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Masonería y Medicina. Relaciones Éticas, Morales e Históricas Autores: Dr. Aramis Coro Crespo Dr. Javier
Masonería y Medicina. Relaciones Éticas, Morales e Históricas Autores: Dr. Aramis Coro Crespo Dr. Javier

Masonería y Medicina. Relaciones Éticas, Morales e Históricas

Autores: Dr. Aramis Coro Crespo Dr. Javier Wilfredo Ruiloba Hardisson Simposio "Sociedad y Masonería" La
Autores:
Dr. Aramis Coro Crespo
Dr. Javier Wilfredo Ruiloba Hardisson
Simposio
"Sociedad y Masonería"
La Habana, Septiembre 2012

Tema: "Sociedad y Masonería" Subtema: Masonería y Medicina. Relaciones Éticas, Morales e Históricas. Autores: Aramis Coro Crespo MM & Javier Wilfredo Ruiloba Hardisson MM Potencia Masónica: Gran Logia de Cuba de ALy AM

RESUMEN

Desde su surgimiento, la masonería y la carrera médica se han ido desarrollando, presentando relaciones, parecidos y comportamientos ético morales e históricos que hacen innegables y evidentes los vínculos entre ellas. En este trabajo hemos puesto de manifiesto estas interrelaciones, mediante comparaciones indiscutibles en el fundamento ético moral de la profesión médica y la institución masónica, tomando como ejemplo y guía dos documentos legendarios en la historia de la medicina, como son el Juramento Hipocrático, y los Consejos de Esculapio. También mostramos las relaciones históricas encontradas a lo largo de los años, entre estas dos artes, la medicina y la masonería, tomando como ejemplo la vida e historia de hombres magníficos y hechos relevantes, donde se mezclaron una con otra haciendo de estos un fenómeno único y extraordinario.

INTRODUCCION

Quiso el azar y el libre albedrio de los hombres que en ciertas familias como la nuestra nunca hubiera habido un medico, y coincidentemente, tampoco nunca hubo nadie interesado

por pertenecer a esa institución misteriosa y "secreta" conocida como Masones, a pesar de

mi familia haberme inculcado valores propios de esta fraternidad, y que a la larga se me

antojaron tan parecidos y congruentes con la profesión médica, que cuando fue el momento oportuno decidí encaminar mis pasos hacia esta noble profesión.

La masonería vino después, cuando la madurez psicológica y las condiciones de la vida

profana me lo permitieron, di el paso impostergable para la parte de mi vida que clamaba a

gritos crecer y elevarse mas allá de lo que la existencia me había permitido.

Siempre me enseñaron, mis padres y los libros, que ser Mason era casi ser un ser superdotado, de inteligencia vasta y abarcadora, de valores morales excepcionales, como padre y esposo perfecto, personas bondadosas y desinteresadas, generosos con todos, de reputación intachable, sin dependencias ni vicios, ejemplo ante la sociedad, o sea, casi un unicornio humano.

Pero al convertirme en medico me di cuenta que era algo muy parecido, pues se requería entrega casi sacerdotal hacia mis pacientes y trabajo, sin peros (no pelos) en la lengua y

siempre con una sonrisa en los labios, pues ellos vienen a ti como si fueras un dios, en busca del alivio, sin importarles (y no tiene por que importarles) los problemas que pudieras tener (ya sean de salud, económicos, o de cualquier índole), y tú puedas brindarles, desde

un

consejo hasta llevarlos en tus propios brazos hacia la solución definitiva de su problema

de

salud. Debes mantener una postura de respeto intachable, que acompañe tu forma de

actuar, pues el médico se comporta como un consejero, un amigo, pero a su vez como un ser no sujeto a equivocaciones, al que no le es permitido la pifia o el desatino. Al vestir debe hacerlo con mesura y modestia, sin ostentación o alarde de posición.

A esta altura de mis cavilaciones, ya no sé si estoy hablando de un medico o de un masón.

Solo conozco en la sociedad dos tendencias humanas que pudieran compararse con esta forma de comportamiento profesional de un medico: Aquellos que defienden la verdadera Fe Cristiana, los que según dicen en sus escrituras, Jesús el Cristo Redentor, dedicó toda su corta vida terrenal a hacer el bien, salvar personas enfermas de cuerpo unas y de alma

otras, si esperar ninguna recompensa material a cambio, llegando incluso al mismo sacrificio

de su vida por lavar los pecados de la humanidad.

Los segundos son los Masones.

¿Conocéis entre los hombres, alguna organización que desde que te inicias te enseñan que llegas allí solo para dar, no para recibir?

¿Que tu vida ya no es tuya y que le pertenece a todos tus hermanos?

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¿Donde solo vienes a aprender a desbastar la piedra rustica de tu interior para convertirla en algo más elaborado y superior?

Llegar a un sitio desconocido, ser admitido con los brazos abiertos y, luego de ser identificado apropiadamente, ser recibido con una sonrisa en los labios, y un abrazo fraternal, sólo sucede en una logia masónica, en un consultorio médico y en una parroquia religiosa.

Hoy queremos concentrarnos en las relaciones históricas, éticas y morales entre esta ilustre profesión médica y nuestra institución masónica, que tanto tienen en común, ya sea por su esencia intrínseca como por el haber compartido juntos muchos senderos de la historia universal y cubana.

DESARROLLO

Rasgos Éticos y Morales

¿Quieres ser médico, hijo mío?

Aspiración es ésta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia (1) .

Así comienzan “Los Consejos de Esculapio”, donde prudentemente este Semidiós Griego aconseja a su hijo, el cual desea iniciarse en la profesión médica. En la Mitología griega, Esculapio era Hijo de Apolo, dios de la medicina. Con el tiempo, ganó fama de ser tan hábil en el arte de su padre, que se convirtió en el patrono principal de los médicos.

Escritos en el 500 AC y, aunque su autor es anónimo, su contenido tiene una vigencia permanente (2) . Es uno de los documentos más antiguos y controvertidos de la historia de la medicina y de la humanidad, donde además de expresar crudamente la esencia de la profesión médica, deja muy claro que solo "un alma generosa" y desinteresada, poseída de un altruismo y sacrificio no frecuentes en el seno de los hombres, poniendo a un lado en ocasiones hasta su vida personal, placeres mundanos y hasta su familia, pudiera desempeñar tal labor, solo con la incomparable recompensa de saberse con el deber cumplido, y la sonrisa de agradecimiento de una madre o la satisfacción de ver recuperado un anciano o un niño luego de poner todo tu empeño en salvarle la vida.

La Moral del Masón, es en sí, un deber, una renunciación a pensar en nosotros solamente, es decir, que en la vida profana, social e individual, tratas de vivir tus ideales, disculpándote porque está agobiado de trabajo y que es eso todo lo que puedes hacer por el servicio y la Humanidad. Más con solo tener la voluntad de hacer, puedes disponer, por mucho que fueran tus ocupaciones, un tiempo necesario para que cada día realices una acción desinteresada en servicio de tus semejantes (3) .

De forma semejante se expresa en los antes mencionados consejos, cuáles han de ser las expectativas de un medico ante la sociedad, al decir

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¿Has pensado bien en lo que ha de ser tu vida? La mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos. Tu puerta quedará siempre abierta a todos; vendrán a turbar tu sueño, tus placeres, tu meditación.

Ya no te pertenecerás.

Nuestra vida como médico ha estado plagada de momentos y situaciones, felices unos y dramáticos otros, los cuales han sucedido en horas y días extracurriculares, y que ponen a prueba tu pericia, tu paciencia e incluso hasta tú grado de responsabilidad personal. Desde pedir un consejo sobre una dolencia banal mientras estas disfrutando de un delicioso guisado, hasta acudir al llamado de una parturienta dejando tu aseo diario a medio terminar.

Un masón que siente la verdadera pasión por sus semejantes, lo que le debe a ellos, siempre está dispuesto a tenderle la mano, sin poner reparos ni excusas, a quien lo necesite, profano o hermano, pues no hay gloria alguna en solo prestarle ayuda exclusivamente a quien se identifique como hijo de la viuda.

Pues que corazón noble puede permanecer impasible ante un ser humano que sufre cualquier desgracia, ya sea por enfermedad, necesidad económica o accidente en la vida cotidiana. Muchos, con gran insensibilidad y egoísmo, son capaces de desviar la vista ante una mujer golpeada, un niño o anciano pidiendo limosna, un hombre en un accidente de tránsito. Un verdadero masón salta automáticamente en estas circunstancias, se pone al lado del necesitado y hace frente a estas situaciones, no importa lo ocupado que esté.

Superponer los intereses ajenos - dígase de la sociedad o de la logia según sea el caso - por encima de los personales, es un rasgo propio de un masón tanto como de un galeno cabal. Esto lo han demostrado con el decursar del tiempo al separarse de sus familias por tiempo indefinido, para ponerse al servicio de otras tierras para brindar sus conocimientos y habilidades, no importa lo difíciles de las condiciones que tengan que enfrentar e incluso poniendo su vida en peligro de perderla. No puede haber mejor ejemplo de altruismo y desinterés que este.

Arudi, un escritor de la antigua India, en el año 1155 DC, ya nos decía:

"El médico debe ser de carácter sensible, de natural prudente y dulce y especialmente dotado, además, de observación penetrante, capaz de beneficiar a cada uno con un diagnóstico exacto, es decir, de una deducción rápida de lo desconocido por medio de lo conocido. El médico no puede ser de carácter sensible si no reconoce la nobleza del hombre; no sabría tener un espíritu filantrópico si no estuviera imbuido de lógica; ser un observador penetrante si no está fortificado con la ayuda divina; ni diagnosticar correctamente si no llega a una exacta comprensión de la causa del mal." (4)

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Dice Esculapio más adelante:

¿Sientes pasión por la verdad?

Ya no podrás decirla. (

)

Habrás de ocultar secretos que posees (

)

Como médico no nos está permitido romper el secreto profesional, so pena de ser enjuiciado por la sociedad, y por nuestros propios colegas por violentar tal sagrado precepto.

Tal pecado pudiera comprometer la salud y la moral de una frágil mujer, o conllevar a situaciones peligrosas y embarazosas a cualquier persona victima de este desacato ético.

En las enseñanzas y reglas éticas masónicas, se incluye el voto de la discreción y secreto sobre las actividades dentro de la logia y de la institución. Se defiende a capa y espada el hermetismo de los trabajos, pues en ello se basa nuestra disciplina interna y control de la actitud de los hermanos.

No nos está permitido compartir, incluso con nuestros hermanos ausentes, elementos y detalles de alguna de las sesiones. Mucho menos romper el velo secreto de las interioridades de nuestros augustos trabajos ante el mundo profano.

Sin embargo, nuestra influencia en el mundo social no es ni debe ser secreta, pues mediante nuestra actitud, ejemplo y sabiduría podría traerse de vuelta, la tan anhelada recuperación de valores que nuestra sociedad actual demanda y necesita.

Nuestra influencia debe ser activa, educando a las nuevas generaciones, criticando a las actuales y viejas, mediante nuestros consejos y ejemplos, actuando cada vez que el GADU nos lo permita.

También dice Esculapio en sus consejos:

No cuentes con el agradecimiento (

)

En estos, desgraciadamente, se hace alusión a la falta de recompensa, material o espiritual, del mundo exterior ante el trabajo desempeñado por el profesional médico. Por suerte, no sucede así de forma general, el ser humano es de por sí agradecido. Pero si en algún momento, raro por demás, no recibimos de forma evidente algún signo de agradecimiento, no existe mayor estímulo y alegría para un verdadero médico, que ver a un pequeño correr y sonreír, después haber pasado por alguna penosa dolencia de la cual somos totalmente responsables de su recuperación. El deber cumplido a cabalidad espontáneamente, la total dedicación puesta en la tarea asumida, un empeño absoluto en lograr los mejores resultados, son todos motivos de regocijo interno y satisfacción personal.

Como masones, nunca esperamos reconocimiento alguno a nuestra labor. Es inherente a

Una mano no tiene que

saber lo que hace la otra. Solo es necesario saber que un hermano esta en problemas para

nuestra esencia ser solidarios.

La caridad se hace anónimamente.

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que los demás estén a su lado y den lo mejor de sí para auxiliar al hermano o persona en desgracia.

La Masonería es una tarea que nos trae muchos beneficios espirituales, y es una empresa que solo “cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría”, y aun así "no sabréis en Masonería, sino lo que hayáis encontrado en vosotros mismos."

Finalmente Esculapio le dice a su hijo:

Piénsalo bien mientras estás a tiempo.

Pero sí, indiferente a la fortuna, a los placeres, a la ingratitud; si sabiendo que te verás sólo entre las fieras humanas, tienes un alma lo bastante estoica para satisfacerte con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas pagado lo bastante con la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no padece, con la faz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte.

Si ansias conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, entonces

HAZTE MEDICO, HIJO MIO.

Si Hipócrates hubiera estado aconsejando a su hijo para la vida, y no para la profesión médica, no necesitaría cambiar sustancialmente sus consejos. Sus predicas se acercan casi exactamente a nuestra esencia.

Para ser médico, como para iniciarse en esta excelsa institución masónica, hay que tener virtudes y rasgos propios innatos. Hay que nacer con ellos. Nadie nos puede enseñar a ser bondadosos, solidarios, estudiosos, dedicados, altruistas, y otras ya mencionadas.

Nadie puede enseñar o aprender a ser "Mason", como tampoco pueden enseñarte a ser "Buen" Medico. Lo somos o no lo somos. Es sencillo pero absoluto. Lo demás que nos queda es perfeccionarlas y saber encaminar nuestras energías, y capacidades que nos ha dado el GADU.

La masonería no es una etiqueta ni una denominación, es un modo de actuar ante la vida,

expresión más libre del

pensamiento humano en la sociedad

no hace falta llevar un emblema, anillo o símbolo que nos identifique, porque esa condición que nos caracteriza se lleva en el corazón, siempre modulada por nuestro juez, la conciencia."

su modus operandi es su consagración ante la vida;

es, como dijo nuestro apóstol y hermano José Martí, "

la

Siempre hemos defendido un concepto que es la base de nuestras vidas, de nuestras decisiones y conductas: Un hombre no se hace Masón por iniciarse en la Fraternidad, tiene que nacer con los valores necesarios para pertenecer a ella.

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Entonces "Hacerse Mason" solo significaría afiliarse a una Logia, pues ya uno nació con todo lo indispensable para serlo.

En tal caso, mejor podríamos decir:

Hazte Masón, hijo mío, y serás un hombre completo.

Pero si, a pesar de todo este legajo de parecidos entre las características de un practicante de la profesión médica y la esencia de nuestros principios masónicos, aun no estamos

convencidos de esto, solo sería necesario leer el

Juramento Hipocrático, refrendado en la

necesario leer el Juramento Hipocrático , refrendado en la ciudad de Ginebra, en la II Asamblea

ciudad de Ginebra, en la II Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, que se reunió del 8 al 11 de septiembre del año 1948 (5) .

Tal juramento es enunciado por cada graduado de las escuelas de medicina y dice:

"En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad.

Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento a que son acreedores.

Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida de mi enfermo será la primera de mis preocupaciones.

Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí.

Mantendré en toda la medida de mis medios, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica.

Mis colegas serán mis hermanos.

No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, de partido o de clase.

Tendré absoluto respeto por la vida humana, desde su concepción.

Aún bajo amenazas no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.

Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor"

Bastaría sustituir pocas palabras y estuviéramos en presencia de un juramento masónico, que compromete al juramentado a seguir una conducta ética intachable, ya sea medico o masón. Como tal me doy por bien servido.

Ahí queda empeñada nuestra palabra, sabiamente esculpida en la piedra de la historia, como MEDICOS y como MASONES.

Vínculos Históricos

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La historia universal está llena de ejemplos que interrelacionan a la Medicina con la Masonería, llegando incluso en ocasiones, a mezclarse tanto que no se puede definir si es un hecho masónico relacionado con la medicina o si es un suceso médico vinculado a la masonería. Solo a forma de ejemplo describiremos aquí algunas personalidades y hechos de la historia relacionados con estos dos temas.

Quisiéramos comenzar refiriéndonos a un insigne patriota, científico, Medico y Masón por antonomasia, cubano por demás hasta lo más intimo de sus entrañas.

En ambos campos dejo tan profunda huella que no creemos haya podido ni pueda ser igualada en la historia de nuestra patria o del mundo.

Nos referimos al excelentísimo Dr. Vicente Antonio de Castro, tal genio que incursionó en tantas facetas de la vida social, y en cada una de ellas brilló tanto con luz propia, con tal intensidad que es muy difícil escoger una por encima de otras.

No es la intención de este trabajo hacer una reseña biográfica de este gran hombre ni del resto que mencionaremos aquí. Para esto, necesitaríamos años de trabajo, y varios volúmenes para incluir todo el alcance de la obra de tan magnífico cubano. Solo resaltaremos algunos aspectos de la misma para dar una idea de su brillantez.

Como profesional de la medicina resalta por meritos propios desde su época de estudiante, cuando aun siendo bachiller, en 1835, gana por oposición una plaza en la Cátedra de Anatomía. Posteriormente, en 1837, alcanza el título de Licenciado en Medicina, y días después, luego de discutir tesis, el de Doctor (6) .

Espirituano de nacimiento, brilló su talento como docente y sus enseñanzas en la Cátedra de Clínica Médica fueron inmemorables, y además de haber introducido por primera en vez en nuestro país y Latinoamérica la administración de la anestesia con Éter en procederes quirúrgicos, en marzo de 1847, a sólo cinco meses de la primera realizada en el mundo.

No sólo fue un galeno capaz y precursor en nuestro país de innumerables temáticas en el ámbito científico, patriótico y literario sino que dejó evidencia escrita de todo cuanto pudo.

Este médico cubano pudo conformarse con sus éxitos profesionales y sociales, pero él era ante todo un hombre de profundos sentimientos humanos y patrióticos, razón de ser de su carrera y de su afán creador y científico, por lo cual tiene que merecer un lugar en la historia patriótica, científica y literaria de nuestro país. (7)

Su desempeño como Mason estuvo muy ligado a un profundo sentimiento patriótico, independentista y cubano, pues fue el creador de un movimiento masónico de nueva línea, inspirado en ideales separatistas y revolucionarios. El 28 de marzo de 1862 funda en La Habana un nuevo cuerpo masónico al que denomina Gran Oriente de Cuba y Las Antillas (GOCA). Pronto comenzó el proceso de creación de las logias, que alcanzaron el número de más de 20 y se extendieron por los más importantes centros urbanos del país. En las

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liturgias del GOCA está concentrado este conjunto teórico práctico. La Cuba soñada; la Cuba pensada, la tradición toda del pensamiento de liberación cubano, se sintetizan en el lema enarbolado por el GOCA: Ciencia y Conciencia; Ciencia y Virtud (7) .

La doctrina creada por Vicente Antonio de Castro en el GOCA constituía para él y sus seguidores la “Masonería Verdadera”, en contraposición con las existentes en Cuba, a saber, la Gran Logia de Colón y el Supremo Consejo de Colón, radicados en Santiago de Cuba.

Otra figura importante de la historia que sobresalió en ambos campos, fue el Dr. Ambrosio Grillo y Portuondo quien fue una de las personalidades más relevantes de la medicina cubana. Nació en Santiago de Cuba y realizó sus primeros estudios en esta ciudad. Posteriormente viajó a España donde luego de culminar la carrera de medicina con notas sobresalientes, decidió regresar a la tierra que lo vio nacer con el título de Doctor en Medicina y Cirugía, después de lo cual desarrolló una fructífera labor asistencial y política.

Al reanudarse las luchas por la independencia en 1895 emigró de Cuba y recorrió varios países hasta finalmente fijar su residencia en Santo Domingo. Terminada la guerra regresó a Santiago de Cuba.

Paralela a la actividad como médico desarrolló una prolija labor política y social, entre cuyos compromisos se distinguieron:

Ingreso en el Grupo Librepensador "Víctor Hugo"

Miembro activo de la Logia Masónica Prudencia No. 2 (de la que llegó a ser Venerable Maestro y Gran Maestro del "Oriente de Colón")

Presidente del Partido Liberal Autonomista

Obtención de un acta de Concejal del Ayuntamiento en los comicios y designación de este como su Teniente Alcalde

Primer presidente del Colegio Médico de Santiago de Cuba y consignación de su nombre y residencia de la siguiente manera en su Directorio:

Dr. Ambrosio Grillo P: Estrada Palma Baja 32

Subvención de la revista científica "Finlay", Órgano Oficial del Colegio Médico de Santiago de Cuba, durante el primer cuatrienio

Fundador de la Liga Antituberculosa de Cuba

Publicación de los folletos titulados “Notas clínicas” y “Formulario médico”

Director del Hospital "Saturnino Lora" desde el 28 de mayo de 1918 e inauguración de la Sala de Veteranos de las Luchas Independentistas "General Antonio Maceo Grajales" el 20 de mayo de 1925

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El doctor Ambrosio Grillo y Portuondo desapareció físicamente el 31 de mayo de 1932, pero será eternamente recordado por su generosidad en el trato a sus pacientes y su desinteresada entrega al servicio público. Algunos años después (10 de octubre de 1945) fue inaugurado el Sanatorio Antituberculoso "Ambrosio Grillo" en Santiago de Cuba, como un merecido homenaje a este prestigioso santiaguero (8) .

Otra de los eventos históricos acaecidos en nuestra patria que vinculan la masonería con la profesión médica, y que sería imperdonable que no fuera mencionada en este trabajo, lo constituye esa negra y bochornosa página escrita por el cuerpo de voluntarios españoles, desplegados en la Habana.

Nos referimos al cruel e injusto Asesinato de los 8 estudiantes de Medicina, por dicho cuerpo militar, acusados de supuestamente haber profanado la tumba de Gonzalo Castañón, periodista y propietario del Periódico “La Voz de Cuba” y fiel defensor de los intereses hispanos en la Isla.

Son juzgados en juicio sumarísimo y fusilados en menos de 24 horas, incluso algunos no se encontraban en La Habana en el momento de los supuestos hechos. Uno de ellos, Anacleto Bermúdez y Piñera, era el sobrino directo de un Masón de pura cepa, de idénticos nombre y primer apellido, colaborador directo de Vicente Antonio de Castro y Bermúdez, cuya síntesis biográfica ya fue destacada, y por demás primo sanguíneo de este último.

Por añadidura, el abogado designado de oficio que los representó durante el juicio, era un militar, español de nacimiento, pero más que nada un Masón de una dignidad elevada, nombrado Federico Capdevila,

Al conocer la nefasta sentencia del tribunal de guerra que juzga a los jóvenes, rompe su espada de militar en mil pedazos como demostración de protesta, muestra de inconformidad y una moral sin límites. La defensa pronunciada por Capdevila a los estudiantes, además de negarse a firmar la sentencia, provocó la reacción de los voluntarios no tan sólo en el trascurso del Consejo de Guerra sino durante los 30 años de su permanencia en Cuba.

Otro masón cubano, por azares del destino, pudo escapar de esta horrenda barbarie de 1871, estudiante de medicina en ese momento, y después médico también de profesión. Nos referimos al intimo amigo de nuestro apóstol, Fermín Valdez Domínguez, quien había logrado publicar en España un libro donde denunciaba ese espantoso hecho y demostraba la inocencia de los estudiantes, obra que fue editada varias veces.

De este médico ilustre vindicador de los ocho estudiantes de Medicina fusilados el 27 de Noviembre de 1871, dijo Martí: “Fermín Valdés Domínguez, pródigo siempre en nobleza, llevaba en los ojos desde que heló aquel horror su juventud como la sombra de una culpa involuntaria: la culpa de no haber vindicado a sus amigos. El tan bueno, tan justo, sacudió en días difíciles su ira sobre lo que el rumor público acusaba de instigadores de aquella extraordinaria maldad. Él, con la sencillez de la grandeza, alzó la mano en nombre de Dios

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frente al cadáver que decían profanado por sus condiscípulos, y en dramático momento, digno de que el pincel le perpetúe, levantó las sombras de sus amigos inocentes entre el féretro intacto del padre y el primer beso apasionado de su hijo. El propaló la vindicación, congregó en su casa propia a tímidos y valientes, aceptó en carta bella el tributo de un hombre acusado sin justicia y al fin símbolo triste y hermoso de nuestra historia, bajó a buscar al seno de la tierra los amigos muertos, con los brazos desnudos! ¡Glorioso joven, ya puede morir, puesto que no ha de prestar a su Patria un servicio mayor! ¡Grande ha sido en Valdés Domínguez la lealtad a los muertos que tienen pocos amigos!

Grande su arrojo, grande la fuerza que se añade a nuestros derechos olvidados. Pero lo más grande en él, a semejanza de su pueblo, donde no encuentra raíz el odio, es ese acento inefable de perdón que embellece su digna tristeza.” (9)

Cubanos masones que han resplandecido en la oscuridad de la ciencia médica hay muchos, pero nos centraremos, por cuestión de espacio, en otras dos figuras que creemos importantes reseñar.

Joaquin y Pedro Albarrán, hermanos nacidos en Sagua la Grande con dotes intelectuales excepcionales, las cuales demostraron precozmente, cursaron la primera enseñanza en su ciudad natal, y el bachillerato en el Colegio de Belén, de La Habana. El 20 de junio de 1872 embarcaron, para proseguir estudios, con destino a Barcelona, donde ambos obtuvieron el título de Bachiller en Artes. En España, a través de una logia masónica, apoyaron la causa independentista cubana y aportaron fondos importantes para la lucha.

Más tarde, los hermanos Albarrán viajaron a Francia para ampliar su educación. En París fueron discípulos de Jean Casimir Félix Guyon. Una vez concluidos sus estudios, Pedro regresó a Cuba, pero Guyón y otros profesores franceses persuadieron a Joaquín para que permaneciera en París. Cuando su maestro pasó a jubilación, Joaquín lo sustituyó como director de la clínica de urología. Publicó más de trescientos notables trabajos sobre medicina operatoria de las vías urinarias, entre ellos diez obras didácticas. Diseñó dieciocho instrumentos, de los cuales el más trascendental y conocido fue el dispositivo cistoscópico denominado “uña de Albarrán”, que permitió realizar con facilidad el cateterismo de los uréteres, y hoy está presente en el desarrollo de la cirugía endoscópica de las vías respiratorias y biliares y de otras estructuras.

Pedro Kouri Esmeja: Nació en Puerto Príncipe, Haití, el 21 de agosto de 1900. Antes de un año, lograron trasladarse a Santiago de Cuba, donde transcurrió su infancia y adolescencia. Al terminar el Bachillerato se trasladó a La Habana, donde concluyó los estudios de Medicina, con notas de sobresaliente en todas las asignaturas, en 1925.

Al obtener el primer expediente de su curso, ganó por oposición una plaza en la Cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales, de la Universidad de La Habana. Como

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Profesor Agregado de dicha Cátedra, se destacó por sus grandes conocimientos clínicos y de laboratorio, así como por su laboriosidad y responsabilidad en el trabajo.

Los resultados del trabajo de la Cátedra, bajo la dirección del Profesor Kourí, despertaron gran admiración entre sus colegas de la Facultad de Medicina, y el 8 de diciembre de 1937, el Consejo Universitario aprobó la propuesta del Claustro de Profesores de la referida Facultad, la cual había solicitado la creación del Instituto de Medicina Tropical.

En la actividad docente se destacó a tal nivel, que sus más de 180 publicaciones científicas constituyen libros de texto, tanto en la instituciones cubanas de enseñanza superior, como fuera de su país. Entre ellas sobresale el compendio Lecciones de parasitología y Medicina Tropical, realizado en 1940 con los Doctores José Basnuevo y Federico Sotolongo, quienes trabajaron junto a él.

Podemos mencionar a otros hermanos de la escuadra y el compas, que como lumbreras, se destacaron a nivel internacional en la investigación y practica medica:

Santiago Ramón y Cajal: Premio Nobel de Fisiología y Medicina.

José María Vargas Ponce. Médico cirujano, científico, catedrático y rector de la Universidad de Caracas, además de político, escritor y Presidente de Venezuela entre 1835 y 1836.

Rafael Villavicencio. Médico y farmacéutico venezolano. Formó parte de la primera generación de científicos divulgadores del pensamiento positivista en Venezuela y su legado es clave para comprender el desarrollo de la ciencia venezolana en la segunda mitad del siglo XIX.

Jaume Ferrani Clu: Bacteriólogo, creador de las vacunas contra cólera, tifus e hidrofibia.

Alexander Fleming: Científico, Premio Nóbel de medicina por el descubrimiento del primer antibiótico: la penicilina.

Sigmund Freud: Importante médico y neurólogo austríaco, considerado por sus aportes como el padre del psicoanálisis.

William y Charles Mayo, Joseph I. Guillotin, Samuel Hahnemann, Edward Jenner, Crawford W. Long, Franz Anton Mesmer, Charles Richet, Albert Schweitzer, entre otros miles.

Por la brevedad del espacio que disponemos, es imposible agotar la historia de todos estos brillantes hermanos que han resaltado en la vida profana como maestros del arte de curar, por lo que nos hemos limitado en señalar lo más importante de alguno de ellos.

Ninguna obra humana es perfecta.

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Aún nos queda mucho por avanzar en el camino a la perfección. La piedra informe siempre está a nuestros pies, esperando ser pulida por nuestra voluntad y progreso intelectual y espiritual. Rogamos siempre al GADU, que guie nuestros pasos hacia la sabiduría creadora, con la fuerza necesaria en nuestras manos y pensamientos, para ser capaces de crear la belleza en el mundo que nos rodea.

Como planteamos al principio, nuestro objetivo hoy era mostrar, de manera somera, los indiscutibles e indisolubles nexos, ético morales e históricos, existentes entre los seguidores del Dios Apolo, y los eternos aprendices del Maestro Hiram Abi.

Creo que lo hemos logrado, y por tanto, nos damos por satisfechos.

Como ideas finales, quisiéramos dejar testimonio de nuestra fe en los preceptos masónicos, los antiguos, verdaderos y aceptados, de nuestra convicción de seguir los pasos de todos estos próceres que desbrozaron una parte del camino espinoso que nos sirve de sendero.

El resto, queda por nosotros. Depende de nosotros que estos ideales pervivan en las generaciones actuales y venideras de masones.

Libertad, Igualdad y Fraternidad

CONCLUSIONES

El ejercicio de la profesión médica se basa en códigos éticos y morales que son defendidos paralelamente por la institución masónica, desde su creación, demostrado en la actitud intachable que mantiene un masón y un médicos puros.

La historia de la humanidad, cubana y universal, reciente y antigua, está llena de eventos y personalidades que entremezclan los ideales masónicos con practicantes del arte de curar, prevenir o aliviar.

RECOMENDACIONES

Fomentar la práctica de las buenas costumbres, entre los hombres, profanos y masones, mediante nuestro ejemplo diario, no importa donde estemos ni a que debamos enfrentarnos.

Defender nuestros principios éticos, e inculcarlos en las nuevas generaciones, desde la educación primaria.

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BIBLIOGRAFIA

1. Consejos de Esculapio. Boletín No. 10. ICBP "Victoria de Girón". Mayo - Junio 2011.

2. Educación Médica Continua: una necesidad imperiosa. PEDIATRÍA. Volumen 28 - Número 2 (Julio-Diciembre 2001)

3. LA MORAL DEL MASON, Mario E. Lagos V. Versión On-line.

4. Archivo de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública. Versión On-line.

5. Fragmentos de una Vida: Vicente Antonio de Castro y Bermúdez. Emilio Jorge Reyna. 1972. La Habana.

6. El arte de escribir en Vicente Antonio de Castro y Bermúdez. Carlos Antonio Vilaplana Santaló. Revista Cubana Anestesiología y Reanimación; 10(1)72-81

7. Acercamiento a la vida y obra del Doctor Ambrosio Grillo y Portuondo. Francisco E. Miyares Ortiz. Versión On-line.

8. Investigación: Médicos en la vida de Martí. Patricia Alonso Galbán and col. Versión On- line.

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