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La ideologi de la maternidad en David Alfaro Siqueiros al César Naranjo En a obra de David Alfaro Siqueiros, las representaciones de la maternidad suelen ser metéforas de la opresion humana, pei esi afirmacion no ogo ta el interés que el tema enrafia en el contexto de la obra de un pintor tan consciente de su modemidad César Naranjo (Coatzacoaleos, Ver, 197 Antropologia por la Universidad Veraeruzana y egresado de la maestria en Literatura Mexicana de la misma casa de estudios. Promotor de participacién ciueadana y de educacidn ambiental en el Ayuntamiento apa, de la ciudad de cana es la mujer como alegoria de la fertilidad, de la belleza, © de conceptos femeninos como patriay democracia, En el discurso pietGrico de los gran- des muralistas mexicanos se encuentra el relato visual de un proyecto de nacién cuya culminacién se da a mediados del siglo XX. La funcién de las mujeres en este proyecto era una cuestién que se habia discutido desde la segunda mitad del siglo anterior, y en la eusal las diversas facciones coincidian en exaltar la mater nidad como el elemento definitorio de la feminidad. El discurso politico del nacionalismo, en una enuncia- cién de la cultura patriarcal asumida como segunda naturaleza, encomends a las mujeres la misién de for ‘mar ciudadanos que contribuyeran al progreso social. En laobra de David Alfaro Siqueiros, las represen- taciones de la maternidad suelen ser metiforas de la opresién humana, pero esta afirmacién no agota cl in- U nna de las figuras recurrentes en la pintura mexi- " David Alfaro Siqueiros, “Tres lamamientos de oriemtacién actual alos pintores y escultores de Ia nueva generacién ameri- cana”, Raquel Tibol sel, pro y tas), Palabras de Siac, 1 México, 1996, pp.17-20. Bid, p19, Lowe 42 PRimavERA, 2011 terés que el tema entraiia en el contexto de la obra de uun pintor tan consciente de su modernidad. En este ensayo esbozaré algunas ideas sobre la evolucién de Ia maternidad como motivo en la obra de Siqueiros, asi como sobre la ideologia que se ha desplegado en tormo a la gestacién y Ia feminidad, 1. La postulacién de un proyecto esté (0 y social Cuando se leen Ios textos de Siqueiros con la malicia de un lector inerédulo ante ciertas utopias sociales, s6lo permanece el interés motivado por la coherencia de sus ideas y su praxis artistica. En la convocatoria de 1921 a sus contemporineos, Siqueiras establece los prolegémenos de un proyecto estético delibera- damente moderno.' El arte de Paul Cézanne, como “restaurador de lo esencial” es el modelo de una per- fecta sintesis entre una mirada al pasado clisico (la aspiracion de un arte intemporal) y un espirica criti- co siempre en busca de nuevas vetas (Ia permanente dindmica de las vanguardias), Emulando el es del Sainte-Victoire, Siqueiros plantea asi la recuper: cién del “vigor constructivo” y la “energia sintética”® del arte precolombino. Tales son los puntos de parti- da para la expresién de las nuevas realidades latinoa- mericanas: el filtro de las formas atavicas del Nuevo Mundo habré de otorgar trascendencia a las fugaces innovaciones de las vanguardias europeas prefigura- das por Cézanne. Al ponderar la incesante exploracién de nuevas técnicas en la obra del pintor, Damiin Bayén ha en- contrado un *afiin de ser ‘moderno’ en un tiempo en [...] nadie lo era atin y ni siquiera intentaba ser- * No obstante, la aversin del critic por la adora- cién de la figura siqueiriana obmubila sus juicios y deja de lado un aspecto fundamental en la comprensién de su obra. La modernidad de la pintura de Siqueiros no se reduce a su faceta técnica; es parte de todo su el lugar y zane hi pensamiento estético, politico y social. Ese "a cen realidad una Iticida conciencia de cual es el potencial del artista en la sociedad. Si C bia abierto el camino para las vanguardias al tiempo que habia recuperado el justo valor de los logros de los antiguos maestros, de la misma forma la mentali- dad del artista, para Siqueiros, tenia que extender tal operacién a todos los aspectos de su prietica indivie dual: el artista estd llamado a encarnar las tendencias de su época. Asi, la convocatoria a las nuevas genera- ciones de pintores y escultores latinoamericanos es un sincretismo consciente de la singularidad de sus raices culturales y las aportaciones de la cultura universal Tal sincretismo es la est una modernidad cuya expansi6n era vista con optimis- mo. Recordemos que estamos en los inicios de un pro- & indestriatizacén y urbanizacion extensivas, el que se creia en el progreso material y econémico tegia de asimilaci6n de como sinénimo de redencién humana, La misién de la familia era vista como una primera es: cuela de entrenamiento en los misterios d patriotsmo, y la madre era la figura crucial en esta iniciacién, pues las mujeres estaban instintivamente predispuestas a la maternidad. |a educacién formal (racional) perfeccionaria potencial mateo” de las mujeres, las haria mejores madres que darian al pais mejores ciudadanos los intelectuales, artistas y politicos de Hispanoaméri ca era llevar este progreso a los rincones mis remotos de sus respectivos pa de Ia sociedad urbana y los avances tecnolégicos son ‘manifestaciones claras de este optimismo que Siquei ros abraza con candidez: “;Vivamos nuestra maravillosa época dindmica!, amemos|amecénica moderna qué Pone en contacto con emociones plisticas inespera das” De esta manera se gestaba ya, desde el momento de escritura de los “Tres Hamamientos. entre el artista, el te6rico y el militante politico ge- nerador del discurso que tanta alergia provocaba en Damian Bay6n: en la preconizacién de un Siqueiros comprometido subyace esta euforia desarrollista. Las pugnas politicas entre las facciones de izquierda y los Poderes en turno eran s6lo la superficie de un con: senso tacito sobre un proyecto de sociedad basado en la productividad; un proyecto en el que la percepcin de la diversidad cultural y las diferencias sociales se neutralizaban en el imaginario de la comunidad na- clonal. Esta es la conclusién de Francisco Reyes Palma sobre el papel del muralismo mexicano: es. Las apoteosis estridentistas * la coalicién El despliegue de Ios imaginarios mas alla de los puntos de friccién permitis la creacién de sub- Jjetividades colectivas, visiones de totalidad en su advocacién de energfas capaces de expresar lo afectivo de unidades primordiales como la patri Damisin Bayén, “Reeonsiderando a Siquetos”, Pear con ls PCE, México, 1993, pp. 153-163. David Alfaro Siqueros, “Tes llamamientos de orientacién actual.”, p18 gis. Banos de art latina IA PALABRA Y EL HOMBRE © 43 la nacién, el Estado originario y hasta la comuni- dad, en funcion den tain, el Estado-nacion." ovilizar al moderno Levia- La atmésfera cultural del México postevolucionario esasila de una espera de actualizacién de los ideales propugnados en las ‘encarnizadas luchas del siglo XIX, que habjan sido ya aminados durante el Porfiriato, aunque a expen: satilidad del artista posterior a la Revolucién es parte de este cspiritu mesianico de redencién social a de reconstruccién nacional, sas de una exacerbada desigualdad. La v Francisco Reyes Palma, “Otras modermidades, otros mo- \dernismos”, Esther Acevedo (coord, Havia ub hx del ate ov México, 11, Conacula, México, 2001, pp. 17-38. Ve ensayo de Raquel Barcel, “Hegemonia y conic ogia porfiiana sobre el papel de la mujer”, en Sole dad Gonziler Montes y Julia Tuto comps), Fis jes en Mesic, El Colegio de Meio, México, 1997, pp. 76-109. Raquel Barcel, oft sit, pp. 90-91. Mara Lamas, “-Madrecia santa?", Enrique Floreseano ord), Mita mescams, Taurus, Mésico, 2001, pp. 223-229 44-6 PRIMAVERA, 2011 I. Breve historia de la “madrecita santa” En la primera mitad del siglo xx se gesta una gradual consolidacién del programa nacionalista: el despla- zamiento de la religiosidad a la esfera privada de lo doméstico y la concomitante secularizacié mentalidades desde las trincheras de lo ptiblico: el discurso politico, la escuela, y la difusién de un arte de recepcién masiva como el muralismo. Se trata, pues, de la culminaci6n de un proceso iniciado en el siglo precedente.” Habia en la pugna decimonénica por la confor- macién de un Estado nacional una clara conciencia del papel que hombres y mujeres habrian de desem= pear en semejante empresa. En el siglo XIX abun- dan las publicaciones sobre la importancia de educar a las mujeres en pro de Ia misién que les habia sido ncomendada por los ide6logos liberales: la crianza de buenos ciudladanos. La familia era vista como wna primera escuela de entrenamiento en los misterios del patriotismo, y la madre era la figura crucial en esta iniciaci6n, pues las mujeres estaban instintivamente predispuestas a la maternidad. Asi, la feminidad de finida desde la perspectiva de una cultura patriarcal encontraba su traduccién en los preceptos liberales, La educacién formal (racional) perfeccionaria el “po- tencial materno” de las mujeres, las harfa mejores ma dres que darfan al pais mejores ciudadanos’ A pesar de la deficiente instruecién de la mujer porfiriana y la pluralidad de los enfoques que se planteaban para que la adquiriese [...] todos es- tban de acuerdo con Ia importancia de la educa- cidn de la mujer para la maternidad; por eso, st. educacién debia ser préctica, de manera que apli cara sus conocimientos en la familia y en el hogar EL Estado, consciente de la influencia que ejercian las mujeres sobre sus maridlos e hijos, opt6 por ins- truirlas para mejorar la sociedad y evitar obsticw- los hacia el progreso.* Esta concepcién instrumental de la maternidad sufrié pocos cambios sustanciales durante el transcurso del siglo posterior. Marta Lamas? da cuenta de las contin gencias que desembocaron en la primera celebracién del Dia de la Madre en México, Hacia 1916, habia surgi doen Yucatan un movimiento feminista que se promun: iaba en pro de la maternidad como una libre de las mujeres y el correspondiente uso de anticoncep- tivos. En 1922, el movimiento habia cobrado suficiente fuerza como para llamar la atencién fuera del dmbito regional. Pronto se inicié una campaiia periodistica, cn los periddicos locales y nacionales en contra de estas propuestas subversivas. Ese afio el periédico Ex- cilsior decide organizar, a sen norteamericana, el primer festival del Dia de la Madre. El periddico recibe el apoyo inmediato del entonces Se- cretario de Educacién Piiblica, José Vasconcelos, de las autoridades catélicas y las Cmaras de Comercio, La celebracién se institucionaliza y Exeélsior contintia or- ‘ganizando festivales hasta 1968. Conforme se aleanza tuna estabilidad politica y el sistema de Estado-nacién, capitalista se afianza, el discurso oficial sobre la mater- nidad va perdiendo su importancia estratégica, reple- giindose al dominio del hogar y la escuela. imagenes del pueblo oprimido Entre 1930 y 1936, Siqueiros pinta una serie de cua dros en donde recurre a la represent ra materna para plasmar sus ideales revolucionarios: Madre protearia (1930), Madre campesina (1931) y Nina madre (1936). En ellos son visibles los ecos del arte prehispanieo, cuya recuperacién se propugnara en el manifiesto de 1921: son figuras gruesas, de formas geo- metrizadas; los detalles son reducidos, generando un efecto de sobrio cromatismo y monumentalidad; de los sombreados y difuminados se desprende cierto aspee- to escult6rico, podria decirse que de piedra pulida. En Madre proletaria, una mujer y sus tres hijos apa- recen enclaustradlos entre sélidos muros de ladtrillos. én de la figu Ese afo el periddico Excélsior decide organizar, a semejanza de la celebracién norteamerica- na, el primer festival del Dia de la Madre. £| eriddico recibe el apoyo inmediato del entonces Secretario de Edu- cacién Publica, José Vasconcelos, de las autoridades catélicas y las Caémaras de Comercio, La madre aparece rodeada por los nifios, absorta en su angustia. Trepados en actitudes casi simiescas a Ia es palda de la mujer, dos de los nifiosextienden sus manos hacia ella. Frente al apretado grupo central, yace un recién nacido con los brazos abiertos hacia Ia madre. El cuadro guia la mirada en triangulaciones: des- deel c dos cabezas de los nifios recogidos en torno a ella, a la parte inferior del cuadro, donde yace el bebé des: nnudo. Esta figura nos devuelve al plano superior, don: de el gris de los muros de ladrillo rodea al conjunte. Las lineas diagonales no sélo dan el efecto de profun- didad al cuadro, sino que remarean la sensacién de opresin, A diferencia de la atmésfera opresiva de esta tela ‘Madre campesina representa la manifestacién germinal de un recurso que Siqueiros habré de llevar a su extre- mo I6gico en sus tiltimos murales: un dinamismo en el uatamiento del modelo. Una mujer camina hacia el espectador cargando a un nifio en actitud protec tora, flanqueada por dos grandes saguaros. La ligera inclinacién de la figura hacia adelante y el gesto de recogimiento dirigido al nifio dormido ocultan par- cialmemte el rostro de la mujer (como en un tenue escorzo). Las sombras diagonales extendidas detris de la figura central y de los saguaros reafirman su movilidad, Al fondo, el horizomte parece incendiarse en una franja rojiza, sobre la cual se despliega abruptamente, sin a transicién de un difurninado, un cielo enturbiado. por matices de gris. Si Made proletaria se presenta como una alegoria de la o} tuna imagen atin mas ambigua: en el paisaje desértico, en la solitaria entidad que parecen formar las encogi das figuras de la mujer y su hijo, se intuye us 1ro, con el rostro acongojado de la mujer y las cesibn de clase, Madre campesina es IA PALABRA Y EL HOMBRE © 45 al abandono y a la esterilidad de la tierra. El horizonte en llamas y la turbiedad del cielo se vislumbran como signos hostiles que se ciernen sobre la madre. Los tonos violéceos que rodean a los personajes cen Nitta madre constituyen una atmésfera semejante de hostilidad e incertidumbre. Desplegadas casi total- ‘mente sobre la superficie, las figuras se comprimen en. los limites del lienzo. La mirada de la nifia, que lleva a horcajadas a un bebé, se pierde en algtin punto fuera del cuadro, en el espacio del espectador. El nif, en. cambio, mira directamente a éste con dureza, La ex- presi6n atribulada y enfurecida de la nitia raya en lo _grotesco. En la parte superior del cuadro se opera tna suspensidn a través de las expresiones hier nifios, pero la flexién de las piernas de la nitia al cami- nar introduce desde abajo un equilibrio dinamico. En Nifia madre, Siqueiros ha realizado una transfor ‘macién radical del modelo, El cnadto esta inspirado en una fotografia tomada por Hugo Brehme hacia 1920," En el retrato de Brehme, los nirios miran al espectador directamente, aunque la nifia lo hace con una sonrisa que contrasta con la dramatizacién de Siqueiros, quien hha querido plasmar su critica a las desigualdades socia- les, impregnada de un maniqueismo ideolégico earac- teristico en Ios intelectuales de la época, En el “Manifiesto del sindicato de obreros técni- cos, pintores y escultores"" la dicotomia “opresores/ ‘oprimidos", con Ia intervenci6n mesianiea de los artis- tas, ha quedado expresada a manera de epitome. Una ver més, la coherencia de pensamiento en Siqueiros es visible, pues el tono paternalista del manifiesto en- ‘cuentra eco en el dramatismo de sus representaciones del "pueblo oprimido”: as dle los Del lado de eltos, los explotadores del pueblo, en concubinato con los elaudicadores que venden la sangre de los soldados del pueblo que les confiara la Revolucién. ‘Del nuestro, los que claman la desaparicién de un orden envejecido y cruel, en el que tt, obrero del campo, fecundas Ia tierra para que su brote se lo trague la rapacidad del encomendero y del politico, mientras ti revientas de hambre,..!" (Ey se rrioncia radical det discurso izquierdista de ta Véase el anticulo de Marcela Gonzdlez Crvz Manjarrer, “Siqueros yl fotografia, Sigucsn a a ira (cat. de exposicion), Instituto de Investigaciones. Esétcas, UNAM, Méxieo, 1986, ppl "David Alfaro Siqueiros, “Manifesto del sindicato de obre 2. ros tenicos, pintoresy escultores, id p24 "Jean Baudilard, Et ej de a prod na, 1988, p14. las de Siquis, pp. 2 » Gedisa, Barcelo- 46 © PRiMaveRa, 2011 época ocultaba una faceta potencialmente conserva- dora al entender a las diferencias de clase como la suma de los problemas sociales, haciendo tabula rasa de una rica diversidad cultural ¢ ignorando las condi- ciones de opresién en las que vivian y habjan vivido las mujeres en el contexto de una cultura patriarcal. Al encontrar su origen en los planteamientos marxistas, tal postura dificilmemte escapaba a las limitantes de un paradigma que entonces atin estaba lejos de agotar sus posibilidades criticas y propositivas, E] problema de las relaciones verticales de género acupa, para Jean Baudrillard, una posicién subsidiaria dentro de la cr tica marxista: En cuantoa la economia politica del sexo, es decir, de la imposicién de Ia ley del valor en el dominio sexual, y del falo, lo masculino, como equivalen- te sexual general, el marxismo la ha ignorado, 0 bien la ha subordinado “dialécticamente” a las contradicciones econémicas, dejando escapar asi toda su radicalidad.® 2Se reducen, entonces, estos tres lienzos a simples consignas graficas? Hemos visto en ellos gestos de re- cogimiento yangustia que se circunseriben al mito del instinto materno, Acaso estos elementos expresivos no. nos conduzcan a pensar en una idea transgresiva de la maternidad, pero las imagenes entrafian una ambi- {gitedad que la torna al menos nebulosa, la aleja de Tas representacionesarmoniosas del canon pictsrico ejem- plificado por las madonas medievales y renacentistas. En Madve proletaria, Madre campesina y Nita madre las figuras estan inmersas en atmésferas opresivas 1 hostiles, pero en sus actitudes sufrientes se encuen- tra latente cierta vison paternalista que las presenta como victimas. Siqueiros instaura asi tres imagenes determinadas por su pensamiento social maniquefsta; su critica es al capitalismo, no a la cultura patriarcal. WV. Conclusiones Una iilima pregunta resta por ser esclarecida y pro- viene de otra polémica afirmacién de Damidn Bay6n: “A medida que escribo me doy cuenta, sin embargo, del absurdo de salvar a un contenutista nato por todo Jo que es formalismo en su arte”! Si esta arriesgada frase es acertada 0 no, poco importa, Que en el arte sea esteril aplicar el burdo razonamiento binario en su version de “forma/contenido”, es ya un lugar co- niin. En los escrtos de Siqueiros podran encontrarse innumerables razones para sustentar la aventurada conchusién del eritico. Pero si la praxis politica, las ideas estéticas y la obra artistica de Siqueiros forma- ban un tejido coherente, ello no implica una comple- ta ausencia de contradieciones, as cuales en el fondo son Ias de su momento histérico, Cuando se recurre a las declaraciones eseritas u orales de cualquier ar- tista para encontrar en ellas una explicacién a su obra, siempre es con la concieneia de que las leyes de construccién de cada determinado arte imponen ciertas contingencias inexorables, que trascienden la voluntad consciente del artista. En esto he pensado al acudirallas palabras del propio Siqueiros para esclare- cer las intuiciones que emergen en la contemplacién de su pintura. Al referirme a la unidad de su pensa- ‘miento, he tenido en mente la afinidad entre las ideas ‘enunciadas en sus escritos y su actualizacién préeti- «a, no una correspondencia mecénica. Como pintor, Siqueiros estuvo siempre lejos de ser un contenutista ramplén. Sin embargo, cierta intencién pedagégica se trashice en sus discusiones, sobre todo en cuanto a 1a pintura mural: “La funcién de nuestra pintura mu- ral es humanista, quiere decirle cosas a la gente, no causarle sélqesiados de dnimo puramente sensitivos © sensorialef{pjlevar cosas al pensamiento del hom- bre significa-tm problema particular’. La pintura tiene un potencial comunicativo sélo si no abandona el camino de Ia figuracién; Siqueiros rechaza la pin. tura abstracta porque no “dice cosas a la gente”, tie- efit tl eee eres ae I dopecho dea iene “humana dl pine, thn rady aude ss muaes mis ambieton La Marcha de la Humanidad (1965-1971), introduce una_ pre rece BL Me re Maen, cies a canza un gra esto as en aude de fstacorss ya aes ayers del er La fit ies tad Sar ea ane cs rt rite emia Cee area y ances Ea eer rere Gee funn erie caer inde. en te eee eee Gal primer Secs inn aqui apa ua eas Sled por medi de alld deb tonen mes Achy gino nines ies desariony es quero roma oie dea madre con exe ‘ae mowed lanza: Eeverpo fen se incadoras son cco erect loro, un amplio tingulo anc, Lo bor pareee geen Seat rax yen cen dif doomiet ue Secon el espe aero ym aren a vidal lune su rors ene bramess {tas pincladasque contrast conf meade de ioseottomos zNessgie eso un watamento dit tol motto dela meena pntarade Sigs ra dr tle Hananiat esd infest de gure Fementnas con veous qe sents permien 6 3 nebulows vost aatrniadsstude porel gts Actos brainy etd de recone sere, Inosen el pesonge de Mat cones presencia Alene tea env feller ena Inte hin proges ols acendenela huh ienerbed uel a Sabana en obese Tis represctiioncs delat ea obra Gino aque iraca humana es beament us Froyectoievelno es eral del homie come algun del arquepo armovioso de i meted ee tae a recon a Faria unagens Ga fea aera Se a featecrateas aaa ttae atest iooeb concn) aetearettal ol a seven Son smb wera * Damian Bayén, a eit, p. 156, ® David Alfaro Siqueros,"Pingura netiva para un espectador activo”, Plabras de Siac, pp. 430-451 LA PALABRA Y EL HOMBRE © 47

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