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DEFINICIÓN

La palabra contrato proviene del Latín “Contractus” derivado de “contrahere” que significa,
concertar, lograr. “Para capitant, es el acuerdode voluntades entre dos o más personas con el
objeto de crear vínculos de obligaciones”.

Gramaticalmente, los contratos pueden definirse como acuerdos o convenios entre personas
que se obligan en materia o cosa determinada y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas.

En la Enciclopedia Jurídica OMEBA, encontramos la siguiente definición: “es un acto jurídico


bilateral formado o constituido por el acuerdo de voluntades entre dos o más personas sobre
un objeto jurídico de interés común, con el fin de crear, modificar o extinguir derechos”.

Para Bevilaqua, se entiende por contrato al acuerdo de voluntades de una persona física o
jurídica que produce consecuencias jurídicas constitutivas, modificativas o extintivas.

El Código Civil, define al contrato en el artículo 1351, expresando: “el contrato es el acuerdo de
dos o más partes para crear, regular, modificar o extinguir una relación jurídica patrimonial”.
Está definición es muy similar a la dada por el Dr. Manuel de la Puente y Lavalle, quien define al
contrato como: “el acuerdo entre dos o más partes sobre una declaración conjunta de voluntad
común destinada a crear, modificar o extinguir una relación jurídica patrimonial”.

TEORÍA GENERAL DEL CONTRATO

Relata Mosset que existen tres posiciones legislativas respecto al rol que juega, en la codificación
civil, la teoría general de contrato con relación a la teoría general del acto jurídico:

a) Aquella que regula la teoría general del contrato y, por remisión, la hace aplicable a los
actos jurídicos en general, posición que es adoptada por el Código civil suizo (artículo 7)
y, según se ha visto por el Código civil italiano (artículo 1324).

Esta posición ha sido observada diciéndose que las normas sobre contratos, que son
actos jurídicos entre vivos con contenido patrimonial, no pueden ser aplicadas a los
actos a causa de muerte, aunque tengan contenido patrimonial, ni a los actos entre vivos
sin contenido patrimonial, que quedarían huérfanos de regulación legal.

b) La que desarrolla la teoría general del acto jurídico y declara que las reglas generales
sobre los actos jurídicos se aplican a los contratos, que según Mosset no ha recibido
consagración legislativa hasta el momento, pero si acogida en el campo de la doctrina.

Piensa Aguilar que la falta de una teoría general del contrato dificulta el estudio de los
contratos en particular, por ignorarse los principios e instituciones de carácter
contractual que les son aplicables.

c) La postura que opta por legislar separadamente la teoría general del acto jurídico, en la
que se consignan las reglas generales aplicables a los actos jurídicos, sean estos
unilaterales o plurilaterales, patrimoniales o no patrimoniales, y la teoría general del
contrato, que contiene las normas aplicables exclusivamente a los contratos en general,
o sea considerados como una categoría abstracta.
El Código civil peruano ha adoptado la tercera posición, pues en su Libro II trata del acto jurídico,
regulando las disposiciones generales sobre el mismo, su forma, la representación, la
interpretación del acto jurídico, sus modalidades, la simulación, el fraude del acto jurídico, los
vicios de la voluntad, la nulidad del acto jurídico y su confirmación, o sea los principios aplicables
a todos los actos jurídicos, inclusive a los contratos.

Por su parte en la Sección Primera del Libro VII se desarrolla la teoría general del contrato, que
comprende las disposiciones generales de los contratos, el consentimiento, el objeto del
contrato, su forma, los contratos preparatorios, el contrato con prestaciones recíprocas, la
cesión de posición contractual, la excesiva onerosidad de la prestación, la lesión, el contrato a
favor de tercero, la promesa de la obligación o del hecho de un tercero, el contrato por persona
a nombrar, las arras confirmatorias, las arras de retracción y las obligaciones de saneamiento.

En suma está sección contiene las disposiciones aplicables al contrato considerado como
categoría general y abstracta, lo cual queda corroborado por el artículo 1353 que establece que
todos los contratos de Derecho privado, inclusive los innominados, quedan sometidos a las
reglas contenidas en dicha sección, salvo en cuanto resulten incompatibles con las reglas
particulares de cada contrato.

Resulta así que un contrato particular, por ejemplo la compraventa, está sujeto tanto a reglas
aplicables a actos jurídicos como las aplicables a los actos jurídicos en general.

En tal sentido, si hubiera existido error al celebrar el contrato de compraventa, o sea algo
susceptible de ocurrir en cualquier acto jurídico, se recurrirá a las reglas generales sobre este
vico de la voluntad consignadas en el Título VIII del Libro II sobre acto jurídico (el remedio es la
anulación del contrato). En cambio, si se tratara de un caso de lesión en dicho contrato de
compraventa, que es una figura propia de los contratos, se aplicaran las disposiciones sobre
lesión contenidas en el Título IX de la Sección Primera del Libro VII sobre contratos en general
(el remedio es la rescisión del contrato.

EL VALOR PATRIMONIAL DEL CONTRATO

Ni la llamada exposición de motivos ni ningún comentario ha dicho en que consiste la “relación


jurídica patrimonial”.

En principio todo acto jurídico tiene un contenido patrimonial, sea directa o indirectamente. Así
como la compraventa determina el cambio de valores de los patrimonios de las partes y tiene
entonces directamente un contenido patrimonial, la frustración del matrimonio (que también
es un acto jurídico) puede dar lugar a la indemnización por el daño moral, lo que lo convierte en
un acto jurídico indirectamente patrimonial.

Entonces los contratos serán aquellas declaraciones de voluntad directamente patrimoniales. Es


decir que tendrán directamente un valor económico. La relación jurídica patrimonial es pues
aquella que tiene un contenido económico directo. Consiguientemente serán contratos
solamente aquellas declaraciones de voluntad que persiguen un fin económico directo. Desde
este punto de vista, la donación, incluida por nuestro código civil entre los contratos, no será un
verdadero contrato, puesto que es un acto jurídico unilateral, es decir contiene una sola
declaración de voluntad y por tanto no hay cambio de valores económicos.
Ángel Gustavo Cornejo, definía al contrato como “la declaración de voluntad formulada por dos
o más personas, mediante la cual se prometen que han de consumar el intercambio de valores
de sus patrimonios respectivos, quedando sujetos los declarantes a los efectos que el derecho
atribuye a la declaración de voluntad, en cuanto los considera como efectos queridos por las
partes y conforme al interés colectivo”.

Dentro de esta definición no cabría la donación puesto que es la declaración de voluntad de una
sola persona. El código de 1936 que comenta cornejo también incluía entre los contratos la
donación.

Es posible que nuestro código hable de relación jurídica patrimonial para diferenciar el contrato
del matrimonio o el reconocimiento del hijo que la doctrina se niega a incluirlos entre los
contratos, sim embrago que el matrimonio es una declaración bilateral de voluntad y el
reconocimiento igual que la donación es una declaración unilateral. Pero el matrimonio
contemporáneo ya no es solamente por amor, tiene por objeto intereses que comprometen el
patrimonio de las familias que se unen.

CONTRATO Y COVENCIÓN

La convención es un acuerdo entre dos o más personas. El contrato es la convención con efectos
jurídicos. Consiguientemente todo contrato es una convención pero no toda convención es un
contrato.

La convención es pues el género, el contrato es una especia de convención, por el cual se puede
crear, modificar, transferir o extinguir obligaciones. Aubry y Rau dicen que la convención es un
acuerdo de dos o más personas sobre un objeto de interés jurídico y el contrato es una especie
de convención que tiene como carácter propio el ser productivo de obligaciones. Quiere decir
que la convención que no es un contrato no tiene por destino crear obligaciones. Planiol dice
que el contrato es una convención que tiene como carácter propio el ser productivo de
obligaciones. Fue la doctrina francesa la que entre el acto jurídico y el contrato, colocó la
categoría intermedia de la convención; tesis que no podemos aceptar porque pensamos que el
contrato es un acto jurídico bilateral y su objeto no es alterar la fenomenología del derecho
como lo sostiene el artículo 1351 de nuestro código civil vigente, sino obtener los bienes,
relaciones o intereses que se expresan en las pretensiones de dar, hacer o no hacer. El
contratante celebra el acto jurídico (contrato) pensando en el beneficio que puede traerle la
tradición de la cosa, el hacer o no hacer alguna cosa.

Savigni dice que la diferencia entre convención y contrato está en el objeto de la voluntad. Si el
acuerdo de voluntades tiene por objeto el auxilio mutuo de tres amigos, no será un contrato
peros si será una convención, porque no impone obligaciones.

Pothier definió con gran precisión el contrato: el contrato debe ser definido como una
convención por la cual las dos partes recíprocamente o solamente una de ellas, promete o se
obliga hacia la otra a dar. Hacer o no hacer alguna cosa.

Contrato es por consiguiente el acto jurídico bilateral, destinado a proporcionar a las partes los
beneficios derivados de su celebración, que así como son derechos de una parte son
obligaciones de la otra.

EL CONTRATO COMO ACTO JURÍDICO

El contrato por definición, es un acuerdo de dos o más partes para crear, regular, modificar o
extinguir una relación jurídica patrimonial. Aunque la definición no lo diga, este acuerdo de dos
o más partes es el acuerdo de las voluntades de estas y debe exteriorizarse mediante la
declaración respectiva.

En tales condiciones, el contrato es una manifestación de voluntad destinada a crear, modificar


o extinguir un derecho y, por lo tanto, es un acto jurídico.

Los actos jurídicos se clasifican en atención al número de partes que manifiestan su voluntad,
en unilaterales y plurilaterales.

Son actos unilaterales aquellos en que una sola parte (que puede estar constituida por una o
varias personas) declara su voluntad y está declaración tiene la virtualidad de producir los
efectos jurídicos queridos por el agente.

Son actos plurilaterales los que necesitan el concurso de las manifestaciones de voluntad de
varias partes para generar tales efectos, o sea la creación, regulación, modificación o extinción
de las relaciones jurídicas. En la pluralidad está comprendida la bilateralidad.

Dado que por la definición del artículo 1351 del código civil, el contrato es el acuerdo de dos o
más partes, hay que concluir que el contrato es un acto jurídico plurilateral. Así lo entiende parte
importante de las opiniones doctrinarias vertidas en el campo de la teoría del acto jurídico.

El contrato, no obstante ser un acto jurídico plurilateral, puede a su vez clasificarse según la
doctrina tradicional, en unilateral y bilateral, pero en este caso dichos términos están empleados
con relación al número de partes que quedan obligadas por el contrato y no al número de partes
que lo celebran. Todo contrato, sea unilateral o bilateral, es un acto jurídico plurilateral.

Por otro lado, de acuerdo a su objeto, los actos jurídicos se clasifican en patrimoniales y
extramatrimoniales.

Son actos jurídicos patrimoniales aquellos en los que la relación jurídica creada (modificada o
extinguida) por el acto versa sobre bienes o intereses que poseen una naturaleza económica, o
sea pueden ser objeto de valoración. Está valoración no tiene carácter subjetivo, o sea no
interesa si determinado bien tiene valor económico para determinada persona, lo cual puede
estar influenciado por valores sentimentales, de oportunidad o de necesidad, sino carácter
objetivo, esto es considerando si el bien tiene un real valor económico por sus propias
características, prescindiéndose de consideraciones personales.

Entiéndase bien, no se trata de cuál es la opinión del agente sobre el valor económico del bien
(mucho, poco o nada) sino de si el bien tiene o no valor económico.

Los actos jurídicos extramatrimoniales son, en cambio, los que versan sobre derechos que no
tienen valor económico, tales como las relaciones jurídicas del Derecho de la persona y el de la
familia.

Atendiendo a la definición contenida en el artículo 1351 del código civil, que destaca
expresamente que el objeto del contrato recae en una relación jurídica patrimonial, hay que
reconocer que el contrato es un acto jurídico patrimonial.

En consecuencia el contrato es un acto jurídico plurilateral y patrimonial. La falta de alguno de


estos dos elementos del acto jurídico determinaría la invalidez del contrato como tal, aunque
pudiera valer como acto jurídico. (Promesa unilateral en el primer caso y convención en el
segundo).
ELEMENTOS DEL CONTRATO

Los elementos del contrato pueden clasificarse en: esenciales, naturales y accidentales.

a) Elementos esenciales

Son aquellos sin los cuales el contrato no podría existir o no podría tener validez, por cuanto
no es lo mismo, “no existir” que “existir viciosamente”. Consecuentemente los elementos
esenciales se dividen en esenciales para la existencia y esenciales para la validez del
contrato.

Los elementos esenciales para la existencia del contrato, se subdividen en comunes,


especiales, y especialísimos.

Los elementos esenciales comunes para la existencia del contrato, son aquellos que deben
existir en todos los contratos y, según la doctrina son: el consentimiento, la causa y el objeto.

Los elementos esenciales especiales para la existencia del contrato, son aquellos que son
indispensables para la existencia de algunos grupos de contratos, como por ejemplo la
formalidad en los contratos solemnes o la entrega de la cosa en los contratos reales.

Los elementos esenciales especialísimos para la existencia del contrato, son aquellos que
deben necesariamente existir en cada tipo determinado de contrato por cuanto es lo que lo
caracteriza. Por ejemplo, el precio en la compraventa, la renta en el arrendamiento.

Elementos esenciales para la validez del contrato son la capacidad y el consentimiento.

b) Elementos naturales

Son aquellos que son consecuencia de la celebración de cada contrato o grupo de contratos.
Por ejemplo la gratuidad, en la donación y el saneamiento, en la compraventa.

Pueden omitirse en la declaración de voluntad, sin que esa omisión constituya causal de
nulidad del acto. Las partes pueden convenir expresamente en que el vendedor no tendrá
obligación del saneamiento. El saneamiento por evicción puede o no aparecer en el texto
del contrato. Si solamente se le ha omitido, funcionará en el caso en que el comprador lo
pida.