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ESPECIFICIDAD ESPACIO TEMPORAL DE LA SOCIOLOGÍA DE PIERRE BOURDIEU

Selene Aldana Santana

Al estudiar disciplinas sociales como las impartidas en esta facultad

pretendemos entender aunque sea un poquito de la confusa realidad social, sea lo que

sea que eso signifique. Por supuesto, otros muchos antes de nosotros han intentado

lo mismo desde las más diversas perspectivas, por lo que gran parte de nuestros

estudios se concentran en darnos por enterados de las ideas de algunos de ellos

descifrando herramientas teóricas que podemos retomar para entender nuestra propia

realidad. Pero estudiar ideas nunca es sólo estudiar ideas; es también estudiar a

personajes que las idearon en condiciones particulares, épocas precisas y tradiciones

de pensamiento, ya que los contenidos teóricos que estudiamos están profundamente

marcados por sus contextos originales de producción. Como lo plantearon Karl Marx y

Friedrich Engels (1980), las condiciones materiales (que en su vocabulario

corresponderían a la estructura) tienen una influencia fundamental en la conformación

de los puntos de vista (que estarían del lado de la superestructura). Aun cuando haya

distintas formas de posicionarse frente al horizonte espacio-temporal en que se esté

situado, todas están marcadas por él.

Teniendo esto en mente, Pierre Bourdieu (2007) encuentra necesario iniciar

toda investigación social con un ejercicio de control epistemológico al que denomina

“objetivación del sujeto objetivante” u “objetivación del sujeto de la objetivación”,

curiosas expresiones en las que el “sujeto de la objetivación” se refiere al propio

investigador, el sujeto que hará de una porción de la realidad empírica su objeto de

estudio, pero que también tiene que tomarse a sí mismo como objeto de reflexión para

tener presente desde qué condiciones y condicionamientos sociales, esto es, desde

qué horizontes delimitados construye conocimiento.

Tal control epistemológico no sólo se hace necesario al momento de comenzar

una investigación, sino también en todo ejercicio de lectura, en el que “objetivar al

sujeto de la objetivación” significaría someter a reflexión crítica (hacer objeto de

análisis) no sólo las ideas del autor que examinamos, sino al autor mismo (al “sujeto

de la objetivación”). Esto es, llevar adelante una labor de historización del autor

explicitando las condiciones en que ha reflexionado, investigado y escrito, mismas que

incluyen un horizonte espacio-temporal preciso y una posición social, para

aproximarnos así a su punto de vista y descifrar desde qué coordenada de qué

espacio social ha producido su discurso, ya que el “punto de vista puro, absoluto y desinteresado”, ese “ojo de Dios” planteado por el positivismo más ingenuo que alcanza a ver todo tal cual es, no existe. Todas las ideas que leemos y aprendemos se han construido desde una perspectiva específica socialmente condicionada, desde un punto preciso en un espacio social muy específico, y por tanto, desde un horizonte que ha permitido a los autores ver algunas cosas y les ha dificultado ver otras. Como señala Bourdieu (2006: 152 y 153), la historización del autor, aun cuando hace conscientes las distancias que lo separan del lector, también permite convertirlo en un auténtico “alter ego” con el cual dialogar.

Es por eso que una de las habilidades del oficio de científico social que hemos de aprender es la de hacer una lectura “situada” de los autores, esto es, considerar su horizonte espacio-temporal, no simplemente como un anecdótico telón de fondo, sino como un elemento constitutivo y explicativo de sus concepciones teóricas, al actuar en forma de tendencias intelectuales y de criterios de selección de los datos de la realidad empírica.

Ese horizonte espacio-temporal comprende diversos niveles, de los cuales quizá podríamos identificar tres centrales:

- Las condiciones sociales y políticas de la época y la región

- El ambiente intelectual en que se desenvuelve

- La historia y trayectoria personales del autor.

Reconstruir exhaustivamente estos tres niveles para cada autor que estudiamos por supuesto es imposible, pero entre más sepamos de ellos, lograremos una comprensión más compleja de sus ideas. Sin duda entendemos más a cabalidad un texto cuando sabemos en qué época y lugar vivió su autor, y más aún si tenemos acceso a sus datos biográficos, que si carecemos de toda esta información.

Y si se es consecuente con lo antes planteado, también haría falta otro nivel de reflexividad, objetivándose a uno mismo como lector, examinándose como “sujeto objetivante del sujeto objetivante”, explicitando desde qué horizonte espacio-temporal y condicionamientos sociales interpretamos a los autores que estudiamos. Esa es una de las razones por las que volvemos tantas veces a algunos textos: cada vez nos aproximamos a ellos con nuevas claves de lectura, con nuevos elementos para comprender el punto social y de vista, ya sea del autor o de nosotros, los intérpretes del autor.

De esos diversos niveles de objetivación, en este espacio yo quisiera reflexionar sobre la forma en que uno de ellos, el de su historia personal, contribuyó al moldeamiento de los contenidos de la sociología de Pierre Bourdieu. Pero, ya que estamos en una facultad de ciencias sociales, lo que nos interesa de esa historia personal es socioanalizarla, esto es, captar cómo su durée personal, esto es, su trayectoria subjetiva, está atravesada por la historia social y objetiva, y sus contenidos teóricos lo están por ambos. Como el propio Bourdieu (2007: 187) afirma en sus reflexiones metodológicas, el pasado social y geográfico de origen del autor tienen un gran peso al momento de hacer ciencias sociales.

En su texto Autoanálisis de un sociólogo (2006), el pensador francés regresa reflexivamente a su origen social y nos da pistas para entender no sólo sus intereses temáticos sino también sus perspectivas analíticas. Los motivos para dar la centralidad explicativa que le da en su corpus teórico a las diferencias en las posiciones sociales y a las relaciones conflictivas entre ellas tienen que ver con una sensibilidad que Bourdieu va desarrollando para percibir éstas a lo largo de su permanencia escolar marcada por un ambivalente desprecio clasista de parte de sus compañeros.

Pierre Bourdieu nace en 1930 en Denguin, un pequeño pueblo en un lugar recóndito de Francia en el área de Béarn en los Altos Pirineos. Tanto su madre como su padre provenían de familias campesinas; pero a los 30 años, más o menos en la época en que nació Pierre, su padre deja el trabajo agrícola para convertirse en cartero y posteriormente en jefe de la oficina de correos del pueblo. Esta transición no implicó una sustancial mejora económica en la vida de la familia Bourdieu que habitaba en una pequeña vivienda que careció de agua corriente durante años, pero sí separó física y simbólicamente a su papá de su familia paterna, a quien ya sólo ayudaba a trabajar la tierra en vacaciones, así como del resto de la comunidad, en su mayoría dedicada al campo, lo que le generaba un intenso y notorio sentimiento de culpa.

Pierre también experimenta en carne propia este distanciamiento simbólico de la mayoría de su comunidad. Su excelente desempeño escolar en la primaria contrasta con su fracaso en la convivencia con sus compañeros y su incapacidad para hacer amigos. Recuerda con amargura burlas e insultos que recibía como “empleado de manos blancas” aludiendo con desprecio al empleo administrativo y no agrícola de su papá. Para estudiar el liceo (el equivalente de la secundaria en México) abandona su pueblo y a su familia y se muda nada menos que a París, la cosmopolita capital. Entre sus compañeros del internado una vez más es el “raro”, el “distinto”, pero esta vez por

las razones inversas que en la primaria: esta vez es el nada sofisticado campesino y pueblerino objeto de burlas por su aspecto y acento provinciano o por lo desconocido del nombre de su pueblo.

Afrontar estas situaciones hace a Pierre empezar a tomar conciencia de las diferencias entre las personas en términos económicos, de inclinaciones cotidianas y de la valoración social que reciben. Reconoce que esta amarga dimensión de su experiencia escolar resulta fundamental en la conformación de su carácter así como de una visión realista y combativa de las relaciones sociales.

El énfasis puesto en la teoría de campos de Bourdieu en la existencia de posiciones desiguales envueltas en relaciones conflictivas por razones que no se reducen a lo puramente económico, como él mismo sugiere, se relaciona con las relaciones poco amistosas que se encontró en el trato con sus compañeros de escuela. Desde su infancia y adolescencia experimenta con intensidad en carne propia la existencia de posiciones desigualmente apreciadas y favorecidas dentro de un mismo contexto social, en su caso en ese momento, el escolar, en el que en términos de convivencia con sus pares ocupó una posición desfavorable. Le toca vivir eso que ya como sociólogo denominará “la miseria de la posición”, esto es, una experiencia dolorosa ocasionada por ocupar una posición inferior al interior de algún campo (2007b: 10). Al reflexionar sobre sus años de internado en Autoanálisis de un sociólogo (131), Bourdieu afirma “la sensación de soledad nunca sería mayor que en esos momentos”. Solía prometerse a sí mismo que nunca tendría hijos para no hacerlos pasar por el mismo sufrimiento, promesa que olvidaría de treintón cuando tiene 3 hijos.

También vivencia desde su estancia escolar que las personas que ocupan posiciones sociales distintas entablan relaciones hostiles entre sí, tales como las que encontraba de parte de sus compañeros. Aunque la forma que toman esas relaciones conflictivas es variable de un contexto social a otro, como constata en su tránsito de la primaria a la secundaria, en el que pasa de ser agredido por parecer demasiado citadino y “estirado” para su pueblo de origen a serlo por demasiado pueblerino para el internado parisino. Esto es, la rudeza de la vida campesina valorada (o capitalizada) en el pueblo de origen, aparece como estigmatizada (o descapitalizada) en la gran ciudad. Como señala el autor en su teoría de campos, en cada uno de éstos se sigue criterios particulares de valoración social y las características sociales que se ven capitalizadas son distintas.

De modo que su visión agonística o combativa de las relaciones sociales es pre-sociológica, esto es, previa a sus acercamientos a las ciencias sociales; sin embargo en sus estudios superiores descubrirá que resulta afín a planteamientos que encuentra en su lectura de Marx y Engels, con lo que comienza a ganar elementos teóricos que le permiten sistematizarla. Como bien sabemos, en el Manifiesto del Partido Comunista (1978) nuestros barbones favoritos señalan, toda la historia de la humanidad ha sido una historia de lucha de clases, esto es, de enfrentamiento entre opresores y oprimidos, donde el desenlace siempre ha sido la transformación revolucionaria de la sociedad.

Por sus vivencias escolares, Bourdieu tiene la impresión de que cabe hablar de relaciones de lucha entre opresores y oprimidos más allá del ámbito productivo que interesa a Marx y Engels, para extenderlo a una larga serie de relaciones cotidianas, incluyendo interacciones supuestamente horizontales entre pares. Sus experiencias personales, sus intuiciones pre-sociológicas de adolescencia y los instrumentos de análisis teórico con que cuenta, de los que el marxismo es tan solo uno, le permiten convertir las categorías de lucha, dominantes y dominados en principios teórico- metodológicos para entender la dinámica que da forma a los distintos espacios de interacción cotidiana.

En su teoría de campos plantea que las sociedades complejas se presentan como un espacio social, esto es, como una estructura de diferencias sociales o como un sistema de posiciones sociales jerarquizadas de acuerdo con el volumen de capital económico y cultural de las personas y grupos. En las complejas sociedades modernas altamente diferenciadas, el espacio social se torna multidimensional y puede entenderse como un conjunto de campos relativamente autónomos aunque relacionados entre sí. Cada campo tiene sus integrantes dominados y dominantes, dos fuerzas enfrentadas entre sí por sus intereses objetivos: mientras que a los integrantes de grupos dominantes les conviene mantener el estado de cosas imperante en el campo por ya resultarles favorable, a los integrantes de grupos dominados les conviene todo lo contrario, esto es, su subversión. Las luchas entre estos dos grupos objetivamente enfrentados constituyen precisamente el principio generador de

cualquier campo social. Eso conduce a menudo a la “pequeña miseria” de las personas que se ven envueltas en aquellas luchas simbólicas y cotidianas como el pequeño Pierre, así como a la “miseria del mundo”, la “gran miseria” de las guerras, los desplazamientos y las dictaduras productos de las relaciones asimétricas, conflictivas y dolorosas que dan forma al mundo social.

Conocer la trayectoria personal de Bourdieu, su único y particular horizonte espacio-temporal, nos permite entender mejor estos elementos fundamentales de su teoría general; asimismo sirve para comprender a mayor cabalidad otros muchos elementos de sus reflexiones más valiosas como lo sería su perspectiva crítica frente a la “cultura legítima” que es impuesta y validada a través de diversas instituciones, entre las que resultan particularmente relevantes y de interés del autor, la escuela por un lado, y por otro, “la lengua oficial” en su versión legitimada en forma del lenguaje que “habla bien”. Una experiencia por la que él mismo pasaría en su traumático pasaje del pueblo de origen al internado capitalino, en el que se ve sometido a ese proceso que después conceptuará como de aculturación, algo así como un parcial despojo de su cultura de origen para adoptar la cultura escolar que transmite la imagen del mundo de los grupos dominantes, para abordar lo cual no hay aquí ni espacio ni tiempo suficientes.

Bibliografía:

- Bourdieu Pierre, Chambordeon Jean-Claude y Passeron Jean-Claude (2007):

El oficio de sociólogo, Siglo XXI, México.

- Bourdieu Pierre (2007b): La miseria del mundo, FCE, México.

- (2006): Autoanálisis de un sociólogo, Anagrama, Barcelona.

- Engels Friedrich (1980): “Carta a Joseph Bloch” en Marx y Engels, Obras escogidas, Progreso, Moscú, Tomo III.

- Marx Karl y Engels Friedrich (1978): Manifiesto del Partido Comunista, Crítica, Barcelona.