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PROMUEVE DEMANDA DE DAÑOS Y PERJUICIOS.

Señor Juez:

, por derecho propio, con

de esta Ciudad Autónoma de

Buenos Aires (1428), con el patrocinio letrado de Emelina Alonso T° 96

domicilio real en

Gabriela Carla CERRUTI, DNI

17.875.502

la Av. Monroe N° 814

47

CPACF

(

Responsable

Monotributo

27-28504037-5,

e-mail:

emelina.alonso@gmail.com, tel. 4338-3264

), Soledad Pujo T° 109 Fº 533

CPACF

(

Responsable

Monotributo

27-25406206-0,

e-mail:

solpujo@gmail.com, tel. 4331-9331

) y de Pamela G. Alvarez T° 103 F°

187 CPACF (

Responsable

Monotributo

27-26902479-3

e-mail:

p.alvarezbardon@gmail.com

legales en la calle

), constituyendo domicilio a todos los efectos

de esta Ciudad Autónoma de

Piedras 482, 4º "m"

Buenos Aires

-Zona de Notificación 52-

, a V.S. respetuosamente digo:

I. OBJETO:

En el carácter invocado, vengo a promover demanda de daños y

, argentino,

de profesión periodista, con domicilio real en

de esta Ciudad Autónoma de Buenos Aires

- por resultar responsable de los

injustos daños sufridos por mi persona a causa de las afirmaciones estereotipadas y discriminatorias vertidas por el demandado a través de medios masivos de comunicación configurando un caso de injurias agravadas por violencia de género, conforme se precisará en el cuerpo de la presente.

perjuicios contra Jorge Ernesto LANATA,

DNI 14.234.966

Av. Del Libertador N° 336,

piso 19, departamento “A”

(CP1001ABQ) -Zona de Notificación 0153

El monto de la presente acción civil asciende a la suma de Pesos Cua- renta Mil ($ 40.000) y/o lo que en más o en menos resulte de la prueba a producirse con más sus intereses, costos y costas.

A todo evento, declaro que la suma condenatoria que oportunamente S.S. ordene pagar al demandado, en concepto de reparación por los insultos recibidos, agravados por una manifiesta violencia de género, será donada a la organización no gubernamental, La Casa del Encuentro, único espacio en llevar registro desde hace años, de los femicidios en nuestro país.

II. RELACIÓN DE HECHOS Y ANTECEDENTES QUE SUSTENTAN LA DEMANDA:

El día 7 de octubre de 2012 se celebraron las elecciones presidenciales en la República Bolivariana de Venezuela. El programa de televisión de Jorge Lanata (Periodismo Para Todos) se realizó desde ese país con el fin de cubrir el mencionado proceso electoral en directo. Esa misma noche, cuando Jorge Lanata estaba regresando a nuestro país con su equipo de trabajo, denunció que autoridades del Gobierno de Venezuela los habían detenido en el aeropuerto y les habían secuestrado material audiovisual obtenido durante la cobertura.

Frente a este episodio, muchas personas comenzaron a pedir en twitter que “liberaran a Lanata” como aún hoy puede comprobarse, a través de una búsqueda con el hashtag #liberenalanata. En ese momento, también manifesté mi opinión a través de la red social: “no les creo nada, ellos se lo ganaron mintiendo sin parar todo el tiempo”.

El martes 9 de octubre, en su programa en Radio Mitre, Jorge Lanata se refiere a mí y a varias personas públicas -Anibal Ibarra, Reynaldo Sietecase y Victor Hugo Morales- con quienes habíamos coincidido en descreer de su denuncia. Más allá de las distintas descalificaciones sobre nuestra labor profesional, política o de gestión, incluso más allá de los insultos, lo cierto es que únicamente en relación a mi Lanata se refiere utilizando un mensaje estereotipado, que reproduce desigualdad en las relaciones de género y busca naturalizar un rol de subordinación de la mujer en la sociedad. En otras palabras, un mensaje que configura una injuria agravada por la violencia simbólica que implica, de acuerdo a como lo define la propia Ley Nacional de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra Las Mujeres (ley

26.485).

Ese día, Lanata hace las siguientes afirmaciones:

“A mi me dio tristeza escuchar a Gabriela Cerruti twittear lo que twitteó, que me enteré ayer en el aeropuerto de Lima. Gabriela Cerruti es una chica que entró a Página/12 cuando tenía 19 años. No era mala periodista, venía de una agencia de noticias, de NA Noticias Argentinascreo, o de

DYN Diarios y Noticias. Creo que de NA. Le pasaba lo que te pasa en las agencias de noticias, que yo siempre lo recomiendo cuando los pibes empiezan a laburar, que eso es una buena escuela, porque te enseña a escribir rápido y en español, con sujeto y predicado. Parece fácil pero no es fácil eh, la mayoría de la gente escribe o sin sujeto o sin predicado. La tomamos porque nos parecía buena y la pusimos a cubrir menemismo. En aquel momento todos nos decían que la la la mayoría… Ah! Gabriela era hija del chofer de AntonioCafiero, por eso tenía contactos con políticos del menemismo. En aquel momento todos nos decían que conseguía

muchísima información de Menem porque tenía alguna relación cámica con alguien. O con CarlosMenem o con Ramón Hernández, o… no sé con quién, o con AlbertoKohan. Sinceramente no me preocupa, pero sí tenía buena información. La dejamos cubriendo menemismo. Fue parte del lobby menemista, porque cubría menemismo y se mimetizó con ellos. Escribió después un libro, “El jefe”, que tuvo cierta repercusión. No era un gran libro, pero era un libro. Le pasó lo que le pasó a muchos chicos que estaban en Página que es que, te empiezan a invitar a dar charlas, participás de un debate, vas a la facultad y te la empezás a creer. Y entonces… no es que Gabriela era una gran periodista, era una periodista en formación, pensó que era Humberto Eco. Dejo de leer y se transformó en la analfabeta que es. Y después se dedicó a la política. Yo tengo que soportar que esta chica, que viene del lobby menemista, diga… ponga en duda que a nosotros nos detuvieron en el aeropuerto de Caracas”.

Pocos días más tarde, el 22 de octubre de 2012, luego de haber difundido un supuesto chiste de D’Elía en relación con las mujeres de Bolivia, Lanata se ve en la obligación de reconocer “un error de edición del cual nos hacemos cargo” durante su programa de radio.

A raíz de ello, volví a expresar mi opinión: “en cualquier momento pide disculpas por el resto de los errores y mentiras que viene diciendo desde que empezó el programa”.

No satisfecho con la violencia ya ejercida, Lanata responde insistiendo:

“Gabi: hablá de la cama de Menem y no rompas más las pelotas”.

Estas declaraciones injuriantes, que como ya se adelantó, constituyen violencia de género, al haber sido efectuadas en un medio masivo de

comunicación, fueron multiplicadas de forma indeterminada a través de cientos y cientos de otros canales de difusión (se adjunta como ANEXO 1 una mera ejemplificación del alcance de la propagación del mensaje). Se trata del efecto especialmente agraviante que tiene la violencia de género cuando su modalidad es mediática. El mensaje estereotipado con el que se me calificó será reproducido infinitamente, agravando la vulneración

de derechos que de por sí constituyen las afirmaciones efectuadas por

Lanata.

III. FUNDAMENTOS

III.i. El carácter agraviante y la discriminación de género

Las afirmaciones del Sr. Jorge Lanata destinadas a menoscabar y dañar

mi honor y reputación tienen una agravante especial, endilgarle a una

mujer que sus logros como periodista y escritora son el producto de haber mantenido relaciones sexuales con hombres poderosos. Ello resulta hoy en un grave menoscabo a mi dignidad como profesional y dirigente política, como figura pública y mujer, y constituyen a todas luces discriminación y violencia de género.

En efecto, los dichos de Lanata reproducen estereotipos de género degradantes para las mujeres, dando lugar, por tanto, a una situación de discriminación prohibida por la legislación internacional y nacional vigente. Al señalar que sólo conseguía información porque “tenía alguna relación cámica con alguien” se está perpetuando un prejuicio social que determina qué comportamientos sexuales se consideran aceptables o no para las mujeres y cuáles son las presuntas razones por las cuáles mantienen dichas relaciones. En este sentido, cabe señalar que la forma

en que las construcciones sociales prescriben los atributos sexuales y la

sexualidad de las mujeres, tratándolas como propiedad sexual de los varones y condenándolas por tener comportamientos sexuales supuestamente “promiscuos” –mientras que los hombres no son igualmente condenados por los mismos comportamientos-, es lo que luego posibilita distintos actos y acciones que niegan a las mujeres su dignidad y sus derechos.

Es clara la violencia psicológica y simbólica que este mensaje a una mujer que se desenvuelve en la vida pública tanto en el desarrollo del periodismo de investigación como en su labor política como legisladora

porteña- representa, ya que a través de la afirmación y reproducción de

esas ideas y concepciones sociales estereotipadas sobre mi persona, se perpetúa la desigualdad y discriminación en las relaciones de género, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad. Recordemos nuevamente que, en una serie de descalificaciones frente a un mismo hecho, a ninguna de las otras personas a las que se refiere Lanata en esa oportunidad -todas identificadas como varones (Reynaldo Sietecase, Víctor Hugo Morales y Anibal Ibarra)-, se les endilga cuestión alguna vinculada con su éxito o fracaso, en relación con su vida sexual.

Ello es más grave aún si se considera que el mensaje injuriante por su violencia es expresado a través de un medio masivo de comunicación como resulta ser Radio Mitre. Por ello, la modalidad en que este tipo de violencia se evidencia y cobra una magnitud tal, que proyecta sus efectos negativos respecto de todas las mujeres en una determinada sociedad, es a través de los medios de comunicación, al generar una difamación que será reproducida de manera infinita en diversos canales de difusión.

Así, las afirmaciones de Lanata suponen el ejercicio de distintos tipos de violencia de género prohibida y sancionada por la legislación

internacional en materia de derechos humanos de las mujeres y receptados por la legislación interna.

En el ámbito regional, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la violencia contra la Mujer (“Convención de Belem Do Para”) expresa que: Los Estados Partes condenan todas las formas de violencia contra la mujer y convienen en adoptar, por todos los medios apropiados y sin dilaciones, políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar dicha violencia” (artículo 7). Además, este tratado prevé que, entre otras cuestiones, los Estados deben "incluir en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas, así como las de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer y adoptar las medidas administrativas apropiadas que sean del caso" (art. 7inc. c); tomar todas las medidas apropiadas, incluyendo medidas de tipo legislativo, para modificar o abolir leyes y reglamentos vigentes, o para modificar prácticas jurídicas o consuetudinarias que respalden la persistencia o la tolerancia de la violencia contra la mujer(art. 7inc. e); establecer procedimientos legales justos y eficaces para la mujer que haya sido sometida a violencia, que incluyan, entre otros, medidas de protección, un juicio oportuno y el acceso efectivo a tales procedimientos ” (art. 7inc. f); y “establecer los mecanismos judiciales y administrativos necesarios para asegurar que la mujer objeto de violencia tenga acceso efectivo a resarcimiento, reparación del daño u otros medios de compensación justos y eficaces(art. 7inc. g). En particular, se establece que el Estado tiene el deber de actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer(art. 8inc. b), y puntualmente señala la obligación de los Estados partes de “alentar a los medios de comunicación a elaborar directrices adecuadas de difusión que contribuyan a erradicar la violencia

contra la mujer en todas sus formas y a realzar el respeto a la dignidad de

la mujer(art. 8inc. g).

Por su parte, la herramienta normativa a nivel universal, la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación hacia las Mujeres CEDAW-, si bien no hace referencia tan específicamente a la violencia de género en los medios de comunicación, en su artículo 5señala la necesidad de “modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.

En el derecho interno, estos principios han sido receptados por la ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. Esta norma reconoce igualmente el contexto histórico de desigualdad que ha posibilitado la violencia sobre las mujeres y recepta su derecho a una vida libre de violencia, estableciendo las condiciones aptas para sensibilizar y prevenir, sancionar y erradicar la discriminación y la violencia de género en cualquiera de sus ámbitos y manifestaciones (art. 2incs. b y c). Esta ley, también conocida como ley de Violencia de Género, establece distintos tipos y modalidades de violencia. Por un lado, la violencia psicológica contra las mujeres es definida como aquella que “perturba el pleno desarrollo personal o que busca degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descredito, manipulación, aislamiento (…)” (art.

5inc. 2). En el mismo artículo define la violencia simbólica como “la que

a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos

transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad(art. 5inc. 5). Y, como modalidad de este último tipo de violencia, la ley define la violencia mediática a la que describe como aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, o discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres(art. 6, inc. f).

A la previsión de esta ley -que como veremos no establece sanciones administrativas- se suma sin embargo la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, que contempla en su articulado la obligatoriedad de hacer cumplir los contenidos de la Ley de Violencia de Género en lo referido a violencia mediática (art. 71 de la Ley SCA), asimismo en el artículo 3inc. m se establece que la LSCA promueve “la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género ni orientación sexual".

Ahora bien, esta noción de violencia de género en los mensajes emitidos en medios de comunicación masiva resulta novedosa en el ámbito judicial y conviene detenernos un momento a explicarla de forma adecuada.

El concepto de violencia simbólica fue utilizado por el sociólogo francés Pierre Bourdie en los años 70 pare referirse a formas de violencia no ejercidas directamente mediante la fuerza física, sino a través de la

imposición de una visión del mundo, de roles sociales, categorías cognitivas y estructuras mentales, y tomó como uno de los ámbitos de manifestación de este tipo de violencia el dominio de los varones sobre las mujeres 1 . A su vez, la antropóloga argentina Rita Segato se refiere a la violencia simbólica como “violencia moral” y señala que “[e]s el más eficiente de los mecanismos de control social y de reproducción de las desigualdades. La coacción de orden psicológico se constituye en el horizonte constante de las escenas cotidianas de sociabilidad y es la principal forma de control y opresión social en todos los casos de dominación. Por su sutileza, su carácter difuso y omnipresencia, su eficacia es máxima en el control de las categorías sociales subordinadas. En el universo de las relaciones de género, la violencia psicológica es la forma de violencia más maquinal, rutinaria e irreflexiva y, sin embargo, constituye el método más eficiente de subordinación e intimidación2 .

En este sentido, las afirmaciones sobre mi persona formuladas por Lanata pueden ser claramente consideradas como tipos de violencia psicológica y simbólica ejercida bajo la forma de violencia mediática. Esto en tanto al reproducir patrones estereotipados de género, el mensaje está destinado a degradar mis acciones y comportamientos mediante la humillación y el descrédito violencia psicológica- al tiempo que reproduce la dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales violencia simbólica- a través de la difusión masiva de mensajes estereotipados modalidad mediática de la violencia.

Al respecto, recientemente al resolver un caso paradigmático relativo a una nota periodística del diario Clarín del 5 de abril de 2009 en que se

1 Bourdieu, Pierre. “La dominación masculina”. Editorial Anagrama. Buenos Aires.

2 Segato, Rita. “Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos.” Editorial Prometeo/UNQ. Buenos Aires, 2003.

cuestionaba el mensaje sexista y violento que la publicación representaba, en especial, a partir de su título La Fábrica de hijos:

conciben en serie y obtienen una mejor pensión del Estado”, este fuero entendió que "(…) al relacionar el título con el contenido de la nota, se encuadra el caso dentro de la violencia psicológica, sexual y simbólica, puesto que se desacredita la decisión libre de las madres de tener la cantidad de hijos que deseen, sean siete o más, al dar un mensaje estereotipado del grupo de mujeres que podría comprender el artículo". (Juzgado Nacional de 1a Instancia en lo Civil Nro. 20. Conti Diana y otro c. Diario Clarín s/ amparo • 08/03/2012 Consid. IV Publicado en: DJ 04/07/2012, 86 . Cita online: AR/JUR/3630/2012).

Asimismo, el Juzgado Nacional en lo Civil Nro 20 entendió que " el artículo que se cuestiona, titulado de otra manera, constituiría un informe periodístico, realizado en base a investigación y obtención de testimonios, exponiendo una cara de la realidad a la luz de los hechos. En cambio, el epígrafe tendencioso como el de autos, lleva el contenido periodístico a la postura que el editor pretende apuntalar: inclinar la percepción hacia el sentido más peyorativo, predisponiendo al lector a una visión descalificante y discriminatoria, orillando la marginalidad y el menosprecio hacia estas madres, intentando generar animadversión contra ellas por una supuesta intención monetaria. Esa predisposición a la que inclina el título, es la que provoca la discriminación y violencia contra las mujeres y madres de familias numerosas, puesto que estereotipa una situación y la encasilla, diferenciándola del resto y sometiéndola a una "mirada "

distinta", por cierto violenta, degradante y discriminatoria anterior).

(ídem

Cabe

señalar,

que

si

bien

la

Ley

26.485

infortunadamente

omite

establecer

sanciones

específicas

y

medidas

de

prevención

para

la

totalidad de las modalidades de violencia que recepta -incurriendo en un grave déficit que debe ser solucionado por nuestros legisladores nacionales-, ello no quita la responsabilidad del Estado de garantizar procedimientos legales justos y eficaces para que cualquier mujer que haya sido sometida a violencia, pueda acceder efectivamente a los procedimientos necesarios para obtener un juicio oportuno, tal como lo establece la Convención de Belém do Pará.

En el caso que aquí denuncio, resulta procedente la acción de daños y perjuicios, en tanto como se demostrará en los acápites siguientes, las expresiones vertidas por Lanata que resultan agraviantes para mi persona y proyectan sus efectos respecto de todas las mujeres de esta sociedad, son arbitrarias e injustificadas, produciendo un daño moral que debe ser resarcido. De lo contrario, el Estado Argentino podría incurrir en la omisión de sancionar un caso manifiesto de violencia de género, dando lugar a su responsabilidad internacional.

III.ii. Restricciones legitimas al derecho a la libertad de expresión

Si bien es cierto que la libertad de prensa ha sido concebida por nuestra Constitución Nacional como un derecho individual y como una libertad esencial de la cual dependen la vigencia efectiva de los restante derechos civiles y políticos, no es menos cierto que como ocurre en la especie- cuando se publican opiniones que pueden llegar a ser discriminatorias y sexistas la prensa debería actuar con extrema prudencia. En tal sentido, es inveterada doctrina de nuestro Alto Tribunal que “…entre las libertades que la Constitución Nacional consagra, la de prensa es una de las que posee mayor entidad, al extremo de que sin su debido resguardo existiría tan solo una democracia desmedrada…” (Fallos, 248:291, 325), sin embargo, también ha reconocido que, bajo ciertas circunstancias el derecho a expresarse libremente no ampara a quienes cometen ilícitos

civiles en perjuicio de la reputación de terceros (doctrina de Fallos, 308:789; 310:508).

En el mismo sentido ha sostenido que “es incuestionable el lugar que ocupa la garantía constitucional de la libertad de expresión en nuestro ordenamiento jurídico, siendo uno de los derechos que cuenta con mayor entidad y con la máxima tutela jurisdiccional, no sólo reconocido por el art. 14 de la Constitución Nacional, sino también por los tratados y convenciones internacionales incorporados a partir de la reforma constitucional de 1994 (conf. Convención Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, Pacto de San José de Costa Rica, etc). Pero ello no significa que el periodismo quede eximido del deber de reparar los daños que en consecuencia causare, ya sea al difundir imágenes, noticias falsas o erróneas, o invadir la privacidad; pues dicha libertad no significa impunidad, debiéndose responder por los daños que pudieran provocarse en el ejercicio de aquella libertad. Además, al igual que los demás derechos, aquel no es un derecho absoluto(Doctrina de Fallos:

257:275; 258:267; 262:205).(La negrita me pertenece).

Así, nos enseña Sagüés que “La Corte argentina clasifica primero, entre las informaciones inexactas, dos categorías: las falsas, que son las engañosas, fingidas o simuladas, proporcionadas con el fin de engañar, con dolo y mala fe; y las erróneas que son fruto de una concepción equivocada de la realidad, que induce de buena fe al error. Pues bien, la información falsa produce, según la Corte responsabilidad civil…” (Sagüés, Néstor Pedro, Manual de Derecho Constitucional, Ed. Astrea, Buenos Aires 2007. Pág. 714).

La prohibición de discriminación sólo entra en contradicción aparente con el derecho a la libertad de expresión. Este último, si bien se erige como la piedra basal del sistema democrático, comparte con los demás

derechos la característica de no ser absoluto. Esto en tanto, los derechos humanos son interdependientes e indivisibles, es decir no se pueden fraccionar o priorizar unos frente a otros, sino que deben aplicarse de manera armónica, sin que el ejercicio de un derecho implique el menoscabo de otro derecho de igual valor. Estos principios han sido reconocido en inveterada jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde se ha establecido que resulta factible la posibilidad de establecer restricciones a la libertad de expresión 3 , las cuales se manifiestan a través de la aplicación de responsabilidades ulteriores por el ejercicio abusivo de este derecho 4 , en particular cuando interfiere con otros derechos garantizados por la Convención 5 . Se ha establecido que "Al desviar de su recta senda a la libertad informativa y de opinión, publicando noticias erróneas, exageradas o deformadas, se menoscaba la dignidad de la persona mediante un irrazonable tratamiento de inferioridad, como en el titular de la nota periodística objeto de la presente litis, razón por la cual su reproche en nada afecta el derecho de libre expresión aquí enunciado"(Juzgado Nacional de 1a Instancia en lo Civil Nro. 20. Conti Diana y otro c. Diario Clarín s/ amparo • 08/03/2012 Publicado en: DJ 04/07/2012, 86 . Cita online:

AR/JUR/3630/2012)

3 Cfr. Corte IDH. Caso Ricardo Canese. ”. Sentencia de 31 de agosto de 2004., pr. 95.; Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica. Sentencia del 2 de julio de 2004, pr. 120-121

4 Cfr. Corte IDH. Opinión Consultiva OC-5/85, pr. 36. FAÚNDEZ LEDESMA, Héctor. La Libertad de expresión y la protección del honor y la reputación de las personas en una sociedad democrática. Memoria del seminario “El Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos en el Umbral del Siglo XXI”. 2a Edición. Tomo I. San José. s. edit.; 23-24 de Noviembre de 1999, p. 565. BADENI, G. Libertad de Prensa. Buenos Aires. Editorial Abeledo Perrot; 1997, pp. 386-387. GROSSMAN, Claudio. La libertad de expresión en el sistema interamericano de protección de los derechos humanos. Revista IIDH. 2007 junio 9-20; 46, p. 167. H. LÓPEZ, Miguel. Términos y conceptos legales sobre libertad de expresión. Sistema Interamericano de derechos humanos y libertad de expresión en Paraguay. 2002; p. 67.

5 Cfr. Caso Kimel vs. Argentina. Sentencia del 2 de mayo de 2008, pr. 56.

En el caso que aquí se presenta, el derecho a la libertad de expresión se contrapone a mi derecho y el de todas las mujeres en nuestra sociedad, a vivir una vida libre de violencia. Ello requiere que el Estado adopte todas las medidas necesarias a tal efecto, entre ellas, sancionar a quien incurre en tal violencia.

Acerca de los términos injuriosos la doctrina ha sostenido que "Para apreciar si los hechos u omisiones son injuriosos, hay que estudiar los antecedentes del hecho, lugar, ocasión, calidad y cultura, relaciones entre ofensor y ofendido, etcétera. Sólo debe considerarse injuriosa la conducta que, con arreglo a la comunidad de que se trata, puede deshonrar o desacreditar; de tal manera que, si bien la injuria es un ataque a la estimación propia o ajena, este ataque sólo es injurioso en tanto que la estimación particular de los valores constitutivos de la personalidad y la de su ofensa coincidan con las valoraciones de la comunidad." (Kemelmajer de Carlucci, Aída, en su comentario al art.

dir. Belluscio, coord.

Zanoni; Ed. Astrea, Buenos Aires, 1994, T. V, p. 247, y sus citas). Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala L "R., R. D. c. Ibarra, Raquel • 25/07/2008. Cita online: AR/JUR/7482/2008

1089, en "Código Civil y leyes complementarias

",

Los términos injuriosos de Jorge Lanata no fueron en un ámbito privado, sino a través de medios de comunicación públicos y masivos, trascendiendo de forma tal que fueron reproducidos infinitamente por diversos canales y soportes, lo cual es claramente agraviante de mis derechos, supuesto que hace aplicable el daño moral. Como ya hemos dicho, los dichos de Lanata llevan ínsito una ofensa hacia la mujer a partir de un mensaje que implica violencia simbólica y que reproduce desigualdad en las relaciones de género y busca naturalizar un rol de subordinación de la mujer en la sociedad.

Por todo lo anteriormente considerado, cabe concluir que las afirmaciones vertidas por Lanata sobre mi vida profesional en relación con mis relaciones sexuales, a más de resultar falsas, no responden a un interés general que pudiera justificar su difusión. Sino que por el contrario, resultan discriminatorias y constituyen un supuesto de violencia de género que no puede ser tolerado por el Estado.

III.iii. Inaplicabilidad del precedente “Campillay” y existencia de real malicia conforme la jurisprudencia de la CSJN.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha determinado en el precedente “Campillay” los estándares que deben satisfacerse para que la difusión de noticias que pueden afectar la reputación de las personas no resulte jurídicamente objetable. Estos requisitos son: 1) que se haya atribuido el contenido de la información a la fuente pertinente y se haya efectuado, además, una trascripción sustancialmente idéntica a lo manifestado por aquélla; 2) que se haya reservado la identidad de los involucrados en el hecho; 3) que se haya utilizado el modo potencial de los verbos, absteniéndose de esa manera, de efectuar consideraciones de tipo asertivo (Fallos, 316:2394; 321:3170; 324:2419; 326:145 entre otros).

Como ya se ha desarrollado en el acápite sobre los hechos, las manifestaciones injuriantes de Jorge Lanata no pueden encuadrarse bajo los principios que se derivan del fallo Campillay.

Como notará V.S., los dichos del Sr. Lanata no cumplen siquiera mínimamente con los recaudos exhortados por el estándar mencionado, puesto que de sus aseveraciones resulta imposible verificar si ha existido una reproducción fiel y sustancial de dichos de terceros. En sus dichos se refiere a que mantuve una “relación cámica” sin atribuir esa supuesta

información a fuente alguna, presupuesto necesario para la aplicación del estándar, ya que ello permite determinar la existencia de una fuente identificable, de modo de transparentar el origen de la información y permitir al público relacionarlas con la causa específica que las ha generado y a las personas afectadas por la información, eventualmente dirigir sus reclamos contra aquellos/as de quienes las noticias realmente emanaron (Fallos, 316:2394, cons. 6°, 316:2416, cons. 9°, y 325:50, cons. 5°).

Sobre este punto, cabe poner de manifiesto el rol esencial que desempeñan los/as periodistas como vehículos para el ejercicio de la dimensión social de la libertad de expresión en una sociedad democrática, razón por la cual es indispensable que ejerzan con responsabilidad la función social que desarrollan. En esta línea, existe un deber del/de la periodista de constatar en forma razonable, aunque no necesariamente exhaustiva, los hechos en que fundamenta sus afirmaciones 6 . Es decir, resulta plenamente válido reclamar equidad y diligencia en la confrontación de las fuentes y la búsqueda de información 7 . Esto implica asimismo, el derecho de las personas a no recibir una versión manipulada de los hechos.

Por otro lado, el demandado ha nombrado no sólo a mi persona sino a tres personas más, identificándolos en carácter afirmativo y asertivo. Incumpliendo, de esta forma, con el segundo estándar elaborado por la Corte.

Finalmente, tampoco utilizó Lanata un tiempo potencial en sus dichos, sino que, por el contrario, habló de modo asertivo, de manera vehemente y cáustica, con el solo propósito de dañar mi buen nombre y honor.

6 Cfr. Corte IDH. Caso Kimel vs. Argentina. op. cit., pr. 79. 7 Ibídem.

En efecto en relación al postulado emanado de “Campillay” respecto del tiempo potencial, se ha dicho que: Con respecto a la utilización del modo potencial, cabe señalar que la verdadera finalidad de esa regla jurisprudencial estriba en otorgar la protección a quien se ha referido sólo a lo que puede ser (o no), descartando toda aseveración, o sea la acción de afirmar y dar por cierta alguna cosa. La pauta aludida no consiste solamente en la utilización de un determinado modo verbal -el potencial- sino en el examen del sentido completo del discurso, que debe ser conjetural y no asertivo porque si así no fuera bastaría con el mecánico

" para poder atribuir a alguien cualquier

cosa, aun la peor, sin tener que responder por ello” (conf. Fallos: 326:145).

empleo del casi mágico "sería

Así, el demandado ha usado frases como Era hija del chofer de Cafiero, por eso tenía contactos con políticos del menemismo”; “Nos decían que conseguía información porque tenía relación cámica con alguien. Con Menem o Ramón Hernández, o Kohan.” Y Gabi: hablá de la cama de Menem y no rompas más las pelotas”. Sus declaraciones contienen frases asertivas y no meras conjeturas, por lo que debe declararse inaplicable el fallo “Campillay”.

Por todo ello, y ante el incumplimiento de estas cargas procesales mínimas (Fallos, 319:3428, cons. 81) resulta a todas luces inadmisible el estándar “Campillay”, ya que no se han cumplido las pautas que impone el precedente mencionado.

Descartada que fuera la aplicación del precedente ut supra citado al caso, en razón de las deficiencias apuntadas, corresponde ahora examinar la cuestión a la luz del “test de la real malicia” reconocido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en Fallos, 326:145.

De cuño anglosajón, este estándar sostiene que tratándose de informaciones referidas a funcionarios públicos, figuras públicas o particulares involucrados en cuestiones de esa índole, aun si la noticia tuviere expresiones falsas e inexactas, los que se consideran afectados deben demostrar que quien emitió la expresión o imputación conocía la falsedad y obró con real malicia, esto es, con el exclusivo propósito de injuriar y calumniar y no con el de informar, criticar o incluso, generar una conciencia política opuesta a aquella a quien afectan los dichos (Fallos, 327:943). Se requiere pues, que las informaciones hayan sido difundidas con conocimiento de que eran falsas o con imprudente y notoria despreocupación sobre si eran o no falsas (Fallos, 320:1272).

En el presente, ya se ha dicho que sus manifestaciones son falsas, y el demandado no tuvo la mínima prudencia de verificar esos dichos.

Como ya señale, mi papá nunca fue chofer de Antonio Cafiero, hecho que, por ejemplo, Lanata podría haber verificado de manera sencilla. En relación a sus dichos de que obtenía información por tener relaciones cámicascon funcionarios del gobierno, esa afirmación es totalmente falsa, y la ha proferido Lanata en conocimiento de su falsedad, máxime cuando no ha citado fuente alguna de ello, y menos aún ha usado el verbo potencial. Como se señaló ut supra, independientemente de la falsedad de las afirmaciones vertidas por el demandado, las mismas responden a patrones estereotipados sobre la sexualidad de las mujeres, que reproducen y legitiman roles de subordinación.

Otro argumento de importancia, que resulta fundamental refutar, es que si bien soy legisladora, y, por tanto, persona pública, los hechos que me atribuye el Sr. Lanata no son una cuestión de interés público, ni mucho menos tienen relevancia institucional, toda vez que el aquí demandado, utilizó esos hechos con el sólo propósito de menoscabar mi honor,

conculcando así mi derecho al honor, a la dignidad, a la intimidad y a mi reputación.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos 8 reconoce, en sintonía con su homólogo Europeo 9 , que los límites de la crítica aceptable son más amplios cuando se trata de personajes públicos 10 , pero que esto no significa que el honor de estas personas no deba ser protegido. En el ya citado caso Herrera Ulloa la Corte IDH señaló que El control democrático, por parte de la sociedad a través de la opinión pública, fomenta la transparencia de las actividades estatales y promueve la responsabilidad de los funcionarios sobre su gestión pública, razón por la cual debe existir un margen reducido a cualquier restricción del debate político o del debate sobre cuestiones de interés público (…) En este contexto es lógico y apropiado que las expresiones concernientes a funcionarios públicos o a otras personas que ejercen funciones de una naturaleza pública deben gozar, en los términos del artículo 13.2 de la Convención, de un margen de apertura a un debate amplio respecto de asuntos de interés público, el cual es esencial para el funcionamiento de un sistema verdaderamente democrático. Esto no significa, de modo alguno, que el honor de los funcionarios públicos o de las personas públicas no deba ser jurídicamente protegido, sino que éste debe serlo de manera acorde con los principios del pluralismo democrático(Corte IDH, Caso “Herrera Ulloa vs. Costa Rica”.

8 Corte IDH. Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica; op. cit., pr. 125. 9 TEDH. Case of Dichand and others vs. Austria. Judgment of 26 February 2002. pr. 39.; Case of Lingens vs. Austria. Judgment of 8 July 1986. pr. 42. 10 Cfr. Corte IDH. Caso Apitz Barbera y otros vs. Venezuela. op. Cit., pr. 131.; Caso Kimel vs. Argentina. op. cit., pr. 88.;Caso Palamara Iribarne vs. Chile. op. cit., pr. 83-84.; TEDH. Case of Cas- tells vs. Spain. Judgment of 23 April 1992. pr. 42 y 46.; Case Handyside. Judgment of 7 December 1976. pr. 49.; Case The Sunday Times. Judgment of 26 April 1979. pr. 59 y 65.; Case Lingens vs. Austria.Judgment of 8 July 1986. párrafo 41.

Sentencia de 2 de julio de 2004, párrafos 127 y 128) (el subrayado me pertenece).

De modo análogo, prestigiosa jurisprudencia local ha sostenido“…en Morales Solá (…) quedo claro que esa protección para los medios de difusión versa respecto de temas de relevancia institucional (consid. 4°) concernientes a la figura pública. Si se trata de noticias que están fuera de esa relevancia institucional, la figura pública pasa, pues, a ser, respecto de ellos, una suerte de figura privada.” Y que “se debe recordar que noticias relativas exclusivamente a la esfera de privacidad o intimidad de un sujeto figura pública o privada-, pueden generar responsabilidad para quien las divulgue (…) Fallos, 306:1904.” (SAGÜES, Néstor Pedro, Manual de Derecho Constitucional, Ed. Astrea, Buenos Aires 2007. Pág. 715) (el subrayado me pertenece).

La jurista Zavala de González afirma, en razón de la jurisprudencia de la Cámara Civil, que: “Un tema es que un asunto reservado pierda el carácter de tal, y otra que se vulnere la reputación del aludido mediante alusiones falsas o en casos en donde no está permitida la verdad como eximente. Por eso, la eventual legitimidad de una intromisión a la intimidad no autoriza sin más agresiones al honor, sino que es menester que concurra alguna causa que de manera específica ‘también’ justifique lastimar la honra o reputación ajena, como puede ocurrir si media interés público prevaleciente. De lo contrario se impone responsabilidad por daños inferidos tanto al honor como a la intimidad (…)”. 11 Al respecto, resulta necesario destacar los antecedentes de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil que afirman que “en el caso de personajes célebres, cuya vida tiene carácter público o de personajes populares, su

11 Zavala de González, Matilde, Daños a la Dignidad, Ed. Astraea, Buenos Aires, 2011, Tº I, p. 582.

actuación pública o privada puede divulgarse en lo que se relacione con la actividad que les confiere prestigio o notoriedad, pero ese avance sobre la intimidad no autoriza a dañar la imagen pública o el honor de estas personas, y menos sostener que no tiene un sector o ámbito de vida privada protegida de toda intromisión”. Y agregan que: “Cabe hacer lugar a la acción de daños incoada contra una editorial en virtud de la publicación de una nota periodística en la cual se daba cuenta de las relaciones paralelas que habría mantenido el actor durante su matrimonio pues, aun cuando se trate de hechos verídicos, debe concluirse en que dicha información ha sido difundida con el mero designio de desacreditar, sin que medie un interés general que justifique su divulgación. La exceptio veratis no desincrimina al autor de la Injuria” y que “(…) no existe interés institucional alguno en divulgar aspectos que atañen a la vida privada de la actriz, sin relevancia social. Este tipo de actitudes importan una lesión que afecta su integridad moral y espiritual y, aun cuando se pudiera probar que no se causó en desmedro de su fama, siempre quedaría a la vista el dolor y menoscabo de la dignidad12 .

Como ha quedado demostrado, las afirmaciones del Sr. Lanata sobre mi persona no son una cuestión de interés público, ni mucho menos tienen relevancia institucional. So riesgo de sonar repetitiva, es necesario enfatizar que se trata de expresiones discriminatorias en tanto reproducen estereotipos de género, y, por tanto, no pueden ser toleradas, bajo riesgo de incurrir en una violación de derechos humanos por parte del Estado.

12 CNCiv, Sala E, 21/11/05, DJ, 2006-2-197, CNCiv, Sala K, 28/2/06, Responsabilidad Civil y Seguros”, 2006-VIII-107, CNCiv, Sala C, 28/8/2003, LL, 2003-F421. En el mis- mo sentido: CNCiv, Sala A, 14/01/2005, Responsabilidad Civil y Seguros” 2006-1352, citado por Zavala de González, Matilde, Daños a la Dignidad, Ed. Astraea, Buenos Aires, 2011, Tº I, p. 572, 573 y 582.

IV. RESPONSABILIDAD:

1) Como bien reconoce la doctrina, la responsabilidad importa un deber que, como respuesta adecuada, soporta quien ha causado un daño, perjuicio o detrimento. El responsable tiene que indemnizar a la víctima. La responsabilidad enfrenta a una pareja con intereses opuestos: víctima y victimario; dañado y dañador; a quien padece el perjuicio y a quien es agente del mismo(Mosset Iturraspe, Jorge, Introducción a la Responsabilidad Civil, en AA.VV. Responsabilidad Civil, Hammurabi, 1992, p. 21).

2) Estos intereses opuestos se relacionan con la vida en sociedad y al principio naeminem laedere que lo gobierna.

"La vida en comunidad nos exige como un precio de la convivencia soportar ciertos daños; como es verdad también que hay perjuicios que están justificados en su producción y deben ser soportados sin derecho al resarcimiento [] La idea central es que el daño, como desgracia que importa o significa para el hombre, debe ser erradicado, evitado o reparado" (Mosset Iturraspe, ob. cit. ps. 22 y 27).

3) Por lo que, la fundamentación de la responsabilidad se encuentra en el daño injustamente sufrido y existe una razón de justicia en la indemnización la que tiene también una función sancionadora para el causante de aquel.

Así lo ha entendido la jurisprudencia “Quien daña culposamente sin causa legal de justificación (esto viene de los códigos civiles decimonónicos) debe reparar el daño“Ortega, Ramón Bautista y otro c/

Telearte S. A. y otros s/ daños y perjuicios- ordinario” Sala L de la Camara Civil

4) Bien es sabido que, para la procedencia de la acción resarcitoria es necesario que confluyan tres elementos: el acto ilícito, la producción del daño relacionado con un nexo causal a la conducta antijurídica y la imputación del acto a la persona de quien se reclama el resarcimiento.

IV. i Acto ilícito

Acerca del primer elemento, el hecho antijurídico consiste en la infracción de un deber u obligación legal. En el presente la antijuricidad se configura por atribuirme acciones inexactas y falsas, agravadas por violencia de género en sus dichos, al manifestar que “tenía relaciones cámicas” con ciertas personas a las que identifica con apellido.

Estas aseveraciones por parte del demandado, que por ello derivan en un hecho ilícito, hallan su fundamento en el precepto del deber genérico de no dañar al otro o naeminem laedere. Este precepto tiene basamento constitucional a través del art. 19, y mediante el art. 75 inc. 22 con la incorporación de los tratados de derechos humanos( vg: la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) dispone en el art. 11 inc.1: “Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad", en tanto que en el mismo art. 11, incs. 2° y 3° afirma que ninguna persona puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, su familia, domicilio o correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación y recalca su derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o esos ataques.

Del relato de los hechos efectuado, de las constancias que se acompañan

y de la prueba que oportunamente se producirá, surge en forma

manifiesta la ilicitud del accionar del demandado y no cabe duda de que el mismo le es imputable.

IV. ii Producción del daño relacionado con un nexo causal a la conducta antijurídica

En cuanto al factor de atribución de responsabilidad, es clara la actitud culpable del demandado, quien ha afirmado y me ha atribuido acciones que son falsas, como se relató en el acápite sobre los hechos. Este com- portamiento se ve agravado teniendo en cuenta el rol social que como pe- riodista y comunicador cumple Lanata.

Así prevé el art. 902 del Código Civil que cuanto mayor sea el deber de actuar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor será la obligación que resulte de las consecuencia de los hechos.

Acerca de la producción de daño, se sostiene que daño es todo detrimento o menoscabo que afecte a bienes de los seres humanos con contenido económico -daño material, arts. 519 y 1069 CCiv.- o a la propia persona en su ser individual y existencial de los atributos:

persona, integridad psicofísica, privacidad, honor, honra, afectos -daño moral, arts. 522 y 1078 y concs. CCiv.- de modo que la tutela de la persona humana comprende todo lo que el sujeto tiene y todo lo que el sujeto es.

El daño debe ser cierto y no meramente eventual o hipotético, pues no

cabe otorgar indemnizaciones por daños presuntos, meras conjeturas o posibilidades. El daño es incierto cuando no se tiene ninguna seguridad

de que vaya a producirse en alguna medida y se presenta como una posibilidad más o menos remota.

La certeza o realidad del daño atañe no solamente a su existencia sino también a su composición, es decir a las circunstancias, modalidades y gravedad que puede revestir (conf. Trigo Represas, Félix A., "La prueba del daño emergente y del lucro cesante", en Revista de Derecho de Daños, "La prueba del daño", t. I, 1999, Ed. Rubinzal-Culzoni, p. 42).

En el caso del daño moral el mismo se infiere in re ipsa y se evalúa según la entidad de la afrenta. En este sentido se ha dicho que El daño moral no requiere de prueba específica, en cuanto ha de tenérselo demostrado por el solo hecho de la acción atijurídica prueba in re ipsa- y es al responsable del hecho dañoso a quien incumbe acreditar la existencia de una situación objetiva que excluya la posibilidad de un dolo espiritual” (CCivCom San Isidro, Sala III, LLBA, 2007-1064) y “El daño moral padecido en casos de lesión a derechos personalísimos surge in re ipsa del propio hecho antijurídico, sin que deba exigirse el aporte de otras pruebas, correspondiendo a la responsable la destrucción de tal presunción a través de la prueba de alguna situación objetiva que la excluya” (CNCiv, Sala B, 16/5/05, DJ, 2005-3-186).

Existe relación adecuada de causalidad entre la conducta imputable a la demandada y los padecimientos morales que he sufrido, como consecuencia de las imputaciones discriminatorias realizadas.

En nuestro sistema de responsabilidad civil el criterio para imputar causales los hechos, consiste en analizar si guardan relación causal adecuada. Por relación causal adecuada debe entenderse que los hechos guardaran relación cuando, realizando un juicio post facto, resulte claro que las consecuencias eran previsibles para los autores de los actos. Si quienes actuaron antijurídicamente, podían representarse intelectualmente la eventualidad que, a sus acciones le siguiesen los

daños sucedidos, habrá conteste la doctrina jurisprudencial prevalente relación de causalidad adecuada.

V. RESARCIMIENTO:

La Corte Suprema de Justicia ha dicho que “indemnizar es, en suma, eximir de todo daño y perjuicio mediante un cabal resarcimiento. Y ese cabal resarcimiento no se logra si el daño o el perjuicio subsiste en cualquier medida” (Fallos: 268-112; 295-157)

Cuando no existe la posibilidad de restitución o reparación in natura, “Volver las cosas al estado que tendrían si no hubiera ocurrido el hecho dañoso”, la indemnización se traduce siempre en el pago de una suma de dinero, pues “el patrimonio de la víctima debe ser restablecido cuantitativamente en sus valores menoscabados”, de modo que quede eliminada la diferencia que existe entre la situación actual del patrimonio y aquella que habría existido de no suceder el acto ilícito.

Esta diferencia constituye, en principio el daño resarcible.

V. i Daño moral.

El daño moral supone la privación o disminución de bienes que tienen un valor en la vida de la persona, y que son la paz, la tranquilidad de espíritu, la libertad individual, la integridad física, los más sagrados afectos, etc.

Para satisfacer el principio de reparación integral con un criterio de estricta justicia, corresponde al demandado el pago del daño moral (art.

1078 del Cód. Civ.) el que para una corriente doctrinaria y juris- prudencial cumple una función ejemplar y se impone al responsable del hecho a título punitivo y para otra tendencia tiene un carácter re- sarcitorio, pues con el se trata de proporcionar a la víctima una com- pensación por haber sido injustamente herida en sus afecciones legí- timas. Tanto en un caso como en el otro, la indemnización de este rubro es procedente.

Es útil recordar que, el art. 1068 del plexo normativo citado, establece que “…habrá daño siempre que se causare a otro un perjuicio…, o indirectamente por el mal hecho a su persona o a sus derechos o facultades. Así, en la nota del art. 2312, Vélez Sarfield señala que los derechos personalísimos (derechos de la personalidad) se ubican como los más importantes, separados del patrimonio; por lo que el daño a la libertad, el honor, el cuerpo de la persona, la patria potestad, las facultades, aptitudes, inteligencia y trabajo típicamente personalísmos- da lugar al resarcimiento.

Stiglitz y Echevesti, resaltan el carácter autónomo del perjuicio moral, reconociéndolo como toda alteración disvaliosa del bienestar psicofísico de una persona por una acción atribuible a otra (El daño moral, en AA.VV. Responsabilidad Civil, Hammurabi, 1992, p. 242).

La comprensión acabada y adecuada de la trascendencia y magnitud del menoscabo extrapatrimonial de la actora, frente a sucesos como los que originaron este proceso requiere dimensionar y reparar en las proyecciones de su afección moral, en relación con los distintos aspectos de su vida. Es evidente que el daño moral es uno y que el menoscabo afectivo consiste en una unidad.

Pero a fin de comprender y captar esa unidad - propia del ser humano- en toda su dimensión, resulta imprescindible considerar las distintas facetas que la componen, las distintas circunstancias y estados que conforman la vida afectiva, intelectual, volitiva y social en las cuales se proyectaba la existencia de la víctima y sobre las cuales se produjo la afectación moral.

Pues bien, sabido es que la cuantificación del daño moral no es reducible a rígidas fórmulas matemáticas, o cuantificaciones mecánicas, sino que por el contrario exige un ejercicio prudente, realista y comprometido de la ponderación judicial.

Por ello, la base de cualquier reparación razonable y aceptable del daño moral exige que el juzgador haya tomado en cuenta todas las condiciones objetivas y fácticas relevantes para comprender y ponderar adecuadamente la composición, alcance y proyecciones del perjuicio que se debe indemnizar.

El daño moral, incluye las molestias en la seguridad personal de la víctima o en el goce de sus bienes. Su reparación está determinada por imperio del art. 1078 CC y procede aunque las lesiones no hayan dejado secuelas. (C.Civ y Com Morón, Sala 2da, 6/8/96- Abud de Armani, Nélida c.Vigna, Nilo) 1997-II-síntesis.-

La reparación del daño moral tiene carácter resarcitorio. (Corte Sup. 24/8/95- Perez Fredy F c. Empresa Ferrocarriles Argentinos )1997-II,

síntesis.-

Así las cosas resultarán relevantes para intentar justipreciar este reclamo la comparación con antecedentes parecidos, con el fin de buscar en la regularidad cierta equidad relativa, pero también deberán considerarse las circunstancias particulares del caso que ameritan su recomposición en concreto y diferenciándolo respecto de otros casos de diferente circunstancias.

V. ii. El honor como bien jurídico protegido.

Como bien recuerda C. Parellada, ha destacado el Dr. Santos Cifuentes con ardor y erudición, demostrando encomiable sensibilidad, que el honor "es uno de los principales bienes espirituales que el hombre siente, valora y sublima, colocándolo dentro de sus más preciados dotes. Es una cualidad moral del ánimo, que puede ser herida, sufrir menoscabo y que suele ser defendida con el mismo ahínco, con la misma fuerza de quien se afana entre la vida y la muerte. El honor bien personalísimo es innato, con él se nace, puesto que lo

no

está supeditado a la opinión ajena o a la calificación de los demás.

Configura un íntimo sentimiento respetable en todos y en "

(Parellada, C., "Responsabilidad emergente de la denuncia

cualquiera

calumniosa o negligente", JA 1979-III-687; Cifuentes, Santos, "Los derechos personalísimos", Ed. Astrea, p. 453).

lleva el hombre formando parte elemental de su naturaleza

Este derecho personalísimo puede ser atacado y vulnerando, afectando así la reputación, como bien ha dicho D. Pissore “El honor típicamente se ataca o mancilla con imputaciones falsas, tergiversadas, maliciosas, peyorativas, que afecten negativamente la reputación” (Pissore, Diego M. “La reparación en especie a los daños a la intimidad, al honor y a la

imagen”, “Revista de Derecho Privado y Comunitario - Honor, imagen e intimidad” 2006-2, ed. Rubinzal-Culzoni, pág. 377/378; Belluscio C. - Zannoni, E., “Código Civil y leyes complementarias, Comentado, anotado y Concordado”, T.5, pág.246)

Como bien pondrá de resalto V.S. al tiempo de resolver la presente causa

es necesario poner en evidiencia que el honor tiene una esfera objetiva y una subjetiva.

Es que, el honor en su concepción, es la valoración de la personalidad ético social de un sujeto, mientras que el subjetivo puede entenderse como una autovaloración, o el aprecio de la propia dignidad; la lesión a uno u otro aspecto daña a la persona misma porque se la hiere en su propia autoestima.

Por ello, para determinar la existencia del daño moral, debe hacerse especial consideración a la lesión al derecho subjetivo y es indiscutible que a quien se lo denuncia dolosamente como ha sucedido en el caso de marras- se le produce una ofensa al honor.

Pizarro señala que el daño moral aparece con frecuencia "con mucha mayor facilidad que la del daño material; mientras que resulta delicado a veces determinar si un hecho entraña una pérdida de dinero para alguien, se descubre enseguida, por el contrario, la existencia de una ofensa al honor o a los sentimientos afectivos" (Pizarro, Daniel, "Daño moral", Ed. Hammurabi, p. 126).

Conforme lo expuesto, ponderando los antecedentes de mi parte, la clara

la

y manifiesta

animosidad

de

dañar

en

las

manifestaciones

de

demandada, y el grado de deber de obrar con el que debió manejarse Lanata y no lo hizo, corresponde establecer una indemnización por daño moral de $ 40.000 o lo que en más o en menos V.S. estime procedente.

Atento a que ha sido vulnerando mi honor, entendido este como mi dignidad personal, reputación, autoestima y fama, tanto en la consideración de terceros como en el sentimiento de la misma persona, (“SAADI LUIS ALBERTO C/MITRE BARTOLOME Y OTRO S/ DAÑOS Y PERJUICIOS”, 11/11/2011, Sala “J” Cám. Nac. Apelaciones Civil) constituyéndose por el contenido de los dichos una situación de violencia simbólica contra las mujeres, solicito se ordene la publicación de la sentencia en dos diarios de circulación nacional, y en caso de que el demandado pertenezca o participe en algún programa de radio y/o televisión a la fecha del dictado de sentencia, realice un pedido público de disculpas por los dichos injuriosos proferidos.

VI. INTERESES:

El interés deberá contabilizarse desde el mes de octubre de 2012, fecha en que se produjo la primera exposición injuriante y, consecuentemente, los daños causados.

Respecto de la tasa aplicable solicitamos que al momento de dictarse sentencia, se compute como tasa de interés, una tasa financiera de carácter activo. La caracterización como tasa activa se aplica a aquellas tasas que cobra una institución financiera para otorgar préstamos. Y como se trata de una tasa que beneficia al predisponente, se elabora teniendo en cuenta un rendimiento que igualmente mantenga el valor del capital.

Por ello solicitamos se aplique este tipo de tasas para evitar la pérdida del valor adquisitivo de nuestra moneda, como mecanismo que mantenga al capital reclamado inalterable hasta el momento del efectivo cobro del crédito por nuestros mandantes. A tal efecto planteamos la inaplicabilidad e inconstitucionalidad del plenario “Alaniz, Ramona Evelia y otro c/ Transportes 123 SACI interno 200 s/ Daños y Perjuicios” dictado con fecha 23 de marzo de 2004.

VII. OFRECIMIENTO DE PRUEBA:

Esta parte ofrece la siguiente prueba:

VII.1.- PRUEBA DOCUMENTAL

a) Anexo 1, antecedentes documentales

b) Anexo 2, Audio del programa de Radio Mitre "Lanata Sin Filtro" del día 9/10/2012.

c) Anexo 2, Audio del programa de Radio Mitre "Lanata Sin Filtro" del día 23/10/2012

Para el caso de desconocimiento de la prueba documental agregada a au- tos dejo propuesta la prueba pericial correspondiente a fin de determinar la veracidad de la misma.

VII.2.- PRUEBA INFORMATIVA:

Se libre oficio a las siguientes entidades:

1) Diarios y otros que estén citados en el informe;

Se cite a:

1) Sandra Chaher, de profesión periodista, domicilio Thames 863, Dpto.

3, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

VII.3.- PRUEBA DE CONFESIÓN:

Se cite a los demandados en forma personal o a sus representantes legales a absolver posiciones en los términos del art. 404 y ss del C.P.C.C.N. a tenor del pliego que oportunamente se acompañará. Se formula expresa reserva de proceder en el acto de la respectiva

audiencia a interrogar al absolvente en los términos del art. 415 del

CPCCN.-

VIII. COMPETENCIA:

V.S. resulta competente para entender en estas actuaciones en razón del art. 43 del reglamento para la Justicia Nacional según ley 24.290.

IX. AUTORIZACIONES:

Autorizamos a la

, a consultar el expediente, dejar nota, presentar y

retirar escritos y copias, diligenciar oficios, mandamientos, cédulas y exhortos, realizar extracción de fotocopias y todo otro trámite de estilo.

Dra. Alejandra Iriarte y a Gabriela Rojas, Natalia Garay

y Daniela Poblete

X. RESERVA DEL CASO FEDERAL:

El derecho que legitima a esta parte se funda en el sistema de derechos fundamentales consagrados en la Constitución Nacional, por cuanto se encuentran en juego derechos de raigambre constitucional (arts. 1, 14,

14 bis, 16, 17, 18, 19, 30, 31, 33 y pactos internacionales 75 inc. 22). De tal modo que, para el hipotético supuesto que no se hiciere lugar a los postulados que fundan el presente, se formula la expresa reserva de recurrir, en la emergencia, ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación en base a lo prescripto por la Ley 48, toda vez que dicha supuesta decisión acarrearía la violación a las cláusulas de la Constitución Nacional invocadas.

A su turno, se entiende que el no acogimiento de la pretensión deducida, se convertiría en la hipótesis en una derivación no razonada del derecho vigente, lo que acarrearía la tacha de arbitrariedad, por lo que, a todo evento, se formula también el pertinente resguardo de la cuestión constitucional, ya que la sentencia que adolecería del vicio de arbitrariedad, lesionaría los derechos y garantías fundamentales contenidos en la Constitución Nacional en los arts. 14 a 43 inclusive, y la garantía innominada a la no arbitrariedad, que junto con la exigencia de racionalidad para todos los actos del gobierno republicano se encuentran regulados en los arts. 33 y 1, respectivamente de la Constitución Federal de los argentinos.

XI. ACREDITA VIA LEY 26.589:

Se adjunta a la presente, acta que dio por concluida la instancia de mediación obligatoria previa al inicio de todo proceso judicial, en los términos de la ley 26.589.

XII. TASA DE JUSTICIA:

A los efectos de oblar la tasa de justicia, se ha procedido a realizar la liquidación tomando en consideración el monto pretendido de Pesos cuarenta mil ($ 40.000.-), correspondiendo abonar la suma de Pesos mil doscientos ($ 1.200.-) (3%) en tal carácter.

XIII. PETITORIO:

Por lo expuesto, solicitamos a V.S.:

1. Se nos tenga por presentados, por parte, por denunciado el domicilio real y constituido el especial.

2. Se tenga por interpuesta la demanda, acompañada la prueba documental, ofrecida la restante y se corra traslado de las mismas.

3. Se tengan presentes las autorizaciones concedidas.

4. Se tenga por cumplido con los bonos impuestos por el art. 51 inc. d) Ley 23.187.

5. Se tenga por paga la tasa de justicia, en los términos del art. 13 inc. a) de la Ley 23.898.

6. Se tenga presente la reserva del caso federal efectuada.

7. Oportunamente se dicte sentencia haciendo lugar a la demanda incoada, con expresa imposición de costas.

Proveer de conformidad, SERÁ JUSTICIA.