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Ciencia,,,Ahora, nº 22, año 11, septiembre 2008 - marzo 2009

CONTAMINACIÓN DE AGUAS SUBTERRÁNEAS POR


HIDROCARBUROS LÍQUIDOS LIVIANOS EN FASE NO ACUOSA
Bastián Celis Huaiquilaf
Departamento de Ingeniería Civil, Facultad de Ingeniería, Universidad de Concepción, Edmundo Larenas 215,
Barrio Universitario, Concepción (bcelis@udec.cl)

1. Introducción

Los derrames y fugas de hidrocarburos constituyen los mayores contaminantes de las aguas
subterráneas. En particular, los hidrocarburos líquidos en fase no acuosa (NAPL) presentan
una baja solubilidad en agua, se infiltran en el subsuelo y pueden alcanzar el agua subterránea
(Zhou y Blunt, 1997). Gran parte de la contaminación ocurre por fugas, derrames y
disposición de NAPL en las aguas subterráneas (Rodríguez, 2003). Estos compuestos
orgánicos representan el mayor riesgo por sus efectos en el ambiente y en la salud humana
(EPA, 2007). En Chile la contaminación por NAPL, en su conjunto, ha sido objeto de escasa
investigación.

Los NAPLs puede clasificarse en aquellos cuya densidad es mayor a la del agua (DNAPLs) y
aquellos más ligeros que el agua (LNAPLs). En la figura 1 se puede apreciar cómo se ubican
de acuerdo a su densidad. Entre los LNAPLs están los hidrocarburos derivados del petróleo
como la gasolina, el diesel, compuestos como benceno, tolueno, etilbenceno y xileno.

Fig. 1 Hidrocarburos que existen como una fase inmiscible y separada cuando entran en
contacto con el agua o el aire.

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Los LNAPL flotan sobre el nivel freático del acuífero formando capas de espesores que van de
los milímetros a los metros (a dicha fracción se le denomina fase libre). Las fases volátiles
ocupan parte de la zona vadosa y pueden incorporarse al flujo subterráneo. La fase libre
circula en la parte superior del acuífero a una velocidad por lo general menor a la del flujo del
agua subterránea. Las fases solubles de los LNAPLs formarán una pluma en la parte superior
de la zona saturada, circulando a una velocidad mayor que la fase libre.

El problema se agrava debido a que las aguas subterráneas son una de las principales fuentes
de suministro para uso doméstico y para el riego en muchas partes del mundo. De toda el agua
dulce disponible, la proporción de agua subterránea alcanza al 0,6% del total de agua del
planeta (Bolluta, 2003). Constituye a nivel mundial una gran proporción del agua utilizada y
representa aproximadamente el 20% en México, el 50% en Estados Unidos, cerca del 30% en
Canadá y aproximadamente el 70% en Europa (Mazari, 2007). En España alrededor de la
tercera parte del agua que se usa en las ciudades y la industria y la cuarta parte de la que se usa
en agricultura son aguas subterráneas (Martínez, 1998). Existen zonas en el mundo donde la
única fuente la constituyen los acuíferos locales (Rodríguez, 2003). En muchos lugares, como
en el norte de Chile, en que las precipitaciones son escasas e irregulares, son un recurso vital
y una gran fuente de riqueza.

La creciente demanda por abastecimiento de agua potable de aguas subterráneas pone de


relieve la importancia que adquiere conocer si la calidad del agua subterránea está siendo
alterada, pues esto puede repercutir a mediano y largo plazo en la salud de la población
abastecida.

Según la Comisión Nacional de Energía, en el 2002 existían en Chile mil cuatrocientos


cuarenta y dos estaciones de servicio, cifra que aumentó a mil seiscientas el 2007. De estas,
aproximadamente un tercio se concentra en la Región Metropolitana, la cual experimentó en el
periodo 2006 y 2007 una tasa de crecimiento del 3% anual y una renovación del 5% (cambio
de estanques e islas de abastecimiento). Por otra parte, se estima que los estanques de una
gasolinera pueden tener filtraciones que son muy difíciles de detectar, por las que escapan
pequeñas cantidades de líquido que se acumula durante años, hasta que su presencia es
detectada en cauces naturales. En Estados Unidos y Europa las estadísticas indican que el 85%
de las estaciones de servicio presentan filtraciones en sus estanques de almacenamiento
subterráneos (API, 2004), mientras que en Brasil esta cifra alcanza el 80% (Moschini et al.,
2005), por lo que no sería aventurado pensar que en Chile esta situación ocurre similarmente.
Las causas principales de estas filtraciones se relacionan con deficiencias estructurales,
producto de instalaciones inadecuadas de los estanques y corrosión tanto de las paredes como
de las tuberías. Un catastro realizado el 2000 en la ciudad de Santiago de Chile reveló que para
un parque de 467 estaciones de servicio, existía un alto potencial de contaminación de las
napas subterráneas debido a posibles fugas de gasolina almacenada en estanques enterrados
(Sancha y Espinoza, 2002).

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2. Composición de los hidrocarburos

Químicamente, los hidrocarburos son moléculas orgánicas compuestas por elementos de


hidrógeno y carbono, que pueden clasificarse en 5 tipos: cicloalcanos (ciclanos), alquenos,
alquinos, aromáticos y alcanos de cadena lineal o abierta. Como cualquier líquido, los
LNAPLs tienen propiedades que afectan el comportamiento de estos contaminantes en las
zonas vadosa y saturada dentro del subsuelo. Estos productos son típicamente mezclas de
multicomponentes orgánicos, compuestos de químicos con diferentes grados de solubilidad.

Gasolina

La gasolina consiste de una mezcla de hidrocarburos de bajo peso molecular (entre C4 a C10)
y aditivos químicos (API, 2004). Los hidrocarburos de la gasolina representan el 70% o más,
entre los que están los n-alcanos (butano, pentano, etc.) y los isoalcanos (isoctano,
isoparafinas), que son los dominantes; le siguen los cicloalcanos (ciclobutano, ciclopentano,
ciclohexano, cicloheptano, ciclooctano, ciclononano y ciclodecano) y los compuestos
aromáticos. Entre los compuestos aromáticos están el benceno, tolueno, etilbenceno, y xilenos
(conocidos como BTEX). Los BTEX abarcan el 20% en peso de la gasolina, con una mayor
proporción de tolueno. Los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs) no están presentes o
lo están en muy pequeñas cantidades en la gasolina, debido a su alto peso molecular y elevado
punto de ebullición; la excepción la constituye el naftaleno, que puede estar presente en un
0,5% en peso. Entre los aditivos están los éteres oxigenados: éter metil-terbutílico (MTBE),
éter etil-terbutílico (ETBE), éter metil-teramílico (TAME), éter di-isopropil (DIPE), y
alcoholes (ej. etanol, alcohol ter-butílico ó butanol, metanol).

Diesel

Son destilados que se componen de compuestos de hidrocarburos entre C10 a C20 y tienen una
mayor concentración de cicloalcanos y PAHs. En el Reino Unido, la legislación establece una
concentración de PAHs bajo el 3% (García y Martínez, 2005). Las concentraciones de BTEX
son bajas (entre 1 a 3%). Es por ello que son productos más densos, de menor volatilidad y
menos solubles, y por ende menos móviles que la gasolina Las viscosidades de estos
hidrocarburos son entre 4 a 5 veces mayores que la gasolina (API, 2004).

3. Transporte y movilidad de los LNAPLs en el subsuelo

El proceso de transporte y movilidad de los NAPLs está gobernado por una variedad de
parámetros. Entre ellos se pueden considerar las propiedades del propio LNAPL (densidad,
viscosidad, solubilidad, presión de vapor, volatilidad y tensión interfacial), las características
del suelo en el que se propagan (fuerza o presión capilar, distribución del tamaño de poros y
contenido inicial en humedad, estructura geológica de los estratos, y velocidad del agua
subterránea), y las funciones dependientes de la saturación (saturación residual y
permeabilidad relativa). También se agregan aquellas vías preferentes de migración, como
fracturas o canales de disolución, de gran importancia en el movimiento de LNAPLs en el
subsuelo.

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En la figura 2 se esquematiza un derrame de hidrocarburo desde un estanque de


almacenamiento subterráneo (UST). Cuando ocurre un derrame de LNAPL (ej. gasolina ó
diesel), éste comienza a lixiviar hacia el acuífero bajo la acción de la gravedad; a medida que
el LNAPL avanza, va quedando retenido dentro de los poros y fracturas del suelo debido a las
fuerzas capilares, lo que significa que una fracción del LNAPL quedará atrapado como
LNAPL residual, mientras el LNAPL no atrapado y móvil puede continuar migrando.
Mientras ello ocurre, se genera una pluma gaseosa conteniendo los compuestos volátiles del
LNAPL residual y del LNAPL móvil que continúa avanzando en profundidad.

Fig. 2 Dispersión de contaminantes a partir de una fuga de hidrocarburos (adaptado de API,


2004).

Si el derrame de LNAPL es de un volumen grande y constante, éste atravesará la zona vadosa


hasta llegar a napa de agua donde el avance vertical del LNAPL es finalmente detenido. Aquí
la masa de LNAPL presiona contra el obstáculo que le ofrece la napa de agua, y el LNAPL se
desparrama lateralmente moviéndose siempre en la dirección del flujo de agua subterránea.
Junto con ello, comienza a formarse una pluma de compuestos disueltos, a partir de un
mecanismo de disolución, en que los contaminantes del LNAPL emigran de la fase inmiscible
a la fase acuosa. La extensión de las plumas de vapores volatilizados y compuestos disueltos

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está limitada por la presión de vapor y solubilidad, respectivamente (Kim y Corapcioglu,


2003).

Migración de la pluma disuelta a través de estratas poco permeables

La migración de LNAPLs es un fenómeno complejo que está influenciada por la


heterogeneidad del suelo. Por ejemplo, puede migrar lateralmente a través de vías más
permeables y movilizarse a lo largo de capas poco permeables sobre el nivel freático (Figura
3). En términos generales, incrementos en las tasas de descarga de LNAPLs al suelo,
aumentan la carga (presión) y la profundidad de penetración del contaminante en el suelo.

Fig. 3 Migración del LNAPL en presencia de capas poco permeables.

Migración de la pluma disuelta en medios fracturados

El camino que siguen los LNAPLs que son derramados e introducidos en un medio no
saturado y fracturado depende de las características del suelo o roca, tales como la densidad,
orientación, y distribución de las aberturas (figura 4).

En la mayoría de los sistemas fracturados el grado de interconectividad de la fracturas es en


extremo heterogéneo (Sale, 2001). Muchos suelos arcillosos de baja permeabilidad en la zona
vadosa, frecuentemente se comportan como si se tratase de medios fracturados, pues contienen
caminos (vías) preferentes para la migración vertical y horizontal del LNAPL (Robbins et al.,
1997).

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Fig. 4 Movimiento del LNAPL a través de un suelo fracturado.

Por otra parte, el impacto de la contaminación producida por los LNAPLs está directamente
relacionado con la composición del compuesto. Así, los compuestos BTEX (benceno, tolueno,
etilbenceno y xilenos), los cuales tienen concentraciones de vapor en fase pura mayores a 107
µg/m3, en moles conforman aproximadamente el 40%, mientras que en el diesel estos mismos
compuestos no superan el 3% (API, 2004). Quiere decir entonces que el potencial riesgo por
volatilidad es significativamente mayor para la gasolina comparado con el diesel.

Problemas ambientales de los LNAPLs

Estudios han comprobado que el benceno es un agente cancerígeno en humanos (Mazari,


2007). Por su parte, el petróleo en el suelo causa problemas ecotoxicológicos, debido al
potencial tóxico, carcinogénico y mutagénico de los hidrocarburos que lo componen (Rivera-
Cruz et al., 2004).

La contaminación por LNAPLs es uno de los problemas medioambientales más importantes


que aquejan a la industria de los hidrocarburos. Los LNAPLs afectan la calidad de las aguas
subterráneas en muchos lugares del mundo, donde el más común de los problemas es la
liberación de productos derivados del petróleo hacia las napas de agua (Newell et al., 1995).
Estos compuestos son los contaminantes más comunes en la industria del petróleo, abarcando
las refinerías, distribución, almacenamiento y estaciones de servicio.

El más usado de los éteres es el MTBE, que reemplazó al plomo en la gasolina a comienzos de
los 90 (Arambarri et al., 2004). Hasta hace poco, el MTBE llegó a representar el 85% de todos
los éteres oxigenados en EE.UU. (unos 15 billones de litros al año), mientras que el etanol
cerca del 7% (Shih et al., 2004). Los éteres se pueden introducir accidentalmente a los
ambientes sub-superficiales durante la refinación, la distribución, y el almacenaje de

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combustibles. Se ha encontrado trazas de MTBE en sedimentos adyacentes a carreteras y


centro urbanos de alta densidad vehicular y en las cercanías de estaciones de distribución de
combustibles (Sancha y Espinoza, 2002). Los derrames y las fugas de gasolina desde
estanques subterráneos plantean un mayor riesgo a los recursos de agua subterránea respecto
de los BTEX, debido a la mayor solubilidad de los éteres y su baja adsorción a las partículas
del suelo, permitiendo que viajen más lejos y más rápidamente en el agua subterránea (Shih et
al., 2004). Comparativamente, las plumas disueltas que forman los BTEX son pequeñas y
estables, mientras que el MTBE forma plumas más grandes (Falta et al., 2005). En los años 90
en EE.UU. se llegó a añadir MTBE a la gasolina en concentraciones hasta 17% v/v y en
Canadá hasta un 15% (Sancha y Espinoza, 2002). El problema del MTBE es que resiste la
biodegradación, se le ha encontrado en el agua potable, y es un cancerígeno, razón por la cual
EPA a partir de enero del 2000, urgió el monitoreo y reporte de MTBE y éteres relacionados,
presentes en el agua subterránea por filtraciones de estanques de almacenamiento subterráneo,
en todo el territorio (Halden et al., 2001). Por su parte, California y otros estados han
comenzado a plantear su gradual eliminación de la gasolina, lo mismo que los países
miembros de la Unión Europea (Shih et al., 2004).

4. Disposiciones legales

El descubrimiento de gasolina y de aditivos MTBE en las aguas subterráneas en California en


los años 80, sumado al aumento de la preocupación ambiental con respecto a la contaminación
del agua, impulsó el mejoramiento de las regulaciones ambientales en EE.UU. La reducción
de los derrames desde estanques subterráneos de acero fue rápidamente abordada mediante
regulaciones severas. Así, la mayoría de las regulaciones relativas a los tanques de
almacenamiento subterráneo (USTs) están contempladas en el Code of Federal Regulations
(CFR) de la EPA, específicamente en los estamentos 40 CFR Part 280 y 40 CFR Part 281. La
ley federal exige que a partir de 1998, todos los USTs estén protegidos contra la corrosión, el
sobrellenado, y derrames. En general, los USTs pueden ser de acero de pared doble ó de
poliéster reforzado con fibra de vidrio de alta resistencia (figura 5).

Fig. 5 USTs de plástico y acero para hidrocarburos recomendados por EPA.

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Los tanques de acero deben estar catódicamente protegidos con una capa de material con
propiedades dieléctricas, impermeable a la humedad y resistente al daño mecánico, siguiendo
los códigos y los estándares de la Steel Tank Institute, a menos que la investigación del sitio
donde se enterrarán demuestre que el tanque no será sometido al ataque corrosivo. Entre estos
materiales están las pinturas epóxicas, las capas asfálticas y las capas de poliamida. En el sitio
de emplazamiento del UST debe colocarse un film plástico de alta resistencia (Figura 6).

De manera similar, los Estados miembros de la Unión Europea, aplicando el concepto del que
contamina paga, y tomando como experiencia lo sucedido en EE.UU., impulsó nuevas
regulaciones que hacen más estrictos el transporte, manejo, y expendio de gasolina, diesel y
keroseno en las estaciones de servicio. Al igual que EE.UU., la Unión Europea permite el uso
de USTs de poliéster reforzado con fibra de vidrio, aunque los Estados miembros prefieren los
estanques de acero de paredes dobles, con anticorrosivo, especialmente Alemania. Si bien los
estudios ambientales no muestran una contaminación extensa del agua subterránea por MTBE,
los Estados miembros están ejecutando programas de monitoreo de calidad de aguas
subterráneas, junto con aplicar planes de manejo integrado de cuencas, los que deberán estar
listo a finales del 2010. Esto logrará identificar las fuentes de contaminación del agua
subterránea y facilitará el uso de instrumentos técnicos y económicos por los Estados
miembros con respecto al manejo de combustibles en el futuro.

Fig. 6 Colocación de un plástico de alta resistencia en el lugar de emplazamiento de un UST.

A nivel latinoamericano, Brasil es el que más restricciones tiene en esta materia, y aunque no
existe una legislación específica, es posible encontrar normativas en el ámbito federal, estatal
y municipal, que cautelan las aguas subterráneas, con claras reglas para el que contamina, que
incluyen la reclusión hasta 5 años. La restricción sobre ubicación de estaciones de servicios a
no menos de 150 m de lugares públicos está expresamente regulada, y sitúa en 30.000 litros la

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capacidad máxima de los USTs, medidas que sin duda apuntan a reducir el impacto de la
contaminación de suelo y acuíferos por derrames o fugas de combustibles.

En Chile la normativa relacionada con los sitios contaminados es débil todavía, por lo que no
se conoce ni la cantidad ni la ubicación de los sitios potencialmente contaminados con
LNAPLs, y tampoco los riesgos a la salud y al ambiente. La reglamentación indica que los
USTs deben estar construidos con materiales compatibles con el combustible almacenado,
como es el caso del acero soldado, pero no se menciona en la reglamentación el uso de doble
pared, ni la alternativa de usar USTs de poliéster reforzado con fibra de vidrio. La legislación
chilena tampoco contempla métodos modernos para la detección de filtraciones desde los
USTs, dejando el control a un mero chequeo manual contable basado en la venta diaria de
combustible. Chile debiera normar para que todas las estaciones de servicio que posean
estanques de pared simple, cuenten con pozos de monitoreo para la gasolina. Tampoco Chile
tiene regulaciones específicas para COVs en las estaciones de servicio, y sólo se contemplan
sistemas de recuperación de vapores para el llenado de USTs y de los vehículos, tecnologías
que en general son utilizadas por los grandes distribuidores de combustibles en el país.

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