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INDICE

Las Enseñanzas De Don Juan

Una Realidad Aparte

Viaje A Ixtlan

Relatos De Poder

El Segundo Anillo De Poder

El Don Del Águila

El Fuego Interno

El Conocimiento Silencioso

Indice
Citas de Enseñanzas de don Juan

La importancia de las plantas consistía, para don Juan, en su capacidad de producir etapas de
percepción peculiar en un ser humano.

Don Juan consideraba los estados de realidad no ordinaria como única forma de aprendizaje
pragmático y único medio de adquirir el poder.

Le pregunte si cada uno de los dos lugares tenia un nombre especial. Dijo que el bueno se llamaba el
sitio y el malo el enemigo; dijo que estos dos lugares eran la clave del bienestar de un hombre,
especialmente si buscaba conocimiento. El mero acto de sentarse en el sitio propio creaba fuerza
superior; en cambio, el enemigo debilitaba e incluso podía causar la muerte. Dijo que yo había repuesto
mi energía, dispendiada la noche anterior, echando una siesta en mi sitio.

Así y todo eres una persona seria, pero tu seriedad esta ligada a lo que tu haces, no a lo que pasa fuera
de ti. Te ocupas demasiado de ti mismo. Ese es el problema. Y eso produce una tremenda fatiga

-Un hombre va al saber como a la guerra: bien despierto, con miedo, con respeto y con absoluta
confianza. Ir en cualquier otra forma al saber o a la guerra es un error, y quien lo cometa vivirá para
lamentar sus pasos.

Un "aliado", dijo, es un poder que un hombre puede traer a su vida para que lo ayude, lo aconseje y le
dé la fuerza necesaria para ejecutar acciones, grandes o pequeñas, justas o injustas. Este aliado es
necesario para engrandecer la vida de un hombre, guiar sus actos y fomentar su conocimiento. De
hecho, un aliado es la ayuda indispensable para saber.

-Un aliado te hará ver y entender cosas sobre las que ningún ser humano podría jamás iluminarte.

-Un aliado es un poder capaz de llevar a un hombre mas allá de sus propios limites. Así es como un
aliado puede revelar cosas que ningún ser humano podría.

Mientras yo permaneciese enclavado en mi "sitio bueno" nada podría causarme daño corporal, porque
yo tenía la seguridad de que en ese sitio especifico me hallaba lo mejor posible. Tenia el poder de
rechazar cuanto pudiera serme dañino.

-¡No! ¡Nunca me enojo con nadie! Ningún ser humano puede hacer nada lo bastante importante para
enojarme. Uno se enoja con la gente cuando siente que sus actos son importantes. Yo ya no siento eso.

-Un hombre de conocimiento es alguien que ha seguido de verdad las penurias de aprender -dijo-.
Un hombre que, sin apuro, sin vacilación ha ido lo más lejos que puede en desenredar los secretos del
poder y el conocimiento.
Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible:
traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando,
esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su
búsqueda."

No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el
siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla! Y llega un
momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si. Su propósito
se fortalece. Aprender no es ya una tarea aterradora.

Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe como satisfacer esos deseos. Puede prever los
nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada esta
oculto,

"Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener,
dispersa el miedo, pero también ciega.

"Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le
antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en
nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro pero incompleto. Si el
hombre se rinde a esa ilusión. de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para
aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará
con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.

Su segundo enemigo nomas ha parado en seco sus intentos de hacerse hombre de conocimiento; en vez
de eso, el hombre puede volverse un guerrero impetuoso, o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha
pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo. Será claro mientras viva, pero ya no
aprenderá ni ansiará nada.

Debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar
otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que
comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo
enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una
ilusión.

"El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de
todo, el hombre es de veras invencible. Él manda; empieza tomando riesgos calculados y termina
haciendo reglas, porque es el amo del poder.

Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso."


-Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo una
carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de si mismo, ni puede decir cómo ni cuándo
usar su poder.

Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en
verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento, y con fe todo lo que ha aprendido. Si
puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un
punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su
tercer enemigo.

casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: ¡la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos,
el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un
instante.

Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último
asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su
claridad, su poder y su conocimiento.

Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos. Por eso debes tener siempre presente que un
camino es sólo un camino; si sientes que no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna
condición. Para tener esa claridad debes llevar una vida disciplinada. Sólo entonces sabrás que un
camino es nada más un camino, y no hay afrenta, ni para ti ni para otros, en dejarlo si eso es lo que tu
corazón te dice. Pero tu decisión de seguir en el camino o de dejarlo debe estar libre de miedo y de
ambición. Te prevengo. Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como
consideres necesario.

Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje;
mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte; el otro te
debilita.

El crepúsculo: ¡allí está la rendija entre los mundos!"

-Antes de embarcarte en cualquier camino tienes que hacer la pregunta: ¿tiene corazón este camino? Si
la respuesta es no, tú mismo lo sabrás, y deberás entonces escoger otro camino.

El problema es que nadie hace la pregunta, y cuando uno por fin se da cuenta de que ha tomado un
camino sin corazón, el camino está ya a punto de matarlo. En esas circunstancias muy pocos hombres
pueden pararse a considerar, y más pocos aún pueden dejar el camino.

Para escoger un camino debes estar libre de miedo y de ambición

-El deseo de aprender no es ambición -dijo-. El querer saber, es nuestro destino como hombres,
La forma para pelear era en realidad una precaución, dijo, en caso de que algo ocurriese durante su
ausencia, y yo debía usarla si me atacaban. Consistía en palmotear contra la pantorrilla y el muslo de
mi pierna derecha y dar de saltos con el pie izquierdo en una especie de danza que yo había de ejecutar
enfrentando al atacante.
Citas de una realidad aparte
—Piensas demasiado en ti mismo —dijo sonriendo—. Y eso te da una fatiga extraña que te hace
cerrarte al mundo que te rodea y agarrarte de tus razones. Por eso tienes solamente problemas. Yo
también soy sólo un hombre, pero no lo digo como tú lo dices.

Sentirse importante lo hace a uno pesado, rudo y vanidoso. Para ser hombre de conocimiento se
necesita ser liviano y fluido.

«Mirar» se refería a la manera ordinaria en que estamos acostumbrados a percibir el mundo, mientras
que «ver» involucraba un proceso muy complejo por virtud del cual un hombre de conocimiento
percibe supuestamente la «esencia» de las cosas del mundo.

La tarea de don Juan, como practicante ocupado en hacerme accesible su sistema, consistía en
descomponer una certeza particular que yo comparto con todo el mundo: la certeza de que la
perspectiva «de sentido común» que tenemos del mundo es definitiva. A través del uso de plantas
psicotrópicas, y de contactos bien dirigidos entre su sistema extraño y mi persona, logró mostrarme que
mi perspectiva del mundo no puede ser definitiva porque sólo es una interpretación.

—Los hombres se ven distintos cuando uno ve

Ver a los hombres como fibras de luz.

—¿Fibras de luz?

—Sí. Fibras, como telarañas blancas. Hebras muy finas que circulan de la cabeza al ombligo. De ese
modo, un hombre se ve como un huevo de fibras que circulan. Y sus brazos y piernas son como cerdas
luminosas que brotan para todos lados.

De modo que, como quizá veas algún día, un hombre es un huevo luminoso ya sea un limosnero o un
rey, y no hay manera de cambiar nada; o mejor dicho, ¿qué podría cambiarse en ese huevo luminoso?
¿Qué?

Dijo que la oscuridad —y la llamó «la oscuridad del día»— era la mejor hora para «ver». Recalcó la
palabra «ver» con una inflexión peculiar
Preocúpate y piensa antes de hacer cualquier decisión, pero una vez que la hagas echa a andar libre de
preocupaciones y de pensamientos; todavía habrá un millón de decisiones que te esperen. Ese es el
modo del guerrero.

Es posible insistir, insistir como es debido, aunque sepamos que lo que hacemos no tiene caso —dijo,
sonriendo—. Pero primero debemos saber que nuestros actos son inútiles, y luego proceder como si no
lo supiéramos. Eso es el desatino controlado de un brujo

Estoy feliz de que, al cabo de tantos años, finalmente me hayas preguntado por mi desatino controlado,
y sin embargo no me hubiera importado en lo más mínimo si nunca hubieras preguntado. Pero he
decidido sentirme feliz, como si me importara que preguntases, como si importara que me importara.
¡Eso es desatino controlado!

Tus acciones, así como las acciones de tus semejantes en general, te parecen importantes sólo porque
has aprendido a pensar que son importantes.

Aprendemos a pensar en todo —dijo—, y luego entrenamos nuestros ojos para mirar al mismo tiempo
que pensamos de las cosas que miramos. Nos miramos a nosotros mismos pensando ya que somos
importantes. ¡Y por supuesto tenemos que sentirnos importantes! Pero luego, cuando uno aprende a
ver, se da cuenta de que ya no puede uno pensar en las cosas que mira, y si uno no puede pensar en lo
que mira todo se vuelve sin importancia.

No dije de valor. Dije de importancia. Todo es igual y por lo tanto sin importancia. Por ejemplo, no hay
manera de decir que mis actos son más importantes que los tuyos, o que una cosa es más esencial que
otra; por lo tanto, todas las cosas son iguales, y al ser iguales carecen de importancia.

Por ejemplo, para reír necesitamos mirar con los ojos —dijo—, porque sólo cuando miramos las cosas
podemos captar el filo gracioso del mundo. En cambio, cuando nuestros ojos ven, todo es tan igual que
nada tiene gracia.

Nuestros ojos miran para que podamos reír, o llorar, o regocijarnos, o estar tristes, o estar contentos. A
mí personalmente no me gusta estar triste; por eso, cada vez que presencio algo que por lo común me
entristecería, simplemente cambio los ojos y lo veo en lugar de mirarlo. Pero cuando encuentro algo
gracioso, miro y me río.

Mi risa, así como todo cuanto hago, es de verdad —dijo don Juan—, pero también es desatino
controlado porque es inútil; no cambia nada y sin embargo lo hago.

—Pero según yo lo entiendo, don Juan, su risa no es inútil. Lo hace a usted feliz.

—¡No! Soy feliz porque escojo mirar las cosas que me hacen feliz, y entonces mis ojos captan su filo
gracioso y me río. Te lo he dicho incontables veces. Siempre hay que escoger el camino con corazón
para estar lo mejor posible, quizá para poder reír todo el tiempo.
Si digo que prefiero o escojo es porque veo, pero el asunto es que yo no escojo vivir; mi voluntad me
hace seguir viviendo a pesar de cuanto pueda ver

Nuestra suerte como hombres es aprender, para bien o para mal

Un hombre de conocimiento vive de actuar, no de pensar en actuar, ni de pensar qué pensará cuando
termine de actuar.

Sabe que su vida se acabará en un abrir y cerrar de ojos; sabe que él, así como todos los demás, no va a
ninguna parte; sabe, porque ve, que nada es más importante que lo demás.

Un hombre de conocimiento no tiene honor, ni dignidad, ni familia, ni nombre, ni tierra, sólo tiene vida
que vivir, y en tal condición su única liga con sus semejantes es su desatino controlado. Así, un hombre
de conocimiento se esfuerza, y suda, y resuella, y si uno lo mira es como cualquier hombre común,
excepto que el desatino de su vida está bajo control. Como nada le importa más que nada, un hombre
de conocimiento escoge cualquier acto, y lo actúa como si le importara. Su desatino controlado lo lleva
a decir que lo que él hace importa y lo lleva a actuar como si importara, y sin embargo él sabe que no
importa; de modo que, cuando completa sus actos se retira en paz, sin pena ni cuidado de que sus actos
fueran buenos o malos, o tuvieran efecto o no.

Un hombre de conocimiento puede preferir quedarse totalmente impasible y no actuar jamás, y


comportarse como si el ser impasible le importara de verdad; también en eso será genuino y justo,
porque eso es también su desatino controlado.

—Tú piensas en tus actos —dijo—. Por eso tienes que creer que tus actos son tan importantes como
piensas que son, cuando en realidad nada de lo que uno hace es importante. ¡Nada!

Sería más sencillo morir; eso es lo que dices y lo que crees, porque estás pensando en la vida, igual que
ahora piensas en cómo será ver.

Sólo que, en el caso de ver, pensar no es lo fuerte, así que no puedo decirte cómo es ver. Ahora quieres
que te describa las razones de mi desatino controlado y sólo puedo decirte que el desatino controlado se
parece mucho a ver; es algo en lo que no se puede pensar.

Siente haber desperdiciado cuarenta años porque buscaba victorias y no halló sino derrotas. Jamás
sabrá que ser victorioso y ser derrotado son iguales.

Conque temes el vacío de la vida de tu amigo. Pero no hay vacío en la vida de un hombre de
conocimiento: te lo digo yo. Todo está lleno hasta el borde.

Para convertirse en hombre de conocimiento hay que ser un guerrero, no un niño llorón. Hay que
luchar sin entregarse, sin una queja, sin titubear, hasta que uno vea, y sólo entonces puede uno darse
cuenta que nada importa.
—Te importa demasiado querer a los otros o que te quieran a ti —dijo—. Un hombre de conocimiento
quiere, eso es todo. Quiere lo que se le antoja o a quien se le antoja, pero usa su desatino controlado
para andar sin pena ni cuidado. Lo contrario de lo que tú haces ahora. Que los otros lo quieren o no lo
quieran a uno no es todo lo que se puede hacer como hombre.

Mi aliado y Mescalito no están al nivel de nosotros los seres humanos. Mi desatino controlado se aplica
sólo a mí mismo y a los actos que realizo en compañía de mis semejantes.

Yo digo que mi desatino controlado se aplica a los actos que realizo en compañía de mis semejantes; lo
digo porque puedo ver a mis semejantes. Sin embargo, no puedo ver a mi aliado y eso lo hace
incomprensible para mí, así que ¿cómo voy a controlar mi desatino si no lo veo? Con mi aliado o con
Mescalito yo soy solamente un hombre que sabe cómo ver y se desconcierta con lo que ve; un hombre
que sabe que jamás entenderá todo lo que lo rodea.

Don Juan volvió a afirmar que los actos de un brujo no debían tomarse como chistes, pues un brujo
jugaba con la muerte en cada vuelta del camino.

Luego dijo que un maestro brujo podía llevar consigo a su discípulo en un viaje y atravesar literalmente
las diez capas del otro mundo.

También me había dicho que la parte más asombrosa de las criaturas ovoides era un grupo de fibras
largas que surgían del área alrededor del ombligo; don Juan dijo que tales fibras tenían una importancia
primordial en la vida de un hombre. Esas fibras eran el secreto del equilibrio de don Genaro y su
lección no tenía nada que ver con saltos acrobáticos en la cascada. Su hazaña de equilibrio consistía en
la forma en que usaba esas fibras «como tentáculos».

Las personas débiles tienen fibras cortas, casi invisibles; las personas fuertes las tienen largas y
brillantes. Las de Genaro, por ejemplo, son tan brillantes que parecen gruesas. Por las fibras se conoce
si una persona está sana o está enferma, si es mezquina o bondadosa o traicionera. También se conoce,
por las fibras, si una persona puede ver.

—El mundo, cuando ves, no es como ahora piensas que es. Es más bien un mundo fugaz que se mueve
y cambia.

Hay que tener un empeño inflexible para llegar a ser hombre de conocimiento.

—¡Vive como guerrero! Ya te he dicho: un guerrero acepta la responsabilidad de sus actos, del más
trivial de sus actos. Tú actúas tus pensamientos y eso está mal.

Los hombres eran victoriosos o derrotados y, según eso, se convertían en perseguidores o en víctimas.
Estas dos condiciones prevalecían mientras uno no «veía»; el «ver» disipaba la ilusión de la victoria, la
derrota o el sufrimiento. Añadió que yo debía aprender a «ver» mientras fuese victorioso, para evitar el
tener jamás el recuerdo de una humillación.

Mientras piense que fue una víctima, su vida será un infierno. Y mientras tú pienses lo mismo, tu
promesa vale. Lo que nos hace desdichados es la necesidad. Pero si aprendemos a reducir a nada
nuestras necesidades, la cosa más pequeña que recibamos será un verdadero regalo.

A nosotros, como individuos, nos toca oponernos a las fuerzas de nuestras vidas. Esto te lo he dicho
mil veces: sólo un guerrero puede sobrevivir. Un guerrero sabe que espera y sabe lo que espera, y
mientras espera no quiere nada y así cualquier cosita que recibe es más de lo que puede tomar. Si
necesita comer halla el modo, porque no tiene hambre; si algo lastima su cuerpo halla el modo de
pararlo, porque no siente dolor. Tener hambre o sentir dolor significa que uno se ha entregado y que ya
no se es guerrero; las fuerzas de su hambre y su dolor lo destruirán.

Un guerrero sabe que espera y sabe lo que espera.

Algo muy claro y poderoso que dirige nuestros actos. La voluntad es algo que un hombre usa, por
ejemplo, para ganar una batalla que, según todos los cálculos, debería perder.

Tiene que ver con hazañas asombrosas que desafían nuestro sentido común.

Negarte es una entrega, y no recomiendo ninguna cosa por el estilo. Ese es el motivo de que te deje
hacer todas las preguntas que quieres. Si te forzara a parar de preguntar, podrías torcer tu voluntad
tratando de obedecer. Entregarse a la negación es el peor de todos los modos de entrega; nos fuerza a
creer que estamos haciendo cosas buenas, cuando en efecto sólo estamos fijos dentro de nosotros
mismos. Dejar de hacer preguntas no es la voluntad de la que te hablo. La voluntad es un poder. Y
como es un poder, tiene que ser controlado y afinado, y eso toma tiempo

Hay en nosotros una abertura; como la parte blanda de la cabeza de un niño, que se cierra con la edad,
esta abertura se abre conforme uno desarrolla su voluntad.

—¿Dónde está?

—En el sitio de tus fibras luminosas —dijo, señalando su área abdominal.

Dejar de preguntar no es voluntad porque requiere pensamiento y deseo.

La voluntad es lo que puede darte el triunfo cuando tus pensamientos te dicen que estás derrotado. La
voluntad es lo que te hace invulnerable. La voluntad es lo que manda a un brujo a través de una pared;
a través del espacio; a la luna, si él lo quiere.

Describió la voluntad como una fuerza que era la verdadera liga entre los hombres y el mundo. Tuvo
buen cuidado de establecer que el mundo era lo que percibimos, en cualquier manera que podemos
elegir percibirlo. Don Juan sostenía que «percibir el mundo» involucra un proceso de aprehender lo que
se presenta ante nosotros. Esta «percepción» particular se lleva a cabo con nuestros sentidos y nuestra
voluntad.

—Lo que tú llamas voluntad es carácter y disposición fuerte —dijo—. Lo que un brujo llama voluntad
es una fuerza que viene de dentro y se prende al mundo de fuera. Sale por la barriga, por aquí, donde
están las fibras luminosas —se frotó el ombligo para señalar la zona—. Digo que sale por aquí porque
uno lo siente salir.

Cuando percibimos el mundo con la voluntad, sabemos que no está tan allí ni es tan real como
pensamos.

Sólo un hombre de conocimiento percibe el mundo con sus sentimientos y con su voluntad y también
con su ver.

Un hombre que ve no necesita vivir como guerrero ni como ninguna otra cosa, porque puede ver las
cosas como son y dirigir su vida de acuerdo con eso

—De ese modo, para ser un guerrero un hombre debe estar, antes que nada y con justa razón,
terriblemente consciente de su propia muerte. Pero preocuparse por la muerte forzaría a cualquiera de
nosotros a enfocar su propia persona, y eso es debilitante. De modo que lo otro que uno necesita para
ser guerrero es el desapego. La idea de la muerte inminente, en vez de convertirse en obsesión, se
convierte en indiferencia.

—Ser ermitaño es una entrega y jamás me referí a eso. Un ermitaño no está despegado, pues se
abandona voluntariamente a ser ermitaño.

—Sólo la idea de la muerte da al hombre el desapego suficiente para que sea incapaz de abandonarse a
nada. Sólo la idea de la muerte da al hombre el desapego suficiente para que no pueda negarse nada.
Pero un hombre de tal suerte no ansía, porque ha adquirido una lujuria callada por la vida y por todas
las cosas de la vida. Sabe que su muerte lo anda cazando y que no le dará tiempo de adherirse a nada,
así que prueba, sin ansias, todo de todo.

Debe comprender por completo que su preferencia es su responsabilidad, y una vez que hace su
selección no queda tiempo para lamentos ni recriminaciones. Sus decisiones son definitivas,
simplemente porque su muerte no le da tiempo de adherirse a nada.

Con la conciencia de su muerte, con desapego y con el poder de sus decisiones, un guerrero arma su
vida en forma estratégica. El conocimiento de su muerte lo guía y le da desapego y lujuria callada; el
poder de sus decisiones definitivas le permite escoger sin lamentar, y lo que escoge es siempre
estratégicamente lo mejor; así cumple con gusto y con eficiencia lujuriosa, todo cuanto tiene que hacer.

—Cuando un guerrero ha adquirido paciencia, está en camino hacia la voluntad. Sabe cómo esperar. Su
muerte se sienta junto a él en su petate, son amigos. Su muerte le aconseja, en formas misteriosas,
cómo escoger, cómo vivir estratégicamente. ¡Y el guerrero espera! Yo diría que el guerrero aprende sin
apuro porque sabe que está esperando su voluntad; y un día logra hacer algo que por lo común es
imposible de ejecutar. A lo mejor ni siquiera advierte su acto extraordinario. Pero conforme sigue
ejecutando actos imposibles, o siguen pasándole cosas imposibles, se da cuenta de que una especie de
poder está surgiendo. Un poder que sale de su cuerpo conforme progresa en el camino del
conocimiento. Al principio es como una comezón en la barriga, o un calor que no puede mitigarse;
luego se convierte en un dolor, en un gran malestar. A veces el dolor y el malestar son tan grandes que
el guerrero tiene convulsiones durante meses; mientras más duras sean, mejor para él. Un magnifico
poder es siempre anunciado por grandes dolores.

Al aprender a ver, ya no necesita vivir como guerrero, ni ser brujo. Al aprender a ver, un hombre llega
a ser todo llegando a ser nada. Desaparece, por así decirlo, y sin embargo está allí. Yo diría que éste es
el tiempo en que un hombre puede ser o puede obtener cualquier cosa que desea. Pero no desea nada, y
en vez de jugar con sus semejantes como si fueran juguetes, los encuentra en medio de su desatino. La
única diferencia es que un hombre que ve controla su desatino, mientras que sus semejantes no pueden
hacerlo. Un hombre que ve ya no tiene un interés activo en sus semejantes. El ver lo ha despegado de
absolutamente todo lo que conocía antes.

—Somos hombres y nuestra suerte es aprender y ser arrojados a mundos nuevos, inconcebibles.

Ver es para hombres impecables. Templa tu espíritu, llega a ser un guerrero, aprende a ver, y entonces
sabrás que no hay fin a los mundos nuevos para nuestra visión.

—Cuando uno ve, ya no hay detalles familiares en el mundo. Todo es nuevo. Nada ha sucedido antes.
¡El mundo es increíble!

La posición de pelea que él me había enseñado años antes: consistía en danzar, golpeando el suelo con
la punta del pie izquierdo, mientras se daban palmadas vigorosas en el muslo derecho. La posición de
pelea era parte de una técnica defensiva usada en casos de extremo apuro y peligro.

Un hombre que ve puede aprender, en menos que te lo cuente, a manipular un aliado y puede hacerse
brujo. O también, un hombre puede aprender ciertas técnicas para dominar un aliado y así hacerse
brujo, aunque tal vez nunca aprenda a ver.

Ver es contrario a la brujería. Ver le hace a uno darse cuenta de la insignificancia de todo eso.

Mientras tengas cualquier sentimiento hacia él, el guardián permanecerá igual, monstruoso, hermoso o
lo que fuese. En cambio, si no tienes sentimiento alguno hacia él, el guardián se volverá nada y todavía
estará allí frente a ti.

Un guerrero no se abandona a nada, ni siquiera a su muerte.

Un guerrero trata todo con respeto y no pisotea nada a menos que tenga que hacerlo.
Un guerrero no es un socio voluntario; un guerrero no está disponible, y si se mete con algo, puedes
tener la certeza de que sabe lo que está haciendo.

La vida, para un guerrero, es un ejercicio de estrategia

A un guerrero no le importan los significados

Un guerrero nunca está disponible; nunca está parado en el camino esperando las pedradas. Así corta al
mínimo el chance de lo imprevisto. Lo que tú llamas accidentes son casi siempre muy fáciles de evitar,
excepto para los tontos que viven por las puras.

Un guerrero nunca está ocioso ni tiene prisa.

—La voluntad es lo que junta al brujo —dijo—, pero conforme la vejez lo debilita su voluntad se
apaga, y llega inevitablemente un momento en el que ya no es capaz de dominar su voluntad. Entonces
se queda sin nada con qué oponerse a la fuerza silenciosa de su muerte,

—La brujería es aplicar la voluntad a una coyuntura clave —dijo—. La brujería es interferencia. Un
brujo busca y encuentra la coyuntura clave de cualquier cosa que quiera afectar y luego aplica allí su
voluntad. Un brujo no tiene que ver para ser brujo; nada más necesita saber usar su voluntad.

—Un guerrero vive estratégicamente —dijo, sonriendo—. Un guerrero jamás lleva cargas que no
puede soportar.

—Nada está pendiente en el mundo —dijo—. Nada está terminado, pero nada está sin resolver

En el camino del conocimiento siempre estamos peleando con algo evitando algo, preparados para
algo; y ese algo es siempre inexplicable, más grande y poderoso que nosotros.

—El mundo está en verdad lleno de cosas temibles, y nosotros somos criaturas indefensas rodeadas por
fuerzas que son inexplicables e inflexibles.

El brujo, en cambio, no piensa en explicarlas ni en cambiarlas; en vez de ello, aprende a usar esas
fuerzas. El brujo se ajusta los remaches y se adapta a la dirección de tales fuerzas.

Un brujo, al abrirse al conocimiento, pierde sus resguardos y se hace presa de tales fuerzas y sólo tiene
un medio de equilibrio: su voluntad; por eso debe sentir y actuar como un guerrero. Te lo repito una
vez más: sólo como guerrero es posible sobrevivir en el camino del conocimiento. Lo que ayuda a un
brujo a vivir una vida mejor es la fuerza de ser guerrero.

Por tanto, he procurado enseñarte esas fuerzas como un brujo las percibe porque sólo bajo su impacto
aterrador puede uno convertirse en guerrero. Ver sin ser antes un guerrero te debilitaría; te daría una
mansedumbre falsa, un deseo de hundirte en el olvido; tu cuerpo se echaría a perder porque te harías
indiferente. Mi obligación personal es hacerte guerrero para que no te desmorones.

—Te he oído decir una y otra vez que siempre estás dispuesto a morir. No considero necesario ese
sentimiento. Me parece una entrega inútil. Un guerrero sólo debe estar preparado para la batalla.

—El espíritu de un guerrero no está engranado para la entrega y la queja, ni está engranado para ganar
o perder. El espíritu de un guerrero sólo está engranado para la lucha, y cada lucha es la última batalla
del guerrero sobre la tierra. De allí que el resultado le importa muy poco. En su última batalla sobre la
tierra, el guerrero deja fluir su espíritu libre y claro. Y mientras libra su batalla, sabiendo que su
voluntad es impecable, el guerrero ríe y ríe.

Un guerrero elige los elementos que forman su mundo. Elige con deliberación, pues cada elemento que
escoge es un escudo que lo protege de los ataques de las fuerzas que él lucha por usar. Un guerrero
utiliza sus resguardos para protegerse de su aliado, por ejemplo.

—Un hombre común y corriente, igualmente rodeado por esas fuerzas inexplicables, se olvida de ellas
porque tiene otras clases de resguardos especiales para protegerse.

—¿Qué son esos resguardos? —pregunté.

—Lo que la gente hace —repuso.

La gente está ocupada haciendo lo que la gente hace. Esos son sus resguardos. Cada vez que un brujo
se encuentra con cualquiera de esas fuerzas inexplicables e inflexibles de las que hemos hablado, su
abertura se ensancha, haciéndolo más susceptible a su muerte de lo que es comúnmente; te he dicho
que morimos por esa abertura; por ello, si está abierta, uno tiene que tener la voluntad lista para
llenarla; eso es, si uno es guerrero. Si uno no es guerrero, como tú, el único recurso que le queda es
usar las actividades de la vida cotidiana para apartar a la mente del susto del encuentro y así permitir
que la abertura se cierre. Tú te enojaste conmigo ese día que te encontraste al aliado. Te hice enojar
cuando paré tu coche y te enfrié al echarte al agua. El que tuvieras la ropa puesta te dio aún más frío. El
enojo y el frío te ayudaron a cerrar tu abertura y quedaste protegido

Tus antiguos resguardos ya no son seguros.

—¿Qué es lo que debería hacer?

—Actuar como guerrero y elegir los elementos de tu mundo. Ya no puedes rodearte de cosas a la loca.
Te digo esto de la manera más seria. Ahora, por primera vez, no estás seguro en tu antigua forma de
vivir.

—Un guerrero encuentra esas fuerzas inexplicables e inflexibles porque las anda buscando adrede; así
que siempre está preparado para el encuentro.
Encontrarse con un aliado no es fiesta de domingo ni paseo al campo, y un guerrero toma la
responsabilidad de proteger su vida. Luego, si cualquiera de esas fuerzas te topa y ensancha tu abertura,
debes luchar deliberadamente por cerrarla tú solo. Para ese propósito deberás haber elegido cierto
número de cosas que te den paz y placer, cosas que puedas usar deliberadamente para apartar los
pensamientos de tu susto y cerrarte y amacizarte.

El guerrero sabe que un camino tiene corazón cuando es uno con él, cuando experimenta gran paz y
placer al atravesar su largo. Las cosas que un guerrero elige para hacer sus resguardos son los
elementos de un camino con corazón.

Nos hablamos de nuestro mundo. Es más, mantenemos nuestro mundo con nuestra conversación
interna.

Lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos con nuestra conversación interna. No sólo eso,
sino que también escogemos nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos. De allí que repetimos
las mismas preferencias una y otra vez hasta el día en que morimos, porque seguimos repitiendo la
misma conversación interna una y otra vez hasta el día en que morimos.

Antes que nada debes usar tus oídos a fin de quitar a tus ojos parte de la carga. Desde que nacimos
hemos estado usando los ojos para juzgar el mundo. Hablamos a los demás, y nos hablamos a nosotros
mismos, acerca de lo que vemos. Un guerrero se da cuenta de esto y escucha el mundo; escucha los
sonidos del mundo.

Un guerrero se da cuenta de que el mundo cambiará tan pronto como deje de hablarse a sí mismo
—dijo—, y debe estar preparado para esa sacudida monumental.

El mundo es así-y-así o así-y-asá sólo porque nos decimos a nosotros mismos que esa es su forma. Si
dejamos de decirnos que el mundo es así-y-asá, el mundo deja de ser así-y-asá. En este momento no
creo que estés listo para un golpe tan enorme; por eso debes empezar despacio a deshacer el mundo.

—Tu problema es que confundes el mundo con lo que la gente hace. Pero tampoco en eso eres el único.
Todos lo hacemos. Las cosas que la gente hace son los resguardos contra las fuerzas que nos rodean; lo
que hacemos como gente nos da consuelo y nos hace sentirnos seguros; lo que la gente hace es por
cierto muy importante, pero sólo como resguardo. Nunca aprendemos que las cosas que hacemos como
gente son sólo resguardos, y dejamos que dominen y derriben nuestras vidas. De hecho, podría decir
que para la humanidad, lo que la gente hace es más grande y más importante que el mundo mismo.

—El mundo es todo lo que está encajado aquí —dijo, y pateó el suelo—. La vida, la muerte, la gente,
los aliados y todo lo demás que nos rodea. El mundo es incomprensible. Jamás lo entenderemos; jamás
desenredaremos sus secretos. Por eso, debemos tratarlo como lo que es: ¡un absoluto misterio!
Las cosas que la gente hace no pueden, bajo ninguna condición, ser más importantes que el mundo. De
modo que un guerrero trata el mundo como un interminable misterio, y lo que la gente hace como un
desatino sin fin.

Hay tres clases de seres —dijo él de pronto—: los que no dan nada porque no tienen nada que dar, los
que sólo causan susto, y los que tienen regalos. El que viste anoche era de los silenciosos; no tiene nada
que dar; es sólo una sombra. Pero casi siempre hay otro tipo de ser asociado con el silencioso: un
espíritu malvado cuya única cualidad es causar miedo y que siempre ronda la morada de un silencioso.

—El susto es algo que uno no puede nunca superar —dijo don Juan cuando la risa se calmó—. Cuando
un guerrero se ve en tales aprietos, sencillamente le vuelve la espalda al aliado sin pensarlo dos veces.
Un guerrero no se entrega; por eso no puede morir de susto. Un guerrero permite que el aliado venga
sólo cuando él ya está listo y preparado. Cuando es lo bastante fuerte para forcejear con el aliado,
ensancha su abertura y va para afuera, agarra al aliado, lo tiene sujeto y le clava la vista exactamente el
tiempo que necesita; luego hace los ojos a un lado y suelta al aliado y lo deja ir. Un guerrero, mi
amiguito, es alguien que siempre manda.

Extractos de Viaje A Ixtlan

El hombre sin rutinas, libre, fluido, imprevisible, que, fiel a su esencial naturaleza terrena, vive una
vida impecable.

Para un brujo, el mundo de la vida cotidiana no es real ni está allí, como nosotros creemos. Para un
brujo, la realidad, o el mundo que todos conocemos, es solamente una descripción.

Todo el que entra en contacto con un niño es un maestro que le describe incesantemente el mundo,
hasta el momento en que el niño es capaz de percibir el mundo según se lo describen. De acuerdo con
don Juan, no guardamos recuerdo de aquel momento portentoso, simplemente porque ninguno de
nosotros podía haber tenido ningún punto de referencia para compararlo con cualquier otra cosa. Sin
embargo, desde ese momento el niño es un miembro. Conoce la descripción del mundo, y su
membrecía supongo, se hace definitiva cuando él mismo es capaz de llevar a cabo todas las
interpretaciones perceptuales adecuadas, que validan dicha descripción ajustándose a ella.

—Si queremos parar a nuestros semejantes, siempre hay que estar fuera del círculo que los oprime. En
esa forma se puede dirigir la presión.

La frase «parar el mundo» era en realidad una buena expresión de ciertos estados de conciencia en los
cuales la realidad de la vida cotidiana se altera porque el fluir de la interpretación, que por lo común
corre ininterrumpido, ha sido detenido por un conjunto de circunstancias ajenas a dicho fluir. En mi
caso, el conjunto de circunstancias ajeno a mi fluir normal de interpretaciones fue la descripción que la
brujería hace del mundo. El requisito previo que don Juan ponía para «parar el mundo» era que uno
debía estar convencido; en otras palabras, había que aprender la nueva descripción en un sentido total,
con el propósito de enfrentarla con la vieja y en tal forma romper la certeza dogmática, compartida por
todos nosotros, de que la validez de nuestras percepciones, o nuestra realidad del mundo, se encuentra
más allá de toda duda.

«Ver». Con eso, don Juan se refería a lo que me gustaría categorizar como «responder a los estímulos
perceptuales de un mundo fuera de la descripción que hemos aprendido a llamar realidad».

La gente casi nunca se da cuenta de que podemos cortar cualquier cosa de nuestras vidas en cualquier
momento, así nomás —chasqueó los dedos.

El cigarro y la bebida no son nada. Nada en absoluto si queremos dejarlos.

Uno puede recibir acuerdos de todo lo que lo rodea.

¿Cómo puede uno dejar su historia personal? —pregunté en tono de discusión.

—Primero hay que tener el deseo de dejarla —dijo—. Y luego tiene uno que cortársela
armoniosamente, poco a poco.

El hecho de que yo sepa si soy yaqui o no, no hace que eso sea historia personal —replicó él—. Sólo se
vuelve historia personal cuando alguien más lo sabe. Y te aseguro que nadie lo sabrá nunca de cierto.

Tu padre conoce todo lo tuyo —dijo—. Así pues, te tiene resuelto por completo. Sabe quién eres y qué
haces, y no hay poder sobre la tierra que lo haga cambiar de parecer acerca de ti.

Debes renovar tu historia personal contando a tus padres, o a tus parientes y tus amigos todo cuanto
haces. En cambio, si no tienes historia personal, no se necesitan explicaciones; nadie se enoja ni se
desilusiona con tus actos. Y sobre todo, nadie te amarra con sus pensamientos.

Vale más borrar toda historia personal —dijo despacio, como dando tiempo a mi torpeza de anotar sus
palabras— porque eso nos libera de la carga de los pensamientos ajenos

Poco a poco tienes que crear una niebla en tu alrededor; debes borrar todo cuanto te rodea hasta que
nada pueda darse por hecho, hasta que nada sea ya cierto. Tu problema es que eres demasiado cierto.
Tus empresas son demasiado ciertas; tus humores son demasiado ciertos. No tomes las cosas por
hechas. Debes empezar a borrarte.

Empieza por lo fácil, como no revelar lo que verdaderamente haces. Luego debes dejar a todos los que
te conozcan bien. Así construirás una niebla en tu alrededor.
—Lo malo es que, una vez que te conocen, te dan por hecho, y desde ese momento no puedes ya
romper el lazo de sus pensamientos. A mí en lo personal me gusta la libertad ilimitada de ser
desconocido. Nadie me conoce con certeza constante,

No me importan las mentiras ni las verdades —dijo con severidad—. Las mentiras son mentiras
solamente cuando tienes historia personal.

Cuando uno no tiene historia personal —explicó—, nada de lo que dice puede tomarse como una
mentira. Tu problema es que tienes que explicarle todo a todos, por obligación, y al mismo tiempo
quieres conservar la frescura, la novedad de lo que haces. Bueno, pues como no puedes sentirte
estimulado después de explicar todo lo que has hecho, dices mentiras para seguir en marcha.

Debes simplemente enseñarle a la gente lo que quieras enseñarle, pero sin decirle nunca con exactitud
cómo lo has hecho.

Sólo tenemos una alternativa: o tomamos todo por cierto, o no. Si hacemos lo primero, terminamos
muertos de aburrimiento con nosotros mismos y con el mundo. Si hacemos lo segundo y borramos la
historia personal, creamos una niebla a nuestro alrededor, un estado muy emocionante y misterioso en
el que nadie sabe por dónde va a saltar la liebre, ni siquiera nosotros mismos.

Cuando nada es cierto nos mantenemos alertas, de puntillas todo el tiempo —dijo él—. Es más
emocionante no saber detrás de cuál matorral se esconde la liebre, que portarnos como si conociéramos
todo.

Obligando a las manos a adoptar una posición específica, uno era capaz de mayor energía y mayor
lucidez.

Te tomas demasiado en serio —dijo, despacio—. Te das demasiada importancia. ¡Eso hay que
cambiarlo! Te sientes de lo más importante, y eso te da pretexto para molestarte con todo. Eres tan
importante que puedes marcharte así nomás si las cosas no salen a tu modo. Sin duda piensas que con
eso demuestras tener carácter. ¡Eres débil y arrogante!

Mientras te sientas lo más importante del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea.
Eres como un caballo con anteojeras: nada más te ves tú mismo, ajeno a todo lo demás.

—La muerte es nuestra eterna compañera —dijo don Juan con un aire sumamente serio—. Siempre
está a nuestra izquierda, a la distancia de un brazo

¿Cómo puede uno darse tanta importancia sabiendo que la muerte nos está acechando?

Cuando estés impaciente —prosiguió—, lo que debes hacer es voltear a la izquierda y pedir consejo a
tu muerte. Una inmensa cantidad de mezquindad se pierde con sólo que tu muerte te haga un gesto, o
alcances a echarle un vistazo, o nada más con que tengas la sensación de que tu compañera está allí
vigilándote.
Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te está saliendo mal y que estás a punto de ser
aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te dirá que te equivocas; que
nada importa en realidad más que su toque. Tu muerte te dirá: «Todavía no te he tocado».

Pedir consejo a la muerte y dejar la pinche mezquindad de los hombres que viven sus vidas como si la
muerte nunca los fuera a tocar.

En vista de mi muerte inminente, los miedos y la irritación eran tonterías.

Digamos que conozco toda clase de cosas porque no tengo historia personal, y porque no me siento
más importante que ninguna otra cosa, y porque mi muerte está sentada aquí conmigo.

Cuando un hombre decide hacer algo, debe ir hasta él fin —dijo—, pero debe aceptar responsabilidad
por lo que hace. Haga lo que haga, primero debe saber por qué lo hace, y luego seguir adelante con sus
acciones sin tener dudas ni remordimientos acerca de ellas.

Yo no tengo duda ni remordimiento. Todo cuanto hago es mi decisión y mi responsabilidad. La cosa,


más simple que haga, llevarte a caminar en el desierto, por ejemplo, puede muy bien significar mi
muerte. La muerte me acecha. Por eso, no tengo lugar para dudas ni remordimientos. Si tengo que
morir como resultado de sacarte a caminar, entonces debo morir.

Tú, en cambio, te sientes inmortal, y las decisiones de un inmortal pueden cancelarse o lamentarse o
dudarse. En un mundo donde la muerte es el cazador, no hay tiempo para lamentos ni dudas, amigo
mío. Sólo hay tiempo para decisiones.

Hacernos responsables de nuestras decisiones significa estar dispuestos a morir por ellas.

No importa cuál sea la decisión —dijo él—. Nada podría ser más ni menos serio que ninguna otra cosa.
¿No ves? En un mundo donde la muerte es el cazador no hay decisiones grandes ni pequeñas. Sólo hay
decisiones que hacemos a la vista de nuestra muerte inevitable.

No tengo nada pendiente. No hay ninguna prisa en mi vida, por eso puedo tener contigo un gesto como
es debido.

Hallar un sitio «benéfico» o «enemigo» era una importante necesidad para un hombre en el desierto

Para hallar el sitio apropiado donde descansar, sólo tenía uno que cruzar los ojos

Don Juan me describió la técnica, cuyo perfeccionamiento llevaba años; consistía en forzar
gradualmente a los ojos a ver por separado la misma imagen. La carencia de conversión en la imagen
involucraba una percepción doble del mundo; esta doble percepción, según don Juan, daba a uno
oportunidad de evaluar cambios en el entorno, que los ojos eran por lo común incapaces de percibir.
Empezar lanzando miradas cortas, casi con el rabo del ojo.

Me explicó pacientemente que mirar en vistazos cortos permitía a los ojos apresar visiones insólitas.

—No son visiones propiamente dichas —dijo él—. Son más bien sensaciones. Si miras un arbusto o un
árbol o una piedra donde tal vez te gustaría descansar, tus ojos pueden darte a sentir si ése es o no el
mejor sitio de reposo.

No me importa lo que veas —dijo—. Daría igual que estuvieras viendo un elefante. Lo importante es
qué cosa sientes.

Una vez que aprendas a separar las imágenes y veas dos de cada cosa, debes poner atención en el
espacio entre las dos imágenes. Cualquier cambio digno de notarse ocurrirá allí, en ese espacio.

Ser cazador significa, que uno conoce mucho —prosiguió—. Significa que uno puede ver el mundo en
formas distintas. Para ser cazador, hay que estar en perfecto equilibrio con todo lo demás; de lo
contrario la caza sería una faena sin sentido.

—Los cazadores tienen que ser individuos excepcionalmente agudos —prosiguió—. Un cazador deja
muy pocas cosas al azar

¿Por qué debería ser el mundo sólo como tú crees que es? ¿Quién te dio la autoridad para decir eso?

Si le conviene, el cazador se esconde del poder cubriéndose y quedándose quieto hasta que el
crepúsculo pasa y el poder lo tiene envuelto en su protección.

Por eso, si un cazador quiere viajar de noche, o quiere que lo tengan despierto, debe ponerse al alcance
del viento.

—En eso consiste el secreto de los grandes cazadores. En ponerse al alcance, y fuera del alcance, en la
vuelta justa del camino.

Ponerse fuera del alcance no significaba ocultarse ni guardar secretos, sino ser inaccesible.

Deja que te lo diga de otro modo —prosiguió, pacientemente—. No tiene caso esconderte si todo el
mundo sabe que estás escondido.

Debes rescatarte de en medio del camino. Todo tu ser está allí, de modo que no tiene caso esconderte;
sólo te figuras que estás escondido. Estar en medio del camino significa que todo el que pasa mira tus
ires y venires.

La perdiste porque eras accesible; siempre estabas a su alcance y tu vida era de rutina.
El arte de un cazador es volverse inaccesible —dijo—. En el caso de esa güera, quería decir que tenías
que volverte cazador y verla lo menos posible. No como hiciste. Te quedaste con ella día tras día, hasta
no dejar otro sentimiento que el fastidio. ¿Verdad?

Ser inaccesible significa tocar lo menos posible el mundo que te rodea. No comes cinco perdices;
comes una. No dañas las plantas sólo por hacer una fosa para barbacoa. No te expones al poder del
viento a menos que sea obligatorio. No usas ni exprimes a la gente hasta dejarla en nada, y menos a la
gente que amas.

Jamás.

Ponerse fuera del alcance significa que evitas, a propósito, agotarte a ti mismo y a los otros —prosiguió
él—. Significa que no estás hambriento y desesperado, como el pobre hijo de puta que siente que no
volverá a comer y devora toda la comida que puede, ¡todas las cinco perdices!

Un cazador sabe que atraerá caza a sus trampas una y otra vez, así que no se preocupa. Preocuparse es
ponerse al alcance, sin quererlo. Y una vez que te preocupas, te agarras a cualquier cosa por
desesperación; y una vez que te aferras, forzosamente te agotas o agotas a la cosa o la persona de la que
estás agarrado.

Ser inaccesible no significa esconderse ni andar con secretos —dijo él calmadamente—. Tampoco
significa que no puedas tratar con la gente.

Un cazador usa su mundo lo menos posible y con ternura, sin importar que el mundo sean cosas o
plantas, o animales, o personas o poder. Un cazador tiene trato íntimo con su mundo, y sin embargo es
inaccesible para ese mismo mundo.

Es inaccesible porque no exprime ni deforma su mundo. Lo toca levemente, se queda cuanto necesita
quedarse, y luego se aleja raudo, casi sin dejar señal alguna.

Te preocupas por comer todos los días a eso de las doce, y a eso de las seis de la tarde, y a eso de las
ocho de la mañana —dijo con una sonrisa maliciosa—. A esas horas te preocupas por comer, aunque
no tengas hambre.

Te será fácil darte cuenta de que un buen cazador conoce sobretodo una cosa: conoce las rutinas de su
presa.

Un cazador digno de serlo no captura animales porque pone trampas, ni porque conoce las rutinas de su
presa, sino porque él mismo no tiene rutinas. Esa es su ventaja. No es de ningún modo cómo los
animales que persigue, fijos en rutinas pesadas y en caprichos previsibles; es libre, fluido, imprevisible.

El propósito de un cazador, que conoce todo esto, es dejar de ser él mismo una presa. ¿Ves lo que
quiero decir?
Un buen cazador cambia de proceder tan a menudo como lo necesita

Un cazador no sólo debe conocer los hábitos de su presa; también debe saber que en esta tierra hay
poderes que guían a los hombres y los animales y todo lo que vive.

De poderes que guían nuestra vida y nuestra muerte.

Te sientes obligado a explicar tus actos, como si fueras el único hombre que se equivoca en la tierra
—dijo—. Es tu viejo sentimiento de importancia

Hay algunas personas que tienen mucho cuidado con la naturaleza de sus actos. Su felicidad es actuar
con el conocimiento pleno de que no tienen tiempo; así, sus actos tienen un poder peculiar; sus actos
tienen un sentido de…

Los actos tienen poder —dijo—. Sobre todo cuando la persona que actúa sabe que esos actos son su
última batalla. Hay una extraña felicidad ardiente en actuar con el pleno conocimiento de que lo que
uno está haciendo puede muy bien ser su último acto sobre la tierra. Te recomiendo meditar en tu vida
y contemplar tus actos bajo esa luz.

—No tienes tiempo, amigo mío —dijo él—. Ésa es la desgracia de los seres humanos. Ninguno de
nosotros tiene tiempo suficiente, y tu continuidad no tiene sentido en este mundo de pavor y misterio.

—Tu continuidad sólo te hace tímido. Tus actos no pueden de ninguna manera tener el gusto, el poder,
la fuerza irresistible de los actos realizados por un hombre que sabe que está librando su última batalla
sobre la tierra. En otras palabras, tu continuidad no te hace feliz ni poderoso.

Pon tu atención en el lazo que te une con tu muerte, sin remordimiento ni tristeza ni preocupación. Pon
tu atención en el hecho de que no tienes tiempo, y deja que tus actos fluyan de acuerdo con eso. Que
cada uno de tus actos sea tu última batalla sobre la tierra. Sólo bajo tales condiciones tendrán tus actos
el poder que les corresponde. De otro modo serán, mientras vivas, los actos de un hombre tímido.

—¿Es tan terrible ser tímido?

—No. No lo es si vas a ser inmortal, pero si vas a morir no hay tiempo para la timidez, sencillamente
porque la timidez te hace agarrarte de algo que sólo existe en tus pensamientos. Te apacigua mientras
todo está en calma, pero luego el mundo de pavor y misterio abre la boca para ti, como la abrirá para
cada uno de nosotros, y entonces te das cuenta de que tus caminos seguros nada tenían de seguro. La
timidez nos impide examinar y aprovechar nuestra suerte como hombres.

—Nuestra muerte espera, y este mismo acto que estamos realizando ahora puede muy bien ser nuestra
última batalla sobre la tierra —respondió en tono solemne—. La llamo batalla porque es una lucha. La
mayoría de la gente pasa de acto a acto sin luchar ni pensar. Un cazador, al contrario, evalúa cada acto;
y como tiene un conocimiento íntimo de su muerte, procede con juicio, como si cada acto fuera su
última batalla

Un cazador da a su última batalla el respeto que merece. Es natural que su último acto sobre la tierra
sea lo mejor de sí mismo. Así es placentero. Le quita el filo al temor.

Las fuerzas que guían a los hombres son imprevisibles, pavorosas, pero su esplendor es digno de verse.

Un cazador no se ocupa de manipular poder; por eso sus sueños son sólo sueños. Pueden calarle hondo,
pero no son soñar.

—Un guerrero, en cambio, busca poder, y una de las avenidas al poder es el soñar. Puedes decir que la
diferencia entre un cazador y un guerrero es que el guerrero va camino al poder, mientras el cazador no
sabe nada de él, o muy poco.

La decisión de quién puede ser guerrero y quién puede ser sólo cazador, no depende de nosotros. Esa
decisión está en el reino de los poderes que guían a los hombres.

Hacerte accesible al poder; abordar tus sueños —repuso—. Los llamas sueños porque no tienes poder.
Un guerrero, siendo un hombre que busca poder, no los llama sueños, los llama realidades.

Un guerrero es un cazador inmaculado que anda a caza de poder; no está borracho, ni loco, y no tiene
tiempo ni humor para fanfarronear, ni para mentirse a sí mismo, ni para equivocarse en la jugada. La
apuesta es demasiado alta. Lo que pone en la mesa es su vida dura y ordenada, que tanto tiempo le
llevó perfeccionar. No va a desperdiciar todo eso por un estúpido error de cálculo, o por tomar una cosa
por lo que no es.

—El soñar es real para un guerrero porque allí puede actuar con deliberación, puede escoger y
rechazar; puede elegir, entre una variedad de cosas, aquellas que llevan al poder, y luego puede
manejarlas y usarlas, mientras que en un sueño común y corriente no puede actuar con deliberación.

—El poder es algo con lo cual un guerrero se las ve —repuso—. Al principio es un asunto increíble,
traído a la mala; hasta pensar en el poder es difícil

No es nada, y sin embargo hace aparecer maravillas delante de tus propios ojos. Y finalmente, el poder
es algo dentro de uno mismo, algo que controla nuestros actos y a la vez obedece nuestro mandato.

Deja en paz tu mundo civilizado —dijo—. !Déjalo! Nadie te pide que te portes como un loco. Ya te lo
he dicho: un guerrero necesita ser perfecto para manejar los poderes que caza; ¿cómo puedes concebir
que un guerrero no sea capaz de diferenciar las cosas?
—En cambio, tú, amigo mío, que conoces lo que es el mundo real, te perderías y morirías en un
instante si tuvieras que depender de tu capacidad para distinguir qué cosa es real y cuál no.

Explicó que la idea de hacerse accesible al poder tenía graves implicaciones. El poder era una fuerza
devastadora que fácilmente podía conducir a la muerte, y había que tratarlo con enorme cuidado. Había
que ponerse sistemáticamente al alcance del poder, pero siempre con gran cautela.

Un estallido controlado y una quietud controlada eran la marca de un guerrero.

Me hallaba en un estado perfecto para «parar el mundo». En tal estado se combinaban el temor, la
impotencia, el poder y la muerte; dijo que sería bastante difícil repetir un estado así.

¿Qué quiere usted decir con «parar el mundo»? —le susurré al oído.

Me lanzó una mirada feroz antes de responder que era una técnica practicada por quienes cazaban
poder, una técnica por virtud de la cual el mundo, tal como lo conocemos, se derrumbaba.

Cualquier guerrero podría llegar a ser hombre de conocimiento. Como ya te dije, un guerrero es un
cazador impecable que caza poder. Si logra cazar, puede ser un hombre de conocimiento.

¿Para qué se entierran, don Juan?

—Para recibir instrucción y para ganar poder.

Como cualquier hombre, merecía todo lo que era la suerte de los hombres: alegría, dolor, tristeza y
lucha, y la naturaleza de nuestros actos carecía de importancia siempre y cuando actuáramos como
guerreros.

No arreglar el espíritu era buscar la muerte, y eso era igual que no buscar nada, pues la muerte nos iba a
alcanzar de cualquier manera.

Buscar la perfección del espíritu del guerrero es la única tarea digna de nuestra hombría.

Por mucho que te guste compadecerte a ti mismo, tienes que cambiar eso —dijo con voz suave—. No
encaja con la vida de un guerrero.

Lo más difícil en este mundo es adoptar el ánimo de un guerrero —dijo él—. De nada sirve estar triste
y quejarse y sentirse justificado de hacerlo, creyendo que alguien nos está siempre haciendo algo.
Nadie le está haciendo nada a nadie, mucho menos a un guerrero.

La pena no encaja con el poder —dijo—. El ánimo de un guerrero implica que el guerrero se controla y
al mismo tiempo se abandona.
Pude ver los músculos de su estómago contraerse en espasmos cortos, muy rápidos, mientras él
exhalaba e inhalaba por la nariz en veloz sucesión. Me instó a imitarlo y a descubrir por mí mismo
dónde estaba el agua. Hice la prueba, con renuencia. Tras cinco o seis minutos de respirar aprisa me
hallaba mareado, pero mi nariz se había despejado en forma extraordinaria y me era posible detectar el
olor de sauces de río. Sin embargo, no podía decir dónde estaban.

No te soltaste al grado de orinarte en los calzones, pero te soltaste y trepaste ese muro en completa
oscuridad. Podrías haber dado un paso en falso y matarte. Trepar ese muro en la oscuridad requería que
te contuvieras y te soltaras al mismo tiempo. Eso es lo que yo llamo el ánimo de un guerrero.

Te puedes espolear más allá de tus límites si estás en el ánimo correcto. Un guerrero crea su propio
ánimo. Tú no lo sabías. El miedo te metió en el ánimo de un guerrero, pero ahora que lo conoces,
cualquier cosa puede servir para que te metas en él.

Es conveniente actuar siempre con ese ánimo —prosiguió—. Acaba con la idiotez y lo deja a uno
purificado. Te sentiste muy bien cuando llegaste a la cima del risco. ¿O no?

Uno necesita el ánimo de un guerrero para cada uno de sus actos —dijo—. De otro modo uno se
enchueca y se afea. No hay poder en una vida que carece de este ánimo. Mírate tú mismo. Todo te
ofende y te inquieta. Chillas y te quejas y sientes que todo el mundo te hace bailar a su son. Eres una
hoja a merced del viento. No hay poder en tu vida. ¡Qué feo debe de sentirse eso!

—Un guerrero, en cambio, es un cazador. Todo lo calcula. Eso es control. Pero una vez terminados sus
cálculos, actúa. Se deja ir. Eso es abandono. Un guerrero no es una hoja a merced del viento. Nadie lo
empuja; nadie lo obliga a hacer cosas en contra de sí mismo o de lo que juzga correcto. Un guerrero
está entonado para sobrevivir, y sobrevive del mejor modo posible.

Un guerrero podría sufrir daño, pero no ofensa —dijo—. Para un guerrero no hay nada ofensivo en los
actos de sus semejantes mientras él mismo esté actuando dentro del ánimo correcto.

La otra noche, no te ofendiste con el gato. El hecho de que nos persiguió no te hizo enojar. No te oí
maldecirlo, ni te oí decir que no tuviera derecho a seguirnos. Fácilmente podría haber sido un gato
cruel y malicioso. Pero eso no te preocupaba mientras tratabas de huirle. Lo único que venía al caso era
sobrevivir.

Si hubieras estado solo y el puma te hubiera alcanzado y hecho garras, jamás habrías pensado siquiera
en quejarte o en sentirte ofendido por sus actos.

Lograr el ánimo de un guerrero no es cosa sencilla. Es una revolución. Considerar iguales al puma y a
las ratas de agua y a nuestros semejantes es un acto magnífico del espíritu del guerrero. Se necesita
poder para llevarlo a cabo.
El Poder es un asunto muy peculiar. No puedo decir con exactitud lo que realmente es. Es un
sentimiento que uno tiene sobre ciertas cosas. El poder es personal. Pertenece a uno nada más.

Un cazador de poder lo atrapa y luego lo guarda como su hallazgo personal. Así, el poder personal
crece, y puede darse el caso de un guerrero que, de tanto poder personal que tiene, se hace hombre de
conocimiento.

—¿Cómo guarda uno el poder, don Juan?

—Eso también es un sentimiento. Depende de la clase de persona que sea el guerrero.

Soy tan joven como quiero —dijo él—. Esto también es cosa de poder personal. Si vas juntando poder,
tu cuerpo puede realizar hazañas increíbles. En cambio, si disipas el poder, te pones viejo y gordo de la
noche a la mañana.

Un cazador de poder vigila todo —prosiguió—. Y cada cosa le dice algún secreto.

Hay mundos sobre mundos, aquí mismo frente a nosotros. Y no son cosa de risa.

El poder es un asunto muy extraño. Para tenerlo y disponer de él, hay que tener poder por principio de
cuentas. Es posible, sin embargo, irlo juntando poco a poco, hasta tener lo suficiente para sostenerse en
una batalla de poder.

La muerte siempre está esperando, y cuando el poder del guerrero mengua, la muerte simplemente lo
toca. Por eso, aventurarse a lo desconocido sin ningún poder es estúpido. Sólo se encuentra la muerte.

Pero ¿por qué tengo yo que querer poder, don Juan?

—Ahora no se te ocurre una razón. Pero si guardas suficiente poder, el mismo poder te hallará una
buena razón. Suena a locura, ¿verdad?

Una de las artes del guerrero es derribar el mundo por una razón específica y luego restaurarlo para
seguir viviendo.

Un guerrero jamás vuelve la espalda al poder sin pagar los favores recibidos.

Cada guerrero tiene un sitio para morir. Un sitio de su predilección, donde eventos poderosos dejaron
su huella; un sitio donde ha presenciado maravillas, donde se le han revelado secretos; un sitio donde
ha juntado su poder personal.

Un hombre no es más que la suma de su poder personal, y esa suma determina cómo vive y cómo
muere.
—El poder personal es un sentimiento —dijo—. Algo como tener suerte. O podríamos llamarlo un
estado de ánimo. El poder personal es algo que uno adquiere sin importar su propio origen.

Necesitas creer que el poder personal puede usarse y que es posible guardarlo,

—Un hombre de conocimiento es alguien que ha seguido de verdad las penurias del aprendizaje
—dijo—. Un hombre que, sin apurarse ni desfallecer, ha llegado lo más lejos que puede en desentrañar
los secretos del poder personal.

Cazar poder es un asunto muy extraño —dijo—. No hay manera de planearlo por anticipado. Eso es lo
emocionante. Pero de todos modos un guerrero procede como si tuviera un plan, porque confía en su
poder personal. Sabe de cierto que lo hará actuar en la forma más apropiada.

El secreto no está en lo que tú mismo te haces, sino más bien en lo que no haces.

El poder no pertenece a nadie. Algunos de nosotros podemos guardarlo, y luego se le podría dar
directamente a otra persona. Verás, la clave del poder así guardado es que sólo puede usarse para
ayudar a alguien más a guardar poder.

—Todo lo que hace un hombre gira sobre su poder personal —prosiguió don Juan—. Así pues, para
quien no tiene, los hechos de un hombre poderoso son increíbles. Se necesita poder hasta para concebir
lo que es el poder. Esto es lo que he estado tratando dé decirte todo el tiempo. Pero sé que no entiendes,
no porque no quieras sino porque tienes muy poco poder personal.

Un guerrero siempre se cercioraba de que todo estuviese en orden, no porque creyera que iba a
sobrevivir la prueba que se hallaban a punto de emprender, sino porque era parte de su conducta
impecable.

Confía en tu poder personal —me dijo al oído—. Eso es todo lo que uno tiene en todo este mundo
misterioso.

Un guerrero actuaba como si supiera lo que hacía, aunque en realidad no sabía nada.

Un guerrero es impecable cuando confía en su poder personal sin importar que sea pequeño o enorme.

El tronco de don Juan estaba ligeramente inclinado hacia adelante, pero su espina se hallaba derecha.
También sus rodillas estaban un poco dobladas.

Caminó despacio frente a mí para hacerme notar que alzaba las rodillas casi hasta el pecho cada vez
que daba un paso. Y luego echó a correr perdiéndose de vista y regresó de nuevo. Yo no concebía
cómo podía correr en la oscuridad total.

Don Juan me ordenó seguirme moviendo en el mismo sitio y tratar de sentir que en verdad estaba
usando la marcha de poder.
La marcha de poder requería que uno pusiera los ojos en el suelo directamente enfrente, porque
cualquier vistazo a los lados producía una alteración en el fluir del movimiento. Explicó que era
necesario inclinar el tronco hacia adelante para bajar los ojos, y que la razón para levantar las rodillas
hasta el pecho era que los pasos debían ser cortos y seguros.

—¿Pero cómo puedo guardar poder personal?

—Lo estás haciendo al vivir como te he recomendado. Poco a poco estás tapando todos tus puntos de
desagüe. No tienes que hacerlo en forma deliberada, porque el poder siempre encuentra un modo.

El motivo por el que elegí el canto del tecolote fue porque los tecolotes son mensajeros de las
entidades. Imitar el canto del tecolote las hace salir. Se volvieron peligrosas para ti no porque sean
malas de naturaleza, sino porque no fuiste impecable.

El primer paso deliberado para juntar poder personal era permitir al cuerpo «no-hacer».

Su recomendación era que no tuviese yo remordimiento por nada de lo que había hecho, porque aislar
los propios actos llamándolos mezquinos, feos o malos era darse una importancia injustificada.

Para lograr la hazaña de sentirme desdichado, yo debía trabajar en forma muy intensa, y que era
absurdo el que nunca me hubiera dado cuenta de que lo mismo podía trabajar para sentirme completo y
fuerte.

Hacer es lo que hace esa roca una roca y esa mata una mata. Hacer es lo que te hace ser tú y a mí ser
yo.

Ahí tienes esa roca, por ejemplo. Mirarla es hacer, pero verla es no-hacer.

El mundo es el mundo porque tú conoces el hacer implicado en hacerlo así —dijo—. Si no conocieras
su hacer, el mundo sería distinto.

Tú haces de esto una piedra porque conoces el hacer necesario para eso —dijo—. Ahora, si quieres
parar el mundo, debes parar de hacer.

Al hombre común le importa que las cosas sean verdad o mentira; al guerrero no. El hombre común
procede de un modo especifico con las cosas que sabe ciertas, y de modo distinto con las cosas que
sabe no son ciertas. Si se dice que las cosas son ciertas, él actúa y cree en lo que hace. Pero si se dice
que las cosas no son ciertas, no le importa actuar o no cree en lo que hace. En cambio, un guerrero
actúa en ambos casos. Si le dicen que las cosas son ciertas, actúa por hacer. Si le dicen que no son
ciertas, actúa de todos modos, por no-hacer. ¿Ves lo que quiero decir?
Me hizo acostarme y, tomando mi brazo derecho, lo dobló por el codo. Luego dio vuelta a mi mano
hasta que la palma miraba al frente; curvó los dedos como si asieran una perilla de puerta, y empezó a
mover mi brazo hacia adelante y hacia atrás en una trayectoria circular; la acción semejaba la de
empujar y jalar una palanca unida a una rueda.

Don Juan dijo que un guerrero ejecutaba ese movimiento cada vez que deseaba sacar algo de su cuerpo:
por ejemplo, una enfermedad o un sentimiento indeseable. La idea era empujar y jalar una imaginaria
fuerza oponente hasta sentir que un objeto pesado, un cuerpo sólido, frenaba el libre movimiento de la
mano. En el caso del ejercicio, el «no-hacer» consistía en repetirlo hasta sentir con la mano el cuerpo
pesado, aunque de hecho uno jamás pudiera creer que fuese posible sentirlo.

—No. No-hacer es sólo para guerreros muy fuertes y tú no tienes aún el poder para agarrarte con eso.
Ahora nada más atraparías cosas horrendas con la mano. Conque hazlo poquito a poco, hasta que ya no
se te enfríe la mano. Cuando conserva su calor, puedes sentir con ella las líneas del mundo.

había números infinitos de líneas que nos juntaban a las cosas. Dijo que el ejercicio de «no-hacer» que
acababa de describir, ayudaría a cualquiera a sentir una línea brotada de la mano en movimiento, una
línea que uno podía colocar o arrojar donde quisiera.

—Un hombre de conocimiento usa otras partes de su cuerpo para producir líneas duraderas —dijo.

—¿Qué partes del cuerpo, don Juan?

—Las líneas más duraderas que un hombre de conocimiento produce, vienen de la parte media del
cuerpo —dijo—. Pero también puede hacerlas con los ojos.

La parte más difícil del camino del guerrero es darse cuenta de que el mundo es un sentir. Cuando uno
no-hace, está sintiendo el mundo, y se siente a través de sus líneas.

Ver, por supuesto, es la hazaña final de un hombre de conocimiento, y sólo se logra ver cuando uno ha
parado el mundo a través de la técnica de no-hacer.

Una vez alcanzado cierto nivel de poder personal, se hacía innecesario el ejercicio o cualquier
entrenamiento de ese tipo, ya que, para hallarse en forma impecable, la única práctica necesaria era la
de «no-hacer».

Las sombras son como puertas, las puertas de no-hacer. Un hombre de conocimiento, por ejemplo,
puede penetrar los sentimientos íntimos de la gente mirando sus sombras.

Creer que las sombras son sólo sombras es hacer —explicó—. Esa creencia no deja de ser estúpida.
Piénsalo en esta forma: habiendo tanto más detrás de todas las cosas del mundo, sin duda debe haber
algo más detrás de las sombras. Después de todo, lo que las hace sombras es sólo nuestro hacer.
Al buscar un sitio de reposo, había que mirar sin enfocar, pero al observar sombra: había que bizquear
y, al mismo tiempo, conservar enfocada una imagen clara. La idea era cruzar los ojos para que una
sombra se sobrepase a la otra.

Añadió que para todos nosotros era natural la tendencia de entregarnos cuando ocurrían sentimientos
de tal índole, y que al entregarme yo casi había convertido el «no-hacer» en mi viejo «hacer» cotidiano.
Lo que yo debería haber hecho, dijo, era retener la visión sin sucumbir a ella, porque en cierto sentido
«hacer» era un modo de sucumbir.

Soñar es el no-hacer de los sueños, y conforme progreses en tu no-hacer progresarás también en el


soñar.

Un guerrero no necesita creer, porque mientras continúe actuando sin creer está no-haciendo.

Todo cuanto te he enseñado hasta ahora ha sido un aspecto de no-hacer —prosiguió don Juan—. Un
guerrero aplica el no-hacer a todo en el mundo, y sin embargo no puedo decirte más al respecto de lo
que te he dicho hoy. Debes dejar que tu propio cuerpo descubra el poder y el sentir de no-hacer.

—Ya sé que te crees podrido —dijo—. Ése es tu hacer. Ahora, con el fin de afectar ese hacer, voy a
recomendarte que aprendas otro. De ahora en adelante, y durante un lapso de ocho días, quiero que te
digas mentiras. En vez de decirte la verdad, que eres feo y estás podrido y no tienes remedio, te dirás
exactamente lo contrario, sabiendo que mientes y que no hay esperanza para ti.

—¿Pero cuál sería el objeto de mentir así, don Juan?

—A lo mejor te engancha a otro hacer, y a lo mejor entonces te das cuenta de que ambos haceres son
mentira, son irreales, que prenderte en cualquiera es una pérdida de tiempo, porque lo único real es el
ser que hay en ti y que va a morir. Llegar a ese ser, al ser que va a morir es el no-hacer de la persona.

Me indicó respirar lo menos posible, para conservar la visión de las fibras, y no escudriñarla
directamente, sino mirar en forma casual un punto en el horizonte, directamente encima de la
pendiente. Seguí sus instrucciones y pude sostener la imagen de una extensión interminable cubierta
por una red de luz.

Don Juan añadió que una pluma de vívidos colores, o unos cuarzos muy pulidos, atraían la atención del
aliado, pero a la larga un objeto cualquiera sería igualmente efectivo, porque lo importante no era hallar
los objetos sino hallar la fuerza que les infundiera poder.

Eran sólo disfraces, pues todo lo que hacemos es, en cierto sentido, un simple disfraz. Todo cuanto
hacemos, como ya te dije, es asunto de hacer. Un hombre de conocimiento puede así engancharse con
el hacer de todo el mundo y salir con cosas extrañas. Pero no son realmente ni tanto. Son extrañas sólo
para quienes están atrapados en el hacer.
Digamos que, cuando nacemos, traemos un anillito de poder. Casi desde el principio, empezamos a
usar ese anillito. Así que cada uno de nosotros está enganchado desde el nacimiento, y nuestros anillos
de poder están unidos con los anillos de todos los demás. En otras palabras, nuestros anillos de poder
están enganchados al hacer del mundo para construir el mundo.

Por ejemplo, nuestros anillos de poder, el tuyo y el mío, están enganchados ahora mismo en el hacer de
este cuarto. Estamos construyendo este cuarto. Nuestros anillos de poder están tejiendo este cuarto en
este preciso momento.

Un hombre de conocimiento, en cambio, desarrolla otro anillo de poder. Yo lo llamaría el anillo de


no-hacer, porque está enganchado a no-hacer. Así, con ese anillo, puede urdir otro mundo.

A todos nosotros nos han enseñado a estar de acuerdo en hacer —dijo suavemente—. No tienes idea
del poder que ese acuerdo implica. Pero, por fortuna, no-hacer es igual de milagroso y poderoso.

Éste es tu mundo —dijo, señalando la calle tumultuosa detrás de la ventana—. Eres hombre de ese
mundo. Y allá afuera, en ese mundo, está tu campo de caza. No hay manera de escapar al hacer de
nuestro mundo; por eso, lo que hace un guerrero es convertir su mundo en su campo de caza. Como
cazador, el guerrero sabe que el mundo está hecho para usarse. De modo que lo usa hasta lo último. Un
guerrero es como un pirata que no tiene escrúpulos en tomar y usar cualquier cosa que desee, sólo que
el guerrero no se aflige ni se ofende cuando lo usan y lo toman a él.

Cuando un guerrero se encuentra con su adversario, y el adversario no es un ser humano ordinario,


tiene que plantarse. Eso es lo único que lo hace invulnerable.

En primer lugar, fuiste a la fiesta a matar tiempo, como si hubiera tiempo que matar. Eso te debilitó.

Puedes ira donde se te antoje, pero si vas, debes aceptar la entera responsabilidad de ese acto. Un
guerrero vive su vida estratégicamente. Sólo asiste a una fiesta o a una reunión así, en caso de que su
estrategia lo pida. Eso significa, desde luego, que tiene dominio total y realiza todos los actos que
considera necesarios.

Cuando tiene que actuar con sus semejantes, un guerrero sigue el hacer de la estrategia, y en ese hacer
no hay victorias ni derrotas. En ese hacer sólo hay acciones.

Qué implicaba el hacer de la estrategia.

—Implica que uno no está a merced de la gente —repuso—. En esa fiesta, por ejemplo, fuiste un
payaso, no porque conviniera a tus propósitos el ser un payaso, sino porque te colocaste a merced de
aquella gente. Nunca tuviste el menor dominio y por eso tuviste que salir huyendo.
No debes dirigir una sola palabra a tu oponente durante esos encuentros. Luego le diste la espalda. Eso
estuvo peor todavía. Luego corriste de ella, ¡y eso fue lo peor que podrías haber hecho!

Todos nosotros, guerreros o no, tenemos un centímetro cúbico de suerte que salta ante nuestros ojos de
tiempo en tiempo. La diferencia entre un hombre común y un guerrero es que el guerrero se da cuenta,
y una de sus tareas consiste en hallarse alerta, esperando con deliberación, para que cuando salte su
centímetro cúbico él tenga la velocidad necesaria, la presteza para cogerlo.

La suerte, la buena fortuna, el poder personal, o como lo quieras llamar, es un estado peculiar de cosas.
Es como un palito que sale frente a nosotros y nos invita a arrancarlo. Por lo general andamos
demasiado ocupados, o preocupados, o estúpidos y perezosos, para darnos cuenta de que es nuestro
centímetro cúbico de suerte. Un guerrero, en cambio, siempre está alerta y duro y tiene la elasticidad, el
donaire necesario para agarrarlo.

Lo que se paró ayer dentro de ti fue lo que la gente te ha estado diciendo que es el mundo. Verás, desde
que nacemos la gente nos dice que el mundo es así y asá, y naturalmente no nos queda otro remedio
que ver el mundo en la forma en que la gente nos ha dicho que es.

A lo mejor ahora ya sabes que el ver ocurre sólo cuando uno se cuela entre los mundos, el mundo de la
gente común y el mundo de los brujos. Ahora estás justito en medio de los dos. Ayer creíste que el
coyote te hablaba. Cualquier brujo que no ve creería lo mismo, pero alguien que ve sabe que creer eso
es quedarse atorado en el reino de los brujos. De la misma manera, no creer que los coyotes hablan es
estar atorado en el reino de la gente común.

Lo de verdad es cuando el cuerpo se da cuenta de que puede ver. Sólo entonces somos capaces de saber
que el mundo que contemplamos cada día no es nada, más que una descripción.

Para ser brujo, hay que ser apasionado. Un hombre apasionado tiene posesiones en la tierra y cosas que
le son queridas, aunque sea nada más que el camino por donde anda.

—Sólo como guerrero se puede sobrevivir en el camino del conocimiento —dijo—. Porque el arte del
guerrero es equilibrar el terror de ser hombre con el prodigio de ser hombre.

Extractos de Relatos De Poder

Así pues, diré que lo importante para un guerrero es llegar a la totalidad de uno mismo.
La confianza de un guerrero no es la confianza del hombre común. El hombre común busca la certeza
en los ojos del espectador y llama a eso confianza en sí mismo. El guerrero busca la impecabilidad en
sus propios ojos y llama a eso humildad. El hombre común está enganchado a sus prójimos, mientras
que el guerrero sólo depende de sí mismo.

Hay una gran diferencia entre las dos. La confianza implica saber algo con certeza; la humildad implica
ser impecable en los propias actos y sentimientos.

No importa lo que uno revela ni lo que uno se guarda —dijo—. Todo cuanto hacemos, todo cuanto
somos, descansa en nuestro poder personal. Si tenemos suficiente, una palabra que se nos diga podría
ser suficiente para cambiar el curso de nuestra vida. Pero si no tenemos suficiente poder personal, se
nos puede revelar la sabiduría más grande y esa revelación nos importaría un ajo.

—Voy a decirte algo que a lo mejor es la mayor sabiduría a la que uno puede dar voz —dijo—. A ver
qué haces can ella.

—¿Sabes que en este mismo instante estás rodeado por la eternidad? ¿Y sabes que puedes usar esa
eternidad, si así lo deseas?

¿Sabes que puedes extenderte hasta el infinito en cualquiera de las direcciones que he señalado?
—prosiguió—. ¿Sabes que un momento puede ser la eternidad? Esto no es una adivinanza; es un
hecho, pero sólo si te montas en ese momento y lo usas para llevar la totalidad de ti mismo hasta el
infinito, en cualquier dirección.

Somos seres luminosos —dijo, meneando rítmicamente la cabeza—. Y para un ser luminoso lo único
que importa es el poder personal.

El guerrero escoge el tema manteniendo a fuerza una imagen en la mente mientras para su diálogo
interior. En otras palabras, si es capaz de no hablar consigo mismo por un momento, y luego evoca la
imagen o el pensamiento de lo que quiere soñar, aunque sólo sea por un instante, lo deseado vendrá a
él.

Para lograr éxito en cualquier empresa se debe ir muy despacio, con mucho esfuerzo pero sin tensión ni
obsesiones.

Conservando los ojos sin enfocar en un punto justamente arriba del horizonte, era posible percibir, en
forma simultánea, cada elemento en el panorama total de casi 180 grados frente a los ojos. Me aseguró
que ese ejercicio era la única manera de suspender el diálogo interno.

El diálogo interno es lo que nos hace arrastrar —dijo don Juan—. El mundo es así como es sólo porque
hablamos con nosotros mismos acerca de que es así como es.

El pasaje al mundo de los brujos se franquea después que el guerrero aprende a suspender el diálogo
interno.
—Cambiar nuestra idea del mundo es la clave de la brujería —dijo—. Y la única manera de lograrlo es
parar el diálogo interno. Lo demás sólo es arreglo. Ahora estás en la posición de saber que nada de lo
que has visto o hecho, con la excepción de parar el diálogo interno, habría podido de por sí cambiar
nada en ti, o en tu idea del mundo.

Un guerrero toma su suerte, sea la que sea, y la acepta con la máxima humildad. Se acepta con
humildad así como es, no como base para lamentarse, sino como base para su lucha y su desafío.

La humildad del guerrero no es la humildad del pordiosero. El guerrero no agacha la cabeza ante nadie,
pero, al mismo tiempo, tampoco permite que nadie agache la cabeza ante él. En cambio, el pordiosero a
la menor provocación pide piedad de rodillas y se echa al suelo a que lo Pise cualquiera a quien
considera más encumbrado; pero al mismo tiempo, exige que alguien más bajo que él le haga lo mismo

—Las cosas son reales sólo cuando uno ha aprendido a estar de acuerdo de que son reales. Lo que
sucedió esta noche, por ejemplo, no puede de ninguna manera ser real para ti, porque nadie podría este,
de acuerdo contigo en ese respecto.

Todos nuestros prójimos son los brujos malignos. Y como andas revuelto con ellos, también tú eres un
brujo maligno. Piensa un momento. ¿Puedes desviarte de la senda que te han trazado? No. Tus ideas y
tus acciones están fijadas para siempre en sus términos. Eso es esclavitud. Yo, en cambio, te traje
libertad. La libertad es muy cara, pero el precio no es imposible.

Ten miedo a tus carceleros, a tus amos. No desperdicies tu tiempo y tu poder en temerme a mí.

Tu conocimiento del mundo te decía que en los matorrales uno solamente puede hallar animales
rondando u hombres escondidos detrás del follaje. Te aferrabas a ese pensamiento y, naturalmente,
tuviste que hallar modos de hacer que el mundo se ajustara a tu pensamiento.

Entonces no digamos que pensabas. Es más bien el hábito de hacer que el mundo se ajuste siempre a
nuestros pensamientos. Cuando no se ajusta, simplemente lo forzamos a hacerlo. Las polillas del
tamaño de un hombre no pueden ser ni siquiera un pensamiento, por lo tanto, para ti, lo que había en el
matorral tenía que ser un hombre

Otro punto en su elucidación era que habíamos aprendido a relacionarnos con nuestra descripción del
mundo en términos de lo que él llamaba —hábitos—. Introduje un término que me parecía más
totalizador: intencionalidad, la propiedad de la conciencia humana por medio de la cual un objeto se
alude o se propone.

Todos pasamos por los mismos jalones —dijo tras una larga pausa—. La única manera de vencerlos es
persistir en actuar como guerrero. El resto viene de sí mismo y por sí mismo.
—¿Qué es el resto, don Juan?

—El conocimiento y el poder. Los hombres de conocimiento tienen los dos. Y sin embargo, ninguno de
ellos podría decir cómo llegó a tenerlos; simplemente que siguieron actuando como guerreros y, en un
momento dado, todo cambió.

Un guerrero debe tener serenidad y aplomo, y no debe perder nunca los estribos.

Eso es lo malo de las palabras —dijo con gran certidumbre—. Siempre nos fuerzan a sentirnos
iluminados, pero cuando damos la vuelta para encarar al mundo siempre nos fallan y terminamos
encarando al mundo como lo hemos hecho siempre, sin iluminación. Por este motivo, a un brujo le
precisa actuar más que hablar, y para efectuar eso obtiene una nueva descripción del mundo: una nueva
descripción en la cual el hablar no es tan importante y en la cual los actos nuevos tienen nuevas
reflexiones.

No hay nada en este mundo de lo cual un guerrero no pueda dar razón. Verás, un guerrero se considera
ya muerto, y así no tiene ya nada que perder. Ya le pasó lo peor, y por lo tanto se siente tranquilo y sus
pensamientos son claros; a juzgar por sus actos o sus palabras, uno jamás sospecharía que un guerrero
lo ha presenciado todo.

Primero debes parar tu diálogo interno, y luego traer la imagen de la persona que quieres ver; cualquier
pensamiento que uno lleva en mente en un estado de silencio es propiamente una orden, pues no hay
otros pensamientos que compitan con él.

Cada vez que el diálogo cesa, el mundo se desploma y salen a la superficie facetas extraordinarias de
nosotros mismos, como si nuestras palabras las hubieran tenido bajo guardia. Eres como eres porque te
dices a ti mismo que eres así.

Don Juan explicó que la gente estaba llena de configuraciones que podían ser deseos, problemas,
pesares, preocupaciones, o cosas por el estilo. Aseveró que sólo un brujo profundamente poderoso
podía devanar el sentido de dichas configuraciones,

Don Juan explicó que, para cuando un guerrero ha conquistado el «soñar» y el «ver» y ha desarrollado
un doble, debe haber logrado asimismo borrar la historia personal, el darse importancia a sí mismo, y
las rutinas. Dijo que todas las técnicas que me había enseñado y que yo había considerado conversación
vana eran, en esencia, medios de dar fluidez a la personalidad y al mundo y colocándolos fuera de los
límites de la predicción, para de ese modo eliminar la impracticabilidad de tener un doble en el mundo
ordinario.

—Un guerrero fluido ya no puede ponerle fechas cronológicas al mundo —explicó don Juan—. Y para
él, el mundo y él mismo ya no son objetos. Él es un ser luminoso que existe en un mundo luminoso. El
doble es cosa sencilla para un brujo porque él sabe lo que hace.
El único modo de contrarrestar el devastador efecto del mundo de los brujos era reírse de él.

Hay tres clases de malos hábitos que usamos una y otra vez al enfrentarnos con situaciones fuera de lo
común en esta vida. Primero: podemos no hacer caso de lo que está ocurriendo o ha ocurrido, y sentir
como si nunca hubiera pasado. Ése es el camino del santurrón. Segundo: podemos aceptar todo tal
como se presenta y sentir como si supiéramos qué es lo que está pasando. Ése es el camino de los
devotos. Tercero: podemos obsesionarnos con un suceso porque no podemos descartarlo o porque no
podemos aceptarlo de todo corazón. Ése es el camino del tonto. ¿Tu camino? Hay un cuarto camino, el
correcto, el camino del guerrero. Un guerrero actúa como si nunca hubiera pasado nada, porque no cree
en nada, pero acepta todo tal como se presenta. Acepta sin aceptar y descarta sin descartar. Nunca
siente como si supiera, ni tampoco siente como si nada hubiera pasado. Actúa como si tuviera el
control, aunque esté temblando de miedo. Actuar en esa forma disipa la obsesión.

Debes cultivar el sentimiento de que un guerrero no necesita nada. Dices que necesitas ayuda. ¿Ayuda
para qué? Tienes todo lo necesario para el viaje extravagante que es tu vida. He tratado de enseñarte
que la verdadera experiencia es ser un hombre, y que lo que cuenta es estar vivo; la vida es la vueltita
que ahora estamos tomando. La vida en sí misma es suficiente y se explica sola, y es completa.

—Si un guerrero necesita alivio —prosiguió—, simplemente elige a cualquiera y le expresa a esa
persona cada detalle de su tumulto. Después de todo, el guerrero no busca que le entiendan o le ayuden;
con hablar simplemente busca aliviar su presión. Eso es, siempre y cuándo el guerrero sea dado a
hablar; si no lo es, no le dice nada a nadie

Genaro no puede matar a nadie, sencillamente porque ya no tiene ningún interés en sus semejantes. A
la hora en que un guerrero es capaz de conquistar el ver y el soñar y de darse cuenta de su propia
luminosidad, ya no le queda nada de ese interés.

Genaro es un hombre de conocimiento. El más puro de todos. Sus acciones son impecables. Está más
allá de los hombres comunes, y más allá de los brujos. Su doble es una expresión de su alegría y su
buen humor. Por eso, no puede de ningún modo usarlo para crear o resolver situaciones ordinarias.
Hasta donde yo sé, el doble es el darse cuenta de nuestro estado como seres luminosos. Puede hacer
cualquier cosa, pero escoge ser gentil y no llamar la atención.

Un hombre de conocimiento no puede de ninguna manera actuar hacia sus semejantes en términos
perjudiciales, hipotéticamente o no.

Seguridad y el bienestar de un hombre de conocimiento. Él ve, de modo que tomaría medidas para
evitar cualquier cosa por el estilo. Genaro, por ejemplo, corre un riesgo calculado al juntarse contigo.
Pero no hay nada que podrías hacer tú para poner en peligro su seguridad. Si algo hubiera, su ver se lo
haría saber. Ahora bien, si hay en ti algo que sea desde el fondo perjudicial para él, y su ver no lo
alcanza, entonces es su destino, y ni Genaro ni nadie puede evitar eso. Conque, ya ves, un hombre de
conocimiento tiene el control sin controlar nada.
Tú mismo sabes que algo en el guerrero se da cuenta siempre de cada cambio. La meta del camino del
guerrero es precisamente cultivar y mantener ese sentido de darse cuenta. El guerrero lo limpia, lo pule
y lo tiene siempre funcionando.

El comentario de don Juan fue que yo me estaba entregando a ser tolerante y bueno.

—¡Cuidado! —dijo—. Un guerrero jamás baja la guardia. Si sigues así de feliz, vas a agotar el poco
poder que te queda.

—¿Qué debo hacer? —pregunté.

—Ponte de nuevo como eres —dijo—. Duda de todo. Desconfía.

—Pero no me gusta ser así, don Juan.

—No es cosa de que te guste o no. Lo importante es ¿qué puedes usar ahora a manera de escudo? Un
guerrero debe usar todo lo que está a su alcance para cerrar su abertura mortal una vez que ésta se abre.
Por eso no importa que en realidad no te guste ser desconfiado o hacer preguntas. Eso es ahora tu único
escudo.

—Un guerrero muere a la mala —dijo don Juan—. Su muerte debe luchar para llevárselo. El guerrero
no se entrega ni aún a la muerte.

—Lo que Genaro te enseñó ayer es de suma importancia —prosiguió don Juan—. No te lo puedes
sacudir haciéndote el piadoso. Ayer me dijiste que la idea del doble te volvía loco. Pero mírate ahora.
Ya no te importa. Eso es lo malo de la gente que se vuelve loca; se vuelve loca para uno y otro lado.
Ayer eras todo preguntas, hoy eres todo resignación.

Síguelo y nadie podrá criticar tus actos. Toma como ejemplo lo que pasó ayer, el camino del guerrero
habría sido, primero, hacer preguntas sin miedo y sin sospechas, y luego dejar que Genaro te enseñara
el misterio del soñador, sin oponerle resistencia y sin agotarte. Hoy, el camino del guerrero sería juntar
lo que aprendiste, sin presumir nada y sin hacerte el piadoso. Hazlo así y nadie podrá encontrar fallas
en lo que haces.

Decidir no significa escoger un momento arbitrario —dijo—. Decidir significa que has puesto tu
espíritu en orden impecable, y que has hecho todo lo posible por ser digno del conocimiento y el poder.

La «voluntad» era una fuerza emanada de la región umbilical a través de una abertura invisible debajo
del ombligo, abertura a la cual llamaba «boquete». Se alegaba que sólo los brujos cultivaban la
«voluntad». Les llegaba envuelta en el misterio y les daba la capacidad de realizar prodigios
extraordinarios.

El cuerpo tiene que estar perfecto antes de que la voluntad funcione como una unidad.
—No hay nada malo en sentirse indefenso —dijo—. Todos nosotros nos sentimos así. Acuérdate que
hemos pasado una eternidad como niños indefensos

No hay nada malo en eso; pero darse por entero a lamentos y protestas es otro asunto.

La clave de la brujería es el diálogo interno; ésa es la llave que abre todo. Cuando un guerrero aprende
a pararlo, todo se hace posible; se logran los planes más descabellados. La entrada a todas las
experiencias extrañas y pavorosas que has tenido últimamente fue el hecho de que pudiste dejar de
hablar contigo mismo. Has atestiguado, en sobriedad completa, al aliado, al doble de Genaro, al
soñador y al soñado, y hoy estuviste a punto de toparte con la totalidad de ti mismo; ésa era la hazaña
de guerrero que Genaro esperaba de ti.

El diagrama en las cenizas tenía dos epicentros; don Juan llamó a uno «la razón», y al otro «la
voluntad». "Razón se conectaba directamente con un punto que él llamó «el habla». A través de «el
habla», «la razón» se relacionaba indirectamente con otros tres puntos, «el sentir», «el soñar» y «el
ver». El otro epicentro, «la voluntad», se conectaba directamente con «el sentir», «el soñar» y «el ver»,
pero sólo en forma indirecta con «la razón» y «el habla».

Ésos son ocho puntos en las fibras de un ser luminoso. Un brujo dice, como puedes ver en este dibujo,
que el ser humano es, primero que nada, voluntad, porque la voluntad se relaciona con tres puntos: el
sentir, el soñar y el ver: después, el ser humano es razón. Este es propiamente un centro más pequeño
que la voluntad; sólo está conectado con el habla.

Los ocho puntos componen la totalidad de uno mismo.

Volví a preguntar acerca de los dos misteriosos puntos restantes. Me enseñó que solo estaban
conectados a «la voluntad»: se hallaban aparte de «el sentir», «el soñar» y «el ver», y mucho más lejos
de «el habla» y «la razón». Señaló con el dedo cómo estaban aislados de los demás, y el uno del otro.

Me tocó la cabeza y dijo que ése era el centro de «la razón» y «el habla». La punta de mi esternón era
él centro de «el sentir». La zona debajo del ombligo era «la voluntad». «El soñar» estaba en el lado
derecho, contra las costillas. «El ver» en el izquierdo. Dijo que a veces, en algunos guerreros, «el ver»
y «el sonar» estaban del lado derecho.

Hoy debo clavar el clavo que Genaro puso, el hecho, de que somos seres luminosos. Somos
perceptores. Nos damos cuenta; no somos objetos; no tenemos solidez. No tenemos límites. El mundo
de los objetos y la solidez es una manera de hacer nuestro paso por la tierra más conveniente. Es sólo
una descripción creada para ayudarnos. Nosotros, o mejor dicho nuestra razón, olvida que la
descripción es solamente una descripción y así atrapamos la totalidad de nosotros mismos en un círculo
vicioso del que rara vez salimos en vida.

Somos perceptores —prosiguió—. Pero el mundo que percibimos es una ilusión. Fue creado por una
descripción que nos dijeron desde el momento en que nacimos.
Así pues, en esencia, el mundo que tu razón quiere sostener es el mundo creado por una descripción y
sus reglas dogmáticas e inviolables, que la razón aprende a aceptar y defender.

El secreto de los seres luminosos es que tienen otro anillo de poder que nunca se usa, la voluntad. El
truco del brujo es el mismo truco del hombre común. Ambos tienen una descripción: uno, el hombre
común, la sostiene con su razón; el otro, el brujo, la sostiene con su voluntad. Ambas descripciones
tienen sus regias y las reglas se perciben, pero la ventaja del brujo es que la voluntad abarca más que la
razón.

Lo que quiero sugerirte a estas alturas es que, de ahora en adelante, te esfuerces por percibir si lo que
sostiene la descripción es tu razón o tu voluntad. Yo siento, por cierto, que esa es la única manera de
usar tu mundo diario como un desafío y como un vehículo para acumular suficiente poder personal, a
fin de llegar a la totalidad de ti mismo.

Sólo como guerrero puede uno soportar el camino del conocimiento —dijo—. Un guerrero no puede
quejarse ni lamentar nada. Su vida es un desafío interminable, y no hay modo de que los desafíos sean
buenos o malos. Los desafíos son simplemente desafíos.

La diferencia básica entre un hombre común y un guerrero es que un guerrero toma todo como un
desafío —prosiguió—, mientras un hombre ordinario toma todo como bendición o maldición.

Un guerrero debe ser fluido y debe variar en armonía con el mundo que lo rodea, ya sea el mundo de la
razón o el mundo de la voluntad.

—El aspecto más peligroso de esa variación surge cada vez que el guerrero descubre que el mundo no
es ni lo uno ni lo otro. A mí me dijeron que el único modo de salir a flote en medio de esas variaciones
era proseguir con nuestras acciones como si uno creyera. En otras palabras, el secreto de un guerrero es
que él cree sin creer.

Creer no más que por creer lo libraría de examinar su situación. Cuan do un guerrero tiene por fuerza
que creer, lo hace porque así lo escoge, como expresión de su predilección más íntima. Un guerrero no
cree; un guerrero tiene que creer.

A don Juan le había gustado la historia; hizo algunos comentarios casuales acerca de ella. Dijo que no
era tan difícil dejar que el espíritu del hombre fluyera a tomar las riendas; sostener el paso, sin
embargo, era algo que sólo un guerrero podía hacer.

Lo que he estado queriendo decirte es que, como guerrero, no puedes nada más creer eso y dejar las
cosas así. Con Max, tener que creer significa que aceptas el hecho de que su fuga pudo ser un arranque
inútil. A lo mejor se metió por el desagüe y se murió en el acto. A lo mejor se ahogó, o se murió de
hambre, o se lo comieron las ratas. Un guerrero toma en consideración todas esas posibilidades y luego
elige creer de acuerdo con su predilección intima.
Como guerrero, tienes que creer que a Max le salió todo bien; que no sólo escapó, sino que mantuvo su
poder. Tienes que creerlo. Digamos que sin esa creencia no tienes nada.

Tener que creer significa que también tienes que tomar en cuenta al otro gato. Al que jugaba y lamía
las manos que lo llevaban a su fin. Ese fue el gato que marchó confiado hacia su muerte, repleto de sus
juicios de gato.

Un guerrero, o cualquier hombre si a ésas vamos, no puede de ningún modo lamentarse por no estar en
otra parte; un guerrero porque vive del desafío, un hombre común porque no sabe dónde lo va a
encontrar su muerte.

El poder te enseña que la muerte es el ingrediente indispensable del tener que creer. Si no se tiene en
cuenta a la muerte, todo es ordinario, trivial. Sólo porque la muerte nos anda al acecho es el mundo un
misterio sin principio ni fin.

Tenemos que creer que Max se dio cuenta de lo que le andaba al acecho y, cómo ese hombre que está
ahí, tuvo al menos poder suficiente para escoger el sitio de su fin. Pero hubo el otro gato, como hay
otros hombres cuya muerte los envolverá mientras están solos, desprevenidos, mirando las paredes y el
techo de un cuarto desolado y feo.

Tener que creer que el mundo es misterioso e insondable era la expresión de la predilección intima de
un guerrero. Sin ella, el guerrero no tenía nada.

Tú te das cuenta de todo sólo cuando piensas que así debes hacerlo; pero la condición de un guerrero,
es darse cuenta de todo en todo momento.

Mi traje y todos estos adornos son importantes porque representan mi condición en la vida. O mejor
dicho, la condición de una de las dos partes de mi totalidad

El tonal no es el animal que custodia a una persona. Yo más bien diría que es un guardián que puede
representarse como animal. Pero eso no es lo importante.

El tonal es, y con derecho, un protector, un guardián: un guardián que la mayoría de las veces se
transforma en guardia.

El tonal es el organizador del mundo —prosiguió—. Quizá la mejor forma de describir su obra
monumental, es decir que en sus hombros descansa la tarea de poner en orden el caos del mundo. No es
un absurdo sostener, como lo hacen los brujos, que todo cuanto sabemos y hacemos como hombres, es
obra del tonal.

Sin él sólo habría sonidos raros y muecas y no comprenderías nada de lo que te digo.
El tonal es un guardián que protege algo muy, pero muy valioso: nuestro mismo ser. Por lo tanto, una
cualidad nata del tonal es la de ser astuto, y celoso con su obra. Y como lo que hace es efectivamente la
parte más importante de nuestras vidas, no es del nada extraño que al fin y al cabo se convierta, en cada
uno de nosotros, de guardián en guardia.

El tonal es todo cuanto conocemos —repitió lentamente—. Y eso no sólo nos incluye a nosotros, como
personas, sino a todo lo que hay en nuestro mundo. Puede decirse que el tonal es todo cuanto salta a la
vista.

—Lo empezamos a cuidar desde el momento de nacer. En el momento en que tomamos la primera
bocanada de aire, también ese mismo aire es poder para el tonal. Así que, es muy apropiado decir que
el tonal de un ser humano está ligado íntimamente a su nacimiento.

El tonal empieza en el nacimiento y acaba en la muerte.

El tonal construye el mundo sólo en un sentido figurado. No puede crear ni cambiar nada, y sin
embargo construye el mundo porque su función es juzgar, y evaluar, y atestiguar. Digo que el tonal
construye el mundo porque atestigua y evalúa al mundo de acuerdo con las reglas del tonal. En una
manera extrañísima, el tonal es un creador que no crea nada. O sea que, el tonal inventa las reglas por
medio de las cuales capta el mundo. Así que, en un sentido figurado, el tonal construye el mundo.

Hay un tonal que es personalmente para cada uno de nosotros, y hay otro que es colectivo para todos
nosotros en cualquier momento dado, al cual llamamos el tonal de los tiempos.

Pero el factor importante que hay que tener en cuenta, es que todo cuanto conocemos de nosotros
mismos y dé nuestro mundo está en la isla del tonal.

El nagual es la parte de nosotros para la cual no hay descripción: ni palabras, ni nombres, ni


sensaciones, ni conocimiento.

—Desde el momento de nacer sentimos que hay dos partes en nosotros. A la hora de nacer, y luego por
algún tiempo después, uno es todo nagual. En ese entonces, nosotros sentimos que para funcionar
necesitamos una contraparte a lo que tenemos. Nos falta el tonal y eso nos da, desde el principio, el
sentimiento de no estar completos. A esas alturas el tonal empieza a desarrollarse y llega a tener una
importancia tan absoluta para nuestro funcionamiento que opaca el brillo del nagual, lo avasalla; y así
nos volvemos todo tonal

—Vista es mi banca favorita —dijo, acariciando la madera.

Me guiñó el ojo y añadió, sonriendo:

—Le caigo bien. Por eso no había nadie sentado aquí. Sabía que yo venía.
—¿La banca sabia eso?

—¡No! La banca no. Mi nagual.

—Ahora, cuando digo que el tonal nos fuerza a hacer algo, no quiero decir que haya ahí una tercera
parte. Por lo visto, el tonal se fuerza a sí mismo a seguir sus propios juicios.

Como se ve, la totalidad de nosotros mismos es una condición natural que el tonal no puede aniquilar
por entero, y hay momentos, sobre todo en la vida de un guerrero, en que la totalidad se hace aparente.
Durante esos momentos, uno puede adivinar y avalorar lo que realmente somos.

La idea es que en el momento de la muerte el otro miembro del par verdadero; el nagual, empieza a
operar por completo y el sentir y los recuerdos y las percepciones guardados en nuestras pantorrillas y
muslos, en nuestra espalda y hombros y cuello, empiezan a expandirse y a desintegrarse. Como las
cuentas de un interminable collar roto, se desparraman sin la fuerza unificadora de la vida.

Quise mostrarte con mi traje que un guerrero trata a su tonal en forma muy especial. Te hice ver que mi
traje fue hecho a la medida, y que todo lo que hoy traigo puesto me queda a la perfección. No es mi
vanidad lo que quería mostrar, sino mi espíritu de guerrero, mi tonal de guerrero.

¿Qué implica el ver a alguien como a un tonal?

—Implica dejar de juzgarlo en un sentido moral, o disculparlo con la idea de que es como una hoja a
merced del viento. En otras palabras, implica ver a un hombre sin pensar que no tiene ni esperanza ni
remedio.

Le pedí explicar a qué se refería con fundirse. Repuso que no había manera de explicarlo; era algo que
el cuerpo sentía o hacía al ponerse en contacto de observación con otros cuerpos. Luego clarificó el
tema diciendo que en el pasado había llamado «ver» a ese proceso, el cual consistía en un lapso de
verdadero silencio interno, seguido por una elongación externa de algo en el sí-mismo: una elongación
que encontraba y se fundía con el otro cuerpo, o con cualquier cosa dentro del campo de percepción.

Un guerrero debe tener rasgos todo el tiempo.

Pero la necesidad no debe ser una consideración esencial cuando se tiene un rasgo. Lo que hay que
buscar es el sentimiento.

El tonal es muy vulnerable. No soporta el maltrato.

Uno puede decir que el nagual es el responsable de la creatividad —dijo al fin, y me miró con ojos
penetrantes—. El nagual es la única parte de nosotros capaz de crear.
—Uno de los actos de un guerrero es no dejar que nunca lo afecte nada —dijo—. De este modo, un
guerrero puede estar viendo al mismo diablo, pero jamás dejará que nadie lo sepa. El control del
guerrero tiene que ser impecable.

Hablando en general, hay dos lados en cada tonal. Uno es la parte externa, el margen, la superficie de la
isla. Ésa es la parte relacionada con la acción y la actuación, el lado áspero. La otra parte es la decisión
y el juicio, el tonal interno, más suave, más delicado y más complejo.

—El tonal hecho y derecho es un tonal donde los dos niveles se encuentran en perfecta armonía y
equilibrio.

Claro que pueden —dijo—, y están aún mejor equipadas que los hombres para el camino del
conocimiento. Sólo que los hombres son un poco más resistentes. Pero yo diría que, a fin de cuentas,
las mujeres llevan una ligera ventaja.

—Para un tonal hecho y derecho, todo cuanto hay en la isla del tonal es un desafío. Otra forma de
decirlo es que, para un guerrero, todo en este mundo es un desafío. El mayor de todos es, desde luego,
su oferta al poder. Pero el poder viene del nagual, y cuando un guerrero se encuentra al filo del día, eso
significa que se aproxima la hora del nagual, la hora en que el poder acepta la oferta del guerrero.

Yo diría que lo mejor de nosotros siempre sale a flote cuando estamos de espaldas contra la pared,
cuando sentimos que la espada se cierne sobre nuestra cabeza. En lo personal, yo prefiero ese estado y
no viviría de ningún otro modo

Dijo que los hombres eran criaturas muy frágiles, y se hacían aún más frágiles a través de su vicio de
entregarse a todo. En un tono sumamente serio, me exhortó a no sentirme a punto de perecer; a
empujarme más allá de mis límites y, simplemente, centrar la atención en el mundo en torno mío.

Dijo que actuar sin buscar explicaciones era más sencillo y efectivo, y que yo disipaba mi experiencia
hablando y pensando acerca de ella.

El ver debe ser directo, porque un guerrero no puede malgastar su tiempo en deshilar lo que él mismo
está viendo. Ver es ver porque acaba con todas esas idioteces.

Un guerrero hace una pregunta, y a través de su ver obtiene una respuesta, pero la respuesta es sencilla,
nunca es adornada hasta el punto de que hay perros de aguas voladores.

—Una regla básica para un guerrero —repuso— es hacer sus decisiones con tanto cuidado que nada de
lo que pueda ocurrir como resultado de ellas sea capaz de sorprenderlo, mucho menos de menguar su
poder.
Ser un guerrero significa ser humilde y alerta. Hoy día, lo que tenías que haber hecho era observar la
escena que se desarrollaba frente a tus ojos, no romperte el seso tratando de razonar cómo era eso
posible.

Digamos que una regla básica para ti debe ser que, cuando vengas a verme, vengas preparado a morir
—dijo él—. Si vienes dispuesto a morir, no habrá caídas, ni sorpresas desagradables, ni acciones
innecesarias. Todo caerá suavemente en su sitio, porque tú no estás esperando nada.

Escribe, escribe —me instó don Juan en tono amistoso—. Digamos que tu cuaderno es la única brujería
que tienes. Romperlo es otro modo de abrirte a tu muerte. Sería otro de tus berrinches, un berrinche
vistoso cuando mucho, pero no un cambio. Un guerrero jamás deja la isla del tonal. La utiliza.

Éste es tu mundo. No puedes renunciar a él. Es inútil enojarse y desilusionarse con uno mismo. Eso
simple y llanamente prueba que el tonal de uno está envuelto en una batalla interna; una batalla dentro
del propio tonal es una de las luchas más imbéciles que pueden ocurrir. La vida ajustada de un guerrero
está diseñada para acabar con esa lucha. Desde el principio te he enseñado a evitar la fatiga y el
desgaste.

Se hace que el tonal abandone cosas innecesarias como el sentirse importante y el entregarse al vicio,
las cuales sólo lo hunden en el aburrimiento.

La tarea es entonces convencer al tonal de que se haga libre y fluido.

Todo lo que puedo decirte es que somos seres luminosos y fluidos, hechos de fibras. El acuerdo de que
somos objetos sólidos es cosa del tonal. Cuando el tonal se encoge, son posibles cosas extraordinarias.
Pero sólo son extraordinarias para el tonal.

Tu tonal debe convencerse con razones, tu nagual con acciones, hasta que cada uno apuntale al otro.
Como te he dicho, el tonal gobierna, pero así y todo es muy vulnerable. El nagual, en cambio, nunca, o
casi nunca, actúa; pero cuando lo hace, aterra al tonal.

Azotar al nagual como a un perro rabioso y volverlo a su sitio. Hay que proteger al tonal a cualquier
costo. Hay que quitarle la corona, pero debe permanecer como el supervisor protegido.

Cualquier amenaza para el tonal resulta siempre en su muerte. Y si el tonal muere, muere también el
hombre. A causa de su debilidad nata, el tonal se destruye con facilidad, y así una de las artes del
equilibrio del guerrero es hacer que el nagual emerja para apuntalar al tonal. Digo que es un arte,
porque los brujos saben que sólo tirando al tonal para arriba puede emerger el nagual. ¿Ves a qué me
refiero? Ese tirón se llama poder personal.

Era una técnica que me había enseñado, años antes, para momentos de gran peligro, miedo o tensión.
Consistía en empujar hacia abajo el diafragma mientras se tomaban cuatro marcadas bocanadas de aire,
seguidas por cuatro hondas inhalaciones y exhalaciones por la nariz. Había explicado que las
bocanadas tenían que sentirse como sacudidas en la parte media del cuerpo, y que el mantener las
manos apretadamente enlazadas, cubriendo el ombligo, daba fuerza a la sección abdominal y ayudaba a
controlar las bocanadas y las inhalaciones profundas, que debían retenerse hasta la cuenta de ocho
mientras el diafragma se presionaba hacia abajo. Las exhalaciones se hacían dos veces a través de la
nariz y dos a través de la boca, en forma lenta o acelerada, según la propia preferencia.

—Cuando uno está tratando con el nagual, nunca hay que mirarlo de frente —dijo—. Tú te le quedaste
mirando fijamente esta mañana, y por eso te vaciaste. La única manera de mirar al nagual es como si
fuera cosa común. Uno tiene que pestañear para romper la fijación. Nuestros ojos son los ojos del tonal,
o quizá sería más exacto decir que nuestros ojos han sido entrenados por el tonal, por eso el tonal los
reclama. Una de tus fuentes de confusión y desconcierto es que tu tonal no te suelta los ojos. El día que
lo haga, tu nagual habrá ganado una gran batalla. Tu obsesión, o mejor dicho la obsesión de todos
nosotros, es arreglar el mundo según reglas de tonal; así, cada vez que nos enfrenta el nagual, hacemos
lo imposible por volver nuestros ojos tiesos e intransigentes, debo apelar a la parte de tu tonal que
entiende este dilema, y debes hacer un esfuerzo por liberar tus ojos. La cosa es convencer al tonal de
que hay otros mundos que pueden pasar frente a las mismas ventanas. El nagual te lo enseñó esta
mañana. Conque deja que tus ojos sean libres; déjalos ser verdaderas ventanas. Los ojos pueden ser
ventanas para contemplar el aburrimiento o para atisbar aquella infinitud.

Todo lo que tienes que hacer es instalar tu intención como aduana. Cuando estés en el mundo del tonal,
deberías de ser un tonal impecable; ahí no hay tiempo para porquerías irracionales. Pero cuando estés
en el mundo del nagual, también deberías ser impecable; ahí no hay tiempo para porquerías racionales.
Para el guerrero, la intención es la puerta de en medio. Se cierra por completo detrás de él cuando va o
cuando viene.

—Otra cosa que uno debe hacer cuando se enfrenta al nagual es cambiar la línea de los ojos de tiempo
en tiempo, para así romper el encantamiento. Cambiar la posición de los ojos siempre alivia la carga
del tonal.

Yo apostaría que tú vas a procurar usar esta técnica para esconder la racionalidad de tu tonal, y creer
que así la estás salvando de la extinción. La falla de tu razonamiento es que nadie quiere ni busca la
extinción de la racionalidad del tonal. Ese miedo es infundado.

Nadie es capaz de sobrevivir un encuentro voluntario con el nagual, sin una larga preparación. Lleva
años preparar al tonal para tal encuentro. Por regla general, si un hombre común y corriente se
encuentra un día cara a cara con el nagual, la impresión es tan grande que lo mata. La meta de la
preparación del guerrero no es entonces enseñarle conjuros ni embrujos, sino preparar a su tonal para
que no se caiga de narices. Una empresa de lo más difícil. Al guerrero se le debe enseñar a ser
impecable y a estar totalmente vacío antes de que Pueda aún siquiera concebir el ser testigo del nagual.

Hay que barrer la isla del tonal y mantenerla limpia. Es la única alternativa que tiene el guerrero. Una
isla limpia no ofrece resistencia; es como si allí no hubiera nada.
Un grave asunto para un guerrero es el saber precisamente cuándo dejar que su tonal se encoja y
cuándo detenerlo. Eso sí que es un arte. El guerrero debe luchar como demonio para encoger su tonal;
pero en el mismo momento en que el tonal se encoge, el guerrero debe voltear al revés la lucha
inmediatamente para no dejarlo encogerse más.

Cuando su tonal se encoge, está en el lado de los ventarrones, y esa abertura debe sellarse en el acto, o
el viento lo barrerá como a una hoja. Y esto no es sólo una manera de decir las cosas. Más allá de la
puerta de los ojos del tonal, el viento es furibundo. Y ese es un viento real. Esto no es una metáfora. Un
viento que le puede volar a uno la vida. De hecho, ése es el viento que se vuela a todas las cosas vivas
que están sobre la tierra.

Lo único importante es que el tonal de un guerrero debe entrar en relaciones con otras alternativas. Lo
que un maestro trata de alcanzar, en este caso, es el peso total de esas posibilidades. El peso de esas
nuevas posibilidades es lo que ayuda a encoger el tonal. Del mismo modo, ese mismo peso ayuda a
impedir que el tonal se encoja más de la cuenta.

Digamos que un guerrero aprende a entonar su voluntad, a dirigirla a un punto directo, a enfocarla
donde quiere. Es como si su voluntad, que sale de la parte media de su cuerpo, fuera una sola fibra
luminosa, una fibra que él puede dirigir a cualquier sitio concebible. Esa fibra es el camino al nagual. O
también yo podría decir que el guerrero se hunde en el nagual a través de esa sola fibra.

—Una vez que se ha hundido, la expresión del nagual es asunto de su temperamento personal. Si el
guerrero es chistoso, el nagual es chistoso. Si el guerrero es espantoso, el nagual es espantoso. Si el
guerrero es perverso, el nagual es perverso.

Genaro es un guerrero tan fluido que el más leve enfoque de su voluntad hace que su nagual actúe en
formas increíbles.

Uno de los propósitos de la preparación del guerrero era cortar el desconcierto del tonal, hasta que el
guerrero fuese lo bastante fluido para admitirlo todo sin admitir nada.

Tienes que ejercer la vigilancia más exigente para estar seguro de cuándo un hombre es un nagual y
cuándo es simplemente un hombre. Puedes morir si entras en contacto físico directo con el nagual.

La única manera de repeler al nagual era permanecer inalterable.

Si no entiendes, estás pero muy bien —dijo él—. Cuando entiendes es cuando te va mal. Eso es desde
el punto de vista de un brujo, por supuesto. Desde el punto de vista de un hombre común, si no
entiendes te vas a pique. En tu caso, yo diría que un hombre común creería que estás disociado, o que
empiezas a disociarte.

Mantener el orden significa ser un tonal perfecto, y ser un tonal perfecto significa darse cuenta de todo
cuanto ocurre en la isla del tonal.
Para ser un tonal común y corriente, un hombre debe tener unidad. Todo su ser debe pertenecer a la isla
del tonal. Sin esa unidad el hombre se saldría de quicio; un brujo, sin embargo, debe romper esa
unidad, pero sin poner en peligro su ser. La meta de un brujo es durar; es decir, no corre riegos
innecesarios, por ello pasa años barriendo su isla hasta el momento en que puede, por así decirlo,
escaparse de ella. Partir a un hombre en dos es la puerta para esa fugó.

Uno no puede criticar a un guerrero por hacer cuanto impecablemente puede.

Un ser inmortal tiene todo el tiempo del mundo para dudas y desconciertos y temores. Un guerrero, en
cambio, no puede aferrarse a los significados que se hacen bajo las órdenes del tonal, porque el
guerrero sabe con certeza que la totalidad de sí mismo tiene sólo un poquito de tiempo sobre esta tierra.

Un guerrero no puede sentirse desamparado —dijo él—. Ni desconcertado ni asustado, bajo ninguna
circunstancia. Para un guerrero, sólo hay tiempo para su impecabilidad; todo lo demás agota su poder,
la impecabilidad lo renueva.

«La impecabilidad es hacer lo mejor que puedas en lo que fuese».

La clave de todos estos asuntos de impecabilidad es el sentido de tener o no tener tiempo. Por regla
general, cuando te sientes y actúas como un ser inmortal que tiene todo el tiempo del mundo, no eres
impecable; en esos momentos debes volverte, mirar alrededor tuyo, y entonces te darás cuenta de que
tu sentimiento de tener tiempo es una idiotez. ¡No hay sobrevivientes en esta tierra!

Sólo hay decisiones bien hechas o decisiones mal hechas. Si es una decisión mal hecha tu cuerpo lo
sabe, y también el cuerpo de los demás; pero si es una decisión bien hecha, el cuerpo lo sabe y
descansa y se olvida rapidísimo de que hubo una decisión. Vuelves a cargar tu cuerpo, ves, como una
escopeta, para la siguiente decisión. Si quieres usar otra vez tu cuerpo para hacer la misma decisión, no
funciona.

Estamos al final de nuestra labor; toda la instrucción necesaria te ha sido dada y ahora debes detenerte,
volver la vista y reconsiderar tus pasos. Los brujos dicen que éste es el único modo de consolidar lo
ganado:

—En todo caso, ya sabes ahora del tonal y del nagual, lo cual es el centro de la explicación de los
brujos.

—Los años de duro entrenamiento son sólo una preparación para el devastador encuentro del guerrero
con…

Hizo otra pausa, me miró achicando los ojos, y chasqueó la lengua.

—… con lo que fuera que está ahí, más allá de este punto

Ya no te queda más tiempo, y sin embargo te rodea la eternidad. ¡Qué paradoja para tu razón!
Empezaré por decirte que un maestro nunca busca aprendices y nadie puede solicitar las enseñanzas
—dijo—. Lo que señala al aprendiz es siempre un augurio.

La mirada del guerrero se coloca en el ojo derecho de la otra persona —dijo—. Y lo que hace es parar
el diálogo interno; entonces el nagual se hace cargo. De allí el peligro de esa maniobra. Cada vez que el
nagual prevalece, así sea nomás por un instante, no hay manera de describir la sensación que el cuerpo
experimenta.

La mirada en el ojo derecho no es fijar la vista —dijo—. Es más bien un agarrón duro que uno da a
través del ojo de la otra persona. Es decir, uno agarra algo que hay detrás del ojo. Uno tiene la
sensación física y real de estar agarrando algo con la voluntad.

Sólo funciona cuando el guerrero aprende a enfocar su voluntad —explicó don Juan tras apartar los
ojos—. No hay manera de practicarlo; por eso no he recomendado ni animado su uso. En un momento
dado en la vida del guerrero, ocurre simplemente. Nadie sabe cómo.

El secreto está en el ojo izquierdo —dijo—. Conforme un guerrero progresa en el camino del
conocimiento, su ojo izquierdo puede coger cualquier cosa. Por lo general, el ojo izquierdo del guerrero
tiene una apariencia extraña; a veces se queda bizco, o se hace más pequeño que el otro, o más grande,
o diferente de algún modo.

El primer acto del maestro es introducir la idea de que el mundo que creemos ver es sólo una visión,
una descripción del mundo. Cada esfuerzo del maestro se dirige a demostrar este punto al aprendiz.
Pero aceptarlo parece ser una de las cosas más difíciles de hacer; estamos complacientemente atrapados
en nuestra particular visión del mundo, que nos compele a sentirnos y a actuar como si supiéramos todo
lo que hay que saber acerca del mundo. Un maestro, desde el primer acto que efectúa, se propone parar
esa visión. Los brujos lo llaman parar el diálogo interno, y están convencidos de que esa técnica es la
más importante que el aprendiz puede aprender.

—Para detener esa visión del mundo que uno ha tenido desde la cuna, no es suficiente el que uno
simplemente tenga el deseo, o se haga la resolución. Uno necesita una tarea práctica; esa tarea se llama
la forma correcta de andar. Parece una cosa inocente y sin sentido. Como todo lo que tiene poder en sí
o de por sí, la forma correcta de andar no llama la atención. Tú la entendiste y la consideraste, al menos
durante varios años, una manera curiosa de comportarse. No se te hizo claro, hasta hace muy poco, que
era el modo más eficaz de parar tu diálogo interno.

El andar en esa forma específica satura el tonal —dijo—. Lo inunda. Verás: la atención del tonal tiene
que colocarse en sus creaciones. De hecho, esa atención es la que por principio de cuentas crea el orden
del mundo; el tonal debe prestar atención a los elementos de su mundo con el fin de mantenerlo, y
debe, sobre todo, sostener la visión del mundo como diálogo interno.

Dijo que la forma correcta de andar era un subterfugio. El guerrero, al curvar los dedos, llama la
atención hacia sus brazos; luego, mirando sin enfocar cualquier punto directamente frente a él en el
arco que empieza en las puntas de sus pies y termina sobre el horizonte, inunda literalmente a su tonal
con información. El tonal, sin su relación de uno-a-uno con los elementos de su descripción, no podía
hablar consigo mismo, y así uno llegaba al silencio.

Poniendo los dedos en diversas posiciones desacostumbradas, y que lo importante era la forma en que
los ojos, mantenidos fuera de foco, detectaban un enorme número de detalles del mundo sin tener
claridad con respecto a ellos. Añadió que en tal estado los ojos podían captar detalles demasiado
fugaces para la visión normal.

—Junto con la forma correcta de andar —prosiguió don Juan—, el maestro debe enseñar al aprendiz
otra posibilidad, todavía más sutil: la posibilidad de actuar sin creer, sin esperar recompensa; de actuar
sólo por actuar. No exagero al decirte que el éxito de la empresa del maestro depende de lo bien y lo
armoniosamente que guíe a su aprendiz en este aspecto específico.

Parar el diálogo interno es, sin embargo, la llave del mundo de los brujos —dijo—. El resto de las
actividades son sólo apoyos; lo único que hacen es acelerar el efecto de parar el diálogo interno.

Dijo que había dos actividades o técnicas principales usadas para acelerar el cese del diálogo interno:
borrar la historia personal y «soñar»

Explicó que el arte del maestro consistía en desviar la atención del discípulo de los asuntos principales.
Un agudo ejemplo de tal arte era el hecho de que hasta ese día yo no me había percatado de su treta
para hacerme aprender ese punto de lo más crucial: actuar sin esperar recompensa.

Había centrado mi interés en la idea de «ver», que bien entendido era el acto de tratar directamente con
el nagual, un acto que a su vez era el inevitable producto final de sus enseñanzas, pero una tarea
inalcanzable como tarea en sí.

Su argumento era que al hacerme enfocar mi atención en una seudotarea, aprender a «ver», había
logrado dos cosas. Primero, bosquejó el encuentro directo con el nagual, sin mencionarlo, y segundo,
me llevó a considerar los verdaderos puntales de sus enseñanzas como asuntos sin consecuencia.

El secreto de todo esto está en la atención de uno

Todo esto existe sólo a causa de nuestra atención. Este mismo peñasco donde estamos sentados es un
peñasco porque hemos sido forzados a ponerle nuestra atención como peñasco.

Borrar la historia personal y en «soñar».\4 Dijo que el efecto de esas dos técnicas era ultimadamente
devastador si se ejercitaban en su totalidad, y que entonces su preocupación fue la de todo maestro: no
dejar que su discípulo hiciera nada que fuera a arrojarlo en la aberración y la morbidez.

Borrar la historia personal y soñar deberían ser sólo una ayuda —dijo—. Lo que un aprendiz necesita
para apuntalarse es la sobriedad y la fuerza. Por eso el maestro habla del camino del guerrero, o vivir
como un guerrero. Ésa es la goma que pega todas las partes en el mundo de un brujo. El maestro debe
forjarla y desarrollarla poco a poco. Sin la solidez y la serenidad del camino del guerrero no hay
posibilidad de resistir la senda del conocimiento.

Don Juan dijo que aprender el camino del guerrero era una instancia en la que la atención del aprendiz
debía atraparse más que desviarse, y que él atrapó mi atención sacándome de mis circunstancias
ordinarias cada vez que yo iba a verlo. Nuestros andares por el desierto y las montañas fueron el medio
de lograr eso.

El desarreglo del contexto significaba que yo no conocía las claves y tenía que enfocar la atención en
todo cuanto don Juan hiciera.

Explicó que, para ayudar a borrar la historia personal, se enseñaban otras tres técnicas: perder la
importancia, asumir la responsabilidad, y usar a la muerte como consejera. La idea era que, sin el
efecto benéfico de esas técnicas, el borrar la historia personal haría del aprendiz un individuo tornadizo,
evasivo e innecesariamente dudoso de sí y de sus acciones.

Aunque no te das cuenta de ello, tuviste que trabajar como loco para hacer de ése un sentimiento
natural —dijo—. Para ahora, no hay manera de que recuerdes el inmenso esfuerzo que necesitaste para
establecer eso como un detalle de tu isla. La compasión por ti mismo era el testigo de todo cuanto
hacías. La llevabas en la punta de los dedos, lista para aconsejarte. El guerrero considera a la muerte un
consejero más tratable, que también puede llevarse a ser el testigo de todo cuanto uno hace, igual que la
compasión por ti mismo o la ira. Por lo visto, tras una lucha sin cuento aprendiste a tenerte lástima.
Pero también puedes aprender, en la misma forma, a sentir tu fin inminente, y así puedes aprender a
tener en la punta de los dedos la idea de tu muerte. Como consejero, la compasión por ti mismo no es
nada comparada con la muerte.

Por una parte, el mundo de los brujos pedía una transformación drástica, y por otra, la explicación de
los brujos decía que la isla del tonal estaba completa y que ni un solo elemento podía quitarse de ella.
El cambio, pues, no significaba eliminar nada, sino más bien alterar el uso asignado a dichos
elementos.

—La compasión por ti mismo, por ejemplo —dijo—. No hay manera de librarse de eso de una vez por
todas; tiene un sitio y un carácter definidos en tu isla, una fachada definida que se puede identificar.
Así; cada vez que se presenta la ocasión, la compasión por ti mismo se activa. Tiene historia. Si
cambias entonces su fachada, habrás cambiado su sitio de prominencia.

La fachada se cambia alterando el uso de los elementos de la isla —replicó—. Tomemos de nuevo el
tenerte lástima a ti mismo. Te era útil porque te sentías importante y digno de mejores condiciones, de
mejor trato, o bien porque no deseabas asumir responsabilidad por aquello que te despertaba la
compasión por ti mismo, o porque eras incapaz de hacer que la idea de tu muerte atestiguara tus actos y
te aconsejara.
—Borrar la historia personal, y sus tres técnicas compañeras, son los medios que usa el brujo para
cambiar la fachada de los elementos de la isla. Por ejemplo, al borrar tu historia personal, le quitaste el
uso al tener lástima por ti mismo; para que la compasión por ti mismo funcionara tenías que sentirte
importante, irresponsable, inmortal. Cuando esos sentimientos se alteraron en alguna forma, ya no te
fue posible tenerte lástima.

Don Juan dijo que, una vez presentadas todas esas técnicas, el aprendiz llegaba a una encrucijada.
Según su sensibilidad, hacía una de dos cosas. Tomaba en lo que valían las recomendaciones y los
consejos de su maestro, actuando sin esperar recompensa, o bien tomaba todo como un chiste o una
aberración.

El poder da de acuerdo a tu impecabilidad —dijo—. Si hubieras empleado seriamente esas cuatro


técnicas, habrías juntado suficiente poder personal para hallar un benefactor. Habrías sido impecable y
el poder habría abierto las vías necesarias. Ésa es la regla.

Esas plantas llevan al aprendiz directamente al nagual, y el aliado es un aspecto del nagual.
Funcionamos exclusivamente en el centro de la razón, sin importar quiénes somos ni de dónde
venimos. La razón puede naturalmente responder en una u otra forma por todo lo que ocurre dentro de
su visión del mundo. El aliado es algo que se halla fuera de esa visión, fuera del terreno de la razón. El
aliado se puede atestiguar solamente en el centro de la voluntad en momentos en que nuestra visión
ordinaria se ha parado, por ello, el aliado es propiamente el nagual. Los brujos, sin embargo, pueden
aprender a percibir el aliado en una forma de lo más intrincada, y al hacerlo así, se meten demasiado
adentro en una nueva visión. Así que, para protegerte de ese destino, yo no recalqué el aliado como los
brujos lo hacen.

Mi maestro y mi benefactor eran claros ejemplos de esto. Eran hombres de gran poder, pero no eran
hombres de conocimiento. Jamás rompieron las barreras de sus enormes visiones y por eso jamás
llegaron a la totalidad de sí mismos, aunque sabían que existía. No era que viviesen vidas aberradas,
tratando de agarrar cosas más allá de su alcance; sabían que habían perdido la ocasión y que sólo a la
hora de su muerte se les revelaría el misterio total. La brujería les había permitido echar sólo un
vistazo, pero nunca les dio el verdadero medio de llegar a esa esquiva totalidad de uno mismo.

Te di lo suficiente de la visión de los brujos sin permitir que te enganchara. Te dije que si uno hace
encarar a dos visiones, la una contra la otra, puede escurrirse entre ambas para llegar al mundo real. Me
refería a que sólo puede llegarse a la totalidad de uno mismo cuando uno tiene bien entendido que el
mundo es simplemente una visión, sin importar que esa visión pertenezca a un hombre común o a un
brujo.

Aquí es donde me he apartado de la tradición. Tras una lucha de toda la vida, sé que lo importante no
es aprender una nueva descripción sino llegar a la totalidad de uno mismo. Hay que llegar al nagual sin
maltratar al tonal, y sobre todo, sin dañar el cuerpo.

Una vez don Juan me había dicho que yo tenía miedo a la gente y había aprendido a defenderme no
queriendo nada. Dijo que no querer nada era el mejor logro de un guerrero. Sin embargo, en mi
estupidez yo había ampliado la sensación de no querer nada, haciéndola caer en la de no disfrutar nada.
Así, mi vida era tediosa y vacía.

—¿Qué habría ocurrido si decido volver a Los Ángeles? —pregunté.

—Eso habría sido una imposibilidad —repuso—. Esa decisión no existía. Todo cuanto se requería de ti
era que dejaras que tu tonal se diera cuenta de haber decidido unirse al mundo de los brujos. El tonal no
sabe que las decisiones están en el terreno del nagual. Cuando creemos decidir, no hacemos más que
reconocer que algo más allá de nuestra comprensión ha puesto el marco de nuestra dizque decisión, y
todo lo que nosotros hacemos es consentir.

En tu caso, como ya no eras aprendiz, te enseñé las tres técnicas que ayudan a soñar: romper las rutinas
de la vida, la marcha de poder, y no-hacer.

Explicó que romper las rutinas, el paso de poder y no-hacer eran avenidas para aprender nuevas
maneras de percibir, el mundo; maneras que daban al guerrero un anticipo de posibilidades increíbles
de acción. La opinión de don Juan era que el tener conciencia de que el mundo del «soñar» era
independiente y pragmático, se hacía posible por el uso de aquellas tres técnicas.

Unas cuantas embestidas del nagual debieran bastar para desmantelar la visión de uno; pero hasta el día
de hoy, después de todos los ataques del nagual, tu visión parece invulnerable. Y aunque parezca
mentira, ése es tu mejor detalle.

Los brujos dicen que estamos dentro de una burbuja. En una burbuja en la que somos colocados en el
instante de nuestro nacimiento. Al principio está abierta, pero luego empieza a cerrarse hasta que nos
ha sellado en su interior. Esa burbuja es nuestra percepción. Vivimos dentro de esa burbuja toda la
vida. Y lo que presenciamos en sus paredes redondas es nuestro propio reflejo.

—La cosa reflejada es nuestra visión del mundo —dijo—. Esa visión es primero una descripción, que
se nos da desde el instante en que nacernos hasta que toda nuestra atención queda atrapada en ella y la
descripción se convierte en visión.

La burbuja se abre para permitir al ser luminoso una visión de su totalidad —prosiguió—.
Naturalmente, esto de llamarla burbuja es sólo una manera de hablar, pero en este caso la manera es
exacta.

El maestro reorganiza la visión del mundo, yo le he llamado a esa visión la isla del tonal. He dicho que
todo lo que somos se encuentra en esa isla. La explicación de los brujos dice que la isla del tonal está
hecha por nuestra percepción, que ha sido entrenada a enfocarse en ciertos elementos; cada uno de esos
elementos y todos juntos forman nuestra visión del mundo. El trabajo del maestro, en lo referente a la
percepción del aprendiz, consiste en reordenar todos los elementos de la isla en una mitad de la
burbuja. Para ahora ya te habrás dado cuenta de que limpiar y reordenar la isla del tonal significa
reagrupar todos sus elementos en el lado de la razón. Mi tarea ha sido desarreglar tu visión ordinaria,
no para destruirla sino para forzarla a ponerse en el lado de la razón. Y tú has hecho esto mejor que
cualquiera que yo conozco.

El arte del maestro era forzar al discípulo a agrupar su visión del mundo en la mitad derecha de la
burbuja.

—¿Por qué la mitad derecha? —pregunté.

—Ése es el lado del tonal —dijo—. El maestro siempre se dirige a ese lado, y al presentar a su
aprendiz, por una parte, el camino del guerrero, lo obliga al raciocinio, a la sobriedad, a la fuerza de
carácter y de cuerpo; y al presentarle, por otra parte, situaciones inimaginables pero reales, que el
aprendiz no puede abarcar, lo obliga a reconocer que su razón, por más maravillosa que sea, sólo puede
cubrir una zona pequeña Una vez enfrentado con su incapacidad de razonarlo todo, el guerrero hará
hasta lo imposible por reforzar y defender su razón derrotada, y para lograr tal efecto reunirá en torno a
ella todo cuanto tiene. El maestro se ocupa de ello, martillándolo sin piedad hasta que toda su visión
del mundo está en una mitad de la burbuja. La otra mitad, la que ha quedado limpia, puede entonces ser
reclamada por algo que los brujos llaman la voluntad.

La mitad de la burbuja es el centro máximo de la razón, el tonal. La otra mitad es el centro máximo de
la voluntad, el nagual. Ése es el orden que debe prevalecer; cualquier otro acomodo es absurdo y
maligno, porque va en contra de nuestra naturaleza; nos roba nuestra herencia mágica v nos reduce a
nada.

Los brujos lo llaman el secreto de los seres luminosos, y se trata del hecho de que somos perceptores.
Los hombres y todos los otros seres luminosos que hay sobre la tierra somos perceptores. Ésa es
nuestra burbuja, la burbuja de la percepción. Nuestro error es creer que la única percepción digna de
reconocerse es lo que pasa por nuestra razón. Los brujos creen que la razón es sólo un centro y que no
debería dársele tanto vuelo.

El misterio, o el secreto, de la explicación de los brujos es que tiene que ver con el acto de abrir las alas
de la percepción.

Me decían que no tuviera miedo, y que poseía fibras largas y poderosas, las cuales no eran para
protegerme, porque no había nada que proteger ni de lo cual protegerse, sino para guiar mi percepción
de nagual en forma semejante a la manera en que mis ojos guiaban mi percepción normal de tonal.
Decían que las fibras estaban en todo mi derredor, que a través de ellas yo podía percibir todas las
cosas al mismo tiempo, y que una sola fibra bastaba para saltar de la roca a la cañada, o del fondo de la
cañada a la roca.

Ambos repitieron incontables veces en mis oídos que el nagual por sí solo no servía, que el tonal debía
templarlo. Dijeron que yo tenía que saltar voluntariamente y tener conciencia de mi acto.
No hay modo de llegar a la explicación de los brujos a menos que uno haya usado voluntariamente el
nagual, o mejor dicho, a menos que uno haya usado voluntariamente el tonal para dar sentido a las
propias acciones que uno ejecuta en el nagual. Otra manera de aclarar todo esto es decir que la visión
del tonal debe prevalecer si uno quiere usar el nagual como lo usan los brujos.

El orden en nuestra percepción es el dominio exclusivo del tonal; sólo allí pueden nuestras acciones
tener continuidad; sólo allí son como escaleras en las que uno puede contar los peldaños. No hay nada
por el estilo en el nagual. Por ello, la visión del tonal es una herramienta, y como tal no es sólo la mejor
herramienta, sino la única que tenemos.

Esta es la explicación de los brujos. El nagual es lo impronunciable. Todos los sentimientos y todos los
seres, y todos los uno mismos que son posibles flotan en él para siempre, como barcas, apacibles y
constantes. Entonces la goma de la vida pega a algunos de ellos.

Cuando la goma de la vida pega a esos sentimientos se crea un ser, un ser que pierde el sentido de su
verdadera naturaleza y se ciega con el brillo y el clamor del área dónde están los seres: el tonal. El tonal
es donde existe toda la organización unificada. Un ser entra al tonal una vez que la fuerza de la vida ha
unido los sentimientos que se necesiten. Una vez te dije que el tonal empieza al nacer y termina al
morir; lo dije porque sé que, apenas la fuerza de la vida deja el cuerpo, todos esos pedazos aislados o
que forman el racimo se desintegran y regresan al sitio de donde vinieron: el nagual.

Lo que un guerrero hace al viajar a lo desconocido se parece mucho a la muerte, excepto que su racimo
de sentimientos aislados no se desintegra, sino que se expande un poco sin perder la unión. En la
muerte, sin embargo, todos se hunden en lo profundo y se mueven por su propia cuenta, como sí nunca
hubieran sido una unidad.

La explicación de los brujos dice que cada uno de nosotros tiene un centro desde el cual podemos
presenciar el nagual: la voluntad. Así, un guerrero puede aventurarse en el nagual y dejar que su racimo
se organice y se reorganice en todas las formas posibles. Te he dicho que la expresión del nagual es un
asunto personal. Con eso quise decir que depende del guerrero mismo dirigir la organización y
reorganización de ese racimo.

Un brujo que está en posesión de la totalidad de sí mismo puede dirigir las partes de su racimo para que
se unan en cualquier forma concebible. La fuerza de la vida es lo que hace posible ese barajeo, pero
una vez que la fuerza de la vida se agota, no hay modo de reintegrar el racimo.

—He llamado a ese racimo la burbuja de la percepción. También he dicho que está sellado, cerrado
fuertemente, y que jamás se abre hasta el momento en que morimos.

Dicen que por medio de la voluntad pueden atestiguar los efectos del nagual. Ahora puedo añadir que
por medio de la razón, sin importar lo que hagamos con ella, o cómo lo hagamos, estamos simplemente
atestiguando los efectos del tonal. En ambos casos no hay esperanza, nunca, de entender o de explicar
qué es lo que estamos atestiguando.
Anoche, Genaro y yo te mostramos los dos últimos puntos que integran la totalidad del hombre: el
nagual y el tonal. Una vez te dije que esos dos puntos estaban fuera de uno mismo, y a la vez no lo
estaban. Ésa es la paradoja de los seres luminosos. El tonal de cada uno de nosotros es sólo un reflejo
de ese indescriptible desconocido lleno de orden: el gran tonal; el nagual de cada uno de nosotros es
sólo un reflejo de ese indescriptible vacío que lo contiene todo: el gran nagual.

—Hay muchas maneras de decir adiós —continuó—. Acaso la mejor es sostener un recuerdo especial
de alegría. Por ejemplo, si vives como guerrero, el calor que sentiste cuando llevabas en hombros al
niño será fresco y cortante durante todo el tiempo que vivas. Ésa es la manera en que un guerrero dice
adiós.

Pocos guerreros sobreviven el encuentro con lo desconocido que ustedes están a punto de tener; no
tanto porque sea difícil, sino porque el nagual es atrayente más allá de cuanto pueda decirse, y los
guerreros que se adentran en él encuentran que el regreso al tonal, o al mundo del orden y el ruido y el
dolor, es un asunto de lo más disgustante.

Carlitos quiere saber qué significa el tener dominio sobre la totalidad de uno mismo

Significa que el guerrero ha encontrado finalmente el poder

Un guerrero no podía evitar el dolor y el sufrimiento, sino únicamente la entrega a ellos.

Un guerrero se despedía dando las gracias a todos los que habían tenido para él un gesto de bondad o
de preocupación, y que yo debía expresar mi gratitud no sólo hacia ellos sino también hacia aquellos
que me habían cuidado y ayudado en mi camino.

Un guerrero reconoce su dolor pero no se entrega a él —dijo don Juan—. Por eso el sentimiento de un
guerrero que entra en lo desconocido no es de tristeza; al contrario, está alegre porque se siente
humilde ante su gran fortuna, confiado en la impecabilidad de su espíritu, y sobre todo, completamente
al tanto de su eficiencia. La alegría del guerrero le viene de haber aceptado su destino, y de haber
calculado de verdad lo que le espera.

La vida de un guerrero no puede en modo alguno ser fría y solitaria y sin sentimientos —dijo—, porque
se basa en su afecto, su devoción, su dedicación a su ser amado. ¿Y quién, podrían ustedes preguntar,
es ese ser amado?

El amor de Genaro es el mundo —decía—. Ahora mismo estaba abrazando esta enorme tierra, pero
siendo tan pequeño, no puede sino nadar en ella. Pero la tierra sabe que Genaro la ama y por eso lo
cuida. Por eso la vida de Genaro está llena hasta el borde y su estado, dondequiera que él se encuentre,
siempre será la abundancia. Genaro recorre las sendas de su ser amado, y en cualquier sitio que esté,
está completo.

Ésta es la predilección de dos guerreros —erijo—. Esta tierra, este mundo. Para un guerrero no puede
haber un amor más grande.
Solamente si uno ama a esta tierra con pasión inflexible puede uno librarse de la tristeza —dijo don
Juan—. Un guerrero siempre está alegre porque su amor es inalterable y su ser amado, la tierra, lo
abraza y le regala cosas inconcebibles. La tristeza pertenece sólo a esos que odian al mismo ser que les
da asilo.

Este ser hermoso, que está vivo hasta sus últimos resquicios y comprende cada sentimiento, me dio
cariño, me curó de mis dolores, y finalmente, cuando entendí todo mi cariño por él, me enseñó lo que
es la libertad.

Están más solos que nunca, porque sin un cariño constante por el ser que les da asilo, la soledad es
desolación.

Solamente amando a este ser espléndido se puede dar libertad al espíritu del guerrero; y la libertad es
alegría, eficiencia, y abandono frente a cualquier embate del destino.

Extractos de El Segundo Anillo De Poder

Todo era posible si uno tenía un firme propósito

El Nagual decía que todos desarrollamos en el curso de la vida una dirección según la cual miramos
—prosiguió ella—. Esa dirección termina por ser la de los ojos del espíritu. Según pasan los años esa
dirección se desgasta, se debilita y se hace desagradable y, puesto que estamos ligados a esa dirección
particular, nos hacemos débiles y desagradables. El día en que el Nagual me torció el cuello y no me
soltó hasta que me desmayé de miedo, me dio una nueva dirección.

Don Juan puede informar acerca de todo valiéndose de su calabaza dijo tras una pausa —. Ésa es la
clave de su poder. Cualquiera puede darte peyote, pero sólo un brujo, con su calabaza, puede
presentarte a Mescalito.

Hay cuatro vientos, como hay cuatro direcciones. Esto, desde luego, en cuanto a los brujos y aquellos
que los brujos hacen. El cuatro es un número de poder para ellos. El primer viento es la brisa, el
amanecer. Trae esperanza y luminosidad; es el heraldo del día. Viene y se va y entra en todo. A veces
es dulce y apacible; otras es importuno y molesto.
—Otro viento es el viento violento, cálido o frío, o ambas cosas. Un viento de mediodía. Sus ráfagas
están llenas de energía, pero también llenas de ceguera. Se abre camino destrozando puertas y
derribando paredes. Un brujo debe ser terriblemente fuerte para detener al viento violento.

—Luego está el viento frío del atardecer. Triste y molesto. Un viento que nunca le deja a uno en paz.
Hiela y hace llorar. Sin embargo, el Nagual decía que hay en él una profundidad tal que bien vale la
pena buscarlo.

—Y por último está el viento cálido. Abriga y protege y lo envuelve todo. Es un viento nocturno para
brujos. Su fuerza está unida a la oscuridad.

Están igualmente asociados con las cuatro direcciones. La brisa es el Este. El viento frío es el Oeste. El
cálido es el Sur. El viento violento es el Norte.

—Los cuatro vientos poseen también personalidad. La brisa es alegre y pulcra y furtiva. El viento frío
es variable y melancólico y siempre meditabundo. El viento cálido es feliz y confiado y bullicioso. El
viento violento es enérgico e imperativo e impaciente.

Ésa es asimismo la razón por la cual las mujeres son mejores que los hombres. Diría que las mujeres
aprenden con mayor rapidez si se mantienen fieles a su viento.

Una mujer, por supuesto, es mucho más flexible que un hombre. Una mujer cambia muy fácilmente
con el poder de un brujo. Especialmente con el poder de un brujo con el Nagual. Un aprendiz varón,
según el Nagual, es mucho más problemático.

Don Juan siempre había insistido en que nuestro peor enemigo era la incapacidad para aceptar la
realidad de aquello que nos ocurre.

Don Juan había dicho que, cuando por fin uno entiende qué ocurre, suele ser demasiado tarde para
retroceder. Afirmaba que siempre es el intelecto lo que nos embauca; recibe el mensaje en primer
término, pero en vez de darle crédito y obrar en consecuencia, pierde el tiempo en discutirlo

Don Juan siempre había sostenido: que todos poseemos un potencial adicional, algo que está allí, pero
que rara vez alcanzamos a usar.

Tenía aguda conciencia del peculiar sonido de la base de mi cuello. Don Juan lo había descrito como el
sonido que se hace al cambiar de velocidad.

El procedimiento es muy simple —dijo—. Todo lo que debes hacer es recordarle que se trata de una
paciente incurable. Puesto que es un caso terminal, tiene poder. No tiene nada más que perder. Ya lo ha
perdido todo. Cuando no se tiene nada que perder, se adquiere coraje. Somos temerosos únicamente en
la medida que tengamos algo a que aferrarnos.
—¿Pero acaso basta con recordárselo?

—No. Eso le dará el estímulo que necesita. Entonces tiene que deshacerse de la enfermedad,
empujándola con la mano izquierda. Debe empujar hacia afuera con el brazo, el puño cerrado como si
estuviese haciendo el tirador de una puerta. Debe empujar más y más, y, a la vez repetir: «fuera, fuera,
fuera». Dile que, puesto que ya no le queda nada por hacer, debe dedicar cada segundo del tiempo que
le quede de vida a realizar esa actividad. Te aseguro que podrá levantarse e irse por su propio pie, si es
que lo desea.

Las manos debían cerrarse como para pronunciar una plegaria, fuese ello hecho con delicadeza o
violentamente, llegando incluso a producir un sonido como de palmoteo. Cualquiera que fuese la
forma, el propósito del guerrero al cerrar las manos era atrapar el sentimiento que no quería dejar tras
sí. Tan pronto como se apretaban los puños, una vez capturado el sentimiento, se los llevaba con gran
fuerza al medio del pecho, a la altura del corazón. Allí, se convertía en una daga y el guerrero se la
clavaba, sosteniéndola con ambas manos.

Don Juan me había dicho que un guerrero sólo dice adiós de ese modo cuando tiene buenas razones
para creer que no regresará.

Una vez que una persona queda incompleta, se vacía realmente, como una calabaza ahuecada.

Un guerrero no debía dejar nada librado al azar, que un guerrero era realmente capaz de alterar el curso
de los sucesos, valiéndose del poder de su conciencia y de la inflexibilidad de su propósito.

Lo amaste, reverenciaste su espíritu, deseaste su bien; ahora debes olvidarlo

Si quieres saldar una deuda, haz tu depósito a nombre del espíritu del hombre. La suma es siempre muy
pequeña, y, sea cual sea la cantidad que se aporte, es más que suficiente.

No había nada más difícil para un brujo que eliminar a otro. Es más fácil que un individuo corriente
mate a un brujo, o que un brujo mate a un hombre corriente.

Un chico roba la mayor parte de su potencia a su padre; una niña, a su madre

Decía que, si observáramos a los niños, estaríamos en condiciones de aseverar que son valerosos, que
se mueven a saltos. Si observamos a sus padres, les vemos cautelosos y tímidos. Ya no saltan. Según el
Nagual, explicábamos el fenómeno fundándonos en la idea de que los padres son adultos y tienen
responsabilidades. Pero eso no es cierto. Lo cierto es que han perdido cierta pujanza.

Un hombre vacío se vale permanentemente de la plenitud de una mujer —prosiguió—. La plenitud de


una mujer es más peligrosa que la de un hombre. Ella se muestra informal, de ánimo inestable,
nerviosa, aunque también capaz de grandes transformaciones. Mujeres así están en condiciones de
sostenerse por sí mismas e ir a cualquier parte. No harán nada una vez allí, pero ello es debido a que de
partida no habrá nada en ellas. La gente vacía, por otra parte, no puede dar saltos semejantes, pero es
más digna de crédito. El Nagual decía que la gente vacía es como las lombrices, que miran a su
alrededor antes de avanzar, retroceden y luego recorren otro brevísimo trecho. La gente completa
siempre anda a saltos, da saltos mortales, y, las más de las veces, aterriza de cabeza, pero a ellos no les
importa.

El Nagual decía que, para entrar al otro mundo, uno debe estar completo. Para ser brujo es
imprescindible disponer de la totalidad de la propia luminosidad, es decir, de toda la capacidad del
espíritu, sin agujeros ni remiendos. De modo que un brujo vacío debe recobrar la plenitud. Hombre o
mujer, ha de estar completo para entrar en ese mundo de allí fuera,

Se debe aprender a no preocuparse y no a no querer. Cuando las niñas ya no significasen nada para mí,
debía volver a verlas, imponerles mis ojos y mis manos. Debía golpearlas con suavidad en la cabeza y
permitir que mi costado izquierdo les arrebatase la fuerza.

Un brujo que ha recuperado su integridad está nivelado, en tanto que un brujo que siempre estuvo
completo está un poco desequilibrado.

Dijo entonces que debíamos enterrar la cabeza entre los brazos y echarnos, con los muslos contra el
estómago.

En aquella ocasión, don Juan me había dicho que huir era inútil, y que lo único que cabía hacer era
permanecer en el lugar, en la posición

Explicó que los seres humanos poseían, en torno al estómago, un delicado halo, muy sensible a las
fuerzas externas. A veces, cuando el forcejeo era demasiado violento, como en el caso del contacto con
los aliados, o incluso, en el caso de encuentros con gente fuerte, el halo era agitado, cambiaba de color
o se desvanecía por completo. En circunstancias tales, lo único que se podía hacer era, sencillamente,
vomitar.

Son fuerzas y, como tales, pueden vaciarte hasta reducirte a la nada. El Nagual sostenía que se estaba
mejor sin nada que no fuera nuestra resolución y nuestra voluntad.

El Nagual te ha dicho que un aliado carece de forma. Tiene razón. Un aliado es sólo una presencia, un
ayudante que es nada, a pesar de ser tan real como tú y como yo.

El Nagual me dijo que la forma humana es una fuerza —prosiguió—. Y el molde humano es…
bueno… un molde. Dijo que todo tenía un molde particular. Las plantas tienen moldes, los animales
tienen moldes, los gusanos tienen moldes.

los brujos contaban en su «soñar» con una vía que les llevaba al molde, y que el molde de los hombres
era una entidad definida, una entidad a cuya visión accedíamos algunos en oportunidades en que nos
hallábamos imbuidos de poder, y todos, sin duda, en el momento de nuestra muerte. Describió el molde
como la fuente, el origen del hombre, puesto que, sin el molde, capaz de concentrar la fuerza vital, no
había modo de que la misma se organizase según la forma humana.

El molde humano resplandece; y siempre se lo halla en charcas y barrancos estrechos.

Se alimenta de agua. Sin agua no hay molde

Todo en el mundo es una fuerza; un rechazo o una atracción. Para ser atraídos o rechazados debemos
ser como una vela, como un cometa al viento. Pero si tenemos un agujero en el centro de nuestra
luminosidad, las fuerzas pasan a través de él y jamás nos afectan.

Un día, sola, fui hasta aquella charca, y allí estaba. Era un ser radiante, luminoso. No pude mirarlo
directamente. Me cegó. Pero estar en su presencia me bastó. Me sentí feliz y fuerte. Y eso era lo único
importante; lo único. Estar allí era todo lo que deseaba. El Nagual decía que a veces, si tenemos el
suficiente poder personal, obtenemos una visión del molde, aunque no seamos brujos; cuando eso
ocurre, decimos que hemos visto a Dios. Él afirmaba que lo llamábamos Dios porque era justo hacerlo.
El molde es Dios.

Si el molde humano es lo que aglutina nuestra sustancia, ¿qué es la forma humana?

—Algo viscoso, una fuerza viscosa que nos hace ser lo que somos. El Nagual me dijo que la forma
humana carecía de forma. Al igual que los aliados que él llevaba en su calabaza, es nada; pero, a pesar
de no tener forma, nos posee durante toda nuestra vida y no nos abandona hasta el momento de la
muerte.

Un guerrero debe deshacerse de la forma humana si quiere cambiar, realmente cambiar. De otra
manera, las cosas no pasan de ser una conversación sobre el cambio

Inútil creer o esperar que sea posible cambiar los propios hábitos. No se cambia un ápice en tanto se
conserva la forma humana. El Nagual me dijo que un guerrero sabe que no puede cambiar; es más:
sabe que no le está permitido. Es la única ventaja que tiene un guerrero sobre un hombre corriente. El
guerrero jamás se decepciona al fracasar en una tentativa de cambiar.

—¿Qué más sentiste, Gorda, al perder tu forma, además de que ello te dejaba sin la energía suficiente?

—El Nagual me dijo que un guerrero sin forma comienza a ver un ojo. Veía un ojo frente a mí toda vez
que cerraba los párpados. Llegó a tal extremo que no podía descansar; el ojo me seguía a todas partes.
Estuve a punto de volverme loca. Al cabo, supongo, me acostumbré a él. Ahora ni siquiera tomo en
cuenta su presencia, puesto que ha pasado a formar parte de mí. El guerrero sin forma se vale de ese
ojo para empezar a soñar. Si no tienes forma, no te es necesario dormir para soñar. El ojo que tienes
delante te lleva a ello cada vez que deseas ir.

Algún día, cuando pierda definitivamente la forma, no veré más el ojo; el ojo se convertirá en lo mismo
que yo, en nada, y, sin embargo, estará allí, como los aliados. El Nagual decía que todo debe ser
examinado a la luz de nuestra forma humana. Cuando no tenemos forma, nada tiene forma; no
obstante, todo está presente. Yo no lograba entender lo que quería decir, pero ahora sé que tenía toda la
razón. Los aliados son tan sólo una presencia, y ese era el ojo. Pero por el momento ese ojo lo es todo
para mí. A decir verdad, contando con ese ojo, nada más me hace falta para mi soñar, inclusive en
vigilia.

Debes aferrarte a la línea como un jaguar —prosiguió—, y no separar jamás las muñecas. Si lo haces,
caes y te partes el cuello.

Buscar casas o edificios en mis sueños y observarlos, tratando de retener la imagen. Decía que el arte
del soñador consiste en conservar la imagen de su sueño. Porque eso es lo que hacemos, de un modo u
otro, durante toda nuestra vida.

El Nagual me encargó que buscara en mis sueños un refuerzo para mi ombligo. Tardé muchísimo
porque no comprendía el significado de sus palabras. Decía que, en el soñar, prestamos atención con el
ombligo, por consiguiente, debemos protegerlo bien. Necesitamos cierto calorcillo, o la sensación de
que algo nos presiona el ombligo para retener las imágenes en nuestros sueños.

El doble requiere tremendas cantidades de atención

Deben ser impecables en su esfuerzo por cambiar, con el objeto de asustar a la forma humana y
deshacerse de ella.

Un tolteca es un receptor y conservador de misterios.

El arte de un brujo consistía en pasar desapercibido aun en medio de la multitud.

Un guerrero debe advertirlo todo —dijo—. Esa es su peculiaridad y, como decía el Nagual, en ello
radica su ventaja.

Es un honor y una satisfacción ser un guerrero, y que la fortuna del guerrero consiste en hacer lo que
debe hacer.

El nagual era el principio indescriptible, la fuente de todo.

El tonal es susceptible de ser fácilmente aprehendido por nuestros sentidos, en tanto el nagual sólo
puede ser captado por el ojo del brujo. Agregó que nos podíamos tropezar con las más extravagantes
visiones del tonal, y asustarnos o aterrorizarnos ante ellas, o serles indiferentes, puesto que eran
accesibles a todos. Una visión del nagual, por otro lado, requería de los sentidos especializados de un
brujo para ser contemplada por entero. Y, sin embargo, tanto el tonal como el nagual estaban presentes
en todo siempre. Por tanto, correspondía a un brujo decir que «mirar» consistía en contemplar el tonal
presente en todas las cosas, mientras que «ver» suponía, por su parte, el percibir el nagual, también
presente en todas las cosas. Según ello, si un guerrero contemplaba el mundo como ser humano, estaba
mirando; pero si lo hacía como brujo, estaba «viendo», y lo que «veía» debía llamarse con propiedad
«nagual».

Le comenté que me había indicado cómo cazar y tender trampas. El empleo del término «acecho», no
obstante, era más apropiado.

—Un cazador se limita a cazar —dijo—. Un acechador lo acecha todo, inclusive a sí mismo.

Un acechador impecable lo convierte todo en presa. El Nagual me dijo que es posible llegar a acechar
nuestras propias debilidades.

¿Cómo es posible acechar las propias debilidades, Gorda?

—Del mismo modo en que se acecha una presa. Descifras tus costumbres hasta conocer todas las
consecuencias de tu debilidad y te abalanzas sobre ellas y las coges como a conejos en una jaula.

Había afirmado que todo hábito era, en esencia, un «hacer»; y un hacer requería todas sus partes para
funcionar. Si una de ellas faltaba, el hacer resultaba imposible. Para él, cualquier serie coherente y
significativa de acciones era un hacer. Dicho en otros términos, una costumbre requería, para constituir
una actividad vital, todas sus acciones componentes.

Insistió en que así eran los seres humanos: les encanta que se les diga lo que deben hacer, pero les gusta
mucho más resistirse a hacerlo, de modo que llegan a aborrecer a quien los ha aconsejado.

Un guerrero come en silencio, y lentamente, y muy poco cada vez

El Nagual me explicó que un guerrero ingería cuatro bocados seguidos; recién pasado un rato tragaba
otros cuatro, y así.

Por otra parte, un guerrero camina kilómetros y kilómetros cada día.

Pero acechar las propias debilidades no implica estrictamente el deshacerse de ellas —dijo—. Puedes
estar acechándolas desde ahora hasta el día del juicio final sin que nada varíe un ápice. Por eso el
Nagual se negaba a precisar lo que se debía hacer. En realidad, lo que un guerrero necesita para ser un
acechador impecable es tener un propósito.

Todos disponemos de poder personal para algo. En mi caso, el problema radicaba en desviar ese poder,
dedicado a la obtención de alimentos, de modo de emplearlo para mi propósito de guerrero.

Lo único que ponía límite a la desesperación era la conciencia de muerte, clave del esquema de las
cosas propio de los brujos. Estaba convencido de que la conciencia de muerte podía dotarnos de las
fuerzas necesarias para resistir la presión y el dolor de la vida y el temor a lo desconocido.
Al final, habría triunfado el mejor, alzándose con todo. Si Soledad hubiera sido la vencedora, Pablito
habría debido sentirse feliz y desear su bien. Pero sólo un auténtico guerrero puede sentir ese tipo de
felicidad.

Tienes la forma de una lápida, pero con un feo, sombrío remiendo en el centro. Mientras lo lleves no
podrás volar como lo hacen los brujos, como yo lo hice anoche ante ti. Ni siquiera podrás deshacerte de
tu forma humana.

No todo el mundo está obligado a hacerlo —dijo—. Sólo los brujos que desean entrar en otro mundo.
Hay buen número de otros brujos que ven y están incompletos. El estar completo es cuestión
exclusivamente nuestra, de los toltecas.

Destacó que no sólo los auténticos sacerdotes eran completos por norma, sino que ni siquiera se
debilitaban con actos sexuales.

—El Nagual decía que esa es la razón por la cual nunca serían exterminados, no importa quién trate de
hacerlo —dijo—. Sus seguidores siempre están vacíos; carecen del vigor de los pastores. Me gustó que
el Nagual dijera eso. Siempre le tuve cariño. Nosotros somos como ellos. Hemos dejado el mundo y,
sin embargo, nos mantenemos en medio de él. Los sacerdotes serían grandes brujos voladores si
alguien les dijera que pueden serlo.

Un brujo es un tolteca cuando ha sido iniciado en los misterios del acechar y el soñar

El arte de los brujos consiste en estar fuera de todo y pasar desapercibido. Y, sobre todo, en no
malgastar el poder.

Es muy difícil enseñar a un varón el arte de los brujos porque su atención siempre está bloqueada,
dirigida hacia algo. Una hembra, por el contrario, se halla siempre abierta, puesto que durante la mayor
parte del tiempo no concentra su atención sobre nada específico. En especial cuando tiene la regla. El
Nagual insistía en ello; además, me demostró que en ese período mi atención escapaba de las imágenes
del mundo. Si no lo atiendo, el mundo se desploma.

Los brujos como el Nagual y Genaro tienen dos ciclos —explicó—. Durante el primero son humanos,
como nosotros. Nos encontramos en nuestro primer ciclo. A cada uno nos ha sido asignada una tarea; el
llevarla a cabo nos hará perder la forma humana. Eligio, los cinco aquí presentes y los Genaros
pertenecemos a un mismo ciclo.

—El segundo ciclo es aquel en que el brujo ya no es humano: tal el caso del Nagual y de Genaro.
Vinieron a educarnos y hecho eso, partieron. Nosotros somos para ellos su segundo ciclo.
Cuando se trata del nagual, debe dar la instrucción, es decir, mostrar el misterio al guerrero. Y nada
más. El guerrero que recibe los misterios debe ganar su derecho al conocimiento como instrumento de
poder haciendo aquello que le ha sido descubierto.

El tonal y el nagual son dos mundos diferentes. En uno se habla, en el otro se actúa.

Todos podíamos ver, y escoger, y sin embargo, no tener memoria de lo visto

Merced a la atención, podemos retener las imágenes de un sueño tal como retenemos las del mundo
—dijo la Gorda—. El arte del soñador es el arte de la atención.

«Razón» era sinónimo de «atención».

El núcleo de nuestro ser era el acto de percibir, y lo mágico de nuestro ser era la toma de conciencia.
Para él la percepción y la conciencia constituían una sola, inseparable, unidad funcional, una unidad
con dos esferas. La primera de ellas correspondía a la «atención del tonal», es decir, a la capacidad de
la gente corriente de percibir y situar su conciencia en el mundo ordinario, el de la vida diaria. Don
Juan también llamaba a esa forma de atención «primer anillo de poder», y la describía como nuestra
terrible pero indiscutible facultad de poner orden en nuestra percepción del mundo.

La segunda esfera abarcaba la «atención del nagual», esto es, la capacidad de los brujos de situar su
conciencia en el mundo no ordinario. El denominaba a este ámbito «segundo anillo de poder»: la
facultad completamente tormentosa, que todos teníamos, pero sólo los brujos usaban, de poner orden
en ese otro mundo.

Tal vez todos percibimos constantemente ambas formas, pero decidimos aislar una para el recuerdo y
descartar la otra; o tal vez archivamos la segunda, como había hecho yo. En ciertas condiciones de
tensión y receptividad, la memoria censurada sale a la superficie y tenemos entonces dos visiones
distintas de un mismo acontecimiento

Lo que don Juan había luchado por derrotar, o, mejor dicho, suprimir en mí, no era mi razón
considerada en el sentido de capacidad para el pensamiento racional, sino mi «atención del tonal» o
conciencia del mundo del sentido común. La Gorda me había explicado el motivo por el cual él había
buscado que así fuera al explicarme que el mundo diario existe porque sabemos cómo retener sus
imágenes; por lo tanto, si uno pierde la atención necesaria para conservarlas, el mundo se derrumba

Mover la cabeza lentamente de un lado a otro, en tanto captaba la luz solar con el ojo izquierdo,
entornado. Él afirmaba que no sólo era posible utilizar el sol, sino también cualquier otro tipo de luz
susceptible de ser reflejada por los ojos.

Un hombre, para captar energía, debía echarse de espalda, flexionando las rodillas hasta lograr que las
plantas de los pies estuviesen en contacto en toda su superficie. Los brazos debían abrirse hacia los
lados, con los antebrazos en posición vertical y los dedos en forma de garra hacia arriba.
Don Juan había dicho que nuestro «primer anillo de poder» penetra en nuestras vidas en épocas muy
tempranas y vivimos bajo la impresión de que ese es todo nuestro mundo. El «segundo anillo de
poder», «la atención del nagual» permanece oculto para la inmensa mayoría de nosotros, y se nos
revela justo en el momento de la muerte. No obstante, existe un camino para llegar hasta él, al alcance
de todos, pero cuyo recorrido solamente emprenden los brujos: el «soñar». «Soñar» consiste, en
esencia, en transformar los sueños corrientes en cuestiones volitivas. Los soñadores, mediante el
expediente de concentrar la «atención del nagual» en los asuntos y sucesos de sus sueños ordinarios,
los transforman en «soñar».

Don Juan aseguraba que no existía un procedimiento específico para alcanzar la «atención del nagual».
Solamente me había dado pistas. La primera fue que debía buscar mis manos en sueños; entonces, el
ejercicio de atención fue ampliado a la búsqueda de objetos, rasgos característicos del paisaje, como
calles, edificios, etcétera. Desde allí había que pasar a «soñar» sobre lugares determinados a
determinadas horas. El último grado consistía en concentrar la «atención del nagual» en el yo total.
Don Juan sostenía que esa etapa final se anunciaba generalmente por un sueño que buena parte de la
gente había tenido en una u otra oportunidad, en el cual el sujeto se ve a sí mismo yaciendo dormido.
Para cuando un brujo tiene ese sueño, su atención se ha desarrollado hasta el punto de que, en vez de
despertar, como les ocurre a la mayoría de las personas, da media vuelta y se pone en actividad, como
lo haría en el mundo en que tiene lugar nuestra vida diaria. En ese momento se produce una ruptura,
una división definitiva en la hasta entonces unificada personalidad

El atrapar la «atención del Nagual» y desarrollarla hasta el nivel de perfección de nuestra atención
diaria al mundo tenía por resultado el nacimiento del otro yo, un ser idéntico a uno, pero construido en
el «soñar».

La Gorda y las hermanitas me habían demostrado que la grieta entre los mundos era algo más que una
metáfora. Era más bien la capacidad para pasar de uno a otro nivel de atención.

Se escoge sólo una vez —me había dicho don Juan—. Elegimos ser guerreros o ser hombres corrientes.
No existe una segunda oportunidad. No sobre esta tierra.

—Sí. Eso es cierto —dijo, y rió—. ¿Por qué no te lo repites una y otra vez, hasta que te sientas a salvo?
El Nagual se cansó de decirte que la única libertad de que disponen los guerreros consiste en su
conducta impecable.

La impecabilidad no sólo representaba la libertad, sino que era el único medio para ahuyentar la forma
humana.

La fuerza que rige nuestros destinos está fuera de nosotros y nada tiene que ver con nuestros actos ni
con nuestra voluntad
El soñar es el único modo de concentrar la segunda atención sin dañarla, sin que resulte amenazadora u
horrenda

El Nagual me dijo que los seres humanos eran criaturas frágiles compuestas por muchas capas de
luminosidad. Cuando los ves, parecen poseer fibras, pero éstas son en realidad capas, semejantes a las
de una cebolla. Las sacudidas, de cualquier clase que sean, separan esas capas y pueden producir la
muerte.

El Nagual decía que la muerte las separa. Me explicó que el centro de nuestra luminosidad, la atención
del nagual, ejerce permanentemente una fuerza hacia fuera, y que esa es la causa de que las capas se
separen. De modo que a la muerte le resulta fácil introducirse en ellas y separarlas por completo. Los
brujos tienen que hacer todo lo posible para mantener unidas sus propias capas. Por eso el Nagual nos
enseñó a soñar. El soñar une las capas. Cuando los brujos aprenden a soñar reúnen sus dos atenciones y
ya no es necesario que el centro empuje hacia afuera.

El Nagual y Genaro son brujos. Sus dos atenciones están tan estrechamente unidas que probablemente
nunca morirán.

Él aseguraba que el hecho de alcanzar la segunda atención suponía reunir a ambas en una sola unidad,
y esa unidad era la totalidad de uno mismo.

Una vida impecable, la cual, tal como él le había aseverado, constituía su única posibilidad de perder la
forma humana. La pérdida de la forma humana era el requisito esencial para la unificación de las dos
atenciones.

El observar era el camino para concentrar la segunda atención. Creíamos que se trataba de una
diversión. Pero no era así. Los soñadores deben ser observadores si es que han de concentrar su
segunda atención.

Al principio, pensé que la hoja era siempre la misma, conservada día tras día, pero luego advertí que se
trataba de hojas distintas. El Nagual decía que cuando se comprende eso, ya no estamos mirando, sino
observando.

El Nagual decía que los soñadores pueden considerarse maestros en la observación de las hojas cuando
sueñan primero los dibujos y terminan por hallarlos, al siguiente día, en su pila de hojas secas.

—El Nagual aseguraba que la observación de las hojas fortificaba la segunda atención. Si observas una
pila de hojas durante horas, como él solía obligarme a hacer, los pensamientos llegan a silenciarse. Sin
pensamientos, la atención del tonal mengua y, súbitamente, la segunda atención se prende a las hojas y
las hojas pasan a ser algo más. Él llamaba al momento en que la segunda atención se detiene en algo
«parar el mundo». Y eso es exacto: el mundo se detiene. Por ello, cuando se observa, es necesario que
haya alguien cerca. Nunca conocemos las peculiaridades de nuestra segunda atención. Puesto que
nunca la hemos empleado, debemos familiarizarnos con ella antes de aventurarnos a observar a solas.
Una vez que logras parar el mundo, eres un observador. Y, dado que para parar el mundo sólo cabe
observar, el Nagual nos hizo pasar años y años contemplando hojas secas, se la amplía valiéndose del
observar y el soñar. Eso es atención.

Combinaba la observación de hojas secas con la búsqueda en el soñar de las propias manos. Tardé
cerca de un año en hallarlas, y cuatro en parar el mundo. El Nagual decía que, una vez atrapada la
segunda atención por medio de las hojas secas, se la amplía valiéndose del observar y el soñar. Eso es
todo al respecto.

Una vez que los soñadores aprenden a para el mundo, pueden observar otras cosas; finalmente, cuando
pierden definitivamente la forma, pueden observarlo todo

Primero observamos pequeñas plantas. El Nagual nos advirtió que eran sumamente peligrosas. Su
poder está concentrado; poseen una luminosidad muy intensa y perciben la observación de los
soñadores: en ese momento modifican su luz y la disipan contra el observador. Los soñadores deben
escoger una especie vegetal determinada para llevar a cabo su observación.

—A continuación, observamos árboles. También en este caso es necesario elegir una especie.

Los insectos eran, con mucho, los más adecuados. Su movilidad los hacia inofensivos para el
observador, al contrario de las plantas, que obtenía su luz directamente de la tierra.

Me hizo saber que las rocas eran muy antiguas y poderosas y poseían una luz especial, más bien
verdosa, distinta de la blanca de los vegetales y de la amarillenta de los seres vivientes y móviles. Las
rocas no se abrían fácilmente a los observadores, pero éstos debían insistir, puesto que las rocas
abrigaban en su núcleo secretos especiales, secretos que ayudaban a los brujos a «soñar».

Afirmó que la hora era un factor importante en la observación de árboles y rocas. Al amanecer, tanto
los unos como las otras estaban entumecidos y su luz era débil. Se los hallaba en su mejor forma
alrededor del mediodía; la observación realizada a esa hora servía para apropiarse de su luz y su poder.
Al anochecer se hallaban silenciosos y tristes, especialmente los árboles. Según la Gorda, éstos dan la
impresión, en ese momento, de observar a su vez al observador.

Los observadores pueden dirigir su atención a la lluvia y moverse con ella, o concentrarla en el entorno
y emplear la lluvia como lente de aumento, capaz de revelar rasgos ocultos. Observando a través de ella
se descubren los lugares de poder y aquellos que deben ser evitados. Los lugares de poder son
amarillentos y los que se tienen que eludir, intensamente verdes.

Cuando la segunda atención es llamada a reunirse, todo lo que hace falta es el simple movimiento de
abrir esa puerta. Ese es el secreto de los soñadores toltecas que han perdido la forma.
Es necesario enganchar a los hombres. A las mujeres no. Las mujeres entran libremente en todo. En
ello radica su poder y su desventaja. Los hombres deben ser guiados y las mujeres, contenidas».

La etapa final había sido la de la observación del fuego, el humo y las nubes. Me comunicó que para un
observador el fuego y el humo no eran luminosos, sino negros. Las sombras, en cambio, eran brillantes
y tenían movimiento y color.

Había que sentarse en el suelo, sobre un rimero de hojas secas o un cojín de fibras naturales. La espalda
debía apoyarse en un árbol, un tocón o una piedra lisa. Era necesario estar completamente relajado. Los
ojos no se fijaban jamás en el objeto, para evitar cansarlos. El observar consistía en explorar muy
lentamente, moviendo los ojos en sentido opuesto al de las agujas del reloj, pero sin variar la posición
de la cabeza. Agregó que el Nagual les había hecho instalar allí aquellas estacas para apoyarse.

Si bien me había guiado por el sendero opuesto, don Juan no había dejado de enseñármelo; en vez de
adiestrarme para concentrar mi visual, como los observadores, me preparó para abrirla, para anegar mi
conciencia mediante el expediente de no centrar la atención en nada singular. Mi obligación consistía,
en cierto modo, en poner los ojos sobre todo aquello que fuera visible para mí en un radio de 180
grados, en tanto dirigía la atención a un punto impreciso, inmediatamente por encima de la línea del
horizonte.

Don Juan se había cansado de repetir que la condición esencial de la brujería residía para él en la
capacidad para detener el diálogo interno. En términos correspondientes a la explicación provista por la
Gorda, respecto de los dos dominios de la atención, la detención del diálogo interno era una forma de
descripción operativa del acto de desconectar la atención del tonal.

También decía don Juan que cuando detenemos el diálogo interno también paramos el mundo. Esa era
una descripción operativa del inconcebible proceso de concentración de nuestra segunda atención.
Aseveraba que hay una parte de nosotros siempre cerrada bajo llave, porque le tememos; para la razón
es algo así como un pariente loco al que mantenemos en un calabozo. Según palabras de la Gorda, eso
era nuestra segunda atención. Cuando lográbamos finalmente concentrarla en algo, el mundo se paraba.
Puesto que, como hombres corrientes, sólo conocemos la atención del tonal, no parece exagerado
afirmar que, una vez que la misma es suprimida, el mundo entero debe cesar su movimiento. La
concentración de nuestra salvaje, ineducada, segunda atención, debe ser, por fuerza, terrorífica. Don
Juan tenía razón al decir que el único modo de evitar que el pariente loco irrumpiera con violencia en
nuestra vida, era escudarse en el infinito diálogo interno.

—Las sombras del amanecer no rebelan gran cosa. Las sombras descansan a esa hora. De modo que es
inútil observar muy temprano. Alrededor de las seis, las sombras despiertan, y su mejor momento está
cerca de las cinco de la tarde. En ese momento se hallan enteramente despiertas.
Observar y soñar son cosas que están unidas. Me costó un largo tiempo de observación de sombras el
llevarlas a mi soñar. Y luego me costó un largo período de soñar y observar el conseguir que ambas
cosas se unieran, para ver realmente en las sombras lo que veía en mi soñar.

Un guerrero no sentía compasión por nadie. Para él, sentir compasión implicaba desear que la otra
persona fuese como uno, estuviese en el lugar de uno y que esa es la razón por la que se da una mano.

La impecabilidad de un guerrero consiste en dejar de ser y apoyar a los demás en lo que realmente son.
Desde luego, eso implica confiar en que los otros son también guerreros impecables.

—¿Y si no son guerreros impecables?

—Entonces tu deber es ser impecable y no decir palabra —replicó—. El Nagual sostenía que sólo un
brujo que ve y ha perdido la forma puede permitirse ayudar a otro. Es por eso que él nos ayudó e hizo
de nosotros lo que somos. No creerás que es posible andar por la calle recogiendo gente para auxiliarla,
¿verdad?

El cuerpo es la primera atención, la atención del tonal. Cuando se convierte en segunda atención,
sencillamente entra al otro mundo. Al saltar al abismo concentraste temporalmente tu segunda
intención.
Extractos de “Don Del Aguila”
Acechar”: Este me había sido explicado como un conjunto de procedimientos y actitudes que le
permitían a uno extraer lo mejor de cualquier situación concebible.

Nadie cura mejor que la tierra;

La segunda atención es la cosa más feroz que hay -declaró-. Si se le enfoca en objetos, no hay nada
más horrendo.

-Lo que es horrible es que nos aferremos -dijo Néstor-. El hombre que era dueño de la piedra se
aferraba a su vida y a su poder, por eso se horrorizó tanto cundo sintió que le quitaban la carne a
mordidas. El nagual nos dijo que si ese hombre hubiera dejado de ser posesivo y se hubiese
abandonado a su muerte, cualquiera que fuese, no habría sentido ningún temor.

-Lo que se conoce como atlantes son el nagual; son mujeres ensoñadoras. Representan el orden de la
segunda atención que ha sido traída a la superficie, por eso son tan temibles y misteriosas. Son criaturas
de guerra, pero no de destrucción.

"La otra hilera de columnas, las rectangulares, representan el orden de la primera atención, el tonal.
Son acechadoras, por eso están cubiertas de inscripciones. Son muy pacíficas y sabias, lo contrario de
la hilera de enfrente.

Don Juan me había dicho que nuestro ser total consiste en dos segmentos perceptibles. El primero es
nuestro cuerpo físico, que todos nosotros podemos percibir; el segundo es el cuerpo luminoso, que es
un capullo que sólo los videntes pueden percibir y que nos da la apariencia de gigantescos huevos
luminosos. También me dijo que una de las metas más importantes de la brujería era alcanzar el
capullo luminoso; una meta que se logra a través del sofisticado uso del ensueño y mediante un
esfuerzo riguroso y sistemático que él llamaba no-hacer. Don Juan definía no-hacer como un acto
insólito que emplea a nuestro ser total forzándolo a ser consciente del segmento luminoso.

A la porción más pequeña la llamó "primera atención" y dijo que era la conciencia que toda persona
normal ha desarrollado para enfrentarse al mundo cotidiano; abarca la conciencia del cuerpo físico. A
otra porción más grande la llamó la "segunda atención" y la describió como la conciencia que
requerimos para percibir nuestro capullo luminoso y para actuar como seres luminosos. Dijo que la
segunda atención se queda en el trasfondo durante toda nuestra vida, a no ser que emerja a través de un
entrenamiento deliberado o a causa de un trauma accidental, abarca la conciencia del cuerpo luminoso.
A la última porción, que era la mayor, la llamó la "tercera atención": una conciencia de los cuerpos
físico y luminoso.

Agregó que el campo de batalla de los guerreros era la segunda atención, que venía a ser algo como un
campo de entrenamiento para llegar a la tercera atención; un campo un tanto difícil de alcanzar, pero
muy fructífero una vez obtenido.
La fijeza de la segunda atención tiene dos caras. La primera y la más fácil es la cara maléfica. Sucede
cuando los soñadores usan su ensueño para enfocar la segunda atención en las cosas de este mundo,
como dinero o poder sobre la gente. La otra cara es la más difícil de alcanzar y ocurre cuando los
soñadores enfocan su atención en cosas que ya no están en este mundo o que ya no son de este mundo,
así como el viaje a lo desconocido. Los guerreros necesitan una impecabilidad sin fin para alcanzar esta
cara.

No eran solamente las ruinas de antiguas culturas las que contenían un elemento peligroso en ellas;
todo lo que era objeto de una preocupación obsesiva tenía un potencial dañino.

-Cuando te pones a cavilar en lo que vas a hacer con tus hojas -explicó don Juan-, estás enfocando en
ellas una parte muy peligrosa de ti mismo. Todos nosotros tenemos ese lado peligroso, esa fijeza.
Mientras más fuertes llegamos a ser, más mortífero es ese lado. La recomendación para los guerreros es
no tener nada material en qué enfocar su poder, sino enfocarlo más bien hacia el espíritu, en el
verdadero vuelo a lo desconocido, no en salvaguardas triviales. En tu caso, las notas son tu
salvaguarda. No te van a dejar vivir en paz.

Juan Matus no quería que tuviéramos posesiones

En esa época, yo no tenía idea de que el nagual estaba protegiendo mi cuerpo de ensueño.

Inevitablemente, la segunda atención es empujada a enfocar nuestro ser total como campo de energía, y
que transforma esa energía en cualquier cosa apropiada. Lo más fácil, por supuesto, es la imagen del
cuerpo físico, con la cual estamos completamente acostumbrados en nuestras vidas diarias, gracias al
uso de nuestra primera atención. Lo que canaliza la energía de nuestro ser total, para producirse
cualquier cosa que pueda hallarse dentro de los límites de lo posible, es conocido como voluntad

Primero, que no somos solamente aquello que nuestro sentido común nos exige que creamos ser. En
realidad somos seres luminosos, capaces de volvernos conscientes de nuestra luminosidad. Segundo,
que como seres luminosos conscientes de nuestra luminosidad podemos enfocar distintas facetas de
nuestra conciencia, o de nuestra atención, como don Juan le llamaba. Tercero, que ese enfoque podía
ser producido mediante un esfuerzo deliberado, como el que nosotros tratábamos de hacer, o
accidentalmente, a través de un trauma corpóreo. Cuarto, que había habido una época en que los brujos
deliberadamente enfocaban distintas facetas de su atención en objetos materiales. Quinto, que los
atlantes, a juzgar por su espectacular apariencia, debieron haber sido objetos de la fijeza de los brujos
de otro tiempo.

Ser fluidos, a estar a sus anchas en cualquier situación en que se encontrasen

Las mujeres, dijo, tenían espesos montones de filamentos que semejaban la cola de un león; éstos
crecían hacia adentro a partir de los genitales. Explicó que esas raíces eran las donadoras de vida. El
embrión, para poder efectuar su crecimiento, se adhiere a una de estas raíces nutritivas y después la
consume por completo, dejando sólo un agujero. Los hombres, por otra parte, tenían filamentos cortos
que estaban vivos y flotaban casi separados de la masa luminosa de sus cuerpos.
Esa es la costumbre del brujo. Nunca desperdicies tus ganancias.

El nagual me dio a entender que perder la forma humana trae la libertad

La libertad de recordarte a ti mismo. El nagual dijo que perder la forma humana es como una espiral.
Te da la libertad de recordar, y esto, a su vez, te hace aún más libre.

Un guerrero sabe que está esperando y también sabe qué es lo que está esperando, y, mientras espera,
deleita sus ojos en el mundo. Para él la máxima hazaña de un guerrero era el gozo.

-Nuestros sentimientos establecen límites alrededor de cualquier cosa -expuso-. Mientras más
queremos algo, más fuerte es el cerco. En este caso nosotros queríamos a nuestra casa, y antes de irnos
tuvimos que deshacernos de ese sentimiento. Los sentimientos por nuestra tierra llegaban hasta la
cumbre de las montañas que están al oeste de nuestro valle. Ese fue el lindero, y cuando cruzamos la
cima de esas montañas, sabiendo que ya nunca regresaríamos, los rompimos.

Había dos maneras de cruzar las líneas paralelas: por medio del poder de otro o a través de nuestro
propio poder.

Era una gran hazaña dividir el mundo en dos, pero era aun un mayor logro cuando un guerrero tenía la
serenidad y el control de detener la rotación de la pared. Dijo que la pared no se hallaba dentro de
nosotros; estaba, por cierto, en el mundo de afuera, dividiéndolo en dos y rotando cuando movíamos la
cabeza, como si se hallara pegada a nuestra sien derecha. La gran hazaña de mantener la pared inmóvil
permitía al guerrero encararla y le confería el poder de pasar a través de ella cada vez que así lo
deseara.

Don Juan me había enseñado a aceptar mi suerte humildemente.

-El sino de un guerrero es inalterable -una vez me había dicho-: El desafío consiste en cuán lejos puede
uno llegar dentro de esos rígidos confines y qué tan impecable puede una ser.

Si hay obstáculos en su camino, el guerrero intenta, impecablemente, superarlos. Si encuentra dolor y


privaciones insoportables en su sendero, el guerrero llora, sabiendo que todas sus lágrimas puestas
juntas no cambiarían un milímetro la línea de su sino.

El desapego no significaba sabiduría automática, pero que, no obstante, era una ventaja ya que permitía
al guerrero detenerse momentáneamente para reconsiderar las situaciones para volver a sopesar las
posibilidades. Sin embargo, para poder usar consistente y correctamente ese momento extra, don Juan
dijo que el guerrero tenía que luchar insobornablemente durante toda una vida.

Ya me di al poder que a mi destino rige.


No me agarra ya de nada, para así no tener nada que defender.

No tengo pensamientos, para así poder ver.

No temo ya a nada, para así poder acordarme de mí.

La fórmula tenía dos versos más, que en ese momento me resultaron incomprensibles:

Sereno y desprendido

Me dejará el águila pasar a la libertad.

-Un guerrero es alguien que busca la libertad -me dijo en el oído-. La tristeza no es libertad. Tenemos
que quitárnosla de encima.

Tener un sentido de desapego, como había dicho don Juan, implica tener una pausa momentánea para
reconsiderar las situaciones. En lo más hondo de mi tristeza comprendí lo que él quería decir. Ya tenía
el desapego, ahora me correspondía luchar por usar correctamente esa pausa.

Habiendo perdido ya la forma humana, me hallaba ahora en posición de comprender que dicha
condición es un perjuicio a la sobriedad y a la discreción. No aporta ninguna fortaleza emocional
automática. Un aspecto del desapego, la capacidad de quedar inmerso en lo que uno se encuentre
haciendo, naturalmente se extiende a todo lo que se hace, incluso ser inconsistente y totalmente
mezquino. La ventaja de no tener forma es la capacidad de detenerse un momento, si es que se tiene
autodisciplina y valor.

Vigilia en reposo es el estado preliminar, en el cual los sentidos se aletargan y, sin embargo, uno se
halla consciente. En mi caso, yo siempre había percibido en este estado un flujo de luz rojiza, una luz
exactamente igual a la que aparece cuándo encara uno el sol con los párpados fuertemente cerrados.

Al segundo estado de ensoñar le llamé vigilia dinámica. En éste, la luz rojiza se disipa así como se
desvanece la niebla, y uno se queda viendo una escena, una especie de cuadro, que es estático. Se ve
una imagen tridimensional, un tanto congelada: un pasaje, una calle, una casa, una persona, un rostro, o
cualquier otra cosa.

Al tercer estado lo denominé atestiguación pasiva. En él, el ensoñador ya no presencia más un aspecto
congelado del mundo, sino que es un testigo ocular de un evento tal como ocurre. Es como si la
preponderancia de los sentidos visual y auditivo hiciera a este estado del ensoñar una cuestión
principalmente de los ojos y los oídos.
En el cuarto estado uno es llevado a actuar, forzado a llevar a cabo acciones, a dar pasos, a aprovechar
el máximo del tiempo. Yo llamé a este estado iniciativa dinámica.

Lo primero era el acto mismo, el cual comienza como un estado único de conciencia al que se llega
concentrando el residuo consciente que se conserva, aun cuando uno está dormido, en los elementos o
los rasgos de los sueños comunes y corrientes.

Es adiestrado a través de ejercicios de no-hacer

Un auxiliar esencial del ensoñar era un estado de quietud mental, que don Juan había llamado "detener
el diálogo interno", o el "no-hacer de hablarse a uno mismo".

Solía hacerme caminar durante kilómetros con los ojos fuera de foco, fijos en un plano unos cuantos
grados por encima del horizonte, a fin de realzar la visión periférica

Me permitió detener mi diálogo interno después de años de práctica, y entrenó mi atención. Al


forzarme a una concentración en la vista periférica, don Juan reforzó mi capacidad de concentrarme,
por largos periodos de tiempo, en una sola actividad.

La mejor manera de entrar en ensueños era concentrándome en el área exacta en la punta del esternón.
Dijo que de ese sitio emerge la atención que se requiere para comenzar el ensueño. La energía que
necesita uno para moverse en el ensueño surge del área tres o cuatro centímetros bajo el ombligo. A esa
energía le llamaba la voluntad, o el poder de seleccionar, de armar. En una mujer, tanto la atención
como la energía para ensoñar, se origina en el vientre.

La Gorda aseguró que don Juan le había explicado que cualquier cosa puede servir como no-hacer para
propiciar el ensoñar, siempre que esto fuerce a la atención a permanecer fija. Por ejemplo, hizo que ella
y los demás aprendices contemplaran fijamente hojas y piedras, y alentó a Pablito a que construyera su
propio aparato de no-hacer.

Para obtener mejores resultados debía de sentarme en una esterilla suave y delgada, con las plantas de
mis pies puestas juntas y con los muslos tocando la esterilla. Me señaló que, como yo tenía las
coyunturas de las caderas algo elásticas, debía de ejercitarlas al máximo, con el fin de llegar a tener los
muslos completamente aplanados contra el suelo. Don Juan añadió que si yo llegaba a entrar en el
ensoñar sentado en esa posición, mi cuerpo no se deslizaría ni caería a ninguno de los lados, sino que
mi tronco se inclinaría hacia adelante y mi frente se apoyaría en mis pies.

Otro tema de enorme significado era la hora de ensoñar. Don Juan nos había dicho que las horas más
avanzadas de la noche o las primeras horas de la madrugada eran las mejores

Desde el momento en que uno tiene que hacer su ensoñar dentro de su medio social, uno debe de
buscar las mejores condiciones posibles de aislamiento, libres de interferencias. Las interferencias a las
que se refería tenían que ver con la "atención" de la gente, y no con su presencia física. Para don Juan
era algo fuera de propósito el retirarse del mundo y ocultarse, pues incluso si uno se hallase solo en un
lugar aislado y desierto, la interferencia de nuestros prójimos prevalece. La fijeza de su primera
atención no puede ser desconectada. Sólo localmente a las horas en las que la mayoría de la gente está
dormida uno puede desviar parte de esa fijeza por un breve lapso. En esas horas está adormecida la
primera atención de quienes nos rodean.

La atención que uno requiere en los inicios del ensoñar tiene que forzarse a permanecer en un
determinado detalle de un sueño. Sólo mediante la inmovilización de la atención puede uno convertir
en ensueño un sueño ordinario

Nuestra primera atención ha sido entrenada para enfocar los elementos del mundo, compulsivamente y
con gran fuerza, a fin de transformar el dominio caótico y amorfo de la percepción en el mundo
ordenado de la conciencia

La segunda atención desempeñaba el papel de un señuelo; la llamó un convocador de oportunidades.


Mientras más se la ejercita, mayor es la posibilidad de obtener lo que se desea.

Si nos pasa un suceso fortuito, hablamos de él en términos de un accidente o de una coincidencia, y no


en términos de que nuestra atención hizo que sucediera.

El cuerpo de ensueño. Para poder guiar a la Gorda hacia éste, don Juan le dio la tarea dé inmovilizar su
segunda atención lo más firmemente posible en los elementos de la sensación de volar en ensueños.

Dijo que tan pronto como uno aprende a ensoñar, cualquier sueño que uno puede recordar ya no es un
sueño, es ensueño.

Cuando ya había aprendido a volar perfectamente, el nagual me dijo que tenía que repetir, despierta,
todos los movimientos de vuelo que yo aprendí en ensueños.

Le dije a la Gorda que por fuerza debía haber más, en lo que ella llamaba el cambio a su cuerpo de
ensueño, que repetir meramente la acción de volar.

Ella lo pensó un rato antes de contestar.

-Yo creo que el nagual te debe haber dicho a ti también -afirmó- que lo único que en verdad cuenta al
hacer ese cambio es anclar la segunda atención. El nagual decía que es la atención la que hace al
mundo. Tenía sus razones para decirlo. Era el amo de la atención. Supongo que lo dejó a mi cuenta el
que yo averiguara que todo lo que necesitaba para cambiar a mi cuerpo de ensueño, era concentrar mi
atención en volar. Lo importante era almacenar atención en ensueños, observar todo lo que yo hacía al
volar. Esa era la única forma de cultivar mi segunda atención. Una vez que ésta era sólida, con sólo
enfocarla levemente en los detalles y en la sensación de volar me producía más ensueños de volar,
hasta que por fin para mí era una rutina ensoñar, que me remontaba por los aires.
Lo que quería hacer era que sintonizara mi segunda atención al estar despierta. Así es como yo lo
entiendo. La primera atención, la atención que hace al mundo, nunca puede ser subyugada del todo;
sólo se le puede desconectar unos momentos para reemplazarla con la segunda atención, eso es, si el
cuerpo la ha almacenado lo suficiente. Naturalmente, ensoñar es una manera de almacenar la segunda
atención.

No puedo volar cada vez que quiero. Mi cuerpo de ensueño siempre encuentra una barrera. Algunas
veces la barrera cede; mi cuerpo es libre en esos momentos y yo puedo volar como si estuviera
ensoñando

El problema más serio que a este respecto tiene el ensoñador es la fijeza inquebrantable de la segunda
atención de detalles que pasarían completamente: desapercibidos en la vida cotidiana, creando, de esa
manera, un obstáculo casi invencible para la verificación. Lo que uno busca en ensueños no es aquello
a lo que se le prestaría atención en la vida ordinaria

Don Juan explicó que durante el periodo de aprendizaje uno batalla por inmovilizar la segunda
atención. Subsecuentemente, uno tiene que batallar aún más para romper esa misma inmovilización. En
ensueños uno tiene que satisfacerse con ojeadas muy breves, con vislumbres pasajeros. Tan pronto
como uno enfoca algo, uno pierde control.

Para elucidar el control de la segunda atención, don Juan presentó la idea de la voluntad. Dijo que la
voluntad podía describirse como el máximo control de la luminosidad del cuerpo en cuanto a campo de
energía, o podía describirse como un nivel de pericia, o un estado de ser al que llega abruptamente un
guerrero en un momento dado. Se le experimenta como una fuerza que irradia de la parte media del
cuerpo después de un momento del silencio más absoluto, o de un momento de terror puro, o de una
profunda tristeza; pero no después de un momento de felicidad. La felicidad es demasiado trastornante
para permitirle al guerrero la concentración requerida a fin de usar la luminosidad de su cuerpo y
convertirla en silencio

La tristeza es tan poderosa como el terror -dijo la Gorda-. La tristeza hace que un guerrero derrame
lágrimas de sangre. Ambos pueden producir el momento de silencio. O el silencio viene por sí mismo,
porque el guerrero lo persigue a lo largo de su vida

El nagual dijo que es un momento de negrura, un momento aún más silente que el momento de parar y
cerrar el diálogo interno. Esa negrura, ese silencio, permite que surja el intento de dirigir la segunda
atención, de dominarla, de obligarla a hacer cosas. Por eso se le llama voluntad. El intento y el efecto
son la voluntad; el nagual dijo que las dos estaban unidas. Me dijo todo esto cuando yo trataba de
aprender a volar en ensueños. El intento de volar produce el efecto de volar

No sentimos nuestra voluntad porque pensamos que debería ser algo de lo cual estamos seguros, como
el hecho de enojarse, por ejemplo. La voluntad es muy silenciosa, no se nota. La voluntad pertenece al
otro yo.

Cuando ensoñamos entramos en nuestro otro yo


-La voluntad es un control de la segunda atención al que se le llama el otro yo -dijo la Gorda después
de una larga pausa-. A pesar de todo lo que hemos hecho, sólo conocemos un pedacito muy pequeño
del otro yo

El nagual aseguraba que el intento está presente en todo -dijo la Gorda de repente.

El intento es lo que hace el mundo.

La gente, y todas las demás criaturas vivientes, por cierto, es esclava del intento. Estamos en sus garras.
Nos hace hacer todo lo que quiere. Nos hace actuar en el mundo. Incluso nos hace morir.

"Me dijo que cuando nos convertimos en guerreros, sin embargo, el intento se vuelve nuestro amigo.
Nos deja ser libres por un rato. A veces incluso viene a nosotros, como si por ahí hubiera estado
esperándonos.

El lado derecho, que es llamado el tonal, abarca todo lo que el intelecto es capaz de concebir. El lado
izquierdo, llamado el nagual es un dominio de rasgos indescriptibles; un dominio que es imposible de
contener en palabras. El lado izquierdo quizás es comprendido, si compresión es lo que tiene lugar, con
la totalidad del cuerpo, de allí su resistencia a la conceptualización.

Todas las facultades, posibilidades y logros de la brujería, desde lo más simple hasta lo más
sorprendente; se halla en el cuerpo humano mismo.

Otro rasgo de esos estados de conciencia acrecentada era la riqueza incomparable de la interacción
personal, una riqueza que nuestros cuerpos comprendían como una sensación de velocidad. Nuestro
movimiento de ida y vuelta entre el lado derecho y el izquierdo nos facilitaba discernir que en el lado
derecho se consume demasiada energía y demasiado tiempo en las acciones e interacciones de la vida
diaria. En el lado izquierdo, por otra parte, existe una necesidad inherente de economía y velocidad.

Yo actuaba y descansaba; avanzaba y retrocedía sin ninguno de los procesos de pensamiento que me
son usuales. Esto era lo que la Gorda y yo entendíamos por velocidad.

La Gorda y yo discernimos en un momento dado que la riqueza de nuestra percepción en el lado


izquierdo era una comprensión post-facto. Nuestra interacción parecía ser rica a la luz de nuestra
capacidad de recordarla. Nos dimos cuenta entonces de que en esos estados de conciencia acrecentada
habíamos percibido todo de un solo golpe, una masa bultosa de detalles inexplicables. A esta habilidad
de percibir todo de un solo golpe le llamamos intensidad.

Nuestra incapacidad para recordar, en realidad era la incapacidad de poner sobre una base lineal la
memoria de nuestra percepción. No podíamos extender, por así decirlo, nuestras experiencias a fin de
arreglarlas en un orden de sucesión. Las experiencias estuvieron siempre a nuestro alcance, pero al
mismo tiempo era imposible restaurarlas, pues se hallaban bloqueadas por una muralla de intensidad
La tarea de consolidar la totalidad de uno mismo se efectuaba mediante el reacomodo de la intensidad
en una secuencia lineal.

La Gorda creía que si pudiéramos re arreglar la intensidad en una secuencia lineal, creeríamos haber
vivido miles de años.

Al poder que gobierna el destino de todos los seres vivientes se le llama el Águila, no porque sea un
águila o porque tenga algo que ver con las águilas, sino porque a los videntes se les aparece como una
inconmensurable y negrísima águila, de altura infinita; empinada como se empinan las águilas.

A medida que el vidente contempla esa negrura; cuatro estallidos de luz le revelan lo que es el Águila.
El primer estallido, que es como un rayo, guía al vidente a distinguir los contornos del cuerpo del
Águila. Hay trozos de blancura que parecen ser las plumas y los talones de un águila. Un segundo
estallido de luz revela una vibrante negrura, creadora de viento, que aletea como las alas de un águila.
Con el tercer estallido de luz el vidente advierte un ojo taladrante, inhumano. Y el cuarto y último
estallido le deja ver lo que el Águila hace.

El Águila se halla devorando la conciencia de todas las criaturas que, vivas en la tierra un momento
antes y ahora muertas, van flotando como un incesante enjambre de luciérnagas hacia el pico del
Águila para encontrar a su dueño, su razón de haber tenido vida. El Águila desenreda esas minúsculas
llamas, las tiende como un curtidor extiende una piel, y después las consume, pues la conciencia es el
sustento del Águila.

El Águila, ese poder que gobierna los destinos de los seres vivientes, refleja igualmente y al instante a
todos esos seres. Por tanto, no tiene sentido que el hombre le rece al Águila, le pida favores, o tenga
esperanzas de gracia. La parte humana del Águila es demasiado insignificante como para conmover a
la totalidad.

Sólo a través de las acciones del Águila el vidente puede decir qué es lo que ella quiere. El Águila,
aunque no se conmueve ante las circunstancias de ningún ser viviente, ha concedido un regalo, a cada
uno de estos seres. A su propio modo y por su propio derecho, cualquiera de ellos, si así lo desea, tiene
el poder de conservar la llama de la conciencia, el poder de desobedecer el comparendo para morir y
ser consumido. A cada cosa viviente se le ha concedido el poder, si así lo desea, de buscar una apertura
hacia la libertad y de pasar por ella. Es obvio para el vidente que ve esa apertura y para las criaturas
que pasan a través de ella, que el Águila ha concedido ese regalo a fin de perpetuar la conciencia.

Con el propósito de guiar a los seres vivientes hacia esa apertura, el Águila creó al nagual. El nagual es
un ser doble a quien se ha revelado la regla. Ya tenga forma de ser humano, de animal, de planta o de
cualquier cosa viviente, el nagual, por virtud de su doblez, está forzado a buscar ese pasaje oculto.

El nagual aparece en pares, masculino y femenino. Un hombre doble y una mujer doble se convierten
en el nagual sólo después de que la regia les ha sido revelada a cada uno de ellos, y cada uno de ellos la
ha comprendido y la ha aceptado en su totalidad.
Al ojo del vidente, un hombre nagual o una mujer nagual aparece como un huevo luminoso con cuatro
compartimientos. A diferencia del ser humano ordinario, que sólo tiene dos lados, uno derecho y uno
izquierdo, el nagual tiene el lado izquierdo dividido en dos secciones longitudinales, y un lado derecho
igualmente dividido en dos.

El Águila creó el primer hombre nagual y la primera mujer nagual como videntes y de inmediato los
puso en el mundo para que vieran. Les proporcionó cuatro guerreras acechadoras, tres guerreros y un
propio, a quienes ellos tendrían que mantener, engrandecer y conducir a la libertad.

Las guerreras son llamadas las cuatro direcciones, las cuatro esquinas de un cuadrado, los cuatro
humores, los cuatro vientos, las cuatro distintas personalidades femeninas que existen en la raza
humana.

La primera es el Este. Se le llama orden. Es, optimista, de corazón liviano, suave, persistente como una
brisa constante.

La segunda es el Norte. Es llamada fuerza. Tiene muchos recursos, es brusca, directa, tenaz como el
viento duro.

La tercera es el Oeste. Se le llama sentimiento. Es introspectiva, llena de remordimientos, astuta,


taimada, como una ráfaga de viento frío.

La cuarta es el Sur. Se le llama crecimiento. Nutre, es bullanguera, tímida, animada como el viento
caliente.

Los tres guerreros y el propio representan los cuatro tipos de actividad y temperamento masculinos.

El primer tipo es el hombre que conoce, el erudito; un hombre confiable, noble, sereno, enteramente
dedicado a llevar a cabo su tarea, cualquiera que ésta fuera.

El segundo tipo es el hombre de acción, sumamente volátil, un gran compañero, voluble y lleno de
humor.

El tercer tipo es el organizador, el socio anónimo, el hombre misterioso, desconocido. Nada puede
decirse de él porque no deja que nada de él se escape.

El propio es el cuarto tipo. Es el asistente, un hombre sombrío y taciturno que logra mucho si se le
dirige adecuadamente pero que no puede actuar por sí mismo.

Con el fin de hacer las cosas más fáciles, el Águila mostró al hombre nagual y a la mujer nagual que
cada uno de estos tipos entre los hombres y las mujeres de la tierra tienen rasgos específicos en su
cuerpo luminoso.
El erudito tiene una especie de hendidura superficial, una brillante depresión en el plexo solar. En
algunos hombres aparece como un estanque de intensa luminosidad, a veces tersa y reluciente como un
espejo que no refleja.

El hombre de acción tiene unas fibras que emanan del área de la voluntad. El número de fibras varía de
una a cinco, y su grosor fluctúa desde un cordel hasta un macizo tentáculo parecido a un látigo de más
de dos metros. Algunos hombres tienen hasta tres de estas fibras desarrolladas al punto de ser
tentáculos.

Al socio anónimo no se le reconoce por ningún rasgo exclusivo sino por su habilidad de crear, muy
involuntariamente, un estallido de poder que bloquea con efectividad la atención de los videntes.
Cuando están en presencia de este tipo de hombre, los videntes se descubren inmersos en detalles
externos en vez de ver.

El asistente no tiene configuración obvia. Ante el vidente aparece como un brillo diáfano en un
cascarón de luminosidad sin imperfecciones.

En el dominio femenino, se reconoce al Este por las casi imperceptibles manchas de su luminosidad,
que son como pequeñas zonas de descoloración.

El Norte tiene una radiación que abarca todo, exuda un destello rojizo, casi como calor.

El Oeste tiene una tenue membrana que la envuelve, que la hace verse más oscura que las otras.

El Sur tiene un destello intermitente; brilla durante un momento y después se opaca, para brillar de
nuevo.

El hombre nagual y la mujer nagual tienen dos movimientos distintos en sus cuerpos luminosos; sus
lados derechos ondean, mientras los izquierdos giran.

En términos de personalidad, el hombre nagual es un proveedor, estable, incambiable. La mujer nagual


es un ser en guerra pero aún así es un ser calmado, por siempre consciente pero sin ningún esfuerzo.
Cada uno de ellos refleja los cuatro tipos de su sexo en cuatro materas de comportamiento.

La primera orden que el Águila dio al hombre nagual y a la mujer nagual fue que encontraran, por sus
propios medios, otro grupo de cuatro guerreras, las cuatro direcciones, que siendo ensoñadoras fuesen
las réplicas exactas de las acechadoras.

Las ensoñadoras aparecen ante el vidente como si tuviesen en sus partes medias un delantal de fibras
que asemejan cabellos. Las acechadoras tienen un rasgo semejante, qué parece delantal, pero en vez de
fibras el delantal consiste en incontables, pequeñas y redondas protuberancias.

Las ocho guerreras están divididas en dos bandas, que son llamadas planetas derecho e izquierdo. El
planeta derecho está compuesto de cuatro acechadoras; el izquierdo, de cuatro ensoñadoras. Las
guerreras de cada planeta fueron adiestradas por el Águila en la regla de sus tareas específicas: las
acechadoras aprendieron a acechar; las soñadoras, a soñar.

Las dos guerreras de cada dirección viven juntas. Son tan semejantes que se reflejan la una a la otra, y
sólo a través de la impecabilidad pueden encontrar solaz y estímulo en su reflejo comunal.

La única vez en que las cuatro soñadoras o las cuatro acechadoras se reúnen, es cuando tienen que
llevar a cabo una tarea extrema. Pero sólo bajo circunstancias especiales deben juntar sus manos. Ese
contacto las fusiona en un solo ser y solamente debe de ser usado en casos de necesidad extrema, o en
el momento de abandonar este mundo.

Las dos guerreras de cada dirección están unidas a cualquiera de los guerreros, en la combinación que
sea necesaria. De esa manera establecen un grupo de cuatro casas, en las que se pueden incorporar
cuantos más guerreros sean necesarios.

Los guerreros y el propio también pueden formar un grupo independiente de cuatro hombres, o cada
uno de ellos puede funcionar como ser solitario, si eso dicta la necesidad.

Después, al nagual y a su grupo se les ordenó encontrar a otros tres propios. Estos podían ser todos
hombres o todas mujeres o un grupo mixto; las mujeres tenían que ser del Sur.

Para asegurar que el primer hombre nagual condujera a su grupo a la libertad, sin desviarse del camino
o sin corromperse, el Águila se llevó a la mujer nagual al otro mundo para que sirviera como faro que
guía al grupo hacia la apertura.

El nagual y sus guerreros recibieron luego la orden de olvidar. Fueron hundidos en la oscuridad y se les
dio nuevas tareas: la tarea de recordarse a sí mismos, y la tarea de recordar al Águila.

La orden de olvidar fue tan enorme que todos se separaron. No pudieron recordar quiénes eran. El
Águila designó que si lograban recordarse a sí mismos nuevamente, podrían hallar la totalidad de sí
mismos. Sólo entonces tendrían la fuerza y la tolerancia necesarias para buscar y enfrentar su jornada
definitiva.

Su última tarea, después de recobrar la totalidad de sí mismos, consistió en conseguir un nuevo par de
seres dobles y de transformarlos en un nuevo hombre nagual y en una nueva mujer nagual por virtud de
revelarles la regla.

Y así como el primer hombre nagual y la primera mujer nagual fueron provistos de una banda mínima,
su deber era proporcionar al nuevo par de naguales cuatro guerreras acechadoras, tres guerreros y un
propio.

Cuando el primer nagual y su banda estuvieron listos para entrar en el pasaje, la primera mujer nagual
ya los esperaba para guiarlos. Se les ordenó entonces que se llevaran con ellos a la nueva mujer nagual
a fin de que ella sirviera de faro a su gente; el nuevo hombre nagual se quedó en el mundo para repetir
el ciclo.

Mientras se hallan en el mundo, el número mínimo que se hallaba la dirección del nagual es dieciséis:
ocho guerreras, cuatro guerreros contando al nagual, y cuatro propios. En el momento de abandonar el
mundo, cuando la nueva mujer nagual se encuentra con ellos, el número del nagual es diecisiete. Si el
poder personal permite tener más guerreros, éstos deben añadirse en múltiplos de cuatro.

Me explicó que la regla no tenía fin y que cubría cada faceta de la conducta de un guerrero. La
interpretación y acumulación de la regla es obra de videntes cuya tarea, a través de los milenios, ha
sido ver al Águila, observar su flujo incesante.

La regla no era un cuento, y que cruzar hacia la libertad no significa vida eterna tal como se entiende
comúnmente a la eternidad: esto es, vivir por siempre. Lo que la regla asentaba era que uno podía
conservar la conciencia, que por fuerza se abandona en el momento de morir. Don Juan no podía
explicar lo que significaba conservar esa conciencia, o quizá ni siquiera podía concebirlo. Su
benefactor le había dicho que en el momento de cruzar, uno entra en la tercera atención, y que el
cuerpo en su totalidad se inflama de conocimiento. Cada célula se torna, al instante, consciente de sí
misma y también de la totalidad del cuerpo.

El meollo de la lucha del guerrero no consistía tanto en enterarse de que el cruce del que se habla en la
regla significaba cruzar a la tercera atención, sino, más bien, en concebir que tal conciencia existe.

Hay dos tipos de interpretaciones: la universal y la individual. Las interpretaciones universales toman
las afirmaciones que conforman el cuerpo de la regla tal como son. Un ejemplo sería decir que al
Águila no le importan las acciones de los hombres y, sin embargo, les ha proporcionado un pasaje
hacia la libertad.

La interpretación individual, por otra parte, es una conclusión presente, del día, a la que llegan los
videntes al utilizar las interpretaciones universales como premisas. Un ejemplo sería decir que a causa
de que al Águila no le importó, yo tendría que ver modos de asegurar mis posibilidades de alcanzar la
libertad, quizás a través de mi propia iniciativa.

Don Juan dice que esas mujeres lo curaron de la lujuria. Durante seis meses pasó la mayor parte del
tiempo en un arnés, suspendido del techo de una cocina rural, como jamón que se ahúma, hasta que
quedó completamente limpio de pensamientos de ganancia y de gratificación personal.

Don Juan me explicó que el arnés de cuero es espléndido recurso para curar ciertas enfermedades que
no son físicas. Mientras más alta esté suspendida una persona y más tiempo pase sin tocar el suelo,
pendiendo en el aire, mejores son las posibilidades de un efecto verdaderamente purificador.

Estar en la conciencia del lado izquierdo no quiere decir que uno se libera inmediatamente de los
desatinos: sólo significa tener una capacidad perceptiva más intensa, una facilidad aún mayor para
comprender y aprender y, sobre todo, una gran habilidad para olvidar.
Uno tiene que ser completamente humilde y no cargar nada que uno no tenga. Que defender, ni siquiera
su propia persona; la persona de uno debe protegerse, pero no defenderse. Al desairarlos, yo no me
protegía, sino que simplemente estaba defendiéndome.

Para mí la más fascinante fue la descripción de unos rayos de luz o de energía que supuestamente
entrelazan la tierra. Dijo que esos rayos no fluctúan como todo lo demás en el universo, sino que se
hallan fijos en un patrón. Ese patrón coincide con cientos de puntos del cuerpo luminoso. Hermelinda
creía que todos esos puntos se encontraban en nuestro cuerpo físico, pero Juan Tuma explicó que,
puesto que el cuerpo luminoso es bastante grande, algunos de esos puntos están localizados hasta a un
metro de distancia del cuerpo físico. En cierto sentido se hallan fuera de nosotros, y sin embargo, esto
no es así: están en la periferia de nuestra luminosidad y, por tanto, pertenecen al cuerpo total. El punto
más importante se localiza a unos treinta centímetros del estómago, a cuarenta grados a la derecha de
una línea imaginaria que se desprende, recta, hacia delante. Juan Tuma nos contó que ése era el centro
donde se congrega la segunda atención, y que es posible manejarlo golpeando suavemente con las
palmas de las manos

Las acechadoras son las que enfrentan los embates del mundo cotidiano. Son las administradoras de
negocios, las que tratan con la gente. Todo lo que tiene que ver con el mundo de los asuntos ordinarios
pasa por sus manos. Las acechadoras son las practicantes del desatino controlado, así como las
ensoñadoras son las practicantes del ensueño. En otras palabras, el desatino controlado es la base del
acechar, y los ensueños son las bases del ensoñar. Don Juan decía que, hablando en términos generales,
el logro más importante de un guerrero en la segunda atención es ensoñar, y en la primera atención el
logro más grande es acechar.

Don Juan decía que el impulso con el cual su benefactor llevaba a cabo sus estratagemas se originaba
en su certeza de que el Águila era real y final, y en su certeza de que lo que la gente hace es un desatino
absoluto. Esas dos convicciones daban origen al desatino controlado, que el benefactor de don Juan
describía como el único puente que existe entre la insensatez de la gente y la finalidad de los dictados
del Águila

Un guerrero jamás pierde la cabeza bajo ninguna circunstancia.

Don Juan creyó que su benefactor estaba ayudándolo a soltar la lengua. Él no era ni elocuente ni
encantador, y su benefactor le había dicho que un nagual por fuerzas tiene que ser ambas cosas.

Su benefactor le dijo a don Juan que un guerrero no puede ser sitiado. Estar bajo sitio implica que uno
tiene posesiones personales que defender. Un guerrero no tiene nada en el mundo salvo su
impecabilidad, y la impecabilidad no puede ser sitiada. No obstante, en una batalla de vida o muerte,
como era la que don Juan enfrentaba para obtener a la mujer nagual, un guerrero debe de usar
estratégicamente todos los medios posibles.

Don Juan nos explicó que los cascarones que parecían ser tan brillantes, en realidad eran opacos. La
luminosidad emanaba del centro brillante; de hecho, el capullo opacaba su resplandor. Don Juan nos
reveló. Que hay que romperlo para liberar a ese ser brillante. El capullo debe de romperse desde el
interior en el momento exacto, justo como los pollos que al nacer rompen el cascarón. Si no logran
hacerlo, se sofocan y mueren. Al igual que las criaturas que nacen de huevos, un guerrero no puede
romper el cascarón de su luminosidad hasta que sea el momento dado.

" Don Juan nos dijo que perder la forma humana era el único medio de romper ese cascarón, la única
manera. De liberar ese obsesionante centro luminoso, el centro de la conciencia que viene a ser el
alimento del Águila. Romper el cascarón significa recordar el otro yo y llegar a la totalidad de uno
mismo.

Llegó a aceptar que un invencible pesimismo domina al guerrero en cierto punto de su camino. Una
sensación de derrota, o quizá más exactamente, una sensación de inutilidad, le llega casi sin que se dé
cuenta.

Cuando finalmente comprendió que su benefactor, con toda seriedad, se había resignado a la derrota,
también comprendió que la resolución de un guerrero de vivir impecablemente a pesar de todo no
puede ser concebida como una estrategia para asegurar el triunfo.

Don Juan nos dijo que la razón por la que el Águila exigía un número doble de guerreras era
precisamente debido a que las mujeres tienen un equilibrio innato que no existe en los hombres. En un
momento crucial, son los hombres los que se ponen histéricos y se suicidan si es que consideran que
todo está perdido. Una mujer podrá matarse por falta de dirección y de propósitos, pero no debido al
fracaso de un sistema al cual pertenece.

Obtener a un hombre doble no es gran problema. La dificultad estriba en hallar uno que esté disponible.

El mundo que se halla entre las líneas paralelas es real, porque forma parte de la totalidad del mundo,
así como nuestro cuerpo luminoso es parte de la totalidad de nuestro ser

-No hay nada primoroso o pacífico en la muerte -dijo-. Porque el verdadero terror comienza al morir,
Con esa incalculable fuerza que sentiste allí, el Águila te exprimirá todos y cada uno de los aleteos de
conciencia que has llegado a tener.

Un sitio de poder es utilizado cuando uno ha congregado suficiente fuerza en la segunda atención. Nos
dijo que la clave para resistir la presencia del Águila era la potencia del intento de uno. Sin intento no
había nada. Me dijo que yo debía entender, puesto que yo era el único que había puesto el pie en el otro
mundo, que lo que casi me había matado era mi incapacidad para cambiar mi intento. Sin embargo, él
estaba confiado en que con una práctica forzada, todos nosotros llegaríamos a alargar nuestro intento.
Pero no podía explicar lo que era el intento. Bromeó diciendo que sólo el nagual Juan Matus podría
explicarlo. . . , pero no andaba por allí.

La regla indica que sólo se puede entrar allí consciente de uno mismo. Entrar sin conciencia trae la
muerte, puesto que sin ella la fuerza se agota a causa de la presión física de ese mundo.
Al morir, nuestra conciencia también entra en la tercera atención, pero sólo por un instante, como una
acción catártica, justo antes de que el Águila la devore.

Eran artistas consumados en torcer la voluntad de quien fuera y de salirse siempre con la suya. A través
de las prácticas de acechar, los Genaros hasta habían aprendido el desatino controlado. Por ejemplo, se
comportaban como si Soledad fuera la madre de Pablito. Para cualquier observador, parecería que eran
madre e hijo incitándose a pelear el uno contra el otro, cuando en realidad los dos estaban
representando un papel. Convencían a cualquiera. En ocasiones Pablito daba tales representaciones que
hasta se convencía a sí mismo.

En el campo abierto, el ensueño debería de hacerse en la protección de una caverna, en las áreas
arenosas de manantiales secos, o sentado con la espalda contra una roca en las montañas: jamás en el
suelo plano de un valle, ni junto a ríos o lagos o el mar, ya que las zonas planas; al igual que el agua,
eran antitéticas a la segunda atención.

Me explicó que la manera más segura de acertar un golpe directo en la segunda atención es a través de
actos rituales: cantos monótonos e intrincados movimientos repetitivos.

La segunda atención pertenece al cuerpo luminoso, así como la primera atención pertenece al cuerpo
físico. Dijo que el punto donde la segunda atención se arma está situado en el lugar que Juan Tuma me
había descrito la primera vez que nos conocimos: aproximadamente a un metro de distancia enfrente de
la parte media del cuerpo, justo entre el estómago y el ombligo, y a quince centímetros a la derecha.

Los seres humanos tenemos un excelente centro de percepción en el exterior de las pantorrillas, y que
si la piel de esa área era puesta en calma y masajeada, el alcance de nuestra percepción aumentaría de
maneras imposibles de concebir racionalmente.

Para ensoñar, uno necesita manejar tanto el cuerpo luminoso como el cuerpo físico. Primero, el centro
de la segunda atención en el cascarón luminoso es forzado a ser accesible: o alguien lo empuja desde
afuera, o el ensoñador lo succiona desde adentro. Segundo, para dislocar la primera atención, los
centros del cuerpo físico localizados en el punto medio del cuerpo y en las pantorrillas, especialmente
la derecha, tienen que ser estimulados y colocados lo más cerca posible el uno del otro hasta que
parezcan unirse. Esto se logra colocando al muslo derecho contra el pecho. Después tiene lugar la
sensación de ser enrollado y automáticamente la segunda atención toma el control.

Me dijo que tenía que empujarme a mí mismo con mi parte media, que yo tenía allí tres gruesos
tentáculos que podía usar como muletas para elevar todo mi cuerpo.

Tenía que estar absolutamente convencido de que quería moverme, o quizá sería más exacto plantear
que tenía que estar convencido de que necesitaba moverme.
Nuestra primera atención se hallaba enganchada en las emanaciones de la tierra, y que la segunda
atención estaba enganchada en las emanaciones del universo. Lo que quería decir con eso es que un
ensoñador, por definición está afuera de los linderos de las preocupaciones de la vida cotidiana.

Lo único que Zuleica me dijo acerca de nuestros viajes, que parecía una explicación, era que el poder
que los ensoñadores tienen de concentrarse en su segunda atención los convertía en bandas vivientes de
goma elástica. Mientras más fuertes e impecables eran los ensoñadores más lejos podían proyectar su
segunda atención en lo desconocido y más tiempo podían mantener esta proyección.

Después de luchar toda una vida, el guerrero termina, por supuesto, borrándose, pero esa lucha deja
mellas en el hombre. Se vuelve reservado, siempre en guardia contra sí mismo. Una mujer no tiene que
lidiar con esas privaciones. La mujer ya está preparada a esfumarse en pleno aire. Y por cierto, eso es
lo que se espera que haga tarde o temprano.

Florinda me dijo que no hay manera en que uno pueda ordenar a alguien, o a uno mismo, a hacer lo que
los guerreros llaman "replegar" el conocimiento. Eso más bien es un asunto lento; el cuerpo, en el
momento adecuado y bajo las apropiadas circunstancias de impecabilidad, agrupa su conocimiento sin
la intervención de la volición.

-El primer principio del arte de acechar es que los guerreros eligen su campo de batalla -me dijo-. Un
guerrero sólo entra en batalla cuando sabe todo lo que puede acerca del campo de lucha. En la batalla
con Celestino, la curandera me enseñó el primer principio de acechar

-Eliminar todo lo innecesario es el segundo principio del arte de acechar -dijo, sin darme tiempo de
decir nada.

El primer precepto de la regla es que todo lo que nos rodea es un misterio insondable.

"El segundo precepto de la regla es que debemos de tratar de descifrar esos misterios, pero sin tener la
menor esperanza de lograrlo.

"El tercero es que un guerrero, consciente del insondable misterio que lo rodea y consciente de su deber
de tratar de descifrarlo, toma su legítimo lugar entre los misterios y él mismo se considera uno de ellos.
Por consiguiente, para un guerrero el misterio de ser no tiene fin, aunque ser signifique ser una piedra o
una hormiga o uno mismo. Esa es la humildad del guerrero. Uno es igual a todo.

Aplica toda la concentración que tienes para decidir si entras o no en la batalla, porque cada batalla es
de vida o muerte. Este es el tercer principio del arte de acechar. Un guerrero debe de estar dispuesto y
listo para entrar en su última batalla, al momento y en cualquier lugar. Pero no así nomás a la loca.
-Bien -dijo Florinda-, veo que estás aplicando el cuarto principio del arte de acechar. Descansa,
olvídate de ti mismo, no tengas miedo a nada. Sólo entonces los poderes que nos guían nos abren el
camino y nos auxilian. Sólo entonces.

-Has aplicado correctamente el quinto principio del arte de acechar -dijo-. No te dejes llevar por la
corriente.

-¿Cuál es el quinto principio?

-Cuando se enfrentan a una fuerza superior con la que no pueden lidiar, los guerreros se retiran por un
momento -dijo-. Dejan que sus pensamientos corran libremente. Se ocupan de otras cosas. Cualquier
cosa puede servir

Los guerreros comprimen el tiempo, todo cuenta, aunque sea un segundo. En una batalla por tu vida, un
segundo es una eternidad, una eternidad que puede decidir la victoria. Los guerreros tratan de triunfar,
por tanto comprimen el tiempo. Los guerreros no desperdician ni un instante.

Sin saberlo había utilizado el tercer principio del arte de acechar. Me había jugado la vida, o lo que me
quedaba de ella. Estaba dispuesta y lista para morir. No fue una gran decisión de mi parte, de cualquier
manera ya me estaba muriendo. La verdad es que cuando un ser humano está medio muerto, como en
mi caso, no con grandes dolores pero sí con grandes incomodidades y sufrimientos emocionales, uno
tiende a ser tan indolente y débil que ningún esfuerzo es posible.

La recapitulación es el fuerte de los acechadores, de la misma manera como el cuerpo de ensueño es el


fuerte de los ensoñadores. Consistía en recordar la vida de uno hasta el detalle más insignificante. Por
ello su benefactor le había dado la enorme caja de madera como símbolo y herramienta. Era una
herramienta que le permitió aprender a concentrarse; tuvo que sentarse allí durante varios años, hasta
que toda su vida pasó ante sus ojos. Y era un símbolo de los estrechos linderos de nuestra persona. Su
benefactor le dijo que cuando hubiera terminado la recapitulación debía romper la caja para simbolizar
que ya no estaba sujeta a las limitaciones de su persona.

No se trata sólo de recordar cada momento de sus vidas. La razón por la que los acechadores deben
recapitular sus vidas de forma tan meticulosa es que el don del Águila al hombre incluye la buena
voluntad de aceptar un sustituto en vez de la conciencia genuina, si tal sustituto en verdad es una
réplica perfecta. Florinda me explicó que ya que la conciencia es el alimento del Águila, ésta puede
quedar satisfecha con una recapitulación perfecta en lugar de la conciencia misma.

La primera etapa consiste en un breve cómputo de todos los incidentes de nuestras vidas que de una
manera patente se prestan a nuestro escrutinio.
La segunda fase es un cómputo más detallado, que empieza en un punto que podría ser el momento
previo a que el acechador tome asiento en la caja, y sistemáticamente se extiende, al menos en teoría,
hasta el mismo momento del nacimiento.

Me aseguró que una recapitulación perfecta podía cambiar a un guerrero aún más que el control total
del cuerpo de ensueño. En este aspecto, ensoñar y acechar conducen al mismo fin: el ingreso en la
tercera atención. Sin embargo, para un guerrero era importante conocer y practicar ambos. Me dijo que
una mujer sólo puede dominar uno de los dos, según las configuraciones en el cuerpo luminoso. Por
otra parte, los hombres pueden practicar ambos con gran facilidad, pero jamás llegan a obtener el nivel
de eficacia que las mujeres logran en cada arte.

Florinda me explicó que el elemento clave al recapitular era la respiración. El aliento, para ella, era
mágico, porque se trataba de una función que da la vida. Dijo que recordar se vuelve fácil si uno puede
reducir el área de estimación en torno al cuerpo. Por eso se debe usar la caja; después, la respiración
misma fomenta recuerdos cada vez más profundos.

En teoría, los acechadores tienen que recordar cada sentimiento que han tenido en sus vidas, y este
proceso se inicia con una respiración. Florinda me advirtió que todo lo que me estaba enseñando eran
sólo los preliminares,

El procedimiento comienza con una respiración inicial. Los acechadores empiezan cada sesión con la
barbilla en el hombro derecho y lentamente inhalan en tanto mueven la cabeza en un arco de ciento
ochenta grados. La respiración concluye sobre el hombro izquierdo. Una vez que la inhalación termina,
la cabeza regresa a la posición frontal y exhalan mirando hacia delante.

Los acechadores entonces toman el evento que se halla a la cabeza de la lista y se quedan allí hasta que
han sido recontados todos los sentimientos invertidos en él. A medida que recuerdan inhalan
lentamente moviendo la cabeza del hombro derecho al izquierdo. Esta respiración cumple la función de
restaurar la energía. Florinda sostenía que el cuerpo luminoso constantemente crea filamentos que
semejan telarañas, y que éstos son propulsados por fuera de la masa luminosa por emociones de
cualquier tipo. Por tanto, cada situación en la que hay acción social, o cada situación en que participan
los sentimientos es potencialmente agotadora para el cuerpo luminoso. Al respirar de derecha a
izquierda, cuando se recuerda un acontecimiento los acechadores, a través de la magia de la
respiración, recogen los filamentos que dejaron atrás. La siguiente inmediata respiración es de
izquierda a derecha, y es una exhalación. Con ella, los acechadores expulsan los filamentos que otros
cuerpos luminosos, que tuvieron que ver en el acontecimiento que se recuerda, dejaron en ellos.

Éstos eran los preliminares obligatorios del acecho,

A no ser que los acechadores hayan pasado por estos preliminares a fin de recobrar los filamentos que
dejaron en el mundo, y particularmente a fin de descartar aquellos que otros seres luminosos dejaron en
ellos, no hay posibilidad de manejar el desatino controlado.
Florinda mantenía que para practicar el desatino controlado, puesto qué no está hecho para engañar a la
gente, uno tiene que ser capaz de reírse de sí mismo. Florinda me dijo que uno de los resultados de la
recapitulación detallada es la capacidad de estallar en risa genuina cuando uno se encuentra cara a cara
con las aburridas repeticiones que el yo personal hace acerca de su importancia.

Florinda me dijo que su benefactor consideraba las tres técnicas básicas del acecho -la caja, la lista de
eventos a recapitular, y la respiración del acechador- cómo las tres tareas más importantes que un
guerrero puede llevar a cabo.

Una recapitulación profunda es el medio más expedito para perder la forma humana. De allí que les es
más fácil a los acechadores, después de recapitular sus vidas, hacer uso de todos los no-haceres del yo
personal, como son borrar la historia personal, perder la importancia en uno mismo, romper las rutinas,
etcétera.

Primero atrajo a Florinda al campo de batalla de él, donde ella se encontraba a su merced; la forzó a
eliminar todo lo que no le era esencial, le enseñó a jugarse la vida con cada decisión, le enseñó cómo
calmarse, la hizo entrar en un nuevo y optimista estado de ánimo a fin de ayudarla a reagrupar sus
recursos, le enseñó a comprimir el tiempo, y, por último, le mostró que un acechador jamás deja ver su
juego, jamás se pone al frente de nada.

Sólo un maestro acechador puede ser un maestro del desatino controlado. El desatino controlado no
significa embaucar a la gente. Significa, como me lo explicó mi benefactor, que los guerreros aplican
los siete principios básicos del arte de acechar en cualquier cosa que hacen, desde, los actos más
triviales hasta las situaciones de vida o muerte.

"Aplicar estos principios produce tres resultados. El primero es que los acechadores aprenden a nunca
tomarse en serio: aprenden a reírse de sí mismos. Puesto que no tienen miedo de hacer el papel de
tontos, pueden hacer tonto a cualquiera. El segundo es que los acechadores aprenden a tener una
paciencia sin fin. Los acechadores nunca tienen prisa, nunca se irritan. Y el tercero es que los
acechadores aprenden a tener una capacidad infinita para improvisar.

Cuando don Juan me describió el concepto de voltear la cabeza del guerrero para enfrentar una nueva
dirección, yo lo había entendido como una metáfora que señalaba un cambio de actitud. Florinda me
dijo que mi idea era correcta, pero que no se trataba de una metáfora. Era verdad que los acechadores
voltean la cabeza; sin embargo, no lo hacen para enfrentar una nueva dirección, sino para enfrentarse al
tiempo de una manera distinta. Los acechadores encaran el tiempo que llega. Normalmente encaramos
el tiempo cuando éste se va de nosotros. Sólo los acechadores pueden cambiar esta situación y
enfrentar el tiempo cuando éste avanza hacia ellos.

Florinda me explicó que voltear la cabeza no significa que uno ve el futuro, sino que uno ve el tiempo
como algo concreto, pero incomprensible. Por tanto, era superfluo tratar de clarificar lo que doña
Soledad y yo hacíamos. Todo esto tendría sentido cuando yo pudiera percibir la totalidad de mí mismo
y tuviese entonces la energía necesaria para descifrar ese misterio

El ser paralelo de una persona es otra persona del mismo sexo que está unida íntima e
inextricablemente a la primera. Coexisten en el mundo al mismo tiempo. Los dos seres paralelos son
como las dos puntas de la misma vara.

Florinda me dijo que a los guerreros, por lo general, les es casi imposible encontrar a su ser paralelo.
Pero quienquiera que es capaz de lograrlo encontrará en su ser paralelo, tal como lo había hecho doña
Soledad, una fuente infinita de juventud y de energía.

Somos guerreros, y los guerreros tienen una sola meta en la mente: ser libres. Morir y ser devorado por
el Águila es el destino del hombre. Por otra parte, querer salirnos de nuestro destino, querer entrar
serenos y desprendidos a la libertad, es la audacia final

La rueda del tiempo es como un estado de conciencia acrecentada del otro yo, así como la conciencia
del lado izquierdo es el estado de conciencia acrecentada del yo de todos los días. La rueda del tiempo
podía describirse físicamente como un túnel de largo infinito, un túnel con surcos reflectores. Casa
surco es infinito, y hay cantidades infinitas de ellos. Las criaturas vivientes están obligadas, por la
fuerza de la vida, a contemplar compulsivamente uno de esos surcos. Contemplarlo significa ser
atrapado por él, vivir ese surco.

Lo que los guerreros llaman voluntad pertenece a la rueda del tiempo. Es algo semejante a un tentáculo
intangible que todos nosotros poseemos. Dijo que el designio final del guerrero consiste en aprender a
concentrarlo en la rueda del tiempo con el fin de hacerla girar. Los guerreros que han logrado hacer
girar la rueda del tiempo puede contemplar, cualquier surco y extraer de él lo que deseen, como, por
ejemplo, la vagina cósmica. Ser atrapado compulsivamente en cualquier surco del tiempo implica ver
las imágenes de ese surco conforme se alean. Ser libre de la fuerza fascinante de esos surcos significa
que uno puede ver en cualquier dirección, ya sea cuando las imágenes se alejan o cuando se aproximan.

Comprenden la naturaleza de la conciencia, dejan de ser personas y la condición humana ya no forma


parte de su visión.

Reto de un guerrero consiste en llegar a un equilibrio muy sutil de fuerzas positivas y negativas. Este
reto no quiere decir que un guerrero deba de luchar por tener todo bajo su control, sino que el guerrero
debe de luchar por enfrentar cualquier situación concebible, lo esperado y lo inesperado, con igual
eficiencia. Ser perfecto en circunstancias perfectas es ser un guerrero de papel. Mi desafío consistía en
quedarme atrás. El de ellos era irrumpir en lo desconocido. Ambos desafíos eran agobiantes. Para los
guerreros, la excitación de quedarse es igual a la excitación del viaje. Ambos son los mismos, porque
los dos entrañan el cumplimiento de un cargo sagrado.

Un guerrero debe evocar el intento. En la mirada está el secreto. Los ojos convocan el intento.
La razón por la que el ver parece ser visual es porque necesitamos los ojos para enfocar el intento.

También sabía que para volver de nuevo al nivel físico todo lo que tenía que hacer era enfocar los ojos
en mi cuerpo.

Sólo a través de la risa podríamos cambiar nuestra condición.

Don Juan decía que en el lado izquierdo no hay lugar para las lágrimas, que un guerrero no puede
llorar, y que la única expresión de angustia es un estremecimiento que viene desde las profundidades
mismas del universo. Es como si una de las emanaciones del Águila fuese la angustia. El
estremecimiento del guerrero es infinito. Mientras la mujer nagual me hablaba y me abrazaba, yo sentí
ese estremecimiento.

Don Juan también me dijo que el acto de recordar es absolutamente incomprensible. En realidad se
trata del acto de acordarse de uno mismo, que uno cesa cuando el guerrero recupera la memoria de las
acciones llevadas a cabo en la conciencia del lado izquierdo, sino que prosigue hasta recuperar cada
uno de los recuerdos que el cuerpo luminoso ha almacenado desde el momento de nacer.

Las acciones sistemáticas que los guerreros llevan a cabo en estados de conciencia acrecentada son un
recurso para permitir que el otro yo se revele en términos de recuerdos. Este acto de recordar, aunque
parece estar asociado solamente con los guerreros, es algo que pertenece a cualquier ser humano; cada
uno de nosotros puede ir directamente a los recuerdos de nuestra luminosidad con resultados
insondables.

El nagual es un dirigente, un guía que tiene la responsabilidad de abrir el camino, y que debe ser
impecable para empapar a sus guerreros con un sentido de confianza y claridad. Sólo bajo esas
condiciones un nagual se halla en posibilidad de proporcionar un golpe en la espalda a fin de forzar un
desplazamiento de conciencia, pues el poder del nagual es lo que permite llevar a cabo la transición. Si
el nagual no es un practicante impecable, el desplazamiento no ocurre

Que el nagual tiene que dar el golpe en un sitio preciso, que varía de persona a persona pero que
siempre se halla en el área general de los omóplatos. Un nagual tiene que ver para especificar el sitio,
que se localiza en la periferia de la luminosidad de uno y no en el cuerpo físico en sí; una vez que el
nagual lo identifica, lo empuja, más que golpearlo, y así crea una concavidad, una depresión en el
cascarón luminoso. El estado de conciencia acrecentada que resulta de ese golpe dura lo que dura la
depresión. Algunos cascarones luminosos vuelven a sus formas originales por sí mismos, algunos
tienen que ser golpeados en otro punto a fin de ser restaurados, y otros más ya nunca recuperan sus
formas ovales.

1. Lo que percibimos como mundo son las emanaciones del Águila.


Don Juan me explicó que el mundo que percibimos no tiene existencia trascendental. Como estamos
familiarizados con él creemos que lo que percibimos es un mundo de objetos que existen tal como los
percibimos, cuando en realidad no hay un mundo de objetos, sino, más bien, un universo de
emanaciones del Águila.

Esas emanaciones representan la única realidad inmutable. Es una realidad que abarca todo lo que
existe, lo perceptible y lo imperceptible, lo conocible y lo incognoscible.

Las llaman mandatos a causa de su fuerza apremiante. Todas las criaturas vivientes son apremiadas a
usar las emanaciones, y las usan sin llegar a saber lo que son. El hombre común y corriente las
interpreta como la realidad. Y los videntes que ven las emanaciones las interpretan como la regla.

Los guerreros deben tratar de presenciar el flujo de emanaciones y "ver" la manera como el hombre y
otros seres vivientes lo usan para construir su mundo perceptible.

2. La atención es lo que nos hace percibir las emanaciones del Águila como el acto de "desnatar"

Don Juan decía que la percepción es una facultad física que cultivan las criaturas vivientes; el resultado
final de este cultivo en los seres humanos es conocido, entre los videntes, como "atención".

El acto de enganchar y canalizar la percepción

Alternativas humanas son las que estamos capacitados para escoger como personas que funcionan
dentro del medio social. Nuestro panorama de este dominio es muy limitado. Posibilidades humanas
resultan ser aquellas que estamos capacitados para lograr como seres luminosos.

Don Juan decía que sus proposiciones explicatorias eran intentos de traer al primer plano el modo
como funciona la primera atención, algo que es totalmente desapercibido por nosotros. Consideraba
imperativo que los guerreros comprendieran la naturaleza de la primera atención si es que iban a
aventurarse en las otras dos.

Me explicó que a la primera atención se le ha enseñado a moverse instantáneamente a través de todo un


espectro de las emanaciones del Águila, sin poner el menor énfasis evidente en ello, a fin de alcanzar
"unidades perceptuales" que todos nosotros hemos aprendido que son perceptibles. Los videntes llaman
"desnatar" a esta hazaña de la primera atención, porque implica la capacidad de suprimir las
emanaciones superfluas y seleccionar cuáles de ellas se deben enfatizar.
Sostuvo que mi primera atención, al momento de ver la montaña, había desnatado una infinita cantidad
de emanaciones para obtener un milagro de percepción; un desnate que todos los seres humanos
conocen porque cada uno de ellos lo ha logrado alcanzar por sí mismo.

Los videntes dicen que todo aquello que la primera atención suprime para obtener un desnate, ya no
puede ser recuperado por la primera atención bajo ninguna condición. Una vez que aprendemos a
percibir en términos de desnates, nuestros sentidos ya no registran las emanaciones superfluas. Para
dilucidar este punto me dio el ejemplo del desnate "cuerpo humano". Dijo que nuestra primera atención
está totalmente inconsciente de las emanaciones que componen el luminoso cascarón externo del
cuerpo físico. Nuestro capullo oval no está sujeto a la percepción; se han rechazado las emanaciones
que lo harían perceptible en favor de las que permiten a la primera atención percibir el cuerpo físico tal
como lo conocemos.

Todos los seres humanos maduros que rodean a los niños les enseñan a desnatar. Tarde o temprano los
niños aprenden a controlar su primera atención a fin de percibir los desnates en términos semejantes a
los de sus maestros.

Don Juan nunca dejó de maravillarse con la capacidad de los seres humanos de impartir orden al caos
de la percepción. Sostenía que cada uno de nosotros, por sus propios méritos, es un mago magistral y
que nuestra magia consiste en imbuir de realidad los desnates que nuestra primera atención ha
aprendido a construir. El hecho de que percibimos en términos de desnates es el mandato del Águila,
pero percibir los mandatos como objetos es nuestro poder, nuestro don mágico. Nuestra falacia, por
otra parte, es que siempre acabamos siendo unilaterales al olvidar que los desnates sólo son reales en el
sentido de que los percibimos como reales, debido al poder que tenemos para hacerlo. Don Juan
llamaba a esto un error de juicio que destruye la riqueza de nuestros misteriosos orígenes.

El primer anillo de poder es la fuerza que sale de las emanaciones del Águila para afectar
exclusivamente a nuestra primera atención. Explicó que se le ha representado como un "anillo" a causa
de su dinamismo, de su movimiento ininterrumpido. Se le ha llamado anillo "de poder" debido,
primero, a su carácter compulsivo, y, segundo, a causa de su capacidad única de detener sus obras, de
cambiarlas o de revertir su dirección

Lo compulsivo del primer anillo de poder no cesa después del acuerdo inicial, sino que exige que
continuamente renovemos el acuerdo. Toda la vida tenemos que operar como si, por ejemplo, cada uno
de nuestros desnates fueran perceptualmente los primeros para cada ser humano, a pesar de lenguajes y
de culturas, Don Juan concedía que aunque todo eso es demasiado serio para tomarlo en broma, el
carácter apremiante del primer anillo de poder es tan intenso que nos fuerza a creer que si la "montaña"
pudiera tener una conciencia propia, ésta se consideraría como el desnate que hemos aprendido a
construir.

Don Juan subraya que la mayor hazaña de los brujos es el proceso de activar esa capacidad latente; él
lo llamaba bloquear el intento del primer anillo de poder. Me explicó que las emanaciones del Águila,
que ya han sido aisladas por la primera atención para construir el mundo de todos los días, ejerce una
presión inquebrantable en la primera atención. Para que esta presión detenga su actividad, el intento
tiene que ser desalojado. Los videntes llaman a esto una obstrucción o una interrupción del primer
anillo de poder.

Don Juan me explicó que el intento no se refiere a tener una intención, o desear una cosa u otra, sino
más bien se trata de una fuerza imponderable que nos hace comportarnos de maneras que pueden
describirse como intención, deseo, volición, etcétera. Don Juan no lo presentaba como una condición
de ser, proveniente de uno mismo, tal como es un hábito producido por la socialización, o una reacción
biológica, sino más bien lo representaba como una fuerza privada, íntima, que poseemos y usamos
individualmente como una llave que hace que el primer anillo de poder se mueva de maneras
aceptables. El intento es lo que dirige a la primera atención para que ésta se concentre en las
emanaciones del Águila dentro de un cierto marco. Y el intento también es lo que ordena al primer
anillo de poder a obstruir o interrumpir su flujo de energía.

Intento como una fuerza invisible que existe en el universo, sin recibirse a si misma, pero que aun así
afecta a todo: fuerza que crea y que mantiene los desnates.

Los desnates tienen que recrearse incesantemente para estar imbuidos de continuidad. A fin de
recrearlos cada vez con el frescor que necesitan para construir un mundo viviente, tenemos que
intentarlos cada vez que los construimos.

Para un espectador, que se comporta exclusivamente con base en la primera atención sin la
intervención del intento, la "montaña" aparecería como un desnate enteramente distinto. Podría
aparecer como el desnate "forma geométrica" o "mancha amorfa de coloración". Para que el desnate
montaña se complete, el espectador debe intentarlo, ya sea involuntariamente a través de la fuerza
apremiante del primer anillo de poder, o premeditadamente, a través del entrenamiento del guerrero.

Don Juan me señaló las tres maneras como nos llega el intento. La más predominante es conocida por
los videntes como "el intento del primer anillo de poder". Este es un intento ciego que nos llega por una
casualidad. Es como si estuviéramos en su camino, o como si el intento se pusiera en el nuestro.
Inevitablemente nos descubrimos atrapados en sus mallas sin tener ni el menor control de lo que nos
está sucediendo.

La segunda manera es cuando el intento nos llega por su propia cuenta. Esto requiere un considerable
grado de propósito, un sentido de determinación por parte nuestra. Sólo en nuestra capacidad de
guerreros podemos colocarnos voluntariamente en el camino del intento; lo convocamos, por así
decirlo. Don Juan me explicó que su insistencia por ser un guerrero impecable no era nada más que un
esfuerzo por dejar que el intento supiera que él se está poniendo en su camino.

Don Juan decía que los guerreros llaman "poder" a este fenómeno. Así es que cuando hablan de tener
poder personal, se refieren al intento que les llega voluntariamente. El resultado, me decía, puede
describirse como la facilidad de encontrar nuevas soluciones, o la facilidad de afectar a la gente o a los
acontecimientos. Es como si otras posibilidades, desconocidas previamente por el guerrero, de súbito
se volviesen aparentes. De esta manera, un guerrero impecable nunca planea nada por adelantado, pero
sus actos son tan decisivos que parece como si el guerrero hubiera calculado de antemano cada faceta
de su actividad.

La tercera manera como encontramos al intento es la más rara y compleja de las tres; ocurre cuando el
intento nos permite armonizar con él. Don Juan describía éste estado como el verdadero momento de
poder: la culminación de los esfuerzos de toda una vida en busca de la impecabilidad. Sólo los
guerreros supremos lo obtienen, y en tanto se encuentran en ese estado, el intento se deja manejar por
ellos a voluntad. Es como si el intento se hubiera fundido en esos guerreros, y al hacerlo los transforma
en una fuerza pura, sin preconcepciones. Los videntes llaman a este estado el "intento del segundo
anillo de poder", o "voluntad".

Los no-haceres es crear una obstrucción en el enfoque habitual de nuestra primera atención. Los
no-haceres son; en este sentido, maniobras destinadas a preparar la primera atención para el bloqueo
funcional del primer anillo de poder o, en otras palabras, para la interrupción del intento.

Don Juan me explicó que una vez que se rompe la relación directa entre el intento y los desnates que
estamos construyendo, ésta ya nunca se puede restituir. A partir de ese momento adquirimos la
habilidad de atrapar una corriente de lo que él conocía como "intento fantasma", o el intento de los
desnates que no están presentes en el momento o en el lugar de la interrupción, eso es, un intento que
queda a nuestra disposición a través de algún aspecto de la memoria.

Con la interrupción del intento del primer anillo de poder nos volvemos receptivos y maleables; un
nagual puede entonces introducir el intento del segundo anillo de poder.

Don Juan decía que lo que le da a los guerreros esa extrema incertidumbre que su benefactor
experimentó a fines de su vida, esa resignación al fracaso que él mismo se hallaba viviendo, es el hecho
de que un vislumbre de la inmensidad del Águila nos deja sin esperanzas. La esperanza es resultado de
nuestra familiaridad con los desnates y de la idea de que los controlamos. En tales momentos sólo la
vida de guerrero nos puede ayudar a perseverar en nuestros esfuerzos por descubrir lo que el Águila
nos ha ocultado, pero sin esperanzas de que podamos llegar a comprender alguna vez lo que
descubrimos.

Los videntes lo han descrito como una pared de niebla, una barrera que puede ser llevada
sistemáticamente a nuestra conciencia por medio del bloqueo del primer anillo de poder; y luego puede
ser perforada por medio del entrenamiento del guerrero.

Cuando los guerreros perforan la pared de niebla, sienten que se retuercen sus cuerpos, o sienten un
intenso temblor en la cavidad de sus cuerpos, por lo general a la derecha del estómago o a través de la
parte media, de derecha a izquierda. Cuando los guerreros perforan la segunda línea, sienten un agudo
crujido en la parte superior del cuerpo, algo como el sonido de una pequeña rama seca que es partida en
dos
Entre las dos líneas existe un área de conciencia específica que los videntes llaman limbo, o el mundo
que se halla entre las líneas paralelas. Se trata de un espacio real entre dos enormes órdenes de
emanaciones del Águila; emanaciones que se hallan dentro de las posibilidades humanas de conciencia.
Uno es el nivel que crea el yo de la vida de todos los días, y el otro es el nivel que crea el otro yo.
Como el limbo es una zona transicional, allí los dos campos de emanaciones se extienden el uno sobre
el otro. La fracción del nivel que nos es conocido, que se extiende dentro de esa área, engancha a una
porción del primer anillo de poder; y la capacidad del primer anillo de poder de construir desnates, nos
obliga a percibir una serie de desnates en el limbo que son casi como los de la vida diaria, salvo que
aparecen grotescos, insólitos y contorsionados.

La sensación de pesadez que se experimenta en el limbo se debe a la carga creciente que se ha colocado
en la primera atención. En el área que se halla justamente tras de la pared de niebla aún podemos
comportarnos como lo hacemos normalmente; es como si nos encontráramos en un mundo grotesco
pero reconocible. Conforme penetramos más profundamente en él, más allá de la pared de niebla,
progresivamente se vuelve más difícil reconocer los rasgos o comportarse en términos del yo conocido

Lo que existe más allá de la segunda línea divisoria es conocido por los videntes como la segunda
atención, o el otro yo, o el mundo paralelo; y el acto de traspasar los dos linderos es conocido como
"cruzar las líneas paralelas".

Romper la fuerza unificadora de la predisposición perceptual de la primera atención implica romper la


primera línea divisoria. La predisposición perceptual normal pasa entonces al área intermedia que se
halla entre las líneas paralelas. Uno continúa construyendo desnates casi normales durante un tiempo.
Pero conforme se aproxima uno a lo que los videntes llaman la segunda línea divisoria, la
predisposición perceptual de la primera atención empieza a ceder, pierde fuerza. Don Juan decía que
esta transición está marcada por una repentina incapacidad de recordar o de comprender lo que se está
haciendo.

La tarea del maestro consiste en recrear la condición que dio principio al primer anillo de poder, la
conclusión de estar saturado de intento. El primer anillo de poder es puesto en movimiento por la
fuerza del intento dado por quienes enseñan a desnatar. Como maestro mío él me estaba dando,
entonces, un nuevo intento que crearía un nuevo medio perceptual.

Don Juan decía que toma toda una vida de disciplina incesante, que los videntes llaman intento
inquebrantable, preparar al segundo anillo de poder para que pueda construir desnates del otro nivel de
emanaciones del Águila. Dominar la predisposición perceptual del yo paralelo es una hazaña. De valor
incomparable que pocos guerreros logran. Silvio Manuel era uno de esos pocos.

Don Juan me advirtió que no se debe intentar dominarla deliberadamente. Si esto ocurre, debe de ser
mediante un proceso natural que se desenvuelve sin un gran esfuerzo de nuestra parte. Me explicó que
la razón de esta indiferencia estriba en la consideración práctica de que al dominarla simplemente se
vuelve muy difícil romperla, pues la meta que los guerreros persiguen activamente es romper ambas
predisposiciones perceptuales para entrar en la libertad final de la tercer atención.
Extractos de El Fuego Interno

No me enseñaban brujería, ni encantamientos, me enseñaban las tres partes de un antiquísimo


conocimiento que poseían; ellos llamaban a esas tres partes el estar conciente de ser, el acecho y el
intento. Y no eran brujos; eran videntes. Y don Juan no sólo era vidente sino que también era un nagual

Entendí que ser vidente era la capacidad que tienen los seres humanos de ampliar su campo de
percepción hasta el punto de poder aquilatar no sólo las apariencias externas sino la esencia de todo

Esta obra trata de la maestría del estar consciente de ser

"Para el hombre común -prosiguió-, la brujería es asunto negativo, pero de todos modos fascinante. Por
esa razón, siempre te animé, en tu estado de conciencia normal, a que pensaras que nosotros somos
brujos. Es recomendable hacerlo. Sirve para atraer el interés. Pero, para nosotros ser brujos sería como
entrar en un callejón sin salida

Don Juan dijo que después de siglos de usar plantas de poder, algunos de ellos aprendieron finalmente
a ver. Los más emprendedores comenzaron entonces la enseñanza de cómo ver. Y ese fue el principio
de su perdición. Al pasar el tiempo aumentó el número de videntes, y la obsesión de ver llegó a tal
punto que dejaron de ser hombres de conocimiento. Se volvieron expertos en ver y en ejercer control
sobre los extraños mundos que atestiguaban, pero todo ello no sirvió de nada. El ver había socavado su
fuerza y los había obligado a obsesionarse con lo que veían

Pero no son exactamente como nosotros, porque se han concentrado en otros aspectos específicos del
conocimiento, tales como bailar, curar, embrujar, hablar, en vez de lo que recomiendan los nuevos
videntes: el acecho, el ensueño y el intento

La importancia personal es nuestro mayor enemigo. Piénsalo, aquello que nos debilita es sentirnos
ofendidos por los hechos y malhechos de nuestros semejantes. Nuestra importancia personal requiere
que pasemos la mayor parte de nuestras vidas ofendidos por alguien. "Los nuevos videntes
recomendaban que se debían llevar a cabo todos los esfuerzos posibles para erradicarla de la vida de los
guerreros. Yo he seguido esa recomendación al pie de la letra y he tratado de demostrarte por todos los
medios posibles que sin importancia personal somos invulnerables

La importancia personal no puede combatirse con delicadezas

los videntes, antiguos y nuevos, se dividen en dos categorías. La primera queda integrada por aquellos
que están dispuestos a ejercer control sobre sí mismos. Esos videntes son los que pueden canalizar sus
actividades hacia objetivos pragmáticos que beneficiarían a otros videntes y al hombre en general. La
otra categoría está compuesta de aquellos a quienes no les importa ni el control de sí mismos ni ningún
objetivo pragmático. se piensa de manera unánime entre los videntes que estos últimos no han podido
resolver el problema de la importancia personal

La importancia personal no es algo sencillo e ingenuo -explicó-. Por una parte, es el núcleo de todo lo
que tiene valor en nosotros, y por otra, el núcleo de toda nuestra podredumbre. Deshacerse de la
importancia personal requiere una obra maestra de estrategia. Los videntes de todas las épocas han
conferido las más altas alabanzas a quienes lo han logrado

para poder seguir el camino del conocimiento uno tiene que ser muy imaginativo. Como lo estás
comprobando tú mismo, todo está oscuro en el camino del conocimiento. La claridad cuesta muchísimo
trabajo, muchísima imaginación

-Los guerreros combaten la importancia personal como cuestión de estrategia, no como cuestión de fe
-repuso-. Tu error es entender lo que digo en términos de moralidad.

-Lo que tú estas viendo como moralidad es simplemente mi impecabilidad


-La impecabilidad no es otra cosa que el uso adecuado de la energía -dijo-. Todo lo que yo te digo no
tiene un ápice de moralidad. He ahorrado energía y eso me hace impecable. Para poder entender esto,
tú tienes que haber ahorrado suficiente energía, o no lo entenderás jamás

-Los guerreros hacen inventarios estratégicos -dijo-. Hacen listas de sus actividades y sus intereses.
Luego deciden cuáles de ellos pueden cambiarse para, de ese modo, dar un descanso a su gasto de
energía

en los inventarios estratégicos de los guerreros, la importancia personal figura como la actividad que
consume la mayor cantidad de energía, y que por eso se esforzaban por erradicarla

La acción de recanalizar esa energía es la impecabilidad

la estrategia más efectiva fue desarrollada por los videntes de la Conquista, los indiscutibles maestros
del acecho, y que consiste en seis elementos que tienen influencia recíproca. Cinco de ellos se llaman
los atributos del ser guerrero: control, disciplina, refrenamiento, la habilidad de escoger el momento
oportuno y el intento. Estos cinco elementos pertenecen al mundo privado del guerrero que lucha por
perder su importancia personal. El sexto elemento, que es quizás el más importante de todos, pertenece
al mundo exterior y se llama el pinche tirano. Me miró como si en silencio me preguntara si le había
entendido o no.

-Un pinche tirano es un torturador -contestó-. Alguien que tiene el poder de acabar con los guerreros, o
alguien que simplemente les hace la vida imposible

Me aseguró que había un tinte de humor malicioso en cada una de sus clasificaciones, porque el humor
era la única manera de contrarrestar la compulsión humana de hacer engorrosos inventarios y
clasificaciones

los nuevos videntes juzgaron correcto encabezar su clasificación con la fuente primaria de energía, el
único y supremo monarca en el universo, y le llamaron simplemente el tirano. Naturalmente,
encontraron que los demás déspotas y autoritarios quedaban infinitamente por debajo de la categoría de
tirano. Comparados con la fuente de todo, los hombres más temibles son bufones, y por lo tanto, los
nuevos videntes los clasificaron como pinches tiranos.

La segunda categoría consiste en algo menor que un pinche tirano. Algo que llamaron los pinches
tiranitos; personas que hostigan e infligen injurias, pero sin causar de hecho la muerte de nadie. A la
tercera categoría le llamaron los repinches tiranitos o los pinches tiranitos chiquititos, y en ella pusieron
a las personas que sólo son exasperantes y molestos a más no poder

la categoría de los pinches tiranitos había sido dividida en cuatro más. Una estaba compuesta por
aquellos que atormentan con brutalidad y violencia. Otra, por aquellos que lo hacen creando
insoportable aprensión. Otra, por aquellos que oprimen con tristeza. Y la última, por esos que
atormentan haciendo enfurecer

el intento pertenece a otra esfera, a la esfera de lo desconocido. Los otros cuatro pertenecen a lo
conocido, exactamente donde se encuentran aposentados los pinches tiranos. De hecho, lo que
convierte a los seres humanos en pinches tiranos es precisamente el obsesivo manejo de lo conocido

Los videntes, al entender la naturaleza del hombre, llegaron a la conclusión indisputable de que si uno
se las puede ver con los pinches tiranos, uno ciertamente puede enfrentarse a lo desconocido sin
peligro, y luego incluso, uno puede sobrevivir a la presencia de lo que no se puede conocer

Sabemos que nada puede templar tan bien el espíritu de un guerrero como el tratar con personas
imposibles en posiciones de poder

A grandes voces, disentí con él. Le dije que, en mi opinión, los tiranos convierten a sus víctimas en
seres indefensos o en seres tan brutales como los tiranos mismos. Señalé que se habían realizado
incontables estudios sobre los efectos de la tortura física y sociológica sobre ese tipo de víctimas.

-La diferencia está en algo que acabas de decir -repuso-. Tú hablas de víctimas, no de guerreros

los nuevos videntes consideraban que habían cuatro pasos en el camino del conocimiento. El primero
es el paso que dan los seres humanos comunes y corrientes al convertirse en aprendices. Al momento
que los aprendices cambian sus ideas acerca de sí mismos y acerca del mundo, dan el segundo paso y
se convierten en guerreros, es decir, en seres capaces de la máxima disciplina y control sobre si
mismos. El tercer paso, que dan los guerreros, después de adquirir refrenamiento y la habilidad de
escoger el momento oportuno, es convertirse en hombres de conocimiento. Cuando los hombres de
conocimiento aprenden a ver, han dado el cuarto paso y se han convertido en videntes

hasta los peores pinches tiranos son un encanto, claro esta, siempre y cuando uno sea guerrero

el error de cualquier persona que se enfrenta a un pinche tirano es no tener una estrategia en la cual
apoyarse; el defecto fatal es tomar demasiado en serio los sentimientos propios, así como las acciones
de los pinches tiranos. Los guerreros por otra parte, no solo tienen una estrategia bien pensada, sino que
están también libres de la importancia personal. Lo que acaba con su importancia personal es haber
comprendido que la realidad es una interpretación que hacemos. Ese conocimiento fue la ventaja
definitiva que los nuevos videntes tuvieron sobre los españoles

Dijo que estaba convencido de que podía derrotar al capataz usando solamente la convicción de que los
pinches tiranos se toman mortalmente en serio, mientras que los guerreros no.

Mi control me hizo cumplir con las más absurdas necedades del tipo. Lo que generalmente nos agota
en una situación como ésa es el deterioro que sufre nuestra importancia personal. Cualquier hombre
que tiene una pizca de orgullo se despedaza cuando lo hacen sentir inútil y estúpido
El afinar el espíritu cuando alguien te pisotea se llama control

la estrategia de su benefactor requería de que en lugar de sentir compasión por sí mismo, como lo había
hecho antes, se dedicara de inmediato a explorar el carácter del capataz, sus debilidades, sus
peculiaridades

Reunir toda esta información mientras te golpean se llama disciplina

El refrenamiento es esperar con paciencia, sin prisas, sin angustia; es una sencilla y gozosa retención
del pago que tiene que llegar

Yo era un guerrero. Sabía que estaba esperando y sabía qué era lo que esperaba. Precisamente en eso
radica el gran regocijo del ser guerrero

Agregó que la estrategia de su benefactor incluía acosar sistemáticamente al hombre, escudándose


siempre tras un orden superior, así como habían hecho los videntes del nuevo ciclo, durante la Colonia,
al escudarse con la iglesia católica. Un humilde sacerdote era a veces más poderoso que un noble

la habilidad de escoger el momento oportuno es una cualidad abstracta que pone en libertad todo lo que
está retenido. Control, disciplina y refrenamiento son como un dique detrás del cual todo está
estancado. La habilidad de escoger el momento oportuno es la compuerta del dique

La estrategia de su benefactor exigía que don Juan estuviera alerta para escoger y aprovechar el
momento oportuno y voltearle las cartas al pinche tirano. Cosas inesperadas siempre suceden así. De
repente, el más bajo de los esclavos se burla del déspota, lo vitupera, lo hace sentirse ridículo frente a
testigos importantes, y luego se escabulle sin darle tiempo de tomar represalias

Refrenamiento significa retener con el espíritu algo que el guerrero sabe que justamente debe
cumplirse. No significa que el guerrero ande por ahí pensando en hacerle mal a alguien, o planeando
cómo vengarse y saldar cuentas. El refrenamiento es algo independiente. Mientras el guerrero tenga
control, disciplina y la habilidad de escoger el momento oportuno, el refrenamiento asegura que
recibirá su completo merecido quienquiera que se lo haya ganado

-Los nuevos videntes -dijo don Juan mirándome con fijeza- usaban a los pinches tiranos no sólo para
deshacerse de su importancia personal sino también para lograr la muy sofisticada maniobra de
desplazarse fuera de este mundo

Hoy en día, por supuesto, los guerreros siempre tienen la oportunidad de retroceder, luego reponerse y
después volver. Pero el problema de la derrota moderna es de otro género. El ser derrotado por un
repinche tiranito no es mortal sino devastador. En sentido figurado, el grado de mortandad de los
guerreros es elevado. Con esto quiero decir que los guerreros que sucumben ante un repinche tirano son
arrasados por su propio sentido de fracaso. Para mí eso equivale a una muerte figurada
-Cualquiera que se une al pinche tirano queda derrotado. El enojarse y actuar sin control o disciplina, el
no tener refrenamiento es estar derrotado.

-¿Qué pasa cuando los guerreros son derrotados?

-O bien se reagrupan y vuelven a la pelea con más tino, o dejan el camino del guerrero y se alinean de
por vida a las filas de los pinc

uno de los grandes errores que cometieron los antiguos videntes fue suponer que lo desconocido y lo
que no se puede conocer eran la misma cosa. Fueron los nuevos videntes quienes corrigieron ese error
y definieron lo desconocido como algo que está oculto, envuelto quizás en un contexto aterrador, pero
aun así al alcance del hombre. En cierto momento, lo desconocido se convierte en lo conocido. Lo que
no se puede conocer, por otra parte, es lo indescriptible, lo impensable, lo irrealizable. Es algo que
jamás comprenderemos y que sin embargo está ahí, deslumbrante, y a la vez aterrador en su
inmensidad

Frente a lo desconocido, el hombre es audaz. Una cualidad de lo desconocido es que nos da un sentido
de esperanza y de felicidad. Frente a él, el hombre se siente fuerte, animado. Incluso la aprensión que
despierta es muy satisfactoria

cuando los videntes enfrentan a lo que no se puede conocer los resultados son desastrosos. Se agotan,
se sienten confusos, sus cuerpos pierden tono, su razonamiento y su sobriedad vagan sin rumbo, porque
lo que no se puede conocer no está dentro del alcance humano, y por ello no imparte energía alguna.
Los nuevos videntes se dieron cuenta de que tenían que estar preparados a pagar precios exorbitantes
por el más leve contacto con lo que no se puede conocer

Mediante la práctica constante del ver, los nuevos videntes encontraron que lo desconocido y lo
conocido tienen realmente la misma base; ambos quedan al alcance de la percepción humana. En cierto
momento, los videntes pueden penetrar en lo desconocido y transformarlo en lo conocido

Fue gracias a que veían que los nuevos videntes descubrieron ciertos factores innegables que utilizaron
para llegar a conclusiones, ciertamente revolucionarias para ellos, acerca de la naturaleza del hombre y
del universo. Estas conclusiones, que hicieron posible el nuevo ciclo, eran las verdades que me estaba
explicando acerca del estar consciente de ser

La primera verdad acerca del estar consciente de ser, como ya te lo dije -comenzó-, es que el mundo
que nos rodea no es en realidad como pensamos que es. Pensamos que es un mundo de objetos y no lo
es.

-La primera verdad dice que el mundo es tal como parece y sin embargo no lo es -prosiguió-. No es tan
sólido y real como nuestra percepción nos ha llevado a creer, pero tampoco es un espejismo. El mundo
no es una ilusión, como se ha dicho que es; es real por una parte, e irreal por la otra. Pon mucha
atención en esto, porque debe entenderse, no sólo aceptarse. Nosotros percibimos. Este es un hecho
innegable. Pero lo que percibimos no es un hecho del mismo tipo, porque aprendemos qué percibir.
Lo que nos rodea afecta nuestros sentidos. Esta es la parte que es real. La parte irreal es lo que nuestros
sentidos perciben como lo que nos rodea. Piensa en una montaña, por ejemplo. Tiene tamaño, color,
forma. Incluso tenemos categorías de montañas, que son, por cierto, precisas. No hay nada malo en
todo eso; el error está en que nunca se nos ha ocurrido que nuestros sentidos sólo juegan un papel
superficial. Nuestros sentidos perciben como, lo hacen porque una característica específica de nuestra
conciencia de ser los obliga a hacerlo así

Los videntes dicen que debido á nuestra conciencia de ser, nosotros pensamos que nos rodea un mundo
de objetos. Pero lo que, en realidad, nos rodea son las emanaciones del Águila, fluidas, siempre en
movimiento, y sin embargo inalterables, eternas

Explicó que uno de los legados más dramáticos de los antiguos videntes era el descubrimiento de que
los seres vivientes existen solamente para acrecentar la conciencia de ser. Don Juan lo llamó un
descubrimiento colosal.

Ellos vieron que es el Águila quien otorga la conciencia de ser. El Águila crea seres conscientes a fin
de que vivan y enriquezcan la conciencia que les da con la vida. También vieron que es el Águila quien
devora esa misma conciencia de ser, enriquecida por las experiencias de la vida, después de hacer que
los seres conscientes se despojen de ella, en el momento de la muerte

no es un asunto de fe o de deducción decir que la razón de la existencia es enriquecer la, conciencia de


ser. Ellos vieron que era así

Un nagual es alguien lo suficientemente flexible para ser cualquier cosa -había dicho-. Entre otras
cosas, ser un nagual significa no tener puntos qué defender

De repente, me di cuenta de que un nagual sí tenía un punto qué defender: la descripción del Águila y
lo que hace merecía, en mi opinión, una defensa apasionada

Esas verdades no son algo que hay que defender apasionadamente -contestó-. Si crees que trato de
defenderlas, te equivocas. Esas verdades fueron recopiladas para el deleite y el esclarecimiento de los
guerreros, no para despertar sentimientos de propiedad. Cuando te dije que un nagual no tiene puntos
qué defender, quería decir, entre otras cosas, que un nagual no tiene obsesiones.

Dijo que las emanaciones del Águila son una cosa-en-sí-misma, inmutable, que abarca todo lo que
existe, lo que se puede y lo que no se puede conocer.

En el momento crucial, cuando todo debía ser el simplísimo caso de las emanaciones que se reconocen
a sí mismas, lo consciente del hombre se ve obligado a interpretar. El resultado es la visión de un
Águila y de sus emanaciones. Pero no hay ningún Águila y no hay emanaciones algunas. Lo que nos
rodea es algo que ninguna criatura viviente puede comprender

La característica de los videntes de mala muerte es que están dispuestos a olvidar la maravilla que nos
rodea. Se quedan abrumados por el hecho de que ven, y creen que su talento es lo que cuenta. Un
vidente debe ser un parangón para poder superar la flojedad casi invencible de nuestra condición
humana. Lo que hacen los videntes con lo que ven es más importante que el ver en sí.

Para él, sería más preciso si los videntes hubieran dicho que hay una fuerza que atrae nuestra
conciencia, muy a la manera en que un imán atrae limaduras de hierro. En el momento de morir, todo
nuestro ser se desintegra bajo la atracción de esa inmensa fuerza.

Que un evento de tal alcance fuese interpretado como el Águila devorándonos, le parecía grotesco,
porque convierte un acto indescriptible en algo tan mundano como comer

-Los videntes que ven las emanaciones del Águila muchas veces las llaman comandos -dijo don Juan-.
A mí no me importaría llamarlas comandos si no me hubiera acostumbrado a llamarlas emanaciones.
Fue una reacción mía a la preferencia de mi benefactor; para él eran comandos. Pensé que ese término
le encajaba mejor a. él que a mí, debido a su dominante personalidad. Yo quería algo impersonal.
Comandos me parece demasiado humano, pero eso es lo que realmente son, los comandos del Águila.

todo está compuesto por las emanaciones del Águila. Solamente una pequeña porción de esas
emanaciones queda al alcance del conocimiento humano, y esa pequeña porción se ve reducida a una
fracción aún más minúscula por los apremios de nuestras vidas diarias. Lo conocido es esa minúscula
fracción de las emanaciones del Águila; la pequeña parte que queda a un posible alcance del
conocimiento humano es lo desconocido, y el resto, incalculable y sin nombre es lo que no se puede
conocer

todos los seres vivientes se ven obligados a usar las emanaciones del Águila, sin jamás saber lo que
son. Y comprendieron que los organismos están hechos para captar cierta porción de esas emanaciones,
y que cada especie tiene una gama definida. Las emanaciones ejercen enorme presión sobre los
organismos, y a través de esa presión, los organismos construyen su mundo perceptible.

nosotros utilizamos esas emanaciones y las interpretamos como la realidad. Pero lo que el hombre
capta es una parte tan pequeña de las emanaciones del Águila que resulta ridículo dar tanto crédito a
nuestras percepciones, y sin embargo no es posible pasarlas por alto. Llegar a entender ésto, que parece
tan simple, les costó inmensidades a los nuevos videntes

-Una de las fuerzas más grandes en la vida de los guerreros es el miedo -dijo-. Los impulsa a aprender
-Necesitaban unas guías mínimas de lo indescriptible a fin de instruir a sus aprendices -contestó-. Lo
resolvieron con una descripción esquemática de la fuerza que rige todo lo que hay, pero no de sus
emanaciones. Las emanaciones no pueden describirse, de ninguna manera, con un lenguaje de
comparaciones. Personalmente, ciertos videntes sí pueden tener la urgencia de hacer comentarios
acerca de ciertas emanaciones, pero esa urgencia es siempre individual. En otras palabras, no existe una
versión conveniente de las emanaciones, como la hay del Águila

-¿Las emanaciones son como rayos de luz? -pregunté.

-No. De ninguna manera. Eso sería demasiado simple. Son algo indescriptible. Y, sin embargo, mi
comentario personal sería decir que son como filamentos de luz. Lo que es incomprensible para la
conciencia normal es que los filamentos están conscientes de ser. No puedo decirte lo que significa eso,
porque no sé lo que estoy diciendo. Lo único que puedo decirte con mis comenta-rios personales es que
los filamentos están conscientes de si mismos, vivos y vibrantes, que hay tantos que los números
pierden todo sentido, y que cada uno es una

en el estado de conciencia acrecentada, el cual es una fase intermedia antes de que uno entre de lleno
en la conciencia del lado izquierdo, uno es capaz de tremenda concentración, pero también es uno
susceptible a cualquier influencia. En mí, estaba influyendo la sospecha

Don Juan explicó que los, nuevos videntes descubrieron que durante esa fase intermedia es cuando
tiene lugar el aprendizaje más profundo, y que también es cuando hay que supervisar, a los guerreros y
darles explicaciones para que puedan evaluarlas debidamente. Si no reciben explicaciones antes de
entrar por completo en el lado izquierdo, llegan a ser magníficos brujos pero malísimos videntes, como
les pasó a los antiguos toltecas

las emanaciones que están en el interior del capullo se alinean con las que están afuera y encajan con
ellas. El alineamiento es lo que permite que el estar consciente de ser sea cultivado por cada ser
viviente. Los videntes pueden afirmar esto porque ven a los seres vivientes como son en realidad: seres
luminosos que parecen burbujas de luz blanquecina

Las emanaciones de adentro y las emanaciones de afuera -dijo- son los mismos filamentos de luz. Los
seres conscientes son minúsculas burbujas hechas con esos filamentos; microscópicos puntos de luz,
unidos a las emanaciones infinitas

La luminosidad exterior atrae a la interior; la atrapa, por así decirlo, y la fija. Esa fijación es el estar
consciente de ser.

Los videntes también pueden ver cómo las emanaciones exteriores ejercen una presión particular sobre
las emanaciones interiores. Esta presión determina el grado de conciencia que tiene cada ser viviente

filamentos de luz -contestó-. Cada una de ellas es una fuente de energía ilimitada. Piénsalo de esta
manera: puesto que la minúscula porción de las emanaciones que están dentro del capullo es igual a
una minúscula porción de las que están afuera, sus energías son como una presión continua, pero el
capullo aísla las emanaciones que están adentro y de esa manera dirige la presión

la conciencia de ser es un resplandor en el capullo de los seres vivientes. Y con toda razón lo llamaron
el resplandor del huevo luminoso

la conciencia de ser del hombre es un resplandor de luminosidad ambarina, más intenso que el resto del
capullo

se encuentra sobre una banda angosta de luminosidad, al extremo del lado derecho del capullo, y corre
a todo lo largo de la verticalidad del capullo.

mover ese resplandor, en hacerlo extenderse de su posición original en la superficie del capullo, hacia
adentro, cruzando su ancho

yo había olvidado todo, porque, al entrar en la conciencia acrecentada o al ir más allá de ella, mi
conciencia normal había sido elevada, intensificada, y que eso significaba que otras áreas de mi ser
total fueron usadas.

-Todo lo que no puedes recordar está atrapado en esas áreas de tu ser total -dijo-. El usar esas otras
áreas es el ver

Para comprender uno necesita de sensatez, de cordura, no de emocionalidad. No te confíes en aquéllos


que lloran con la emoción de comprender, porque no han comprendido nada

En el camino del conocimiento hay peligros incalculables para quienes carecen de sobriedad y
serenidad

el ver de los brujos no es cuestión de los ojos. Es muy normal cometer ese error

alinear emanaciones que se usan rutinariamente es la percepción del mundo cotidiano, pero alinear
emanaciones que nunca se usan es ver. El acto de ver, siendo resultado de un alineamiento fuera de lo
ordinario, no puede ser algo que uno simplemente vea con los ojos. A pesar del hecho de haber visto
incontables veces, yo había sucumbido a la manera en que se clasifica y se describe ver

Es una voz que les habla en el oído. Si esa voz no está presente, el vidente no está viendo

Los antiguos videntes creían que era la voz de una entidad de increíble potencia íntimamente
relacionada con la humanidad, un protector del hombre. Los nuevos videntes descubrieron que esa
entidad, a la que llamaron el molde del hombre, no tiene voz. Para los nuevos videntes la voz del ver es
algo incomprensible; dicen que es el resplandor del estar consciente de ser que toca las emanaciones
del Águila como un arpista toca el arpa
en todos los seres conscientes, es igual la presión que las emanaciones exteriores, llamadas
emanaciones en grande, ejercen sobre las emanaciones interiores. Sin embargo, los resultados de esa
presión son enormemente diferentes entre ellos, porque sus capullos reaccionan en todas las formas
imaginables

cuando los videntes ven que la presión de las emanaciones en grande desciende pesadamente sobre las
emanaciones interiores, que siempre están en movimiento, y las hace detenerse, saben que en ese
momento el ser luminoso está consciente de ser

significa que los videntes ven algo indescriptible, cuyo significado conocen sin la menor duda.
Significa que la voz del ver les ha dicho que las emanaciones interiores descansan por completo y
encajan en aquellas de afuera que les son correspondientes

el estar consciente de ser procede de nuestro exterior, y que el verdadero misterio no está dentro de
nosotros

lo perfecto sería dejar que las emanaciones en grande se amalgamen libremente con las que están
dentro. Los videntes creen que si dejáramos que este ocurriese nos convertiríamos en lo que realmente
somos, seres fluidos, siempre en movimiento, eternos

la conciencia de ser crece desde el momento de la concepción, se enriquece con el proceso de vivir.
Dijo que, por ejemplo, los videntes ven cómo la conciencia de ser de un insecto o la de un hombre
crece de maneras asombrosamente diferentes, pero con igual consistencia

la energía sexual es algo de extrema importancia y que debe ser controlada y usada con mucho tino

control para mí significa el ahorro y la recanalización de la energía

el sexo era un asunto de energía

yo era el resultado de una cogida muy aburrida

la gente como yo jamás tuviera relaciones sexuales, a fin de que pudiéramos almacenar la poca energía
que tenemos

Vio que los demás compañeros tenían suficiente energía. No eran el resultado de cogidas aburridas. Les
dijo que podían hacer lo que quisieran con su energía sexual, pero recomendó se controlaran y que
entendieran que el comando del Águila es que el fulgor de la conciencia de ser se da a través del acto
sexual

el Águila ordenó que la energía sexual se use para crear vida. A través de la energía sexual, el Águila
otorga la conciencia de ser. Por eso cuando los seres conscientes realizan el acto sexual, las
emanaciones que están dentro de sus capullos hacen lo mejor que pueden para conferirle conciencia al
nuevo ser que están creando.
Dijo que durante el acto sexual, las emanaciones contenidas en los capullos de ambos participantes
sufren una profunda agitación, cuyo punto culminante es una unión, una fusión de dos pedazos de
energía consciente, uno de cada participante, que se separan de sus capullos.

-El acto sexual es siempre una donación de conciencia aunque ese regalo no se consolide y cree un
nuevo ser viviente -agregó-. Las emanaciones que están dentro del capullo de los seres humanos no
saben del acto sexual sólo como placer

para los guerreros la única energía que poseemos es la energía sexual, dadora de vida

Si los guerreros quieren tener la suficiente fuerza para ver, tienen que volverse avaros con su energía
sexual

La sensualidad del hombre no tiene nada malo. Lo que está mal es la ignorancia que obliga al hombre a
pasar por alto su naturaleza mágica. Es un error desperdiciar la fuerza dadora de vida y no tener hijos,
pero también es un error no saber que al tener hijos uno disminuye el fulgor de la conciencia

al tener un hijo, el fulgor de la conciencia de los padres disminuye mientras que el de la criatura
aumenta. En algunos padres débiles y nerviosos, ese fulgor desaparece casi por completo. Conforme
los niños ensanchan su conciencia, crece también en el capullo luminoso de los padres una mancha
oscura, en el mismo lugar de donde se desprendió el fulgor que dio vida a esos niños. Generalmente
está en la parte media del capullo. A veces, esas manchas incluso pueden verse como si estuvieran
pegadas al cuerpo

la conciencia de los seres humanos adultos, madurada por el proceso del crecimiento, ya no se la puede
llamar sim-plemente conciencia de ser, porque su modificación la ha convertido en algo más intenso y
complejo, algo que los videntes llaman atención

la atención es domar y enriquecer la conciencia de ser a través del proceso de vivir

La atención es el logro individual más grande del hombre. Empieza a desarrollarse desde la conciencia
animal, en bruto, hasta que llega a abarcar toda la gama de las alternativas humanas. Los videntes la
perfeccionan aún más hasta hacerla cubrir la gama total de posibilidades humanas

las alternativas humanas son todo lo que somos capaces de escoger como personas

Las posibilidades humanas, por otro lado, pertenecen a lo desconocido

Con el cuerpo como objeto uno se enfrenta a lo conocido, con el cuerpo como huevo luminoso uno
enfrenta lo desconocido; las posibilidades humanas tienen, por consiguiente, un alcance casi inagotable

Pero los tres no son tan sólo tipos de atención, son más bien tres niveles de realización. Son la primera,
segunda y tercera atenciones; cada una es un reino independiente, completo en sí mismo
en el hombre, la primera atención es la conciencia animal, en bruto, que a través del proceso de la
experiencia humana ha sido convertida en una facultad compleja, intrincada y extremadamente frágil,
que se encarga del mundo cotidiano en todos sus innumerables aspectos. En otras palabras, todo
aquello en lo que puede uno pensar forma parte de la primera atención.

-La primera atención es todo lo que somos como hombres comunes y corrientes -prosiguió-. En virtud
de su dominio tan absoluto sobre nuestras vidas, la primera atención es la propiedad más valiosa que
tenemos. Quizás es incluso nuestra única propiedad.

la primera atención es un intenso resplandor de color ambarino -continuó-. Es un resplandor que


invariablemente se mantiene fijo en la parte superior de la superficie del capullo y que abarca lo
conocido.

"La segunda atención, por otra parte, es un resplandor muchísimo más intenso y cubre una mayor
extensión. Tiene que ver con lo desconocido. Es un estado complejo y especializado que entra en
función cuando se utilizan las emanaciones interiores del capullo que ordinariamente permanecen fuera
de juego

para poder utilizar las emanaciones que ordinariamente no entran en juego, uno necesita de
extraordinarias y elaboradas tácticas que requieren suprema disciplina y concentración

la segunda atención también se le llama la conciencia del lado izquierdo; y que es el campo más vasto
que pueda uno imaginarse, tan vasto que parece ilimitado.

-Yo no me metería en ella. por nada del mundo -agregó-. Es un atolladero tan complejo y grotesco que
los videntes sensatos sólo entran en ella bajo las más estrictas condiciones

La gran dificultad consiste en que la entrada a la segunda atención es enteramente fácil y su atracción
es casi irresistible.

Dijo que los antiguos videntes, siendo maestros consumados del arte de manejar el resplandor de la
conciencia, la hicieron expandirse a límites inconcebibles. Dedicaron todo su esfuerzo a extender ese
resplandor a todas las emanaciones interiores de sus capullos, encendiéndolas por bandas, una banda a.
la vez. Y lo lograron, pero curiosamente, el hecho de encenderlas por bandas los hizo quedar
aprisionados en algo tan inmenso que no pudieron salir más de ello

-Los nuevos videntes corrigieron ese error -prosiguió- y dejaron que el arte de manejar el resplandor de
la conciencia se desenvolviera y llegara a extender ese resplandor, de un solo golpe, a todos los
confines del capullo luminoso.
"La tercera atención se alcanza así, cuando el resplandor de la conciencia se convierte en el fuego
interior; un fuego que no enciende sólo una banda a la vez, sino que enciende a todas las emanaciones
del Águila que están en el interior del capullo del hombre

por lo general la furia da cordura, o que a veces el miedo, o el humor dan cordura. Mi naturaleza
violenta hacía que la cordura me viniera a través de la furia

-Los videntes saben que en verdad todos los seres vivientes luchan por morir -continuó-. Lo que
detiene a la muerte es estar consciente de ser.

Don Juan dijo que los antiguos videntes se vieron profundamente perturbados por el hecho de que la
conciencia detiene a la muerte y a la vez la induce al ser alimento para el Águila. Como no podían
explicar esta contradicción, porque no hay manera racional de comprender la existencia, los videntes
llegaron a la conclusión de que su conocimiento estaba compuesto de proposiciones contradictorias

los videntes tienen que ser seres metódicos, racionales, parangones de sobriedad, y a la vez deben
rehusar todas esas cualidades para poder ser completamente libres y abrirse a las maravillas y misterios
de la existencia

-Sólo un sentimiento de suprema sobriedad puede tender un puente entre las contradicciones

-Al puente entre las contradicciones, lo puedes llamar como quieras, arte, sobriedad, amor, o incluso
gentileza, gracia.

todos los seres orgánicos, excepto el hombre, aquietan las emanaciones atrapadas dentro de sus
capullos para que ellas puedan alinearse con sus correspondientes emanaciones en grande

-Los seres humanos prestan atención a las emanaciones que tienen en el interior de sus capullos
-contestó-. Ninguna otra criatura hace eso. En el momento en el que la presión de las emanaciones en
grande fija a las emanaciones interiores, la primera atención comienza a observarse a sí misma. Anota
todo acerca de sí misma, o por lo menos intenta hacerlo, de maneras aberrantes. Este es el proceso que
los videntes llaman hacer un inventario

Hacer un inventario es una orden del Águila. Sin embargo, lo que queda sujeto a la voluntad del
hombre es la forma en que se obedece ese comando

comandos que nadie puede desobedecer. No obstante, la manera de no obedecer las órdenes radica en
obedecerlas

los videntes hacen el inventario, porque no pueden desobedecer. Pero una vez que lo han hecho lo tiran
por la ventana. El Águila no nos ordena adorar nuestro inventario: nos ordena hacerlo, esto es todo
los seres humanos llevan el comando de hacer un inventario a un extremo lógico y hacen caso omiso de
todo lo demás. Una vez que están profundamente involucrados en el inventario, pueden ocurrir dos
cosas. Pueden ignorar los impulsos de las emanaciones en grande, o pueden utilizar esos impulsos de
una manera muy especializada.

El resultado final de ignorar esos impulsos es un estado único conocido como la razón, el raciocinio. El
resultado de usar los impulsos de una manera especializada se conoce como la absorción en uno mismo

resplandor opaco, extrañamente homogéneo, que sólo en muy raras ocasiones responde a la constante
presión de las emanaciones en grande; un resplandor que endurece al capullo, pero que también lo
vuelve más quebradizo

en la especie humana la razón debería abundar, pero que en realidad es muy escasa. La mayoría de los
seres humanos eligen la absorción en sí mismos.

para que pueda haber interacción entre los seres vivientes, la conciencia necesita un grado de absorción
en sí misma. Pero con la excepción del hombre, ningún ser viviente tiene un grado tal de absorción en
sí mismo

los hombres de razón llegan a vivir mucho más, porque al no hacer caso del impulso de las
emanaciones en grande, aquietan la agitación natural dei interior de sus capullos. Por otra parte, al usar
el impulso de las emanaciones en grande para crear una mayor agitación, los individuos absortos en si
mismos acortan sus vidas.

Los ven como descargas intermitentes de luz blanca, seguidas por largas pausas de opacidad

Hacer un inventario nos vuelve invulnerables -continuó-. Es precisamente por eso que existe el
inventario

la primera atención consume todo el resplandor de la conciencia del hombre, y que no queda libre ni un
ápice de energía

si los guerreros quieren penetrar en lo desconocido tienen que conservar su energía. Pero, ¿de dónde
van a conseguir energía, si toda ella ya está usada? La conseguirán, dicen los nuevos videntes,
destruyendo hábitos innecesarios

Lo desconocido es la parte superflua del hombre común. Y es superflua porque el hombre común no
tiene suficiente energía libre para comprenderlo.

-¿Qué es esa fuerza misteriosa? -pregunté.

-Es una fuerza que se encuentra presente en todo lo que existe -dijo-. Los antiguos videntes jamás se
propusieron desentrañar el misterio de la fuerza que los hizo crear sus prácticas secretas; simplemente
lo aceptaron como algo sagrado. Pero los nuevos videntes lo observaron de cerca y lo llamaron
voluntad, la voluntad de las emanaciones del Águila, o el intento.

los antiguos toltecas habían dividido su conocimiento secreto en cinco grupos de dos categorías cada
uno: la tierra y las regiones de tinieblas, el fuego y el agua, lo de arriba y lo de abajo, el ruido y el
silencio, lo móvil y lo estacionario

"El conocimiento secreto de la tierra -prosiguió- tenía que ver con todo lo que se encuentra en el suelo.
Había series particulares de movimientos, palabras, ungüentos, pociones que se aplicaban a personas,
animales, insectos, árboles, plantas pequeñas, piedras y todo lo demás.

"Estas eran técnicas que convirtieron a los antiguos videntes en seres horrendos. Y las usaban ya fuera
para cuidar o para destruir a cualquier ser animado o cosa inanimada.

"La contraparte de la tierra era lo que conocían como las regiones de tinieblas. Definitivamente, estas
prácticas eran las más peligrosas. Trataban con entidades sin vida orgánica. Criaturas vivientes que se
encuentran presentes en la tierra y que la habitan junto con todos los seres orgánicos

-Para los videntes, el estar vivo significa tener conciencia -contestó-. Para el hombre común, tener
conciencia significa ser un organismo. Ahí es donde difieren los videntes. Para ellos, tener conciencia
significa que las emanaciones que crean la conciencia están encajonadas dentro de un receptáculo.

"Los seres orgánicos vivientes tienen un capullo que encierra las emanaciones. Pero hay otras criaturas,
seres inorgánicos cuyos receptáculos no parecen capullos para el vidente. Pero sí contienen las
emanaciones de la conciencia y muestran características de vida que no son la reproducción y el
metabolismo.

-¿Cómo cuáles, don Juan?

-Como las emociones desgarradoras, la tristeza, la alegría, la ira y etcétera, etcétera. Y que no se me
olvide la mejor: el amor; un tipo de amor que el hombre ni siquiera puede concebir

otro de sus grandes hallazgos tenía que ver con el grupo del fuego y el agua. Descubrieron que las
llamas tienen una cualidad muy peculiar; pueden transportar el cuerpo de un vidente, al igual que el
agua

En el caso de su categoría de fuego y agua, dividieron el fuego en calor y llama, y el agua en humedad
y fluidez. Correlacionaron el calor con la humedad y los llamaron propiedades menores. Consideraban
que las llamas y la fluidez eran propiedades mágicas, superiores, y las usaron como medio para
transportar sus cuerpos al reino de la vida inorgánica. Entre su conocimiento de la vida inorgánica y sus
prácticas de fuego y agua, los antiguos videntes se quedaron atrapados en un atolladero sin salida.
El tener una relación directa con otro tipo de vida le dio a los antiguos videntes un falso sentido de
invulnerabilidad, que sólo les aportó su perdición

Lo de arriba se trataba de conocimientos secretos acerca del viento, la lluvia, los relámpagos, las nubes,
el trueno, la luz del día y el sol. El conocimiento de lo de abajo tenía que ver con la niebla, el agua de
manantiales subterráneos, los pantanos, los rayos, los terremotos, la noche, la luz lunar y la luna.

El ruido y el silencio eran una categoría que tenía que ver con el manejo de los sonidos y del silencio.
Lo móvil y lo estacionario eran prácticas que se ocupaban de aspectos misteriosos del movimiento y la
inmovilidad.

la superficie reflectora de un objeto brillante sumergido en el agua amplifica el poder de la fluidez del
agua

la fluidez del agua mueve. Supusieron que la fluidez corría en busca de otros niveles debajo del
nuestro. Creían que el agua nos fue dada no sólo para la vida, sino también como la conexión, como el
camino a los otros niveles de abajo.

-¿Hay muchos niveles de abajo? -pregunté.

-Los antiguos videntes contaron siete niveles.

era natural tener miedo, y que el controlar el miedo era un error que no tenía sentido. Los antiguos
videntes quedaron atrapados al suprimir su terror cuando lo natural hubiera sido volverse locos de
miedo. Controlaron su miedo, en vez de cambiar o abandonar sus cómodos esquemas.

los antiguos videntes supusieron que los siete niveles que existían debajo del nuestro eran niveles de la
fluidez del agua. Para ellos un manantial tenía una incalculable importancia, porque creían que en un
caso así la fluidez del agua se invierte y va de la profundidad a la superficie. Consideraron que ese era
el medio a través del cual las criaturas de otros niveles, esas otras formas de vida, vienen a nuestro
plano a escudriñarnos, a observarnos.

en la vida de los guerreros era extremadamente natural el estar triste sin ninguna razón aparente, y que,
como campo de energía, el huevo luminoso presiente su destino final cada vez que se rompen las
fronteras de lo conocido. Vislumbrar la eternidad que queda fuera del capullo es suficiente para romper
la seguridad de nuestro inventario. En ocasiones, la melancolía resultante es tan intensa que puede
provocar la muerte

la mejor manera de deshacerse de la melancolía es reírse de ella. Con un tono burlón comentó que mi
primera atención hacía todo para restaurar el orden que había sido roto por mi contacto con el aliado.
Ya que no había forma de restaurarlo por medios racionales, mi primera atención lo hacía enfocando
todo su poder en la tristeza
No hay nada más solitario que la eternidad. Y nada es más cómodo para nosotros que la condición
humana. Esto es ciertamente otra contradicción, ¿cómo puede el hombre conservar los vínculos de su
humanidad y al mismo tiempo aventurarse, con gusto y con propósito, en la absoluta soledad de la
eternidad? Cuando logres resolver este acertijo, estarás listo para el viaje definitivo

un guerrero capaz de disfrutar cualquier situación concebible

no existe un Dios. Lo único que existe son las emanaciones del Águila, y a ellas no hay manera de
hacerles promesas

Una vez que te agarra el aliado, o te da un ataque al corazón y te mueres del susto, o forcejeas con él.
Después de un momento de violenta agitación, la energía del aliado mengua. Aparte de asustarnos, los
aliados no pueden hacernos nada con su imitación de ferocidad; nosotros tampoco los afectamos
mucho. Estamos verdaderamente separados por un abismo

lo único que cuenta es la impecabilidad, esto es, la energía que se ahorra. Era cierto que hubo casos
entre los antiguos toltecas, de videntes que fueron salvados por sus aliados, pero eso no tuvo nada que
ver con el poder de sus aliados, sino más bien con la impecabilidad de esos videntes que les permitió
usar la energía de aquéllas otras formas de vida.

Los aliados inútiles, de los cuales hay extraordinarias cantidades, son aquéllos compuestos de
emanaciones que no tienen equivalente en los seres humanos. Son tan diferentes a nosotros que
resultan completamente incomprensibles. La otra clase de aliados, notablemente escasa en número, está
compuesta de seres que poseen emanaciones correspondientes a las nuestras

lo que tiene lugar entre videntes y aliados de este tipo es un adecuado intercambio de energía.

-¿Cómo ocurre el intercambio?

-A través de las emanaciones que coinciden -dijo-.

“Naturalmente, esas emanaciones están en el lado izquierdo del hombre; el lado que jamás se usa. Por
esta razón, los aliados están totalmente vedados al mundo de la conciencia normal, o el lado de la
racionalidad

Desde luego que ahora ya te das cuenta de que decir las profundidades es usar una metáfora. No hay
ninguna clase de profundidades. Lo único que existe es el Aguila y sus emanaciones. El secreto es
manejar la conciencia de ser. Sin embargo los antiguos videntes jamás lo entendieron

A los aliados los atraen las emociones. El terror básico es lo que más los atrae; libera el tipo de energía
más conveniente para ellos. El terror básico unifica las emanaciones en su interior. Como mi terror
básico era ininterrumpido, el aliado comenzó a seguirlo o mejor dicho mi terror enganchó al aliado y
no lo soltó.
controlar el terror era una estratagema de los antiguos videntes. Aprendieron a controlarlo al punto de
poder repartirlo. Con su propio terror enganchaban a los aliados, y al darlo de manera gradual, como si
fuera alimento, de verdad esclavizaban a los aliados

Me había explicado que un nagual, siendo un líder con tremendas responsabilidades, debe tener un
punto de refe-rencia físico, un lugar en el mundo donde ocurra una confluencia de energías compatibles
con él. Para don Juan, el desierto de Sonora era tal lugar

insistió en que yo midiera mi cuerpo, hasta en milímetros, y estableciera su exacto punto medio, tanto a
lo largo como a lo ancho. Siempre había dicho que tal punto es un verdadero centro de energía en todos
nosotros

no existe un mundo de objetos, sino sólo un universo de campos energéticos que los videntes llaman
las emanaciones del Águila, y que cada uno de nosotros está envuelto en un capullo que encierra una
pequeña porción de estas emanaciones. Que la conciencia de ser es el producto de la constante presión
que ejercen las emanaciones exteriores, llamadas emanaciones en grande, sobre las emanaciones
interiores. Que la conciencia da lugar a la percepción, que ocurre cuando las emanaciones interiores se
alinean con las correspondientes emanaciones en grande

-La quinta verdad -prosiguió-, es que la percepción es canalizada porque en cada uno de nosotros hay
un factor llamado el punto de encaje, que selecciona emanaciones internas y externas para alinearlas. El
determinado alineamiento que percibimos como el mundo es producto del especifico lugar en nuestro
capullo donde está localizado nuestro punto de encaje

para poder entender y corroborar las verdades del estar consciente de ser no se necesitaba raciocinio
sino energía

-Yo te dije una vez -prosiguió-, que tratar con los pinches tiranos ayuda a los videntes a lograr una
maniobra de gran sofisticación. Ahora puedo decirte que esa maniobra es mover el punto de encaje

percibir un aliado significaba que yo había sacado a mi punto de encaje de su posición acostumbrada.
En otras palabras, el resplandor de mi conciencia había pasado cierto umbral, borrando también así mi
terror. Y todo esto ocurrió porque tenía yo energía sobrante

para que nuestra primera atención pueda enfocar al mundo que percibimos tiene que poner en relieve
ciertas emanaciones. Las emanaciones seleccionadas provienen de la estrecha banda en la que se
localiza la conciencia del hombre. Las emanaciones desechadas aún quedan al alcance de uno, pero
permanecen latentes, desconocidas para el hombre por toda la vida

Los nuevos videntes llaman a las emanaciones puestas en relieve el lado derecho, la conciencia normal,
el tonal, este mundo, lo conocido, la primera atención. El hombre común lo llama realidad,
racionalidad, sentido común.
Las emanaciones acentuadas integran una gran porción de la banda del hombre, pero son sólo una
pequeña parte del espectro total de emanaciones presentes dentro del capullo. Las emanaciones
desechadas, aún dentro de la banda del hombre, son consideradas como el preámbulo de lo
desconocido. Lo desconocido propiamente dicho consiste del resto de las emanaciones que no son parte
de la banda humana y que jamás son acentuadas. Los videntes las llaman la conciencia del lado
izquierdo, el nagual, el otro mundo, lo desconocido, la segunda atención.

-Este proceso de poner en relieve ciertas emanaciones -continuó don Juan-, fue descubierto y
practicado por los antiguos videntes. Se dieron cuenta de que un hombre nagual o una mujer nagual,
por el hecho de tener más energía que el hombre común, pueden empujar el resplandor de la conciencia
y sacarlo de las emanaciones acostumbradas y moverlo a las emanaciones vecinas. Ese empujón es
conocido como el golpe del nagual.

Don Juan dijo que este movimiento forzado tuvo una aplicación práctica para los antiguos videntes,
quienes la usaron para mantener sojuzgados a sus aprendices. Mediante ese golpe elevaban a sus
aprendices a un agudísimo estado de conciencia acrecentada y los transformaban en seres
extremadamente impresionables; mientras permanecían indefensos y moldeables, los antiguos videntes
les enseñaban aberrantes técnicas de hechicería que convertían a los aprendices en hombres siniestros,
iguales a sus maestros.

Los nuevos videntes utilizaron la misma técnica, pero en vez de usarla para propósitos sórdidos, la
usaron para guiar a sus aprendices en la investigación de las posibilidades totales del hombre.

Don Juan explicó que el golpe del nagual tiene que darse en un punto preciso, en el punto de encaje, y
que el lugar exacto de este punto varía en grados minúsculos de persona a persona. También, el golpe
lo tiene que dar un nagual que ve. Me aseguró que es igualmente inútil tener la fuerza de un nagual y
no ver, como ver y no tener la fuerza de un nagual. En ambos casos los resultados son simplemente
golpes en la espalda. Un vidente podría dar golpes en el punto preciso, una y otra vez, sin tener la
fuerza para mover la conciencia, y un nagual que no ve no podría golpear a propósito el punto preciso.

Dijo también que los antiguos videntes descubrieron que el punto de encaje no se encuentra en el
cuerpo físico, sino en la concha luminosa, en el capullo. El nagual identifica ese punto por su intensa
luminosidad y, más que golpearlo, lo empuja. La fuerza del empujón crea una hendidura en el capullo,
y se siente como un golpe en el omóplato derecho, un golpe que saca todo el aire de los pulmones.

-¿Existen diferentes tipos de hendiduras? -pregunté.

-Sólo hay dos tipos -respondió-. Uno es una concavidad y el otro es una grieta; cada cual tiene un
efecto distinto en el estar consciente de ser. La concavidad es una característica provisional, y crea un
cambio también provisional; pero la grieta es una característica profunda y permanente del capullo, y
por consiguiente produce un cambio permanente
Después que se crea la hendidura, algunas conchas luminosas al instante vuelven a cobrar su forma
original. Otras retienen la hendidura durante horas o incluso durante días enteros, pero al final recobran
su configuración. Y hay otras en las que se forma una hendidura tan firme e inafectable, que requiere
de otro golpe del nagual, en una área circunvecina, para restaurar su forma original. Y algunas nunca
más pierden la hendidura una vez que la reciben. No importa cuántos golpes reciban de un nagual,
jamás recobran sus formas ovoides

al desplazar el resplandor de la conciencia la hendidura agranda el área de la primera atención. La


hendidura presiona a las emanaciones interiores, y los videntes pueden ver cómo la fuerza de esa
presión hace que el resplandor de la conciencia brille sobre otras emanaciones en otras áreas que
generalmente son inaccesibles para la primera atención

Le pregunté si el resplandor de la conciencia se ve sólo en la superficie del capullo luminoso. No me


contestó de inmediato. Pareció perderse en sus pensamientos. Después de varios minutos contestó a mi
pregunta; dijo que normalmente el resplandor de la conciencia de ser era visto en la superficie del
capullo de todos los seres conscientes. Sin embargo, cuando el hombre ha desarrollado la atención, el
resplandor adquiere profundidad. En otras palabras, es transmitido de la superficie del capullo a un
número considerable de emanaciones del interior

el resplandor de la conciencia, movido por la hendidura, debería llamarse realmente atención


provisionalmente acrecentada, porque acentúa emanaciones que están tan próximas a las habituales que
el cambio es mínimo. Pero a pesar de ser mínimo, el cambio produce una mayor capacidad para
concentrarse, comprender y aprender. Los videntes sabían con exactitud como usar esta mejora
cualitativa. Vieron que, después del golpe del nagual, brillaban, de repente, con más fuerza sólo las
emanaciones que rodean a aquellas que utilizamos cotidianamente. Las más alejadas permanecen
inafectadas, lo que significaba para ellos que, mientras están en un estado de atención provisionalmente
acrecentada, los seres humanos pueden tratar con todo como si estuvieran en el mundo de todos los
días

-Porque las emanaciones que permiten mayor claridad dejan de estar en relieve cuando uno sale de la
conciencia acrecentada -contestó-. Si el resplandor de la conciencia no brilla más en ellas, lo que uno
experimente o atestigüe también se apaga.

un estado de conciencia acrecentada es visto no sólo como un resplandor que abarca mayor
profundidad dentro de la forma ovoide de los seres humanos, sino también como un resplandor más
intenso en la superficie del capullo. Sin embargo no es nada comparado con el resplandor producido
por un estado de conciencia total, que es visto como una explosión de incandescencia en todo el huevo
luminoso. Es una explosión de luz de tal magnitud que los límites de la concha se vuelven difusos y las
emanaciones interiores se extienden más allá de todo lo imaginable
Los videntes que premeditadamente alcanzan la conciencia total son algo digno de verse. Ese es el
momento en el que arden por dentro. El fuego interior los consume. Y en plena conciencia se funden
con las emanaciones en grande, y se expanden en la eternidad.

los guerreros deben buscar intencionalmente el cambio

Explicó que, por dos razones, nosotros, los seres humanos, ponemos en relieve ciertas emanaciones
para percibirlas. La primera y más importante, es porque nos han enseñado que esas emanaciones son
perceptibles, y la segunda, porque nuestros puntos de encaje han sido entrenados a seleccionar y
preparar esas emanaciones para ser utilizadas

Los videntes pueden saber si los seres conscientes comparten la misma visión del mundo, al ver si son
iguales las emanaciones que sus puntos de encaje han seleccionado

lo que resulta ser aún de mayor importancia, es entender todas las verdades de la conciencia de ser.
Sólo así llega uno a darse cuenta de que ese punto debe moverse desde adentro. La triste verdad es que
los seres humanos siempre pierden por negligencia. Simplemente desconocen sus posibilidades.

-¿Cómo puede uno lograr ese movimiento desde adentro? -pregunté.

-Los nuevos videntes dicen que la técnica es la comprensión -dijo. Afirman que, en primer lugar, uno
debe saber a ciencia cierta que todo lo perceptible emana del sitio específico donde se localiza nuestro
punto de encaje. Una vez entendido esto, podemos desplazar el punto de encaje casi a voluntad, como
consecuencia de nuevos hábitos

-El punto de encaje del hombre aparece, en torno a un área definida, en el capullo, porque así lo decreta
el Águila -dijo-. Pero el sitio preciso donde se fija queda determinado por los hábitos, por los actos
repetitivos. Primero aprendemos que puede situarse allí y después nosotros mismos le ordenamos que
ahí se sitúe. Nuestro comando se convierte en el comando del Águila y el punto queda fijo en ese sitio.
Considera esto con cuidado; nuestro comando se convierte en el comando del Águila. Por tal hallazgo,
los antiguos videntes pagaron carísimo

las prácticas de brujería no tienen ningún valor intrínseco. Su valor es indirecto. Su verdadera función
es hacer que el punto de encaje se desplace al lograr que la primera atención abandone
momentáneamente su control sobre ese punto

en cierto momento, los rituales y los encantamientos son realmente necesarios. Yo personalmente, te he
iniciado en todo tipo de rituales y encantamiento, pero sólo con objeto de permitir que tu primera
atención salga de la absorción en sí misma. Esa absorción es la que crea la fuerza que mantiene el
punto de encaje rígidamente fijo.
Agregó que los rituales y los encantamientos, siendo repetitivos, obligan a la primera atención a liberar
una porción de la energía empleada en contemplar el inventario humano y el punto de encaje pierde así
su rigidez

¿Qué le ocurre a las personas cuyos puntos de encaje pierden rigidez? -pregunté.

-Si no son guerreros, creen que se están volviendo locos -dijo sonriendo-. Cómo te pasó a ti en cierta
época, cuando creías que te habías desquiciado. Si son guerreros, saben que ya los agarró la locura,
pero esperan con paciencia. Saben a ciencia cierta que el tener cordura y sentido común sólo significa
que el punto de encaje está fijo y rígido en su posición habitual. Cuando se mueve, pues no está
desquiciado, sin más ni más.

Una es reconocer estar enfermos y comportarse como locos, reaccionando emocionalmente ante los
extraños mundos que la nueva posición de sus puntos de encaje los obliga a presenciar; la otra es
permanecer serenos, inconmovibles, sabiendo que el punto de encaje siempre vuelve a su posición
original.

-¿Qué pasa si el punto de encaje no regresa a su posición original? -pregunté.

-En ese caso esos sujetos están perdidos -dijo-. O están incurablemente locos porque sus puntos de
encaje jamás podrían rearmar la percepción del mundo que conocemos, o son incomparables videntes
que han comenzado su movimiento hacia lo desconocido

-¿Qué determina el que sea una cosa o la otra?

-¡La energía! ¡La impecabilidad! . Los guerreros impecables no pierden la razón. Permanecen intactos.
Te he dicho muchas veces que los guerreros impecables pueden ver mundos horripilantes y sin,
embargo, en su trato cotidiano nadie lo notaría. Hablan y ríen con sus amigos o con extraños como si
nada hubiera ocurrido.

la razón no es más que la autorreflexión del inventario del hombre. Si uno pierde esa autorreflexión,
pero no pierde los cimientos, uno vive de verdad una vida infinitamente más interesante, variada, y
fuerte

la forma luminosa del hombre es como una bola de queso blanco que tiene inyectado un grueso disco
de un queso más oscuro

la banda era un disco de queso amarillo que había sido insertada en la bola de queso blanco

El punto de encaje del hombre se localiza bastante arriba en la superficie del capullo, a tres cuartas
partes, hacia la parte superior del capullo. Cuando el nagual presiona ese punto de intensa luminosidad,
el punto se desplaza al interior del disco de queso amarillo. La conciencia acrecentada sucede al
momento en que el intenso resplandor del punto de encaje enciende las emanaciones dormidas en la
profundidad del disco de queso amarillo. Ver que el resplandor del punto de encaje se desplaza hacia el
interior de ese disco da la sensación de que se mueve hacia la izquierda sobre la superficie del capullo

la transparencia del huevo luminoso crea la impresión de un movimiento hacia la izquierda, cuando en
esencia cada movimiento del punto de encaje es hacia las profundidades, hacia el centro del huevo
luminoso, dentro del grosor de la banda del hombre.

Debido a que esos desplazamientos de mi punto de encaje fueron siempre hacia lo hondo, jamás había
yo perdido mi sentido de identidad, a pesar de que estaba utilizando, emanaciones que nunca antes usé

"La gran prueba que los nuevos videntes desarrollaron para sus guerreros aprendices es desandar el
viaje que sus puntos de encaje llevaron a cabo bajo la influencia del nagual. A este repaso, cuando ha
sido concluido, le llamaron recuperar la totalidad de uno mismo

el resplandor de la conciencia, una vez que se enfoca en la banda de emanaciones del hombre y elige
algunas de ellas para acentuarlas, entra en un círculo vicioso. Mientras más acentúe ciertas
emanaciones, más estable se vuelve el punto de encaje. Esto equivale a decir que nuestro comando se
convierte en el comando del Águila. Por lo tanto, es un verdadero triunfo romper ese comando y mover
al punto de encaje

es responsable de que la primera atención perciba en términos de racimos. Un ejemplo de un racimo de


emanaciones que recibe énfasis al unísono es lo que percibimos como el cuerpo humano. Otro racimo,
parte de nuestro ser total, nuestro capullo luminoso, jamás recibe énfasis y queda relegado al olvido
porque el efecto del punto de encaje no es tan sólo el hacernos percibir racimos de emanaciones, sino
también hacernos ignorarlos

Cada vez que son acentuadas, las percibimos igual que percibimos los racimos de la primera atención

La enormidad de lo desconocido es casi sin límites pero aún en esa enormidad el resplandor del punto
de encaje agrupa emanaciones. Lo que no se puede conocer, por otra parte, es una eternidad donde
nuestro punto de encaje no tiene manera alguna de agrupar nada

el movimiento de sus puntos de encaje a profundas regiones en la banda del hombre.

-Esas son visiones del lado oscuro del hombre

es nuestro lado sombrío y nefasto -dijo-. No es tan sólo lo desconocido, sino lo que nadie quiere
conocer

-¿Qué pasa con las emanaciones que están dentro del capullo, pero fuera de los límites de la banda del
hombre? -pregunté-. ¿Pueden percibirse?
-Sí, pero de maneras verdaderamente indescriptibles -repuso-. No son lo desconocido humano, como
en el caso de las emanaciones desechadas en la banda del hombre, sino lo desconocido casi
inconmensurable, donde las características humanas no figuran para nada. En realidad es un área de tan
abrumadora inmensidad que los videntes más extraordinarios se verían en dificul-tades para describirla

-El misterio queda afuera de nosotros -dijo-. En nuestro interior sólo tenemos emanaciones que intentan
romper el capullo. Y, de una manera u otra, este hecho nos aberra, ya seamos hombres comunes o
guerreros. Sólo los nuevos videntes pueden superar esto. Luchan por ver. Y a través de los
desplazamientos de sus puntos de encaje, llegan a darse cuenta de que el misterio es percibir. No tanto
lo que percibimos, sino lo que nos hace percibir

Si el punto de encaje alinea otras emanaciones interiores, diferentes a las normales, los sentidos
humanos perciben de maneras i

Me aseguró que no se trataba de ningún engaño, y que llamarla la casa de Silvio Manuel era un
ejercicio del arte del acecho que todos sus compañeros debían practicar bajo cualquier circunstancia,
incluso en lo privado de sus propios pensamientos. Que alguno de ellos, insistiera en considerarla de
otra manera era equivalente a negar sus lazos con el resto de sus compañeros

Los guerreros se preparan para tener conciencia, y la conciencia total sólo les llega cuando ya no queda
en ellos nada de importancia personal. Sólo cuando son nada se convierten en todo

la importancia personal es la fuerza detrás de todo ataque de melancolía. Agregó que los guerreros
tienen derecho a sentir estados de profunda tristeza, pero que la tristeza les viene solamente para
hacerlos reír

detener el diálogo interno es lo que articula todo lo que hacen los videntes. Subrayó una y otra vez que
el diálogo interno es lo que mantiene fijo al punto de encaje en su posición original.

-Una vez que se logra el silencio, todo es posible

El diálogo interno es, por lo tanto, un proceso de suprema importancia para la posición del punto de
encaje; siendo esa posición arbitraria, mantenerla requiere un esfuerzo ininterrum-pido.

¿sería posible ayudar a esos niños a que mantengan más fluidos sus puntos de encaje? -pregunté.

-Sólo si viven entre los nuevos videntes -dijo-. De lo contrario, al igual que los antiguos videntes, se
verían atrapados en los intrincados detalles del lado silencioso del hombre. Y créeme, eso es peor que
estar preso en las garras de la racionalidad

cada uno de nosotros es un mago magistral, y que nuestra magia consiste en mantener
inconmoviblemente fijo nuestro punto de encaje
-La fuerza de las emanaciones en grande -prosiguió-, hace que nuestro punto de encaje seleccione
ciertas emanaciones interiores y las agrupe en un racimo para ser alineadas y percibidas. Ese es el
comando del Águila, pero darle significado a lo que percibimos es nuestro comando, nuestro don
mágico

-Yo te di muchísimas veces plantas de poder para así lograr que tu punto de encaje se moviera
-prosiguió don Juan-. Las plantas de poder tienen ese efecto; pero también el hambre, el cansancio, la
fiebre y otras aflicciones por el estilo tienen un efecto similar. La falla del hombre común es creer que
todo lo que sucede, como resultado de un movimiento del punto de encaje, es puramente mental. No lo
es, como tú mismo puedes ahora atestiguar

los mundos que me vi forzado a percibir fueron virtualmente mundos fantasmas, por estar tan cercanos
al mundo cotidiano. Agregó que movimientos de ese tipo eran automáticamente descartados por los
nuevos videntes.

-Las visiones que producen esos movimientos se originan en el inventario del hombre -continuó-. No
tienen valor alguno para los guerreros que buscan la libertad total, porque son resultado de un
movimiento lateral del punto de encaje

En los dos bordes de la banda del hombre hay un extraño depósito de basura, una incalculable masa de
cachivaches humanos. Es un almacén mórbido y siniestro, que tenía un gran valor para los antiguos
videntes pero no para nosotros

cualquier persona puede llegar a ese almacén simplemente deteniendo su diálogo interno. Cuando eso
sucede, los resultados se explican como fantasías de la mente si el cambio es mínimo. Si el cambio es
considerable, los resultados son llamados alucinaciones

una vez que los guerreros han entrado en un estado de silencio interior al detener su diálogo interno, los
rige el oído más que la vista. El sonido y el ritmo de pasos amortiguados captura al instante la fuerza de
alineamiento de las emanaciones interiores, que ha sido desconectada por el silencio interior.

A la orilla derecha encontramos interminables visiones de actividad física, violencia, matanzas,


sensualidad. A la orilla izquierda encontramos espiritualidad, religión, Dios

los increíbles efectos del silencio interior eran uno de los más valiosos aspectos del conocimiento de
los videntes, en general. Repitió una y otra vez que en el momento en que uno entra a un estado de
silencio interno empiezan a romperse los lazos que atan al punto de encaje al sitio específico en el que
está localizado, y que el punto de encaje queda así en libertad para moverse

existen videntes que pueden mover el punto de encaje a posiciones bajo el sitio normal. Los nuevos
videntes llaman a ese cambio "el movimiento hacia abajo".

ese es el lugar de la bestia. Ir abajo va en contra de nuestros intereses, aunque es la cosa más fácil de
lograr
El moverse de ese modo los volvió expertos en adoptar las formas de los animales que ellos elegían
como sus puntos de referencia. Llamaban a esos animales su nagual, y creían que al mover sus puntos
de encaje a sitios específicos podían adquirir las características del animal elegido, su fuerza, sabiduría,
astucia, agilidad o ferocidad

un movimiento de tal naturaleza resulta siempre en una transformación total. Agregó que si el punto de
encaje cruza un límite crucial, el mundo que conocemos se desvanece; deja de ser lo que es al nivel del
hombre

Mi reacción a aquella experiencia le probó que yo no tenía inclinaciones naturales hacia eso. De no
haber sido así, yo hubiera tenido que emplear enormidades de energía para no sucumbir a la tentación
de permanecer indefinidamente en esa área baja

los movimientos involuntarios que cada vidente experimenta periódicamente, se vuelven menos
frecuentes conforme su punto de encaje avanza más hacia lo profundo de la banda. Sin embargo, cada
vez que ocurre ese movimiento hacia abajo disminuye en forma considerable el poder del vidente que
lo experimenta

los videntes se vuelven extremadamente: malhumorados e intolerantes, y en algunos casos, hasta


extremadamente racionales

Los hombres por otra parte, no pueden ni salir rápidamente de esa área ni aferrarse a ella. Los hombres
tienen sobriedad y propósito, pero muy poco talento

Le pregunté si otros organismos eran capaces de mover sus puntos de encaje.

-Sus puntos de encaje se mueven -dijo-, pero para ellos ese movimiento no es una cosa voluntaria

-De una manera u otra, todo organismo recién nacido es entrenado -contestó-. Por cierto que no
entendemos cómo se lleva a cabo su entrenamiento, después de todo, ni siquiera entendemos cómo se
lleva a cabo el nuestro, pero los videntes ven que los recién nacidos son inducidos a hacer lo que hacen
los adultos de su especie. Eso es exactamente lo que ocurre con los niños: los videntes ven que sus
puntos de encaje se mueven en todas direcciones, y luego ven cómo la presencia de los adultos liga
esos puntos a un lugar específico. Todos los demás organismos hacen lo mismo

-Cuando nosotros miramos un árbol; como seres humanos adultos, serios -dijo-, nuestros puntos de
encaje alinean un número incalculable de emanaciones y logran un milagro. Nuestros puntos de encaje
nos hacen percibir un racimo de emanaciones que llamamos árbol

también borra el alineamiento de ciertas emanaciones que pertenecen a ese racimo para poder llegar a
un mayor refinamiento de la percepción, a un delicado esquema humano que no tiene paralelo
los seres humanos son capaces de agrupar emanaciones aún dentro de los racimos normales. Para
describir tal cosa utilizó la palabra desnate, y dijo que era comparable al acto de recoger la nata de un
recipiente de leche hervida, después que se ha enfriado. De igual manera, en términos de percepción, el
punto de encaje del hombre toma una parte de las emanaciones ya seleccionadas para el alineamiento y
forma con ellas un esquema más deleitable

una vez que ese punto de encaje se mueve más allá de cierto límite, puede alinear mundos enteramente
diferentes al mundo que conocemos

ciertas áreas geográficas no sólo ayudan a ese precario movimiento del punto del encaje, sino que
también seleccionan direcciones especificas para dicho movimiento. Por ejemplo, el desierto de Sonora
ayuda al punto de encaje a moverse de su posición acostumbrada, hacia abajo, al lugar más terrible que
uno puede imaginar

para mover el punto de encaje uno necesita energía. Si uno no la tiene, el golpe del nagual no es el
golpe de la libertad sino el golpe de la muerte.

-Sin suficiente energía -dijo don Juan-, la fuerza del alineamiento resulta aplastante. Tienes que tener
energía para resistir la presión de alineamientos que nunca tienen lugar en circunstancias ordinarias

los guerreros están en el mundo, realmente, con el fin de entrenarse a ser testigos sin prejuicios para así
descubrir y entender el misterio que somos. Esta es la meta más alta de los nuevos videntes. Y no todos
ellos la alcanzan.

para ser un guerrero sin par uno tiene que amar la libertad, y uno tiene que tener una despreocupación,
un desinterés supremo. Explicó que el camino del guerrero es algo extremadamente peligroso porque
representa el lado opuesto de la situación del hombre moderno, que ha abandonado el reino de lo
desconocido y de lo misterioso, y se ha instalado en el reino de lo funcional. Le ha dado la espalda al
mundo de los presentimientos y el júbilo y le ha dado la bienvenida al mundo del aburrimiento.

-El recibir una oportunidad de volver nuevamente al misterio del mundo -prosiguió don Juan-, resulta a
veces ser demasiado para los guerreros, y sucumben; los asalta en su camino lo que yo he llamado la
gran aventura de lo desconocido. Olvidan la búsqueda de la libertad, olvidan ser testigos sin prejuicios.
Y con un gozo ciego, se hunden en lo desconocido.

Para llegar a ser testigos sin prejuicios -prosiguió-, se comienza entendiendo que la estabilidad o el
movimiento del punto de encaje determina lo que somos, y lo que es el mundo que atestiguamos

cuando aprendimos a hablar con nosotros mismos, aprendimos los medios de entorpecernos para así
poder mantener al punto de encaje en un sitio fijo

susurrando-. Cuando el punto de encaje se mueve a las regiones abajo de su posición normal, los brujos
no distinguen muy bien. Si te ven de pie, te atacarán
La depresión que sentían, les decía el nagual Julián, no era tanto la tristeza de haber perdido un nido
aburrido y restrictivo, sino más bien la molestia de tener que buscar nuevas viviendas

Tu nuevo nivel de energía creará un nuevo sitio para albergar tu punto de encaje. Entrarás en un estado
permanente de conciencia acrecentada, y el diálogo de guerrero, que tienes con nosotros cada vez que
nos reunimos, le dará solidez a esa nueva posición

de vez en cuando se desequilibra la nueva posición y el punto de encaje regresa a su lugar original

-Como ya lo sabes, la posición del punto de encaje -explicó don Juan-, se mantiene mediante el diálogo
interno, por lo tanto es una posición muy frágil. Este es el motivo por el cual los seres humanos pierden
tan fácilmente la razón, especialmente aquéllos cuyo diálogo interno es redundante, aburrido y sin
ninguna profundidad.

"Los nuevos videntes dicen que los seres humanos más resistentes son aquellos cuyo diálogo interno es
fluido y variado

la posición del punto de encaje de un guerrero es infinitamente más fuerte, porque en cuanto el punto
comienza a moverse hacia la profundidad del huevo luminoso crea un hoyuelo en la luminosidad, un
hoyuelo que alberga al punto de encaje de ahí en adelante

un cambio hacia abajo implicaba una visión, no de otro mundo propiamente dicho, sino de nuestro
mismo mundo de la vida cotidiana visto desde una perspectiva diferente. Agregó que para que yo
pudiera ver otro mundo tenía que percibir otra gran banda de las emanaciones del Águila.

-Las emanaciones del Águila se agrupan siempre en racimos -prosiguió-. Los antiguos videntes
llamaron a esos racimos las grandes bandas de emanaciones. No son realmente bandas, pero el nombre
se les quedó.

"Por ejemplo, existe un racimo inmensurable que produce seres orgánicos. Las emanaciones de esa
banda orgánica son de una calidad casi esponjosa. Son transparentes y tienen una luz propia única, una
energía peculiar. Están conscientes, se mueven. Esa es la razón por la cual todos los seres orgánicos
están llenos de una energía devoradora. Las otras bandas son más oscuras, menos esponjosas. Algunas
de ellas no tienen luz en absoluto, sino una especie de opacidad

Imagínatelo como una banda enormemente ancha de filamentos luminosos, hilos luminosos sin fin. Los
seres orgánicos son burbujas que crecen alrededor de un grupo de filamentos luminosos. Imagina que
en esta banda de vida orgánica algunas burbujas se forman alrededor de los filamentos luminosos del
centro de la banda, mientras que otros se forman cerca de los bordes; la banda es lo suficientemente
ancha para aco-modar a todo tipo de ser orgánico, y con espacio de sobra. En un arreglo así, las
burbujas que están cerca de los bordes de la banda no tienen nada que ver con las emanaciones que
están en el centro de la banda, que son compartidas sólo por burbujas que se alinean con el centro. De
igual manera, las burbujas del centro no tienen nada que ver con las emanaciones de los bordes
dentro de esa banda orgánica hay diferencias descomunales entre esos seres

en la tierra sólo hay cuarenta y ocho de esas bandas

cuarenta y ocho tipos de organizaciones en la tierra, cuarenta y ocho tipos de racimos o estructuras. La
vida orgánica es uno de ellos

Los antiguos videntes contaron siete bandas que producían burbujas de conciencia inorgánica. En otras
palabras, hay cuarenta bandas que producen burbujas sin conciencia alguna; esas son bandas que sólo
generan organización

El Águila confiere la conciencia a través de sus emanaciones

el Águila confiere la conciencia es mediante tres gigantescos haces de emanaciones que recorren las
ocho grandes bandas. Estos haces son bastante peculiares, porque hacen que los videntes sientan un
color. Un haz da la sensación de ser rosa amarillento; otro da la sensación de ser de color durazno; y el
tercer haz da la sensación de ser ambarino, como la miel clara

El hombre, por ejemplo, está ligado al haz ambarino, pero hay otros seres que también lo están

-¿Los haces de color rosado y color durazno también se ven en el hombre? -pregunté.

-Nunca. Esos haces pertenecen a otros seres vivientes -contestó

el haz de conciencia ambarino tiene una infinidad de variantes sutiles que siempre denotan diferencias
en la calidad de la conciencia. Los tintes más comunes son el ámbar rosado y el verde pálido. El ámbar
azul es más inusitado, pero el ámbar puro es el más raro de todos

la cantidad de energía que uno ahorra y almacena determina el tinte. Incontables cantidades de
guerreros han comenzado con un tinte ordinario, color rosa, y han terminado con el más puro de todos
los ámbares.

En la banda orgánica, el haz color rosa pertenece sobre todo a las plantas, la banda color durazno
pertenece a los insectos, y la banda ambarina pertenece al hombre y a otros seres orgánicos y no
necesariamente animales.

"La misma situación prevalece en las bandas inorgánicas. Los tres haces de conciencia producen tipos
específicos de seres inorgánicos en cada una de las siete grandes bandas.

las grandes bandas no son ni planas ni redondas, sino indescriptiblemente arracimadas, como un monto
de paja, que queda sostenido a mitad del aire por la fuerza de la mano que la lanzó ahí. Por eso, no
existe orden en las emanaciones; decir que existe una parte central o que existen bordes resulta
engañoso, pero necesario para poder entender.
Explicó que los seres inorgánicos producidos por las otras siete bandas se caracterizan por tener un
recipiente que carece de movimiento; tienen más bien un receptáculo amorfo con un bajo grado de
luminosidad. No se parece al capullo de los seres orgánicos. Le falta la tensión, la calidad que hace que
los seres orgánicos parezcan bolas luminosas que rebosan energía.

todos tienen las emanaciones color rosa, color durazno o ambarinas

debido a que sus campos de energía son más intensos, los seres orgánicos son generalmente los que
inician la comunicación con los seres inorgánicos, pero una sutil y sofisticada relación que siempre
resulta es iniciativa de los seres inorgánicos. Una vez rota la barrera, los seres inorgánicos cambian y se
convierten en lo que los videntes llaman aliados. A partir de ese momento los seres inorgánicos pueden
anticipar los más recónditos pensamientos o estados de ánimo o temores de los videntes

Hay historias de que los antiguos videntes conseguían que sus aliados hicieran lo que ellos les pedían.
Esa es una de las razones por las que creían en su propia invulnerabilidad. Los engañó su importancia
personal. Los aliados sólo tienen poder si el vidente que los ve es un parangón de impecabilidad; y esos
antiguos videntes simplemente no lo eran

Puesto que los organismos pertenecen a una sola banda, mientras que los seres inorgánicos pertenecen
a siete, las diferencias entre los seres inorgánicos son más vastas que las diferencias entre los
organismos

los seres inorgánicos viven infinitamente más que los organismos -prosiguió-. Este detalle, por razones
que te revelaré más adelante, es lo que impulsó a los antiguos videntes a ver todo lo que pudieron,
acerca de los aliados

es la intensa energía de los organismos y el subsecuente alto desarrollo de su conciencia lo que los
convierte en deliciosos bocados para el Águila. Su interpretación fue que era la gula, la razón por la
cual el Águila produce un número tan grande de organismos

el producto de las otras cuarenta grandes bandas no es en absoluto la conciencia, sino una
configuración de energía inanimada que los antiguos videntes llamaban vasos, mientras que llamaban
capullos y recipientes a los productos de las ocho bandas con conciencia.

Todo lo que nosotros percibimos está compuesto por porciones de capullos o vasos con emanaciones.
Como hombres comunes no percibimos en absoluto los recipientes de los seres inorgánicos

El mundo que nuestro punto de encaje alinea para nuestra percepción normal está compuesto por dos
bandas; una es la banda orgánica, la otra es una banda que sólo tiene estructura. Las otras cuarenta y
seis grandes bandas no son parte del mundo que percibimos cotidianamente.

-Hay otros mundos completos que nuestros puntos de encaje pueden alinear -prosiguió-. Los antiguos
videntes contaron siete de esos mundos, uno por cada banda de conciencia. Yo puedo añadir que aparte
del mundo de todos los días, dos de esos otros mundos son fáciles de alinear; los otros cinco son algo
casi imposible

Si el vidente busca una ganancia rápida, no existe mejor maniobra que el movimiento hacia abajo. El
único problema es que en esas posiciones del punto de encaje los videntes se ven acosados por la
muerte, que tiene lugar incluso con mayor brutalidad y mayor rapidez que en la posición del hombre

un verdadero cambio de mundos sólo ocurre cuando el punto de encaje se mueve al interior de la banda
del hombre, a suficiente profundidad para alcanzar un umbral crucial, y que sólo entonces es cuando el
punto de encaje puede usar otra de las grandes bandas

siempre y cuando el vidente tenga suficiente energía. Nuestra energía normal le permite a nuestros
puntos de encaje usar la fuerza del alineamiento de una gran banda de emanaciones. Y percibimos el
mundo que conocemos. Pero si tenemos un exceso de energía, podemos usar la fuerza del alineamiento
de otras grandes bandas, y en consecuencia, podemos percibir otros mundos

los árboles están más cercanos al hombre que las hormigas

eso se debe a que comparten emanaciones

algunas plantas muy pequeñas tienen un capullo casi tan alto como el cuerpo del hombre y tres veces
más ancho. Esas son plantas de poder. Comparten la mayor cantidad de emanaciones con el hombre, no
las emanaciones de la conciencia, sino otras emanaciones en general

su conciencia es rosa. Las plantas venenosas son de un rosado pálido y amarillento, y las plantas
medicinales son de un rosado vivo tirando a violeta. Las únicas que son de un rosado blancuzco son las
plantas de poder; algunas son de color blanco turbio, otras de un blanco brillante

sus puntos de encaje. Las plantas lo tienen en la parte inferior de su capullo, mientras que otros seres
orgánicos lo tienen en la parte superior

las plantas tienen la más intensa comunicación con seres inorgánicos. Creían que mientras más bajo
estuviera el punto de encaje, más fácil resultaba para las plantas el romper la barrera de la percepción;
los árboles muy grandes y las plantas muy pequeñas tienen los puntos de encaje situados muy abajo.
Debido a esto, un gran número de las técnicas de brujería de los antiguos videntes eran medios de
atrapar la conciencia de los árboles, y de las plantas pequeñas, para usarlas como guías para bajar a lo
que ellos llamaban los niveles más profundos de las regiones oscuras

en el camino del guerrero es muy fácil perderse en complejidades

tan enormes y tan graves los errores cometidos por los antiguos videntes como resultado de la
indolencia, la imprudencia y la importancia personal que los nuevos videntes no tuvieron más opción
que rechazar su propia tradición
desarrollaron las tres técnicas. La primera es la maestría del acecho, la segunda es la maestría del
intento y la tercera es la maestría del ensueño

cuando los guerreros se comportan de maneras no acostumbradas, en una forma sistemática y continua,
emanaciones internas que ordinariamente nunca se usan empiezan a resplandecer. Y sus puntos de
encaje se mueven de una manera lenta, armoniosa, apenas notable

Llamaron a esta práctica el arte del acecho. Don Juan dijo que, aunque el término era inconveniente, el
nombre resultaba apropiado, porque acechar implicaba un específico tipo de conducta con la gente, un
comportamiento que podría clasificarse como clandestino o furtivo

el acecho es simplemente comportamiento con la gente

el movimiento del punto de encaje era la razón por la cual los nuevos videntes le daban un valor tan
alto a los pinches tiranos. Actuar con los pinches tiranos obliga a los videntes a usar los principios del
acecho, y al hacerlo, los ayuda a mover sus puntos de encaje

Sabían que sus predecesores había logrado hazañas extraordinarias manejando una fuerza misteriosa y
milagrosa que sólo pudieron describir como el poder

Sus esfuerzos fueron ampliamente recompensados cuando descubrieron que esa fuerza es la energía del
alineamiento

el resplandor de la conciencia aumenta de tamaño e intensidad conforme las emanaciones interiores del
capullo se alínean con las emanaciones en grande. Al igual que hicieron con el acecho, usaron esa
observación como trampolín, y siguieron adelante, desarrollando una compleja serie de técnicas para
manejar ese alineamiento

lo que estaba involucrado era mucho más que el alineamiento, era la energía que surge del alineamiento
de emanaciones. A esa energía la llamaron voluntad

La voluntad es responsable de nuestra percepción del mundo cotidiano, e indirectamente, a través de la


fuerza de esa percepción, es responsable de la localiza-ción del punto de encaje en su posición
acostumbrada

Vieron que el alineamiento es renovado incesantemente para conferirle así continuidad a la percepción.
Para renovar cada vez el alineamiento con el frescor que necesita para crear un mundo vivo, la
descarga de energía que procede de esos mismos alineamientos se redirige automáticamente para
reforzar algunos alineamientos selectos

La llamaron intento y la describieron como guiar la voluntad, o guiar intencionalmente la energía del
alineamiento
bajo las condiciones prevalecientes de vida, el acecho sólo movía mínimamente los puntos de encaje.
Para lograr el máximo efecto, el acecho necesitaba de un medio ambiente ideal; necesitaba pinches
tiranos en posiciones de gran autoridad y poder

Al tratar de ver las emanaciones se enfrentaron con un serio problema. Se dieron cuenta de que no hay
manera de verlas sin correr un riesgo mortal, y sin embargo tenían que verlas. Esa fue la época en la
que usaron la técnica de ensueño de los antiguos videntes como un escudo para protegerse del golpe
mortal de las emanaciones del Águila. Y, al hacerlo, encontraron que el ensueño en sí era la manera
más efectiva de mover el punto de encaje

ensoñar es muy peligroso y los ensoñadores muy vulnerables -dijo-. Es peligroso porque la fuerza del
alineamiento es inconcebible; y los ensoñadores son vulnerables porque el ensueño los deja a merced
de esa fuerza

en nuestro estado de conciencia normal tenemos incontables defensas que pueden protegernos de la
fuerza de las emanaciones que nunca son usadas y que repentinamente se alinean en el ensueño

los videntes, antiguos y nuevos, entendían el ensueño como el control del leve movimiento natural que
experimenta el punto de encaje durante el sueno

el movimiento del punto de encaje al interior del lado izquierdo es lo que produce los sueños. Mientras
más profundo es el movimiento, más vívido y extraño es el sueño

todos los ejercicios que me hizo cumplir, como el encontrar mis manos en mis sueños, no estaban
planeados para entrenarme a dirigir mis sueños. Esos ejercicios estaban diseñados para mantener mi
punto de encaje fijo en el lugar al que se había movido en mi sueño. Añadió que ahí era donde los
ensoñadores tenían que lograr un equilibrio sutil

-Dondequiera que se mueva el punto de encaje en los sueños se llama posición de ensueño

podían despertar mientras sus puntos de encaje seguían anclados allí

llamaron cuerpo de ensueño a ese estado, porque lo controlaban al grado de crear un nuevo cuerpo
provisional cada vez que despertaban en una nueva posición de ensueño.

Al ensoñar realmente no hay manera de dirigir el movimiento del punto de encaje; lo único que afecta a
ese movimiento es la fuerza o la debilidad interna de los ensoñadores. Y ahí tenemos al primer peligro
inminente

Puesto que no les quedaba otra opción más que usarlo, para contrarrestar el atroz efecto del ensueño los
nuevos videntes desarrollaron un magnifico sistema de comportamiento llamado el camino o la senda
del guerrero.
Con ese sistema, los nuevos videntes se fortificaron y adquirieron la fuerza interna que necesitaban
para guiar en sueños el movimiento del punto de encaje. Don Juan subrayó que la fuerza de la que
hablaba no era solamente la convicción. Nadie podría tener convicciones más fuertes que los antiguos
videntes, y sin embargo eran débiles. Tener fuerza interna significaba poseer un sentido de
ecuanimidad, casi de indiferencia, un sentimiento de sosiego, de holgura. Pero sobre todo, significaba
tener una inclinación natural y profunda por el examen, por la comprensión. Los nuevos videntes
llamaron sobriedad a todos estos rasgos del carácter.

una vida de impecabilidad lleva de por sí, inevitablemente, a un sentido de sobriedad, y eso a su vez
hace moverse al punto de encaje

los hombres impecables no necesitan que alguien los guíe, que por sí solos, mediante el ahorro de su
energía pueden hacer todo lo que hacen los videntes

Todo lo que se requiere es impecabilidad, eso es energía. Todo comienza con un solo acto que tiene
que ser premeditado, preciso y continuo. Si ese acto se lleva a cabo por un periodo de tiempo largo uno
adquiere un sentido de intento inflexible que puede aplicarse a cualquier cosa. Si se logra ese intento
inflexible el camino queda despejado. Una cosa llevará a otra hasta que el guerrero emplea todo su
potencial

grandes grupos de los antiguos brujos toltecas jamás regresaron después de despertar en una posición
de ensueño de su preferencia. Dijo que era muy posible que todos murieron en esos mundos
inconcebibles, pero que también era posible que aún siguiesen vivos, en sabe Dios qué desfiguradas
formas o maneras

él vio moverse a mi punto de encaje, primero hacia su sitio normal para compensar mi susto, y luego lo
vio moverse a las profundidades del lado izquierdo, más allá del punto en el que no hay más dudas.

-En esa posición sólo hay una cosa que uno pueda ver: burbujas de energía -prosiguió-. Pero de la
conciencia acrecentada a ese otro punto en la profundidad del lado izquierdo sólo hay un corto trecho.
La verdadera hazaña es hacer que el punto de encaje se mueva, de su sitio normal, al punto donde no
hay más dudas

Don Juan delineó el procedimiento usado por los nuevos videntes para lograr el cuerpo de ensueño.
Dijo que comienza con un acto inicial, cualquier acto que por el hecho de ser continuo engendra intento
inflexible. El intento inflexible lleva al silencio interno, y el silencio interno a la fuerza interna
necesaria para mover al punto de encaje en sueños a posiciones convenientes.

Llamó a este orden de sucesión el cimiento. Una vez completado este cimiento viene el desarrollo del
control, que consiste en mantener sistemáticamente la posición de ensueño aferrándose tenazmente a la
visión del sueño. La práctica constante resulta en una gran facilidad para sostener posiciones de
ensueño en nuevos sueños, no tanto porque gane uno control con la práctica, sino porque cada vez que
se ejercita este control se fortifica la fuerza interna. A su vez, la fuerza interna fortificada mueve el
punto de encaje a posiciones de ensueño, que pueden fomentar la sobriedad; en otras palabras, los
sueños sé vuelven, de por sí, más y más maniobra-bles, incluso más ordenados

el ensueño utiliza un movimiento natural del punto de encaje, no deberíamos necesitar ayuda de nadie.

"Lo que verdaderamente necesitamos es sobriedad, y nada puede dárnosla, ni ayudarnos a obtenerla,
salvo nosotros mismos. Sin ella, el movimiento del punto de encaje, es caótico, como son caóticos
nuestros sueños ordinarios

el procedimiento para llegar al cuerpo de ensueño es la impecabilidad en nuestra vida diaria

el siguiente paso consiste en despertarse en una posición de ensueño. Comentó que, aunque da la
impresión de ser algo sencillo, la maniobra era en verdad un asunto de tan inmensa complejidad que
requiere no sólo de sobriedad sino de todos los atributos del guerrero, especialmente de intento

la maestría del intento era la técnica más sofisticada que existía, y que era la única manera de dirigir la
fuerza del alineamiento. Despertar en una posición de ensueño era sencillamente sostener el
alineamiento de emanaciones que han sido encendidas por el movi-miento del punto de encaje

el segundo peligro eminente del ensoñar era la fortaleza misma del cuerpo de ensueño que incita al
ensoñador a correr riesgos. Por ejemplo, es muy fácil para el cuerpo de ensueño contemplar las
emanaciones del Águila durante largos periodos de tiempo, ininterrumpidamente, pero también es muy
fácil que sea totalmente consumido por ellas. Los videntes que contemplaron las emanaciones del
Águila sin sus cuerpos de ensueño murieron, y aquéllos que las contemplaron con sus cuerpos de
ensueño fueron consumidos por el fuego interior. Los nuevos videntes resolvieron el problema viendo
en grupos. Mientras un vidente contemplaba las emanaciones, otros permanecían cerca para prestar
ayuda

Nosotros continuamente ajustamos la posición de nuestros puntos de encaje para cuadrar con la de los
que nos rodean. En nuestra percepción ordinaria lo hacemos con el lado derecho de la conciencia, pero
también lo podemos hacer con el lado izquierdo, al ensoñar

"En todo caso, el trabajo de realinear todas esas emanaciones prepara el camino para la peculiar
maniobra de encender todas las emanaciones interiores del capullo. Ya casi he logrado eso. Estoy a
punto de alcanzar mi máximo. Puesto que yo soy el nagual, cuando finalmente encienda todas las
emanaciones interiores de mi capullo desapareceremos todos en un instante

No les des mucha importancia a las comprensiones emocionales. Primero deja que tu punto de encaje
se mueva, y luego, años más tarde, ten la comprensión emocional

la dificultad para recordar lo que ocurre en la conciencia acrecentada se debe a la infinidad de


posiciones que puede adoptar el punto de encaje después de ser sacado de su sitio habitual. Por otra
parte, la facilidad para recordar todo lo que ocurre en la conciencia normal tiene que ver con la fijeza
del punto de encaje en el sitio en el que acostumbradamente se localiza
"Este es en verdad el misterio del estar consciente de ser. Los seres humanos están empapados en ese
misterio, estamos empapados en las tinieblas, en lo inexplicable

no deshonres el misterio del hombre sintiendo lástima por ti mismo o tratando de razonar ese misterio.
Degrada a lo disparatado del hombre comprendiéndolo. Pero no pidas disculpas ni por una ni por otra
cosa; ambas son necesarias

Una de las de las maniobras de los acechadores es poner el misterio y los disparates frente a frente en
cada uno de nosotros.

as prácticas de acecho no son algo que uno pueda disfrutar abiertamente; son en verdad prácticas
censurables, hasta ofensivas. Los nuevos videntes se dieron cuenta muy rápido que no es recomendable
discutir o practicar los principios del acecho en la conciencia normal.

-Al nagual Julián nadie le importaba un pepino -continuó-. Por eso podía ayudar a la gente. Y lo hizo;
les daba todo lo que tenía y aún lo que no tenía, porque dar o no dar le importaban un cacahuete

si hubiera sido un hombre al que le importaran sus semejantes, hubiera exigido que lo honraran. Los
que se preocupan por los demás se preocupan por sí mismos y exigen que se reconozcan los méritos de
quien lo merezca

-Me importan tanto mis semejantes -prosiguió-, que no hago nada por ellos. No sabría qué hacer. Y si
hiciera algo, siempre tendría la irritante sensación de estarles imponiendo mi voluntad con mis regalos

Cualquier guerrero puede tener tanto éxito con la gente, como lo tuvo el nagual Julián, siempre y
cuando mueva su punto de encaje a una posición en la que no tienen ninguna importancia si la gente lo
quiere o no lo quiere o si lo ignoran. Pero eso no es lo mismo

hay dos métodos de enseñanza. Él los conocía bien a ambos. Prefería el método que explica todo y deja
que la otra persona conozca de antemano el curso de la acción. Era el sistema que fomenta la libertad,
la selección de alternativas y la compresión. Por otra parte, el método de su benefactor era más
coercitivo y no permitía ni la selección de alternativas ni el entendimiento. Su gran ventaja era que
obligaba a los guerreros a vivir directamente los conceptos de los videntes, sin ninguna elucidación
intermediaria

Dijo que si el punto de encaje es movido de su sitio acostumbrado mediante el método de explicarlo
todo, como en mi caso, siempre se requiere de otra persona no sólo para ayudar a desplazar el punto de
encaje, sino también para dar las explicaciones de lo que está ocurriendo. Pero si el punto de encaje es
movido mediante el método de los acechadores, como en su propio caso, o el de Genaro, sólo se
requiere del acto catalizador inicial que, de un tirón, saca al punto de donde normalmente está
localizado
un susto tan intenso era ideal para desplazar su punto de encaje

-Hacer mover al punto de encaje -dijo don Juan-, es la culminación de lo que busca el guerrero. De ahí
en adelante es otra búsqueda; es la búsqueda del vidente propiamente dicha

Obtener la total cooperación y participación de alguien es probablemente el más importante resultado


del método de los acechadores

la posición del punto de encaje dicta cómo nos comportamos y cómo nos sentimos

la forma de mover ese punto es establecer nuevos hábitos, moverlo con el intento

todos los entendimientos son de dos tipos. Uno es simplemente exhortaciones que uno se da a sí
mismo, grandes arranques de emoción y nada más. El otro es el producto de un movimiento del punto
de encaje; no va unido a arranques emocionales sino a la acción. Los entendimientos emocionales
vienen años después, cuando los guerreros, mediante el uso, han solidificado la nueva posición de sus
puntos de encaje

-El poder del nagual Julián era tan impecable -continuó don Juan-, que podía obligar al punto de encaje
de cualquiera a moverse y a alinear emanaciones que le harían ver lo que el nagual quisiera

la conciencia orgánica no es la única conciencia presente en la tierra, también descubrieron que la tierra
misma es un ser viviente

-Los antiguos videntes vieron que la Tierra tiene un capullo -prosiguió-. Vieron que hay una pelota que
contiene a la tierra, un capullo luminoso que encierra a las emanaciones del Águila. La tierra es un
gigantesco ser consciente sujeto a las mismas fuerzas que nosotros

-Un nagual jamás le deja saber a nadie que él controla todo -me dijo-. Un nagual va y viene sin dejar
huella. Esa libertad es lo que lo hace nagual

cuando el punto de encaje del hombre se mueve más allá de cierto límite crucial, los resultados son
siempre los mismos para todos los hombres. Las técnicas para moverlo pueden ser tan diferentes como
sea posible, pero los resultados son siempre los mismos. En este caso, el punto de encaje de cualquier
hombre alinea los mismos mundos ayudado por el levantón de la tierra

Para el hombre común la dificultad es el diálogo interno. Uno solamente puede usar ese levantón
habiendo alcanzado un estado de silencio total

Para poder resistir el impacto de esa fuerza de la tierra debes ser mejor de lo que eres ahorita.

-La velocidad de ese levantón disuelve todo lo que nos rodea -dijo don Juan-. Bajo su impacto nos
convertimos en nada. La velocidad excesiva y el sentido de la existencia individual no van de la mano.
la suprema conciencia de la tierra es lo que hace posible que cambiemos a otras grandes bandas de
emanaciones

el alineamiento constituye el pasadizo secreto, y la llave es el levantón de la tierra

El alineamiento tiene que ser un acto muy pacífico e imperceptible. Nada de salir volando, nada de
escándalo

la sobriedad necesaria para que el punto de encaje alineara otros mundos es algo que no puede
improvisarse. La sobriedad tiene que madurar y convertirse en una fuerza en si misma antes de que los
guerreros puedan romper la barrera de la percepción

Cuando el punto de encaje alínea un mundo, ese mundo es total. Esta es la maravilla con la que se
toparon los antiguos videntes sin jamás darse cuenta de lo que era: la conciencia de la tierra puede
darnos un levantón para alinear otras grandes bandas de emanaciones, y la fuerza de ese nuevo
alineamiento hace desaparecer al mundo que conocemos

Nunca supieron que el mundo desaparece como un soplo de aire cuando un nuevo alineamiento total
nos hace percibir otro mundo total

el alineamiento es una fuerza única porque o ayuda al punto de encaje a moverse, o lo mantiene pegado
a su posición acostumbrada. Dijo que el aspecto del alineamiento que mantiene estacionario al punto de
encaje es la voluntad, y el aspecto que lo hace moverse es el intento. Comentó que uno de los misterios
más profundos es la manera en que la voluntad, la fuerza impersonal del alineamiento se transforma en
intento, la fuerza personalizada, que está al servicio de cada individuo

-Lo más extraño de este misterio es que el movimiento es tan fácil de lograr -prosiguió-. Pero lo que no
es tan fácil es convencernos de que es posible. Ahí, precisamente ahí está nuestro mecanismo de
seguridad. Tenemos que ser convencidos. Y ninguno de nosotros quiere dejarse convencer

los guerreros jamás deben tratar de ver sin la ayuda del ensueño. Yo alegué que dormirme en público
no era algo que yo considerara placentero. Aclaró que el mover al punto de encaje de su posición
natural y mantenerlo fijo en un nuevo sitio es estar dormido; con la práctica, los videntes aprenden a
estar dormidos y sin embargo se comportan como si nada les ocurriese

para poder ver el capullo del hombre, uno tiene que contemplar a la gente mientras se alejan de uno.
Resulta inútil contemplar a la gente cara a cara, porque el frente de capullo ovoide del hombre tiene un
escudo protector que los videntes llaman la placa frontal. Es un escudo casi inexpugnable, inflexible,
que a todo lo largo de nuestras vidas nos protege contra los embates de una fuerza peculiar que surge
de las emanaciones mismas

no me sorprendiera si el cuerpo se me ponía tieso, como si estuviera congelado, y que me iba a sentir
casi como una persona que mira la calle por la ventana, parado a la mitad de un cuarto. Me advirtió que
la velocidad resultaba de fundamental importancia, ya que la gente iba a cruzar la ventana de mi ver
extremadamente rápido

mis ojos eran capaces de disminuir la velocidad de todo lo que enfocaban

-¿Qué es exactamente la tumbadora? -pregunté.

-Es una fuerza de las emanaciones del Águila -dijo-. Una fuerza ininterrumpida, que nos golpea a cada
instante de nuestras vidas. Cuando se la ve es mortal, pero como no la vemos la ignoramos en nuestra
vida ordinaria, porque tenemos escudos protectores. Por ejemplo, estamos permanentemente
preocupados con lo que nos pertenece, con nuestra posición frente a otros. Estos escudos no nos
protegen de los golpes de la tumbadora, simplemente nos impiden verla directamente, de esta manera
nos evitan ser heridos por el susto de ver que las bolas de fuego nos golpean. Los escudos son una gran
ayuda y un gran estorbo para nosotros. Nos pacifican y a la vez nos engañan. Nos dan una falsa
sensación de seguridad

los videntes describen la forma humana como la fuerza apremiante del alineamiento de las
emanaciones, encendidas por él resplandor de la conciencia, en el sitio preciso en el que se encuentra
normalmente el punto de encaje. Es la fuerza que nos convierte en personas.

Debido a sus actividades, en un momento dado, los puntos de encaje de los guerreros se desplazan
hacia la izquierda. Es un desplazamiento permanente, que resulta en un excepcional sentido de
indiferencia, de control o incluso de abandono. Ese desplazamiento implica un nuevo alineamiento de
emanaciones, y es el principio de una serie de cambios mayores. De manera muy apropiada, los
videntes llaman a este cambio inicial perder la forma humana, porque el movimiento inexorable del
punto de encaje, que se aleja de su posición original, resulta en la pérdida irreversible de nuestra
afiliación a la fuerza que nos hace personas

esas bolas de fuego son de crucial importancia para los seres humanos porque son la expresión de una
fuerza que tiene que ver con todos los detalles de la vida y de la muerte, algo que los nuevos videntes
llaman la fuerza rodante

-La fuerza rodante es el medio a través del cual el Águila distribuye vida y conciencia -dijo-. Pero
también es la fuerza que, digamos, cobra la renta. Hace morir a todos los seres vivientes. Lo que viste
hoy era llamado la tumbadora por los antiguos videntes

Los seres orgánicos luminosos son golpeados sin tregua por la fuerza rodante, hasta el día en el que los
golpes resultan ser demasiado para ellos y los hacen finalmente desplomarse. Los antiguos videntes
quedaron boquiabiertos al ver entonces cómo la fuerza rodante los tumba al pico del Águila para ser
devorados. Por esa razón llamaban a esa fuerza la tumbadora

para abrirse uno a la fuerza rodante lo único que se necesita es mover el punto de encaje. El peligro es
mínimo si la fuerza es vista de manera intencional. Pero es extremadamente peligroso si es un
movimiento involuntario del punto de encaje que se deba quizás a la fatiga física, al agotamiento
emocional, a la enfermedad, o simplemente a una crisis menor, como estar asustado o estar ebrio.

-Cuando el punto de encaje se mueve involuntariamente, la fuerza rodante raja el capullo -prosiguió-.
Te he hablado muchas veces de la abertura que tiene el hombre debajo del ombligo. No queda
realmente debajo del ombligo en sí, sino en el capullo, a la altura del ombligo. La abertura es más
como una hendidura, un defecto natural en el liso capullo. Es allí adonde nos golpea incesantemente la
tumbadora y donde se raja el capullo.

Explicó que si es leve el movimiento del punto de encaje, la rajadura es muy pequeña, el capullo se
repara a sí mismo rápidamente, y la gente experimenta lo que todos percibimos en alguna ocasión:
manchas de color y formas distorsionadas, que siguen ahí aunque tengamos los ojos cerrados

Si el movimiento es considerable, la rajadura también resulta extensa, y le lleva tiempo al capullo


repararse, como ocurre en el caso de guerreros que intencionalmente usan plantas de poder para
provocar ese movimiento o personas que usan drogas e inadvertidamente hacen lo mismo. En estos
casos los hombres se sienten adormecidos y fríos; se les dificulta hablar o pensar; es como si los
hubieran congelado por dentro.

Don Juan dijo que cuando el punto de encaje se mueve drásticamente debido a los efectos de un trauma
o de una enfermedad mortal, la fuerza rodante produce una rajadura a todo lo largo del capullo; el
capullo se desploma, se arrolla sobre sí mismo, y el individuo muere

La abertura del humano es una depresión, como plato hondo, del tamaño de un puño, una configuración
muy frágil y vulnerable

Al familiarizarse con la fuerza rodante a través de la maestría del intento, en cierto momento, los
nuevos videntes abren sus capullos y la fuerza los inunda en vez de enroscarlos como una cochinilla de
humedad. El resultado final es su desintegración total e instantánea

-Es un error aislar cualquier cosa para verla. Al principio, los nuevos videntes hicieron exactamente lo
opuesto de sus predecesores. Enfocaron con igual atención el otro lado de la tumbadora. Y lo que les
pasó fue tan terrible como lo que le pasó a los antiguos videntes, o aún peor. Tuvieron muertes
estúpidas, al igual que el hombre común y corriente. No tenían ni el misterio ni la malevolencia de los
antiguos videntes, pero tampoco tenían la sed de la libertad de los videntes de hoy

resultaba inadmisible para los nuevos videntes de hoy en día quedarse desamparados después de una
vida de disciplina y trabajo, al igual que aquéllos que nunca tuvieron propósito en sus vidas

El aspecto tumbador se relaciona exclusivamente con la destrucción y la muerte. Por otra parte, el
aspecto circular es lo que mantiene la vida, la conciencia, la realización y el propósito
al igual que la fuerza tumbadora, la fuerza circular golpea ininterrumpidamente a todos los seres
vivientes, pero con un propósito diferente. Los golpea para darles fuerza, dirección, conciencia; los
golpea para darles vida

en cada ser viviente el equilibrio de las dos fuerzas es muy delicado -continuó-. Si en cualquier
momento dado un individuo siente que la fuerza tumbadora lo golpea con mayor fuerza que la circular,
eso significa que el equilibrio está roto; a partir de entonces la fuerza tumbadora golpea más y más
duro, hasta que rompe la abertura del ser viviente y lo hace morir

mientras el hombre tenga capullo no hay manera de aspirar a la inmortalidad

los temibles antiguos videntes tenían la ventaja de su concentración y disciplina para alinear otros
mundos; y de hecho, alinearon mundos donde se puede evitar la muerte

-Los videntes observaron a sus aliados -dijo-, y viendo que eran seres vivientes con una resistencia a la
fuerza rodante mucho más grande que la nuestra, se ajustaron al molde de sus aliados

sólo los seres orgánicos tienen una abertura que parece un tazón

Por otra parte, los aliados, que sólo tienen una línea por abertura, le presentan una superficie tan
pequeña a la fuerza rodante que resultan ser prácticamente inmortales

para poder obtener energía de la tierra, los antiguos videntes solían enterrarse durante periodos,
dependiendo de la importancia de lo que querían lograr. Mientras más difícil su objetivo, más largo el
periodo de entierro

también descubrieron que si permanecían sepultados, sus puntos de encaje alineaban emanaciones que
de ordinario eran inaccesibles, y que un alineamiento tal empleaba la extraña e inexplicable capacidad
de la tierra para desviar los golpes incesantes de la fuerza rodante. En consecuencia, desarrollaron las
más asombrosas y complejas técnicas, para sepultarse por periodos extremadamente largos, sin daño
alguno. En su lucha contra la muerte, aprendieron a alargar esos periodos hasta abarcar milenios

me susurró al oído que no me preocupara de los procedimientos porque, en realidad, la mayoría de las
cosas verdaderamente extrañas que le pasan a los videntes, o aún al hombre común, ocurren de por sí,
con la sola intervención del intento

los guerreros viven con la muerte al lado, y de saber que la muerte está con ellos extraen el valor para
enfrentar cualquier cosa. Don Juan había dicho que lo peor que podía pasarnos es que tenemos que
morir, y puesto que ése ya es nuestro inalterable destino estamos libres; aquéllos que han perdido todo
ya no tienen nada qué temer

Dijo que los aliados no pueden empujar en absoluto, pero que sí podían asustarme y hacerme caer al
suelo. Una vez en el suelo, los aliados sí podían aprisionar a cualquiera.
El llevar los sentimientos de mi estado de conciencia cotidiano al mundo que había alineado era en
verdad una farsa, porque el miedo sólo prevalece entre las emanaciones de la vida diaria

Lo único que consideraba reprensible era que yo me entregara a mi miedo, especialmente después de
darme cuenta de que un guerrero no tiene nada qué temer

Cuando desaparece el miedo, todos los lazos que nos atan se disuelven -dijo-. Un aliado te agarraba el
pie porque lo atrajo tu terror primitivo.

nada más podría darle al punto de encaje el empujón que le da la tumbadora

Explicó que el levantón de la tierra es la fuerza del alineamiento Únicamente de las emanaciones
ambarinas. Es un empujón que aumenta la conciencia de ser a grados imposibles de describir. Para los
nuevos videntes es una descarga de conciencia ilimitada, que llaman la libertad total.

Dijo que, por otra parte, el empujón de la tumbadora es la fuerza de la muerte. Bajo el impacto de ella,
el punto de encaje se mueve a posiciones nuevas, impredecibles. Por eso, en sus viajes, los antiguos
videntes siempre andaban solos, aunque la empresa a la que estaban dedicados era siempre comunal.
En sus viajes, la compañía de otros videntes era fortuita y generalmente significaba una lucha por la
supremacía

¿Te aventurarías tú en lo desconocido por codicia? De ninguna manera. La codicia sólo funciona en el
mundo de los asuntos cotidianos. Para aventurarse en esa aterradora soledad uno debe tener algo
superior a la codicia. Amor, uno necesita amor a la vida, a la intriga, al misterio. Uno necesita de
curiosidad insaciable y de una montaña de agallas. Así que no me salgas con estas tonterías de que te
hacen sentir nauseabundo. Yo que tú, estaría rojo de vergüenza

técnicamente, en cuanto se mueve el punto de encaje, estamos dormidos. Me preguntaba, por ejemplo,
si desde el punto de vista de un espectador yo estaba dormido, así como yo había visto dormido a
Genaro

-Estás absolutamente dormido sin tener que estar acostado -contestó-. Si te vieran ahora personas que
están en la conciencia normal, les parecería que estás un poco mareado, incluso borracho

durante el sueño normal, el movimiento del punto de encaje ocurre a lo largo de cualquier borde de la
banda del hombre. Esos cambios siempre van unidos al sueño. Los cambios que se inducen mediante la
práctica ocurren a lo largo de la sección media de la banda del hombre y no van aparejados con el
sueño, aunque el ensoñador duerme

un cuerpo de ensueño tan impersonal es más conducente al entendimiento y a la examinación, que son
la base de todo lo que hacen los nuevos videntes. El cuerpo de ensueño intensamente humanizado de
los antiguos videntes los llevó a buscar respuestas que eran igualmente personales, humanizadas
los desafiantes de la muerte llegaron al grado de adormecer todas las emanaciones interiores de sus
capullos, salvo aquellas que correspondían a las emanaciones de los aliados. De esta forma, pudieron
imitar a los aliados

Sin embargo, ninguno de esos videntes fue capaz de regresarlo a su posición cotidiana para actuar con
la gente

Dijo que la energía encerrada en nosotros, en las emanaciones adormecidas, tiene una fuerza tremenda
y un alcance incalculable. Sólo podemos apreciar vagamente el alcance de esa tremenda fuerza, si
consideramos que la energía requerida para percibir y actuar en el mundo cotidiano es producto del
alineamiento de ni siquiera la décima parte de las emanaciones encerradas en el capullo del hombre.

-Lo que ocurre en el momento de la muerte es que toda esa energía es liberada a la vez -continuó-. En
ese momento los seres humanos se ven inundados por la fuerza más inconcebible. No es la fuerza
rodante que ha roto sus aberturas, porque esa fuerza jamás penetra al interior de capullo; sólo lo hace
desplomarse. Lo que los inunda es la fuerza de todas las emanaciones que repentinamente quedan
alineadas después de estar adormecidas durante toda una vida. No hay otra salida para una fuerza tan
gigante, sino escapar a través de la abertura rota. Esa es la muerte

Al alinear un espectro limitado y muy específico de las emanaciones adormecidas, el antiguo vidente
tenía acceso a una descarga limitada pero gigantesca.

-¿Cómo cree usted que saca esa energía? -pregunté.

-Rompiendo la abertura del nagual -contestó-. Mueve el punto de encaje del nagual hasta que la
abertura se abre un poco. Cuando la energía de esas emanaciones recientemente alineadas es liberada a
través de esa abertura, la toma a través de su propia abertura

-¿Por qué está haciendo todo eso ese antiguo vidente? -pregunté.

-Mi opinión es que está atrapado en un círculo que no puede romper -contestó-. Nosotros llegamos a un
acuerdo con él. Hace lo mejor que puede por respetarlo, y nosotros también. No podemos juzgarlo,
pero tenemos que saber que su camino no lleva a la libertad. Él lo sabe, y también sabe que no puede
cambiarlo; está atrapado en una situación de su propia hechura. Lo único que puede hacer es prolongar
lo más que pueda su vida y conciencia de hombre y aliado

al moverse el punto de encaje y al alcanzar cierta profundidad, rompe una barrera e interrumpe
momentáneamente su capacidad para alinear emanaciones. Experimentamos esa ruptura e interrupción
como un vacío perceptual. Ese momento era llamado la pared de niebla por los antiguos videntes,
porque aparece un banco de niebla cada vez que el alineamiento de emanaciones da un traspié.

Dijo que hay tres maneras de tratar con esto. Se lo puede considerar de manera abstracta, como una
barrera de percepción; se lo puede sentir como el acto de romper con el cuerpo entero un apretado
tambor de papel; o se lo puede ver como una pared de niebla.
Los ejercicios de alinear emanaciones no usadas normalmente le permitían al punto de encaje ganar
experiencia en moverse. Lo que si debería preocuparme era cómo podría yo, por mí mismo, darme el
empujón inicial para desalojar mi punto de encaje de su posición acostumbrada. Recalcó entonces que
el alineamiento era la fuerza que tenía que ver con todo, por consiguiente, uno de sus aspectos, el
intento, era lo que hacía moverse al punto de encaje

Lo que le da el empujón al punto de encaje es la maestría de la conciencia. Después de todo, nosotros


los seres humanos, no somos en realidad gran cosa; en esencia, somos un punto de encaje fijo en cierta
posición. Si quieres moverlo toma en cuenta primero a nuestro enemigo y nuestro amigo a la vez,
nuestro diálogo interno, nuestro inventario. Apaga tu diálogo interno; haz tu inventario y después
deshazte de él. Los nuevos videntes hacen inventarios precisos y después se ríen de ellos. Sin el
inventario, el punto de encaje se libera

Si yo fuera a alinear otro mundo total con otra gran banda de emanaciones, tenía que dar un paso
obligatorio para poder soltar todas las amarras de mi punto de encaje.

-Ese paso consiste en ver el molde del hombre

-El molde del hombre es un enorme racimo de emanaciones en la gran banda de la vida orgánica -dijo-.
Se le llama el molde del hombre porque ese es el racimo que llena el interior del capullo del hombre.

"El molde del hombre es la porción de las emanaciones del Águila que los videntes pueden ver
directamente sin peligro alguno para ellos

-Romper la barrera de la percepción es la última tarea de la maestría de la conciencia -dijo-. Para poder
mover tu punto de encaje a esa posición, por tu cuenta, tienes que reunir mucha energía. Haz un viaje
de recuperación. ¡Recuerda lo que has hecho

-Pasará mucho tiempo antes de que puedas aplicar el principio de que tu comando es el comando del
Águila -dijo-. Esa es la esencia de la maestría del intento. Mientras tanto, da ahora mismo el comando
de no impacientarte, ni siquiera en los peores momentos de duda. Transcurrirá un lento proceso antes
de que ese comando sea escuchado y obedecido como si fuera un comando del Águila

hay una inmensurable área de conciencia entre la posición habitual del punto del encaje y la posición
en la que ya no existen dudas, que por cierto es el lugar en el que se presenta la barrera de la
percepción. En esa área inmensurable, los guerreros caen presa de todas las fechorías concebibles. Me
advirtió que tenía que estar alerta y no perder la confianza, en vista de mis acciones, porque, de manera
inevitable, me vería acosado en algún momento por un tenaz sentido de culpa y derrota

cuando la impaciencia, o la desesperación, o el enojo, o la tristeza cruza su camino -prosiguió-.


Recomiendan que los guerreros giren sus ojos. No importa en qué dirección; yo prefiero girar los míos
en el sentido de las manecillas del reloj.
"El movimiento de los ojos hace moverse o detenerse momentáneamente al punto de encaje. En ese
movimiento encontrarás alivio. Esto se hace en sustitución de la verdadera maestría del intento.

el vidente que penetra en lo desconocido para vislumbrar lo que no se puede conocer tiene que estar en
un estado de ser impecable

estar en un estado de ser impecable es estar libre de suposiciones racionales y temores racionales.
Agregó que tanto mis suposiciones como mis temores me impedían, en ese momento, realinear las
emanaciones que me harían recordar haber visto el molde del hombre. Me sugirió que girara mis ojos y
me repitió una y otra vez que era verdaderamente importante recordarlo todo antes de verlo de nuevo.
Y como el tiempo se le acababa no había cabida para mi lentitud acostumbrada

Me dio una explicación detallada de lo que era el molde del hombre. No habló de él en términos de las
emanaciones del Águila, sino en términos de un patrón de energía que sirve para imprimir las
cualidades de lo humano sobre una burbuja amorfa de materia biológica. Por lo menos así lo entendí
yo, especialmente después de que me lo explicó aún más a fondo usando una analogía mecánica. Dijo
que era como un gigantesco molde, un cuño que produce seres humanos uno por uno,
interminablemente, como si legaran a él sobre una banda continua de producción en masa. Hizo una
vívida mímica del proceso al unir con gran fuerza las palmas de sus manos, como si el cuño moldeara a
un ser humano cada vez que eran unidas sus dos mitades.

Dijo también que cada especie tiene su propio molde, y cada individuo de cada especie moldeado por
el proceso muestra características particulares de su propia especie.

Después empezó una elucidación extremadamente inquietante acerca del molde del hombre. Dijo que
tanto los antiguos videntes como los místicos de nuestro mundo tienen una cosa en común, han podido
ver el molde del hombre pero no entienden lo que es. A lo largo de los siglos, los místicos nos han
legado conmovedores relatos de sus experiencias. Pero, por muy hermosos que sean, estos relatos se
ven estropeados por el craso y desesperante error de pensar que el molde del hombre es un omnipotente
y omnisciente creador; los antiguos videntes estaban igualmente errados al creer que el molde del
hombre era un espíritu amistoso, un protector

Lo que han llegado a entender es que el molde del hombre no es un creador, sino el molde de todos los
atributos humanos que podamos concebir, y de algunos que ni siquiera podemos concebir. El molde es
nuestro Dios porque nos acuñó como lo que somos y no porque nos ha creado de la nada haciéndonos
en su imagen y semejanza. Don Juan dijo que, en su opinión, el caer de rodillas en presencia del molde
del hombre exhuda arrogancia y autocentrismo humano

tanto, vieron que lo que llamamos Dios es un prototipo estático de lo humano, sin poder alguno. El
molde del hombre no puede, bajo ninguna circunstancia, ayudarnos interviniendo a nuestro favor, ni
puede castigarnos por nuestras maleficencias, ni recompensarnos de ninguna manera. Somos
simplemente el producto de su sello, somos su impresión. El molde del hombre es exactamente lo que
dice su nombre, un cuño, una forma, una moldura que agrupa a un haz particular de elementos, de
fibras luminosas, que llamamos hombre
Dijo que tenía que ir más allá del molde, que el molde era simplemente una fase, un momento de
respiro que le brindaba paz y serenidad transitoria a aquéllos que viajan hacia lo desconocido, pero que
era estéril, estático. Era a la vez una imagen plana reflejada en un espejo y el espejo en sí. Y la imagen
era la imagen del hombre

llegó a entender que no hay manera de acelerar la comprensión, y que desalojar el punto de encaje no
es suficiente para comprender. Como el punto de encaje se mueve normalmente durante los sueños, a
veces a posiciones extraordinariamente distantes, siempre que experimentamos un cambio inducido
todos somos expertos en compensarlo de inmediato. De manera constante restablecemos nuestro
equilibrio y la actividad prosigue como si nada nos hubiera sucedido

lo que cuenta es el esfuerzo para fortalecer la estabilidad del punto de encaje en su nueva posición.
Consideraban que éste era el único procedimiento de enseñanza que valía la pena discutir. Y sabían que
es un largo proceso que tiene que llevarse a cabo poco a poco, a paso de tortuga

las plantas de poder sacuden al punto de encaje, alejándolo enormemente de su posición normal. En
principio, el efecto de las plantas de poder sobre el punto de encaje es muy parecido al efecto que
producen los sueños: los sueños lo mueven mínimamente, pero las plantas de poder logran moverlo en
una escala gigantesca. Un maestro usa los efectos desorientados de tal movimiento para reforzar la
noción de que la percepción del mundo jamás es final.

-Hay dos maneras de ver el molde del hombre -comenzó don Juan en cuanto nos sentamos-. Lo puedes
ver como un hombre o lo puedes ver como una luz. Eso depende del movimiento del punto de encaje.
Si el movimiento es lateral, el molde es un ser humano; si el movimiento ocurre en la sección media de
la banda del hombre, el molde es una luz

la posición en la que uno ve el molde del hombre es muy cercana a aquella en que aparecen el cuerpo
de ensueño y la barrera de la percepción. Esa era la razón por la que los nuevos videntes recomendaban
ver y comprender el molde del hombre

Para los guerreros existen dos posiciones tales. En una ya no tienen dudas porque lo saben todo. En la
otra, que es la con-ciencia normal, no tienen dudas porque no saben nada

En un abrir y cerrar de ojos, tu cuerpo de ensueño voló una increíble distancia. Y sin embargo la gran
distancia no es lo importante; la posición de ensueño lo es. Si tiene la suficiente fuerza para atraerte,
puedes ir hasta los confines de este mundo o más allá, al igual que los antiguos videntes. Muchos de
ellos desaparecieron de este mundo porque despertaron en una posición de ensueño más allá de los
límites de lo conocido

-¿Cómo se lleva a cabo un viaje así? -pregunté.

-No hay manera de saber cómo ocurre -dijo-. Una fuerte emoción, o un intento inflexible, o un gran
interés sirven como guía; después el punto de encaje queda poderosamente fijo en la posición de
ensueño, durante suficiente tiempo para arrastrar hasta allí a todas las emanaciones interiores del
capullo

todo lo que hemos aprendido a percibir en el mundo está inextricablemente ligado a la posición en que
se localiza el punto de encaje. Si el punto de encaje se mueve de esa posición, el mundo deja de ser lo
que es para nosotros

-La solidez del mundo no es el espejismo -prosiguió-, el espejismo es la fijeza del punto de encaje en
cualquier sitio. Cuando los videntes mueven sus puntos de encaje no confrontan una ilusión, enfrontan
otro mundo; ese mundo nuevo es tan real como el que ahora contemplamos, pero la nueva fijeza de sus
puntos de encaje en el nuevo sitio, que produce ese nuevo mundo, es un espejismo en igual medida en
que lo es la fijeza en el sitio cotidiano

una vez terminado su entrenamiento, la tarea que enfrentan los guerreros es una tarea de integración.
En el curso de su entrenamiento, los guerreros, y especialmente los hombres naguales se ven instados a
mover sus puntos de encaje a tantos sitios como sea posible. A medida que los recuerdan los integran
en un todo coherente

-La emoción de tener tiempo es igual a la emoción de no tenerlo -dijo-. Todo es lo mismo

-¿A quién le importa la tristeza? -dijo-. Piensa sólo en los misterios: el misterio es lo único que
importa. Somos seres vivientes; tememos que morir y renunciar a nuestra conciencia. Pero, si
pudiéramos cambiar tan sólo un matiz, un hilo de eso, ¡qué misterios deben aguardarnos! ¡Qué
misterios

Don Juan declaró que los guerreros terminaban su entrenamiento cuando eran capaces de romper la
barrera de la percepción, sin ayuda, partiendo de un estado normal de la conciencia. El nagual llevaba a
los guerreros a ese umbral, pero el éxito dependía del individuo. El nagual simplemente los ponía a
prueba, presionándolos de manera continua para que aprendieran a valerse de por sí.

Me pareció bastante posible que místicos y santos hubieran hecho este viaje del punto de encaje.
Habrían visto a Dios en el molde del hombre. Habrían visto el infierno en las dunas de azufre. Y
habrían visto la gloria del cielo en la luz diáfana

le pregunté acerca del mundo negro. Tenía vagos recuerdos de haberlo visto antes.

-Es el mundo más fácil de alinear -dijo-. Y de todo lo que has experimentado, el mundo negro es el
único que vale la pena tomar en cuenta

Los videntes que viajan al mundo negro sienten que han estado allí durante una eternidad, pero en
nuestro mundo eso resulta ser un instante.

-El mundo negro es un mundo espantoso, porque envejece al cuerpo -dijo con énfasis
Silvio Manuel era un caso totalmente diferente. El nagual Julián también lo hundió en lo desconocido,
pero Silvio Manuel alineó otro mundo con otra de las grandes bandas, un mundo que tampoco tiene las
emanaciones del tiempo pero que tiene el efecto opuesto sobre los videntes. Desapareció durante siete
años y sin embargo sintió que sé había ausentado sólo un momento

-Alinear otros mundos no es sólo cuestión de práctica, sino cuestión de intento -prosiguió-. Y tampoco
es meramente un ejercicio de andar rebotando de esos mundos, como si lo jalaran a uno con una liga.
Mira, un vidente tiene que ser osado. Una vez que rompe la barrera de la percepción, no tiene que
regresar al mismo lugar de donde partió en el mundo

el peligro de alinear otros mundos es que esos mundos son tan posesivos como el nuestro. La fuerza del
alineamiento es tal que una vez que el punto de encaje se aleja de su posición normal, queda fijo en
otras posiciones, aprisionado por otros alineamientos. Y los guerreros corren el riesgo de quedarse
varados en una soledad sin límites

romper la barrera de la percepción es la culminación de todo lo que hacen los guerreros. Desde el
momento en que queda rota esa barrera, el hombre y su destino adquieren un significado diferente.
Debido a la trascendental importancia de romper esa barrera, los nuevos videntes usan el acto de
romperla como prueba final. La prueba consiste en saltar de la cima de una montaña a un abismo,
estando en la conciencia normal. Si el guerrero que salta al abismo no borra el mundo cotidiano y
alínea otro antes de tocar el fondo, morirá

Saben que cuando el fuego interno los consuma, de alguna manera retendrán la sensación de ser ellos
mismos

"Los antiguos videntes solían decir que si los guerreros iban a tener un diálogo interno, debían sostener
el diálogo apropiado. Para los antiguos videntes eso significaba un diálogo acerca de la brujería y del
engrandecimiento de la importancia personal. Para los nuevos videntes no significa diálogo, sino el
manejo desinteresado del intento, a través de comandos cuerdos

el manejo del intento empieza con un comando dado a uno mismo; el comando se repite hasta que se
convierte en el comando del Águila, y luego, el punto de encaje se mueve en cuanto los guerreros
alcanzan el silencio interior

Saber que eso es posible permitió a los antiguos videntes mover sus puntos de encaje a increíbles
posiciones de ensueño en el desconocido inconmensurable; para los nuevos videntes significa negarse a
ser alimento, significa escapar del Águila, moviendo sus puntos de encaje a una muy peculiar posición
de ensueño llamada libertad total

los nuevos videntes comprendieron la inutilidad de todo lo que los antiguos videntes hicieron; la
inutilidad de luchar por controlar a sus semejantes, la inutilidad de alinear otros mundos y, sobre todo,
la inutilidad de la importancia personal
una de las decisiones más afortunadas de los nuevos videntes fue el nunca permitir que sus puntos de
encaje se movieran de manera permanente a cualquier posición que no sea la conciencia acrecentada.
Desde esa posición, resolvieron de hecho el dilema de la inutilidad y se dieron cuenta de que la
solución no consiste en escoger un mundo alternativo en el cual morir, sino en elegir la conciencia
total, la libertad total

sin saberlo, al elegir la libertad total, los nuevos videntes prosiguieron la tradición de sus predecesores
y se convirtieron en la quintaesencia de los desafiantes de la muerte

los nuevos videntes descubrieron que si se mueve constantemente el punto de encaje, hasta los confines
de lo desconocido, pero se le hace regresar a una posición en el límite de lo conocido, cuando se le
libera repentinamente se mueve como un rayo a todo lo ancho del capullo del hombre, alineado de
golpe a todas las emanaciones interiores.

-Los nuevos videntes se consumen con la fuerza del alineamiento -prosiguió don Juan-, con la fuerza
de la voluntad, que han convertido en la fuerza del intento mediante una vida de impecabilidad. El
intento es el alineamiento de todas las emanaciones ambarinas de la conciencia, así que resulta correcto
decir que la libertad total significa conciencia total

La libertad es el don del Águila al hombre. Desgraciadamente, muy pocos hombres entienden que, para
poder aceptar tan magnífico don lo único que necesitamos es tener suficiente energía.

"Y si eso es todo lo que necesitamos, entonces, a como dé lugar, tenemos que ser avaros con nuestra
energía.
Extractos de El Conocimiento Silencioso

El aprender a manejar de manera inteligente el mundo de la vida cotidiana, nos toma años de
adiestramiento. Nuestra preparación, ya sea en el razonamiento mundano o en temas especializados, es
muy rigurosa, porque el conocimiento que se nos trata de impartir es muy complejo. Idéntico criterio
puede aplicarse al mundo de los brujos; sus métodos de enseñanza, los cuales dependen de la
instrucción oral y de la manipulación de la conciencia de ser, aunque diferentes de los nuestros, son
igualmente rigurosos, puesto que su conocimiento es tan, o hasta quizás más, complejo que el nuestro.

-La brujería es el uso especializado de la energía

-Los seres humanos nacen con una cantidad limitada de energía -prosiguió don Juan- una energía que a
partir del momento de nacer es sistemáticamente desplegada y utilizada por la modalidad de la época,
de la manera más ventajosa

La época determina el modo de percibir; determina cuál conjunto de campos de energía, en particular,
de entre un número incalculable de ellos, será percibido. Manejar la modalidad de la época, ese selecto
conjunto de campos de energía, absorbe toda nuestra fuerza, dejándonos sin nada que pueda ayudarnos
a percibir otros campos de energía, otros mundos

La brujería es un estado de conciencia. La brujería es la habilidad de percibir lo que la percepción


común no puede captar

no necesitamos que nadie nos enseñe brujería


necesitamos es un maestro que nos convenza de que existe un poder incalculable al alcance de la mano.
¡Una verdadera paradoja

convencerte de que puedes alcanzar ese poder

Una vez que lo alcanzamos, el poder mismo hará uso de esos inaccesibles campos de energía

hay una fuerza inmensurable e indescriptible que los brujos llaman intento y que absolutamente todo
cuanto existe en el cosmos esta enlazado, ligado a esa fuerza por un vínculo de conexión

la brujería podía definirse como el proceso de limpiar nuestro vínculo con el intento. Afirmó que este
proceso de limpieza es sumamente difícil de comprender y llevar a cabo

En sus enseñanzas, desarrolladas por brujos de la antigüedad, existen dos categorías de instrucción. A
una de ellas se le denomina "enseñanza para el lado derecho" y se la lleva a cabo en estados de
conciencia cotidianos. A la otra se le llama "enseñanza para el lado izquierdo" y se la practica
solamente en los estados de conciencia acrecentada.

Las dos categorías de instrucción permiten a los maestros adiestrar a sus aprendices en tres áreas: la
maestría del estar consciente de ser, el arte del acecho y la maestría del intento. Estas tres áreas también
se conocen como los tres enigmas que los brujos encuentran al buscar el conocimiento.

La maestría del estar consciente de ser, es el enigma de la mente; la perplejidad que los brujos
experimentan al darse cabal cuenta del asombroso misterio y alcance de la conciencia de ser y la
percepción.

El arte del acecho es el enigma del corazón; el desconcierto que sienten los brujos al descubrir dos
cosas: una, que el mundo parece ser inalterablemente objetivo y real debido a ciertas peculiaridades de
nuestra percepción; y la otra, que si se ponen en juego diferentes pecu-liaridades de nuestra percepción,
ese mundo que parece ser inalterablemente objetivo y real, cambia.

La maestría del intento es el enigma del espíritu, el enigma de lo abstracto.

La instrucción proporcionada por don Juan en el arte del acecho y la maestría del intento se basaron en
la instrucción del estar consciente de ser: una piedra angular que consiste de las siguientes premisas
básicas:

1. El universo es una infinita aglomeración de campos de energía, semejantes a filamentos de luz que
se extienden infinitamente en todas direcciones.

2. Estos campos de energía, llamados las emanaciones del Aguila, irradian de una fuente de
inconcebibles proporciones, metafóricamente llamada el Aguila.
3. Los seres humanos están compuestos de esos mismos campos de energía filiforme. A los brujos, los
seres humanos se les aparecen como unos gigantescos huevos luminosos, que son recipientes a través
de los cuales pasan esos filamentos luminosos de infinita extensión; bolas de luz del tamaño del cuerpo
de una persona con los brazos extendidos hacia los lados y hacia arriba.

4. Del número total de campos de energía filiformes que pasan a través de esas bolas luminosas, sólo
un pequeño grupo, dentro de esa concha de luminosidad, está encendido por un punto de intensa
brillantez localizado en la superficie de la bola.

5. La percepción ocurre cuando los campos de energía en ese pequeño grupo, encendido por ese punto
de brillantez, extienden su luz hasta resplandecer aún fuera de la bola. Como los únicos campos de
energía perceptibles son aquellos iluminados por el punto de brillantez, a este punto se le llama el
"punto donde encaja la percepción" o, simplemente, "punto de encaje".

6. Es posible lograr que el punto de encaje se desplace de su posición habitual en la superficie de la


bola luminosa, ya sea hacia su interior o hacia otra posición en su superficie o hacia fuera de ella. Dado
que la brillantez del punto de encaje es suficiente, en sí misma, para iluminar cualquier campo de
energía con el cual entra en contacto, el punto, al moverse hacia una nueva posición, de inmediato hace
resplandecer diferentes campos de energía, haciéndolos de este modo percibibles. Al acto de percibir
de esa manera se le llama ver.

7. La nueva posición del punto de encaje permite la percepción de un mundo completamente diferente
al mundo cotidiano; un mundo tan objetivo y real como el que percibimos normalmente. Los brujos
entran a ese otro mundo con el fin de obtener energía, poder, soluciones a problemas generales o
particulares, o para enfrentarse con lo inimaginable.

El intento es la fuerza omnipresente que nos hace percibir. No nos tornamos conscientes porque
percibimos, sino que percibimos como resultado de la presión y la intromisión del intento.

9. El objetivo final de los brujos es alcanzar un estado de conciencia total y ser capaces de
experimentar todas las posibilidades perceptuales que están a disposición del hombre. Este estado de
conciencia implica asimismo, una forma alternativa de morir.

La maestría del estar consciente de ser requería un nivel de conocimiento práctico. En ese nivel don
Juan me enseñó los procedimientos para mover el punto de encaje. Los dos grandes sistemas ideados
por los brujos videntes de la antigüedad eran: el ensueño, es decir, el control y utilización de los
sueños, y el acecho, o el control de la conducta

Don Juan me dio a conocer dieciocho centros abstractos. He tratado aquí con la primera serie
compuesta de los seis siguientes: las manifestaciones del espíritu, el toque del espíritu, los trucos del
espíritu, el descenso del espíritu, los requisitos del intento, y el manejo del intento.

-Para los brujos, obtener un punto de referencia significa examinar el intento -contestó-. Lo cual es
exactamente el propósito de este último tema de instrucción. Y nada les puede proporcionar a los
brujos una mejor noción del intento que el examen de las historias de los otros brujos que batallaron
por entender esa fuerza

Hay veintiún centros abstractos en la brujería -prosiguió-. Y, basadas en esos centros abstractos, hay
cantidades de historias de brujería, historias de naguales de nuestro linaje luchando por entender el
espíritu.

Siempre que estaba ya a punto de congelarme, don Juan me daba una rama o una piedra para que la
sostuviera, o me ponía un puñado de hojas bajo la camisa, en la punta de mi esternón, lo cual era
suficiente para elevar la temperatura de mi cuerpo.

Varias veces, yo había intentado inútilmente de recrear, por mi, cuenta, el efecto de sus maniobras. Don
Juan me aclaro un día que no eran las maniobras, sino su silencio interno lo que me mantenía abrigado
y que las ramas, las piedras, las hojas eran simples artificios para atrapar mi atención y mantenerla
enfocada

-La primera historia de brujería que voy a contarte se llama Las Manifestaciones del Espíritu -dijo-. El
nombre es un poco confuso. Las manifestaciones del espíritu es realmente el primer centro abstracto
alrededor del cual se construye la primera historia de brujería.

los brujos concebían los centros abstractos como planos previos de los hechos, o como patrones
recurrentes que aparecían cada vez que el intento iba a mostrar algo significativo. Los centros
abstractos, en este sentido, eran mapas completos de series enteras de acontecimientos

-Para ti, enseñar significa hablar de moldes -dijo-, para un brujo, enseñar es lo que el nagual hace por
sus aprendices. El nagual canaliza para ellos la fuerza más poderosa en el universo: el intento. La
fuerza que cambia, ordena y reordena las cosas o las mantiene como están. El nagual formula y luego
guía las consecuencias que esa fuerza pueda acarrear a sus discípulos. Si el na-gual no moldea el
intento, no habría ni reverencia ni maravilla en sus aprendices. Y en lugar de embarcarse en un viaje
mágico de descubrimiento, sus aprendices sólo se limitarían a aprender un oficio; aprenderían a ser
curanderos, brujos, adivinadores, charlatanes o lo que fuera

-La única manera de explicar el intento -replicó- es experimentarlo en forma directa por medio de una
conexión viva que existe entre el intento y todos los seres vivientes. Los brujos llaman intento a lo
indescriptible, al espíritu, al abstracto, al nagual. Al intento yo preferiría llamarlo nagual, pero se
confundiría con el nombre del líder, el benefactor a quien también se le llama nagual. Así es que he
optado por llamarlo el espíritu, lo abstracto

la primera historia de brujería, tejida en torno a las manifestaciones del espíritu, era en esencia, una
descripción de la relación entre el intento y el nagual. Era la historia de cómo el espíritu le proponía
una opción al nagual: un posible discípulo. Y cómo debía el nagual evaluar esa opción antes de tomar
la decisión de aceptarlo o rechazarlo
los actos realizados por los brujos, especialmente por los naguales, tenían como finalidad el reforzar el
vínculo de conexión con el intento, o eran actos provocados por el vínculo mismo

estar activa y permanentemente alerta en espera de las manifestaciones del espíritu. A tales
manifestaciones se les llamaban gestos del espíritu o, de manera más sencilla, indicaciones, augurios,
presagios

Don Juan dijo que las indicaciones que el espíritu dio al nagual Julián fueron, primero, un pequeño
remolino de viento que levantó un cono de polvo en el camino, a unos cuantos metros de donde él
estaba. El segundo augurio fue el pensamiento de que era hora de tener un aprendiz de nagual;
pensamiento que cruzó por la mente del nagual Julián un instante antes de haber escuchado el estallido
del tiro. Momentos después, el espíritu le dio el tercer augurio: al correr para ponerse a salvo, el nagual
chocó con el hombre que había hecho el disparo haciéndolo huir y probablemente evitando así que le
disparara por segunda vez a don Juan. Chocar con alguien es una torpeza que ningún brujo comete,
mucho menos un nagual.

el desconcertante efecto del vínculo de conexión con el intento es darle a uno la capacidad de saber las
cosas directamente, por lo tanto cuando interpretan un augurio, los brujos saben su significado exacto
sin tener la más vaga noción de cómo lo saben. Su grado de certeza depende de la fuerza y claridad de
su vinculo de conexión. Y debido a que los brujos deliberadamente procuran comprender y reforzar ese
vínculo, se podría decir que intuyen todo con precisión y seguridad infalibles. La interpretación de
augurios es un asunto tan rutinario para ellos que cometen errores sólo cuando sus sentimientos
personales enturbian su vinculo con el intento. De otra manera, su conocimiento directo es totalmente
exacto y funcional.

El espíritu se les manifiesta a los brujos en cada paso que dan, sobre todo a los naguales. Sin embargo
la verdad es que el espíritu se revela a todo el mundo con la misma intensidad y persistencia, pero sólo
los brujos, y en especial los naguales, le prestan atención

en el mundo natural no hay taller de reparaciones sino que todo se reemplaza

El necesitaba tener, calma, ser imperturbable. Le precisaba actuar como un verdadero nagual;
intervenir por el simple gusto de hacerlo; enfrentar a lo imposible como si no tuviera nada que perder

Los naguales toman decisiones y, sin importarles las consecuencias, ponen manos a la obra o se
abstienen de hacerlo. Los impostores reflexionan, y sus reflexiones los paralizan

que los brujos hablan de la brujería como si ésta fuera un ave mágica, misteriosa, que detiene su vuelo
para dar propósito y esperanza al hombre; que los brujos viven bajo el ala de esa ave, a la que llaman el
pájaro de la sabiduría, el pájaro de la libertad y que lo alimentan con su dedicación e impecabilidad. Le
expresó enfáticamente que los brujos sabían que el vuelo del pájaro de la libertad es siempre en línea
recta, ya que esa ave no tiene modo de hacer curvas en el aire, de girar y volver atrás; y que el pájaro de
la libertad sólo puede hacer dos cosas: llevar a la gente consigo o dejarlos atrás
la fuerza de la personalidad de un nagual es siempre abrumadora

-Después de asustarte o enojarte, nunca te acuestes a dormir -dijo sin mirarme-. Duerme como lo hago
yo, sentado en una silla cómoda

El intento crea edificios frente a nosotros y nos invita a entrar en ellos. Este es el modo como los brujos
entienden su mundo; creen que cada cosa que pasa a su alrededor es un edificio creado por el intento

-El arreglo ulterior de lo abstracto no es simplemente el orden en el que nos presentaron los centros
abstractos -explicó- ni tampoco lo que tienen en común, y ni siquiera el tejido que los une. Más bien, es
el acto de conocer lo abstracto directamente, sin la intervención del lenguaje

Desde el momento que los guerreros, son incapaces de sentir compasión por sí mismos, tampoco
pueden sentir compasión por nadie. Sin la fuerza impulsora de la lástima por sí mismo, la compasión
no tiene sentido.

-El ensueño es el avión a propulsión de un brujo -dijo-. El nagual Elías era ensoñador, así como mi
benefactor era acechador, y podía crear y proyectar lo que los brujos conocen como el cuerpo de
ensueño, o el Otro, y estar en dos lugares distantes al mismo tiempo. Con su cuerpo de ensueño,
llevaba a cabo sus funciones de brujo, con su ser natural era un ermitaño

Debes de tomar en cuenta que, siendo un indio, el nagual Elías iba a sus viajes de ensueño de la misma
manera que un animal salvaje merodea en busca de alimento. Un animal nunca llega a un lugar donde
haya señales de actividad; sólo llega cuando no hay nadie. El nagual Elías, un ensoñador solitario,
visitaba, por así decirlo, el basural del infinito cuando no había nadie. Y copiaba todo lo que veía. Pero
nunca supo si esas cosas tenían uso o de dónde provenían

-El nagual Elías sentía un gran respeto por la energía sexual -dijo don Juan- pensaba que nos había sido
dada para que la utilicemos en ensoñar. Creía que el ensoñar había caído en desuso porque podía alterar
el precario equilibrio mental de la gente susceptible

equilibrio mental de uno no es otra cosa que fijar el punto de encaje en un sitio específico y habitual. Si
los sueños hacen que ese punto se mueva, y si el ensoñar es el control de ese movimiento natural, y si
se necesita energía sexual para ensoñar, cuando se disipa esa energía en el acto sexual, los resultados
son desastrosos

Si no tienes cuidado con tu energía sexual ya puedes irte acostumbrando a los movimientos erráticos en
tu punto de encaje. Hace un momento te asombraban tus propias reacciones. Bien, eso se debe a que tu
punto de encaje se mueve sin sentido, porque tu energía sexual no está en equilibrio

o haces el amor con tu energía sexual o ensueñas con ella. No hay otro camino. Si te menciono todo
esto es porque tienes una gran dificultad en mover tu punto de encaje para asimilar nuestro último
tópico: lo abstracto
Sólo cuando mi energía sexual se liberó del mundo, cayó todo en su sitio. Esa es la regla para los
ensoñadores. Los acechadores son lo opuesto. Mi benefactor, por ejemplo, era un libertino sexual como
hombre común y corriente y como nagual

-Según me explicó el nagual Elías, mi propia dificultad para comprender el espíritu era algo que le
pasaba a la mayoría de los brujos -prosiguió don Juan-. De acuerdo al nagual Elías la dificultad era
nuestra resistencia a aceptar la idea de que el conocimiento puede existir sin palabras para explicarlo

El nagual Elías decía que toda la humanidad se había alejado de lo abstracto y que alguna vez debió de
haber sido nuestra fuerza sustentadora. Luego sucedió algo que nos apartó de lo abstracto y ahora no
podernos regresar a él. El nagual decía que un aprendiz tarda años para estar en condi-ciones de
regresar a lo abstracto; es decir, para saber que el lenguaje y el conocimiento pueden existir
independientemente el uno del otro

al espíritu sólo se lo puede experimentar. Los brujos tratan de dar una noción de esto al decir que el
espíritu no es nada que se pueda ver o sentir, pero que siempre esta ahí, vaga e indistintamente encima
de nosotros

el espíritu es una especie de animal salvaje que mantiene su distancia con respecto a. nosotros hasta el
momento en que algo lo tienta a avanzar. Es entonces cuando se manifiesta

para ti, decir la esencia interna del hombre, o el principio fundamental es tocar lo abstracto; o
probablemente decir algo menos vago, algo así como el carácter, la volición, la hombría, la dignidad, el
honor. El espíritu, por supuesto, puede ser descripto mediante todos estos términos abstractos. Y eso es
lo que resulta confuso, ser todo eso y no serlo al mismo tiempo

Para un brujo, el espíritu es lo abstracto, porque para conocerlo no necesita de palabras, ni siquiera de
pensamientos; es lo abstracto, porque un brujo no puede concebir qué es el espíritu. Sin embargo, sin
tener la más mínima oportunidad o deseo de entenderlo, el brujo lo maneja; lo reconoce, lo llama, lo
incita, se familiariza con él, y lo expresa en sus actos

Los brujos conocen al abstracto sin saber lo que están haciendo, sin verlo, sin tocarlo y sin siquiera
sentir su presencia

El primer centro, las Manifestaciones del Espíritu, es el edificio que el intento construye y coloca frente
al brujo, invitándolo a entrar. Es el edificio del intento visto por un brujo. El Toque del Espíritu es el
mismo edificio visto por el principiante al que se invita, o más bien se obliga a entrar

el nagual puede oficiar como conducto solamente después de que el espíritu ha manifestado su
voluntad ya sea a través de casi imperceptibles manifestaciones o mediante comandos directos. Por lo
tanto, no hay posibilidad de qué un nagual pueda elegir a sus aprendices siguiendo su propia volición o
sus cálculos.
Enfatizó que a fin de revivir el vínculo de conexión, los brujos necesitan un propósito extremadamente
fiero y riguroso, un estado especial de la mente llamado intento inflexible. El reconocer y aceptar que
el nagual es el único capaz de suplir ese intento inflexible es la parte de la brujería que resulta más
difícil para los aprendices

-Un aprendiz es alguien que se esfuerza por limpiar y revivir su vínculo con el espíritu -explicó-. Una
vez que ese vínculo revive, no puede continuar siendo un aprendiz; pero hasta ese día, necesita de un
propósito indomable, un intento inflexible, del cual carece, por supuesto. Por esa razón, el aprendiz
permite que el nagual le proporcione tal propósito y, para hacerlo, tiene que re-nunciar a su
individualidad. Esa es la parte difícil

-La diferencia se puede observar en la manera cómo el espíritu toca la puerta -continuó-. En algunos
casos, el toque es apenas perceptible

Los brujos saben que cuanto más fuerte sea el comando, más difícil será el discípulo

el poder del hombre era incalculable; que la muerte existía sólo porque nosotros habíamos aprendido a
intentarla; y que el intento de la muerte podía ser suspendido al hacer que el punto de encaje cambiara
de posición

El edificio que el espíritu empuja delante de nosotros, es en esencia, como una oficina de franquía, en
la cual encontramos no tanto los procedimientos para franquear nuestro vinculo con el intento como el
conocimiento silencioso que nos permite ganar franquía. Sin ese conocimiento silencioso no habría
ningún procedimiento que funcionara

nosotros, como hombres comunes y corrientes, no sabemos que algo real y funcional, nuestro vínculo
con el intento, es lo que nos produce nuestra preocupación ancestral acerca de nuestro destino. Aseguró
que, durante nuestra vida activa, nunca tenemos la oportunidad de ir más allá del nivel de la mera
preocupación, ya que desde tiempos inmemoriales, el arrullo de la vida cotidiana nos adormece. No es
sino hasta el momento de estar al borde de la muerte que nuestra preocupación ancestral acerca de
nuestro destino cobra un diferente cariz. Comienza a presionarnos para que veamos a través de la
niebla de la vida diaria. Pero por desgracia, este despertar siempre viene de la mano con la pérdida de
energía provocada por la vejez. Y no nos queda fuerza suficiente para transformar nuestra
preocupación en un descubrimiento positivo y pragmático. A esa altura, todo lo que nos queda es una
angustia indefinida y penetrante; un anhelo de algo incomprensible; y una rabia comprensible, por
haber perdido todo.

-Los poetas no tienen una noción directa del espíritu -continuó-. Esa es la causa por la cual sus poemas
realmente no son verdaderos gestos al espíritu, aunque andan bastante cerca

El tercer centro abstracto se llama los Trucos del Espíritu, o los trucos de lo abstracto, o el acecharse a
sí mismo, o el desempolvar el vínculo con el intento

el aprendizaje de la brujería se transformó en lo que es: una ruta de artificio y subterfugio


Cada historia era una tragicomedia abstracta con un actor abstracto, el intento y dos actores humanos,
el nagual y su aprendiz. El guión era el centro abstracto

un ser inorgánico, lo cual es simplemente energía sin forma

la percepción es como la bisagra de todo lo que el hombre es y hace, y que la percepción está regida
por la ubicación del punto de encaje. Por lo tanto, si el punto de encaje cambia de posición, la
percepción del mundo cambia de acuerdo con ella. Es el cambio de percepción lo que trae el cambio de
apariencia. El brujo que sabe exactamente dónde poner su punto de encaje puede transformarse en lo
que quisiera

El que un brujo se transforme en cuervo, por ejemplo, es definitivamente una gran hazaña, pero
requiere un enorme, y por lo tanto, tosco movimiento del punto de encaje. Pero transformarse en un
hombre gordo, o en un hombre viejo es algo que requiere el movimiento más sutil del punto de encaje
y el conocimiento más sagaz de la naturaleza humana

Los guerreros no hacen nada sólo para divertirse -respondió-. Las transformaciones de mi benefactor
eran estratégicas; didácticas por la necesidad, como en el caso de su transformación de viejo a joven.
De vez en cuando esas transformaciones tenían con-secuencias divertidísimas, pero eso es otro asunto

La situación del desafiante de la muerte era, para don Juan, un ejemplo clásico de cómo los brujos se
pierden en una aberración

Cordura y fortaleza, por lo tanto, son esenciales en los brujos para tratar con el movimiento del punto
de encaje

En el contexto humano, por lo tanto, podemos conspirar y planear, y dependiendo de la suerte, aparte
de nuestra astucia y dedicación, podemos triunfar. Pero ante lo desconocido, específicamente en la
situación de don Juan, la única esperanza de sobrevivir consistía en aceptar y comprender

marcharse. "El arte del acecho es aprender todas las singularidades de tu disfraz",

"Y aprenderlas tan bien que nadie podría descubrir que estás disfrazado. Para hacer eso, necesitas ser
despiadado, astuto, paciente, y simpático".

vestir a un brujo macho de mujer es más eficaz, para entrar a la conciencia acrecentada, que empujar su
punto de encaje, pero más difícil de ejecutar.

no tener compasión no significaba ser grosero; ser astuto no significaba ser cruel; tener paciencia no
significaba ser negligente y ser simpático no significaba ser estúpido
esas cuatro disposiciones de animo debían ser perfeccionadas hasta que fueran tan sutiles que nadie
las pudiera notar. Creía que las mujeres eran acechadoras innatas. Y convencido de ello, sostenía que
sólo en ropa de mujer podía un hombre aprender el arte del acecho.

-Fui con él a cada mercado de cada pueblo por el que pasamos. Y regateaba con todo el mundo
-continuó don Juan-. Mi benefactor se hacía a un lado y me observaba. -No tengas compasión de nadie,
pero sé encantador -me decía-. Sé astuto, pero muy decente. Ten paciencia, pero sé activo. Debes ser
muy simpático y al mismo tiempo aniquilador. Sólo las mujeres pueden hacer eso. Si un hombre actúa
de ese modo se lo toma por afeminado

para un nagual, realmente saber lo que es todo eso, significa que puede explicar ese conocimiento, en
cualquier momento, o usarlo en cualquier forma que fuera conveniente. Un nagual está obligado, por la
fuerza de su posición, a dominar su conocimiento

la conciencia acrecentada era como un trampolín. Desde ahí uno podía saltar al infinito. Reiteró una y
otra vez que, cuando el punto de encaje se mueve, o bien se ubica otra vez en una posición muy
cercana a la habitual, o continúa moviéndose hasta el infinito

-El sentirse importante es una verdadera tiranía -dijo-. Nos hace unos enojones insufribles. Debemos
trabajar sin descanso para acabar con eso

ser despiadado, astuto, paciente y simpático es la quintaesencia del acecho. Son los cuatro fundamentos
básicos que, con todas sus ramificaciones, son inculcados a los brujos de un modo muy meticuloso y
cauto

-Los actos maliciosos son llevados a cabo por aquellos que buscan el provecho propio -dijo-. Los
brujos, por otra parte, actúan con un propósito ulterior que no tiene nada que ver con el provecho
personal

El hombre común y corriente actúa sólo si hay alguna oportunidad de beneficiarse. Los guerreros, por
otro lado, actúan, no por el beneficio propio, sino por el espíritu

necesitaba ponerme en una situación bochornosa, para así, desprevenidamente, ayudarme a entrar en la
conciencia acrecentada

en la brujería, el acecho, es el principio de todo. Primeramente, los brujos deben aprender a acechar;
después deben aprender a intentar y sólo entonces pueden mover su punto de encaje a voluntad

cuanto más profundo es el movimiento del punto de encaje, mayor es la sensación de que uno sabe
todo, así como la sensación de no poder encontrar palabras para explicarlo. Añadió que hasta en el
mundo cotidiano sucede, que algunas veces, el punto de encaje de una persona normal se mueve de por
sí sólo, causando que esa persona se torne evasiva, se confunda y se le enrede la lengua
-El primerísimo principio del acecho es que un guerrero se acecha a sí mismo dijo mirándome a la
cara-. Se acecha a sí mismo sin tener compasión, con astucia, paciencia y simpáticamente

la conducta normal, en el mundo cotidiano, es rutinaria. Cualquier conducta que rompe con la rutina
causa un efecto desacostumbrado en nuestro ser total. Ese efecto desacostumbrado es el que buscan los
brujos, porque es acumulativo. Y su acumulación es lo que hace de un brujo, un acechador

la conducta desacostumbrada producía un temblor en el punto de encaje. Encontraron luego que, si se


practica la conducta desacostumbrada de manera sistemática e inteligente, a la larga, esta práctica
fuerza al punto de encaje a moverse

-Cualquiera que logre mover su punto de encaje a una nueva posición es un brujo -continuó explicando
don Juan-. Partiendo de esa nueva posición, un brujo puede hacer toda clase de cosas buenas o malas a
sus semejantes. Por lo tanto ser brujo, es como ser zapatero o panadero. La meta de los brujos videntes
es sobrepasar esa condición. Ser más que brujo. Y para eso necesitan belleza y moralidad.

Dijo que, para los brujos, el acecho es la base sobre la cual se construye todo lo demás

-Los brujos dicen que el estado de conciencia acrecentada es la puerta de entrada al intento -dijo don
Juan- y lo utilizan como tal

él conocimiento natural del intento está a disposición de cualquiera, pero el dominarlo le corresponde
sólo a quienes lo sondean

Los brujos creen que, hasta el momento mismo en que desciende el espíritu, cualquier brujo puede
dejar la brujería, puede alejarse del espíritu, pero ya no después

el espíritu nos espera emboscado y luego desciende sobre nosotros, su presa. Dicen los brujos que ese
descenso casi siempre viene velado. Sucede, pero parece no haber sucedido en absoluto

el cuarto centro abstracto nos acontece cuando el espíritu corta las cadenas que nos atan a nuestro
reflejo -continuó-. Cortar nuestras cadenas es algo maravilloso, pero también algo muy fastidioso
porque nadie quiere ser libre

-Una vez que nuestras cadenas están rotas -continuó don Juan-, ya no estamos atados a las
preocupaciones del mundo cotidiano. Aún estamos en el mundo diario, pero ya no pertenecemos a él.
Para pertenecer a él debemos compartir las preocupaciones y los intereses de la gente, y sin cadenas no
podemos

describir al espíritu como el flujo de las cosas


Don Juan reiteró que su benefactor no pensaba muy bien, de otro modo, se hubiera dado cuenta en un
instante que lo que él había visto y creía ser el flujo de las cosas, era el intento, la fuerza que impregna
todo

la tierra es un ser vivo y consciente, cuya conciencia puede afectar la conciencia de los seres humanos.
Al buscar los medios adecuados para utilizar la influencia de la tierra sobre la conciencia humana,
encontraron que ciertas cuevas eran bastante efectivas

Había dicho que parecen filamentos de luz ordinaria, pero que la luz ordinaria carece de vida
comparada con las emanaciones del Aguila, las cuales exudan conciencia de ser

el ver, ocurre cuando se enciende un grupo no conocido de campos de energía. Todo esto me lo había
explicado en términos del brillo del punto de encaje. Solamente después de ver esos filamentos de luz
con vida, creí yo comprender las explicaciones de don Juan acerca de la percepción. Comprendí que
ese brillo no es otra cosa que la fuerza del intento y al punto de encaje se debía llamar el punto del
intento

Los filamentos no necesitaban estar alineados, porque los que estaban encerrados dentro del capullo
eran los mismos que los que estaban fuera. Lo que necesitaban era estar encendidos. El capullo
luminoso es simplemente una cápsula transparente que encierra una minúscula porción de unas hebras
luminosas de infinita extensión. Lo que las iluminaba debía ser, en definitiva, una fuerza
independiente. Consideraron entonces que lo importante era el acto de encender los filamentos
luminosos. Como no podían llamarlo alineamiento, lo llamaron voluntad o la fuerza encendedora

lo que llamaban la voluntad no es solamente la fuerza que es responsable de nuestra conciencia de ser,
sino también de todo cuando existe en el universo. Vieron que es una fuerza que posee conciencia total
y que surge de los propios campos de energía que componen el universo. Decidieron entonces que era
preferible llamarla intento, en vez de voluntad. Pero a la larga el nombre probó ser inadecuado, porque
no hace destacar la inconcebible importancia de esa fuerza ni su activa conexión con todo lo existente

Afirmó que el espíritu no es algo que uno podría usar o comandar o hacer que se moviera de ninguna
forma, no obstante uno puede usarlo, comandarlo, moverlo como se dé a uno la gana. Esta
contradicción, según dijo, es la esencia de la brujería. Y por no entenderla, generaciones enteras de
brujos habían sufrido dolores y pesares inimaginables. Los brujos de hoy en día, en un esfuerzo por
evitar pagar este exorbitante precio de dolor, habían desarrollado un código de conducta llamado "el
camino del guerrero", o la acción impecable. Un código de conducta que los preparaba realzando su
cordura y su prudencia

un nagual es más fuerte, controla mejor los campos de energía que determinan la percepción y tiene
más entrenamiento y más familiaridad con el conocimiento silencioso, el cual no es más que el
con-tacto directo con el intento

ser un guerrero implicaba, en este caso, estar siempre en guardia contra la natural brusquedad de la
conducta humana. Dijo que un guerrero es, en esencia, un ser implacable, de recursos muy fluidos y de
gustos y conducta muy refinados; un ser cuya tarea en este mundo es el afilar sus aristas cortantes, una
de las cuales es la conducta, para que así nadie sospeche su inexorabilidad

El acecho es un procedimiento simplísimo. Es un modo de conducta especial que se ajusta a ciertos


principios; una conducta secreta, furtiva y engañosa, que esta diseñada para darle a uno algo así como
una sacudida mental. Por ejemplo, acecharse a uno mismo significa darse un sacudón usando nuestra
propia conducta en una forma astuta y sin compasión.

Explicó que cuando la conciencia de ser de los brujos se atasca debido a la enormidad de lo que
perciben, lo cual era mi caso en ese momento, lo mejor o tal vez lo único que se podía hacer era usar la
idea de la muerte para provocar ese sacudón mental que era el acecho

Los brujos se esfuerzan sin medida por tener su muerte en cuenta, con el fin de saber, al nivel más
profundo, que no tienen ninguna otra certeza sino la de morir. Saber esto da a los brujos el valor de
tener paciencia sin dejar de actuar, les da el valor de acceder, el valor de aceptar todo sin llegar a ser
estúpidos, les da valor para ser astutos sin ser presumidos y, sobre todo, les da valor para no tener
compasión sin entregarse a la importancia personal

los brujos se acechan a sí mismos para romper el poder de sus obsesiones. Hay muchas formas de
acecharse a uno mismo. Si no quieres usar la idea de tu muerte, usa los poemas que me lees y acéchate
con ellos

Mientras tú me los lees y yo los escucho, apago mi diálogo interno y dejo que mi silencio cobre
impulso. Así, la combinación del poema y el silencio se transforman en el procedimiento que descarga
el sacudón

-Los brujos dicen que la muerte es nuestro único adversario que vale la pena -respondió-. La muerte es
quien nos reta y nosotros nacemos para aceptar ese reto, seamos hombres comunes y corrientes o
brujos. Los brujos lo saben; los hombres comunes y corrientes no

Nosotros somos seres pasivos. Piénsalo. Si nos movemos es debido a la presión de la muerte. La
muerte marca el paso a nuestras acciones y sentimientos y nos empuja sin misericordia hasta que nos
derrota y gana la contienda. O hasta que nosotros superamos todas las imposibilidades y derrotamos a
la muerte.

"Los brujos hacen eso; derrotan a la muerte y ésta reconoce su derrota dejándolos en libertad, para
nunca retarlos más

-¿Significa esto que los brujos se vuelven inmortales? -pregunté.

-No. No significa eso -respondió-. La muerte deja de retarlos, eso es todo

-Un salto mortal del pensamiento a lo inconcebible -explicó, con aire de resignación- es el descenso del
espíritu, el acto de romper nuestras barreras perceptuales. Es el momento en el que la percepción del
hombre alcanza sus límites. Los brujos practican el arte de enviar precursores, exploradores de
vanguardia a que sondeen nuestros límites perceptuales. Esta es otra razón por la que me gustan los
poemas. Los considero exploradores. Pero como ya te dije, los poetas no saben con tanta exactitud
como los brujos lo que estos exploradores de vanguardia pueden lograr

al limpiarse, al aclararse el vínculo de conexión con el intento, la energía que de ordinario era utilizada
para enturbiarlo y mantener fija su posición en el sitio habitual se liberaba y se concentraba de manera
automática en el vínculo mismo. Me aseguró que no había técnicas pre-concebidas o maniobras que un
brujo pudiera aprender con anticipación para mover esa energía. Más bien, era cuestión de un
desplazamiento automático e instantáneo que sucedía una vez que se había alcanzado un determinado
grado de pericia.

lo llamaban "el puro entendimiento". La comprensión proporcionaba el impulso. Para lograr ese
desplazamiento instantáneo de energía se requería una conexión clara y límpida con el intento y, para
obtener una conexión clara y límpida, todo lo que se necesitaba era intentarla mediante el puro
entendimiento

-Debido a que su puro entendimiento es un explorador de vanguardia que sondea aquella inmensidad
-prosiguió don Juan- el brujo narrador sabe, sin lugar a dudas, que, en algún lugar, de alguna manera,
ahí en ese infinito, en este mismo momento, ha descendido el espíritu. El pensamiento ha dado un salto
mortal a lo inconcebible y Calixto Muni es el victorioso. Ha liberado a su pueblo. Su lucha ha
trascendido lo personal.

-¡Quién eres tú y tu pinche racionalidad para poner cadenas al pensamiento

el hombre de nuestra historia perdió allí la compasión, el no tener compasión se convirtió en el primer
principio de la brujería.

"El primer principio nunca debe confundirse con el primer efecto del aprendizaje de brujería, que es el
moverse desde la conciencia normal a la conciencia acrecentada

un mero contacto con el espíritu bastaba para facilitar el movimiento del punto de encaje

En realidad, no hay, ni se necesita ningún procedimiento para mover el punto de encaje. El espíritu toca
al aprendiz a través del nagual y su punto de encaje se mueve. Así es de simple

Alegó que lo de golpear la espalda es una genuina maniobra para manejar la percepción la primera vez
que se pone en practica. De allí en adelante es solo una treta para atrapar la atención y borrar las dudas.
El hecho de que el insistiera en darme palmadas lo llamó un pequeño ardid, producto de su
personalidad moderada. Comentó, no del todo en broma, que yo debía estar agradecido de que él fuera
un hombre tan simple y tan poco dado a lo bizarro. De lo contrario, para que se pudiera borrar
cualquier duda de mi mente y el espíritu pudiera mover mi punto de encaje, yo habría tenido que
vérmelas con ritos macabros
-Lo que se necesita para que la magia pueda apoderarse de nosotros es borrar nuestras dudas -dijo-.
Una vez que las dudas desaparecen, todo es posible

la curandera fuese capaz de mover el punto de encaje del exacto número de personas en el cuarto. El
único truco, si así se le podía llamar, era que el número de personas no excediera el que ella podía
manejar.

Su dramático trance y el histrionismo consiguiente eran, según don Juan, o bien artificios
conscientemente usados para atrapar la atención de los presentes o maniobras dictadas por el espíritu
mismo, para ser usadas conscientemente. Como fuese, constituían el medio más apropiado para que la
curandera pudiera fomentar la unidad de pensamiento necesaria para borrar dudas en los presentes, y
así forzarlos a entrar en la conciencia acrecentada.

Abrir el cuerpo con un cuchillo de cocina y extraer los órganos internos no fue prestidigitación, afirmó
don Juan. Fue algo auténtico y real. Pero, en vista de que ocurrió en la conciencia acrecentada, estaba
fuera del criterio cotidiano.

el poder de la curandera, ya fuera un don o un estupendo logro, era servir de conducto al espíritu. Era el
espíritu y no la curandera, dijo, el que había movido esos puntos de encaje

el arte y el poder de esa mujer consistían en borrar las dudas de los presentes. Al hacer eso, ella podía
permitir que el espíritu moviera sus puntos de encaje. Una vez que esos puntos estaban en una nueva
posición, todo era posible. Habían entrado en el reino donde los milagros son cosas de todos los días

-En vez de decir que tenía certidumbre y firmeza -comentó don Juan-, yo preferiría decir que esa
curandera, a fin de crear un ambiente adecuado para la intervención del espíritu, no tuvo compasión

-Por supuesto que insisto en que todos cuantos me rodean piensen con claridad -dijo-. Pero también
explico, a quien me quiera escuchar, que el único modo de pensar con claridad es no pensar en absoluto

para los brujos, había dos maneras de pensar. Una era la manera normal y cotidiana, regida por la
posición usual del punto de encaje; una manera que dejaba todo en una gran oscuridad y producía
pensamientos poco claros que no servían para mucho. La otra era una manera de pensamientos
precisos, funcional y económica que dejaba muy pocas cosas sin explicar. Don Juan comentó que para
que cesara la manera normal de pensar era indispensable mover el punto de encaje. O era indispensable
hacer cesar la manera normal de pensar para así permitir que el punto de encaje se moviera. Aseguró
que si uno encaraba sin pensamientos esta aparente contradicción, no era contradicción en absoluto.

La fluctuación era resultado del residuo de compasión por mí mismo que todavía existía en mí

el no tener compasión, siendo una posición específica del punto de encaje, se manifiesta en los ojos de
los brujos. Es como una nube brillante y trémula que cubre el ojo. Los ojos de los brujos son brillantes.
Cuanto mayor es el brillo, más intenso es su sentido de no tener compasión. Por ejemplo, en este
momento tus ojos están opacos
cuando el punto de encaje se mueve al sitio donde no existe la compasión, los ojos comienzan a brillar.
Mientras mas firme es la fijeza del punto de encaje en su nueva posición, mas brillan los ojos

acordarse no es lo mismo que recordar -continuó-. Recordar es cuestión del pensamiento cotidiano,
cuestión de la posición habitual del punto de encaje. Acordarse, en cambio, depende del movimiento
del punto de encaje. La recapitulación de sus vidas, que hacen todos los brujos, es la clave para mover
el punto de encaje. Los brujos inician la recapitulación pensando, recordando los actos más importantes
de sus vidas. De simplemente pensar en ellos pasan a verdaderamente estar en los eventos mismos,
pasan a revivirlos. Cuando logran eso, revivir los eventos mismos, han movido, en efecto, el punto de
encaje al sitio preciso en el que estaba cuando ocurrió el evento que están reviviendo. Revivir
totalmente un acontecimiento pasado, mediante el movimiento del punto de encaje, es lo que los brujos
llaman acordarse

-Nuestros puntos de encaje están en constante movimiento -explicó-. Son movimientos imperceptibles.
Ahora, si queremos un movimiento considerable debemos poner en juego el intento. Como no hay
modo de saber qué es el intento, los brujos dejan que sus ojos lo llamen

el no tener compasión, lo cual es, como ya te dije, lo que hace brillar los ojos de los brujos, y ese brillo
es lo que llama al intento. Cada sitio al que se mueve el punto de encaje esta representado por un brillo
específico en los ojos. Puesto que los ojos tienen memoria propia, pueden acordarse de cualquier sitio a
donde se movió el punto de encaje acordándose del brillo específico asociado con ese sitio.

los ojos están directamente vinculados al intento. Agregó que por contradictorio que parezca, la verdad
es que los ojos sólo están superficialmente conectados con el mundo cotidiano. Su conexión más
profunda es con lo abstracto

Pregunte si los ojos de un hombre común y corriente también están afectados por el intento.

-¡Por supuesto! -exclamó-. Tú sabes todo esto. Pero lo sabes en un nivel tan profundo que es
conocimiento silencioso. No tienes suficiente energía para explicarlo, ni siquiera a ti mismo

La única ventaja que quizá tengan los brujos sobre los hombres comunes y corrientes es que han
ahorrado su energía, y eso significa un vínculo de conexión con el intento más claro y preciso.

-Un buen cazador hipnotiza a su presa con los ojos -prosiguió-. Es una extraña paradoja, la del cazador.
El cazador mueve con la mirada el punto de encaje de su presa, y sin embargo, sus ojos están enfocados
en el mundo, en busca de comida.

la válvula de seguridad de los brujos consistía en que, cuando llegaban a enfocar sus ojos en el intento,
ya no les interesaba hipnotizar a nadie
-Pero, para mover con el brillo de sus ojos el punto de encaje propio o uno ajeno -continuó- los brujos
tienen que ser despiadados. Es decir, deben estar familiarizados con el sitio donde no hay compasión.
Esto es en especial cierto para los naguales

los naguales ocultan automáticamente el no tener compasión, aun contra su voluntad

-Yo no soy hombre racional -prosiguió, mirándome a los ojos-. Sólo aparento serlo debido a que mi
máscara es así de efectiva. Lo que a ti te parece razonabilidad es simplemente mi indiferencia a mi
propia persona. El no tener compasión no es otra cosa que la total falta de compasión por uno mismo.

"En tu caso, como disimulas con falsa generosidad el no tener compasión, pareces tranquilo y franco.
Pero en realidad, eres tan generoso como yo soy razonable. Ambos somos un fraude. Hemos
perfeccionado el arte de ocultar el hecho de que no sintamos compasión

Pasó a explicar que la máscara del nagual Elías consistía en una desquiciante minuciosidad y exactitud,
en lo referente a los detalles, con lo que creaba una falsa impresión de atención y meticulosidad

el mejor modo de asegurar que uno pudiera acordarse era caminar

Don Juan se hallaba en la acera, junto al coche, mirándome con aire distraído. Le clavé los ojos con
una frialdad totalmente ajena a mí. Nunca en mi vida había experimentado tal sensación. No era odio lo
que yo sentía, ni siquiera enojo. No estaba ni aún fastidiado con don Juan. Lo que yo sentía no era
resignación ni tampoco paciencia y mucho menos bondad. Más bien era una fría indiferencia, una
pavorosa falta de compasión. En ese instante me daba igual lo que pasase con don Juan o conmigo

"El problema que los brujos deben resolver -continuó él- es que el sitio donde no hay compasión debe
ser alcanzado con un mínimo de ayuda. El nagual prepara la escena, pero es el aprendiz quien llama al
espíritu a que mueva su punto de encaje

todo cuanto los brujos hacen es una consecuencia del movimiento de sus puntos de encaje, y que esos
movimientos están regidos por la cantidad de energía que los brujos tienen a su disposición

cuando el punto de encaje se mueve y llega al sitio donde no hay compasión, la posición de la
racionalidad y el sentido común se debilita. Mi sensación de tener un lado más viejo, oscuro, y
silencioso era una visión de los antecedentes de la razón

Lo que estás experimentando y llamas dualismo es una visión del mundo desde otra posición de tu
punto de encaje. Desde esa posición puedes sentir el mundo de una manera diferente y a eso lo llamas
el lado más antiguo del hombre. Y lo que ese lado más antiguo sabe se llama el conocimiento
silencioso. Es un conocimiento que tú aún no puedes expresar.

-¿Por qué? -pregunté.


-Porque para expresarlo necesitas tener y usar una extraordinaria cantidad de energía -respondió-. En
este momento no puedes gastar esa clase de energía, porque no la tienes.

El conocimiento silencioso es algo que todos poseemos -prosiguió-. Algo que tiene total dominio, total
conocimiento de todo. Pero no puede pensar; por lo tanto, no puede expresar lo que sabe.

"Ese conocimiento silencioso, que nadie puede describir, es, por supuesto, el intento, el espíritu, lo
abstracto

el hombre renunció al conocimiento silencioso por el mundo de la razón -respondió-. Cuanto más se
aferra al mundo de la razón, más efímero se vuelve el conocimiento silencioso

-Cualquier descenso del espíritu es como morir -dijo-. Todo en nosotros se desconecta, y después
vuelve a conectarse a una fuente de mucho mayor potencia. La amplificación de energía se siente como
una angustia mortífera.

-¿Y qué debo hacer cuando ocurra esto? -pregunté.

-Nada -dijo-. Esperar. Ese estallido de energía pasa. Lo peligroso es no saber lo que te está sucediendo.
Una vez que lo sabes no hay peligro

que el hombre antiguo sabía, del modo más directo, qué hacer y cómo hacerlo bien. Pero como hacía
tan bien lo que hacía, comenzó a desarrollar cierto sentido de ser, con lo cual adquirió la sensación de
que podía predecir y planear los actos que estaba habituado a hacer tan bien. Así surgió la idea de un
"yo" individual; un yo individual que comenzó a dictar la naturaleza y el alcance de las acciones
humanas.

A medida que el sentimiento de tener un yo individual se tornaba más fuerte, el hombre fue perdiendo
su conexión natural con el conocimiento silencioso. El hombre moderno, siendo el heredero de tal
desarrollo, se encuentra tan irremediablemente alejado del conocimiento silencioso, la fuente de todo,
que sólo puede expresar su desesperación en cínicos y violentos actos de autodestrucción. Don Juan
aseveró que la causa del cinismo y la desesperación del hombre es el fragmento de conocimiento
silencioso que aún queda en él; un ápice que hace dos cosas: una, permite al hombre vislumbrar su
antigua conexión con la fuente de todo, y dos, le hace sentir que, sin esa conexión, no tiene esperanzas
de satisfacción, de logro o de paz

la guerra era el estado natural de todo brujo, que la paz era una anomalía

Pero la guerra, para un brujo, no significa actos de estupidez individual o colectiva ni una violencia
absurda. La guerra para el brujo es la lucha total contra ese yo individual que ha privado al hombre de
su poder

Los brujos están convencidos de que la posición del punto de encaje es lo que hace del hombre
moderno un egocéntrico homicida, un ser totalmente atrapado en su propia imagen. Habiendo perdido
toda esperanza de volver al conocimiento silencioso, el hombre busca consuelo en su yo individual. Y
al hacerlo consigue fijar su punto de encaje en el lugar más conveniente para perpetuar su imagen de si.
Por lo tanto, los brujos pueden afirmar con toda seguridad que cualquier movimiento que alejara el
punto de encaje de su posición habitual equivale a alejarse de la imagen de sí y, por consiguiente, de la
importancia personal

los brujos habían desenmascarado a la importancia personal, encontrando que es, en realidad, la
compasión por sí mismo disfrazada

El verdadero enemigo y la fuente de la miseria del hombre es la compasión por sí mismo. Sin cierto
grado de compasión por sí mismo, el hombre no podría existir. Sin embargo, una vez que esa
compasión se emplea, desarrolla su propio impulso y se transforma en importancia personal

en cuanto se mueve el punto de encaje se derrumba la importancia personal, porque sin la posición
habitual del punto de encaje, la imagen de sí pierde su enfoque. Sin ese intenso enfoque se extingue la
compasión por sí mismo y con ella la importancia personal, ya que la importancia personal es sólo la
compasión por sí mismo disfrazada.

-La posición habitual y la imagen de sí -continuó don Juan- obligan al punto de encaje a armar un
mundo de falsa compasión, pero de crueldad y egoísmo muy reales. En ese mundo, los únicos
sentimientos verdaderos son los que convienen a quien los tiene.

"Para el brujo, el no tener compasión no es el ser cruel. El no tener compasión es la cordura, lo opuesto
a la compasión por sí mismo y la importancia personal.

el único camino digno, tanto para los brujos como para los hombres comunes y corrientes, es restringir
nuestro apego a la imagen de si. Lo que el nagual trata de hacer con sus aprendices es romper el espejo
de la imagen de si

Pero hay ejemplos de personas, brujos o personas corrientes, que no necesitan de nadie. Obtienen paz,
armonía, risa, conocimiento, directamente del espíritu. No necesitan intermediarios

"Hay muy poco valor en la instrucción. Los brujos sostienen que el descenso del espíritu es lo único
que importa, porque el espíritu mueve el punto de encaje. Y ese movimiento, como bien lo sabes,
depende del aumento de energía y no de la instrucción

La oportunidad mínima consiste en que lo hagan a uno consciente del espíritu.

xplicó que la serie de acciones a las que se refería requerían primeramente estar consciente de que la
importancia personal es la fuerza que mantiene fijo al punto de encaje. Luego, que si se restringe la
importancia personal, la energía que naturalmente requiere y emplea queda libre. Y finalmente, que esa
energía libre y no malgastada es la que llama al espíritu y sirve entonces como un trampolín automático
que lanza al punto de encaje, instantáneamente y sin premeditación, a un viaje inconcebible.
la brujería es un viaje de retorno. Retornamos al espíritu, victoriosos, después de haber descendido al
infierno. Y desde el infierno traemos trofeos. El puro entendimiento es uno de esos trofeos

-La dificultad en llevar a cabo esta simple serie -dijo- es que casi nadie está dispuesto a aceptar que
necesitamos muy poco para ejecutarla. Se nos ha preparado para esperar instrucciones, enseñanzas,
guías, maestros. Y cuando se nos dice que no necesitamos de nadie, no lo creemos. Nos ponemos
nerviosos, luego desconfiados y finalmente enojados y desilusionados. Si necesitamos ayuda no es en
cuestión de métodos, sino en cuestión de énfasis. Si alguien nos pone énfasis en que necesitamos
reducir nuestra importancia personal, esa ayuda es real

Basta la presencia del nagual para mover el punto de encaje. Siempre te he llevado la cuerda con eso
del golpe del nagual. El golpe entre los omóplatos que siempre te doy para que entres en la conciencia
acrecentada es el chupón de brujo. Sólo sirve para tranquilizar, para borrar las dudas. Como ya te lo he
dicho, los brujos utilizan ese golpe físico para sacudir el punto de encaje por primera vez; después lo
único que hace es dar confianza al aprendiz.

El nagual, al ayudar a destruir el espejo de la imagen de sí, insta al punto de encaje a moverse. Pero
quien lo mueve, en verdad, es el espíritu, lo abstracto; algo que no se ve ni se siente; algo que no parece
existir, pero existe. Por este motivo, los brujos dicen que el punto de encaje se mueve de por si sólo. O
dicen que quien lo mueve, es el nagual, porque el nagual, siendo el conducto de lo abstracto, puede
expresarlo mediante sus actos

el mundo de nuestra imagen de sí, que es el mundo de nuestra mente, es muy frágil; y se mantiene
estructurado gracias a unas cuantas ideas clave que le sirven de orden básico, ideas aceptadas por el
conocimiento silencioso así como por la razón. Cuando esas ideas fracasan, el orden básico deja de
funcionar.

-¿Cuáles son esas ideas clave, don Juan? -pregunté.

-En tu caso, ese día en Guaymas, y en el caso de los espectadores de la curandera de la que hablamos,
la idea clave es la continuidad.

-¿Qué es la continuidad? -pregunté.

-La idea de que somos un bloque sólido -dijo-. En nuestra mente, lo que sostiene nuestro mundo es la
certeza de que somos inmutables. Podemos aceptar que nuestra conducta se puede modificar, que
nuestras reacciones y opiniones se pueden modificar; pero la idea de que somos maleables al punto de
cambiar de aspecto, al punto de ser otra persona, no forma parte del orden básico de nuestra imagen de
sí. Cada vez que el brujo interrumpe ese orden básico, el mundo de la razón se viene abajo

la ruptura es sólo un precursor. Lo que ayuda al punto de encaje a moverse es el hecho de que el nagual
sin tener compasión apela directamente al conocimiento silencioso
-Los brujos, debido a que son acechadores, comprenden a la perfección la conducta humana -dijo-.
Comprenden, por ejemplo, que los seres humanos son criaturas de inventario. Conocer los pormenores
de cualquier inventario es lo que convierte a un hombre en erudito o experto en su terreno

cuando una persona común y corriente encuentra una falta en su inventario, esa persona o bien extiende
su inventario o el mundo de su imagen de sí se derrumba. La persona común y corriente está dispuesta
a incorporar nuevos artículos, siempre y cuando no contradigan el orden básico de su imagen de sí,
porque si lo contradicen, la mente se deteriora. El inventario es la mente. Los brujos cuentan con eso
cuando tratan de romper el espejo de la imagen de sí

-Aunque había estado muchas veces antes en ese restaurante, como un viejecito enfermo -dijo-, mi
vejez era sólo un ejercicio del acecho. Estuve simplemente jugando, fingiendo ser viejo. Nunca hasta
ese día había movido mi punto de encaje al sitio exacto de la vejez y la senilidad. Nunca hasta ese día
tuve que usar el no tener compasión de un modo tan específico

"Para el nagual, el no tener compasión consta de muchos aspectos -continuó él-. Es como una
herramienta que se adapta a muchos usos. El no tener compasión es un estado de ser, un nivel de
intento.

"El nagual lo utiliza para provocar el descenso del espíritu y el movimiento de su propio punto de
encaje o el de sus aprendices. O lo usa para acechar. Aquel día comencé como acechador, fingiendo ser
viejo, y terminé siendo auténticamente un viejo enfermo. El no tener compasión, controlado por mis
ojos, hizo que se moviera mi propio punto de encaje con precisión.

Dijo que, en el momento que intentó ser viejo, sus ojos perdieron el brillo y yo lo noté de inmediato.
Mi susto y alarma fueron muy obvios. La pérdida del brillo en sus ojos se debía a que los estaba usando
para intentar la posición de un viejo. Al llegar su punto de encaje a esa posición, pudo envejecer en
aspecto, conducta y sensaciones.

Señaló que mi punto de encaje quedó fijo en su nueva posición en el momento cuando él volvió a su
ser natural. Para entonces, mi convicción de que su continuidad era inmutable había sufrido una
conmoción tan profunda que la continuidad normal ya no funcionaba como fuerza cohesiva. Y fue en
ese momento, desde su nueva posición, que mi punto de encaje me permitió construir otro tipo de
continuidad, que expresé con una dureza extraña, indiferente, desapegada; un abandono y una frialdad
que, de allí en adelante, se convirtió en mi modo normal de conducta

el conocimiento silencioso es una posición general del punto de encaje, que milenios antes había sido la
posición normal, del género humano, pero que por motivos imposibles de determinar, el punto de
encaje del hombre se había alejado de esa posición específica para adoptar una nueva, llamada la
"razón

existe aún otra posición clave llamada el "sitio de la preocupación", la antesala de la razón
en el mundo de la vida cotidiana, nuestra palabra o nuestras decisiones se pueden cancelar con mucha
facilidad. Lo único irrevocable en nuestro mundo es la muerte. En el mundo de los brujos, por el
contrario, la muerte normal puede recibir una contraorden, pero no la palabra ni las decisiones de un
brujo, las cuales no se pueden cambiar ni revisar. Una vez tomadas, valen para siempre

En una milésima de segundo, pueden mover sus puntos de encaje a cualquier lugar de la masa
luminosa. Ese movimiento y la velocidad con la cual lo realizan, entrañan una instantánea percepción
de otro universo y consecuentemente un vuelo a dicho universo. O bien los brujos, al mover sus puntos
de encaje, de un solo tirón, a través de toda su luminosidad, pueden crear una fuerza tan intensa que los
consume instantáneamente.

Don Juan explicó que los sentimientos humanos eran como corrientes de aire frías o calientes que
podían ser fácilmente percibidas por las bestias. Nosotros éramos los emisores; el jaguar era el
receptor. Cualquier sensación o sentimiento que tuviésemos, se abriría paso hasta el jaguar. O mejor
dicho: el jaguar podía capturar cualquier sensación o sentimiento que para nosotros fuera usual. En el
caso de levantar una nube de polvo, nuestro sentimiento al respecto era tan fuera de lo común que sólo
podrían crear un vacío en el receptor.

Reconoció que en una escala reducida, los brujos modernos habían recapturado ese antiguo poder. Con
un movimiento de sus puntos de encaje podían alterar lo que percibían y así cambiar las cosas. Me
aseguró que en ese momento, yo estaba cambiando las cosas al sentirme grande y feroz. Los
sentimientos, procesados de ese modo, se llamaban intento

Un momento de regocijo es suficiente para mover nuestro punto de encaje y romper con esas
convenciones. Así también un momento de miedo, de dolor, de cólera o de pesadumbre. Pero
comúnmente, cuando tenemos la posibilidad de mover nuestro punto de encaje nos asustamos.
Nuestros principios religiosos, académicos o sociales se ponen en juego, garantizando nuestra urgencia
de mover nuestros puntos de encaje a la posición que prescribe la vida normal; nuestra urgencia de
regresar al rebaño.

Me dijo que todos los místicos y los maestros espirituales que se conocían habían hecho exactamente
eso: mover sus puntos de encaje, ya fuera a través de disciplina o por casualidad, y sacarlos del sitio
habitual y luego volver a la normalidad portando consigo un recuerdo que les duraría por toda la vida

el hombre común y corriente incapaz de hallar energías para percibir más allá de sus límites diarios,
llama al reino de la percepción extraordinaria brujería, hechicería u obra del demonio; y se aleja
horrorizado sin atreverse a examinarlo

Convierte todo en lo que realmente es: lo abstracto, el espíritu, el nagual. No hay brujería, no hay el
mal, ni el demonio. Solo existe la percepción

-No habrá sido cuestión de vida o muerte, eso es todo -explicó-. Si lo hubiera sido, habrías movido tu
punto de encaje por cuenta propia.
-Pero ¿vería la gente lo que yo veo cuando se mueve mi punto de encaje? -pregunté con insistencia.

-No, a menos que tengas tanta energía que puedas mover el punto de encaje de la gente al mismo sitio
donde está el tuyo -contestó

Mi desafío al principio del aprendizaje era, según dijo, el conservar mis logros, en vez de explicarlos,
pero que en un momento dado todo cobraría sentido para mí.

Explicó que esa tarde mi punto de encaje se había movido por sí sólo, sin intervención suya. Yo había
intentado el movimiento, y al modelar y enriquecer mi sensación de ser gigantesco, mi punto de encaje
había alcanzado la posición del conocimiento silencioso

un modo de describir la percepción que se logra desde el sitio del conocimiento silencioso es llamarla
"aquí y aquí". Explicó que, al decirle yo que había sentido que miraba por sobre los arbustos, debería
haber agregado que estaba viendo el suelo del desierto al mismo tiempo que la copa de los matorrales.
O que había estado en el sitio en donde estaba parado y, a la vez, en el sitio donde estaba el jaguar. De
ese modo había podido notar el cuidado que ponía el animal en evitar las espinas. En otras palabras, en
vez de percibir el aquí y allá normales, había percibido el "aquí y el aquí

Agregué que siempre recordé que él me había preguntado cuando estábamos a salvo en la cima, si me
sentía ofendido por el ataque del felino. Yo le había asegurado que era absurdo que me sintiera
ofendido, y él me había contestado que debía hacer lo mismo con la gente. Si me atacaban debía
protegerme o quitarme de en medio, pero sin sentirme moralmente ofendido o perjudicado

La idea de lo abstracto, del espíritu, es el único residuo importante. La idea del yo personal no tiene el
menor valor. Todavía pones a tu persona y a tus sentimientos en primera plana. Cada vez que se ha
prestado la oportunidad te he hecho notar la necesidad de abstraer. Tú siempre has creído que me
refería a la necesidad de pensar de manera abstracta. No. Abstraer significa ponerse a disposición del
espíritu por medio del puro entendimiento

el hombre racional, al aferrarse tercamente a la imagen de sí, garantiza su abismal ignorancia. Ignora,
por ejemplo, el hecho de que la brujería no es una cuestión de encantamientos y abracadabras, sino la
libertad de percibir no sólo el mundo que se da por sentado, sino también todo lo que es humanamente
posible

usted mismo me ha dicho que mover el punto de encaje es lo mas difícil que existe -protesté.

-Lo es -me aseguró-. Y esto es otra de las contradicciones de los brujos: moverlo es muy difícil, pero
también es lo más fácil del mundo. Ya te he dicho que una fiebre alta puede mover el punto de encaje.
El hambre o el miedo o el amor o el odio también pueden hacerlo. Lo mismo el misticismo y el intento
inflexible, el método preferido de los brujos
el intento inflexible. Dijo que es una especie de determinación; una firmeza; un propósito muy bien
definido que no puede ser anulado por deseos o intereses en conflicto. El intento inflexible es también
la fuerza engendrada cuando se mantiene el punto de encaje fijo en una posición que no es la habitual.
Dijo que los brujos consideran al intento inflexible como el catalizador que propulsa sus puntos de
encaje a nuevas posiciones, posiciones que, a su vez, generan más intento inflexible

un movimiento es un profundo cambio de posición, tan acentuado que el punto de encaje podía incluso
alcanzar otras bandas de energía. Cada banda de energía representa un universo completamente distinto
a percibir. Un desplazamiento, en cambio, es un pequeño movimiento dentro de la banda de campos
energéticos que percibimos como el mundo de la vida cotidiana

la percepción normal tiene un eje. "Aquí y allá" son los extremos de ese eje y el único de los dos que
tiene claridad es "aquí". Dijo que, en la percepción normal, solo se percibe el "aquí" por completo,
instantánea y directamente. Su referente gemelo, "allá" carece de inmediatez. Se lo infiere, se lo
deduce, se lo espera y hasta se lo supone, pero nunca se lo percibe directamente, con todos los sentidos.
Cuando percibimos dos lugares a la vez se pierde la claridad total, pero se gana la percepción inmediata
del "allá

-Los brujos dicen -don Juan explicó- que los más increíbles logros de la percepción son puras idioteces
si no están acompañados de ciertos estados de ánimo claves, que les dan valor y seriedad. El abandono,
la frialdad y la audacia son esos estados de ánimo. Y solamente los brujos pueden intentarlos

el estar en dos lugares al mismo tiempo era la marca que los brujos usaban para señalar el momento en
que el punto de encaje llegaba al sitio del conocimiento silencioso. La percepción dividida, si se
alcanzaba por medios propios, recibía el nombre de "libre movimiento dei punto del encaje

Este empecinado esfuerzo recibía la críptica denominación de "extenderse al tercer punto

El nagual intenta el libre movimiento del punto de encaje del aprendiz, y el espíritu canaliza hacia el
nagual los medios para lograrlo. Yo nunca había intentado nada por el estilo hasta que llegaste tú. Por
lo tanto, nunca había apreciado plenamente el gigantesco esfuerzo que hizo mi benefactor al intentarlo
para mí

El tercer punto de referencia es la libertad de la percepción; es el salto mortal del pensamiento a lo


milagroso; es el acto de extendernos más allá de nuestros límites para tocar lo inconcebible.

-Para la mente es muy excitante descubrir la posibilidad de estar en dos lugares a la vez -dijo-. Puesto
que nuestra mente es nuestra racionalidad, y nuestra racionalidad es nuestra imagen de sí, cualquier
cosa que esté más allá de nuestra imagen de sí o bien nos atrae o nos horroriza, según qué tipo de
personas seamos

En términos de su vínculo con el intento, el guerrero pasa por cuatro etapas. La primera, cuando tiene
un vinculo herrumbrado en el que no puede confiar. La segunda, cuando logra limpiarlo. La tercera,
cuando aprende a manejarlo. Y la cuarta, cuando aprende a aceptar los designios de lo abstracto
el sonido y el significado de las palabras son de suprema importancia para los acechadores. Ellos usan
las palabras como llaves que abren cualquier cosa que esté cerrada. Los acechadores, por lo tanto,
deben declarar su objetivo antes de tratar de lograrlo. Pero no pueden revelarlo así nomás, desde un
principio; deben decirlo cuidadosamente y esconderlo entre las palabras.

El nagual Elías llamó a ese acto, "despertar el intento". Le explicó a don Juan que el nagual Julián
había despertado al intento al afirmar enfáticamente, frente a todos los miembros de la casa, que iba a
mostrar a don Juan, de una sola vez, qué era el espíritu y cómo definirlo. Eso era una perfecta tontería,
pues el nagual Julián sabía que no había modo de mostrar o de definir al espíritu. Su verdadero objetivo
era, por supuesto, situar a don Juan en la posición de manejar el intento

la posición del conocimiento silencioso se llamaba el tercer punto, porque, a fin de alcanzarlo, había
que pasar por el segundo punto: el lugar donde no hay compasión.

Dijo que el punto de encaje de don Juan adquirió la suficiente fluidez como para hacerlo doble. Ser
doble significaba, para los brujos que uno podía manejar el intento; estar en el lugar de la razón y el del
conocimiento silencioso, alternativamente o al mismo tiempo.

Y no podía dejar de ponderar el hecho de que pese a no saber nada o quizá justamente por ello, había
podido transferir la totalidad de su energía de un lugar al otro

todos los seres humanos se hallaban capacitados para lograr esa fluidez. Sin embargo, la mayoría de
nosotros solamente la almacenábamos sin usarla jamás, salvo en las raras ocasiones en que la
despertaban, o bien los brujos, o ciertas circunstancias naturalmente dramáticas, como una lucha de
vida o muerte

la humanidad estaba en el primer punto, el de la razón, pero que no todos los seres humanos tenían el
punto de encaje localizado exactamente en el sitio de la razón. Quienes lo tenían justamente allí eran
los verdaderos líderes de la humanidad. Casi siempre se trataba de personas desconocidas cuyo genio
era el ejercicio de la razón

sólo el ser humano que fuera un dechado de la razón podría mover su punto de encaje con facilidad,
para ser un dechado del conocimiento silencioso. Dijo que sólo aquellos que estaban justamente en una
de las dos posiciones podían ver con claridad la otra posición; y que ese había sido el modo como se
inició la era de la razón. La posición de la razón se veía claramente desde la posición del conocimiento
silencioso

la conexión entre el conocimiento silencioso y la razón era, para los brujos, como un puente de una sola
mano, llamado, "interés". Es decir, el interés que los auténticos hombres del conocimiento silencioso
tenían por la fuente de lo que sabían. Y el otro puente de una sola mano, que conecta la razón con el
conocimiento silencioso, es llamado el "puro entendimiento". Es decir, lo que le dice al hombre de
razón que la razón es solamente como una estrella en un infinito de estrellas
cualquier ser humano que tuviera ambos puentes en funcionamiento es un brujo en contacto directo con
el espíritu, la fuerza vital que posibilita ambas posiciones

el espíritu solo escucha cuando el que le habla, le habla con gestos. Y los gestos no significa hacer
señales o mover el cuerpo, sino actos de verdadero abandono, de generosidad, de humor. Como gesto
para el espíritu, los brujos sacan de sí lo mejor que tienen; su abandono, su frialdad, su audacia y
silenciosamente lo ofrecen al es-píritu

los brujos contaban la vida en horas: y que en una hora le era posible a un brujo vivir, en intensidad, el
equivalente de una vida normal. Esa intensidad es una ventaja, dijo, cuando se trata de acumular
información en el movimiento del punto de encaje

en vez de tomar notas de nuestras conversaciones, cosa muy incómoda y engorrosa, guardara toda la
información obtenida sobre el mundo de los brujos, no en papel ni en mi mente, sino en el movimiento
de mi punto de encaje.

-El punto de encaje, con el más ínfimo movimiento crea islas de percepción totalmente aisladas -me
dijo-. Información acerca de la complejidad de la conciencia de ser se puede acumular allí.

-La información se almacena en la experiencia misma; es decir, en la posición que el punto de encaje
tiene al momento de la experiencia -me explicó-. Luego, cuando el brujo mueve otra vez su punto de
encaje al sitio exacto en donde estaba, revive toda la experiencia. A eso, cómo ya lo sabes, los brujos
llaman "acordarse". Así que, acordarse es el modo de conseguir toda la información acumulada en el
movimiento del punto de encaje.

"Lo que los brujos almacenan es la intensidad -continuó-. La intensidad es resultado automático del
movimiento del punto de encaje. Por ejemplo, todo lo que estás viviendo en estos momentos tiene más
intensidad de la que experimentas en general; por lo tanto, debidamente hablando, estás almacenando
intensidad. Algún día revivirás la intensidad de este momento, ha-ciendo que tu punto de encaje vuelva
exactamente al sitio en donde está ahora. Ese es el modo como almacenan los brujos información

-Como el nivel de intensidad de un brujo es mayor que lo normal -dijo don Juan-, en pocas horas un
brujo puede vivir el equivalente a una vida normal. Su punto de encaje, al moverse a una posición poco
familiar, toma más energía que la acostumbrada. Ese flujo extra de energía se llama intensidad

me advirtió que tuviera cuidado con cierta reacción que afecta típicamente a los brujos: el frustrante
deseo de explicar la experiencia de la brujería en términos coherentes y bien razonados.

-La experiencia de los brujos es tan descabellada -dijo don Juan- que ellos acostumbran a acecharse a sí
mismos con ella, haciendo hincapié en el hecho de que somos perceptores y de que la percepción tiene
muchas más posibilidades de las que puede concebir la mente.

"A fin de protegerse de esa inmensidad de la percepción -continuó-, los brujos aprenden a mantener
una mezcla perfecta de no tener compasión, de tener astucia, de tener paciencia y de ser simpáticos.
Estas cuatro bases están entrelazadas de modo inextricable. Los brujos las cultivan intentándolas. Estas
bases son, naturalmente, posiciones del punto de encaje

todo acto realizado por un brujo es deliberado en pensamiento y realización y está, por definición,
gobernado por esos cuatro principios fundamentales del acecho.

-Los brujos usan esas cuatro disposiciones del acecho como guías -continuó-. Son cuatro estados
mentales, cuatro diferentes tipos de intensidad que los brujos pueden usar para inducir a sus puntos de
encaje a moverse a posiciones específicas

-Explicar es una lata -dijo-. Nuestra racionalidad nos pone entre la espada y la pared. Nuestra tendencia
es a analizar, a sopesar, a averiguar. Y no hay modo de hacer eso desde dentro de la brujería. La
brujería es el acto de llegar al lugar del conocimiento silencioso, y el conocimiento silencioso no es
analizable, porque sólo puede ser experimentado

con fin de protegerse del abrumador efecto del conocimiento silencioso, desarrollaron el arte del
acecho. El acecho mueve el punto de encaje de un modo ínfimo, pero incesante, dando así a los brujos
el tiempo y la posibilidad de reforzarse

existe una técnica muy usada por los brujos: "el desatino controlado". Los brujos aseguran que esa es la
única técnica con que cuentan para tratar consigo mismos en la conciencia acrecentada y con la gente
en el mundo de la vida cotidiana

El desatino controlado no es un engaño en sí, me había dicho, sino un modo sofisticado y artístico de
separarse de todo sin dejar de ser una parte integral de todo.

-El desatino controlado es un arte -continuó don Juan-. Un arte sumamente molesto y difícil de
aprender. Muchos brujos no tienen aguante para eso, no porque tenga nada de malo, sino porque hace
falta mucha energía para ejercitarlo

-Para cuando llegamos a la brujería nuestra personalidad ya está formada -dijo-, encogiéndose de
hombros como para indicar resignación-; y solamente nos resta practicar el desatino controlado y
reírnos de nosotros mismos

-Los acechadores que practican el desatino controlado creen que, en cuestiones de personalidad, toda la
especie humana cae dentro de tres categorías

las personas de la primera categoría son los perfectos secretarios, ayudantes y acompañantes. Tienen
una personalidad muy fluida, pero su fluidez no nutre. Sin embargo, son serviciales, cuidadosos,
totalmente domésticos, e ingeniosos dentro de ciertos límites; chistosos, de muy buenos modales,
simpáticos y delicados. En otras palabras, son la gente más agradable que existe, salvo por un enorme
defecto: no pueden funcionar solos. Necesitan siempre que alguien los dirija. Con dirección, por dura o
antagónica que pueda ser, son estupendos. Por sí mismos, perecen.
La gente de la segunda categoría no tiene nada de agradable. Los de ese grupo son mezquinos,
vengativos, envidiosos, celosos y egocéntricos. Hablan exclusivamente de sí mismos y habitualmente
exigen que la gente se ajuste a sus normas. Siempre toman la iniciativa, aunque esto los haga sentir
mal. Se sienten totalmente incómodos en cualquier situación y nunca están tranquilos. Son inseguros y
jamás están contentos; cuanto más inseguros se sienten, más desagradable es su comportamiento. Su
defecto fatal es que matarían con tal de estar al mando.

En la tercera categoría están los que no son ni agradables ni antipáticos. No sirven a nadie, pero
tampoco se imponen a nadie. Más bien, son indiferentes. Tienen una idea exaltada de sí mismos basada
solamente en sus fantasías. Si son extraordinarios en algo es en la facultad de esperar a que las cosas
sucedan. Por regla general esperan ser descubiertos y conquistados; tienen una estupenda facilidad para
crear la ilusión de que se traen grandes cosas entre manos; cosas que siempre prometen sacar a relucir,
pero nunca lo hacen, porque, en realidad, no tienen nada

El manejo del intento es algo más velado, es el arte del acecho en sí, es la impecabilidad

Y la única razón por la cual necesitamos un maestro es para que nos acicatee sin misericordia. De lo
contrario, nuestra reacción natural es detenernos a felicitarnos por haber avanzado tanto

Para el nagual Julián, la importancia personal era un monstruo de mil cabezas y había tres maneras en
que uno podía enfrentarse a él y destruirlo. La primera manera consistía en cortar una cabeza por vez;
la segunda era alcanzar ese misterioso estado de ser llamado el sitio donde no hay compasión, el cual
aniquila la importancia personal matándola lentamente de hambre; y la tercera manera era pagar por la
aniquilación instantánea del monstruo de las mil cabezas con la muerte simbólica de uno mismo

El nagual Julián explicó que la vista humana esta adiestrada para enfocarse solamente en los rasgos
más salientes de una cosa, y que esos rasgos salientes son conocidos de antemano. Por lo tanto, el arte
de los acechadores es crear una impresión, presentando rasgos que ellos eligen, rasgos que ellos saben
que los ojos del espectador están destinados a notar. Al reforzar ingeniosamente ciertas impresiones,
los acechadores logran crear en el espectador una impugnable convicción acerca de lo que perciben

la apariencia es la esencia del desatino controlado; por lo tanto, los acechadores crean la apariencia
intentándola, en vez de lograrlo con la ayuda de disfraces. Los disfraces crean apariencias artificiales
que la vista nota consciente o inconscientemente. En ese sentido, intentar apariencias es
exclusivamente un ejercicio para el manejo del intento

las apariencias se solicitan al espíritu o se las llama a la fuerza, pero nunca se las inventa
racionalmente. La apariencia de Tulio fue llamada con fuerza. El nagual Elías los metió a los cuatro
juntos, en un pequeño cobertizo donde apenas podían caber. Allí les habló el espíritu. Les dijo que
primero debían intentar su homogeneidad. Después de cuatro semanas de aislamiento total, la
homogeneidad vino a ellos

el intento los había fundido unos con otros, y que así habían adquirido la certeza de que la
individualidad de cada uno pasaría desapercibida. La segunda etapa fue llamar con toda la fuerza
posible a la apariencia que iba a ser percibida por el especta-dor. Se empeñaron entonces en llamar al
intento para que les diera la apariencia de Tulio que don Juan había visto. Tuvieron que trabajar mucho
para perfeccionarlo. Bajo la dirección de su maestro, se concentraron en todos los detalles que lo haría
perfecto.

Los cuatro Tulios dieron a don Juan una demostración de los rasgos más chistosos y salientes de Tulio;
los cuales eran: muy marcados gestos de arrogancia y desdén; abruptos giros de cabeza hacia la
derecha, para demostrar enojo; movimientos del torso, para ocultar parte de la cara con el hombro
izquierdo; pasar furiosamente una mano sobre los ojos, como para apartar el pelo de la frente; el paso y
los movimientos de un hombre impaciente y ágil, demasiado nervioso para estarse en un solo sitio y
que no puede decidir hacia dónde ir.

los acechadores llaman al intento en voz alta. Habitualmente lo llaman desde una habitación pequeña,
oscura y aislada. Se pone una vela en una mesa negra, con la llama a pocos centímetros de los ojos;
después se pronuncia lentamente la palabra intento, modulándola con claridad tantas veces como uno lo
considera necesario. El tono de voz sube y baja sin intervención de la voluntad.

Tuliúno hizo hincapié en que la parte indispensable en el acto de llamar al intento es una total
concentración en lo que se intenta. En el caso de ellos, su concentración se enfocó en su homogeneidad
y en la apariencia de Tulio. Tras ser fusionados por el intento, aún tardaron un par de años en edificar
la plena certeza de que tanto su homogeneidad como la apariencia de Tulio serían realidades
inapelables para los espectadores.

tanto su benefactor, como el nagual Elías, eran un poco más dados a los ritos que él; por lo tanto,
preferían utensilios tales como velas, lugares oscuros y mesas negras

-Claro que tenemos un lado oscuro -dijo-. Matamos por capricho, ¿no es cierto? Quemamos gente en el
nombre de Dios. Nos destruimos a nosotros mismos; aniquilamos la vida en este planeta; destruimos la
tierra. Y luego nos ponemos un hábito y el Señor nos habla directamente. ¿Y qué nos dice el Señor?
Nos dice que si no nos portamos bien nos va a castigar. El Señor lleva siglos amenazándonos sin que
las cosas cambien. Y no porque exista el mal, sino porque somos estúpidos. El hombre si que tiene un
lado oscuro, que se llama estupidez

en la misma medida en que el rito obliga al hombre común y corriente a construir enormes iglesias que
son monumentos a la importancia personal, también obliga a los brujos a construir edificios de
morbidez y obsesión. La tarea de todo nagual es, por lo tanto, guiar a la conciencia para que vuele
hacia lo abstracto, libre de cargas e hipotecas.

-El ritual puede atrapar nuestra atención mejor que ninguna otra cosa -dijo-, pero también exige un
precio muy alto. Ese precio es la morbidez; y la morbidez podría cobrar altísimas cargas e hipotecas a
nuestra conciencia de ser.
Don Juan dijo que la conciencia de ser es como una inmensa casa. La conciencia de la vida cotidiana es
como estar herméticamente encerrado en un solo cuarto de esa inmensa casa durante toda la vida. Se
entra en ese cuarto por medio de una abertura mágica: el nacimiento. Y se sale por medio de otra
abertura mágica: la muerte.

Sin embargo, los brujos son capaces de hallar una abertura más y salir de ese cuarto herméticamente
cerrado estando aún vivos. Un logro estupendo. Pero un logro más estupendo todavía es que, al escapar
de ese cuarto sellado, los brujos son capaces de elegir la libertad. Eligen abandonar por completo esa
casa inmensa, en vez de perderse en otras partes de ella

la morbidez es la antítesis de la oleada de energía que la conciencia necesita para alcanzar la libertad.
Hace que los brujos pierdan el rumbo y se queden atrapados en los intrincados y oscuros corredores de
lo desconocido

-La rareza no es morbidez

-La libertad -dijo-. Quería liberarlos de la convención perceptual. Y les enseñó a ser artistas. Acechar
es un arte. Para un brujo, puesto que no es mecenas ni vendedor de arte, la única importancia de una
obra de arte es que puede ser

Al final, todo ellos se dan cabal cuenta de lo que son; brujos. La dificultad consiste en que el espejo de
la imagen de sí es sumamente poderoso y sólo suelta a sus víctimas después de una lucha feroz

Describió el problema de los brujos en general como una doble imposibilidad. Una es la imposibilidad
de restaurar la destrozada continuidad cotidiana; y la otra, la imposibilidad de utilizar la continuidad
dictada por la nueva posición del punto de encaje. Esa nueva continuidad, dijo él, es siempre
demasiado tenue, demasiado inestable, y no ofrece a los brujos la seguridad que necesitan para actuar
como si estuvieran en el mundo de todos los días

-Ninguno resuelve nada -replicó él-. O bien el espíritu lo resuelve o no lo hace. Si lo hace, el brujo se
descubre manejando el intento, sin saber cómo. Esta es la razón por la cual he insistido, desde el día en
que te conocí, que la impecabilidad es lo único que cuenta. El brujo lleva una vida impecable, y eso
parece atraer la solución. ¿Por qué? Nadie lo sabe

-La impecabilidad, como tantas veces te lo he dicho, no es moralidad -me dijo-. Sólo parece ser
moralidad. La impecabilidad es, simplemente, el mejor uso de nuestro nivel de energía. Naturalmente,
requiere frugalidad, previsión, simplicidad, inocencia y, por sobre todas las cosas, requiere la ausencia
de la imagen de sí. Todo esto se parece al manual de vida monástica, pero no es vida monástica

lo único que acumula energía es nuestra impecabilidad.

A veces, debido a circunstancias dramáticas, si bien naturales, tales como las privaciones, la tensión
nerviosa, la fatiga, el dolor, el punto de encaje sufre profundos movimientos. Si los hombres que se
encuentran en tales circunstancias lograran adoptar la impecabilidad como norma y llenar los requisitos
del intento, podrían, sin ninguna dificultad, aprovechar al máximo ese movimiento natural. De ese
modo, buscarían y hallarían cosas extraordinarias, en vez de hacer lo que hacen en tales circunstancias:
ansiar el retorno a la normalidad.

La verdadera dificultad no está en mover el punto de encaje ni en romper la continuidad. La verdadera


dificultad está en tener energía. Si se tiene energía, una vez que el punto de encaje se mueve, cosas
inconcebibles están al alcance de la mano

-No la desees, ni pienses en ella -su benefactor le había dicho-. Simplemente, espera hasta que venga.
No trates de imaginar cómo es la muerte. Quédate quieto hasta que llegue a ti y te atrape en su flujo
irresistible

para que un brujo tuviera completa certeza acerca de sus acciones, o acerca de su posición en el mundo
de los brujos, o acerca de su capacidad de utilizar inteligentemente su nueva continuidad, debe
invalidar la continuidad de su vida cotidiana.

-Los brujos videntes de los tiempos modernos -prosiguió don Juan- llaman a ese proceso de invalidar la
vida cotidiana "el boleto para ir a la impecabilidad" o la muerte simbólica, pero muy definitiva, del
brujo

el gran truco de los brujos es estar totalmente conscientes de que están muertos. Su boleto para ir a la
impecabilidad debe estar envuelto en puro entendimiento. En esa envoltura, dicen los brujos que el
boleto se mantiene flamante

El descenso del espíritu lo es todo, pero no significa nada si no se llenan los requisitos del intento. Por
lo tanto, cultiva el abandono, la frialdad y la audacia. En otras palabras, sé impecable

Notas Varias

12 Notas de Campo del Antropólogo Carlos Castaneda

Con información Inédita

Contenido:

I.- Trascripción de 12 notas de campo del español manuscrito a español en letra de molde.

II.- Documentos fuente en que se baso la trascripción.

III.- Observaciones del Transcriptor.


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I .- Trascripción de 12 notas de campo del español manuscrito a español en letra de molde.

Hoja # 1

Sábado abril 8 1962

Cuando estaba por irme a casa don Juan me pregunto:

“y cuando vuelves?”

“en dos meses” le respondí.

“nunca aprenderás, para aprender hay que darle a toda madre

-sin falta, y tu no tienes voluntad para hacer eso”.

“voluntad tengo, pero lo que no tengo es tiempo”.

“a mi, mi benefactor me llevo a su casa de chico y nunca

-salí hasta que me hizo hombre”.

Su tono era un poco despectivo y parecía estar molesto.

“¿Cuánto tiempo estuvo con su benefactor?” le pregunte.

“Años”.

“Cuantos años?”.

“Quien sabe”.

“¿Y luego que hizo cuando se fue de la casa de su benefactor?”.

“Me fui de ahí cuando el murió”.

“¿Estaba usted desde chiquito con el?”.

“Pues si, en ese tiempo había mucha necesidad y el me cuido como a su propio hijo”.
“¿Dónde vivieron?”.

“Eso no te puedo decir. Cuando me tienes a mi, mi tiempo, tú no podrás decir donde me conociste, ni
donde me viste, ni donde me encontraste, ni como me llamo. Esa es la regla con respecto a los brujos.
Esa es la regla cuando se quiere, saber, cuando se tiene buena voluntad.”.

“Porque es la regla así don Juan?”.

“Es lo que los brujos decidieron. Del brujo no se cuenta ni sus costumbres, ni su muerte, y uno nunca
debe mal usar esos secretos. Te lo digo ahora. No digas nunca donde me conociste, y cuando me
muera, nunca averigüen donde se sepulto mi cuerpo”.

“le dije que existían muchas personas que sabrían donde nos (continua en Hoja 2)

Hoja # 2

“ … habíamos conocido.”

“nadie sabe nada” dijo muy convencido.

“¿y Fernando y don Nacho?” le pregunte.

“Esos son unos pendejos, ni siquiera saben donde se paran.

“¿y su nuera don Juan?”

“Esa no cuenta para nada. Esa es otra vieja pendeja. Pero son otras gentes que cuentan”.

“¿Quién por ejemplo?”

“tu ya sabrás quienes son, cuando te pregunten algún día, cuando te pregunten donde se sepulto mi
cuerpo.”

“¿Quién me preguntara?”

“ya veras, la vida del brujo es muy extraña y las cosas le salen a uno al encuentro sin que se las busque
o aun quiera”.

Le pregunte otra vez, porque habría de guardar tal secreto

Dijo que “al aprender mas me daría cuenta de que hay cosas que no se pueden decir; que hay cosas que
le pertenecen solamente a uno”.
“cuando se mueve en el camino del conocimiento,” dijo

“no hay que decirle a nadie lo que uno hace.”.

“no diré a nadie. Se lo prometo don Juan.”.

“Si que lo dirás. Tienes la boca muy grande.”.

“y que puedo hacer para evitarlo?”.

“Nada”.

Quise asegurarle a don Juan que no tenia la mínima intención de divulgar sus secretos, y que como era
que los iba a revelar?, si ni siquiera tenia la oportunidad de hacerlo.

“la tendrás y lo dirás” dijo con una afable sonrisa.

“dirás aunque no lo quieras. Pero no vale la pena hablar o platicar de eso.”

“Así que es malo mencionar esos cosas don Juan?”.

“Por supuesto, especialmente para ti. No faltara quien quiera

Hoja # 3

´… robarte el poder. Te lo robaran porque hablar espanta la fuerza. Hablar roba el poder.

“¿y si yo no quisiera el poder?”

“Para que aprendes entonces si no quieres el poder?”

“pues nomás que para saber”

“no sabes lo que dices, pero ya veras, comprenderás cuando te des cuenta. Cuando sepas más, el poder
lo usaras de un modo u otro”.

“le dije que yo solo quería saber, y que en realidad no tenia interés en vivir la vida del brujo”.

“El hombre que sabe, tiene que emplear su poder” dijo “¿ O para que quiere saber? ¿y tu como te las
vas a arreglar si te tocan las de malas y tienes que usar el poder del brujo?”.
“tu no sabes como es esa ayuda. Una vez que la empiezas ya no hay manera de pararla.”

“¿Usted dice que no se puede parar la vida de brujo?”

“Pues no se puede. A menos que se llegue a aprender mucho y para aprender mucho hay que usar el
poder de brujo. Tu no sabes lo que dices.”

“un hombre de conocimiento tiene que actuar tarde o temprano no se puede vivir nomás que pensando.
El hombre que sabe, tiene fuerza para actuar y los conocimientos para todo lo que quiera hacer. Ya
veras no hay manera de parar ya cuando uno empieza en el camino del conocimiento. Te lo digo. No se
puede parar o cambiar.”

“Uno que sabe llega siempre a ser mas misterioso que la chingada.”

“nadie te podrá detener, si es que llegas a ser un hombre que sabe, un hombre de conocimiento.”

“¿quien es el hombre de conocimiento? ¿ es el brujo un hombre que sabe?” Pregunte.

“puede que sepa, si es que ha seguido de buena ley el camino del conocimiento.”

Hoja # 4

“pero como se sigue ese camino?”

“uno tiene que aprenderse a las buenas del rigor de aprender; y in mucha prisa, pero sin faltar, uno debe
meterse hasta donde se puede, para ir desenredando los secretos del poder y el conocimiento”

“¿puede cualquiera de nosotros ser un hombre de conocimiento?”

“no todos nosotros”

“¿entonces quien puede?”

“El que desafía y vence a los cuatro enemigos naturales, el hombre de conocimiento debe enfrentar a
sus cuatro enemigos, después debe pelear con ellos, y luego debe vencerlos. Después de vencerlos
puede entonces llamarse hombre de conocimiento”

“Le pregunte que si todo lo que se necesitaba era vencer a los “4 enemigos para ser ya hombre de
conocimiento” dijo

“que si podía llamarse hombre de conocimiento, si “uno era capaz de vencer a los cuatro enemigos; y
que cualquier “persona podía hacer eso”.
“¿puede cualquiera de nosotros pelear con los cuatro enemigos, o hay requisitos especiales?” le
pregunte

“no hay requisitos, cualquiera de nosotros puede tratar de llegar a ser un hombre que sabe, pero muy
pocas personas. Llegan a serlo, esto es muy natural. Los enemigos son formidables pero de a verdad los
cuatro enemigos son poderosos, y la mayoría de nosotros, pues nos perdemos”.

“¿Qué clase de enemigos son don Juan?”

“de que vale hablar?, total no vas a entender. Las cosas se ponen muy feas cuando no se puede
entenderles.”

“pero yo necesito saber don Juan, aunque no entienda”

“ya sabrás a su debido tiempo; eso es si no te pelas por ahí del susto, te diré, no vale la pena platicar de
estas cosas ¿para que?”.

“cree usted que yo seré hombre de conocimiento algún día?”

Hoja # 5

“! Y como puedo saber eso? Nadie puede saber lo que le pasara a uno en su camino”

“¿no hay modo de saber?”

“no lo hay. ya te lo dije, todo depende de la batalla contra los 4 enemigos si los vences o te vencen a ti.
Pero así nomás no se puede saber eso”

“¿puede usted adivinar con sus poderes?”

“no, porque el llegar a ser hombre de conocimiento es algo que no dura mucho, yo diría que es algo
pero demasiado rápido y de este tanto (hizo un gesto de tamaño minúsculo con sus dedos)”

“pero entonces como se puede ser hombre de conocimiento si eso no dura nada”

“pues, uno nunca es hombre de conocimiento del todo. Llegar a serlo no dura nada. No es permanente,
uno en realidad nunca es, un hombre que sabe. Lo que pasa es que uno tiene un instante de “luz”, de
verdadero conocimiento después de vencer a los cuatro enemigos”

“Dígame don Juan ¿Qué clase de enemigos son?”

“no vale la pena platicar; y no vamos a platicar. Tú siempre quieres platicar y platicar de todo ¿Qué no
te cansas? yo no tengo esa necesidad, a mi no me gusta la platica”
“yo le seguí discutiendo que para mi modo de pensar el único modo de entender era a través de la
platica, pero don Juan se puso serio y dejo de hablar. No quise irme dejándolo molesto así que me
quede todo el día con el”

2 PM

En la tarde nos pusimos a hablar de los cristales mágicos de los Brujos. Un tópico que no acabo de
discutir la ultima vez que lo Visite.

“hay tres modos de ver espíritus” dijo don Juan “hay tres clases de espíritus. Los espíritus que no dan
nada, porque no tienen nada que dar, los espíritus que cuentan, porque esos si-

Hoja # 6

Domingo abril 15, 1962

Otra vez volvimos hoy a conversar de los enemigos del los hombres de conocimiento,

Y de nuevo nuestra conversación tuvo lugar a ultima hora, ya cuando me

Iba a casa. Le pregunte de nuevo quienes eran esos enemigos. Yo

Esperaba que no me lo dijera, sin embargo me lo explico detalladamente.

“cuando uno empieza a aprender” dijo “nunca se sabe lo que va a encontrarse”

“el camino nunca esta claro. El propósito esta lleno de fallas; la intención es vaga. Uno anda siempre
confundido porque espera que pasen cosas que nunca pasaran, porque no sabe lo difícil que es el
conocimiento, uno no sabe los trabajos que cuesta el aprender.”

“pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego mas y mas, y los pensamientos se dan de
topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno hubiera querido, y así se
empieza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno esperaba. Cada nuevo paso es un
atolladero, y así sin mas ni mas el miedo se le sube a uno al pescuezo y comienza a apretarlo sin
misericordia y no se puede hacer nada porque el propósito, es un campo de batalla.Y así es como se
tropieza con el primer enemigo, el rival de uno, el miedo. Un enemigo terrible, traicionero y enredado
como los cardos, se halla siempre acechando por ahí, escondido, siempre escondido, en cada rendija, el
miedo nada más esta siempre Esperando.”

“y si uno se llena de terror y se pela, el primer enemigo acaba con sus ganas”.
“¿Qué le pasaría a uno si corre así?”

“nada, solamente que uno nunca aprenderá, nunca llegara a ser un hombre que sabe. Uno llegara a ser
tal vez un maleante, o un cualquier cobarde lleno de miedo, un hombre (il).

Hoja # 7

“Vencido, un hombre al que el miedo le acabo las ganas ¿se puede hacer algo para vencer al miedo?”

“se puede y es muy simple. Uno debe desafiar al miedo y a pesar de su miedo uno debe seguir
aprendiendo, y debe dar otro paso, y otro, y otro. Se debe tener miedo, pero aun así se debe seguir y no
parar y menos aun correr.¡esa es la regla! y llega un momento en que el primer enemigo se vuelve atrás
y uno empieza a sentirse seguro y tranquilo. La intención se hace aun mas fuerte, el conocimiento no es
ya tan espantoso.

“cuando ese momento llega, se puede decir a lo macho, que a esta venciendo al miedo y el miedo se va
desvaneciendo poco a poco, al comienzo, hasta que de repente el miedo se pela de sopetón”.

“¿y uno no tendrá miedo ya nunca mas?” pregunte.

“no una vez que se ha vencido al miedo, se esta libre para el resto de la vida, porque en lugar del
miedo, se tiene la claridad. La claridad es la que desvanece al miedo. Para ese entonces ya uno sabe sus
deseos y como satisfacer esos deseos. Ya se pueden anticipar los caminos, y una claridad nítida rodea a
todo. Uno siente y sabe que nada puede estar oculto ya mas”. y así sin esperarlo, se encuentra uno ante
el segundo enemigo. La claridad. Esa misma claridad que desvaneció al miedo y que es tan difícil de
lograr, también enceguece. La claridad lo fuerza a uno a no dudar y le da seguridad, la seguridad de
que puede hacer lo que se le de la gana, porque todo lo que uno ve, lo ve con claridad. Y como es
valiente porque ve claro, y uno no se detiene ante nada porque ve claro. Pero eso de ver claro es un
error, es como si se viera claro, pero incompleto.

Hoja # 8

“si uno cree en esa ilusión de poder hacer lo que se le de la gana, uno se ha dejado vencer por el
segundo enemigo, uno se ha dejado cortar, y no se puede aprender mas, porque el conocimiento se le
va de entre las manos. Y como se impacienta cuando debe ser generoso, o es generoso cuando debe ser
impaciente.-“

“El conocimiento se cae de entre las manos y se acaba por no aprender mas”.

“¿Qué le pasa a uno si ese enemigo lo vence? se muere?” “no uno no muere, el segundo enemigo nada
mas le ha puesto a uno las manos, y lo ha parado en seco. Ya no se podrá jamás llegar a ser un hombre
de conocimiento, se podrá solo llegar a ser un valiente lleno de fuerza o un generoso muy suave. Pero
aun así, su claridad por la que se pago tan caro no lo abandonara y ya nunca mas le temerá uno a la
oscuridad del miedo. Uno vera claro por el resto de su vida, lo único es que ya no deseara aprender, ni
deseara ya nada mas”

“¿Qué se debe hacer para vencer al segundo enemigo?”

“se debe proceder como con el miedo, se debe encarar la claridad y usarla solo para ver claro se debe
esperar pacientemente y medir bien antes de tomar un nuevo camino. uno debe pensar sobre todo que
su claridad es como un error. Y llegara así el momento cuando se entiende que la claridad es solo un
puntito delante de los ojos. Así es como se vence al segundo enemigo, y se llega a una posición donde
ya nada lo puede tocar a uno, ya nada le puede hacer daño y eso no es ilusión, ni tampoco un punto
delante de los ojos, Ese es el poder. El nuevo rival uno sabe para ese entonces que el poder que había
estado persiguiendo, ya es finalmente de uno, esta vez si que se puede hacer lo que se le de la gana, uno
tiene para”.

Hoja # 9

“ese entonces aliados y los comanda, su deseo nomás es ley uno ve claro y parejo todo lo que se le
presenta, todo lo que le rodea, pero así mismo uno se topo también con el tercer enemigo, el poder. El
más fuerte de todos los enemigos. Y como es natural lo más fácil es abandonarse a el. Después de todo
uno es de veras invencible. Si se encuentra poder. Y así uno empieza a tomar riesgos, riesgos muy
calculados al principio y acaba haciendo leyes, reglas, porque uno es invencible, uno es el amo del
poder, y ni siquiera nota que el tercer enemigo esta acechándolo, de pronto sin saberlo o sentirlo se
pierde de vista y el tercer enemigo lo vence a uno y lo vuelve caprichoso y malo”

“¿Cuándo un hombre a sido vencido así, pierde su poder?”

“uno nunca pierde el poder o la claridad”

“¿pero entonces cual es la diferencia entre un vencido y un hombre de conocimiento?”

“el hombre vencido por el tercer enemigo, nunca sabrá jamás como se debe manejar el poder, para el el
poder es como una maldición”

“cuando a uno lo vence el tercer enemigo, uno no tiene control sobre los deseos, uno es a madres
engreído y por lo tanto no se puede saber cuando o como usar el poder”

“le pregunte a don Juan, si la derrota es un acto final?”

No me entendió y nos pusimos a discutir, hasta que le


Explique que lo que quería saber era si uno podía huir y volver a la arena y seguir luchando después de
una derrota.

“cuando uno de los enemigos gana la mano ya no hay nada que hacer, y a los deseos de llegar a ser un
hombre que sabe se los lleva la chingada y uno tiene que resignarse, porque no hay nada que hacer”

Hoja # 10

“¿es posible que las derrotas que causa el poder sea nomás que una cosa de tiempo? Y que pueda uno
recuperarse y vencerlo?”

“si es una cosa de tiempo, entonces uno no ha sido vencido. La batalla sigue; si sigue tratando de llegar
a ser un hombre que sabe, uno puede considerarse vencido solo cuando a uno ya no le importa nada
mas cuando ya no hay mas ganas”.

“¿puede abandonar uno la lucha por años? por ejemplo; abandonarlo por miedo para luego volver y
vencer al miedo?”

“No eso no es posible. No se puede sucumbir al miedo y luego vencerlo cuando se sucumbe ya no hay
nada que hacer. No se puede aprender ya mas porque el conocimiento da miedo, y uno no hace nada de
aprender. Pero en cambio si se trata de aprender por años a pesar del miedo, uno al final acabara por
conquistarlo porque uno no se ha echado a perder”

“¿y como se vence al tercer enemigo, don Juan?”

“uno tiene que enfrentársele al desafió, y espolearlo, y darle duro; uno tiene que darle al poder con
mucha cabeza. Uno tiene que entender sobre todo que el poder que parece conquistado no es en
realidad nunca de uno. Sin entender esto uno se pierde para siempre entre las rendijas de uno mismo.
Pero si se usa el poder con medida, uno se va dando cuenta de que hay solamente un modo de
proseguir. El seguir fiel y respetuosamente lo que se ha aprendido en el camino del conocimiento. Solo
así se puede ver que la claridad y el poder sin el control sobre lo que es “uno mismo” son fines que no
(il) valen” si uno se da cuenta de que hay maneras de seguir con paciencia y medida, se llega a un
punto donde todo, absolutamente todo, esta bajo control. Para ese entonces ya se sabe como y cuando
usar el poder. Así es como se vence al tercer enemigo pero para ese entonces ya se esta al final de la
travesía por El camino del conocimiento. Y casi sin darle tiempo a uno, casi sin aviso, uno se da el
sopetón con el ultimo de sus enemigos

Hoja # 11

“la vejes, El mas cruel de todos, el enemigo que no se vencerá jamás. El enemigo al cual uno nomás
que puede ahuyentar por momentitos. Para ese entonces ya no se tiene el miedo que oscurece todo o la
claridad que lo vuelve a uno impaciente. Para ese entonces todos los poderes están bajo control. Pero
uno tiene en cambio-un deseo invencible de descansar. y si uno no se las pelea con su adversario y su
deseo de (¿huir?)(il) -si uno se recoge en la vejes se pierde la ultima (¿batalla?) (il) y el cuarto enemigo
lo vuelve a uno una criatura inútil. el deseo de descansar y olvidar dominaran a la claridad, al poder y
al conocimiento”.

“pero si uno se despega del cansancio, y vive como manda su destino, hasta el ultimo tirón, uno puede
entonces llamarse Hombre de Conocimiento. Aunque solo sea por esos momentitos cuando se logra
ahuyentar al ultimo, al enemigo invencible esos momentos de claridad, de poder y de conocimiento son
suficientes”.

Don Juan se acostó contra el horcon de la ramada y miro hacia los cerros del bacatete en la distancia, A
mi me invadió una extraña melancolía y dije por decir

“a la vejes no se puede evitarla”

“no, ya vez, a mi me ha tirado al suelo” don Juan dijo “ya me anda correteando, ya me hunde muy
seguido”

Su voz era seria y enfática, su manera era sencilla y a la vez histriónica, el drama estaba encerrado en
su tono sobrio. Un tono que me hizo dudar en ese momento, que don Juan pareciera un personaje
inmortal, joven y eterno, que solo estaba jugando a ser viejo.

“usted es un verdadero hombre de conocimiento, don Juan” le dije con sincera admiración.

Hoja # 12

Me miro con una expresión medio seria y luego se rió “! No le Hagas ¡dijo

No parecía estar triste o cansado o sentirse de ningún modo diferente al don Juan que conozco. Sin
embargo había algo en su aire que me había hecho entender, por primera vez, la intensidad con la que
luchaba contra el último enemigo, su enemigo invencible.

Fin Trascripción.

III.- Observaciones del Transcriptor.

A.- Muchas de las palabras de los documentos fuente son casi ilegibles., cuando es el caso se hace la
nota (il).
B.- La letra manuscrita actualmente casi no se usa, pero si en tiempos en que se sitúa el relato.

C.- Se aprecia que estas notas fueron escritas con rapidez, lo que si les da un cariz de nota de campo.

D.- Muchas de las palabras casi no se entienden, primero porque el tiempo ha diluido la tinta, y
segundo porque .Parece ser que quien las escribió, hacia un registro solo para su personal
entendimiento.

E.- Las palabras; pendejo, se pela, a lo macho, a toda madre, chingada, a madres engreído, sopetón y
otras, son usadas ocasionalmente en México en charlas entre amigos y concuerdan con el significado
que Don Juan les da. Algunas de esas palabras también se llegan a usar en sentido ofensivo. Pero en
ambos casos no son de uso muy común.

F.- Estas notas corresponden al libro “las enseñanzas de don Juan”, sin embargo, en estas hojas viene
Información que el Antropólogo no incluyo en el texto final del libro publicado.

G.- de la misma manera se puede observar, que en algunas partes de los textos del libro, comparados
contra las Notas, se ven ligeros giros, en que castaneda afinaba según su criterio algunas afirmaciones
de don Juan. Esto es en pocos casos, y esas afinaciones resultaban similares a lo platicado. Pero ese
detalle nos hace creer que estas notas fueron su registro original, las cuales luego el afino para su
publicación.

H.- Estas notas contienen valiosa información adicional, para todos aquellos investigadores interesados
en estudiar este legado.

I.- se puede asegurar que la trascripción que hacemos, corresponde en un 99% a lo contenido en las
Notas. Ese 1% restante se debe a aquellas palabras que fueron verdaderamente ilegibles y se marcaron
(il). Sin embargo en esos casos se intercalo una posible palabra siguiendo el hilo de la conversación.