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“UNIVERSIDAD POPULAR

AUTONÓMA DE VERACRUZ”
(CAMPUS MACULTEPEC).

ASIGNATURA:
DERECHO MERCANTIL.
CARRERA: ADMINISTRACIÓN
DE EMPRESAS.
CUATRIMESTRE: 4°-.
PROFESOR: LIC. MIGUEL ÁNGEL OCAÑA
HERNÁNDEZ.

UNIDAD 3. CONTRATOS MERCANTILES.

EQUIPO 3.
INTEGRANTES:
1.-CHRISTIAN ROBERTO ROMERO HERNÁNDEZ.
2.-EDGARD ABREU TAMANIZ.
3.-ISAÍAS BRAVATA FLORES.
4.-WALTER EVIA BAYONA.

VILLA MACULTEPEC CENTRO TABASCO, AL 29 DE OCTUBRE


DEL AÑO 2017.
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CAMPUS MACULTEPEC

INTRODUCCIÓN
Durante el desarrollo de este trabajo se analizarán los Contratos Mercantiles
mencionados durante el curso.

Es importante considerar que cada contrato tiene una importancia en el ámbito


jurídico comercial, ya que la existencia de estas instituciones jurídicas ayuda a que
las partes tenga derechos y obligaciones exigible.

Primeramente, tenemos al contrato de asociación en participación, el contrato de


compraventa, que es bastante amplio, el contrato de comisión mercantil, el
contrato de consignación o estimatorio, el contrato de depósito, el contrato de
edición, el contrato de fianza de empresa, el contrato de préstamo y el contrato de
seguro, el contrato siguiente el cual estamos analizando en clase es el de
transporte.

Todos estos contratos son típicos, algunos son de tracto sucesivo o instantáneo,
contractuales, reales, conmutativos. etc.

A la falta de disposición expresa por la ley mercantil, actúa de manera supletoria el


Código Civil Federal, ya que las instituciones de derecho mercantil se encuentran
insuficientemente reguladas, y en otros tantos ni siquiera existen normas que den
solución a los problemas que surgen en este campo del derecho privado.

También es importante tomar en cuenta que la obligación es un estado de


subordinación jurídica que impone al deudor la necesidad de ejecutar a favor del
acreedor y hecho una abstención de carácter patrimonial o moral.

Rafael de Pina, señala que la obligación es una relación jurídica productora de un


vínculo jurídico.

Tomemos en cuenta también que entendemos por contrato. Dentro de los actos
jurídicos destaca la figura del contrato, al que siendo una especie del genero

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convenio, podemos definir diciendo que es el acuerdo de voluntades para crear o


transferir derechos y obligaciones, en tanto que en el convenio en la conjunción de
las voluntades incluye tan bien la modificación y la extinción de los derechos y
obligaciones.

3.1. OBLIGACIONES,
CLASIFICACIONES Y SUS
CARACTERÍSTICAS.
Un contrato mercantil es un negocio jurídico bilateral que tiene por objeto un "acto
de comercio". Un "acto de comercio" es todo aquel acto regulado en el Código de
Comercio, o cualquier otro análogo.

Los contratos mercantiles, también denominados contratos comerciales, delimitan


negocios jurídico-mercantiles y hacen referencia a actividades comerciales, las
cuales son consideradas como tal, según la legislación vigente de cada lugar.

El contrato mercantil se utiliza para plasmar acuerdos en los que una parte ofrece
unos servicios o productos a cambio de una prestación económica determinada.
Para ello, las dos partes que intervienen en el contrato firman que están de acuerdo
con las condiciones que indica el contrato y que se disponen a cumplirlo.

Estos contratos se rigen por el Código de Comercio, que es la normativa legal que
regula la legislación comercial de cada país.

TIPOS DE CONTRATO MERCANTIL:

Contratos "de compañía" (más comúnmente, "de sociedad")

Contrato de cuentas en participación

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Contrato de comisión mercantil (y otras formas de mandato mercantil)

Contrato de agencia

Contrato de depósito mercantil (así como los diversos contratos bancarios)

Contrato de préstamo mercantil (incluyendo el préstamo con garantía de valores)

Contrato de compraventa mercantil

Contrato de permuta mercantil

Contrato mercantil de transporte terrestre

Otros contratos de transporte

Contrato de seguro

Afianzamiento mercantil

Letras, cheques, pagarés y cartas de crédito

Contratos especiales del comercio marítimo (contrato de fletamento, contrato a la


gruesa y contrato de seguro marítimo).

OBLIGACIONES DEL COMPRADOR Y DEL VENDEDOR

Obligaciones del Vendedor

Entregar la cosa. El vendedor se obliga a entregar la cosa al comprador, con el fin


de que este adquiera su propiedad.

Transmitir la propiedad o título de derecho.

Conservar el bien objeto de la compraventa hasta su entrega.

Entregar el bien.

Garantizar al adquiriente una posesión útil.

Garantizar al comprador una posesión pacífica.

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Responder a la evicción.

Responder de los vicios y defectos ocultos que tenga el bien.

Obligaciones del comprador.

1ª.- El pago del precio:

Esta obligación es la fundamental del comprador y el precio que se paga debe reunir
las características que exige el Código Civil, es decir, ha de ser un precio verdadero,
determinado y consistente en dinero o signo que lo represente.

En materia del pago del precio es conveniente diferenciar el pago normal del precio
y el pago extraordinario que tiene que ver con que junto al precio se abonen una
serie de cantidades que las partes convengan.

2ª.- La Recepción:

El comprador debe facilitar la entrega de la mercancía por parte del vendedor


haciéndose cargo de ella. El alcance de esta obligación dependerá del lugar y del
momento de la puesta a disposición por parte del vendedor.

CARACTERÍSTICAS.

Profesionalizado. El trabajo requiere una preparación específica, profesionalizada.

Consensual. Para que el documento tenga validez, las dos partes deben estar
conformes con todas las condiciones estipuladas.

Bilateral. El pacto repercute a ambas partes. Tanto el cliente como la empresa


contratada asumen una serie de obligaciones y de derechos.

Oneroso. Los servicios que se prestan han de ser retribuidos.

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3.2. EL CONTRATO DE ASOCIACIÓN


EN PARTICIPACIÓN.
Un contrato de asociación en participación es el que formaliza una asociación en la
que a una de las partes se le entregará la participación de un porcentaje, el cual se
fijará en el contrato.

Así, si en el contrato se fija que después de la recuperación se le entregará un 30%


de la ganancia neta mensual, este contrato formaliza dicha asociación.

Este contrato puede ser celebrado entre personas físicas o una persona física y una
persona moral, independientemente y cualquiera (persona física o persona moral)
puede ser la contraparte respectiva.

3.3. LA COMPRA – VENTA


MERCANTIL.
La compraventa mercantil es un contrato por el cual una persona, sea o no
propietaria o poseedora de la cosa objeto de la convención, se obliga a entregarla
o a hacerla adquirir en propiedad a otra persona, que se obliga por su parte, a pagar
un precio convenido, y la compra para revenderla o alquilar su uso.

La compraventa es el negocio típico del comerciante, representa el cambio de una


mercancía contra un precio.

Elementos materiales del contrato de compraventa:

El objeto: la cosa mueble que el vendedor entrega al comprador (mercancías o


mercaderías). También existen cosas no corporales como derechos de propiedad
intelectual sobre marcas, patentes, rótulos, logotipos, etc. Los bienes inmuebles
también pueden ser objetos de compraventas mercantiles en todas aquellas
operaciones que se realicen para revender con ánimo de lucro.

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El precio: ha de concretarse en dinero o en signo que lo represente. Ha de ser


cierto (cantidad fijada en el momento de otorgar el contrato), o bien, basta con que
pueda determinarse más tarde sin necesidad de un nuevo contrato.

Obligaciones del vendedor.

Conservar y custodiar la cosa vendida en perfecto estado.

Entregar la cosa vendida en el tiempo y lugar pactados.

Prestar la garantía o saneamiento por evicción.

Los vicios ocultos.

Obligaciones del comprador.

Pagar el precio en el tiempo y lugar fijados.

Pagar los intereses del precio.

Recibir la mercancía comprada.

Pagar los gastos de transporte.

3.4. EL PRÉSTAMO MERCANTIL.


El contrato de préstamo mercantil es aquel donde una de las partes el prestador
entrega al prestatario bienes fungibles (títulos o valores, dinero o mercancías) y éste
se obliga a restituir otro tanto de la misma especie y calidad en los términos
pactados y en caso de mora a pagar un interés convencional o legal.

El contrato de préstamo presenta dos variedades en nuestro ordenamiento jurídico


positivo, a saber: el comodato, o préstamo de uso, por virtud del cual una de las
partes entrega a la otra una cosa no fungible para que sea usada durante un plazo
de tiempo determinado y reintegrada a su titular al vencimiento; y el préstamo

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mutuo, por el cual una de las partes entrega dinero u otra cosa fungible a la otra,
que adquiere su propiedad, asumiendo la obligación de devolver otro tanto de la
misma especie y calidad (artículo 1740 del Código Civil). El Código de Comercio,
con la denominación de préstamo mercantil, se refiere únicamente al supuesto del
préstamo mutuo, que tiene por objeto la entrega de dinero, de títulos o de
mercaderías, cuya propiedad es transferida desde el prestamista, que la pierde, al
prestatario, que la adquiere y sin perjuicio de la carga de reintegro que le incumbe.

El Código de Comercio no define el contrato de préstamo, de suerte que debe


estarse al concepto que sobre el particular brinda el Código Civil en su artículo 1740.
En su artículo 311 el Código de Comercio se limita a decir que será mercantil el
préstamo en que concurran las dos circunstancias siguientes: que alguno de los
contratantes sea comerciante y que las cosas prestadas se destinen a actos de
comercio. De esta escueta configuración legal se deriva el planteamiento de
consideraciones varias no siempre pacíficas, pues únicamente resulta claro que, en
la configuración del Código de Comercio, el préstamo mercantil es un contrato
accesorio, dependiendo su carácter mercantil de una doble y necesaria conexión,
objetiva y subjetiva, con el comercio. Así, en primer término, puede resultar dudoso
si merecen la consideración de mercantil en todo caso los préstamos concedidos
por las entidades bancarias, esto es, entidades que profesionalmente se dedican
precisamente a su concesión.

3.5. EL MANDATO MERCANTIL.


El mandato tiene su forma mercantil y ésta no es otra que la comisión. En virtud
del contrato de comisión (o mandato mercantil), un empresario mercantil, en
calidad de comisionista, se obliga a prestar su actividad, de ordinario de forma
remunerada, consistente en realizar actos o negocios por cuenta de otro, que es el
comitente.

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La palabra mandato procede del latín manus datio o manu dare (Manu dare,
significa dar poder), o sea el hecho de darse la mano mandante y mandatario, para
simbolizar la amistad, fidelidad y confianza existente entre ambos que motivaba la
creación del vínculo jurídico contractual que los uniría. Originándose de esta manera
el Mandato en el Derecho Romano.

Diversas acepciones del término Mandato:

El contrato de Mandato ha sido una de las figuras jurídicas durante lo largo de la


historia de mayor complejidad para definirle, dada su estrecha analogía, relación y
semejanza con otras instituciones jurídicas afines.

Es por ello por lo que a continuación enunciamos las más importantes:

a- Para la doctrina, Mandato es el contrato por el que una persona


llamada mandatario o gestor, se obliga onerosa o gratuitamente a actuar frente a
terceros por cuenta de otra persona llamada mandante o principal. Cuando el
mandatario obra por cuenta del mandante, pero en nombre propio estamos en el
llamado mandato simple, que se corresponde con la representación indirecta
o mandato sin poder de representación. Si el mandatario actúa por cuenta y
también en nombre del mandante, estamos en el llamado mandato ostensible o
mandato representativo, que se corresponde con la representación directa y se
instrumenta mediante el otorgamiento de poderes (mandato con poder de
representación o gestión de negocios con mandato).

- Manuel Osorio lo define como “contrato que tiene lugar cuando una parte
da a otra el poder, que esta acepta representarla al efecto de ejecutar en su nombre
y por su cuenta un acto jurídico o una serie de actos de esa naturaleza”.

- Cabanellas, entiende por mandato el “contrato consensual por el cual una


de las partes, llamada mandate, confía su representación, el desempeño de un
servicio o la gestión de un negocio, a otra persona, el mandatario, que acepta el
encargo”.

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b- Para la Ley, el Código Civil en el artículo 1875 es: un contrato en que una
persona confía la gestión de uno o más negocios a otra, que se hace cargo por
cuenta y riesgo de la primera.

c- Para el Código de Comercio, por el mandato mercantil el mandatario se


encarga de practicar actos de comercio por cuenta y a nombre del mandante, según
el artículo 1083.

4.- Objeto del Mandato Mercantil:

El artículo 1083 del Código de Comercio, al definir mandato mercantil dice: el


mandatario se encargará de practicar actos de comercio por cuenta y a nombre del
mandante; por lo cual podemos inferir que el objeto es como anteriormente hemos
citado: PRACTICAR ACTOS DE COMERCIO, POR CUENTA Y A NOMBRE DEL
MANDANTE.

Nuestra Legislación en materia de comercio en el artículo 3 nos establece muy


fundadamente cuales son los actos de comercio y dice lo siguiente:

Art. 3.- Son actos de comercio:

I. Los que tengan por objeto la organización, transformación o disolución de


empresas comerciales o industriales y los actos realizados en masa por estas
mismas empresas.

II. Los actos que recaigan sobre cosas mercantiles.

Además de los indicativos, se consideran actos de comercio los que sean análogos
a los anteriores.

Es por esta razón que el acto de comercio sirve de punto de referencia o de partida
para identificar las diferencias entre Mandato en materia Civil y materia Mercantil,
así como para la delimitación de las relaciones existentes entre estas.

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5.- Clases de Mandato

a- Mandato Representativo: se dice que es representativo cuando el mandatario


ejecuta los actos en nombre y por cuenta del mandante. El mandato mercantil no
siempre es representativo, puede ser sin representación; si lo primero se requiere
que conste por escrito cuando se trata de celebrar un negocio jurídico que deba
constar por escritura pública. (Art. 1094 C.C)

b- Mandato no representativo: Cuando el mandatario ejecuta actos solo por


cuenta, pero no a nombre del mandante.

c- Mandato Administrativo: Se refiere al encargo de ejecutar actos jurídicos


estrictamente de carácter administrativo en los negocios del mandante.

d- Mandato Especial: Es el otorgado por el mandante al mandatario para llevar a


cabo uno o más negocios determinados, por ejemplo, vender una casa, para
hipotecar.

e- Mandato General: Una de las formas que puede revestir el mandato especial,
fundándose en la extensión de las facultades. El mandato general comprende todos
los negocios del mandante, un término sin duda exagerado porque no es posible
transmitir la capacidad o la personalidad jurídica en su totalidad.

f- Mandato Judicial: el que faculta para actuar ante los tribunales, con carácter
contencioso o voluntario, para ejercer acciones, oponer defensas o cumplir
cualesquiera tramites que las causas requieran en representación de una de las
partes.

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g- Mandato Unilateral: el mandato gratuito es unilateral, por la razón que solo el


mandatario se obliga al desempeño de la gestión del negocio que se le ha
encomendado.

h- Mandato Bilateral: El mandato oneroso o remunerado es bilateral porque


ambas partes se obligan, desde el momento en que ha habido consentimiento en la
oferta de parte del mandante, de encomendar la gestión de un negocio al
mandatario quien acepta de cumplir con la ejecución que se le encargue, por lo
tanto, impone obligaciones reciprocas a ambas partes contratantes.

Expuesto todo lo anterior podemos decir que MANDATO MERCANTIL EN SU


ESENCIA ES: el acto o gestión que se encomienda al mandatario sea uno o varios
de los que el mandante realiza en masa, o un acto de mercantilizada pura.

6.- Naturaleza Jurídica del Mandato Mercantil:

El Mandato es oneroso por su naturaleza, aunque esto no esté plasmado


expresamente por una disposición legal en la cual lo diga textualmente, sin
embargo, el artículo 946 del Código de Comercio nos dice: Las obligaciones
mercantiles son onerosas, por lo tanto este tipo de contrato tiene inmerso en sí
mismo una obligación la cual es sujeta a onerosidad.

Si leemos el Código Civil en el artículo 1877 nos dice: El mandato puede ser
gratuito o remunerado. Ahora bien si nos trasladamos al artículo 1918 del mismo
cuerpo legal, relativo a las obligaciones del mandante podremos darnos cuenta que
en su numeral tercero nos dice: El mandante es obligado a pagarle (al mandatario)
la remuneración estipulada o usual, la cual puede ser determinada ya sea por
convención de las partes, antes o después del contrato, por la ley, la costumbre o
el Juez; esto último contemplado en el inciso segundo del artículo 1877; y es así
como podemos percibir la naturaleza onerosa de esta. Relacionado con el articulo

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1084 referente al pago de la remuneración que el mandatario deberá recibir si lleva


a cabo las diligencias indispensables para la conservación de la mercadería de la
cuales se describen en el artículo 1084 de Comercio en su inciso primero.

7.- Perfección del Mandato Mercantil:

El artículo 1884 del Código Civil nos lo manifiesta expresamente diciendo: EL


contrato de mandato se reputa perfecto por la aceptación del mandatario, aunque
esta aceptación puede ser expresa o tácita.

8.- Aceptación del Mandato Mercantil:

El artículo 1883 C.C. establece textualmente: “El encargo que es objeto del
mandato puede hacerse por escritura pública o privada, por cartas, verbalmente o
de cualquier otro modo inteligible, y aun por la aquiescencia tácita de una persona
a la gestión de sus negocios por otra; pero no se admitirá en juicio la prueba
testimonial sino en conformidad a las reglas generales, ni la escritura privada
cuando las leyes requieran un instrumento auténtico “. De esto podemos inferir que
al otorgarse por escrito el instrumento se deja constancia pura del consentimiento
del mandante, la voluntad o aceptación del mandatario viene con posterioridad a
esta acción, como ya lo hemos enunciado en el número 7 de este trabajo relativo a
la perfección del mandato.

La aceptación es tácita cuando el mandatario realiza todo acto en ejecución


del mandante (Art. 1884 inc. 2º), el silencio de este no constituye aceptación,
habiendo una excepción a esto en el art. 1885 C.C. así: Las personas que por su
profesión u oficio se encargan de negocios ajenos, están obligadas a declarar lo
más pronto posible si aceptan o no el encargo que una persona ausente les hace;
y transcurrido un término razonable, su silencio se mirará como aceptación.
Pudiendo el mandatario renunciar a este, que es una de las formas de extinción del
contrato de mandato mercantil que más adelante explicaremos.

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9.- Formalidades del Mandato Mercantil:

El articulo 1883 C.C. dice en su aspecto general que el mandato puede


hacerse por cualquier medio inteligible, e incluso en forma verbal, pero en
contraposición a ello el código de Comercio dice en el Art. 1094 que el mandatario
deberá exhibir el mandato a los terceros con quien contrate, no podrá oponerles las
instrucciones que hubiere recibido por separado del mandante, salvo si probare que
tenían conocimiento de ellas al contratar.

Es decir que en materia mercantil por regla general se requiere que sea el mandato
en forma expresa y que se haga por escrito, dado que este documento con
posterioridad deberá inscribirse en el Registro de Comercio según el artículo 13, Lit.
4 de la Ley del Registro de Comercio, el cual dice: En el Registro se inscribirán: Los
poderes que los comerciantes otorguen y que contengan clausulas mercantiles; los
poderes judiciales que se utilicen para diligencias que deban seguirse ante el
Registro de Comercio; los documentos por los cuales se modifiquen, sustituyan o
revoquen los mencionados poderes o nombramientos; los nombramientos de
factores y agentes de comercio; las credenciales de los directores, gerentes,
liquidadores y en general, administradores de las sociedades.

Luego de la inscripción del contrato no será necesario adjuntarlo al presentar algún


escrito o solicitud ante este Registro bastará simplemente con citar en dicho escrito
el asiento que legitima la personería del mandatario. Existiendo algunos casos en
los que se presume, tal es el caso de los factores y dependientes por su calidad de
auxiliares de comercio.

10.- Características del Mandato Mercantil:

El mandato Mercantil es un contrato principal, consensual por regla general,


oneroso, bilateral, por naturaleza remunerado, y por lo general por cuenta ajena en
su obrar, y por su resultado ese obrar puede ser para el mandante o hacia un
tercero.

a- Contrato principal: porque subsiste por sí mismo sin necesidad de otra


convención. (Art. 1313 C.C)

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b- Consensual: Se perfecciona por el solo consentimiento de las partes. (Art. 1314


C.C)

c- Oneroso: Porque a diferencia del mandato civil, el mandato mercantil es de


naturaleza onerosa, manifestando el art. 1084 C. Com., al manifestar que todo
mandatario tiene derecho a una remuneración por su trabajo.

d- Remunerado: porque el legislador deja establecido en el art, 1918 C.Com y


1877 C.C.

e- El mandatario actúa en representación del Mandante: esto es por la sencilla


razón que los actos de comercio ejecutados en el ejercicio de su cargo, se reputan
ejecutados por el mandante, todo esto es así, en virtud de la función representativa
(El mandatario actúa en nombre propio pero por cuenta ajena si el mandato es no
representativo, y actúa en nombre ajeno y por cuenta ajena si el mandato es
representativo), y es básico para poder diferenciarlo de otros contratos mercantiles,
por ejemplo el Contrato de Comisión. (Art. 1083 C. Com y 1319 C.C.)

f- Bilateral: obligándose tanto el Mandante como el Mandatario, el primero a pagar


la remuneración y el segundo a realizar el o los actos de comercio para los cuales
ha sido encomendado. (Art. 1310 C.C)

11.- Alcances del Mandato Mercantil

El mandato mercantil se extiende a los actos para los cuales se ha conferido y que
sean necesarios para su cumplimiento, es decir, únicamente comprende los actos
del giro ordinario del negocio encomendado.

Si el mandatario está actuando en nombre y por cuenta del mandante los efectos
jurídicos se radican en cabeza del mandante y se traba una relación jurídica entre
este y el tercero. Pero si no es representativo, el mandatario es el que debe
responderle al tercero con quien contrató y el mandante es como un tercero ajeno
a la negociación, aunque lógicamente el mandatario debe traspasar los efectos
económicos al mandante del negocio que realizó.

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12.- Diferencia y similitudes entre mandato mercantil y mandato civil:

DIFERENCIAS

En que el mercantil, siempre es remunerado y si no se pactan honorarios,


se deberán los usuales en el lugar donde la operación se realice. Por lo general, el
mandato mercantil es expreso, se hace constar por escrito y se inscribe en el
Registro de Comercio. En algunos casos se presume: cuando se trata de los
factores y dependientes por su calidad de auxiliares de comercio.

La clase de negocios a la que esta encomendado son distintas, ya que en el


mandato mercantil deben practicarse actos de comercio, y en el mandato civil puede
ser cualquier otra clase de negocios que se estén gestionando.

En el mandato Mercantil el poder debe inscribirse en el Registro de Comercio


por lo cual requiere necesariamente que sea en forma escrita, y en el mandato civil
puede ser escrito o verbal o de otra de las maneras inteligibles existentes.

El mandato mercantil tiene la peculiaridad que el mandatario tiene ciertos


derechos preferenciales, que no los tiene la rama civil

SIMILITUDES:

En ambos mandatos, el mandatario actúa en nombre y por cuenta del


mandante, o sea por cuenta ajena y no propia.

En cuanto a las causas de terminación del mandato mercantil son las


mismas que el mandato civil, y en ambas materias el mandatario está obligado a
responder por los daños y perjuicios que ocasiona el mandante por el
incumplimiento o exceso de los límites establecidos.

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3.6. EL DEPÓSITO MERCANTIL.


El Código de Comercio regula el contrato de depósito mercantil dentro del Título IV
del Libro II, dedicado a los "Contratos especiales del comercio" en los artículos 303
y siguientes, pero no da una definición de lo que es el depósito, lo que sí hace el
Código Civil (aplicable supletoriamente) en el artículo 1758 cuando dice que "se
constituye el depósito desde que uno recibe la cosa ajena con la obligación de
guardarla y de restituirla", siendo una nota de carácter esencial según el artículo
1761 que esa cosa ajena que se recibe sea cosa mueble, es decir, que el depósito
definido por el Código Civil solamente puede tener por objeto cosas muebles.

Además de ese contrato de depósito al que se refiere el Título IV del Libro II el propio
Código de Comercio recoge otros dos tipos específicos de depósitos mercantiles,
como son el que se realiza en las Compañías Generales de Almacenes de Depósito,
que regula en los artículos 193 y siguientes dentro del título dedicado a
las "Compañías mercantiles"; y el de los depósitos bancarios, a los que se refiere
de forma fragmentaria cuando recoge las "reglas especiales de las compañías de
crédito" y regula los "bancos de emisión y descuento".

El depósito es para la mayor parte de la doctrina un contrato de naturaleza real, que


se perfecciona con la entrega de la cosa. Es por ello que el artículo 305 del Código
de Comercio dice que "el depósito quedará constituido mediante la entrega, al
depositario, de la cosa que constituya su objeto", lo que no es más que el traslado
del artículo 1758 del Código Civil "se constituye el depósito desde que uno recibe la
cosa ajena con la obligación de guardarla y de restituirla". Sin embargo, algunos
autores consideran que lo único que se produce es una coincidencia de carácter
temporal entre la entrega de la cosa y la perfección, de manera que no se trataría
de un auténtico contrato real. En todo caso su constitución no está sometida a
requisito especial de forma.

El hecho de que el Código de Comercio no defina el depósito no es nada especial,


lo mismo sucede con otros contratos como la compraventa o el préstamo, en los

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que se limita a decir cuándo se puede considerar un contrato mercantil por oposición
al civil, regulado por el código Civil (que es en todo caso supletorio).

Las normas contenidas en uno y otro texto legal tienen naturaleza dispositiva,
aunque el artículo 310 del Código de Comercio dice que los depósitos verificados
en los bancos, en los almacenes generales, en las sociedades de crédito o en otras
cualesquiera compañías, se regirán en primer lugar por los estatutos de las mismas;
en segundo, por las prescripciones del Código, y últimamente, por las reglas del
Derecho común, que son aplicables a todos los depósitos.

A la hora de calificar un contrato de depósito como mercantil o de someterlo a las


normas mercantiles, el Código de Comercio sigue dos criterios, el primero de
carácter general recogido en el artículo 2 conforme al cual "los actos de comercio,
sean o no comerciantes los que los ejecuten, y estén o no especificados en este
Código, se regirán por las disposiciones contenidas en él; en su defecto, por los
usos del comercio observados generalmente en cada plaza; y a falta de ambas
reglas, por las del Derecho común. Serán reputados actos de comercio los
comprendidos en este Código y cualesquiera otros de naturaleza análoga". Y el
segundo de carácter especial, al señalar el artículo 303 del Código de
Comercio que "para que el depósito sea mercantil se requiere: 1º) Que el
depositario, al menos, sea comerciante. 2º) Que las cosas depositadas sean objeto
de comercio. 3º) Que el depósito constituya por sí una operación mercantil, o se
haga como causa o a consecuencia de operaciones mercantiles". Se ha de tener
en cuenta que no es necesaria la concurrencia de los tres requisitos fijados en el
artículo 303 para que un contrato de depósito pueda ser calificado como mercantil,
bastando para la calificación que el depósito se haya constituido ante empresario y
que traiga causa o sea consecuencia de operaciones mercantiles.

Relación del depósito mercantil con otros contratos

La Sentencia de la Sala 1ª del Tribunal Supremo de 19 de diciembre de 1998 cita la


de la misma sala de 10 de junio de 1987 señalando que se ha de distinguir el

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contrato de depósito, propiamente dicho, que no tiene otra finalidad que la guardia
y custodia de bienes a disposición del depositante, de otros contratos en los que,
entre otras prestaciones, se encuentra el deber de custodia, cuya naturaleza jurídica
es diferente y cuyas consecuencias en orden al cumplimiento, admiten matizaciones
del deber que corresponde al depositario.

Se examinaba en esa ocasión un contrato de transporte marítimo, resultando que


la obligación de custodia que se establece a cargo del transportista forma parte del
conjunto de cláusulas de un contrato perfectamente tipificado como de transporte,
que no se convierte una vez depositadas las mercancías en tierra en un contrato de
depósito mercantil.

Así, la Sentencia del Tribunal Supremo de 31 de enero de 1983 examina los casos
en los que se conjugan en una sola relación contractual un conjunto de prestaciones
que separadamente consideradas formarían otros tantos contratos típicos, diciendo
que las cuestiones acerca de la unidad o pluralidad de contratos se han de resolver
desde la óptica de la causa por ser la diversidad de éstas la que introduce la
correlativa pluralidad de contratos mientras que bajo una causa única puede
acogerse una multiplicidad de prestaciones heterogéneas sin que ese dato
fraccione el contrato único, lo que conduce por ejemplo a la afirmación de la unidad
del contrato de transporte marítimo acogiendo las fases iniciales y finales a calidad
de accesorias.

En definitiva, que se ha de estar a la causa del contrato, de manera que identificada


como única también única ha de ser su regulación. Se fija esta sentencia en el
aspecto subjetivo, de los que contratan, para atender a la naturaleza del contrato,
ya que existiendo empresas independientes que se encargan de cada uno de los
aspectos se podría mantener la autonomía de cada uno de los tipos contractuales
llegando a la combinación de todos ellos.

El propio Código de Comercio, en el artículo 309, trata de distinguir este contrato de


otros con los que presenta coincidencias, diciendo que "siempre que, con

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asentimiento del depositante, dispusiere el depositario de las cosas que fueren


objeto de depósito, ya para sí o sus negocios, ya para operaciones que aquél le
encomendare, cesarán los derechos y obligaciones propios del depositante y
depositario, y se observarán las reglas y disposiciones aplicables al préstamo
mercantil, a la comisión o al contrato que en sustitución del depósito hubieren
celebrado".

Clases de depósito mercantil

Se habla en primer lugar del depósito ordinario, que sería el regulado en Título IV
del Libro II del Código de Comercio, al que nos estamos refiriendo, y depósitos
especiales, que aparecerían constituidos en las Compañías Generales de
Almacenes de Depósito y en lo que el Código de Comercio llama "Compañías de
Crédito" o "Bancos de Emisión y Descuento", en definitiva los depósitos bancarios.

Desde otro punto de vista y atendiendo a la naturaleza de las cosas que son
depositadas, solamente muebles conforme a lo dicho anteriormente, se pude hablar
de depósito de bienes fungibles y no fungibles, atendiendo a la clasificación
del artículo 337 del Código Civil, según la cual "los bienes muebles son fungibles o
no fungibles. A la primera especie pertenecen aquellos de que no puede hacerse el
uso adecuado a su naturaleza sin que se consuman; a la segunda especie
corresponden los demás". Y dentro del depósito de bienes fungibles se distingue
entre el irregular y el regular, que se diferencian en tanto en el depósito irregular no
se mantiene la individualidad de los bienes depositados, mientras que en el regular,
a pesar de recaer sobre bienes fungibles, se mantiene esa individualidad. El
contenido del contrato de depósito no se ve alterado por el hecho de que los bienes
depositados se consuman con su uso adecuado, es decir, por ser fungibles, incluso
en el caso de que tenga por objeto el bien más fungible, el dinero, ya que el
depositario debe devolver el bien que recibió y no otro por más que sea la misma
cantidad y moneda, no pudiendo tampoco usar lo depositado. En el caso de que las
partes acuerden otra cosa en el ejercicio de la autonomía de la voluntad (recuérdese
el carácter dispositivo) lo que sucede es que varía la naturaleza de la relación

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jurídica, siendo en ese caso de aplicación el citado artículo 309 del Código de
Comercio, semejante al artículo 1768 del Código Civil: "el contrato pierde el
concepto de depósito y se convierte en préstamo o comodato". Ahora bien, no por
ello desaparece el depósito sino que se convierte en irregular, que se distinguiría
del depósito regular por la transmisión de la propiedad de la cosa depositada y la
obligación de devolución de una cosa de la misma calidad y especie; y se
distinguiría del préstamo por la finalidad de custodia y por el hecho de que
generalmente no existe plazo para la devolución de la cosa entregada. Existen
autores, no obstante, que niegan la existencia de depósito irregular de dinero y dicen
que, sin más, se trata de préstamo. En todo caso, estos depósitos se constituyen
en dinero y coinciden con los que antes hemos llamado depósitos bancarios, objeto
de regulación específica frente al supuesto general aquí tratado.

Las partes del contrato y sus obligaciones

1. El depositario

Se llama depositario al que recibe los bienes. Son sus obligaciones esenciales las
establecidas en el artículo 306 del Código de Comercio, conforme al cual "el
depositario está obligado a conservar la cosa del depósito según la reciba, y a
devolverla con sus aumentos, si los tuviere, cuando el depositante se la pida", en
paralelo a lo que establece el artículo 1766 del Código Civil: "El depositario está
obligado a guardar la cosa y restituirla, cuando le sea pedida, al depositante, o a
sus causahabientes, o a la persona que hubiese sido designada en el contrato". En
síntesis, el depositario está obligado a guardar y conservar la cosa y luego a
devolverla; se trata de las obligaciones de custodia y de restitución.

La obligación de custodia es la verdaderamente esencial de este contrato, que


permite distinguirlo de otros en los que también se recibe algo que hay que entregar
o devolver pero en los que la conservación del bien no es lo esencial, sino un medio

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o una necesidad accesoria para conseguir otra finalidad, como la de transportar el


objeto por ejemplo.

Debido a esa obligación establece el artículo 306 que "en la conservación del
depósito, responderá el depositario de los menoscabos, daños y perjuicios que las
cosas depositadas sufrieren por su malicia o negligencia, y también de los que
provengan de la naturaleza o vicio de las cosas, si en estos casos no hizo por su
parte lo necesario para evitarlos o remediarlos, dando aviso de ellos además al
depositante, inmediatamente que se manifestaren".

Es decir, la custodia o conservación que caracteriza al depósito mercantil no es


pasiva, mera custodia, sino que exige del depositario algo más, contrapartida del
carácter esencialmente oneroso que al tiempo se le reconoce. La mera custodia se
cumpliría por el depositario con la simple posesión de la cosa depositada; sin
embargo se le exige la realización de ciertas actividades con la finalidad de defender
la cosa depositada. Esa defensa se concreta en la responsabilidad que incumbe al
depositario por los daños que sufra la cosa por su negligencia e incluso por los que
procedan no por un hecho externo, procedente de un tercero o del propio
depositario, sino derivado de la misma naturaleza o vicio de las cosas.

En este último caso se ha de plantear el problema de la responsabilidad sobre los


gastos en la conservación de la cosa, ya que siendo retribuido el depósito podría
pensarse que cualquier gasto que deba ser realizado para evitar esos menoscabos,
daños y perjuicios, estaría ya comprendido en la retribución que percibe el
depositario; llegándose a la conclusión de que en esos gastos se han de incluir
solamente los estrictamente necesarios para evitar el mal.

Dentro de la responsabilidad por custodia dice el artículo 1767 del Código


Civil que "el depositario no puede servirse de la cosa depositada sin permiso
expreso del depositante. En caso contrario, responderá de los daños y perjuicios".
Por otro lado, el artículo 307 del Código de Comercio dice que "cuando los
depósitos sean de numerario, con especificación de las monedas que los
constituyan, o cuando se entreguen sellados o cerrados, los aumentos o bajas que
su valor experimente serán de cuenta del depositante. Los riesgos de dichos

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depósitos correrán a cargo del depositario, siendo de cuenta del mismo los daños
que sufrieren, a no probar que ocurrieron por fuerza mayor o caso fortuito
insuperable. Cuando los depósitos de numerario se constituyeren sin especificación
de monedas o sin cerrar o sellar, el depositario responderá de su conservación y
riesgos en los términos establecidos por el párrafo segundo del artículo 306".

El depositante

Se llama depositante al que entrega los bienes. Si se acepta el carácter real de este
contrato la obligación de entrega se constituiría en la esencial del depositante, sin
la que no nacería esa relación; si bien se ha de entender que la entrega no ha de
ser necesariamente material. La segunda de las obligaciones, que sirve además
para distinguir en principio un depósito mercantil de uno civil, es la obligación de
remuneración. Ahora bien, no se debe olvidar que tampoco es un carácter esencial,
ya que el artículo 304 del Código de Comercio dice que "el depositario tendrá
derecho a exigir retribución por el depósito, a no mediar pacto expreso en contrario",
de manera que el pacto puede excluir la obligación de remuneración. Si no se ha
excluido expresamente pero tampoco se ha fijado la cuota de retribución entra en
juego la previsión de ese mismo artículo, conforme al cual se regulará según los
usos de la plaza en que el depósito se hubiere constituido. Distinta de esa
retribución se ha de entender la obligación de indemnizar al depositario por los
gastos en la conservación y los perjuicios que hubiera sufrido, que establece con
carácter general el artículo 1779 del Código Civil, si bien se discute en relación con
el artículo 306 si se pueden considerar, a falta de pacto, incluidos en la
remuneración. Así, el citado artículo 1779 dice que "el depositante está obligado a
reembolsar al depositario los gastos que haya hecho para la conservación de la
cosa depositada y a indemnizarle de todos los perjuicios que se le hayan seguido
del depósito".

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3.7. EL CONTRATO DEL


TRANSPORTE.
Concepto de Contrato de Transporte que proporciona el Diccionario Jurídico
Mexicano(1994), de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: (escrito por Arturo
Díaz Bravo) Concepto.

Los regímenes legales con derecho privado diferenciado, como el mexicano, se ven
obligados a consignar sendas regulaciones para el contrato civil y para el contrato
mercantil de transporte. Por su parte, el Código Civil para el Distrito Federal lo define
como aquel “…. Por el cual alguno se obliga a transportar, bajo su inmediata
dirección o la de sus dependientes, por tierra, por agua, o por el aire, a personas,
animales, mercaderías o cualesquiera otros objetos…”.

Adviértase en tal concepto una omisión, cual es la relativa a la contraprestación por


parte de la persona transportada o del cargador de mercancías que sólo de modo
incidental se menciona entre las indicaciones que debe contener la carta de porte
(artículos 2646-2656, fracción V Código Civil para el Distrito Federal).

Por su parte, el Código de Comercio no suministra concepto alguno del transporte;


es en la Ley de Navegación y Comercio Marítimo (artículo 157) en la que aparece
el único concepto mercantil mexicano de este contrato, y ello referido al fletamento:
“Por el contrato de fletamento, el naviero se obliga a realizar con el buque un
transporte marítimo en los términos que se pacten y el cargador se obliga a entregar
oportunamente las mercancías o efectos que deban transportarse y a pagar el flete”;
aquí en cambio, resulta impropio el incluir, como elemento de definición y con
jerarquía de obligación contractual, una conducta del cargador – la entrega de la
carga – que, en unión de otras, en rigor es un derecho-medio, que permitirá al
porteador cumplir con su parte en el contrato.

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Desarrollo

Es evidente, pues, que los únicos elementos que deben concurrir al concepto del
contrato de transporte son:

a) La obligación, por parte del porteador, de transportar una persona o cosa, y b) La


obligación de la contraparte de pagar el precio del transporte.

En cuanto a sus características, es un contrato:

a) típico, pues encuentra regulaciones específicas en diversas leyes.

b) nominado, ya que con tal nombre se le conoce e identifica plenamente así en las
leyes como en la práctica

c) consensual, debido a que, como se verá, los documentos respectivos, como


boletos, billetes, cartas de porte y otros, sólo cumplen una función probatoria

d) bilateral, pues configura obligaciones y derechos a ambas partes

e) oneroso, dado que la obligación del porteador tiene, como necesario correlato, la
del pago de un porte, pasaje o flete por parte del otro contratante

f) conmutativo, debido a que los derechos y obligaciones de las partes quedan


plenamente demarcados en el momento de su celebración

g) de tracto sucesivo, visto el tiempo que tomará el traslado de la persona o de la


cosa.

3.8. EL CONTRATO DE SEGURO.


Son los convenios entre las Compañías Aseguradoras o de Seguros y los
Asegurados con el fin de transferir, del Asegurado al Asegurador, una parte de las
pérdidas que puedan producirse por los riesgos que se encuentren asegurados.

El Contrato de Seguros, tiene como fines principales:

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1. Definir el riesgo que se ha transferido.

2. Determinar las condiciones en que el contrato tiene aplicación.

3. Establecer el procedimiento para liquidar los siniestros.

Definición:

El Contrato de Seguros es un documento a través del cual, las Aseguradoras se


comprometen a resarcir el daño o a pagar una suma de dinero si ocurre un evento
establecido en el mismo y, el contratante/asegurado de pagar una prima con el fin
de estar protegido. (Título I Art. 1 Ley sobre el Contrato de Seguros)

El Contrato presenta las siguientes características:

Bilateral:

Las partes se obligan recíprocamente. Existen derechos y obligaciones por parte


del Contratante/Asegurado y la Aseguradora.

Oneroso:

Se estipulan provechos y gravámenes recíprocos. Existe un desembolso económico


por parte del Contratante/Asegurado (Prima) y la Aseguradora (Indemnización).

Aleatorio:

El contrato cubre eventos que pueden ocurrir o no, por lo tanto la prestación debida
depende de un acontecimiento incierto que hace que no sea posible la evaluación
de la pérdida, sino hasta que ese acontecimiento se realice.

Principal:

No depende de otros contratos para que éste sea válido.

Consensual:

Consentimiento de las partes en la aceptación de la oferta.

Buena fé:

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Cada una de las partes (Asegurado, Asegurador) confía en la honestidad, lealtad y


prudencia en que se establece el contrato.

De adhesión:

Las condiciones del contrato no están sujetas a discusión sino que el Asegurado las
acepta. Cabe señalar que existen algunos seguros que no tienen esta característica
tales como los planes de vida con aportaciones variables, fideicomisos, etc.

Condicional:

Cuando su existencia o su resolución depende de un acontecimiento futuro e


incierto.

-Contrato de Adhesión y No Adhesión:

Contrato de adhesión:

El Contrato de Adhesión es aquél en que una de las partes, en este caso la


Aseguradora, fija sus condiciones rígidas e inderogables(cláusulas) y se las impone
a otra parte, en este caso el Asegurado, Beneficiarios y Contratante que no hacen
sino aceptarlas, adhiriéndose de esta manera al contrato.

En este tipo de contrato, la Aseguradora se verá obligada a redactar de antemano


el contrato que les ha de proponer.

En el contrato de seguro, se formalizan las obligaciones y derechos de las partes


que lo forman, entendidos aquellos que son elaborados unilateralmente en formatos
por una Institución de Seguros y en los que se establecen los términos y condiciones
aplicables a la contratación de un seguro, así como los modelos de cláusulas
elaborados para ser incorporados mediante endosos adicionales a esos contratos,
registrados ante la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. El contrato o cláusula
que no cuente con el registro, es anulable, pero esta acción sólo podrá ser ejercida
por el Contratante, Asegurado o Beneficiario o por sus causahabientes, contra la
Institución de Seguros y NUNCA por la Aseguradora contra aquellos.

Contrato de no adhesión:

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El contrato de no adhesión es aquél en que ambas partes fijan sus condiciones, es


decir, son escritas bilateralmente por parte de la Aseguradora y Asegurado de
acuerdo a las características del riesgo a proteger.

En el caso de seguros, los contratos de no adhesión, independientemente de ser


particulares, deben ser registrados previamente ante la Comisión Nacional de
Seguros y Fianzas.

Los contratos de no adhesión:

1. No deben contener estipulaciones que se opongan a lo dispuesto por las


disposiciones legales que le sean aplicables y

2. No deben establecer obligaciones o condiciones inequitativas o lesivas para la


Aseguradora, los contratantes, los asegurados o los beneficiarios de los seguros y
otras operaciones a que se refieran. (Ley del Contrato sobre el Seguro Cap.II
Art.36B y 41)

Personas que intervienen en el contrato de seguros:

-Asegurador:

Mediante la formalización de un contrato se asumen las consecuencias dañosas


producidas por la realización de un evento cuyo riesgo es objeto de cobertura.

-Asegurado:

En sí misma o en sus bienes o intereses económicos está expuesta al riesgo.

-Contratante del Seguro:

Es el que paga la prima del seguro. Es el responsable de cubrir los gastos de


expedición y/o los impuestos que genere la póliza.

-Beneficiario:

Es designado en la póliza por el Asegurado o Contratante como titular de los


derechos indemnizatorios que en dicho documento se establecen.

-Causahabiente:

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Persona a quien han sido transmitidos los derechos de otra.

Otro elemento esencial para la realización del contrato de seguros es el riesgo


previsto en el contrato.

Sin la existencia de un riesgo, no puede elaborarse un contrato de seguros.

Por riesgo previsto se entiende la eventualidad que se está previniendo. Sin la


existencia de un riesgo no se puede elaborar un contrato de seguros.

3.9. LOS CONTRATOS DE GARANTÍA:


LA PRENDAN Y LA FIANZA
MERCANTIL.
I. Nociones Generales.

Los contratos de garantía pertenecen a la especie de los contratos que se suscriben


con la finalidad de asegurar el cumplimiento de otro contrato principal. Su objeto es
una prestación accesoria que sólo deviene exigible en caso de que no se cumpla la
prestación del contrato principal. Ello requiere que la prestación principal sea
posible, lícita y determinada o determinable. Si no es así, el contrato de garantía
será nulo y, por tanto, inexigible.

Los contratos de garantía son, pues, accesorios y subsidiarios. Lo primero porque


sólo son exigibles en caso de que no se cumpla la prestación del contrato principal
y no pueden concebirse sin la existencia del contrato principal. Lo segundo, esto es,
la subsidiariedad, significa que el obligado en el contrato de garantía sólo lo hace
en caso de que el deudor del contrato principal no cumpla su obligación.

Los tipos más usuales de contratos de garantía son los de fianza, hipoteca, prenda
y anticresis. El examen un poco más detenido de cada uno de ellos nos ayudará a
comprender mejor estos contratos, lo que efectuaremos en los epígrafes siguientes.

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II. La Fianza.

En sentido general, la fianza o caución es una garantía prestada para el


cumplimiento de una obligación. Así, el artículo 260 del Código Civil dice que "el
Juez podrá exigir al tutor la constitución de fianza que asegure el cumplimiento de
sus obligaciones y determinará la modalidad y cuantía de la misma". Pero en un
sentido más técnico, la fianza es la garantía personal que se constituye asumiendo
un tercero el compromiso de responder del cumplimiento de la obligación si no lo
cumple el deudor principal.

Este contrato se regula en los artículos 1822 y siguientes del Código Civil. El artículo
1822.1 la define diciendo que por la fianza se obliga uno a pagar o cumplir por un
tercero, en el caso de no hacerlo éste. La fianza se caracteriza por ser un contrato
accesorio (no puede concebirse sino condicionado por la existencia de una
obligación principal) y subsidiario (el fiador sólo se obliga para el caso de que el
deudor principal no cumpla su obligación).

Aunque la deuda garantizada por la fianza debe ser existente en el momento de


suscribirla, también pueden garantizarse deudas futuras cuyo importe no sea aún
conocido, aunque la reclamación contra el fiador no procederá más que cuando la
deuda sea líquida (artículos 1824 y 1825 del Código). Además, la fianza debe ser
expresa, sin que pueda presumirse su existencia (artículo 1827), debiendo, por
tanto, constar expresamente la voluntad de afianzar.

Cuestión muy importante es la de los efectos de la fianza, es decir, el contenido de


las obligaciones del acreedor principal, del fiador y del deudor. Así, el deudor tiene
la obligación de pagar la retribución o precio de la fianza al fiador si así se pactó. En
cuanto al fiador, tiene la obligación de responder de la obligación del deudor
principal en caso de no hacerlo este. Ello incluye responder del contenido propio de
la obligación principal (lo más común será satisfacer el importe afianzado),
responder de las obligaciones accesorias de la misma, de las consecuencias legales
de la obligación principal y de los gastos judiciales devengados después de que
haya sido requerido el fiador para el pago.

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Dentro del contenido de la obligación de fianza desde la perspectiva del fiador, debe
aludirse también a los dos beneficios de que dispone el fiador frente al acreedor,
que son los de excusión y de división. Estos suponen un suaviza miento de la
primitiva regulación de la fianza, que permitía al acreedor dirigirse contra el fiador
antes incluso de haber requerido de pago al deudor. El beneficio de excusión implica
que el fiador puede eludir el pago mientras no se acredite la insolvencia total o
parcial del deudor y, así, el acreedor tiene que dirigir previamente su ejecución
contra el deudor principal (benefician excusiones o "excusación" del fiador).

El artículo 1830 del Código Civil dice, a este respecto, que el fiador no puede ser
compelido a pagar al acreedor sin hacerse antes excusión de todos los bienes del
deudor. Pero para que proceda este beneficio, el fiador debe oponerlo al acreedor
luego que éste le requiera para el pago, y señalarle bienes del deudor realizables
dentro del territorio español, que sean suficientes para cubrir el importe de la deuda
(artículo 1832). Finalmente, no tendrá lugar la excusión en los siguientes casos
(artículo 1831):

 1º Cuando el fiador haya renunciado expresamente a ella.


 2º Cuando se haya obligado solidariamente con el deudor.
 3º En el caso de quiebra o concurso del deudor.
 4º Cuando éste no pueda ser demandado judicialmente dentro del Reino.

En cuanto al beneficio de división, este entra en juego cuando existen varios


fiadores de un mismo deudor (cofiadores), de tal forma que pueden exigir al
acreedor, cuando incumpla el deudor, que divida su reclamación entre todos los
fiadores. El artículo 1837.1 del Código Civil se refiere a él al decir que "siendo varios
los fiadores de un mismo deudor y por una misma deuda, la obligación a responder
de ella se divide entre todos. El acreedor no puede reclamar a cada fiador sino la
parte que le corresponda satisfacer, a menos que se haya estipulado expresamente
la solidaridad"(esto último quiere decir que un fiador puede ser obligado a pagar por
entero -solido-, pudiendo reclamar después al resto de cofiadores la parte que les

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corresponde a cada uno). A su vez, se aplican al beneficio de división las mismas


excepciones ya vistas para el de excusión (artículo 1837.2).

En cuanto al contenido de las obligaciones del deudor para con el fiador, el deudor
debe satisfacer al segundo la retribución o precio que se haya pactado, en su caso.
También debe permitir que se releve la fianza o debe prestar, a su vez, una garantía
que ponga al fiador a cubierto de los procedimientos del acreedor y del peligro de
insolvencia en el deudor, en los siguientes casos (artículo 1843):

 1º Cuando se ve demandado judicialmente para el pago.


 2º En caso de quiebra, concurso o insolvencia.
 3º Cuando el deudor se ha obligado a relevarle de la fianza en un plazo
determinado, y este plazo ha vencido.
 4º Cuando la deuda ha llegado a hacerse exigible, por haber cumplido el
plazo en que debe satisfacerse.
 5º Al cabo de diez años, cuando la obligación principal no tiene término fijo
para su vencimiento, a menos que sea de tal naturaleza que no pueda
extinguirse sino en un plazo mayor de los diez años.

A su vez, el fiador tiene derecho, una vez ha efectuado el pago, a que el deudor le
reembolse la cantidad pagada y a subrogarse en todos los derechos que el acreedor
tenía contra el deudor (artículos 1838.1 y 1839).

III. Hipotética.

Así como la fianza es un contrato de garantía personal, la hipoteca, junto con la


prenda y la anticresis, forma parte del grupo de los contratos de garantía real, esto
es, en los que la garantía en caso de incumplimiento por el deudor no es el
comportamiento de una persona sino la entrega de una cosa o de sus frutos. Así,
Castán dice que "se llaman contratos de garantía real a los que tienen por objeto
afectar una cosa o valor determinado al cumplimiento de una obligación,
constituyendo sobre él un derecho real que es accesorio de la obligación que
aseguran".

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En la hipoteca, el aseguramiento del cumplimiento de la obligación principal se


produce mediante la afectación de bienes inmuebles, de tal manera que el acreedor
pueda enajenarlos en caso de que la obligación principal no sea satisfecha por el
deudor. Ordinariamente, la obligación garantizada es un contrato de préstamo. Se
regula en los artículos 1874 y siguientes del Código, aunque en los artículos 1857
a 1862 se dictan disposiciones generales para la hipoteca y la prenda.

El contrato de hipoteca es consensual (se perfecciona por el mero consentimiento),


formal (según el artículo 1875, es indispensable, para que la hipoteca quede
válidamente constituida, que el documento en que se constituya sea inscrito en el
Registro de la Propiedad) y unilateral (del contrato tan sólo emana la obligación del
acreedor de liberar el gravamen cuando se cumple su fin de garantía).

En cuanto a su contenido, el contrato de hipoteca sirve de título para la constitución


del derecho real de hipoteca, con todos los efectos inherentes a éste, como son el
derecho del acreedor hipotecario a enajenar o ceder el crédito hipotecario (artículo
1878) y el de vender el inmueble hipotecado, una vez vencida e incumplida por el
deudor su obligación, para hacerse pago con el precio de la venta, que puede ser
judicial o extrajudicial, según se haya pactado. Una vez que sea satisfecha la
obligación principal garantizada, tiene el hipotecante el derecho de pedir del
acreedor ya pagado la cancelación y consiguiente liberación de la finca hipotecada.

IV. Prenda.

En este contrato, lo que garantiza el cumplimiento de la obligación principal es un


bien mueble que, o bien se entrega al acreedor (prenda con desplazamiento
posesorio), o bien permanece en poder del deudor o de un tercero (prenda sin
desplazamiento), de tal manera que, en caso de incumplimiento de la obligación
garantizada, puede ser resarcido el acreedor con el precio de la venta de la cosa.

Es un contrato accesorio (depende del cumplimiento de otro principal, como ya se


ha indicado) y real, pues se perfecciona por la entrega de la cosa ("se necesita para
constituir el contrato de prenda que se ponga en posesión de ésta al acreedor, o a

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un tercero de común acuerdo": artículo 1863). Se regula específicamente en los


artículos 1863 a 1873 (la prenda con desplazamiento) y por la Ley de 16 de
diciembre de 1954, sobre Hipoteca Mobiliaria y prenda sin desplazamiento de la
posesión (la prenda sin desplazamiento).

En cuanto a su contenido, el principal derecho del acreedor pignoraticio es el


derecho real de prenda que a su favor se constituye, lo que le faculta para, si es con
desplazamiento: retener la cosa en su poder, percibir los intereses que produzca y
ejercitar las acciones que competen al dueño de la cosa, deudor suyo, para
reclamarla o defenderla frente a un tercero. Pero también debe cuidar y conservar
la cosa con la adecuada diligencia (la de "un buen padre de familia", según el
Código). En caso de falta de pago de la obligación garantizada, el acreedor
pignoraticio tiene derecho a hacerse pago con la cosa dada en prenda de la
obligación incumplida según el sistema establecido en el artículo 1872 del Código
("el acreedor a quien oportunamente no hubiese sido satisfecho su crédito, podrá
proceder por ante Notario a la enajenación de la prenda. Esta enajenación habrá de
hacerse precisamente en subasta pública y con citación del deudor y del dueño de
la prenda en su caso. Si en la primera subasta no hubiese sido enajenada la prenda,
podrá celebrarse una segunda con iguales formalidades; y, si tampoco diere
resultado, podrá el acreedor hacerse dueño de la prenda. En este caso estará
obligado a dar carta de pago de la totalidad de su crédito. Si la prenda consistiere
en valores cotizables, se venderán en la forma prevenida por el Código de
Comercio"). A su vez, pagada la deuda, el acreedor pignoraticio tiene la obligación
fundamental de restituir la cosa en las mismas condiciones en que le fue entregada
(artículo 1871).

Por su parte, si la prenda es sin desplazamiento, la Ley reguladora establece, en


cuanto a su contenido, las siguientes reglas:

 1ª El deudor podrá devolver al acreedor, en cualquier tiempo, el importe del


principal, con los intereses devengados hasta el día.

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 2ª El dueño de los bienes pignorados, a todos los efectos legales, tendrá la


consideración de depositario de los mismos, con la consiguiente
responsabilidad civil y criminal, no obstante, su derecho a usar de los mismos
sin menoscabo de su valor.
 3ª El acreedor podrá exigir, a la muerte de dicho depositario legal, que los
bienes pignorados se entreguen materialmente en depósito a otra persona.
Los bienes pignorados no se podrán trasladar del lugar en que se
encuentren, según la escritura o póliza, sin consentimiento del acreedor.
 4ª Son de cuenta del deudor las expensas o gastos necesarios para la debida
conservación, reparación, administración y recolección de los bienes
pignorados.
 5ª Si el deudor hiciere mal uso de los bienes o incumpliere sus obligaciones,
el acreedor podrá exigir la devolución de la cantidad adeudada o la inmediata
venta de la prenda, sin perjuicio de las responsabilidades que procedieren.
 6ª La pérdida o deterioro de dichos bienes dará derecho a la indemnización
correspondiente, exigible a los responsables del daño y, en su caso, a la
entidad aseguradora.
 7ª El acreedor podrá comprobar la existencia de los bienes pignorados e
inspeccionar el estado de los mismos. La resistencia del dueño de los bienes
al cumplimiento de este deber, después de haber sido requerido notarial o
judicialmente al efecto, facultará al acreedor para solicitar del Juzgado
competente, acreditando ese requerimiento y la subsistencia de la prenda
inscrita a su favor, que se le autorice, con intervención judicial, para penetrar
en el local o lugar donde los bienes estuvieren depositados.
 8ª En caso de abandono de los bienes pignorados, se entenderá vencida la
obligación, y podrá el acreedor encargarse de la conservación,
administración y, en su caso, de la recolección de dichos bienes, bajo su
exclusiva responsabilidad, del modo y forma pactado en la escritura o póliza
de constitución de la prenda.
 9ª Cuando el deudor, con consentimiento del acreedor, decidiere vender, en
todo o en parte, los bienes pignorados, tendrá el último derecho preferente

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para adquirirlos por dación en pago, siempre que el precio convenido para
esa proyectada venta fuere inferior al total importe del crédito, y quedará
subsistente por la diferencia.

V. Anticresis.

Es el contrato de garantía, regulado en los artículos 1881 a 1886 del Código Civil,
por el que el acreedor adquiere el derecho de percibir los frutos de un bien inmueble
del deudor con el fin determinado de aplicarlos al pago de los intereses, si se
debieren, y después, o cuando los intereses no fueren debidos, a la satisfacción del
capital de su crédito (artículo 1881)

Respecto de su contenido, las reglas son las siguientes:

 1ª El acreedor, salvo pacto en contrario, está obligado a pagar las


contribuciones y cargas que pesen sobre la finca, así como a hacer los gastos
necesarios para su conservación y reparación, aunque deduciéndose de los
frutos las cantidades que emplee en uno y otro objeto. Sin embargo, para
librarse de las obligaciones anteriores, el acreedor puede siempre obligar al
deudor a que entre de nuevo en el goce de la finca, salvo pacto en contrario.
 2ª El deudor no puede readquirir el goce del inmueble sin haber pagado antes
enteramente lo que debe a su acreedor.
 3ª El acreedor no adquiere la propiedad del inmueble por falta de pago de la
deuda dentro del plazo convenido. Todo pacto en contrario será nulo. Pero
el acreedor en este caso podrá pedir, en la forma que previene la Ley de
Enjuiciamiento Civil, el pago de la deuda o la venta del inmueble.
 4ª Los contratantes pueden estipular que se compensen los intereses de la
deuda con los frutos de la finca dada en anticresis.

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3.10. LAS OPERACIONES DE


CRÉDITO Y BANCARIAS.

Contrato de apertura de crédito

Definición:

Es aquel por medio del cual una persona llamada acreditante, se obliga a poner a
disposición de otra, llamada acreditado, una suma de dinero o a contraer por cuenta
del acreditado una obligación para que el mismo haga uso del crédito concedido en
la forma y términos pactados, por lo que el acreditado quedará obligado a restituir
al acreditante las sumas de que disponga, o a cubrirlo oportunamente por el importe
de la obligación que contrajo, y en todo caso, a pagar los intereses, comisiones,
gastos y otras prestaciones estipuladas de acuerdo al Art. 291 de la LGTOC.

Elementos personales:

El acreditante. Es la persona que pone una suma de dinero a disposición de otra,


o contraer por cuenta de ésta una obligación para que haga uso del crédito
concedido en la forma y términos pactados.

El acreditado. Es la persona que hace uso del crédito concedido por el acreditante
en la forma y términos pactados, por lo que queda obligado, a su vez, a restituir al
acreditante las sumas de que disponga, o a cubrirlo oportunamente por el importe
de la obligación que contrajo, y en todo caso a pagar los intereses, comisiones,
gastos y otras prestaciones estipuladas.

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Clasificación

1. Créditos de dinero y créditos de firma

Créditos de Dinero. Es aquel por virtud del cual, en el contrato, el acreditante se


obliga a poner a disposición del acreditado una suma de dinero o se compromete
a contraer una obligación por cuenta del acreditado.

Créditos de Firma. Son aquellos que pueden adoptar la forma de créditos de


aceptación, de aval, de fiador, etc.

2. Crédito simple y créditos en cuenta corriente:

Crédito simple. Es aquel que, salvo pacto en contrario, el acreditado podrá


disponer a la vista de la suma de dinero objeto del contrato. Una vez que se ha
dispuesto de la totalidad, el mismo se extingue.

Créditos en cuenta corriente. Es aquel que da derecho al acreditado a hacer


remesas, antes de la fecha fijada para la liquidación en reembolso parcial o total
de las disposiciones que previamente hubiese hecho, quedando facultado,
mientras el contrato no concluya, para disponer en la forma pactada del saldo que
resulte a su favor.

3. Créditos descubiertos y créditos garantizados.

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Créditos descubiertos. Son aquellos en los que no se pacta una garantía


específica que asegure su restitución.

Créditos garantizados. Son aquellos que al momento de su celebración si se


pacta una garantía específica.

4. Créditos libres y créditos de destino.

Créditos libres. Son aquellos en que el acreditado podrá hacer uso del crédito
como mejor lo desee.

Créditos de destino. El acreditado debe disponer del crédito en la adquisición de


determinados bienes o en fines previamente establecidos.

Otorgamiento de títulos por el acreditado

De acuerdo al artículo 297 de la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito


señala que el acreditado puede obligarse a otorgar títulos de crédito como letras de
cambio, pagarés, etc., así como a prestar su aval o aparecer como endosante o
signatario de un título de crédito.

Términos y extinción de contrato

Las partes pueden estipular libremente los términos del contrato. En caso de que
no hubieren estipulado los términos para que el acreditado haga uso del crédito, el

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artículo 294 de la ley señala que cualquiera de las partes podrá dar por terminado
el contrato en cualquier tiempo, notificándolo así a la otra parte.

Ahora bien, de acuerdo con el Artículo 301 de la Ley General de Títulos y


Operaciones de Crédito, el crédito se extingue por las siguientes causas:

Haber dispuesto el acreditado de la totalidad de su importe, a menos que el crédito


se haya abierto en cuenta corriente.

La expiración del término convenido, o por la notificación de haberse dado por


concluido el plazo, conforme al art. 294 cuando no se hubiere fijado un plazo.

Por la denuncia que del contrato se haga en los términos del citado art.294.

La falta o disminución de las garantías pactadas a cargo del acreditado, ocurridas


con posterioridad al contrato, a menos que el acreditado suplemento o substituya
debidamente la garantía en el término convenido.

Hallarse cualquiera de las partes en estado de suspensión de pagos, de liquidación


judicial o de quiebra.

La muerte, interdicción, inhabilitación o ausencia del acreditado o por disolución de


la sociedad a cuyo favor se hubiere concedido el crédito.

A) El reporte

Definición:

Es el contrato en virtud del cual el reportador adquiere por una suma de dinero la
propiedad de títulos de crédito y se obliga transferir al reportado la propiedad de
otros tantos títulos de la misma especie en el plazo estipulado y contra reembolso
del mismo precio más un premio, así lo establece el art. 259 de la Ley General de
Títulos y Operaciones de Crédito.

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Es una operación inminentemente bursátil; aunque también puede realizarse fuera


de la bolsa, es decir, de las actividades bursátiles.

Forma:

Deberá constar por escrito y expresará: Los nombres del reportador y del reportado;
la clase de títulos de crédito dados en reporto; los datos para la identificación de los
títulos; el plazo fijado para el vencimiento de la operación y el precio y premio
pactados o la manera de determinarlos, art. 260 Ley General de Títulos y
Operaciones de crédito.

Elementos personales:

El reportado. Es la persona que adquiere del reportador, la propiedad de títulos de


crédito de una especie y un precio determinados.

El reportador. Es la persona que adquiere, por una suma de dinero, la propiedad


de títulos de crédito con la obligación de transferir al reportado la propiedad de otros
tantos.

Obligaciones de las partes:

Del Reportador:

Ejercer por cuenta del reportado el derecho opcional que los títulos de crédito
atribuyan, siempre y cuando el reportado le provea de fondos necesarios para la
operación (art.261 LTOC).

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Ejercitar por cuenta del reportado, salvo pacto en contrario, los derechos accesorios
correspondientes a los títulos dados en reporto y acreditar al reportado los
dividendos o intereses que se paguen sobre dichos títulos durante el reporto, para
ser liquidados al vencimiento de la operación (art. 262 LGTOC).

Del reportado.

Proporcionar al reportador los fondos necesarios para pagar alguna exhibición


sobre los títulos de crédito durante el plazo del reporto. Cuando el reportado no
cumpla con esta obligación, el reportador puede liquidar el reporto (Art. 263
LGTOC).

CLASES DE TÍTULOS DE CRÉDITO EN REPORTO

El objeto del contrato de reporto lo constituyen títulos de crédito que pueden ser
públicos, privados, acciones, obligaciones, etc., deben ser títulos fungibles y deben
especificarse de una manera clara al momento de celebrar el contrato, tanto en su
especie como en su calidad y cantidad, para que así estén en posibilidades de
restituirse.

A)PLAZO DEL REPORTO.

Al llegar el vencimiento, el reporto puede extinguirse, prorrogarse o renovarse. Se


va a prorrogar si la operación continua en las mismas condiciones. Se renueva si
se redacta un nuevo contrato en el que se introduzcan variantes respecto del
primitivo.

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De acuerdo con el Art., 265 LGTOC, su duración no será mayor de cuarenta y cinco
días, sin embargo, se podrá prorrogar con el simple consentimiento de las partes.

Si el primer día hábil siguiente a la expiración del plazo en que el reporto debe
liquidarse, el reportado no liquida la operación ni ésta es prorrogada, se tendrá por
abandonada y el reportador podrá exigirle el pago de las diferencias que resulten a
su cargo (Art., 266 LGTOC).

B) CREDITO CONFIRMADO.

Concepto.

Es el contrato por medio del cual el acreditante (banco) se obliga en forma directa
a abrir un crédito, es decir, a entregar las sumas requeridas al acreditado, el cual
va a

hacer efectivo a favor del beneficiario, quien debe cumplir en sus términos la
relación por la que el acreditado solicitó dicho crédito.

Es importante señalar, que el acreditado tiene la obligación de reembolsar al


acreditante las cantidades que hubiese erogado, así como los gastos que se hayan
efectuado.

La confirmación que hace el acreditante es un acto jurídico que nace de la


obligación para el banco de mantener vigente el crédito en provecho de aquél a
quien lo ha confirmado.

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De acuerdo al Art. 317 de la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito el


crédito confirmado se otorga como obligación directa del acreditante hacia un
tercero y no puede ser revocado por quien solicitó el crédito.

Forma:

De acuerdo con el Art., 317 de LGTOC, debe constar necesariamente por escrito
con la siguiente documentación:

Solicitud de crédito que formula el acreditado al acreditante

El escrito de confirmación que el acreditante debe remitir al tercero beneficiario.

Elementos personales:

El acreditante. Es el banco que actúa en su propio nombre, pero por cuenta del
acreditado, a favor del beneficiario.

El acreditado. Es la persona a la que se le concede el crédito por el banco.

El beneficiario. Es la persona que hace efectivo el crédito.

Relación del acreditante con el acreditado:

A la relación que existe entre el acreditante y el acreditado se le conoce como


mandato, ya que el acreditante, que es el banco, actúa a nombre propio, pero por
cuenta y orden del acreditado, por lo que el art. 319 de la Ley General de Títulos y

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Operaciones de Crédito establece que el acreditante es responsable hacia el que


pidió el crédito, de acuerdo con las reglas del mandato.

Obligaciones de las partes:

Del acreditado. Reembolsar al acreditante (banco) las cantidades erogadas, así


como los gastos efectuados.

Del acreditante. Suscribir a favor de un tercero letras de cambio.

Del beneficiario. Cumplir, en sus términos, la relación por la que el acreditado


solicitó el crédito confirmado.

3.11. APERTURA DE CRÉDITO.


I. Concepto

La apertura de crédito es un contrato por el cual un banco se obliga a


poner a disposición de su cliente una suma de dinero determinada, por
un período de tiempo determinado o indeterminado, que el cliente
puede utilizar según le convenga, y el cliente se obliga a la devolución
del dinero del cual dispusiere , así como al pago de una comisión más
los intereses que se devengaren por la utilización del crédito.

La apertura de crédito no está regulada legalmente. En la práctica no


se instrumenta.

A. Naturaleza jurídica

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Para algunos autores, la apertura de crédito es un contrato preliminar


de promesa de préstamos , al que sigue uno o varios contratos
definitivos de préstamos al disponer el cliente de los fondos
acreditados.

Para otros, el contrato es uno y los eventuales y sucesivos actos de


disposición del crédito, no son más que actos de cumplimiento de la
obligación única de suministrar fondos, asumida por el banc o. El
acreditado tiene derecho de disponer de la suma total que el banco
pone a su disposición. Los singulares actos de disposición de esa suma
por el cliente, no son más que el ejercicio concreto del derecho
concedido.
B. Caracteres

La apertura de crédito es un contrato consensual. Se perfecciona por


el mero acuerdo de voluntades. No requiere formalidad alguna para su
validez.

La apertura de crédito es un contrato bilateral. Se generan


obligaciones tanto respecto del banco como del tomador del crédito.

La obligación del banco consiste en poner a disposición del cliente la


cantidad de dinero estipulada en el contrato y respetar el plazo
convenido en el mismo. La obligación del cliente se resume en el pago
de la comisión convenida más los intereses derivados de la utilización
del crédito y, fundamentalmente, la restitución de las sumas que le
fueron adelantadas.

En este contrato cobra especial relevancia el elemento


“disponibilidad”. En efecto, que el cliente tenga a su disposición el
dinero que necesita, sign ifica que tiene la posibilidad de emplear la
caja del banco, como si fuera propia, hasta el monto acordado y por el
período de tiempo señalado en el contrato. Podrá entonces efectuar
los retiros que necesite, sea en una sola vez o fraccionadamente. Esta
disponibilidad no es consecuencia de una previa entrega de dinero por

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parte del cliente como en el contrato de depósito. El dinero está


disponible para el cliente porque el banco le ha concedido un crédito.

Es un contrato marco para regular futuros contratos de préstamo o de


descuento de documentos. Es un contrato de ejecución sucesiva que
se cumple ante los requerimientos del cliente.

Es un contrato convenido personal, en razón a que el banco acreditante


se obliga en consideración a la solvencia y demás cond iciones
personales del cliente acreditado. Este carácter trae consigo tres
consecuencias esenciales:
1. que el banco se reserva la facultad de cancelar el crédito y cerrar la
cuenta en cualquier momento;

2. que el cliente no puede transferir los derechos nacidos del contrato


sustituyendo a otra persona en su lugar y

3. que el contrato termina con la muerte o extinción del acreditado.

II. Modalidades de apertura de crédito

La apertura de crédito asume modalidades diversas, según cuál sea la


forma en que se utilice el crédito por el cliente del banco.

A. Apertura de crédito en cuenta corriente

En la práctica bancaria, la apertura de crédito suele vincularse con


la cuenta corriente bancaria.

El banco debita en la cuenta del cliente las sumas de que éste vaya
disponiendo y le acredita las entregas que efectúe para ir reintegrando
los fondos dispuestos, resultando así un saldo diario, sobre el que se
liquida el interés pactado.

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B. Apertura de crédito con garantía

La apertura del crédito puede ser con garantía o sin ella.

La primera es más frecuente que la segunda; lo normal es que la


apertura venga acompañada de una garantía de carácter personal o
real.

C. Apertura de crédito impro pia o a favor de terceros

La apertura de crédito impropia es aquella en la que el crédito abierto


por el banco no es utilizado por el cliente que da la orden sino por un
tercero (beneficiario) designado por éste.

En cualquier caso, la operación tiene siemp re una finalidad solitaria,


normalmente nacida de un contrato de compraventa realizado entre el
cliente y el beneficiario. El fin típico de la apertura de crédito impropia
es, en efecto, el pago del precio en el contrato de compraventa y,
especialmente, en las ventas de plaza a plaza.

3.12. EL DEPÓSITO BANCARIO.


Un depósito bancario es un producto que suele resultar familiar a los clientes que
buscan una rentabilidad para sus ahorros. El funcionamiento es muy sencillo, un
cliente, empresa o particular, que tenga una cantidad de dinero ociosa lo aporta a
la entidad bancaria durante un período de tiempo y bajo unas condiciones
estipuladas, para obtener a cambio un beneficio.

Los depósitos bancarios son la base de la banca tradicional, ya que sin el dinero
aportado por los clientes un banco difícilmente podría obtener fondos para prestar
a terceros. En la entrada de hoy, vamos a ver los diferentes tipos de depósitos
bancarios y cómo se pueden usar para ganar dinero ahorrando.

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Tipos de depósitos.

Los tres tipos de depósitos más comunes son los siguientes:

* Cuenta corriente (o depósito a la vista): es un depósito que permite ingresar dinero


en el banco y que conlleva la obligación de éste a devolverlo cuando
inmediatamente cuando el cliente lo requiera. A cambio de ese depósito, la entidad
puede ofrecer una remuneración o no, en forma de un interés en función del dinero
depositado. Con estos depósitos a la vista o cuentas corrientes, la entidad está
obligada a prestar un “servicio de caja” que permita realizar pagos y cobros
comunes (ingresos de efectivo, abonos de nóminas, ordenar y recibir transferencias
bancarias, domiciliar recibos, retirar dinero en efectivo, entre otras). En estos casos,
es importante que estas gestiones no conlleven comisiones bancarias.

* Cuenta o libreta de ahorro: las cuentas de ahorro son muy similares a las
cuentas corrientes, diferenciándose de las primeras en que la entidad entrega una
libreta de ahorro para anotar los movimientos de la cuenta y en que la disponibilidad
del dinero puede ser algo menor, ofreciendo a cambio una mayor rentabilidad por el
dinero depositado.

* Depósito a plazo: un depósito a plazo fijo es un producto en el que un cliente


entrega a una entidad bancaria una cantidad de dinero durante un período de
tiempo, a cambio de una remuneración en forma de tipo de interés aplicado sobre
el capital prestado y que se puede pagar al final del período o durante el mismo, en
fracciones. Si el cliente reclama el dinero antes de que finalice el plazo pactado, es
habitual que en el contrato de depósito se contemple una penalidad, de tal manera
que se reduzca la rentabilidad del mismo sensiblemente.

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Lo que debes saber sobre depósitos bancarios

Como se puede ver, los tipos de depósitos básicos son muy sencillos de entender
y contratar. La regla general en los depósitos es que, a mayor plazo, mayor
rentabilidad. Si se retira el capital o una parte del mismo antes del plazo pactado,
las entidades suelen penalizar la operación, aunque no siempre ocurre.

Además de los depósitos más básicos, existen productos más complejos, que
pueden relacionar la rentabilidad a la evolución del valor de una acción o de un
conjunto de acciones o incluso a un evento futuro. En cualquiera de estos casos, la
recomendación general es contratar siempre sabiendo lo que se está haciendo, es
decir, lo que se puede ganar y también perder.

Una herramienta útil para aquellas personas que quieran saber cómo funciona un
depósito y la rentabilidad que podrían obtener de sus ahorros, es este simulador de
depósitos del Banco de España.

De los beneficios que se obtienen de los depósitos, hay que pagar impuestos.
Dependiendo de cada caso, si se es persona física o jurídica, si del tipo de
rentabilidad (en dinero o en especie), se pagarán más o menos impuestos. Lo
importante es tener en cuenta que los beneficios de estos productos generan
impuestos y que toca hacer cuentas con la Hacienda Pública, tema que es
importante tener en cuenta a la hora de cobrar los intereses porque el banco puede
retener una cantidad en concepto de anticipo de impuestos y porque al hacer la
declaración de la renta, en el caso de las personas físicas, toca hacer cuentas con
el fisco.

Por último, otro punto para tener en cuenta es que las únicas entidades que pueden
captar depósitos son los bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito.
Cualquier otro tipo de empresa no puede captar depósitos de ninguna manera, ya
que no están supervisadas por el Banco de España. En este punto, es importante
no confundir un depósito, que es lo que se ha contado hasta ahora en sus formas
más básicas, de una inversión o una aportación de capital para un proyecto de una

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empresa o particular. Son cosas distintas, aun cuando a cambio de esa inversión
de capital, en ambos casos se espera una rentabilidad a cambio.

Si no conoces tus derechos y obligaciones como cliente bancario, aquí te ofrecemos


toda la información que necesitas conocer.

El Fondo de Garantía de Depósitos, un seguro para los ahorradores.

La legislación española prevé un sistema de garantía para que las personas que
disponen de depósitos bancarios no pierdan sus ahorros en caso de que una
entidad tenga problemas y acabe quebrando. No sólo en España, en realidad estos
sistemas están disponibles a lo largo del mundo, ofreciendo a los depositantes una
garantía en caso de problemas.

La garantía se aplica a personas físicas y a empresas, pero hay que tener en cuenta
que se aplica por depositante. Es decir, si una persona tiene un depósito de 80.000
euros en una entidad “A” y otro de 30.000 en una entidad “B” (en total 110.000
euros), sólo tendría cubiertos hasta 100.000 euros en caso de que tuviera que
recurrir al Fondo de Garantía de Depósitos.

El importe máximo de la garantía depende de cada sistema de garantía de


depósitos, siendo en España de 100.000 euros y una cifra idéntica en los países
europeos vecinos. Destaca Estados Unidos, en donde su sistema de depósitos
cubre hasta 250.000 euros a sus depositantes.

Un apunte sobre depósitos y contabilidad.

Si eres de esas personas que sabe algo de contabilidad, te resultará familiar hablar
de préstamos como pasivo de la empresa (son obligaciones de pago para la
empresa) y de depósitos como activo (son derechos de cobro para la empresa).
Esto es lo habitual para una empresa que opera vendiendo productos o servicios
que no tengan que ver con el sector financiero.

Para un banco, es, al contrario. Los depósitos de los clientes son productos de
pasivo y los préstamos forman parte del activo de su balance. Esto es así porque

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un depósito de un cliente es una obligación de pago que el banco tiene de con el


cliente, estipulada en el contrato; con un préstamo, al contrario, se trata de un
derecho de cobro que el banco tiene con el cliente, según las condiciones pactadas
en contrato también.

Si el banco deposita un dinero en otra entidad, como puede ser el Banco Central
Europeo, entonces se dice que el banco ha efectuado un depósito en el BCE y ese
depósito, al ser un derecho de cobro, forma parte de su activo, como en cualquier
otra empresa.

3.13. EL FIDEICOMISO.
Un fideicomiso o fidecomiso es un contrato en virtud del cual una o más personas
(fideicomitente/s o fiduciante/s) transmiten bienes, cantidades de dinero o
derechos, presentes o futuros, de su propiedad a otra persona (una persona física
o persona jurídica, llamada fiduciaria) para que esta administre o invierta los
bienes en beneficio propio o en beneficio de un tercero, llamado beneficiario, y se
transmita, al cumplimiento de un plazo o condición, al fiduciante, al beneficiario o a
otra persona, llamado fideicomisario.

Al momento de la creación del fideicomiso, ninguna de las partes es propietaria del


bien objeto del fideicomiso. El fideicomiso es, por tanto, un contrato por el cual una
persona destina ciertos bienes a un fin lícito determinado, encomendando la
realización de ese fin a una institución fiduciaria en todas las empresas.

Los bienes afectados al fideicomiso no corren el riesgo comercial del fiduciante (el
que transmite la propiedad de los bienes) ni del fiduciario (el propietario de los
bienes fideicomitidos luego del vencimiento del plazo del contrato), puesto que el
patrimonio que es objeto del fideicomiso no puede ser perseguido por los
acreedores de ninguno de ellos, ni afectado por la quiebra de ambos o de alguno
de ellos.

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Cómo y para qué sirve el fideicomiso.

El fideicomiso sirve de marco y sustento jurídico para la asignación de beneficios


económicos derivados de la propiedad de ciertos bienes, conforme a la voluntad
de su dueño y con efectos hacia el futuro. Es un modo de disposición de la
propiedad que "ata" los bienes a un destino determinado, en interés de personas
distintas de aquella que recibe la propiedad. Su interés práctico deriva
precisamente de tres atributos: Los bienes en cuestión son enajenados por su
dueño, quien los transfiere "a título fiduciario". No es lo mismo que la transmisión
de la propiedad a título oneroso o gratuito, pero se trata de un acto de disposición
del titular. La transferencia "a título fiduciario" rodea a los bienes de inmunidad
respecto de los acreedores de quien los recibe, así como de los acreedores del
dueño original y de los destinatarios finales de los bienes. Los bienes quedan
amparados por un régimen de administración conforme a su naturaleza y al
destino previsto. El fideicomiso sirve para instrumentar donaciones en vida del
instituyente y también para establecer disposiciones de última voluntad o a
instituciones de beneficencia y entidades de bien público que aprovechan el
beneficio para su objeto específico. El fideicomiso sirve para articular las
relaciones de índole comercial que deseen crear entre sí, el dueño original de los
bienes y sus contrapartes en un negocio, el fideicomiso cobija con igual facilidad
tanto operaciones individuales promovidas por empresas constructoras de
edificios y viviendas, como grandes fondos de inversión con multitud de
participantes. El contrato de fideicomiso puede ser esquematizado como un
triángulo equilátero donde la base es la relación entre el dueño de los bienes
(fiduciante) y las personas a las cuales ha elegido como destinatarias de los
mismos (beneficiarios).

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CONCLUSIÓN.

Se ha mencionado y analizado cada uno de los contratos que se encuentran


definidos en nuestra legislación, y que doctrinalmente se conocen como típicos, es
sin duda la importancia del conocimiento, dominio y su aplicación que el
profesional del derecho debe tener en el ejercicio de su precesión. Sabemos que
habrá pocas actividades del tipo comercial o mercantil que no estén contempladas
en cualesquiera de los contratos, lo que obliga necesariamente a actuar más
profesionalmente con nuestros futuros clientes, en la orientación y asesoramiento
con el propósito de inducir una cultura del derecho en todas sus actividades y
evitarse muchos problemas que podrían terminar con la pérdida del patrimonio y
en algunos casos de la libertad.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
1.-Diccionario Jurídico. (2005). México: Porrúa. MOLINA, R. L. (2004). Derecho
Mercantil. México: Porrúa.
2.- http://www.ennaranja.com/economia-facil/que-es-un-deposito-bancario/.

3.-http://www.derechocomercial.edu.uy/ClaseContBancApCr01.htm.

4.http://guiasjuridicas.wolterskluwer.es/Content/Documento.aspx?params=H4sIAA
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ckhlQaptWmJOcSoADMtKETUAAAA=WKE.

5.- http://html.rincondelvago.com/contratos-mercantiles_4.html.

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