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P R E S E N TAC I Ó N

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S E L EC I Ó N

WILLIAM MINA ARAGÓN

R I C O M Í T I C O P R E S E N
R I C O M Í T I C O P R E S E N

Portada: Benkos Bioho.Estatua Palenque de San Basilio.

Selección: Ph.D. William Mina Aragón. Diagramación: Unidad de Artes Grá cas, Facultad de Humanidades, Universidad del Valle.

El árbol brujo de la libertad Manuel Zapata Olivella

© De esta edición:

Universidad del Valle Universidad de Cartagena

© Herederos de Manuel Zapata Olivella

ISBN: 958-670

Diagramación e Impresión: Unidad de Artes Grá cas de la Facultad de Humanidades - Universidad del Valle Edi cio 385 tel. 321 21 14

L E G A L I D A D

Todos los derechos han sido reservados por Edelma Za- pata ante la Dirección Nacional de Derechos de Autor, 2009©. Cualquier uso del material sin la aquiescencia por escrito del autor, incurrirá en las sanciones prescritas por la legislación colombiana sobre propiedad intelectual [ley 599 de 2000; Carta Política, art. 61, Código Penal, arts. 257, 270, 271 y 272].

Santiago de Cali, septiembre de 2011

INDICE

GENERAL

PRIMERA

PARTE

PRESENTACIÓN. PENSAMIENTO, MESTIZAJE E IMAGINACIÓN POLÍTICA

INTRODUCCIÓN A LOS EKOBIOS Y HERMANOS DE TODZAS LAS ETNIAS

13

21

EL ÁRBOL DE LA PALABRA

23

CAPÍTULO PRIMERO

Génesis de las culturas africanas. Iniciación a la Mitología Africana

25

Odumare crea el universo, Orichas y hombres

27

Los Orichas protectores del Muntú en el exilio

29

Pausa de meditación

31

Los Orichas del amor y de la familia

32

Kulonda, pacto entre los vivos y los difuntos

35

CAPÍTULO SEGUNDO AHORA HABLA LA CIENCIA

África, Cuna del Homo sapiens

39

La Historia Maravillosa de la Tierra y de la Vida

39

Partida de Nacimiento del Hombre

40

Acta Final

43

La Diáspora Genésica Africana

44

CAPÍTULO TERCERO LO QUE DICE LA HISTORIA

Palabras para lavar oscuridades

47

La fabulosa Timbuctú

48

Egipto, la primera civilización

49

• Las Pirámides

50

• El comercio con los reinos negroafricanos

51

• La religión

51

• El in ujo cultural

50

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• Los esplendorosos reinos sudaneses

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• Nubia

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• Kush

55

• Axum

55

• Ghana, emporio dorado

55

• Malí

56

• Identidad de las llamadas «Piezas de Indias»

57

• El sentimiento religioso

58

CAPÍTULO CUARTO CIVILIZACION BANTU EN LA VIEJA CASA

Reinos de Manikongo, Angola y Monomotapa

62

Pasado arcaico y contemporaneidad

62

Los Bantú y su cultura

63

Genealogía ancestral africana

64

El gran salto a la civilización

66

Idioma y religión

67

CAPÍTULO QUINTO LOS BABALAOS DE LA RESISTENCIA

Las bodegas iluminadas

69

La guerra contra la cacería

70

Las casas de los muertos

72

Las bodegas iluminadas del exilio

73

Etnias y culturas

74

• Cultura Bantú

75

• Cultura Yoruba

75

• Cultura Carabalí-Bantú

76

• Cultura Ewe-Fon

76

• Cultura Fanti-Ashanti

77

• Cultura Berberisca

77

• Culturas Guineanas

77

• Cultura Morisca

78

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EL

ÁRBOL

BRUJO

DE

SEGUNDA

LA

LIBERTAD

PARTE

EL ÁRBOL BRUJO DE LA LIBERTAD LA NUEVA CASA EN AMÉRICA ÁFRICA EN COLOMBIA

Introduccion y generalidades

83

Re exiones antropológicas

85

Leyes dinámicas de la cultura

87

Pedagogía desalienadora

90

Descolonización y concientización

91

La autoalienación

92

Literatura oral, canto y danza

93

¿Esclavitud o colonialismo?

94

El Colonialismo, nueva forma de trata

95

Los instrumentos de resistencia

97

El Culto a los Ancestros

97

La mujer y la familia

99

El Palenquero, lengua franca

100

CAPÍTULO PRIMERO LUMBALU PARA DESPERTAR AL REY BENKOS MEMORIA Y MITO

Santo y seña

105

También los difuntos

106

¡«Benkos Rey! ¡Rey Benkos!»

106

Los mandatos del Rey Benkos

107

¡Domingo Criollo, Nuevo Rey!

108

CAPÍTULO SEGUNDO MEMORIA DE LOS ANCESTROS

Los Abuelos afroespañoles

111

Griegos, romanos y vándalos

112

Aculturación berberisca

112

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Los padres libres reesclavizados

113

Los padres afroamerindios

116

Los Muiscas

117

La Gran Familia Multiétnica

119

Caribeños

120

Orientales

121

Oceánicos

121

Andinos

122

Surandinos

122

CAPÍTULO TERCERO PRIMEROS AFROAMERICANOS EN LLEGAR

Alemanes y Africanos

125

Levantamientos, fugas y palenques

126

Los alemanes y la cimarronería

127

El sanguinario Alfínger

129

CAPÍTULO CUARTO LOS AFRICANOS EN LAS CONQUISTAS Y PRIMERAS FUNDACIONES

El africano siempre esgrimió herramientas y armas

134

Los primeros africanos en llegar

135

La historia invisible

136

La emboscada indígena que cambió el destino de una raza

138

Los abuelos africanos y el tesoro de los Quimbayas

140

Cartagena, el puerto insaciable

141

Las cifras fraudulentas

143

Un saludo a «Papá» Senghor

144

CAPÍTULO QUINTO LOS MÁRTIRES DE LA INQUISICIÓN

«Por siempre esclavos de los etíopes»

147

Leer a Sandoval

149

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EL

ÁRBOL

BRUJO

DE

LA

LIBERTAD

Claver, el practicante

151

Biografía del dolor

151

El terror del santo o cio

153

Catequesis católica y reinterpretación africana

157

Orichas y Babalaos

159

Bautismo y resistencia

164

CAPÍTULO SEXTO ENTRE LA CORONA Y LA IGLESIA

El ideólogo de la mulatería rebelde

169

Esgrimiendo las Santas Escrituras

173

El exterminador de los palenques

174

La gran guerra de los Palenques

178

CAPÍTULO SÉPTIMO PALENQUE PRIMER TERRITORIO LIBRE DE AMÉRICA

Pórtico histórico

183

Sociología de la trata en Cartagena de Indias

185

Africanos en Cartagena de Indias

187

El Rey Benkos, precursor de la emancipación

192

La crónica y el héroe

194

Captura y muerte del Rey Benkos

199

CAPÍTULO OCTAVO LA HERENCIA DEL REY BENKOS

Domingo Criollo nuevo Rey del Palenque de Matuderé

206

Misioneros y Palenques

207

Matuderé, «Palenque de los Minas»

209

El asalto

211

El día execrable

214

Aclaraciones obligantes.

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TERCERA

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PARTE

MEMORIA Y RESISTENCIA CULTURAL

CAPÍTULO PRIMERO ALIANZAS Y ALZAMIENTOS AFROINDÍGENAS EN EL OCCIDENTE COLOMBIANO

Memoria de los gentilicios africanos

221

Pervivencia de las sangres innominadas

223

Gentilicios africanos del occidente de Colombia

224

Cartagena , 22 de noviembre de 1792

230

CAPÍTULO SEGUNDO LLEGADA Y DISPERSIÓN DE LA DIÁSPORA

Dialéctica de la endoculturación triétnica

234

Afro-raizales de San Andrés, Providencia y Santa Catalina

236

La población afro-raizal

238

Aculturación hispano-indígena

240

El mestizaje afro-hispano-indígena

242

Afros e indígenas en la sociedad colonial

243

CUARTA

PARTE

INTERNACIONALIZACION DE LAS LUCHAS CIMARRONAS

 

CAPÍTULO PRIMERO EL TEMPESTUOSO SIGLO XVIII

El bumerang de los oprimidos contra el colonialismo

252

Nuevas alianzas y estrategias

255

El costo africano de las forti caciones y asaltos

257

El estrangulamiento del comercio humano

259

CAPÍTULO SEGUNDO LA PIEZAS CADUCAS DEL COLONIALISMO

Dolencias de las almas y los cuerpos

267

El «Código Negro» español

270

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EL

ÁRBOL

BRUJO

DE

LA

LIBERTAD

El haitiano que pudo Cambiar la historia colombiana

272

CAPÍTULO TERCERO LA CULTURA DE LA EMANCIPACIÓN

Desculturización africana

277

La alienación hispana poscolonial

279

CAPÍTULO CUARTO ENDOCULTURACIÓN Y RECREACIÓN AFROCOLOMBIANA

Bailes y cantos afrocolombianos

281

Resistencia contra la satanización

281

La revolución comenzó en España

283

Navidad con tambores

284

Marimba y currulaos

285

CAPÍTULO QUINTO UNIVERSIDAD Y DIVERSIDAD AFROCOLOMBIANA

Biotipos afrocolombianos

289

Presencia afrocaribeña

290

Memoria ancestral

290

Los chocoanos istmicos

291

CAPÍTULO SEXTO TRADICIÓN ORAL Y CONDUCTA AFROCOLOMBIANA

Los cuentos de tío Rogerio

295

• Origen de la raza blanca

297

• Origen de los costeños

297

• Del color de las razas

298

LOS CASTIGOS

299

• De cómo pagan justos por pecadores

299

• Lo negro como castigo

299

• La sirena

300

• La maldición de los animales

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LA MUERTE

301

• Las vidas de los hombres

301

• El pacto con la muerte

301

• Origen de la muerte entre los hombres

302

HISTORIAS DEL SAPO

302

• El sapo y el cangrejo

302

• El sapo y la rana

303

CUENTOS DE ARAÑA

303

Araña y tío Tigre

303

VIDA Y MILAGROS DE ANANCE

304

Anancito Salva a Su Padre

304

PASATAS DE ÑEQUE O GUATÍN

305

Batalla contra los tigres

305

ANDANZAS DE CONEJO Y TIGRE

306

• El novillo

306

• Las castañas

307

CUENTOS DE AMOR

307

La lucha con el demonio

307

TANDA DE CUENTOS

308

• La or de lilolá

308

• Peralta

309

 

ANEXOS

311

Eras geológicas y evolución de la vida

311

Hechos, personajes y fundaciones en tierra de los Caribes

311

Los albores de las repúblicas esclavistas

314

Isla de conspiradores

316

BIBLIOGRAFÍA

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“Así, hay que convenir en que tanto por su permanencia a través de los trescientos años del coloniaje, como por su inmanencia a través de las generaciones negras que se sucedieron durante aquellos tres siglos, el de los negros cimarrones de los palenques de los arcabucos de Cartagena de Indias, es el único movimiento verdaderamente libertario hastalaIndependenciadeColombiamisma;movimientocuyo espíritu precipitó la propia Declaración de Independencia absoluta de Cartagena el 11 de Noviembre de 1811.” Roberto Arrázola.

Conquista y colonización implicaban presencia africana, fugas, levantamientos y palenques. Un nuevo fenómeno social de resistencia operado en el continente. Lo que queremos resaltar en este proceso es el origen de las causas sociales y económicas que conformaron un nuevo ideario de libertad, estrategias y luchas por la emancipación de la esclavitud y la formación de palenques, “territorios libres”, en la Nueva Granada y América.

Manuel Zapata Olivella

M anuel Zapata Olivella nació en Lorica, Córdoba, en 1920,

marcado con el signo del mes creador por excelencia: marzo.

El mes de García Márquez, William Ospina y Fernando

Maclanil. Un año pleno de efemérides para las actividades artísticas, culturales y políticas de Zapata Olivella, pues, nos encontramos con que el jamaiquino Marcus Garvey, en Nueva York, lanzó la Declaración de los Pueblos Afros del Mundo; año en que también surgiría la “vanguardia artística” de lo que se denominaría el renacimiento negro

de Harlem, término acuñado por Alain Locke.

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El mestizaje biológico que esgrimiría Zapata Olivella en su escritura,

ya estaba presente en su familia, a través de “la rebelión de los genes”:

españoles, africanos e indígenas componían el núcleo de su familia. Su pasión por el mestizaje cultural estuvo in uenciado por el carácter de libre-pensador y autodidacta de su padre. Zapata Olivella daría muestra de su cultura mestiza a temprana edad. Estando en bachillerato ganó un concurso, con un ensayo intitulado “El Mestizaje Americano”, donde uno de los jurados sería uno de sus pedagogos en cuestiones de identidad: nos referimos a Jorge Artel. La pasión de viajar ha sido una constante en la vida de los lósofos

y los artistas. Sabemos de Platón y de sus viajes a Siracusa, como

consejero del joven Dión; sabemos de Descartes y su peregrinaje por Europa, en búsqueda de un principio absoluto del conocimiento humano; rememoramos las caminatas por el Extremo Oriente de Conrad; las cabalgatas por la India de Kipling; los viajes por rostros mestizos de Gauguin; los viajes musicales de Debussy Ravel y Faure, para componer su “Negrito”; no olvidamos las prosaicas aventuras por “Africa”, de Hughes y Wright. Cada uno de estos trotamundos emuló a Zapata Olivella, quien dice en uno de sus textos: “Me he dejado in uir por las lecturas de Gorki, Istrati, London, y por ese otro vagabundo del Don Quijote, que no midió la realidad en ningún momento”.

Como viajero, Zapata Olivella recorrió a pié Centroamérica; luego fue a Estados Unidos, en su búsqueda de alguna seña afro; posteriormente

a Europa, con el grupo folclórico de su hermana Delia; y al Asia, a un

encuentro sobre la paz, evento donde tuvo la ocasión de compartir con eminentes personajes, como Neruda, Amado, Gaitán Durán y Jorge Zalamea; y, nalmente, cabalgaría a la tierra madre, el Africa de los Ancestros, donde los Orichas le revelarían los secretos mágicos para escribir su obra magna: “Changó, el Gran Putas”. De estas caminatas espaciales, temporales y culturales, surgirían obras como “Pasión Vagabunda”, “He Visto la Noche” y “China 6:00 A.M.” En Estados Unidos, patria de Whitman, aunque fue discriminado, su estadía le permite enamorarse del jazz y conocer el arte y la literatura afronorteamericana, cuyo mensaje signi cativo ha sido el de

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BRUJO

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LIBERTAD

abrirse brecha y digni carse, en una sociedad que los ha invisibilizado y ha relegado el elemento creador afro a un plano insigni cante. Aun cuando su presencia ha sido central para darle forma al mestizaje cultural afronorteamericano. Eso y no otra cosa es lo que han exaltado sus críticos literarios y los novelistas de ayer y de hoy. De la tradición afronorteamericana, Zapata Olivella ha heredado de Nat Turner, Frederick Douglas y Sojourner Truth, el espíritu anti- servidumbre; de Dubois, la exaltación de la belleza afro sin temor ni vergüenza; de Malcom X, el espíritu de rebeldía; de Luther King, la convivencia humana; de Hughes, la pasión por la escritura; de Wright, la magia de la palabra, magia hecha realidad en los poemas de M’ckay, en la música de Robertson, en la literatura de Ralph Ellison. En sí, él, como heredero del nacionalismo afronorteamericano, ha recibido de sus principales líderes políticos, su valor y responsabilidad para ser el a los mandatos y exigencias del Muntú: Luchar incansablemente por la libertad. El itinerario de Zapata Olivella no ha sido sólo físico, sino también literario y cultural. No ha sido en vano que él haya peregrinado por disciplinas tan disímiles, pues, con su sabiduría universal ha sabido entreverar el “cordón umbilical” de su liación. Así, la antropología cultural le ha servido para profundizar en la multiculturalidad y la diversidad étnica de los pueblos del globo, en especial de los afros y amerindios. La práctica médica le ha valido de depurativo para arrojar los estereotipos de alienación, presentes en la psique de los oprimidos, iletrados, desheredados y a igidos. La novela, a su vez, la ha aprovechado como creación de un estilo original y de un lenguaje propio, donde los personajes son mayoritariamente afros, continuamente en luchan por no “olvidar” su identidad, su historia, su cultura mestiza, su religión, sus imaginarios colectivos de hombres creadores y libres. Creo no equivocarme si digo que gran parte del quehacer ensayístico, dramático, periodístico, poético y artístico de este novelista del mestizaje, está dado por exaltar denodadamente la “memoria” de los principios aludidos, diciéndole a los afros: sóis espíritus guerreros,

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sóis creadores, sóis hijos del Muntú

que habéis olvidado los principios legendarios de la tradición africana

de la cultura Bantú, sopesados en hacer realidad la vida, la inteligencia

y la palabra? No cualquier “vida”, sino aquella vida que es plena,

tanto material como espiritualmente. No cualquier “palabra”, sino aquella palabra que nos permite expresar libremente nuestras ideas y argumentos en la digni cación de nuestra cultura y en la comunicación con los Ancestros, a través del sonido melodioso de los tambores. La “inteligencia” para construir reinos legendarios, imperios imperecederos, crear lenguas y dialectos en medio de la opresión, sobrevivir a las condiciones sub-humanas bajo la barbarie del amo, recreando sus creencias y resistiendo a la opresión esclavista a través

del sincretismo cultural, para no perecer de sed espiritual, y así evitar

el disgusto de sus Dioses, de sus Ancestros y de sus Antepasados.

Frantz Fanon es, para Zapata Olivella, el intelectual afro que nos sirve de modelo paradigmático para descolonizar la mente de nuestros compatriotas, pues, aunque el “antiguo régimen” ya pereció, queremos asumir, adoptar e imitar las mismas conductas y comportamientos del colonizador, de manera mezquina, porque se ha socializado e instituído que es así, y sólo así, de que es eso lo que debemos hacer, y no otra cosa. El “colonizador” nos enseñó a avergonzarnos de nuestro “color”,

y nosotros lo asumimos; el “colonizador” nos dijo que éramos una

raza inferior, y lo seguimos asumiendo; nos impusieron que nuestra

cultura era salvaje y bárbara, y lo continuamos aceptando; siguiendo

a los lósofos, pensadores e ideólogos, nos infundieron que nuestro

coe ciente intelectual era bajo, y lo aceptamos de nuevo

palabras del Maestro Olivella, es una tarea urgente e inmediata, hoy, cuando se ha implementado la cátedra afro –descolonizar la historia cultural y el lenguaje–, éste es vital, pues ayuda a desmiti car la realidad histórica. Creo que, no por curiosidad, le importó tanto la exactitud de las palabras a Confucio, a Sócrates y a Nietzsche. Es relevante la descolonización y desalienación del lenguaje, pues los términos utilizados para referirnos a nosotros, como hombres creadores, siempre tuvieron estigmas despectivos: esclavos, piezas de Indias, negros, cosas sin alma, individuos de mente primitiva por fuera de la historia.

Según las

¿Qué ha pasado con vosotros,

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EL

ÁRBOL

BRUJO

DE

LA

LIBERTAD

Debemos asumir nuestra responsabilidad literaria, losó ca y universitaria, de devolverle a las palabras su efectividad en el arte de signi car las cosas por su esencia y por su verdadero nombre. Éste debe ser un reto de todo intelectual afro, cuestión que un ensayista desalienado, como Zapata Olivella, ya asumió siendo joven, con su escritura lúcida y pedagógica. La novela de Manuel Zapata Olivella, amalgama lo real con la cción; de esta manera, el autor-narrador mezcla lo que sí tiene límites, los hechos demostrables, con la experiencia, el análisis, las variables cuanti cables de la antropología y la ciencia, con el desfuncionamiento de su imaginación creadora literaria, que no tiene límite alguno para adelantareltiempo,resucitaralosmuertos,atravesarcuerposconarmas sin herirlos; los Ancestros, abren grilletes sin dejar huellas, Benkos nace parado, letras de fuego queman el papel, huellas ensangrentadas que andan solas, etc., etc. Él consigna magistralmente el vitalismo de las tradiciones africanas, con el “realismo” histórico de los hechos y personajes de la vida real, sin desconocer su estructura de alienación social y efectiva, para producir algo así como el realismo mítico. Frente a lo real maravilloso, de Carpentier, y el realismo mágico de García Márquez, Zapata Olivella nos habla de lo “empírico mítico” desde la antropología y el psicoanálisis, entendido como respuesta elemental del hombre primigenio respecto a lo “real material”. El realismo mítico no es una mera forma de falsear la realidad a secas, sino la de crear un mundo simbólico e imaginario, para “fabricar”, expresar y explicar los contenidos de la realidad. Manuel Zapata Olivella ha compartido con José Martí, su espíritu americano; con Rodó, su optimismo por la juventud; con Amado, la armación triétnica americana; con Icaza, el conocimiento de las condiciones socio-históricas de los oprimidos de este continente. Ha aborrecido la mirada piadosa hacia el afro, de escritores como Gallegos; se ha identicado con todos los novelistas y humanistas y demócratas, que no pueden ser libres si algún ekobio independiente de su raza, color o ideología padece hambre, marginalidad y pobreza, no habiendo conquistado sus condiciones mínimas de vida. Si hay libertad y no hay condicionesdeigualdadsocial,ycuandoesonoeslibertadsinoexclusividad

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y privilegio. Para Zapata Olivella, el hecho de que el continente afro sea

la semilla primigenia de la humanidad, debería animarnos a no crear

barreras entre los hombres, pues todos son anthropos, hijos de Africa, donde el hombre se hizo hombre y mujer, el mismo día en que empezó el peregrinaje ontogénico de nuestra especie en el planeta. En la lectura creadora que hace Zapata Olivella del clásico libro de Arránzola, Palenque: Primer pueblo libre de América (1970) nos permite comprender la historia épica de los afros en Colombia con sus héroes precursores de la independencia de la Nueva Granada y de América en general frente a la hegemonía del imperio Español. El Árbol Brujo de la Libertad nos enseña una novedosa pedagogía de la autonomía en América desde los imaginarios afros de los Orichas

y ancestros protectores que guiaran los motines, los levantamientos,

las rebeliones y la resistencia cimarrona en las Américas. El mérito de Olivella es mostrarnos el vínculo étnico y político de las gestas de los descendientes de africanos aquí en América por ser libres en un espacio llamado Palenque, donde el afro recreó sus ideas, valores, símbolos e imaginarios africanos adecuándolos a las nuevas realidades temporales de está geografía y de está historia. El Árbol Brujo de la Libertad es la memoria de los líderes y héroes afros que plantaron la semilla de la autonomía e independencia en estas tierras haciendo de Palenque la primera región libre de América en 1691-1713 y de Haiti el primer país libre de América (1804). Zapata Olivella expresa, ayer y hoy, con su escritura ensayística, antropológica y literaria, la multiculturalidad del hombre del globo, en su amalgama genética y cultural de la especie, porque ello no es sólo un imperativo categórico, sino la obligación con los Ancestros. En El Árbol Brujo de la Libertad, Manuel Zapata Olivella como Pupo Mocholo, nos cuenta todita la historia imaginaria pero real de los africanos, para no olvidar su antigua losofía, reinventando otra cultura en su nueva casa. En tiempos de Bicentenario libros como El árbol brujo de la libertad, y Descendientes de africanos en las independencias (2010) del descollante historiador chocoano Sergio Mosquera, rompen el patrón occidental del proyecto de libertad o cial de los Comuneros, de Nariño, de Bolívar y Santander para ver en el imaginario Político

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BRUJO

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afro de los palenqueros a la cabeza del rey benkos biojo otro lenguaje, otro discurso, otra polifonía; otra reinvención de la historia política del país como cocreación de héroes y símbolos afros que deconstruyen el paradigma instituido por los intelectuales alienados y académicos de las ciencias sociales. El árbol brujo de la libertad rompe la clausura, el cerco de la investigación histórica heredada desde la colonia a nuestros días para abrir un horizonte de invención política con ese doble actor invisibilizado: los afros y los amerindios. Ellos emergen después de siglos de letargo, y discriminaciones arbitrarias para decir con voz alta, aquí estamos construyendo esta nación para rea rmar lo que Colombia siempre quiso ser: Diversa, mestiza, multicultural. Renace lo soterrado de la luz para decir este es la visión real de nuestros propios investigadores, pensadores y ciudadanos afros-amerindios y mestizos para reconstruir los puentes históricos tendidos sobre un conocimiento de nuestro pasado parcializado y lleno de prejuicios. Queremos construir desde la palabra, desde la historia y desde la praxis política una sociedad más justa y equitativa más allá de los odios y de los rencores; es solo en este sentido que nos interesa recuperar la memoria para rescatar, a nuestros héroes, nuestras mitologías, nuestras hazañas y recuperar la identidad perdida; y sobre todo, reimaginar la pertenencia a una patria Americana, a un mundo Colombiano y a una herencia africana desde personajes insignes como Benkos Biojo, Domingo Criollo, Barule, Mateo Mina, José Prudencio Padilla, Manuel Carlos Piar y Alejandro Petión entre otros. El Árbol Brujo es el árbol de la libertad, el árbol de todas las hazañas heróicas que los afros hicieron a través de su creatividad, aquí en América, bajo la égida de los Ancestros protectores. Zapata Olivella nos dice:

Aunque se estime como elemento fundamental de la civilización de los pueblos el desarrollo material y tecnológico, también es prioritaria y decisiva la experiencia social: las concepciones losócas, religiosas y políticas. Este es el gran aporte milenario de los pueblos africanos en su continente y en su diáspora universal, acervo que en América se enriqueció con las luchas por preservar la vida, la familia y la libertad.

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Es porque el pensador del mestizaje nos ha recordado todas las facetas de la tradición cultural y oral africana, aquí, en América, con sus escritos lúcidos y creadores, razón suciente para llamarle, con todo honor, el “guardián de los Ancestros”. Él es aquél protector de la memoria ancestral y legendaria africana, que los Orichas y las Tablas de Ifá-fa eligieron para reproducir e inventar toda la sabiduría del hombre africano en su diáspora homérica, en búsqueda de su libertad efectiva.

WILLIAM MINA ARAGON

Ph. D. en Sociología y Ciencias Políticas. Universidad Complutense de Madrid. Profesor titular Facultad de Derecho y ciencias políticas Universidad del Cauca

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N T R O D U C C I Ó N A LOS E KOBIOS H T E

E sta historia no será el relato cruento de la esclavitud sufrida por cincuenta o más millones de africanos en Colombia y América, sino la epopeya de su liberación. ¡Orichas, Ancestros

y Abuelos nos revelarán el fuego sagrado que alimentó su rebeldía para sobrevivir y vencer! ¡Evocamos las potencias omnipoderosas del Muntú, que recogen la sabiduría de los padres más antiguos, tejedores del irrompible nudo que ata la vida y la muerte! ¡Los hombres perecederos y los difuntos inmortales! ¡La chispa de los ojos respondiendo a la luz del sol y las estrellas! ¡Los jugos de la tierra alimentando la sangre de los vivos! ¡Las aguas de los océanos, lluvias y ríos dando aliento a los que respiran! Los Orichas contarán cómo Odumare, supremo creador del universo, hizo al hombre sobre la tierra. Lo dotó de vida, inteligencia, palabra y manos creadoras, para mantener y enriquecer con su pensamiento y sangre la fuerza que une los padres con los hijos; la familia a la tierra; los pueblos a sus idiomas y costumbres; el alma de las herramientas sumisa a sus dueños. ¡Todos obedientes a sus leyes y voluntad supremas! Finalmente, serán los Antepasados y Abuelos, memoria viva de los Ancestros, quienes nos relatarán cómo el Muntú Africano, padre de la

danza y la palabra, pudo atrapar el fuego; sembrar la semilla allí donde quiso cosechar los frutos; convertir la caverna en templo para sus

y nómadas, recorrer continentes y mares

dioses y cacerías mágicas

para poblar la tierra. Y fueron sus propios hijos, griegos romanos y musulmanes, quienes primeramente los esclavizarían, como bárbaros, cuando habían construído las pirámides de Egipto para que el sol y los faraones no se extraviaran en su recorrido por los días y la muerte.

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Siglos más tarde, cristianos esgrimiendo armas de fuego los cazarían, para extrañarlos de su tierra ancestral. Despojados de sus vestiduras y alhajas, los grillos en sus gargantas ahogaron el adiós a la madre, a la mujer, a los hijos; por sabanas y ríos verían incendiadas sus casas donde maduró la infancia, el amor, la libertad; sus hijas púberes violadas y acarreadas como cabras salvajes. Sus dioses, idiomas y nombres, borrados de raíz y sobre la piel tatuada con los signos de su cultura, les marcaron al hierro candente la infamante carimba. Pero sus pueblos guerreros no veían pasar indiferentes las caravanas fúnebres. En las riberas, por las encrucijadas de la selvas, en el desierto y puertos, desa ando las armas mortíferas de los invasores, preparaban sorpresivamente la emboscada, la trampa, el asalto suicida, para dar muerte al esclavista y liberar los prisioneros. Fallidos o victoriosos, testimoniaban que África era tierra infértil para la esclavitud.

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Primera

Parte

DE

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LA

Á RBOL P ALABRA

f

CAPITULO

PRIMERO

G ÉNESIS

DE

LAS

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U LT U R AS

A FRICANAS

I NICIACION

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I T O L O G I A

A FRICANA

H ace cien mil años, ayer, el primer Homo sapiens, solitario

en la planicie de Oldoway (Kenya), al mirar la gran noche

del rmamento, debió preguntarse qué querían decirle las

estrellas con su rutilante espabilar desde las alturas. Y apenas hace 30.000 años, ya dibujaba su respuesta en cientos de cavernas repartidas en las montañas y valles de todo África. (Diop). ¿Qué quiso expresar el más antiguo abuelo en sus pinturas rupestres? Su primera respuesta a las fuerzas sobrenaturales que lo protegían contra las bestias mucho más fuertes y poderosas: la cacería mágica del antílope con el arco y la echa; la lucha de la familia desguarnecida contra los soles, inviernos y enfermedades. Le intrigarían muchos otros misterios:

¿Quién gobernaba el universo? ¿Sería el único ser inteligente y vagabundo sobre la tierra, selvas, ríos y montañas? ¿Por qué el embarazo de la mujer, su parto y el hijo? ¿Quién ordenaba su muerte y a dónde iban los difuntos? ¿Qué necesidades tenían los muertos para retornar a sus viviendas y aparecerse en los sueños de los vivos? Si rememoramos estos interrogantes del hombre más viejo del

mundo, es para comprender la losofía omnisciente del Muntú, que le permitió sobreponerse a las iniquidades de quienes han pretendido esclavizarlo.

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Resuenan los tambores lingas en Ilé-Ifé, la Ciudad Sagrada, donde los Dioses crearon el universo, la tierra, los Orichas inmortales y los hombres perecederos. Invocan a los Orichas, grandes protectores del Muntú Africano, para que no los abandonen en el exilio y nutran su rebeldía para alcanzar la libertad. Convocan a los sacerdotes de todos los pueblos de África, perseguidos por los cazadores de hombres libres para esclavizarlos en América No claman por milagros ni misericordia, sino que les hagan fuertes en la «nueva casa americana», donde quiera que los arrastre el yugo de las cadenas; los ríos calmen su sed; en las montañas abunden árboles, barro y cal para construir su casa; la tierra sea fértil para el grano y sus muertos. ¡Ante todo pedirán a los Orichas de la Vida, les conceda mujer, compañera y esposa, para multiplicar su estirpe y perpetuarse en el océano de todas las sangres! A la entrada de las aldeas sudanesas y subsaharianas, en el territorio que fuera asiento de los antiguos reinos del Bornu, Malí, Ghana y el Songhai, se haya plantado indefectiblemente un frondoso y amigo baobab. Arma la tradición yoruba que en sus ramas duermen los difuntos. Cadavezquelacomunidaddeliberasobredecisionestrascendentales, los ancianos se congregan allí para que los Ancestros iluminen sus palabras con la sabiduría milenaria. El mito agrega que el árbol sagrado reúne simbólicamente en sus hojas, los mil y más idiomas africanos conformados en su larga evolución de millones de años; sus raíces son tan profundas que no ha podido ser destroncado por la cacería de sus hablantes, perpetrada desde tiempos inmemoriales por griegos, romanos, persas, chinos y árabes. ¡Oigámoslos! En orden jerárquico, los Ancestros más viejos reposan en las ramas altas. Preservan la sabiduría de las primeras experiencias. Conocen la historia de los héroes y pueblos más antiguos. Egipto, Etiopía,

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Libia, Kush, Chad, Ghana, Malí, Bornu, Timbuctú, Zimbabwe; y de los más jóvenes, Guinea, Dahomey, Camerún, Angola, Congo, Kenya, Mozambique, Madagascar, Monomotapa, testigos de la devastadora cacería con armas de chispa perpetrada por los hombres blancos. Se hablan y escuchan los primeros idiomas ya desaparecidos; los antiguos y modernos, ríos de palabras de una misma historia. Más lenguas que hojas avivan la copa, las ramas, raíces y tronco del árbol milenario que no abrazan cincuenta hombres dándose las manos:

Yoruba, fula, bambara, congo, mandinga, ewe-fon, swahili, luango, arará, ardá, carabalí, biafra, angola, lucumí, mina, matamba, zape, wolof, manicongo, diola, serere, zulú, hotentote Los sacerdotes llegaban de los cuatros con nes tras largas jornadas nocturnas, evadiendo a los cazadores y tra cantes de hombres. Escondidos en las selvas y ríos se enfrentaban a leones, leopardos y cocodrilos; huían de los litorales y puertos de embarque siempre vigilados; lejos de los reinos comprometidos en la captura y venta de enemigos y aún de sus propios súbditos. Allí, a la sombra acogedora de los Ancestros, estaban reunidos los trovadores, poetas y artistas de los cuatro grandes ríos: Níger, Congo, Nilo y Zambeze. Venían del Sur y del Indico; de los pueblos subsaharianos; de Angola, Manicongo y el Monomotapa, territorios de civilizaciones y ciudades imperiales, ahora en llamas y sus nombres borrados por la cacería humana.

O D U M A R E

C R E A

Y

ORICHAS

E L

HOMBRES

U N I V E R S O ,

Al aparecer la luna en el rmamento callaron los tambores y koras. África retornó al silencio de los iniciales días de la creación cuando el hombre, recién nacido, oloroso a estrellas y mojado por las aguas virginales, balbucía las primeras palabras, rodeado de mamuts, árboles primigenios y vientos. Aún no tenía cautivo al fuego, ni sembrada la semilla, ni había arrojado la primera piedra contra su hermano. En ese silencio que sobrecogía a los peregrinos, habló el abuelo centenario, cuyas palabras podían ser comprendidas en todos los

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idiomas, al igual que el viento cuando nos anuncia la vida o la muerte con el llanto del recién nacido o el último suspiro del moribundo:

—Nombro a Odumare, sin padre ni madre, fuente de luz y oscuridad, semilla de la vida y la muerte. Gran creador del universo, donde nada

existe ni se mueve sin la saliva de su palabra que todo lo liga y todo lo desata. En sí mismo, Dios Único y Trino, se reveló en distintas potencias:

Odumare Nzame, Supremo Creador Omnipotente. Olo, su espíritu en la tierra, ordenador del principio vital y del movimiento de los mares, ríos, vientos y de la hoja que cae. A los hombres trazó sus leyes y costumbres. Y Baba Nkawa, espíritu-luz que anda por los espacios siderales creando nuevos mundos. Fiel a su propia esencia, Olo , proyección de Odumare, creó al hombre inmortal para que fuera su herramienta creadora, centro y

trama de todos los seres y cosas en la tierra

Aún no había abierto los ojos, cuando orgulloso y prepotente por los poderes recibidos, se llenó de soberbia e irreverencia ante su creador.

En castigo, Olo , al no poderlo destruir por ser inmortal, lo persiguió con fuego y centellas. Para escapar a las quemaduras, Omo-Oba se refugió en el corazón de la tierra. Sus suspiros y ayes producen las erupciones de los volcanes. De vez en cuando sale de sus abismos a predicar entre los hombres la desobediencia a las leyes establecidas por Olo y los Orichas. No cejó el Creador en sus propósitos de responsabilizar al hombre del orden y la justicia en la tierra, pero le limitó sus poderes con la muerte. Entonces fueron creados Obatalá y su compañera Odudúa, los primeros hombres mortales que engendraron a sus hijos Aganyú y Yemayá. Pero mal andaban los designios del Dios Olo para poblar la tierra:

la primera pareja tuvo por descendencia un solo varón: Orungán. No pararon aquí los contratiempos causados por las criaturas

la vida y

humanas. Aganyú, ante la belleza de su hijo, murió de celos las pasiones de los hombres trazaban su propio destino.

así nació ¡Omo-Oba!

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Cuenta la leyenda de los orígenes, que Orungán fecundó a su madre Yemayá quien, dolida y avergonzada por el engendro incestuoso,

pero

refugióse en la más alta montaña, donde fue extinguiéndose

siete días después de muerta, en medio de truenos y centellas, dio a luz

a los catorce grandes Orichas.

L O S DEL

O R I C H A S MUNTÚ

P R O T E C T O R E S

EN

EL

EXILIO

El venerable anciano avivó el sentimiento religioso anunciando que el Oricha de la Palabra presentaría a los hijos de Orungán y Yemayá. Babalaos, gangas, papaloas, grillots y batatas, nombres de los

sacerdotes de las distintas etnias, reverenciaron a los tambores que ya invocaban al Gran Elegba, sin cuyo descendimiento estaba prohibido

a los demás Orichas revelarse a sus devotos. Olo le había concedido el poder de la palabra, hablada o escrita, sin la cual los hombres no podrían hacer el amor, el canto, el poema, la oración, el arte, la guerra y la paz; ni mantener el diálogo con los Orichas y Ancestros, depositarios de la sabiduría que perpetúan los abuelos. Bien sabían los sacerdotes que sin la memoria ancestral, el Muntú esclavizado nunca llegaría a ser libre. El canto de las múltiples lenguas, bajo el baobab resonaba como colmena alborotada por el vuelo nupcial de una nueva reina. El trino

de las aves canoras en el crepúsculo y el persistente grito de los difuntos contra la cacería humana; las revueltas en los barcos y puertos de

América

armaban que Olo los mantenía unidos en la trama de la

vida y la muerte, más allá de las fronteras del espacio y del tiempo. Todos percibieron que por las ramas del baobab descendía Elegba y les hablaba en la voz del patriarca, reforzada con el resonante palmoteo de los tambores:

—Nuestro padre Odumare-Olo -Baba Nkawa, dividido pero atado en un solo nudo como los dedos del puño, creó a los catorce grandes Orichas para proteger al Muntú en la adversidad, no con milagros y dádivas, sino implantándoles la fuerza creadora de la vida, fuente de la inteligencia y la palabra.

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—¡Magara! ¡Magara! ¡Magara! (¡Vida! ¡Vida! ¡Vida!) Respondieron los o ciantes cuando el fuego de los Ancestros les encendió el espíritu. El invisible, presente y poderoso Elegba, prosiguió hablando por la voz del más anciano:

—Menciono en primer lugar a la madre Yemayá, de cuyos huesos, aquí en la Ciudad Sagrada de Ilé-Ifé, nacieron Obafulom e Iyáa,

padres del género humano. Ella controla todas las aguas placentarias

de la vida y aquellas que la nutren: la lluvia, el océano, los ríos

Muntú en el exilio no morirá de sed! Entonces el relámpago y el trueno desataron la lluvia. La alegría del viento sacudía las ramas y el olor de la tierra mojada se transpiró en todos los cantos. —Está con nosotros Changó, Dios de la Centella, a quien Olo designó Oricha de la Guerra, la Fecundación y la Danza. Forti cará los ejércitos del Muntú Americano, fecundadores, combatientes y danzantes de la libertad. El abuelo, lengua de Elegba, había caído en un trance delirante. Los talones y sandalias de los babalaos percutían el gran tambor de la tierra. La danza cesó sólo cuando oyeron los inconfundibles ladridos de los dos perros que siempre acompañan al Oricha de la Salud y las Enfermedades. El anciano prosiguió iluminado por el Oricha:

—En buena hora ha descendido Babalú-Ayé; sus plantas mágicas curarán las heridas y el dolor del Muntú en la esclavitud. Las respiraciones se tornaron más frescas y copiosas, señal inequívoca de su presencia bienhechora. Como la brisa, trajo olores marinos que recordaban los puertos y barcos a la espera de los prisioneros. Pero los ojos penetrantes de Elegba reconocieron al recién llegado:

—¡Oke, Oricha de las alturas y las montañas! Con sus vientos cálidos protegerá al Muntú, alejado de las costas y riberas de la Madre Yemayá. Una tromba de hojas y arena elevó al baobab con raíces y tronco al espacio. Allí, más cerca de los Orichas, estuvo sostenido por la

¡El

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portentosa mano de Oke. No obstante, los cantos prosiguieron en su

alabanza hasta cuando en el horizonte, todavía en sombras, se asomó

la luz de Orún, Oricha del Sol.

Apresuradamente, Oke recogió sus vientos, devolviendo a Ilé-Ifé su árbol cargado de difuntos y vivos. La clarinada de los gallos se había adelantado a las palabras de Elegba:

—Los mensajeros de Orún anuncian su espejo de fuego. Perseguidor de la lluvia, es temido y amado por su madre Yemayá. En las aguas y la tierra; en la vida y la muerte; en el día y la noche, siempre en América hará visible al Muntú, la Sombra Protectora de sus Ancestros.

PAUSA

DE

MEDITACIÓN

Por las calles de Ilé-Ifé se oraba en un sólo ritual, aunque los babalaos y familiares corearan en diferentes idiomas los nombres de sus ausentes. Madres, esposas, padres, hermanos, hijos, de los que no regresarían, pero jamás olvidados en generaciones y siglos. Habían partido de los puertos sin un adiós ni testigos de sus lágrimas. La Ciudad Sagrada preservaría su memoria como unida a los huesos de Yemayá, de cuyo polvo y cal nacieron los primeros padres Obafulom e Iyáa, fecundadores de la genealogía de los simples humanos. En vez de aminorar, las romerías se acrecentaban con la llegada de

nuevos sacerdotes decididos a inmolarse en el trá co de la esclavitud. Estóicos y silenciosos, sin una queja, soportarían el fuego de la carimba, el pesado collar de las cadenas, las azotainas, hambrunas y enfermedades. Pasar inadvertidos era su estrategia para cumplir su misión sagrada: predicar en las factorías que hacinaban a los cautivos

a la espera de los barcos de la muerte; en las bodegas oscuras y

malolientes; en la dolorosa llegada y en los puertos de América, donde

se bifurcarían los trágicos destinos.

Los papaloas estarían presentes en los trances de desesperación y angustia. Nunca catequizando, siempre predicadores de la lucha por la libertad hasta más allá de la muerte. ¡Cuántos de estos anónimos sacerdotes sufrieron torturas antes de ser quemados en la hoguera!

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¡Jamás alcanzaron a celebrar el ritual sagrado, pero sembraron con su muerte la imperecedera religión de los Orichas y Ancestros!

LOS

ORICHAS

DEL

AMOR

Y

DE

LA

FAMILIA

Los lingas llamaban insistentemente a las hijas de Yemayá. El Muntú Americano debía enriquecer la familia con la prole de sus hijos, la mejor ofrenda a sus Orichas. Las sacerdotisas, sumergidas en los cánticos y rituales colectivos, alzaron entonces sus voces por encima del coro de los varones. La lluvia mojaba sus ojos y cuerpos, danzando e imitando con sus movimientos las olas del mar, la ondulante serpiente de los ríos y el baile de la lluvia. Los tambores y cantos reforzaron sus llamados para que la luna se asomara en el horizonte. Era Ochú, la Oricha de las Trampas del Amor, primogénita en el múltiple parto de Yemayá. Apoderándose de las palabras de los tambores, el siempre picaresco Elegba, anunció:

—Ochú, la preferida concubina de Changó, vigilante de sus pasos en las correrías nocturnas, fecundando a sus múltiples amantes. Las mujeres escondieron socarronamente sus risas. Habían recibido de la Oricha los secretos para retener a sus maridos el mayor número de noches entre todas sus mujeres. Las madres del Muntú Americano, esclavizadas y vendidas, necesitaban de la mágica Ochú para procrear la semilla de sus hijos. Las reiteradas invocaciones abrieron el camino a Oba, Oricha del auente del Níger que lleva su nombre. Tenía el privilegio de ser la esposa de su hermano Changó. —No son muy buenas las relaciones con su marido. ¡Los celos que guarda a sus hermanas la enloquecen! —dijo Elegba en voz baja antes de que apareciera con sus alhajas de gran señora, regalos de sus adoradores mineros de Takún, en la Costa de Oro. En América protegería a sus devotos esclavizados en los socavones y ríos auríferos.

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LIBERTAD

En la oscuridad continuaban llegando sacerdotes fugitivos de los pueblos devastados por los asaltos e incendios. Pero más fuerte era el aliento reparador de los Orichas, que les permitía preservar sus vidas. Ahora, los retumbantes lingas nombraban a Oyá, Oricha de las Siete Desembocaduras del Gran Río. Ardorosamente se le invocaba para que fortaleciera la memoria del Muntú en el destierro. Simultáneamente había descendido Olosa, protectora de los pescadores. Valida del Cocodrilo, anunciaba las crecientes y sequías a los moradores del Níger. También concurrió al convite Oshún, Oricha del Amor y las Riquezas Auríferas. Engalanada con collares y sortijas, siempre se preocupaba de halagar a su hermano y amante Changó cuando volvía de sus victoriosas conquistas con trofeos y botines de oro. Seductora, coqueta, enseñaría a la mujer esclavizada cómo seducir al amo para enriquecer la descendencia del Muntú con nuevas y variadas sangres. La presencia de las cuatro hijas de Yemayá, pocas veces juntas, estremecía las ramas del baobab, mecidas por el viento del travieso Ale , mensajero de Oyá. Varias devotas, electrizadas por el vibrar de los tambores, simulaban irreverentes el orgasmo con imaginarios y ardorosos cónyuges. Intempestivamente, los músicos perdieron el ritmo al confundir

el sexo del hermafrodita Olokún; sentían que les trababa las manos,

obligándolos a identi car su doble condición de marimacho. El más

viejo y ducho tamborero inició el toque inusual para invocar al Dios Supremo Odumare, padre y madre de sí mismo. Y el ritmo agradó

a Olokún quien, alborotador impuso movimientos varoniles a la

sacerdotisa que cabalgaba. —¡Olokún! ¡Olokún! —gritaban alborozados mujeres y varones. Elegba habló por boca del anciano:

—Oricha de las Profundidades Submarinas, siempre vive rodeado de hombres-peces y sirenas, con quienes copula. El Muntú Americano necesita de su doble condición para armonizar los códigos opuestos de patriarcado y matriarcado que rigen las costumbres de los Ancestros. Los sacerdotes escucharon y callaron, ansiosos de fortalecer al Muntú en tierras extrañas con aquella revelación.

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En el claroscuro de la madrugada, cuando el cazador se apresta a mirar sus trampas con la esperanza de una buena captura, los tambores invocaron a Ochosí. Los danzantes siguieron los pasos cadenciosos de los cazadores y animales, deslizándose cautelosos en la maraña de la selva o por los caminos de la sabana. Los babalaos imploraron al invisible y presente Ochosí para que el Muntú, extraviado en tierras extrañas, encontrara la manera de cazar el venado, vencer al tigre y huir de las serpientes. Los músicos sagrados sintieron que palmoteaban la bienhechora presencia de Dada, el sembrador de las semillas del mijo, del arroz y del plátano. Sin el cultivo de la nueva tierra, los hijos del Muntú podían perecer de hambre. Los babalaos, varones y mujeres, se abrazaban jubilosos. El tamborero altisonante repiqueteaba en honor de Yemayá y Orungán, últimos hijos en descender, sin cuyos dones, nada de lo que ofrecieran sus hermanos alcanzaría a nutrir a los que partían hacia lo desconocido. Entonces clamaban los nombres sagrados:

—¡Bienvenido Ayé-Shaluga, Oricha de la Buena Suerte! —¡Desciende Chankpala, Amo de los Insectos, para que no falte la protección y laves las heridas a los prisioneros! Cuando Orún lanzó sus primeros rayos, sorprendió a tamboreros y danzantes. Elegba pronunció sus palabras en la voz anciana, pero no débil, del babalao:

—¡Los hijos de Obafulom e Iyáa, desterrados en América, necesitarán del fuego, de las armas y las artes para construir su nueva casa, defenderla y enriquecerla! Las hojas del Árbol Sagrado se incendiaron con un fuego que enceguecía. Aterrorizados, los babalaos contemplaron la deslumbrante claridad que descendía de las alturas hasta las raíces del baobab. Entonces el viejo sacerdote elevó la plegaria:

—¡Orún, ilumínanos con tu claridad! En la otra orilla, sus rayos aún no alumbraban a los primeros africanos en tierra americana.

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El silencio de Elegba trajo la confusión entre los devotos, cuyas voces nadaban como peces ciegos al no encontrar respuestas. Sólo los tambores ligaban el diálogo entre vivos y difuntos. Los babalaos, cantando y batiendo las manos, clamaban por la voz del Oricha:

—¡Elegba, dános la luz de las palabras en el exilio de los idiomas perdidos! —¡Revélanos el secreto que mantenga unidas las lenguas del Muntú en su dolorosa partida! El yoruba que entrelaza los pueblos del Níger. El bantú de la foresta y los grandes lagos. El swahili de las altas praderas y los puertos del Indico. Los sagrados idiomas de los remotos Kush y Bornu. Los ribereños del Nilo y el Zambeze. El Ki-Kongo, el Ba-Lunda, el U-Bunda, la lengua de los Hamitas- Etíopes, muralla de Cristianos. Los lingas, tambores políglotos, transmitían incansablemente sus mensajes a Elegba:

—Escucha, abridor de las puertas, tus hijos te hablan. ¡Ayúdanos a preservar la vida, nuestra sangre y nuestra memoria! —Que nuestros idiomas permanezcan unidos como las cadenas que nos atan. El anciano, cuya palabra había sido poseída por el Oricha durante toda la noche, ahora debía sumarse al desconcierto sin que su voz fuera escuchada por los Orichas y Ancestros en las más altas ramas del baobab. Finalmente descifró su silencio:

—¡Mientras vivan los Orichas y Ancestros, el Muntú tendrá vida e inteligencia para inventar nuevos idiomas!

KULONDA,

Y

PACTO

ENTRE

LOS

LOS

DIFUNTOS

VIVOS

Proyectadas por Ochú, las Sombras de los Ancestros acompañaban a los vivos: sacerdotes, músicos y poetas, intérpretes de la tradición ancestral. El baobab, que había recibido la visita de los Orichas por las tres noches, ahora acogía la palabra de los mortales. En sólo un fugaz

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instante traspasaron la invisible orilla que separa la vida eterna de los Orichas, del tránsito efímero de los vivos por la tierra. Recobrada la palabra que le había arrebatado Elegba, el abuelo habló con voz milenaria:

—Libre y voluntariamente, los Ancestros siembran el kulonda en el vientre de nuestras madres para que orezca el hijo. Misterio del magara que engendra la vida, la inteligencia, la palabra y el don creador de los humanos. Ni siquiera Ifá-Fa con sus cien ojos, que todo lo ven y adivinan, ha podido descifrarlo. Y agregó:

— Irrompible pacto por el cual el Ancestro debe alimentar las potencias creadoras de su ahijado, y éste engrandecer a su protector ante los Orichas, multiplicando la vida con muchos hijos y enriqueciéndola con sus acciones. No se escuchaban tambores ni cantos sagrados en el diálogo entre mortales. —La Ley Suprema de nuestro padre Odumare-Oloordena que los difuntos y vivos formemos una familia única, hermanados con la tierra y los astros. La misma vida que alumbra a las estrellas, aviva a hombres, árboles, herramientas y piedras. Somos mezcla de luz y polvo. Quienes le oían, dudaban si retener o exhalar la burbuja de aire que calentaba sus alientos. —Ni siquiera la vida nos pertenece. Es un fuego heredado de los millones de padres que nos han antecedido, para que su sabiduría y experiencia, enriquecidas por los vivos, nutran las generaciones venideras. Al separarse de los sacerdotes que acompañarían al Muntú en su forzado exilio, el abuelo, más viejo que el baobab, despidió con este adiós a los vientos que empujaban los barcos cargados de semillas ancestrales:

¡Siempre la lucidez de que son libres, nunca la cerviz doblada del esclavo! ¡Jamás olvidar las claves secretas de la tradición oral, para superar el dolor, el exilio y la muerte, lejos de la casa, la familia y los difuntos! ¡Llenar con la esperanza las noches sin luna de las bodegas durante la travesía del océano, para refrescar los labios resecos y los pulmones sedientos! ¡Confundidos los idiomas de las mil tribus, convertir las cadenas en palabras para comunicarse las ebres y escalofríos!

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ÁRBOL

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LA

LIBERTAD

¡Transformar el llanto de los niños hambrientos en clavos de fuego en el corazón de los rebeldes! ¡Al salir de las bodegas, frente al sol, reencontrar las mudas, silenciosas y siempre protectoras Sombras de los Ancestros, que los acompañarán hasta la muerte!

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CAPÍTULO

SEGUNDO:

A HORA

H ABLA

Á FRICA,

C UNA

DEL

LA

C IENCIA

H OMO

S APIENS

L A

H I S T O R I A

M A R A V I L L O S A

DE

LA

VIDA

D E

L A

T I E R R A

Y

L a edad y genealogía del hombre sobre la tierra, a lo largo de los siglos, han suscitado en historiadores y lósofos –Platón, Aristóteles, Confucio, Ptolomeo, Buda, Moisés, Copérnico,

Lamarck, Darwin, Einstein– los mismos interrogantes que inspiraron los mitos del hombre primigenio. Sin embargo, cada quien presenta diferentes partidas de nacimiento; la primera duda surge en relación con la antigüedad del universo y de la tierra. Aunque se di era sobre fechas, parece que nuestro planeta es un recién nacido, con una edad indeterminada a partir de 1.500 o más millones de años. Después de conformarse los continentes, se calcula que la vida, en sus más simples elementos orgánicos, se dio en las aguas marinas en un período impreciso, a partir de 925 millones de años. (Coley). Aunque pudo darse simultáneamente en muchas partes del planeta, lo más verosímil es que haya ocurrido en las zonas tropicales del cinturón ecuatorial, donde con uían las condiciones propicias: agua, tierra, calor, atmósfera, etc. El Homo Sapiens, el hombre inteligente, apareció una mañana africana; sin saber por qué estaba rodeado de estrellas, tierra, agua, animales y árboles. ¿Se sentiría hijo de Yemayá y del kulonda sembrado por sus Ancestros? Los cientí cos han reconstruído su Árbol Genealógico, es decir, quiénes fueron sus antepasados: peces, reptiles, aves, insectos y mamíferos. Entre todos ellos, fue el único en evolucionar las facultades superiores que caracterizan la especie humana:

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A

—El lenguaje articulado, que le permitió coordinar y expresar sus ideas con palabras para comunicarse con sus semejantes y dioses. —Debido a su inteligencia y habilidades, construyó las primeras herramientas para defenderse y sobrevivir a expensas de la naturaleza. —Entre todos los seres vivos, el único en reconocer la consanguinidad que lo ligaba a sus progenitores, fundamento de la familia humana. Por todo ello, puede a rmarse que el Homo Sapiens Africano es el creador de la cultura; de cuanto ha enriquecido y perjudicado a la naturaleza. ¿Cómo pudo el hombre, a partir de la animalidad, alcanzar tales dones y potencias creadoras?

PARTIDA

DE

NACIMIENTO

DEL

HOMBRE

Se da el nombre de Homo Neandertal u Homo Sapiens, a los primeros antepasados que alcanzaron, por evolución de los primates, las formas anatómicas e intelectuales que caracterizan a los humanos. Apenas adquirieron su cédula de ciudadanía, hace un millón de años o un poquito más. La cuna de su nacimiento, según las últimas excavaciones arqueológicas, estuvo ubicada en los alrededores de los grandes lagos Elmenteita, Naivasha y Oldoway (Tanzania). (L. Leakey). Para entroncar este gran acontecimiento al Árbol Genealógico de la Humanidad, es necesario descubrir las raíces que se hunden en el pasado milenario, todas en el continente africano. Sin embargo, en la búsqueda hacia atrás, encontraremos al más antiguo mamífero, con rasgos que pudieran identi carlo con los simios:

EL

PURGATORIUS

Cuyo fósil se halló en Montana (E.E.U.U.). Pequeño como un tití, podía oponer el pulgar al resto de los dedos. Sin duda sería un experto cazador de pulgas. Vivió en lo que se llamaría América, setenta millones de años antes de que naciera Cristóbal Colón. Pero el más antiguo y real antecesor del Homo Sapiens Africano, apareció mucho después, tras la sucesión de una larga familia de homínidos.

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ÁRBOL

BRUJO

R A M A P I T E C O

DE

LA

LIBERTAD

Se da este nombre al más remoto antepasado que vivía en los árboles. Se han encontrado sus fósiles de 20 millones de años, en África e India. No obstante, el africano aventajaba a sus primos orientales, porque podía mantenerse verticalmente entre rama y rama, empleando con mayor libertad sus brazos. ¡Algo es algo!

E L

A U S T R A L O P I T E C O

Una vez más, en Sudáfrica, fue hallado un fósil en Sterkfontein. Se trataba de las muelas de un antropoide cuya edad no ha podido ser con rmada. Unos le asignan nueve o doce millones de años, y, otros, generosamente, siete. En todo caso, con el nombre de Australopiteco, pasó a ser parte de nuestros antepasados. Pronto, su parentela se agrandó con nuevos miembros localizados por el paleontólogo Louis Leakey, en 1959 (Tanzania). Al primero de ellos lo denominó Zinjantropus Boisei.

E L

A S I Á T I C O S

En Java y China se encontraron fósiles, consistentes en mandíbulas más largas que las de los homínidos hasta entonces conocidos. Se calcula que vivieron en el Plioceno (6 millones de años de antigüedad).

M E G A N T R O P U S

Y

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G I G A N T R O P U S

El Homo Erectus de Java

El doctor Eugenio Dubois, alemán, descubrió al primer Homo Erectus, en Java, 1891. Apenas fragmentos del cráneo, una quijada inferior, tres molares y el fémur izquierdo completo. Pese a tan pocas evidencias, lanzó la hipótesis de que el hombre había nacido en Asia, tres millones de años atrás. (Pleistoceno medio). Sólo a mediados del presente siglo, los cientí cos del mundo advirtieron alborozados que la aurora de la cultura, hasta entonces en penumbra, se iluminaba y extendía con nuevos y múltiples forjadores.

EL

PITECANTROPUS

ERECTUS

AFRICANO

En Kenya, Etiopía y Zambia, se descubrieron fósiles similares a los asiáticos, con rmándose que la especie erectus se había diseminado por el continente Euroasiático desde África, hacía poco más o menos dos millones de años. Así lo con rmaban el Gigantropus de China; el Megantropus de Java y el Atlantropus del Magreb, más robustos,

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pero que no aventajaban al africano, cuya cavidad craneana era de 940

a 1.000 centímetros cúbicos.

EL

HOMO

HABILIS

Dos años más tarde, en una capa más profunda, Richard Leakey, hijo de Louis, encuentra otro espécimen de distinta generación, más joven, cuyo pie y mano indicaban que era un consumado caminante y artesano. Sometido a rigurosos exámenes de identi cación, pasó a ser noticia universal en 1964:

«¡Encontrado el Homo Habilis, fallecido dos millones de años atrás!». (R. Leakey).

Por esos mismos días, otro miembro de los laboriosos Homo Habilis se convertiría en la nueva Eva del movimiento feminista:

«Lucía», la mujer más antigua, presentada en sociedad por Richard Leakey. Nada ociosa, pues en su hábitat se encontraron cincuenta y dos tipos de piedra y hueso utilizados como herramientas.

El Homo Habilis logró extenderse por Etiopía, Tanzania y Kenya. Según cada caso, medía en promedio un metro y un metro con cincuenta centímetros, y pesaba entre veinte y cincuenta kilos. Su extinción es otro misterio, pues ocurrió poco antes de aparecer un nuevo modelo, anatómica e intelectualmente más evolucionado:

NEANDERTAL

Y

HOMO

SAPIENS

AFRICANOS

Una vez más, la paleontología, en su incesante búsqueda de los orígenes

del hombre, encontró en África claras evidencias de su evolución, desde

el Ramapiteco al Neandertal y el Homo Sapiens. Estos dos últimos tipos

convivieron en la misma época, hace 100.000 años, e incluso hubo entre

ellos procesos de mestizaje. Las distintas especies de Neandertal, con una capacidad craneana de 1.450 c.c., inferior al Homo Sapiens, que poseía 1.660 c.c. de masa cerebral. Estos hombres ya fabricaban herramientas

e instrumentos de piedra y hueso, comparables a los utilizados por los

euroasiáticos, de los que fueron contemporáneos. Sorprendentemente, sus restos se hallaron cerca del lecho donde vivieron los Homo Habilis, aunque en estratos menos antiguos. ¡Las conclusiones que pueden deducirse de estos hechos son fantásticas! Desarrollada la habilidad de sus manos, el hombre

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LIBERTAD

evolucionó rápidamente su inteligencia y creatividad material en menos de tres millones de años, cuando había necesitado más de veinte para desprenderse de las ramas y andar erecto. Igualmente sorprende que tal prodigio hubiera ocurrido en un espacio limitado de la tierra –Tanzania, Kenya y Etiopía–, dándose la circunstancia de haber convivido simultáneamente el Neandertal y el Homo Sapiens, lo que también revela rápidas modicaciones anatómicas y aptitudes de la especie en situaciones ambientales semejantes. A partir de este momento, el Homo Sapiens se dispersa por todo África, Euroasia y Oceanía.

ACTA

FINAL

Conocidas y comprobadas las revelaciones de los paleontólogos, podemos testi car los siguientes hechos que permiten cimentar las raíces, tronco y ramicaciones del Árbol Genealógico de la Humanidad, sin que haya dudas sobre la legitimidad cientí ca, argúyanse prejuicios raciales o hipótesis por demostrar. —El Homo Sapiens Africano se entronca con antepasados muy lejanos que vivieron en su continente hace 14 o 20 millones de años atrás. —Los paleontólogos Louis y su hijo Richard Leakey, éste último el más infatigable y afortunado africanista del siglo XX, han demostrado con sus descubrimientos, entre otras grandes revelaciones, la existencia de un eslabón entre el Homo Erectus y el Homo Sapiens, por ellos llamado el Homo Habilis, cuya antigüedad se ha datado aproximadamente en dos millones de años. ¡Nudo esclarecedor de la evolución, desde los homínidos hasta el hombre contemporáneo! Además, existen evidencias de la contemporaneidad y mestizaje entre los Homo Neandertal y el Homo Sapiens, en África, con los de Europa. Los Pitecantropus Erectus de Java; el Zinjantropus de Pekín y el Atlantropus del Magreb, serían lejanos parientes del Pitecantropus Africano. —Los Negritos son los únicos hombres sobre el planeta que pueden demostrar su ascendencia directa a partir del Homo Sapiens Africano.

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El paleontólogo Arthur Keith, considera que el Neandertal de Oldoway (Tanzania), inicia una evolución directa hasta los actuales pueblos de África Oriental. Así mismo, sostiene:

— Los Homo Sapiens de Boskop y Fish Hock (Ciudad del Cabo), son los antecesores directos de los modernos hotentotes de Sudáfrica.

— Los Homo Sapiens de Sprinqbok (Transval), son los antecesores directos de los modernos bosquimanos del Sudeste de África. (Keith). Y, algo más contundente: África, además de ser la Cuna de la Humanidad, originó la dispersión y mestizaje de los pueblos primigenios que poblaron el planeta.

LA

DIÁSPORA

GENÉSICA

AFRICANA

La dispersión del Homo Sapiens Africano por todos los continentes, obliga a pensar que a él se deba el instinto migratorio y explorador del hombre actual. Igualmente se explica por qué los tres grupos básicos de la familia humana —Negroide, Caucásico y Mongólico— presentan nexos consanguíneos en el remoto pasado. En la aurora de la cultura, los pueblos africanos iniciaron una diáspora genésica por ríos, mares, islas y continentes. La paleontología con rma este éxodo universal en el Viejo Mundo Paleolítico. Aunque los estudiosos de las sociedades modernas pongan poco interés en este período decisivo de la humanidad, los descendientes directos del Homo Sapiens Africano no debemos ignorarlo, porque esa diáspora refuta todas las teorías y prejuicios actuales sobre diferencias y supremacías entre los hombres. Rememoremos los testimonios antropológicos que con rman los pasos y vínculos de esa diáspora:

Los pueblos actuales del mundo se dividen en tres grandes subgrupos o tipos étnicos:

—Africano (Negrito y Negro), habita principalmente todo África, Melanesia y partes de América.

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—Caucásico, habita principalmente Europa, Medio Oriente y parte de América. —Mongólico, habita principalmente Asia, Indonesia y parte de América. Se sabe que hubo mezclas y dispersión de los pueblos primigenios desde antes de la Edad Cuaternaria. En este período arcaico, el grupo étnico Negrito inició desplazamientos en el interior de África y fuera de ella hacia el continente Euroasiático, Australia y Oceanía. Ello supone vías terrestres y costaneras, lo que implica algún tipo de navegación rudimentaria, utilizando las corrientes del Océano Indico. A principios de la Edad Cuaternaria, en el período conocido como Paleolítico Superior, con el deshielo de los grandes glaciares árticos y antárticos, los pueblos fueron compulsados a las zonas tropicales. Los antropólogos han encontrado huellas de triple hibridación de los troncos étnicos básicos, en fósiles localizados en Persia, India, China y Oceanía. Esta época coincide con los primeros poblamientos de América por grupos mongólicos, por el estrecho de Behring, algunos de ellos ya amestizadosconcaucásicos,polinésicosy,probablemente,melanésicos, (Velas y Hoijer). Más tarde o simultáneamente, también hubo migraciones directas de la Oceanía, procedentes de la Melanesia (cuyo nombre alude a la piel negra de sus habitantes) y de la Polinesia (pueblos poliétnicos). El profesor Paul Rivet, quien vivió gran parte de su vida en Colombia, estudió fósiles, lenguas, alimentos y hábitos de nuestros amerindios, que le permitieron fundamentar su tesis sobre el origen del hombre americano por pobladores oceánicos. Todos ellos emparentados con el grupo Negrito Aafricano, según los últimos descubrimientos arqueológicos. Aprovechando las corrientes oceánicas, de isla en isla, mediante balsas o rústicas embarcaciones, alcanzaron las costas de América, por tres rutas transoceánicas y la Australasia, hasta llegar a México, Centro y Sur América. (Rivet).

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El profesor Paul Rivet, en «El Tiempo» de Bogotá, 28 de agosto de 1938, reveló, mediante estudios paleontológicos y antropológicos, al arribo a nuestro litoral Pací co de migraciones melanésicas y polinésicas, las raíces más lejanas de nuestros Ancestros aborígenes. Cinco siglos antes de Cristo, los escultores de las estatuas en piedra de San Agustín (Huila), dejarían en los rostros e instrumentos de sus ídolos, huellas de sus antepasados melanésicos. (Paul Rivet). Otros estudios realizados por mexicanos, con rman la presencia de los antecesores de los Olmeca en las costas de El Salvador. Milenios después ya habitaban los valles del Golfo de México, en el Atlántico (Veracruz), donde oreció su cultura, cuyas cabezas gigantes, también esculpidas en piedra, muestran rasgos africanos. Los emigrantes polinésicos que llegaron por la ruta del sur, islas de Rapa Nui (isla de Pascua) en Chile, también esculpieron gigantescos monolitos. Su antigüedad, sus técnicas, fuente de las canteras y movilización de las rocas con peso de varias toneladas, traídas de islas cercanas, aún permanecen en el misterio. Damos el nombre de «diáspora genésica africana» a estas migraciones y mestizajes de nuestros antepasados, para distinguirla de la «diáspora compulsada», a partir del Siglo XVI, a consecuencia del tráco de prisioneros africanos a nuestro continente. Hecho relevante en la historia afroamericana y colombiana, pues produjo un verdadero reencuentro de etnias y herencias culturales, al ponerse en contacto los arcáicos nómadas africanos y euroasiáticos con sus descendientes, 25.000 años después.

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CAPÍTULO

QUE

D ICE

TERCERO:

LA

H ISTORIA

PALABRAS

PARA

LAVAR

OSCURIDADES

Ekobios! Sigamos adelante en la búsqueda de nuestro pasado ancestral, donde reposa la verdad de nuestra fortaleza. No nos limitaremos a recordar hechos históricos, sino a lavar nuestras

mentes de las oscuridades con que se ha querido sepultar nuestro

aporte a la humanidad y a la civilización. Nuestros pueblos y culturas han sido víctimas de una pertinaz conspiración por parte de los países que practicaron la cacería de hombres libres para esclavizarlos durante tres siglos y medio en América. Desde entonces, los autores de este latrocinio a rmaron que Africa estaba habitada por tribus bárbaras, carentes de sentimientos humanos, religión, moral y sabiduría. Y para justi car sus crímenes, se dijo que el comercio nefando era el único medio de liberarlos de la esclavitud de la ignorancia. Para borrar estas impurezas de las conciencias de nuestros niños y jóvenes, contaremos, con palabras sencillas, cuáles eran las culturas de África al iniciarse el comercio universal que trajo a millones de nuestros antepasados en condiciones infrahumanas. Sobre estos acontecimientos históricos deseamos demostrar que los africanos, en su diáspora compulsada a la América, a nes del Siglo XV, conformaban reinos civilizados que refundían en su desarrollo los valores ancestrales recibidos de la cultura africana de Egipto,

enriquecida con los de la Mesopotamia y el Mediterráneo. Así mismo, ahondaremos en los mecanismos psicoafectivos que han permitido al afroamericano, mestizo o puro, enriquecer a sus descendientes, aptos para las artes y las ciencias; conocedores del misterio del génesis, y convertirse en astronautas de los mundos futuros.

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Haremos el inventario de los abuelos rebeldes que no trajeron equipajes ni ambiciones de conquista en las bodegas oscuras y

nauseabundas,peroquequinientosañosdespuéspuedenenorgullecerse

de poseer una tierra, una familia y una casa; hijos mestizos de indios y blancos que cantan canciones de amor y rebeldía.

LA

FABULOSA

TIMBUCTÚ

En el año 1492, cuando Colón arribó por vez primera a la América,

la ciudad de Timbuctú era la capital de Songhai, uno de los estados más

orecientes a orillas del río Níger. Contaba con una universidad donde enseñaban matemáticos, sabios y lósofos de Egipto, Arabia y España. Disponía de una biblioteca donde se guardaban valiosos documentos

históricos, literarios, geográ cos, etc., escritos en diferentes idiomas que se pagaban con oro puro. (Leo Africano). Infortunadamente, sus gobernantes fueron déspotas y sumieron

a la población en un régimen de injusticias, lo cual proporcionó más

tarde que muchos de sus siervos fueran vendidos a los tra cantes de prisioneros africanos hacia la América. Sin embargo, Timbuctú y otras ciudades de Songhai, como Gao, Jenne y Walata, avanzaron hasta convertirse en prósperos centros de comerciodeoro,mar l,ébanoyplumasdeavestruz,queintercambiaban por artículos manufacturados en España y Alemania. Telas, navajas

de afeitar y sal. Tuvieron grandes edi caciones, mezquitas, palacios

y murallas, construídas por arquitectos procedentes de Granada,

España. El más famoso gobernante de Songhai fue Asicia Mohamed, quien

murió ciego en 1528, tres años después que Rodrigo de Bastidas fundara

a Santa Marta, y diez antes que Gonzalo Jiménez de Quesada fundara

Bogotá, capital del Nuevo Reino de Granada. Conviene relacionar estos hechos, pues muestran el grado de desarrollo de los reinos africanos cuando se inició el trá co masivo de sus pobladores.

En el año 1589, El-Mansus, que dominaba en Marruecos, organizó una invasión a través del desierto del Sahara, con un ejército comandado por el capitán español Judar, compuesto por 4.000 soldados europeos

y cristianos; 9.000 animales de carga, camellos y caballos para

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transportar alimentos y equipo de guerra. El éxito del estratega español fue mantener secreto este asalto a los espías de Songhai. Al nalizar el siglo XVI, viajeros que llegaron a Timbuctú, dieron noticias al rey Askin Ishak de una nueva invasión musulmana que avanzaba por el desierto. El soberano decidió contenerla en las afueras de Gao con una caballería de 18.000 jinetes y 9.000 soldados de infantería. Aunque el ejército invasor se había reducido a sólo 1.000 unidades, logró vencer fácilmente a los defensores, pese a su bravura, debido a las armas de fuego. En esta misma época, otros antiguos estados de todo África serían convertidos en zonas de cacería y compra de prisioneros para ser conducidos a la América.

X

Pero retrocedamos diez mil años atrás, a Egipto, una de las civilizaciones primarias de la humanidad.

E G I P T O ,

L A

P R I M E R A

C I V I L I Z A C I Ó N

( M A R G A R E T )

La más antigua y esplendorosa civilización africana se asentó en el Valle de Egipto, fecundado por el Nilo, uno de los ríos más grandes del planeta. Sus tierras eran tan pródigas que los campesinos del tercer milenio a.C., eran capaces de producir el triple de sus necesidades domésticas. Desde sus orígenes, en el Lago Victoria, cuna del Homo Sapiens Africano, el río recorre las vastas llanuras de Uganda y Sudán para desembocar en el Mediterráneo. Aquí nació la cultura nilótica, que desde el Neolítico irrigó los pueblos de África y su in ujo repercutió en la civilización de su época, hasta nuestros días. Su pueblo se había conformado por un largo mestizaje de las más variadas etnias africanas y mediterránicas: nilóticos, bantús, hamitas, semitas, taisenses, badarienses, etíopes. Para juzgar a sus más remotos pobladores, veremos lo que revelan las excavaciones de las antiguas ciudades de El Amrah y Nagada:

—Los cementerios testimonian un gran crecimiento de la población. —El recinto urbano se hallaba forti cado.

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—Pinturas y cerámicas certi caban la existencia de una sociedad esclavista o conquistadora: cautivos con las manos en la espalda. —Grandes barcas de papiro que permitirían el comercio y expediciones navieras relativamente largas. —Procesaban el oro y el cobre que, presumiblemente, procedían de las colinas del Mar Rojo y Etiopía. —La artesanía de vasos y jarros en alabastro y basalto presume la existencia de una sociedad donde existían especialistas con dedicación exclusiva. —Losmuertoseranenterradosconvariadosobjetos,armas,alimentos y vasijas, que revelan la creencia de una vida de ultratumba. Comerciaban con otros centros en vías de desarrollo, como Mesopotamia. De las islas del mar Egeo se importaban regularmente metales de plata y oro, en embarcaciones que empleaban hasta sesenta remeros. Los cementerios permiten deducir que la sociedad se había estrati cado por la acumulación de riqueza. Se calcula que un artesano especializado en tallar piedra podía emplear todo un año puliendo un solo jarrón de por rio, adornar la casa de un rico o decorar su tumba.

LAS

PIRÁMIDES

La compleja concepción religiosa de los egipcios se expresa en sus grandes pirámides, imponentes templos a sus dioses y faraones. Lo fastuoso de sus ceremonias sagradas contribuyó a que desde la primera dinastía se agotaran sus reservas de mar l y maderas duras, teniendo que aprovisionarse de éstas y otros materiales, de los pueblos negroafricanos del sur, entre ellos, de prisioneros para la construcción de las grandes pirámides. El sepulcro del faraón Zer, de la primera Dinastía, contiene él solo la mitad del número de enterrados en un cementerio público de los tiempos amrahtienses y gerzeenses. La tumba de Zóser, de la tercera Dinastía, reúne diez mil jarrones de piedra. La gran pirámide de Gizeh, en la cuarta Dinastía, construída para el faraón Khufer, tiene 481 pies de altura y está compuesta de más de 2’300.000 bloques de piedra, con un peso aproximado de dos toneladas

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y media, y supuso, según el verosímil relato de Heródoto, el trabajo de 100.000 hombres. (Margaret). Es de presumir, que la práctica de enterramiento de servidores en las sepulturas de los principales, también realizada por los amerindios, haya sido un legado cultural difundido por los africanos de la diáspora genésica, y preservada por sus descendientes en Asia, Oceanía y América.

EL

COMERCIO

CON

LOS

REINOS

NEGROAFRICANOS

Una inscripción del año 2275 a.C., aproximadamente, cuenta que un tal Herkhuf, criado del faraón Merenra, hizo cuatro grandes expediciones hacia el Sur. En la última volvió con trescientos asnos cargados de incienso, ébano, mar l, pieles y boomerangs, inclusive un pigmeo para que divirtiera a su señor. Para ello debió remontar probablemente el Nilo hasta los con nes de la selva, en la Etiopía meridional. Entre las armas de cacería se encontraba el boomerang, característica de los pueblos que viven en ambos lados del Nilo. En el comercio acostumbrado, los egipcios entregaban posiblemente

ganado vivo y semillas vegetales a las tribus recolectoras y cazadoras,

a

cambio de colmillos de elefantes, boomerangs, pieles de leopardo

y

otros productos, intercambios que incluían técnicas de siembra,

pastoreo y confección de cerámica ornamental. La superproducción agrícola en el antiguo Egipto generó una numerosa clase de nobles, sacerdotes, lósofos, militares, artistas, arquitectos, albañiles, médicos, matemáticos y artesanos, provenientes de muchos pueblos africanos, entre ellos de las ciudades de Kush, Meroe y Napata.

LA

RELIGIÓN

Se mantiene la duda acerca de si las ideas y cultos religiosos de los antiguos egipcios nacieron de su propia evolución o si fueron asimilados de la Mesopotamia. Todo hace pensar en un origen autóctono, en cuyo sustrato a oran las ideas religiosas acumuladas por la memoria genésica y ancestral del hombre africano.

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En la primera tumba dinástica del faraón Narmer, en Abydos, se encontraron víctimas humanas sacricadas y enterradas en compañía de su soberano, para que le sirvieran en la vida de ultratumba.

La organización, técnica y sistema religioso-político de las dinastías faraónicas, inuyeron mucho más tarde en la arquitectura y arte autóctonos de los reinos negroafricanos de Nubia, Kush, Malí, Ghana

y Songhai.

La idea de construir grandes pirámides para glori car a sus faraones, también se repite entre los Mayas y Aztecas, in uencias o coincidencias todavía no explicadas satisfactoriamente.

INFLUJO

CULTURAL

El in ujo de Egipto se extendió a las culturas asentadas en las costas de Eritrea, Somalia y Arabia, esta última, productora del incienso que se consumía en las ceremonias religiosas de los faraones. Desde el nal del tercer milenio a.C., se organizaban, de vez en cuando, grandes expediciones marítimas para recorrer las costas africanas del Mediterráneo. Hay autores que a rman que algunas de ellas habían llegado y regresado de las costas orientales de América. Ya desde el segundo milenio a.C., las expediciones y caravanas de comerciantes habían entrado en contacto por vía terrestre con

pueblos del interior de África, a través de los valles del Nilo y Atbara. Probablemente fueron los comerciantes egipcios los que llevaron las primeras cabras y las hachas de arcilla a los moradores de Shabeinab, antes del período de las dinastías faraónicas. Resaltamos estos hechos porque comprueban la tradición artesanal

y artística de los prisioneros africanos traídos a la América, ya que

está establecido que Egipto fue propulsor de las civilizaciones que se desarrollaron en los primeros milenios en las culturas africanas.

LOS

Y O L I V E R )

El desierto del Sahara, tierra árida y calurosa, extiende sus dunas y tolvaneras desde la costa occidental del África hasta el Mar Rojo. No siempre fue un mar de arena. En el pasado arcáico estuvo cubierto por aguas marinas. Desecado por el calentamiento gradual del planeta,

ESPLENDOROSOS

REINOS

SUDANESES

( F A G E

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LA

LIBERTAD

se convirtió en tierra fértil para la vegetación y la fauna. Hubo una época en que el Homo Sapiens la habitó en un clima templado. Actualmente sólo es transitado por tribus nómadas que utilizan el camello como animal de transporte. Gracias a su capacidad de almacenar agua en su organismo, puede resistir largas jornadas, abrevando sólo en los oasis separados por grandes distancias. Los moradores del Sahara, bereberes o beduinos, son mestizos de árabes y negroafricanos que habitan principalmente las márgenes y

oasis.

Paralela al desierto, al sur, se extiende la gran sabana sudanesa, con lagos y caudalosos ríos: el Níger al occidente y el Nilo al oriente. En esta franja subtropical se asientan desde la antigüedad pueblos bantús de etnia negroafricana, conformando pueblos que evolucionaron hacia importantes reinos basados en una economía agraria y en la

explotación de ricas minas de oro. Estas últimas despertaron la codicia de los mediterránicos, desde épocas ya mencionadas por Heródoto. Originalmente, como ya lo hemos visto, sus intercambios comerciales y culturales fueron con Egipto, pero conservan su cultura autóctona, religión, losofía y arte. En las márgenes del lago Chad y sabanas del Níger, orecieron sucesivos estados desde principio de la Era Cristiana hasta el Siglo

XV.

En la actualidad, los descendientes de los antepasados han

reconstruído la memoria de sus héroes y preservado en museos lo que sobrevivió al saqueo de esclavistas y colonizadores. Dos fenómenos humanos y culturales con uyeron para que orecieran los reinos sudaneses:

a. Los grandes asentamientos de pueblos negroafricanos, principalmente bantús, en las márgenes y riberas de los ríos Níger y Sudán, gracias a la revolución agrícola provocada por la introducción de plantas alimenticias (trigo, mijo, arroz, cebada, ñame, etc.), durante el primer milenio a.C.

b. El desarrollo cultural provocado por el uso del hierro, cobre, bronce así como por el comercio local y mundial que se generó con la explotación de las riquísimas minas de oro.

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Infortunadamente, hasta hoy no se han descubierto asentamientos arqueológicos que permitan conocer el grado de desarrollo material y espiritual de los antiguos moradores de estas comarcas. Su esplendor y cultura comenzaron a decaer por las invasiones musulmanas, desde comienzos del Siglo V. Validos de sus armas mortíferas lograron someter a los reyes bantús, imponiéndoles su religión, idiomas y costumbres, produciéndose profundos in ujos de islamización. Los pueblos que resistían, eles a sus cultos y dioses ancestrales (Odumare, Yemayá, Changó, etc.), fueron tomados prisioneros, conduciéndolos encadenados a través del desierto para ser vendidos como esclavos en el Mediterráneo, España y otras partes de Europa. Antecedentes de la trata humana que alcanzaría su mayor depredación con el comercio de cautivos por los tra cantes portugueses, holandeses, franceses e ingleses a sus colonias americanas. Los pueblos y territorios de los antiguos reinos sudaneses (Malí, Ghana, Songhai, etc.), perdieron sus nombres para ser reemplazados por los de «Costa de los Esclavos», «Costa de la Malaqueta», «Costa de Marl», «Costa de Oro», demarcados por los puertos donde embarcaban sus riquezas naturales e inagotable mercancía de hombres libres. Evoquemos a estos reinos que en su momento iluminaron la historia.

NUBIA

En el territorio ancestral de Egipto existía el reino de Nubia, situado al sur de la primera catarata del Nilo. Tierra pródiga, poseía canteras de oro y granito; bosques de ébano y otras maderas para la construcción; así como abundante fauna de cacería (elefantes, búfalos, antílopes, rinocerontes, etc.). Nubia comenzó a ser colonizada por los egipcios al principio del segundo milenio a.C., conquistando la pequeña región de Kerna, que más tarde se convertiría en la primera ciudad comercial del reino de Kush. Debido a la explotación de sus riquísimas minas de oro, bajo la dominación egipcia, pronto se desarrollaron las industrias metalúrgicas, agrícolas y artesanales: armas de hierro y bronce; joyas; talla de mar l, perfumes, incienso, pieles y cerámica.

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LIBERTAD

Este proceso, que duró varios siglos, culminó con la dinastía sacerdotal que, a principios del primer milenio a.C., creó el reino independiente de Kush.

KUSH

Las fronteras del sur de Egipto, 2000 años a.C., se extendían hasta los con nes de la cuarta catarata del Nilo, donde existía el Reino de Kush, independiente, altamente especializado en la industria del hierro, la explotación carbonífera, confección de armas metálicas, agricultura y cerámica. Su desarrollo se debió a la in uencia de Egipto. Su primera capital fue Napata, donde se había construído un templo al dios egipcio Amón-Ra. Posteriormente, su capital fue Meroe. La importancia del reino de Kush para la cultura sudanesa consistió en que por él penetraron los principales adelantos de la cultura egipcia. Debido a la introducción de plantas alimenticias procedentes de Egipto, su población, conformada fundamentalmente de etnia bantú, facilitó la dispersión en todo África de los elementos primarios de la civilización.

AXUM

Axum fue otro reino al sur de Egipto, íntimamente ligado a la historia y cultura del reino de Kush. En su iniciación y desarrollo tuvieron principal importancia los semitas, pero sus profundas raíces históricas, étnicas y espirituales responden al pueblo bantú. Entre los descubrimientos y aportes al desarrollo de la cultura negra africana, gura el cultivo de cereales, bananas, estimulantes; y la cría de caballos y ganado vacuno. Hacia el Siglo IV de nuestra era, bajo el emperador Ezana, se adoptó la escritura gneza, lo cual niega que todos los prisioneros que llegaban a la América eran analfabetos.

GHANA,

EMPORIO

DORADO

El conocimiento que se tiene de su historia se debe a lo preservado por la tradición oral y los escritos de visitantes árabes, que nos dan noticias sorprendentes sobre el Reino de Ghana, que ya existía desde que los romanos se retiraron de África en el Siglo IV a.C.

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El escritor El-Fazari, cuenta que los árabes enviaron en el año 734 una expedición desde Marruecos hacia Ghana, la que llamaron «tierra del oro», estableciéndose desde entonces un permanente comercio de oro sudanés por sal y otros productos árabes. Ante la necesidad vital que tenían los sudaneses de consumir sal, los árabes llegaron a exigir que se les pagara su producto por igual peso en oro. El centro de este mercado fue la ciudad de Sijilmara, donde los Soninke, mercaderes de Ghana, traían el oro para comerciar con los árabes, quienes posteriormente lo conducían a Europa. El distrito de Wangara, independiente del control directo del reino de Ghana, era administrado por negroafricanos. Sin embargo, el Rey centralizaba los precios mediante el control del superávit de oro. En un libro escrito por El Bekri, en España, en el año 1067, cuenta que el Rey de Ghana podía organizar un ejército constituído por más de 40.000 guerreros de cabalgadura y a pie, armados de arcos, echas, espadas y dagas para combatir cuerpo a cuerpo. Los ghaneses mantuvieron en secreto el lugar donde se hallaban las minas de oro, dando muerte a todos aquellos sospechosos o extraños que pudieran revelar su territorio. Su orecimiento y expansión se debió fundamentalmente a la metalurgia, lo cual le permitió construir armas para someter a sus vecinos que no habían alcanzado igual desarrollo. Durante siglos, Ghana fue la fuente que abasteció de oro a Europa hasta el descubrimiento de América. En 1042, después de Cristo, los almorávides de Lemtuna desataron una guerra religiosa contra los musulmanes negros que no se ajustaban a la ley del Corán. Los soninke, de Ghana, resistieron en su capital Kumbi Saleh. En el año 1076, los conquistadores pudieron someter una parte de Ghana, durante la lucha religiosa por el control del gobierno que se prolongó durante un siglo, hasta cuando nalmente los almorávides, en 1123, tras devastar su territorio, impusieron su dominación.

MALÍ

Sundiata, jefe mandinga, victorioso contra los sosso, que gobernaban a Ghana, sus más poderosos vecinos, en 1240 inició la era de los

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grandes imperios sudaneses, ampliando las fronteras de su estado al sur y sudeste. Trasladó la capital de su reino a Niani, generalmente conocida como Malí. El nuevo Rey organizó un poderoso ejército con el cual expulsó a los musulmanes establecidos en la ciudad norteña de Walata, devolviendo el control del estado exclusivamente a los negroafricanos bantú, con lo cual se convirtió en héroe de leyenda. En 1307, a la muerte de Sundiata, subió al trono su nieto Mansa-Musa, el más famoso rey de Malí, admirado en Europa y el Mediterráneo por sus fabulosas peregrinaciones a la Meca con un séquito de 500 esclavos, cada uno portando ofrendas de oro. Entre las ciudades imperiales en las fronteras de Malí, fueron las ya mencionadas Timbuctú y Goa, famosas por sus riquezas y palacios, donde con uían sabios, guerreros y reyes. Todas en las sabanas del río Níger. De estos lugares fueron conducidos prisioneros a nuestra América, embarcados en la llamada «Costa de los Esclavos». (Diop).

I D E N T I D A D INDIAS»

La importancia del Reino de Kush se extendió durante más de un milenio, hasta la mitad del Siglo IV, después de Cristo. Con la decadencia de Egipto, atacada por los asirios y romanos, los kushitas lograron apoderarse de Egipto y constituyeron la XXV Dinastía de los faraones. Es necesario tener en cuenta este in ujo cultural egipcio sobre los pueblos negroafricanos, ya que desmiente las falacias propaladas por los tra cantes de que procedían de tribus bárbaras y selváticas, cuando en verdad habían alcanzado un alto dominio de la agricultura; ganadería; metalurgia del hierro y el bronce; cerámica policromada con dibujos; orfebrería; arquitectura de casas y templos en piedra y barro con muchos cuartos, ventanales y jardines; inscripciones en alto y bajo relieve en madera, piedra y bronce; escritura egipcia y griega; artesanía de metales: cuchillos, espadas, coronas, etc.; joyería de oro y piedras preciosas; herramientas de hierro: azadones, rastrillos, instrumentos para herrar ganado; porcelanas, platos, basenillas, vasos para cerveza; industria del vidrio: botellas, espejos. (Diop).

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Muchos de ellos fueron orfebres tan maravillosos como nuestros amerindios. Trabajaban oro, bronce, cobre y plata en joyas, para faraones y príncipes, usadas inclusive en sus tumbas. También labraban marl, hueso y pulían la piedra. Otros eran ricos comerciantes de marl, ébano, armas, pieles de animales y plumas de avestruz. Una de las características de los artesanos kushitas consistía en imitar las artes de los pueblos con los cuales entraban en contacto, igualándolos y, aún, superándolos, sin perder su propio estilo. En Egipto, Roma y Arabia eran muy estimados. Lamentablemente, sus habilidades y creatividad fueron menospreciadas por los dueños de minas en la Nueva Granada, México, Perú, etc., utilizados prioritariamente en la extracción de oro y plata para fundirlos en lingotes de físico metal.

EL

SENTIMIENTO

RELIGIOSO

Inuídos por el esplendor, majestuosidad y monumentalidad que inspiraba la sociedad teocrática de Egipto, los negroafricanos, herederos de las tradiciones mágico-religiosas de sus pueblos primigenios, pronto asimilaron el culto a la divinidad de los faraones, tánto, que pudieron suplantarlos en sus Dinastías. Sin embargo, adoradores de las fuerzas sobrenaturales, no abandonaron del todo sus propias creencias, dioses y tótems. A consecuencia del sincretismo religioso con los egipcios, los kushitas adoraban al Dios Apedemak, que representaban como un león de tres cabezas y varias ramas de brazos. Su culto regía en la ciudad de Jebel Barkal, en una colina sagrada. En ella se construyó el famoso templo de Amón, sólo superado en su arquitectura por el de Karnak, en Egipto, erigido al mismo Dios. También los bantú levantaron grandes pirámides a sus faraones, con arquitectura propia, como aconteció más tarde (Siglo IX) en la ciudad sagrada de Zimbabwe, al sur. El templo del Sol, en Meroe, ya descrito por Heródoto, tiene importancia para un análisis comparativo de las concepciones arquitectónicas de pirámides americanas, con las cuales se adoraba al sol, especialmente con las de Teotihuacán, en México.

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Cabe destacar la impresionante similitud de la escultura megalítica de la cabeza del rey Netekamani, con la de los Olmeca, de Veracruz, México. Es sorprendente que bajo las prácticas expoliatorias de la esclavitud, si los afroamericanos no pudieron construir templos en piedra a sus dioses, al menos lograron preservar sus cultos, puros o sincretizados con el catolicismo.

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CAPÍTULO

CUARTO:

C IVILIZACION

V IEJA

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LA

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A N T Ú

C ASA

E l hemisferio meridional del continente africano, Suráfrica, por

contraste al septentrional, posee una topografía sui generis,

que niega la idea generalizada de África como un rincón de la

tierra con selvas impenetrables, hombres desnudos y bestias feroces, el «Paraíso de Tarzán». Durante milenios, los navegantes y exploradores temieron desembarcar en esta «tierra tenebrosa», como también huían del océano Atlántico. Desde que Bartolomé Díaz descubriera el cabo austral de Nueva Esperanza (1486) y fuera abatido por una tormenta, los navíos cruzaron de largo sin atreverse a penetrar en el interior, donde a rmaban que vivían unicornios y endriagos. Hoy sabemos que África, como América o Euroasia, es un sólo continente, donde el hombre y su cultura han podido evolucionar sin sobresaltos desde que abandonó su cuna original en las fértiles tierras de los grandes lagos de Egipto, Kenya y Tanzania, adaptándose

a distintas ecologías, con la misma ora y fauna. Existe sí un ámbito

único y totalmente diferente: el extremo austral con bajas temperaturas

y ciclos de estaciones moderadas que corresponden al otoño, invierno,

primavera y verano.

A medida que se sube del sur al Ecuador, aparecen los climas

templados y calurosos del desierto, las mesetas, los nevados y cadenas montañosas en ambos litorales.

Al occidente, el océano Atlántico; la meseta de Kaoko (1.000 mts.);

los Montes de Loma (2.100 mts.); Monte de Sanaga (4.100 mts.) y los grandes ríos Congo, Cubang y Orang, etc. Cerca al litoral Atlántico, los archipiélagos de Fernando Poo, Cabo Verde y las islas Canarias. Al oriente, el océano Indico; los volcanes con nieves perpetuas:

el Kilimanjaro, en Tanzania (5.936 mts.) y el Monte Kenya (5.199 mts.). Más al sur, las cadenas de Matopo y Darkenberg (2.000 mts.);

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