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ESCRIBANO DE MI AMIGO

Esa tarde me resultaba singularmente fría para estar en medio de los meses más cálidos
de nuestra querida zona tórrida. Pero así es el clima de estas pobladas montañas al sur
de la capital. Acababa de terminar un frugal almuerzo para ser consecuente con mi
actual onda de superación espiritual y meditación al mejor estilo de un discípulo de
Osho en su Ashram de Poona. Me disponía a colocar un CD de Wiston Marsallis y
tomar una copita de Amarula, cuando sonó el intercomunicador con timbradas
entrecortadas y un tanto persistentes. Era Oswaldo y su voz lucía más aguda que de
costumbre.
- Soy yo Sebastián, Oswaldo.
- Ok sube.
De inmediato comprendí que la tarde se haría corta y que esa reunión se prolongaría
hasta bien entrada la noche, por lo que cambié el Amarula por una botella de escocés
que resultaba más apropiada para una tanda larga.
- ¿Qué tal Sebastián, cómo has estado? Necesito que me ayudes en un proyecto que
tengo, mejor dicho, que tenemos.
- ¿Tenemos?
- Si Orianna y yo hemos decidido que tú serás nuestro confidente y nuestra pluma.
- So! So! potro, que vas muy rápido . Siéntate y déjame buscar unos vasos, hielo y al
viejo Parr para que nos acompañe porque presiento que esto es para rato.
Serví los tragos, encendí un King Edward y desconecté los teléfonos. Mi amigo requería
de toda mi atención.
- Sabes bien de mis sentimientos para con Orianna porque hemos conversado muchas
veces, pero aunque también conoces de nuestra activa vida sexual, nunca te he contado
nada al respecto.
Recuerdas lo mucho que tardamos en ir a la cama por culpa de aquel novio pusilánime
que ella tenía y que pese a nuestra compenetración afectiva, no le permitía hacer un
doble juego. Creo que esa prolongada espera hizo muy fuertes nuestros sentimientos y
al momento de acostarnos llevamos al lecho algo más que hormonas excitadas. Desde
ese primer encuentro, hemos ido encontrado diferentes sensaciones cada vez que
hacemos el amor y nos ha llevado a ir probando nuevas experiencias. A veces muy
románticas otras feroces y salvajes.
- Supongo que te refieres a las diferentes posiciones tipo Kamasutra y….
- ¡olvídate de posiciones! Claro que hemos probado todas las que se pueden hacer sin
mayores contorsiones, es mucho más que eso. Nuestros encuentros comienzan desde
que dejamos el hotel. Nos enviamos correos eróticos, videos pornográficos, hasta nos
hemos masturbado vía telefónica… es la locura!! Fíjate que desde que comenzamos a
follar, lo hemos hecho al menos una vez por semana y unos días después de hacerlo,
salimos a algún café y comentamos todo lo que hicimos y describimos lo que sintió
cada uno y a veces lo que nos gustaría para una próxima ocasión. Si todas las parejas
hablaran de sus polvos y los mejorara, la gente estaría menos amargada.
- Suena muy bien, pero ¿donde encajo yo en todo eso?
- Tranquilo hermano, vamos pa`llá. De esos comentarios post pechugón, ha ido
creciendo la idea de perpetuar de alguna manera cada salida, que no quede en una
sensación deliciosa pero que invariablemente el tiempo va a ir borrando y se nos ocurrió
plasmarlo en blanco y negro. Pero no sólo escribir lo que sucedió, sino satisfacer algo
de exhibicionismo y vouyerismo al exponernos y al vernos descritos en una líneas, todo
al mismo tiempo. En esa inmortalización novelesca de nuestros contubernios entras tú.
- No pensarás que….
- Déjame terminar brother, ahora el desbocado eres tú. ¿Recuerdas que te decíamos Poe
por tus dotes de redacción cuando hacíamos esos informes de ingeniería que todos
queríamos terminar con un par de fórmulas y ya? Es hora de sacarle algún provecho y
quién sabe, a lo mejor lo publicamos y todo.
Te cuento algunos de esos encuentros y luego decides si te animas, ¿de acuerdo?
Sabía que insistir en negarme en ese momento no iba a impedir que Oswaldo me
contara lo que ya estaba decidido a revelarme así que asentí con un gesto de resignación
mientras bebía un buen trago fondo blanco.
- No voy a aburrirte con los primeros acercamientos donde todo transcurre de manera
más o menos igual con todas las parejas, voy a comenzar con la vez que lo hicimos por
primera vez por detrás. En esos días le regalé a Orianna un babydoll cortico
acompañado de un hilo dental blanco, se veía divina. No podía evitar las ganas de
lanzármele encima y besar esas nalgas desnudas pero me contuve y tomé algunas fotos
con el celular. Comenzamos a acariciarnos y me fue despojando de mi ropa hasta que
quedé completamente desnudo, pero no permití que ella se quitara ese erótico atuendo.
A ella le encanta chuparme así que se dispuso a darme una prolongada mamada. Al
mismo tiempo y sin dificultad alguna yo le acariciaba la colita y le introducía de a poco
el dedo medio. La lubricaba constantemente ensalivando mis dedos y ese huequito se
iba poniendo cada vez más sinvergüenza. Ella se movía en dos direcciones, una hacia
arriba y hacia abajo con la cabeza y a otro compás en las caderas. Con la otra mano
acariciaba su clítoris que cada vez se sentía más turgente. De uno pasé a introducir dos
dedos y el sinvergüenza seguía dilatándose como si se estaba preparando para algo
mayor. El entusiasmo de los dos iba “in crecendo” y me coloqué tras ella y la penetré
vaginalmente pero solo con el glande. Su estímulo era incontenible lo que me indicaba
que ya estaba preparada. Cuando me dispuse a penetrarla por vía anal, ella dispuso
sobre el glande una generosa cantidad de saliva mientras yo hacía lo propio en su culito.
Poco a poco fue entrando al vaivén de sus movimientos y sus incontenibles gemidos.
Nunca abandoné mi trabajo en el clítoris que a estas alturas parecía un pene liliputiense.
Aquella imagen de su parte trasera con el babydoll a la cintura y la pantaletita sobre la
nalga izquierda no voy a olvidarla nunca. Era una experiencia literalmente
multisensorial porque mi lengua estaba saturada del sabor de sus fluidos vaginales y mi
nariz de ese cautivador olor marino, mis manos deslizándose entre vulva y senos hacía
que se me erizara la piel y el excitante sonido de sus gemidos me dificultaban contener
una eyaculación que no tardaría mucho en llegar. Pero todo se volvió más descontrolado
cuando ella alcanzó el orgasmo y sus gritos de placer inundaron todo el cuarto. Pasaron
escasos segundos cuando me uní a ese concierto sicalíptico con mis gemidos. Desde ese
encuentro el coito anal forma parte de nuestro menú amatorio y el lubricante siempre
acompaña nuestra “cesta de picnic” como llamamos a los diferentes accesorios que
hemos ido apilando para disfrutar de un buen sexo.
La narrativa de Oswaldo era de tal elocuencia que bien podría escribir para concursar en
“Letra Erecta” o “La Sonrisa Vertical” a no ser por su animadversión a todo lo que
suene a literatura. Pero las sorpresas no terminaron en ese punto. El intercomunicador
volvió a sonar. Era la coprotagonista del cuento.
- Hola Sebastián soy Orianna
- Hola preciosa, sube.
Ahora tenía a los dos protagonistas de un romance adulto contemporáneo que a decir
por su entusiasmo, más bien parece adolescente. Orianna se presentó con una
incontinencia verbal impresionante, que había dejado bien atrás el tradicional pudor
femenino de sus encuentros amorosos para narrarme descarnadamente todo el torrente
de pasiones que la embargaban.
- Veo que han entrado en materia porque tu cara de asombro es un poema Sebastián.
- Bueno, a decir verdad no me esperaba estas revelaciones de su intimidad, pero mi cara
debe ser más bien de excitación porque lo que he oído ha sido bien erótico.
- Está bien pero debes escuchar mi versión para que tengas todos los elementos para tu
narración. ¿Por donde comenzaste mi amor?
- Le conté del día que tenías el babydoll y lo hicimos….
- Si, Sebastián aquello fue en verdad delicioso. Siempre he pensado despertar en
Oswaldo un inmenso deseo de poseerme, por lo que siempre procuro tener algo nuevo
que mostrarle. No estaba segura de cómo se vería ese regalo en mi cuerpo, pero su
rostro mostraba una satisfacción casi libidinosa por lo que mis dudas cesaron y me sentí
la mujer más sexy del mundo en ese momento. Comenzó a besarme dulcemente pero
con un tonillo salvaje en el fondo que me excitaba aun más, luego sus manos iniciaron
el camino hacia mi cuerpo, agitando cada fibra y contrayendo mis músculos a cada
paso.
Llevaba sus manos hasta mis senos contraídos y de ahí comenzaba a descender hasta mi
entrepiernas, en un compartir de movimientos dejaba que su cuerpo y el mío
compartieran caricias y me permitió que bajara hasta su pene para chuparlo y mojarlo
como tanto me gusta. En ese instante, mientras yo disfrutaba, él hacía lo mismo
mojando sus manos y acariciando mi vagina y mi culito. La excitación que me producía
el roce de sus manos era casi insoportable. Después de un rato de caricias incontroladas
pero certeras, iniciamos el camino hacia la penetración; rozaba mi vagina con su pene
entrando y saliendo con facilidad gracias a la humedad que ambos teníamos en ese
momento. Fue entonces cuando tocó tiernamente mi culito y decidió intentar una
pequeña penetración a la cual no me opuse ya que lo deseaba tanto como él. Lo hizo
suavemente y sentí inmediatamente que la lujuria del momento llegaba a lo más alto.
Comenzó a tocar mi clítoris con sus manos a la vez que me penetraba acompasadamente
y su respiración agitada se dejaba sentir en mis oídos llevándome a un nivel de
excitación que no conocía. Disfruté de sus caricias todo cuanto pude, el roce de sus
manos en mis pezones y en todo mi cuerpo me hacía sentir que algo dentro de mi iba a
explotar en cualquier momento y así fue; alcancé un prolongado orgasmo que hizo que
mi cuerpo pasara a una dimensión distinta a todo lo conocido y fue entonces cuando
sentí que también él alcanzaba el mismo placer y se unía a mi en ese instante de
satisfacción plena. Luego me resultó tremendamente agradable, el calor que me produjo
ese estremecedor abrazo que me dio luego, cuando nuestros cuerpos descansaban juntos
y se relajaban después de hacer el amor…..