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Universidad Diego Portales

Instituto de Humanidades
Pensamiento Político 3: La muerte y el renacimiento del sujeto
Profesor: Wolfhart Totschnig
Alumna: M. Paz Sobrino P. Email: pazsobrino@icloud.com

Badiou lector de Lacan: Distinción del concepto de sujeto en la fundación de una ética.

INTRODUCCIÓN

Este ensayo intentará producir una distinción entre el concepto de sujeto en Lacan y en Badiou para
finalmente determinar cómo la propuesta de una ética en ambos autores tiene diferencias entre sí.
Esta formulación será desarrollará en dos partes. Primero, analizando el concepto de sujeto del
inconsciente en la enseñanza de Lacan que es condición de posibilidad para el surgimiento de una
ética psicoanalítica. Segundo, examinando el concepto de sujeto de la verdad en Badiou que emerge
como soporte de un proceso de verdad, lo que le permite pensar una ética de las verdades.
Finalmente, se concluirá que ambos autores mantienen diferencias sustantivas en los conceptos de
sujeto y de ética a pesar de compartir ciertos elementos en su formulación.

Palabras Claves: Ética, Sujeto.

1. El sujeto y la ética del psicoanálisis.

Para comenzar, quiero definir el concepto de sujeto en la enseñanza de Jacques Lacan y cómo este
sujeto produce las condiciones para pensar una ética particular en el psicoanálisis, de este modo,
podré distinguirlo de la propuesta ética de Badiou desde el segundo apartado de este ensayo.

La palabra sujeto en la obra de Lacan ocupa un lugar central desde 1945, distinguiendo tres tipos de
sujeto: El primero, es el sujeto impersonal, independiente del otro, el puro sujeto gramatical, el “se”
de “se sabe que”. El segundo, es el sujeto recíproco anónimo que es absolutamente reemplazable
por cualquier otro, equivalente al otro. El tercero, es el sujeto personal, cuya singularidad se
constituye mediante un acto de autoafirmación. Este es el sujeto que a Lacan le interesa, el sujeto en
su singularidad que se afirma a si mismo asumiendo su propia verdad como efecto del tratamiento
psicoanalítico. La definición preliminar del sujeto lacaniano es fundamental porque cada vez que
me refiera al sujeto en este apartado, será considerando a este tipo de sujeto y no las otras dos
primeras definiciones antes propuestas.

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Siguiendo lo anterior, para que el sujeto lacaniano esté en condiciones de aparecer como un acto de
autoafirmación, debe hacer un recorrido que se inicia en la presencia del Yo. Dicho de otra manera,
la conciencia es el vehículo de trasmisión del saber de la verdad para el sujeto y condiciona su
emergencia. Con la intención de describir la función del Yo en el surgimiento del sujeto formularé
una descripción sobre el origen del Yo y cómo éste participa en el advenimiento del sujeto.

Lacan, formaliza la distinción entre sujeto y el Yo freudiano1 entendiendo que mientras el Yo forma
parte de registro de lo imaginario, el sujeto emerge del lado del registro de lo simbólico. Con esto
quiero decir que el Yo queda situado en un eje especular en oposición a su propia imagen –
narcisista- o a la de un semejante –pequeño otro-. Esta relación del Yo con el objeto imaginario
estorba el reconocimiento del deseo para el sujeto en el Estadio del Espejo2. En contraste con el Yo,
el sujeto es parte de la estructura discontinua del inconsciente. Esta definición puede ser muy
oscura, por lo que dicho de otra manera, el sujeto emerge como oposición al objeto que desea. Más
aún, la causa verdadera del sujeto es el objeto, él mismo que no puede ser articulado por la palabra.
Razón por la cual, el develamiento del objeto es una amenaza a la realidad y produce angustia. Así,
la pérdida del objeto es el marco inadvertido pero necesario para sostener la posición de sujeto.

Puesto que el sujeto es “serhablante”3 está necesariamente escindido o dividido porque en el acto
mismo de articular al Yo, instancia que presenta la ilusión de realidad, designa un índice en el
sujeto pero no lo significa haciéndose presente en la inmersión del sujeto en el Complejo de Edipo4,
esto es el tránsito desde el registro imaginario al registro simbólico.

1
Lacan, J. (2015). El Seminario 1: Los escritos técnicos de Freud.1ª ed. 21ª reimp. Trad. Rithee Cervasco y Vicente Mira
Pascal. Buenos Aires: Paidós.
2
Referida a la impotencia del niño cuando por primera vez se ve frente a un espejo, reconociendo su imagen especular
como frágil que tan sólo puede sostenerse reflejada. Es la primera identificación con la imagen del espejo, estática, que es
simplemente una construcción imaginaria del Yo. Reconocimiento de identificación inundada por el dramatismo a
consecuencia de la insuficiencia motriz que se siente al reconocer (volver conocer) sus limitaciones. Ese doble será
representado a través del inconsciente (es decir, dentro del orden del deseo) pero que también se introduce, vía lenguaje
estructurado, el deseo del Otro (en este momento el discurso de deseo de la madre). Identidad enajenante, en tanto
aparenta completar las carencias reales. Esta falta constitucional en el sujeto es lo que marca su entrada al mundo de lo
imaginario y a su constitución psíquica. Es a partir del Estadio del Espejo, en que el sujeto supera su relación diádica con
su madre, poniéndole término al lazo especular imaginario, adquiriendo como consecuencia, una cierta identidad
originaria que le permite el acceso al registro simbólico producto de un disposición hacia su propia subjetividad. No
obstante, la entrada a lo simbólico (en el complejo de Edipo) produce una paradoja esencial, en tanto que el sujeto recae
hacia lo imaginario, resultado del advenimiento del Yo (Moi).
3
Lacan llama “parlêtre” o “serhablante” al sujeto que se constituye en la operación entre el cuerpo y la palabra. Esta
nueva definición de sujeto del inconsciente es a partir de su última enseñanza desde 1970 y posterior.
4
Se refiere a identificación de tres tiempos del complejo de Edipo. Primero, la relación con la falta, la imposibilidad de
“tener” el falo que colme el deseo de la madre, tratando de convertirse en el objeto de deseo de ella: “ser” el falo que

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Ahora, lo interesante a destacar aquí es que mientras el Yo mantiene una relación imaginaria con el
otro, el sujeto queda más allá del este registro, pudiendo articular mediante el lenguaje una verdad a
medias sobre su deseo. Este punto es fundamental, porque implica, evidentemente, que el sujeto es
parte de la estructura del inconsciente que emerge entre los significantes y en el silencio. Emerge
como producto de las formaciones del inconsciente y como agente de goce. Lo expuesto hasta aquí
supone una primera definición del sujeto del inconsciente propuesta por Lacan que iré desplegando
en adelante.

En consonancia con lo anterior, el sujeto del inconsciente hace su aparición en el acto analítico5, en
el silencio que el psicoananalista interpreta como el no-todo que el lenguaje posibilita. Por eso, la
dificultad en la interpretación está en que se realiza dentro del registro simbólico, mientras que es
en lo imaginario donde se establece la relación especular entre el Yo y el otro.

Subrayo aquí la importancia de la articulación de un discurso que devela algo sobre la verdad del
deseo del sujeto. Habría que decir también que la existencia –simbólica- del sujeto se produce en
tanto dichos o no dichos. En concreto, lo que se puede decir sobre la verdad del sujeto, tiene
relación con el recorrido que éste hace de su deseo, en el medio-decir que permite el lenguaje,
articulado como un discurso. Este recorrido, le permite tomar una posición frente a él y hacerse
responsable en la inmediatez del presente sobre sus acciones y comprometiéndose con su propia
verdad. El sujeto rectifica su posición frente al sufrimiento confirmando de esta manera que la
dimensión de la cura 6 del sujeto es el deseo. El deseo es inefable en tanto que se recorre
elípticamente y no puede ser dicho por una sola palabra. Por tanto, falta el significante que
determine al sujeto, que lo unifique. Razón por la cual Lacan se refiere al sujeto como dividido.

marca su falta. En este punto la madre es omnipotente y su deseo es la ley. Segundo, ante la intervención del padre
Imaginario. En cuanto que el padre impone la ley al deseo de la madre, negándole acceso al objeto fálico y prohibirle al
sujeto el acceso a la madre. Esta intervención es mediada por el discurso de la madre, en la medida que la madre respete
con su palabra la ley paterna. Tercero, marcado por la introducción del padre Real. Este “tiene” el falo que prende el deseo
de la madre, castrando al sujeto, pudiendo identificarse con el padre, mediante a la comprensión que él no es el falo,
porque el padre lo tiene. Esta identificación secundaria –simbólica- trasciende a la identificación primaria –imaginaria- y
forma el Superyó a partir de la identificación Edípica con el padre.
5
Cada vez que se menciona el acto analítico, se refiere a la puesta en marcha de la sesión dentro del tratamiento
psicoanalítico, marcado por la asociación libre de ideas –por parte del analizante (es analizante y no analizado, porque
opera activamente)- y la atención flotante –por parte del analista (la escucha del psicoanalista)-.
6
La cura analítica es sinónimo del tratamiento psicoanalítico. La cura no e refiere a una curación de una enfermedad o
padecimiento del analizante, sino que la cura del sujeto como el momento en que al devenir sujeto, éste no cede en su
deseo y lo recorre, encontrándose con su propia verdad.

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En suma, la definición del sujeto del inconsciente lacaniano implica una posición frente al deseo
que confronta al sujeto con su verdad, generando las condiciones para que pueda hacer algo nuevo
en ese reconocimiento. Ahora bien, esa posición subjetiva no sería posible fuera del tratamiento
psicoanalítico, acto que opera en la dialéctica entre el analizante y el analista. El sujeto no está
compuesto por multiplicidades sino que irrumpe frente al semblante de objeto del psicoanalista,
entendido como lugar del saber. Esta distancia genera una separación que permite al sujeto
enfrentar su propia verdad.

Parte de la hipótesis del sujeto del inconsciente lacaniano se sostiene en que su aparición tiene una
dimensión ética porque no fomenta una perpetuación imaginaria del Yo sino la responsabilidad
implícita en el descubrimiento de su verdad. Teniendo en cuenta este aspecto ético particular del
lado quisiera destacar cuales son las reflexiones por parte del psicoanalista para pensar una ética
psicoanalítica en que se opone la ética tradicional con la ética del deseo.

Primero, la ética tradicional gira alrededor del concepto de “bien”. Los bienes compiten entre si en
pro de situarse como bien supremo. Para la ética psicoanalítica, es un obstáculo en la dirección del
deseo. “Cómo podemos concebir pasar más allá, cómo es menester que nos identifiquemos a cierto
repudio de los radicales de cierto ideal del bien, para que inclusive podamos comprender en qué vía
se desarrolla nuestra experiencia (…)” (Lacan, 1960). El psicoanálisis rechaza todos los ideales
incluso la “felicidad” y la “salud”. El deseo del analista no puede ser curar o hacer el bien, sino
exclusivamente escuchar algo del orden del padecimiento del analizante.

Segundo, el pensamiento moral se ha desarrollado en el contexto de la problemática hedonista, es


decir, en la vinculación del bien con el placer. A lo que el psicoanálisis se opone, porque en la
experiencia analítica se revela la duplicidad del placer en cuanto a que tiene un límite que al
atravesarlo se convierte en sufrimiento.

Tercero, la ética tradicional circula alrededor del “servicio de los bienes” que antepone el trabajo
una existencia segura y ordenada a las cuestiones del deseo, diciéndoles a las personas que
pospongan el deseo y su satisfacción. El psicoanálisis fuerza al sujeto a enfrentar la relación entre
sus acciones y su deseo en la inmediatez del presente (Evans, 1997).

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Por otra parte, en la teoría de los cuatro discursos, formulado por Lacan en “El Seminario 17: El
reverso del psicoanálisis”, el psicoanalista se plantea como un discurso, en el que se sitúa como
semblante del objeto a, es decir, debe saber ser objeto de deseo para sostener la demanda del sujeto
al establecerse la transferencia7. Lo anterior implica que la posición ética del psicoanalista es
escuchar el padecimiento del analizante y sostener su lugar de saber para la emergencia del sujeto.

Sintetizando diré para terminar que la ética del psicoanálisis lacaniano permite pensar por un lado a
un sujeto responsable de sus acciones que se hace cargo de su deseo y, por otra parte, al
psicoanalista como una función que permite sostener esta dimensión ética, en tanto que no tiene
otro deseo que ir operando sobre el discurso del analizante mediante la interpretación para dar
efectos de sentido en el lienzo del sujeto. En este sentido, el psicoanalista sería un espejo que le
muestra la imagen de sí mismo al sujeto pero no lo hace dentro del registro imaginario sino que por
medio de la palabra que el orden de lo simbólico ha inscrito en ambos.

2. El concepto de sujeto dentro de la ética de las verdades en Badiou.

Examinaré ahora las contribuciones de Badiou para la distinción del concepto de sujeto que tracé
como objetivo de este ensayo. En su texto “La ética” realiza su reflexión sobre la ética de las
verdades, a partir de tres ejes principales: el sujeto, la verdad y del acontecimiento como una triada
afiliada a un nudo borromeo indisociable que explicaré más adelante.

Lo que pretendo en este apartado es esclarecer el concepto de sujeto que nos propone el autor, como
producto de su lectura de la enseñanza lacaniana, de la cual se puede desprender una orientación
general para conceptualizar al sujeto como soporte de los procesos de verdad y en esta medida
partícipe de una ética que tiene por finalidad generar una grieta en el saber para dar paso a la
novedad del acontecimiento.

7
Se le transfiere el saber al psicoanalista como Sujeto Supuesto Saber no a la persona del analista sino a la función que
ejerce en el acto analítico y en la cura.

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En una primera lectura de “La ética” no queda claro si su definición del sujeto alude a un sujeto
individual o múltiple. Su hipótesis es que el sujeto no es un individuo aislado singular sino que es
una pluralidad, una multiplicidad de individuos que se constituyen como un sujeto en la medida en
que se comprometen con la misma verdad. A esta preliminar concepción de sujeto me referiré en lo
que sigue, es decir, el sujeto como colectividad que participa y emerge en proceso de verdad. No
obstante, ese sujeto no aparece abruptamente por si mismo por el hecho de la existencia del ser
humano. Muy por el contrario, se plantea que el animal humano está convocado en su cuerpo y
capacidad para advenir como un sujeto. Estas observaciones me llevan a la pregunta: ¿cómo se
produce esa emergencia?

Antes de contestar esta pregunta examinaré brevemente los conceptos de acontecimiento y de


verdad, que son indisolubles de la idea de sujeto. En primer lugar, el acontecimiento consiste en una
situación novedosa, revolucionaria y extraordinaria que genera una ruptura real en el orden propio y
obliga a inventar una nueva forma de actuar en dicha situación, es decir, convoca en su
imprevisibilidad al surgimiento de un sujeto que actúe creativamente y pueda hacer algo nuevo
frente a esa verdad que emerge. Acorde con lo anterior, el acontecimiento se constituye en la
manifestación de una nueva verdad, una nueva idea o principio que se exhibe en cierto suceso y que
inspirará un proceso de acciones por medio de la cual esta verdad se va a realizar, aclarar,
implementar, desarrollar y concretizar en el mundo. En segundo lugar, la verdad se entiende como
una grieta en los saberes pre-existentes, o también, como una ruptura inmanente que genera una
reinvención de la situación (Badiou, 2004).

Es complejo definir al sujeto desligándolo del acontecimiento y de los procesos de verdad porque
estos tres elementos están íntimamente ligados y son constitutivos uno del otro en una relación de
correspondencia. Dicho de otro modo, cada uno de estos tres conceptos –sujeto, acontecimiento y
verdad- es un anillo que al enlazarse junta a los otros dos elementos. Sólo hay acontecimiento en la
medida que hay un sujeto que reconoce el acontecimiento, la nueva verdad o principio que se
manifiesta y se dedica a implementarlo. El sujeto hace el acontecimiento al reconocerlo como
suceso extraordinario y como aparición de una nueva verdad. En definitiva, la dimensión de
reconocimiento es lo que permite en el nudo borromeo, la unión de los tres anillos conceptuales.

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Volviendo a la pregunta sobre la emergencia del sujeto conviene subrayar que el sujeto no preexiste
antes de ser el sostén de un proceso de verdad. Es así que cuando hablamos del momento previo al
acontecimiento Badiou se refiere al animal humano o al “alguien” que potencialmente podrá
encarnar y advenir en un sujeto, siempre cuando se exponga completamente a una fidelidad
posterior a la producción del acontecimiento y así promueva la creación de un nuevo mundo.

Otra característica de este sujeto es su cualidad de inmortal. Para comprender mejor esta idea diré
que el individuo se puede hacer inmortal en la medida en que contribuye a un proceso que le
excede, es decir, a la creación de un nuevo mundo. De manera análoga se puede entender que el ser
inmortal de Badiou es posible en la medida en que justamente excede su propia existencia humana
en el proceso de verdad que contribuye a crear. Esta característica de inmortalidad del sujeto no
implica en ningún caso un sujeto trascendental (kantiano), reflexivo (cartesiano) o psicológico,
como comenta Badiou en la página 73 de “La ética” diciendo: “Mientras que aquello de lo que
nosotros hablamos no tiene ninguna preexistencia natural” (Ibid, 2004). En pocas palabras, el sujeto
induce un proceso de verdad.

En este punto, se producen diferencias significativas con la noción del sujeto del inconsciente
lacaniano, porque este último no tan sólo es un sujeto personal y no múltiple que emerge dentro del
acto analítico, sino que también, no excede su propia existencia porque se ocupa particularmente de
hacerse cargo de su propia historia, de no ceder en su deseo. Mientras que el sujeto del que habla
Badiou, es un sujeto colectivo y social que participa de la creación de un nuevo mundo más allá de
su propia existencia como animal humano. Además, para el surgimiento del sujeto en Badiou no
necesita enfrentarse con un objeto de deseo que permita su emergencia, sino que reconocer en el
acontecimiento esa apertura que posibilita la verdad. A pesar de dichas diferencias lo que tienen en
común ambos es el reconocimiento de una verdad: particular y personal en el sujeto del
inconsciente. Colectivo y social en el sujeto de la verdad.

Considerando las características del sujeto y sus diferencias con respecto al sujeto del inconsciente,
Badiou va a definir la ética de las verdades “al principio de continuación de un proceso de verdad o,
de manera más precisa y compleja, a lo que da consistencia a la presencia de alguien en la
composición de un sujeto que induce el proceso de esta verdad” (Ibid, 2004). De acuerdo a esta
tesis, se puede entender que la ética es una acción tendiente a proveer verdades que no

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necesariamente tiene que ver con la búsqueda del bien. Junto con ello, genera las condiciones para
que el “alguien” participe de la composición de un sujeto que de soporte al reconocimiento del
acontecimiento.

La lectura que hace Badiou de la ética psicoanalítica, particularmente de la máxima “no ceder sobre
su deseo”, hace referencia a que la ética es una acción que da consistencia al sujeto. Si bien Badiou
no explica que entiende él por sujeto del inconsciente esto supone que “no ceder” significa que el
sujeto persevera en la interrupción de los saberes preexistentes que originan el proceso de verdad
como un evento que lo excede. Esa perseverancia impulsa al sujeto a actuar en concordancia con el
acontecimiento y dedicarse al proyecto de creación de un nuevo mundo.

En este sentido, quiero rescatar algunos aspectos presentes en la conclusión de la ética,


resumiéndolos en dos puntos principales. Primero, la participación del sujeto en el advenimiento de
una verdad bajo la máxima “continuar”, entendido como la insistencia en que el animal humano
esté en posición de “alguien” que puede emerger como sujeto que sostiene un proceso acontecimal.
Segundo, la “consistencia” ética tendiente a que el sujeto persevere en sostener el proceso de verdad
manteniendo esa ruptura con el saber que permite su emergencia en la intemporalidad le permite
sostener la verdad y ser parte del proyecto de creación de un nuevo mundo.

CONCLUSIÓN

Para concluir, diré que la lectura que hace Badiou de la enseñanza lacaniana tiene como finalidad
sentar las bases que le permiten conceptualizar una ética de las verdades para sostener su tesis sobre
la relación entre sujeto, acontecimiento y verdad. Ahora bien, ese ejercicio no considera la
dimensión estructural del sujeto del inconsciente lacaniano que emerge gracias al tratamiento
psicoanalítico, como expliqué en el primer apartado, por lo cual el sujeto no sería una construcción
social ni colectiva, sino que personal y como efecto de la articulación de un discurso en el acto
psicoanalítico.

El mérito de Badiou es introducir la enseñanza del psicoanálisis lacaniano a la reflexión de la


filosofía contemporánea rescatando conceptos fundamentales como son el sujeto y la ética para

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generar un cuerpo explicativo de los procesos de verdad en la sociedad. Sin embargo, esta empresa
falla en una ausencia de rigurosidad de la lectura lacaniana, particularmente, porque no explica en
su libro “La ética” que entiende por ética del psicoanálisis y por sujeto del inconsciente. Llevando
al lector a recurrir directamente a Lacan para intentar interpretar lo que quiere decir Badiou,
pudiendo producir equívocos interpretativos porque los conceptos son utilizados para dar cuenta de
una ética que entiende al sujeto como una multiplicidad. En este sentido, mi interpretación es que
Badiou utiliza conceptos de la teoría y la clínica psicoanalítica forzosamente con el fin de sostener
su propia interpretación dejando cabos sueltos y una ausencia de correspondencia en el concepto de
verdad.

En resumidas cuentas, para Lacan la verdad tiene estructura de ficción, porque es una verdad
subjetiva y es el encuentro del sujeto con su deseo. Por el contrario, para Badiou, la verdad es un
proceso que emerge en el acontecimiento y produce una ruptura con los saberes preestablecidos y
permite la emergencia de un sujeto que se compromete con la creación de un nuevo mundo.

BIBLIOGRAFÍA

BADIOU, A. (2004) La ética: Ensayo sobre la conciencia del mal. Trad. Raúl Cerdeiras. México D.
F. Editorial Herder.

EVANS, D. (1997) “Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano”. Buenos Aires: Editorial


Paidós.

LACAN, J. (2015). El seminario de Jacques Lacan: Libro 1: Los escritos técnicos de Freud. 1953 –
1954. 1ª ed. 21ª reimp. Trad. Rithee Cervasco y Vicente Mira Pascal. Buenos Aires: Paidós.

LACAN, J. (1990) El seminario de Jacques Lacan: Libro 7 La ética del psicoanálisis. 1959-1960.
Buenos Aires: Editorial Paidós.

LACAN, J. (1975) El seminario de Jacques Lacan: Libro 17: El reverso del psicoanálisis. 1969-
1970. Buenos Aires: Editorial Paidós.