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V.

EL SEMBRADOR Y LA SIMIENTE - Actualidad

Lunes, 30 de agosto de 2010 - josemari20 46 10 visualizaciones

El saborear la felicidad, para algunos casos, no significa perdurabilidad. Hay seres en esta vida que, en un momento dado, "tiran" los años de
matrimonio, sean los que fuesen, con tal de pensar que en el futuro, con su nueva pareja, les irá muchísimo mejor.

¿Es así?

Así es cuando la metamorfosis del panorama comparece ante los radiantes sistemas del bello fluir. Cuando el éxtasis no sólo hace en nosotros
presencia, sino también morada. Morada eterna, morada vaga, en que nada nutre nuestros intelectos del bello fluir. Fluir, que acontece en un
instante, en un momento que para nosotros representa la culminación de grandes luchas e infortunios.

¿Por qué la Humanidad se enfrasca en estos avatares? Porque piensa que, sin ello, no puede perdurar. En las mentalidades de la gente existe un
único propósito: ser feliz. Unos, basan esta felicidad en el conjunto de operaciones que remarquen en la existencia la probabilidad de que el
amor es eterno, duradero durante todos y cada uno de los días del hermoso existir. Otros, por el contrario, ven facetas anteriores que no les
dejan entrever la hermosa realidad: ser feliz con la persona que eligieron en el principio de sus propias existencias. Y es por ello, vale la pena
precisar, que se debaten los pensamientos en un momento de decisión que representa para la realidad vital: la persistencia. El diálogo es la
mejor arma para fortalecer cualquier relación.

Sin la existencia del diálogo se evapora la confianza. Y sin confianza, no existe entendimiento. Y desde luego y sin lugar a dudas, sin
entendimiento no se fortalece la comprensión. Hay frutos en la existencia de la viña que no se pueden recoger, porque aún no están maduros. Y
tendrán que pasar plantaciones enteras para cerciorarte que, en verdad, es factible la felicidad. En un mundo donde existen grandes injusticias
es impropio deducir que, sin felicidad, no se logra nada. ¿Y qué hay de aquellos seres que jamás han llegado a saborearla? El vino en las bodegas
permanece, aunque la viña descanse. Y si el vino de las bodegas se va agotando, la viña volverá a producir sus frutos dependiendo de la lluvia el
que, si ha sido bondadosa, necesitemos de más barriles en nuestras bodegas para que puedan ser contenidas las amplias variedades del buen
vino.

Más todas las uvas no se recogerán en un solo día, pues habrá uvas más maduras que otras; y el vino añejo es el mejor. El vino que se saca de la
mejor uva es el que guardamos para que, pasado un tiempo, los barriles maduren el vino que en ellos se contienen. Y habrá barriles de un
tiempo y de otro tiempo, dependiendo no sólo del año de la cosecha, aunque sea fundamental, sino también del tiempo de curación: ese tercer
tiempo que lima todas las asperezas, cuando la uva viene de buena tierra.

Luego hay que dejar a la tierra descansar, para darnos cuenta de lo que pueda suceder o no suceder. Ha de venir de nuevo la lluvia que nos
atestigüe el tiempo de madurez de la viña. Si los tiempos son secos, se darán otros tipos de vino. Por eso, no sólo del año depende la acidez del
vino, sino también del tiempo de curación conteniéndose en los barriles, hasta lograr ese punto que no se consigue si no es a través de muchos
años de perseverancia; encontrando luego, a través de la búsqueda de los primeros tanteos, el buen vino, cuando éste se encuentre a punto.

Como el buen vino, Dios habita en nosotros como ha habitado en Abraham, Isaac y Jacob. Es Dios de vivos. Y nosotros vivimos por la sangre de
Jesucristo inmolado en la cruz. Jesús es el manantial de agua viva de cuya roca brotó para saciar la sed de los conducidos por Moisés a la Tierra
prometida. El agua que ahora se nos da, por medio de Jesucristo, verdadero Hijo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, es agua
vivificante que lleva a vida eterna; porque por Él, por Jesucristo, ya no somos muertos, sino que hemos resucitado en Él y por Él, para que sea
cumplida la gracia y misericordia de Dios Altísimo en los Cielos, quien ofreció a Su Hijo Unigénito para salvación de la Humanidad y así no se
pierda en tinieblas, y todos sus caminos sean verdaderos y avanzan en la Luz Eterna que brilla siempre por los siglos de los siglos, anidando los
corazones en un bien común de hermandad, fraternidad y caridad entre los hermanos que conforman la Humanidad. Perpetuamente establecida
esta Alianza, de una vez para siempre, por intercesión de Jesucristo ante el Padre, se logra establecer el vínculo de Paz y Armonía Celestial.

Vengamos a ver la Gran Obra de Dios: a través del Universo ha configurado una casa para poder habitar con Sus Ángeles, Querubines, sentado a
Su Trono. Y, a Su derecha, Jesucristo, discípulo de la Paz, fiel conocedor de la Obra de Su Padre, desde cuando era Verbo antes de que el
mundo fuese, ya estaba con el Padre.

Anidados en la esperanza de ser coopartícipes de Jesucristo en el Reino de Dios, nuestra misión consiste en seguir los pasos de Jesús y sufrir las
vejaciones que Él sufrió, para que seamos purificados en la esperanza de la caridad.

Jesucristo cargó con nuestras cargas y nuestras penalidades, haciendo la Voluntad del Padre. El misterio que ahora s nos presenta es éste: si
Jesucristo, siendo Hijo de Dios y serle conferido tanto poder bajo el escabel de Sus pies, no vino como el primer Adán sino que perpetuó la
Alianza y permaneció sin mancilla y libre de pecado.

En esto conocemos los que son de Dios: que reconozcan en lo más profundo de su corazón que Jesucristo es Hijo de Dios.

Del Monte de Sión vendrá un Libertador que hará linaje eterno.

Como por el primer hombre vino el pecado, por el que es principio y fin de todas las cosas, Jesús, el Mediador de la Nueva Alianza, cuya
aspersión de la sangre es Él mismo, el Espíritu Santo se hace vivificante a través de la sangre y el agua, y unidos todos los corazones en un bien
común, comulgan con la idea Divina de Salvación.

Somos peregrinos guiados por el Perfecto Guía, por el Guía Eterno, Jesucristo, de quien podemos beber el agua que nos dará más sed; y no
solamente agua, sino aspersión de la sangre que habla mejor que la de Abel.

Porque ha sido inmolado un cuerpo y ya no se ofrecen cabritos ni ovejas; y ha sido inmolado una vez para siempre.

Paz a vosotros portadores del Mensaje Eterno manifestado por Jesucristo, Salvador de los Cielos y de la Tierra, y de todos cuantos en ella
habitan: nada se mueve sin la Voluntad de Dios. Ni un solo pelo de nuestra cabeza faltará.

Anunciad la Buena Nueva del Reino: Jesús, el llamado Cristo, venció al mundo y el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. Luchamos con un
mundo vencido y el príncipe no habita en los que en Él creen: que fue resucitado de los muertos por Obra del Altísimo, y sentado a Su Diestra.
He aquí que llega la hora y ya está cerca en que el Hijo del Hombre vendrá con potente voz y gran estruendo para los que no le conocieron. Los
que sin conocerle, creyeron en Él. El Hijo del Hombre vendrá a hacer un lugar en la Morada que tiene cerca del Padre.

Levantad vuestras almas al Cielo y glorificad al que s eterno, Jesucristo, quien intercede ante el Padre por los que Le Aman.

Ama a Jesucristo quien ama al prójimo. Porque quien ve al prójimo quejarse de sus males y le dice: "vete tranquilo" y no le procura el pan, nada
hace. Así nuestro Padre Celestial hará con aquél cuando le pida Su Bendición.

Santifícalos en verdad. Para que, por la verdad, sean aceptados en Tu Nombre.

En verdad, permanece en Jesús quien hace Sus Obras. Y Obras Excelentes son del Divino Maestro y Redentor, Pastor de pastores, y hará mayores
el que en Él crea y no sea confundido. Porque la Verdad será hallada en todos aquellos que escucharon el Camino de Salvación en el Reino y
fueron salvos eternamente.

De todos los que como Abrahám, Isaac, Jacob, Abel, Sansón, David y tantos otros más que viven en el Reino de Dios, que contribuyeron escuchar
la Voz de Dios y hacer Su Voluntad, durmieron con la esperanza de la resurrección y Jesús les resucitará en el postrer día.

Y ya no será para ellos tinieblas, sino que como cuando vinieron Moisés y Elías a conversar con Jesucristo, Pedro decía: "¡Qué bueno estar aquí!".

Vemos, a través de estos seres que siempre han inmolado víctima al Señor de los Ejércitos, a Yavé Dios.

A Abrahám, por ejemplo, le fue exigido que inmolara a su hijo Isaac. Más Abrahám subió al monte con suma tristeza. Entonces el propio Dios
ofreció también a Su Único Hijo, Jesucristo, para remisión de los pecados cometidos por Adán, que le desobedeció. Y, para ello, debía
obedecerle en todo.

Moisés también quiso obedecer a Dios en todo. Y, para ello, rechazó su puesto privilegiado que pudo tener como hijo de la hija del Faraón, esto
es, nieto del Faraón del Imperio de Egipto.

Sin embargo, Moisés prefirió cargar con las culpas y, más que culpas, penalidades de su pueblo y sacarle de tan tremendo estado.

Moisés recorrió el desierto y el pueblo tras él, una vez convencido el Faraón con las siete plagas que azotó a Egipto, por medio de Dios.

Y atravesaron el Mar Rojo por la fe. Mientras lo que les perseguían se ahogaron porque no tenían fe.

Como en el misterio de la zarza ardiente que ardía sin consumirse y de la cual brotó la Voz de Dios dada a Moisés, Dios deseaba un Hombre
desde que lo creó, que le obedeciese eternamente; y Dios por recompensa le daría un Paraíso Eterno.

Más el primer hombre que se le dio, no supo permanecer por voluntad propia en ese paraíso, sino que se dejó tentar y perdió su estancia, en un
principio, eterna.

Sin embargo, Dios no acabó allí con la Humanidad. Dejó que la Humanidad procreara y se reprodujera. Dejó crecer lo bueno y lo malo de esa
Humanidad. Y lo bueno era grato a Dios.

Tampoco Moisés supo comprender a Dios. Y Aarón le traicionó y se construyó el becerro de oro.

A Jesús también le traicionaron, pero sólo el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese: "A ninguno de los que me diste perdí, si no
fue el hijo de perdición". "Más le valía no haber nacido".

O sea, a través de la Historia Sagrada de la Humanidad, Dios ha tenido confianza en los hombres que le han decepcionado. Sin embargo, ha
seguido confiando en la fe.

Adán, porque quiso ser como Él. Más Jesús no lo permitió: "El Padre es Mayor que Yo".

Cuando Moisés quebró las Doce Tablas de la Ley, lo hizo porque vio el becerro de oro.

Jesús no sirvió a dos señores: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".

Dios probó a Jesús más de una vez, para ver si era como los anteriores en quienes había depositado su confianza.

Y si no lo era, establecer con Él Alianza Perpetua.

El Camino se nos dificulta y se nos hace angosto cuando reconocemos que, por más grande que sea Dios y por más que Jesús esté Sentado a la
Diestra de Dios Padre e intercede por nosotros, somos nosotros los que tenemos que ser buenos y ser probada nuestra actitud ante Dios.

Jesús, Hijo de Dios, nos enseñó cómo hacerlo. Ahora, es un esfuerzo que corresponde a cada uno.

Y lo demuestra Jesús cuando dice: "... se anuncia el reino de Dios y cada cual ha de esforzarse por entrar en él".

O sea, no es una dádiva gratuita, sino una prenda que será dada al que más corra.

Así que, fortaleced vuestras almas y haced frente al maligno con vuestra paciencia, que si paciencia, humildad; y si humildad, caridad.

Con esto mostramos que somos Hijos de Dios; y si hijos, coherederos por Cristo en la Cruz.

Pero no con palabras sino con hechos.

Preguntamos por las sendas de antes, que el ver al hombre curvada la cerviz agrada a Dios.

Pero andad esperanzados con aliento divino y fortaleza en vuestro corazón, que si somos merecedores de tan valiosa prenda, lo somos para
glorificar a Dios.

La Ley se mantiene, pero no es la Ley nuestra salvación; sino que nuestra salvación es el que Cristo haya dado la vida por nosotros.

La Ley dice: "Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo: has esto y vivirás", dice Jesús.

Pero no solo es el vivir, sino vivir para servir a Cristo; y si a Cristo, a Dios.

Por Cristo vivo yo, porque ha dado la vida por mí; y por Cristo glorifico a Dios, porque ha dado a Su Único Hijo para salvarme a mí.

Más no solo me ha salvado a mí, sino a toda la Humanidad.


Al desobedecer Adán a Dios, fue desterrado del Paraíso y habitó en la tierra donde debía cumplir un ciclo vital y, al cabo del tiempo morir.

El aguijón de la muerte es el pecado. Más Jesús venció sobre la muerte. ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde tu victoria? "La venganza es
mía, dice el Señor".

Aunque a Jesús lo traicionaron, Él no rechazó la Voluntad del Padre: dio preceptos a sus discípulos y oró al Padre: "Glorifícame Padre, para que
donde yo esté, estés tú también".

Vivir no es el comamos y durmamos.

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