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Capítulo 29

1959. LA DELANTERA DE CRISTAL

En sólo dos temporadas (59/60 y 60/61) hizo las delicias


del sevillismo con un fútbol alegre y goleador
Eran tiempos en que las líneas de ataque las formaban cinco
futbolistas: dos interiores y tres delanteros

No fue más que la punta del iceberg de una alineación recitada de carrerilla
por los aficionados sevillistas de la época: Mut; Santín, Campanal, Valero; Ruiz
Sosa, Achucarro; Agüero, Diéguez, Antoniet, Pereda y Szalay. La delantera de cristal
exhibió un fútbol talentoso y eficaz ante el gol, marcando 88 tantos durante sus
dos años de vigencia: Agüero 12, Diéguez 23, Antoniet 18, Pereda 13 y Szalay 22.
Mucho mejor la 59/60 que la 60/61. En la primera, el Sevilla quedó cuarto en la
liga, con resultados espectaculares como los dos triunfos sobre el Athletic de Bilbao;
5-0 en el Sánchez-Pizjuán (dos de Szalay y Pereda y uno de Agüero) y 2-5 en San
Mamés (con dos de Pereda y uno de Agüero, Diéguez y Antoniet), o los cosechados
ante el Atlético de Madrid (3-0), Real Madrid (4-1) o Betis (1-4). En la segunda, el
balance fue un discreto undécimo puesto. Si duró sólo dos ejercicios fue porque su
buen hacer llamó la atención del Barcelona y del R. Madrid. Los azulgrana ficharon
a Pereda y a Szalay y los blancos a Agüero, cerrándose así un brillante pero corto
ciclo.
Juan Bautista Agüero llegó al Sevilla procedente del Olimpia de Asunción
(Paraguay) en la temporada 58/59. Era internacional por su país y había sido
mundialista en Suecia´58. Jugó de extremo derecho y su principal virtud fue la
velocidad y la elegancia en el regate. José Carlos Diéguez Bravo aterrizó en Nervión
siendo un zagal, en la campaña 57/58. Su club de procedencia fue el San Lorenzo de
Almagro (Argentina). Con el tiempo alcanzó la condición de leyenda, afincándose
en Sevilla y formando su familia en ella; incluso, hasta poco antes de su muerte,
se encargó de la conserjería del estadio Sánchez-Pizjuán. Deslumbró desde la
demarcación de interior diestro. Futbolista de dribling endiablado, hizo gala de un
tiro seco y potentísimo. Sus 73 goles logrados con la camiseta blanca le dan un sitio
destacado en el ranking de los realizadores sevillistas. Antoniet fichó por el Sevilla

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en 1957. Sus comienzos en el fútbol fueron en su tierra, en el Hércules alicantino,
aunque no destacó hasta su ingreso en el Real Jaén. De ahí pasó a la plantilla sevillista.
Alternó las funciones de delantero centro y de extremo izquierda, destacando su
polivalencia y su versatilidad, con un buen manejo tanto de la pierna derecha como
de la izquierda (aunque fue mejor con ésta) y un buen dominio del juego aéreo. En
sus seis temporadas en Nervión cantó gol en 59 ocasiones. Jesús Pereda ingresó en
el Sevilla tras su paso por el Real Madrid. Lo hizo junto a Segurola, como parte del
traspaso del melillense Pepillo al club merengue. En sólo dos ejercicios alcanzó un
éxito extraordinario, calando hondo en el aficionado. Interior zurdo, su estilo fue
puro arte, su calidad incuestionable y su trabajo incansable. Tibor Szalay, de origen
húngaro, fichó para la campaña 58/59. Su club de origen fue el Austria de Viena y
su ubicación en el campo, la de extremo izquierdo. Tenía un gran manejo del balón
con los dos pies. Al igual que Agüero, tenía gran velocidad, y lo mismo que éste y
Pereda, satisfizo los deseos del Madrid y del Barça, que no dudaron en quebrar una
línea que maravilló a la hinchada de Nervión.

Agüero
El delantero intenta escapar del marcaje del defensor del Barcelona en el Coliseo Sevillano.

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Partido internacional
Sevilla y River Plate de Buenos Aires.

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Final de Copa 1962
Campanal encabeza la formación sevillista en la final de copa.

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