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Ms de una vez, fui testigo de los duelos verbales entre el David y mi madre en

los que por lo regular la perdedora era ella porque en este albureo y
confrontamiento de vulgaridades, al responder David con el nombre corriente
del miembro viril, mi madre casi siempre se daba por vencida y terminaba as
la contienda: hijoelachingada, agradece que no soy hombre, cabrn.
Luego, David, en alguna ocasin, mientras me echaba el pelo para atrs, le
deca a mi madre: este muchacho va a ser inteligente. Mira las entradotas que
tiene.
Ve t a saber si se equivoc, pero al mismo escenario de los agarres (en la
entrada de la casa, junto a unas trancas) lleg un grupo de jvenes
preguntando si no haba muchachos en edad de ir a la escuela primaria y justo
yo me encontraban en ese estado a los 6 aos de edad, as que le entre a la
escuela Francisco I. Madero. Recuerdo que en los primeros aos me dio clases
la seorita Elena (forma de nombrar a la maestra, pues Pedro, un hijo de Elena,
primero de varios estaba en mi grupo) y luego la directora, la seorita Concha
me dio en los ltimos aos.
Cuando se poda, sobre todo en las vacaciones, trabajaba en las labores del
campo.