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1. Ha leído el libro de Robert McAffe Brown sobre el Vaticano II?

Cree usted que


está jugando en el CELAM un rol parecido al que jugó Brown en el Vaticano II?
Conozco el libro de McAffe, pero, por favor, mi intento no era hacer
algo tan serio y profundo como lo que él logró. Yo, lo que hice, fue
escribir unas crónicas personales. Y en su origen, como lo he escrito
para la introducción de un libro que publicará esas crónicas, no intenté
hacer más que un registro personal de la manera cómo viví e informé a
mis amigos y amigas la experiencia de Aparecida. Al comienzo sólo
quería eso, que fueran mensajes informales y amistosos, hasta cuando
mi buen amigo Ignacio Simal, director en Barcelona de Lupa Protestante1
me sugirió que esas notas fueran publicadas en un blog de su portal
electrónico. Y así fue, escogimos el nombre: Desde Aparecida. Un pastor
en el CELAM. Yo seguí escribiendo las entregas diarias, ahora abrumado
por la responsabilidad de dirigirme a un público más amplio.
Días después de Aparecida, fue mi admirado y respetado amigo,
René Padilla, Director de Publicaciones de Ediciones Kairós (Argentina),
quién me invitó a reunir las crónicas, a escribir unas más, y a pensar en
un pequeño libro que dejara constancia de mi paso por la Quinta
Conferencia. El resultado de esa generosa idea es el libro «Crónicas de
Aparecida. Un pastor evangélico en la Quinta Conferencia general del
Episcopado Latinoamericano y del Caribe» (Editorial Kairós, Buenos
Aires).
Fueron con crónicas; fueron personales; fueron evangélicas (en su
sentido confesional); y conservaban el calor del momento; unas fueron
escritas con la velocidad de la sorpresa, otras con el aguijón del
desconcierto, algunas con la agilidad de la esperanza, todas con la
pasión por la unidad. ¡No son más que una imperfecta forma de pagar el
privilegio de estar allí representando al pueblo al que pertenezco y a la
fe que me identifica!
Más que un intento de análisis teológico (hubiera sido muy
ambicioso), o de un informe periodístico (no es mi profesión), lo que hice
fueron crónicas personales con el ánimo de informar lo que estaba
pasando y cómo lo estaba viviendo un pastor evangélico. Por demás es
decir que también me animaba mucho el deseo de promover el
acercamiento ecuménico dentro de los sectores evangélicos
latinoamericanos, históricamente caracterizados por ser anti-
ecuménicos.

2. Las autoridades del CELAM están al tanto de su blog? Ellos aprueban lo que
está haciendo? Cree usted que tiene alguna influencia en las deliberaciones?
Yo comencé escribiendo para un grupo de colegas pastores y
teólogos evangélicos. Después supe que también otros evangélicos lo
estaban leyendo. Entre mis amigos se enviaban copias de las crónicas y
fue así como empezaron a circular. Un sitio de Internet, administrado
desde Barcelona, llamado Lupa Protestante me propuso, entonces, que
fuera poniendo los textos en un blog. A partir de ese momento (el tercer
día de las reuniones) me interesé por un público más amplio, sin que por
ello creyera que lo iban a leer los obispos de Aparecida.

1
Para visitar Lupa Protestante, ir a: http://www.lupaprotestante.com/

1
Supe que algunos participantes de la Conferencia lo leyeron. Un
sacerdote argentino mencionó el blog en sus crónicas publicadas en el
sitio de la Universidad Católica Argentina. También me leyó con mucho
interés y amistad la hermana María de los Dolores Palencia (México),
Vicepresidenta de la Conferencia Latinoamericana de Religiosas.
También, un sacerdote costarricense, encargado del Departamento de
Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de su país, me pidió
autorización para publicar una de las crónicas en el semanario católico.
También, el sacerdote encargado del sitio web del CELAM me pidió la
dirección donde se estaban publicando mis crónicas, y las siguió con
mucha amabilidad. Por estos medios indirectos que le menciono creo
que algunos obispos supieron de mis escritos.
No sobra decirle que siempre tuve en mente el reglamento interno de
la Conferencia. No quería violar las normas acordadas. Eso hubiera sido
un gesto incorrecto y descortés. Nunca publiqué textos que estuvieran
en proceso de deliberación, por ejemplo, ni expresé críticas que fueran
en contra del espíritu de unidad que los observadores evangélicos
queríamos promover durante esos días.
En cuanto a la influencia que pudieron tener mis escritos, no creo que
fuera mucha. No era tan importante, ni tan decisivo lo que estaba
diciendo. Mi influencia estaba limitada a mi participación como miembro
de las comisiones y subcomisiones de trabajo. En estos grupos de
trabajo, los presidentes de las comisiones fueron muy gentiles al
permitirnos a los observadores evangélicos participar con libertad.
Siempre nos escucharon con aprecio y nos dieron la palabra cuando
quisimos decir algo. Este es un gesto, entre muchos, que habla bien de
la Conferencia y del espíritu fraterno que mantuvo con los observadores.

3. La experiencia del CELAM ha afectado de alguna manera su visión de la


Iglesia Católica? Ha hecho que sus impresiones sean más positivas o negativas
(o ambas)?
Esta experiencia ha sido extraordinaria para mi formación personal,
como pastor evangélico y como teólogo comprometido con el
acercamiento entre la Iglesia católicas y las iglesias evangélico-
protestantes. Usted bien sabe que hay una enorme diferencia entre
“leer” la Iglesia en sus textos oficiales y “leer” a las personas que
redactan esos textos. En Aparecida amplié mi manera de leer y de sentir
a la jerarquía de la Iglesia Católica. Estar en medio de los cardenales del
continente, más los miembros de la curia romana, más casi doscientos
obispos latinoamericanos, más el Papa mismo ofrece muchos elementos
para una “hermenéutica eclesiástica” más amplia. Esta experiencia la
viví como un regalo de Dios.
Me pregunta usted si mis impresiones ahora son más positivas o más
negativas. En lo personal estoy gratamente sorprendido con algunas
declaraciones que ha hecho la Iglesia Católica en los documentos
previos a la Conferencia de Aparecida. En dos de ellos, en el Documento
de Participación (2005) y en el Documento de Síntesis (2007). También
en el Documento Conclusivo se admite que el catolicismo de América
Latina y El Caribe esta conformado por una inmensa multitud de
bautizados, más no de verdaderos discípulos y seguidores de Jesús en la

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vida diaria. Esta es una declaración honesta y valiente. Yo no la había
encontrado antes en los textos oficiales.
Ese mismo diagnóstico se confirmó por parte de varios de los Obispos
presentes en la Quinta Conferencia del mes de mayo. El Papa Benedicto
XVI habló de este tema en su discurso inaugural cuando dijo que los
fieles estaban esperando de la Conferencia “una renovación y
revitalización de su fe en Cristo”. Y agregó que era necesario y urgente
emprender una nueva pastoral para que los bautizados pudieran seguir
a Jesús, «vivir en intimidad con Él, imitar su ejemplo y dar testimonio…
Pues ser discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida en Él
supone estar profundamente enraizado en Él». De modo que me
encuentro con un diagnóstico acertado que ya los evangélicos habíamos
señalado cuando hablábamos de «un catolicismo nominal».
Pero, habrá que esperar si frente a ese diagnóstico se generan
nuevas líneas de pastoral. En lo personal no creo que la Iglesia Católica
vaya a lograr afrontar este dilema. Por una parte, no cuentan con la
cantidad de sacerdotes necesarios para brindar atención a los millones
de bautizados; y por otra, su sistema clerical y sacramental no permite
que un mayor número de laicos tomen parte en las acciones pastorales.
La necesidad es grande y son concientes de eso; ¿pero cómo responder
de manera adecuada con una eclesiología centralista, clerical, y que
excluye a las mujeres del ministerio ordenado?

4. En qué medida la teología de la liberación ha sido un factor importante de


las discusiones (incluso cuando no aparezca en los documentos oficiales)? Ha
escuchado hablar de ella en los recesos, cenas, etcétera?
La Teología de la Liberación estuvo presente, no tengo la menor
duda. No la escuché mencionar por su nombre (ahí reservas por parte de
la oficialidad católica, usted y yo lo sabemos bien), pero sí por sus
contenidos y propuestas. Ya desde el mismo discurso inaugural del Papa
se afirmó la «opción preferencial por los pobres». También, en el
Documento Conclusivo es fácil ver que esta teología vino para quedarse
mucho más tiempo del que sus detractores quisieron, aunque con
menos fuerza de la que siempre soñaron sus proponentes.
Si se lee con cuidado el Documento final, se notarán la influencia del
método Ver-Juzgar-Actuar y referencias directas a la opción preferencial
por los pobres, a las comunidades Eclesiales de Base, a la continuidad
del concepto de «pecado estructural», a la lectura popular y orante de la
Biblia, al papel de la mujer y de los laicos y de las laicas, a los pueblos
indígenas y afrodescedientes, a la integración de los pueblos de América
Latina y el Caribe, en fin, temas «trasversales» que recorren el
Documento de comienzo a fin y que habilitan muchos de los viejos
temas controvertidos de la Teología de la Liberación Latinoamericana.
Por otra parte, quedará para el juicio de la historia evaluar si esas
referencias directas a los temas antes mencionados son en realidad un
triunfo de los liberacionistas o son un mecanismo del oficialismo
conservador (que representa a la gran mayoría del episcopado
latinoamericano) para restarles fuerza profética y doblegar su talante
contestatario. No estoy en capacidad de juzgarlo ahora.

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5. Su simpatía está, notoriamente, del lado de los progresistas. Si usted
pudiera concebirse como un conservador, cómo se sentiría en esta reunión del
CELAM?
Le agradezco su referencia a mis opciones pastorales: estoy al lado
de una Iglesia diferente (tanto católica como evangélica); más sencilla,
más evangélica, más profética, más cercana a la que soñó Jesús, más
franciscana y menos romana, como lo ha expresado con acierto
Leonardo Boff.
Si fuera un conservador me hubiera sentido en casa. La gran fuerza
del episcopado católico de esta parte del mundo se caracteriza por ser
conservadora, así en muchas circunstancias use un lenguaje liberal (y
liberacionista). Percibo que los progresistas nadan contra la corriente.
Los progresistas tuvieron su primavera en la Segunda Conferencia del
Episcopado Latinoamericano, en Medellín (1968). Estos no son tiempos
de renovación, sino de conservación. Tiempos de añorar el Vaticano II.

6. Cree que del CELAM salga algo que cambie la situación de América Latina,
para la Iglesia o para la cultura amplia?
Aparecida tuvo un fuerte acento intra-eclesiástico. En una de mis
crónicas dije que pareciera ser que la mayor preocupación de la Iglesia
fuera la Iglesia misma. Le preocupa la pérdida de fieles y el crecimiento
numérico del protestantismo. ¡Cómo si se tratara de una contienda
estadística!
En Aparecida se reafirmó la Gran Misión Continental (presentada en
público por el Cardenal Hummes), que si se lee bien, es una especie de
campaña de reconquista continental. Y la Iglesia tiene derecho a ella.
Pero me pregunto si esa campaña tendrá alguna incidencia para la
trasformación social de América Latina y el Caribe. El problema del
continente no es la Iglesia (ni católica ni evangélica). Los problemas
urgentes aquí son otros: la pobreza, la violencia, la corrupción, entre
muchos otros.
Y estos temas sí fueron tratados en la Conferencia, pero sin dejar a
un lado esa otra gran preocupación que es la Iglesia misma.
Hoy, precisamente escribí una última crónica que titulé: “En síntesis:
Aparecida, mejor de lo que se esperaba” en la que me sumo a la
esperanza de Jon Sobrino, Gustavo Gutiérrez y Jose Comblin quienes
creen que allí se abrieron puertas que debemos forzar a que sigan así y
por allí entren nuevos aires de encuentro, comunión y solidaridad. He
concluido mi crónica diciendo: Yo espero que se mantengan abiertas,
éstas que se acaban de abrir ahora, y que se abran las que aún siguen
cerradas (con teológico hermetismo); nos queda, a nosotros los
evangélicos, sostener las pocas que hemos abierto y buscar nuevos
alientos para abrir las tantas que mantenemos trancadas (con hermético
conservadurismo).

7. Cuáles son los prospectos del ecumenismo en América Latina, basado en


esta reunión?

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Los observadores no católicos celebramos las declaraciones hechas
en Aparecida respecto al acercamiento ecuménico. En esta Conferencia
se lograron avances significativos, no tengo duda de eso.
En el Documento final se dice que “La comprensión y la práctica de la
eclesiología de comunión nos conduce al diálogo ecuménico. La relación
con los hermanos y hermanas bautizados de otras iglesias y
comunidades eclesiales es un camino irrenunciable para el discípulo y
misionero” (#227). Hay, pues, lugar para seguir caminando juntos en
pro de la misión común.
Se eliminó, por fin, la palabra «sectas» para referirse a los cristianos
evangélicos. Hubo un deseo de comprender mejor al pentecostalismo.
En resumen, creo que se mantuvieron abiertas las puertas
protocolarias para seguir el diálogo y la cooperación ecuménica. En lo
personal me agradó mucho el tratamiento de estos temas. Pero, como
siempre, habrá ahora que esperar qué sucede en el terreno cotidiano de
la práctica. A veces siento que en ese terreno hay muchas reservas, de
parte y parte.
La esperanza y el amor podrían ser campos de trabajo común. Me
refiero a la lucha contra la pobreza, la denuncia profética, la
construcción de la paz, la promoción de la justicia, la defensa de la
dignidad humana, el cuidado de la Creación y tantos otros temas
urgentes en el momento actual. En estos temas falta la esperanza y
juntos podríamos hacer algo como testimonio común del amor de Dios.
Si el ecumenismo tiene esperanza lo tiene en su misión común de
servicio y esperanza. A mí, como al conocido teólogo belga George
Casalis, «El futuro del ecumenismo no me interesa en lo más mínimo, si
no lleva a pensar en primer lugar, en el futuro del ser humano y a
trabajar a favor de ese futuro».

8. Como protestante, cómo reaccionó ante el discurso del Papa en el CELAM?


Fue un discurso elocuente que dejó ver el la calidad académica del
Papa. El P. Gustavo Gutiérrez se expresó en un tono muy positivo
respecto a las palabras inaugurales diciendo que la opción por lo pobres
había sido un tema central y que marcaría una pauta importante en las
deliberaciones de la Asamblea, como efectivamente sucedió.
Muchos esperaban que Benedicto XVI iba a llegar para reafirmar sus
conocidos temas de la ortodoxia católica y de su fundamentalismo
moral, pero no fue así. Eso, de por sí fue la mejor noticia para este grupo
de obispos que temían lo peor. El discurso fue bueno por lo que dijo,
pero mejor por lo que no dijo.
Mire Ud., yo tuve la curiosidad de contar los aplausos y registré los
temas que los motivaron (sobre estos aplausos escribí mi crónica de ese
día). En total lo aplaudimos dieciocho veces. En la primera parte del
discurso se le aplaudió cuando dijo que "la opción preferencial por los
pobres está implícita en la fe cristológica de aquel Dios que se ha hecho
pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza". Pero también
fue aplaudido (y esto balanceó las tendencias) cuando condenó el
sistema marxista porque "allí donde ha gobernado, no sólo ha dejado
una triste herencia de destrucciones económicas y ecológicas, sino
también una dolorosa destrucción del espíritu". El amplio abanico de

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temas dio la oportunidad para que nadie se quedara sin su aplauso:
los(as) defensores(as) de la familia, los(as) promotores(as) de la laicidad,
los(as) abanderados(as) de la igualdad de la mujeres y los hombres (no
digamos de "la igualdad de género" porque la expresión no le gusta a
Benedicto), los(as) que esperan la renovación de la Iglesia, los
anticapitalistas y los anti-marxistas, para todos(as) hubo motivos de
celebración. Hasta para los cinco evangélicos-protestantes que
estábamos allí. Nos sentimos en casa cuando se preguntó "¿Cómo
conocer realmente a Cristo para poder seguirlo y vivir con Él, para
encontrar la vida en Él y para comunicar esta vida a los demás, a la
sociedad y al mundo?" y respondió que "por medio de la Palabra de
Dios". Agregó después: "Por esto hay que educar al pueblo en la lectura
y meditación de la Palabra de Dios: que ella se convierta en su alimento
para que, por su propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son
espíritu y son vida". ¡Entonces sí que aplaudí con fuerza!.

9. Una de las preocupaciones más grandes de los obispos católicos es la


deserción de la Iglesia Católica a las iglesias Evangélicas y Pentecostales. Qué
cree usted que está causando esto?
Es cierto. Esta fue una de las preocupaciones centrales de la
Conferencia. El primer día de Asamblea se habló mucho —
exageradamente, diría yo— de la «invasión protestante», del
«proselitismo evangélico» del «crecimiento de las sectas» y de otras
expresiones que reflejaban cierta angustia por la pérdida de fieles
católicos el Continente y la acusación de que el «protestantismo
sectario» era el culpable de esa situación. Por fortuna esas expresiones
se atemperaron en el transcurso de las reuniones y, al final, se logró que
la palabra «secta» no apareciera en el Documento Conclusivo para
referirse a nosotros los evangélicos. Eso fue, como lo dije en su
momento, un triunfo gramatical no despreciable.
Pero usted me pregunta por las razones de la deserción católica hacia
las comunidades evangélicas. Pienso que este fenómeno forma parte de
otro más amplio que es la crisis de la institucionalidad, en general. Ante
esa crisis, el protestantismo surge como una opción alternativa que,
aunque rompe con la institución reconocida, mantiene las bases de esa
fe. El historiador y sociólogo suizo, Jean Pierre Bastian, amplio conocedor
y respetado analista de la religiosidad latinoamericana ha afirmado, no
sin cierta osadía, que lo que está sucediendo es una mutación de campo
religioso. Afirma él: "Se puede hablar de mutación... no existe otra
dinámica que la de la economía de libre mercado religioso... Se podría
decir que se ha pasado de una situación donde la iglesia católica romana
lograba imponerse a los movimientos religiosos que surgían y los
catolicismos sin sacerdotes que siempre proliferaron, a una nueva donde
predomina la confrontación y el rechazo entre la iglesia católica romana
y un universo religioso independiente en crecimiento exponencial"
(Bastian, La mutación religiosa de América Latina, pp. 12-13).
Como se ve, es un fenómeno complejo. Y por complejo, se equivoca el
catolicismo, pienso yo, cuando reacciona con actitudes defensivas
(reclamando que este continente le pertenece) o culpando al

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protestantismo de lo que denomina «invasión proselitista». De esa forma
deja ver que no se comprende la profundidad del fenómeno.
En este sentido me gustó mucho la participación del Cardenal Julio
César Terrazas, de Bolivia, quien dijo el día de la «avalancha anti-
protestante», palabras muy atinadas. Dijo él: «Miremos con mirada
nueva a todos los que profesan la fe en Cristo. Lejos de nosotros las
actitudes de condenación, de exclusión o de sentimientos de reconquista
de espacios perdidos. El diálogo y la cercanía fraternal nos permitirán
caminar juntos, rumbo a la unidad de la Iglesia». Los sentimientos de
reconquista, a los que se refiere el Cardenal, no corresponden al nuevo
momento de América Latina.

10. De un trasfondo básico de usted: edad, estudios, actividad profesional,


cómo se convirtió en uno de los observadores del CELAM.
Soy Coordinador del área de Compromiso Cristiano de Visión Mundial
(World Visión Internacional) para América Latina y El Caribe. Profesor
adjunto de la Universidad Evangélica de las Américas UNELA.
Pastor bautista ordenado (1985) y educador teológico. Actual
miembro del Consejo Pastoral de la Comunidad Cristiana El Bosque, en
San José, Costa Rica.
Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana y de la
Comisión Teológica Latinoamericana, coordinada por el Consejo
Latinoamericano de Iglesias. Miembro de la Junta Directiva de la Unión
Bautista Latinoamericana y Coordinador de su Departamento de
Educación Teológica.
Colombiano, casado con Marilú Navarro hace 21 años; padre de
Laura Juliana (17 años) y Juan Miguel (9 años). Administrador de
Empresas, de la Universidad Santiago de Cali (1983). Licenciado en
Teología (1985), magíster en Teología (2001), del Seminario Teológico
Bautista Internacional de Cali, Magíster en Ciencias de la Religión (2007)
de la Universidad Evangélica de las Américas. Estudiante del programa
de Doctorado en Teología, en la Pontificia Universidad Javeriana, de
Bogotá, Colombia.
Ex-rector del Seminario Teológico Bautista Internacional (1995-2000).
Colaboro como escritor de varias revistas, entre ellas Apuntes Pastorales
y Signos de Vida. Autor de «Hacia una espiritualidad evangélica
comprometida», Editorial Kairós (2002), «Más allá de la utopía.
Liderazgo de servicio y espiritualidad cristiana», Editorial Kairós
(1ª edición: 2005. 2ª edición: 2006) y «Un niños los pastoreará.
Niñez, teología y misión», Editorial Mundo Hispano (2006). Co-editor,
junto con René Padilla de «Ser, hacer y decir. Bases bíblicas de la
misión integral», publicado por Editorial Kairós (2006).

La invitación llegó por carta firmada por el Cardenal Walter Kasper,


Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los
Cristianos, a nombre del Papa Benedicto XVI. Los invitados no católicos
fuimos ocho, en su orden: Monseñor Tarasios (Argentina), Arzobispo
Greco Ortodoxo de Buenos Aires y Suramérica; Monseñor Dexel
Wellington Gómez (Bahamas), Arzobispo Anglicano; Pastor Dr. Walter
Altmann (Brasil), Presidente de la Iglesia Evangélica de Confesión

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Luterana en Brasil y Moderador del Comité Central del Consejo Mundial
de Iglesias; Pastor Dr. Néstor Oscar Míguez (Argentina), Pastor
Metodista, Profesor Titular en Biblia y Teología Sistemática; Pastor Dr.
Juan Sepúlveda (Chile), Iglesia Misión Pentecostal; Pastora Dra. Ofelia
Ortega (Cuba), Presbiteriana Co-Presidenta del Consejo Mundial de
Iglesias; el Sr. Claudio Epelman, Representante de la Comunidad Hebrea;
y quien les habla, Pastor Harold Segura, en representación de la Unión
Bautista Latinoamericana y Visión Mundial Internacional.
No es la primera vez que la Iglesia Católica invita a observadores
evangélicos. Recordemos que el Dr. José Míguez Bonino (Argentina),
teólogo metodista estuvo en el Concilio Vaticano II, también en la
Conferencia de Medellín (1968). Son gestos de cordialidad ecuménica
que ah contribuido a sostener relaciones fraternales y a mantener
abiertas las puertas del diálogo y de la cooperación.
En mi caso, la iniciativa fue, primero de Visión Mundial Internacional y
luego de la Unión Bautista Latinoamericana. Se enviaron sendas cartas
solicitando la participación de un representante. El Cardenal Errázuriz
(Chile), Presidente del CELAM nos respondió esas cartas, primero
explicando la reglamentación de participación y después confirmando mi
participación. Visión Mundial tenía razones para querer estar presente
en Aparecida dado su carácter de organización de ayuda humanitaria de
identidad cristiana y de amplia apertura inter-confesional. Por parte de la
Unión Bautista Latinoamericana, UBLA, las razones también son varias,
sobre todo porque desde hace más de quince años, la Alianza Mundial
Bautista inició diálogos formales con el Vaticano en busca de caminos de
encuentro y de reconciliación. Yo tuve la oportunidad de participar en el
último de esos diálogos, en Buenos Aires, en diciembre de 2000 cuando
nos reunimos con el Cardenal Walter Kasper y cinco representantes más
de parte de Juan Pablo II.
Estar en Aparecida fue el resultado de la amabilidad ecuménica de los
obispos del CELAM y gracia inmerecida del Señor.