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DESARROLLO SOCIO-ECONÓMICO DEL ENTORNO EN QUE VIVIERON

BALTAZAR CARRIÓN Y TORRES Y DE ALEJO VALDIVIESO RIOFRÍO.

Dra. Marcia Stacey Ch.

Capítulo concerniente al desenvolvimiento y poder socio-económico de Baltazar


Carrión y Alejo Valdivieso.

4.1. LOJA CUNA DE BALTAZAR CARRIÓN Y ALEJO VALDIVIESO

La provincia de Loja se encuentra ubicada al sur de la República del Ecuador,


en la parte llamada meridional. Limita con su vecino natural el Perú, en toda la frontera
Sur- Este. Se encuentra enclaustrada en la cordillera de los Andes; ocupa tres cuencas
hidrográficas: Catamayo, Puyango y Macará. Ella se halla rodeadas de antiguas
montañas, pertenecientes a la Era Terciaria; mientras las del Norte, que se inician en el
nudo del Azuay, pertenecen a la Era Cuaternaria. Su altura máxima es de 2.600
msnm. Pese a que sus montañas son bajas y sus alturas no tienen forma conífera, son
fuertemente escarpadas y en forma de cuchillas que se alinean, volviendo su superficie
muy difícil de transitar. Esta misma forma da origen a pequeños valles que resultan muy
escasos como áreas de cultivo, mientras grandes masas de montañas pobres de
vegetación, se pierden inútilmente, sin poderse desarrollar.

El cantón y su capital la ciudad de Loja, constituyen, en el orden de ubicación


geográfica el segundo cantón de Norte a Sur, luego de Saraguro. Se halla la ciudad en el
centro del cantón Loja, rodeada por bajas colinas y por dos ríos que serpentean la
ciudad; la recorren alegremente. Ahora solo resulta que son decorativos, mientras
antes fueran vitales para la existencia de la ciudad y de su población. 1

Loja se había mantenido aislada por siglos; su encierro se debió a su agreste y


complicada topografía, a sus tortuosos senderos muy difíciles de transitar y de
conquistar. La distancia, las montañas, los peligros, sobre todo una gran dificultad para
acercarse a lugares poblados por el norte, las largas horas de jornadas para acceder a
Cuenca, peor aún más al norte: sin tambos, sin comida caliente, por chaquiñanes
peligrosos, no era fácil la llegada a Quito, era una verdadera proeza de meses.

1
STACEY Ch. Marcia. “ Loja Catamayo y El Cisne”. Obra en imprenta.2010. Pág. 34
Sin embargo, lograron constituir una unidad geográfica bien definida,
independiente y diferente al resto de lo que sería la república del Ecuador: unidad
económica, social y política, donde se formó un núcleo vital, para la explotación del oro
de Zamora, Nambija y Zaruma, para la cascarilla y otros negocios como los mulares y la
ganadería.

Todos estos atractivos fueron una gran tentación para los españoles y
chapetones, quienes, sortearon dificultades hasta llegar a establecerse en Loja. Su
ubicación, equidistante para los negocios, hizo que se le ofreciera la oportunidad de ser
el centro para el buen funcionamiento del Corregimiento de Loja. Esto fue una de las
causas para que existan una fuente grande de apellidos que los llamaremos de frontera,
sean estas de orden política, social, comercial, familiar, agrícola, ganadero y otros
atractivos, especialmente, la vital necesidad de movilizarse dentro de considerables
distancias para poder realizar negocios lucrativos.

El negocio con el sur se facilitaba; cerca había pueblitos y tambos que permitían
el transporte y el viaje de los pasajeros; y el puerto de Paita quedaba bastante cercano,
por lo que Piura constituía un lugar de comercio importante. De allí que las familias se
vieron abocadas a formar un encadenamiento de apellidos y negocios, además de ser un
centro vital para la administración de los negocios en boga y para el nombramiento de
autoridades, por lo que fue necesario establecer normas de comportamiento y realizar
matrimonios programados, para así tener el acceso a las urbes importantes con fortunas
que les permitieron ocupar puestos relevantes en Quito, Loja y Cuenca, hasta llegar a
ser núcleos poderosos en dichas sociedades, que luego se extendieron a Lima, Piura,
Paita, Ayabaca, Jaén de Bracamoros, Tambogrande, Sullana, Lima, Valparaiso y
Santiago.

El nombre del Tablón de Oña, sonaba con demasiada frecuencia en muchos


círculos familiares, pues al buscar la tradición, se hablaba del Gran Comercio en que se
empeñó la familia por siglos, del mucho dinero que llevaron algunos de los Valdivieso a
Quito… y también se hablaba de incendios, como una de las causas para que las
familias involucradas en este negocio, se retiraran a lugares más seguros, se separaran y
trabajaran independientes.
En los archivos visitados en Lima y en Piura encontramos documentos y obras
que hablaban sobre Piura, el comercio de Jaén de Bracamoros, de Cuenca y Loja, las
empacadoras de Sozoranga, el ganado y cueros de Saraguro, como también de Oña y su
Centro de Acopio. En los libros se repetía con insistencia sobre los productos que se
negociaba y cómo se lo hacía.

En Buenos Aires, en la biblioteca del genealogista Dr. Ernesto Spangemberg


Checa, encontramos la obra del cajamarquino Waldemar Espinosa Soriano titulada “ La
fuerza de la verdad”: allí supimos de ciertos antecedentes familiares, se hablaba sobre el
Coronel Don José Ignacio Checa y Barba n. en Loja, residente en Jaén de Bracamoros,
desde donde enviaba productos naturales a Oña y a Iquitos y luego de su hijo y de su
nieto, todos del mismo nombre, el último casó con la Sra. Doña Rosa Valdivieso y
Carrión, nieta del General Don Pedro Xavier de Valdivieso y Torres, dueño del gran
imperio que se dirigía desde la hacienda El Tablón de Oña, cerca a Cuenca; fue el
mayor cascarillero de Loja y próspero hombre en todo sentido. Así se formó el
encadenamiento de propiedades y de negocios que realizaron miembros de estas
familias, emparentadas con los Valdivieso.

Iquitos fue un puerto muy importante, fundado por ambateños, que tenían la
necesidad de salir hacia Europa y a la vez de aprovechar todo los recursos naturales que
ofrecía la selva Amazónica. Los aborígenes del Oriente fueron aliados en el transporte
y la recolección de diferentes productos como: oro, cascarilla, barbasco, canela,
algodón, tabaco etc. En Iquitos se reunió un gran grupo de colonizadores y de
comerciantes, que adquirieron importancia por la riqueza que llegó allí, al ser muy
difícil el transporte por Panamá y demasiado largo y riesgoso por el Cabo de Hornos.

Se han realizado algunos estudios, sobre oro y cascarilla especialmente, como el


de Luz del Alba Moya en su obra El Árbol de la Vida, 1994, pero su estudio, si bien se
refiere en varias partes a Cuenca y a Loja, solo estudia el comercio por Guayaquil,
Sullana y Lima. Manuel Chiriboga, escribe sobre caucheros y cacaotes, abre más su
comercio por el Oriente, pero no topa la ruta desde Loja, Jaén y otros puertos
orientales, que salían por Iquitos. Leonardo Moncayo en su estudio sobre la cascarilla
da mucha importancia a los comerciantes cuencanos, lojanos y de Guaranda.
El haber encontrado documentos importantes para este tema en el Archivo de la
Cancillería de Quito, amerita el que se pueda escribir algo más completo del comercio
que se llevó a cabo en distintas temporadas hasta 1908.
La hacienda El Tablón de Oña fue un gran centro de acopio, donde llegaban una
variedad de productos que se comercializaban entre un lugar y otro, como también los
productos de exportación como:
• La quina, quinina o cascarilla. Procedente de Yunguilla, de Zamora y de Uritusinga.
Fue el más grande negocio de casi 2 siglos y medio. Se lo usaba como medicina y
para pintar el cabello. Se suspendió por orden de Bolívar, por la mala explotación.
Se volvió a explotar pero ya no en gran cantidad y se lo hizo durante la 1ª. y la 2ª.
Guerra Mundial.

• El barbasco generalmente iba en menor cantidad, pero junto a la cascarilla, pues con
él se hacían y se hacen remedios para las sarnas y otras enfermedades de la piel. Se
la usó también para la lepra, junto con otras hojas del valle de El Almendral, ahora
se hace fórmulas químicas. En Piura usaban con otras hierbas de Vilcabamba para
curar la Elefantiasis. También iba en el mismo grupo el curare.

• El oro, procedente de Zaruma, Saraguro, Viñamarca, Jaén de Bracamoros, Sevilla


de El Oro y muchas minas más que hay por el sector de Saraguro y sus alrededores.
También se compraba a los jíbaros que lavaban oro en los ríos del Oriente. Se lo
enviaba a Europa en cajas de metal, en las que venían químicos desde Europa, bien
lavabas las cajas eran útiles y se colocaba el oro en pepitas o en barritas de 22 kl.
Luego se embalaba en cajas de madera.

• La canela, procedente de Zamora de Canelos. Muy apreciada por su fragancia y su


picante sabor. Venía de San José de Canelos y de otras montañas más, inclusive de
Cajanuma.

• La vainica, llamada hoy vainilla, la pimienta, bálsamo del Perú, timolina, yerbas
medicinales.

• De Tutupali se enviaba algodón, natural y de sembríos realizados con semillas de


Piura y de Pimampiro, el más apreciado era el amarillo.
• Tabaco que se lo compraba también a los jíbaros que lo recolectaban del monte. Se
lo preparaba en Tutupali. Iba para Chile, Argentina, USA y se le llamaba Café
arábigo de Guayaquil.

• La pita y el bejuquillo, fibras muy apreciadas para muebles, iba para Francia,
Chile, Lima y Argentina. Se la conseguían en el Oriente y en Manabí.

• La caña de azúcar era de tan buena calidad, que decían: “se podría pensar en poner
ingenios”.

• Luego se hizo lo mismo con Brasil, hasta que el comercio cambió de rumbo por la
apertura del canal de Panamá en 1908.

• El caucho. En el siglo XIX se explotó el caucho de una manera tan grande que se
arrasó con casi toda la existencia de estos árboles en el Oriente.

• Otro producto muy apreciado era el aceite de charapana ( tortuga de río, pequeña),
que se lo usa hasta ahora para cosméticos pero que se ha prohibido su explotación,
pues casi ha desaparecido de los ríos del Oriente. Se ha exportado por 4 siglos. Se
usaban también los aceite de Macia, la manteca de Baca Marina y el Palo Santo.
La yuca y el maní de árbol.

• La sal de minas del Oriente iba a Londres. Venían de varias minas de sal, hasta
1908, abiertas en los ríos Paramopua-Mainas. Mina de Tumbes, etc. 2 Las minas
eran peruanas y las del lado ecuatoriano eran propias. Las del lado peruano que
explotaban para mandar a Londres estaban hipotecadas a los ecuatorianos.

• Las pieles de animales, para diferentes usos y las de ganado que salían de las
curtiembres de El Tablón de Oña y de Manabí. Se la usaba para el embalaje de la
cascarilla y como pieles para artesanías. También se pagaba a Portugal para el
comercio libre.

• Té, café y tamarindo, para Europa y el té para Inglaterra, que finalmente sembró en
grandes extensiones en nuestro Oriente y que hasta el momento producen,
totalmente tecnificadas. El tamarindo venía de Manabí y el café sembrado en las
huertas lojanas, especialmente de Zaruma, Paltas y Amaluza. Su producción,
aumentó en los dos últimos siglos.
2
AMRE: caja No. 58- 1747, Comercio de la sal.
• También durante los siglos XIX y XX, se exportó tomate de árbol silvestre de
Cajanuma y el Guanto, los dos productos para remedios. Iban a USA y Argentina.
Los viajes siempre se lo hacían redondos, es decir que llevaban un producto y traían
otro. Así de Inglaterra venía:

Armas
Herramientas
Municiones
Pólvora
Químicos.
Utensilios de cocina.
Todo lo de metal como: cajas, varillas, etc.
De Alemania venía ferretería,
De USA, maquinaria y ferretería.
De Manabí salían otros productos como: sombreros de paja, (para Brasil) de 2
calidades, agua, vainilla de Paján, coca, algodón, pieles de ganado, cuernos de venado,
cacao, tagua, caucho. En el archivo de la Cancillería se encuentran listas de cantidades
de productos, que se autorizaban ya en tiempos de la República para su exportación
desde el Ecuador y lo que importaba, de igual manera. Cuál sería la cantidad tan grande
de productos de exportación y de importación, que había que dejar por largas
temporadas, para que se repongan las plantas y la naturaleza. También se sacaba
maderas finas, si había la posibilidad de llevar rió arriba por ejemplo, pues era muy
difícil el transporte y las grandes distancias.
Sin embargo, cuando ya se utiliza el ferrocarril, es tarde, pues la explotación de
estos productos habían llegado a niveles peligrosos de extinción, por lo que no se pudo
nunca más hacer ese negocio y así, varias familias desistieron y se fueron a hacer otros
negocios y muchas emigraron a la capital o a otras ciudades donde hubieran más
oportunidades. 3

Se llevaba la resina de sangre de drago y beldaco, bejuco de pita. Se llevaba


variedad de aceites, unos como combustibles y otros para varios usos, de salud y de
belleza, como el de compaba, de charapas (tortuguitas), de María, de oso y de víboras.
Se llevaba mucho cacao de gran calidad, alcohol de caña, chancaca ( panela), granos,

3
STACEY Ch. Marcia. La Hacienda El Tablón de Oña. Ponencia sustentada en el Museo del Tablón de
Oña. 8- Julio del 2010. Pág.
tamarindo, palo santo, bejuquillo y polvos de manpos, maderas finísimas, zarzas,
chaquiras, entre otros.

Estos y una infinidad más de productos se transportaba a Europa en los barcos


que regresaban, sea por Paita o por el Pongo de Manseriche, el río Santiago y el Napo,
hacia Iquitos y de allí a Europa. Esto sucedió hasta la I Guerra Mundial, luego, el
Oriente se opacó y el comerció dejó de ser importante, por lo que estas zonas
retrocedieron. Sus indios se guarecieron nuevamente en la profunda selva hasta la II
Guerra Mundial, en que fueron requeridos, numerados y empadronados, luego de
nuestra propia Guerra. Esta decadencia se debió seguramente a dos puntos:
1. A que se construyó el canal de Panamá, y por esa ruta, los barcos pasaban con
facilidad, sin el grave problema que era la dificultad del abastecimiento de
combustible en la ruta de Iquitos. Por el océano, debían cargar combustible en
Chile, en la isla de Teja y luego salir por el cabo de Hornos hacia Europa.
2. Porque comenzaron a escasear los productos naturales de la selva y cada vez se debía
sacar de más adentro, con lo que los proveedores pedían cada vez precios más altos y
por último, se fallaba en los pedidos.

Con esto se perdió el comercio de Loja por el Pongo de Manseriche,


hacia el Amazonas e Iquitos y el de Ambato por el Napo. Iquitos también perdió su
importancia, pues hasta 1908 existía un gran comercio, buenas fortunas y diversiones,
hasta teatros esplendorosos. 4.

Como vemos el negocio era muy difícil, pero los recursos naturales eran
verdaderamente enormes. Europa se lleno de una variedad tan grande de productos que
se llevaba de América, siendo en alimentación, un aporte que transformó la vida misma
del “Viejo Mundo.”. Especialmente dos productos fueron vitales para Europa, sin que
para nosotros nos haya significado nada: la introducción de la papa y del tomate a
Europa, que se llamó: “La revolución de la papa”.

4.2. DON BALTAZAR CARRIÓN Y TORRES

4
ACQ. Comercio con Iquitos. Consulado del Ecuador en Iquitos.
Don Baltazar, no obstante quedar huérfano de padre desde los seis años, logró
graduarse de abogado y médico en la Universidad de Quito.

Durante su etapa estudiantil, se hospedó en la casa de su pariente José Javier


Valdivieso y Sánchez de Orellana, quien estaba casado con Doña Rosa de Carcelén y
Larrea, hermana de la Marquesa de Solanda, Doña Mariana, la cual viuda, en segundo
matrimonio se había casado con el Gral. Isidoro Barriga y López de Castro, después de
haber fallecido asesinado el gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre

Carrión, una vez que obtuvo su título de médico, se dedicó a estudiar leyes y se
graduó como dicen en la obra: “Nómina. De los Abogados Graduados de la
Universidad Central. Quito-Ecuador. 1792-1950”. Imp. De la Universidad 1964.

Los graduados en 1837 son: Pág. 6:


Agustín Costa 249
Juan de Dios Flores 255
Ramón Valdez 256
José Andrade 274
Pedro Cuvi 276
Manuel Velazco 286
Agustín Antonio Eraza 287
Mariano Moscoso 293
Francisco Ipólito Enríquez 294
Baltazar Carrión 295

Regresó a Loja con el título de abogado, y, a los pocos meses, debió regresar a
Quito para gestionar el nombramiento y entregar su título de médico, pues había sido
nombrado Director del Hospital, del cual su tío, el ilustre clérigo Dr. Vicente Carrión y
Piedra, fue uno de los principales filántropos. Según refiere Muñoz, en el capítulo
anterior de esta obra, hizo fortuna, trabajando en dicho hospital hasta 1846, y luego se
trasladó a Manabí, desempeñando como Secretario de la Gobernación siendo elegido y
a fines de 1850 pasó a Quito cuando fue electo Diputado por la provincia de Manabí
para La Asamblea Constituyente.
En su estadía en Quito, se reencontró con doña Mariana de Carcelén, la
Marquesa de Solanda (1805-1861), quien había enviudado nuevamente el 9 de mayo de
1850; y de esta relación tuvieron como hija a Mercedes Soledad Carrión y Carcelén, que
nació en 1851, cuando él se encontraba desterrado en el Perú. Su hija no llegó a conocer
a don Baltazar y cuando murió su madre, pasó a poder de sus tíos el Canónigo José
María y su hermana Concepta Vicenta Carrión y Torres, de gran ilustración, bondad y
altruismo, quienes la educaron con tanta prolijidad, que, a criterio del Dr. Modesto
Peñaherrera, era una de las mujeres de mejor calidad humana que haya conocido.

Mercedes Soledad, luego de haber pedido dispensa en Loja, se casó, en 1872 con
Juan Peñaherrera Andrade, natural de Cotacachi y tuvo 5 hijos. Clementina Peñaherrera
Carrión, quien nació en Loja en 1874, se casó en Ambato con Belisario Clavijo Santos y
tuvieron una hija, Mercedes

Retornando a don Baltazar Carrión, en líneas atrás mencionamos de su destierro:


ello se debió a la persecución emprendida por el Presidente José María Urbina, contra
los partidarios del general Juan José Flores, quien deseaba volver al poder. A Cerro de
Pasco arribó el 5 de octubre de 1853, dedicándose principalmente a la minería, haciendo
fortuna. A mediados de 1855, se enamoró de Dolores García y de su relación nació
Daniel Alcides Carrión el 13 de agosto de 1858. Años después, éste egregio personaje,
cuando estaba en el sexto año de medicina, llegó al martirio de su propia vida en pos de
un principio de la salud y de la defensa de la sanidad de un pueblo.

El doctor Carrión, poco tiempo hizo vida común con doña Dolores García, dado
que cuando salió de Loja se había comprometido con su sobrina segunda, doña Teresa
Valdivieso Riofrío, circunstancia que lo obligó para que se casara por poder con ella,
siendo representado por su apoderado el Sr. Javier Eguiguren, el primero de junio de
1864. Su esposa llegó a Cerro de Pasco, acompañada por su hermano Alejo Valdivieso,
por 1865 y no tuvo hijos con ella.

El deceso del doctor Carrión, ocurrió en 1867, por varias puñaladas en el tórax y
en abdomen, asesinado por el levantamiento de los obreros de su propia mina. Su
defunción figura en Loja, con fecha 16 de junio de 1867. Algo más de él, según
información proporcionada por el Dr. José Benigno Peñaloza Jarrín, es que se le
atribuye que tuvo más hijos; haciendo las siguientes aclaraciones:
En el libro escrito por César Carrión, figura las siguientes informaciones:

1. Del arribo de don Baltazar al Perú: “(…) llegó al territorio peruano, estableciendo se
inicialmente en la ciudad de Piura. Lo acompañaron dos de sus hermanos: Melchor y
Alonso, quienes se dedicarían a labores comerciales en ganadería, orientados por su
hermano mayor Dr. Carrión(…)

2. Del matrimonio habido en Piura y de la sucesión habida: “(…) en Piura contrajo


matrimonio con doña. Jacinta Puga, estableciéndose en Cerro de Pasco donde nacieron
Néstor en 1855 y después Eusebio, en 1856”

Ello es un desliz. En primer lugar Don Pedro José de Carrión y Piedra, progenitor de
Don Baltazar, en el 2º matrimonio con Doña Felisa Torres, tuvieron 14 hijos y ninguno
de ellos llevó los nombres de Melchor y Alonso. Además en relación al matrimonio y
de los hijos, el autor no presenta ningún testimonio, tales como una Partida de
Matrimonio y/o Partida de Bautismo de los hermanos Néstor y Eusebio.

4.3. ALEJO VALDIVIESO RIOFRÍO

En líneas atrás se mencionó que don Alejo Valdivieso arribó a Cerro de Pasco,
acompañando a su hermana Teresa, casada por poder con Baltazar Carrión en 1865.
Poco tiempo después conoce a Dolores García, quien había sido abandonada por el
doctor Carrión y se casa con ella.

Don Alejo también se dedicó a la minería, haciendo fortuna y de su matrimonio


con Dña. Dolores tuvo dos hijos: Teodoro, que nació el 25 de octubre 1868 y Mario,
que nació por 1877. A su hijastro, Daniel Alcides Carrión, también le tuvo mucho
cariño y se preocupó para que tuviera una buena educación al considerarlo como un hijo
más. Este trato se deduce por los numerosos documentos epistolares que existen, en los
cuales don Alejo le da el vocativo de “querido hijo” y doña Dolores al escribir a Daniel
y referirse a don Alejo, lo menciona como “tu papá” y Daniel al dirigirse a don Alejo, le
dice “respetado papá”.

El hogar de don Alejo, gozó de mucha bonanza y además eran muy estimados en
Cerro de Pasco, más aún que él por pedido del Dr. Miguel Riofrío Sánchez, quien era
Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Ecuador en Lima, le fue
extendido el nombramiento como Vicecónsul del Ecuador en Junín, con residencia en el
Cerro de Pasco, cargo que tomó posesión el 20-VIII-1876.

En 20-X- 1881, desde el Cerro de Pasco, el Vicecónsul Alejo Valdivieso Riofrío,


presenta su condolencia a la Cancillería por el fallecimiento de Miguel Riofrío. En otra
condolencia un mes más tarde, se expresa que está “hondamente impresionado por el
repentino fallecimiento del Dr. Miguel Riofrío, cortándose así una brillante carrera.”

LA GUERRA DEL PACÍFICO.

Por entonces (1881) ya había estallado la llamada Guerra del Pacífico, que se
venía desde 1879 y finalmente las tropas de Chile entraron a Lima y se tomaron la
ciudad, causando dos problemas para el norte:

1. Como perdieron su poder en el mar, los chilenos podían abastecerse de víveres y


otros, mas no los peruanos. El Ejército debió buscar los Andes Centrales, para desde
allí organizar la resistencia al Ejército de ocupación chilena. Metidos en las
montañas, se organizaron en una verdadera Guerra de Guerrillas, por su topografía
excelente para aplicar la estrategia, pudieron además aprovechar de nuevos
elementos humanos y de aprovisionamiento de alimentos del norte.

2. En varias Anécdotas de la Guerra, se demuestra el lado humano, donde se puede


señalar que los usurpadores, ante el hambre del pueblo de Lima, mandaron a recoger
frutos de la tierra y del mar, de Cajamarca y otros lugares de la Sierra Norte, para
dar de comer al pueblo, unas veces por los lazos de sangre entre peruanos y
chilenos, otras por saqueo de las haciendas que se oponían. Así pagaban con “Bonos
de Guerra”, o a veces llamados “Cupos de Guerra”, que debían ser cobrados más
tarde. Mientras los chilenos se abastecían tranquilamente por el mar, ya que los
mismos peruanos hundieron sus naves al verse perdidos y solo se pudo salvar la
nave “Huáscar”, que estaba semihundida.5

Los Valdivieso y otras familias aprovecharon esta circunstancia y con las recuas
que contaban, más los criaderos de acémilas de sus parientes, nuevamente se aliaron en
su acostumbrada “cadena familiar” y lograron una gran cantidad de Bonos de Guerra,
que los cobraron, ya terminada la contienda y recuperado el poder.
5
Historia conjunta de aclaración de la Guerra del Pacífico”.Wikipedia.
En las cartas del Arch. del Dr. Rafael Riofrío, hablan antes del fin de la
Guerra, de los réditos que les rendía la Guerra, por 1882; cuenta Alejo: “… que ha
tenido muchas suerte y ha podido hacer dinero con más o menos facilidad “.
Seguramente ellos, es de pensar que tenían en efectivo las ganancias de las minas y
pudieron abastecer de armas y de alimentos a las tropas de la Sierra.

Con el apoyo de parte de Don Alejo Valdivieso, llevándoles caballos, mulas,


asnos y con ellos ropa, alimentos, agua y más pertrechos para los soldados, desde el
Tablón de Oña, pudieron resistir casi tres años. Al final de la guerra, fueron
generosamente pagados y obsequiados por los Gobierno del Perú y Bolivia, adquiriendo
así una muy buena fortuna los Valdivieso, Carrión, Riofrío, Burneo, Samaniego, y
otros. Con ello adquirieron bienes, hacienda y casas en Piura, Loja, Quito y más lugares,
emulando a sus parientes, los Valdivieso del Tablón de Oña, de Piura y de Jaén, que
tenían un muy buen y encadenado negocio.

El 10 de julio de 1883 se firmó en Cajamarca un convenio inicial y la Guerra


concluyó el 20 de octubre de 1883, con la firma del tratado de Ancón.

Las tropas salieron de los Andes desde 1884, después del Tratado de Tregua,
mientras los Valdivieso seguían abasteciendo a las tropas…pues, a causa del estado de
guerra, dependían en la parte logística de los comerciantes del norte, entre los que se
hallaban algunos lojanos.

Alejo Valdivieso Riofrío, que había enriquecido mucho, casó con Dolores
García, la madre de Daniel Alcides y fue por pedido del Dr. Miguel Riofrío Sánchez,
quien era Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Ecuador en Lima,
quien le extiende el nombramiento como Vicecónsul del Ecuador en Junín, con
residencia en el Cerro de Pasco.6 Se posesionó el 20-VIII-1876.
Don Alejo falleció en 1886 y al poco tiempo de su deceso, su hijo Teodoro.
Además, su familia había sufrido mucho por las pocas noticias recibidas de sus hijos
durante la guerra. También en las cartas cuentan la promiscuidad que existía en el Cerro
de Pasco y que varios familiares habían sido contagiados de enfermedades venéreas.7

6
ACE: pág. 177
7
Archivo del Dr. Rafael Riofrío: Correspondencia entre Doña Margarita Riofrío Torres y sus hijos Alejo
Xavier, Emilio y Teresa
Entre ellos Alejo, que falleció con dicha enfermedad ( Sífilis), 8 dejando a su viuda muy
rica. Su hijo Mario que n. por 1877, falleció en 1891 a la edad de 14 años y Doña
Dolores educó a Raimundo, hijo de José Manuel Torres, con quien iría a vivir en Lima
para poderlo educar.9
En 20-X- 1881, desde el Cerro de Pasco, el Vicecónsul Alejo Valdivieso Riofrío,
presenta su condolencia a la Cancillería por el fallecimiento de Miguel Riofrío. 10 En otra
condolencia un mes más tarde, se expresa que está “hondamente impresionado por el
repentino fallecimiento del Dr. Miguel Riofrío, cortándose así una brillante carrera.” 11

***

8
Archivo de la Cancillería del Ecuador, Lima VII- 1867.
Referencia en Stacey Marcia: “ Miguel Riofrío Sánchez. Entre la Patria y la pluma”. Pág. 174.
9
Idem, entre Margarita Riofrío y Dolores García.
10
Idem. Pág. 177
11
Archivo de la Cancillería del Ecuador, Lima VII- 1867.

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