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“Presidentes en problemas: Los casos de Alan García (2005­2011) y Ollanta Humala (2011­2016)”* 1

Autores:

Quiñón Cárdenas Aarón* Director de Comisión de Investigaciones ­ Asociación Civil Politai a.quinon@politai.pe

Rodríguez Rivera, Almendra* Miembro de Comisión de Investigaciones ­ Asociación Civil Politai a.rodriguez@politai.pe

Alva, Jair* Miembro de Comisión de Investigaciones ­ Asociación Civil Politai j.alva@politai.pe

1 La presente investigación es ganadora del concurso “Programa de Apoyo a la Iniciación en la Investigación” (PAIN) 2016 organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). En tal sentido, es un proyecto de investigación que se encuentra en prensa. Los errores y omisiones es responsabilidad propia de los autores. *Estudiante del pregrado de Ciencia Política por la Pontificia Universidad Católica del Perú

Sumilla

El Perú es un país presidencialista que ha sido, además, caracterizado como una democracia sin

partidos y un sistema político escasamente institucionalizado. En este contexto, el liderazgo presidencial es importante para explicar la dinámica política del país. Desde el retorno a la democracia en el 2001, los presidentes ingresan con altos niveles de aprobación y culminan con niveles muy bajos. Paradójicamente, esta dinámica se desarrolla en un contexto de crecimiento económico y boom de los commodities, discutiendo con las principales explicaciones de comportamiento político centradas en desempeño económico, la afiliación partidaria y liderazgo político. Sin embargo, poco se ha discutido sobre la relación entre el sistema político y la dinámica presente en la aprobación presidencial.

A partir de un análisis de los procesos y dinámicas políticas de los gobiernos de Alan García

(2005­2011) y Ollanta Humala (2011­2016), la presente investigación sostiene que existe una estrecha relación entre el sistema político peruano post­Fujimori y los elevados niveles de

desaprobación presidencial. En este sentido, la alta desaprobación presidencial será el reflejo de una clase política deslegitimada debido a la permanencia de un discurso anti partido, incumplimiento de las promesas electorales, ausencia de un aparato partidario sólido y un sistema económico poco redistributivo, siendo estas las características del sistema político post­Fujimori. Finalmente, la personalidad del presidente, su capacidad de gestión e iniciativa, y

el manejo de las coyunturas políticas serán cruciales para demostrar la fragilidad de la figura

presidencial. De esta manera, la dinámica de crecimiento económico ha evidenciado la precariedad institucional del sistema político peruano reflejándose en la desaprobación presidencial.

1. Introducción

¿Por qué los presidentes peruanos post­Fujimori inician su gestión con una alta aprobación y culminan con niveles muy bajos a pesar de tener un contexto de bonanza económica? Esta pregunta enmarca la presente investigación sobre el comportamiento político peruano luego del retorno a la democracia. Diferentes estudios han propuesto discutir la aprobación presidencial desde las percepciones sobre la economía, el carisma de los gobernantes y el desempeño de las coyunturas políticas; sin embargo, consideramos que ello no termina de explicar las diferentes trayectorias.

El presente documento es un primer intento de articular las variables asociadas a la aprobación presidencial en el Perú a partir de las características del sistema político. Consideramos que el retorno a la democracia en 2001 luego del gobierno autoritario de Alberto Fujimori apertura un nuevo escenario y sistema político que presenta una dinámica política, económica y social particular. Asimismo, los estudios sobre aprobación presidencial se han constituido como estudio de caso o un análisis longitudinal de los períodos presidenciales; sin embargo, no se presentan estudios comparados en este nuevo escenario político. En tal sentido, surge la necesidad de entender la aprobación presidencial como un reflejo de este nuevo escenario político. En otras palabras, ¿qué nos quiere decir la aprobación presidencial sobre la dinámica y el sistema político peruano luego del retorno a la democracia y cómo se refleja en ella?

De esta manera, argumentamos que la fragilidad de la aprobación presidencial en el Perú será el reflejo de una clase política deslegitimada debido a la permanencia de un discurso anti partido, incumplimiento de las promesas electorales, ausencia de un aparato partidario sólido y un sistema económico poco redistributivo, siendo estas las características del sistema político post­Fujimori. Asimismo, la personalidad del presidente, su capacidad de gestión e iniciativa, y el manejo de las coyunturas políticas serán cruciales para demostrar la fragilidad de la figura presidencial. Por tanto, la dinámica de crecimiento económico ha evidenciado la precariedad institucional del sistema político peruano reflejándose en la desaprobación presidencial.

El argumento de la presente investigación y el presente documento se articula de la siguiente manera: En un primer momento, discutimos y problematizamos las principales perspectivas teóricas sobre la aprobación presidencial existentes en la literatura académica, en particular, complejizamos la discusión a partir de la relación entre sistemas políticos y las diferentes explicaciones del comportamiento político. En segundo lugar, describimos las características e implicancias del sistema político y económico post Fujimori, enfatizando las continuidades y legados en la dinámica política y social, presentando el escenario y los retos que enfrentan los presidentes peruanos desde la transición a la democracia. Posteriormente, desarrollamos una descripción de las características sociales, políticas y económicas propias de cada gestión presidencial para luego analizar las principales coyunturas y estrategias políticas a la que se enfrentan los presidentes.

Finalmente, analizamos la evolución de la opinión pública a partir de las coyunturas, siendo ello fundamental para la cristalización de los imaginarios y sentidos comunes de los ciudadanos frente a las características del sistema político. Sin embargo, al ser una investigación en prensa, este documento es solo una presentación preliminar de los avances realizados hasta el momento, quedando pendiente en una próxima versión la presentación de la última parte de nuestro argumento y de los vacíos que se puedan encontrar en el trayecto.

Partidos políticos, voto económico y liderazgo político: explicaciones a la aprobación presidencial

Los estudios sobre aprobación presidencial y evaluación del gobierno se han centrado principalmente desde las siguientes perspectivas teóricas: identificación partidaria, personalización del líder y voto económico. En tal sentido, se ha transitado desde una perspectiva de la acción social de los partidos políticos hacia una vertiente que enfatiza la evaluación individual de la gestión presidencial.

La simpatía o afiliación partidaria como explicación a la aprobación presidencial propone que los ciudadanos que se identifican con el partido que se encuentra en el gobierno tienden a evaluar

positivamente la figura presidencial, y por ende, quienes no simpatizan con el partido oficialista son más proclives a evaluar negativamente (Campbell, 1960 et al). Sören Holmberg (1994) identifica que efectivamente la identidad partidaria influye en la aprobación presidencial en condiciones de polarización política y la relación entre partidos. Asimismo, Bartels (2000) encuentra que la ideología política y simpatía partidaria son claves en la evaluación presidencial frente al desempeño parlamentario. En tal sentido, Clarke et al. (2002) sostienen que en un sistema de partido consolidado y con fuerte arraigo social, vale decir, en situaciones donde el desempeño de los partidos y su relación con los ciudadanos es legítimo; la aprobación presidencial dependerá de la filiación partidaria, inclusive frente a contextos económicos y políticos desfavorables.

Por otro lado, la percepción ciudadana sobre la personalidad del político mantendría una influencia en la aprobación presidencial. La percepción de la figura presidencial concibe un imaginario en los ciudadanos que es considerado al momento de evaluarlo (Kinder 1986, Kinder, Abelson y Fiske 1979). Si la ciudadanía considera que la figura presidencial coincide con las características del líder ideal, entonces se llegará a aprobar a quien gobierne. En esta línea, trabajos como los de Funk (1996), Lyons (1997) y Sullivan et al. (1990) concluyen que una cualidad predominante que es tomada en cuenta al momento de evaluar la figura de los presidentes es el carisma y liderazgo de los gobernantes. Por ello, algunos autores se aventuran a concluir que los ciudadanos le otorgan mayor importancia las cualidades de liderazgo y personalidad del gobernante antes que a las coyunturas políticas.

En investigaciones más recientes, la academia ha concentrado sus esfuerzos en aplicar las teorías del voto económico, sobre aprobación presidencial (Lewis­Beck y Stegmair 2013). Esta perspectiva brinda un mayor énfasis a la relación entre desempeño económico y evaluación de los gobernantes a partir de una función de castigo­recompensa realizada por los ciudadanos, donde se recoge sus evaluaciones y expectativas con respecto a la economía nacional (Erikson, MacKuen y Stinson 2002; Lewis Beck y Stegmaier 2007). En tal sentido, por lo que se considera que, si se experimenta un crecimiento económico sostenible, los ciudadanos tenderán a aprobar

la labor presidencial, mientras que en un contexto de crisis o estancamiento económico, se tenderá a desaprobar la gestión presidencial. En tal sentido, se sostiene que los ciudadanos consideran a la economía como el principal atajo informativo para la evaluación presidencial (Dorussen y Palmer 2002).

Sin embargo, los principales estudios sobre aprobación presidencial se concentran en democracias institucionalizadas, siendo los casos más estudiados Estados Unidos y Europa (Erikson, MacKuen y Stinson 2002; Lewis Beck y Stegmaier 2007). En este sentido, las explicaciones presentadas responden a características institucionales de los sistemas políticos en los cuales existe cierta exigencia de los ciudadanos a las promesas electorales y el desempeño de la gestión presidencial. Es decir, estas propuestas se concentran en países que presentan un sistema de partidos e instituciones estatales en con elevada aprobación de parte de la sociedad. Por tanto, la dinámica presente en la aprobación presidencial puede ser una evidencia de las características del sistema político. Una primera discusión sobre sistema político y aprobación presidencial se encuentra en Maravall y Przeworski (2001) y Gramacho (2006) sosteniendo que en un sistema político consolidado, la influencia del voto económico es inversa, vale decir, a mayor institucionalización política, menor influencia de la percepción económica y viceversa. Asimismo, Bellucci (2002) sostiene que el sistema electoral es una variable latente al momento de evaluar presidencial.

En esta línea, surge la pregunta sobre la aprobación presidencial en un sistema político con baja institucionalidad y sistema de partidos relativamente débiles, características propias de América Latina y particularmente Perú. Ratto (2013), Echegaray (2005), Remmer (2003) y demás, pretenden aplicar las teorías del voto económico en las dinámicas políticas de América Latina, concluyendo que las variables económicas tienen una gran influencia en contextos electorales. Asimismo, Ortiz y García (2014) analizan los gobiernos latinoamericanos contemporáneos a partir del estilo de gobierno y la personalización de la figura presidencial, proponiendo que los presidentes con un fuerte liderazgo y carisma reciben un mayor apoyo político y aprobación de su gestión aceptable. Sin embargo, en la década de los 90, diferentes países latinoamericanos reeligieron presidentes que no se destacaron por su desempeño económico así como presidentes

latinoamericanos que han consolidado altos niveles de apoyo popular en contextos de crisis económica (Stokes, 1996). Acercándonos al caso peruano, las determinantes de la aprobación presidencial se asemejan a las presentadas en los estudios latinoamericanos. Stokes (1996), Arce y Carrión (2010); Maldonado y Pimentel (2009) y Osorio (2015) identifican que las evaluaciones prospectivas y retrospectivas de la economía son las variables claves al momento de explicar la aprobación presidencial en Perú.

Sin embargo, las explicaciones presentadas a contextos estados no­institucionalizados parecen asemejarse a los enfoques y metodologías de estudios en democracias institucionales en lo que respecta en la evaluación de la economía. Por tanto, no se presenta una explicación basada en procesos que evalúan la dinámica política entendida desde coyunturas, actores y dinámicas de poder. Un primer acercamiento a este tipo de enfoque podemos encontrarlo en el trabajo de Susan Stokes (2001) que evalúa los discursos electorales, la aprobación presidencial y la gestión de gobierno resaltando el caso de Alberto Fujimori. En este estudio, Stokes analiza las propuestas electorales que llevaron a la presidencia y las características de las políticas efectivamente realizadas en el gobierno fujimorista. Es decir, se presenta un análisis del discurso electoral y el desarrollo propio de la gestión. La autora observa que los ciudadanos suelen aprobar la gestión presidencial a pesar de no cumplir con sus promesas electorales, incluso tomar medidas contrarias a las prometidas, siendo fundamental el personalismo político y un buen manejo de las coyunturas.

Sin embargo, investigaciones realizadas hasta el momento no vinculan la relación entre el sistema político peruano y la aprobación presidencial. Para tal fin, las perspectivas teóricas presentadas nos sirven al momento de acercarnos al fenómeno de aprobación presidencial dada la importancia del contexto político y económico en el cual se desarrollan los gobiernos presidencialistas, así como del desempeño en las coyunturas políticas de los gobernantes. Los hallazgos de la literatura evidencian la relación entre el estilo de gobierno y la aprobación presidencial en América Latina. Adicionalmente, plantean que ciertos factores contextuales condicionan la relación que tradicionalmente se ha establecido entre afiliación partidista,

evaluaciones económicas y aprobación presidencial. Siguiendo a Barrenechea (2008), más allá del desempeño concreto de la economía, existen problemas en la estrategia asumida por el gobierno para vincularse con la población y por tanto para legitimarse frente a la enorme volatilidad de los actores políticos y lo precario del respaldo ciudadano que concitan (Tanaka

2005).

Aprobación presidencial en Perú: ¿lo que bien empieza, bien acaba? Gráfico 1: Trayectoria de la aprobación presidencial en el Perú (1995­2015)

de la aprobación presidencial en el Perú (1995­2015) Fuente: Ipsos Apoyo Elaboración: Sosa 2015 En comparación

Fuente: Ipsos Apoyo

Elaboración: Sosa 2015

En comparación a los países de América Latina, Perú presenta los niveles de aprobación más bajos en la evaluación de sus gobernantes. Desde el retorno a la democracia en 2001, la trayectoria de la aprobación presidencial en el Perú muestra patrones similares: ingresan con altos niveles de aprobación y culminan en niveles de aprobación muy bajos. Esta trayectoria podemos dividirla en tres momentos: un período inicial de alta aprobación y expectativa, que suele llamarse como etapa de “luna de miel” que suele permanecer hasta el segundo año de gobierno; un segundo momento de caída sostenida de la aprobación presidencial, donde los

ciudadanos evalúan negativamente a sus gobernantes; y un tercer momento donde la aprobación experimenta una ligera recuperación sin llegar a los niveles iniciales de alta aprobación. Estos momentos varían de un gobernante a otro pero la trayectoria es similar. En esta investigación, llama la atención lo que consideramos “el punto de no­retorno”, vale decir, el momento en que la aprobación presidencial presenta un quiebre significativo hacia la desaprobación y no recupera sus niveles iniciales. De esta situación surgen varias interrogantes: ¿cuáles son las características del sistema político que permiten este quiebre abrupto en la aprobación presidencial? ¿En qué coyunturas se originan? ¿Por qué les cuesta tanto a los presidentes legitimarse nuevamente y tener altos niveles de aprobación? ¿Son los partidos políticos, el liderazgo político o el estado de la economía lo que prevalece al momento de evaluar la gestión presidencial? ¿En qué medida? En lo que sigue trataremos de presentar algunas ideas de esta situación.

2. Sistema político post­Fujimori: Legados y continuidades

Desde inicios del s.XXI, la democracia peruana ha sido caracterizada por la baja legitimidad de sus instituciones políticas, la ausencia de un sistema de partidos y desarticulación social (Levitsky y Cameron 2003, Tanaka 2005, Tanaka y Vera 2010, Dargent y Muñoz 2012). A partir de ello, diferentes autores han señalado que estas características se originan en el período autoritario de Alberto Fujimori. En tal sentido, la transición a la democracia no borró la huella autoritaria del régimen fujimorista, sino que permanece instaurada en el sistema político peruano (Cotler 2013). De esta manera, llama mucho la atención que estas características se enmarcan en un período de crecimiento económico sostenido, siendo paradójico que este ciclo se enmarca en una situación de desmovilización y elevada desafección política de la mayoría de la población por las autoridades e instituciones (Revez 2013).

a) Sistema socio­económico neoliberal: el “chorreo, “el goteo” y “piloto automático”

América Latina ha mantenido un crecimiento económico sostenido desde el inicio del S.XXI, a partir del alza de los precios de los minerales y el boom de los commodities, destacando Perú por un desempeño superior al promedio de la región. En efecto, desde la transición a la democracia en 2001, los sucesivos gobiernos gozaron de un contexto de crecimiento económico sustentando principalmente en las exportaciones de productos primarios y minerales, particularmente zinc,

cobre y oro . Paradójicamente, esta bonanza económica no sólo se explica por la demanda de

materias primas en el mercado internacional, sino que se sustentan en la Constitución de 1993 y

en la continuidad de las reformas neoliberales decretadas por el régimen autoritario fujimorista

(Tanaka y Vera 2007, Cotler 2013, Murakami 2014). Llama la atención la permanencia y

coherencia de la política macroeconómica neoliberal en un país caracterizado por la inestabilidad

2

institucional . Esto se traduce en la continuidad de políticas orientadas al libre mercado, la

disciplina fiscal y una política monetaria enfocada en el control de la inflación.

3

Estas reformas económicas de ajuste y liberalización fueron adoptadas por el gobierno de

Fujimori (1990) para hacer frente a la crisis hiperinflacionaria originada en la década de 1980

por políticas económicas intervencionistas, heterodoxas, donde el Estado jugaba un rol principal.

En este sentido, no resulta sorprendente que “[los principales voceros del modelo neoliberal] no

se cansan de afirmar que esas reglas de juego han sido indispensables para otorgar seguridad

jurídica, y fomentar la inversión privada, estimular el crecimiento económico y el desarrollo

social y político [ generando un silencioso proceso de inclusión social, reduciendo la pobreza

y expandiendo la clase media” (Cotler 2013). Se ha generado un fuerte sentido común de que la

intervención estatal es perjudicial para el desarrollo del país, recordando la experiencia de los

años 80’s, insistiendo que las reglas del libre mercado y eficacia de los agentes privados son los

pilares fundamentales que explican el crecimiento económico del país por encima del promedio

de la región, mientras que los problemas en la economía serían por una administración pública

]

ineficiente y desfasada. (Cotler 2013).

Gráfico 2: Variación anual del PBI real (2001­2015)

2 En 2010, el monto total de las exportaciones era cinco veces mayor al 2000. Para una revisión detallada del impacto del boom de lo commodities en el Perú revisar Gonzales (2015).

3 Gonzáles y Samamé (1991) señalan que, hasta la década de 1980, la política económica peruana se modificaba drásticamente como un péndulo de un gobierno a otro.

Fuente: BCRP Elaboración: Muñoz y Guibert (2016) A más de dos décadas de continuidad de

Fuente: BCRP

Elaboración: Muñoz y Guibert (2016)

A más de dos décadas de continuidad de esta política económica, si bien se ha reducido la pobreza extrema significativamente, los altos índices de desigualdad y pobreza muestran los principales problemas de este modelo económico, llevando una serie de críticas a la institucionalidad neoliberal tanto desde la academia como de la clase política y la sociedad civil. En tal sentido, los detractores del sistema sostienen que “el rol privilegiado del sector privado, la extrema apertura comercial, el carácter exportador de la economía, el reducido rol del Estado ha favorecido la concentración del ingreso y riqueza, frustrando los intentos de inclusión social y búsqueda de la igualdad” (Cotler 2013). En tal sentido, se gesta un sentido de desigualdad en la redistribución de esta bonanza económica debido a una captura del Estado por la clase económica privilegiada.

Tabla 1. Ingreso real promedio per cápita mensual según ámbito, región natural y dominios geográficos (2009­2014)

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares 2009­2014 Elaboración: INEI 2015 En efecto, a pesar del sostenido

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares 2009­2014

Elaboración: INEI 2015

En efecto, a pesar del sostenido crecimiento económico, la desigualdad económica sigue siendo una de las características del país luego de la transición. Walter Mendoza, Janeth Leyra y José Luis Flor (2010) demuestran que los niveles de desigualdad en el país son similares a la década de 1980. Asimismo, el descenso de la pobreza ha sido desigual en términos regionales, donde la costa ha experimentado una mayor reducción que en la sierra y selva, con mayor acentuación en zonas urbanas frente al ámbito rural. Contrariamente a lo que señalan sus principales voceros, esta situación se genera por una mayor presencia estatal en la región costera frente a otras regiones, donde se encuentra centros urbanos con servicios públicos y una economía más diversificada frente a la sierra y selva, con una población mucho más dispersa, rural, escasos servicios públicos y economía principalmente agraria (Trivelli 2005, Revesz y Trivelli 2009, Thorpe y Paredes 2011, Cotler y Cuenca 2011). Por tanto, el crecimiento económico no se ha

traducido necesariamente en una mayor redistribución de la riqueza, inclusión de los sectores populares pobres ni en la mejora de las condiciones sociales.

Gráfico 4. Número de conflictos sociales activos y porcentaje de conflictos socioambientales activos (2009­2015)

de conflictos socioambientales activos (2009­2015) Fuente: Defensoría del Pueblo Elaboración: Muñoz y

Fuente: Defensoría del Pueblo

Elaboración: Muñoz y Guibert (2016)

En este sentido, las características del sistema económico han generado una serie de cuestionamientos hacia el régimen político desde diferentes sectores sociales. puesto que

“mientras las autoridades se vanaglorian por el continuo crecimiento de los ingresos públicos,

la movilidad descendiente en la escala social constituye un factor más de malestar y

desafección política “(Cotler 2013).

[ ]

El sistema económico del “piloto automático” y “chorreo” ha generado una serie de expectativas que no ha sido satisfechas en los sectores más pobres, ante la persistencia de la desigualdad social y económica; en el sector medio, marginados por las grandes empresas, la competitividad

técnica profesional y pocos avances en derechos sociales y laborales; y los sectores con mayores

ingresos económicos, quienes perciben la acción estatal como una amenaza a sus intereses

(Cotler 2013). Esta situación se agrava ante el desprestigio de la clase política, causada

principalmente por la ausencia de un sistema de partidos, y el desempeño de los políticos que

describiremos en una siguiente versión de este documento.

3.­ Los gobiernos de Alan García (2006­2011) y Ollanta Humala (2011­2016)

a) Gobierno de Alan García (2006­2011)

Imagen y trayectoria del político

Alan García es uno de los políticos más reconocidos en el medio peruano desde la década de

1980. Líder del Partido Aprista Peruano, cuenta con una larga trayectoria en la política peruana

destacando su experiencia de primer gobierno (1985­1990). En efecto, su primer mandato es uno

de los principales pilares de identificación del líder aprista, donde trató de implementar una

política heterodoxa, yendo en contra de los lineamientos propuestos por el Fondo Monetario

Internacional (FMI) y el Banco Mundial para salir de la profunda crisis económica en la que el

Perú se encontraba sumergido. Esta experiencia marcó profundamente a García, donde la

principal lección aprendida es que “el rol del Estado Antimperialista definido por Haya incluirá

el saber tratar y el saber contratar con el capital externo [ sobre la convocatoria y el régimen de

concesiones al capital extranjero bajo la supervisión del Estado como medio de desarrollo de la

economía. [ buscando crear riqueza para el que no la tiene”(García 2003). En tal sentido,

García enfatiza en que “la función del Estado debe dejar de ser patrimonial o propietarista para

convertirse en promotora y reguladora, lo que no limita su compromiso con la justicia social y el

bienestar, sino que lo agiliza y lo hace más realista” (García 2003). Por tanto, la imagen y

trayectoria de García muestra una disposición de cambio del modelo económico neoliberal, con

una mayor intervención del Estado. Ello se reflejó en las campaña presidencial de 2001 y en la

campaña de 2006, mostrando un discurso de lección aprendida de su gobierno pasado y con ideas

renovadas sobre política.

]

]

Elecciones generales 2006 En las elecciones generales 2006, tres candidatos fueron los candidatos con serias aspiraciones y alta intención de voto: Lourdes Flores, lideresa del Partido Popular Cristiano representando un sector económico de libre mercado; Ollanta Humala, ex­comandante en retiro y candidato por Unión Por el Perú con un discurso de izquierda radical de cambio de modelo económico; y Alan García, líder del Partido Aprista Peruano con una propuesta más moderada. Aunque la intención de voto durante los primeros meses del 2006 ponía en primer lugar a Lourdes Flores con un 37% de intención de votos, mientras que García se encontraba rezagado al tercer lugar con menos del 20%; sin embargo fue a raíz de que presentaron sus planchas presidenciales que el escenario se re­acomodó aún más. Humala presentó a Gonzalo García Núñez (miembro en ese entonces del directorio del Banco Central de Reserva del Perú), de manera que pudo mostrar una postura más acorde con el sistema económico vigente; mientras que Lourdes Flores inscribió como su primer vicepresidente a Arturo Woodman (empresario que representa al sector más conservador del ámbito financiero), facilitando que el apodo de “candidata de los ricos” difundido por el APRA se acentuara mejor. Finalmente, Lourdes Flores, dejó de visitar a los sectores urbano populares, los cuales le habían dado el fuerte porcentaje de intención de voto al que había llegado hasta ese momento. Así, Alan García no desperdició la oportunidad de captar a dichos sectores de la sociedad, mostrando mítines lúdicos y con música reggaetón, de manera que pudiese captar la atención del sector juvenil, de esta manera a una semana antes de las elecciones presidenciales Alan García subió al 23% en su intención de voto (Meléndez 2006: 58­62) Finalmente, serían Humala y García quienes pasarían a segunda vuelta electoral, siendo la distribución del voto en la primera vuelta muestra en términos generales que Humala ganó en la mayoría de regiones, Lourdes Flores sólo en Lima, y García en la costa norte, bastión histórico del APRA. “El outsider Humala alcanzó sus mayores votaciones en las regiones del sur andino, en las zonas más empobrecidas y abandonadas, y en las localidades con presencia de grupos étnicos minoritarios. García ganó en la ciudad de Lima, y en las ciudades más modernas e integradas a los circuitos económicos más dinámicos, ubicadas en la costa” (Tanaka y Vera 2007: 240). En ese sentido, la votación de Humala estuvo por encima del promedio en las

regiones sur andinas, donde se encuentra la mayoría de la población de origen indígena y de mayores niveles de pobreza. Por el contrario, los sectores más integrados a los circuitos económicos modernos apoyaron opciones políticas más moderadas. En este espectro electoral, el discurso de Alan García lo ubicaba en el centro político con promesas de cambio. Se diferenció de Lourdes Flores denominándola como la “candidata de los ricos” y con propuestas de cambio social y económico más moderadas.

Promesas electorales y “el cambio responsable” En su último discurso del 1 de junio del 2006, antes de las elecciones de segunda vuelta, Alan García se enfocó en “el cambio responsable”, el mensaje de toda su campaña de aquellos años. Allí García expuso seis puntos del “cambio responsable”, mezclando entre líneas, además, un discurso competitivo frente a Chile que buscaba generar algún sentimiento de nacionalidad frente a dicho país. El “cambio responsable”, fue en primer lugar, enfocar un futuro gobierno a una administración lleno de nacionalidad, en el cual la reivindicación de la amazonía, la sierra y la costa, deberían de articularse como elementos de una sola nación; es decir apelo a la unión nacional. En segundo lugar, argumenta que el “cambio responsable” es cambiar el sentido democracia en el Perú; acabar con la democracia electoral, en el sentido de que los gobernantes ejercen su autoridad sin responder a la población, y sustituirla por una democracia social, en la que el gobierno debería de responder directamente a las exigencias de la población. En tercer lugar, “el cambio responsable”, plantea que tiene que reestructurarse la política en el país, en donde se castigue con impunidad a los corruptos y se evite el enriquecimiento de las autoridades públicas. Así mismo, Mariana Olcese (2005) indica que García promete enmendar los errores de su gobierno anterior reduciendo el sueldo de los congresistas, diplomáticos y ministros al 50%y también eliminando las CTS. En cuarto lugar, la idea plantea generar mejor empleo en el país, apoyándose en el proyecto Sierra Exportadora, por ejemplo, para mejorar la exportación de algunos productos que no generan tantas ganancias a los productores como sí lo hace la páprika y la alcachofa. El quinto punto es la mejora de la micro y pequeña empresa, la cual no genera las ganancias suficientes ni tienen el apoyo del Estado como sí sucede en Chile,

por ejemplo. Finalmente, el “cambio responsable”, plantea la igualdad de derechos sociales; así, busca garantizar el acceso equitativo a los servicios básicos como agua potable a los pueblos más pobres del país y a los conos de Lima (Alan García Pérez, discurso de cierre de campaña 2006).

En suma, la campaña de Alan García del 2006, se puso de relieve el cambio de la línea económica neoliberal y su disposición a superar de manera prioritaria los desafíos socioeconómicos, como el desempleo, los bajos sueldos, la pobreza y la escasa asistencia social (Murakami 2013: 113). En ese sentido, la segunda campaña de Alan García Pérez, buscó generar lazos con los grupos más excluidos de la sociedad: el importante voto juvenil y de las mujeres, planteando políticas que los favorecieran como por ejemplo la equidad de sueldo a nivel por sexo y la igualdad de cantidad de mujeres y hombres en el gabinete (Diario La Nación 2006). Finalmente, la campaña “cambio responsable”, busca eliminar la concepción de que en el gobierno solo se van a favorecer los apristas, puesto que argumenta que en un futuro gobierno del APRA para el 2006, se eliminaría el “carné partidario” (Patriau 2006).

Características de la gestión Durante los primeros años de la gestión, el gobierno goza de estabilidad, la cual se refleja en que si bien, dos ministros renunciaron al cargo tras escándalos dentro de su sector (Interior y Agricultura), la oposición no logró ninguna censura. El gabinete a su vez, se mantuvo estable, aunque el primer ministro, Jorge del Castillo, ha sido limitado en ocasiones por acciones del mismo presidente. En ese sentido, Tanaka y Vera señalan que García es un personaje con mucho protagonismo, de manera que desplaza, con facilidad a otros miembros de PCM (Tanaka y Vera 2008: 354:360). Es decir, que los problemas existentes en el gabinete no afectan la figura del presidente como mandatario, de tal manera que existe una resiliencia por parte de García frente a los problemas en otros sectores del gobierno; aunque como se dijo, responde fácilmente a los cuestionamientos a su gobierno, esto no perdura en el tiempo. Por su parte, Meléndez va a exponer que la dinámica del gobierno demuestra que García ha compartido y delegado responsabilidades políticas con el Congreso y los gobiernos regionales; pero de manera que se adjudicaba los aciertos y tomaba ventaja del desprestigio de los otros

poderes del gobierno para poner en ellos los errores cometidos ­ Alan dice: “El Congreso es ineficiente, muy lento”­ (Melendez y León 2009: 592).

El viraje a la derecha El viraje a la derecha del gobierno de Alan García se evidencia en dos puntos esenciales. En primer lugar, el cambio de discurso del presidente. El “cambio responsable” fue sustituido por el “perro del hortelano”. García planteó que la receta para acabar con el “perro del hortelano”, es decir el “enemigo de la democracia y el progreso del país”, era quitando al Estado la necesidad de controlar todo, y de abrir las áreas inútiles del Estado al trabajo; es decir, promover la inversión privada limitando al Estado a la posición de garante del sistema de producción.

El contexto de la publicación que hizo Alan García del “perro del hortelano” en el Diario El Comercio fue durante la ratificación y la adecuación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos; por tanto, el nuevo discurso de García, buscó legitimar los cambios institucionales que se darían a fin de hacer efectivo el TLC. Finalmente, el discurso del “perro del hortelano” lleva hasta el límite la intolerancia política puesto que considera a todos los que se encuentran disconformes con algún aspecto del Estado, como enemigo de la patria. Además, reforzó jerarquías sociales, racistas y de exclusión (García 2011: 183­190)

Entonces, Mariel García añade que “año tras año la manera en la que se ha desenvuelto este gobierno ha generado el estallido y crecimiento de la conflictividad social. Esta misma representación de un país que crece sin que ese crecimiento sea percibido por la mayoría de los ciudadanos, ha venido acumulando en otros sectores sociales –los peruanos del hortelano– un gran malestar social” (Garcia 2011: 196). Así, de manera opuesta a lo que propuso Alan García en el “cambio responsable”, el gobierno ahondó las diferencias sociales, favoreciendo la inversión privada sobre las demandas de los sectores más pobres del país, ocasionando graves conflictos sociales; es decir, gobernó a la hacia la derecha.

En segundo lugar, el giro del gobierno se muestra en las reformas implementadas. El Ejecutivo impuso un “paquetazo” de 102 decretos supremo donde muchas de las reformas no guardaban

relación con la implementación del TLC; al contrario, perjudicaban a sectores pobres de la población, principalmente los campesinos e indígenas, debido a que pretendía reducir los requisitos para que una comunidad campesina pueda vender las tierras comunales de tal manera que futuros compradores no tengan impedimentos legales para ocupar las tierras (como las empresas petroleras que pretendían adquirir tierras en territorio machiguenga en el Cuzco). No obstante, la presión social, obligó al legislativo a derogar dichos decretos. En segundo lugar, el gobierno se alejó­ al contrario, como prometió en campaña­ de las organizaciones sociales y de lo que pedían al Estado; así, para el tercer año la CGTP convocó a un paro nacional para exigir que el gobierno atienda sus demandas. Finalmente, Meléndez y León (2009) señalan, que la “derechización” del gobierno no se da en temas económicos, sino en la clase de control social que ejerce el gobierno, alejándose de los reclamos de sectores de la sociedad en busca de garantizar un equilibrio económico y de gobernabilidad.

Economía y política El aspecto económico de la gestión fue bastante estable, debido a una bonanza fiscal y una buena situación económica en el plano internacional. Políticamente, Alan García tiene una posición bastante cómoda al gobernar, puesto que la oposición en el Congreso no ejerce adecuadamente una crítica constructiva al gobierno. Así, quién estuvo a cargo del gabinete ministerial, durante los primeros años del gobierno, como primer ministro, fue Jorge del Castillo, aprista de larga data en el partido y personaje muy cercano al presidente. A pesar de que, Alan García gobierna con minoría en el Congreso porque la mayoría se encuentra en manos de APP, aunque dicha agrupación no mantiene cohesión con lo cual, el único sector en el congreso capaz de crear un freno al gobierno, se va debilitando conforme el gobierno vaya avanzando. Entonces, la oposición, en el legislativo, está representada por UPP con 45 congresistas; mientras que el APRA posee solo el 30% de los escaños, al comienzo del gobierno, aunque la oposición se fragmenta rápidamente; sin embargo, para el 2009, UPP reduce de 45 a 8 congresistas (Meléndez y León 2009: 597), demostrando de este modo el nivel de inestabilidad que sufría la oposición.

Políticas sociales La coyuntura política que caracterizó al gobierno desde el primer momento fue la diferencia económica entre dos grandes sectores de la población, los cuales, por un lado, eran favorecidos por el buen ciclo económico que vivía el gobierno, el cual se concentraba principalmente en la costa del país; por otro lado, el otro sector, se ahondaba aún más su pobreza dado que el crecimiento económico agrandaba la brecha entre uno y otro sector.

b) Gobierno de Ollanta Humala (2011­2016)

Imagen y trayectoria del político

Ollanta Humala es un ex­comandante en retiro del Ejército. Su trayectoria política inicia en un levantamiento militar contra el gobierno de Fujimori en octubre de 2000 semanas antes de la caída de ese régimen. Asimismo, fundó el Partido Nacionalista Peruano en 2005, con miras a las elecciones generales 2006, sin éxito en la inscripción y participando con el partido Unión Por el Perú presentando un discurso de izquierda radical, difundiendo el pensamiento “etnocacerista”, vale decir, la reivindicación de la “raza cobriza” de los indígenas y evocando a héroes simbólicos como Andrés Avelino Cáceres (Humala 2009). De esta manera, la imagen de Humala presenta un nacionalismo hostil y cerrado, crìtico al neoliberalismo, insistiendo en un intervencionismo estatal. También se generó expectativas por su gran vinculación al presidente venezolano Hugo Chávez, mostrando cierto desliz autoritario y antisistema. Como ya se mencionó líneas arriba, esta imagen radical.

Elecciones generales 2011

Durante la primera vuelta en las Elecciones generales del 2011, los candidatos con mayor cantidad de votos fueron Keiko Fujimori y Ollanta Humala, los cuales pasaron a segunda vuelta que se realizó el 5 de junio de 2011, elección en la cual resultó ganador Ollanta Humala con un 51,449% y Fujimori con 48,551% de los votos válidos.

Asimismo, las elecciones generales del año 2011 se caracterizaron más por continuidades de las elecciones del 2006 que por cambios significativos (Muñoz 2011). Además, considera que el perfil de los votantes se resume en la singularidad, durante la elección 2011, de la presencia de un alto voto por disconformidad de un sector de la población del interior del país que busca representación política (Muñoz 2011). En ese sentido, lo interesante de la continuidad de ambas elecciones (2006, 2011) se puede argumentar desde la continuidad estructural que caracteriza al Perú como país excluyente y desigual. En palabras de Tanaka, Barrenechea y Vera, “la hipótesis de la continuidad estructural básicamente sostendría que el Perú sigue siendo en esencia el país excluyente y desigual que era en 2006, año en que Ollanta Humala arremetió con un discurso radical en contra del modelo neoliberal y del funcionamiento de las instituciones democráticas”

(2011:1)

Promesas electorales Paula Muñoz y Eduardo Dargent la elección del candidato reformista Ollanta Humala en mayo del 2011 hizo pensar que este año podrían darse cambios sustanciales en la política peruana. Si bien este año el Perú experimentó cambios políticos que dejan algunas preguntas abiertas sobre el futuro, la imagen que presentamos en este reporte es fundamentalmente de una continuidad” (2012: 246) . Cabe señalar, el perfil de Ollanta Humala, como lo destacan Dargent y Muñoz (2012), "Durante la campaña electoral Ollanta Humala prometió atender las demandas de poblaciones afectadas por empresas extractivas, siendo el candidato favorecido por sectores críticos de la minería"

“La gran transformación”

El primer argumento que planteamos en torno a la continuidad presentada durante el gobierno de Ollanta Humala se explica por la poca o mala redistribución en el territorio a pesar del alto crecimiento económico, como lo afirma Muñoz (2009) a través de la siguiente afirmación: “la expansión económica iniciada en los 2000 bajo el modelo neoliberal de desarrollo ha acentuado y politizado las desigualdades regionales en el Perú”

Características de la gestión La expectativa que se tuvo sobre el mandato de Humala se reflejó en una esperanza de cambio en la cual se estimó que la izquierda estaba ganando un espacio importante en el espectro político, asimismo ello se refuerza con lo que mencionan Barrenechea y Sosa (2013) en la cual plantean que “el gobierno de Humala viene siendo un capítulo más en la historia de la democracia que siguió a la caída de Fujimori. En ese sentido, las continuidades han sido mayores que las rupturas” (2014:268)

El giro a la derecha Entendemos por giro a la derecha, siguiendo a Yusuke Murakami, el término que se refiere en el caso peruano a gobiernos de izquierda en términos programáticos, pero que gradualmente de acuerdo a las decisiones políticas tomadas se van situando en el espectro político correspondiente a la derecha. En este giro a la derecha vinculado a la aprobación presidencial del ex mandatario Ollanta Humala, lo interesante de este fenómeno es lo que rescatan Muñoz y Dargent (2012) en tanto plantean que “Si bien sus críticos señalan que con su movimiento hacia la derecha después de la elección Humala abandonó a parte de su base electoral, las encuestas muestran que hasta el momento el gobierno mantiene el apoyo de sectores pobres que lo apoyaron durante la elección. Es decir, parte de su base electoral no vería ese movimiento como una “traición" electoral, quizá por el inicio de una serie de programas sociales dirigidos a grupos de extrema pobreza [las cursivas son nuestras]” (2012: 246­247). En ese sentido, se puede afirmar que el cambio de discurso “giro a la derecha” no tuvo impacto en la opinión pública, lo cual se evidencia a través de la aprobación presidencial de Ollanta Humala, dicho de otro modo, “este movimiento hacia la derecha hasta el momento no ha tenido efectos negativos sobre la popularidad de Humala” (2012:248), ello se evidencia a través de la apertura a inversionistas y empresarios, y además aceptó la tecnocracia instalada en los centros de decisión económica del Estado, como el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Central (2012: 250)

Economía y política En el plano económico, se resalta la importancia del crecimiento económico vinculado a factores a los precios internacionales altos de los minerales, y evidenciado a través del logro por parte de Perú de contrarrestar la crisis económica del año 2009 y la posición como líder de crecimiento económico en Sudamérica, según lo manifiesta Dargent y Muñoz en un texto referido anteriormente.

Políticas sociales

En términos de políticas sociales, la principal medida durante su gobierno fue la creación del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), además de los programas sociales implementados como Pensión 65, Beca 18, Qali Warma, sin embargo, como bien menciona Barrenechea y Sosa (2014), los primeros resultaron exitosos, mientras que el tercero presentó problemas en su implementación.

Coyunturas políticas y conflictividad social

El primer año de Ollanta Humala se caracteriza como el año de protestas sociales (2011) lo cual constituye un factor clave para entender los vaivenes en la aprobación presidencial del ex­ mandatario. La primera coyuntura que se rescata en tanto afecta la percepción sobre el espectro ideológico en el cual se ubica el ex presidente Ollanta Humala es el conflicto minero Conga en Cajamarca, vinculado evidentemente a actividades extractivas. La importancia de este conflicto minero radica en que, a diferencia con lo argumentado en el apartado de giro a la derecha, en este apartado se da cuenta que con el conflicto de Conga algunos de sus aliados de izquierda, en base a la actitud del gobierno y las medidas concretadas para resolver este conflicto minero, consideraron una primera ruptura con su base electoral de primera vuelta. Su posición respecto a Conga se puede resumir a través de esta afirmación realizada el 16 de noviembre del 2011: “El proyecto Conga es un proyecto importante para el Perú, porque le va a permitir realizar la gran transformación. (…) Rechazamos posiciones

extremas: el agua o el oro. Nosotros planteamos una posición sensata: el agua y el oro”, expresó desde Palacio de Gobierno, el Presidente Ollanta Humala” (Diario La República 2011).

En ese sentido, a través de esta afirmación podemos argumentar lo que se plantea en la presente investigación como uno de los factores que influyen en la aprobación presidencial como son las promesas incumplidas. En este caso, en el año 2011, durante campaña electoral, Ollanta Humala declaró que el proyecto Conga era intrascendente para la historia del país ya que lo más importante era la gente; sin embargo, a pesar de dichas declaraciones, lo que declara Humala durante su mandato es lo citado anteriormente, en el cual plantea que el proyecto minero de Conga es importante para el país. Estos disconcordancia respecto a sus declaraciones respecto a un mismo tema, proyecto minero Conga, repercutieron de manera negativa en el balance de aprobación presidencial, ya que en noviembre 2011 su aprobación cae a 56% y en diciembre 2011 a 47%, su primera caída en declive después de casi seis meses en el gobierno.

En el plano económico, el primer año de Ollanta Humala fue relativamente bueno, en tanto busco ganar la confianza de los inversionistas y empresarios puesto que este sector “deja de lado sus duras críticas al modelo económico, para hacerlo uno de los activos de su gobierno” (Dargent y Muñoz 2012). Por lo tanto, la importancia del aspecto económico en el primer año de gobierno de Ollanta Humala subyace en tanto evidencia su giro a la derecha, discurso contrario al periodo de campaña electoral. Sin embargo, esta "derechización" no necesariamente implica que Humala se esté apartando de toda su base electoral de primera vuelta, pues podría estar respondiendo por medio de programas sociales a las demandas de un sector importante de dichos votantes (2012:

265)

Reflexiones preliminares El presente documento recoge las ideas iniciales de una investigación que se encuentra en prensa . En efecto, este trabajo intenta vincular las características del sistema político peruano post­Fujimori y los altos niveles de desaprobación presidencial a partir de una narración a profundidad. Se ha insistido en la problematización del caso peruano debido a la paradójica

situación a partir de una caracterización del sistema político y los gobiernos haciendo principal énfasis en la situación económica y las incongruencias entre las promesas electorales y las reformas implementadas en cada gestión. De esta manera, se ha intentado presentar la línea argumental, quedando pendiente un análisis mucho más profundo de las coyunturas políticas y la dinámica presente en la opinión pública.

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