirlo de otro modo, ¿puede haber con- tradicciones entre el pueblo sin la confrontación preliminar con las contradicciones antagónicas o drásticamente polémicas? En The Century, Badiou escribió sobre un “Dos anti-dialéctico” en el corazón de la experimentación política del siglo XX, y sobre dos formas de arre- glar la confrontación entre un “no- sotros”, una fraternidad, y su afuera:

“Bien que uno lo vea como un de- forme polimorfo –una realidad des- ordenada– o bien que uno lo vea como un otro nosotros, un sujeto externo y, en consecuencia, anta- gónico”. En primera instancia, la tarea, para usar un significante cla- ve en Badiou, es la “formalización”, un protocolo para producir las for- mas que reagruparán el no-nosotros en el nosotros. La formalización involucra la incorporación de la alteridad aparente de lo que está afuera del sujeto militante en su ca- pacidad autónoma, en lo que, en Logiques des mondes, él llama un “su- jeto-cuerpo” (corps-sujet) 30 . Donde la formalización es débil o inexis- tente, somos testigos del surgimien- to de un concepto frontal de antagonismo, el verdadero cara a cara entre dos sujetos sustanciales, preconstituidos. Esta segunda con- cepción de la relación entre el nosotros y el no-nosotros es intrín- secamente violenta, y su violencia

no es simplemente aquella de la “conversión” formalista, sino más bien la de la lucha frontal, su obje- tivo “es la destrucción del otro”. Es en el contexto de la “dialéctica de lo no-dialéctico”, de la confron- tación entre dos modos de con- frontación que Badiou retorna, provocativamente, a una de sus fuentes constantes de inspiración metapolítica: “la directiva esencial de Mao es no tratar las ‘contradic- ciones en el corazón del pueblo’ de manera antagónica, para resolver el conflicto entre formalización y destruc- ción por medio de la formalización. Esta es, quizá, una de las más pro- fundas lecciones, pero también una de las más difíciles, que el siglo nos ha legado”. (Badiou, 2005d: 158).

El desarrollo del pensamiento político de Badiou –dentro, fuera, y distanciado del pensamiento mar- xista o de las singularidades incom- posibles de la política “marxista”– también se puede leer, en particu- lar, a la luz de sus reflexiones sobre el siglo XX, como una confronta- ción subterránea con la aparente maraña inmemorial de la política y la violencia. El movimiento que he buscado discernir en el trabajo de Badiou, desde un comunismo de destrucción hacia un comunismo de separación (Toscano, 2004) es, también, –como lo podrían sugerir algunas de mis anotaciones anterio- res sobre fuerza, antagonismo y te- rror– un movimiento desde una concepción de la violencia como intrínseca de la construcción de la subjetividad política 31 , hacia una visión de la violencia como factor que, aunque consecuencia inevita- ble quizás de la militancia política en ciertas situaciones bien defini- das, nunca debe ser concebido como constitutivo de un sujeto po-

TOSCANO, A.: ¿SE PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA? NOTAS SOBRE BADIOU Y LA POSIBILIDAD DE LA POLÍTICA (MARXISTA)

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, A.: ¿S E PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA ? N OTAS SOBRE B ADIOU Y LA

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lítico. Es bajo esta luz que podemos entender los recientes comentarios de Badiou acerca de los efectos corruptos de la violencia de la gue- rra civil en la política bolchevique:

) (

en algunos casos la violen-

cia es una necesidad; todos sa- ben eso. Ese no es el problema. El problema es que la violencia también es una corrupción sub- jetiva. Ese es el gran problema político. El uso constante de la violencia es una corrupción subjetiva y, por lo tanto, tene- mos que mensurar la violencia, algo así como moderarla tanto como sea posible. Ciertamente, la regla es: si podemos resolver un problema sin violencia, mu- cho mejor 32 .

Con estas advertencias apa- rentemente anodinas, podemos discernir el hecho de que mucha de la motivación que está detrás del comunismo de la separación de Badiou, su política distanciada del Estado, consiste en mantener esta amenaza corrupta de una violen- cia constitutiva a raya del sujeto político. Las negaciones y revisiones matizadas de Badiou de un mate- rialismo dialéctico también pueden ser fructíferamente comprendidas como un intento de darle fin a aquello a lo que Balibar se refiere como “el esquema teológico y fi- losófico de la conversión de la vio- lencia en justicia” (Balibar; Op. cit). La externalización del “agen- te” de conversión en el aconteci- miento y la constitución de una capacidad subjetiva autónoma que no está definida por una dialécti- ca de la destrucción, aparecen como medios para relegar la vio- lencia a un papel subordinado en el que permanece una política de

40

un papel subordinado en el que permanece una política de 40 N ÓMADAS transformación radical e

NÓMADAS

transformación radical e iguali- taria. E incluso, a la luz del desta- cado examen de Balibar –que se guía por la ambigüedad intrínseca de la Gewalt alemana– podemos preguntarnos si al establecer el su-

jeto político como aquel que sigue una medición o ‘prescripción’ 3 3 con respecto al exceso, o super poder, del Estado (o, más proble- mático, del Capital) (Toscano, 2004: 199-224) Badiou no está evadiendo lo que Balibar define como el lazo interno y trágico en- tre la política y la violencia. En otras palabras, ¿no es el precio que se paga por sustraer la capacidad política del empujón amorfo de la violencia política –bien sea estruc- tural, opaca o purificadora–, aquel de no tener los medios para pen- sar la violencia interna al sujeto? Para ser más precisos, y sin ahon- dar en todos los problemas que sur- gen de la idea de “cambiar el mundo sin tomarse el poder”, de- bemos preguntar si la formulación de una política distanciada de la violencia no congela el problema de la Gewalt del Estado en una es- pecie de invariable estructural, que simplemente es externa a las políticas (igualitarias) propias, mien- tras que simultáneamente nos pri- va de medios para pensar –más allá del paradigma destructivo– cómo el poder y la violencia pue- den funcionar dentro de la consti- tución de un sujeto político. Reintroducir el tema del terror como el de un momento necesa- rio, si bien limitado, de la confron- tación absoluta, como parece haberlo sugerido Badiou en Logi- ques des mondes, no basta, ya que sigue pasando por alto el proble- ma del poder como algo que pue- de caracterizar el proceso subjetivo en sí mismo. Considero loable su

deseo de superar el paradigma de la violencia constitutiva, en tanto que reto que vale la pena perse- guir. Sin embargo, no es claro cómo puede actuar una política de la prescripción que busca medir y detener el súper poder oscuro, el exceso inmensurable de lo que Badiou llama el estado de una si- tuación, sin asumir como tarea “trágica” algo de ese poder, y algo de esa violencia, en su propia tra- yectoria transformativa 34 . Quizá podemos ofrecer lo siguiente como una indicación provisional para futuras investigaciones: cualquier sujeto político llevado a transfor- mar verdaderamente una situación no puede sino arriesgar la corrup- ción de la violencia; no puede sim- plemente mantener su capacidad política (que es, después de todo, otra forma de decir poder) libre de las tentaciones y necesidades de la Gewalt. Habiendo dicho esto, lo que todo sujeto político debe es- tablecer es una especie de distan- cia interna con la violencia, una forma de pensarla y “medirla” como una consecuencia potencial de sus principios o axiomas funda- cionales –sin jamás hacerla cons- titutiva (o peor, lo Real) de su identidad, ni ver en ella la eviden- cia de que en verdad ella ha cam- biado el mundo–.

Citas

1 Una primera versión de este documento fue presentada en la conferencia anual de la revista Historical Materialism en no- viembre de 2005, bajo el título “Sca- ttering the Ashes: Truth and Violence in Badiou’s Marxism”, en una sesión con- junta con Massimiliano Tomba, titulada “Thinking the political”. Agradezco a Massimiliano y a la audiencia por sus pre- guntas y observaciones. Es resultado de

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una investigación sobre el pensamiento radical que llevo haciendo en el marco del proyecto editorial HistoricalMaterialism, así como en el Centre for the Study of Invention and Social Process del Gold- smiths College, London University.

2 Sobre los debates acerca de la génesis “americana” de la “teoría francesa” ver Lotringer y Cohen (2001), Cusset (2003) y Lafontaine (2005).

3 He explorado con mayor profundidad la relación de Badiou con el posmarxismo en un ensayo para la revista Prelom, ti- tulado “Marxism Expatriated”. Para una crítica más devastadora sobre los princi- pios y las motivaciones del posmarxismo, ver el trabajo de Ellen Meiksins Wood

(2005).

4 Ver Alain Badiou, “Les 4 dialecticiens français: Pascal, Rousseau, Mallarmé,

Lacan”, en: Le perroquet, No. 22: 1/11-

12. En Badiou, esta forma de pensar la

política, o mejor, la idea de que se puede pensar la política en sí misma, es diame-

tralmente opuesta a la práctica e ideolo- gía de Political Philosophy, especialmente como fue formulada por los herederos del pensamiento de Hannah Arendt (Ba- diou, 2005a).

5 En este libro, las coordenadas clave de una antología de multiplicidad inconsis- tente y de una teoría atada al aconteci- miento del sujeto –formalizada y elabo- rada en la obra magna de 1988 Being and Event– ya son esbozados.

6 Texto en francés disponible en http://

ciepfc.rhapsodyk.net/article.php3?id_

article=49. Próximamente se publicará una traducción al inglés con comenta- rios y respuestas en la revista Historical Materialism.

7 Ver de Bosteels (2005b), para los deta- lles sobre el compromiso político de Badiou y para un análisis teórico de sus fundamentos y repercusiones. Vale la pena notar que la hipótesis conti- nuacionista de Bosteels ha afectado al mismo Badiou, quien ha puesto su traba- jo nuevamente bajo la égida de las dialécticas materialistas; ver Badiou (2005c: 130).

8 Con referencia a las distintas estimacio- nes de Marx y Lenin de la Comuna de París, ver Badiou (1982: 62-65). Para una mirada más amplia sobre la periodización del contexto cambiante de la propia militancia política y teoría (meta) políti- ca de Badiou, remito al lector al “Prefa- cio de la edición inglesa”, en Badiou (2005a: xxxiv-xxxv).

9 Las publicaciones clave en esta fase son las siguientes: “L’autonomie du processus esthétique” (1966); y “Le (re)commen- cement du matérialisme dialectique” (1967: 438-46); así como Le Concept de modèle. Introduction à une épistemologie materialiste des mathématiques (1969). La segunda de estas obras, una revisión de Pour Marx, Lire le capital y un panfleto posterior de Althusser sobre la dialécti- ca, ya cimienta el terreno para una sínte- sis de Sartre y Althusser y prefigura las predilecciones matemáticas de Badiou en términos de sus sugerencias concluyen- tes referentes a una teoría de escenarios históricos. Los vínculos, con frecuencia inesperados, entre Sartre y Badiou sobre la relación entre la política y las matemá- ticas, han sido impresionantemente in- vestigados por Stathis Kouvelakis en su artículo sobre Badiou y Sartre en ‘Sérialité, actualité, événement, notes sur la Critique de la raison dialectique’ (Kouvelakis y Charbonnier, 2005). La relación de Badiou con Sartre es explo- rada en Badiou (1980 y 1990: 14-22).

10 Para enunciaciones sobre su experiencia del 68 ver Alain Badiou (2005d: 178), y Bruno Bosteels (2005a: 237-238). N.del T. La metáfora “el camino a Damasco” hace referencia a un proceso de ilumina- ción; en ocasiones es mencionada como el sendero a la luz.

11 Esta evaluación del trabajo de Badiou ha sido fuertemente controvertida por Bru- no Bosteels (2005c: 751-767). A pesar de su persuasiva descripción de la oposi- ción resoluta de Badiou, a través de su desarrollo político y filosófico, hacia el dogmatismo derechista estructuralista y el decisionismo izquierdista espontáneo, por amor a una dialéctica de la escisión (un tema también ampliado en su artí- culo sobre ‘Posmaoísmo’), Bosteels falla al enfrentarse con la problemática de la crítica de la economía política desde el campo del pensamiento de Badiou, y pa- rece proponer que el marxismo puede continuar en la ausencia de dicho refe- rente. Es una falacia, creo, argumentar que una aversión rigurosa al izquierdis- mo (que está definitivamente presente en el trabajo de Badiou, y que Bosteels presenta de forma brillante) es suficiente para retener la referencia al marxismo. Habiendo dicho esto, Badiou parece pro- poner una especie de marxismo mínimo, articulado alrededor del concepto de la fábrica como un lugar de acontecimien- to, en un capítulo tomado de la publica- ción final de El ser y el acontecimiento. Permanece por evaluar si este es un ca- mino fructífero para considerar su actual pensamiento (meta)político. Ver Alain

Badiou, “L’usine comme site événemen- tiel”, en: Le Perroquet 62-62, pp. 1/4-6.

12 Este es un extracto de Théorie de la contradiction (Badiou, 1975).

13 En una especie de scherzo heideggeriano, Badiou escribe sobre ‘la debilidad políti- ca extrema de una época entera, la época marxista-leninista o estalinista, que res- pecto a lo que se requiere con el fin de describir el ser de la política, parecería haber sido equivalente a la época estric- tamente metafísica de esta ontología per- dida’ (Badiou, 2005a: 69-70).

14 Como lo anota Bosteels en su ‘Posmaoís- mo’ (2005c: 596), el tercer volumen de estos textos didácticos sobre teoría maoísta, que se titularía Antagonisme et non-antagonisme: Les différents types de contradiction, nunca se publicó.

15 Quizá debamos complementar esta máxi- ma con el dicho de Lin Piao, reciente- mente citado por Badiou en su contribu- ción a la colección de artículos críticos de Peter Hallward: “la esencia del revisionismo es el miedo a la muerte” (Badiou, “Some Replies to a Demanding Friend”, en Think Again (2004), p. 237).

16 ‘Le réel n’est pas ce qui rassemble, mais ce qui sépare. Ce qui advient est ce qui disjoint’ (Badiou, 1975).

17 Reflexiones más amplias sobre la relación entre los trabajos de Jambet y Lardreau sobre revuelta y poder y el pensamiento de Badiou pueden hallarse en: http:// conjunctural.blogspot.com. Ver también Bosteels (2005b: 612-617).

18 Permanecen ecos de la teoría de la ver- dad partidaria. Ver Badiou (2005a: 23), donde escribe, a propósito del concepto de consenso: “un acontecimiento nunca se comparte, incluso si la verdad que ob- tenemos de él es universal, porque reco- nocerlo como acontecimiento es simple- mente uno con la decisión política”.

19 Alain Badiou, Théorie axiomatique du sujet, manuscrito no publicado, p. 8. Ver también el ‘Livre I: Théorie formelle du sujet (méta-physique)’, publicado en Logiques des mondes (2006).

20 Aquí hay un conjunto de citas relevan- tes de Théorie de la contradiction (1975):

“Hay novedades radicales porque hay ca- dáveres que ninguna trompeta del Juicio Final levantará jamás”; “Resolver es re- chazar. La historia ha trabajado mejor cuando sus cubos de la basura han sido mejor llenados”; “El campo del conoci- miento marxista siempre está en ruinas – toda verdad es esencialmente destruc- ción–”; “No hay pensamiento revolucio-

TOSCANO, A.: ¿SE PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA? NOTAS SOBRE BADIOU Y LA POSIBILIDAD DE LA POLÍTICA (MARXISTA)

NÓMADAS

, A.: ¿S E PUEDE PENSAR LA VIOLENCIA ? N OTAS SOBRE B ADIOU Y LA

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nario verdadero sino para quien toma el reconocimiento de lo nuevo en toda su extensión hacia su mirada inevitable, lo viejo debe morir. […] No sólo muerte sino la dispersión de las cenizas”. A menos que sea anotado, subsiguientes citas son de la edición francesa de este texto.

21

Ver el capítulo de Christian Jambet en Jambet y Lardreau (1978). La realidad de la política paranoica de la purificación de Khmer Rouge ha sido registrada re- cientemente por el documental S21: The Khmer Rouge Killing Machine (2002), dirigido por Rithy Panh.

22

“Creo, para decirlo muy bruscamente, que el Marxismo no existe… el ‘Marxismo’ [es] el nombre (vacío) de un escenario absolutamente inconsistente, una vez que se remonta, como debe ser, a la his- toria de las singularidades políticas” (Badiou, 2005a: 58).

23

Vale la pena notar que esta concep- ción de poder y dominación choca, en varios puntos, con otras estimaciones de la naturaleza de formas contempo- ráneas de coerción, por ejemplo las anotaciones de Gilles Deleuze sobre la ‘sociedad de control’ o los lineamien- tos problemáticos de Hardt y Negri re- feridos al carácter inmensurable de la soberanía imperial.

24

Ver Badiou (2006b: 96-98), con referen- cia a Pierre Boulez.

25

Sobre todo en Badiou (2000: 77), don- de el terror es, sin embargo, explícita- mente distinguido del terror jacobino, la afirmación unilateral de discontinuidad radical que Badiou juzga inseparable de la trayectoria de una verdad.

26

Para un análisis convergente del terro- rismo como producto de debilidad polí- tica subjetiva, ver Roberto Massari

(1998).

27

Todas las citas en esta sección son de Georges Peyrol (también conocido como Alain Badiou), “Brèves notes sur le terrorisme”, Le Perroquet 10, pp. 6-7 (ver también las respuestas de los lectores en 15, pp. 7-8).

28

Ver Alain Badiou, ‘Robespierre, significa- tions (à propos du livre de Jean-Philippe Domecq Robespierre derniers temps)’, Le Perroquet 47, pp. 1/10-11.

29

Ver mi crítica a French Intellectuals Against the Left: The Antitotalitarian Moment of the 1970s de Michael Scott Christofferson, en Toscano (2006).

30

Logiques des mondes, ‘Livre VII: Qu’est- ce qu’un corps?’, pp. 471-525.

42

42 N ÓMADAS

NÓMADAS

31

Vale la pena notar que al respecto Slavoj Zizek, al formular una teoría del acto sub- jetivo radical es más confiado en la nece- sidad de violencia (bien sea física, sim- bólica o, con frecuencia, ambas), por ejemplo, cuando escribe del “acto vio- lento de cambiar las coordenadas básicas de una situación” (Zizek, 2006: 381). Uno podría comparar el pensamiento respecto de la violencia en Badiou y Zizek en términos de la diferencia entre un pensamiento del sujeto en un procedi- miento de verdad, por un lado, y un pen- samiento lacaniano del acto, por el otro.

32

“Interview with Alain Badiou”, The Asheville Global Report, abril 20, 2005, disponible en: <http://www.lacan.com/ badash.htm>.

33

“Cuando existe el procedimiento políti- co, de forma que maneje una prescripción cara a cara con el Estado, entonces y sólo entonces puede la lógica de lo mismo, o la máxima igualitaria propia a toda política de emancipación, ser demostrada…No es el simple poder del estado de la situación el que prohíbe políticas igualitarias. Es en la oscuridad y en la imposibilidad de men- surar en las que este poder está envuelto. Si el acontecimiento político permite una clarificación, una fijación, una exhibición de su poder, entonces la máxima igualitaria es práctica por lo menos localmente” (Badiou, Metapolitics, 2005: 148-150).

34

La idea de Badiou de una política de prescripción ha sido admirablemente de- sarrollada por Peter Hallward (2005:

769-789).

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NÓMADAS

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43

La violencia en Colombia: avatares de la construcción de un objeto de estudio * nomadas@ucentral.edu.co
La violencia
en Colombia:
avatares de la construcción
de un objeto de estudio *
nomadas@ucentral.edu.co •
PÁGS.: 54-69
Mónica Zuleta P.**
El papel actual de las ciencias sociales consiste, a mi juicio, en hacer ver las multiplicidades, manera para importunar
la dirección unificadora del ejercicio del poder imperial. Esa es la intención de la investigación de la cual se deriva este
ensayo y de la pregunta que, de modo pragmático, intenta responder y que formulo en los siguientes términos: ¿a partir
del análisis de la excepción es posible dar cuenta de la diferencia?
Palabras clave: violencia en Colombia, genealogía, historia de la ciencia, pragmática.
O papel atual das ciências sociais consiste, em minha opinião, em fazer enxergar as multiplicidades, para assim
importunar a direção unificadora do exercício do poder imperial. Essa é a intenção da pesquisa da qual se deriva este
artigo e da questão que, de modo pragmático, tenta responder e que formulo nos seguintes termos: a partir da análise da
exceção, é possível dar conta da diferença?
Palavras chaves: violência na Colômbia, genealogia, história da ciência, pragmática.
The current role of social sciences consists, I believe, in making see multiplicities, way to tease the totalitarian
direction of the exercise of the imperial domination. That is the purpose of the research of which this paper is derived, and
of the question that the pragmatic way it tries to answer and that I formulate in the following terms: from the analysis of
the exception is it possible to give account of the difference?
Key words: violence in Colombia, genealogic analysis, history of the social sciences, pragmatic analysis.
ORIGINAL RECIBIDO: 30-VI-2006 – ACEPTADO: 15-VIII-2006
*
Este artículo es un resultado preliminar de la investigación doctoral que tiene por
nombre Genealogía de la moral de las ciencias sociales colombianas: el caso de la literatura sobre
la Violencia en Colombia, financiada por la Universidad Central. Hasta el momento, el
archivo que se ha trabajado corresponde a la literatura publicada entre 1950 y 1985. La
investigación pretende analizar hasta el 2005.
**
Profesora e investigadora, coordinadora de la Maestría en Investigación en Problemas
Sociales Contemporáneos y del Grupo de investigación Socialización y Violencia del IESCO-
UC. E -mail: mzuletaz@gmail.com

54

y Violencia del IESCO- UC. E -mail: mzuletaz@gmail.com 54 N ÓMADAS N O . 25. O

NÓMADAS

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

G arita en la F ortaleza de San Felipe, Cartagena.

Archivo «100 años de arquitectura

Introducción

carlos? La respuesta tradicional ha sido que tales teorías realmen- te se ocupan de lo “universal” y, por consiguiente, construyen sus objetos de estudio con base en lo similar; las particularidades que no pueden asemejarse a esas uni- versalizaciones demandan desa- rrollos específicos. Una respuesta más

la era de la globalización son imperia- les, el conocimiento propio de esas prácticas también fue imperialista y es imperial. No atribuyo falsedad a ese conocimiento; por el contrario, le adjudico todos los grados de reali- dad inherentes a los procesos de la modernidad y de la globalización. No obstante, sí supongo que estas teo- rías son incapaces de dar cuenta de la excepción, pues su afán de totalización las ha vuelto impo- tentes para ingresar al campo de lo singular.

Al lado del ejercicio del

poder interesado en homo- geneizar, y paralelo al co- nocimiento particular de ese dominio, habitan el poder del nómada y el conocimiento del mar- gen. Su historia ha sido aquella del plu- ralismo que comba- te la totalización. Desde hace mile- nios y acompañan- do la tradición, el

pensamiento de la pluralidad ha

sobrevivido y hoy se aparece con una nueva cara: la del pragmatismo. Creo que la emergencia de la excepción es un síntoma de esa zona no co- lonizada que está presente en cual- quier lugar y en cualquier tiempo y que, en ocasiones, brota de ma- nera incontenible. Igualmente, en lugar de suponer la excepción como diferencia, la considero su síntoma, razón por la cual pertur- ba las políticas y las teorías de la totalización.

Dado que no existe una dico- tomía entre la unidad o la diferen- cia sino que, por el contrario, su

Al igual que muchas de las

naciones consideradas como las más violentas del planeta, desde finales del siglo pasado Colombia ha sido obje- to de todo tipo de intervenciones, propiciadas directa o indirectamen- te por países que se autoproclaman “las democracias más avanzadas”. Si bien es cierto que esas intervencio- nes difieren de país en país en cuanto a radicalidad, también lo es que,

independientemen-

Fotografía de Juan Trucco, 1920. en Colombia» , BPPM.
Fotografía de Juan Trucco, 1920.
en Colombia» ,
BPPM.

suspicaz les ha atribuido a las teorías “universales” un carácter que reposa en lo particular y con- creto, tendiente a homogeneizar los fenómenos sociales que osten- tan grados de similitud, y a excluir cualquier excepción.

Mi tesis considera que el conoci- miento está ligado a la experiencia, por ello asume que, puesto que las prácticas políticas y económicas de Occidente durante la era de la modernidad fueron imperialistas y en

te

de la modalidad

de

la intervención,

todas las guerras in- ternas, junto con sus formas políticas parti- culares de contención, son percibidas como ma- nifestaciones de una “bar- barie” que el “civilizado” Occidente pretende extir-

juicio, más importante

par de la faz de la tierra. A

mi

que la herencia de la Guerra Fría, el legado de las dos gue- rras mundiales y la nueva orga- nización geopolítica del planeta que de ellas floreció, fue la im- posición de una única manera de experimentar y de conocer la po- lítica y la economía. Nunca como hoy había logrado instalarse glo- balmente una sola dirección eco- nómica, política, social y militar,

lo que es paradójico si se conside-

ra el festín de diversidad que el

mundo dice celebrar.

El conflicto interno colombia- no, junto con otros conflictos de larga duración que perduran, pare- cen burlarse de las explicaciones generales de las ciencias sociales so- bre la guerra y sobre la paz. ¿A qué obedece esta dificultad para expli-

ZULETA P., M.: LA VIOLENCIA EN COLOMBIA: AVATARES DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN OBJETO DE ESTUDIO

NÓMADAS

expli- Z ULETA P., M.: L A VIOLENCIA EN C OLOMBIA : AVATARES DE LA CONSTRUCCIÓN

55

relación es de parale-

lismo, las políticas y las teorías de la totali- zación han estado compuestas de multi- plicidades. A mi jui- cio, el papel actual de las ciencias sociales consiste en hacer ver esas multiplicidades, modo de importunar

la

dirección unificado-

ra

del ejercicio del po-

der imperial. Ese es el propósito de la inves-

tigación de la cual se deriva este ensayo, ti- tulada Genealogía de la moral de las ciencias so- ciales colombianas y de

de la moral de las ciencias so- ciales colombianas y de Castillo de San Felipe, construido

Castillo de San Felipe, construido por Ricardo Carr (1657) y Antonio Arévalo (1762).

Cartagena. Gabriel Carvajal, 1953. BPPM.

pensamiento “no hu- manístico” al campo del conocimiento legi- timado y, en conse- cuencia, anunciaba una nueva composi-

ción del saber que ponía en riesgo la vali- dada por la tradición. Por tal motivo, al tiem- po del anuncio de Jaramillo, voceros des-

tacados

digma de la “razón ilustrada”, como Jesús Antonio Bejarano y Jorge Orlando Melo, advertían la urgencia

de tomar los correc- tivos del caso para evitar el desastre que, según ellos, estaba a puertas de suceder y que juzgaban como resquebrajamiento de la actividad científica del país. Efectivamente, de acuerdo con su criterio, semejante empresa su- pondría “el abandono de todo propósito por dar una explicación

del

para-

la

pregunta que, de modo pragmá-

Las ciencias sociales:

 

un territorio en disputa

tico, intenta responder y formula en los siguientes términos: ¿A partir del análisis de la excepción es posible dar cuenta de la diferencia?

Este ensayo esboza de manera preliminar una respuesta a esa pre- gunta y se vale de algunas de las premisas más importantes de los es- critos sobre la Violencia en Colom- bia, todas las cuales comparten la idea de que, entre 1946 y 1964, el país sufrió una guerra interna “fra- tricida” de carácter singular sin pa- rangón, antecedente de la actual situación de desorden. Aplico para ello, el análisis pragmático que, de modo somero, entiendo como el estudio de los grados de unidad de distintos sistemas de premisas y de

Con ocasión de un homenaje póstumo ofrecido al historiador colombiano Germán Colmenares, Jaime Jaramillo, uno de los histo- riadores más notables del país, aceptó un suceso acaecido en el saber de las disciplinas humanís- ticas: me refiero al arribo de la pers- pectiva de pensamiento que Alain Badiou llama “momento filosófico francés” (2005: 176). Cuando Jaramillo reseñó los últimos escri- tos de Colmenares, en especial su libro Las convenciones contra la cul- tura, publicado en 1987, exaltó el hecho de que el autor se aplicó a la comprensión de “las formas de pen- sar dominantes en las diversas épo-

los tipos de relaciones que ligan sus componentes, con miras a dar cuenta de algunos de los conjuntos de valores inmersos en dichos sis- temas. El ensayo está basado en cró- nicas, estudios y testimonios sobre

cas del pasado, fuera por la sociedad en general o por los diversos gru- pos y clases que componían su es- tructura” (1999: s/n). El suceso referenciado por Jaramillo no sola- mente mostraba un viraje metodo-

la

Violencia publicadas entre 1950

lógico de la historiografía; de alguna

y

1985.

manera, reconocía la entrada del

verificable

tución por el relato y la hermenéu- tica y los riesgos de dejarse llevar a la historia subjetivista propia de la cultura posmoderna” (Bejarano, 1997: 286).

a cambio de su susti-

No es necesario un análisis ex- haustivo de la vía insinuada por Colmenares para, rápidamente, re- conocer en ella un conjunto de acciones de insurrección. Por ejem- plo, la invitación a consolidar alian- zas “contra-natura” entre disciplinas muy dispares, como la de la impe- rialista historia frente a otras, como la crítica literaria y la lingüística. Asimismo, la propuesta de vincu- lar el oficio del historiador con la práctica filosófica de la especula- ción, con la cual interpretar los

56

de la especula- ción, con la cual interpretar los 56 N ÓMADAS N O . 25.

NÓMADAS

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

hechos. (Cfr. Colmenares, 1987 y 1997). Tal invitación, conside- rando la posición ocupada por Col- menares dentro del círculo de intelectuales vocero de la “razón ilustrada”, tuvo que producir un fuerte malestar. Dicho de otra ma- nera, era el cerebro –de las comu- nidades académicas– el que daba estocadas al propio corazón –de la verdad–. No es extraño entonces que, ante el llamado a la insurrec- ción del escritor, se haya respondido con maniobras de apaciguamiento dirigidas por los portavoces de su cofradía, por lo menos hasta cuan- do les fue posible defender la sobe- ranía del saber que encarnaban, de los embistes que se estaban confor- mando a su alrededor.

Los estudios sobre la violencia en Colombia

En el año de 1962 se presentó al público el libro La violencia en Colombia, resultado de la “primera

investigación sistemática” sobre los hechos de violencia acaecidos entre 1946 y 1958. Para los gobernantes del país en ese entonces, 200.000 mil muertes no sólo requerían una explicación, sino que también ur- gían por la construcción de una

memoria (Germán Guzmán,

lando Fals Borda y Eduardo Umaña, tomo I, 1980: 16). Tres años antes se había creado la Facultad de Sociología de la Universidad Na- cional y el Gobierno le había en- comendado un estudio objetivo, que “analizara el proceso desde una perspectiva histórico-política y em- pírica para escarmiento de las pre- sentes y futuras generaciones de colombianos” (Ibíd.). Tres intelec- tuales, dos de ellos directivos de esa Facultad y un sacerdote, se hicie-

Or-

ron cargo de la investigación que tenía por misión proponer una “te- rapéutica” y continuar, así, el tra- bajo de la Comisión Nacional de Investigación de las Causas Actuales de la Violencia, fundada en 1958 por

la Junta Militar que derrocó al dic-

tador Gustavo Rojas Pinilla.

Este suceso significó mucho más que una anécdota de la historia de las ciencias humanas colombianas. Inauguró un campo de estudios so- bre lo real, en el que sólo a través de la objetividad científica pudo garantizarse la verdad. Fue por un

gesto gubernamental que se auto- rizó a los científicos a señalar los culpables del mal que sufría el país

y a formular los remedios adecua-

dos para su cura. El libro, sin repa- ros, indicó a los culpables: todos los colombianos; por acción o por omisión tenían responsabilidad en lo sucedido y, todos, entonces, te- nían que ponerse en la tarea de re- parar el mal. Además del detallado diagnóstico, bosquejaba una tera- péutica en la que, de manera proli- ja, se señalaban los caminos que se debían seguir para la sanación (Cfr. Guzmán y otros, tomo 2, 1980: 261-460).

Nació un objeto que tenía por función hacer conocer la verdad histórica y forjar una memoria co- lectiva, que garantizara que esa ex- periencia no fuera jamás a repetirse. Sólo mediante la configuración de este objeto parecía posible confor- mar una tercería legítima para ocu- par el lugar de juez del pasado y redentor del futuro. No es extraño, pues, que se establezca tal fecha como el momento cuando, en el territorio de las ciencias humanas colombianas, ingresó el pensamien- to propio de la “razón ilustrada”,

ZULETA P., M.: LA VIOLENCIA EN COLOMBIA: AVATARES DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN OBJETO DE ESTUDIO

entendido como ciencia “empírica, teórica, acumulativa y objetiva” (Gonzalo Cataño, 1997: 39). Y que los historiadores se refieran al su- ceso como el inicio de la formación de un campo intelectual, definido por la independencia de la regencia que, sobre la relación entre co- nocimiento y verdad, habían teni- do hasta entonces los intelectuales pertenecientes a los dos partidos políticos tradicionales (Miguel Án- gel Urrego, 2002: 145).

La configuración de la sociedad rural

El libro La violencia en Colom- bia no fue el primero en su género. Contaba con una serie de estudios que lo antecedían, algunos de ellos también fruto de “trabajos sistemá- ticos”. Tales estudios, por ejemplo, los aparecidos a mediados de los años cincuenta de Vernon L. Flu- harty y de Antonio García, expli- caron la Violencia como el cambio de un orden señorial feudal por un orden mestizo, en el que las anti- guas elites pretendían conservar viejos privilegios, bajo el símil de una democracia moderna. Dicen estos autores, que el cambio se con- solidó cuando tuvo lugar la conju- gación de tres factores explosivos. El primero fue el nuevo orden in- ternacional, posterior a la Primera Guerra Mundial, que forzó al país a enrumbar su dirección señorial para participar del comercio inter- nacional. Por este motivo, entre 1923 y 1928 llegó una cantidad importante de recursos provenien- te de inversionistas y de emprésti- tos de los Estados Unidos, que no entraron al circuito de la produc- ción planificada, porque las elites se apropiaron de una buena parte.

NÓMADAS

no entraron al circuito de la produc- ción planificada, porque las elites se apropiaron de una

57

Lo mismo sucedió entre 1944 y

1946, gracias al alto precio del café en los mercados internacionales, con la diferencia de que, en esta ocasión, fue la burocracia del co- mercio cafetero la que se apropió de gran parte de esos ingresos. El segundo, fue la configuración de intelligentias que hicieron circular ideas procedentes de movimientos social-demócratas foráneos y de la revolución rusa. Este estuvo asocia- do con el éxito electoral del parti- do liberal en 1930, después de casi cincuenta años de hegemonía con- servadora; con la iniciación de la política democrática de La Revolu- ción en Marcha, entre 1934 y 1938,

y con el surgimiento del liberalis-

mo radical del caudillo Jorge Eliécer Gaitán. El tercer factor con- cierne a la conformación de orga- nizaciones obreras, artesanales y estudiantiles durante los años vein- te, de las que surgieron movimien- tos políticos como el Partido Socialista Revolucionario, más tar- de Partido Comunista, y la Unión

Nacional Izquierdista Revoluciona- ria, entre otros. Los dos últimos fac- tores, según los autores, generaron una fuerza de reacción que paula- tinamente se fue consolidando alrededor de cofradías conser- vadoras, algunas de ellas franca- mente falangistas como las dirigidas por Laureano Gómez, y también li- berales que se oponían a las ideas de democratización y, sobre todo,

a las prácticas igualitarias que tales

ideas promovían con el apoyo de los gobiernos liberales de Alfonso López Pumarejo quien

le dio un nuevo sentido al arte de gobernar. Abandonando el viejo modelo de ‘ocupar la ad- ministración’, pasó a practicar una gradual revolución planifi-

58

pasó a practicar una gradual revolución planifi- 58 N ÓMADAS cada contra la amarga oposición de

NÓMADAS

cada contra la amarga oposición de la oligarquía. Pero cuando terminó su primer periodo ha- bía planteado conflictos que desgarraron violentamente al pueblo y a las clases. Después de López, el Estado como inno- vador y director, habría de estar en conflicto constante con la idea del Estado como puntal de la posición privilegiada de la oligarquía (Fluharty, 1957, 1987: 60).

Así las cosas, la violencia del país fue entendida como la conse- cuencia de los avatares inmersos en la construcción democrática de una Nación, cuando tiene que luchar contra diversos grupos que tradicio- nalmente han ejercido el poder y que gozan de la potestad de inven- tar estratagemas en contra de la so- lidificación de una unidad que les impida seguir con sus privilegios. Sin embargo, esta tesis, a pesar de su coherencia, no era suficientemente convincente para explicar las razo- nes de la violencia que se decía era “tan particular” de Colombia 1 ; en especial, por el protagonismo de los dos partidos políticos tradicionales en ella, su especificidad como con- frontación rural y su brutalidad, ca- racterísticas que impedían que el confrontamiento pudiera entender- se como el resultado de una lucha en ciernes entre clases sociales 2 . Y dentro de esta trama, el libro de Guzmán y sus colaboradores giró la dirección entre conocimiento y ver- dad, al imponerle condiciones de otra índole a la acción del intelec- tual que lo comprometían a partici- par en ella. De modo que, ya no bastaban análisis eruditos o políti- cos, ni estudios de archivos con in- formación oculta con los que también intentaban aumentar los

grados de objetividad 3 ; para llegar a la verdad había que internarse en las profundidades de la confronta- ción, mostrarla tal cual ocurrió, seguir los avatares de los protago- nistas de los bandos en disputa, en- trevistar a los victimarios y a las víctimas. En otras palabras, para conocer la verdad había que poner- se en la tarea de enfrentar al objeto de estudio.

De los testimonios sobre suce- sos ocurridos en distintas regiones del país, contados por sus protago- nistas, tales como los acaecidos en los Llanos Orientales y en el Tolima, de los análisis políticos que desem- bocaban en el 9 de Abril, de los estudios estadísticos y económicos, se dio paso a la investigación sobre la Violencia, con mayúscula, y se incluyó en ella el cúmulo de traba- jos anteriores que tuvieran co- nexión con la misma cuestión 4 . El territorio del nuevo objeto en con- formación alojó antiguos saberes, como el de la historia que facultó determinar antecedentes y dar el orden de sus fases; el de la geogra- fía, que delimitó regiones y levan- tó cartografías; el de la estadística, que permitió metódicamente estu- diar poblaciones y tendencias; el de la economía, que definió los ava- tares de la producción, del inter- cambio y del comercio en las distintas regiones delimitadas. No obstante, la novedad consistió en darle preeminencia a la práctica del sociólogo y en suponer que era ne- cesario realizar investigación de campo de carácter positivo y em- pírico 5 . Fue en este territorio don- de tomó forma la sociedad rural.

El giro metodológico de la in- vestigación y el objeto que se cons- tituyó a través de él, propusieron

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

construir una idea de Nación con ciertas ca- racterísticas. En pri- mer lugar, incluir en ella el complejo uni- verso campesino y no solo el mundo de los gobernantes, la eco- nomía o el ciudadano. Igualmente, “crear de nuevo en los colom- bianos ‘un pensamien- to, un interés y una ”

voluntad de nación’

mediante el rescate de prácticas morales de antaño, que el proceso de la violencia había supri- mido. Asimismo, construir una conciencia histórica campesina, “porque mientras de ella carezca [el campesino] será horda con todas las regresiones de la horda” (Guzmán y colaboradores, tomo 2: 442). Esta tarea debía ser realizada por otros colectivos ya organizados, entre ellos la Iglesia, el ejército y el sec- tor educativo quienes debían “co- municarla al pueblo”. Finalmente,

transformar la fuerza destructora inherente a la horda en fuerza pro- ductiva, encomienda asignada a los gremios económicos, mediante la ofrenda de “una causa grande más poderosa que sus disculpas para el

crimen

, medios para realizar un programa ”

planeado de producción

450-451).

realizar un programa ” planeado de producción 450-451). Capilla del Fuerte de San Felipe, Cartagena, Juan

Capilla del Fuerte de San Felipe, Cartagena, Juan Trucco, 1920. BPPM.

e irresponsable de muchos miem-

bros regionales y nacionales de los dos partidos políticos tradicionales que, para defender sus propios in- tereses económicos y políticos, azu-

zaron los instintos más salvajes de un “pueblo ignorante” y “vengati- vo” muy fácil de incitar. A ello, se le sumó el hecho de que gente del pueblo había participado en “cona- tos revolucionarios” fomentados por el Partido Comunista. Insisto, es extraño el impacto que tuvo el libro de Guzmán y sus colaborado- res, dado que proponía como salida

a la Violencia ideas muy cercanas

a las soluciones de los políticos de

los dos partidos tradicionales y muy

lejanas a las de los demás científi- cos: la conformación de un Estado “mestizo”, simultáneamente seño-

rial y burgués, con altos ingredien- tes militares 6 . No obstante, quiero detenerme en uno de sus elemen- tos que, a mi juicio, invitó a pensar las cosas de otra manera en lo con- cerniente a las acciones que debía seguir el intelectual, el campesino

y el político.

”;

La premisa de que la Violencia era efecto de una reacción impul- sada por el sectarismo, que sacó a flote los instintos violentos del cam-

pesinado “vengativo”, se acompañó de otra que hablaba de los lo- gros que ese campesi- nado había alcanzado a través de ella. Si tími- damente Guzmán y sus colegas señalaron que “en el inmenso conglo- merado bajo y medio, rural y urbano, [estaba] naciendo y creciendo una conciencia nueva poderosamente orien-

tada hacia lo social

”,

estudios sucesivos se dispusieron a discriminar de modo detallado y empírico esa conciencia naciente (Ibíd.: 267). Por ejemplo, Camilo Torres concluyó que la violencia desencadenó “un proceso social im-

previsto por las clases dirigentes

que le dio a los campesinos “solida-

ridad de grupo, sentimiento de superioridad y seguridad en la ac-

ción

dades de ascenso social

prefirieran “los intereses del cam- pesino a los intereses del partido” (1961: 112). Igualmente, Orlando Fals Borda mostró cómo, los cam- pesinos [de los Andes] habían ini- ciado el movimiento de laicidad necesario para dejar atrás las ideas de sufrimiento y pasividad que ca- racterizaban, desde la colonia, su mundo mítico-religioso (1961: 167). Asimismo, José Gutiérrez demostró como la rebeldía fue lo que caracte- rizó a algunos grupos campesinos, es- pecialmente los adscritos al Partido Comunista (1962: 93). Aunque ta- les estudios unían la suposición de que el campesinado se estaba forjan- do una conciencia histórica, con la idea de que el mundo campesino era ajeno al progreso, no mostraban un rechazo manifiesto a la violencia campesina en sí misma.

e hizo que

,”

también les abrió “posibili- ”

un motor; un tractor,

(Ibíd.:

El libro La Violencia en Colom- bia propuso, entonces, como solu- ción a la Violencia, la cuestión que unos años antes, estudiosos como Fluharty y García habían señalado como la causa de la misma. De ahí la explicación que el estudio privi- legió, la cual resumo en los siguien- tes términos: la violencia fue la consecuencia de la acción sectaria

ZULETA P., M.: LA VIOLENCIA EN COLOMBIA: AVATARES DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN OBJETO DE ESTUDIO

NÓMADAS

sectaria Z ULETA P., M.: L A VIOLENCIA EN C OLOMBIA : AVATARES DE LA CONSTRUCCIÓN

59

Encontramos, pues, que el territorio con- formado para los aná-

lisis de la Violencia se caracterizó, en un prin- cipio, por tres cuestio- nes: en primer término, la ambivalencia en la consideración de la manifestación de la violencia que, al mis- mo tiempo, le atribu- yó signos de reacción

y de liberación; en se-

gundo término, la de- manda de estudiarla mediante trabajos de campo realizados en el hábitat donde la violencia se des- envolvía, lo que garantizaba que los investigadores enfrentaran, en su propio terreno, al objeto de es- tudio y en tercer lugar, el requisito de que tales trabajos ofrecieran so- luciones concretas a los problemas diagnosticados, basadas en méto- dos empíricos y en la “compren- sión a fondo” de la “realidad” estudiada. Fue así como el objeto

La Violencia construyó, entonces, su hábitat: la sociedad campesi-

na. Mientras la ciencia “artesanal” propuso su análisis y definió una intervención, la ciencia “profesio- nal” poco a poco ofreció nuevas forma de abordarlo. Vamos ahora

a recorrer el camino abierto por

los científicos “profesionales”.

el camino abierto por los científicos “profesionales”. Castillo de San Fernando, Cartagena, Juan Trucco, 1920.

Castillo de San Fernando, Cartagena, Juan Trucco, 1920. BPPM.

ción particular de las fuerzas en confrontación. La segunda, provo- có la conversión en sujeto del ob- jeto. Ambas dejaron atrás las concepciones subordinadas a la relación víctima-victimario. En este apartado me detendré en la primera bifurcación.

La introducción de la perspecti- va estructural desplazó del lugar de la causa de la violencia el asunto de las fuerzas en confrontación, que pasó a esgrimir un carácter de con- secuencia. Tal desplazamiento ocasionó el derrocamiento de la so- ciología como conocimiento im- perante para la explicación de la violencia y, en cambio, entronizó al de la historia, en alianza con la eco- nomía y la ciencia política. Asimis- mo, ocasionó la subordinación del oficio “artesanal” del sociólogo al trabajo “profesional” del científico. De manera que la emisión de la ver- dad fue colonizada por expertos que, a diferencia de los artesanos, no es- grimían intención de redención de las víctimas. Más bien, advertían la urgencia de conformar un camino viable que hiciera factible ordenar racionalmente las relaciones entre los diversos elementos políticos, so- ciales y económicos del país.

La consideración de que existía una ló- gica subyacente tras las fuerzas en confron- tación, no era nueva. La novedad consistió en que ella se enca- minó al análisis de la violencia. Algunos autores, por ejemplo Charles Bergquist (1981), refiriéndose a los antecedentes de los estudios razonables

sobre historia econó- mica colombiana, señalan que se iniciaron a partir de 1970. Lo mis- mo anotan quienes han hecho los balances que existen sobre el tema de la violencia (Cfr. Gonzalo Sánchez, 1995 y Carlos Miguel Ortiz, 1994). Sin embargo, quisie- ra hacer mención a dos trabajos precedentes.

El estudio de Germán Arci- niégas, The State of Latin America, realizado a principios de los cin- cuenta, supuso a toda la región latinoamericana como un solo “Es- tado”, en ese momento ocupado por fuerzas militares. De acuerdo con sus palabras: “una vasta cons- piración contra la democracia, la libertad, el respeto por los derechos humanos está teniendo lugar en Latinoamérica” (1952: xi). El ob- jeto de su análisis consistió en de- nunciar los sucesos que estaban reduciendo la política de una gran parte de América “a la acción de dos actores: los Dictadores y el Pue- blo” (Ibíd.: xv). La causa que atri- buyó a ese estado de cosas no fue la lucha entre el orden feudal mes- tizo y el burgués, o la falta de un proyecto de Nación, aunque man- tuvo algunos de estas suposiciones, sino razones externas que afectaban

La configuración del Estado

La relación víctima-victimario que se impuso para explicar la vio- lencia produjo dos bifurcaciones, que se desarrollaron simultánea- mente. La primera, condujo al es- tudio de la lógica subyacente que pudiera explicar esta manifesta-

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lógica subyacente que pudiera explicar esta manifesta- 60 N ÓMADAS N O . 25. O CTUBRE

NÓMADAS

NO. 25. OCTUBRE 2006. UNIVERSIDAD CENTRAL – COLOMBIA

las particularidades propias de los gobiernos de cada país y las en- cauzaban. En especial, las ideas dictatoriales provenientes del franquismo español y la dirección neocolonial imperante en las rela- ciones comerciales entre los Esta- dos Unidos y los países vecinos, después de la Segunda Guerra Mun- dial (Ibíd.: 385-393).

Las premisas de Arciniégas fue- ron retomadas por Francisco Posa- da en el estudio Colombia, violencia y subdesarrollo (1968), cuya finali- dad fue demostrar que nuestro mo- delo capitalista había dado lugar a la Violencia. Con cifras sobre el desenvolvimiento histórico de la economía agraria y el análisis de las reglas del intercambio promovidas por el comercio internacional, Po- sada examinó de modo minucioso la lógica interna que dio forma a los conflictos colombianos entre latifundistas y minifundistas, desde el siglo XVIII. Según su razona- miento, “la economía natural del pequeño productor agrícola” se entrelazó “a las grandes leyes del comercio capitalista, y sin haber avanzado un ápice en el desarrollo de la técnica o de los conocimien- tos, sin haber gozado de las reno- vaciones de la sociedad burguesa ” (Ibíd.: 38). Así, a la dirección so- cial demócrata propia de la revo- lución se le enfrentó otra, de carácter reaccionario y semifeudal, referente al neocolonialismo, razón por la cual en Colombia se dio la Violencia (Posada, 1968: 168). A mediados del siglo XX, la dirección reaccionaria extirpó del todo a la democrática, presente en “las secue- las positivas de la Revolución en Marcha” y “el movimiento gaitanista de masas” y nos condenó al subde- sarrollo (Ibíd.:26).

Estos dos trabajos consideraron un asunto que los anteriores no ha- bían estudiado. Insertaron nuestros problemas locales dentro de las di- rectrices mundiales, operación con la que pudieron organizar de modo estructural, las manifestaciones de las distintas fuerzas internas en con- frontación, el tipo de esas oposicio- nes, y sus relaciones con fuerzas externas. Este movimiento de inser- ción de lo local en las fuerzas “imperiales y neocoloniales” del ca- pitalismo, facultó traer a cuento la noción de Estado moderno para explicar la violencia en Colombia.

Fue bajo esta reformulación que la premisa del subdesarrollo coman- dó el giro, por el que optaron los científicos “profesionales” del Esta- do que se dedicaron al estudio de la Violencia, a lo largo de las déca- das de los años setenta y ochenta. Su reformulación partió de la pro- posición de que el subdesarrollo obedecía, principalmente, a que Colombia carecía de una razón moderna y a que, los análisis pro- ducidos hasta el momento habían sido hechos por artesanos, lo que impedía que primara la racionali- dad 7 . Los nuevos historiadores se encaminaron, entonces, a realizar estudios fríos sobre la Violencia. Se propusieron para lograrlo, dejar de lado la explicación que había pri- mado sobre la brutalidad de los acontecimientos y, en consecuen- cia, aquella del salvajismo campe- sino; asimismo, abandonar la idea de la lucha entre órdenes cuasi- feudales y democráticos y, por consiguiente, el supuesto de la pre- eminencia de factores como la sin- gular pertenencia a los dos partidos políticos, que nos atribuían parti- cularidades frente a otras naciones vecinas 8 .

ZULETA P., M.: LA VIOLENCIA EN COLOMBIA: AVATARES DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN OBJETO DE ESTUDIO

Juzgando que estas explicacio- nes, en último grado, conformaban miradas causales subjetivas, tales científicos cambiaron no solo los supuestos de partida, sino también

la técnica para realizar los estudios

y abandonaron el lente microscó-

pico para reemplazarlo por uno te- lescópico, herramienta con la que, paradójicamente, accedieron a la lógica implícita de los motivos que, según ellos, habían provocado la Violencia en Colombia.

La mirada telescópica planteó

la premisa de la carencia de Estado

que, simplificada, puede resumirse en estos términos: la Violencia fue un momento de caos social, en el que los intereses particulares de todo tipo (los de los ricos y pobres,

campesinos y citadinos, gamonales

y líderes regionales, capitalistas y

obreros) salieron a la superficie sin contar con regulación alguna que los subordinara a un orden legiti- mado 9 . Tal premisa compartida en su base general por casi todos, tuvo empero distintos matices 10 .

Por ejemplo, algunos estudiosos atribuyeron ese caos al hecho de que el orden institucional que ha- bía prevalecido (una especie de tra- dición que era un simulacro de Estado) había desaparecido y no fue reemplazado por ninguno otro 11 ; para otros, obedeció a que el orden democrático que había reemplaza- do temporalmente al tradicional había sido suprimido por la fuerza 12 ; finalmente, para otros, se debió a que la desaparición del orden tra- dicional había sacado a flote costumbres arcaicas, que se mani- festaron en obtener el mayor pro- vecho posible de todas las esferas de la sociedad campesina sin impor- tar adscripciones partidistas, perte-

NÓMADAS

vecho posible de todas las esferas de la sociedad campesina sin impor- tar adscripciones partidistas, perte-

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nencia institucional, conflicto de clases o posiciones jerárquicas limitantes de su ganancia 13 .

Lo anterior imbricó la imagen del subdesarrollo en la de la caren- cia de Estado. La objetividad que se puso en práctica para lograr esa operación, junto con el lente telescópico que se instrumentó para observar desde la distancia las relaciones sociales microscópicas, dio en resultas, esta vez, el ingreso definitivo de la “razón ilustrada” al territorio del conocimiento. Inde- pendientemente de las inclinacio- nes políticas de las fuerzas en confrontación, fueran ellas “reac- cionarias” o “democráticas”, y a diferencia de muchos países latinoa- mericanos, para este grupo de estudiosos, el problema de la Vio- lencia radicó en la imposibilidad del país de consolidar una estructura que le diera alojamiento a la razón de Estado, en el momento cuando las instituciones tradicionales fue- ron finalmente desplazadas de su lugar de privilegio en la jerarquía social.

Si bien el preparamiento de los profesionales los alejó del lugar de redentores, sus estudios se encami- naron a describir minuciosamente los problemas sociales como mane- ra de apoyar su supuesto: por ejem- plo, las zonas de retraso de la modernización socioeconómica, las características y cambios del desen- volvimiento de la caficultura y la tradición preponderante en las ló- gicas de acción de la política, en- tre otros muchos. Estos estudios resaltaban, con matices, la caren- cia de una estructura racional-bu- rocrática que ordene jurídicamente el gobierno de los diversos intere- ses particulares y se anteponga a las

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diversos intere- ses particulares y se anteponga a las 62 N ÓMADAS creencias, a las adscripciones

NÓMADAS

creencias, a las adscripciones polí-

ticas y a las instituciones tradicio- nales 14 . Es decir, de un Estado que

se apropia de la guerra como mani-

festación de la política y en el que

se faculte poner en marcha una idea

de justicia asociada a la universali-

dad de la razón 15 .

De manera que, estos nuevos

científicos profesionales, librados de

la obligación de la redención, hu-

bieron de cambiarla por la tarea de sugerir prontuarios. De redentores pasaron a juristas y quisieron sen-

tar una juridicidad, entendida “como la tendencia o criterio favo- rable al predominio de las solucio- nes de estricto derecho en los asuntos políticos y sociales” (Dic- cionario de la Real Academia, II, 1984: 805).

La constitución del pueblo

Además de la bifurcación que desembocó en el Estado, el libro

de Guzmán y sus colaboradores planteó otra, más cercana a la so- ciología, que retomaba de diver- sas maneras la concepción de que

la violencia no solo había produ-

cido efectos nocivos generales en

el país, sino que de ella había sur-

gido como particularidad una so- ciedad campesina, más organizada y combativa y con síntomas de for- mación naciente de una concien- cia histórica. La positividad de esa

segunda bifurcación, le dio un giro

a la imagen de pasividad, inge-

nuidad y salvajismo que había

predominado sobre la sociedad campesina. También liderada por

la ciencia “profesional”, su acción

fue demarcada por la dialéctica marxista. De forma que la “verdad”

del marxismo entró en el territo- rio de la construcción del objeto de estudio, y sus apóstoles poco a poco fueron tomando posiciones en él.

Efectivamente, el estudio de Eric Hobsbawm, Primitive Rebels, publicado en 1959 y conocido en los años sesenta en el país, fue el más influyente en esta vertiente historiográfica. Según las premisas del autor, durante los siglos XIX y XX, los campesinos en diversas re- giones de Europa reaccionaron a las exigencias del capitalismo me- diante resistencias, fueran ellas pacíficas o violentas. Tales resisten- cias obedecieron, dice el historia- dor, a condiciones arcaicas de organización de tipo “prepolítico”. De manera que, la explicación de la Violencia colombiana se equi- paró a ese proceso europeo “arcai- co” de resistencia campesina frente a la penetración del capitalismo 16 . No obstante, el punto referencia de Hobsbawm no fue aceptado sin discusión por todos; acogiendo la idea de lucha, otros historiadores retrocedieron el tiempo de sus pes- quisas para buscar un origen ante- rior a los años cincuenta, motivado por eventos socioeconómicos par- ticulares y probado por huellas em- píricas. Al encontrarlo, fijaron el proceso, no como una situación meramente “prepolítica”, sino como un continuo social de larga duración que, dicen ellos, en algu- nas de sus fases y lugares, fue acti- vo, dinámico y auto-organizado 17 .

De acuerdo con este grupo de historiadores, la Violencia fue el resultado del problema recurrente de las luchas por la tierra que se desencadenaron desde el siglo XVI en el país 18 . Hasta el siglo XIX, las

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