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ANTEPROYECTO DE INVESTIGACIÓN PARA TRABAJO DE GRADO

JOHN DEWEY Y EL INDIVIDUALISMO COMO PRINCIPIO DEMOCRÁTICO

Presentado por el estudiante JHONATAN ARBELÁEZ RAMÍREZ CC. 1.088.012.536

UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE PEREIRA FACULTAD DE BELLAS ARTES Y HUMANIDADES LICENCIATURA EN FILOSOFÍA PEREIRA (RISARALDA)

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I. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.

John Dewey es conocido en el mundo contemporáneo principalmente por sus aportes a la pedagogía progresista. No obstante, hay un aspecto de su filosofía que nos abre las puertas para comprender una realidad social que se desenvuelve como problemática y de la cual podríamos decir que su pedagogía es una respuesta. Esa realidad social se desprende inicialmente del contexto democrático de los Estados Unidos de Norteamérica de inicio del siglo XX. Es así que partiendo desde su filosofía social, expresada

en su libro

sustenta su credo pedagógico nos preguntamos: ¿cómo se puede preservar la individualidad propia para una cultura democrática frente a las diversas fuerzas despersonalizantes y desindividualizantes (o quizá superindividualizantes) de la era industrial que entran en cuestión en la cultura “norteamericana”?

La pregunta que nos planteamos supone tres puntos. El primero de ellos es que una de las características de las sociedades democráticas es la individualidad; el otro de ellos es que en la era industrial dicha individualidad se ve amenazada por ciertas clases de fuerzas; el último punto que implica la pregunta es que aunque dicha individualidad está amenazada se puede rescatar y preservar. Frente a esta última cuestión nos preguntamos ¿qué tan legítimo es sostener que la visión deweyniana es una visión optimista e incluso utópica de la realidad social? Esta pregunta se sustenta en que ya han pasado más de sesenta años desde la muerte de nuestro autor, más de ochenta desde que escribió nuestra obra en cuestión, y el fenómeno de la pérdida del individuo que caracteriza a la cultura “norteamericana” parece agudizarse más y más.

Viejo y nuevo individualismo

(Dewey, 2003), hasta llegar a la filosofía de la experiencia que

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II.

JUSTIFICACIÓN

El pragmatismo, como una tradición filosófica determinada, conserva finos lazos entre la aspiración a una sociedad democrática y la identificación de ésta con un espacio en donde los diversos individuos puedan desarrollarse cabalmente. Es por tal motivo que se expresa un individualismo, una filosofía volcada hacia el individuo, su libertad y su posibilidad de construir conocimiento y de resolver problemas tanto particulares como generales y sociales. En este aspecto el pensamiento del filósofo estadounidense John Dewey adquiere gran valor, ya que, entre otros problemas, reconoce que hay uno, de sentido filosófico, que presenta el fenómeno característico de la cultura propia de su contexto a inicios del siglo pasado y que constituye una amenaza para la aspiración a construir democracia en el sentido anteriormente descrito. Dicha amenaza se encuentra constituida por fuerzas que interactúan en la configuración de la individualidad, como lo es, por ejemplo, la económica y las formas externas del corporativismo. En esta medida, el pragmatismo, bajo su forma madura en las manos de John Dewey, se convierte en una crítica social cuyo principal referente tiende a la posibilidad de construir democracia. No obstante, es una crítica poco escuchada en Latinoamérica bajo el foco del pragmatismo ya que el paradigma filosófico predominante es el de la escuela de Frankfurt con autores como Marcuse y Horkheimer. En tal caso la crítica deweyniana se presenta como un punto de apoyo para comprender los problemas sociales relativos a la democracia, a la vez que se plantea como una opción para comprender la realidad social en contraste con los anteriores referentes.

En nuestro contexto, la democracia se presenta como un mecanismo político defectuoso en cuanto que la población es fácilmente manipulable e influenciable. Ciertamente se tiene mucha fe en que a través del voto de la mayoría se pueden tomar las mejores decisiones para una nación, no obstante, qué tan

legítimo puede ser una decisión tomada por una mayoría manipulada y que en definitiva no posee ningún criterio fijo. Se supone que el voto es una expresión de la libertad individual, de la individualidad

y de la libertad inherente a ella para decidir el rumbo social, pero qué significa propiamente esto en un

medio social democrático, en especial cuando dichos individuos se encuentran perdidos y desligados de sus lazos sociales bajo efectos de fuerzas impersonales. La democracia se formuló en la Ilustración como una posibilidad de libertad individual, aun así, dicha libertad ha sido utilizada como un pretexto para la coerción social. El proyecto democrático tiene en sus raíces una preocupación por el individuo, por la libertad y la igualdad, más qué se puede decir de una sociedad en donde las personas son tan solo un medio para lograr fines netamente políticos, económicos y, al fin y al cabo, a la vez que paradójicamente, individuales.

Es así que se hace necesario hacer consciente las formas en las cuales la posibilidad de una cultura democrática se ve amenazada en el contexto de la individualidad. No es cuestión de asumir que una vez alcanzada una forma política estable como la democrática se siga de allí que su correlato social esté garantizado. La democracia social trasciende las simples formas políticas hasta llegar a articularse con aspectos culturales y educativos. El individuo debe así concebirse a la luz no solo de fuerzas económicas

e impersonales sino de fuerzas que adquieren una dimensión humana y humanizante. Allí se identifica a

la democracia con el espacio en donde el individuo y la sociedad pueden comprenderse de manera complementaria. Por lo que es en la ganancia de una conciencia del problema relativo a la individualidad que se justifica y fundamenta un ordenamiento social como el democrático, modelo el cual valoramos altamente en nuestras sociedades actuales.

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III. OBJETIVO GENERAL.

Argumentar la posibilidad de una individualidad como principio elemental de una democracia social y política en el pensamiento del autor estadounidense John Dewey.

IV. OBJETIVOS ESPECÍFICOS.

Analizar cuáles son las contradicciones que surgen en el ámbito democrático de la individualidad bajo un referente como el de la cultura estadounidense.

Abordar el problema de la pérdida de la individualidad como signo de contradicción de la cultura estadounidense y los viejos individualismos propios de dicha cultura.

Indagar por qué el individualismo no corresponde a una explicación definitiva de los problemas sociales y psicológicos dentro de la cultura democrática norteamericana.

Examinar por la posibilidad de una individualidad como principio democrático.

Comprender la relación entre la filosofía de la experiencia deweyniana y la individualidad como construcción social y cooperativa.

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V. MARCO TEÓRICO

En el presente texto vamos a hablar del individualismo en la obra de John Dewey, principalmente en relación con la posibilidad de construir una sociedad democrática desde las diferentes esferas en las que el autor concibe a la democracia. La relación individualismo y democracia no es exclusiva de la obra de Dewey, pese a que él es reconocido como uno de los filósofos de la democracia, pero esto es principalmente debido a sus aportes pedagógicos en los que se conjuga toda una filosofía de la experiencia con una filosofía social y educativa. De hecho, es desde el lado pedagógico que Dewey ha sido mayormente escuchado en el mundo occidental, hasta tal punto de ser reconocido como uno de los filósofos más importantes del siglo pasado. No obstante, la crítica social que desde su filosofía se realiza es de un gran aporte y relevancia para el mundo contemporáneo, pese a que ha sido callada por movimientos históricos y decisiones políticas, por lo que poco se ha escuchado respecto de ella. Esta crítica tiene como foco central la noción de individualismo, mejor aún, la de individualidad. Ello nos da a entender que es a partir de la idea del individuo que podemos comprender las implicaciones y el sentido de la filosofía social de nuestro autor. Por su parte, como ya lo había insinuado, autores, como Alexis de Tocqueville, ya caracterizaban a la cultura norteamericana como una cultura del individualismo.

Es así que la relación entre individualismo y democracia se hace en el presente trabajo desde el referente de la cultura norteamericana debido a cuatro factores: el primero consiste en que la democracia estadounidense fue una de las primeras en constituirse en el mundo moderno y consolidarse como tal, en contraste con las complicaciones que en Francia ocurrieron frente a la tentativa de instaurar un régimen democrático; el segundo se debe a que la democracia se ha convertido actualmente en el modelo estándar de la mayoría de los gobiernos del mundo; el tercero obedece a que nuestro autor basó sus críticas a la sociedad y cultura a la cual pertenecía, es decir, a la estadounidense; por último, hemos de reconocer que el fenómeno estadounidense en el cual se encierra la idea de la democracia y el individualismo, es uno que no se limita al contexto geográfico norteamericano, sino que se expande alrededor del mundo junto con los procesos tecnológicos e industriales que van de la mano de una economía corporativa llegando a influenciar incluso a nuestro país, Colombia.

Hablar del individualismo no es tan fácil como puede parecernos a simple vista. Ello se debe a que el término es en sí mismo complejo, o más bien, ambiguo. Por su parte, Dewey (1988) nos afirma que:

Apparent contradiction always demand attention1 (pág. 182). Por sobre todo, caracterizar a la cultura estadounidense como una cultura cuya forma es la de un individualismo nos deja en una sit uación tal que realmente no podemos decir nada sobre el asunto, o por el contrario, nos deja mucho que decir. La noción turbia que se tiene sobre el individualismo nos puede llevar a afirmar, junto con Dewey (1922):

“[…] that excessive Individualism is an outstanding curse of American civilization, and that absence of Individualism Is our marked deficiency” 2 (pág. 35). Con lo anterior se muestra ese carácter enigmático que encierra al individualismo, y junto con él, la cultura norteamericana. El mismo sentimiento de

1 “Las contradicciones evidentes siempre demandan atención”. Traducción libre. 2 “ […] que el excesivo individualismo es una maldición excepcional de la civilización norteamericana y que la ausencia de individualismo es nuestra más marcada deficiencia” traducción de Antonio Pineda en (2012)

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desconcierto inundaba a Tocqueville cuando afirmaba que la democracia norteamericana puede ser el mejor sistema político posible, a la vez que el peor (Nolla, 2010).

Alexis de Tocqueville (2010) fue uno de los más grandes críticos de la cultura democrática norteamericana en sus orígenes, en una época en donde hablar de la democracia era hablar, inevitablemente, de Norteamérica. En su principal obra llega a caracterizar a esta como una cultura del individualismo. Es desde este criterio valorativo que inicia Dewey su estudio del mismo punto de referencia, la cultura democrática norteamericana, solo que desde una época casi cien años posterior a la del magistrado francés, una época fuertemente marcada por el desarrollo industrial y tecnológico. Pero a diferencia del magistrado francés, Dewey defiende fervorosamente a la democracia, otorgándole todo un marco semántico constituido por su teoría de la democracia, hasta tal punto de llegar a coincidir en las márgenes de su pensamiento a la democracia con la libertad, libertad individual e igualdad.

La libertad ha sido uno de los grandes motores de la historia. La humanidad siempre ha buscado la posibilidad de la libertad, sea esta religiosa, política, intelectual, etc. Esta idea de libertad ha sido encasillad, cerca de la modernidad, bajo el título de liberalismo. Más bajo esta expresión se han encerrado diferentes corrientes, desde movimientos humanitarios y religiosos, hasta una ideología económica impulsada por la manufactura y el comercio y las nuevas tecnologías aplicadas a la industria (Dewey, 1952). Fue, de hecho, por la larga tradición e historia de Europa, que muchos vieron la oportunidad de tal libertad no en esas tierras plagadas de represión o de libertad -pero solo la de unos

cuantos- sino en las nuevas colonias instauradas en ese mundo recién descubierto llamado América. Es

así que Estados Unidos se convirtió en la tierra de las oportunidades donde todos los hombres, y no simplemente unos pocos, como sucedía con la nobleza y los cleros en Europa, eran libres e iguales. La democracia pasó a ser sinónimo de libertad individual e igualdad.

Pero, consideran algunos filósofos anti-democráticos como Mean o incluso Platón, que la libertad individual en una democracia puede no tener límites. Its result is loss of reverence and of order. It is the denial of moderation, of the principle of limit. Democratic liberty is the following out of individual wills, of particular desires, to the utmost degree. It has no order or law. In other words, it is the extreme assertion of individualism, resulting anarchy” 3 (Dewey, 1988, pág. 200).

Por su parte, Ramón del Castillo (2003) afirma que el individualismo norteamericano se encubre bajo una forma de igualitarismo en la que “todos los individuos tuvieran los mismos derechos políticos y económicos” aunque en el fondo significaba que “las opiniones de un individuo eran tan respetables como las de cualquier otro. Así, cuanta más igualdad exigía en lo relativo a las opiniones individuales, menor era la demanda de verdadera igualdad económica y política” (pág. 15).

El origen de los Estados Unidos como nación autónoma nace precisamente de ese amor a la igualdad, aunque no necesariamente de la igualdad en sí misma. Tocqueville, en su Democracia en América (2010) nos lo dice afirmando que la igualdad solo servía de pretexto para que todos los individuos pudiesen aspirar a realizar sus ambiciones individuales. Algo así como trazar una línea de inicio , un punto de igualdad, para una carrera en la que competirían miles de personas por llegar a la meta final

3 “Su resultado es la perdida de reverencia y de orden. Es la negación de la moderación, del principio del límite. La libertad democrática es la consecuencia de las voluntades individuales, de los deseos particulares, al grado máximo. No tiene orden ni ley (República viii, 557-563). En otras palabras, es la extrema afirmación del individualismo, que resulta en anarquía”.

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pese a que en último momento solo muy pocos podrían hacerlo (Nolla, 2010). La igualdad es solo un pretexto de competencia, en el fondo, sigue imperando una mentalidad más primitiva.

La vida se convierte en una lucha por la obtención de ese bien tan preciado que representa el poder adquisitivo: el dinero. Allí se ve reflejado un darwinismo social que pone en contradicción el esquema teórico del cual se sustenta dicho modelo (el liberalismo económico) y las consecuencias prácticas que de allí se generan. Desde la expresión del liberalismo económico en manos de Adam Smith, el cual se heredó casi como parte del código genético de los Estados Unidos, se comprendió a la libertad en general como un resultado de la libertad en función de la economía. Pero:

Si nos fijamos en lo que hacemos y en lo que sucede, y luego esperamos encontrar una filosofía de vida que se ajuste a la situación actual, quedaremos estupefactos ante la contradicción que surge. Pues la situación solo parece poner de manifiesto un determinismo económico total. Vivimos como si las fuerzas económicas determinasen el crecimiento o la caída de las instituciones y dictasen el destino de los individuos. La libertad se convierte en un término poco menos que obsoleto; nos ponemos en movimiento, funcionamos y nos paramos al son de una gigantesca maquina industrial” (Dewey, 2003, pág. 55).

En un contexto donde el interés económico individual pasa a convertirse en parte del credo de cada persona la cultura llega a ser un sistema de valores rematadamente materialista (Dewey, 2003, pág. 55). Tocqueville (2010), en su estudio sobre la vida norteamericana, describe a esta sociedad como un mundo en donde las pasiones políticas están solo en la superficie y que la pasión, “la pasión profunda, la única que conmueve profundamente el corazón humano, la pasión diaria, es la adquisición de riquezas” (pág. 44) 4 . El autor francés nos muestra que el elemento que mantiene unido al pueblo norteamericano en su gran diversidad poblacional es el interés individual, el interés económico.

Para Tocqueville, el individualismo era uno de esos males que hacía peligrar el futuro y la estabilidad de la democracia. Hay buenas democracias, a la vez que las hay malas. Una democracia individualista entraría en ese segundo ámbito debido a que conduce a una tiranía de las mayorías. El voto, como expresión del mandato popular, y en cuanto que es la expresión de una mayoría, puede servir de base para elegir cosas que realmente no son buenas para la sociedad. Esto se debe a que las masas no son sabías ni virtuosas y pueden ser fácilmente manipuladas por la ignorancia de las fuerzas y los hechos políticos que les debería de ser de competencia. La ignorancia se convierte en una fuerza despótica en manos de las masas en un contexto democrático.

Cuando hablamos de individualismo en el contexto democrático, en el sentido hasta ahora expuesto, se nos presenta al individuo como un ser egoísta. Cuando Dewey (1922) afirma que el individualismo es “una maldición excepcional de la civilización norteamericana” 5 (pág. 35), está teniendo en mente precisamente esta noción del individualismo y las consecuencias que acarrea la ejecución efectiva de dicha concepción. Pero para comprender un poco mejor el sentido tanto negativo como positivo del individualismo dentro de la filosofía deweyniana es necesario conocer su teoría de la democracia. Allí el

4 Esta cita es tomada de la introducción realizada por Eduardo Nolla (2010)en la cuarta edición de La democracia en América, citado a su vez de la Carta a Édouard de 28 de mayo.

5 Ver el tercer párrafo del presente marco teórico.

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individualismo hace las veces tanto de pilar de toda su sustentación y justificación como de piedra demoledora de toda una democracia social.

Dewey, a lo largo de sus obras, y especialmente en The ethic of democracy (Dewey, 1988), nos muestra su concepción de la democracia como algo más que un simple modelo de gobierno. Allí podemos ver reflejada la imagen que posee de la democracia. Podríamos considerar tripartita la clasificación que Dewey realiza de la democracia, aunque en el fondo es una sola idea que se expresa desde diferentes niveles. Por una parte encontramos una democracia política, en ella entran en juego los procesos y mecanismos de elección como el sufragio popular y la delegación del poder, es decir, el gobierno y la soberanía; la otra concepción de democracia es la cívica o social, en ella está implícita la idea de que la sociedad es un órgano en donde el individuo es un ser indispensable para su funcionamiento vital, y en donde su relación contraria es igual de vital, es decir: la sociedad existe por y para el individuo” (Dewey, 1988, pág. 192), de hecho: “La democracia es una forma de gobierno solamente porque es una forma de asociación moral y espiritual” (Dewey, 1988, pág. 196) de individuos en cuanto personas (podríamos decir que esta es la idea original de la cual derivan las otras dos); el tercer significado se encuentra en la concepción industrial de la democracia, es decir, en la tendencia de la democracia a concebir a todos los individuos iguales en sus diversas particularidades, de allí que todos los individuos deban tener igualdad de oportunidades. En ese sentido la democracia se inclinaría a una especie de socialismo, un socialismo que dé posibilidad al individuo de realizarse como persona, asunto que las fuerzas económicas impersonales impiden, las fuerzas de una economía corporativa.

Pero no nos equivoquemos, Dewey no es un revolucionario, un marxista, ni mucho menos un comunista. Él se reconoce como un liberal, es decir, como un hombre del capitalismo. No obstante, ve fragrantes injusticias dentro del modelo económico presente, un modelo que esta sin control: “Con todo, en 1904, 318 monopolios controlaban el 40% de la industria” (Castillo, 2003, pág. 33). El poder económico e industrial de todos los Estados Unidos era controlado por unos pocos. “[…] en 1913 el 2% de los americanos ingresaban el 60% de la renta nacional y sólo Rockefeller y Morgan manejaban el 20% del patrimonio nacional, unas 341 empresas con un capital de 22.000 millones de dólares” (Castillo, 2003, pág. 35). Dewey tenía fe en que el desarrollo industrial iría ligado del desarrollo social. Su filosofía lo hacía ligarse a esta idea. No obstante, las consecuencias directas y presentes del actual sistema de cosas confluían en hacer de cada individuo un ser marginado.

Desde una concepción primogénita Dewey (1988) considera a la democracia como “[…] una forma de gobierno solamente porque es una forma de asociación moral y espiritual” (pág. 196). Bajo este referente semántico

[…] the individual is something more than the individual, namely a personality. His freedom is

   

not mere self-assertion, nor unregulated desire. You cannot say that he knows no law; you must say that he knows no law but his own, the law of personality; no law, in other words, externally

 

imposed, however splendid the authority, and undoubted the goodness of those that impose it. Law

is the objective expression of personality. It is not a limitation upon individual freedom; it is

 

correlative with it. Liberty is not a numerical notion of isolation; it is ethical idea that personality

 

is the supreme and only law, that every man is an absolute end in himself. The democratic ideal

 

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includes liberty, because democracy without initiation from within, without an ideal chosen from

within and freely followed from within, is nothing

(Dewey, 1988, pág. 200) 6 .

De esta idea pasamos a advertir lo que Dewey (1922) nos dice en Mediocrity and individuality:” Our forebears who permitted the growth of legal and economic arrangements at least supposed, however mistakenly, that the Institutions they favored would develop personal and moral individuality. It was reserved for our own day to combine under the name of Individualism, laudation of selfish energy in industrial accomplishment with insistence upon uniformity and conformity in mind(pág. 35) 7 .

Ello nos lleva a toparnos con el doble sentido encerrado en la frase en la que Dewey sumerge de ambigüedad al individualismo 8 . Obviamente el individuo es el centro de la doctrina llamada individualismo, más cuando dicha doctrina tiende a objetivos y visiones meramente económicas y egoístas obtenemos una reducción de la individualidad entendida como un signo distintivo de la personalidad en cuanto al desarrollo moral y cognitivo. Por su parte, mayor individualismo, en un sentido a ultranza, puede servir de pretexto para la aristocracia industrial y financiera, quienes mueven los hilos de la economía corporativa y así producir masas estandarizadas, individuos perdidos en promedios cuantificados y matemáticamente contrastables, individuos perdidos en su afán de consumo y de obtener dinero, siempre más dinero, lo que produce esa conformidad y uniformidad mental. Más individualismo por un lado significa menos por el otro.

Ante tal situación de desconcierto generado por la aplicación del individualismo en el contexto norteamericano, Dewey distingue entre los viejos individualismo y la posibilidad de los nuevos. Aquellos a los que se refiere con viejos en realidad son los más próximos a las condiciones culturales con la que Dewey se encuentra ya que representan los valores actuales de su época. No obstante, cuando nuestro autor sostiene que estos son viejos individualismo está afirmando una postura valorativa frente a la realidad social y cultural a la que pertenece, es decir, está siendo crítico frente a esta. Son viejos porque desgastan el ideal social al cual tiende conscientemente las sociedades democráticas. Esas formas de viejo individualismo son cuatro, a saber: el religioso, el económico, el pionero y el de la época corporativa.

Con lo anterior hay que señalar que si hay algún criterio sobre el cual se efectúan las valoraciones de viejo y nuevo individualismo este es el de la posibilidad de construir democracia. No hablamos tanto de

6 “[…] la individualidad es algo más que el individuo, a saber, una personalidad. Su libertad no es simplemente auto- afirmación, ni deseo desmedido. Usted no puede decir que no conozca ley alguna; debe decir que no conoce ley alguna salvo su propia ley, la ley de la personalidad; sin ley, en otras palabras, impuesta externamente, independientemente de lo sorprendente de la autoridad, e innegable la bondad que esta impone. La ley es la expresión objetiva de la personalidad. No es una limitación de la libertad individual; es correlativa con ella. Libertad no es una noción numérica de aislamiento; es la idea ética de que la personalidad es la suprema y única ley; que cada hombre es un fin absoluto y en sí mismo. El ideal democrático incluye libertad, porque democracia sin iniciativa desde su interior, sin un ideal elegido desde dentro y libremente sostenido desde dentro, es nada”.

7 Nuestros antepasados quienes permitieron el crecimiento de acuerdos legales y económicos al menos supusieron, aunque sea erróneamente, que las instituciones que ellos favorecieron desarrollarían la individualidad personal y moral. Estos acuerdos fueron conservados en nuestros días para combinarse bajo el nombre de individualismo, el cual ahora apela al elogio de la energía egoísta aplicada en un logro industrial con insistencia en la uniformidad y conformidad mental” trad. Libre.

8 Ver página 5.

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democracia en el sentido de un sistema político sino más bien como un estilo de vida y una actitud personal; democracia como posibilidad de libertad (Dewey, 1952). Esta idea no es nada nueva ni mucho menos le es original a Dewey, por el contrario, hace parte del germen bruto del cual derivan las primeras sociedades democráticas. Es así que si Dewey caracteriza a aquellos individualismos como viejos esto es porque en cierta medida representan una amenaza para estas clases de sociedades, las democráticas.

El asunto adquiere mayor dimensión cuando vemos que esa cultura norteamericana de viejos individualismos es una forma que no depende necesariamente de la existencia de una Norteamérica geográfica sino que corresponde a una mentalidad en expansión. No se requiere de un sitio físico llamado Estados Unidos de Norteamérica para que dicha cultura exista, solo hace falta, en cualquier parte del mundo, causas similares a las que generan ese signo de contradicción para que dicha mentalidad emerja. Dicho de otra forma, Dewey considera por “norteamericana” una mentalidad que “partiendo de causas similares, se está expandiendo a lo largo y ancho del planeta, y que también habría emergido en su momento en Europa, incluso sin la existencia de una América geográfica, si bien su desarrollo en el resto del mundo se ha visto acelerado e intensificado por la influencia de dicho país” (Dewey, 2003, pág. 63).

Es así que cuando en 1964 Herbert Marcuse entabla su crítica a las sociedades industrializadas en cuanto a sus efectos directos sobre los individuos que las conforman está teniendo en mente, como su principal referente, a los Estados Unidos de Norteamérica. No es de extrañarnos que USA sea comprendido como ese referente ya que para después de la primera guerra mundial logró posicionarse como una de las potencias mundiales en cuanto a su desarrollo tecnológico e industrial. Más lo que Marcuse (1993) ve detrás del éxito económico e industrial norteamericano es una forma de dominación individual y social. De esta forma él ve que la tecnología, direccionada por la economía burguesa, reprime al individuo insertándolo en un molde unidimensional del cual no es capaz de salir por sí mismo. Con todo esto debemos decir que nuestro objetivo no es el de describir la crítica social realizada por Marcuse sino el de hacer una crítica a la cultura democrática norteamericana desde el referente del pensamiento pragmático de John Dewey. Esa crítica adquiere un matiz diferente al del filósofo alemán en cuanto pretende ser una alternativa a la postura predominante en el medio filosófico-occidental derivado de las reflexiones del autor de la escuela de Frankfurt. Es así que afirmamos que ese “norteamericanismo” es una forma de individualismo incrustada en las sociedades industriales que no han logrado crear las condiciones óptimas para superar la confusión de un acelerado desarrollo material. Ello tiene gran relevancia para países como Colombia que sigue estando bajo el ala imperialista de los Estados Unidos.

La ejecución de estos viejos individualismo, principalmente de la que nos ocupamos aquí, es decir, de la económica y el de la era corporativa, tiene grandes efectos a nivel psicológico sobre los diversos individuos que constituyen la sociedad democrática. Estos efectos psicológicos son análogos a los producidos bajo gobiernos totalitarios como los sucedidos en Europa el siglo pasado. Este aspecto lo vería también Marcuse algunos años después, más en las manos de Dewey puede comprenderse de la siguiente manera:

“El rasgo más característico de la vida actual, económicamente hablando, es la inseguridad. Es trágico que millones de personas deseosas de trabajar se encuentren en paro una y otra vez; al margen de las crisis cíclicas, existe un contingente permanente sin un trabajo estable. Carecemos de la información adecuada en cuanto a este número de personas. Pero incluso ignorar los números

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es un mal menor comparado con nuestra incapacidad para captar las consecuencias psicológicas y morales de las precarias condiciones en que viven multitud de personas. La inseguridad cala más hondo y tiene un alcance mucho más amplio que el mero desempleo. El miedo a perder el trabajo y la amenaza de la edad crean ansiedad y van minando la autoestima de un modo que afecta a la dignidad personal” (Dewey, Viejo y nuevo individualismo, 2003, pág. 87).

Para Marcuse (1993), las fuerzas económicas generaban un hombre unidimensional en cuanto está integrado en el sistema mismo, alineado a él. Dewey, por su parte, concibe una situación análoga en cuanto ve que las fuerzas económicas de su país crean las condiciones para que emerja un individuo impersonalizado o más bien mediocre. Las características más significativas de esa despersonalización son: La cuantificación de la vida; la mecanización y la “racionalización” de la t écnica; y por último la estandarización. No obstante, pese a que estos elementos derivan de situaciones dadas en el contexto estadounidense, Dewey nos incita a pensar que estos factores no se limitan solo al campo geográfico de dicho país y que por el contrario, al igual que las formas de industrialización no se aferra sólo a la sociedad norteamericana, así tampoco ellas. Por tanto, esas características del individuo despersonalizado son las del individuo norteamericano, los signos del norteamericanismo, mas ello se da por causa de la ejecución de los viejos individualismos.

Esos signos de despersonalización son, para Dewey, factores pasajeros y momentáneos, contrario de lo que concibe Marcuse. El asunto realmente importante radica en las fuerzas que interactúan en la configuración de la individualidad como condición de posibilidad de una cultura democrática. Una de esas fuerzas es la económica. Esta adquiere el tono de tal relevancia que parece ser la más importante en cuanto a la construcción del individuo. No obstante, el asunto de la individualidad más que ser reflejo de un problema económico es uno cultural que en definitiva es la expresión de una inestabilidad de valores propios de una sociedad materialista. Lo que nos deja ver esta afirmación es el problema central del individualismo como filosofía de la democracia: La desindividualización o pérdida del individuo efectuado por fuerzas impersonales propias de un corporativismo económico o un falso corporativismo.

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VI. ESQUEMA TEMÁTICO

Capítulo:

Hablaremos del origen de la democracia estadounidense bajo los referentes de igualdad y libertad individual. Con ello llegaremos a caracterizar a la cultura estadounidense como una cultura del individualismo. Veremos de allí las contradicciones que surgen en el ámbito del individualismo y su impacto para la idea de una sociedad democrática.

Capitulo:

En este capítulo nos encargaremos de estudiar la evolución del concepto de democracia desde un mecanismo político griego hasta una forma social y moral. De allí pasaremos a ver las contradicciones sociales aparentes que surgen de la idea de la democracia entendida simplemente como un mecanismo político y consecuentemente, de la necesidad de una nueva filosofía de la democracia centrada en el individuo social.

Capítulo:

Expondremos la filosofía de la democracia deweyniana y su relación con el individuo en t anto ser social, es decir, como persona. A su vez, relacionaremos su filosofía de la democracia con los efectos de la implementación de una economía corporativista y cómo ello opaca al individuo en un sentido ético.

Capítulo.

En este apartado trataremos lo que Dewey denomina como los viejos individualismos.

individualismo de la época corporativa corresponde a esta clase de individualismo. También se trabajara el por qué los viejos individualismo son una amenaza para la Individualidad democrática en el sentido

deweyniano.

Capítulo:

En esta sección trataremos al individuo despersonalizado tal como lo concibe Dewey y su opinión respecto de ello. Esto nos dejará ver más claramente el problema central que Dewey reconoce en el contexto democrático de la individualidad, a saber, la pérdida del individuo y la disolución de sus lazos sociales impuestas por un falso corporativismo propio del viejo individualismo de la era corporativa.

Veremos que el

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Referencias

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