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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 1 Editorial C C ual Quijote, cuando en

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 1 Editorial C C ual Quijote, cuando en compañía

Editorial

CC ual Quijote, cuando en compañía de Sancho se toparon con la Iglesia, nuestro mítico animal se enfrentó con la mujer. De hecho, una versión

sobre las causas de su autoexilio en la nada es que su huida obedeció a
sobre las causas de su autoexilio en
la nada es que su huida obedeció a
un
desencuentro con una mujer… a
uno o varios desamores.
A
pesar de la pretensión del
Topodrilo por avanzar más allá de
las
poses intelectuales y de aceptar

que no es el mejor referente de la belleza “natural”, su herencia genética, como animal humano, lo colocó desde siempre en una situación de seria debilidad ante el hoy sexo fuerte: la mujer. En realidad, la razón del performance que le permitió superar su condición humana y emerger como lo que hoy es: un animal con el suficiente aliento para enfrentar a la posmediocridad que vivimos, es la secuela del movimiento feminista. Deslumbrado por la libertad que propició la emergencia de nuevas identida- des femeninas, impactado por tratar con una nueva mujer, sucumbió a su paso, derrochó las lágrimas de cocodrilo que a una de sus herencias genéticas corresponden, y desde ahí vivió como un admirador secreto, guardado por su temor a ser recha- zado por ellas. Mujeres de hierro, mujeres fatal… como dicen mis compadres Silvio Rodríguez y Joaquín Sabina. Temor a ser derretido por una mirada, devorado en un beso, sedado por una caricia, levantado en vilo por el deseo, lanzado hasta la nube más alta (como refiere José Alfredo Jiménez, nuestro gran filósofo de la tragedia mexicana), abandonado a su suerte y con la certeza/terror de partirse en mil pedazos. ¡Sí! A pesar de todas las otras versiones de este venerado ángel guerrero, que en su versión posmoderna emergen como enemi- gas del género, como fantasmas del deseo, como tránsfugas de lo humano, como brujas, no como hechiceras. ¡Ayyy de noso- tros!, si sólo existieran las elbaesthergordillos, las tatchers, los demonios disfrazados de corderos como la tal marthita. Ellas que no se toman las banderas de una liberación para declarar la guerra a los otros, las que no tienen necesidad de mecerse en el columpio del poder; a las guerreras que todos los días vemos en la calle, en casa, en el trabajo, así se trate de una table, hasta las que empujan a sus parejas o a sus hijos, las que luchan a dia- rio, las que siempre están, las que nunca mueren… por el solo hecho de ser mujeres. Como ha sido su costumbre, en este número el Topodrilo abor- da nuevamente el tema de género, colocando hoy a la voz femenina como el principal actor de esta puesta en escena: ¡Las mujeres arriba!

actor de esta puesta en escena: ¡Las mujeres arriba!   Topodrilo Director : Rafael Montesinos  
 

Topodrilo

Director:

Rafael Montesinos

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Editor:

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Editor responsable: Rafael Montesinos.

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 2 Mujeres en acción 03. El espacio y la
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Mujeres en acción

03. El espacio y la ciudad.

Perspectivas feministas

Paula Soto Villagrán

09. Bachelet y Fernández:

presidentas latinoamericanas

Anna M. Fernández Poncela

14. Ser una mujer política

página

Leticia Villaseñor Roca

18. Respirar aires universitarios

¿Una posibilidad de libertad?

Lourdes Andrade León

Periscopio

49. Once años sin Octavio Paz

María Virginia Martínez Laurini

53. El poder de la ola

Antulio Sánchez

54. La ciudad del miedo

Daniel Hiernaux

58. Dios y el Diablo roncan juntos

Raúl Silva

59. Los truquitos de los narcos

Antulio Sánchez

60. Los lobos andan sueltos

José Luis Rodríguez

20. El Topodrilo desde el cristal rosa

Antonina Galván

23.

Crisis

identitaria

y cambio

cultural

Ayulia Starenka Güemes Báez

28. Mujeres y violencia

Rosalía Carrillo

Bitácora de vida y otros viajes

37. Mujer en dos culturas

Irmgard Rehaag

40. Violencia doméstica

Rafael

Montesinos

Dilemas y creaciones

Violencia doméstica Rafael Montesinos Dilemas y creaciones 67. Escritoras latinoamericanas Sara Sefchovich 74. La

67. Escritoras latinoamericanas

Sara Sefchovich

74. La dramaturgia mexicana y el teatro

Estela Leñero Franco

77. Nahui Olin y Antonieta Rivas

Mercado, dos mujeres libertarias

Patricia Rosas Lopátegui

80. Semillas, Tus manos y El maestro

María Nieves de Abajo y Julia Holguín Chaparro

81. Ciruelas y chorizos

Mariana Libertad Suárez

Tus manos y El maestro María Nieves de Abajo y Julia Holguín Chaparro 81. Ciruelas y

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 3 ¡Las mujeres arriba! El espacio y la ciudad

¡Las mujeres arriba!

El espacio y la ciudad Perspectivas feministas

Paula Soto Villagrán*

y la ciudad Perspectivas feministas Paula Soto Villagrán* P areciera que el espacio, la ciudad y
y la ciudad Perspectivas feministas Paula Soto Villagrán* P areciera que el espacio, la ciudad y

P areciera que el espacio, la ciudad y la diferenciación de género no tienen relación entre sí, pareciera que recorren ámbitos conceptuales sin conexión. Sin embargo, pueden llegar a conectarse bajo el supuesto de la existencia de un esquema en el que el género recrea las nociones sobre la diferencia sexual y la localización espacial de los cuerpos, me refiero a un orden social genérico, el cual se estructu- ra a través de una clasificación corporal de los sujetos sociales. De acuerdo a las

* Profesora de la Universidad del Bío Bío-Chile, actualmente es becaria Post-Doctoral de la UAM-Iztapalapa en Geografía Humana. 1. Para Marcela Lagarde, la organiza- ción social del mundo es múltiple y está conformada por el conjunto arti- culado de organizaciones sociales de círculos particulares, en este sentido y desde una perspectiva de género, el orden social es patriarcal ya que las concepciones de mundo, mitos, cono- cimientos, e ideologías están basados en un modo de dominación cuyo paradigma es el hombre, pero tam- bién reconoce otros órdenes sociales como el racista, el de edad, el de clase, el étnico y de casta, en los cuales cada sujeto se mueve de manera simultá- nea. Sin embargo, el de género tiene un fuerte peso ya que no sólo es uni- versal, sino fundacional de las peculia- ridades históricas.

sino fundacional de las peculia- ridades históricas. características corporales, se van normando las formas de

características corporales, se van normando las formas de ver, pensar, asignar len- guajes corporales, formas de expresión, espacios de sociabilidad, etcétera. “La organización social genérica es el orden resultante de establecer el sexo como marca para asignar a cada quien acti- vidades, funciones, relaciones y poderes específicos, es decir, géneros. La organización social

genérica es la dimensión social basada en la sexualidad” (Lagarde, 1997: 50). 1 En este entendido, la reflexión feminista sobre el espacio y la ciudad proviene del profundo cuestionamiento a los roles asignados a las mujeres, a la distribución espacial desigual de hom-

del profundo cuestionamiento a los roles asignados a las mujeres, a la distribución espacial desigual de

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 4 bres y mujeres, todo lo cual determina las

bres y mujeres, todo lo cual determina las posibilidades de des- plazamientos y movilidad. Coincidente con estos planteamien- tos podemos afirmar que la diferencia de género hizo evidente la distinción de los sujetos en hombres y mujeres, lo cual trajo consigo la separación y división de los espacios sociales. Entre las transformaciones y cambios que se produjeron con el siglo XIX, M. Inés García Canal sostiene que hay dos cuestiones signi- ficativas en el debate, en primer lugar la preocupación por el espacio, el cual fue recortado y fragmentado a través de la impo- sición de límites y fronteras, a tal punto que se reglamentó y nor- mativizó de manera de ubicar a los individuos para controlarlos. Por otro lado, implantó rigurosamente las diferencias de género bajo las distinciones entre femenino y masculino, “cada lugar fue marcado por la diferencia, todo territorio fue dividido, fragmen- tado, atribuido: territorios defendidos como la derecha o la izquierda de una cama compartida; ritmos y prioridades en el uso de un lugar o de otro; cuidado y respeto del sueño masculi- no; exigencia para la mujer de iniciar sus movimientos al alba y terminar su jornada cuando ya todos duermen” (García, 1998:

51).

Espacio y género como construcciones socio-simbólicas Las aportaciones etnográficas de las antropólogas feministas vendrían a ayudarnos a comprender el análisis de género como construcción relacional y contextual, al mismo tiempo que como un principio estructural de todas las sociedades humanas (Moore, 1996), consolidando un análisis simbólico de la jerar- quía sexual y que las preguntas acerca del significado de lo femenino y lo masculino se abordaran en forma de símbolos a los que una sociedad determinada otorga significado, “los ras- sexual y que las preguntas acerca del significado de lo gos propios del género y los gos propios del género y los procesos naturales del sexo y la reproducción constituyen solamente un indicador, muy ambi- guo por cierto, de la organización cultural del género y de la sexualidad. Lo que se considera que es el género, lo que se pien- sa son los hombres y las mujeres, lo que se asume como patrón

2. Las oposiciones que se establecen entre el mundo exterior e interior de la casa tienen sentido cuando uno de los términos de esta relación, la casa, está a su vez dividido según los mismos principios que se oponen al otro término. Por ello es al mismo tiempo verdadero y falso que el mundo exterior, el afuera, el día, etcé- tera, se oponen a lo interior, adentro y noche como lo masculino a lo femenino, porque el segundo término de este juego de oposiciones homólogas se divide cada vez en sí mismo y su opuesto. La casa, por ejemplo, “guarda una relación de homología con el resto del mundo en una relación de oposición cuyos principios no son otros que los que organizan tanto el espacio interior de la casa con el resto del mundo, y más generalmente todos los ámbitos de existencia” (ver al respecto, Bourdieu, Pierre. El sentido Práctico, Taurus, Madrid, 1991, pp. 427- 428). La estructura mítico ritual que se forma de acuerdo a Bourdieu es del tipo a:b ::

b:b2, que se considera de las más simples pero más potentes que se pueda usar, ya que no puede oponer sin unir simultáneamente, de la misma manera que es capaz de integrar en un orden único un número infinito de datos, mediante la aplicación recurrente del mismo principio de división.

de las relaciones entre hombres y mujeres son, entre otras, ideas que no reflejan simplemente `datos´ biológicos, ni se elaboran exclusivamente a partir de ese tipo de información; por el con- trario, son en buena medida un producto de procesos sociales y culturales” (Ortner y Whitehead, 1996: 127-128). En este sentido, diferentes evidencias etnográficas nos entre- gan elementos que muestran la existencia de comportamientos espaciales diferenciados entre hombres y mujeres. Podemos entender esta relación entre el espacio y el comportamiento gracias al trabajo de construcción social que se hace sobre el cuerpo y sus movimientos, inscribiéndolos en el pensamiento, el cuerpo y en la cotidianidad de la experiencia. El orden mascu- lino establece una división del mundo que se materializa mediante la localización de los cuerpos, y en la reglamentación de las maneras de comportarse, posturas corporales, ritmos, que dibujan los territorios de movilidad y desplazamiento. La articulación específica entre el espacio, género y el menor estatus de las mujeres, podemos encontrarla evidenciada en diferentes antecedentes etnográficos. La frecuente separación espacial que ubica a las mujeres aparte de los hombres, dentro de las formas de habitar de sociedades no occidentales, es des- crita y analizada en la Casa Cabil de Bourdieu (1991). Para él, la disposición de los espacios se puede entender a través de un conjunto de oposiciones simbólicas homólogas, que se sostie- nen a través de la división sexual del trabajo y la consiguiente distribución estricta de actividades a cada uno de lo sexos, de espacios y de tiempos, instrumentos y objetos. En este sentido, la mayoría de las actividades asignadas que realizan las mujeres cabileñas y los objetos que utilizan pertenecen a la parte oscu- ra de la casa, transporte de agua, leña para la calefacción, cuida- do del ganado. De manera que la estructura del espacio, la parte baja, oscura y nocturna de la casa, se opone a la parte alta, el interior y el exterior, como lo femenino a lo masculino. Estas oposiciones, al mismo tiempo, establecen diferencias entre la casa y el universo. De la parte de la casa que es el universo de la mujer, el hombre está excluido, por lo menos durante el día es sagrado y secreto, ocurre en la intimidad, oculto y oscuro. A dife- rencia de esto, el hombre está afuera, en el universo exterior, en las labores del campo, en la asamblea, a plena luz del día, la opo- sición que se establece entre la casa de las mujeres y la asam- blea de los hombres es una forma de establecer una división entre vida privada y vida pública. Un conjunto de oposiciones que construyen un sistema simbólico, que se aplica a la estruc- tura del espacio: alto/bajo, luz/sombra, seco/húmedo, abierto/cerrado, así también a los procesos que estructuran el tiempo: noche/día, mañana/tarde, invierno/verano. 2 Un universo organizado donde las diferencias sexuales están integradas en un conjunto más amplio de oposiciones, que se

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El medio ambiente de la ciudad se ha conceptualizado y construido de acuerdo a los intereses masculinos y las desventajas de las mujeres. En lo que se refiere a las ciudades se ha generalizado la idea de que la organización del sistema urbano se ha hecho y se está fundando en un proceso de planificación que no tiene en cuenta la situación y condición social de las mujeres.

está fundando en un proceso de planificación que no tiene en cuenta la situación y condición
está fundando en un proceso de planificación que no tiene en cuenta la situación y condición

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 5 apoyan mutuamente, y que sim- bólicamente organizan el
Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 5 apoyan mutuamente, y que sim- bólicamente organizan el

apoyan mutuamente, y que sim- bólicamente organizan el cos- mos, ordenan el universo, y se apoyan en el juego de las trans- ferencias prácticas a los movi- mientos del cuerpo, los compor- tamientos y los actos. Matriz ori- ginal de oposiciones que esta- blecen límites, fronteras en la utilización del cuerpo en deter- minados lugares, que en última instancia reproduce la primacía de lo masculino. Por otro lado, Shirley Ardener (1993) recoge un conjunto de artículos antropológicos, cuyo interés central es la relación entre el género y el espacio, así como la importancia de los arre- glos espaciales en diferentes sociedades. La autora plantea que los grupos sociales han generado sus propias reglas de uso del espacio, los límites, y las divisiones de la vida social dentro de

esferas, niveles y territorios específicos son determinadas cultu- ralmente. Plantea que las divisiones de espacio y las formacio- nes espaciales están íntimamente relacionadas, pero no en un sentido de causa y efecto sino que esta interdependencia podría ser pensada como “simultaneidad”, así el espacio refleja

la organización social.

Es importante la existencia de grupos en situación de “mutis- mo social”, es decir, existirían en la sociedad grupos silenciados la existencia de grupos en situación de “mutis- debido a que perciben y expresan de manera debido a que perciben y expresan de manera diferente la reali- dad en relación a grupos dominantes que tienen la posibilidad de hablar y con ello de dominar; las mujeres constituyen un ejemplo de silenciamiento, donde sus formas de ver la realidad

y su percepción del mundo no tienen manera de expresión,

pues no pueden materializarse en los mismos términos mascu- linos dominantes. Estas estructuras dominantes impiden cual- quier expresión de modelos alternativos, de manera que los dominados deben asumir las formas del grupo dominante. Por ello, para Shirley Ardener, hombres y mujeres tienen diferentes visiones de la realidad. Los mapas sociales pueden revelar las relaciones estructurales que ordenan jerarquías en otro orden de características y sistemas de relaciones, como el parentesco, los cuales son frecuentemente elaborados, pero no necesaria- mente realizados en el territorio sino por la ubicación de sujetos en el espacio de las relaciones sociales. Daphne Spain (1992) trata explícitamente la relación entre espacio, género y estatus, afirmando que la distribución, uso y simbolización del espacio en una sociedad revelan las construc-

ciones de los sistemas de género. Para Spain, son precisamente estas construcciones las que reafirman la desigualdad entre hombres y mujeres, que se fundan en los sistemas de prestigio.

El espacio sería, entonces, un reflejo de las diferencias sociales

de género. La autora propone que las diferencias de estatus, entre hombres y mujeres, crean ciertos tipos de espacios gene- rizados que institucionalizan la segregación espacial y refuerzan el poder y privilegio masculinos. La segregación espacial a lo largo de la historia está ligada a los espacios en los que se trans- mite el conocimiento, sean éstos tecnológicos o simbólicos, también la preparación para desarrollar tareas en el ámbito

público es una de las principales explicaciones para la inferiori- dad de las mujeres. Advierte que la segregación espacial ayuda a reforzar y en muchas ocasiones a profundizar la estra- tificación genérica, por ello cual- quier modificación en los arre- glos espaciales, por definición altera los procesos sociales. El término “institución espacial” define las fronteras y las barre- ras que existen para la adquisi- ción del conocimiento por parte de las mujeres, a través de estas instituciones se van asignando

espacios generizados. 3 Así, tam- bién, designa contextos físicos concretos en donde las activida- des de hombres y mujeres ocurren. De esta manera, acciones que tienen que ver con las relaciones familiares ocurren en el hogar, acciones asociadas con la educación se desenvuelven en

la

escuela, y la participación en la fuerza de trabajo se ubica en

el

lugar de trabajo. Para Spain, los espacios masculinos contie-

nen mayor valor porque se asocian al conocimiento en diferen- tes ámbitos como la teología, la ley, la medicina, mientras los espacios femeninos, como la casa, son desvalorizados por que llevan consigo el cuidado de los niños, un conjunto de tareas

que se organizan alrededor de la reproducción.

Ciudad y mujeres. Cruces posibles

“Las relaciones entre ciudad y género dan cuenta de un conjun-

to

de inequidades y desigualdades sociales que se expresan en

el

espacio. La ciudad, como construcción cultural, condiciona la

vida de sus habitantes y determina la calidad de los intercam- bios entre ellos. La categoría de género sirve como herramienta para avanzar en el qué y cómo se expresan las desigualdades o diferencias en la vivencia del espacio urbano” (Ricco, 1999: 7). Por ello, debemos avanzar en la discusión sobre cómo entende- mos las ciudades, y ampliar las conceptualizaciones que la defi- nen como una mera designación geográfica o una dimensión cuantitativa de la vida social, o como factores externos y esta-

bles sin considerar la participación de los actores. En este entendido, en la ciudad se configura el mapa de rela- ciones sociales, subjetivas, individuales y colectivas, públicas y privadas, centrales y periféricas que entrelazan códigos comuni- cativos, interacciones y mensajes, y en todos estos niveles de análisis las personas construyen órdenes de convivencia, dentro de los cuales habrá formas específicas de usar, ubicarse y orga- nizar el espacio urbano, en términos de lo personal y lo colecti- vo, el tiempo ordinario y el tiempo extraordinario, lo productivo

y reproductivo, etcétera. Siguiendo a Néstor García Canclini

(1998: 5), entender la complejidad del fenómeno urbano impli- ca concebir las ciudades de la manera siguiente: “Las ciudades

3. La utilización del término“generizado”, utilizado por Spain, se realiza en el sen- tido de lo planteado por Sandra Harding (ver Harding, Sandra. Ciencia y feminis- mo, Morata, Madrid, 1996), para quien decir que la vida social, así como la cien- cia, se encuentra generizada, significa que las culturas asignan un género tanto a fenómenos naturales, sociales como a las personas.

, significa que las culturas asignan un género tanto a fenómenos naturales, sociales como a las

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 6 no son sólo un fenómeno físico, un modo

no son sólo un fenómeno físico, un modo de ocupar el espacio, de aglomerarse, sino también lugares donde ocurren fenóme- nos expresivos que entran en tensión con la racionalización, con las pretensiones de ordenar la vida social”. Estos procesos de intercambio, de experiencias y de lengua- jes que se dan en la urbe no se experimentan de la misma forma por las personas, lo cual genera relaciones diferenciales en el espacio, debido a que hombres, mujeres, niños, ancianos, etcé-

tera, tienen sus propias y diferenciadas formas de acción y siste- mas complejos de significación dentro de sus recorridos para ir

a trabajar, estudiar, pasear, entretenerse, comprar. A este fenó-

meno, podríamos denominarlo como cultura urbana, es decir, “el conjunto de esquemas de percepción, valoración y acción de actores históricamente situados en un contexto específico, suje-

to a un marco de regulación y ordenamiento” (Reguillo, 1996:
to a un marco de regulación y ordenamiento” (Reguillo, 1996:

75). La cultura urbana, entonces, permite vincular, de acuerdo con Rossana Reguillo, los procesos objetivos y subjetivos, la posición de los actores, las reglas y el dominio que poseen

dichos actores sobre las reglas, los objetos materiales y simbóli- cos sobre los que operan los actores. Bajo esta mirada podemos afirmar que en el escenario de las ciudades se configura la vida cotidiana, se desarrollan procesos sociales y es allí donde la movilidad y las actividades de las mujeres responden a rígidos estereotipos “femeninos”, más que a realidades experimentadas por ellas mismas. Los esfuerzos feministas por acercarse a las cuestiones del espacio y la ciudad han partido del reconocimiento de la diver- sidad de expresiones que se construyen a través de la geografía,

y sus consiguientes consecuencias genéricas en la segregación

laboral, las transformaciones en la fuerza de trabajo, las políticas sociales y económicas, la división sexual del trabajo y sus mani- festaciones simbólicas en la localización jerarquizada de los

géneros e incluso la ausencia de las mujeres de determinados lugares. De esta forma, la crítica feminista en las disciplinas pre-

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4. Podríamos considerar la geografía feminista como una dimensión del análisis geográfico que ubica al espacio urbano como su objeto de estudio, cuestionan- do profundamente la división sexual del trabajo, y la organización patriarcal del trabajo doméstico como matriz explicativa de la segregación genérica, fundada en la definición de los roles en femeninos y masculinos. Uno de los centros de análisis es la relación histórica entre organización urbana y los cambios en la organización social de la producción y reproducción, como las principales rela- ciones que estructuran la categoría de género.

ocupadas por el espacio, centralmente la geografía, ha seguido cuatro senderos de replanteamiento espacial. De lo anterior y de acuerdo a diferentes trabajos sobre el tema, creo que podríamos establecer al menos cuatro aproxi- maciones analíticas para entender las vinculaciones entre géne- ro y ciudad.

1. En un primer acercamiento, el espacio urbano se nos pre-

senta como el resultado de una sociedad sin diferenciación entre hombres y mujeres, los hombres son la norma y de acuer- do a ellos se explican los funcionamientos espaciales dentro de la ciudad. Tomando el punto de vista masculino como criterio interpretativo de la localización específica de hombres y muje- res en determinados lugares de circulación. La evaluación con- sistía en la ausencia de la distinción genérica en la concepción del espacio urbano, como si las estructuras espaciales no fueran expresión de los procesos sociales y de los comportamientos humanos. No se considera a las mujeres como trabajadoras asa- lariadas ni como trabajadoras domésticas, es más, tampoco se ven las desigualdades espaciales a las que son sometidas. En esta línea de pensamiento, los trabajos de Teresa del Valle (1997) nos muestran cómo las generalizaciones que se hacen de “la mujer” tanto para situarla dentro o fuera, en lo público o en lo privado, estereotipan y reducen las posibilidades de conocer la movilidad de las mujeres en la vida social. La invisibilidad de las mujeres es fortalecida por la adscripción a roles fijos y constitu- yendo estereotipos bajo una concepción naturalizada de lo femenino como mujer-madre, dueña de casa, madre y esposa.

2. Desde la perspectiva de la geografía feminista, 4 se han

considerado las implicancias de la división sexual del trabajo y su consiguiente impacto en la reestructuración de la ciudad y las localidades al interior de ella, focalizando de alguna forma en los cambios de roles y relaciones de género. Es por ello que la teoría urbana tradicional asume dicotomías utilizadas en la geo- grafía tales como público-privado, ciudad-suburbios, trabajo- hogar, reproductivo-productivo (Mc Dowell, 2000), esto tam- bién ha sido sugerido por Susan Saegert, para quien existe un amplio rango de asociaciones simbólicas adjuntas al binomio mujer-hombre, como, por ejemplo, suburbio-ciudad. La vida urbana relacionada con la agresividad define un mundo de eventos intelectualmente poderosos, activos y algunas veces peligrosos. Por el contrario, las mujeres y los suburbios compar- ten la vida doméstica, el reposo, la proximidad a la naturaleza, la inconsciencia sobre el peligro y en último término la seguridad (Saegert, 1980: 93-94). Desde otra perspectiva se exploran los efectos de las interco- nexiones entre patriarcado y capitalismo que producen diferen- tes determinaciones en las relaciones de género, en diferentes lugares y tiempos. Fundamental importancia ha tenido la incor- poración masiva de las mujeres al mercado laboral y despren- diéndose de ello los análisis sobre las políticas de empleo, las tasas de actividad económica femenina, la remuneración dife- rencial entre hombres y mujeres, la definición de empleos para mujeres y el peso del trabajo doméstico para la reproducción de relaciones sociales de dominación y subordinación. Neil Smith conjuga los saberes de la geografía y la teoría marxista para explicar los papeles del desarrollo desigual en el mantenimien- to del capitalismo. Así como la desigualdad en las formas de producción y distribución del espacio responden y se apoyan en un sistema de producción capitalista, también en las formas

y distribución del espacio responden y se apoyan en un sistema de producción capitalista, también en
y distribución del espacio responden y se apoyan en un sistema de producción capitalista, también en
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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 7 como se asigna, utiliza, distribuye y transfiere el

como se asigna, utiliza, distribuye y transfiere el espacio entre los hombres y las mujeres, y en las formas de concepción, asig- nación y experimentación del tiempo, se construye y se mani- fiesta el género. Según Massey, considerar la variable de género puede mati- zar los resultados de una política de empleos regional e incluso comprender sus incidencias en la reorganización del espacio económico nacional, por otro lado es posible ubicar la confor- mación de culturas genéricas construidas localmente y detectar las variaciones geográficas en la construcción de la masculini- dad y feminidad, y la relación entre ambas. En su libro Space, Place and Gender, Doreen Massey (1994) analiza la geografía de la producción y la interacción entre clase y género. Dentro de las principales conclusio- nes de su trabajo están que i) la consi- deración de la variable de género entre- ga nuevos elementos para entender, por ejemplo, el fenómeno de genera- ción de empleos en el contexto de una economía regional y global; ii) espacio y lugar tienen gran relevancia en la cons- trucción social de las identidades de género de acuerdo a variaciones geo- gráficas; iii) contribuye no sólo a tratar cuestiones más significativas de muje- res y hombres, sino como éstas se cons- truyen en determinados contextos sociales y económicos. 3. La relación que se establece recientemente entre género, diseño y planeación ambiental. La crítica femi- nista cuestiona las dificultades en el acceso desigual a los bienes y servicios dentro de la ciudad, planteando que el ambiente urbano impone ciertas res- tricciones a nuestra movilidad y a la per- cepción del espacio y esto resulta determinante en nuestra capacidad de movernos en él. Es así que el medio ambiente de la ciudad se ha conceptuali- zado y construido de acuerdo a los intereses masculinos y las desventajas de las mujeres. En lo que se refiere a las ciudades, se ha generalizado la idea de que la organización del sistema urba- no se ha hecho y se está fundando en un proceso de planifica- ción que no tiene en cuenta la situación y condición social de las mujeres, las necesidades e intereses específicos derivados de su ubicación en la división sexual del trabajo y su estatus de géne- ro, poniendo en tela de juicio la planificación y el diseño urbano por su carácter eminentemente sexista. En este sentido, el debate se sostiene en el supuesto de que la invisibilidad de las mujeres, dentro de las ciudades, ha produ- cido barrios, calles, transportes y servicios inapropiados para las necesidades de ellas. La idea es proponer un nuevo paradigma de planificación y desarrollo que considere a las mujeres como ciudadanas participando activamente en la construcción espa- cial de las ciudades. Dolores Hayden sostiene la necesidad de articular un análisis económico e histórico con los enfoques rea- lizados desde el feminismo, ya que éstos están orientados a las necesidades y experiencias de las mujeres. La afirmación “El

lugar de las mujeres es la casa” ha sido, en palabras de esta auto-

ra, el principio más significativo para el diseño arquitectónico en

la planeación de Estados Unidos en el último siglo.

La crítica al diseño espacial de las ciudades y a la distribución de los servicios, dentro de éstas, tiene su fundamento en el paradójico supuesto que existe entre los arquitectos y diseña- dores, de la existencia, por un lado, de la división entre la vivien-

da privada y el lugar de trabajo y, por otro lado, entre casa y eco- nomía de mercado. Las mujeres no podrán incrementar su esta- tus sino se cambia su posición económica global en la sociedad,

y si sus responsabilidades domésticas no son alteradas, pero

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responsabilidades domésticas no son alteradas, pero página también no cambiarán si los planificadores continúan

también no cambiarán si los planificadores continúan siguiendo presupuestos como aquél que indica que el lugar de la mujer es

la casa. 4. Numerosas investigadoras feministas de las ciencias socia-

les, entre ellas principalmente sociólogas y antropólogas, se han orientado a buscar antecedentes que documenten la presencia

y actuación de las mujeres en la vida pública en diferentes paí-

ses de Latinoamérica, bajo contextos de reestructuración eco- nómica y gobiernos autoritarios. Si bien el espacio no fue una de las dimensiones analíticas principales, se ha llegado a esta- blecer la articulación estrecha entre el espacio urbano y relacio- nes de género. Teresa Valdés (1991) y Marisa Weinstein (1993:

149-176) realizan un interesante recorrido por los procesos de asociacionismo femenino, desde los orígenes de la acción colec- tiva de mujeres en el año 1973 hasta 1989, en Chile. Las autoras establecen un criterio de clasificación de las agrupaciones que

se establece de acuerdo a la historia de cada organización inves- tigada, las actividades, ya sean permanentes o especiales, los liderazgos, la autonomía y la presencia o ausencia del tema de

la mujer. Es así que llegan a establecer seis vertientes de asocia-

cionismo. Las organizaciones de subsistencia (Talleres Productivos, Ollas Comunes); derechos humanos (Agrupación

asocia- cionismo. Las organizaciones de subsistencia (Talleres Productivos, Ollas Comunes); derechos humanos (Agrupación

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de familiares de ejecutados políticos, de relegados y ex relega- dos, Comité pro retorno de exiliados); vertiente política (Mujeres de Chile, MUDECHI); organizaciones “feministas” de ejecutados políticos, de relegados y ex relega- (Movimiento de Mujeres Pobladoras, MOMUPO); organizacio- nes (Movimiento de Mujeres Pobladoras, MOMUPO); organizacio- nes “religiosas”; comunicaciones y cultura (radios populares, revistas, periódicos locales). El quehacer de la diversidad de organizaciones de mujeres en Chile, durante este periodo, res- ponde a necesidades diferentes, y si bien tienen proyectos de acción distintos, en conjunto comparten el anhelo de ciudada- nía en el sentido de ser sujetas activas de derechos, agentes de transformación social y de actoras en la resolución de los pro- blemas de la sociedad. Maria del Carmen Feijoó e Hilda Herzer, en una recopilación de experiencias, aprecian la relación directa entre estrategias de supervivencia y organización espacial y territorial, donde las mujeres en ámbitos locales han tenido una importante partici- pación entre mediados de los ochenta y principios de los noventa. Por otra parte, Alejandra Massolo (1992) ha estudiado el rol protagónico de las mujeres de escasos recursos en las organizaciones sociales y particularmente dentro de movimien- tos sociales de carácter local que surgen de problemas concre- tos, como la defensa, apropiación y dominio sobre algún terre- no, como también se analizan las respuestas colectivas en pro- cesos de autoconstrucción de vivienda. En cada uno de estos nuevos ámbitos de acción de las mujeres se desarrollan la capa- cidad de tener iniciativa y la creatividad, sobre todo unidas por una identidad que les es propia y donde lo privado adquiere una presencia pública.

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Para terminar La intención final ha sido poner a dialogar a los/as diferentes autores/as que, tanto desde el pensamiento feminista como

desde las ciencias sociales, retroalimentan una discusión preli- minar en torno al tema. Cada una de estas perspectivas tiene una utilidad para formular ciertas preguntas y construir un marco de referencia que conecta la preocupación por el espa- cio, los lugares dentro de la ciudad y el enfoque de género. Si bien en los contextos latinoamericanos se ha incorporado con retraso la reflexión territorial de las variaciones de género en la ciudad, la categoría de género ha mostrado ser una poten- te herramienta para explorar las construcciones sociales de estereotipos, valores y prejuicios presentes en las variaciones geográficas tanto en relación a la masculinidad como a la femi- nidad, en diferentes escalas, corporal, local, regional; en diferen- tes lugares, de trabajo, comerciales, recreación, domésticos. Asimismo, ha permitido acercarse sistemáticamente a las preo- cupaciones sobre las relaciones de poder entre hombres y mujeres, las prácticas, instituciones y espacios en los que estruc- turan la vida social, en tanto que los espacios que ocupan las mujeres tienen una íntima vinculación con el orden social y con el mantenimiento, la creación y la potencial transformación de situaciones de dominación. En este sentido, “hacer ciudad” es construir espacios para la vida. Los ciudadanos y ciudadanas necesitan reconocer-se en la ciudad, recorrer lugares y encontrarse, entender sus trayectos, tener referencias físicas y simbólicas, espacios con identidad y valor social (Ricco, 1999).

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—Weinstein, M., (1993) Mujeres que Sueñan. Las organizaciones de pobladoras en Chile: 1973-198 9. Santiago, FLACSO.
—Weinstein, M., (1993) Mujeres que Sueñan. Las organizaciones de pobladoras en Chile: 1973-198 9. Santiago, FLACSO.

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 9 E n una investigación reciente de Alain Touraine
Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 9 E n una investigación reciente de Alain Touraine

E n una investigación reciente de Alain Touraine (2007: 28), se afirma que las mujeres estudiadas por él “[…] no creen en la necesaria desaparición de la identidad femenina, no se consideran víctimas, aunque hayan tenido que soportar injusticias o tra- tos con violencia y […] albergan proyectos positi-

vos, el deseo de vivir una experiencia transforma- dora por ellas mismas”. En esta misma tónica parecen estar las mujeres, objeto y sujeto de estudio de este artículo: las presidentas de Chile, Michelle Bachelet, y de Argentina, Cristina Fernández.

Para introducirnos en el tema En primer lugar, señalar que se pueden establecer tres grupos de liderazgo político femenino: los de carácter tradicional y localiza- dos en las últimas décadas del siglo XX en algunos países determi- nados de Asia y Latinoamérica, y los de cuño más moderno y occi- dental ya a finales de dicha centuria, y que tienen que ver, en con- creto, con países europeos (Genovese, 1997). Por otra parte, están los actuales (Fernández, 2006), sobre los cuales ahondaremos en estas páginas y en especial nos centraremos en los casos de las pre- sidentas latinoamericanas Michelle Bachelet en Chile (2006) y Cristina Fernández en Argentina (2007). En segundo lugar, una pincelada de datos y números: hoy hay más de 17 por ciento de mujeres en puestos legislativos en las cámaras y parlamentos del mundo y se calcula que para Latinoamérica el porcentaje es superior a 20 por ciento. Están tam- bién ocupados por mujeres más de 16 por ciento de cargos de ministras o secretarias de estado en el planeta y en Latinoamérica más de 20 por ciento aunque se trata de secretarías consideradas en el planeta y en Latinoamérica más de 20 por ciento — de segunda importancia — de segunda importancia. También, alrededor del 10 por ciento de las jefas de estado o gobierno en el planeta son mujeres, dos de las cuales se encuentran en nuestro continente (UIP, 2008a, 2008b). En tercer lugar, un brochazo de la perspectiva histórica sobre las mujeres presidentas en Latinoamérica:

En 1974 llegó a la presidencia de Argentina, sin proceso electoral y en medio de mucho conflicto social, económico y violencia polí-

*Docente e investigadora del Departamento de Política y Cultura de la UAM- Xochimilco.

Departamento de Política y Cultura de la UAM- Xochimilco. Anna M. Fernández Poncela* Bachelet y Fernández:
Departamento de Política y Cultura de la UAM- Xochimilco. Anna M. Fernández Poncela* Bachelet y Fernández:

Anna M. Fernández Poncela*

Bachelet y Fernández:

Presidentas latinoamericanas

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Cultura de la UAM- Xochimilco. Anna M. Fernández Poncela* Bachelet y Fernández: Presidentas latinoamericanas 09 página

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 10 tica, Maria Estela Martínez de Perón — viuda

tica, Maria Estela Martínez de Perón viuda del general Juan Domingo Peróny estuvo en el cargo hasta 1976, cuando una junta militar tomó el poder y se exilió en España. En 1979, Lidia Gueiler Tejada llegó a ser presidenta de Bolivia desde su puesto de presidenta de la Cámara de Diputados, país que atravesaba una gran crisis social, y salió del puesto en 1980, derrotada por el general Luis García Meza. En 1990, Violeta Barrios de Chamorro viuda del periodista y político Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura somocista en 1978ganó las elecciones en Nicaragua, por la Unión Nacional Opositora y se mantuvo hasta 1997, sucedién- dola la misma organización que la postulara. En Haití, en 1990, Ertha Pascal Trouillot tuvo un mandato pro- visional como presidenta de su país. En Ecuador, en 1997, y por unos cinco días, Rosalía Arteaga, que era vicepresidenta, fue proclamada jefa de estado al ser des- tituido el presidente Abdalá Bucaram. En 1997, Janet Jagan gobernó Guayana y llegó por la vía elec- toral. Mireya Elisa Moscoso viuda de Arnulfo Arias, ex presidentetriunfó, también, electoralmente en Panamá en 1999 y llegó a la presidencia de ese país, cargo que ocupó hasta el año 2004 (varios escándalos de corrupción rodearon su mandato). Por último, en 2001, Sila María Calderón llegó a ser goberna- dora de Puerto Rico, postulada por el Partido Popular Democrático de ese estado. 1

Michelle Bachelet y “los cuatro pecados capitales” El 15 de enero del 2006, Michelle Bachelet ganó la presidencia Michelle Bachelet y “los cuatro pecados capitales” de Chile. Esta mujer de profesión pediatra, con una de Chile. Esta mujer de profesión pediatra, con una larga trayec-

apariencia y modo de vestir como se le había aconsejado, más bien empleó su discurso y figura un tanto maternal a su favor. Llega al poder en lo que será la cuarta administración conse- cutiva de la coalición centroizquierda Concertación, que está en el gobierno desde el año 1990. Saludó en su discurso triunfal con un “chilenas y chilenos” y afirmó que “vamos a tener un nuevo estilo en la política nacional”. Y no es para menos: cuando en campaña le interrogaron sobre el tema de educación, afirmó que ella le preguntó a su hija a la hora de trabajar dicho asunto, le interesaba su opinión como estudiante que es. Tras el triunfo afirmó dejar las dietas para bajar de peso, no fuera que la pobla- ción creyera perder a su madre simbólica. Y es que ya lo ha dicho, se considera una madre para Chile, la madre de la patria. Alrededor de su toma de posesión el 11 de marzo, las encues- tas le dieron alrededor de 65 por ciento de popularidad. Sus pri- meras acciones fueron avances en política social, muy aplaudi- das por la ciudadanía: becas para jóvenes estudiantes, amplia- ción de la cobertura de guarderías infantiles y seguro médico gratis para la población mayor de 60 años. Su gabinete ministe- rial cuenta con un 50 por ciento de presencia femenina 10 hombres y 10 mujeres. También se elevaron voces en el sentido que no había mucho que festejar, ya que a pesar de la simpatía y popularidad de la nueva presidenta, ésta seguiría las líneas en política económica del neoliberalismo. Profecía cumplida, ya que tres meses des- pués, esto es, en la evaluación de los 100 primeros días de gobierno, la popularidad, según encuestas, cayó 11 puntos (18 por ciento). Entre otras cuestiones, las protestas estudiantiles y el estancamiento de la reforma electoral son los problemas que imputan esta retracción de la popularidad. La oposición señala

esta retracción de la popularidad. La oposición señala Tener una mujer en lugares de liderazgo genera

Tener una mujer en lugares de liderazgo genera ruidos importantes, pero el posicionamiento de Michelle Bachelet, por ejemplo, en el escenario político representa un hito importante, pero no se puede asumir un cambio de la noche a la mañana en cuestiones culturales.

un cambio de la noche a la mañana en cuestiones culturales. toria socialista y con experiencia

toria socialista y con experiencia en gobierno como Ministra de Salud y Defensa, es la primera mujer en llegar a este puesto en el país conosureño. En ese momento tenía 54 años y obtuvo 53.49 por ciento de los votos emitidos. Su padre fue un general del gobierno de Allende Alberto Bacheletmuerto en la cár- cel en 1974, tras el golpe de estado de Pinochet. Su compañero en ese entonces fue capturado y torturado. En una entrevista, señaló no haber olvidado, sin embargo, dice haber canalizado su dolor hacia la construcción positiva del país, con el objeto de que lo padecido no vuelva a ocurrir. Entre desenfadada y seria se autodefine dentro de lo que llama jocosamente los cuatro pecados: profesional, socialista, agnóstica y madre soltera de tres hijos; además de mujer, podrí- amos añadir dentro de esta misma tónica. Remarcar que si bien se partía de un país y un electorado considerado conservador, este juego que ella hizo despertó más la solidaridad como su trayectoria antidictatorialy lo utilizó a su favor, beneficiándo- la en su triunfo. Asimismo, no consiguió cambiar del todo su

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1. Cabe añadir que hay posibilidades de que en Paraguay y Brasil haya mujeres candidatas para las próximas elecciones presidenciales en 2009 y 2010.

inexperiencia y descoordinación ministerial, pese al manteni- miento aparente del buen rumbo económico. La desconexión clase política y ciudadanía también fue imputada al gobierno de la mandataria. Lo mismo que la inseguridad ciudadana que es otro de los reclamos más sentidos por otra parte, también la oposición perdió popularidad. Cuestiones éstas que segura- mente podrían hacerse extensibles a otros países, gobernados por hombres. Podemos afirmar que, según los datos disponibles, las muje- res la votaron mayoritariamente; algunos estudios señalan, incluso, que tanto las mujeres de las clases populares como las que tradicionalmente eran votantes de la derecha sufragaron por ella, al igual que los jóvenes. Poco antes de la elección, Bachelet afirmaba que estaba teniendo lugar una especie de cambio cultural en su país, y entre otras cosas señalaba que la sociedad era más abierta y tolerante, y menos clasista y machista, en especial entre las generaciones jóvenes. Se apuntaba, por ejemplo, que “El país siempre ha tenido presidentes hombres, blancos y casados. Ella representa en estos momentos la diversidad porque representa

ha tenido presidentes hombres, blancos y casados. Ella representa en estos momentos la diversidad porque representa
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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 11 a una mujer divorciada, haciendo de madre, trabajando,

a una mujer divorciada, haciendo de madre, trabajando, admi-

nistrando el poder, hablando de economía global y no sólo de economía de la casa, es decir, acerca el mundo privado al mundo público y no incomoda tanto, hay gente que empieza a

ver eso como algo mucho más natural”, afirma Celia Millán y

analiza: “En el fondo, tú estás poniendo el cuerpo de la mujer en

el tapete” (Millán, 2006).

Sin embargo, no todo mundo parece de acuerdo, ya que el sociólogo Manuel Antonio Garretón (FLACSO) aclara que la can- didatura de Bachelet no es producto de un cambio cultural, aña- diendo que los datos de la encuesta de Fundación Chile 21 institución socialistadel 2003 y muy difundida en los medios de comunicación, en torno a la preferencia de la ciudadanía de una candidata mujer son erróneos, además tampoco su candi- datura es resultado de una aclamación ciudadana, sino de acuerdos de la elite partidaria. Y ahí sí, frente a Soledad Alvear

la otra precandidata que finalmente declina y que como Bachelet fue una de las cinco ministras del gabinete de su ante- cesor Ricardo Lagoscon un estilo más clásico y masculino, Bachelet poseía un estilo distinto, más femenino o maternal, que juzgaron más conveniente para la elección. “[…] ha habido varios mitos y el primero es que aquí habría habido un cambio cul- tural que habría significado la can- didatura de Michelle Bachelet”. Esto surge, según el especialista, de la encuesta de la Fundación Chile 21, realizada y publicada en

el año 2003, que a su juicio estuvo

“equivocada y que llevó a errores de campaña”. Una de las conclu-

siones que ofrece este trabajo fue que había gran respaldo sociocul- tural a la candidatura de una mujer, lo cual es falso, lo mismo que el afirmar que la candidata surgió de la ciudadanía, pues fue una nominación de la coalición Concertación. Lo que sí reconoce Garretón es que “Al momento de

la definición de la candidatura[…]

ahí sí juega importancia el estilo

distinto. En ese sentido, Alvear se acercaba más al estilo clásico mas- culino, en cambio Bachelet expre- saba un estilo distinto, más ambi- valente, con más posibilidad, más

abierto

tinto dentro de todo lo político? No es el hecho de ser profesional, de una trayectoria política, lo es el aspecto de género” (Garretón, 2006: 2). En el mismo sentido declara Kemi Oyarzún (fundadora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de Chile): “Tener una mujer en lugares de liderazgo genera ruidos importantes”, pese a lo cual reconoce que “Son asuntos muy lentos. El posicio- namiento de Michelle Bachelet en el escenario político repre- senta un hito importante, no obstante, no creo que podamos asumir un cambio de la noche a la mañana en cuestiones cultu- rales” (Oyarzún, 2006: 1). Sin embargo, la misma Bachelet ha

declarado: “¿quién hubiera imaginado años atrás que Chile hubiera elegido a una mujer como presidenta?” Así las cosas, éste es un fenómeno para analizar con más detenimiento. Las frases e imágenes triunfalistas de inicios del

año 2006 se tendrán que revisar a lo largo del ejercicio de su gobierno, a la luz de las reformas, o no, de los cambios, de la política y el cumplimiento de las promesas, lo cual traspasa las posibilidades del presente estudio. Eso sí, queda clara la simpa- tía, frescura y espontaneidad de su imagen inicial; así como los anclajes femeninos entre lo tradicional y lo moderno: buena madre de sus hijos y por extensión de la ciudadanía; políticas a favor de las mujeres, los jóvenes, infantes y ancianos; gabinete mixto, entre otras cosas. Si bien es cierto que la llegada a ciertos espacios de poder no es fácil para las mujeres, el mantenerse en los mismos parece que tampoco lo es mucho. Su estadía en el poder ha sido cues- tionada tanto por la oposición como por su propio partido, y diputados y senadores de la coalición ganadora han desertado,

y ella misma cambió parte de su gabinete. Diversas han sido las

manifestaciones ciudadanas de descontento a ciertas políticas.

hay que destacar cómo ha declinado su popularidad, llegando en diciembre del 2007 a 39 por ciento de población que aprueba su gestión, más de 20 puntos menos que a su inicio como presidenta, y con uno de los porcentajes menores entre los mandatarios del continen- te, y al parecer sigue descen- diendo. Ella ha afirmado que se tra- taba de un “feminicidio políti- co” y que “La integración de las mujeres en papeles de lideraz- go ha llegado para quedarse”.

Si bien se comenta, en su pro-

Y

llegado para quedarse”. Si bien se comenta, en su pro- Y pio partido, que su falta

pio partido, que su falta de decisión podría perjudicar a futuras candidatas. Y hay quien

dice que “le faltan pantalones”,

y también quien afirma que

tiene “las faldas bien puestas”. En todo caso, la campaña ya quedó en el pasado y lo de los cuatro pecados capitales pasó

a segundo término, ahora ha de demostrar que puede gobernar.

Cristina Fernández: “me va a costar más porque soy mujer” El 10 de diciembre de 2007 tomó posesión la primera presiden- ta electa de Argentina: Cristina Fernández ya mencionamos a María Estela Martínez de Perón. Y señaló que tenía una res- ponsabilidad enorme respecto a sus congéneres, refiriéndose a las mujeres. Así como recordó a Eva Perón, cuya historia le fue relatada por sus padres desde chica y reconoce haber estado influida por ella cuando ingresa en las Juventudes Peronistas a los 16 años. En el anuncio de su candidatura, en julio del 2007, realizó un acto multitudinario el mismo día, pero algo más de

el estilo, ¿por qué es dis-

en julio del 2007, realizó un acto multitudinario el mismo día, pero algo más de el

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 12 página medio siglo atrás, en que el pueblo

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medio siglo atrás, en que el pueblo argentino pidió a Eva que se presentara como vicepresidenta. Y en su acto de toma de pose- sión, en diciembre del 2007, en un emotivo discurso, reconoció haber seguido el ejemplo de Evita. Toda vez que remarca el carácter continuista de su política:

“Vengo a profundizar los cambios”, con relación a la de su espo- so Néstor Kirchner (2003-2007), anterior presidente de ese país. “Seguramente esto me va a costar más porque soy mujer”, afirmó, y es que “siempre nos va a costar más a nosotras”. A lo cual añadió creer tener la fuerza para hacerlo e invocó como ya lo había hecho con anterioridad en varios discursosel ejemplo de Eva Perón, diciendo que seguramente lo hubiera merecido más que ella. También habló del ejemplo de “esas mujeres que con pañuelos blancos se atrevieron donde nadie se atrevía”, en clara alusión a las Madres de la Plaza de Mayo que reclamaron a la dictadura militar por sus hijos desaparecidos. Con estas palabras, entre lágrimas contenidas y bromas familia- res sobre la dificultad del protocolo, tomó el bastón de mando de manos de su esposo y ex presidente, mientras su madre e hija lloraban al igual que otros políticos allí presentes. Ella se permi- tió hacerlo un rato después cuando subió al escenario en un espectáculo musical frente a la Casa de Gobierno. Unos meses antes, tras su victoria en las urnas, ya había men- cionado, en alguna ocasión, a las mujeres en su discurso de cam- paña y las convocaba como articuladoras entre la familia, la polí- tica y la militancia partidista. Esta mujer también llegó a la presidencia a sus 54 años como Bachelet. Abogada, madre de dos hijos y ex “primera dama”, aunque ella prefería nombrarse “primera ciudadana”, no sólo conoce de cerca y desde dentro los hilos del poder como ex vicepresidenta de facto durante el mandato presidencial de su marido; sino que también cuenta con una notable carrera políti- ca propia, y como reconocen partidarios y opositores tiene una gran fortaleza y capacidad. Siempre ha defendido su apellido de soltera, contrario a la costumbre del país. Y en algún momento fue más conocida que su esposo en la política nacional por sus notables pleitos públicos con Carlos Saúl Menem, anterior presi- dente de Argentina y miembro del mismo partido, el Peronista o Justicialista, ganándose fama de rebelde y habiendo sido por ello, incluso, expulsada de su bancada parlamentaria. “La Cristina” o “la pingüina” también hay quien la llama “reina Cristina” por su carácter autoritario y apariencia glamorosa, como se la conoce popularmente por su nombre o por haber vivido en la Patagonia de donde es originario su esposo, es hija de un empresario del transporte y de una lideresa sindical, con orígenes alema- nes igual que su marido. Cursó psicología y la dejó para dedicarse al derecho, estudian- do en los años setenta en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, donde nace y donde, militando en las Juventudes Peronistas, conoce a

Néstor y se casa en 1975. Tras el golpe militar y el encarcelamien-

to de éste, en 1976, parten a la provincia sureña de Santa Cruz

en la Patagoniaa ejercer la abogacía y a amasar una fortuna familiar, toda vez que continúa con una militancia clandestina periférica. Combina a la perfección la esgrima verbal con la coquetería

femenina, ha afirmado públicamente: “jamás saldría a la calle sin ponerme rimel”, y su vestuario es vistoso, así como numerosos los tratamientos estéticos y de cirugía plástica a los que se ha sometido. Lo cual no ha cambiado la imagen de iracunda por su carácter fuerte y a veces también dicen que malhumorado. En 1989, es diputada federal por Santa Cruz, en 1993 repite, en 1995, pasa a ser senadora nacional por esa misma provincia

y en 1997 diputada nacional, participó en la Constituyente,

luego fue senadora por Buenos Aires, etcétera. En 2003, su espo- so llega a la presidencia de la República. Fernández arriba a la Casa Rosada sin sorpresas, ya que todas las encuestas pronosticaban su rotundo triunfo, mismo que se debe al modelo de la política neodesarrollista keynesiana con barniz izquierdista de su esposo desde que llegara a la presiden-

cia Kirchner podía reelegirse y su popularidad así lo apuntaba, sin embargo, no lo hizo aduciendo problemas de salud. Eso sí, con más del 45 por ciento de votos, a más de 20 puntos de su opositora más inmediata, también una mujer, Elisa Carrió de Coalición Cívica, un agrupamiento de centroizquierda. Hay que destacar que, sumando los votos de ambas candidatas, el 70 por ciento de la ciudadanía argentina votó por una mujer, 46 por

ciento por Cristina Fernández y 24 por ciento por Elisa Carrió. La mayoría que posee le garantiza el no tener que negociar con una oposición que además está desarticulada; si bien no cuenta con todo el apoyo de su propio partido, como dijimos. En todo caso, parecen interesantes algunas declaraciones en

el sentido de que la celebración de la victoria no era por la pelea

dada para la presidencia de la República, sino por “el principio del fin de tabúes que relegaban a las mujeres por el sólo hecho de serlo”, dijo María José Luberino (Instituto Nacional de Lucha contra la Discriminación).

Una vez en el cargo se enfren- tó de inicio con la acusación estadunidense de recibir fondos del presidente venezolano Hugo Chávez para su campa- ña, a lo cual respondió: “Esta presidenta puede ser mujer, pero no se va a dejar presio- nar”. Otra cuestión son las declaraciones que ha efec- tuado contra la nación más poderosa del orbe, Estados Unidos, en diversas oca- siones, que no han sido bien vistas por algunos sectores de su país. También tiene otro aspecto que vale la pena destacar: fue investigada tras la declaración patrimonial que realizó junto a su esposo, y por enriquecimiento ilícito.

fue investigada tras la declaración patrimonial que realizó junto a su esposo, y por enriquecimiento ilícito.
fue investigada tras la declaración patrimonial que realizó junto a su esposo, y por enriquecimiento ilícito.
fue investigada tras la declaración patrimonial que realizó junto a su esposo, y por enriquecimiento ilícito.

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 13 En fin, que como ella apuntó desde su

En fin, que como ella apuntó desde su toma de posesión, no le va a ser fácil, y no sólo por ser mujer, añadiríamos.

Para ir cerrando el tema Algunos rasgos generales de las mujeres líderes políticas hoy en el mundo y

que coinciden con las dos presidentas latinoamericanas objeto de este estudio son: origen urbano en general; provienen de clases más o menos acomodadas en un alto porcentaje; con padres generalmente profesionales; su escolaridad

y nivel educativo es superior al común de la población y especialmente la

femenina, con carreras universitarias, varias de ellas; la edad se encuentra alrededor de los 50 años; poseen experiencia política en distintos cargos de gobierno Legislativo y Ejecutivo; su profesión es diversa, aunque algunos estudios apuntan todavía a la abogacía como una de las carreras más usuales entre ellas (Norris y Lovenduski, 1995; Uriarte, 1997; Fernández, 1999, 2003, 2006; Fundación Chile 21, 2006). También hay que remarcar que las actuales presidentas fueron elegidas en procesos electorales democráticos, mientras algunas anteriores en el continen- te como en otras latitudesarribaban a través de imposición o interinatos, por ejemplo, en medio de crisis sociales y políticas profundas, y en ocasiones por relaciones familiares en el seno político. Finalizar con unas breves reflexiones y perspectivas acerca del tema que nos ocupa: sin olvidar todos los obstáculos y limitaciones de las mujeres y la parti- cipación política formal de las mismas, en especial en cargos públicos y en con- creto en partidos políticos, parece que está teniendo lugar, también y en para-

lelo, un aumento lento y paulatino de su presencia en la esfera política institu- cional. Lo cual se explica por una concatenación de motivos que van desde los cambios en el imaginario social y percepción de la población en general, hasta

el incremento del capital educativo femenino y las legislaciones políticas favo-

rables a la participación, tanto de carácter nacional como internacional. Sin olvidar las luchas históricas de las mujeres y los movimientos de mujeres, las transformaciones socio-económicas olvidar las luchas históricas de las mujeres y los movimientos de mujeres, las transformaciones socio-económicas y tecnológicas, así como los desplaza- mientos demográficos en el espectro del electorado. Pero todo esto es ya otro tema motivo para otro artículo. Hasta aquí un breve recorrido por la trayectoria política, campañas, triunfo electoral, toma de posesión, y primeras actitudes de las dos presidentas muje- res en Latinoamérica. Hoy ya se perfilan posibles candidatas presidenciales para otros países del continente. En todo caso, destacar el como decíamoslento y gradual avance numérico en cuanto a la presencia femenina en el espa- cio donde se dirimen los asuntos públicos, a veces, también y en paralelo, las nuevas políticas y legislaciones favorables a la misma, y, todo esto, además, acompañado de cierto cambio de percepción y preferencia por parte de la población.

Bibliografía

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en política. Barcelona, Ariel.w

A., (coords.), Mujeres en política . Barcelona, Ariel. w Rector General Dr. José Lema Labadie Secretario
Rector General Dr. José Lema Labadie Secretario General Mtro. Luis Javier Melgoza Valdivia Rector Unidad
Rector General Dr. José Lema Labadie Secretario General Mtro. Luis Javier Melgoza Valdivia Rector Unidad

Rector General Dr. José Lema Labadie

Secretario General Mtro. Luis Javier Melgoza Valdivia

Rector Unidad Iztapalapa Dr. Óscar Monroy Hermosillo

Secretario M. en C. Roberto E. Torres-Orozco Bermeo

Director de la División de Ciencias Sociales y Humanidades Dr. Pedro C. Solis Pérez

Secretario Académico de Ciencias Sociales y Humanidades Dr. Miguel A. Gómez Fonseca

Directora de Ciencias Básicas e Ingeniería Dra. Verónica Medina Bañuelos

Secretario Académico de la División de Ciencias Básicas e Ingeniería Dr. José Antonio de los Reyes Heredia

Director de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud Dr. Francisco F. Pedroche

Secretario Académico de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud Biol. Jorge Vieyra Durán

Coordinador de Extensión Universitaria Dr. Carlos Vázquez Salinas

Jefe de la Sección de

Impresiones y Diseño Enrique Quezada

Jefe de la Sección de Impresiones y Diseño Enrique Quezada

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Dr. Carlos Vázquez Salinas Jefe de la Sección de Impresiones y Diseño Enrique Quezada 13  

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 14 Leticia Villaseñor Roca* Ser una mujer política 14

Leticia Villaseñor Roca*

Ser una mujer política

Página 14 Leticia Villaseñor Roca* Ser una mujer política 14 página * Profesora Investigadora, Dpto. de
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* Profesora Investigadora, Dpto. de Filosofía, UAM-Iztapalapa.

Investigadora, Dpto. de Filosofía, UAM-Iztapalapa . R ealizar un análisis del lenguaje es poner en juego

R ealizar un análisis del lenguaje es poner en juego las relaciones de sus signos, usos, convenciones y su poder representativo. El lenguaje es un instru- mento que usamos para determinar existencias, afirmar certezas, mover conciencias, comunicar visiones de mundo, expresar emociones, construir y conocer identidades. Un acto de comunicación

asume todas las perplejidades del uso del lenguaje como instrumento de conocimiento, expresión, juego y poder. La presente comunicación se inscribe dentro de la perspectiva del análisis del discurso verbal que se manifiesta en la interacción humana considerada como proceso social. De esta manera, el discurso comprende los aspectos verbal y social. Se trata de una práctica enunciativa que se realiza en una multiplicidad de cir- cunstancias sociales. Dentro de este marco, se intenta identificar algunos mecanis- mos discursivos que actúan en el proceso de construcción de la identidad de una mujer política. De acuerdo con Gilberto Giménez (2002), las identidades pueden ser pensadas como enti- dades relacionales, dinámicas y cambiantes, debido a la transfor- mación que el propio individuo sufre al establecer sus relaciones sociales, es decir, a partir de la interacción con los otros. De esto resulta que el sujeto configura una imagen de un mundo lleno de significados, discursos, formas de pensar, de expresar y de hacer; y, al mismo tiempo, establece una concepción de sí mismo a tra- vés de la cual se interpreta, se analiza, se critica y se asigna valo- res que pone en práctica en su hacer cotidiano. Ahora bien, una mujer política, al narrar su historia de vida, elabora su identidad mediante un tejido sutil de voces que pone en tensión dos geografías presentes en el imaginario social: el espacio público y el espacio privado; pues por medio de su acto enunciativo se configura a sí misma como transgresora del papel establecido por la cultura patriarcal para la mujer. Porque ¿qué instituye una sociedad cuando se construye como tal?: significa- ciones imaginarias colectivas entre las cuales se encuentra la divi- sión del espacio social y la diferencia entre los géneros que anuda un conjunto de prácticas, ideas, mitos y discursos que reglamentan y condicionan lo que es “propio” de cada género. Así, lo público se identifica con la razón, el poder, la política; mientras que lo privado va de la mano con el cuerpo, lo emoti- vo, lo doméstico, la familia. El problema de la desigualdad de las mujeres se establece a partir de su ubicación en el ámbito priva- do donde no hay poder ni prestigio, no es valorado socialmente. Por el contrario, las actividades que se desarrollan en el ámbito público, según Celia Amorós (1990), suponen un reconocimien-

las actividades que se desarrollan en el ámbito público, según Celia Amorós (1990), suponen un reconocimien-
las actividades que se desarrollan en el ámbito público, según Celia Amorós (1990), suponen un reconocimien-

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 15 Según refiere Pierre Bourdieu, la función social que

Según refiere Pierre Bourdieu, la función social que entraña un rito de institución es un acto que tiende a consagrar o legitimar. Instituir es sancionar o consagrar un estado de cosas. Además, el acto de institución es también un acto de comunicación que cumple la función de significar la identidad de alguien.

to y éste está íntimamente relacionado con el poder: “Es el espacio más valorado por ser el del reconocimiento, de lo que se ve, de aquello que está expuesto a la mirada pública”. Sin embargo, es incuestionable que en la actualidad se atraviesa por un momento de cambios sociales, culturales, ideológicos, pero éstos operan con gran lentitud en cuanto a la participa- ción de la mujer en la política; por un lado, se observan avan- ces y transformaciones y, por otro, retrocesos y resistencias. Se está en un permanente juego de transacciones entre el espa- cio de lo público y el de lo privado. Así, la mujer se enfrenta a un terreno que le plantea permanentemente dilemas de identi- dad en este mundo contemporáneo. Pasando ahora a la aplicación del procedimiento analítico, el cual constituye el tema central de este artículo, conviene mencionar que se ha elegido la perspectiva metodológica de la teoría de la enunciación, derivada de Bajtín-Volshinov y Benveniste, cuyo postulado esencial permite destacar la estre- cha relación de los niveles lingüístico y social del discurso en el proceso de su funcionamiento en un contexto determinado. Según Benveniste (1976: 83), el emisor o locutor, al usar la lengua y producir un discurso, realiza un acto de enunciación. Este acto supone la presencia de un interlocutor: “en cuanto se declara locutor y asume la lengua, implanta al otro delante de él, cualquiera que sea el grado de presencia que atribuya a ese otro” (Benveniste, 1976: 85). Al lado de lo anterior y haciendo referencia a la categoría de enunciado polifónico expuesta por Oswald Ducrot (1988), el autor de un enunciado no se expresa directamente, sino que pone a actuar en el mismo enunciado un cierto número de personajes, por lo que el sentido del mismo nace de la con- frontación de esas diferentes voces que allí aparecen. Es decir, Ducrot (1988: 16) pone en duda la unicidad del sujeto que habla, afirmando que “en un enunciado hay presentes varios sujetos con estatus lingüísticos diferentes”. Tal planteamiento resulta de gran utilidad para analizar las distintas voces que hablan en el discurso del corpus seleccio- nado, ya que éste se configura como un entramado de la voz del yo y la voz de los otros; lo que conlleva a poner en la esce- na enunciativa, diferentes puntos de vista en tensión. Se trata de una confluencia de discursos sobre un mismo asunto pro- cedentes de diversos enunciadores. Es decir, del fenómeno de la citación, definido como la representación de un enunciado en otro, o, como señala Fonte (2002: 28), la presencia de la palabra ajena en la propia, donde el locutor habla también a través de una o varias voces emitidas por otros, en circunstan- cias y tiempos distintos al momento del acto enunciativo. En suma, a través de la función enunciativa, el sujeto va constru- yendo su identidad en virtud de un proceso discursivo dinámi- co y de progresión dialógica, en la medida que incorpora otras voces; en último término, se trata de una identidad constituida por el discurso y en el discurso. El discurso que interesa analizar aquí es el de Rosa Luz Alegría, nacida en 1945, y considerada la primera mujer en ocupar una Secretaría de Estado en México (1976-1982). Ella participó, en 1999, en una serie televisiva llamada “Mujeres y poder”. El propósito del programa era dialogar con mujeres políticas que han ejercido el poder en los niveles de toma de decisiones con proyección política y social de transcendencia nacional. La serie consta de 10 entrevistas realizadas a 10 mujeres; cada entrevista tiene una duración de 90 minutos y fueron presentadas a lo largo de 10 semanas. La historia de vida que narra Rosa Luz en la entrevista, se ini-cumple la función de significar la identidad de alguien. cia con su participación en el movimiento

cia con su participación en el movimiento del 68, en el que se reconoce a sí misma como una líder estudiantil destacada del activismo político de izquierda que se generó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); hecho que fue impor- tante para su desarrollo político posterior. Sin embargo, al poco tiempo dejaría abruptamente esta militancia estudiantil para casarse con un hijo del Secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, cargo que este último ocupara durante el mandato del presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz, personajes a los que la historia ha considerado como responsa- bles de la matanza del dos de octubre en la Plaza de Tlatelolco. El hecho de formar parte de una de las familias políticas de más poder de la época, le permite a Rosa Luz Alegría hacerse visible ante la elite política. Para muchos, su carácter enérgico, amén de su brillante inteligencia y capacidad, llamaron la atención de hombres del más alto nivel político que fueron finalmente imprescindibles para su ascenso: su suegro llega a ser presidente de la República y el sucesor en la presidencia, seis años después, es José López Portillo. La estrecha relación, para algunos íntima, con el presidente López Portillo abre la etapa de máximo poder para Rosa Luz, al grado de identificar- los como la pareja más poderosa conduciendo el país. El acto enunciativo de Rosa Luz se realiza durante el proce- so dialógico de la entrevista, que en este caso tiene un carác- ter predominantemente narrativo, y a través del cual se esta- blece el diálogo donde confluyen diferentes voces: la de la entrevistada, la de la entrevistadora y la palabra de otros per- sonajes convocados mediante el procedimiento de la cita con todas sus implicaciones polifónicas. Es así que en el discurso de Rosa Luz están presentes declaraciones, reacciones, opinio- nes, críticas de las distintas voces que ahí se congregan, por eso su habla también es “el habla que pertenece a otros”. Al mismo tiempo se trata de una narración que involucra accio- nes verbales que ponen en orden y lugar, ya sea actos huma- nos, sistema de valores, acontecimientos, o sea, acciones en las que está arraigado el concepto de secuencia narrativa; pues la noción de consecutividad (de temporalidad) es esen- cial en la definición de lo que se entiende por narratividad, porque la temporalidad es una dimensión humana, conforme a la cual se organiza lo humano. Además, cuando la narración refiere un discurso biográfico, el narrador o narradora prefigu- ra su historia presentando su verdad o por lo menos una ver- dad parcial: se instala en un proceso de interpretar, inventar o mitificar su vida, haciendo un esfuerzo por comprender el mundo que habita, dentro del cual acomoda sus vivencias. Por lo tanto, a lo largo de la entrevista, ella va configurando una imagen de sí misma muy personal e incluso de autoelogio. Como es de suponerse, el diálogo permanente es el que se realiza mediante la palabra de la periodista que la entrevista, la cual se desliza sobre todo hacia los tópicos de cómo Rosa Luz accede al poder y cómo lo ejerce. Un gran número de las preguntas que se le formulan reflejan una intención de repro- ducir estereotipos del imaginario social machista, pues se enfatizan las cuestiones relacionadas con su vida privada, supuestamente para entender mejor su trayectoria pública. La periodista se permite preguntar sobre sus relaciones afectivas, sobre el comportamiento de sus padres, incluso sobre su atuendo personal, preguntas que serían inadecuadas cuando se entrevista a hombres políticos; por ejemplo:

“¿Cuál era la relación entre tus padres?” “Dijiste que no querías identificarte con tu madre, la

“¿Cuál era la relación entre tus padres?” — “Dijiste que no querías identificarte con tu madre,

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 16 mujer sufrida. ¿Tenías sin embargo otro modelo de

mujer sufrida. ¿Tenías sin embargo otro modelo de mujer al que aspirar? “Y asumiste tu cuerpo frondoso de mujer ¿cómo suce- dió eso?”

“¿Y la banda? Siempre llevaste, la sigues llevando,

una banda en la cabeza. Una banda que combina con tu ropa y a veces incluso es del mismo material”.

“¿Fue amor a primera vista, o qué fue?” (Berman y Maerker, 2000: 36-58)

Al mismo tiempo, es interesante observar que la periodista, además de utilizar el mecanismo de la pregunta directa, se vale del recurso de la cita para hacer referencia al tema del acelerado encumbramiento político de Rosa Luz. Se usa el esti- lo indirecto que es una de las estructuras formales más carac- terísticas del discurso citado. Esta clase de citas son introduci- das por expresiones del tipo “dice que”, “se decía”, “se dijo”, que ponen en contacto dos acontecimientos lingüísticos en un mismo discurso: la voz que cita, es decir, en este caso la de la periodista y las voces citadas, estas últimas consideradas como actos enunciativos de voces anónimas realizadas en un contex- to diferente al acto enunciado de la entrevista. Los siguientes ejemplos son una muestra de lo anterior:

“Se dijo y se dice que López Portillo y tú fueron aman- tes”. “Para ser justos, no siempre se dijo en tono de crítica agresiva. También con cierto asombro y con gran curiosi- dad. Es algo que tiene mucho de mítico, de epopéyico:

‘una pareja poderosa conduciendo a todo un país’”. —“Se decía que eras la segunda persona
‘una pareja poderosa conduciendo a todo un país’”.
—“Se decía que eras la segunda persona con más poder
en el país” (Berman y Maerker, 2000: 45-52).
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Aquí se puede observar que las intervenciones de la perio- dista son atenuadas al utilizar este recurso que cita indirecta- mente voces anónimas, pues soslaya el compromiso de expre- sar su punto de vista, con el propósito de dejar la responsabi- lidad de dichos juicios en otros enunciadores: estrategia útil para implicar la idea de que el ser mujer es la causa de la ver- tiginosa carrera política de Rosa Luz y de que su acceso al poder se da por la vía de la alcoba. Ahora bien, centremos nuestra atención en el discurso de Rosa Luz. Al narrar su vida pública, ella selecciona y organiza los hechos, motivos y actores políticos de acuerdo con la inten- ción de darle sentido a su verdad. Su enunciación crea, pues,

realidades que pueden ser ficticias, pero no importa, aun así

es su verdad, y requiere de ella para constituir su identidad. La voz de ella funciona para describirse a sí misma, pero también refiere la palabra de los otros para mostrar el reflejo que proyecta su imagen y sus acciones. Se podría decir que el tono de su discurso apunta predominantemente hacia el auto- elogio, no sólo por medio de su enunciación, sino sobre todo apoyándose con la palabra del presidente. Parece ser que la búsqueda de credibilidad de Rosa Luz sea la causa de que su discurso cite enunciados que tuvieron ocurrencia real, lo que

no invalida la afirmación de que toda cita es un simulacro ver- bal, cuya intención es crear representaciones de comunicacio- nes ausentes.

A diferencia del discurso de la periodista que se vale del

estilo indirecto de citar, donde ella mantiene el contenido del discurso citado pero no su forma gramatical, la voz del presi- dente se expresa en estilo directo; o sea, la cita presenta el dis- curso del otro tal como supuestamente ocurrió, de tal manera que las voces de Rosa Luz y la de López Portillo se mantienen separadas: ella no juzga el discurso del otro, sino que repro- duce palabra por palabra, considerándolas como la imagen más fiel del texto original; véase el ejemplo siguiente:

“Y el candidato [López Portillo] dice: ‘no tengo más que agregar a lo dicho por Rosa Lúcida, apruebo y avalo todo’. No dijo más” (Berman y Maerker, 2000: 48).

Es importante detenerse en el análisis de este ejemplo, pues

parece ser que al citar la voz del presidente bajo la estructura

del estilo directo, ella tiene la intención de alcanzar mayor legi- timación en cuanto a su posicionamiento político; lo cual con- firma la hipótesis de Fonte (2002: 30), quien señala que “cuando el locutor considera que la palabra ajena pertenece

a un enunciador de una posición de alta jerarquía tiende a reproducirla tal cual, es decir en forma directa”.

A propósito de lo anterior, resulta interesante hacer mención

del significado que tiene la representación simbólica de los “ritos de institución”, concepto importante desarrollado por Pierre Bourdieu (2001) en su texto ¿Qué significa hablar? Su propuesta se fundamenta en destacar la función social que entraña un rito de institución, entendido como un acto que tien- de a consagrar o legitimar: “Instituir es sancionar o consagrar un estado de cosas” (Bourdieu, 2001: 80). Además, el acto de institución es también un acto de comunicación que cumple la función de “significar a alguien su identidad” (Bourdieu, 2001:

81): desde el momento en que la expresa ante todos, les noti-

fica con autoridad lo que ese alguien es y lo que tiene que ser.

“A través de esta representación simbólica se crea la institución

de una identidad; es significarle a alguien lo que es y significar-

le que tiene que conducirse consecuentemente como se le ha

significado. Instituir es dar una definición social, una identidad”

(Bourdieu, 2001: 81). De ahí que el discurso del presidente es un acto de habla performativo que pretende imponer como

legítima una identidad, pues proviene de un portavoz autoriza- do, investido a su vez de un poder institucional: “La eficacia del discurso performativo que pretende instituir lo que enuncia en

el acto mismo de enunciar, es proporcional a la autoridad de

quien lo enuncia” (Bourdieu, 2001: 90). De lo anterior se desprende la evidente necesidad de Rosa Luz de convocar la palabra del presidente para configurar su imagen de mujer política. Esta identidad otorgada por un poder institucional la asume a su “ser y estar” en la esfera pública, pues ahora mediante su propia voz, esto es, sin recu- rrir a la refracción del discurso ajeno en el propio, ella refiere en numerosos fragmentos de su narración el amplio reconoci- miento que le confiere el máximo mandatario de su país para ejercer su poder político:

-“López Portillo me dio por fin el reconocimiento que buscaba. Creo que en psicología se llama ‘el reconoci-

- — “López Portillo me dio por fin el reconocimiento que buscaba. Creo que en psicología
- — “López Portillo me dio por fin el reconocimiento que buscaba. Creo que en psicología

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 17 miento del padre’. El gran reconocimiento del gran

miento del padre’. El gran reconocimiento del gran patriarca, del Presidente de mi país. No fue un día, un ins- tante, no puedo decir ah, en este momento me iluminó. Pero fue gracias a ese reconocimiento que me dio sin nin- guna limitación, con tanta generosidad, con tanta ampli- tud, incluso hasta con tanto cariño, que me fui afirmando y ya no necesité demostrarle a nadie, ni a mí misma, nada. Simplemente así era y ya. Así soy, sentí, y punto” (Berman y Maerker, 2000: 58). “Tenía mucho poder, sí, por la posición que tenía y por- que el Presidente escuchaba mis opiniones. Es un poder infinito que el Presidente de tu país te escuche. ¡Dios de dioses!: ¿qué más puede uno pedir?” (Berman y Maerker, 2000: 52).

Sin duda, al interpretar las palabras anteriores, no es posi-

ble dejar de observar que ellas reflejan ese significado implíci- to que está presente en la estrecha relación que hay entre el poder y el imaginario social planteado por el discurso hege- mónico; el cual se traduce en estigmatizar la participación de la mujer en la vida pública. En la medida en que ésta accede al poder, percibe todavía la incomodidad de quien transgrede una identidad socialmente aceptada para los hombres, confir- mando la idea de que entre lo femenino y el poder existe un difícil obstáculo que hay que esquivar o traspasar. De ahí la necesidad de Rosa Luz de convocar el respaldo que le puede otorgar el mundo masculino, pues considera que la mujer al entrar al mundo del poder se encuentra con reglas masculinas

y tiene que adaptarse a esas reglas y moverse conforme a

ellas, incluso arriesgándose a perder el juego. Con el fin de confirmar tales dificultades, Rosa Luz llama también a la escena enunciativa otras voces anónimas, a las que ella les otorga la función de presentar la zona oscura de

su actividad política. Estas voces ya no configuran el elogio, tal como sucede con la enunciación del presidente, sino el ata- que. Dos ejemplos significativos pueden ser pertinentes para ilus- trar cuál es el recurso más común para descalificar a una mujer que se mueve en el espacio masculino: la diádica sexoella les otorga la función de presentar la zona oscura de y poder. Rosa Luz dice:

y poder.

Rosa Luz dice:

“Es la primera crítica que le hacen a una mujer que destaca. Dicen: ‘ah, claro, como es mujer está donde está; si yo tuviera falda, si yo usara aretes, estaría ahí’”. “Yo sentía la crítica tremenda. Se llegó a decir: ‘ah, claro por eso la hizo Secretaria de Estado’. Yo digo: cómo no; si así fuera, habría muchas Secretarias de Estado” (Berman y Maerker, 2000: 49).

Como se ha visto, la representación identitaria de esta mujer es fundamentalmente tarea del lenguaje. Por ende, su yo se conforma dentro de una densa red de discursos que circu- lan en el ámbito de un contexto social específico trazado desde el poder. Estos discursos aportan un conjunto de reglas para pensarse y reconocerse a sí misma. La concepción de su ima- gen emerge, por lo tanto, de las afirmaciones que ella elabo- ra acerca de su ser pasado, pero que jamás refieren a un ser pasado definitivo, almacenado en su memoria, sino a una interpretación situada en el presente, o sea, en el momento de decir su palabra; de modo que la representación discursiva de su ser no es una entidad cerrada, congruente y definida. Para finalizar, no quiero dejar de añadir otro aspecto impor- tante que se deriva de la intención de Rosa Luz de confirmar el papel que desempeñó como gran colaboradora del presiden- te, y como una mujer política que se satisface al reconocer una admiración profunda hacia el otro. Cuando recuerda, con entusiasmo, el discurso pronunciado por éste en su toma de

posesión, en el que ella había participado en su elaboración, dice:

posesión, en el que ella había participado en su elaboración, dice:

“Cada frase iba cayendo sobre el auditorio y yo de alguna manera sentía como si lo estuviera diciendo yo,

porque lo conocía de memoria, frase por frase, punto por

 

punto [

].

Al estarlo leyendo él, y leyendo de forma

maravillosa, con su voz aterciopelada, sentía yo verdade- ramente una delicia” (Berman y Maerker, 2000: 48).

Sin embargo, el resultado de asumir con tal vigor la idea de que su poder se finca bajo el amparo de ese otro, es lo que provoca su debilidad como política, pues al término del man- dato del presidente, Rosa Luz desaparece de la escena pública a pesar de sus intentos por permanecer en ella. Quiso jugar con las reglas de un mundo masculino, pero aun así, al final del juego, perdió y se tropezó con el vacío:

“Iba yo muy acelerada y de repente se para en cero mi actividad y me quedo superacelerada. Empecé a mover-

me en mi casa y me encontré el jardín

Empecé a hacer

jardinería, pero era compulsiva: me levantaba a las 7, 8 de la mañana, me ponía mis botas, mis guantes, etcéte-

ra, y salía al jardín y empezaba a mover plantas, a mover árboles y a escarbar, a hacer agujeros, a plantar estos árboles que desde aquí se ven, a podar ramas. Daban las seis o siete de la noche y con linterna yo seguía: con la

linterna cortando hojas y haciendo cosas [

]

seguía yo

escarbando, escarbando” (Berman y Maerker, 2000: 64).

 
escarbando” (Berman y Maerker, 2000: 64).   Bibliografía —Amorós, C., (1990) Mujer,

Bibliografía —Amorós, C., (1990) Mujer, participación, cultura política y estado. Buenos Aires, Editorial de La Flor. —Bajtín, M., (1982) La estética de la creación verbal. México, Siglo XXI. —Benveniste, E., (1976) Problemas de lingüística general I. México, Siglo XXI. —Berman, S. y Maerker, D., (2000) Mujeres y poder. México, Raya en el Agua. —Bourdieu, P., (2001) ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos. 3ª edición. Madrid, Akal. —Ducrot, O., (1988) Polifonía y argumentación. Cali, Universidad del Valle. Fernández, A. M., (1994) La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres. Buenos Aires, Paidós. —Fonte, I., (2002) La nación cubana y Estados Unidos. Un estudio del Discurso periodístico (1906-1921). México, El Colegio de México/UAM-I. —Giménez, G., (2002) “Materiales para una teoría de las identidades socia- les” en Valenzuela, J. M., (coord.), Decadencia y auge de las identidades. México, El Colegio de la Frontera Norte/Plaza y Valdés.

J. M., (coord.), Decadencia y auge de las identidades . México, El Colegio de la Frontera

—Reyes, G., (1984) Polifonía textual. La citación en el relato literario. Madrid,

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—Reyes, G., (1984) Polifonía textual. La citación en el relato literario . Madrid, 17 Gredos. w
—Reyes, G., (1984) Polifonía textual. La citación en el relato literario . Madrid, 17 Gredos. w

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 18 Respirar aires universitarios ¿una posibilidad de libertad?

Respirar aires universitarios

¿una posibilidad de libertad?

Respirar aires universitarios ¿una posibilidad de libertad? Lourdes Andrade León* P odemos apreciar en nuestra vida

Lourdes Andrade León*

¿una posibilidad de libertad? Lourdes Andrade León* P odemos apreciar en nuestra vida diaria cómo las
¿una posibilidad de libertad? Lourdes Andrade León* P odemos apreciar en nuestra vida diaria cómo las

P odemos apreciar en nuestra vida diaria cómo las mujeres corren, van y vienen eternamente; me refiero, en particular, a algunas mujeres casadas que tienen hijos y que estudian en la universidad; siempre buscan llegar a algún lugar a tiempo,

van de prisa al trabajo, hablan desesperadas por teléfono tratando de adecuar todas sus activida- des de tal manera que los resultados sean positivos; nunca fal- tan los pendientes de última hora que no acaban de quedar dis- puestos (la comida, el quehacer del hogar, los hijos, el esposo, las reuniones en la escuela, etcétera), porque en todas las socie- dades conocidas, el cuidado de los niños y las actividades domésticas competen invariablemente a todas las mujeres (Lipovetsky, 1999) y por otro lado (los retrasos en el trabajo, la preparación académica, los reportes y tantas tareas inacabadas por falta de tiempo) . Se percibe cómo las funciones y los roles antiguos se perpetúan, combinándose de manera inédita con los roles modernos (Lipovetsky, 1999), que la ubican en una doble y hasta triple jor- nada.

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* Maestría en Investigación en Educación, IES/Universidad Veracruzana.

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Siempre me he cuestionado sobre qué es lo que mueve a estas mujeres. Qué busca el ser humano, y en especial ellas, que se les observa emprender un negocio, estudiar una carrera, buscar tra- bajo o colocarse en algún puesto importante. ¿Por qué ahora que se encuentran casadas deciden salir del hogar y emprender nue- vas tareas? A pesar de que vivimos tiempos en donde la violencia, los secuestros, los asesinatos, ni siquiera un río caudaloso las puede detener, más todo lo que pudiera acontecer, nadie y menos algunas mujeres quieren parar su accidentada carrera para lograr sus metas. Soñaban con ser madres y amas de casa, ahora quieren ejercer una vida profesional (Lipovetsky, 1999). Pero creo que nos encontramos en esa desorganización como parte de ese proceso de acomodamiento, donde las actividades, formas de pensar, las metas a alcanzar, entre otras cosas, no aca- ban de quedar muy claras; pero hoy por hoy, las mujeres se han propuesto participar en la superación de las alineaciones mediante la aprehensión de sus vidas (Lagarde, 2001), esto las mueve a buscar otro lugar donde ellas quieren estar. A continuación presentaremos el caso de dos universitarias, casadas, en el caso de Lorena con tres hijos y de Teresa con dos hijos. La primera trabaja en el lote de autos de su esposo, donde no gana ningún salario, ella tiene toda la carga del hogar y de los

trabaja en el lote de autos de su esposo, donde no gana ningún salario, ella tiene
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hijos. La segunda trabaja durante la semana en una guardería, ambas estudian una carrera profesional los sábados. Las pre- guntas fueron las siguientes:

¿Por qué decidiste estudiar ahora que tienes esposo e hijos? ¿Te sientes realizada en este momento como mujer? ¿Qué crees que quiere la mujer al superarse académicamente?

¿Por qué decidiste estudiar ahora que tienes esposo e hijos? Lorena:

Siempre escuché a mi madre decirme que sólo debíamos pre- pararnos para el matrimonio y que por eso debería saber hacer los quehaceres de la casa. Después de alcanzar esta meta tan anhelada, me cuestionaba sobre su situación, sobre la incomodidad de ver a mi esposo como autoridad, el que mantiene y que tiene libertades que yo no podía tener. Me preguntaba: ¿por qué tenía que estar allí y conformarme?

Lorena manifiesta cómo la educación tradicional inculcada desde pequeña fue la de su preparación para el matrimonio y que esto, en estos momentos, le causa molestia y no se siente plena. La obra El segundo sexo plantea que el trabajo que la mujer realiza en el interior del hogar no le confiere ninguna autonomía; no es directamente útil a la colectividad, no desem- boca en ningún porvenir y no produce nada (De Beauvoir, 1995). En consecuencia, notar que ella carece de derechos y atribucio- nes en la toma de decisiones, le ocasiona un conflicto ya que se identifica como algo que sólo estaba allí.

Teresa:

Más que nada, lo que me llevó a seguir estudiando es el hecho de que no hay buenos trabajos, lo que a mí sí me inculcaron es que siempre hace falta el estudio, pero no me lo dieron. Ahora que estoy desempleada me doy cuenta que no es muy fácil ya que tengo que trabajar para mis hijos. Tengo que demostrarles a los hijos que para aspirar a un buen trabajo se tiene que estudiar.

La respuesta de Teresa va encaminada a una reflexión sobre la importancia del estudio como parte de la formación y prepa- ración para el desempeño de un trabajo mejor remunerado, lo cual la motiva a seguir estudiando. En la nueva cultura del traba- jo, las mujeres expresan su voluntad de conquistar una identi- dad profesional en el estricto sentido de la palabra y, más ampliamente, el deseo de que se les reconozca a partir de lo que hacen (Lipovetsky, 1999). El camino que es buscado ahora por algunas mujeres, las dirige a tomar alternativas como la educa- ción, que son vistas con buenos ojos por la mayoría de ellas.

¿Te sientes realizada en este momento como mujer? Lorena:

Me siento bien en este momento, venir a la escuela para mí es un descanso, es algo mío, es agradable respirar los aires uni- versitarios, algo que disfruto mucho, ya no estoy encerrada en la casa, me siento libre; aparte me va a ayudar a alcanzar una meta y aspirar a un mejor trabajo, ser reconocida. Pero, por otra parte, a veces siento que estoy descuidando muchas cosas (hijos, hogar, esposo), aunque creo que mi esposo tam- bién tiene obligaciones, pero me doy cuenta que como padre y esposo exige que yo tenga la responsabilidad de educar a los hijos, estar al pendiente de sus estudios, viniendo esto a crear conflictos porque estoy mucho tiempo fuera de casa o atendiendo mis asuntos de la escuela. Pero ahora, si mi espo- so no quiere ayudarme, ya no me importa.

La salida de la mujer del hogar, la coloca en una situación dis- tinta y la hace sentir diferente; tradicionalmente, la felicidad

y la hace sentir diferente; tradicionalmente, la felicidad f emenina se construye sobre la base de

femenina se construye sobre la base de la realización personal del cautiverio que, como expresión de feminidad, se le asigna a cada mujer (Lagarde, 2001), esto va siendo modificado, aunque en el caso de Lorena, el sentir de abandono hacia su familia le hace sentir cierta culpa, pero ella poco a poco va entendiendo su reali- dad de manera diferente. Así, también, se plantea las obligacio- nes del esposo como padre, la diferencia entre hombres y muje- res con respecto a la responsabilidad del trabajo doméstico no es casual (Borderías et al., 1994). Y esto es un inconveniente que hay que superar, ya que de esa división histórica del trabajo surgieron dos culturas, una dominante, otra dominada, que se convirtieron en esencias a través de los mitos de lo masculino, hasta parecer- nos lo natural (Castells y Subirats, 2007), sin embargo, ahora al menos para Lorena ya no lo es tanto.

Aunque la mujer piense en la libertad para poder decidir el rumbo a tomar, no debe olvidar que la libertad es hija de la autoridad bien entendida. Ser libres no quiere decir hacer lo que a uno le parece y le gusta, sino ser dueño de sí mismo, saber obrar sobre la base de la razón y cumplir con el propio deber.

y le gusta, sino ser dueño de sí mismo, saber obrar sobre la base de la

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Topodrilo

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 20 Teresa: No del todo, ya que yo no

Teresa:

No del todo, ya que yo no tengo mucho tiempo para dedicar- le a mis estudios como quisiera. Mi esposo no está muy de acuerdo; yo pienso que todos debemos tener la oportunidad como iguales, aunque si bien esta experiencia de mi vida no es muy grata, no se qué va a pasar después.

La confusión que vive Teresa a partir de su incursión en la uni- versidad ha hecho que su situación se torne difícil, pero puede percibirse la resistencia del esposo a que se prepare académica- mente. A diferencia de algunas que creen poder resolver el pro- blema eliminando un término de la contradicción (la familia o la carrera), por nuestra parte pensamos que ambos términos, tal como los define la sociedad, encierran en igual medida, aunque sin duda de modos distintos, una trampa a las mujeres (Borderías et al., 1994), esto podemos pensarlo por la inacabada transformación de ideologías tradicionales, que tienen a la mujer en un estado constante de preocupación e incertidum- bre.

3. ¿Qué crees que quiere la mujer al superarse académica- mente? Lorena:

Independizarse totalmente del hombre, liberarse, porque tú eres esclava de todo, de tus hijos, esclava de tu casa y aparte no te lo reconocen, bueno, sí te reconocen que eres esclava,

te lo reconocen, bueno, sí te reconocen que eres esclava, El Topodrilo desde el cristal rosa
te lo reconocen, bueno, sí te reconocen que eres esclava, El Topodrilo desde el cristal rosa

El Topodrilo desde el cristal rosate lo reconocen, bueno, sí te reconocen que eres esclava, Antonina Galván * L a primera

Antonina Galván*

L a primera vez que miré al Topodrilo

me llamó la atención: extraño ente,

mitad topo (mas bien tejón por el

tamaño de la trompa), mitad cocodrilo. Me pregunté por algo así como 15 segundos, si ese bicho era parte de la mitología clásica, del bestiario satánico de los últimos tiempos (no olvidemos al Chupacabras) o de plano había salido del imaginario alterado de algún adicto. Tiempo después, no se por qué circuns- tancia, algún colega de trabajo me dijo

que el animal tenía nombre: Masturberto, del que estaba completamente seguro porque lo había escuchado en Radio Pasillo, aunque reconocía desconocer el

escuchado en Radio Pasillo, aunque reconocía desconocer el 20 origen, que se perdía en los oscuros

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origen, que se perdía en los oscuros

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* Integrante del Consejo Editorial de Topodrilo.

recodos de los pasillos del edificio T. Ahora, con su reaparición por los solares de Iztapalapa, al igual que el Chupacabras, no me ha pasado des- apercibido ese extraño fenómeno que sólo sucede en México: las ideas, los conceptos y hasta las personas pueden pasar de moda, pero nunca desapare- cen. En este país todo trasmuta o míni- mamente reverdece, lo que me ha lleva- do a la reflexión sobre el Topodrilo. Su concepción y nombre me han tomado nuevamente por asalto, sobre todo ahora que me han invitado a participar en el comité editorial. Tomando el sentido del nombre, aparen- temente lo de topo tenga origen telúrico, por lo vernáculo que se le ve al animale- jo a pesar de su atuendo fino, lo apega- do a la tierra y a las tradiciones mesoa- mericanas que ya en varios códices deja- ban entrever lo que sería luego esta pre- clara publicación. Además, como los códices se escribían en cueros y dada la gran cantidad de errores que esta cir- cunstancia provocaba (por el frío y algún otro evento circunstancial), en el año 3- caña, Ayacayactzin emitió un bando pro- hibiendo que los códices se publicaran tachados, obligando a dichos escribanos pictógrafos a publicar sus trabajos con

nuevos ideogramas, producto de sus manos temblorosas por el frío y otras cosas, y sin el chance de corregirlos. En estas circunstancias muchos animalillos autóctonos se dieron a la fuga y los más conchudos optaron por la cómoda extin- ción; solo quedó el noble topo que era bien cuero, pero para hacer las sandalias de los escribanos, no porque fuera muy guapo. Por otro lado, tenemos lo obvio del sufijo -drilo que no hace referencia al cocodrilo, como en la vulgata dijera Constantino, sino al mandrilo, híbrido macho derivado de un mandril y un asno (que aún no comprendo cómo le hicie- ron, pero lo hicieron, al fin mexicanos). La conjunción copulativa de ambos es la que da origen al nombre que nos intere- sa. Pero no debiera interesarnos tanto el nombre, lo que importa es lo que hay atrás (y adelante) del animalejo, y que ya se derrama en copiosas hojas que fertili- zan la tierra del amor, la poesía y el edi- ficio F. En cuanto a su imagen, Masturberto, el Topodrilo no podía ser otra cosa que un topodrilo y no podía tener otro nombre; nada más hay que verlo: muy elegante, de esmoking y sombrero de copa, pero sin calzones. ¿Qué? ¿Nadie le ha dicho

nada más hay que verlo: muy elegante, de esmoking y sombrero de copa, pero sin calzones.
nada más hay que verlo: muy elegante, de esmoking y sombrero de copa, pero sin calzones.
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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 21 pero lo que no reconocen es el esfuerzo;

pero lo que no reconocen es el esfuerzo; entonces yo ya estoy chocada, nada más porque dice que yo no tengo dinero, no tengo dinero porque estoy cuidando a los niños y ¿por qué no los cuidamos los dos? Dice que yo no puedo ganar el mismo dinero que él trae a la casa, lo peor es que al principio me dijo

La vida cotidiana regida por un sistema tradicional y ahora el

parece tan natural vivir aisladas dentro de la casa y la familia, controladas por su marido, que requieren permiso para salir a visitar a su propia madre (Townsend citado en Zapata et al., 2002). Lorena ahora piensa que una preparación académica la puede conducir a algo mejor.

citado en Zapata et al. , 2002). Lorena ahora piensa que una preparación académica la puede

que si estudiaba, él me apoyaría, pero eso no es cierto, a él es lo que menos le interesa. Si ahora me dijera: “¿nos separa-

Teresa:

mos?”, pues sí le respondería; ahora ya no me va a limitar nada para estudiar la carrera, la carrera me ha dado más seguridad, me doy cuenta de que puedo hacer lo que quiera. Ahora le voy a echar las ganas a la carrera porque pienso que todo va a ser mejor.

rompimiento de roles tradicionales han tenido sus consecuen- cias; en el caso de Lorena ella ha despertado y se da cuenta de su situación tan complicada, que de nada sirve hacerse pedazos ya que en el cuidado de los niños es donde la diferencia de géneros en el hogar patriarcal se manifiesta más crudamente y donde se complica de forma considerable la cotidianidad de las mujeres (Castells y Subirats, 2007). Se percibe un cambio a esta situación ya que las mujeres están al tanto de lo que son capa- ces de hacer, como de lo que las tiene oprimidas y paralizadas. Desde su infancia, a la gran mayoría de las mujeres rurales mexi- canas se les ha inculcado, por parte de los hombres, una visión del mundo que las lleva a participar en su propia opresión. Les

Pues antes que nada quiero representar un sector, un sector como son las mujeres que son amas de casa y que pueden estudiar, ser importante para la sociedad. ¿Cómo importan- te? Al menos, al servir a la sociedad, crezco. Si yo me realizo como profesionista y como mujer, al sentirme competente voy a poder ofrecer a los demás lo que yo soy. Ahora me doy cuenta que es muy importante el dinero, ya que si no hay medios económicos cuesta mucho salir adelante y realizarte como estudiante. Y ahora que estoy casada, el que tiene dine- ro es él. Hasta la fecha dice que el dinero es de él, todo es de él y precisamente por eso lo estoy haciendo, y por una supera- ción personal. Y creo que voy a ser independiente el día en que tenga mis propios medios económicos.

En el caso de Teresa, ella quiere prepararse, desarrollar sus capacidades y habla de servir a la sociedad. Nos manifiesta la importancia del dinero, sabe que ella no tiene acceso a él, por- que el que hay en su casa es el de su esposo, y a pesar de todo la incomodidad surge; aunque no llegue a confesárselo ni a sí

 
surge; aunque no llegue a confesárselo ni a sí   que los superhéroes siempre usan calzo-

que los superhéroes siempre usan calzo- nes-mallas-calzones? En ese orden, para que quede bien claro que son bien valientes porque tienen muchos calzones;

su sola efigie evoca las mentes masculi- nas, y no es que sea yo muy feminista, pero es realmente masculino el bicho. Los atributos de poder, dinero y fuerza

donde los roles personales y estructuras sociales están mutando, para ajustarse a las exigencias de este mundo globaliza- do, donde cada vez son más las mujeres

en cambio Masturberto no lleva puesto calzón alguno, para enviar el mensaje de que él no es bien valiente, es muy macho, por eso no usa calzones. Por otro lado, es un anarquista provocador: todos los logos-imagen de productos y revistas apuntan hacía el lado derecho desde la izquierda, mientras que Masturberto se encamina hacia la izquierda, y vestido para la ópera, haciendo alarde de sí mismo, antinatural hasta para caminar. Regresando al origen: ¿quién fue la mamá y quién el papá? Lo obvio es que sean una topa y un cocodrilo, o quizá fue al revés, un topo y una “cocodrila”; por- que no creo que un mandril y un asno — ambos machos— pudieran dar origen a

están presentes, con su esmoking hace alarde de gran señor —como el gran Gatsby—, mientras que su sombrero de copa habla de opulencia y el poder que da el dinero; las grandes y llenas piernas en combinación con su larga y abultada cola nos refieren ya saben a qué, y para finalizar, esa sonrisa-mueca-enigmática que parece preguntarnos: ¿crees que soy sexi? Nos traslada a los tiempos ochente- ros en que nació el Topodrilo. ¡Pobre Masturberto! ¡Tan macho, mascu- lino y ochentero! Cómo le va ha hacer para adaptarse a estos tiempos, en que las mujeres hemos entrado de lleno a las ciencias, la cultura, el trabajo (por ejem- plo, hoy me tropecé con una chofera de

que ingresan al mercado educativo y laboral para ganar independencia eco- nómica y social respecto a las propias familias y la imagen masculina, las muje- res ganan espacios en ámbitos producti- vos, públicos y políticos e imponen su presencia en todos los nichos posibles: la casa, el trabajo, la escuela. No es raro que cada vez sean más las personas que deciden cambiar de género, sólo para mandar “como mi mamá manda a mi papá”… Topodrilo, imagen evocadora de una época en la que aún no acababa de aco- modarse este mundo llamado México, del sentido —o sin sentido— de una sociedad en busca de nuevas identidades, espacios

un tercer ente biológicamente vivo, acaso

microbús que me mentó la madre por no

y

expresiones, representante inédito de

conceptualmente. Sin embargo, la pre- gunta fundamental en cualesquiera de los casos, es si el asunto fue consensua- do. Si Masturberto por sí mismo es fan-

dejarla pasar, así de femenina); ya se habrá percatado que las mujeres de hoy no esperamos por caballeros que nos rescaten de dragones y hechiceros. Ya se

una nueva estructura organizacional tam- bién inédita —la UAM— y sus propias for- mas de expresión. Con todos sus atributos masculinos, Masturberto-Topodrilo regre-

 

tástico, el ayuntamiento entre dos seres

habrá percatado que cada vez son

sa

a campear a la UAM, sólo me pregun-

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tan diversos se antoja mucho más,

menos las que buscan un “hombre fuerte

to

si dentro de todas sus contradicciones,

poniendo de relieve —una vez más— su origen sobrenatural.

para protegerlas y dulce para hacer el amor”.

no ha regresado como homosexual, nomás para estar acorde con los tiem-

Regresando a la imagen de Masturberto:

Y en este devenir de nuestra sociedad,

pos.w

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con los tiem- Regresando a la imagen de Masturberto: Y en este devenir de nuestra sociedad,
con los tiem- Regresando a la imagen de Masturberto: Y en este devenir de nuestra sociedad,

Topodrilo

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 22 mismo, casi ningún hombre escapa a una sensación

mismo, casi ningún hombre escapa a una sensación más o menos profunda de humillación si los logros de su mujer son superiores a los suyos (Castells y Subirats, 2007). Muchas de las situaciones que se presentan están marcadas por la costumbre tradicional en la cual el marido era la autoridad, y cuando eso sufre un cambio, surge la incomodidad. La forma en que viven estas mujeres lleva a cuestionarnos sobre por qué viven en ese desasosiego permanente, qué bus- can lograr en esa carrera contra reloj que viven diariamente y

lograr en esa carrera contra reloj que viven diariamente y página qué es lo que las

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qué es lo que las hace vivir en una situación de constante pre- sión. Vivimos en un sistema patriarcal que adopta muchas for- mas y con demasiada frecuencia invade no sólo el sistema legal y las costumbres sociales y económicas, sino también la ideolo- gía y los ideales de la feminidad (Devaux citado en Zapata et al., 2002), esto condiciona a la mujer, la margina, la atrapa. Las relaciones nunca han sido igualitarias, en ningún contex- to, aun ahora, con las oportunidades que se han logrado conse- guir en la lucha por una situación más equitativa, ya que, como nos manifiesta Lipovetsky, el gran siglo de las mujeres, el que ha revolucionado más que ningún otro su destino y su identidad, es el siglo XX. Se evidencia cómo cada una de estas mujeres tiene que demostrar día a día que son capaces de construir en otros ámbitos su desarrollo personal, y que, a pesar de ello, siguen combinando los trabajos domésticos que las conducen a una vida llena de preocupaciones, desasosiegos, ansiedades, inquietudes que son el resultado de esta nueva forma de vida. La mujer sale del espacio privado para incorporarse a otras actividades en el espacio público, porque las mujeres eran “esclavas” de la procreación, y han logrado liberarse de esta ser- vidumbre inmemorial (Lipovetsky, 1999), a pesar de los conflic- tos familiares generados en este reacomodo social. Las que consiguen, a pesar de todo, concluir una carrera y lograr tener un puesto de trabajo remunerado, es porque, de algún modo, han enfrentado y modificado la cultura, entendién- dose como cultura a un conjunto de costumbres, principios, normas, hábitos, prácticas, formas de pensar, expectativas, conocimientos, etcétera, compartidos por un grupo de indivi- duos (llámese pueblo, raza, nación o clase social) y que se trans- mite de generación en generación (Montesinos, 2007), que en estos casos se rompe como consecuencia de las transformacio- nes actuales. Qué pasa por el imaginario de las mujeres que buscan deses- peradamente la realización y el éxito, que para mi gusto no acaba de quedar claro. Porque tienen que realizar los trabajos del hogar y llegar a tiempo al trabajo, sin dejar de lado los con- flictos conyugales y familiares.

Se pudiera pensar que buscan obtener títulos, un trabajo remunerado, reconocimiento, seguridad, realización como per- sona y ganancias económicas; las lleva a lograr algo . ¿Usted ha pensado en la felicidad? O, ¿si acaso usted es feliz? Todas esas luchas que enfrenta en la vida cotidiana, hacia dónde la condu- cen. Como dice Lamphere, las mujeres se hallan inmersas en el “desorden” de la vida cotidiana; siempre están sujetas a las inte- rrupciones; pero aun con todo lo que pueda acontecer, siguen su rumbo sin detenerse. Vivimos en una cultura donde las formas de vida están atadas a horarios muy rígidos, salarios muy bajos, poco reconocimien- to a las carreras profesionales y donde ahora la familia se disfru- ta por tiempos muy reducidos y que aun con todos los logros que se han registrado en México, por lo general, requieren del permiso de su esposo para salir a trabajar (Zapata et al., 2002). Pero las mujeres quisieran abarcar todo y viven en la esquizo- frenia e inmersas en la culpabilidad, a caballo entre el mundo y el hogar, entre el tiempo indefinido y el trabajo por amor, y el mundo del empleo, de tiempo medido y monetarizado (Borderías et al., 1994:157). ¿Qué pasará mañana, cuando los hijos se hayan ido y no los hayan visto crecer? ¿Cuándo tenga la pared llena de títulos y sólo ella los pueda apreciar? Porque el esposo tampoco estará si no sabe valorarla. Es interesante saber cómo ellas interiorizan esta nueva recon- ceptualización de sus expectativas, que actualmente las guía a buscar otras formas de realización que se perciben como un rompimiento de usos, prácticas y perspectivas, como parte de un cambio continuo en nuestra sociedad, y como una nueva actitud de ellas, pero no esperemos hasta que sea tarde. Con un cierto sentimiento de fracaso, pero siempre rescatando del nau- fragio los momentos que quedaron, los niños que crecieron, las amistades que se trabaron. También la esperanza de que un día, aun con nieve en los cabellos, se pueda cruzar con la persona deseada en la puerta de un ascensor (Castells y Subirats, 2007:

46). La vida es un viaje y éste sólo es un pequeño tramo de él, pero de lo que hagamos hoy va a depender el mañana. Aunque la mujer piense en la libertad para poder decidir el rumbo a tomar, no debe olvidar que la libertad es hija de la auto- ridad bien entendida. Porque ser libres no quiere decir hacer lo que a uno le parece y le gusta; quiere decir ser dueño de sí mismo, quiere decir saber obrar sobre la base de la razón y cum- plir con el propio deber (Durkheim, 1976). La mujer no puede pasar de largo haciendo a un lado los hijos y la familia; la mujer debe buscar una reconciliación entre lo que pretende y lo que existe, pero nunca olvidar que lo que le va a dar felicidad es lo que ahora está dejando de lado.

Bibliografía —Borderías, C. et. al., (1994) Las mujeres y el trabajo. Barcelona, Fuhem. —Castells, M. y Subirats, M., (2007) Mujeres y Hombres ¿Un amor imposible? España, Alianza Editorial. —De Beauvoir, S., (1995) El segundo sexo. La experiencia vivida. Volumen 2. México, Alianza Editorial. —Durkheim, E., (1976) Educación como socialización. Salamanca, Ediciones Sígueme. —Lamphere, L., (1991) “Feminismo y antropología” en Ramos Escandón, C., (comp.), El género en perspectiva. México, UAM. —Lagarde, M., (2001) Los cautiverios de las mujeres: madresesposas, monjas, putas, presas y locas. México, UNAM. —Lipovetsky, G., (1999) La tercera mujer. Barcelona, Anagrama. Montesinos, R., (2007) Perfiles de la Masculinidad. México, PyV/UAM-I. —Zapata, E. et. al., (2002) Las mujeres y el poder. México, PyV.w

de la Masculinidad . México, PyV/UAM-I. —Zapata, E. et. al. , (2002) Las mujeres y el
de la Masculinidad . México, PyV/UAM-I. —Zapata, E. et. al. , (2002) Las mujeres y el

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 23 Crisis identitaria y cambio cultural Ayulia Starenka Güemes
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Crisis identitaria

y cambio cultural

Ayulia Starenka Güemes Báez *

y cambio cultural Ayulia Starenka Güemes Báez * Ú ltimamente, los estudios sobre género en México
y cambio cultural Ayulia Starenka Güemes Báez * Ú ltimamente, los estudios sobre género en México

Ú ltimamente, los estudios sobre género en México han venido ganando terreno dentro de las ciencias sociales, sin embargo, debemos reconocer que los avances teóricos dentro de este tema son aún bastante limitados. Su principal aporte ha arrojado a la luz pública problemáticas específicas, lo que hace un poco más visi- ble la desigualdad de las mujeres dentro de la vida social, económica y política del país.

La mayoría de las investigaciones en este campo tratan de explicar las diferen- cias existentes entre los sexos a partir de distintos enfoques teóricos y metodológicos, analizan- do el papel que juegan principalmente las mujeres en los diversos aspectos de la vida social, ya que es hasta la última década del siglo XX que comienzan a publicarse, en el contexto predomi- nante de los estudios sobre la mujer, interesantes estudios sobre masculinidades. De esta forma, es como ubicamos publicaciones destacadas sobre el tema no sólo dentro de la antropología y la sociología, sino también en la psicología y el psicoanálisis, y es a través de ellas que se logran explicar las diferencias entre hombres y mujeres que desde la perspectiva bio- lógica no pueden ser comprendidas, es decir, es una nueva forma de ver de lo natural y lo social, basada fundamentalmente en la construcción cultural, ya sea de la diferencia o de la igualdad. Por decirlo de otra manera, el estudio de los géneros como construcción cultural nos permite incorporar otras dimensiones sociales y culturales que nos facilitan el análisis de contextos loca- les, concretos y particulares en los que las relaciones de género se llevan a cabo, ya que las repre-

* Maestría en Investigación en Educación, IES/Universidad Veracruzana.

se llevan a cabo, ya que las repre- * Maestría en Investigación en Educación, IES/Universidad Veracruzana.

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Topodrilo

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sentaciones sociales acerca de lo que significa ser hombre o mujer, propias para una cultura, se incorporan a la subjetividad individual en creciente y activa transformación. Para hablar de cambio cultural y de crisis identitaria, debe- mos comenzar por entender que: el desplazamiento de la mujer al espacio público, su creciente incorporación al mercado de trabajo y la fragmentación de la familia nuclear, son algunos de los muchos conflictos que han venido desatando en las últimas décadas un proceso de cambio social que sienta las bases para modificar las rela- ciones genéricas, primero en lo privado y luego en lo público. En este sentido, es la salida de las mujeres al espacio social, lo que ha venido a revolucionar la vida pública y privada, ya que cada vez son más las muje- res que anteponen su realiza-

de principios y actitudes que dan forma a la expresión subjeti- va de la sociedad. De tal manera que la nueva identidad feme- nina, que se va conformando a lo largo del proceso de moder- nización, no se logra desvincular de una relación de subordina- ción ante el hombre y la sociedad que así lo establece” (Montesinos, 2002: 38). El hecho de que la mujer, además de irrumpir en el mer- cado de trabajo, se involucre en la educación superior es un elemento que redondea el nuevo papel social de la mujer y que abre paso a la resignifi- cación, tanto de la identidad femenina como de la masculi- na; sin embargo, no podemos negar que pese a encontrar algunos de estos aspectos durante el trayecto de nuestra investigación, los roles corres- pondientes a los estereotipos tradicionales siguen estando

pondientes a los estereotipos tradicionales siguen estando Una de las actividades más importantes de la Humanidad,

Una de las actividades más importantes de la Humanidad, después de la reproducción, es el trabajo. De tal manera que la función que el trabajo tiene en la definición de los roles que la cultura asigna a los miembros de la socie- dad es fundamental.

ción personal a la gestión de un grupo familiar, trasladándose así de la aceptación culturalmente impuesta por las prácticas domésticas a la superación, al aumento de confianza, a la segu- ridad, independencia económica y juicios propios. Sin embargo, si nos detenemos en cómo han sido cultural- mente creados los roles de género, comprenderíamos que jus- tamente el saber y el poder han sido dos espacios históricos a los que las mujeres no hemos tenido fácil acceso y es justamen- te en ellos donde se suscitan los principales agentes del cambio cultural. Adquirir un saber, mantenerlo y sobre todo ejercerlo han provocado una serie de cambios que en la actualidad están sacudiendo a la sociedad mexicana tradicional; comenzando a hablar de la existencia de mujeres con poder y de la subsecuen- te crisis en los roles masculinos tradicionales. Analizar dichas categorías —de las cuales, considero, son portadores muchos de los académicos universitarios— nos per- mite conocer cómo se han venido presentando fisuras significa- tivas en los roles de género tradicionales, observando, también, importantes emergentes de cambio, ya que la nueva genera- ción de académicos universitarios son hombres y mujeres para los cuales la vida profesional y el desempeño en el ámbito público constituyen un sentido de vida. Bajo estas nuevas condiciones socioculturales, es que se plantean las contradicciones de una transformación del rol femenino y su consecutiva discusión, aunque, no obstante, “en el contexto de la sociedad mexicana una modernización econó- mica no necesariamente corresponde a una modernización cul- tural. Es decir, que no necesariamente se modifica el conjunto

presentes, tal y como podemos observarlo en los siguientes fragmentos de las historias de vida de un grupo de catedráticos universitarios:

No voy a mentirte, muchas veces siento culpa de dejar tanto tiempo solos a mis hijos y a mi marido […] hasta mis herma- nas me lo dicen, me recriminan que no sea yo quien les prepa- re de comer o que los fines de semana, que no va la mucha- cha a ayudarme, les haga de comer cualquier cosa. Realmente yo no creo que preparar la comida o lavar la ropa haga que mis hijos sean mejores o peores seres humanos, tampoco creo que sea motivo para que mi marido ande de coscolino. Si, ok […] estoy consciente de que paso mucho tiempo fuera de casa, que a veces no los atiendo como debe ser, que muchas veces mis hijos se enferman y no puedo estar con ellos como quisiera y que hay ocasiones en las que tengo que salir fuera y los dejo, pero son sacrificios que mi familia debe comprender, porque si no fuera por eso, seguiría yo de jodida como siempre y la verdad es que ahora sí vivo mucho mejor y se nota. (Catedrática, 35 años)

Cuando las nuevas identidades (tanto masculinas como femeninas) comienzan a discrepar con los estereotipos propios de la tradición, se abre paso para el establecimiento de una nueva estructura simbólica que proyecta ante el imaginario colectivo nuevos estereotipos masculinos y femeninos, que vie- nen a reforzar el cuestionamiento del estereotipo masculino sustentado en la figura machista y “la situación toma matices más relevantes cuando, al paso de la modernización, la mujer

en la figura machista y “la situación toma matices más relevantes cuando, al paso de la
en la figura machista y “la situación toma matices más relevantes cuando, al paso de la

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 25 comienza a introducirse en todas las áreas posibles

comienza a introducirse en todas las áreas posibles de la activi- dad económica y accede a niveles de educación que la colocan en una situación más cómoda en términos de competitividad cultural. Es decir, que en la medida en que la mujer va conquis- tando el espacio público va quedando en mejores condiciones para competir con el hombre en el mercado de trabajo” (Montesinos, 2002: 39).

Estoy pensando en comprar un terrenito o una casita e irla pagando, son las ventajas de tener ya un sueldo seguro. También quiero un carrito, es más, ya hasta pagué mi curso de manejo […] me lo voy a comprar, digan lo que digan […], pues la verdad ya vivimos mejor, hasta puedo pagarles el médico a mis padres. (Catedrática, 35 años)

De acuerdo con Montesinos (2002), a la mujer se le reconoce una facultad imperiosa en el ámbito laboral: la responsabilidad. Incluso pareciera que la mujer transfiere al espacio público la responsabilidad, el apego y la abnegación asumidas histórica- mente en el espacio privado.

Empecé dando una materia y la verdad pese a lo digan muchos de mis compañeros, sí me he partido la madre traba- jando […] muchas veces hasta sin cobrar, realmente no sé por qué dicen que me regalaron la plaza, estuve casi 10 años por horas […] y hasta los fines de semana y vacaciones sacri- fiqué por concursar […], ahora ya nadie se acuerda de eso, todo logro es institucional, cuando la de la friega ni cobró y descuidó su vida privada. (Catedrática, 35 años)

Diversos autores mencionan que la cultura patriarcal reserva la parte superior de las estructuras del poder al predominio masculino —lo que se ha la parte superior de las estructuras del poder al predominio masculino —lo que se ha denominado techo de cristal—, sin embargo, en la actualidad dicha afirmación está empezando a carecer de sentido, ya que podemos observar que las fronteras sobre las que transitan cotidianamente los hombres y las muje- res de la modernidad sitúan en desventaja al género masculino, produciéndose de esta manera lo que Montesinos (2007) deno- mina crisis de la identidad masculina. Anteriormente, el hecho de que el hombre fuera el proveedor exclusivo del hogar dejaba a la mujer en una situación de depen- dencia material; en la actualidad, esta situación va tomando otros rumbos y cada vez es más frecuente que el varón sea cues- tionado en todos y cada uno de sus actos “desde los que le con- ceden la autoridad hasta su desempeño sexual” (Montesinos, 2007), produciendo un incipiente cambio cultural del que se desprende la crisis identitaria de dicho género, obedeciendo al desgaste de estructuras que en el pasado garantizaban el pre- dominio masculino. Éstos son algunos de los elementos que poco a poco irán pro- piciando el fin de un reinado que rápidamente ve su estructura en ruinas. Poco a poco, la imagen del macho mexicano va sien- do ridiculizada en detrimento del referente tradicional del este- reotipo masculino.

Apenas tiene seis meses que soy profesora de tiempo comple- to y la verdad sí se nota la diferencia, gano como cuatro o cinco veces más que antes, tengo muchas más prestaciones y menos presión que cuando estaba por horas, ya hasta mi

y menos presión que cuando estaba por horas, ya hasta mi marido pudo dejar de trabajar

marido pudo dejar de trabajar para meterse a estudiar la licenciatura. Ahora me toca a mí apoyarlo. (Catedrática, 35 años)

Para Marcuse (1965), la violencia en la lógica de un proceso civilizador contiene los impulsos animales de los hombres y va ajustándose cada vez más a la dinámica de la vida cotidiana de los sujetos; aunque, también, el machismo es “una de las mejo- res metáforas de la violencia masculina, constituye un lastre no solamente para la mujer sino también, y hoy quizás en mayor proporción, para el hombre mismo. Las propias condiciones sociales constituyen situaciones adversas que impiden al hom- bre continuar como responsable/encargado de tomar decisio- nes que definen el destino de la familia. Las formas muchas veces grotescas como el hombre tiene que demostrar su valen- tía ya se han vuelto un peso del que hoy nos podremos desha- cer, al igual que descargarse del hecho de que el hombre tenga que ser el principal proveedor del hogar significa la liberación del hombre de un peso que hoy es prácticamente imposible car- gar”(Martínez, 2007: 63). Ya que en la actualidad se conocen las magnitudes de la violencia doméstica, donde la propia mujer juega un papel importante en la agresividad con la que se afec- ta a los miembros de este espacio social.

Se burlaba de mi aspecto, me decía cómo vestirme, me agre- día porque decía que me sentía mucho por estar estudiando

de mi aspecto, me decía cómo vestirme, me agre- día porque decía que me sentía mucho

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 26 una maestría, pero que él era más fregón

una maestría, pero que él era más fregón y que no necesitaba estudiar para vivir como rey, me quitaba mi dinero, iba a su casa a cada rato porque se aburría en aquel “pueblucho” y según me decían se la pasaba borracho y con mujeres todo el tiempo […] en fin, hasta soporté que me pegara en más de una ocasión […], toda una serie de situaciones que se fueron complicando y terminaron el día que lo encontré en mi cama con otra mujer. (Investigadora, 30 años)

en mi cama con otra mujer. (Investigadora, 30 años) El conflicto cultural es el fenómeno que

El conflicto cultural es el fenómeno que provoca el choque de la tradición y la modernidad. “El pasado se resiste a morir; por que provoca el choque de la tradición y la modernidad tanto, las conductas y estereotipos del tanto, las conductas y estereotipos del pasado todavía existen y hasta quizás estadísticamente predominen; pero el reconocer el avance de la modernidad supone el cuestionamiento a los viejos patrones de conducta, de identidades genéricas caducas, que poco a poco van siendo desvalorizadas en lo social, simple y sencillamente, porque las nuevas identidades, al menos signifi- cativamente importantes, son las que se proyectan como los estereotipos genéricos que guían el deber ser de hombres y mujeres” (Montesinos, 2007: 20).

Es muy feo eso de que crean que por ser mujer no puede lograr uno algo por sus propios méritos, en seguida creen que tiene una un padrino o un amante. Lo bueno es que mi mari- do es comprensivo y nos tenemos mucha confianza, que sino ya me hubiera divorciado. (Catedrática, 35 años)

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“Una de las actividades más importantes de la Humanidad, después de la reproducción, es el trabajo. De tal manera que la función que el trabajo tiene en la definición de los roles que la cultura asigna a los miembros de la sociedad es fundamental. Es por ello que una de las estructuras más importantes de la socie- dad moderna es, precisamente, la división social del trabajo, que en la lógica del género se plantea como división sexual del traba- jo (DTS). Y en la medida en que desde la génesis de la moderni- dad capitalista la DTS definió tanto los roles económicos como los espacios sociales que correspondían a cada género, esta estructura se constituyó en el principal emblema del poder mascu- lino, puesto que dicha asignación en la estructura económica determinó que a la mujer se le confinara al espacio privado, mien- tras al hombre se le asignaba el espacio público: a la mujer el tra-

bajo no remunerado y al hombre el remunerado” (Montesinos, 2007: 25). De acuerdo con nuestra investigación, la nueva generación de catedráticos universitarios son mujeres y hombres “producto de un impasse cultural en el cual la identidad genérica queda atrapada entre el pasado y el presente, entre valores anticuados

y un mundo nuevo que envía mensajes simbólicos poco rela-

cionados con las prácticas sociales de hoy” (Martínez, 2007: 50). Un ejemplo de ello, puede apreciarse en el siguiente segmento:

Por mi parte, pues soy padre soltero, tengo un hijo de nueve años que prácticamente está conmigo de tiempo completo; su mamá vive de fiesta en fiesta… además vive muy lejos, es profesionista y por su trabajo sólo puede verlo en vacaciones. Lo bueno fue que nunca nos casamos, así que sigo solterito disfrutando del amor… (Catedrático, 38 años)

Como parte del fenómeno de cambio cultural, creemos que muchos de los conflictos y sentimientos de culpa almacenados por las mujeres y los hombres a los que nos hemos referido se deben a “la incapacidad para superar una estructura tradicional de valores y una actitud masculina de la práctica concreta, la cual, por sutil que sea, reproduce el esquema tradicional que sigue colocando a la mujer en una suerte de servidumbre hacia

el hombre. Ello es así aunque se limite a un ritual social en que

la mujer le guarda ciertas atenciones a ‘su hombre’, o que en el

espacio familiar, así se cuente con los recursos económicos para emplear personal doméstico que se encargue de las tareas de la casa, continúe con la responsabilidad de resolver la situación” (Martínez, 2007: 51).

No, no pienso casarme, de hecho no quiero compromisos, así estoy bien, salgo con quien quiero y quien quiere está conmigo […] así, sin compromiso. No me he preguntado si podría ser fiel, me encantan las viejas [risas] puedo andar con varias a la vez […], pero a todas las procuro […] y las cuido, claro, […] y para eso tengo que trabajar un chingo. (Catedrático, 38 años)

“En una sociedad como la nuestra, donde el principal reto del proceso de modernización está determinado por la resisten- cia de estructuras premodernas en lo económico, político y

social, resulta prácticamente imposible afirmar que, en general,

la mujer mexicana se haya liberado (a pesar de que la presencia

de la mujer en los diferentes ámbitos sociales es cada día más evidente). Estamos ante una sociedad profundamente diferen- ciada, lo cual significa que la cultura, genéricamente hablando, no puede expresar una subjetividad colectiva homogénea a partir de la cual afirmaremos tajantemente que han desapareci- do los principios morales que anteriormente sujetaban a la mujer” (Montesinos, 2002: 33).

Es una ventaja no tener hijos, es algo que agradezco, sino todo hubiera sido diferente, ahora tengo un compañero, bueno, no sé si se le puede llamar así, vivo con él, más bien vivimos en la misma casa con mis perros, pero cada quien en su cuarto, compartimos el espacio. (Investigadora, 30 años)

“La DTS, en todo caso, determinó que al hombre se le asigna-

ra la característica de proveedor y, por tanto, el agente de la pare-

todo caso, determinó que al hombre se le asigna- ra la característica de proveedor y, por
todo caso, determinó que al hombre se le asigna- ra la característica de proveedor y, por

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 27 ja y la familia que garantizara el acceso

ja y la familia que garantizara el acceso al dinero, fuente elemen- tal del poder masculino sobre la mujer. La cuestión es que cuan- do la mujer irrumpe en el mercado de trabajo, se encuentra automáticamente en la vía correcta para alcanzar su indepen- dencia y poco a poco arrebata el papel de proveedor exclusivo del hombre. Y entonces las identidades se trastocan y pierden la cla- ridad del pasado que permitía establecer la perfecta diferencia entre hombres y mujeres” (Montesinos, 2007: 25).

Al principio sí me afectaban estos comentarios, lloraba yo mucho a escondidas, bueno creo que con ustedes alguna vez estallé, me preocupaba que llegaran chismes a oídos de mi marido, gracias a Dios a él no le importa, me tiene mucha confianza y me apoya en todo. Además, reconoce que todo

mi esfuerzo ha valido la pena y que gracias a eso ahora él

pudo dejar de trabajar para sacar su licenciatura, está estu-

diando los sábados. (Catedrática, 35 años)

La identidad es un concepto que puede ser definido como un conjunto de rasgos objetivos y simbólicos que permiten a los individuos reconocerse como parte de un grupo, clase social, raza o género y es un proceso interno que requiere reafirmarse con los otros; lo ambiguo de la situación está en cómo los acto- res sociales encubrimos las situaciones que nos causan conflic- to (por ejemplo, la violencia y el sentimiento de culpa) para auto reafirmarnos, es entonces cuando “la identidad entra en un pro- ceso de transformación que provoca la emergencia de mujeres que en términos de lo que representan chocan con los símbolos de la tradición (una identidad femenina basada en el papel de de lo que representan chocan con los símbolos de la madre/esposa), con lo aceptado culturalmente, desde madre/esposa), con lo aceptado culturalmente, desde luego, ubicándose en un punto en el cuál serán blanco de la coerción cultural, de la estigmatización, no solamente ellas, sino también sus parejas” (Montesinos, 2007: 26). Ellas censuradas por ‘trabajar’ y no cuidar como se debe a los hijos y él por ‘mantenido’, por requerir de la participación econó- mica de su pareja, por ser incapaz de ser el proveedor exclusivo. Este solo hecho, el que la mujer hubiese incursionado en el mer- cado de trabajo, representa el inicio del fin de la división sexual del trabajo, pero también la reconformación del espacio privado fundado en la figura de la familia nuclear. Es la causa más visible de la fisura en la estructura del poder masculino” (Montesinos, 2007: 26).

Tampoco me importa que digan que lo mantengo y que por

eso me pasa todo, por mandilón o mantenido, la verdad todo

lo que diga la gente me vale, siempre me ha valido. En el fondo sé que hablan de puritita envidia […] sólo yo sé con quien la gozo [risas]. (Catedrática, 35 años)

“Este complejo proceso de cambio cultural […] nos obliga a reconocer sin más que han surgido nuevas identidades femeni- nas, caracterizadas por el acceso de las mujeres al poder. La mujer, entonces, comienza a identificarse a partir de los nuevos roles sociales que va desempeñando en las últimas décadas. Si antes se dedicaba exclusivamente a la familia, en adelante aparecerá como un sujeto con proyecto de vida propio. Este fenómeno, cada vez más manifiesto, adquiere una importante significación no por su condición estadística, que en sociedades como la nuestra, como la mexicana puede ser todavía minoritaria, sino

por su cualidad simbólica: la mujer moderna” (Montesinos, 2007:

26).

“La contradicción generada por la confrontación entre tradi- ción y modernidad provoca una evidente confusión en la socie- dad; los individuos dejan de comprender cuál es el estereotipo culturalmente aceptado; la construcción de su personalidad, que normalmente avanza apegada a las identidades establecidas para los géneros, pierde claridad de referencia del deber ser, que al paso de la modernidad se va desdibujando” (Montesinos, 2007:

20). “El cambio cultural implica el abandono del pasado, el rechazo a la herencia de la tradición que anteriormente ofrecía certidumbre en la medida en que establecía cuáles eran los roles masculino y femenino” (Montesinos, 2007: 20).

Padezco, sufro, gozo de estrés, gastritis… colitis, tensiones fuertes, vivo con eso […] tengo problemas domésticos, no tie- nes tiempo para ti mismo, el tiempo gira en torno a explorar fenómenos, resulta apasionante, pero desgastante; no tienes una relación conyugal equilibrada, bueno, si existe alguna relación equilibrada […] hay todo un sacrificio, una mala negociación. (Investigador, 47 años)

“El individuo vive ese punto del proceso de cambio cultural y se hunde en la confusión. El estereotipo predominante en el imaginario colectivo, que antes le facilitaba moldear su persona- lidad, se ve claramente cuestionado. Por otro lado, la moderni- dad no termina de cuajar; al menos, no se define plenamente una nueva identidad masculina” (Montesinos, 2007: 20). A manera de conclusión, la cultura mexicana está viviendo su propio proceso de cambio cultural, podemos hablar de moder- nidad en muchos sentidos, pero ésta tendría que ser asumida como una forma de coexistencia del pasado con la tradición y en este pequeño trabajo de investigación podemos identificar algunas contradicciones que existen en la subjetivación de los roles de género, mostrando así la simultaneidad de la moderni- dad con la tradición, así, pues, la diferencia de género se estable- ce en la medida que el espacio social define las distintas repre- sentaciones que tienen los actores (en este caso hombres y mujeres) sobre sí mismos y sobre los otros, construyéndose la identidad distintiva respecto de las demás posiciones y actores sociales, ya que de los cambios culturales surgen nuevas identi- dades, las mujeres y los hombres “modernos”, que se van defi- niendo, de acuerdo con Montesinos (2002), a partir de dimen- siones emergentes dentro de las relaciones sociales y en un con- texto específico y será hasta entonces que podremos decir que estaremos en condiciones de reconocer nuevas presencias mas- culinas y femeninas ocupando posiciones asociadas anterior- mente al estereotipo masculino y/o viceversa, ya que, aunque en menor medida, la incorporación masculina a espacios feme- ninos nos obliga a pensar en una paulatina presencia del hom- bre en el espacio privado.

Bibliografía Marcuse, H., (1965) Eros y civilización. Una investigación filosófica sobre Freud. México, Joaquín Mortiz. Martínez, G., (2007) “La construcción imaginaria de la sexualidad y la violencia masculina” en Montesinos, R., (coord.), Perfiles de la masculinidad. México, PyV/UAM-I. Montesinos, R., (2002) Las rutas de la masculinidad, ensayos sobre el cambio cul- tural y el mundo moderno. Barcelona, Gedisa. (2007) Perfiles de la masculinidad. México, PyV/UAM-I.w

cul- tural y el mundo moderno. Barcelona, Gedisa. (2007) Perfiles de la masculinidad . México, PyV/UAM-I.

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 28 T odas las personas tenemos una historia detrás
T odas las personas tenemos una historia detrás que va marcando nuestra manera de vivir,
T odas las personas tenemos una historia detrás que
va marcando nuestra manera de vivir, nuestras
acciones y nuestros pensamientos. Socialmente
hemos sido preparados para enfrentarnos a una
sociedad que nos alberga bajo una serie de normas
que debemos cumplir para desenvolvernos como
individuos “capaces de convivir” con los otros. Al
momento de nacer, la sociedad nos asigna nuestra primera
identidad: nacemos hombres o mujeres (la diferencia será nota-
da gracias a nuestro aparato reproductor, que hasta ese
momento es la única diferencia genérica). A partir de la premisa
del físico, iremos aprendiendo una serie de patrones estableci-
dos pertenecientes a nuestra naturaleza (hombre/mujer) que
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irán formando nuestra identidad. “[…] una mujer es una hembra de la especie humana y pasa a ser una mujer domesticada a par- tir de ciertas relaciones sociales […]” (Montesinos, 2002: 24). La identidad no es construida en el interior de los individuos sino fuera de ellos, pues somos lo que los demás ven en noso- tros y nos formamos como individuos gracias a los otros. Desde

ahí se construye la primera identidad. En primer lugar será refor- zada por la familia y después vendrá la escuela y luego el traba- jo, que fortalecerán esta construcción de la identidad a partir de la mirada externa que será interiorizada en un acto de introspec- ción del individuo. El género es también una construcción social que se da a par- tir de la diferenciación entre hombre-mujer. Según Montesinos (2002: 25), la palabra género “[…] se emplea para designar rela- ciones sociales entre los sexos, su uso explícito rechaza las expli- caciones biológicas […]”, sin embargo la palabra género nace precisamente después de establecer las diferencias biológicas entre los sexos. Pero a partir de los estudios sobre la mujer, emergidos en su mayor auge en los años sesenta, la palabra género ha sido entendida como sinónimo de mujer. En esta dinámica de socialización, la mujer se ha adaptado al rol que le es asignado desde el nacimiento. Una frase muy cono- cida de Simone de Beauvoir (1995:15) afirma que “No se nace mujer, llega una a serlo” y en este sentido, la mujer se va ade- cuando al rol que le tocó vivir; va adquiriendo tareas “propias de

rol que le tocó vivir; va adquiriendo tareas “propias de Mujeres y violencia 28 * Maestría

Mujeres y violencia

va adquiriendo tareas “propias de Mujeres y violencia 28 * Maestría en Investigación en Educación,

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* Maestría en Investigación en Educación, IES/Universidad Veracruzana.

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y violencia 28 * Maestría en Investigación en Educación, IES/Universidad Veracruzana. página Rosalía Carrillo*

Rosalía Carrillo*

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 29 la mujer” y las asume como un modus

la

mujer” y las asume como un modus vivendi. Desde pequeña se

le

inculca que debe ser delicada, pasiva, perfecta.

La historia de Fany muestra claramente este aspecto cuando narra su infancia:

Uno de sus recuerdos más presentes es que acostumbraba estar impecable de sus ropas cuando era niña, tenía prohibi- do ensuciarse porque sus padres eran demasiado aprensivos y la suciedad era algo que no toleraban, sobre todo su madre. Siempre tuvo ganas de salir a jugar con sus amigos a la calle, pero como debía cuidar su vestimenta, sólo le permitían sen- tarse en el quicio de la puerta para ver como se divertían los vecinos en la calle. Los observaba y disfrutaba imaginando que era ella quien brincaba en los charcos y jugaba con tierra. Disfrutaba aunque no pudiera pasar del quicio de aquella puerta que la retuvo en su infancia.

La necesidad de ser perfecta no es una necesidad propia, sino una imposición por parte de sus padres; desde entonces Fany asimila que no debe ensuciarse y se adapta a las reglas que tiene que seguir como mujer. En este aspecto, las mujeres se han adaptado a las exigencias de la sociedad, aunque, en ocasiones, han buscado la manera de evadir estas imposiciones tratando de encontrar satisfacción, como lo hizo Fany.

Un día, desobedeció las reglas de su madre y se salió a jugar a la calle mientras usaba uno de sus mejores vestidos. Disfrutó a manos llenas de su libertad y lo mejor de todo fue que no ensució sus ropas domingueras. Al entrar a la casa, jugar a la calle mientras usaba uno de sus mejores vestidos. esperaba un buen regaño porque esperaba un buen regaño porque se había salido sin permiso […].

¿Pero qué significan estas vivencias de Fany? ¿Cómo la socia- lización que recibe se va formando a través de actos de violen- cia? El tener que “escapar” para poder divertirse muestra que estaba cautiva dentro de los límites de su libertad. No le cerra- ban la puerta del hogar, pero sabía perfectamente que no podía rebasar el quicio de la puerta para jugar con los niños porque no debía ensuciarse. La amenaza constante de la suciedad en sus ropas era un factor que le impedía salir de su casa, aun cuando no la veían. Esta violencia simbólica se hace presente en muchas mujeres,

a quienes, por medio de advertencias, se les prohíbe realizar

acciones porque saben que éstas tendrán “consecuencias” que, en muchos de los casos, pueden llegar a lamentarse. “Son violen- cias cotidianas que se ejercen en los ámbitos por los que transi- tamos día a día: los lugares de trabajo, educación, salud, recrea- ción, la calle, la propia casa. Se expresan de múltiples formas; producen sufrimiento, daño físico y psicológico. Sus efectos se pueden manifestar a corto, mediano y largo plazo, y constituyen riesgos para la salud física y mental” (Velázquez, 2003: 30).

Fany logra enfrentar sus miedos y sale de la casa para jugar, pero está consciente, aun siendo una niña, de que cuando regrese habrá un castigo por haber desobedecido las reglas. Y así sucede con un número considerable de mujeres, que enfrentan el acto violento de la “privación de la libertad por medio del lenguaje”, y buscan los mecanismos para liberarse, pero están conscientes de que el castigo llegará tarde o tem- prano. Ya sea porque tendrán que regresar al mismo punto de donde partieron o bien porque, socialmente, serán señaladas por no haber cumplido con lo que la sociedad establecía. La violencia simbólica ejercida a través del lenguaje por medio de amenazas es un acto cotidiano. Sin embargo, muchas mujeres no se dan cuenta de que tal acción es un acto de vio-

no se dan cuenta de que tal acción es un acto de vio- lencia y lo

lencia y lo perciben como algo “natural” en sus vidas. Las ame- nazas constantes de abandono, de quitarles a los hijos, de levantarle la voz, son claro ejemplo de control por medio del miedo y la persuasión. La represión que vive la mujer desde niña va mermando su personalidad y le resta poder de decisión por miedo a las repre- salias o castigos. Es una violencia oculta que forma parte de la manera de vivir de cada una de las mujeres, la cual puede ser imitada de las madres y de las abuelas. Cuando una mujer per- cibe actitudes pasivas ante la violencia, suele repetirlas porque aprende que así es la vida y tiene que aceptar lo que le tocó vivir.

[Su padre] Ya inmerso en el campo de la política, empezó a salir con mujeres. Su madre no soportaba la situación y en más de una ocasión le preparó sus maletas para que se fuera de la casa. Fany y sus hermanas recibían explicaciones de su madre, quien les decía que la relación no podía continuar porque su padre ya estaba formando otra familia. Recibió esta explicación varias veces y vio la maleta de su padre pre-

La represión que vive la mujer desde niña va mermando su personalidad y le resta poder de decisión por miedo a las represalias o castigos. Es una violencia oculta que forma parte de la manera de vivir de cada una de las mujeres, la cual puede ser imitada de las madres y de las abuelas.

parte de la manera de vivir de cada una de las mujeres, la cual puede ser

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parada tras la puerta, pero al momento en que él tomaba la maleta para irse, su madre se le aferraba al cuerpo y le supli- caba que no las abandonara. Su padre nunca se fue de la casa, aunque tampoco dejó de tener otras mujeres.

Esta constante en el comportamiento de la madre, actual- mente es imitada por Fany. Porque ella percibió que era necesa- rio vivir con un marido y, aunque hubiera problemas, debía aguantar como “buena esposa”. Las formas de soportar el fraca- so del matrimonio han cambiado en Fany, sin embargo, conti- núa casada a pesar de que su matrimonio fracasó tiempo atrás.

casada a pesar de que su matrimonio fracasó tiempo atrás. Hasta la fecha, Fany no se

Hasta la fecha, Fany no se explica por qué su esposo sigue viviendo con ella. No hay sentimientos que los unan, ni siquiera su hijo es un buen pretexto para mantener su unión. Cuando lo cuestiona sobre por qué sigue con ella, él respon- de: “no sé, yo creo que es porque nos queremos”. Para ella es muy pesado estarlo obligando a convivir con su hijo, pero necesita lograr que el pequeño tenga una buena imagen de su padre.

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La necesidad de tener una familia unida la ha llevado al extremo de mantener un matrimonio que no desea. No se explica por qué su esposo sigue viviendo con ella, pero no se cuestiona sobre el por qué ella sigue a su lado. En muchas ocasiones, la mujer recibe maltratos injustifica- bles por parte de su marido, y es consciente de que es víctima de violencia, pero no se atreve a reaccionar por miedo a desha- cer el concepto de familia que se le ha inculcado desde peque- ña o porque las amenazas de su cónyuge la obligan a mante- nerse a su lado. Tal es el caso de Fany, quien una vez intentó separarse de su marido, pero tuvo que regresar con él por las constantes amenazas de éste.

que regresar con él por las constantes amenazas de éste. El tiempo que duraron separados fue

El tiempo que duraron separados fue la mejor época para ella, pues piensa que pudo haberse realizado como persona y como profesional. Sin embargo, para Ever no es tan fácil vivir sin ella. Durante el tiempo que estuvieron separados entró en depresión y Fany no tuvo más opción que regresar con él, pues éste amenazaba con suicidarse y ella no quería cargar con una muerte en su conciencia.

La amenaza de muerte es una de las formas más constantes de la violencia psicológica. Entendamos como violencia psicoló- gica “todas aquellas formas de tratar a la mujer tendientes a con- trolarla o aislarla, o que niegan sus derechos y su dignidad, tales como los insultos, menosprecios, intimidaciones, imposición de tareas serviles y limitaciones para comunicarse con familiares o conocidos” (ENDIREH, 2006: 2). El control ejercido por Ever, a través de la amenaza de quitar- se la vida, es un factor que provoca que Fany no se atreva a seguir viviendo sin él, no por cariño ni por necesidad, sino por evitar cargar una muerte en su conciencia. Ésta es una muestra clara de que la violencia psicológica sí obliga a la mujer a reali- zar acciones en contra de su voluntad, manteniéndola controla- da y obligándola a dejar de lado su dignidad. Su matrimonio ha llegado al límite. No encuentra la razón por la cual sigue viviendo con su esposo, sin embargo, no se atreve a divorciarse porque ya lo intentó una vez y fracasó. Además, él se niega a la separación.

Ella recibió varias tierras como herencia de su padre y él planea quitarle la mitad de todo lo que heredó. “A veces creo que sigue conmigo sólo por el interés económico. Las tierras que me heredó mi papá valen mucho y él a cada rato me pregunta que si qué voy a hacer con ellas. Yo creo que lo que busca es que yo le ceda esas propiedades pero no lo voy a hacer, no se las mere- ce. Además esos terrenos son el único patrimonio de mi hijo” .

La violencia patrimonial es otra de las formas en que se manifiesta la violencia, de manera constante, dentro de las rela- ciones de pareja. Este tipo de violencia “Se manifiesta en: la transformación, sustracción, destrucción, retención o distrac- ción de objetos, documentos personales, bienes y valores, dere- chos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfa- cer sus necesidades y puede abarcar los daños a los bienes comunes o propios de la víctima” (INMUJERES, 2007: 12). El interés de Ever por las tierras que heredó Fany da muestra de que quiere apropiarse de ellas. Fany sospecha abiertamente de que él sigue con ella a causa del interés por las tierras. Si él se atreviese a tomar decisiones con respecto a esos terrenos estaría ejerciendo violencia patrimonial en contra de su cónyu- ge, pues ella expresa que no le cederá las propiedades, por lo que Ever no cuenta con su consentimiento para disponer de su herencia. Todos estos factores referidos han ido provocando en Fany hastío por su matrimonio, y esto es algo que sucede a menudo en las mujeres que pasan por una situación similar, sin embargo, son pocas las que realmente se atreven a hacer algo por reme- diar su situación.

“Es que ya no lo aguanto, me irrita verlo en la casa, por eso prefiero trabajar y hacerme loca fuera de la casa. Si por mí

que ya no lo aguanto, me irrita verlo en la casa, por eso prefiero trabajar y
que ya no lo aguanto, me irrita verlo en la casa, por eso prefiero trabajar y

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 31 fuera no regresaba, pero mi hijo es quien

fuera no regresaba, pero mi hijo es quien se la pasa pregun- tando por su papá. Yo no sé qué le pasó, no digo que fuera perfecto, pero por lo menos antes tenía aspiraciones, quería superarse, seguir estudiando. Ahora su interés está sólo en el trabajo y le vale lo que hagamos su hijo y yo. Tengo que estar- lo presionando para que coma con nosotros aunque sea un día a la semana. Ya me cansé. Un día voy a explotar y manda- ré todo a la chingada”.

Como Fany, muchas mujeres piensan en “mandar todo a la chingada”, sin embargo el ideal de matrimonio establecido por

la sociedad, las obliga a seguir repitiendo el rol que la tradición les ha impuesto.

El fracaso matrimonial tiene consecuencias en las mujeres,

quienes al verse decepcionadas del amor, buscan nuevas rela- ciones “extramaritales” que las hagan sentirse queridas. No ter- minan con su matrimonio pero sí buscan el amor fuera de él. Helen Fisher (1994) menciona que más de un 50 por ciento de las mujeres casadas, cifra muy similar a la de los hombres, comete adulterio, y la mayoría sin el menor asomo de culpabili- dad. Y en el caso de Fany, este hecho se da de manera explícita.

Para tratar de complementar su vida, ha salido con varios hombres. Uno de ellos fue aquel ex novio que no le pidió que renunciara a su compromiso cuando pensaba casarse. El salir con otros hombres la libera del estrés generado en su hogar. “La infidelidad no me provoca remordimientos por mi esposo, pero cuando pienso en mi hijo, todo cambia. Él no se merece que yo ande de cuzca con otros hombres. No quiero que mi pero cuando pienso en mi hijo, todo cambia. Él no se merece hijo cree la imagen hijo cree la imagen de una madre que salía con uno y con otro. Por ejemplo, yo sé que mi marido me es infiel, no necesi- ta decírmelo para que me dé cuenta, pero es muy su rollo, la verdad no me importa, es más, si se enamora y me dice que se va con otra, voy a celebrar la noticia. A él no le remuerde la conciencia tanto como a mí. Pero bueno, los hombres siem- pre son más cínicos en este aspecto”.

A Fany no le afecta el salir con otros hombres, no le interesa lo

que piensa su esposo (pero debe cuidarse de que no la vea con los otros), sin embargo, hay una persona por la que es capaz de reprimir sus propias necesidades: su hijo. Los hijos son tomados como el eje central en la vida de las mujeres. En ellos se deposi- tan todos los esfuerzos ya que es a ellos a quienes les deben su realización como mujeres. Pero esto no es más que un construc- to social que se ha formado en torno a la familia. “Si no te haces cargo de tu hijo eres mala madre” es una frase muy usada para presionar a la mujer a que cumpla con su rol de madre. Este

hecho de tener que ser una “buena madre” ha sido fomentado por el padre de Fany, quien le aconseja que continúe casada aunque no sea feliz, pues su hijo merece tener una familia:

El padre de Fany ejerce mucha influencia en ella, y le aconse- ja que no se divorcie, que aunque sufra debe pensar en su hijo. Él creció sin padre y siempre deseó tener con quien com- partir los momentos de su infancia. Le dice que su hijo necesi- ta crecer al lado de su padre, que no le quite esa oportunidad.

En repetidas ocasiones, la mujer actúa de tal o cual manera por los consejos que recibe de sus seres queridos y no por sus

los consejos que recibe de sus seres queridos y no por sus decisiones propias. Trata de

decisiones propias. Trata de darle gusto a los demás dejando de lado su bienestar. El padre de Fany no quiere que su nieto crez- ca sin un padre, pero no se da cuenta de que sus hijos también crecieron sin un padre, pues él dedicaba más tiempo al trabajo,

a los amigos y a las mujeres que a su propia familia.

Llama la atención cómo la mujer no es consciente de su esta- do en el matrimonio. No se da cuenta, o no desea aceptar, que vive grados de violencia y que necesita hacer algo para cambiar

la situación. Muchas de las veces, al pensar en la palabra violen-

cia, nos viene a la mente la violencia física, que es cualquier acto que inflige daño no accidental, usando la fuerza física o algún tipo de arma u objeto que pueda provocar o no lesiones ya

sean internas, externas, o ambas (INMUJERES, 2007: 12).

“Mi esposo se desesperaba porque veía que yo me estaba superando, que era feliz bailando en el escenario. Varias veces me amenazó con quitarme a mi hijo si no dejaba de trabajar, pero yo sentía que tenía derecho de realizarme en mi profe- sión y me aferré al trabajo. Una vez me quiso golpear y fue el acabose de la relación. Le soporté insultos, reclamos y chan- tajes, pero los golpes eran algo que no podía permitir” […].

Fany soportó insultos, reclamos y chantajes, los cuales no fue- ron valorados como violencia sino como actos cotidianos, pero

cuando se presentó la violencia física, entonces se vio obligada

a reaccionar. Pero ¿por qué no reaccionó antes? ¿Por qué sólo los

golpes representan a la violencia? Hace falta que la mujer reco- nozca que no sólo físicamente se manifiesta la violencia.

a la violencia? Hace falta que la mujer reco- nozca que no sólo físicamente se manifiesta

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 32 Topodrilo ¿Cuántas han sostenido relaciones sexuales en
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¿Cuántas han sostenido relaciones sexuales en contra de su voluntad y no son conscientes de que eso también es un acto violento? Una violación sexual no es sólo la que es realizada con uso de la fuerza física, también se considera violación al acto Una violación sexual no es sólo la que es realizada con donde la mujer participa en donde la mujer participa en contra de su voluntad, aun cuando no sea utilizada dicha fuerza. “[…] en el caso de la violencia sexual destaca que la mujer no considere cierta experiencia como violación, aun cuando ésta se realice en contra de su voluntad” (Torres, 2004: 240). En muchos de los casos, la mujer se casa y tiene hijos en con- tra de su voluntad, pero cumple a la perfección su papel de madre/esposa.

Aunque su noviazgo duró dos años, no pudo, o más bien no quiso, darse cuenta de que Ever no era la mejor opción para ella. “Cuando una anda de novia no se da cuenta, o más bien no quiere darse cuenta de que nuestra pareja no es perfecta. Yo no sé por qué me casé con él. Sí lo quería, pero no como para casarme. Tal vez fue porque ya teníamos organizada la boda y sentí feo decirle que no. Además en ese tiempo se murió su mamá y yo no podía dejarlo solo. Nos casamos por- que no hubo de otra” […]. No deseaba tener un hijo, incluso pensó en el aborto, pero la educación de sus padres influyó mucho sobre ella y no se atre- vió a deshacerse del bebé. Lo tuvo en contra de su voluntad.

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Fany no es la excepción, se casa porque no pudo evitarlo y tuvo a su hijo en contra de su voluntad, sin embargo se ha apro- piado de su papel de madre y juega un rol excepcional. Ella deseaba trabajar como bailarina y realizarse como profesional, pero al casarse se truncaron sus aspiraciones, pues no compar- tía este deseo de superación con su pareja y tuvo que claudicar. Cuando la mujer decide casarse, también debe renunciar a sus aspiraciones porque tiene que dedicar la mayor parte de su

tiempo al hogar y a la familia. Por ello las feministas buscan la “equidad” como una manera de lograr que la mujer tenga las mismas oportunidades que los hombres y se realice como per- sona y/o profesionista. Se han logrado muchos cambios desde la década de los sesenta hasta la fecha. A pesar de ello, es necesario que las mujeres sean conscientes de que pueden ser independientes sin necesidad de divorciarse, que tienen derechos al igual que los hombres y que la violencia es un factor que debe evitarse para lograr una convivencia sana y equitativa. A continuación, presento la historia de Fany, una mujer que no se cansa de luchar.

La historia de Fany Fany nace el 19 de mayo de 1976 en el municipio de Mahuixtlán, Veracruz. Es la tercera de cuatro hijos. Ella no recuer- da mucho sobre sus primeros años de vida, argumenta que tiene sólo flashazos sobre su infancia. Uno de sus recuerdos más presentes es que acostumbraba estar impecable de sus ropas cuando era niña, tenía prohibido ensuciarse porque sus padres eran demasiado aprensivos y la suciedad era algo que no toleraban, sobre todo su madre. Siempre tuvo ganas de salir a jugar con sus amigos a la calle, pero como debía cuidar su vestimenta, sólo le permitían sentar- se en el quicio de la puerta para ver como se divertían los veci- nos en la calle. Los observaba y disfrutaba imaginando que era ella quien brincaba en los charcos y jugaba con tierra. Disfrutaba aunque no pudiera pasar del quicio de aquella puerta que la retuvo en su infancia. Cuando era niña, siempre deseó sentirse querida por su madre. Ella era una mujer poco afectiva que no acostumbraba abrazar ni decir palabras cariñosas a sus hijos. Fany piensa que los problemas con su padre eran lo que ocasionaban esta acti- tud, la justifica, pero admite que siempre trató de conseguir una señal de cariño de su madre y fue una tarea difícil. Un día, desobedeció a las reglas de su madre y se salió a jugar

a la calle mientras usaba uno de sus mejores vestidos. Disfrutó a manos llenas de su libertad y lo mejor de todo fue que no ensu- ció sus ropas domingueras. Al entrar a la casa, esperaba un buen regaño porque se había salido sin permiso, pero su sorpresa fue que, en vez de regaño, recibió un abrazo de su madre como pre- mio por no haberse ensuciado. Según recuerda, ésta fue la pri- mera manifestación de amor que recibió de su progenitora. Con su padre convivió muy poco. Él era obrero y pasaba la mayor parte de su tiempo en la siembra de caña. También era una persona muy hosca, que no acostumbraba compartir su tiempo con su familia, prefería estar en su trabajo de sol a sol. Fany tuvo la suerte de ser la única morena en la familia, cosa que la marcaba como diferente y esto provocaba la burla de sus hermanas mayores. Un día intentó bañarse de talco después de ver una película donde una niña se polveaba de blanco el rostro para lograr que su madre la amara; Fany sólo buscaba ser igual

a sus hermanas, pero lo único que consiguió fue que se burlaran

más de ella. Fue una niña falta de cariño, aunque siempre la consintieron en lo material. Nunca le faltó nada, según su padre, pero ella siente que su infancia se desarrolló con un gran hueco donde lo que más hizo falta fue el amor y los cariños de sus padres y de sus hermanas mayores.

con un gran hueco donde lo que más hizo falta fue el amor y los cariños
con un gran hueco donde lo que más hizo falta fue el amor y los cariños

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Seccion Genero 10:Maquetación 1 01/02/2009 00:20 Página 33 Cuando cursaba la primaria, su padre se convierte

Cuando cursaba la primaria, su padre se convierte en líder cañero y con esto inicia su carrera política en Mahuixtlán. Ya inmerso en el campo de la política, empezó a salir con mujeres. Su madre no soportaba la situación y en más de una ocasión le

preparó sus maletas para que se fuera de la casa. Fany y sus her- manas recibían explicaciones de su madre, quien les decía que la relación no podía continuar porque su padre ya estaba for- mando otra familia. Recibió esta explicación varias veces y vio la maleta de su padre preparada tras la puerta, pero al momento en que él tomaba la maleta para irse, su madre se le aferraba al cuerpo y le suplicaba que no las abandonara. Su padre nunca se fue de la casa, aunque tampoco dejó de tener otras mujeres. Nueve años después del nacimiento de Fany, su madre dio a luz a Enrique, su hermano menor, a quien no se le desarrolló el cerebro y creció con discapacidades del pensamiento y el habla.

Y fue hasta que él cumplió dos años que se dieron cuenta de

que no se desarrollaba como un niño normal. Fany piensa que su hermano pudo haber crecido normal, pero la falta de aten- ción de sus padres provocó que se desarrollara la enfermedad, pues si hubieran puesto un poco más de atención en su hijo, tal

vez se podría haber evitado que Enrique creciera con esta disca- pacidad. Ella recuerda que cuando era niña fue muy cruel con su her- mano y con sus padres. “Cuando eres niño, hay muchas cosas que pasas por alto, como el dolor de la gente”, menciona Fany mientras se seca las lágrimas que corren por su mejilla. Siente que, junto con sus hermanas, esperó con ansiedad a su herma- no y le dieron mucho cariño, pero, como niñas, no podían evitar

el ser crueles con él.

Cuando su hermano estaba en edad preescolar, ella acompa- ñaba a su madre cuando lo llevaba a sus clases especiales en Xalapa. Le gustaba ñaba a su madre cuando lo llevaba a sus clases especiales en Xalapa. Le gustaba mucho ir con ellos y observar cómo trabaja-

ba su hermanito en clase. Pero con el tiempo, él fue estresándo-

se y empezaba a tornarse violento con los demás. Un día se puso

muy agresivo en el camión de regreso a casa y tuvieron que bajarse a medio camino porque Enrique estaba incontrolable.

Su padre ni siquiera puso atención en este hecho y su madre decidió sacarlo de la escuela porque era muy difícil viajar con él. Fany se siente culpable porque cree que no apoyó a su madre

lo suficiente cuando más la necesitaba y ahora dedica la mayor

parte de su tiempo a sus padres y a su hermano tratando de recuperar los momentos que siente que dejó pasar en su juven- tud. Sus hermanas mayores son muy despegadas del hogar y los visitan de vez en cuando. Pero ella procura ir a verlos a diario y los ayuda en todo lo que puede. Fany no desea recordar su época de adolescencia. Prefiere hablar de cuando decidió estudiar Ciencias y técnicas de la edu-

cación. Tenía que viajar a Veracruz para poder estudiar y sus padres no la dejaron ir. Esto no causó ningún problema en ella. Lo aceptó de buena manera y al año siguiente decidió presentar examen en la carrera de danza contemporánea. Sus padres le