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AGRICULTURA URBANA: ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE SU ORIGEN E IMPORTANCIA ACTUAL

Miriam-Hermi Zaar

Universidad de Barcelona

Agricultura urbana: algunas reflexiones sobre su origen e importancia actual (Resumen)

Las prácticas agrícolas urbanas no son recientes y han estado representadas principalmente por jardines-huerto y huertos, que han formado parte siempre del paisaje urbano. Desde la década de 1980 los huertos urbanos han ido ganado importancia y adquirido nuevas características relacionadas tanto con la soberanía alimentaria, la calidad de los productos que consumimos y la generación de empleo, como con la mejora de la calidad de vida, la educación ambiental, las relaciones sociales, la transformación social y la regeneración urbana. Para esto han sido importantes los movimientos sociales, la concienciación y la organización ciudadana; en las últimas décadas han presionado a sus gobernantes y también han colaborado en la planificación y creación de nuevos espacios de ciudadanía, de intercambio de experiencias y de desarrollo de actividades ecológicas. En este trabajo reflexionaremos sobre su evolución histórica, su importancia actual y su finalidad en diversos países y regiones.

"Si quieres ser feliz una hora, emborráchate. Si quieres ser feliz un día, mata al cerdo. Si quieres ser feliz una semana, haz un viaje. Si quieres ser feliz un año, cásate. Si quieres ser feliz toda la vida, ten un huerto"

Proverbio chino

El ejercicio de la agricultura dentro de las ciudades no es reciente, aunque desde finales de la década de 1980 se ha oído hablar cada vez más de la agricultura urbana (AU) en el mundo. Se ha desarrollado como fuente indispensable de alimentación para las personas con mayores carencias alimentarias e instrumento de reclamo para una alimentación más saludable y un ambiente menos contaminado.

Aunque existen pocos trabajos que traten de la agricultura urbana específicamente, los elementos socioeconómicos y ambientales que inciden sobre su desarrollo han sido ampliamente tratados e investigados. Como veremos más adelante, su concepto está vinculado a temas como desarrollo sostenible, insuficiencia alimentaria, agricultura ecológica, educación medioambiental, calidad de vida, degradación ambiental, entre otros, y aunque su origen es más remoto, ha sido a partir de la década de 1980 que ha suscitado debates cada vez más intensos. La agenda 21 y los informes que la sostuvieron, los diferentes índices de pobreza, las investigaciones sobre los impactos ambientales y la creciente "huella socio-ecológica" global fueron algunos de los principales instrumentos que contribuyeron al desarrollo de los conceptos que justifican la agricultura urbana tal como la conocemos hoy.

Su difusión, como veremos en el transcurso de este trabajo se inserta en una propuesta que articula necesidades que según las circunstancias se fusionan o se distancian. Su práctica promueve el consumo de alimentos ecológicos de bajo coste, colabora con la sostenibilidad ambiental de los entornos urbanos y ha atraído la atención de un amplio sector de la sociedad, abarcando en un mismo período varias generaciones que, con trayectos de vida diferentes, poseen objetivos comunes. Así, mientras niños y jóvenes se unen para aprender y reivindicar una sociedad más humana, adultos y mayores hacen del cultivo de productos agrícolas una actividad de ocio y también de intercambio de experiencias. La educación medioambiental y la actividad en los huertos urbanos han dado paso a nuevas formas de aprender, de enseñar, de relacionarse, de entender el mundo.

La difusión que esta actividad ha tenido en los últimos años y las constantes noticias sobre praxis exitosas en diferentes regiones y países nos hace reflexionar sobre su finalidad, sobre quiénes están involucrados en el proceso, cómo están organizados, cuál es la importancia que esta actividad tiene desde el punto de vista político, social, ambiental y, también, cual es su similitud con la agricultura periurbana.

Por ello, estructuramos este artículo en cuatro apartados. En el primero dedicaremos algunos párrafos al concepto de agricultura urbana y sus semejanzas y diferencias con la agricultura periurbana. A continuación, a través de algunos ejemplos más significativos, mencionaremos su importancia y su relación con los jardines urbanos y periurbanos en el transcurso de los siglos, y pondremos énfasis, en un apartado nuevo, en las experiencias de agricultura urbana más conocidas en la primera mitad del siglo XX. Finalmente, y como punto fundamental de este trabajo, analizaremos el papel de la agricultura urbana en la actualidad, quiénes son sus protagonistas, qué finalidad tiene y cómo, en algunos países las instituciones públicas han colaborado para su expansión.

Agricultura urbana y agricultura periurbana

El reciente uso de los términos agricultura urbana y periurbana, especialmente el primero hace que la bibliografía encontrada aún sea muy limitada, y muchas veces está publicada en documentos on line, en páginas webs oficiales o de organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que desarrollan programas que incentivan a este tipo de actividades.

El término "Agricultura Urbana y Periurbana" (AUP) fue propuesto en 1999 por la FAO con el objeto de referirse a un tipo de agricultura que se constituyó en el marco de la seguridad alimentaria en los países subdesarrollados, aunque también está en franca expansión en países desarrollados con otros objetivos.

Según la misma organización, el término Agricultura Urbana y Periurbana (AUP), se refiere a "prácticas agrícolas que se llevan dentro de los límites o en los alrededores de las ciudades de todo el mundo e incluye la producción, y en algunos casos el procesamiento de productos agropecuarios, pesqueros y forestales"[1].

Debido a sus características, algunas similares, con frecuencia el estudio de la agricultura urbana se asocia a la agricultura periurbana. Sin embargo es necesario establecer criterios rigurosos de lo que estamos analizando, sobre todo cuando tratamos de los sujetos involucrados y de las finalidades de éstas prácticas. Por esto y pese a que nuestro objetivo es estudiar la agricultura practicada por personas que viven en las ciudades y que no son agricultores (aunque podrían haberlo sido en el pasado), expondremos a continuación las principales similitudes y deferencias entre ambas.

Por un lado, se entiende por agricultura urbana "la practicada en pequeñas superficies (solares, huertos, márgenes, terrazas, recipientes) situadas dentro de una ciudad y destinadas a la producción de cultivos y la cría de ganado menor o vacas lecheras para el consumo propio o para la venta en mercados de la vecindad" (figura 1)[2].

En este contexto, las expresiones agricultura urbana, urban agriculture, agriculture urbaine o huertos urbanos se refieren a superficies reducidas situadas en el perímetro urbano que se destinan al cultivo intensivo y la cría de pequeños animales domésticos, principalmente gallinas u otros similares y también, aunque raramente, vacas lecheras. Esta producción se realiza principalmente en solares vacíos, patios y terrazas que se transforman en huertos comunitarios y familiares; y es practicada exclusivamente por personas que viven y trabajan en las ciudades.

Por otro lado, la agricultura periurbana tiene una connotación más amplia, y puede abarcar desde la mini agricultura intensiva y de subsistencia a la agricultura comercial realizada en el espacio periurbano (figura 1). Las primeras tentativas de definirla o conceptualizarla proceden de la décadas de 1970 y están relacionadas con la teoría de la localización de Johann Heinrich von Thünen desarrollada en la tercera década del siglo XIX y que estudia la relación y la distribución espacial de las actividades productivas alrededor de las ciudades.

Figura 1. Agricultura urbana y periurbana, según su situación Fuente: FAO <http://www.rlc.fao.org/es/agricultura/aup/pdf/expe.pdf>
Figura 1.
Agricultura
urbana
y
periurbana,
según
su
situación
Fuente: FAO <http://www.rlc.fao.org/es/agricultura/aup/pdf/expe.pdf>

Como se observa, se considera agricultura periurbana la que se practica en torno a los centros urbanos, en un espacio intermedio entre la ciudad y el campo. Se trata de explotaciones localizadas en las cercanías del perímetro de las ciudades, en un espacio de "confrontación" o transición entre lo urbano y lo rural y que, dependiendo de la superficie pueden tener otras actividades como la ganadería, la silvicultura o la pesca.

Con el objetivo de profundizar las diferencias entre agricultura urbana y agricultura periurbana reproduciremos dos definiciones que se complementan. Una, de 1979, propuesta por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Rural (OCDE), con un planteamiento espacial y que define la agricultura periurbana como aquella practicada dentro de un radio de 20 kilómetros desde un centro urbano de más de 200.000 habitantes, y de 10 kilómetros desde ciudades con población entre 50.000 y 100.000 habitantes. Otra de la FAO, que expresa, además, las actividades desarrolladas en la agricultura periurbana, ya que la define como aquella integrada por unidades agrícolas cercanas a una ciudad que explotan intensivamente granjas comerciales o semicomerciales para cultivar hortalizas y otros productos hortícolas, criar pollos y otros animales y producir leche y huevos[3]. En ambos conceptos, las personas que la practican pueden agruparse en dos colectivos diferentes. Uno, de pequeños agricultores que viven en la explotación y tienen en esta actividad su profesión y medio de vida; otro, de asociaciones urbanas en las que sus miembros optaron por cultivar en pequeñas áreas que están situadas fuera del casco urbano.

Teniendo en cuenta éstas definiciones, podemos decir que, en general, los conceptos de Agricultura Urbana y de Agricultura Periurbana se asemejan y se diferencian en aspectos relacionados principalmente con los tipos de cultivo y la escala de producción y de venta, estos últimos condicionados por la extensión del terreno cultivado. La afinidad entre ambas agriculturas la encontramos en las prácticas de cultivos intensivos de hortalizas, de hierbas, de frutales y en la cría de pequeños animales domésticos y algunas vacas lecheras, principalmente si estas actividades son practicadas por personas que viven en ciudades. La discrepancia la hallamos si comparamos por un lado, el tamaño de los huertos y por otro, el cultivo de algunos productos como los cereales.

Sobre su finalidad, mientras la mayoría de los agricultores urbanos tienen como objetivo mejorar la alimentación de la familia, ya que las extensiones cultivadas son habitualmente pequeñas, en espacios reducidos, vacíos o abandonados; los agricultores periurbanos con extensiones más amplias, aunque menores que una finca rústica media, tienen como meta, además de la subsistencia, la comercialización de los excedentes en ferias locales, mercados o supermercados de la propia ciudad u otras cercanas. Según la FAO,

"La producción agrícola urbana se orienta en general hacia el consumo dentro de la familia. Tan sólo en algunos países entre los que se incluyen Bangladesh, Madagascar y Nepal más de un tercio de la producción se vende en el mercado. Por ello la agricultura urbana no es en primer lugar una fuente de ingresos en efectivo, aunque en algunos países (en especial Magadascar y Nigeria) el porcentaje de ingresos derivados de la agricultura urbana excede el 50 por ciento en el quintil de menores ingresos."[4]

En cuanto al sistema de cultivo, éste depende de la información y de la asistencia técnica que tengan o reciban tanto los agricultores urbanos como los periurbanos. Generalmente los productos son cultivados ecológicamente, o con un bajo porcentaje de substancias químicas, y es posible que el uso de agroquímicos sea menor en la agricultura urbana y en los huertos intensivos periurbanos cultivados por residentes en las ciudades, que en la agricultura periurbana con fines comerciales. Los sistemas más utilizados en Latinoamérica y El Caribe son variados (cuadro 1):

Cuadro Sistemas utilizados en la agricultura urbana y periurbana de América Latina y El Caribe

1

Sistema utilizado

 

Localización

Base tecnológica

 

Usuarios

Orientación potencial

Huertos intensivos

 

Periurbano

Manejo orgánico e inorgánico

Familias

en

trabajo

Comercial

colectivo

Huertos

 

Periurbano

Manejo y sustrato orgánico

Individual o colectivo

 

Autoconsumo/comercial

organopónicos

 

Micro

huertos

 

Urbano

Soluciones nutritivas, control y

Familiar

Autoconsumo

hidropónicos

reciclaje de materiales

Huertos

caseros

y

Urbano

Manejo

agronómico

Escuelas o colectivos

Autoconsumo/comercial

comunitarios

convencional

familiares

Huertos integrales

 

Periurbano

Depende

del

modelo

Granjas

escolares

o

Autoconsumo/comercial

productivo.

Generalmente

colectivos familiares

convencional

que

incluye

 

especies animales.

Empresa hidropónica de mediana escala

 

Periurbano

Solución nutritiva recirculante

Empresa familiar

 

Comercial

Elaboración de la autora a partir de informaciones obtenidas en Reynaldo Treminio. Documento de Trabajo de la FAO.

 

Jardines y huertos urbanos: una simbiosis entre la estética y la utilidad

La agricultura periurbana fue definida en la década de 1970 y la agricultura urbana en 1999 por la FAO, pero no obstante la historia de la agricultura urbana está muy vinculada a la jardinería y tiene múltiples ejemplos en que flores, frutales, legumbres, hortalizas y hierbas convivían armoniosamente en un mismo lugar.

Es el caso de los jardines egipcios, griegos, romanos, bizantinos o musulmanes; aunque se sabe poco sobre qué tipo de vegetales se cultivaban, lo conocido es suficiente para comprobar la vinculación entre la agricultura intensiva y la jardinería. En Egipto, frutales, palmeras y vides ordenados simétricamente eran comunes en los jardines y proveían alimentos y sombra[5]; también los jardines de los templos tenían espacios para el cultivo de hortalizas, hierbas o plantas especiales, como la lechuga min utilizada en los rituales y ofrendas. Se ha comprobado en la bibliografía y restos arqueológicos que en la Grecia clásica eran habituales las parcelas de huertos y jardines vinculados a santuarios. Además, los jardines y los huertos estuvieron presentes en los espacios vacíos que permitieron la expansión posterior intramuros de la Roma antigua y en los jardines extramuros de Bizancio, donde con complejos sistemas de regadío cultivaban viñedos, hortalizas y frutales para el sustento de monjes y peregrinos[6].

También en la Edad Media la asociación de huertos y jardines era muy común en los monasterios y conventos. Estando bien cuidados y adecuadamente abonados, podían producir espárragos, alcachofas y melones que contribuían a la dieta alimentaria de sus habitantes, y de igual forma ofrecían hierbas medicinales[7].

Más allá de los espacios monásticos, los palacios y casas privadas también poseían jardines y huertos. En las ciudades italianas medievales existían jardines y huertos en casas privadas y en

amplios espacios verdes en la periferia en los que el paisaje natural

y el espacio bien cultivado

representaban la apacible vida del campo. En un estudio sobre el desarrollo de los jardines y de los espacios verdes en el diseño urbano se señala que

"El examen de los planos urbanos muestra la gran cantidad de espacios sin edificar que existían intramuros a finales de la edad media y, todavía en muchos casos, hasta comienzos del siglo XIX:

huertos de conventos, huertos y jardines de palacios nobiliarios, huertos y campos particulares, espacios ganaderos."[8]

A medida que nos acercamos al Renacimiento, especialmente el florentino aunque no solo en él, los jardines y huertos palaciegos adquieren mayor difusión, tanto en centro de la ciudad, como en otros espacios intramuros aunque reservados al uso de sus propietarios.

En pinturas del Renacimiento y concretamente en el Cinquecento, aparecieron ejemplos plásticos y artísticos de algunos jardines-huerto de entonces, tratados con realismo o idealizados. Es el caso del tríptico titulado El Jardín de las Delicias de Jerónimo Boch (El Bosco) o de La Virgen con una multitud de animales de Alberto Durero y que actualmente se encuentran en el Museo del Prado (Madrid) y en el Museo Albertina de Viena (Austria) respectivamente. En El Jardín de las Delicias las frutas (cerezas, frambuesas, uvas, madroños, etc) del panel central son una clara alusión a la relación de éstas con los placeres sexuales. Ya en la obra La Virgen con una multitud de animales la fresa, el lirio y la peonía[9] aluden a la virginidad de María[10].

En Francia, e inspirado en los jardines renacentistas italianos, el jardín del castillo de Blois, construido por Francisco I a comienzos del siglo XVI tenía, además de los parterres de flores, una gran variedad de frutas y verduras y contaba con naranjos y limoneros[11]; y el jardín de Catalina de Médicis, construido medio siglo más tarde, poseía además de árboles, césped, flores, huerto y viñedo.

A partir del siglo XVI, el descubrimiento de nuevas especies en los viajes ultramarinos puso de moda en los jardines europeos, las plantas exóticas originarias de América y Asia, que tenían como principal objetivo la ornamentación, la exhibición y el deleite, pero que estaban al alcance de pocos ya que estaban localizados en espacios privados.

La finalidad de estos jardines podía ser múltiple. Por un lado, para estimular la catalogación de nuevas especies hasta entonces desconocidas, se crearon jardines botánicos vinculados a universidades o a institutos de investigación, por lo que se convirtieron en una importante herramienta para el estudio de la botánica. Por otro, el acceso de la población a ellos les pudo dar más adelante un carácter educativo, tanto por la difusión de estos conocimientos en los carteles identificadores, como por las zonas destinadas a huertos y a la enseñanza de técnicas de cultivo de hortalizas, legumbres, etc.

Con ambientes naturales o aclimatados, los jardines botánicos podían poseer, ya entonces millares de especies, unas exóticas y otras autóctonas, que se cultivaban en grandes parterres y huertos internos, que también fueron representados pictóricamente. Puede servir de ejemplo la obra Antiguo Jardín Botánico de 1905 del expresionista alemán Max Beckmann, perteneciente a la colección Lothar-Günther Buchheim, mostrando que formaban parte del paisaje urbano o suburbano de las grandes ciudades[12].

En el siglo XVIII se puso de moda en Europa la costumbre social del paseo y con él la necesidad de introducir jardines en la planificación urbana. Los paseos arbolados, los parques públicos y los jardines botánicos casi siempre construidos en los límites de la ciudad, donde se disponía de espacio suficiente para ellos, popularizaron este hábito.

En Francia, a mediados del siglo XVIII Luis XV creó al lado del Jardín de Versalles de estilo clásico o formal, un "jardín de instrucción", en el que situó animales domésticos, un huerto y un jardín

botánico[13].

En España el 17 de octubre de 1755 Fernando VI ordenó la creación del Real Jardín Botánico de Madrid, instalado en la Huerta de Migas Calientes, en las inmediaciones de lo que hoy se denomina Puerta de Hierro, a orillas del río Manzanares, y en esta época ya contaba con más de 2.000 plantas. En 1774, Carlos III dio instrucciones para su traslado al actual emplazamiento en el Paseo del Prado.

Creado con la finalidad de desarrollar la enseñanza de la botánica el jardín poseía además de plantas originarias del mediterráneo y otras procedentes de clima ecuatorial, lo que hizo necesaria la

construcción de un invernáculo[14]. Actualmente en una de sus alas, la número 6 (figura 2), existe - con finalidad educativa - un huerto con un gran número de especies, perfectamente clasificadas entre las que encontramos cereales, leguminosas, solanáceas (lechugas), cucurbitáceas (calabazas, pepinos), umbelíferas (zanahorias), frutales, palmeras plataneras y datileras, etc (figuras 3 y 4).

En la placa que introduce el visitante al huerto se puede leer:

"A

lo

largo

de

la

historia

el

hombre

ha

ido

domesticando los vegetales que mayor

rendimiento

alimenticio le ofrecían. Con las expediciones científicas al Nuevo Mundo llegaron a

Europa un buen número de especies que comenzaron a cultivarse mezclados con las de otros orígenes.

Nuestro huerto pretende mostrar esa variedad de cultivos que se van rotando a lo largo del año según las estaciones. En otoño, coles y lombardas. En invierno grelos, rábanos, ajos, puerros, y cebollas. En primavera y verano borrajas, acelgas, espárragos, lechugas, pimientos, berenjenas, sandías, melones, calabazas, calabacines, remolachas y endivias. También según la época, se cultivan colecciones de calabaza, tomates, pimientos, tabacos, patatas o maíces."

Figura 2. Plano del Real Jardín Botánico de Madrid Fuente:<http://www.rjb.csic.es/jardinbotanico/jardin/index.php?Cab=5&SubCab=25&len=es>
Figura 2. Plano del Real Jardín Botánico de Madrid
Fuente:<http://www.rjb.csic.es/jardinbotanico/jardin/index.php?Cab=5&SubCab=25&len=es>
Parciales del huerto del Real Jardín Botánico de Madrid
Parciales
del
huerto
del
Real
Jardín
Botánico
de
Madrid

Foto: Miriam H. Zaar, junio de 2011.

En las áreas urbanas o periféricas los huertos de la aristocracia solían ser al mismo tiempo jardines en la parte próxima a la residencia del propietario. Previendo una expansión posterior, las ciudades amuralladas de toda Europa poseían en su interior amplios espacios no edificados que se sumaban a otros localizados en su área perimetral amurallada, y en los que las prácticas agrícolas eran comunes en tiempos de paz y más aún en períodos de guerra.

Con el proceso de derribo de las murallas que encorsetaban las ciudades que se prolongó hasta inicios del siglo XX las ciudades se expandieron horizontalmente, se crean grandes avenidas, nuevas zonas residenciales, parques y jardines públicos. Una situación que ya se venía produciendo en las ciudades no amuralladas, como la mayor parte de las ciudades inglesas durante la edad moderna, en las que su ausencia estimuló tempranamente la creación de tradiciones de casas con jardines y huertos en la periferia de las ciudades[15].

Los parques públicos que se comenzaron a crear en las ciudades a partir del siglo XIX tenían muchas funciones, que iban desde la práctica de ejercicios y juegos al aire libre hasta la formación de huertos para la instrucción infantil, y eran un eslabón que unía el habitante de la ciudad con la naturaleza. Todo con el objetivo de educar y mejorar la salud de la población e igualmente con la finalidad de superar la dicotomía campo-ciudad e introducir la naturaleza en las ciudades[16].

Colaboraron en este proceso, desde mediados del XIX, un gran número de revistas dedicadas a la jardinería y a la horticultura, como The Horticulturalist o el Journal de la Royal Agricultural Society, que circulaban con diferentes propuestas de huertos-jardín, lo que favoreció su difusión entre la población urbana que disponía de terrenos[17].

Los huertos urbanos de finales del XIX y parte del XX

La mayoría de los ejemplos de huertos urbanos de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX de los que tenemos noticias están relacionados con períodos de escasez de alimentos.

En los Estados Unidos de América, la Depresión de 1893-1897 hizo que el alcalde de Detroit destinase terrenos desocupados a personas en paro, para que pudiesen cultivarlos y producir alimentos. Una práctica que fue seguida por otros municipios y que, con el nombre de relief gardens se repitió durante la Gran Depresión entre 1929 y 1935.

También en el mismo país, durante las dos Guerras Mundiales, el programa Liberty and Victory Gardens estimuló la construcción de huertos familiares y comunitarios. Se consideró que 20 millones de norteamericanos respondieron a la llamada y como resultado, en 1943 el 40 por ciento de las frutas y vegetales frescos consumidos en Estados Unidos provenían de huertos familiares, escolares o comunitarios[18].

El cottage garden en el Reino Unido, destinado a la subsistencia de las familias y ampliamente difundido durante el siglo XIX, ganó otra baza durante los bloqueos de Alemania en las Primera y Segunda Guerras Mundiales con la escasez de alimentos, cuando se le asignaron nuevas tierras para el cultivo de alimentos. Durante la Segunda Guerra, la campaña Dig for Victory instruyó el pueblo para producir parte de su propia comida y los jardines públicos se transformaron en huertos.

En Alemania los Schrebergärten, huertos familiares para las clases populares y la creación de la Zentralverband der Arbeiter und Schrebergärten (Unión Central de Trabajadores y Jardineros), fundada en 1911, contribuyó a la elaboración de normativas municipales que promovieron la construcción de huertos en la periferia[19]. Estas iniciativas posibilitaron que los habitantes de las ciudades hiciesen de los huertos urbanos y periurbanos una importante fuente alimentaria.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los huertos urbanos fueron adquiriendo otras funciones, ya que, además de proporcionar alimentos, permitían disfrutar del contacto con la naturaleza. En Europa, en general, hasta finales de la década de 1960, eran comunes en áreas urbanas y en las periferias de las regiones metropolitanas, aunque con la densificación y expansión de las ciudades, fueron paulatinamente cediendo espacio a nuevas edificaciones e infraestructuras.

Durante la década de 1960, en la región metropolitana de París los efectos desastrosos de la urbanización difusa redujo sustancialmente los huertos y las pequeñas fincas situadas en el seno de la Île-de-France[20]. En Buenos Aires, las tramas de quintas y huertos familiares del cinturón verde de la región Metropolitana, que habían tenido origen en el siglo XIX, mermaron en las últimas décadas por la presión de los nuevos emprendimientos inmobiliarios[21].

En España, correspondió al Instituto Nacional de Colonización (INC) en 1950, durante la dictadura franquista, una de las primeras iniciativas oficiales para la creación de huertos familiares de carácter marcadamente rural. Posteriormente, y ligados al proceso de urbanización y crecimiento de las ciudades, los denominados "huertos en precario" dedicados a los cultivos de subsistencia, que ocupaban terrenos urbanos o periurbanos sin autorización del propietario, eran comunes en los paisajes metropolitanos.

¿Cuál es la finalidad de la agricultura urbana hoy?

A primera vista puede parecer incongruente hablar de agricultura urbana cuando existen enormes extensiones agrícolas destinadas a la producción de alimentos, de piensos y de biocombustible. Aunque, como es de conocimiento general, mientras en algunas regiones del mundo, como es el caso de Europa, el importante excedente alimentario generado por la agricultura intensiva y algunas reformas de la Política Agraria Común (PAC) influyeron en el abandono de las actividades agropecuarias[22], la población de otras regiones del mundo sufren por la inseguridad alimentaria.

En cualquier caso, en años recientes, la expansión de este peculiar tipo de agricultura, practicada dentro de las ciudades, o por ciudadanos urbanos en la periferia, es una realidad y camina a pasos agigantados. Por un lado disminuye las dificultades ocasionadas por la alta de los precios alimentarios que se produjo en 2007-2008 y que golpeó fuertemente la población pobre de los países en desarrollo; como explica un documento de la FAO:

"La agricultura puede ayudar a amortiguar los efectos de estas crisis. Si bien la agricultura es en su mayor parte un fenómeno rural, la agricultura urbana puede ayudar a incrementar la capacidad de resistencia a los impactos externos de parte de la población urbana pobre y mejorar su acceso a las frutas y hortalizas frescas y a los productos animales. Este mecanismo tendrá particular importancia en zonas en las que la infraestructura inadecuada y las elevadas pérdidas durante el transporte se añaden a la escasez y alto coste de los productos agrícolas. Algunos agricultores urbanos podrían además ofrecer sus productos en los mercados locales, generando ingresos para ellos mismos y sus

familias"[23].

La FAO y el Comité de Agricultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (COAG) han puesto de relieve este fenómeno y han presentado propuestas sobre el tema en su reunión de enero de 1999 en Roma. También se han creado organizaciones de investigación y han surgido iniciativas internacionales desde en los inicios de la década de 1990, como la Red sobre la Agricultura Urbana (1993), el Grupo de Apoyo a la Agricultura Urbana (1996) y la Iniciativa Mundial sobre la Agricultura Urbana (1996), en la que participan importantes organismos internacionales y universidades con el objeto de impulsar la agricultura urbana y periurbana en países desarrollados y subdesarrollados[24]. Como consecuencia de este trabajo, y de los programas que desarrolla conjuntamente con los gobiernos de países en los que actúa,

"se estima que unos 800 millones de habitantes de ciudades de todo el mundo participan en actividades relacionadas con la agricultura urbana y periurbana, que les producen alimentos y generan ingresos. Una combinación de datos de censos nacionales, encuestas a hogares y proyectos de investigación señalan que hasta dos tercios de los hogares urbanos y periurbanos participan en la agricultura. Una gran parte de los productos de la agricultura urbana se destinan al consumo propio, mientras que los excedentes ocasionales se venden en el mercado local"[25].

Por otro lado, esta evolución refleja la preocupación por un modo productivo más sostenible. La agricultura ecológica producida localmente o en circuitos cortos es una alternativa y, al mismo tiempo, una posibilidad de desarrollar nuevos hábitos de alimentación, consumo y ocio. Además, respecto a los aspectos ambientales, la inserción de la naturaleza en las ciudades, no solo en forma de jardines y parques sino también en forma de huertos, recupera terrenos vacíos, ayuda en el ciclo del metabolismo urbano (agua, energía y materia) y contribuye a recuperar variedades locales, lo que aumenta la biodiversidad. Con relación a la dimensión humana y social, los huertos urbanos dan carácter e identidad a los espacios públicos que se transforman en recintos de participación, apropiación ciudadana y también de educación medioambiental.

Con diferentes objetivos que abarcan desde la propia subsistencia, la mejora de la alimentación, o el complemento de la renta familiar, hasta el ocio y la preocupación por consumir productos ecológicos con bajo coste, la práctica de la agricultura urbana está relacionada con una serie de cuestiones que reflejan la complejidad de la sociedad y muestra cómo sus necesidades promueven la organización ciudadana, que lleva a cambios de actitud en relación con el uso del suelo urbano que normalmente posee una calificación y una planificación definidas.

Es por esto que los huertos urbanos, principales representantes de la agricultura urbana, suscitan interés; y nada más oportuno que preguntarnos por qué y cómo en las últimas décadas una actividad mayoritariamente desarrollada en zonas rurales, aunque también en las periferias de las ciudades, ha ido ganando importancia y se ha extendido a pequeños espacios disponibles o en desuso en las medianas y grandes ciudades.

La agricultura urbana como solución a la inseguridad alimentaria y complemento de la renta familiar

Desde finales del siglo XX, y generalmente apoyados por la FAO, el número de países subdesarrollados donde se han promovido experiencias relacionadas con la agricultura urbana se ha incrementado. Con la finalidad de solucionar la carencia alimentaria, han sido los países que poseen poblaciones con mayor riesgo de inseguridad alimentaria los que, a partir de la década de 1990, han desarrollado algún tipo de normativa pública de incentivos para la agricultura urbana, tanto en las grandes ciudades como en otras poblaciones menores.

Aunque es difícil contabilizar su producción, ya que la actividad es reciente y las cifras cuantitativas son escasas, la agricultura urbana representa una realidad importante para muchos países en desarrollo. "Hasta un 70 por ciento de las familias urbanas participan en actividades agrícolas, según la primera cuantificación sistemática de la agricultura urbana realizada por la FAO, basada en datos obtenidos en 15 países en desarrollo y con economías de transición en las que existen estadísticas comparables (de la base de datos de las Actividades Generadoras de Ingreso Rural)"[26].

Según la misma organización, la productividad agrícola, sobre todo de hortalizas, ha crecido en las ciudades y en sus periferias. La práctica intensiva en pequeñas parcelas tiene un rendimiento alto y responde de inmediato a la necesidad urgente de alimentos. Por esto y por su carácter perecedero, se adapta a las zonas urbanas propias donde, si se adoptan técnicas correctas, la productividad

puede ser hasta 15 veces superior a la obtenida en la agricultura rural; algunos cálculos dan estos resultados. Estudios de la FAO revelan que "un micro-huerto de un metro cuadrado puede producir cualquiera de las siguientes cosechas: unos 200 tomates (30kg) al año; 36 piezas de lechuga cada 60 días; 10 coles cada 90 días; 100 cebollas cada 120 días"[27].

Los beneficios para la seguridad alimentaria derivados de la agricultura urbana, especialmente de la horticultura, en que participan hasta un 65 por ciento de las familias urbanas en algunos países subdesarrollados, se encuentran principalmente en un mejor acceso a alimentos adicionales y más nutritivos. Los hogares urbanos involucrados en estas prácticas suelen consumir una mayor cantidad de alimentos, a veces hasta un 30 por ciento más, y tienen una dieta más diversificada, como indica el incremento en la variedad de alimentos consumidos. Un mayor consumo relativo de hortalizas, frutas y productos cárnicos se traduce, en su conjunto, en un mayor insumo de energía y una mayor disponibilidad calórica, lo que puede ser crucial para algunos grupos sociales, como la población más pobre, las mujeres en edad reproductiva y los niños [28].

Las políticas que rigen esta actividad varían de acuerdo con los países, regiones o ciudades en función de las condiciones locales específicas, de las iniciativas sociales y del interés que pongan en ella los gobernantes. Por esto, en algunos países más comprometidos con los problemas de la insuficiencia alimentaria se han puesto en marcha medidas de cuño nacional, que abarcan varios sectores de la población y debido a esto tienen más posibilidades de éxito, mientras que en otros las políticas aún son tímidas ya que los proyectos se desarrollan en estados o ciudades muy concretas o con pocas ayudas.

Especificando los ámbitos que abarcan, tenemos en Latinoamérica dos grupos de países. Uno, en que los gobiernos han optado por una legislación de ámbito nacional, por lo tanto más amplia, lo que ha posibilitado que no solo las capitales si no también otras ciudades de mediano o gran tamaño posean algún tipo de incentivo para formar sus huertos.

Otro grupo, en que los proyectos son de carácter local o regional, que cuentan con la participación de las ONG y que tienen como blanco las poblaciones más pobres de las grandes áreas metropolitanas. Caracas, Bogotá, Ecuador, Lima, La Paz, Asunción, Ciudad de México, Guatemala y más recientemente Managua son ciudades que cuentan con planes más consistentes, aunque con características dispares.

En el primer grupo está Cuba, quién tomó la delantera en América Latina, impulsando un plan nacional de incentivo a la agricultura hidropónica urbana y periurbana en un momento de fuerte crisis alimentaria, provocada por la caída de la URSS, con quién mantenía el 80 por ciento de su comercio exterior. Casi siempre practicada en forma de huertos intensivos y organopónicos que, además de aumentar el número de empleos, más de 22.000 hasta el año 2007, incrementó la producción de hortalizas y condimentos frescos en el área urbana de La Habana, con lo que aumentó de 20 mil toneladas en 1997 a 280 toneladas en 2007[29].

En Argentina la puesta en marcha del programa Pro-Huerta estuvo relacionado con el período de recesión por el que pasó el país durante la década de 1990, cuando se produjo la quiebra de numerosas empresas y la desaparición de miles de puestos de trabajo. Desde 2003 y dentro de las Políticas de Inclusión Social se puso en marcha, con apoyo de la FAO, el programa Huertas Bonaerenses con el objetivo de estimular el cultivo de productos de subsistencia a ciudadanos con bajos ingresos. Pretende desarrollar 160.000 huertos familiares y escolares, y 4.500 comunitarios. En 2006 solo la ciudad de Rosario poseía 800 huertas urbanas comunitarias[30].

En Brasil, el Ministério de Desenvolvimento Social e Combate a Fome (MDS) promueve la política nacional de agricultura urbana como parte de sus acciones para garantizar la soberanía alimentaria y nutricional de la población más pobre. Inicialmente el incentivo a la agricultura urbana formaba parte del Plano Nacional de Segurança Alimentar e Nutricional (Fome Zero) y del Programa de Aquisição de Alimentos de la Agricultura Familiar, en el que participan principalmente los agricultores familiares que no tienen acceso a las líneas de crédito del Programa Nacional de Fortalecimento da Agricultura Familiar (PRONAF)[31].

A partir de 2008 se crearon 14 Centros de Apoio a Agricultura Urbana e Periurbana (CAAUP) con el objetivo de atender una demanda específica de la población que reside en las regiones metropolitanas, y que en 2006 contaba con más de 600 iniciativas de agricultura urbana y también

periurbana, en su mayoría sin apoyo institucional. Desde 2010 son 23 las áreas metropolitanas beneficiadas con el programa[32]. Se ha señalado que:

"Cada Centro desarrolla acciones de formación, asistencia técnica y fomento que benefician directamente a miles de agricultores urbanos, a la vez que consolida espacios multiactorales que promueven la agricultura urbana en las regiones metropolitanas como parte de la política nacional de seguridad alimentaria. En Brasil, la política de seguridad alimentaria y nutricional incluye la implementación y funcionamiento de restaurantes populares, cocinas comunitarias, bancos de alimentos y la compra directa de alimentos a los agricultores familiares a través del Programa de Adquisición de Alimentos (PAA)[33]".

Este programa fomenta actividades agrícolas en pequeñas áreas urbanas y periurbanas ociosas que se destinan a cultivos de subsistencia y que pueden generar renta. También financia la

industrialización y comercialización de los alimentos cosechados

[34] .
[34] .

Venezuela y México cuentan con el apoyo técnico de Cuba y promueven políticas que abarcan diversas áreas metropolitanas. En Venezuela el Proyecto Simon Bolivar está en vigor desde 2007 e incentiva la formación de huertos familiares, comunitarios y escolares. En enero de 2010 había 75 huertos familiares, 23 huertos comunitarios y 12 huertos escolares en 36.618 metros cuadrados y una producción estimada de 95.344 kilos de alimentos, que se distribuyeron entre las familias más vulnerables de cada comunidad, se vendieron en ferias agrícolas y se destinaron al autoconsumo. Extendido en 50 municipios de 21 estados del país, este proyecto atendió a unas 1.440

familias[35].

En México, desde 2007 la Secretaría de Desarrollo y Equidad para las Comunidades (CEDEREC) de la Ciudad de México apoyó 21 proyectos de agricultura urbana que se realizaron con la finalidad de incorporar los ciudadanos a la producción de alimentos dentro de las ciudades, en los cascos urbanos de los pueblos y asentamientos periurbanos, con principios de agricultura sostenible y aplicando métodos intensivos, con la finalidad de crear estabilidad de la fuerza de trabajo y una producción diversificada. En las zonas netamente urbanas, los agricultores son ciudadanos que han convertido todo o parte de su jardín, azoteas y balcones en cultivos de hortalizas. Se practican igualmente la agricultura vertical, es decir, macetas colocadas en baldes superpuestos, la cría de ganado menor y mayor, y los huertos comunitarios[36]. Este apoyo institucional beneficia tanto a la Ciudad de México cómo algunos municipios de Jalisco(Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco de Zúñiga). Se estimó que en 2010 pueden haber participado de estas actividades unas 8.000 personas[37].

En Colombia, en las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena, los gobiernos locales, el Jardín Botánico de Bogotá e instituciones internacionales han capacitado a más de 50 mil personas en técnicas para el cultivo en espacios urbanos. En el departamento de Antioquia, cuya capital es Medellín, existen 7.500 huertos en 90 municipios[38]. Se trata de iniciativas complementarias al Plan MANA (Programa de Mejoramiento Alimentario y Nutricional) y al "Bogotá sin hambre", ya existentes.

En Perú destacan, el Programa Cosecha Urbana del Centro Internacional de la Papa y una Red de Agricultores Urbanos compuesta por más de 2.800 miembros[39]. En Bolivia sobresale el Proyecto de Micro-jardines Populares, desarrollado con el apoyo del gobierno belga y de la FAO en el municipio El Alto, densamente poblado y pobre[40].

Los huertos y micro-huertos también son una solución para el suministro de alimentos en situaciones catastróficas. Fueron incentivados en Indonesia, después del tsunami de 2004, y en Haití entre las víctimas del terremoto de enero de 2010. Pero no solamente en estos casos. Estudios realizados en Senegal pusieron de manifiesto que un 35 por ciento de los productos se destinan al consumo de la familia, mientras que el resto se vende. En Dakar más de 4.000 habitantes urbanos, sobre todo mujeres, montaron micro-huertos en sus patios y terrazas. Los ingresos comunes de un micro-huerto de 10 m2 de una familia van de 15 USD a 30 USD mensuales[41].

Los huertos en las azoteas de El Cairo comenzaron en el inicio de la década de 1990, cuando en la Universidad Ain Shams, un grupo de profesores de agricultura desarrolló una iniciativa para cultivar verduras orgánicas en las ciudades egipcias con gran densidad de población. La iniciativa se aplicó a pequeña escala, hasta que fue oficialmente adoptada por la FAO[42].

Según la FAO, la agricultura urbana goza de particular importancia en países de bajos ingresos, como Malawi, Nepal y Vietnam; y también en economías más desarrolladas como Panamá donde un

porcentaje elevado de familias urbanas se dedica a estas actividades agrícolas. En tres cuartas partes de los países analizados, el porcentaje de familias urbanas que participan en la producción agrícola yen menor medidaganadera, sobrepasa el 30 por ciento. En otros países, como Indonesia, el porcentaje es mucho menor, pero no está claro si estas diferencias se deben a factores económicos, a normativas o metodologías de medición de la agricultura en áreas urbanas[43].

Asimismo se estima que más del 90 por ciento de los hogares en que se practica la agricultura urbana, conserva y almacena parte de su producción. La meta de esta agricultura, en todo caso, ha sido crear instrumentos para incrementar de forma sostenible la suficiencia alimentaria, aumentando la oferta de productos en el mercado e influyendo en esta medida en la reducción de sus precios, aunque como sabemos, éstos dependen mucho más del mercado internacional y de las tasas de cambio que de los procesos internos de oferta y demanda.

Además los inputs agrícolas, representados principalmente por los fertilizantes y agrotóxicos, también son establecidos por el mercado internacional, provocando, por un lado, el alza de precios de los productos agrícolas y, por otro, contribuyendo a la pérdida de eficiencia natural de los suelos y al deterioro medioambiental[44].

Estos son algunos de los motivos por los que en las áreas más pobladas y pobres del planeta urge aplicar políticas que incentiven todo tipo de prácticas agrícolas ecológicas, incluso los huertos y micro-huertos urbanos, ya que promueven la sustitución de la importación de alimentos por la producción propia[45]. También es un camino hacia una disminución de la creciente brecha entre ricos y pobres y para frenar el avance de los graves problemas medioambientales existentes. Y para ello son determinantes tanto la participación ciudadana y el acceso a la información, cómo el compromiso político para la continuidad y ampliación de los proyectos existentes y la creación de condiciones que favorezcan además, el surgimiento de nuevas experiencias que promuevan la mejora de la calidad de vida entre la población más pobre. Condiciones ya alcanzadas en los paises desarrollados y que se refleja en el planteamiento dado a los huertos urbanos como veremos a continuación.

La agricultura urbana como alternativa para el consumo de productos ecológicos, la educación medioambiental y el ocio

El consumo de productos de buena calidad y la preocupación con la agricultura sostenible está implícita en los programas de agricultura urbana, con vistas a resolver problemas de deficiencia alimentaria en los países subdesarrollados, aunque en los países desarrollados esta preocupación también existe y obviamente está desvinculada de la deficiencia alimentaria.

Esto es así porque, aparte de situaciones específicas como fueron las dos grandes guerras mundiales y otros períodos de hambruna que asolaron Europa en diferentes siglos, estos países han vivido en las últimas décadas un período de suficiencia alimentaria y nutricional que ha hecho que los huertos perdiesen la importancia que tuvieron en períodos de dificultad.

Sin embargo una vez satisfechas las necesidades primarias, aparecen otras que están implícitas en un nuevo discurso que reivindica más calidad de vida en las ciudades, la sostenibilidad medioambiental y la integración social. Todo esto está relacionado con la inmigración hacia las ciudades y con la densificación de éstas; con nuevas exigencias, como la de estar en contacto con la naturaleza y consumir productos naturales, y también con experiencias como las de los huertos urbanos.

Para que se haya producido esta nueva actitud, la información y la concienciación han sido clave. El interés por alimentos libres de componentes sintéticos y que promueven el equilibrio del ecosistema ha puesto de manifiesto que la agricultura comercial y a gran escala, forma parte de sistemas agrarios que a partir de la "revolución verde" incrementaron de forma descontrolada la energía externa, representada principalmente por los agrotóxicos y fertilizantes, y que esto ha reducido drásticamente la eficiencia de los suelos y la disminución de la calidad de los alimentos. Un informe de la Comisión Europea demuestra que el consumo de productos ecológicos está creciendo a tasas anuales próximas al diez por ciento en los principales países miembros[46].

También ha contribuido a esta nueva postura, la percepción de que el consumo de alimentos ecológicos adquiridos mediante venta directa o circuitos cortos disminuye los gastos de transporte y

la contaminación, y refuerza los productos endémicos. Una condición que creemos necesaria para frenar los efectos de la creciente huella socio-ecológica ambiental, resultado de un deterioro del medio natural sin parangón que nos está llevando a una situación insostenible y que solo se resolverá a medida que consigamos aplicar nuevos conceptos de desarrollo[47].

En este sentido son importantes los movimientos urbanos alternativos y contraculturales que reivindican una sociedad más justa y más respetuosa con el medioambiente, como el Movimiento 15 M que se inició en Madrid en la Puerta del Sol el 15 de mayo de 2011. Extendido por la mayoría de las ciudades españolas y contando con el apoyo de organizaciones sociales como las asociaciones de vecinos (AA.VV.), grupos de ecologistas y anti-sistema, como los denominados okupas, estos movimientos promovieron, durante sus acampadas, charlas y talleres, y construyeron colectivamente, en medio de la Puerta del Sol en Madrid y en los jardines de la Plaza Cataluña en Barcelona, huertos urbanos (figuras 5 y 6). Conocidos como "huertos de los indignados", simbolizaron, según sus organizadores, por un lado, la necesidad de que se introduzcan las cuestiones ambientales en el centro de la agenda política; y por otro, representaron la posibilidad de crear nuevas zonas verdes que diversificaran el paisaje urbano y promovieran espacios interclasistas e intergeneracionales de encuentro y participación ciudadana, además de ser una herramienta para promover la educación

ambiental[48].

la contaminación, y refuerza los productos endémicos. Una condición que creemos necesaria para frenar los efectoso [47] . En este sentido son importantes los movimientos urbanos alternativos y contraculturales que reivindican una sociedad más justa y más respetuosa con el medioambiente, como el Movimiento 15 M que se inició en Madrid en la Puerta del Sol el 15 de mayo de 2011. Extendido por la mayoría de las ciudades españolas y contando con el apoyo de organizaciones sociales como las asociaciones de vecinos (AA.VV.), grupos de ecologistas y anti-sistema, como los denominados okupas , estos movimientos promovieron, durante sus acampadas, charlas y talleres, y construyeron colectivamente, en medio de la Puerta del Sol en Madrid y en los jardines de la Plaza Cataluña en Barcelona, huertos urbanos (figuras 5 y 6). Conocidos como "huertos de los indignados", simbolizaron, según sus organizadores, por un lado, la necesidad de que se introduzcan las cuestiones ambientales en el centro de la agenda política; y por otro, representaron la posibilidad de crear nuevas zonas verdes que diversificaran el paisaje urbano y promovieran espacios interclasistas e intergeneracionales de encuentro y participación ciudadana, además de ser una herramienta para promover la educación ambienta l [48] . Figuras 5 y 6. Fotos de huertos construidos en las acampadas del Movimiento M 15 de Madrid (a izquierda) y Barcelona (a derecha) Fuente: < http://www.aavvmadrid.org/index.php/aavv/Galeria- de-fotos/Huerto-de-la-acampada-del-15-M-en-la-Puerta-del-Sol > y foto de Miriam H. Zaar (24-5- 2011) Apuntando en esta dirección, en Europa también aumenta el interés y se amplían las áreas destinadas a los huertos particulares y comunitarios en las ciudades. Principalmente por la preocupación por hábitos saludables y la necesidad de estar en contacto con áreas verdes, donde los índices de CO2 son ínfimos o inexistentes, donde abunda el O2, como en los bosques, jardines y huertos; y que está asociada a dos tipos fundamentales de proyectos. En uno está presente la educación ambiental y el aprendizaje sobre los ciclos productivos en los que participan niños y jóvenes; el otro está relacionado con el ocio y la posibilidad de relacionarse y de asociarse mediante diversas actividades realizadas paralelamente a las prácticas agrícolas, como reuniones sociales, comidas y fiestas. En ambos casos, están implícitos, la producción de alimentos de calidad con bajo coste y el compromiso medioambiental. Se trata de un nuevo estilo de vida en que la cultura de lo rural tiene un papel importante en la biodiversidad de las ciudades (microclima, calidad del aire, suelos, estética urbana, etc ) [49] , y " id="pdf-obj-12-16" src="pdf-obj-12-16.jpg">

Figuras 5 y 6. Fotos de huertos construidos en las acampadas del Movimiento M 15 de Madrid (a izquierda) y Barcelona (a derecha) Fuente:<http://www.aavvmadrid.org/index.php/aavv/Galeria- de-fotos/Huerto-de-la-acampada-del-15-M-en-la-Puerta-del-Sol> y foto de Miriam H. Zaar (24-5-

2011)

Apuntando en esta dirección, en Europa también aumenta el interés y se amplían las áreas destinadas a los huertos particulares y comunitarios en las ciudades. Principalmente por la preocupación por hábitos saludables y la necesidad de estar en contacto con áreas verdes, donde los índices de CO2 son ínfimos o inexistentes, donde abunda el O2, como en los bosques, jardines y huertos; y que está asociada a dos tipos fundamentales de proyectos. En uno está presente la educación ambiental y el aprendizaje sobre los ciclos productivos en los que participan niños y jóvenes; el otro está relacionado con el ocio y la posibilidad de relacionarse y de asociarse mediante diversas actividades realizadas paralelamente a las prácticas agrícolas, como reuniones sociales, comidas y fiestas. En ambos casos, están implícitos, la producción de alimentos de calidad con bajo coste y el compromiso medioambiental.

Se trata de un nuevo estilo de vida en que la cultura de lo rural tiene un papel importante en la biodiversidad de las ciudades (microclima, calidad del aire, suelos, estética urbana, etc)[49], y

promueve el contacto con la naturaleza, el ocio y el desarrollo de las relaciones sociales en una sociedad cada vez más multicultural.

Con este abanico de propósitos existen muchas experiencias interesantes en Europa Occidental, aunque aquí citaremos algunas que consideramos más representativas, sea por su carácter público, por su especificidad o porque abarque áreas más amplias. Una de ellas se está produciendo en Londres, y tiene como objetivo convertir para 2012, un total de 2.012 fincas en huertos urbanos. El proyecto se denomina Capital Growth y está siendo impulsado por Boris Johnson, alcalde de la capital inglesa. Tiene como objetivo transformar espacios urbanos públicos o privados, vacíos o subutilizados en oases of food growing en el que hasta ahora se comprometieron más de 35.000

londinenses[50].

Además de éste, destaca también en Londres el programa Making Local Food Work, impulsado por diferentes asociaciones, y el Good Food Camden, de iniciativa local, y que plantea aumentar la disponibilidad de alimentos frescos entre la población con rentas más bajas. Como resultado de estas iniciativas, en 2006 había en Londres 737 allotments que se distribuían no solo en los municipios periféricos sino también en 29 de los 32 municipios del Gran Londres[51].

En Francia, con el objetivo de frenar la fuerte expansión urbana de la región parisiense en los años 1960 y preservar espacios verdes y otros destinados a la agricultura urbana y periurbana se creó, en la década de 1980 la Ceinture Verte con más de 90.000 hectáreas y situado entre 10 y 30 kilómetros del centro de París[52].

A él siguió en 2001 otro proyecto denominado Triangle Vert, que abarca una zona fuertemente urbanizada situada a menos de 25 kilómetros de París. De su espacio total de 4.800 hectáreas, 1.716 se destinan para la agricultura y están repartidas entre unos treinta agricultores, la mayoría profesionales aunque también trabajan personas jubiladas. La meta es asegurar el mantenimiento y el desarrollo de la agricultura favorecida por la proximidad con la urbe y al mismo tiempo reconocer el valor medioambiental, paisajístico y cultural del lugar[53].

En Alemania, país de gran tradición de jardines hortícolas privados, se ha promovido en los últimos años la diversificación de éstos y la construcción de huertos urbanos. Además está en marcha desde 2003 el proyecto los Jardines Interculturales (Stiftung Interkultur), que en mayo de 2011 contaba con 112 jardines en 14 länders (estados federados)[54]. Como resultado de esta tradición y de las iniciativas de la asociaciones locales de jardines comunitarios y de sus agrupaciones, en 2005 el 4,5 por ciento de su superficie estaba ocupada con huertos que se concentraban en los bordes de Berlín, al norte (distrito de Pankow) y sureste (distrito de Treptow-Köpenik), colindantes con áreas de verde urbano, con grandes terrenos desocupados o con zonas boscosas del norte[55].

En Suiza, la ciudad de Renens ha creado más de 45 huertos en áreas de Censuy y 12 en Simplon en los últimos dos años. Al total existen 249 parcelas de huertos urbanos[56].

En Italia, al norte de Milán, los huertos urbanos datan de la década de 1980 y tienen como objetivo crear una conexión entre el Parco Nord Milano y la ciudad[57]. Además el proyecto Orti Urbani creado en diciembre de 2006 por Italia Nostra, Associazione Nazional per la Tutela del Patrimonio Storico, Artístico e Naturale Della Nazione ha hecho un llamamiento a todos los propietarios de superficies verdes de todo el país que se unan a su causa y que las transformen en jardines, huertos o parques "culturales". Con una preocupación ambiental, promueve seminarios, conferencias además de divulgar experiencias y hacer denuncias[58].

En Portugal existen diferentes iniciativas en varias ciudades que tienen como objetico crear espacios verdes y producir alimentos ecológicos. Una de ellos es el Plano Verde que pretende crear corredores conectando los parques de la ciudad de Lisboa que poseen huertos urbanos en zonas próximas a la capital, a lo largo de un anillo de 7 kilómetros[59]. Otra es el programa Horta de Cascais creado en este municipio en 2010 con el objetivo de potenciar la calidad de vida de los ciudadanos y la calidad medioambiental del territorio. Además, en el área urbana de Braga con 32 kilómetros cuadrados había en 2007 cerca de 10 kilómetros cuadrados ocupados con huertos familiares[60]; y en Oporto, había en octubre de 2009 doce huertas distribuidas en una superficie de 2,5 hectáreas, con 350 usuarios y una larga lista de espera de 700 personas[61].

En España, a partir de la década de 1990, urbanitas de diferentes ciudades se han puesto de acuerdo para solicitar la puesta en marcha de reglamentos que no solo permitan sino que incluso fomenten los

huertos en solares urbanos. Esto ha hecho que algunas administraciones públicas inicien el proceso de regulación de uso de terrenos municipales para huertos urbanos. Pero en muchos casos son las asociaciones, colectivos o comunidades de vecinos los que por su propia iniciativa aprovechan solares en desuso o parcelas abandonadas para organizar huertos y otros espacios comunitarios.

En Madrid existen muchas iniciativas de estas características. Unas promovidas por asociaciones de vecinos, otras por instituciones educacionales y fundaciones. Una de ellas está situada en la calle Doctor Fourquet, nº 24, en el barrio de Lavapiés muy denso y sin espacios verdes. Impulsado por el colectivo de vecinos denominado ¡Esto es una plaza!, el huerto comunitario funciona como un lugar de intercambio y desarrollo del tejido social con espacios de cultura, deporte y ocio, según se puede observar en la figura 7. Antes de 2008 era un espacio abandonado desde hacía más de 30 años. El fuerte apoyo de los vecinos hizo que en diciembre de 2009 el Ayuntamiento les diera una cesión por 5

años[62].

Figura 7. Distribución del espacio social colectivo ¡Esto es una plaza!, Madrid Fuente: <http://estaesunaplaza.blogspot.com/2010/01/queremos-recordar.html> Otra iniciativa
Figura
7.
Distribución
del
espacio
social
colectivo ¡Esto
es
una
plaza!,
Madrid
Fuente: <http://estaesunaplaza.blogspot.com/2010/01/queremos-recordar.html>
Otra iniciativa la
encontramos
en
el Barrio
del
Pilar,
en
el
que
la Asociación de Vecinos La
Flor gestiona desde 2007 el huerto comunitario Corcubión. En él participan los vecinos plantando
hortalizas de temporada. Está situado en la Plaza de Corcubión y era un espacio anteriormente en
desuso[63].

También podemos citar el Huerto Comunitario de Ventilla (Tetuán), promovido por la Asociación Vecinal Ventilla-Almenara y la Asociación Radio Almenara. Comenzó en 2009 con una subvención del Ayuntamiento de Madrid, desarrolla varios proyectos y talleres (figura 8)[64].

8. Vecinos trabajando en el Huerto Comunitario de Ventilla, Madrid Fuente: < http://www.aavvmadrid.org/index.php/aavv/Minisitios/Huertos-urbanos/Mapa-de-huertos-
8.
Vecinos
trabajando
en
el Huerto
Comunitario
de
Ventilla,
Madrid
Fuente:
< http://www.aavvmadrid.org/index.php/aavv/Minisitios/Huertos-urbanos/Mapa-de-huertos-

Con características diferentes, en 2011 la Fundación Carmen Pardo-Valcarce, que trabaja con personas discapacitadas, ha puesto en marcha el proyecto medioambiental Rus in Urbe. Nos

referimos a la Huerta de Montecarmelo localizada al norte de la ciudad de Madrid que cuenta con 146

huertos de 20 metros cuadrados, que alquilan por 85 € al mes y son trabajados parcialmente por

jóvenes descapacitados. Asimismo poseen expertos que crean y diseñan huertos urbanos y asesoran a personas que quieren conseguir el máximo rendimiento de sus huertos[65].

También hemos encontrados en Madrid, huertos que tienen como finalidad la educación medioambiental. El Huerto Urbano Ecológico Siglo XXI, en Maratalaz, el huerto universitario de la escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos y el del grupo GRAMA (Grupo de Acción para el Medio Ambiente).

En Sevilla una de las experiencias de huerto urbano más antiguas la encontramos en el Parque de Miraflores, Barrio de la Macarena. Se trata del Programa Huerta Las Moreras con 20 años de existencia, ocupa 5 hectáreas del referido parque con varios subprogramas, entre los que destacamos el del huerto de ocio y el de los huertos escolares. Para el huerto de ocio, "se dispone de 160 parcelas que oscilan entre 75 y 150 m 2 de agricultura hortofrutícola o floral en terreno municipal, destinándose los productos de la misma al autoconsumo"[66].

Otra experiencia es la Huerta del Rey Moro que está localizada en la calle Enladrillada y es el mayor espacio público no urbanizado en el casco histórico de Sevilla. El destino del solar era otro, la construcción de viviendas; sin embargo la oposición de los vecinos que reivindicaban un espacio verde, hizo que el ayuntamiento se volviera atrás y lo transformase en un espacio público de 5.000 metros para actividades comunitarias.

Este cambio de uso del suelo urbano posibilitó la conservación de una área con importante valor arqueológico ya que allí se encuentran restos de una antigua huerta del siglo XV y la Casa del Rey Moro de finales del mismo siglo, considerada la más antigua construcción doméstica tras el Alcázar de Sevilla. Coordinado por la Asociación de Amigos de la Huerta del Rey Moro "La Noria", en este solar se desarrollan actividades culturales, ecológicas y comidas populares, etc. Para las actividades medioambientales se creó un programa de huertos escolares en que unos 2.000 alumnos han realizado múltiples jornadas de trabajo en torno a la cultura hortofrutícola. En el huerto colectivo

participan unos 150 vecinos y produce frutas como higos, moras, nísperos, limones, naranjas y hortalizas de temporada[67].

Además no podemos dejar de mencionar los 250 huertos ecológicos existentes en el Parque Tamarguillo. Un espacio verde que sirve de refugio y reproducción a diferentes especies de aves y pequeños animales. Los hortelanos crearon la Asociación de Agricultores Ecológicos y Cultural que reivindica la cancelación de las obras de una autopista que dividiría el parque en dos, destruyendo parte de los huertos y del ecosistema que conforma el parque[68].

En Barcelona, como en Madrid y Sevilla, las iniciativas son diversas y están vinculadas a la demanda popular, en la mayoría de las veces representada por las asociaciones de vecinos. Una de estas iniciativas lo promueve el ayuntamiento, a través del Institut Municipal de Parcs i Jardins de Barcelona poniendo en marcha un programa de huertos que situados en terrenos públicos cuenta en 2011 con una red de 12 parcelas que tienen entre 20 y 40 metros cuadrados y que están dotadas de infraestructura suficiente para el cultivo biológico. En el programa pueden participar solo los jubilados mayores de 65 años [69].

Además de esta pequeña red de huertos urbanos municipales, tienen importancia otras experiencias impulsadas por asociaciones de vecinos y comunidades. Aunque este tema será profundizado en una investigación posterior, tratamos aquí de algunas iniciativas más sólidas. Una de ellas se localiza en la masía Can Masdeu, ocupada desde diciembre del 2001 y que involucra a muchas familias y grupos de Nou Barris. En su huerto comunitario formado por parcelas en torno a la masía, unas 80 personas entre 20 y 85 años, cultivan en grupos o de forma individual hortalizas, varios tipos de legumbres, hierbas medicinales y aromáticas, etc. Desarrollan un proyecto de educación medioambiental para niños y jóvenes y otras actividades sociales de tipo lúdico (figura 9)[70].

Figura 9. Huerto comunitario de la masía Can Masdeu, Barcelona. Foto: Miriam H. Zaar (29-4-2011)
Figura 9. Huerto comunitario de la masía Can Masdeu, Barcelona. Foto: Miriam H. Zaar (29-4-2011)

Otra iniciativa está situada en el centro histórico de Barcelona, en el Barrio de Sant Pere, en la plaza Pou de la Figuera, y se denomina L'hortet del forat. Su origen está vinculado al proceso de reurbanización de la zona y a la reivindicación vecinal de espacios comunes. Se localiza en un espacio que estaba abandonado y en él se planteaba la construcción de un hotel y un parking[71]. El huerto es comunitario y tiene como objetivo promover un cambio de actitud respecto a las cuestiones ambientales, para esto promueven charlas de concienciación, organizan talleres que incluyen el aprendizaje de diferentes aspectos inherentes al cultivo, incluso el proceso de compostaje. Con los productos cosechados elaboran comidas populares (figuras 10 y 11)[72].

10 y 11. L'hortet del Forat, Plaza Pou de la Figuera, Barcelona. Fuente:
10
y
11.
L'hortet
del
Forat,
Plaza
Pou
de
la
Figuera,
Barcelona.
Fuente:

<http://lhortetdelforat.blogspot.com/> Fechas: 7 de abril de 2010

Además de los huertos que ya están "dando frutos" existen otros que todavía están en proceso de busqueda de áreas disponibles y legalización de las actividades. Uno de ellos es el Projecte d'horts urbans al Poble Sec, también en un barrio central de Barcelona. Para ello se unieron y están trabajando, desde julio de 2010, dos asociaciones de vecinos: la Associació de Veïns de Satalia y la Associació de Veïns de Poble Sec. El informe preliminar señala que tienen como objetivos promover una alimentación más saludable y mejorar los aspectos social, medioambiental y paisajístico del barrio[73].

En la América anglosajona la agricultura urbana también está presente y los objetivos principales son el consumo de alimentos de calidad y el trabajo en comunidad, aunque, cada caso tiene sus peculiaridades. Entre los ejemplos más sobresalientes están las políticas desarrolladas en las ciudades de Detroit (EE.UU.) y Vancouver (Canadá) que comentaremos a continuación.

En Detroit, y dando continuidad a otras experiencias desarrolladas anteriormente, The Garden Resource Program ha promovido la ocupación de grandes espacios públicos y de barrios industriales en desuso que suman unas 74.000 hectáreas. El resultado ha sido la construcción de un amplio número de huertos colectivos cultivados con hortalizas legumbres y frutales. Esta y otras propuestas individuales o colectivas, como la de las granjas comerciales, pretende, por un lado, resolver el problema de los solares vacantes localizados en antiguas áreas industriales y transformar la ciudad en un líder nacional de producción de alimentos provenientes de la agricultura urbana. Por otro, corregir los hábitos alimentarios y de salud de la población, y promover la recuperación de estos barrios respecto al cambio de uso del suelo, formación de áreas verdes y seguridad ciudadana. Los mayores problemas son el agua y los suelos industriales contaminados por metales pesados y otros elementos químicos.[74].

Vancouver, una de las ciudades con gran calidad de vida, también ha optado por incentivar la práctica de agricultura urbana en espacios públicos o infrautilizados. Según el Vancouver Food Policy Council,esta actividad además de administrar alimentos, promueve el desarrollo local e involucra a sus habitantes en el sistema local de producción de alimentos. En 2010 había 80 huertos comunitarios ocupando más de 6 hectáreas. De ellos, 61 se encontraban en terrenos públicos y 19 en áreas privadas cultivadas individual o colectivamente. En 2002, el 44 por ciento de los hogares vancuveritas poseían huertos.

Además, y con la finalidad de estimular los circuitos cortos, se fomentan las empresas de agricultura urbana para que provean la demanda local. En 2010 ocho empresas utilizaban unos 9.300 metros cuadrados de patios y otras parcelas urbanas para cultivar alimentos[75].

En este contexto, los huertos urbanos así como los parques y jardines, son una oportunidad para que los habitantes de las ciudades entren en contacto con la naturaleza. Además, presentan otras ventajas importantes: son indicadores de un cambio de valores, recuperan espacios urbanos abandonados o degradados, satisfacen parte de la demanda de productos ecológicos de bajo coste, fomentan las relaciones sociales, y el intercambio de experiencias y productos, ya que se trata también de áreas de ócio al aire libre. Aunque, como hemos visto, la iniciativa ciudadana individual o colectivamente, casi siempre es quien toma las decisiones para la implantación de huertos urbanos; las administraciones públicas, con diferentes niveles de compromiso, también han colaborado y apoyado proyectos para la creación y el mantenimiento de espacios verdes urbanos y periurbanos en que las actividades hortícolas tienen un papel destacado.

Huertos urbanos: ¿un concepto similar para ricos y pobres?

Hemos visto a lo largo de este artículo, como en una sociedad predominantemente urbana, con una economía cada día más globalizada y concebida como de "crecimiento ilimitado" y de urbanización generalizada [76], el consumo de productos ecológicos cultivados colectivamente y en área urbanas está adquiriendo un creciente interés en todo el mundo. Una realidad que la geógrafa Josefina Gomez Mendoza, reflejó en una frase que introduce su obra sobre el Madrid decimonónico:

"La ciudad moderna ha querido expulsara la naturaleza hasta sus confines, sin lograrlo." [77] y que evidencia cómo, contra muchos intereses, la naturaleza no solo ha conseguido sobrevivir en este espacio, sino que ha ido ampliándolo favoreciendo así una ciudad más humana y sostenible.

En la introducción de este artículo hemos señalado que nuestro objetivo es analizar porque en las últimas décadas, la naturaleza en forma de huertos y micro huertos se ha multiplicado en los espacios urbanos y cómo algunos factores, entre ellos, la concienciación, la organización ciudadana y en algunos casos el apoyo institucional han sido imprescindibles para esto. Sin embargo, al concluir esta primera fase de nuestra investigación, creemos importante señalar algunos aspectos fundamentales sobre lo que hemos estudiado. Uno de ellos es el hecho de que las razones por las que se han impulsado los huertos urbanos en países desarrollados y subdesarrollados están vinculadas entre si, aunque, de forma general, pueden presentar, según la realidad de cada región o país, características diferentes. Así, no podemos decir que los motivos que impulsan a europeos y latinoamericanos a cultivar sus huertos sean exactamente los mismos, pero si podemos afirmar que entre los que participan de esta actividad, existe, de los dos lados del Atlántico, un porcentaje importante de ciudadanos que actúan con objetivos idénticos.

Es muy probable que un número significativo de latinoamericanos cultiven huertos en su ciudad porque les preocupa consumir productos de calidad y que, así como ocurre en Europa, el camino más corto y económico es el huerto propio. Además, pese a que los problemas de acceso a la alimentación básica están resueltos en Europa, los períodos de crisis y de altas tasas de paro como el actual pueden transformarse en ocasiones oportunas para el desarrollo de esta actividad ya que proporciona alimentación sana, trabajo al aire libre, al mismo tiempo que fomenta las relaciones sociales.

Otro aspecto que merece ser comentado es que el proceso de densificación urbana es global y que muchos habitantes de las medianas y grandes ciudades en cualquier ciudad del mundo tienen las mismas necesidades de disfrutar de áreas de ocio al aire libre, de participar de actividades sociales y de debatir los problemas ambientales que les afectan, así como promover la educación medioambiental.

En este mismo contexto encontramos otra ventaja en la agricultura

urbana,

que

és

el

―enverdecimiento‖ de las ciudades asociado a la mejora el paisaje urbano

y

a

las

condiciones

ambientales;

y

del

cual

deberían

participar

todas

las

ciudades

densamente

pobladas,

independientemente de su nivel de desarrollo.

Un tercer aspecto, no menos importante, es la iniciativa popular que dependiendo del grado de organización posee mayor o menor capacitad para presionar a sus gobiernos y está presente en todos los países democráticos.

Se trata de un proceso que, como ya hemos comentado, presenta singularidades, pero no es dicotómico. Aunque a primera vista tenemos la impresión que existe un abismo entre las razones por las que se cultivan huertos urbanos en países desarrollados y subdesarrollados, en realidad no es así. La simbiosis de elementos, como la realidad local, puede dar origen a experiencias análogas tanto en unos como en otros, porque el concepto "huerto urbano" es similar.

Así, por ejemplo, cuando la FAO estima que en algunos países en desarrollo, más de la mitad de los hogares urbanos practican algún tipo de agricultura urbana en patios traseros, azoteas, jardineras, huertos comunitarios, escuelas, hospitales y tierras públicas libres, o cuando señala que la agricultura urbana también genera microempresas, que suelen dedicarse a la producción de fertilizantes orgánicos, o al procesamiento y la venta de alimentos, describe una realidad que podría darse también en el primer mundo. Sin embargo cuando señala que esta producción puede aportar hasta el 60 por ciento de las necesidades alimenticias de una familia, mejora substancialmente la nutrición y permite a éstas gastar una parte mayor de sus ingresos en otras necesidades, como educación y salud, entendemos que está aludiendo a países en los que parte de la población posee bajos

ingresos[78].

En este contexto, creemos que los huertos urbanos representan mucho más que un lugar de conexión física entre las ciudades, el medio rural y la agricultura, ya que por las diversas razones comentadas promueven la mejora de la calidad de vida en las ciudades. Como parte de la solución de problemas relacionados con la insuficiencia alimentaria, la calidad de los alimentos o la degradación ambiental provocada por los inputs agrícolas, la industria y el comercio de productos a través de los circuitos largos, la iniciativa de construir huertos urbanos ha asociado a muchas personas y suscitado debates para la búsqueda de una economía alternativa en una sociedad menos consumista y socialmente más justa.

A ello han contribuido tanto las políticas públicas, como las iniciativas de organizaciones sociales o particulares y los últimos avances tecnológicos de información y comunicación (TIC) como Internet y sus redes sociales, haciendo que comunidades de huertos urbanos de diferentes regiones y países encuentren en el ciberespacio una oportunidad para intercambiar ideas y experiencias.

En esta dirección, el debate sobre cómo hacer que las ciudades sean más sostenibles ecológicamente, ha dejado claro que la concienciación de los ciudadanos y la tecnología tienen un papel fundamental y por esto, en este aspecto, deben caminar juntas y de forma unívoca. Así, cuentan tanto las iniciativas individuales o colectivas para, por ejemplo, la instalación de placas fotovoltaicas, cómo la construcción de "azoteas verdes" o de huertos verticales en edificios y casas.

Mas importante que promover las denominadas smart cities o "ciudades inteligentes", una experiencia puntual y al alcance de "unos pocos" en un futuro cercano, debemos, con la ayuda de la tecnología disponible, poner en marcha proyectos o ampliar experiencias como las que acabamos de mencionar. Una práctica que, de la mano de la armonía social y la ecología, creemos que tendrá cada día más adeptos y que contribuirá a hacer una sociedad más equilibrada, preocupada con la preservación de los recursos naturales y con el planeta.

Notas

[4] <http://www.fao.org/economic/es-policybriefs/briefs-detail/es/?no_cache=1&uid=45052>. Un quintil equivale a la quinta parte y es utilizado en economía para caracterizar la distribución de los ingresos de una población humana.

[7] J. R. Hale,

1980, p. 16.

[8] Horacio Capel, 2002, p. 230. Sobre el arte de la jardinería, su origen y desarrollo y la elaboración de los diferentes tipos de jardines como renacentistas, barrocos, formales y naturales véase Horacio Capel, 2002, tercera parte.

[9] Planta de la familia de las Ranunculáceas, de grandes flores rojas o rosáceas, propia de lugares húmedos y laderas montañosas. Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española. <http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=peonía>

[10] Joan Hernández Pijoan, 1964, p. 62 y José Manuel Matilla (ed.), 2005, 128 y 129.

[12] Puede servir de ejemplo la obra Antiguo Jardín Botánico de 1905 del expresionista alemán Max Beckmann, perteneciente a la colección Lothar-Günther Buchheim, mostrando que también formaban parte del paisaje urbano o suburbano de las grandes ciudades. Hans Pribil, 1981, ilustración 296

[15] Sobre el papel de las murallas en la estructura urbana véase H. Capel, 2002, p. 125-156.

[16] H. Capel, 2002, p. 318-326.

[17] H. Capel, 2002, p. 350-352.

[18] <http://ucanr.org/blogs/VictoryGrower_Blog/. Para ver un ejemplo publicitaria de la época acceder al vídeo http://www.vegetablegardener.com/item/8121/video-victory-garden-1942-edition>

[19] H. Capel, 2002, p. 352.

[20] Sobre la reducción de estas unidades agrícolas véase Jean-Pierre Peyon, 1988, p. 145-159.

[22] Algunas reformas de la PAC han contribuido directa o indirectamente a reducir la producción

agropecuaria en Europa. Entre ellas las medidas de 2003 por las que se desvincularon las ayudas, de la producción y los agricultores recibían estas por el solo hecho de poseer una explotación agraria; y

continuaron en vigencia para todos los productores agrícolas siempre que

mantuviesen sus fincas

en buenas condiciones medioambientales. Otras reformas están vinculadas a las retiradas de tierra, dejándolas en barbecho; a la diversificación de la finca con la inclusión de cultivos para fines no alimentarios y al establecimiento de cuotas de producción como la de la leche, que a partir de 2008-

2009 y hasta 2015 se irá incrementando nuevamente y de forma paulatina. Para ampliar la información se puede consultar, entre otros, el artículo de Eugenio Cejudo García y Juan Carlos Maroto Martos, 2010 <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-318.htm>

[24] FAO-COAG, 1999, En el apartado 3 sobre La agricultura urbana y periurbana se obtienen

mayores

informaciones

sobre

los

las

instituciones

que

participan

de

estos

[31] <http://www.ipes.org/au/Boletin/Boletin%2014/curso_brasil.html>. Informaciones sobre los programas de crédito para la agricultura familiar brasileña promovidos por el PRONAF están disponibles, entre otros, en Miriam H. Zaar, 2011<http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-351.htm>

[32] Según

entrevista

del

Secretario

Nacional

de

Segurança

Alimentar

e

[36] Para

mayores

informaciones

consultar

la

página

 

[37] Más

informaciones

se

pueden

encontrar

en

páginas

Webs

o

Boletín

de

Agricultura

[44] Para un estudio comparativo entre los balances energéticos y los usos del suelo en la agricultura catalana véase Xavier Cussó, Ramón Garrabou, José Ramón Olarieta y Enric Tello, 2006

[45] Para mayores informaciones sobre la importancia de la política de sustitución de alimentos en los

países subdesarrollados

véase

José

Graziano

da

Silva et

al,

 

[46] Citado

por

Manuel

González

de

Molina

y

Juan

Infante

Amate,

2010,

p.

[47] Para profundizar el tema sobre los balances energéticos en la agricultura consultar los trabajos de Xavier Cussó, Ramón Garrabou, José Ramón Olarieta y Enric Tello, 2006, los de Óscar Carpintero y Manuel José Naredo, 2006 y los de Manuel González de Molina y Juan Infante Amate, 2010.

[49] Sobre el papel que desempeñañ los espacios urbanos libres, esto es, no construidos en el medioambiente véase José Feria y Jesús Santiago, 2009. <http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-299.htm>

[51] Para más detalles sobre las características de los huertos urbanos londinenses y conocer su localización véase Nerea Norán Alonso, 2008-2009, p. 17-23

[52] Mayores

informaciones

sobre

el Ceinture

Verte y

su

importancia

en

la

región d'Île-de-

France pueden ser encontradas en el trabajo de Xavier de Buyer, 1988, p. 343-354.

[55] Sobre las características de estos huertos véase Nerea Norán Alonso, 2008-2009, p. 28

[57] Para

más

detalles

sobre

estos

huertos

véase

Francesca Lotta,

2010,

p.

 
 

[60] Para

ampliar

esta

información

[67] Para

mayores

detalles

sobre

este

huerto

[70] Para conocer la experiencia de Can Masdeu acceder a <http://www.canmasdeu.net/>

[71] Para entender este proceso véase Manuel Delgado, El "forat de la vergonya". El País, 10 de

octubre

de

2006.

[73] Projecte d'horts hurbans al Poble Sec. Informe preliminar. Unió d' AAVV del Poble Sec.

 

[74] Para

ampliar

las

informaciones

 

sobre

el

proyecto

acceder

a

la

página

 

[75] Mayores

 

detalles

[76] Sobre

Las

ciudades,

el

consumo

y

el

crecimiento

de

suma

cero

véase

H. Capel,

2011.

<http://www.ub.edu/geocrit/b3w-930.htm>. Sobre la urbanización generalizada, véase H. Capel,

2010.

 

[77] Josefina Gómez Mendoza, 2003, p. 17. También publicado en Desarrollo Rural y Sostenible, nº 10, otoño'11, p. 8.

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