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XVII CONGRESO LATINOAMERICANO, IX

IBEROAMERICANO, I NACIONAL – DERECHO


PENAL Y CRIMINOLOGÍA

(25, 26, 27 Y 28 de octubre de 2005 – ECUADOR)

Comisión respectiva: Comisión 1 Derechos Humanos.

Sub-comisión : e).- Corte Interamericana de Derechos


Humanos.

Título de la ponencia: “El caso Durand y Ugarte : aportes


jurisprudenciales de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos y su incidencia frente al
derecho interno peruano”

Nombre de la autora : Doris M. Yalle Jorges.

Institución respectiva : Ministerio de Justicia-Perú.

Correo electrónico de la autora : dyalle@minjus.gob.pe

dyalle2001@hotmail.com

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“El caso Durand y Ugarte : aportes jurisprudenciales de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos y su incidencia frente al derecho interno
peruano”

1.- Antecedentes.

El 14 y 15 de febrero de 1986 fueron detenidos Nolberto Durand Ugarte y Gabriel


Pablo Ugarte Rivera, respectivamente, por efectivos de la Dirección contra el
Terrorismo (DIRCOTE) bajo sospechas de haber participado en actos de terrorismo.
Fueron detenidos sin mediar orden judicial alguna ni haber sido encontrados en
flagrante delito. Se negó al señor Gabriel Pablo Ugarte Rivera el derecho de contar
con un abogado defensor, porque fue obligado a renunciar expresamente a este
derecho. Realizada la investigación policial, ambos fueron puesto a disposición del
Trigésimo Noveno Juzgado de Instrucción de Lima el 4 de marzo de 1986, cuando se
les inició el proceso penal por la presunta comisión del delito de terrorismo, para lo
cual se abrió el expediente Nª 83-86. Los señores Durand Ugarte y Ugarte Rivera
fueron trasladados por orden judicial al Establecimiento Penitenciario “San Juan
Bautista (ex – Frontón).

Los días 25 y 26 de febrero de 1986, Virginia Ugarte Rivera interpuso dos recursos
de hábeas corpus ante el Cuatrogésimo Sexto Juzgado de Instrucción de Lima, uno a
favor de su hijo Nolberto Durand Ugarte y otro a favor de su hermano Gabriel Pablo
Ugarte Rivera, en los que solicitó la protección de la integridad física, el libre acceso
a un abogado defensor y la libertad inmediata de los detenidos. Dichos recursos
fueron declarados infundados.

En el marco del Decreto Supremo Nº 012-86-IN del 02 de junio de 1986, que


prorrogaba el Estado de Emergencia en la Provincia de Lima y la Provincia
Constitucional del Callao, que otorgaba a las Fuerzas Armadas el control del orden
interno, el entonces Presidente del Perú, con motivo de los sucesos mencionados
resolvió, mediante Decreto Supremo Nº 006-86-JUS declarar zona militar restringida
bajo la competencia y jurisdicción del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas
los Establecimientos Penitenciarios de “San Juan Bautista”, “San Pedro” (Ex
Lurigancho) y “Santa Bárbara” del Callao (1).

El inicio de los amotinamientos de los internos por terrorismo en los referidos


penales en forma simultánea durante las primeras horas de la mañana del 18 de junio
de 1986, y la entrega de idénticos pliegos de peticiones a las autoridades, revelan la
existencia de un plan preestablecido y una acción coordinada de los miembros del
PCP-SL que se llevó a cabo rigurosamente por los internos de estos tres
establecimientos penales (2). Es a partir de esta fecha que el Gobierno peruano inicia a
través de las Fuerzas Armadas una serie de actividades de carácter represivo
tendientes a debelar los alzamientos carcelarios.

El 19 de junio de 1986 de produjo una intervención militar en el CRAS “San Juan


Bautista” por efectivos de la Marina de Guerra del Perú, en combinación con la
Guardia Republicana, culminó tras la rendición producida a las 14:30 horas del día

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19 de junio, con la demolición total de las instalaciones de la Unidad. El esquema de
represión aplicado y esta última medida arrojaron como resultado un gran número de
internos desparecidos, otra cantidad de muertos identificados y algunos
sobrevivientes (3).

Entre los internos desaparecidos se encontraban Norberto Durand Ugarte y Gabriel


Pablo Ugarte Rivera. Con fecha 27 de abril de 1987, la Comisión Interamericana
recibió una denuncia relacionada con dichas desapariciones. Se alegó las violaciones
a los artículos 1, 4, 5, 6, 7, 8, 25 y 27 de la Convención Americana. Son múltiples los
temas de carácter sustancial y procesal contenidos en el asunto Durand y Ugarte
tramitado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que tiene como punto
central la sentencia sobre fondo(4) donde se determina la responsabilidad
internacional del Estado peruano.

2.- Restricciones válidas de los derechos humanos: análisis del artículo 27 de


la Convención Americana.

2.1..- Normas imperativas del derecho internacional: derechos no


derogables.

La comunidad internacional ha establecido cada vez con mayor nitidez,


particularmente luego de la Segunda Guerra Mundial, la existencia de normas
imperativas de derecho internacional general(5) sancionadoras de derechos no
derogables inclusive durante el curso de una guerra internacional o durante el curso
de un conflicto armado interno. Se trata sin duda de ciertos derechos fundamentales
de la persona humana enunciados por la Declaración Universal de los Derechos
Humanos (1948) y por el artículo 3 común de las Convenciones de Ginebra (1949),
los cuales deben ser respetados por todo Estado y por todo individuo sin excepción
alguna (6).

Lo anterior, de otro lado, adquiere contornos muy precisos a la luz del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos (en adelante PIDCP) y de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos (en adelante CADH). En caso de
guerra, de peligro público o de otra emergencia, el PIDCP (art. 4) “no autoriza
suspensión alguna de los artículos (...)” (7), y el CADH (art. 27) “no autoriza la
suspensión de los derechos determinados en los siguientes artículos (...).” (8).
La lectura conjunta de ambos artículos permite afirmar, que entre los derechos
fundamentales no derogables debe considerarse: el derecho a la vida, el derecho a la
integridad personal, la prohibición de la esclavitud y la servidumbre, la prohibición
de la prisión por deudas, el principio de legalidad y favorabilidad en materia penal, el
reconocimiento a la personalidad jurídica, la libertad de pensamiento, de conciencia
y de religión, la protección a la familia, el derecho al nombre, los derechos del niño,
los derechos a la nacionalidad y los derechos políticos. Tampoco podrán suspenderse
las garantías judiciales (habeas corpus y amparo) indispensables para la protección
de los derechos no derogables.

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2.2.- Principios del debido proceso no pueden suspenderse con motivo de
las situaciones de excepción.

Durante los conflictos armados internos, el artículo 3 común de los Convenios de


Ginebra establece un núcleo intangible de derechos que coincide en lo esencial con
lo dispuesto por las convenciones de derechos humanos antes mencionadas. Así, se
prohíben respecto de las personas que no participan directamente en las hostilidades
y de los enemigos rendidos o fuera de combate, “los atentados contra la vida y la
integridad corporal, especialmente el homicidio en todas sus formas, las
mutilaciones, los tratos crueles, la tortura y los suplicios”.

Un aporte singular al núcleo intangible de derechos fundamentales de la persona


humana realiza, sin embargo, el artículo 3 común precitado. Éste ha expresamente
prohibido, durante los conflictos armados internos, la toma de rehenes y ha
establecido el derecho a un debido proceso. El debido proceso se refiere a la
prohibición “en cualquier tiempo y lugar” de “las condenas dictadas y las
ejecuciones sin previo juicio ante un tribunal legítimamente constituido, con
garantías judiciales reconocidas como indispensables por los pueblos civilizados”(9).

En el mismo sentido, sobre ambos aspectos, se ha pronunciado ulteriormente el


Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (10).

La Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha pronunciado, también


expresamente, en el sentido que los principios del debido proceso legal previstos en
el artículo 8 de la CADH no pueden suspenderse con motivo de las situaciones de
excepción en cuanto constituyen condiciones necesarias para que los instrumentos
procesales, regulados por la Convención, puedan considerarse como garantías
judiciales. Esta conclusión es aún mas evidente respecto del hábeas corpus (previsto
en el artículo 7.6) y del amparo (previsto en el artículo 25.1)” “que tienen el carácter
de indispensables para tutelar los derechos humanos que no pueden ser objeto de
suspensión”(11).

El reconocimiento por la comunidad internacional, en tanto normas imperativas del


Derecho de Gentes, de un núcleo intangible y no derogable de derechos
fundamentales propios de todo ser humano sin excepción alguna, en todo tiempo y
lugar, es un hecho históricamente reciente y de un valor inestimable para todos los
pueblos del mundo. Tales normas se fundan en convicciones surgidas del horror
vivido durante los siglos pasados, en la creencia común en que son inherentes a los
seres humanos, que fundan la igualdad radical entre los mismos, y que por ello
mismo son irrenunciables, inderogables e intangibles.

Los estados de excepción o de emergencia no son ni pueden aceptarse como el reino


de la arbitrariedad donde todo está permitido, no como la negación del Estado de
Derecho sino como una forma especial del mismo. Y aún en medio de la
inhumanidad que entrañan los conflictos armados, ellos se rigen también por normas
de humanidad mínimas que nadie, sin incurrir en responsabilidad ante su comunidad
nacional, inclusive en ciertos casos ante la comunidad internacional, puede infringir.

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3.- Derechos vulnerados por el Estado peruano por no encajar en el esquema
de restricciones válidas a los derechos humanos: análisis desde la
jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

3.1.- Límites al uso excesivo de la fuerza por parte de agentes estatales


frente a una situación inminente de peligro.

En situaciones en que la seguridad del Estado o de los ciudadanos se ve amenazada


por la violencia, el Estado tiene el derecho y la obligación de brindar protección
contra las amenazas(12) y para ello puede utilizar la fuerza letal en ciertas situaciones.
Ello incluye, por ejemplo, el uso de la fuerza letal por funcionarios encargados de
hacer cumplir la ley en los casos estrictamente inevitables para protegerse o proteger
a otras personas contra una amenaza inminente de muerte o lesiones graves (13) o
mantener por otros medios la ley y el orden cuando sea estrictamente necesario y
proporcionado. La Corte ha explicado que, en tales circunstancias, los Estados tienen
derecho a usar la fuerza “inclusive si ello implica la privación de la vida a personas.
Existen abundantes reflexiones en la filosofía y en la historia sobre cómo la muerte
de personas en tales circunstancias no genera responsabilidad alguna contra el
Estado y sus agentes”(14).

Sin embargo, excepto ante tales exigencias, el uso de la fuerza letal puede constituir
una privación arbitraria de la vida o una ejecución sumaria; ello equivale a decir que
el uso de la fuerza letal tiene necesariamente que estar justificado por el derecho del
Estado a proteger la seguridad de todos (15).

Al respecto, los medios que el Estado puede utilizar para proteger su seguridad o la
de sus ciudadanos no son ilimitados. Por el contrario, como lo especificó la Corte,
“independientemente de la gravedad de ciertas acciones y de la culpabilidad de
quienes perpetran ciertos delitos, el poder del Estado no es ilimitado ni puede el
Estado recurrir a cualquier medio para lograr sus fines”(16).

En tales circunstancias, el Estado puede recurrir al uso de la fuerza sólo contra


individuos que amenacen la seguridad de todos y, por tanto, el Estado no puede
utilizar la fuerza contra civiles que no presentan esa amenaza. El Estado debe
distinguir entre los civiles inocentes y las personas que constituyen la amenaza (17).
Los usos indiscriminados de la fuerza pueden en tal sentido constituir violaciones del
artículo 4 de la Convención y del artículo I de la Declaración(18).

Análogamente, el Estado, en sus iniciativas para hacer cumplir la ley, no debe utilizar
la fuerza contra individuos que ya no plantean una amenaza como la descrita, como
los individuos que han sido detenidos por las autoridades, se han rendido o han sido
heridos y se abstienen de actos hostiles (19). El uso de la fuerza letal de esa manera
constituiría una ejecución extrajudicial, en violación flagrante del artículo 4 de la
Convención y el artículo I de la Declaración (20).

Por último, como lo especifica la Corte Interamericana y la Comisión, el nivel de


fuerza utilizado debe estar justificado por las circunstancias (21), a los efectos, por
ejemplo, de la defensa propia o de neutralizar o desarmar a los individuos

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involucrados en un enfrentamiento armado(22). La fuerza excesiva(23) o
desproporcionada por parte de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley (24)
que da lugar a la pérdida de la vida puede por tanto equivaler a la privación arbitraria
de la vida(25).

Es preciso subrayar que, contrariamente al derecho internacional humanitario que


rige las situaciones de conflictos armados, las normas relevantes aplicables del
derecho internacional de los derechos humanos requieren que los agentes del Estado
no usen la fuerza contra personas involucradas en un enfrentamiento violento,
excepto en las circunstancias que antes se mencionaron.

Debe señalarse que ante las denuncias por las muertes acontecidas en los penales, el
21 de junio de 1986 el Gobierno peruano admitió oficialmente la posibilidad de que
en el penal de Lurigancho se hubiera cometidos “excesos en el uso de la fuerza” e
informó haber ordenado al fuero militar una investigación sobre estos hechos. El 27
de junio de ese año, el propio Alan García Pérez (ex Presidente de la República del
Perú) admitió que existían evidencias de la comisión de crímenes en el penal de
Lurigancho por parte de la Guardia Republicana y anunció el inicio de una
investigación destinada a castigar a todos los responsables de la matanza.

“Las investigaciones se llevaron a cabo en el fuero militar. En el caso del penal de


Lurigancho, la investigación realizada por una comisión especial y una vocalía de
instrucción ad hoc encontró responsabilidad en el coronel GRP Rolando Cabezas
Alarcón y otros siete miembros de la Guardia Republicana. Cabezas Alarcón
cumplió condena hasta el 16 de junio de 1995, cuando fue puesto en libertad por
aplicación de la ley de amnistía. En el caso del penal El Frontón, la Marina de
Guerra inició un proceso que fue sobreseído de manera definitiva por el Consejo
Supremo de Justicia Militar el 20 de julio de 1989 y en el que no encontró
responsabilidad penal en los miembros de la Marina de Guerra que participaron en
la debelación del motín.”(26).

En este punto, cabe analizar la necesidad y proporcionalidad de la respuesta militar


frente a la amenaza real que presentaba la actitud de los internos (27). El principio de
necesidad en el uso de la fuerza consiste en la elección, de entre diversos medios
idóneos para la consecución de un fin, del menos lesivo posible para la persona
humana. Ello determina entonces dos criterios de verificación: el de necesidad
respecto del medio utilizado, y el de menor lesividad en el ataque, llamado también
criterio de intervención mínima. Con relación a este primer aspecto, debe
considerarse que “(...) los internos presentaban una resistencia armada y tenían
rehenes en su poder. Tales circunstancias justificaban una intervención con armas de
fuego, pero sólo después de haber agotado todos los medios pacíficos y las medidas
disuasorias o persuasivas disponibles. Aun en este supuesto, las armas letales
debían utilizarse con un grado de moderación y sólo dentro de lo estrictamente
necesario. Los hechos posteriores demostraron que ninguno de estos criterios fue
tomado en cuenta al momento de la intervención en los penales. En San Pedro
(Lurigancho) no se hallaron armas de fuego en poder de los reclusos, pero se hizo
uso de fusiles de guerra, granadas y explosivos contra los internos que poseían
armas punzocortantes. En San Juan Bautista (El Frontón) los internos se

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apoderaron de dos fusiles de guerra y de una subametralladora y poseían además
armas punzocortantes y artefactos incendiarios, frente a lo cual la Marina de
Guerra hizo uso de más de un centenar de hombres armados con fusiles de guerra,
dos cañones antitanques, lanzacohetes, granadas y explosivos plásticos. El principio
de proporcionalidad en el uso de la fuerza puede ser entendido, por un lado, como la
relación adecuada entre el medio idóneo y necesario utilizado y el fin perseguido
con la intervención; y, por otro lado, como la capacidad de ponderación de bienes
jurídicos en cada caso concreto. En tal sentido, la intervención en los penales debía
enmarcarse dentro del respeto de la legalidad y del Estado de derecho, entendido
como el respeto a la vida e integridad de rehenes e internos; por lo tanto, las
medidas de fuerza aplicadas debían ser adecuadas a este fin. Asimismo, se debía
optar por medidas de fuerza que implicaran las menores desventajas posibles para
el conjunto de las personas involucradas, incluyendo los propios miembros de las
fuerzas del orden. Los hechos del 18 y 19 de junio, por el contrario, demuestran que
la exigencia del gobierno de una intervención rápida y enérgica implicó el uso de
una mayor fuerza militar, que puso en gravísimo riesgo la vida e integridad de todas
las personas involucradas y que dio lugar finalmente a un gran número de muertos y
heridos. Esta afectación de bienes jurídicos tan importantes como la vida humana y
la integridad personal se justificó en la defensa de intereses del Estado como el
orden interno y la imagen internacional del país”(28).

Tal como se reconociera en la demanda, presentada por la Comisión Interamericana


de Derechos Humanos, ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la
desproporcionalidad en el uso de la fuerza hizo al Estado peruano responsable de la
privación arbitraria de la vida de aquellas personas que fallecieron con motivo de la
demolición del penal “San Juan Bautista”, así como por la violación del derecho a la
vida en perjuicio de Nolberto Durand Ugarte y Gabriel Ugarte Rivera.

3.2.- Configuración de la violación al debido proceso y al derecho a la


protección judicial por la falta de recurso eficaz para la determinación de
los derechos.

Todas las personas tienen el derecho de acceder al sistema judicial, para que los
órganos llamados a resolver su pretensión la estudien y emitan una resolución
motivada conforme a derecho. Impedir este acceso es la forma más extrema de
denegar justicia.

Este derecho se encuentra previsto en el artículo 8.1 de la Convención Americana,


cuando se hace referencia al derecho de toda persona a ser oída para la resolución de
sus controversias, con las garantías debidas y por un tribunal competente,
independiente e imparcial.

La Corte Interamericana ha reconocido el derecho de las víctimas y de sus familiares


a acceder a la jurisdicción competente a fin de que se investiguen los actos que
lesionaron tales derechos, se determinen las responsabilidades del caso y se
establezcan las reparaciones correspondientes.

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3.2.1.- Del proceso ante el fuero militar por los sucesos acontecidos
en el Penal “San Juan Bautista”.

En el caso materia de análisis se tramitó un expediente en el Fuero Privativo Militar


relativo a la investigación de los sucesos ocurridos en el Establecimiento Penal San
Juan Bautista los días 18 y 19 de junio de 1986.

Fue a través de la dación del Decreto Supremo No. 006-86-JUS que se permitió que
el fuero privativo militar se avocase al conocimiento de estos sucesos, sin excluir de
su conocimiento al fuero común. Sin embargo, el 27 de agosto de 1986, la Corte
Suprema dirimió la contienda de competencia y resolvió que el fuero militar asumiría
el conocimiento del proceso. En ese sentido, el Segundo Juzgado de Instrucción
Permanente de Marina abrió un proceso para determinar la posible responsabilidad
penal de los miembros de la Marina que debelaron el motín. Dicha decisión fue
confirmada el 16 de junio de 1987 por el Consejo de Guerra Permanente de Marina.
El proceso fue reabierto por decisión del Consejo Supremo de Justicia Militar para
realizar diligencias que faltaban, ninguna de las cuales tenía relación con la
identificación de los detenidos. Concluyó definitivamente el 20 de julio de 1989 con
la decisión de que no había responsabilidad de quienes intervinieron en la debelación
del motín.

La doctrina nacional e internacional es unánime en sostener que el juzgamiento de


violaciones a los derechos humanos corresponde a la justicia penal ordinaria y no a la
militar, puesto que ésta última está reservada para aquellos delitos que afectan bienes
jurídicos castrenses, siendo el Poder Judicial competente para todos aquellos actos
que lesionan o ponen en peligro bienes jurídicos comunes.

La jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia del Perú, a la fecha, ha establecido


un criterio similar. La Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema de Justicia del Perú
mediante Resolución de fecha 03 de agosto del 2001, que dirimió la contienda de
competencia en el caso “Barrios Altos”, ha dicho que: “(...)la jurisdicción militar es
un orden jurisdiccional de excepción absolutamente limitado al conocimiento de los
delitos de función militar o policial , que se definen como delitos especiales propios,
no sólo por el sujeto activo-cualificado de militar o policía-en actividad o funciones,
sino por los bienes jurídicos que tutela como moralidad, orden, disciplina,
jerarquía, obediencia, propios de la instituciones militares o policiales (...)así como
por el objeto material vulnerado como los fines y funciones de las instituciones
castrenses y policiales (...)”.

Un caso a citar, asimismo, la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema de Justicia


del Perú (Competencia Nro. 18-2004), dirime contienda de competencia a favor del
fuero común en el caso Indalecio Pomatanta Albarrán. Dicha sentencia establece que
"(...) nunca puede considerarse acto de servicio la comisión de crímenes horrendos y
los atentados graves contra los derechos humanos, tal como han sido definidos por
el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional
Penal (...)”. Asimismo, esta sentencia señala que la jurisdicción militar no puede
determinarse utilizando aisladamente por razón del lugar y de la persona que comete
el delito. Por ello ratifica como elementos fundamentales del delito de función militar

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que se trate de una conducta que afecta bienes jurídicos de las Fuerzas Armadas o de
la Policía Nacional, que el sujeto activo sea un militar en actividad y que el hecho se
perpetre en acto del servicio. De esta manera éstos delitos solo pueden ser cometidos
"(...)por quien ostenta una posición de deber determinada, derivada del ámbito
estrictamente militar o policial, radicada en las funciones, organización y/o
funciones de la institución militar o policial (…)”.

De otro lado, es importante señalar que en algunas ocasiones la Corte Interamericana


se ha referido al derecho de acceso a la jurisdicción en forma general, relacionándolo
con las otras garantías del debido proceso previstas en el artículo 8 de la Convención.
Así por ejemplo, en una oportunidad la Corte Interamericana señaló que la justicia
militar de un Estado Parte (Perú) asumió una competencia que era propia de la
justicia ordinaria, lo que a su consideración implicaba una afectación al "derecho al
juez natural y, a fortiori, el debido proceso, el cual, a su vez, encuéntrase
íntimamente ligado al propio derecho de acceso a la justicia"(29). (subrayado nuestro)

3.2.2.- Derecho a un tribunal competente, independiente e


imparcial (artículo 8.1 de la Convención Americana).

El artículo 8.1 de la Convención Americana establece que toda persona tiene derecho
a ser oída, en cualquier proceso, por un "tribunal competente, independiente e
imparcial". El cumplimiento de estos tres requisitos permite garantizar la correcta
determinación de los derechos y obligaciones de las personas. Tales características,
además, deben estar presentes en todos los órganos del Estado que ejercen función
jurisdiccional. En este sentido, la Corte ha precisado que "toda persona sujeta a
juicio de cualquier naturaleza ante un órgano del Estado deberá contar con la
garantía de que dicho órgano sea competente, independiente e imparcial (...) (30).
(subrayado nuestro).

Asimismo, la Convención Americana establece que estos tribunales deben encontrase


establecidos "con anterioridad por la ley" (artículo 8.1), aspecto sobre el cual la Corte
se ha pronunciado en una ocasión. En ella la Corte consideró que el Estado
demandado (Perú), "al crear Salas y Juzgados Transitorios Especializados en
Derecho Público y designar jueces que integraran los mismos, en el momento en que
ocurrían los hechos del caso sub judice, no garantizó (a la víctima) el derecho a ser
oído por jueces o tribunales establecidos "con anterioridad por la ley", consagrado en
el artículo 8.1 de la Convención Americana". A consideración de la Corte, "esos
juzgadores no alcanzaron los estándares de competencia, imparcialidad e
independencia requeridos por el artículo 8.1 de la Convención"(31).

Es importante señalar asimismo que en una oportunidad la Corte consideró que la


falta de un tribunal competente, independiente e imparcial, constituye un factor que
determina asimismo la violación de otras garantías del debido proceso(32).

La garantía a un juez natural, presenta dos alcances: por un lado, la imposibilidad de


ser sometido a un proceso ante la autoridad de quien no es juez o que carece de
competencia para resolver una determinada controversia; y por otro, que la

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competencia de los jueces y tribunales se encuentre previamente establecida por la
ley.

Las competencias de los tribunales se encuentran previstas en las normas internas de


cada Estado. Por lo general, las normas constitucionales sólo se refieren a este tema
en el caso de la justicia militar siendo la legislación ordinaria el medio a través del
que se delimitan las competencias de los órganos con atribuciones jurisdiccionales. A
nivel internacional, el análisis de las normas internas sobre la competencia de los
órganos jurisdiccionales ha sido indispensable para abordar casos en los que la
garantía del tribunal competente ha sido afectada.

Así por ejemplo, en una oportunidad la Corte Interamericana realizó un análisis sobre
las leyes del Estado demandado (Perú) en relación a la competencia de la justicia
militar y concluyó que los tribunales castrenses "usurparon jurisdicción e invadieron
facultades de los organismos judiciales ordinarios, ya que (según la legislación sobre
el delito de terrorismo) correspondía a la Policía Nacional y al Ministerio Público la
investigación de ese ilícito y a los jueces ordinarios el conocimiento del mismo” (33).
En base a este análisis, la Corte concluyó que se había producido una violación al
artículo 8.1 de la Convención respecto a la exigencia del juez competente.

Respecto a la actividad de los tribunales militares y la competencia que en diferentes


países se les asigna para conocer y resolver determinadas materias. Si bien la Corte
Interamericana no considera contraria a la Convención la existencia de estos
tribunales(34), estima necesario tomar en cuenta determinados criterios para su
regulación a nivel interno, especialmente en lo que se refiere a la prohibición de la
competencia para juzgar a civiles.

En este sentido, la Corte Interamericana ha señalado que "la jurisdicción militar no


es la naturalmente aplicable a civiles que carecen de funciones militares y que por
ello no pueden incurrir en conductas contrarias a deberes funcionales de este
carácter"; además, "cuando la justicia militar asume competencia sobre un asunto
que debe conocer la justicia ordinaria, se ve afectado el derecho al juez natural y, a
fortiori, al debido proceso”(35). En decisiones posteriores, la Corte ha sido más
contundente en relación a este tema, al señalar que:

"(...) en un Estado democrático de Derecho la jurisdicción penal militar ha de tener


un alcance restrictivo y excepcional y estar encaminada a la protección de intereses
jurídicos especiales, vinculados con las funciones que la ley asigna a las fuerzas
militares. Así, debe estar excluido del ámbito de la jurisdicción militar el
juzgamiento de civiles y sólo debe juzgar a militares por la comisión de delitos o
faltas que por su propia naturaleza atenten contra bienes jurídicos propios del orden
militar” (36). (subrayado nuestro).

A nuestro entender, de estas decisiones se desprende un mandato a los Estados Parte


de la Convención para que modifiquen aquellas disposiciones internas que permiten
el juzgamiento de civiles por parte de tribunales militares. Excepciones como la
gravedad de los delitos o el respeto pleno del debido proceso ante estas instancias, no
aparecen en esta decisión de la Corte como justificaciones de una opción diferente.

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De otro lado, la carencia de competencia de los tribunales militares para conocer
casos relacionados con la violación de los derechos humanos también es un tema que
ha sido abordado por la Corte Interamericana, aunque de manera indirecta. A
propósito del presente caso en donde varias personas murieron durante la debelación
de un motín, la Corte señaló que "(...) [los militares] hicieron un uso
desproporcionado de la fuerza que excedió en mucho los límites de su función, lo
que provocó la muerte de un gran número de reclusos. Por lo tanto, los actos que
llevaron a este desenlace no pueden ser considerados delitos militares, sino delitos
comunes, por lo que la investigación y sanción de los mismos debió haber recaído en
la justicia ordinaria, independientemente de que los supuestos autores hubieran sido
militares o no” (37).

4.- Responsabilidad internacional del Estado por violaciones a los derechos


humanos: Breve Análisis al proceso de solución amistosa en el Perú en el
caso Durand y Ugarte y el proceso de ejecución.

4.1.- Responsabilidad internacional del Estado peruano.

Estos hechos no llegaban a constituir elementos suficientes para justificar el volumen


de la fuerza que se usó en éste y en los otros penales amotinados y que se entendió
como una confrontación política entre el Gobierno y los terroristas reales o presuntos
de Sendero Luminoso lo que probablemente indujo a la demolición del Pabellón, con
todas sus consecuencias, incluida la muerte de detenidos que eventualmente hubieran
terminado rindiéndose y la clara negligencia en buscar sobrevivientes y luego
rescatar los cadáveres. Asimismo, de las circunstancias que rodearon la debelación
del motín en El Frontón, especialmente en cuanto al uso desproporcionado de la
fuerza por parte de la Marina peruana, y del hecho de que desde hace catorce años se
desconoce el paradero de los señores Nolberto Durand Ugarte y Gabriel Pablo
Ugarte Rivera, se desprende la conclusión razonable de que éstos fueron privados
arbitrariamente de su vida por las autoridades peruanas en violación del artículo 4 de
la Convención.

El Perú también fue responsable de la desaparición forzada de Nolberto Durand


Ugarte y Gabriel Pablo Ugarte Rivera. Estuvo plenamente probado que Nolberto
Durand Ugarte y Gabriel Pablo Ugarte Rivera se encontraban en el penal El Frontón
el día de los hechos, ya que sus nombres figuraban en la lista oficial del penal y sus
familiares los habían visitado. Los familiares habían perdido comunicación con los
mencionados internos a partir del ingreso de las fuerzas de la Marina.

La Corte Interamericana conoce de la violación de derechos reconocidos en la


Convención Americana y establece la responsabilidad internacional del Estado, con
independencia de la autoridad interna que haya sido causante de la violación. De
conformidad con los principios que informan la responsabilidad internacional de los
Estados, cualquier forma de reparación que adopte el tribunal es la forma en que se
materializa la sanción al Estado demandado.

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Los efectos jurídicos de la responsabilidad internacional del Estado por violaciones a
los derechos humanos en el sistema interamericano se encuentra establecido en el
artículo 63.1 de la Convención. La interpretación corriente de los términos de este
artículo, indica que los efectos son: el Estado asume la obligación de garantía
respecto de los derecho conculcado, la obligación de reparar las consecuencias de la
medida o situación en cuestión y –por último- el pago de una justa indemnización.

Sin embargo, los informes de la Comisión y las sentencias de la Corte han adoptado
una noción amplia del concepto de reparaciones que ha permitido a ambos órganos ir
más allá del establecimiento de la responsabilidad y de la determinación de la
indemnización pecuniaria – en los casos en los que era pertinente-, y requerir una
serie de medidas adicionales- que en general están relacionadas con la garantía del
derecho conculcado o con la prevención de la recurrencia de la violación-. Entre
ellas, la obligación de investigar los hechos perseguir criminalmente a los culpables
de las violaciones de derechos humanos, y eventualmente castigarlos; también les ha
permitido establecer el derecho de los familiares de las víctimas – y de la sociedad-
de conocer el paradero de los desaparecidos, la determinación de que una persona
debe ser dejada en libertad, la determinación de que la legislación interna debe
cambiarse para adecuarse a las obligaciones internacionales del Estado(38).

De esa manera, las sentencias de la Corte no sólo contienen obligaciones pecuniarias,


sino también obligaciones que buscan restablecer el derecho vulnerado y garantizar
que en el futuro no se violaran esos derechos. Los temas más agudos es este campo
lo constituyen la obligación de investigar y sancionar a los responsables por
violaciones a los derechos humanos y de modificar la legislación interna.

Mediante Sentencia de Fondo de fecha 16 de agosto de 2000, la Corte Interamericana


de Derechos Humanos consideró que hubo graves violaciones a los derechos
humanos y resolvió declarar responsable al Estado peruano por incumplimiento de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos relativas al derecho a la vida, a la
integridad personal, garantías judiciales y protección judicial. Asimismo, mediante
Sentencia de Reparaciones de fecha 03 de diciembre de 2001, la Corte
Interamericana decidió que el Estado peruano debe pagar la cantidad de
US$125,000,00 a Virginia Bonifacia Ugarte Rivera de Durand y Nolberto Durand
Vargas, padres de Nolberto Durand Ugarte y a la vez, hermana y cuñado,
respectivamente, de Gabriel Pablo Ugarte Rivera.

4.2. Ejecución de las decisiones de los órganos de protección.

Desde el punto de vista del derecho internacional, se considera que las obligaciones
internacionales de los Estados son obligaciones de resultado, ya que dejan una
considerable autonomía a los Estados en cuanto a los medios que se deben utilizar
para alcanzar esos fines. Por ello, se considera que las sentencias de los tribunales
internacionales son obligatorias, definitivas y no ejecutivas(39). Sin embargo, ello no
sucede con las sentencias de la Corte Interamericana.

El artículo 68.1 de la Convención establece la obligatoriedad de las sentencias de la


Corte, de la misma manera lo hace el artículo 62.1; ello en todos los casos de

12
interpretación y aplicación de las normas contenidas en aquel instrumento
internacional. El carácter definitivo de las sentencias de la Corte se consagra en el
artículo 67 de la Convención que prescribe que aquellas son definitivas e inapelables.
Por tanto, las sentencias de la Corte son obligatorias y definitivas.

Entonces, tenemos que las sentencias pueden ordenar el pago de una indemnización a
la víctima de la violación (contenido patrimonial de la responsabilidad) o puede
ordenar medidas distintas a la pecuniarias. Siendo así, la Convención ha establecido
que cuando la sentencia ordena el pago de una indemnización esta se ejecutará en el
Estado parte conforme al procedimiento establecido, en el derecho interno, para la
ejecución de las sentencias contra el Estado (artículo 68 de la Convención (40)).

La práctica de la corte ha sobrepasado los criterios pecuniarios de las reparaciones;


las sentencias de la corte deben buscar establecer el derecho vulnerado y restablecer
la obligación primigenia, por lo que contempla a la vez otro tipo de obligaciones
internacionales que los Estados no cumple a cabalidad por carecer de mecanismos
procesales eficaces para tal fin. Ese es el caso del Perú, a lo que se agregó en su
momento consideraciones de tipo político, que dificultaron la ejecución de las
decisiones de los órganos del sistema interamericano de derechos humanos.

4.3.- Sobre la reparación integral.

La reparación del daño ocasionado por la infracción de una obligación internacional


requiere, siempre que sea posible, la plena restitución (restitutio in integrum), la cual
consiste en el restablecimiento de la situación anterior. De no ser esto posible, como
en el presente caso, cabe al tribunal internacional determinar una serie de medidas
para, además de garantizar los derechos conculcados, reparar las consecuencias que
las infracciones produjeron, así como establecer el pago de una indemnización como
compensación por los daños ocasionados. Esta obligación de reparar no puede ser
modificada o incumplida por el Estado obligado, invocando para ello disposiciones
de su derecho interno.

Las reparaciones, como el término lo indica, consisten en las medidas que tienden a
hacer desaparecer los efectos de las violaciones cometidas. Su naturaleza y su monto
dependen del daño ocasionado en los planos tanto material como inmaterial. Las
reparaciones no pueden implicar ni enriquecimiento ni empobrecimiento para la
víctima o sus sucesores. (Numerales 41 y 42 de la Sentencia de Reparaciones, dada
por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de fecha 03 de diciembre de
2001, en el Caso Luis Alberto Cantoral Benavides).

5.- Breve Análisis al proceso de solución amistosa en el Perú: Acuerdo de


Reparación Integral a los familiares de las víctimas del caso Durand y
Ugarte y el proceso de ejecución.
En aquellos casos en los que es evidente la responsabilidad de un Estado, es
preferible hacerlo, pues implica coadyuvar a su imagen como país cumplidor de sus
obligaciones internacionales.
5.1.- Solución Amistosa en el Perú.

13
La Convención Americana en su artículo 48.1 literal (f) establece que:

“1. La Comisión, al recibir una petición o comunicación en la que se


alegue la violación de cualquiera de los derechos que consagra esta
Convención, procederá en los siguientes términos:
(... f) se pondrá a disposición de las partes interesadas, a fin de
llegar a una solución amistosa del asunto fundada en el respeto a los
derechos humanos reconocidos en esta Convención”.

Dicha disposición es concordante con lo establecido en el artículo 41 del Reglamento


de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Los Estados partes deben un estricto cumplimiento a sus obligaciones adquiridas con
la firma de la CADH, y de otros instrumentos de Derecho Internacional de los
Derechos Humanos. En tal sentido, somos conscientes de que toda violación a una
obligación internacional constituida por medio de una acción u omisión, comporta el
deber de repararla íntegramente, en este caso, esencialmente el deber de reparar a las
víctimas el daño tanto moral como material, así como:

“(...)el deber jurídico de prevenir razonablemente, las violaciones de


los derechos humanos, de investigar seriamente con los medios a sus
alcance las violaciones que se hayan cometido dentro del ámbito de su
jurisdicción a fin de identificar a los responsables, de imponerles las
sanciones pertinentes y de asegurar a la víctima una adecuada
reparación.”. (41)

En tal virtud, el Estado responsable de violar una norma del Derecho Internacional
de los Derechos Humanos está obligado jurídicamente, entre otras cosas, a dar a las
víctimas de la violación una reparación suficiente, efectiva y rápida(42).

Este reconocimiento, ante la transgresión de una disposición de la CADH, es


importante y recomendable, pues el Estado que acepta su responsabilidad, evita su
desprestigio ante la comunidad internacional, así como el costo dinerario y el tiempo
que significa el continuar incurso en un proceso de esta naturaleza. Y si el caso es
sometido ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo alegado resulta más
oneroso, debido a que el Agente del Estado deberá acudir a las Audiencias
programadas por la Corte, lo que implica gastos por conceptos de viajes, viáticos, y
hasta de honorarios profesionales.

Así, luego de la caída del régimen de Alberto Fujimori e instaurada la democracia, el


Perú ha reconocido responsabilidad internacional en una serie de casos,
presentándose tres variables, aquellos casos en los que el Estado peruano se puso a
disposición de la CIDH para llegar a una eventual solución amistosa y aquellos en
los que la CIDH fue quien se puso a disposición de las partes de llegar a una solución
amistosa. Y finalmente aquellos casos, ante la Corte Interamericana, en los cuales el
Estado peruano consideró un allanamiento(43), aceptando responsabilidad
internacional en el Caso CDH Nº 10.009, materia de análisis, relacionado a la muerte
de Nolberto Durand Ugarte y Pablo Gabriel Ugarte Rivera.

14
Debe precisarse que el Perú ha suscrito hasta la fecha 08 acuerdos de solución
amistosa:

Casos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos


Acuerdos de Solución Amistosa
Caso Fecha de FEDADOI/ Fecha de Monto cancelado
suscripción del Sector Pago
Acuerdo de
Solución
Amistosa.
12.041 – Marina 06 de marzo del MIMDES S/. 1,000.00
Machaca Apaza. 2000
12.095 – Mariela 22/Dic/2001 FEDADOI 15/May/2 Si bien se ha establecido por
Barreto Riofano. 003 concepto de indemnización la
suma de US$ 156,923.87.00, se
ha pagado el monto de US$
78,460.00 a los padres de la Sra.
Mariela Barreto. Queda
pendiente una suma similar a
favor de sus menores hijas. Suma
que ha sido aprobada por el
pleno del FEDADOI en junio de
2004.
11.756 – Leonor La 18/Feb/2002 FEDADOI 18/Feb/2 US$ 120,000.00
Rosa Bustamante. 0
0
2
12.035 – Pablo 25/Jul/2002 FEDADOI 20/Feb/2 US$ 20,000.00
Livia Robles. 0
0
4
11.317 – Gral. Octubre/2002 FEDADOI US$ 40,000.00
Rodolfo Robles
Espinoza.

11.149 – Augusto 13/Feb/2003 FEDADOI 20/Feb/2 US$ 60,000.00


Alejandro Zúñiga 0
Paz. 0
4
12.191 – María 26/Agos/2003 FEDADOI 26/Agos/ US$ 10,000.00
Mamérita 2003
Mestanza.
12.078 – Ricardo 24/Oct/2003 FEDADOI Renunció a ser indemnizado.
Semoza Di Carlo.

Debe resaltarse que mediante Decreto Supremo Nro. 007-2005-JUS, publicado en el


Diario Oficial “El Peruano” el 17 de julio de 2005, se aprobó el “Reglamento para la
designación y desempeño de los Agentes del Estado peruano ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos”. En el segundo párrafo del artículo 2º de
dicho reglamento se ha determinado que: “(...)Los Agentes del Estado deben
propiciar, en lo posible, la vía de la solución amistosa en los procesos en trámite
ante la Corte.” Esta disposición es concordante con la política de todo Gobierno
democrático de promover y proteger los derechos humanos.

15
5.2.- Solución amistosa en el Caso CDH Nº 10.009: Acuerdo de
reparación integral a los familiares de las víctimas del caso Durand y
Ugarte.

Con fecha 26 de noviembre de 2001, el Estado peruano (44) y los representantes y


familiares de las víctimas(45) suscribieron, en el caso materia de análisis, el “Acuerdo
de Reparación Integral a los familiares de las víctimas del caso Durand y Ugarte”(46) .
Debe señalarse, que por medio de la sentencia de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos de fecha 16 de agosto de 2000, se estableció que el Estado
Peruano es responsable por la violación de los derechos humanos de Nolberto
Durand Ugarte y Pablo Gabriel Ugarte Rivera. En dicha sentencia se ordenó que el
Estado asegurará la debida investigación y sanción a los que resulten responsables,
realizar sus máximos esfuerzos por ubicar los restos de las víctimas desaparecidas y
reparar los daños producidos.

Se consideró como únicos beneficiarios a doña Virginia Bonifacia Ugarte Rivera de


Durand y Nolberto Durand Vargas, padres de Nolberto Durand Ugarte y a la vez,
hermana y cuñado de Pablo Gabriel Ugarte Rivera.

El Estado asumió el compromiso respecto de la investigación y sanción de los


responsables, a seguir impulsando activamente la investigación que se inició en la
Cuatrigésima Primera Fiscalía Penal de Lima, por el delito de homicidio, en perjuicio
de 30 personas, dentro de las que se encontraban Nolberto Durand Ugarte y Gabriel
Pablo Ugarte Rivera. Asimismo, en cuanto a la localización e identificación de los
restos de las víctimas, para entregarlos a sus familiares, mencionado igualmente en el
punto resolutivo 7) de la referida sentencia de fondo de la Corte, el Estado asumió el
compromiso de realizar diligencias concretas tendientes a establecer el paradero de
los cadáveres de Nolberto Durand Ugarte y Gabriel Pablo Ugarte Rivera.

Debe señalarse que la Fiscalía de Ejecuciones extrajudiciales para Desapariciones


Forzosas, Ejecuciones Extrajudiciales y Exhumación de Fosas Clandestinas del
Ministerio Público mediante Resolución de fecha 24 de junio de 2004 dispuso:

“TERCERO: Este Despacho Fiscal, a fin de dar cumplimiento a lo


dispuesto en las sentencias y resoluciones mencionadas, efectuó
diligencias de constatación en los cementerios donde presuntamente
habrían sido enterrados los restos de las víctimas del caso sub-judice,
tales como los de “Zapallal”, “Presbítero Maestro”, “San Bartolo”,
“Pucusana” y “Baquíjano y Carrillo”; luego de su verificación, se
realizaron diligencias de exhumación de restos humanos; (...) QUINTO:
Habiendo concluido las labores de Gabinete con estudio de Necropcia
Post-Exhumación, que comprende Estudio Radiológico, Estudio
Comparativo Antropológico, Estudio Odontoestomatológico, Estudio de
Reestructuración de Crestas Papilares para Identificación
Dactiloscópica, así como la incorporación de datos en el Sistema de
Información Fiscal para Casos Especiales del Instituto de Medicina
Legal, Estudio Complementario de Superposición Cráneo Fotográfico y

16
Reconstrucción Fiscal de los restos identificados; adicionalmente se
formaron bases diagnósticas para el estudio comparativo biológico de
identificación por ADN; SEXTO:De acuerdo con el Informe Final del
Equipo de Peritos Forenses del Instituto de Medicina Legal, se han
identificado los restos humanos (...) correspondientes a Nolberto Durand
Ugarte (...)”.

En tal sentido, mediante la citada Resolución del 24 de junio de 2004, se resolvió


“Primero: Disponer la entrega de los restos humanos identificados a sus respectivos
familiares, debidamente acreditados.” Debe señalarse que con fecha 05 de julio de
2004 se hizo entrega de los restos del que en vida fuera Nolberto Durand Ugarte a su
señor padre Nolberto Durand Vargas y su esposa(47).

Debe señalarse que con fecha 09 de julio de 2004 el Agente del Estado peruano
comunicó a la Corte Interamericana el cumplimiento de este extremo relativo a lo
dispuesto por la sentencia de fondo.

Asimismo, el Estado se comprometió a pagar la suma de US$125.000,00 (ciento


veinticinco mil y 00/100 dólares americanos) a los señores Virginia Bonifacia Ugarte
Rivera de Durand y Nolberto Durand Vargas, lo cual fue cumplido por el Estado
peruano a través de las gestiones realizadas por el Consejo Nacional de Derechos
Humanos ante el Fondo Especial de Administración del Dinero Obtenido
Ilícitamente en perjuicio del Estado (FEDADOI) (48).

Dentro de otras reparaciones el Estado peruano y los representantes y familiares de


las víctimas consideraron importante las prestaciones de salud, las de apoyo
psicológico y desarrollo interpersonal, en apoyo en la construcción de inmueble (49).
Se ha considerado las reparaciones de carácter no dinerario como una forma de
reparación integral a las víctimas y /o beneficiarios de las víctimas de violaciones de
derechos humanos.

Dentro de la conformación de Comisiones Multisectoriales constituidas para arribar a


una eventual solución amistosa se incorporan representantes de los Ministerios de
Educación, Salud y Trabajo con el fin de coordinar y viabilizar de manera integral el
cumplimiento de las reparaciones.

Es necesario que, participe la entidad estatal generadora de la violación de derechos


humanos ya que tiene la representación para suscribir el acuerdo de solución
amistosa, pues es conveniente para asegurar un estricto cumplimiento. Es
recomendable que, también formen parte de estas Comisiones las entidades estatales
que no son generadoras de violaciones de derechos humanos pero que sí pueden
coadyuvar a la solución del caso. Podemos agregar que, también pueden coadyuvar a
la solución del caso especialistas de Sectores no generadores de la violación de
derechos humanos, así como se puede convocar a expertos en calidad de asesores.

Debe quedar claro que una reparación integral constituye una responsabilidad y
deber del Estado, a fin de restituir derechos ciudadanos a quienes fueron afectados.

17
6.- Conclusiones:

6.1.- Un Estado, en sus iniciativas para hacer cumplir la ley, no debe utilizar la fuerza
contra individuos que ya no plantean una amenaza como la descrita en el presente
caso, como los individuos que han sido detenidos por las autoridades, se han rendido
o han sido heridos y se abstienen de actos hostiles. No cabe admitir que el poder
pueda ejercerse sin límite alguno o que un Estado pueda valerse de cualquier
procedimiento para alcanzar su objetivos, despreciando la dignidad humana.

Mas allá de toda duda razonable, el Estado peruano tenía el derecho y el deber de
garantizar la seguridad de los ciudadanos y propiamente la suya; sin embargo, de
haberse producido una incursión legalmente y con respeto a la dignidad de las
personas, tal circunstancia no hubiera producido para el Perú responsabilidad alguna.

6.2.- La doctrina nacional e internacional es unánime en sostener que el juzgamiento


de violaciones a los derechos humanos corresponde a la justicia penal ordinaria y no
a la militar, puesto que ésta última está reservada para aquellos delitos que afectan
bienes jurídicos castrenses, siendo el Poder Judicial competente para todos aquellos
actos que lesionan o ponen en peligro bienes jurídicos comunes. La jurisdicción
militar no es la instancia apropiada y por lo tanto no brinda un recurso adecuado para
investigar, juzgar y sancionar violaciones a los derechos humanos.

6.3.- La investigación en el fuero militar no tuvo como objetivo investigar la


comisión de los hechos y determinar la responsabilidad de los autores sino la de
obtener una resolución de impunidad, y la de impedir el inicio en el Poder Judicial de
una indagación seria por un tribunal competente, independiente e imparcial.

6.4.- La Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Comité de Derechos


Humanos de la Organización de las Naciones Unidas y otros órganos de control
internacional, se han manifestado uniformemente respecto de las graves implicancias
que tiene la falta de sanción de graves violaciones a los derechos humanos. Esta
omisión implica, además, una violación adicional del derecho a la tutela judicial que
tiene cualquier ciudadano que se sienta violado en sus derechos.

6.5.- Las víctimas de ejecuciones arbitrarias, sumarias o extrajudiciales tienen


derecho a una compensación adecuada por la violación o transgresión cometida. El
otorgamiento de la compensación es independiente de la obligación adicional que
como Estado corresponde de investigar y sancionar a los culpables.

6.6- El reconocimiento de responsabilidad internacional, ante la evidente


transgresión de una disposición de la Convención Americana, es importante y
recomendable, pues el Estado que acepta su responsabilidad, evita su desprestigio
ante la comunidad internacional, así como el costo dinerario y el tiempo que significa
el continuar incurso en un proceso de esta naturaleza.

6.7.- El Estado peruano en su segundo párrafo del artículo 2º del nuevo “Reglamento
para la designación y desempeño de los Agentes del Estado peruano ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos” ha determinado que los Agentes del Estado

18
deben propiciar, en lo posible, la vía de la solución amistosa en los procesos en
trámite ante la Corte. Disposición concordante con la política de todo Gobierno
democrático de promover y proteger los derechos humanos.

27 de agosto de 2005

Doris M. Yalle Jorges

NOTAS

19
Informe Confidencial Nro. 15/96 relativo al Caso 10.009-Perú. Aprobado por la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su 91º Período de Sesiones
relativa a la Sesión Nº 1298 celebrada el 5 de marzo de 1996. Página 2.
2
Informe Final de la Comisión de la Verdad, Tomo VII, presentado el 28 de agosto
de 2003. Página 164.
3
Ibid.
4
La Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante la Corte o la Corte
Interamericana) emitió cuatro tipos de sentencias sobre este caso: a) Sentencia de
Excepciones Preliminares, de 28 de mayo de 1999; b) Sentencia sobre fondo, de 16
de agosto de 2000; c) Sentencia sobre Reparaciones, de 3 de diciembre de 2001; y, d)
Resolución de Cumplimiento de sentencia, de 27 de noviembre de 2002.
5
El Comité de Derechos Humanos, Observación General N° 29 sobre “Los Estados
de Emergencia”, párr. 13, literales a) y b), califica los derechos no derogables como
establecidos por “una norma de derecho internacional general cuya aplicación no
puede ser objeto de suspensión”, in Interpretación de las normas internacionales
sobre derechos humanos. Observaciones y recomendaciones generales de los
órganos de vigilancia de los tratados internacionales de derechos humanos de las
Naciones Unidas, Bogotá, Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las
naciones Unidas para los Derechos Humanos, p. 151
6
La Corte internacional de Justicia en el caso Barcelona Traction de 1970, afirmó:
“las obligaciones de las cuales se tratan son obligaciones erga omnes”, las cuales “
[...] provienen por ejemplo, en el Derecho Internacional contemporáneo, de la puesta
fuera de la ley de los actos de agresión y de genocidio, pero también de los principios
y las reglas sobre los derechos fundamentales de la persona humana, incluida la
protección contra la práctica de la esclavitud y la discriminación racial. Los derechos
de protección correspondientes están integradas al Derecho Internacional general.”
Cf. Barcelona Traction, Light and Power Company, Limited, arrêt, C.I.J., Recueil
1970, párr. 33 y 34. Véase también “Activités militaires et paramilitaires au
Nicaragua et contre celui-ci”, arrêt du 27 juin 1986, C.I.J., Recueil 1986, par. 220. En
la Opinión consultiva sobre la licitud de la amenaza o el empleo de armas nucleares,
de 8 de julio de 1996, la CIJ afirmó respecto del Derecho Internacional Humanitario:
“Estas reglas fundamentales se imponen, de otro lado, a todos los Estados, que hayan
o no ratificado los instrumentos convencionales que las expresan, porque ellas
constituyen principios inviolables de Derecho Internacional consuetudinario”, en
C.I.J., Recueil, 1996, párr. 79.
7
ONU: Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 4: “1. En
situaciones excepcionales que pongan en peligro la vida de la nación y cuya
existencia haya sido proclamada oficialmente, los Estados Partes en el presente Pacto
podrán adoptar disposiciones que, en la medida estrictamente limitada a las
exigencias de la situación, suspendan las obligaciones contraídas en virtud de este
Pacto, siempre que tales disposiciones no sean incompatibles con las demás

20
obligaciones que les impone el derecho internacional y no entrañen discriminación
alguna fundada únicamente en motivos de raza, color, sexo, idioma, religión u origen
social.
2. La disposición precedente no autoriza suspensión alguna de los artículos 6, 7, 8
(párrafos 1 y 2), 11, 15, 16 y 18.[...]”
8
OEA: Convención Americana de Derechos Humanos, artículo 27: “1. En caso de
guerra, de peligro público o de otra emergencia que amenace la independencia o
seguridad del Estado parte, éste podrá adoptar disposiciones que, en la medida y por
el tiempo estrictamente limitados a las exigencias de la situación, suspendan las
obligaciones contraídas en virtud de esta Convención, siempre que tales
disposiciones no sean incompatibles con las demás obligaciones que les impone el
derecho internacional y no entrañen discriminación alguna fundada en motivos de
raza, color, sexo, idioma, religión u origen social.
2. La disposición precedente no autoriza la suspensión de los derechos determinados
en los siguientes artículos: 3 (Derecho al Reconocimiento de la Personalidad
Jurídica); 4 (Derecho a la Vida); 5 (Derecho a la Integridad Personal); 6 (Prohibición
de la Esclavitud y Servidumbre); 9 (Principio de Legalidad y de Retroactividad); 12
(Libertad de Conciencia y de Religión); 17 (Protección a la Familia); 18 (Derecho al
Nombre); 19 (Derechos del Niño); 20 (Derecho a la Nacionalidad), y 23 (Derechos
Políticos), ni de las garantías judiciales indispensables para la protección de tales
derechos (...)”
9
El artículo 3 común de los Convenios de Ginebra, en el marco del DIH debe
entenderse según el enunciado formulado por el artículo 6 del Protocolo Adicional II
a estos mismos convenios. Entre otros aspectos, el artículo 6 establece que el tribunal
legítimamente constituido debe, inter. alia, ofrecer “las garantías esenciales de
independencia e imparcialidad” así como “todos los derechos y medios de defensa
necesarios”. (Junod 1986:1421)
10
Véase la Observación General N° 29 (2001) sobre “Los Estados de Emergencia”,
párr. 13, literal b, y párr. 16, en Interpretación de las normas internacionales sobre
derechos humanos. Observaciones y recomendaciones generales de los órganos de
vigilancia de los tratados internacionales de derechos humanos de las Naciones
Unidas, Bogotá, Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las naciones Unidas
para los Derechos Humanos, p. 151 y 153.
11
Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión consultiva OC-9/87, 6 de
octubre de 1987, párr. 30 “Garantías judiciales en estados de excepción (artículos
27.2, 25 y 8 de la Convención Americana de Derechos Humanos)” (corchetes
agregados). Véase también las opiniones consultivas OC-8-87 de 30 de enero de
1987 “El Hábeas Corpus bajo suspensión de garantías (artículo 27.2, 25.1 y 7.6 de la
Convención Americana de Derechos Humanos), y OC-06/86 de 9 de mayo de 1986
“La expresión ‘leyes’ en el artículo 30 de la Convención Americana de Derechos
Humanos)”. La Corte, finalmente, agrega que, además de lo expresado, “existen
otras garantías que resultan del artículo 29.c de la Convención” relativo a normas de
interpretación, concluyendo que “el principio de legalidad, las instituciones

21
democráticas y el Estado de Derecho son inseparables”. Opinión Consultiva, OC-
9/87, 6 de octubre de 1987, párr. 34 y 35
12
Caso Neira Alegría, nota 6, supra, párr. 75; Corte IDH, Caso Velásquez
Rodríguez, Sentencia del 28 de julio de 1988, Serie C Nº 4, párr. 154; Corte IDH,
Caso Godínez Cruz, Sentencia del 20 de enero de 1989, Serie C Nº 5, párr. 162.
Véase también Caso 11.291, Informe N° 34/00, Carandiru (Brasil), Informe Anual de
la CIDH 2000, párr. 62.
13
Por ejemplo, el artículo 9 de los Principios Básicos de la ONU sobre el Empleo de
la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la
Ley especifica que éstos "no emplearán armas de feugo contra las personas salvo en
defensa propia o de otras personas, en caso de peligro inminente de muerte o lesiones
graves, o con el propósito de evitar la comisión de un delito particularmente grave
que entrañe una seria amenaza para la vida, o con el objeto de detener a una persona
que represente ese peligro y oponga resistencia a su autoridad, o para impedir su
fuga, y sólo en caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para
lograr dichos objetivos. En cualquier caso, sólo se podrá hacer uso intencional de
armas letales cuando sea estrictamente inevitable para proteger una vida”. Principios
Básicos de la ONU sobre el Empleo de la Fuerza y las Armas de Fuego por los
Funcionarios encargados de hacer cumplir la Ley, Octavo Congreso de la ONU
sobre la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente, La Habana, 27 de
agosto de 1990, ONU Doc. A/CONF.144/28/Rev.1, 112 (1990).
14
Caso Neira Alegría, nota 6, supra, párr. 74.
15
Ver Convención Americana sobre Derechos Humanos, nota 61 supra, artículo 32.
Ver también Caso Chumbivilcas, nota 247 supra, pág. 149.
16
Caso Neira Alegría, nota 6, supra, párr. 75. Caso Velásquez Rodríguez, nota 249,
supra, párr. 154. Véase también Caso Godínez Cruz, nota 249 supra, párr. 162.
17
Caso Ignacio Ellacuria, S.J. y Otros, nota 189, supra, párrs. 158-169. Véase
también Caso Fuentes Guerrero, nota 189 supra, párrs. 33-34 y 43; Caso Bustios
Saavedra, nota 189 supra, párrs. 58-63. Véase también Meron, The Humanzation of
Humanitarian Law, nota 189 supra, pág. 272.
18
Caso Arturo Ribón Avila, nota 170 supra, párr. 159, en que la Comisión, aunque no
basó sus conclusiones en este principio, hizo referencia al hecho de que el uso
indiscriminado de la fuerza podría constituir una violación del artículo 4.
19
Caso Abella, nota 73 supra, párrs. 204, 218 y 245, en que la Comisión consideró
que la muerte de personas que habían participado en ataques contra cuarteles
militares pero posteriormente se habían rendido, constituía una violación del artículo
4. Véase también el Caso Arturo Ribón Avila, nota 170 supra, parrs. 134 y
siguientes y 159 y siguientes, en que la Comisión llegó a la conclusión de que
constituía una violación del artículo 4 el hecho de matar personas que habían
participado en un enfrentamiento armado con las fuerzas de seguridad pero que
posteriormente se habían rendido, habían sido arrestadas o heridas y ya no

22
participaban en el enfrentamiento armado. Las personas que han caído en poder de
la parte adversaria (las autoridades, en los casos de disturbios internos o conflictos
armados internos), se han rendido o han resultado heridas y se abstienen de actos
hostiles y de huir, también constituyen combatientes hors de combat de acuerdo con
el derecho internacional humanitario, según se explica más adelante. Véase también
el Caso Fuentes Guerrero, nota 189 supra, párrs. 33, 34 y 43. Véase también
Carandiru, nota 249, supra, párrs. 63, 67 y 91.
20
Véase, por ejemplo, el Caso Arturo Ribón Avila, nota 170 supra, párrs. 159 y
siguientes. Véase también el Caso Bustios Saavedra, nota 189 supra, párrs. 58-63.
Véase también Carandiru, nota 249 supra, párrs. 63, 67 y 91.
21
Caso Neira Alegría, párr. 74, en que la Corte llegó a la conclusión de que, pese al
hecho de que en el contexto de un motín carcelario, las fuerzas de seguridad peruanas
estaban combatiendo a oponentes armados y muy peligrosos, la cantidad de fuerza
utilizada era injustificada.
22
Véase Carandiru, párr. 63, en que la Comisión llegó a la conclusión de que varias
muertes causadas por el uso de la fuerza por parte de la policía durante un motín en
una cárcel brasilera no tenía el propósito de la defensa propia ni de desarmar a los
amotinados.
23
Caso Neira Alegría, párr. 76.
24
Véase por ejemplo, Carandiru, párrs. 63, 67 y 91.
25
Vésae también Meron, The Humanization of Humanitarian Law, pág. 272.
26
Informe Final de la Comisión de la Verdad, presentado el 28 de agosto de 2003,
Tomo VII. Página 165.
27
Los principios de necesidad y proporcionalidad en el uso de la fuerza han sido
desarrollados a partir de las disposiciones establecidas en el Código de Conducta
para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, adoptado por la Asamblea
General de la Organización de Naciones Unidas el 17 de diciembre de 1979.
28
Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, presentado el 28 de
agosto de 2003, Tomo VII, Página 169.
29
Caso Castillo Petruzzi, sentencia del 30 de mayo de 1999, párrafo 128. Esta mismo
criterio fue reiterado en el Caso Cantoral Benavides, sentencia del 18 de agosto de
2000, párrafo 112.
30
Caso Tribunal Constitucional, sentencia del 31 de enero del 2001, párrafo 77.|
31
Caso Ivcher, sentencia del 6 de febrero del 2001, párrafo 114 y 115.
32
Caso Cantoral Benavides, sentencia del 18 de agosto del 2000, párrafo 115.

23
33
Caso Loayza Tamayo, sentencia del 17 de setiembre de 1997, párrafo 61.
34
En el caso Genie Lacayo, sentencia del 29 de enero de 1997, párrafo 84, la Corte
precisó que "la circunstancia de que se trate de una jurisdicción militar no significa
per se que se violen los derechos humanos que la Convención garantiza a la parte
acusadora".
35
Caso Castillo Petruzzi, sentencia del 30 de mayo de 1999, párrafo 128. El último
de los criterios mencionados ha sido reiterado en el Caso Cantoral Benavides,
sentencia del 18 de agosto del 2000, párrafo112
36
Caso Durand y Ugarte, sentencia del 16 de agosto del 2000, párrafo 117. Este
criterio fue reiterado en el caso Cantoral Benavides, sentencia del 18 de agosto del
2000, párrafo113.
37
Caso Durand y Ugarte, sentencia del 16 de agosto del 2000, párrafo 118.
38
Viviana Krsticevic. Líneas de trabajo para mejorar la eficacia del sistema. En:
Méndez, Juan y Francisco Cox (Ed.) “El futuro del sistema interamericano de
protección de los derechos humanos”. San José: IIDH, 1998, p. 418.
39
Carlos Ruiz Miguel. La ejecución de las sentencias del Tribunal Europeo de
Derechos Humanos. Madrid: Tecnos, 1997, p. 20.
40
En este punto la Convención hace una remisión al derecho interno, para la
ejecución de la sentencia. Estableciendo que el procedimiento a seguir será el
existente en cada Estado, referente a la ejecución de sentencias contra el Estado.
41
Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Velásquez Rodríguez. Sentencia
del 29 de Julio de 1988. Párrafo 174.
42
Informe Final del Relator Especial, Sr. M. Cherif Bassiouni, sobre el derecho de
restitución, indemnización y rehabilitación de las víctimas de violaciones de los
derechos humanos y las libertades fundamentales. E/CN.4/2000/62, de 18 de enero
de 2000.
43
El Estado peruano consideró allanarse en dos casos específicos: Barrios Altos y
Durand y Ugarte, reconociendo responsabilidad internacional por la violación de los
derechos humanos de las víctimas en ambos casos. En ese sentido, suscribió en
dichos casos Acuerdos de reparación integral en favor de las víctimas sobrevivientes
(4 en Barrios Altos) y de los familiares de las víctimas fallecidas (familiares de las 15
víctimas fallecidas en el caso Barrios Altos y 2 familiares de las víctimas del caso
Durand y Ugarte).
44
Suscrito por el doctor Alejandro Toledo Manrique, Presidente Constitucional de la
República y el ex Ministro de Justicia Fernando Olivera Vega, en representación del
Estado peruano, interviniendo igualmente con su rúbrica los señores Ministros de

24
Estado en las Carteras de Presidencia, Salud y Promoción de la Mujer y del
Desarrollo Humano (PROMUDEH), actualmente denominado Ministerio de la Mujer
y del Desarrollo Social (MIMDES).
45
De la otra parte, doña Virginia Bonifacia Ugarte Rivera y don Nolberto Duran
Vargas, a su vez asistidos por sus representantes legales, don Carlos Martín Rivera
Paz en representación del Instituto de Defensa Legal (IDL) y Viviana Krsticevic en
representación del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL).
46
Acuerdo publicado mediante Resolución Suprema Nro259-2002-JUS, publicada el
xx de noviembre de 2002 en el Diario Oficial “El Peruano”. Mediante este Acuerdo
el Estado se comprometió a publicar la sentencia de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos de fecha 16 de agosto de 2000 en el Diario Oficial El Peruano,
así como a difundir su contenido en otros medios de comunicación. Asimismo, dicha
Resolución Suprema contiene en su parte considerativa, una expresión pública de
solicitud de perdón a las víctimas por los graves daños causados, así como una
ratificación de la firme voluntad de evitar que este tipo de hechos vuelvan a ocurrir
en el país.
47
Dicho acto contó con la presencia del doctor Carlos Rivera Paz en su condición de
representante legal de la víctima y del doctor Augusto Bromley Coloma en su
condición de Jefe del Instituto de Medicina Legal.
48
El monto dinerario ascendente a US$125.000,00 a favor de los señores Virginia
Bonifacia Ugarte Rivera de Durand y Nolberto Duran Vargas y que fuera resuelto por
la Corte Interamericana de Derechos Humanos fue pagado en las siguientes fechas:
22 de diciembre de 2001 (US$83,000.00); 21 de enero de 2002 (US$2,992.59) y el
28 de mayo de 2003 (US$39,007.41). Monto proveniente del FEDADOI.
49
El Estado, por medio del Fondo de Apoyo Social (FONAS) del Banco de
Materiales del Ministerio de la Presidencia, se compromete, conforme a los alcances
de la Ley Nº 27205 y a las reglas y procedimientos establecidos al efecto, a colaborar
con parte de la construcción del inmueble perteneciente a los beneficiarios ubicado
en el Jirón Hanancusco Nº 942. Urbanización Tahuantinsuyo Cuarta Zona, distrito de
Independencia, Lima.

BIBLIOFRAFIA

25
 Convención Americana sobre Derechos Humanos.

 Declaración Universal de Derechos Humanos.

 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

 Constitución Política del Perú.

 Legislación penal vigente.

 Informe Confidencial Nro.15/96 relativo al Caso 10.009-Perú. Aprobado por


la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su 91º Período de
Sesiones relativa a la Sesión Nº 1298 celebrada el 5 de marzo de 1996.

 Informe Final de la Comisión de la Verdad, Tomo VII, presentado el 28 de


agosto de 2003.

 Observación General N° 29 sobre “Los Estados de Emergencia” del Del


Comité de Derechos Humanos.

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1970.

 “Activités militaires et paramilitaires au Nicaragua et contre celui-ci”, arrêt


du 27 juin 1986, C.I.J., Recueil 1986.

 Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-9/87, 6


de octubre de 1987.

 Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-8-87 de


30 de enero de 1987 “El Hábeas Corpus bajo suspensión de garantías
(artículo 27.2, 25.1 y 7.6 de la Convención Americana de Derechos
Humanos).

 Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-06/86


de 9 de mayo de 1986 “La expresión ‘leyes’ en el artículo 30 de la
Convención Americana de Derechos Humanos)”.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Neira Alegría, de


fecha 19 de enero de 1995.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Velásquez


Rodríguez, de fecha 29 de julio de 1988.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Godínez Cruz, de


fecha 20 de enero de 1989.

26
 Demanda interpuesta por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de fecha 08 de agosto de
1996; sentencia de fondo de fecha 16 de agosto del 2000 y sentencia de
reparaciones de fecha 03 de diciembre de 2001.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Castillo Petruzzi, de


fecha 30 de mayo de 1999.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Loayza Tamayo, de


fecha 17 de setiembre de 1997.

 Informe NRO 1/96 Caso 10.559 Chumbivilcas, Comisión Interamericana de


Derechos Humanos.

 Caso 10.488, Informe N° 136/99, Ignacio Ellacuría, S.J. y Otros (El


Salvador), 22 de diciembre de 1999, Informe Anual de la CIDH 1999, OEA,
Ser.L/V/II.106, Doc. 6 rev. 13 de abril de 1999, Original: Español.

 Informe de conformidad con el artículo 51 de la Convención Americana,


Caso José Alexis Fuentes Guerrero y otro, de fecha 13 de abril de 1999
Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

 Informe Nro. 38/97 de conformidad con el artículo 51.3 de la Convención


Americana, Caso Nro. 10.548 Bustios Saavedra. La Comisión decidió
publicar este informe en el Informe Anual a la Asamblea General de la OEA.

 Informe Nro. 26/97 de conformidad con el artículo 51.3 de la Convención


Americana, Caso Nro. 11.142 Arturo Ribón Avila, de fecha 30 de setiembre
de 1997. La Comisión decide publicar este informe e incluirlo en su Informe
Anual a la Asamblea General de la OEA, de conformidad con el artículo 51.3
de la Convención y el artículo 48 del Reglamento de la Comisión.

 Informe Nº 55/97, caso 11.137, Juan Carlos Abella, Argentina, Informe Anual
de la CIDH 1997, OEA/Ser.L/V/II.98.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Cantoral Benavides,


de fecha 18 de agosto de 2000.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Tribunal


Constitucional, de fecha 31 de enero de 2001.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Baruch Ivcher, de


fecha 06 de febrero de 2001.

 Sentencia de fondo de la Corte Interamericana en el caso Genie Lacayo, de


fecha 29 de enero de 1997.

27
 Principios Básicos de la ONU sobre el Empleo de la Fuerza y las Armas de
Fuego por los Funcionarios encargados de hacer cumplir la Ley, Octavo
Congreso de la ONU sobre la Prevención del Delito y el Tratamiento del
Delincuente, La Habana, 27 de agosto de 1990, ONU Doc.
A/CONF.144/28/Rev.1, 112 (1990).

 Viviana Krsticevic. Líneas de trabajo para mejorar la eficacia del sistema.


En: Méndez, Juan y Francisco Cox (Ed.) “El futuro del sistema
interamericano de protección de los derechos humanos”. San José: IIDH,
1998, p. 418.

 Carlos Ruiz Miguel. La ejecución de las sentencias del Tribunal Europeo de


Derechos Humanos. Madrid: Tecnos, 1997, p. 20.

 Informe Final del Relator Especial, Sr. M. Cherif Bassiouni, sobre el derecho
de restitución, indemnización y rehabilitación de las víctimas de violaciones
de los derechos humanos y las libertades fundamentales. E/CN.4/2000/62, de
18 de enero de 2000.

28