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¡SE ACABÓ EL ABUSO, CANDELARIA SE RESPETA!

5 de diciembre de 2006
Sandy Borrás
Portavoz Comunitaria
PIP Mayagüez

Durante muchos años la comunidad del Residencial Candelaria de Mayagüez ha sido víctima silente
del abuso policíaco, que se escuda en el estigma que recae sobre las comunidades pobres de nuestro
país. Los gobernantes de turno históriamente han utilizado estas comunidades para fines publicitarios
de administraciones que nunca han trabajado eficientemente con los problemas sociales y que solo se
han dedicado a criminalizar y marginar estos sectores. Concientes de esta realidad, los jóvenes de La
Nueva Escuela, quien es un colectivo de educación popular para la liberación nacional, apoyados por el
Partido Independentista Puertorriqueño, se adentraron en esta comunidad para hacerles saber que no se
puede seguir siendo víctimas del silencio y que es hora de tomar el futuro en sus manos.

A través de dos meses de reuniones en el lugar, se comenzó a evaluar los problemas comunitarios y las
alternativas para trabajar con los mismos, siendo la represión policiáca la queja más común y
preocupante de estos residentes. Casi una centena de casos en los cuales agentes de la policía y/o sus
divisiones de crimen y drogas, intervienen indebidamente con la comunidad, haciendo registros
forzosos y humillantes, carentes justificación alguna, que incluyen desnudar públicamente a adultos y
algunos casos niños. Órdenes indiscriminadas de allanamientos; arrestos bajo el cargo de "obstrucción
a la justicia" tan solo por cuestionar la legalidad de las intervenciones, y muchísimos casos más en los
cuales el trabajo policial se convierte una cuestión personal, terminando en persecusión y
hostigamiento a residentes. Testimonios de niños bajo sollozos, que narran como vieron a agentes de la
policía fabricar evidencia ante sus inocentes ojos atónitos, preguntándose cómo es capaz un funcionario
que debe velar por su seguridad, golpear, humillar y separar su familia, quién sabe porqué propósito.
Ancianos insultados, empujados y hasta roceados con gas pimienta, solo por coincidir con los agentes
en el lugar de las intervenciones. Adictos despojados de su dinero, golpeados y secuestrados, que son
dejados en pueblos aledaños en medio de la noche para que regresen caminando a la comunidad. Son
tantos los testimonios desgarradores e indignates, que decimos: ¡Se acabó el abuso, Candelaria se
respeta!

Con el apoyo de abogados solidarios se coordinaron charlas de orientación legal y derechos civíles. Se
comenzó a recopilar evidencia de todos los testimonios ofrecidos, con miras a incohar un pleito de
clase por la violación a los derechos civíles de esta comunidad, así como para proveer asistencia legal
en los casos individuales. Cada semana se suman dos a tres casos nuevos, conforme la comunidad se
desprende del excepticismo y la desconfianza, producto del miedo, la intimidadación y de por supuesto,
los demagogos políticos que solo se acuerdan de éstos en año eleccionario. No es de sorprenderse el
nacimiento de nuevos casos, pues con cada una de nuestras reuniones, eran más frecuentes y abusivas
las intervenciones, llegando a amenazar directamente a aquellos que asisten o se atreviesen a asistir a
las mismas.

Ya no había más miedo, al menos no el suficiente para evitar arriesgarse a evidenciar gráficamente la
situación de abuso y represión, que ha sido el yugo a cargar por demasiados años. Por lo que se
procedió a hacer pública la denuncia, a través un mural pintado por jóvenes y niños, que expresara
claramente la realidad de este residencial y con el lema: "Dale candela al abuso policiáco".

Candelaria reconoce que existe la drogadicción y el narcotráfico en su comunidad y se preocupa por el


futuro de sus jóvenes, es por esto que se integró a la pintada del mural la restauración de la abandonada
cancha de baloncesto, con miras a realizar actividades orientadas a la juventud, pintándose y
limpiandose la misma con los recursos humanos y económicos de la comunidad. Más de una decena de
residentes, entre los cuales se encontraban adictos a drogas, pintaron la cancha de baloncesto durante
toda la mañana y tarde del domingo 3 de diciembre, mientras de otro lado niños de 6 a 10 años
plasmaban en un cartelón lo que es su infancia dentro del residencial y los más jóvenes hacian lo propio
en el mural que serviría de marco a la conferencia de prensa citada para el día siguiente. Era
sorprendente ver los residentes fuera de sus casas, como sintiéndose libres, limpiando; pintando;
recogiendo la basura de los desbordados zafacones, que no se recogía en dos semanas y bailando con la
música del disco compacto que promociona La Nueva Escuela, precisamente para este trabajo
comunitario y la lucha por la independencia. Fue el momento más emotivo, el escuchar la voz de
Albizu Campos y Filiberto Ojeda -en fragmentos de discursos incluídos en el mencionado disco- y
observar alrededor nuestro, niños, jóvenes, ancianos y adictos rescatándo su comunidad y rescatándose
a sí mismo, como si fuese un bálsamo sanador las palabras de estos dos grandes patriotas, que hacían
eco entre los edificios grises, testigos mudos de la también gris realidad que empaña a como nube esta
comunidad, MI comunidad.

El día de ayer, 4 de diciembre se llevó a cabo una conferencia de prensa para denunciar la problemática
existente en esta comunidad, que no sólo incluye el abuso policíaco, sino el recogido de basura
ineficiente, la falta de facilidades y actividades deportivas para los niños y jóvenes, entre otros, y que
tuvo lugar en la restaurada cancha, que luce ahora diferentes matices de colores, evidencia del esfuerzo
comunitario en adquirir y costear los materiales para la misma. Ante los testimonios de los portavoces,
residentes indignados y muchos otros temerosos –que incluso ocultaron su identidad por temor a
represalias- los medios de prensa del país documentaron aquello que nunca había salido de las paredes
del residencial. Como si se rompiesen las cadenas del temor, los residentes vociferaban: ¡Se acabó el
abuso, Candelaria se respeta!, ante la mirada suspicaz de la administración del residencial, quienes ya
confabulaban para acallar la libre expresión de la comunidad.

Y como era de esperarse, tan pronto los medios de prensa ser retiraron del lugar, la administración de Z
Enterprises (administradores del residencial) despedazaron el cartel pintado por los niños y taparon el
mural de la comunidad, ocultándo bajo el color gris, la realidad que ya nunca más podrán acallar, aún
por encima de los grises edificios y de la nube gris de represión y miedo. No hay color que pueda tapar
la brillantez de una comunidad que se levanta, con valor, esfuerzo y sacrificio y que grita a los cuatro
vientos: ¡Se acabó el abuso, Candelaria se respeta!
EL CANDELARIA SE HA PUESTO DE PIE Y HA ECHADO A ANDAR

Michael González Cruz y Carmen R. Marín


ESPECIAL PARA CLARIDAD

El colectivo La Nueva Escuela y decenas de residentes del Caserío Candelaria de Mayagüez,


rehabilitaron la cancha de baloncesto del lugar durante el pasado fin de semana del 1 al 3 de diciembre
de 2006. Armados de escobas, mangueras y coraje limpiaron los predios para que los niños y niñas de
esta comunidad tengan un lugar de juego seguro.

Esta es la tercera actividad amplia que realiza La Nueva Escuela en Candelaria, residencial que cuenta
con cerca de 900 vecinos, con quienes se reúne el colectivo semanalmente para escucharles y buscar
junto a ellos soluciones a sus problemas más apremiantes. Candelaria se convierte así en foco de
resistencia, en ejemplo para los circundantes caseríos Del Carmen, Kennedy y Colombus. Entre todos,
cerca de 5,000 puertorriqueños enfrentan cotidianamente la fuerza bruta de la policía colonial.

El domingo, residentes de Candelaria aportaron pinturas, brochas y muchas manos para realizar un
mural contra la brutalidad policíaca que les afecta por lo menos una vez cada semana. Mientras
escuchaba del disco de La Nueva Escuela los discursos de Filiberto, Albizu y el Che, la juventud se
apoderaba de su espacio y trazaba las líneas de su indignación, pincelada a pincelada sobre la muralla
de las gradas de la cancha.

Los niños y niñas de la comunidad, estimulados por la maestra Zaira García, de La Nueva Escuela, se
expresaron artísticamente en una enorme postal contra los atropellos que observan y sufren en su
entorno. Durante todo el día los vecinos y vecinas ofrecieron comida, agua y ayuda a los jóvenes que
realizan sus sueños a mano y sin permiso, como versara Silvio Rodríguez.

Durante este proceso de organización comunitaria se unieron a La Nueva Escuela los compañeros del
Partido Independentista Puertorriqueño, en especial Sandy Borrás, secretaria de prensa del PIP en el
oeste y quien también es residente de Candelaria. De esta forma, La Nueva Escuela se crece al cumplir
con la misión unitaria de Filiberto.

El lunes 4 de diciembre en la mañana una docena de medios de comunicación respondió a la


conferencia convocada para denunciar el comportamiento ilegal de la Policía de Puerto Rico a través
del mural y la postal de los niños. Los portavoces de la comunidad, entre ellos Ramón (Millo) Torres y
Sandy Borrás, junto a Raquel Delgado de La Nueva Escuela, afirmaron que las fuerzas policíacas
rocían gases lacrimógenos de forma indiscriminada, rompen puertas de apartamentos para allanar sin
órdenes las casas de los vecinos y recientemente los agentes del desorden suelen desnudar a niños y
mujeres para registrarlos.

La rueda con los medios de comunicación sirvió de catapulta para denunciar la corrupción policíaca, la
complicidad del Comandante de Mayagüez Héctor Agosto, de Francisco Carbó -de Narcotráfico- y del
Superintendente de la Policía, Pedro Toledo, todos colaboradores del FBI en Puerto Rico. Esta campaña
de represión contra los caseríos es la misma que se pretende llevar contra el independentismo y el
ambientalismo en nuestra nación.

La conferencia de prensa fue interrumpida por el Sr. Keneth Soto, empleado de Luis Falto. Este último
es el dueño de la agencia privatizadora Zeta Enterprises y donante significativo del Partido Popular
Democrático. Soto alegó ante la prensa que desconocía los problemas de brutalidad policíaca y
salubridad que padecen los vecinos de Candelaria y junto a la Sra. Hilda Castillo, custodia del
Residencial, en un gesto de patético servilismo, procedió a llamar a Carlos Laboy, jefe de la
Administración de Vivienda Pública del ELA, para delatar el imprudente “delito” de expresar la furia
en pintura -y no a palos ni balazos- en una pared común.

Lo que desconocía el Sr. Soto es que La Nueva Escuela ya se había comunicado con la oficina del Sr.
Carlos Laboy para exigir que mantenga la cancha libre de ratas, aves y policías corruptos. Los
residentes de Candelaria además proponen que se construya una verja en torno a la cancha para
proteger a los niños y jóvenes que la utilizan y para mantener la estructura misma en buen estado.

Mientras se escribe esta nota, no obstante, llega la mala nueva de que los empleados de Luis Falto, por
órdenes de Carlos Laboy, han blanqueado el mural y destruido la postal que los residentes de la
comunidad pintaron. Por años la cancha de Candelaria se ha ido arruinando sin atención. Pero
súbitamente, si se trata de acallar la voz de protesta de los pobres, de los jóvenes y los niños, Luis Falto
tiene pintura y empleados dispuestos y eficientes. Mientras esta comunidad se organiza para defender
sus derechos, Carlos Laboy se esconde detrás de una secretaria para violarle los derechos humanos a la
gente humilde que recién comienza a descubrir su propio poder y a experimentar la satisfacción de
plantarse sobre sus pies.

El compromiso de La Nueva Escuela, el PIP y los residentes de Candelaria es inquebrantable, como el


ejemplo de Filiberto Ojeda Ríos. Por eso la comunidad se organiza para pintar otro mural, más grande,
hermoso y poderoso. Una vez culminada la obra de arte a favor de los derechos humanos, se radicará
un interdicto para proteger la libre expresión de los residentes.

La gente de Candelaria necesita la solidaridad de todos los independentistas. Si nuestro movimiento de


liberación nacional fue capaz de liberar a los presos políticos y de sacar a la marina de guerra de EEUU
de nuestra isla de Vieques, es hora de apoyar a los residentes de los caseríos a quienes tenemos tan
cerca.

El dolor de Candelaria se repite en múltiples residenciales públicos de nuestro país; si no son


macanazos y agresiones de la policía, son amenazas de desplazamiento, falta de salubridad, fabricación
de casos criminales falsos o abandono total por parte del estado. La tendencia no es nueva; recordemos
los intentos fascistas de enjaular a la gente de los caseríos dentro de sus mismos predios aduciendo una
supuesta estrategia de seguridad para los residentes al imponer aquel mal llamado “control de acceso”.

La Nueva Escuela no pretende lanzarles paracaídas ni promesas de redención; sólo busca que el
proceso de conocer y reconocer sus derechos sea lo suficientemente productivo para que nuestra gente
de los caseríos se levante y sólo junto con ella levantemos genuinamente un Puerto Rico liberado.