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NARANJO EN FLOR

JOSE DE MATURANA

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BIOGRAFIA

NACIO José de Maturana en Buenos Aires el 15 de Mayo de 1884, dedicándose desde muy joven al periodismo y a la propaganda de los más avanzados ideales revolucionarios. Adolescente aún, pu- blicó un pequeño libro de versos, “Cromos” (1901), pronto seguido por ”Lucila" y “Poemas de Color” (1902), en que su sensibilidad

artística mostraba ya la firme línea personal que se acentuó en ”Las fuentes del camino” (1902) y ”Naranjo en Flor" (1912), editado este último en Madrid. De sus escritos en prosa, - cuentos, impresiones de viaje, crítica, - reunió algunos en el volumen titulado ”El balcón de la vida”

(1911), y editó en folletos “Gentes honradas

tro”, y otros. Obtuvo sus más sonados triunfos como autor dramático. Escri- bió celebrados sainetes, como el popularísimo “¡Qué calor con tanto viento!”, y obras de verdadero mérito artísticos “El campo alegre”, “La flor del trigo", etc. Su poema rústico en tres jornadas “Canción de primavera” se considera como uno de los más justos éxitos del teatro poético argentino, a cuyo desarrollo contribuyó con otros dos dramas en verso, “La flor silvestre" y ”Canción de invierno”. Dejó Maturana numerosos escritos, y poesías inéditas, desta- cándose entre estas últimas su inconcluso poema “La vuelta de Só- crates”, publicado por la revista ”Nosotros” en el primer aniversario de su muerte. Después de resistir serenamente la cruel enfermedad que le tuvo en cama durante más de un año, falleció en Córdoba el 7 de Junio de

1917, a los 33 años de edad.

“El dolor en el tea-

”,

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PROLOGO

I

TODO momento decisivo de la historia realiza una metafísica y un arte. No es indispensable averiguar aquí si la metafísica y el arte dan origen al régimen social o si, por el contrario, tales concepciones derivan de las relaciones históricas y económicas de los pueblos; lo interesante es constatar que vengan de donde vengan, ellas constitu- yen el punto de mira de toda comunidad que afirma su voluntad de proyectarse en el tiempo y el espacio. Aspiramos el perfume de la flor sin pararnos a examinar qué elementos concurrieron a producirla en el trabajo secreto de los gérmenes. Fue suficiente que la democracia se anunciara como estructura destinada a gobernar las sociedades para que el viento de renovación, que ya soplaba desde la selva lírica de Hugo, se arreciase en el hura- cán del naturalismo, avasallador, ardoroso, implacable, grosero a ve- ces, como todas las reacciones, que aventó las actitudes postizas de una retórica de academia y apagó los acentos de la orquesta jeremíaca y falsa de los románticos. Desde entonces hasta ahora el esfuerzo creador de la democracia se ha dedicado a construir, de acuerdo con una fórmula de conciliación del idealismo y del realismo, las dos fuentes fundamentales de la estética, el ideal artístico del siglo. A virtud de tal afán, al arte que adjudicó la exclusiva de la belle- za, de la armonía y de la gracia, a una minoría de iniciados, ha suce- dido el arte que expropia los más preciados valores espirituales y los siembra a voleo sobre el alma colectiva; al arte que la aristocracia de la sangre, del dinero y del talento guardó en los frágiles estuches del alcázar, ha sucedido el arte que exhibe por doquiera su inmaculada y encantadora desnudez ateniense; al arte tieso, pulimentado y encogido que se encerró en el egoísmo de la torre de marfil, como la momia en

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su sarcófago, ha sucedido el arte de carne y hueso que se pasea con nosotros por las calles y por las plazas, que desciende con nosotros al fondo de las minas, que penetra con nosotros a los talleres y a las fá- bricas, que corre con nosotros por los campos bajo el azote del viento y de la lluvia y bajo el rigor del sol, que con nosotros sufre, que con nosotros ama, que con nosotros llora, que con nosotros canta. El arte de la democracia es, pues, el arte de la vida; y a la vida ha de referirse, en término último, uno u otro modo, toda manifestación espiritual que no quiera colocarse fuera de su tiempo y de su misión. El gran arte, según Fouillée, "es el que ejerce su acción sobre una so- ciedad entera, que encierra en sí bastante sencillez y sinceridad para convencer a todos los hombres inteligentes, y también bastante pro- fundidad para suministrar materia a las reflexiones de un grupo se- lecto." De consiguiente, ser artista es tener en grado máximo la pasión del siglo, que en sus múltiples manifestaciones es. en suma, la pasión de la vida misma como amplia y definitiva torna de posesión del mundo: es tener en grado máximo el don de la simpatía, de la simpa- tía honda y creadora que sopla por todas partes como la brisa, que baña todas las cosas como la luz del sol que al mismo tiempo descubre el lado luminoso de la montaña ciclópea y la del ínfimo guijarro: es poseer el don del atma del panteísmo brahamánico, que se sumerge en cada cosa y la anima y la estremece y la agita y la levanta vibrando a las alturas para confundirla con la eterna divinidad mediante esa po- tencia milagrosa del espíritu que, según el verso del poeta: puede sa- car un astro de la entraña de un siglo.

II

JOSÉ de Maturana perteneció por entero a la milicia espiritual de la democracia. Desde el comienz1 de su carrera literaria hasta el día, infausto para las letras americanas, en que la muerte apagó la luz

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de sus pupilas, en la plena razón de su talento, la vida fue el objeto exclusivo de su arte, de acuerdo al alto canón expresado por el genio de Guyau. No hay una estrofa de las suyas, así se trate de la más concluida como de aquella en la que el medio de expresión no responde al vuelo lírico del estro, de la que no transcienda, ora manso como un éxtasis, ora ardoroso como una admonición, ora violento como un apóstrofe, el aliento febricitante de la vida. Reside precisamente en este culto, tan sincero como espontáneo, el prestigio perdurable de su obra. Maturana es, por este solo título, un poeta civil de la democracia. Consciente de la posición de su época y de su raza en el proceso de la civilización, se hizo un heraldo de sus aspiraciones y definí6 la misión del arte por la diversidad infinita de sus objetos y por la inter- minable de su afán. Así lo dice con justeza en “La vuelta de Sócrates", poema de alto vuelo que, no obstante haber quedado inconcluso y fragmentario, es una definitiva y categórica profesión de fe:

La poesía, hermano, la augusta poesía, es un ave errabunda de luz y de armonía; es azul bondadosa como el astro del alba, profunda, corno el mar, suave como la malva; canta en el fuego fatuo y en la luna de plata, matiza el arco iris, borda su serenata en las ondas del río y en el verde pinar; canta constantemente; su misión es cantar, volcar sobre la tierra su rol de maravilla, dejar caer un beso fecundo en la semilla que ennoblece los surcos; glorificar el grano de oro de los trigos; al pensamiento humano seguir en sus fatigas hondas y seculares

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Su arte, que es movimiento, expresión de vitalidad, advierte que “la pereza es hermana del esplín homicida” y proclama de inmediato la necesidad de glorificar toda existencia por medio del esfuerzo, pues

no hay para la vida más glorificación que el lauro del combate que fecunda la acción.

Tiende la vista en torno suyo, y sólo encuentra salvo raras excep- ciones, una poesía neurasténica, que vive de artificios, como las corte- sanas; que tiene horror al trabajo si se refugia en los museos del pasado buscando inspiración en las tradiciones helénicas: que copia las imágenes que los poetas de Francia provocan con las drogas de una complicada farmacopea literaria; o que se entretiene en combinar palabras con palabras, jugando a ese “sencillísmo” contemporáneo que evoca a las princesas disfrazándose de pastoras para sacudir el largo tedio de sus ocios; e irguiéndose frente a ella con energía apenas con- tenida, en nombre de su credo constructivo, formula a los poetas que la sirven el tremendo interrogante:

¿Y tú sueñas, poeta, con los brazos cruzados, en la Arcadia perdida de los tiempos pasados? ¿Tienes el alma llena de ese ensueño florido que no puede ser vida, puesto que ya se ha ido? ¿Y lloras? ¿Y tú crees que llorando será como el perdido ensueño se reconquistará?

No se detiene allí. En pos del filósofo, el viento - ligero símbolo, en este caso, del espíritu universal - que, a virtud de una hermosa pro- sopeya, adquiere el don de la palabra y que habla desde lugar indeter- minado, enseña al poeta negativo que acaba de sostener que nada existe “que merezca ser vívido y cantado", que la condición de la glo- ria es el esfuerzo, porque “la gloria es una alegría convertida en can- ción".

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Activo Y combatiente, él está en guerra, en guerra ardua y sin cuartel con “el dios impotente de los atormentados”, con los déspotas, con los escribas Y los fariseos, con la miseria, con la ignorancia, con todo cuanto, en fin, es un obstáculo para el advenimiento del hombre en su humana integridad y en su divina finalidad, y es por eso que aconseja:

Poeta, escribe en yambos olímpicos de oro el grandioso poema del látigo sonoro.

Apóstol de una doctrina de verdad y de justicia, el poeta ,que concibe es un ser libre de prevenciones y Prejuicios que io se deja se- ducir por la canción de Loreley de la quimera, a menos que ésta sea la de su inmenso amor por los seres y por las cosas, y cuyo físico verismo es la guía y el norte de su acción.

Arda entonces la mitra de tu sinceridad en el altar más grande, que es el de la verdad.

No se detiene allí tampoco. Ha expuesto el credo y apurando to- davía sus últimas conclusiones le incita a realizarlo:

Abre, pues, las ventanas de tu sombría meca, y elevando los brazos sobre la tierra seca con unción amorosa de sacerdote augusto contempla los vigores de su seno robusto, que hace a tus energías pródiga invitación,

III

LAS ideas sociales de nuestro tiempo interesaron al poeta como no pudo menos, que acontecer. La medida y la prudencia, cuyos se-

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cretos poseía, mantuvieron el equilibrio entre el pensador y el artista, de tal suerte que su orientación política y científica, lejos de entorpe- cer la obra de este último, contribuyó a darle una unidad poco común en los escritores americanos. Es digna de ser señalada esta circunstancia, no sólo porque, co- mo lo observa Guyau, "uno de los rasgos característicos del pensa- miento y de la literatura en nuestra época es la de ser poco a poco invadido por las ideas filosóficas", sino también por la precisión con que expuso sus creencias. Era evolucionista. En “La vuelta de Sócrates", poema en el que hizo del maestro ateniense todo un símbolo -influenciado, sin duda alguna, más que por sus propias doctrinas por la opinión de Nietzsche- dice con claridad su convicción:

La evolución, como una lámpara de Aladino, viene a alumbrar el cauce del humano destino para arrancar secretos al eterno ignorar desde el azul del cielo hasta el fondo del mar; ha puesto la linterna de Diógenes en todo desde Moisés al torpe perfil de Cuasimodo.

Convencido de que sólo de la ciencia ha de venir la salvación de la humanidad, confía en ella. Su optimismo es sano, es fuerte, es vigo- roso. No importa que exagere los motivos en que se apoya su esperan- za redentora: no importa. de igual modo, que en ocasiones obscurezca su entusiasmo algún ligero celaje de desaliento y de vacilación, como ocurre cuando contempla el vicio, la miseria y la abyección en "Los dramas íntimos", en “La tristeza errante", en "La nube roja", en "El último ajenjo" y en algunos otros de los cuentos de prosa fina y atilda- da coleccionados bajo el título común de “El balcón de la vida"; eso no importa; no le resta unidad a su pensamiento sino que, por el contra- rio, acentúa su esprit de suite.

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La idea primitiva que vincula a una emoción es, por lo demás, un engarce, una aleación definitiva. Se concibe a ambos estados del espí- ritu como distintos; pero cada vez que aparecen en su verso, en su comedia, o en su cuento, constituyen una unidad indestructible. Su delicada sensibilidad ha cargado con el lote de dolor de las clases oprimidas. El viejo Anarkos sopla un canto de Lock sobre las instituciones de nuestra sociedad, y él lo oye repercutir en el cordaje estremecido de su alma:

Ya la plebe está en pie. Ya temblaron con estrépito audaz las cadenas con que al Cáucaso vil le amarraron como a un Prometeo las hordas protervas.

El acento que ha comenzado siendo un sordo rumor de pleamar de las muchedumbres que amasan la levadura de la rebelión en las noches del tugurio, va creciendo hasta que adquiere una salvaje ener- gía:

¡Dadme la libertad! ¡Todo es de todos!

Tiempo es de hacer que las conciencias valgan; su robusta explosión la sementera del subversivo génesis proclama

y abajo está el volcán!

Se eleva más aún:

Son las águilas rojas que tienden

al futuro la curva tremenda

del indómito vuelo, trazado por todas las ansias que al hombre sublevan.

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Llega a las cárceles, se introduce por las rejas y turba el sueño del condenado para decirle:

que el código es el mal Y es el veneno y el presidio es la ley de otro gran crimen.

Porque para él los males de la estirpe derivan del cadalso, del cuartel y del convento, Y se ha impuesto la tarea de concluir con todos ellos.

Vuelvo a tajar la pestilente selva de los caducos árboles enfermos; rebelde paladín, flota en mi audacia la resonante insurrección del viento.

Luego corre por los campos y sacudiendo al siervo apegado toda- vía a los terrones de la gleba, le aúlla al oído la protesta :

¡Ah, triste labrador, no te acongojes, la savia está en tu sueño y en la tierra; todo el fruto vendrá, tú eres la vida, tu músculo está en flor, tú eres la fuerza! ¡Deja que se preparen las vendimias y aguarda el canto de la sangre buena!

Asciende la montaña y grita en plena vendimia:

que es de todos el buen racimo del viñedo que el que siembra la viña es el que tiene más que nadie derecho.

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Pero no ha de destruir por el mero prurito de destruir: no cabe ese designio en quien ha hecho de la vida una religión. En el fragor de la contienda concitada y enardecida por su canto, la sed de amor de- tiene el brazo del guerrero y le da tregua para soñar en la era de ven- tura y de felicidad que ha de venir alguna vez. Una ternura suprema, universal, desborda de su numen, estremecido por la esperanza del futuro que presiente y adivina, y dominando el clamoreo de las obscu- ras multitudes, canta entonces al amor con el acento soberano de los fuertes:

Arbol a cuya sombra bienhechora tejerán las futuras caravanas con el telar de las maternidades todas regeneradas mantos de libertad para las proles, claveles de alegría para todas las frentes de las razas!

Obra de gesta, al mismo tiempo que de amor y de esperanza, la de “Las fuentes del camino" tiene algo de la fina arpereza de Riche- pin, del profetismo ardoroso de Almafuerte, de la cristiana manse- dumbre de Coppée, del misticismo indefinido de Macterlínck, y de la epopeya moderna de Verhaeren. Después acalla la lira de la rebelión durante un breve período, que no es de holganza sino de labor ardua y proficua en el teatro, en el libro y en la prensa, cuyas columnas ha colmado de artículos y de co- rrespondencias tan llenas de sabiduría y de aguda observación como las que enviara de España y Portugal, y así le encuentra el estallido de la guerra. Tocado por el dolor universal de la catástrofe que derrumba de un solo golpe la civilización de dos mil seiscientos años, su inspi- ración vuelve al canto de admonición bate. No llora, como otros, sobre las ruinas de Europa; optimista como siempre, más que nunca, más, la eficacia de la acción:

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Hoy son los magnos días en que el ensueño se halla librando la más grande y encendida batalla. Son los días de oro en que el dios del dolor le va a arrancar al caos la estrella del amor.

Son cantos de solidaridad trabajados y fecundados por las ideas de la época. Una emoción indefinible y profunda emana de ellos. Ha de observarse, sobre todo en determinadas composiciones de "Las fuentes del camino", que abunda el adjetivo, o que no siempre éste es exacto y ajustado, o que envuelve las ideas en un exceso de palabras, tal el rayo de sol entre una nube; pero ha de reconocerse, esto no obs- tante, que el poeta que ha sabido saltar por encima de los diques de una estéril preceptiva no es trivial en ningún caso y que ha salvado toda su obra con el mérito indiscutible e inapreciable de la pasión en él tan fuerte e irreductible de la vida. Más que el acadecimismo infe- cundo que tortura la inteligencia en las presiones de sus moldes, pre- ferimos el acento conmovido de un espíritu que pensaba, que sufría, que esperaba y que amaba por todos y para todos. Más que las líneas impecables del orfebre preferimos el grito de pasión debatiéndose con la vanidad y el orgullo de aquella Blanca de “La canción de invierno", o el sollozo de Lucía cuando clama: -¡Yo no puedo llorar!

IV

El luchador deja el campo de la justa, y cubierto por el polvo de la lid se recoge en el fondo de sí mismo, en la propia intimidad, en el asilo secreto del monarca oriental de que nos habla la parábola armo- niosa de Rodó. No es que abandone la perspectiva interior que le es propia y que emplea de ordinario para mirar todas las cosas circunstantes. Matura- na es siempre el mismo, La perspectiva que traduce los estados de alma del poeta de “Naranjo en flor" es la misma que la del visionario

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de "Las fuentes del camino". Lo único que difiere es el motivo de su canto. Las veces - pocas veces por fortuna - que se desvía de su miraje habitual es en las composiciones "El romance de los besos”, “El ro- mance de las manos”, "Carne triunfante” y "Canción de gloria y ju- ventud”. En ellas es visible el empeño del poeta de cantar según un canon que no le pertenece: es visible el empeño de imitar el verso esencia de opio, de haschich y de morfina, importado por algunos im- potentes. Pero por suerte no tiene éxito ni insiste en la intentona. Las composiciones, falsas como son, sólo se salvan del desastre por el diestro tecnicismo del poeta. Después de estos conatos, la perspectiva de Maturana es invaria- ble. Mediante ella hunde su espíritu en los seres y en las cosas, las satura de sus ideas, de sus sentimientos, de su “yo" en una palabra, y luego reaparece en el engendro, como el hábil nadador después de la inmersión, trayéndonos la fisonomía, el alma de los seres y de las co- sas. Rara es la vez que el alma de los seres y de las cosas no se pre- sente con un profundo sentido universal. Es así como con él, el oprimido impreca y apostrofa; es así, como con él, el ilusionado espera y canta. Y es así, de igual manera, como todos al leerle imprecamos, apostrofamos, nos lamentamos, esperamos y cantamos, según nos lo determina el ritmo de su verso. No copia, no retrata; su procedimiento es más sencillo y más humano: añade, asocia, hermana a los seres y a las cosas el alma co- lectiva. He ahí por qué es tan fuerte y poderosa la influencia del gran arte.

Poeta nuestro, genuinamente nuestro, abreva su inspiración en fuentes americanas, La vida sería y fuerte de las pampas seduce su optimismo; ella es en parte principal el tema de su obra. La vista del panorama campesino le inspira todo un himno que enaltece, que sublima el esfuerzo de la raza.

¡Fructidor! - se oye al viento

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íntima nota errante que vibra en los alambres del camino,

que es como una oración reconfortante del solar campesino

Y - ¡Fructidor! - repiten las rendijas

en el risue5o patio de la estancia mientras la enorme rosa del molino voltea sin cesar a la distancia

y el ambiente se llena

de saludable y pastoril fragancia

Ya había dicho esta pasión entrañable en "La flor del trigo", obra de teatro acogida con aplauso sonoro y espontáneo por el público ar- gentino, y de la cual un distinguido escritor ha expresado con acierto que “es un retazo vivido y emocional, lleno de verdad, de sencillez, de compenetración íntima de la vida campesina nuestra”. Pero conviene insistir en que el amor a la naturaleza que siente Maturana es algo más que mera pose de escritor y algo más que una adhesión afectiva inmotivada; ama la naturaleza porque es bella y porque es la fuente de bienestar y de salud; porque es regazo maternal y porque es promesa de pan para las mesas, porque “es flor de nuestras manos la flor del trigo” y porque lo sabe el origen secreto de la historia y de la existen- cia convival. Su amor es, pues, más noble y más elevado que el que la profesa Williams Morrís, el apóstol de la reciente reacción inglesa conocida por La vuelta a la tierra, a quien sólo le mueve el interés de higienizar el alma de su pueblo endurecida por las faenas industriales y mercantiles. Por eso la necesidad de cantarla se le impone con imperio y se repite con frecuencia según se puede ver en "El saludo a la primavera" y en infinidad de composiciones poéticas, en el cuento "La alegría de la Pampa”, y en las obras de teatro, recamadas de bellezas, “La can- ción de Primavera" y "La canción de Invierno”.

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Yo siento más de lo que digo;

mi vida es toda ensueño aquí

Por todas partes la sublime Naturaleza quiere lucir

su

amor sagrado que redime

de

las tristezas del vivir;

desde los valles cancioneros

a la joyante luz del sol

desde los árboles austeros

a la humildad del caracol;

desde la frente alta y ufana

de la ferviente juventud

que es la frente digna y soberana porque es trabajo y es virtud hasta la voz de los ancianos que en el ejemplo ciencia son.

El poeta que profundiza y ahonda los seres y las cosas en el cuento, en la poesía, en la dramática, no prueba ni demuestra, no tiene tesis, no se empeña en desarrollar un postulado: hermosea, inquieta, eleva con el milagro de su arte que es el milagro de la belleza, de la armonía y de la gracia.

V

Es un maestro en materia descriptiva. Ve las cosas y nos las hace sensibles con una sencillez de Procedimiento tanto más digna de elo- gios y de encomios cuanto que escribe en un momento de la literatura en que la obscuridad del pensamiento - absurdo consentido - y lo re- buscado del léxico dan títulos indiscutibles para la consideración de las gentes.

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Atardece en la llanura. El Poeta eleva con unción de sacerdote la plegaria fundamental, el ángelus del esfuerzo:

¡Lejos, a los heroicos reflejos del sol, que agita lábaros bermejos en el azul de la extensión remota, sobre la espalda de los ranchos viejos la incansable gaviota dibuja sus acentos circunflejos ¡Lejos, a los purísimos reflejos de una encantada tarde de Noviembre!

¡Qué fidelidad de sensación! ¡Cuán pocas veces nos es dado pa- ladear un dechado de expresión en tan admirable belleza de perspecti- va como esta! Ella es sólo comparable a los hallazgos descriptivos de aquel otro gran espíritu enamorado de la belleza agreste que se llama- ra Estanislao del Campo. Es la hora de la siesta. Veámosla a través del temperamento de Maturana con los ojos de nuestra alma:

Zumba el porfiado insecto bullidor. En la falda reverdeciente y suave que la montaña enseña, descansan de la dura condición comarqueña los fuertes campesinos de poderosa espalda.

Como se ve, no necesita de artificios ni de elementos rebuscados. Posee la facultad de acertar del primer golpe de vista con el detalle decisivo de la realidad, y de esta suerte, con su sola exposición, des- pierta en el recuerdo del lector todo un cuadro, un panorama o una idea. Facultad de evocación tan indispensable al artista de verdad, nuestro poeta lo revela no sólo en la composición a que se acaba de aludir, si que también en muchas otras, entre ellas, "Drama de oro",

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donde resalta de tal modo, que son bastantes dos versos, nada más que dos líneas de una estrofa, para dar de un solo trazo la imagen del pai- saje:

y dan los viejos pinos una meditabunda visión de cosas tristes al pie de la montaña.

Igual ocurre en las composiciones de “Las fuentes del camino",

“Las dos Castillas" y “Cataluña”, en las cuales -sea dicho de pasada - se trasunta la adhesión que sentía por España, adhesión tan profunda

y acendrada que a veces se estaría dispuesto a reconocer en él a un

poeta nacido y criado en la Península. "Los ojos negros”, “Las viejas ”

madres”, “El alma de Andalucía” y “Castilla, madre nuestra atestiguan de apodíctica manera.

lo

VI

Su poder de penetración no se manifiesta únicamente en su faci- lidad descriptiva, que bastaría por sí sola para consagrarle poeta de destacada posición; va más lejos todavía, sabe describir y alumbrar con la lámpara de la suya el alma íntima de las cosas, impenetrables

para otros. El poeta de verdad es aquel que en el transporte sincero de

la

emoción se manifiesta por completo, sin reservar ni ocultar nada de

lo

suyo por íntimo que sea. Desnuda su alma en presencia de su públi-

co como Friné su cuerpo delante de sus jueces. Esto ocurre con el arte de Maturana. Su estro que, contemplando las injusticias históricas, protesta y se rebela; que al acercarse a las fuentes de la vida las subli-

ma y las eleva con su canto afirmativo, se atenacea y solloza con an- gustias de violoncelo ante el dolor mudo, silente, de toda desventura. ¿Quién no ha sentido esa profunda y recóndita nostalgia de las casas vacías y abandonadas? ¿Quién se ha acercado a ellas sin sobre-

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cogerse íntimamente herido por la desolación de lo que antes animara el aliento de la vida, de la alegría y del amor?

Por tu calleja obscura

y grave como un alma solitaria,

yo no sé qué infinito desconsuelo de muerte, gime y canta,

canta u gime a la vez, en los violines de la noche enlutada, Yo no sé qué misterio, viejo barrio, tienen tus mudas, tus antiguas casas de ruinosas techumbres desolantes

y de puertas cerradas

Yo no sé qué saudades tus faroles,

a cuya lumbre aciaga

nocturnos Aladinos mil siluetas de brujas quieren descubrir. Extraña

y honda es la pena que en tu infértil seno vicio barrio, me guardas

Y así inquietado, conmovido por la ausencia de la vida, se apro- xima a la sórdida calleja, la escruta y le pregunta qué espíritus la po- blaron alguna vez, qué visiones, qué dramas íntimos la agitaron antes de ser maldita por los hombres. ¡Qué adhesión, qué honda ternura, qué pena indefinida y solidaria nos comunica su obstinado interro- gante al misterio de las cosas selladas para siempre! No amargará su cualidad el asunto elegido, por pequeño o insig- nificante que parezca. “Spírítus fiat ubi vult”, dijo el latino en la sen- tencia aplicable a Maturana. Para el poeta de verdad, como para el hombre de ciencia, ninguna cosa es despreciable y basta que la vida se manifieste en ella de algún modo para que adquiera un legítimo dere- cho a su atención. La gota de agua que sugiere al químico una monó- tona página científica, sugiere al aeda un poema emocionado. Todo

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consiste en poseer el secreto de humanizar las sensaciones, cualquiera sea la cosa que las provoque o las despierte, o a que ellas se refiera. Y Maturana es un formidable humanizador de sensaciones, como lo ponen de relieve. aparte de la composición ya recordada, aquellas que se intitulan “Los árboles solitarios", "Paisaje inmóvil" y varias otras. Una otra cualidad, la de la observación, le facilita la tarea. Ella se manifiesta en multitud de pasajes de su copiosa literatura: su pro- ducción teatral la robustece y la pondera. Respecto de su poesía baste citar aquella observación aguda y sutil, característica del psicólogo de quilates, construida en "Canción de gloria y juventud” que nos descu- bre y nos dice con sobriedad de verbo ese fondo de abnegado martirio del deseo erótico eternamente tiranizado por un trágico ananké, ese perpetuo y arcano sacrificio de Belkís que impulsada por una fuerza misteriosa atraviesa los desiertos para arrojarse en los brazos de Sa- lomón:

¡Nada y todo! Tu vienes porque lates con una fuerza loca que te arrastra como corten al llano los torrentes

Como a todos los espíritus delicados, le amarga a veces la sole- dad, ese mal de las alturas que acomete con frecuencia a quienes han aprendido a remontarse por encima de nuestra realidad en el seguro aletazo de la idea, de la quimera o del ensueño. Cuando ella se le acerca y le hiere con su fría sutileza no sucumbe su pasión: se escruta y se examina, recogida, ensimismada como la sensitiva en el claustro de su órgano.

Seamos los terneros del amor, vida mía. Juntemos nuestra ausencia de paz y de alegría para dar a estas almas un refugio siquiera, una vaga sonrisa, triste pero sincera,

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y algo de tumbre en medio de esta noche tan fría.

La soledad le asalta en la calle desierta, como en "Noche de llu- via" y es un tedio indefinido en 'Tlor de hastío" y en “Esplín noctur- no”. No es un cansancio de la vida el que trasciende entonces de su verso; es más bien la pena que proviene de una esperanza que se frus- tra o que tarda en realizarse. Don Juan ha buscado en la bacanal un "algo" que no sabe bien qué es, pero que se lo exige su espíritu con imperio; sólo ha encontrado en ella la risa nerviosa de Polichinela em- peñado en engañar la ausencia de la pasión y del encanto, y exaspera- do por la tardanza de lo que espera exclama:

Y yo entre la confusa marea circundante cruzo con la neblina de mi tristeza errante sin saber lo que siento ni adónde va mí esplín.

Pero su pena es también nuestra pena; es la pena de to. dos. Su poesía refleja ese dolor porque la poesía no es otra cosa que la vibra- ción de una sensibilidad en cuyas cuerdas tensas cantan todas las co- sas de la vida como cantan al pasar todos los vientos en el ramaje de la selva.

VII

ESPIRITU hecho para la verdad, para la luz, para la acción, supo escapar a los halagos de todo arte que no fuese el de la vida en su más alta potencia y plenitud. Por eso la cantó con enérgica firmeza, reali- zando el aforismo del recio e irreductible personaje de Rolland:

"Cuando se quiere ser César es preciso tener alma". Vuelo de cóndor de su estro, “La vuelta de Sócrates”, poema loa- ble por su forma y por su fondo, permite adivinar a qué alturas le hu-

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biera conducido su talento, prodigioso maridaje de la ciencia con el sentido de lo bello, si la muerte no le hubiera sorprendido, en pleno afán, a la edad en que mueren los amados de los dioses. Vinculando su memoria con un lazo indestructible al desarrollo

de la cultura argentina, por la que tanto trabajara, nos queda el perfu- me de su ser en el relicario de su obra múltiple, enjundiosa y perdura- ble. Ser poeta es ser creador. Y él ha creado. Al descender al reino de

la muerte, sereno y armonioso, como un griego, José de Maturana vio

levantarse, como el místico Anfíón, al suave ritmo de su canto, los

muros de la urbe americana y recogió la imagen de su futuro de gloria

y de grandeza en los últimos destellos de sus ojos y:,. fatigados de tanto contemplar el Ideal.

Córdoba, Abril de 1913.

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SAUL TABORDA

Naranjo en flor

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NARANJO EN FLOR

Al Dr. Don GUILLERMO UDAONDO

Homenaje afectuoso que le tributo Joser Je Maturana

1912

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José de Maturana

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NARANJO EN FLOR

I

DIOSA romántica y florida llena de acerbas inquietudes, que al son de mágicos laúdes vas por el mundo como perdida.

Luz de aventura, flor nacida sobre remotas latitudes:

los vicios truecas en virtudes, la nieve en llama, la muerte en vida.

Fuerte y glorioso talismán que ardes, quimérico y sonoro, como en la cresta de un volcán

Virgen romántica de amor:

eres un joven árbol de oro ¡Eres como un naranjo en flor!

II

NARANJO en flor de los amores, naranjo en flor del Ideal, que has florecido tus blancores bajo el crepúsculo sentimental.

Perlas sagradas son tus flores,

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perlas de ensueño zodiacal, desparramadas en los temblores de una fontana de cristal.

Fresco naranjo bendecido por ese oriente esclarecido que enciende en galas tu virtud.

¡Oh, milagroso naranjo de oro! Bajo la tarde, azul tesoro, canta al Amor tu juventud

III

BAJO las nieblas otoñales cantas la triste canción gris; bajo las risas primaverales al claro sol de tu país.

En los crepúsculos imperiales

a la encantada Flor de Lís,

y en los antiguos parques ducales las elegancias del rey Luis

Alma romántica y viajera:

¿Dónde se extingue tu quimera? ¿Cuándo concluye tu ilusión?

¡Tu canto es múltiple y eterno! ¡Sólo termina en el invierno donde no existe el corazón!

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IV

Y mientras vas, ave latina,

con los brocatos de tu plumaje, de un paisaje a otro paisaje, de un jardín a una colina.

Dices la cántiga marina, con los acordes del oleaje; montas el rudo potro salvaje, subes al tren y a la berlina.

Das al mendigo la blanca mano,

y aunque desdeñes al cortesano,

dueña de un trono pudieras ser.

Y en medio del presente obscuro,

florece en ansias del futuro tu melancólica rosa de ayer

V

ALMA fragante y entristecida -¡Cantar! ¡Cantar! ¿Y para qué? Me lo preguntas conmovida,

y yo respondo: -¡No lo sé!

Volcar la esencia de la vida, caer en brazos de Ananké, llevar un ala en cada herida -¡Cantar! ¡Cantar! ¿Y para qué?

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Alma fragante y peregrina:

-¿Para qué el sol nos ilumina? ¿Para qué canta el ruiseñor?

¿Para qué busca la ciencia el sabio? ¿Para qué quiere besos el labio? ¿Para qué siega el segador?

VI

HILAS tu ensueño, dulce Onfalia, por diferentes mil caminos; desde los campos argentinos vas a los bellos males de Italia.

Es incansable tu sandalia cruzas la selva de los pinos, y los canales diamantinos, y los lejanos puertos de Australia.

¿Qué eres entonces? ¿Cuál es tu sol, bajo las brumas de Inglaterra, bajo el histórico cielo español?

No sé

Trasunto de amor al fin,

las inquietudes que el alma encierra

no tienen patria ni confín

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José de Maturana

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VII

ALMA romántica y viajera:

son como cuerdas de violines tus emociones, y tus jardines como el azul de la Quimera.

Me place verte aventurera, brindar en. líricos festines

y destrenzar tus áureas crines

al sol, lo mismo que una bandera.

Vuelca en el mundo tu fiebre extraña;

y

en el mar, y en la montaña

y

en el desierto, y en el alcor,

derrama todas las sensaciones, perfuma siempre con tus canciones ¡Que eres como un naranjo en flor!

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LA PRIMAVERA CANTA

SALUDO A LA PRIMAVERA

VUELVEN las rubias tardes a colgar con cariño, como una cinta de oro, la luz en tu balcón,

y

a llenarse el ambiente de sonrisas de niño,

y

a resonar los patios igual que una canción.

Ya abrió la Primavera su sombrilla de armiño, toda bordada en mágicas rosas de ilusión, volcando en la fragante seda de tu corpiño de sus gentiles besos la santa bendición.

Ya las ventanas vuelven a blasonar sus flores,

y en las noches de luna, bajo los miradores,

a cantar su más tierna serenata de Amor

¡Salud, virgen alegre de los claveles rojos! ¡La dueña de mis versos me besa con tus ojos

y vuelve a perfumarme bajo el naranjo en flor!

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EL SECRETO

FUERTES como el ensueño, bajo la misma estrella de amor ennoblecidos, los dos somos así:

¡por la olímpica alfombra, que nos sirve de huella vamos cantando el himno de un hondo frenesí!

Es nuestro patrimonio como la fuente bella del sol, que se da entero desde el trono turquí:

¡yo he conquistado el triunfo de hacerme digno de ella, y ella obtiene la gloria de elevarse hasta mí!

Por eso somos fuertes, y por eso cantamos canción de Primavera, la aurora en que soñamos, y, canción de esperanza, nuestro encanto de amar

Y así es como hemos hecho más hermosa la vida, pródiga y siempre nueva tolerancia florida que brota en los jardines del eterno cantar!

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EL DESTINO

DECID, señora, al surco que no admita simiente:

decidle a las palomas que dejen de arrullar,

y

al

sol que no difunda su luz en el ambiente,

y

al

ruiseñor que canta, que deje de cantar

Predicad a los ríos que no echen su corriente

desde la cumbre al llano y al gran lecho del mar;

y

habréis sembrado una doctrina inútilmente,

y

habréis ido a un estéril desierto a predicar.

¡Pues yo lo mismo! Un día dije a la musa triste:

-No cantes más, hermana. Del canto que ofreciste nadie se acuerda, nadie quiere la vibración

Y fue inútil la prédica, como la del desierto;

Cada día hay más cálidas flores en el huerto! Y es mi vida, señora, que brota en la canción!

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LA ANSIEDAD

CANCION, canción de amores, vieja canción querida, siempre gentil fontana que brotas entre flores Como una mañanita de sol en mis alcores luces, y tienen algo de una senda perdida.

¡Oh, canción generosa, más que sabia y pulida:

canción, canción que llevas mis latidos mejores, canción de la esperanza, canción de los amores:

tiempo hacía que estabas olvidada en mi vida!

Suena, suena de nuevo, canción que en otros días me has hecho llorar tanto. Que tus melancolías vuelvan a ser las blancas rosas de mi rosal.

Vuelve a quemar las negras alas de mi sombrero; pues yo, a pesar de toda fama de mosquetero, soy un Jesús que lleva su cruz sentimental

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ROMANCE DE UNAS MANOS

A FRANCISCO VILLAESPESA

VUELAN dolientes nocturnos desde las frondas lejanas. Todo el jardín tiembla, en una respiración de fragancias; y en las fuentes misteriosas, como un recuerdo de Onfalia, borda la mística luna sus abalorios de plata

Por la gentil celosía de la entreabierta ventana, donde el clavel orgulloso besos de sangre proclama, fluyen cálidos rondeles en peregrina cascada que inunda el piano argentino, para escaparse en las auras.

Es la hora de los amores, de las citas solitarias, de los dulces madrigales, que espera el galán con ansia para beber armonías en las manos de la amada, junto al gallardo clavel de la entreabierta ventana.

Y a la luz de las estrellas

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tembladoras, como lágrimas, mientras el piano difunde las perlas de sus plegarias, brota el amado cantar suspirante y en voz baja -¿Qué ave quimérica y blonda despliega las magnas alas sobre mi frente cautiva

cuando, ante el piano sentada, miro tejerse en tus manos

la familiar serenata?

Palomas, tiernas palomas del palomar de mis ansias, tus largas manos, pulidas

como dos camelias blancas, florecen sobre el teclado resonante, y una escala maravillosa de arpegios

al instrumento le arrancan.

Tus pupilas, que diluyen negros tintes de obsidiana, persisten gloriosamente, como obsesiones extrañas, sobre el profundo poema

que en los floridos pentágramas

es alfabeto de amores

del claro idioma de un alma.

Y el cordaje de tus nervios,

como una lira encantada, vibra entonces, sensitivo, de un sortilegio en la magia, con efluvios de rapsodias y de leyendas germánicas.

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Y eres la reina exclusiva

del trono donde la blanca

dentadura del teclado

ríe, espléndida y preclara, cual regio vaso de ensueño que el arte azul te regala ¡Vaso artístico y sonoro como el teclado es tu alma! Sensitiva, encantadora,

de

la leyenda que encanta

mi

corazón, ¿qué sublime

pájaro tiende las alas sobre mí frente de artista

cuando, ante el piano sentada, miro tejerse en tus dedos

la familiar serenata?

¿Qué aroma tienen tus manos,

tan

persuasiva, tan franca,

tan

espontánea, tan suave,

tan

fresca, tan regalada,

tan

cariñosa, tan dulce,

tan saludable y tan grata que llega hasta el corazón

y en él, con íntima gracia, vuelca mieles de consuelo como la errante nostalgia

de esta música de auroras

que al hondo clave le arrancas?

¡Oh, tiernas manos virtuosas, caritativas, sagradas! Manos que me dais cariño, como el sol, luz y confianza; manos de virgen, triunfantes

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hasta en las uñas de nácar, como un joyel que blasona pulimentos de esmeralda; manos litúrgicas, hechas para acariciar gargantas

de

cisne, como las manos

de

la Gioconda afamada:

deliciosas manos buenas, emocionantes, gallardas,

ungidas, mansas, lucientes, fragantes, aristocráticas, expresivas, armoniosas,

tan bellas y tan rosadas

como el caracol sonoro

que el mar olvida en las playas ¿Qué misteriosa dulzura volcáis en quien os alaba, deliciosas manos buenas, lucientes manos rosadas, manos que me dais cariño, fragantes y aristocráticas, para encender de este modo

mi vida entera en sus palmas?

Decidme, tiernas palomas

del palomar de mis ansías,

oferentes azucenas, magnolias americanas, nostálgicos floripones, gentiles rosas de Francia:

¿qué privilegio tenéis bajo esta noche de plata? Decidme, líricas manos por mí amor glorificadas,

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como los lirios del valle, como las felpas del alba, como el azúmbar de Oriente, como el cendal de las hadas:

¿qué indecible bendición me ofrece vuestra fragancia? ¿Qué prestigioso lenguaje sabéis hablar con mí alma, romances encantadores del jardín de la esperanza, cuando en mi cielo encendéis los astros de vuestra gracia? ¿Qué caricia, que oblación, qué destello, qué palabra, qué ritmo se necesita para elogiar la eficacia de vuestro mármol viviente cuando, al clave consagradas, desparramáis en la noche los nardos de una plegaria? Manos lindas, manos buenas, que lo que tocan encantan, manos que son elocuentes porque sienten, porque hablan; virtuosas manos, nacidas para el bien, como las gasas con que las heridas vendan en el hospicio a los parias; manos que me dais consuelo como la voz de una hermana:

tan afables, tan amigas, tan bienhechoras, tan sanas, tan alegres, tan amantes,

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y tan desinteresadas

como el amor a los niños, como la selva que canta, como la madre que espera, como la tierra sembrada, como el triunfo de los buenos, como la palabra santa que en medio de una amargura nos viene a dar esperanza Decidme, lirios del valle, lucientes felpas del alba, nostálgicos floripones, gentiles rosas de Francia:

¿qué tenéis para dejarme tanta dulzura en el alma, tanta miel de simpatía, tanta noble venturanza, tanta luz de primavera, tanta flor de tolerancia, que ya no encuentro laureles para premiar vuestra gracia? ¡Palomas, tiernas palomas del palomar de mis ansias! yo os adoro, manos buenas, amables, privilegiadas; yo os adoro, porque sois como dos fuentes Castalias, como dos nimbos de gloria,

como dos copas de ámbar, como dos anunciaciones

y como dos tolerancias

Yo os adoro porque sois heraldos de fe sagrada

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que, señalando al paisaje de las eternas desgracias, tiemblan y quieren borrar las injusticias humanas. ¡Yo os adoro, manos buenas, triunfantes, privilegiadas, porque mi vida tenéis

prisionera en vuestras palmas! No me abandonéis jamás, manos fragantes y hermanas donde mi frente reposa como una alondra cansada, donde han dejado mis labios algo de mí vida amarga

y donde muere el veneno

que recojo en mis batallas. No me abandonéis jamás, por lindas y por hermanas, por afables, por virtuosas, por buenas, por adoradas, por nobles, por expresivas, por íntimamente gratas ¡Palomas, tiernas palomas del palomar de mis ansias!

Volaron lentos nocturnos desde las frondas lejanas. Todo el jardín tembló, en una respiración de fragancias,

y el canto expiró en la noche, por las manos de la Amada, junto al florido clavel de la entreabierta ventana

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MEDALLONES PINTORESCOS

LA PASTORA DE VELAZQUEZ

Es pastora, pastora que va por el camino trenzando del obscuro cabello los mechones:

la entristece el paisaje, tiembla en mil emociones,

cuida un blanco rebaño

Y aborrece el destino.

Sí desprecia a los príncipes de semblante cretino

que la amarga lujuria desangró en sus prisiones, tal vez ama en el fondo sin luz de los mesones a los rústicos Bacos pintorescos de vino.

Es realidad vibrante. Y habita melancólicos campos en que se hastían los ganados bucólicos. El alma de una raza le otorga sus quimeras.

Y en el tranquilo ensueño de unas tardes divinas

teje el eterno manto de las dulces Meninas en el telar de aquellas triunfantes Hilanderas.

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LA DIANA DE RUBENS

ESTA es una desnuda virgen color de rosa, ésta es la Grecia viva y es el Hada-Manzana; ésta es la Eva fecunda de la huerta pagana, ésta es la primavera joyante y prodigiosa.

Esta va por la vida derramando gloriosa la fulgencia celeste de su carne lozana; trae las alegrías de una clara mañana de estío, y una cálida sensualidad virtuosa.

¡Esta es la vida en flor, que canta! Es la armonía suprema, en el supremo triunfo, por la osadía de la curva y el beso de su labio divino!

Y es el trasunto fértil del ansia engendradora que hace prender claveles de luz bajo la aurora:

¡Mujer, astro y poema de un encanto latino!

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LA BRUJA DE GOYA

DEL macabro esfumino, por conjuros diablescos surge la bruja insigne como un dolor que azota

Sordo, a sus pies, el trueno fantástico rebota,

y funden sus pupílas manantiales dantescos.

No es la risueña maja del sol y de los “frescos” en cuyos labios rojos, la juventud su nota de mañanas alegres canta, ni la que brota con la inmortal paleta de fondos pintorescos.

¡Y es hermana de aquélla! Musa de los abismos interiores: es una bruja de iluminismos salvajes, hoscos, malos, punzadores, que barre

tormentas, cabalgando su hipógrifo imposible,

y

alza un penacho blanco sobre la testa horrible

y

apaga las estrellas desde el negro aquelarre!

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LA MARQUESA DE VAN DYCK

BLANCA marquesa antigua de severos modales:

esta señora gasta monóculo y prejuicios;

es, corno el mármol, fría; pero adora sus vicios,

y aprendió de memoria doscientos madrigales.

De la vida o la muerte para ella son iguales las rosas paulatinas o los hondos cilicios,

y no le importa el medio de ciertos sacrificios,

siempre que tenga un poco de elegancias ducales

Merece esta señora ser, princesa consorte; riñen por sus mercedes las damas de la Corte tanto corno si fuese dueña de la corona

Y ella prefiere a toda marquesa recatada los condes de nivosa gorguera almidonada

y anchos bigotes rubios a usanza borgoñona,

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LA MAGA DE REMBRANDT

VIENE desde una tierra de lisiados mentales,

con la errante amargura de su enorme experiencia,

y al través de los trágicos lentes de su ciencia parece el mundo lleno de monstruos colosales.

Ha recorrido todos los tristes hospitales,

congelando las verdes aguas de su conciencia;

y abarca en pesadillas de negra persistencia todos los panoramas de las taras vitales.

Sabe de las tragedias bárbaras, y complica

tantas deformidades, que espanta

profundas noches de alma con rojos episodios.

Y crucifica

Pero ésta es la que tiene más espíritu austero, más fuerza de conquista, más corazón sincero ¡y un lábaro que agitan los vientos de los odios

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LA MAR ALEGRE

PINTA la rubia virgen auroral sus extrañas flores de luz al dorso de las hirvientes olas que van viajando, libres, hacía las playas solas, como errantes sistemas de nevadas montañas.

Y al desplegar en fúlgidas, opulentas marañas,

su augusta cabellera de ensortijadas golas, abre bajo un reguero triunfante de amapolas el gentil abanico de sus claras pestañas.

Canta la mar alegre. Sobre unas peñas rotas diríase que piensan las perdidas gaviotas en lejanos misterios, La aurora se despierta.

El sol, cual si brotara del agua, crece y crece,

y, ya en sus deslumbrantes plenitudes, parece un rojo león que mira la inmensidad desierta.

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LA SIESTA CAMPESINA

ZUMBA el porfiado insecto bullidor. En la falda reverdecida y suave que la montaña enseña, descansan de la dura condición comarqueña los fuertes campesinos de poderosa espalda.

Cerca del bosque luce reflejos de esmeralda,

al

bochorno implacable, la laguna risueña,

y

ante el plantel nudoso de las parvas de leña

reposan los aperos que el sol tiñe de gualda.

Duerme a la sombra el perro. Prometen galanura de lucientes visiones, en cosecha futura, los trigos, a la tierra conquistado tesoro

Y allá, bajo el alero de pintoresca parra, llora el bizarro mozo, de la triste guitarra, su amor a la inconstante de las trenzas de oro.

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LA ORACION DE LOS TRIGOS

A JOAQUIN DICENTA

BAJO la clara lumbre del Noviembre un gran himno a la vida

la Pampa milagrosa

canta. Sueña la Pampa florecida

¡La victoriosa madre está de fiesta! Difunde maternal y complacida,

su canción entusiasta y generosa,

que late en savia joven encendida como la roja sangre de una rosa

¡Bajo la clara lumbre del Noviembre! Canta la Pampa milagrosa y buena

su gran himno de amor; canta el decálogo que la hace más serena

y amada que un profundo pensamiento.

Y es grave y bueno su cantar

¡Y es tan grave y tan bueno el escuchar!

¡Fructidor! - se oye al viento; íntima nota errante que vibra en los alambres del camino,

que es como una oración reconfortante del solar campesino

Y - ¡Fructidor! - repiten las rendijas

en el risueño patio de la estancia, mientras la enorme rosa del molino voltea sin cesar a la distancia,

y el ambiente se llena

de saludable y pastoral fragancia

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Lejos,

a los heroicos reflejos

del sol, que agita lábaros bermejos en el azul de la extensión remota, sobre la espalda de los ranchos viejos la incansable gaviota dibuja sus acentos circunflejos ¡Lejos,

a los purísimos reflejos de la encantada tarde del Noviembre!

Y en sus búdicos éxtasis plegados descansan los ganados.

El vigilante perro que la liebre olvidó, tranquilo espera la hora de la sombra en la tranquera;

y a los aires arroja

la plácida bullanga del cencerro, doliente y lastimera, junto a la parva roja, de cuando en cuando, la infeliz ternera Bajo la clara tarde del Noviembre un gran himno a la vida la Pampa milagrosa cantó, fecunda al par y complacida. Escuchad su canción para que os siembre génesis de entusiasmo al alma buena, bajo la clara tarde del Noviembre.

Escuchad:

-¿Sois amigos del sol y de la risa venturosa que vuelca nuestro dios en cada cosa? ¡Regocijáos, pues, nobles testigos!

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Del Noviembre a la lumbre bondadosa, que va dorando el germinal de granos, que besa las espigas, sacras manos amigas han derramado bendición, ¡Los trigos florecen como ensueños! ¡Los trigos fraternales! ¡Los trigos complacientes y paganos! ¡Los rurales amigos, del bienestar y del contento hermanos!

Bajo la clara tarde del Noviembre que el aire inunda de calientes brillos palpitan los trigales, que al Diciembre se tornan amarillos. Una terrestre bendición, tesoro de la fecunda gesta, flamea en la floresta como bandera de oro, bajo la clara tarde del Noviembre.

Almas sencillas, entusiasmos puros:

bendecid el prodigio de los granos futuros. La cosecha será rica en la copa del soñado mañana, cuando la lucha homérica del brazo, en el solar, muestre de América la esplendidez lozana, que, al arrullo de cántigas marinas, tórrido viento en popa, conducirán los barcos hacia Europa en busca de las áureas esterlinas

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que colmarán las arcas argentinas

¡Fructidor! ¡Fructídor!

La Pampa inmensa

respira, al germinal que la condensa, bajo la clara lumbre del Noviembre. ¡Han granado los trigos que ofrecerán amor por el Diciembre! ¡Campesinos, cantad! ¡Las bolsas del granero preparad!

Y, al fin de la oración, allá al Febrero, sale esta voz del fondo del granero:

-¡Somos los trigos, somos el amor! ¡Que todos gocen nuestro bien, señor! Porque no es justo que el que aró la tierra, mientras tú tienes paz, viva en la guerra ¡Señor: dale también de nuestro amor!

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ELOGIO DE UNA TUCUMANA

LA he visto pasar un día como un astro junto a mí, desplegando en pos de sí blanca alfombra de armonía; conjuraba en su hidalguía

la voz que el ansía descubre,

y al prestigio que la encubre la devoción se inclinaba, mientras el aire impregnaba como las rosas de Octubre

Es la incitante heroína

de un encanto de novela, con rubores de Graciela

y ensueños de Foscarina:

florece en la damasquina

tersura glacial del nardo,

y en el paréntesis pardo

de sus ojeras nupciales tiemblan deliquios sensuales como en la piel del leopardo.

Tiene el sereno ademán de una ilustre ejecutoria bautizada por la gloria del cielo de Tucumán. Reunidos en ella están, de un sortilegio al vigor, todo el fuego del amor que a sus pupilas se asoma

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y el fresco y lírico aroma de los naranjos en flor.

Cantando va por la vida con arrogancia suprema, fuente artística, el poema de su leyenda florida. Victoriosa y consentida

por sus propias atracciones, comprende las seducciones que en su camino reparte

y es la más sabia en el arte de encadenar corazones.

Triunfante gracia morena. con el donaire aprisiona; tiene algo que sugestiona sobre su faz de azucena. Por la ilusión macarena de su frente escultural parece un ángel del mal, soberbia y trastornadora, como un sol, como una aurora de refulgencia estival.

Su pulcritud reverbera

como un joyel sorprendente,

y en sus ojos de serpiente se oculta la Primavera Es ánfora traicionera

de azul veneno que engaña; seduce, interesa, daña,

y enciende celos y amor;

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perfuma como una flor, corta como una guadaña.

Suelta en fúlgidos caireles, es su cabeza inquietante como un vaso deslumbrante para aprisionar claveles. Reclama sabios pinceles su busto de Monna Lisa,

y a la pérfida sonrisa

con que irradia su semblante no hay grandeza dominante que no se torne sumisa.

Subyuga la entonación de su voz, en cuyo vuelo

hiere un vago violoncelo las cuerdas del corazón. Tiene su conversación la virtud de convencer,

y arrulla tanto, al poder de SU frase espiritual que sólo en un madrigal se le puede responder.

Sobre la curva armoniosa de su joven seno en flor canta un pentélico albor la Grecia maravillosa; bañada en polen de rosa culmina su blanca mano,

y al desgaire soberano

que hay en su andar de princesa

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resalta la gentileza de su esplendor tucumano.

Por ella se advierte al fin que aquel rincón provincial merece el lauro triunfal de que le llamen Jardín; pues, desde su brodequín hasta el pompón del cabello, no hay caricia, no hay destello, no hay esencia, no hay rumor en que se sienta el amor ni más dulce ni más bello.

Blonda estrella desprendida de algún fantástico oriente, mirándola, el pecho ardiente se inflama en soplos de vida. Fue para el' canto nacida, como el sol para alumbrar, misteriosa y singular

con la honda magia que encierra:

como una aurora en la sierra

y un crepúsculo en el mar.

Por su nostalgia moruna refleja en la fantasía los patios de Andalucía bajo las noches de luna Gallarda como ninguna,

lleva las gracias rendidas

y evoca zambras perdidas

en sus maneras bizarras,

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como un temblor de guitarras por las Alhambras floridas.

Sabe alzar en sus modales dulces recatos de santa,

y el mármol de su garganta

fulge en líneas virginales;

se enciende en magnos rosales el alma a su aparición,

y entre tanta seducción

la mirada queda absorta ¡Y es Dalila que le corta la cabellera a Sansón!

Sueñan sus ojos divinos caravanas de homenajes, que le rindan vasallajes en cánticos diamantinos.

Fuera en los frescos latinos de Rubens, triunfo pagano, por un trasunto gitano de argentina y de manola, con la mantilla española

y el abanico en la mano.

Transciende con su fragancia como un cálido jazmín De América en el jardín vence a las rosas de Francia; desflora con su elegancia margaritas de inocencia,

y es, sin embargo, en la esencia de su apostura imperial,

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radiante y meridional como un vergel de Florencia.

Desdeñosa y atractiva,

sin comprenderlo, hace daño.

y en cada cruel desengaño

filtra una luz siempreviva;

su juventud sensitiva

funde un fatídico imán ¡Es un negro tulipán

que desordena el sentido por un ángel bendecido

y encantado por Satán!

La he visto pasar un día junto a mí, trastornadora, joyante como una aurora

sobre alfombras de armonía; llevaba en su gallardía

la sugestión del amor,

como un sueño tentador

que al alma triste se asoma

Y aun siento el cálido aroma

de los naranjos en flor

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EL BARRIO ABANDONADO

TRISTE barrio sombrío de miserables y desiertas casas, de sórdidas viviendas amarillas y chatas, que ni siquiera tienes para adornar tu condición precaria, la sonrisa de un árbol en tu calle

o el beso de un clavel en tus ventanas

Triste barrio maldito por los hombres

y por el tiempo; rama donde anidó la chusma delincuente:

¡mi vieja pena te saluda, hermana de todos los dolores olvidados, cuyas visiones líricas y amargas florecen bajo el duelo de las noches como rosas que sangran! Triste barrio sombrío, triste barrio de miserables y desiertas casas

Por tu calleja obscura

y grave como un alma solitaria,

yo no sé qué infinito desconsuelo de muerte gime y canta; canta y gime a la vez, en los violines

de la noche enlutada. Yo no sé qué misterio, viejo barrio,

tienen tus mudas, tus antiguas casas de ruinosas techumbres desolantes

y de puertas cerradas

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Yo no sé qué saudades tus faroles,

a cuya lumbre aciaga,

nocturnos Aladinos, mil siluetas de brujas quieren descubrir. Extraña

y honda es la pena que en tu infértil seno, viejo barrio, me guardas

Dime, sorda calleja, triste y maldita por los hombres. habla:

¿Qué espíritu maligno dejó en tí la errabunda caravana? ¿Cuántos ocultos crímenes se maquinaron en la negra entraña de tu absurda calleja, viejo barrio? ¿Qué pavorosos dramas tiñeron con su sangre los paisajes negros de aquellas almas que en ti ocultaron su locura, o fueron víctimas de una fiebre visionaria?

Viejo barrio maldito, de miserables y desiertas casas:

¡lo que diera esta noche

por oírte llorar! ¡Saber la anciana

y angustiosa novela de tu vida,

bajo el beso de plata que la luna te ofrece pensativa y romántica! ¡Lo que diera el poeta, viejo barrio, por hablar un instante con tu alma! Pero no; tú estás mudo. ¡Si no tienes dolor no tienes nada!

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Suena lejos, muy lejos, la congoja de una errante guitarra ¿Qué dices, viejo barrio, de míseras viviendas solitarias? ¿No cantaban las gentes que vivieron en tus antiguas, lúgubres moradas? ¡Ah, viejo barrio triste que no tienes dolor; tal vez no amaban los hombres en tu sórdida calleja, tal vez la chusma ingrata que en ti vivió escondida sólo supo de angustia y de venganza!

Por eso tienes este mal aspecto de cárcel despoblada; viejo barrio sombrío, que ya olvidas el alma de la errabunda chusma que abrigaste, de la prole gitana dolida del vivir, que no quería ser sumisa ni esclava. Por eso tienes esta fisonomía singular y amarga de villorrio embrujado Ya no recuerdas nada de la siniestra gente que hace poco te abandonó, y al emprender la marcha, bien decía en los ojos y en la frente que al presidio emigraba, o al maternal refugio donde terminan las dolientes ansías

Allá

de una lluvia de invierno, despiadada;

Bajo el azote

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bajo una hosca noche inolvidable en que la capital estaba trágica, lo mismo que la imagen del Delito, y, como tú, la población, sin alma

¡Viejo barrio sombrío, que no tienes ni un tiesto de clavel en tus ventanas!

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ROMANCE DE LOS BESOS

ERA una tarde de aquellas en que el corazón nos manda Y en el jardín solitario, bajo la tarde encantada, junto al rosal florecido que a una Venus enguirnalda, tierno romance de amores dijo el galán a la dama

-Déjame hacer con mis besos un rosario en tu garganta suave como las palomas,

lustral como una esmeralda, como el jacinto pulida, como el jazmín perfumada;

y al embriagante connubio

de mí labio y tu garganta rodarán perlas de ensueño sobre tus hombros de Diana.

-¡Ya sé, galán, que tus labios queman como tus miradas!

-Déjame besar tu frente magnífica y soberana

como los mármoles griegos, como el caracol rosada, como los nardos fragante, como las auroras casta;

y en tu frente, milagrosa

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flor de leyenda romántica, se ha de encender un sagrado lucero de mi esperanza, para alumbrar el divino diamante azul de tus gracias.

-¡No me mires, no me mire que me queman tus miradas!

-Déjame besar tus ojos radiantes de circasiana, como los astros profundos, tranquilos como las aguas de las fuentes melancólicas que en los jardines te cantan; y a la fusión de mis labios con tus pupilas amadas han de encender los amores en sus ánforas gallardas todo el incienso que envuelve la religión de tus galas.

-¡Calla, galán, pues me inquietan con su calor tus palabras!

-Déjame besar tu boca meridional y encarnada como la guinda incitante, como los claveles grata, dulce como una sonrisa, fresca como una mañana primaveral y armoniosa bajo una alegre enramada

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y, así, el corazón se funda con esa boca sultana, para aprisionar dos vidas

en la cárcel de dos almas

-¡Vete, galán, que me queman

tus ojos y tus palabras!

--Quiero besar tus pupilas

y

tu frente soberana,

y

el encanto de tu boca,

y el jazmín de tu garganta; quiero posar la amargura

de mis labios en tus gracias;

y en tanto que me consuelas

de la errabunda nostalgia,

pensaré sobre tus ojos, sobre tu frente pagana, sobre tu boca de mieles, sobre tu fresca garganta:

¡que está besando a la Gloria

mi amor, tendido a sus plantas!

La dama clavó al galán

sus ojos - dos puñaladas

y en el rosado misterio

de la tarde visionaria

besos de amor escucharon

las rosas y las estatuas

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NOCHES DE OTOÑO

EL VIAJE TRISTE

SEAMOS los romeros del amor, vida mía; condenados nacimos a andar de esta manera:

tú, por todos los huertos donde no hay primavera; yo, por todas las playas de la melancolía

Juntemos nuestra ausencia de paz y de alegría, para dar a estas almas un refugio siquiera, una vaga sonrisa, triste, pero sincera, y algo de lumbre en medio de esta noche tan fría.

Aun no está nuestra calle tan desierta y amarga; por ella pasar puede la dicha con su carga de flores, a ofrecernos su encantada candela.

Y en tanto, vida mía, seamos peregrinos que juntos hilvanemos por todos los caminos, como dos esperanzas, nuestra errante novela

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NOCHE DE LLUVIA

POR la orfandad fatídica de las calles desiertas tiende la noche un velo conventual de neblina,

y, en su vieja nostalgia, la húmeda ventolina

llora recuerdos idos y aspiraciones muertas.

Llueve implacablemente. Se han cerrado las puertas. Una angustia inquietante bajo el cielo domina

A la canción monótona del agua lenta y fina,

pasa la muerte, muda, con las alas abiertas.

Mirando la infinita desolación del cielo,

me echo a volar, en alas de ese fúlgido anhelo

del porvenir

Mi vida, como esta noche obscura.

tiene sus dolorosas lluvias sentimentales

¡Pero es mucho más fuerte que mis nieblas fatales

el relámpago de oro de mí altiva amargura!

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FLOR DE HASTIO

COMO lágrimas frías de un dolor tolerante, como gotas amargas de un tranquilo dolor, van cayendo en la fuente de mí tedio triunfante las canciones de otoño que me inspira tu amor.

Jamás haberte visto, siempre de tí distante, jamás haberte hablado, nunca ser tu cantor; pasar junto a ti como una música errante hubiera sido mucho, pero mucho mejor

Porque para tenerte que arrojar al olvido sin emoción ninguna, por estar aburrido, como aburre un paisaje vulgar y sin color,

no haberte conocido, tampoco ser tu amante, pasar junto a ti como una música errante hubiera sido mucho, pero mucho mejor

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ELOGIO DE LA NOCHE

BRUJA maligna y trágica, noche de mis amores; cómo estás en tu reino de pálida y cruel con tu cabeza negra constelada de flores muertas, y el novilunio, que es un blanco laurel.

Musa loca de todos los pobres soñadores, que en mis insomnios tienes perfumes de vergel:

lis arpas de tus líricos mundos interiores dar a mi canto quiero, para llorar con él.

Yo soy tu hermano amigo, pues que te amo tanto yo te invoco, te busco; te escribo, te canto, alondra solitaria que muere en tu balcón.

Y engarzo en tu corona de mi dolor la gema; pues yo, como tú, alumbro la sombra de un poema con mis luceros tristes dentro del corazón

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LA ONDA AMARGA

YO soy un hombre pálido, triste, sin ninguna sonrisa, a quien las hadas un tiempo festejaron; que ya más no le queda que lo que le usurparon, que se abandona a veces al amor de la luna

Jamás tantos blasones pudo haber otra cuna que la que las auroras para mí fabricaron

Y

sin embargo: ¡cómo los perros me ladraron!

Y

a pesar de ello: ¡cómo me trató la fortuna!

No sé sí estaba escrito, pero, al fin, me parece que esta melancolía negra que en mí florece tiene raíces mucho más hondas que el destino

Porque no es el destino quien nos da la corriente,

ni surge la fatídica arruga en nuestra frente

mientras no se descubre la verdad del camino

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NIEBLA

YA no soy el de antes. Mi vida aventurera ha descrito un paréntesis doloroso y fatal. Lo digo avergonzado: no soy el que antes era; tengo ya algunas canas y el mundo me hace mal.

Mírame bien los ojos; se fue la primavera que encendía en mis sienes un sol meridional; ya no es mí cabeza como una bandera, ya no es mi sonrisa galante y fraternal.

Ya no tengo claveles en la clara mañana de estío, como aquellos reyes de la ventana que ofrecerme solían su consuelo mejor.

Porque no soy el mismo, porque no soy tan porque ya me ha rendido demasiado la suerte, porque de tanto amarte me quedé sin amor

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ESPLIN NOCTURNO

NOCHE clara de otoño. Por las alegres calles

de la ciudad, que al vicio y al jolgorio se entrega, fulguran los unánimes focos, y despliega

su roja onda un soplo sensual sobre los talles.

Yo siento la nostalgia de mis líricos valles,

pero hay algo en la atmósfera que a la carne se pega. Margarita que pasa, como una estatua griega

Y en el bar, los violines

recuerdos de Versalles.

El ambiente está lleno de infértil sensualismo.

¡Risas, licores, besos, mujeres, optimismo de las horas que ruedan en brillante festín!

Y Yo, entre la confusa marea circundante,

cruzo, con la neblina de mi tristeza errante, sin saber lo que siento ni adónde va mi esplín

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ROMANCE DE LA AUSENCIA

A JOAQUIN LOPEZ BARBADILLO

-VEN, morena; ven, gitana Misteriosa luz lejana

de mí ensueño y de mi pena, gentil cáliz de azucena, copita de nieve y grana

Ven

claveles para tu pelo,

y un pedacito de cielo

para espejarlo en tus ojos,

y para tus labios rojos

un hondo beso de amor,

y un cántico embriagador

para ensalzar tu belleza,

y un regio chal de princesa para tus hombros en flor

Ya tengo en la ventana

-Ven, morena; ven, gitana, que por la noche galana te asomas a la ventana de mi pena Divina rosa temprana, leyenda de bizarría, fresca lluvia de alegría, lucero del alma mía que encantó a la morería sobre una huerta serrana.

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Canta, canta el trovador

su dulce trova de amor;

y más bien no la cantara,

para que no la escuchara

quien no siente su dolor

Y así llora en su cantar,

aunque no quiere llorar, el juglar.

¡Triste esperanza de amar

lo que no puede alcanzar!

-Gitana de estos amores, senda alegre de mis flores de encanto y de fantasía:

¿dónde estás, que el alma mía no tiene más ufanía que la de verte y besarte? ¿Dónde tendré que adorarte,

si no sé buscarte más?

Gitana, gitana mía:

¿dónde estás?

-Bordaré mi serenata, por tí, magnífica y grata, bajo el prodigio de plata de las noches pensativas, en que lloran las estrellas como ilusiones cautivas;

y te ofreceré el collar del azar que me impulsa locamente por camino diferente

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del de tu planta florida, tan distante ¡Seré el misionero errante de la canción de tu vida!

Loca y lírica canción que brota del corazón ardiente y aventurera, flamante de vida entera, como el sol en primavera

y el diamante en el carbón.

¡Loca y lírica canción de mí esperanza postrera!

Voy en pos de la fortuna de tus amores gitanos,

y llevo ardiendo en las manos

el alfanje de la luna Con él - promesa de amor- quiero desgarrarme el pecho para encantar mi dolor.

-Pobres trovas de juglar que el viento arrastra al pasar ¿Qué tumba irán a encontrar? ¿Dónde podrán descansar, peregrinos del dolor, los sueños del trovador que sólo supo llorar? Gitana de mí penar, ¡cuánto me duele tu amor

!

-Ven, morena;

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gallardía de la andante fantasía, misteriosa flor de un día fragante y primaveral, limpia luz meridional como el sol de Andalucía; ven, palomita lejana de mi ensueño y de mí pena, gentil cáliz de azucena, joyero de nieve y grana;

ven, que tengo en mi ventana claveles para tu pelo,

y un pedacito de cielo

para espejarlo en tus ojos,

y para tus labios rojos

un hondo beso de amor,

y un cántico embriagador

para ensalzar tu belleza,

y un regio chal de princesa para tus hombros en flor

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EL ETERNO CANTAR

JUNTO a los pomposos rosales gentiles

cantaba la niña de los quince abriles;

y hasta los rosales,

un eco galano como la cadencia de los manantiales traía distantes palabras sutiles, que eran un poema de almas juveniles bajo aquella rubia tarde de verano.

Y así, al crepúsculo de estío,

daba la niña su cantar:

-Río y canto, canto y río sin saber lo que pensar

¡Siento un fuego y siento un frío

y tengo ganas de llorar!

-Benditos sean tus sinsabores, que son la vida triunfante. ¡Al fin, se ha desnudado entre las flores la Primavera en tu jardín! -Pero es que nunca fue tan galana como hoy la trova del ruiseñor, ni el cielo tuvo tanta grana, ni los narajos tanta flor. -Es que al imperio divinizante del rey que en tí viene a reinar,

el firmamento es más joyante

y

es más espléndida la mar

Amor es mago eterno y luminoso que transforma los seres y las cosas:

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¡vaso de ámbar, prodigioso, para la fiesta de las rosas! Amor es como un nido de alabastro, plumas de cisne y embriagante aliento; sonrisa lírica de un astro, resumen de alma y pensamiento.

Nada es belleza comparada con la pupila de la Amada; nada es encanto que se ame tanto como la gloria de su encanto; ni hay mano bella como la de ella, ni en frente alguna mejor estrella; ni habrá cabello cuyo destello sea más bello que el de su cabello:

¡porque la gracia de nuestra Amada con nada puede ser comparada!

-Di, blanca hermana de las auroras, plegaría ingenua de bendición, ¿por qué lloras, por qué lloras asomada a ese balcón, en donde miras pasar las horas con ritmo de ala y de canción?

-Porque ha llegado esta mañana junto a la reja mi doncel, y no ha dejado en la. ventana ni un manojo de clavel. -Deja que, ausente, por el llano con sus desvíos vaya el galán ¡Las ilusiones del verano cuando amanezca volverán!

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Nada hay como el amor en la florida transformación del mundo y de la vida. ¡Es germinar tan incesante que no hay poema que lo cante! ¡Nada es para Ella más sagrado que la presencia del Amado!

-¿Por qué ríes, niña loca, en tu ventana toda ilusión, mientras la rosa de tu boca promete cielos de pasión?

-¡Es que esta noche, bajo la luna llegó mí príncipe en su corcel, y me ha cantado como ninguna

su serenata de laurel

“No me abandones, dueña mía, no me abandones jamás, jamás.”

!

-Así en su cántiga me decía; yo respondía: “¡nunca más!” -¡Benditos sean los amores primaverales en tu jardín! -¡Ya he recogido todas las flores, que son la vida triunfante, al fin! ¡Se ha desnudado entre fulgores la Primavera en mi jardín!

Fuente de amores, misteriosa fuente que brotas en la senda eternamente:

eres tan honda y tan extraña como el rumor que te acompaña.

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Síntesis dulce y amargante;

a un tiempo mismo sombra y luz:

es tu cristal como el diamante

y eres torrente, beso y cruz.

Como la niña que ayer lloraba que ayer reía el balcón, como la niña q cantaba:

¡así es el rey del corazón! Canta y ríe, sufre y llora,

y es caricia y es traición,

y es paleta de la aurora,

y es goyesco nubarrón,

Dejad que cante, dejad que llore:

dicha, nube, luz, dolor ¡Ay del que muerto lo deplore! ¡Cuán misterioso es el Amor!

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EL MILAGRO DEL JARDIN

I

ERA una tristeza antigua la del jardín ideal, sin la gaya ofrenda astral

que el desencanto amortigua,

y junto a la fuente ambigua lloraba el mustio rosal.

Bajo los arcos gentiles del propicio mirador

no encantaba el surtidor como en lejanos abriles,

e insinuaban los pretiles

vagos recuerdos de amor.

La siempre viva elocuencia de las cántigas florales, nevaba, sobre otoñales olvidos, su indiferencia; pues donde no está Clemencia no puede haber madrigales.

Por eso el jardín sonoro de mí Provenza interior perdía su resplandor, sin fragancia el rosal de oro, bajo el romántico lloro de ausencias del ruiseñor.

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Sólo al claro de la luna

mi alma, viejo violín,

ante el dolor del jardín deshojaba sin fortuna líricas flores de alguna serenata del esplín.

Y en su triste letanía, por el seto sin verdor, con el doliente fervor

de una esperanza tardía,

la virgen Melancolía buscaba en vano una flor

Hasta aquella Pascua blonda

de

la aurora jazminera,

en

que llegaste, viajera

de

una lejana Golconda,

resucitando en la fronda mis cantos de primavera.

Fue una transfiguración maravillosa, encantada; brotó por cada pisada

de tus pies una canción

¡Qué augusta resurrección la del parque, a tu llegada!

¡Qué rumores de alegría, qué ensueño en la rosaleda, qué bullicio en la arboleda, y en el aire qué armonía

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difundió la fantasía de tu abanico de seda!

La pompa crepuscular

vistió el cielo de escarlata, bordando la escalinata como un luminoso altar,

y echó el ambiente a volar sus mariposas de plata.

Luego, el triunfo de la vida, por tus ojos de agarena, mostró en tu gracia morena una luz desconocida, pura, radiante y florida sobre tu sien macarena.

Fue entonces que en la ventana triste de mí corazón, como mágica ilusión que un astro nuevo engalana, se abrió la rosa sultana de una encendida emoción.

Las alondras matinales, en el bosque de laurel, desgranaron su rondel en sartas primaverales,

y a tus fulgentes umbrales

sangró mi gloria el clavel.

Y en olvidada fontana del tritón, meridional,

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su primavera augural volvió a encender la mañana, cantando la más lozana de sus trovas de cristal.

Y huyó la vieja tristeza

con su máscara sombría, vencida en la valentía de tu alegre gentileza, y el sol cuajó en mi cabeza su fértil soberanía.

Y en todo, en todo el deseo

de amar, volvió a ser canción, colores, ritmos, pasión, perfume, gracia, himeneo, arte, belleza, trofeo, caricia, luz, corazón

Porque tu ciencia divina de diosa, de hada y mujer, el arco supo tender, con la flecha diamantina, para clavar la eglantina de tu hermosura, en mi ser.

Y así, al conjuro armonioso

de tu alado ajonjolí, fue vida triunfante en mí tu talismán milagroso ¡y éste es el canto glorioso que voy cantando por tí!

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II

Como el ébano de Creta, que siente hervir en su rama toda la sangre que inflama su flor de roja faceta:

así te siente el poeta, convertida en flor de llama.

Tú estás en mí magna y sola, como en el día el color, como la esencia en la flor, como el arrullo en la ola, como en el triunfo la aureola, como en el mundo el amor.

Tú estás en mí, acariciante voz de un eterno cantar, como el ave en el pinar, como el brillo en el diamante, como Beatriz en el Dante, como el misterio en el mar.

Tú estás en mí, como un guía de esta noche en que me amargo, como un beso en mi letargo, como una inmensa armonía, fresca sombra de alegría, sobre el desierto más largo.

Tú estás en mí como el ala está en el cóndor caudal,

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como el ansia en lo genial, como el aplauso en la gala, como el laurel en la escala que conduce a lo inmortal.

Y eres mágico lucero

de una azul constelación, que alumbra mi corazón, para alumbrarme el sendero por donde marcho, romero de una loca emigración.

De tu frente en el divino contorno de serafín triunfar he visto el jazmín de mí futuro destino, como estrella en que adivino mí norte de paladín.

Y así algún día el doncel,

después del viaje ideal, de tu torre al ventanal llegará con su corcel, para ofrendarte el laurel de su conquista inmortal.

Y en la turgente diadema

de tu garganta gentil pondrá el brillante marfil de algún soberbio poema, como una espléndida gema sobre una rosa de abril.

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Nada igualará al tesoro

de su encantada Stambul,

protegida bajo el tul

de tus leyendas que adoro,

cuando sus góndolas de oro sueñen en tu lago azul.

Será en nosotros el modo

de

amar distinto también;

mi

palma sobre tu sien;

tú,

por encima de todo;

y el amor, inmune al lodo, sobre los dos, como el bien.

Caerá en lluvia bienhechora sobre el fecundo terreno, como el resplandor sereno

de una magnífica aurora:

¡oh, cosecha embriagadora

de bendición, en tu seno!

Y lucirá la obsidiana

de tus ojos pasionales,

como en esos madrigales

en

que mi ensueño se afana

de

una Venecia lejana

por los tranquilos canales.

Pues mi alma, como una flor al triste otoño marchita, se estremece y resucita

de

tu mirada al calor:

alma es un lirio de amor

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que de tu luz necesita

Puerta de sándalo rosa,

que se abrió ante mí tristeza, descubriendo la belleza

de una ciudad prodigiosa.

¡yo no sé qué misteriosa

luz difunde en mí cabeza!

Tuya es la gloria florida

de que haya resucitado

este manantial cansado

de mí juventud perdida.

¡Tú me has devuelto a la vida, y yo la vida te he dado!

Yo soy así, como el viento,

como el sol, como las flores; doy enteros mis amores,

mi savia, mi pensamiento,

¡Yo pago el bien de un momento con mis momentos mejores!

Y así estoy en ti: como una

gratitud que no he descrito, como un consuelo infinito bajo una noche de luna Por tí, tengo la fortuna

de que mi amor quede escrito.

Y por tí vuelve a soñar

el andante caballero, por ti el audaz mosquetero

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la espuela vuelve a calzar; por tí vuelven a flotar las plumas de su sombrero.

Por ti, del ancha Castilla surgiendo en la carretera, torna su audacia guerrera sobre la tierra amarilla, y abre el espacio en la silla las alas de la Quimera.

Por ti, sin paz ni reposo, vuelve el soñador andante en busca de Rocinante con su lanzón victorioso ¡Cuántas Villas del Toboso sueña, camino adelante!

Yo, altivo, moderno aëda, de tu encanto al resplandor, vuelvo a ser el trovador de la romántica rueda, con madrigales de seda para pintar tu esplendor.

Y en el fondo de las horas

de mi grave aristocracia, pone una estrella la gracia

de mis heráldicas floras, para alumbrar las auroras de tu elegante eficacia.

Y el mar negro de mi hastío

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se torna alegre y sonoro, bajo el sublime tesoro de tu bendito albedrío, que es un gallardo navío como una alondra de oro.

Bien haya el destino fiel que así te brinda a mí suerte, hurtándome al roce inerte de la farándula cruel, que antes de darme un laurel quería hundirme en la muerte.

Bien puedo gritar ¡saudades! Por mí amor y tus venturas soy capaz de las más puras

y recias temeridades,

de las mayores bondades

y las más santas locuras.

Porque tú estás en mi vida como en la aurora el color, como la esencia en la flor, como la sangre en la herida, como en el triunfo la egida, como en el mundo el amor

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LA BLANCA BRUJA

A ANTONIO MACHADO

POR los helados campos, bajo el soplo del viento y de las nieblas, una encorvada bruja se destaca, pálida y sorda, caminando a tientas.

Va taciturna y grave,

como un viejo dolor que da tristeza; llena con sus andrajos el camino

y tropieza al andar como una ciega.

El ronco Septentrion roza la espalda de la infeliz viajera,

y flota en sus cabellos escarchados un paisaje de lívidas Noruegas

¡Miradlal Es una bruja blanca, blanca y muy vieja. Trae tanto sufrir y tanto frío que no puede ni andar, y tiembla, tiembla

Es el invierno inférfil. Encended el hogar, cerrad la puerta:

mirad que el enemigo viene aullando

y está cerca muy cerca;

como un miedo glacial que se aproxima bajo la plúmbea capa de las nieblas

Encended el hogar, hermanos buenos;

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decidle a vuestra abuela que vaya deshilando el cuentecillo mientras el algodón gira en la rueca.

Que cuente a vuestros hijos una de esas consejas de rancios tiempos y de rancias cosas que arrullen y entretengan

¡Pues el siniestro viento en la rendija parece que silbando se congela,

y han invadido los errantes lobos el huerto y las aldeas!

Encended el hogar, hermanos buenos; cerrad, cerrad la puerta,

que hace frío en el campo, mucho frío,

y está la bruja del invierno cerca

El sol occidental canta en las brumas una esperanza para siempre muerta

Viajeros de la vida en el camino, que una amarga Siberia lleváis en el espíritu cansado

como una herencia hostil que os desconsuela, ¡temed ante el silencio de esa bruja fatídica y fatal que marcha a tientas

y efunde en las mortajas del sendero,

como una sugestión bajo las nieblas!

Abrigáos muy bien, juntáos todos; encended el hogar, cerrad la puerta

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SALUTACION LIRICA

A EDUARDO ZAMACOIS

¡PORQUE en tu mano fraternal nos traes

el pasaporte azul, que abre las puertas de las almas artísticas, en donde radiantísimo altar se ofrece al culto de augusta religión, flordelisado con quimérica lluvia de laureles; porque existe la savia victoriosa del sol en tu cerebro, y acaricias vírgenes primaveras en tu marcha,

y

porque eres sincero y eres fuerte,

y

has sabido triunfar sobre los necios,

torpe jauría de insolentes lobos que muerden al pasar las vestiduras;

y porque alientas la ambición de auroras

de aquel pálido inglés que cruzó el mundo derramando emociones,

y eres un gran amigo de la vida;

porque sabes reír, como los pájaros al despertar la luz; porque has sabido llorar como las fuentes en la noche; porque has querido derramar tu beso fértil sobre las nieves otoñales

que duelen tanto a la mujer caída,

y has tenido en tu pecho para ella

siempre un rayo de sol; y porque sabes la amargura invencible de las horas sin cariño y sin pan, en la fecunda

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lucha por el blasón que empuja a todos;

y porque en la alegría o la tristeza

ni el sufrimiento ni el placer doblaron tu palpitante airón de mosquetero; porque conoces lo que vale el brillo del temblor de una lágrima en los ojos de la mujer que amamos

con todo el corazón, igual que al norte de nuestro porvenir; y porque juzgas el valor de la luz, cuando decora la plácida alquería, el hondo valle, la pintoresca playa con sus lujos de marinos festones, el relieve de los acantilados melancólicos, el horizonte azul, la selva obscura,

la juvenil casita o el remanso

montañés del paisaje que asoma en las durmientes lejanías; porque eres nuestro hermano, y has tenido para cada vitando panorama tu canción entusiasta y luminosa:

porque en la estatua de oro, que simboliza la verdad, supiste, siempre amoroso, deshojar el nardo de la esperanza eterna y del ensueño; porque eres un viajero infatigable que desgrana su cántiga optimista por todas las errantes estaciones

de la florida senda,

y en los amores embriagarte quieres,

como en un manantial, más que con vino, yo te saludo, hermano,

y alzo en tu honor, lo mismo que una estrella,

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la resonante copa diamantina!

¡Por el arte y por ti; por las mujeres hermosas y adoradas en las noches de luna, que se fueron para no volver más, como las dulces ilusiones perdidas; por aquellas novias de una semana, y por las otras que han de llegar después, mientras no viene la de toda la vida, la que acaso cerrará con su beso nuestros ojos

Por el arte y por Ella, por la mujer, por la mujer, que es ala

de esta alondra inmortal que inunda en cantos

el jardín interior. Por la francesa,

que aporta en su gentil desenvoltura

y en su andar elegante, como un ritmo, la locura de amar, triste y alegre Margarita Gautier. Por la española,

que en los ardientes cármenes famosos de la tierra del sol luce gallarda su mantón de Manila, y es encanto de Goya el inmortal. Por la que sueña del Adriático azul en las orillas con sus meridionales atracciones,

y a los cielos clarísimos de Italia

dedica su cantar, como una joven, cálida encarnación del sentimiento, que es la esencia del arte y de la vida. Por la rubia romántica cuya cabeza lírica de oro finge un hondo lucero entristecido

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bajo el tul vagabundo de las nieblas bretonas. Por la gitana de las trenzas negras corno la eternidad, que va cantando su nostalgia de siglos por los valles del Austria soñadora. Por la de nuestra América,

que tiene a la de España en sus pupilas,

a

la de Italia en sus joyantes labios,

y

en su grácil esguince a la francesa.

Y, en fin, por la de todas las regiones donde haya manos blancas que acaricien, bocas que besen y ojos que vendimien amor para el viajero. Brindaremos también por el turbante celeste y prodigioso en que diluye su sarta de magníficos topacios la diosa Fantasía. Brindaremos por el noble bajel de la quimera, cuyo raudo velamen flota altivo como un soberbio pabellón de púrpura; por el amor, por el amor, que es sangre

y es bondad de la tierra;

por todo lo que el arte dignifica

y

ennoblece a los hombres,

y

culminando sobre el mundo mismo

nos lanza al porvenir, triunfa en nosotros, nos brinda la tristeza y la alegría,

y el afán, y el laurel; y en nuestra mano pone, como una brújula de gloria que apunta hacia el levante, la lanza del Quijote!

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Y al abrochar las perlas impalpables de esta salutación, con que queremos un homenaje fraternal rendirte, es preciso también brindar contigo, que eres merecedor, por la fecunda libertad de los pueblos, porque es fuente de amor y de alegrías, la augusta libertad sobre la tierra

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LA VECINA DESDEÑOSA

A GREGORIO MARTINEZ SIERRA

AMOR es mensajero de los días floridos, que tanto encanto traen y son tan bien venidos que en ellos no hay ensueños no rejuvenecidos

Nuevos pintores magos alegran la ventana

Y encienden los claveles de un color que da gana

de conversar con ellos, diciéndoles mil cosas de loco, pero buenas, puesto que son hermosas.

El celeste optimismo del pedazo de cielo que recorta la huerta, luce como un consuelo

sobre un dolor, y tienen canciones volanderas,

al desplegar sus labios, las hadas mañaneras.

Pueblan los saltimbanquis gorriones argentinos, teatro de sus diabluras, los árboles vecinos de mi casa; y a ellos dedican sus reparos los de mi vecinita ojos grandes y claros,

que yo en mirar me obstino con los afanes llenos de esa codicia que ama los cercados ajenos

Y

si viérais qué hermoso el jardín allá abajo

se

mira, de esta alcoba donde sueño y trabajo

Sólo con ver la gloria virgen de que está lleno,

se siente uno poeta, se siente uno más bueno.

Jurarlo no lo juro, pero a conciencia os digo que cuando mi vecina, como gentil testigo de aquel florecimiento, se asoma placentera

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al descanso que forma la pared medianera, parece que las rosas, con anhelo infinito, la saludan, y se hace el jardín más bonito.

Siempre toda belleza, por triunfante eficacia, duplica presunciones para otra altiva gracia,

y

la envidia que se tienen entre sí las mujeres bellas, que son lo mismo que rosas presuntuosas No os extrañéis, entonces, de que las majestuosas roas del jardín quieran erguirse más hermosas cuando asoma la rubia vecina de mi cuento. Yo estoy seguro que ella tiene el convencimiento de que es más atrayente y esbelta que las rosas.

es de esto que ha nacido, según mis pareceres,

Y es, en verdad, divina la pícara vecina,

que a veces me confunde, y a veces me fascina con sus ojos azules de mirada tan honda como los inmortales ojos de la Gioconda; ojos que tienen tanta serenidad, y tanta lentitud como un verso de Teresa la Santa,

y un traslucir topacio, que el alma me ilumina,

como los que cantara Gutierre de Cetina; pues ellos son dos ojos que, para bien de males, cautivan con la gloria de sus dos madrigales. -Buenos días, vecino -Muy buenos vecinita. Es usted infaltable, puntual, en la visita que gozan y agradecen diariamente las flores

-No es extraño; son ellas mis amigas mejores.

Pienso que la existencia pasa obscura y odiosa

si en ella no encontramos la risa de una rosa.

¿No cree usted? Pues, bueno, yo para mi quisiera reinar entre las flores o ser la Primavera

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-Algo de eso le ocurre, vecina, pues infiero que cuando a usted la miro me siento jardinero; y yo, que amo ese hermoso jardín que nos separa, digo que no es tan bello sí a usted se le compara -¿Galante? -No acostumbro -¿Poeta? -Hoy no se usa la Poesía, pero, ¿quién sería la Musa de este contorno, lleno de esa magia secreta que hace brotar el canto, sí yo fuese poeta? -Quién sabe -Piense, piense -No sé; tal vez la Luna -Para los que no tienen la gloria y la fortuna de beber en sus ojos hondos y traicioneros esa deslumbradora fulgencia de luceros, tal vez fuese la Luna; mas para mi, vecina, tengo por bien sabido que es otra la heroína del canto que cantara yo, si yo mereciera ser bardo y jardinero de usted: la Primavera

Una desconcertante risa loca y un fuerte golpe de la ventana me han traído la muerte del matinal coloquio con la rubia galana.

He estado inoportuno o estoy de mala suerte;

pero, como es coqueta

se asomará mañana

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DIA DE FIESTA

HOY te quiero querer de esta manera con una blusa blanca

y

una falda más negra que tus ojos

y

un lacito celeste en la garganta

Hoy es día de fiesta, pero es fiesta para nosotros solamente. Cantan sus florecidas glorías los jardines

y su balada azul nuestra esperanza.

Todo es risa de sol. Esta armonía suena su cascabel en nuestras almas,

rima un beso de amor en nuestra alcoba

y hace resplandecer nuestra ventana

Hoy te quiero querer de esta manera:

con una blusa blanca

y una falda más negra que tus ojos

y un lacito celeste en la garganta Botitas menuditas

de luciente charol cubran tus plantas;

y un sombrero francés - más elegante

porque lo llevas tú - sonrisa y gracia de no sé qué feliz encantamiento – cual grácil quitasol de negra paja, dispónganse gentil sobre los bucles de tu cabeza artística y gallarda Que hoy te quiero querer de esta manera:

como una golondrina enamorada.

Tú eres aquella Ofelia

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sencillita y simpática del cuento de Mendés, que te he leído tantas veces, y tanto te gustaba Tú eres aquella Ofelia que, en las claras mañanas de limpia primavera esplendorosa, como un suave fulgor, con paso de hada,

grata como un jazmín, fresca y risueña, la paz de las bondades en la cara, luz de una alegre juventud fragante, la soledad del parque atravesabas:

con un ramo de flores en la mano

y otro ramo de flores en el alma

Eres la blanca rosa, la rosa más galana que hayan visto los líricos jardines en la maceta azul de una esperanza. Llevas en tus andares un temblor de nostálgicas guitarras, la dulce languidez de las criollas en tu fino ademán; en las miradas

hondos recuerdos de españolas vegas,

y algo, en tus manos, de la ilustre Francia. Vas sembrando armonías,

y así es como te aguardo esta mañana;

que hoy te quiero querer como a esa Ofelia del cuento de Mendés, que tan galana

cruzaba por el parque presurosa,

y era como el amor cuando pasaba:

con un ramo de flores en la mano

y otro ramo de flores en el alma

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Rondel de mi alegría, blanca Ofelia como aquella del cuento que gustabas, ven: hoy te quiero adornarte la cabeza

con claveles de amor. (Para tus gracias, yo tengo una maceta de claveles

al

pie de mí ventana).

Y

hoy te quiero querer de esta manera:

como una golondrina enamorada.

Hoy es día de fiesta acá en mi pecho, hoy como nunca mis alondras cantan:

iremos a pasear nuestra alegría lejos de la ciudad malhumorada, yo, siempre en brazos de la musa loca, tú, como una sonrisa en mi esperanza; ¡con un ramo de flores en la mano y otro ramo de flores en el alma!

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LOS VIEJOS RINCONES

LA tarde ofrece en dulces risas de primavera los ópalos del cielo. Como una gran quimera que a soñar os invita, fulge en decoraciones

de paisajes fantásticos y encantadas regiones

el

horizonte, de amplias, rojas irradiaciones:

Y

hay un contraste rígido entre esa fantasía

y

la ciudad, tan llena de odiosa simetría

Así, escapando al roce de las prosas urbanas

que a vuestro pecho aporta desazones lejanas, abandonáis con gusto la uniforme Avenida

y ese trajín luciente de la calle Florida:

pues hoy a vuestra rara dispepsia no conviene rozaros con la prosa que la ciudad contiene.

Ya en vulgar carruaje, le habéis dicho al auriga, con agrio tono triste, que hacía Palermo siga, pensando, por la lógica secular de las cosas, que es malo ver lechugas si pueden verse rosas

La tarde os ha mostrado sus rientes festines, en tanto que a Palermo trotaban los rocines;

y un bienestar, amable como el cielo violeta,

gozásteis cuando el coche cruzó la Recoleta, bajo los dardos de oro que el sol desde su trono

lanzaba al bosque, envuelto por lánguido abandono

y por crepusculares armonías

en un rojo automóvil dos damas elegantes pasaron, sustentando su garbo soberano, tal como en los retratos de un pintor cortesano

Poco antes,

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Y han puesto su sonrisa leve, como una nota despreciativa y llena de orgullo, en la capota de vuestro pobre coche de alquiler, tan usado como vuestro sombrero, que es del año pasado. Vais sobre el duro asiento fumando y distraído:

sólo tenéis urgencia, pues es lo apetecido para olvidar recuerdos y tristes desengaños, (herencias que el invierno trae todos los años) sólo tenéis urgencia de que el tardío coche llegue a Palermo antes de que cierre la noche

Llegáis por fin. La hermana costumbre os encamina

un rincón predilecto donde crece una encina

a

y donde las magnolias en flor, pródigamente, perfuman la callada soledad del ambiente,

Hay un banco de piedra. Allí, en tiempo pasado, desvíos de una ingrata mujer habéis llorado;

y

pues no hay lugar que envuelva - bien lo dicen

en él tomáis asilo y reposo oportunos,

(algunos-

los giros cariñosos de nuestro pensamiento, como aquel en que hubimos tristeza y sufrimiento.

Y en este rinconcillo de parque inglés, que os habla

por diálogos sutiles que la arboleda entabla

con el aire y los pájaros, hay algo que os invita

a

su amante coloquio de romántica cita

Llegan hasta vosotros los ecos orquestales

del viento, que florece también sus madrigales;

y en canciones monótonas el agua, mansamente, va llenando la rústica taza de una fuente

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que está cerca del banco, y que al caer salpica

la felpa de las hojas, donde un grillo alambica

con notas monocordes el cantar de la tarde.

Estáis solos, y acaso sin que nadie os aguarde;

cruzan las yuntas, rápidas, por el curvo camino,

y, sin querer tampoco, pensáis en el destino

de aquellos cuyas almas tristes y silenciosas

se fueron para siempre, como las mariposas

Mientras, sobre el ajenjo celeste del espacio surgen luceros como sonrisas de topacio, y pasan por lagunas tranquilas e ilusorias,

como cisnes de ébano, vuestras viejas memorias

en juvenil cortejo, fantástico tesoro

de amor y primavera; vuestras leyendas de oro vuestro antiguo poema de estrofas olvidadas, misterioso, como esas casas abandonadas

Y habéis tomado asilo y reposo oportunos.

¡Ah! No hay lugar que envuelva - bien lo sa- (ben algunos- los giros cariñosos de nuestro pensamiento, como aquel en que hubimos tristeza y sufrimiento,

Y habéis soñado

Luego, la uniforme Avenida,

vuelve a llenar de prosa vuestra ilusión florida

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AROMAS DE RECUERDO

A MANUEL MACHADO

AROMAS DE RECUERDO

FUE en una vieja tarde, bajo el nublado cielo de Inglaterra Por el dormido Támesis flotaba un vapor de recuerdos y leyendas.

Yo arrastré por la orilla

la palpitante luz de las quimeras,

y el encanto latino de todas mis antiguas refulgencias brotó como una rosa entre la bruma doliente y otoñal de las riberas.

Soñaban con el sol los bergantines en las obscuras dársenas inglesas

Hace ya mucho años. Yo llevaba por todas partes risa y primavera, primavera y canción por todas partes. Después vino a besarme la Tristeza

-Tengo frío - me díjo. -Estoy cansada.

Y pugnó por hacerse la risueña,

mientras en sus' mejillas florecía

la blancura espectral de la azucena.

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-¿Frío, a los quince abriles-

le respondí -cuando hay tantas estrellas

dentro del corazón, y tanta rima de amor y porvenir en la cabeza? Vamos, no seas mala ¿Quién esas cosas piensa,

bajo el fuego solar de tus pupilas

y al

-Pues, bien, no hablemos de ello- volvió a decir. - Será como tú quieras; pero yo tengo frío, mucho frío. Marchémonos de aquí. La noche llega

ritmo juvenil de tus poemas?

Y nos fuimos del brazo,

calladamente, hacia las vías céntricas. Sobre el dormido Támesis flotaba

un vapor de recuerdos y leyendas,

y añoraban el mar los bergantines

en las obscuras dársenas inglesas

Hoy, después de los años,

he llegado otra vez hasta Inglaterra.

Mi empolvada sandalia de viajero

volví a arrastrar por la infeliz ribera.

Ya no viene conmigo

la triste niña de las rubias trenzas.

Ya no la veré más. ¿Llora o sonríe?

¿Dónde se fue la blanca primavera?

Me duele el corazón, traigo la frente

bajo el agobio de una sombra inmensa ¿Murió ya la esperanza? ¿Ya no sueño románticas empresas?

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Se cubre de fantasmas el camino,

y

-¡Hace frío! ¡hace frío! -- grita el alma. ¡No volveré jamás a estas riberas!

en la inaudita soledad perpleja

Y otra vez sobre el Támesis dormido

flota un vapor de ensueños y leyendas,

y añoran la ultramar los bergantines en las obscuras dársenas inglesas

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SALUDO A LAS CALLEJAS DE MADRID

SALUD, solitarias, y antiguas callejas

en las que aventuro mis nostalgias viejas:

salud, embrujadas callejas diabólicas, tan entristecidas, y tan parabólicas,

y

tan canallescas, y tan melancólicas,

y

tan expresivas, y tan pensativas,

y

tan olvidadas, y tan sensitivas,

y

tan persuasivas, y tan misteriosas,

y

tan enemigas, y tan amistosas

Solitarias, tristes y antiguas callejas,

salud

de mis aventuras y mis desventuras,

Hoy os traigo, dolientes y viejas,

y

de mis ensueños, y de mis locuras

el

tesoro, rancio libro de consejas

¡También el tesoro de mis ideales, que no se doblegan a los vendavales!

Llego un poco enfermo del país remoto donde las autoras me hicieron devoto de sus devociones y su flor de loto

Y llego cansado, mas no derrotado,

de nuevos amores y nuevos cantares

en pos. Ya me han dicho su pena los mares,

y no son tan hondas como mis pesares

Antiguas callejas, callejas obscuras:

¡aquí estoy de nuevo con mis desventuras!

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Perdonad que os llore, perdonad que os diga que hay algo en vosotras que a sufrir me obliga no sé por qué extraña, profunda virtud

tal vez fue que antaño quedó en vuestro ambiente algo de mi espíritu joven y ardiente Traigo unas arrugas más sobre la frente.

Callejas obscuras y tristes

¡Salud!

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CANCION DE GLORIA Y JUVENTUD

SOLO con el recuerdo inmarcesible que nimba el galardón de tu elegancia, la virgen selva del cantar, por una transformación feliz glorificada, se perfuma otra vez, cual sí estuviese toda llena de mirtos y de acacias

Tu fronda inmaterial funde en poemas la persistente voz de mi esperanza; limita al Norte con el mar de besos que te quiero ofrecer, y entre las ramas de mis naranjos líricos se asoman con ansia de admirarte las calandrias.

Vienes a mi recuerdo con la nieve tersa y escultural de las estatuas; domina en tus andares un antiguo, suave temblor de misteriosas arpas ¡Fresca rosa inviolable! ¡Dulce lira pagana! Vienes a mi recuerdo, desde una distante capital triste y callada, y es tu paso el de aquellas inmortales emperatrices clásicas, que, con un ademán, de sobra habían para rendir a un pueblo ante sus plantas

¿Qué te incita a mi altar? ¿La perspectiva de otros indefinibles panoramas?

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¿El atrayente azul en que diluyen

sus vagas tintas de ilusión mis playas? ¿O el verano sensual de la imprevisto que abre a tus emociones sus ventanas? ¡Nada y todo! Tú vienes porque lates en una fuerza loca que te arrastra, como corren al llano los torrentes, como elevan su cresta las montañas, como cantan los ríos, sin saberlo,

y alumbra el sol, y las alondras cantan

Tú vienes porque sí, porque te empuja yo no sé qué moral preponderancia

que es acción en tu ser, vienes con toda su enérgica virtud, la más preclara primavera vital que te conmueve bajo el fuego de sangre de sus fraguas. Lo dice con sus rítmicos latidos

el pecado venial de tus pestañas,

que en vano quieren esconder la fiebre que enciende la pasión en tus miradas:

lo dice tu actitud, que a mí desdobla la frutal opulencia de su rama, como a la tierra próvida la espiga de magnífico grano atiborrada.

Y así quiero quererte. De este modo, tú eres la vida que en mis huertos canta, no como el soplo errante de un ensueño, no como el eco de canción que pasa, no en el astro fugar de una alegría, ni en viajera, doliente serenata, sino en la bendición del entusiasmo,

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perpetuamente al infinito alzada, y en la honda fusión de los destinos que como dos decálogos se enlazan para cumplir el triunfo, y entregarse, por mutua decisión complementaria, como ofrece el jardín las azucenas, como lucen al sol las lontananzas

Y sólo a la memoria imperativa que corona el blasón de tus fragancias, la virgen selva del cantar, por una transformación feliz glorificada, se perfuma otra vez, cual si estuviese llena de jazmineros y de acacias Se perfuma otra vez con un perfume de gloria nueva. Tan hospitalaria viene tu juventud, como un propicio puerto a las averías de una barca de pescador, perdida en mar siniestro bajo un recio tifón que la trabaja. Se perfuma otra vez la siempreviva del amor de vivir que te acompaña, con el aroma saludable y fresco de los naranjos, a la tregua cálida de una risueña lluvia en primavera, que en la tierra encantada canta su bienestar, ágil y alegre como una virgen que recién se baña.

¡Y así quiero quererte! Bienvenida tu canción generosa y entusiasta, bienvenida porque es la anunciadora de las glorias de amar, y porque enlaza

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con e mirto gentil de tus bondades el pródigo laurel de mis batallas

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BAJO LA LLUVIA

A EMILIO CARRERE

BAJO el curvo toldamen de mi paraguas voy cruzando la noche, lluviosa y triste, como esos pobres diablos que nadie asiste, mientras todas las penas les dan sus aguas. Voy cruzando la noche, lluviosa y triste, bajo el curvo toldamen de mí paraguas

La lluvia en los cristales finge un salterio, sopla el viento las luces, bate las gotas,

y en las ruecas nocturnas - almas ignotas-

hilando copos negros está el Misterio. Sopla el viento las luces, bate las gotas,

y el agua en los cristales finge un salterio.

Cuelgan de los balcones cintas extrañas, que son a la distancia torpes guedejas,

y evocan las perdidas mazorcas viejas

que ha despreciado el filo de las guadañas, Cuelgan de los balcones cintas extrañas que son a la distancia torpes guedejas.

La ciudad formidable, como una bruja soñando sueños malos está dormida,

y una inquietud secreta canta en su vida

bajo el manto de nieblas que la arrebuja. soñando sueños malos está dormida la ciudad formidable, como una bruja.

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Yo voy tras esa dicha color de rosa que ambicionan las gentes y nadie alcanza, porque es como una perla de la esperanza que en las tumbas marinas muerta reposa. Voy en pos de esa dicha color de rosa que ambicionan la gentes y nadie alcanza.

Del durmiente suburbio marcho en camino por la angosta calleja de sucio trecho, pensando que hay dolores acá en el pecho más por culpa del hombre que del Destino

Por la angosta calleja de sucio trecho del durmiente suburbio marcho en camino.

Se oye un tango lascivo. De alegre “farra” seis muchachos en fila van con presteza ¡Pobre pueblo que ríe! Me dan tristeza las notas compasivas de su guitarra. Se oye un tango lascivo. De alegre “farra” Seis muchachos en fila van con presteza.

Unos novios joviales charlan de amores,

y un relámpago de oro sorprende el beso, incendia de las sombras el fondo espeso

y un tronido redobla sus mil tambores.

De los novios joviales que hablan de amores un relámpago de oro sorprende el beso.

Cargado con mis locas murrias eternas,

ya desemboco al barrio de negro ambiente, donde el tufo del aire tiene aguardiente

y hay dramas entre el humo de las tabernas.

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Ya desemboco al barrio de negro ambiente cargado con mis locas murrias eternas.

Mas detengo de pronto mi bota urbana frente a un quicio dudoso de casa pobre, que tiene un turbio aspecto color de cobre y un tiesto de claveles en la ventana. Frente a un quicio dudoso de casa pobre detengo de repente mi bota urbana.

Nadie ha visto mi asombro. Como un fantasma, perdido y silencioso quedo en la calle Y advierto que del quicio junto al detalle tumbado está un mendigo tosiendo el asma. Nadie ha visto mi asombro. Como un fantasma perdido y silencioso quedo en la calle.

-¿Qué hiciste -le interrogo-, viejo mendigo que tan duros colchones te hacen de lecho? -¿Y a qué pedir mejores? ¿Tengo derecho? -me dice, - y le respondo como un amigo:

-¿Qué hiciste, miserable, viejo mendigo, que tan duros colchones te hacen de lecho?

-Yo tuve una familia que era un regalo

juventud, fortaleza, sueños de aurora,

mundos de amor

Pero hubo en mis jardines un viento malo

¡La vida, flor vencedora!

¡Y allá fue mí esperanza, triste regalo de muertas juventudes, sueños de aurora!

Y el pobre, así tumbado, como un beduino,

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se echa a llorar, piadoso, crujiendo el pecho

-¡Ni un manto que me cubra!- ¡Tienes derecho! ¡Levántate! - le rujo, perdiendo el tino

Y

en tanto que hacia el muro, tosco y calino,

se

acerca más piadoso, crujiendo el pecho,

yo con doble amargura subo el camino por la angosta calleja de sucio trecho

Y alguien canta en la, noche: -¡No tienes techo

por tu vida cobarde

!

¡Miente el Destino

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!

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DIORAMA

A ENRIQUE LOPEZ ALARCON

LOS OJOS NEGROS

Somos como un ardiente paisaje al medio día, somos como una idea fatídica y obscura.

fríos como una noche de invierno y de amargura,

o alegres, como un rayo de sol de Andalucía.

Somos diamantes negros que enciende en fantasía de amor y de ilusiones la juvenil locura:

besos de primavera sí miran con ternura, diabólicos puñales en la pasión bravía.

Hechos para las noches de amor, bajo las parras en uno de esos rústicos patios españoles donde hablan los claveles y lloran las guitarras,

somos los ojos negros, los ojos fascinantes,

que Goya pinta en gráciles majas, como soles,

y lucen las morenas gitanas de Cervantes.

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LAS VIEJAS MADRES

DE aquellos viejos tiempos de mi tierra argentina,

de esos tiempos en que era más heroico el Sol,

hacen brotar más glorias en mí alma latina

los recuerdos que tienen más encanto español.

No es la deslumbradora fulgencia diamantina

de los cascos guerreros, al bélico arrebol,

ni el triunfo de las rojas lanzas, lo que ilumina

mi espíritu, en la aurora del secular crisol.

Tampoco el panorama de aquellos episodios

en que surgían, tristes, los históricos odios a formar de las patrias el futuro plantel

¡Son las ancianas madres, las mujeres patricias, que vendían sus joyas para armar las milicias, como vendió las suyas la gran Reina Isabel!

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PAISAJE INMOVIL

CORTA las turbias aguas al terraplén lejano

que en la turgente sierra destaca su moldura,

y un quitasol gigante parece la abertura

del fastidioso túnel que desemboca al llano.

No muestra el horizonte su carmín africano

que hace un instante hervía con sangres de locura

y efunde el novilunio como una empuñadura

vaciada en torpe cuño de artífice profano.

Ya en el azul sonríen los astros tempraneros, nevando, en sus temblores, cual sí tuviesen frío, las rosas de un otoño de lentos reverberos

Y en el durmiente lago de márgenes risueñas, como una alegoría del enervante hastío, sus rígidos perfiles encorvan las cigüeñas,

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EL ALMA DE ANDALUCIA

YO he visto en tus jardines el sol de los poetas, la gloria allá en los patios de tu gentil morada ¡Oh, Alcázar de Sevilla, cármenes de Granada! ¡Tus ríos, tus mujeres, tu luz, tus panderetas!

Pude aspirar el rojo clavel de tus macetas y el florecido ambiente de tu visión dorada; los aires de tus noches de luna inmaculada, tus fúlgidas auroras de rítmicas trompetas,

Yo he visto allá en tus rejas de flores guarnecidas ojos como puñales y bocas como heridas, cabezas como soles que ardían en mi entraña.

Y en el gemir que tienen tus zambras y cantares, eras una guitarra de cuerdas singulares que dio todas las risas y lágrimas de España

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DRAMA DE ORO

BAJO una gran capota de refulgencia extraña se aleja de su imperio la tarde moribunda, que de un vapor violeta los ámbitos inunda como si diese un largo bostezo en la campaña.

Flamean los penachos de la sonante caña como el adiós de alguna separación profunda, y dan los viejos pinos una meditabunda visión de cosas tristes al pie de la montaña.

Echa al confín del valle sus églogas la oveja, mientras el buey rezonga su proverbial mugido como el enorme caño de un barco que se aleja

Y allá, roja pupila que en los ponientes arde, saluda a los labriegos el sol, como un vencido que muere en la empolvada melena de la tarde.

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LOS PEREGRINOS DEL BIEN

¿A dónde váis, hermanos de la quimera errante, soñando en las orillas de algún lírico islote, con vuestras inmortales andanzas de Quijote y el lanzón victorioso donde luce un diamante?

¿Cuál es la roja estrella que os guía hacía el Levante bajo la sombra trágica del mercenario azote? ¿A dónde vais, montañas en marcha, sin que brote la luna en vuestras cumbres, y camino adelante?

¿Qué porvenir, qué Arcadia, qué libertad, qué gloria buscáis, oh, dolorosos romeros de la Historia que vais sembrando flores sin saber para quién?

¿Qué habéis hecho, gitanos eternos de la vida,

para que así desoigan vuestra canción florida?

¡Mártires y profetas, románticos del bien

!

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ELOGIO DEL POETA

Es el Poeta un lírico dios de la esperanza, es un sol de la vida y un jardín del dolor, donde las armonías de una eterna romanza brindan las rosas rojas de un amor superior.

Es el Poeta un astro que al infinito alcanza. desde el florido cielo de su reino interior,

o es la roja linterna que en el silencio avanza, bajo la noche, en alas de un gigante condor.

Sueña el Poeta, sueña

Y es el rey luminoso

del mundo, en su encantado país maravilloso, su país de leyenda, su gran país astral,

en donde las montañas lucen como trofeos,

y el Porvenir engarza sus áureos camafeos

sobre la testa altiva de un águila inmortal

FIN

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