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Y FRENTE

POPULAR

VIS C O N G R E S O D E ¡1
L A IN T E R N A C IO N A L !]
O K /ll )N 1S \J k '

JADERNOS
DE
PASADO Y

pyp
fascism o,\
dem ocracia',
V frerrte\
popu\ar\
vü congreso d e \a \
internacional comunista \
traducción de
¡osé aricó,
jaled dias sarvi,
alfonso garcía ruiz,
¡osé luis mercado trejo
y alejandro zenker
edición al cuidado de
hornero alemán
fascismo, democracia',
y frente popular!
vii congreso de la\
internacional^
comunista^
\
moscú, 25 d e julio-2Q d e agosto d e 1935j

BIBLIOTECA -y #
Jo sé María Aricó / O
cuadernos
de
PASADO V
PR E S rN ^
siglo veintiuno editores, se
:i*« act agua aa, mxKOa o>.
siglo veintiuno de españa editores, sa
C.rCXzAy « u n f t W ^u

siglo veintiuno argentina editores, sa


siglo veintiuno de cofombfa, ltda
AVX IT.71«»*MWO tQGOTA. P.f. COLOMWA

primera edición en español, 1984


© ediciones pasado y presente
impreso y distribuido por siglo xxi editores, s. a.
av. cerro del agua 248, deJeg. coyoacán, 04310 méxico, d. f.
ISBN 968*23-1242-6

título original: VII. kongres.s der kommunistischen intemation


derechos reservados conforme a la ley
impreso y hecho en méxico
printed and made in mexico
INDICE

INTRODUCCIÓN, pOr FRANCO !>E FELICE 7

INFORME SOBRE LA ACTIVIDAD DEL COMITÉ EJECUTIVO »E LA


INTCRNACIOMAL COMUNISTA, por W1LHCLM PIKCK 85

LA OFENSIVA DEL FASCISMO Y LAS TAREAS DE L.V INTERNACIO­


NAL COMUNISTA EN LA LUCHA POR LA UNIDAD DE I.A CLASE
OBRERA CONTRA EL FASCISMO, por GEORGIDlMÍTftOV 153

ENGELS EN LA LUCHA POR EL MARXISMO REVOLUCIONARIO, por


p. MANUILSKI 221

EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO EN LOS PAÍSES COLONIALES


V SEMICOLONIALES Y LA TÁCTICA DE LOS PARTIDOS COMUNIS­
TAS, p o r VAN M IN 247

LA LUCHA CONTRA EL FASCISMO Y LA GUERRA, por ERCOLI [ PAL-


MIRO TOGLIATTr] 292

EL TRIUNFO DEL SOCIALISMO EN LA URSS Y SU SIGNIFICACIÓN


HISTÓRICA MUNDIAL, p o r D. S. MANUILSKI 358

INTERVENCIONES DE DBLEGADOS LATINOAMERICANOS 402


Marques (Brasil), 402; Marenco [Miguel Angel Velasco]
(México), 406; Marín (Cuba), 408; René (Colombia), 411;
Bueno (Cuba), 415; Lacerda (Brasil), 419; Torres (Argen­
tina), 423; Sen-ano [Hernán Laborde] (México), 428; Borkes
(Chile), 439; Mora (Argentina), 441; Rivas [Ricardo Martí­
nez} (Venezuela), 445; Horacio (Uruguay), 446
RESOLUCIONES V ACUERDOS 457
La actuación del Comité Ejecutivo de la Internacional Co­
munista, 457; La ofensiva del fascismo y las tareas de la
Internacional Comunista en la lucha por la unidad de la cla­
se obrera contra el fascismo, 461; Las tareas de la Inter­
nacional Comunista en relación con la preparación por los
imperialistas de una nueva guerra mundial, 478; El triunfo
del socialismo en la URSS y su significación histórica mun­
dial, 486; Acuerdo sobre la admisión de nuevos partidos
en la Internacional Comunista, 494; Acuerdo sobre las mo­
dificaciones de los estatutos de la Internacional Comunis­
ta, 495

[5 ]
í NTK0DUCCION

p*anto »h PEUcr

, A N££JSS3PAi> DE l?K VIRAJE

u conciencia de J a n ecesid a d de que e , Vrr .


lW viraje p rofu n d o en la t ó e a Segu¿da w ° ng^ s° m arcase
p£)r ja re esta muy p r e sen te en Di £í t r « ^ e l momenZ
él s o m e tid a a la c o m is ió n e n c a rgacia d e 4 a breve * o ta pQr
greSO, se formulan tma serie de c u e s t k ^ f S * ^ ? * 1 deI
tres tem as q u e d efin ían la orientación de. i ^es sobre los
cracia, al fren te único. Ja dirección de t '? IC;. Ia
n « todas convergentes en la necesidad ¡f„ „ f cuestio.
re sp e c to a la Janea segu id a p reced ea tem en ^ i Vira-Íe Profundo
E ra u n a posición m u y cía ra, qu e ib a m
de ¡as tesis ap robadas e n diciem b re de ¿ m ° más al}* «o sóio
que p o r lo d em ás hab ía co n v o ca d o ei X l í I P!^no,
Sr6SO‘ también
i Hajek (Storia deirinternozioiude cnr»r~>‘ *
niti, 19é9, p. 2-54) se re£iere a u n a reun ió n de ! a ‘crtrn ^ - ^ ’ ^ ° ma> Ed Riu
brada en julio de 1934, en la que D im itrw p r o n ^ 'S¡oti Preparatoria
pJícito, s o s te n id o que 'sobre 2a base de u.n diScürso ra«v
últimos anos podemos revisar el juicio ernífú ^ í CÜCías zurridas e¿ It.
nuestra línea, y sobre nuestros m é t ^ o ^ t UÍ‘ÍO,sobre ^««íra táctfca
por ía «rtantaddn táctica ^guida ^ «ddSS?*^
autor ata significativamente ía posición \ Mas adelante e5
renníóu del presidium del Ejecutivo efe Maauiiskj
táctica del frente único: he aquí un rt„ Í L i I en ^ciembre de 39.5.
Jos diferentes países, toda U*a nuevo [... ] en
a este respecto, compañeros, no podemaí T ^ ^ angmaies diver^i v
las tareas que de el Jas se a )a X f f i ' d *
gradas elaborad^ desde hace usa a m tid S ^ i ’^ - ^ u ía c io n e s cansa*
Manuiíski había desempeñado en ae anos” (0p. cit n
papeí de primer orden al sostener ías^Sff í r c c o d c n f como se 'verá un
sectarias. Sobre los obstáculos más o S,*rn*ás inírarisigentem¿me
A Ja nueva hnea víase Jas observación^ e?phcUo3 9ue eran elevado^
Recuerdos y reflexiones, Madrid, Stefo XXTY ,I2 íf resíUltes de E. Fjsche?

? y^ p p ’ 521 r “ •p S s
cataría del VII Congreso de la InternadcSj C o r n il »C S°bre !a COQV°-
tt pencóla dt guerra e i compiti dei P artitf^L Co‘ttunjsta, e¡i l i fascismo
y directivas de la XIII S esga
Bruselas, Ed. di Col tura Sücíaíe, Í934 db á* la íc),
greso en Ja segunda mitad de 1934. 2Í Enofrol; J Co»\rocar ai VII Con-
íc de publicar 3a orden deí día ant<»i - Presidium del ce de ¡a
formantes sobre las cuestiones en la orden d e t ^ 0, ? in-
» « A * » « 'v i T c í S f
c“ ,!r,!s<, “ ■«*“ « » ^ ’^ u i ¿ r r o í
° FRANCO DE FEClCu

de las posiciones públicas form uladas pocos m eses antes, en


m arzo de 1934, en la carta escrita p o r D im ítrov a los obreros
austríacos, al día siguiente de la sangrienta d erro ta de su r<¡.
belión. En ta l docum ento Dimítrov se coloca p o r cierto en ]a"
posición de quien halla confirmación, en estos episodios de re.
sistencia obrera contra el avance de la reacción, d e su análisis
de la aproxim ación de una crisis revolucionaria, p e ro expresa
tam bién, p o r otro lado, el llamado a las m asas, heroicas y
prontas a la lucha, y el énfasis en su ajenidad a u n a lucha po­
lítica, la socialdem ócrata, totalm ente orientada a la capitula­
ción: “La Jucha arm ada no es u n acto aislado de la polítiCa
general del partido. Un partido que retrocede siem pre, que en
el curso de quince años llama a los obreros a ev itar la lucha,
no puede de ninguna m anera transform arse en 24 h o ra s poli’
tica y orgánicamente para la lucha a rm a d a ." a Las conclusiones
de estas premisas son bastante previsibles: la responsabili­
dad de la derrota obrera concierne a la socialdem ocracia, corno
consecuencia lógica y necesaria de su a ctitu d ; 4 el e rro r prin­
cipal de la lucha obrera reside en no h ab er sido u na lucha por
el poder; * la lección a extraer de la experiencia es la de soma,
te r a una crítica severa a la tradición socialista, ro m p e r con
la socialdemocracia y, junto con los com unistas, tem p lar la
auténtica voluntad de lucha de los obreros austríacos. Por eso,
el mayor peligro "para la unidad revolucionaria de la clase
obrera austríaca sería el intentar revivir, salvar a la socialde­
mocracia austríaca, incluso sobre la base de u n nuevo progra­
ma ‘izquierdista’. De tales experimentos no saldría o tra cosa
como no fuera la disgregación del m ovim iento o b rero austría­
co. ¿Acaso no hay en vuestras filas personas que a lo largo de
den del día. 41 Comprometer a los cc de los partidos comunistas a pre­
sentar antes del 5 de junio al presidium del CE de la ic sus propuestas
sobre la orden del día del congreso."
» G. Dimítrov, "Carta a los obreros austríacos'', en Obras escogidas,
Madrid, Aksd Editor, 1977, vol. 1, p. 560.
* "Otto Bauer habla de la catástrofe en Austria. Sí, realmente ha
sido una catástrofe. Pero una catástrofe de toda la II Internacional, de
su teoría, de su política y táctica, una derrota de la teoría socialdemó­
crata de la transformación pacífica, incruenta, del capitalismo en socia­
lismo por el camino de ia democracia burguesa parlamentaria, derrota
de la política reformista, con la que intentaba poner remiendos al capi­
talismo en descomposición, derrota de una táctica orientada a impedir
la revolución proletaria" (op. cit., pp. 555-556).
a "Vuestra lucha armada fue en esencia una lucha por restablecer
la Constitución violada por Dollfuss. No pasó de esto, no se transformó
en ludia por el poder!...] Sólo la consigna por el poder soviético, lle­
vada a la conciencia de las amplias masas laboriosas, puede cohesionar
sólidamente las filas de los combatientes y estar en condiciones de crear
lazos indisolubles entre ios obreros en lucha y el resto de la masa del
proletariado y el campesinado, únicamente si los obreros austríacos se
numeran propuesto coim objetivo ]n lucha por el poder soviético, su ac­
ción armada hubiera podido transformarse en un verdadero levantamien­
to armado” (op. ctL, p. 562).
IN T R O D U C C IÓ N 9
estos quince años no han h e d ió o tra cosa que in te n ta r 'c o rre ­
gir hacia la izquierda’ la po lítica de la social dem o cracia?" *
Es una c a rta significativa p o r m uchos m otivos: e n c u an to
e x p r e s a con claridad en qué m edida acontecim ientos com o
los austríacos confirm aban la validez de u n a o rien tació n de
izquierda en la ic; es m uy coherente con las líneas ex p resad as
p o r el X III Pleno y m ás en general con u n a te n d en cia presen-
te en la elaboración de la ic , al m enos desde 1930 e n ad elan te,
que se expresaba en la contraposición a la realid ad c ap italista
existente de la experiencia soviética com o ejem p lo d e em an ci­
pación total:
"P o r todas p artes, a n te los tra b a ja d o re s q u e su fre n b a jo la
d ictad u ra capitalista, es necesario sab e r d e sa rro lla r u n p ro ­
gram a que, teniendo e n cu en ta las condiciones especiales de
cada país, les m u e stre c laram en te lo q u e el p o d e r soviético
Ies d a rá inm ediatam ente- E s n ecesario s a b e r o p o n e r a las con­
diciones esclavistas de vida y d e tra b a jo de los o b re ro s, des­
pués del d erro cam ien to del p o d e r c ap italista, el rég im en so ­
viético." 7
Tal orientación involucra p o r cierto u n elem en to im p o rta n ­
te y real —R usia com o el m ayor fa c to r de organización de las
m asas existente en el m undo (y a G ram sci, com o se sabe, h a b ía
destacado con fu e rz a la im p o rtan c ia de este elem en to )— s p e ro
en el esquem a p re d o m in a n te p a re cía q u e e ste fa c to r e ra capaz
de tra s to rn a r p o r sí m ism o la situ ació n a condición de s e r
convenientem ente propagado. E n definitiva, la c a rta d e Dimí-
trov es u n docum ento significativo de e sa o rien tació n p ed ag ó ­
gica que un año después en su in fo rm e el m ism o D im ítrov
denunciará con fuerza.
La exigencia de u n v ira je m encionada en el inicio d e e sta s
páginas n o e ra casual, sino q u e re g is tra b a fu e rte s ten d en cias
que avanzaban e n E u ro p a p a ralelam en te a la am en azad o ra ex­
pansión del fascism o, y que volvían a p o n e r en discu sió n las
oiientaciones h a s ta ese m o m en to seguidas p o r la ic: la ex­
periencia fran cesa de fe b re ro a ju lio de 1934 co n stitu y e u n
laboratorio an alítico y operativo de im p o rtan c ia in tern acio n al,
identificando to d o u n a rc o de iniciativas com unes e n tre socia­
listas y com unistas —desde la p articip ació n en huelgas h a sta
el pacto de u n id ad de acción— q u e luego será reto m ad o in te­
gralm ente p o r D im ítrov en el inform e pora fija r las diversas
etapas y form as que p o d ía a su m ir la co n stru cció n del fren te
« Op. cit., p. 565.
" Véase el informe de Kuusinen en la XIII Sesión plenana publicado
en La Correspondencia Internacional, vi, 27 de febrero de 1934, núm. 11,
con el título *'El fascismo, los peligros de guejra y las tareas de !a íc”,
de donde se cita (p. 187).
8 Véase la carta de Gramsci a Tojyliatti del 26 de octubre de 1926 en
Antonio Gramsci, Escritos políticos (1917-1933), México. Cuadernos de Pa­
sado y Presente, núm. 54, 1951. pp. 300-303.
tu F R A N C O D E F E L lC B

único. Tendencias análogas avanzaban en la izquierda obrera


en Italia, en Austria y luego, a fines de 1934, también en Es-
pana.
En poco menos de un año el panorama político de la iz­
quierda obrera resultaba profundamente cambiado tanto a ni­
vel de las máximas organizaciones políticas existentes —en
octubre de 1934, después de doce años, se repitió un encuentro
entre representantes de la II y III Internacional— 0 como al
de una serie de secciones nacionales significativas, dos de las
cuales (España y Francia) estaban destinadas a ser teatro de
choques sociales agudísimos. El giro, cuya exigencia advertía
Dimítrov. tenía por lo tanto estos referentes reales, invertía la
línea de izquierda profundamente arraigada en la ic de ma­
nera oficial desde el VI Congreso, pero que estaba presente
también en períodos precedentes trastornando y lacerando
profundamente al menos a una de las grandes secciones eu­
ropeas como la kpd.
La línea de izquierda era muy compacta y orgánica: sus
orientaciones políticas se fundaban en un análisis del capita­
lismo internacional, de su tendencia de fondo y de las relacio­
nes entre las clases que ella determinaba. Se examinará a
continuación en qué medida el viraje querido y operado por
Dimítrov será capaz de invertir en conjunto estamínea de iz­
quierda y, además, las consecuencias y las contradicciones que
arrastrará consigo el sesgo fundamentalmente operativo que Di.
mítrov dará a su propio informe.
Las decisiones del VI Congreso, en efecto, se fundaban en
una evaluación del período histórico atravesado por la econo­
mía mundial y en una caracterización de la definición de ''es­
tabilización capitalista”, ya acogida por la IC después del
IV Congreso y sometida a una primera y significativa inter­
pretación reductiva en el V Congreso.16 La definición del “ter­
cer período" dada por Bujarin en su informe es muy precisa:
es el período de la "construcción capitalista que se expresa
mediante un progreso cuantitativo y cualitativo que supera el
estado anterior a la guerra. El crecimiento de las fuerzas pro­
ductivas del capitalismo deriva por una parte de un progreso
técnico bastante considerable y, por la otra, de una amplia
reorganización de las relaciones económicas capitalistas”. Tal
reorganización y desarrollo capitalista está acompañado sin
embargo del " crecimiento de. las fuerzas opuestas al capitalis­
mo y del desarrollo extrem adam ente intenso d e las contradic-
®Hajek, op. cit., p. 263.
»* Véase Hajek, op. cit., pp. 104 y ss.\ E. H. Carr, Historia de la Rusia
soviética, ni. El socialismo en un solo país (1924-1926}. 3. Las relaciones
exteriores, Madrid, Alianza, 1976, pp. 18-19. Sobre la impronta economicista
del juicio sobre la “estabilización" del capitalismo véanse las observacio
nes de N, Paulantzas, Fascismo y dictadura. La Tercera Internacional
frente al jasetsmo, México, Siglo XXI, 1971, pp. 31 y ss.
IN T R O D U C C IÓ N 11

cienes d el capitalism o. Aquí debemos mencionar también y


ante todo el crecim iento de ta U R SS".11 De este juicio derivan,
y Bujarin las extrae, algunas consecuencias de gran relieve: no
sólo elementos analíticos de fundamental importancia, que se
mencionarán a continuación, sino sobre todo la identificación
de las líneas de tendencia fundamentales y los dos problemas
principales que son puestos sobre el tapete:
"La crisis del capitalismo consiste en el hecho de que actual­
mente se dan, luego de la fase precedente de guerra y de pos­
guerra, m odificaciones radicales de estructura en toda la eco­
nomía mundial, modificaciones que agravan considerable e
inevitablemente toda contradicción en el sistem a capitalista
y que, fin a lm en te, lo co nducen a su perdición [ . . . ] La situa­
ción deriva del hecho de que todo el desarrollo ulterior del
sistema capitalista sólo puede operarse en las form as creadas
por tos períodos críticos pasados , El capitalismo no puede
desarrollarse del mismo modo que si la URSS no existiera. No
puede desarrollarse como lo habría hecho si no se hubiera
producido la revolución china, si la desproporción entre los
Estados Unidos y Europa tampoco existiera 12
De este análisis se adelanta con fuerza la amenaza de guerra
como problema principal con el cual medirse .13 Todas las in­
dicaciones políticas extraídas por Bujarin y aprobadas por
el congreso tienen en este núcleo analítico su fundamento: el
brusco cambio de táctica que Bujarin considera necesario
nace de la urgencia de someter a crítica de masas la tendencia
a resolver a expensas del proletariado y de las masas popula­
res las contradicciones conectadas a la fase de estabilización,
a la integración cada vez más fuerte entre poder económico y
poder estatal. Instrum ento fundamental de tal operación es la
it Cf. eL informe sobre la actividad del ce de la ic dado por Bujarin
en el VI Congreso (VI Congreso de la Internacional Comunista.. Segun­
da parte, Informes y discusiones, México, Cuadernos de Pasado y Pre­
sente, núm. 67, 1978, p. 11. De ahora en adelante se cita VI Congreso, n)-
Véase también Tesis sobre la situación y las tareas de la Internacional
Comunista, tesis aprobadas por el VI Congreso de la Internacional Co­
munista en VI Congreso de la Internacional Comunista. Primera parte,
México, Cuadernos de Pasado y Presente, núm. 66, 1977, tesis núm. í,
pp. 96-97. En adelante citaremos VI Congreso, i.
12 Cf. VI Congreso, n, pp. 18-19.
i» "Dado que estas contradicciones están vinculadas al aumento de ¡as
fuerzas productivas y que la lucha por las esferas de inversión de capi­
tales se agrava cada vez más. no puede suceder otra cosa que la tremenda
‘resurrección’ del problema imperialista, del problema de un nuevo repar­
to del ntundo, de las colonias o de otras regiones. Y todo esto significa
¡la guerral De todo el análisis de la economía mundial actual, de las
relaciones específicas interimperialistas y de la crisis capitalista general
se deriva el hecho de que la guerra es el problema central de la actua­
lidad. Por eso es preciso plantear esta cuestión tanto desde el punto de
vista táctico como político!...]” Ibid., p, 22,
12 FRANCO DE P E U ^
sociakleraocracia, transform ada sin duda en p artid o obrei0.
burgués:
"E l eje político de ese g iro e s el c a m b io d e a c titu d hacia lUs
p a rtid o s so cialdem ócratas, La cuestión de la actitud hac¡a
los partidos socialdemócratas es una cuestión política ese^.
cial. La intensificación de la lucha contra la socialdemocraciá
es la orientación política de la Internacional C om unista y con.
sidero que esta consigna, esta orientación política, deben ser
adoptadas también por el V I Congreso. Al m ism o tiem po, debo
señalar que la agudización de los m étodos de lucha co n tra los
partidos socialdem ócratas no significa de ningún m odo una
renuncia a la tá ctica d e l fr e n te ú n ic o como lo piensan alguno^
camaradas."
Retornando sobre el problem a en su conjunto, en la con.
clusión del debate B ujarin profundiza aún m ás la diversifica.
c íó d identificando el ala izquierda d e la socialderaocracia como
la más peligrosa para el proletariad o revolucionario,1<! dando
así aval oficial a u n a orientación que estab a p resen te en algu.
ñas grandes secciones como la kpd 17 y fijando u n juicio que
estará am pliam ente presente en las direcciones de la ic hasta
el VII Congreso, y explícitam ente reclam ado, como se h a visto,
tam bién por Dim ítrov en la carta a los obreros austríacos.
Los enfrentam ientos a través de los que la línea del VI Con­
greso se afirm ó no fueron resueltos en el congreso, aun. cuando
la oposición de derecha salía vencida, pero lo serán m ás tard e
en el X Pleno, que m arca u n a etapa esencial en la definición
cum plida de la línea de la ic hasta 1935: todos los elem entos
que en el VI Congreso estaban presentes, p ero m atizados y
proyectados a escala histórica, serán retom ados y replicados
con brutal esquematismo, empobrecidos y banalizados. La con-
cepción dialéctica presente en el análisis b u jarin ian o d e la
estabilización capitalista se achata en la hipótesis de una dis­
gregación rápida del capitalismo; la exigencia de la unidad
de los partidos comunistas acompañada por la conservación de
la dialéctica interna —tal elem ento estaba explícitam ente p re­
14 cf. Tesis sobre la situación y las tareas de la Internacional Comu­
nista, en VI Congreso, i, cit,, tesis 23. .
ib VI Congreso, u, pp. 35-36. Cf. también la tesis 37: "Esta táctica mo.
difica la 'forma' pero no cambia de ningún modo el contenido principal
de la táctica de frente único. El refuerzo de la lucha contra la social,
democracia desplaza c! centro de gravedad del frente único hacia la base,
pero de ningún modo disminuye, incluso ]c aumenta, el deber do los
comunistas de hacer la distinción entre los obreros socialdemócratas, que
se equivocan sinceramente, y los líderes socialdemócratas, viles servi­
dores de los imperialistas" (VI Congreso, I, cit., p. 115).
"Los acontecimientos de Austria han puesto de relieve, con una
fuerza particular, la justeza de la tesis sobre el papel de los socialdemó­
cratas 'de izquierda', que son los enemigos más peligrosos del proleta­
riado revolucionario" (VI Congreso, ir, p. 124).
« Cf. Hajek, op, cit., p. 152.
INTRODUCCIÓN 13
senté en B ujarin: “La disciplina es nuestra ley- Sin embargo
camaradas, quisiera hablarles de una carta de Lenin no publi­
cada todavía, y dirigida a mi y a Zinóviev. En esta carta Lenin
nos escribía: si ustedes expulsan a todos aquellos que no son
muy obedientes, pero que son inteligentes, y sólo conservan
a los tontos obedientes, llevarán seguramente el partido a su
perdición. Pienso que esta opinión de Lenin es muy ju s ta " — 18
se resuelve en la liquidación de la oposición y en el fin del de­
bate interno. Las relaciones entre socialdemocracía y fascismo
identificadas en el VI Congreso sin llegar por lo demás a con­
clusiones radicales —“ 1 ] no hay la menor duda de que hay
tendencias socialfascistas propias de la socialdemocracía; 2 ] se
tra ta de tendencias y no de un proceso acabado; no sería razo­
nable m eter a la socialdem ocracia en la misma bolsa que el
fascism o " — 19 se convierten ahora en el centro de la motiva­
ción política del ataq u e a Ja socialdemocracia.
Aun debiendo rem arcar con fuerza, como lo hace Cafomo ,*0
la im portancia d e los referentes reales y objetivos de estas
opciones que de ellos hacen algo m ás profundo que un sobre­
salto extrem ista subjetivo —y el prim ero y más conocido es
el 1 de mayo de 1929, cuando la policía berlinesa dirigida por el
socialista Zórgiebel hizo u n a m atanza de obreros comunistas
casi para verificar a diez años de distancia de la represión de
los m ovim ientos esp artaq u istas el papel de cóm itre desempe­
ñado por la spd — sin em bargo la adoptada era u n a línea que
conducía al aislam iento de la p a rte m ás consciente del prole­
tariado respecto a las grandes m asas populares y sacrificaba
elementos esenciales de la tradición com unista . 21
Las actas de la com isión italiana en el X Pleno son extre­
m adam ente significativas no sólo porque docum entan la resis­
tencia existente en la sección italiana a aceptar las extremas
consecuencias en la aplicación de las deliberaciones del VI Con-
is VI Congreso, n, p. 130.
10 Cf. el discurso de clausura pronunciado por Bujarin en el debate
sobre el programa (V¡ Congreso, n, p. 216).
-o G. Cafomo, "II dibattito al X Plenum della Terza Intemazionale
sulla socialdemocrazia, il fascismo e 31 socialfascismo1', en. Crítica mar~
xista, 1965, núm. 4, pp. 116 y ss.
ai Reconsiderando muchos años después los sucesos y las opciones de
aquellos años, Togiiatti escribía: "Pienso que también la definición de la
política comunista como política de ‘clase contra clase' fue básicamente
errónea y la fuente de peligrosas posiciones sectarias. La nuestra es ía
política de la ciase obrera que lucha por la democracia y el socialismo,
pero la capacidad del partido comunista consiste justamente en saber
aislar, también en la clase burguesa, a los grupos más reaccionarios a
través de un vasto y móvil sistema de alianzas, convergencias, neutrali­
zaciones y otras cosas por el estilo'1 (Togiiatti, Algtmos problemas de la
historia de ta Internacional, en Escritos políticos, México, Ediciones Era,
1964, p. 392). Y no se trataba sólo de una reconsideración retrospectiva:
cf. la intervención de Togiiatti cu el VI Congreso (Opere, yol. n, 1926-
1929, Roma. Riimiti, 1972, p, 431).
14 FRANCO DE Hit.ICfc
greso, sino tam bién p o r im plicaciones m ás generales. DniCa
voz discorde en el deb ate, y p o r e sto o b je to de c rític a s p e$^
disixnas , * 5 la delegación ita lia n a d efen d ien d o la lín ea política
elab o rad a p o r el nuevo g ru p o d irig en te d e 1924 en adelante
reivindicaba u n a le ctu ra y a p ro p ia ció n del le n in ism o que
m u ch o m ás allá de la d iferenciació n so b re la v alo ració n d^l
fascism o, del socialfascism o y de la a ris to c ra c ia o b re ra , p ara
in v e rtir la concepción de la revolución so cialista, el significado
de la política p a ra el m ovim iento o b re ro , la c o n stru cc ió n de
u n proceso revolucionario y de u n d esp lieg u e d e clase alterna,
tivo. No es u n a casu alid ad c ie rta m e n te q u e el c o n tra ste más
d ra m á tic o se re g istre en el c a rá c te r p o p u la r d e la revolución,
en la diferenciación id en tificad a, en el p e río d o d el Aven tino*
e n tre fascism o y u n a p a rte de la b u rg u e sía — s o b re la cual por
lo dem ás T ogiiatti ya h a b ía lla m a d o la a ten c ió n e n su interven,
ción en el V C ongreso de la ic — , 23 en la validez y e n el papel
de algunas consignas tra n s ito ria s co m o la A sam blea republi­
cana so b re la b ase de los com ités o b re ro s y cam p esin o s, y,
a ú n m ás en genera], en la firm e d efen sa d e to d a u n a trad ició n
de p en sam iento q u e id e n tific a b a el "a lm a viva” del m a ra s m o
en el análisis co n creto de u n a situ ació n c o n creta. S e recu p e­
ra b a así la e stre c h a ligazón p re s e n te en to d a s las o b ra s de
Lenin e n tre análisis social e iniciativ a p o lítica y se in tro d u c ía
al m ism o tiem po u n elem en to esencial de d iferen ciació n en el
rígido esq u em atism o ideológico q u e se h a b ía id o a firm a n d o
en el X Pleno. D efensa ta n to m ás firm e e n T ogiiatti c u an to
m ás n e to es el rechazo d e la teo ría d e la excepcionalidad:
"¿A lguna vez d ijim o s acaso q u e Ita lia re p re se n ta u n a excep­
ción re sp ec to a algo? S iem pre dijim o s q u e e ra ta re a de n u e s­
tro p a rtid o e stu d ia r la situación p a rtic u la r de Ita lia [ . . . ] Si
la C om intern nos pide no h acerlo m ás, n o lo h a re m o s m ás.
P ero ¿no es ta l vez un problem a p o lítico e stu d ia r las p a rtic u ­
laridades de las regiones? N osotros n o lo h em o s hecho a la li-
aa Una ejemplificacjón de las críticas dirigidas a la delegación italiana
puede obtenerse de los extractos de las intervenciones en el X Pleno
mencionados por Cafomo (op. cit.). Sobre la particularidad de la posición
de la delegación italiana, cf, Hajek, op. cit., p. 177; E, Ragionieri, a quien
se debe el hallazgo de las actas de la comisión italiana ("Togiiatti, Grieco
e Di Vjttorio aíla commissione italiana del X Plenum dell'Internazíonale
comunista", en Studi storici, 1971, núm. 1, pp. 108 y ss.); del mismo véase
la Introduzione a P. Togiiatti, Opere, vol. n , cit., pp. cciV y ss,
23 "Hoy, si nuestra clase obrera quiere conquistar la posición predo­
minante de aquellos años [19Í8-192Q], debe llevar a cabo una serie de
maniobras políticas y no puede llevarlas a cabo a no ser bajo la dirección
del partido comunista. Solamente la guia del partido comunista podrá
permitir a la clase obrera esa incondicionada, diligente, cuidadosa, hábil
utilización aun de cada mínima fisura entre sus enemigos, y de cada
posibilidad de ganar un aliado, aun sólo temporal, inconstante, incierto,
incondicionado, que el compañero Lenin proponía como meta de nuestra
táctica" {Discurso en el V Congreso de la Internacional Comunista en
P. Togiiatti, Opere, voj. i, Í917 I926, Roma, Riuniti, 1967, p. 734).
INTRODUCCIÓN 15
gera [ . . . ] E s necesario e stu d ia r ]as regiones de Italia y definir
la táctica que el P artid o C om unista Italiano debe seguir en
relació n con la situación de Italia. Si h a ce r esto es h acer ex­
cepción, no lo h arem o s m ás, pero, p u e sto q u e n o puede im pe­
d irse p en sar, conservarem os estas cosas p a ra n o so tro s y nos
lim itarem os a h a c e r afirm aciones generales. P ero yo afirm o
q u e ese estudio debe s e r hecho." z*
E stá n p re sen te s en esta dram ática confrontación to d a una
serie d e elem entos q u e luego re to rn a rá n con fuerza algunos
años después, en el V II Congreso, ta n to en el inform e de Di-
m ítro v com o en la p rá c tic a teórica y política de los p artid o s
c o m u n istas . 21
L a d e rro ta de la posición italian a y la aprobación de las tesis
del X P leno definieron com o orientación general del m ovim iento
co m u n ista in tern acio n al la tá ctica conocida com o "clase c o n tra
clase” : “Sus elem entos esenciales e ra n : la tesis so b re el social-
fascism o, la definición del ala izquierda de la socialdem ocracia
com o m ás peligrosa q u e el ala derecha, la concepción d el fren­
te ú n ico lim itad o a la colaboración con los o b rero s socialistas
individuales, el rechazo de p rin cip io de p ropu estas a los p ar­
tidos so cialistas y sólo e n ra ro s casos la adm isibilidad d e
acu erd o s con su s organizaciones d e base." ** Algunos de estos
e lem en to s te n d rá n , e n los añ o s sucesivos, u n a acentuación ul­
te rio r, com o la definición de la socialdem ocracia com o enemi-
Cf. E. Ragionierí, "Togliatti, Grieco e Di Vittorio", cit., p. t51. Las
posiciones defendidas por Togliatti en el X Pleno ya habían sido formu­
ladas con claridad en su intervención en el VI Congreso: “nuestra opi­
nión es que se debe[ ...3 plantear en general el problema de la transfor­
mación reaccionaria de todas las instituciones políticas burguesas, la cual
está cumpliéndose por doquier y que es una de las características del
período histórico actual. Pero por cuanto se refiere a la posibilidad de
generalizar la experiencia del fascismo en el modo coma se cumplió
en Italia, no podemos ir ni demasiado aprisa ni demasiado lejos y nos es
necesario cumplir un análisis diferenciado" (Opere, vol. n, cit., p. 429).
Más en general para un análisis de Togliatti y el fascismo véase la Intro-
duzione de Ragionierí al vol. n de las obras de Togliatti, pp. cxxx y ss.
25 Ño es una casualidad ciertamente que en octubre de 1934 cuando
se habían dado ya notables pasos adelante en el cambio de la táctica co­
munista a nivel internacional. Togliatti daba un juicio preciso sobre los
límites de la actividad del Partido Comunista Italiano en la lucha contra
el fascismo, reproponiendo una serie de elementos fuertemente criticados
en el X Pleno: " í . . . ] nuestro partido no ha comprendido por completo
y en el momento oportuno que la instauración de una dictadura fascista
totalitaria exige por parte de la vanguardia comunista no que restrinja
la amplitud de su acción política y de sus 'maniobras' sino que la extien­
da, que 'haga política* corajudamente, sin dar tregua al enemigo, acosán­
dolo y combatiéndolo en todos los terrenos" (“Dove ó la forza del fas­
cismo italiano?", en LInternationale commtmiste, 5 de octubre de 1934,
ahora en Lezioni sul fascismo, Roma, Riuniti, 1970, pp. 190-191 [hay edic.
en esp.l).
2a Cf. Hajck, op. cit., p. 183. Cf. también K. E. McKenzie. Kcnúntcm
e rivoluzione mondiale. (1928-43), Florencia, Sansoni, 1969, p. 141.
16 FRANCO DE 1>EUCj,
go principal . - 7 La crisis económ ica de 1929, m ie n tra s confíe,
maba, a una e s c a f a enorm em ente m ás extensa y p ro fu n d a quJ
todas ¡as experiencias precedentes, la v erd ad fu n d am en tal del
análisis m arsisfa, creando las condiciones p a ra u n a crítica de
masas del sistem a económico-sociaí existente, o p eró com o tes­
timonio en co n tra del fin de Ja estabilización cap italista y como
un. fuerte catalizador en la profundización de la o rien tació n de
izquierda fijad a en el bienio 1927-1929.

£1 viraje del que D im ítrov re m a rc ab a la necesid ad debía inver*


tir toda esta com pleja tra m a tem ática. Las te n ta tiv as b astan te
tím idas de ro m p er esta com pactibilidad, in tro d u cid a s después
de la gran d e rro ta alem ana de 1933,ís no fu e ro n seguidas. Las
tesis del X III Pleno confirm an en qué m ed id a condicionó esta
orientación las decisiones de la ic a ú n en d iciem b re de 1933 y
en el m om ento de la convocatoria del V II C ongreso. Q ue este
viraje fuera todo lo co n trario de pacífico y sin c o n tra ste s, que
creara problem as graves al e v itar ru p tu ra s p ro fu n d a s con el
pasado, está confirm ado, adem ás de p o r u n a serié de elemen-
tos,2* p o r el m ism o inform e de Pieck so b re la activ id ad del
ce entre el V I y el V II Congreso: en él, en efecto, la d efen sa de
ia justeza de la línea de la ic de 1928 en ad ela n te se com bina
con la identificación de las responsabilidades, p o r los escasos

-1 Cf. Hajek, op. cit., p . 193; Paulan tzas, op. cit., p. 162; Tesis del XI
y XII Pleno del ce de la ic.
28 Cf. el manifiesto del Ejecutivo de la IC de marzo de 1933 donde
volvía 3 lanzarse la propuesta del frente único carente sin embargo de
los fuertes límites propios de la línea oficial aprobada desde el VI Con­
greso en adelante. Ténganse presentes las observaciones y el testimonio im­
portante ofrecido por Giulio Cerreti con relación a la posición de Togiiatti
frente a la socialdemocracia formulada en un artículo suyo escrito en
junio de 1933 en ocasión de la muerte de Claudio Treves (Con To-
giiatti e con Tharez. Quarant'artni di totte potitiche, Milán, Feltrinelli,
19*73, pp. 128-131). Otras iniciativas y episodios sobre ios que sería necesa­
rio detenerse más analíticamente, en cuanto documentan la tendencia
a seguir caminos diversos de los oficialmente definidos y que ocupan un
lugar relevante en la modificación de la conciencia de las masas, son,
siempre en 1933, el proceso de Leipzig y el papel en <51 desempeñado por
Dimítrov (cf. G. Dimítrov, 11 proceso di Lipsia, Roma, Riuniti, 1972) y
el congreso contra el fascismo organizado en la sala Pleyei, a iniciativa
de Rolland y Barbusse, sobre las bases más amplias posibles.
29 Cf. Hajek, op. cit., pp. 267 y ss. Son interesantes las noticias provis­
tas por McKenzie, op. cit., p. 167, nota 52. Más allá de la exactitud de las
opiniones referidas, ellas documentan la existencia de un choque bas­
tante sustancia] en el Interior del grupo dirigente de la IC que contribuye
a explicar en parte algunas apor/as presentes en el informe de Dimítrov.
En parte, en cuanto el gran problema que queda irresoluto es el papel
desempeñado por Malin en la elaboración de la nueva propuesta táctica,
papel no confinuble en el clisé de origen trotskista y luego presente etí
muchos historiadores^ del "realismo político", es decir Comintern = apén­
dice del estado soviético. El papel mismo desempeñado por los frentes
populares al reconstituir el movimiento comunista como fuerza política
impide dar valor exhaustivo a esta explicación.
INTRODUCCIÓN 17
resultados logrados, en la oposición socialdem ócrata y en el
sectarism o com unista. Un ejem plo b a sta n te significativo está
en la valoración de la orientación com unista hacia el fascism o:
"E stas faltas tenían su origen en la idea abso lu tam en te falsa
de q u e todos los p artid o s burgueses so n fascistas, de que n o
hay dos m étodos de dom inación burguesa, de q u e n o com pete
a los com unistas la defensa de los resto s de la dem ocracia b u r­
guesa [ . . . ] E stas concepciones sectarias, q u e n o tienen nada
de com ún n i con las enseñanzas de M arx, Engels, Lenin y Stalin,
ni con las decisiones del VI Congreso de la íc, h a n frenado
el progreso de la influencia de los p artid o s com unistas, impi­
diendo absolutam ente c o n q u istar a los o b rero s socialdem ócra-
tas p a ra la lucha com ún." **
E ra u n ju icio am pliam ente infundado, com o se verá, pero
que servía p a ra a b rir eí cam ino a u n a orientación distinta. Un
ejem plo análogo, y aú n m ás significativo si se refiere a la posi­
ción so sten id a p o r la delegación italian a en el X Pleno, está
p ro v isto p o r la c rític a ex trem adam ente pesad a d esarro llad a
p o r M anuilski c o n tra el p c i e n m ayo de 1934: "L a responsabi­
lid ad del PCI fren te a la situación in tern acio n al es m uy grande.
D espués de 12 años de fascism o n u e s tra sección italian a debe*
ría s e r capaz de d a m o s una experiencia e jem p lar e n el cam po
de la lu ch a a n tifa sc ista p a ra to d a la In tern acio n al; los com ­
p a ñ ero s italian o s no nos h a n d a d o e sta experiencia. E l peí no
h a sab id o e je rc e r la función q u e la situación nacional e in te r­
nacional le asignaban; p erm an eció a trá s . Tenem os m uchísim os
docum entos so b re el tra b a jo del pci, p e ro en los hechos esta­
m os en el m ism o p u n to ." S e re p e tía a sí el m o d o de proceder,
com enta S priano, que re p ro d u jo el d o c u m e n to ," [ — ] de ech ar
so b re u n a sección p a rtic u la r la resp o n sab ilid ad [ . . . ] d e u n a
o rien tació n e rró n e a que en cam bio fue de to d a la In te rn a ­
cio n al " . 81
P ero quizá el elem ento m ás significativo d e las dificultades
y de los p ro b lem as que el v ira je auspiciado p o r D im ítrcv im*
pilcab a e stá p re c isa m e n te e n el c a rá c te r d e su in fo rm e. O perar
u n cam bio p ro fu n d o en las orientaciones políticas d e la íc
circu n scrib ién d o lo sin em bargo al á m b ito de u n a p ro p u esta
táctica: a q u í está ta l vez la a p o ría fundam ental, aun cuando ex­
tre m a d am en te fecunda, del in fo rm e de D im ítrov y de la o p era­
ción cum plida. U n docum ento m uy significativo de esta aporía
e stá o frecid o p o r el am plio a rtíc u lo publicad o p o r L*Interna­
tionale Communiste, p re p a ra d o p o r el ce de la íc , com o base
de discusión p ara la p re p a rac ió n del congreso. E l p u n to de par-
Cf, G. Picck, En marcha hacia el socialismo, Barcelona, Ediciones
Sociales Internacionales, 1935, p. 32 (véase en e! presente volumen p. Í08).
31 Cf. P. Spriano, Storia del Partito Comunista italiano, vo!. li. GU aitnt
delta clandestinitá, Turín. Einaudi, 1969, p. 409. El acta de la reunión en
que se informa del ataque de Manuilski está en la p, 408.
18
FRANCO d e F E L I qk

INTRODUCCldN 19
¡ é t s d c í ^ n r p w " 5 ” situaciun m undia' q u e conva*‘da l „
Estarnos en vísperas de un nuevo ciclo de revoluciones , para una recuperación de la capacidad de elaboración teórico-
de g ü e ñ a s L. . . ] Este estado de cosas nos indica el deber h política que había sido una de las componentes más fuerte­
lanzar la consigna de los soviets, d e l poder como consiim* mente originales del movimiento comunista. Los riesgos im­
principal, lo que p o r o tra parte el X III P le n o del c e de plícitos en esta opción no eran ni han sido pocos: la faltante
ya había hecho, y nos indica el deber de m odificar la táctica soldadura en tre opción política, definición estratégica y refe­
del frente único, conforme a la situación actual. N osotros mo­ rentes teóricos generales corría continuamente el riesgo de
dificamos nuestra táctica del frente único no porque nuestra dispersar y aislar la complejidad de elementos (análisis de lo
real, definición de los protagonistas, apropiación general y
vieja táctica estuviera equivocada, como tratan de demostrarlo específicamente articulada de la dinámica de una formación
los socialdemócratas y los renegados del comunismo. A d e sp e . económico-social) que necesariam ente deben confluir ai deter­
cho de ciertos errores cometidos en diferentes lugares, a veces m inar la política del movimiento comunista y, aparte de las
aun por las direcciones de los partidos, nuestra vieja táctica dificultades específicas en la realización de la propuesta de
era absolutamente justa. Nosotros modificamos hoy nuestra Dimítrov, abría el cam ino a soluciones em píricas, provocaba
táctica del frente único p o r q u e la situación m ism a h a cam„ desorientación y n o perm itía superar realm ente una relación
biado . " 31 . instrum ental con los mismos objetivos propuestos, la que efi­
Por cierto es difícil hipotetizar, respetando el nivel real ciej cazmente ha sido llam ada u na "duplicidad" en la práctica
movimiento, una forma diferente de intervención que garantí, comunista.
zase la misma capacidad de modificar la realidad existente. Si Tanto H ajek com o Spriano nos han ofrecido ejem plos sig­
en el VI Congreso puede registrarse todavía un debate ínter, nificativos del modo en que la propuesta del fren te popular
nacional vivaz y ajustado, a pesar de estar presente ya en el es entendida, de la dificultad de recuperar, en la iniciativa
informe de Bujarin la tendencia a un achatam iento esquema, política, todo un patrim onio de experiencias y de elaboración
tico de la realidad, en los años sucesivos la relación dialéctica de clase.** Un análisis específico sobre este aspecto, a nivel
con el presente (apropiación-transformación) se reduce en ]¡^ internacional, daría resultados extrem adam ente interesantes.
reproposíción de algunos esquemas generales y genéricos don.
de predomina una componente economicista. El juicio que ** Hajek llama la atención sobre el hecho de que muy probablemente
Poulantzas da sobre la elaboración de la ic, aun cuando no las consideraciones de los dirigentes de la época, sobre la política im­
pueda ser aceptado tal como es formulado en cuanto que él ios plantada en el VII Congreso, iban más allá de lo que podía aparecer en
discursos oficiales y públicos: como testimonio en contra de «so cita
mismo es una forma de esquematismo que lleva a o m itir dife­ un extracto de la carta de un dirigente checoslovaco a Gottwald, signi­
renciaciones y momentos diversos, es decir el proceso colectivo ficativa por la incomprensión y la deformación de la línea de los frentes
que está detrás de las formulaciones políticas de la Internacio­ populares: "Las tesis sobre la toma del poder por parte del proletariado
nal, contiene indudablemente componentes reales: "La revo. en los estados capitalistas no prevén los casos de tiempos normales. Se­
gún esas tesis la (dase de los trabajadores puede asumir el poder sola­
lución proletaria 'a la orden del día' revestía así ya la significa­ mente en un período de guerra perdida, cuando todo está revueltoE...1
ción de una revolución a punto de surgir, en cualquier lugar y Pero ahora se sostiene que es necesario también hallar un camino por el
en cualquier momento, comprendida como la consecuencia me­ ningún cual sea posible tomar el poder sin revolución, sin guerra perdida, sin
duro sacudimiento. Y con referencia a esto el compañero Haken
cánica de la crisis económica, efecto esta misma de las contra­ ha explicado que eso es posible con un cambio en la táctica; cuando el
dicciones económicas." 33 partida no esté aislado, irá un poco bacía la derecha por el hecho de que
El privilegiamiento hecho por Dimítrov de la iniciativa poli, se acercará a aquellos que hoy, es cierto que simpatizan con nosotros a
tica, del momento subjetivo como condición para to rn a r real causa de nuestra actitud intransigente en defensa de los intereses de los
trabajadores en las cuestiones sociales, pero no pueden marchar con
lo que es potencial en las contradicciones del desarrollo capi­ nosotros a causa de nuestra actitud negativa hacia el problema de los
talista, garantizaba la posibilidad de introducir catalizadores problemas, es decir, el de la relación hacia el Estado v así sucesivamen­
en esta realidad ya consolidada del comunismo internacional, te" (op. cit., p. 297, nota 3). '
volver a poner en movimiento una dialéctica política, solicitar Spriano ha reconstruido cuidadosamente los debates internos en el
y suscitar originalidades de elaboración, adherir a la fantasía partido y las dificultades de traducir, a lina línea política que gravite y
transforme el presente, las indicaciones del VII Congreso. Recuerda la
de la realidad, crear en definitiva las condiciones elementales posición significativa de Montagnana ("Debemos tener el coraje de decir
que no nos proponemos abatir ei fascismo. Nuestro objetivo actual, que
de W isfpjífc y t?*'03 ^ parfI,í comunisíi", en Lo Stato operaio, enero seriamente modificaremos mañana, soo las libertades democráticas en el
régimen fascista. Queremos hoy mejorar el fascismo porque no podemos
Cf. Poulantzas, op. cit., p. 41. hacer inás. Libertad, paz, un salario mejor, he aquí lo que debemos per­
seguir hoy") y la réplica de Griteo que identificaba detrás de estas
¿U FRANCO DE PRLj Cj¡
La doble faz del inform e de D im ítrov y del V II Congre* INTRODUCCIÓN 21
—q u e en esta s breves observaciones sólo se h a señ alad o p ero oy0 elem entos m ás significativos y generales de ese v iraje qu erid o
d eb ería s e r analizada de m odo m ás especifico— h ace de ést6 p o r D im ítrov. En efecto, la fu e rte insistencia con que en todo
u n clásico congreso de transición, donde coexisten ap ertu j! el in fo rm e D im ítrov destaca la cen tralid ad del fren te único
h acia lo nuevo y condicionam iento del pasad o . P o r esta serie tiene una doble faz: p o r un lado significa rem itirse a u n ele­
de consideraciones generales las observaciones q u e H ajek ade. m en to p erm an en te de la trad ició n com unista que perm anece
la n ta , subrayando el c a rá c te r de com prom iso del V II Congre> firm e desde 1921 en adelante aun cuando asum e form as diver­
so,w son ju s ta s y deben ser recogidas, a u n cu an d o roe parecen sas 38 y p o r lo tan to tiende a su b ray ar la continuidad; p o r el
b a sta n te lim itativas, y no dan razó n de to d o el esp eso r implj, otro, p o r la definición precisa del terren o de aplicación del
cito en la opción del sesgo ad op tad o p o r D im ítrov. Y la veri, fren te único, tai rem isión individualiza el esfuerzo d e ap licar
ficación se da inm ediatam ente: en efecto, la cu estió n g en era a situaciones y tareas nuevos in stru m en to s analíticos y o p era­
q u e se p lan tea es si el cam ino indicado p o r D im ítrov puede tivos elaborados precedentem ente. La tensión e n tre estas dos
ser considerado un re to m o al fre n te ú n ico en los térm inos com ponentes asigna al inform e u n a fu erza y u n alien to m ás
en que fue planteado p o r Lenin. H ajek p a re ce re s p o n d e r posj. am plio que un in fo rm e sobre la táctica; asigna a l V II C ongreso
tiv am en te y aun hipotetiza, con relación al fre n te único, casi u n c a rá c te r de tran sició n donde coexisten el p eso del p asado
u n a especie de m archa cíclica en los aco ntecim ientos de la ic¡ y la a p e rtu ra h a cia u n a p ro b lem ática nueva; hace p o r fin del
“ La idea del ¿rente único com o u n id ad de acción de los par. fre n te único u n a p ro p u e sta política cu alitativ am en te d iferen te
del pasado.
tidos com unistas con la m asa de los o b rero s socialdem ócratas
y sin p a rtid o [ . . . ] escapaba p o r com pleto de la concepción del
fre n te único de los años 1921 y 1922; era, en condiciones his.
tó rica s diferentes, análoga a la ‘táctica del a ta q u e sin tregua DBL FRENTE ÚNICO AL FRENTE POPULAR: LA PRIMACÍA
a la socialdem ocracia’ de los años 1919-1920." B# E s c ie rto que DE LA POLÍTICA
H ajek h ab la del V II Congreso com o de u n re to m o a la política
del fren te único, pero no sólo d e u n re to m o : se su b ray a la N acida e n u n a fase d e re flu jo d e la m a re a revolucionaria y
am pliación del fren te po p u lar y el hecho de que "en la cues, s o b re la b ase de u n ju ic io m enos o p tim ista so b re la rap id ez
tió n de los acuerdos con los p artid o s socialistas, en la actitu d de la disgregación d e las fo rm aciones socialdem ócratas, la
hacia su participación en los gobiernos y en la disposición a p o lítica del fre n te ú n ic o lleva desde el inicio u n a co ntradic­
abstenerse de la crítica recíproca, la C om intern fue m ás alte ción vinculada a su am bivalencia: in stru m e n to p a ra conquis­
de lo que era la política del tiem po de Lenin -3T Son todos ta r la m ay o ría d e la clase o b re ra p a ra las posiciones de la íc
elem entos verdaderos, pero se tra ta aun de u n a fenom enología y a l m ism o tiem p o in s tru m e n to d e ag itació n p a ra desenm as­
externa: precisam ente el carácter de transición del V II Congre­ c a ra r a la d irecció n socialdem ócrata. La acen tu ació n d e u no
so im pide considerar a la propuesta adelantada p o r D im ítrov de los dos aspectos a b ría el cam ino o p a ra p e rd e r las d iferen ­
como un retorno al pasado. Más que en el fre n te p o p u lar cias e n tre co m u n ism o y re fo rm israo so b re la b a se d e la p re ­
—que m arca la novedad m ás evidente— es p recisam en te en la m in en cia a co rd ad a a los in tereses d e la clase, o e n cam bio p a ra
reproposición del frente único donde pueden e n c o n tra rse los tra n s fo rm a r la d istin ció n en separación. N o es casual q u e p re ­
cisam en te s o b re e sta opción política se h a y an ab ierto , com o
posiciones el temor do plantear con fuerza el tema de la democracia pero se sabe, críticas y laceraciones graves en el m ovim iento com u­
al mismo tiempo recomendaba no "agitar demasiado" el objetivo de la n ista in tern acio n al.
Constituyente (P. Spriano, Storia del Partíto Comunista italiano, vol. m,
I fronti popotari, Staíin, ¡a guerra, Turín, Eínaudi, Í07O, p. 96). E n las tesis so b re el fre n te único, ap ro b ad as p o r el ce de
** Cf. Hajek, op. cit., pp. 287 y ss. y particularmente p. 289: “La afir­ la IC en d iciem b re d e 1921, es ev id en te el esfuerzo p o r h a c e r
mación de ia nueva línea sin la necesaria clarificación del proceso de su
origen representaba un compromiso que era el fruto de la acción de fac­ *9 Es esta permanencia en la remisión al frente único que impide
tores diversos. Reflejaba, indudablemente, Ja relación de fuerzas entre arribar a las conclusiones que llegó Hajek, a menos de asumir como
partidarios de la nueva política y seguidores de la vieja E ...Í el compro,
miso final i'eflejaba el grado de conocimiento a que habían llegado ios parámetro una forma —en el caso específico el planteamiento originario—
partidarios individuales de la política del frente popular y que no nodía de realización del frente único como la única válida. Aun ia distinción
ser diferente del uno al otro." entre orientación de derecha y de izquierda es todo lo contrario de satis­
315 Cf. Hajek, op. cit„ p. 221; PouJanízfts da una valoración análoca factoria y unívoca por cuanto corre el riesgo de permanecer exterior,
\op. c t t p. 165J. 80 verbal y de no recuperar en el juicio el elemento real que a una línea
,r Hajek, op. cit., p. 286. da un signo de derecha o de izquierda, es decir e] modo de intervenir
y modificar las relaciones de fuerza existentes.
Aí FRANCO DE FELjCl,
c o in c id ir a m b o s o b jetiv o s: la ú n ica co n d ició n esen cial para i
re a lizació
, n d e ta -l í---
p o lític-
a es w la g a ra n tía d e Jti
la iuucpcimenr'ia
independen r-;
rtnlittra
p o lític a dHa Iacs c o m u n----
e lo ista s . 8«a9 Zinóviev, en tel ;_in....fo
.1
rm e con*?_.o„
a c o m p a ñ a b a la p re sen ta c ió n de las tesis, d a b a indicacio<lue eg
p re c isa s so b re la relació n e x isten te e n tre los dos objetivos de
la p o lític a d e fre n te único:
" N a tu ra lm e n te debem os d e se n m a sc a rar el ju e g o diplom a
tic o d e los je fe s de la I I In te rn a c io n al [ . . . ] ; n a tu ra lm e n te <¡s
d e b e r d e los c o m u n istas d e m o strar a la clase trab ajad o ra
q u e [ . . . ] se e stá tra m a n d o en su c o n tra u n a n u ev a y m ás re-
fin a d a tra ic ió n . E s te d e b er de los c o m u n istas es ciertam ente
im p o rta n te , p e ro no el principal- E n p rim e ra lín ea e stá otra
ta re a : la de sa b e r e n ten d e r que e l lem a d e la 'u n id a d del fren-
te p ro le ta rio ' no nació p o r generación esp o n tán ea, sin o q u e es
el p ro d u c to de la evolución de los ú ltim o s años; q u e e sto ex­
p re s a el h ech o d e la adhesión a la lucha activa d e nuevos
m illones y m illones de tra b a jad o res. Lo m ás im p o rta n te es sa­
b e r e n te n d e r b ie n eso, y salir al e n cu e n tro d e los trab ajad o res,
h acién d o se in té rp re te s de sus a ú n co n fu sas ten d en cias revolu­
cio n arias, unificándolos y poniéndose al fren te de ellos. Y a no
podem os m ás p erm an ecer aislados com o v an g u ard ia [ . . . ] J* 40
Los m odos de construcción del fre n te e ra n los m ás v a r i a d o s ,
p e r o que im plicasen vínculos con las organizaciones socialistas
no e sta b a en discusión .41 E l apoyo sin reservas d ad o p o r Lenin
a las tesis * 3 n a c í a n o sólo del hecho d e q u e ellas e r a n e l des.
"El Comité Ejecutivo de la Internacional C o m u n i s t a pone como
condición principal y absoluta, obligatoria para todos los partidos comu­
nistas sin excepción, la libertad para cada sección suya, que este por
efectuar acuerdos o alianzas con los partidos de las Internacionales 2
y 2 Va, de continuar la propaganda de nuestras Ideas y la crítica ele los
adversarios del comunismo. Aun sometiéndose al principio de Ja acción',
los comunistas deben reservarse absolutamente el derecho y Ja posibili­
dad —no sólo antes, sino también durante la acción — de expresar su
opinión sobre la política de las organizaciones obreras sin excepción.
En ningún caso esta reserva podrá ser retirada" (Test sul fronte único
del proletaríato, en 11 CE deltlnternazúm útf comunista Pe r d fronte
único del proletaríato, Roma, Librería cditrice del Partito Comunista
d'Italia, 1922, p. 57, tesis 18).
40 G. Zinóviev, Antichi scopi, mtove vie, en II CE delV Interna ¿Untale,
cit.. p. 23.
«i "Adoptando la consigna de la unidad del frente proletario, y admi­
tiendo la posibilidad de convenciones entre las diversas secciones de la
Internacional Comunista y los partidos y organizaciones de las Interna,
dónales 2 y 2 */j, la Internacional Comunista no puede naturalmente re­
nunciar ella misma a efectuar acuerdos similares en el campo internacio­
nal" (Test sul fronte único del proletaríato, cit., pp. 58-59, tesis 20)
« El 6 de diciembre de 1921 Lenin escribía a Zinóviev: "Camarada
Zinóviev; he leído el borrador de la tesis y no la objeto. Complete v
inodifique parcialmente el párrafo sobre la historia del bolchevismo P*
meircto que hidx» escisión sólo en 1910. Hay que decir que las escisiones
formales con los mencheviques, producidas en la orí in uvera df* IQOs tr f
enero de 1912. se fueron alternando con y
INTRODUCCION 23
arro llo de aquella b atalla p o r él p lan tead a y vencida en el
III Congreso, sino de una m otivación m ás general vinculada
a un ju icio so b re la clase o b re ra occidental: es decir, ia con­
q u ista de la m ayoría e ra u n a condición esencial p a ra cu alq u ier
tra b a jo revolucionario serio y p o r lo ta n to debía co n stitu ir el
objetivo p rio rita rio d e los com unistas, que n o p o d ía se r conse­
guido sin u n a b a ta lla política co n tra la dirección y las form as
políticas de conciencia predom inantes en el p ro letariad o .
D etrás de la p ro p u e sta del fren te único, en realidad, h ab ía
u n p ro b lem a m ás general y com plejo que la revolución de oc­
tu b re h ab ía p u e sto so b re el ta p ete con urgencia, cual e ra el
d e la relación e n tre tradición y revolución, e n tre u n p a sa je de
fase en la lu ch a d e clases y la adecuación política y organiza-
tiva a ella del m ovim iento ob rero . E ra u n p ro b lem a cen tral
que p o d ía se r a fro n ta d o p len am en te sólo a trav és de la definí*
ción general de u n a estrateg ia q u e fu e ra capaz d e ap ro p iarse
d e la lección de o ctu b re y de tra d u c irla a las experiencias p ar­
ticulares, de c o m b in ar la u niversalidad de u n a experiencia
con la especificidad de la lu ch a de clases y d e las fo rm as de
dom inación del capital. La posición asum ida p o r Lenin en al­
gunos m om entos significativos es conocida y revela plenam en­
te la conciencia de e ste p ro b le m a d e fondo: d esd e la célebre
invitación d irig id a a S e rra ti a sep a ra rse d e T u ra ti p a ra después
a lia rse con él, h a s ta la o rien tació n asu m id a co n resp ecto a la
C onferencia d e B erlín d e las tre s In te rn a c io n ale s ,4 8 e l d a to
co m ún es el d e Im p e d ir q u e la necesid ad de se p a ra rse del
dad en 1906 y 1907, y más tarde en 1910, no sólo en virtud de las alter­
nativas de la lucha, sino también por la presión de las bases, que exigían
ensayos de verificación de la propia experiencia" (V. I. Lenin, Observa­
ciones a la tesis sobre el frente único, en Obras oomptetas, Madrid, Akal,
í. xxxvi, 1978, p. 43). Zinóviev hizo literalmente propias las observa­
ciones de Lenin (cf. Zinóviev, Antichí scopi, nuo\>e vie, cit., p. 43); no
se trataba de una puntualización histórica sino, en cambio, de una indi­
cación totalmente política: recuperar justamente en el interior de una
división profunda y ya "clásica" del movimiento obrero ruso las posibili­
dades y las condiciones de una recomposición política.
« Al discutir la propuesta de resolución que la delegación de la ic
debía presentar en la conferencia, y adelantando modificaciones sipnifica­
tivas, Lenin escribía: “La modificación más importante que propongo es
tachar el párrafo donde se califica de cómplices de la burguesía mundial
a los dirigentes de la II Internacional y de la Internacional II Va ( ...3
Es completamente insensato correr el riesgo de hacer fracasar un asunto
práctico de enorme importancia, por darse el gusto de insultar una vez
más a unos canallas, a quienes hemos insultado y seguiremos insultando
mil veces en otro sitio. Si en la sesión del Comité Ejecutivo ampliado aún
hay gente que no comprende que la táctica de la unidad de frente nos
ayudará a derribar a los lideres de la II Internacional y de la Interna­
cional II Vi, entonces debemos pronunciar para esta gente mayor cantidad
de conferencias y charlas de divulgación ] Por último, es mejor apro­
bar la presente resolución no por unanimidad, sino por mayoría de vo­
t o s ! ...] , antes que arriesgamos a estropear un asunto práctico impor­
tante, a causa de algunas criaturas políticas, que mañana se curarán de
su enfermedad infantil'' (Lenin, Obras, cit.. t. xxxyt, p. 156).
FRANCO DE FBLICJj
reforraism o resolviera com pletam ente el terreno de iniciativa
y de actividad de los partidos comunistas.
Por m ás inadecuado e insuficiente que pudiera ser el fren.
te único en el planteam iento leniniano, era sin em bargo una
prim era aproximación, sobre el terreno operativo, a e sta cues-
tión m ás general; identificar adem ás objetivos precisos en t o r ­
no a los cuales verificar la construcción del frente único signi­
ficaba asum ir el de los problem as reales como único terreno
sobre el que se conquistaba o se perdía la dirección, donde se
dem ostraban en un plano de m asas las razones de u n a esci­
sión. El com entario hecho p o r Lenin al acuerdo logrado en
la Conferencia de Berlín es ejem plar. E l desacuerdo respecto
de la labor de la delegación de la II I Internacional es tajante:
"¿Se deduce de esto que debemos rom per el acuerdo firm a­
do? No: entiendo que tal conclusión sería erró n ea y que no
debemos rom per el acuerdo [ . . . ] Si los representantes comu-
nistas pagaron demasiado p o r e n tra r en el local donde tuvie­
ron oportunidad —aunque breve— de dirigirse a los obreros
que hasta ahora 'pertenecían’ exclusivamente a los reform is­
tas, tal error debe ser corregido la próxim a vez. Pero hubiese
sido un erro r muchísim o m ayor rechazar cualquier condición
o cualquier pago para en tra r a ese lugar cerrado y b astan te
bien guardado [ . . . ] El gran err o r de los com unistas italianos
y de un sector de los comunistas y sindicalistas franceses es
conformarse con los conocimientos que ya poseen. Se confor­
man con saber muy bien que los representantes de la II In te r­
nacional y de la Internacional II Vi [ . . . ] son m uy astutos re-
presentantes de ia burguesía y portadores de su influencia[ . . . ]
Los comunistas no deben cocinarse en su pro p ia salsa; t i e n e n
que aprender a p en etrar en el local prohibido donde los rep re­
sentantes de la burguesía ejercen su influencia sobre los obre­
ros, sin detenerse ante ciertos sacrificios ni tem er los errores,
in e v ita b le s al comenzar cualquier o b ra nueva y difícil.” **

Cf, Hemos pagado demasiado caro, en Lenin, Obras, cit., t. xxxsj,


pp. 31-302. Sobre la misma conferencia véanse las indicaciones, y sobre todo
las funclamentaciones de éstas, que Lenin daba a Bujarin y Zinóviev (Obras,
cit., t. xxxvi, pp. 140-141). En las palabras llenas de desprecio d i r i g i d a s
por Rádek durante la Conferencia de Berlín a los representantes de la
II Internacional están definidos con claridad la fisonomía, la amplitud
y los caracteres asignados a la política del frente tínico: "Habéis venido a
esta conferencia porque os habéis visto obligados; habéis sido el instru-
mentó de la reacción mundial y ahora, lo queráis o no, debéis converti­
ros en el instrumento de la lucha por los intereses del proletariado. Y
nosotros decimos sin coníianza: nos sentamos con vosotros a una mesa,
queremos luchar junio a vosotros; la lucha decidirá si se trata —como
decís— de una maniobra en favor de la Internacional comunista o de
una comente que unificará a ¡a dase o b r e r a S í lucháis con nos-
otros, con el proletariado de todos los países —no por la dictadura, esto
no os lo pedimos, sino que lucháis por el pedazo de pan—, si lucháis
contra las otras destrucciones del mundo, entonces el proletariado en
INTRODUCCIÓN 25
El desplazamiento del contenido del frente único a las for­
mas de su construcción (desde arrib a y desde abajo, desde
abajo y nunca sólo desde arriba) que caracteriza Ja evolución
de la ic es evidentem ente esencial, en cuanto docum enta en el
plano de las indicaciones tácticas una orientación más gene­
ral: la elusión del nudo revolución-tradición y consecuente­
m ente la oscilación en tre una orientación economicista y una
fuga ideológica. No es casual que la línea indicada p o r Rádek
en el V Congreso, que ya registraba un desplazam iento hacia
la izquierda de la ic, se vinculara estrecham ente con las posi­
ciones form uladas años antes por Lenin y tendiera a salvar
en la propuesta del frente único su esencial inspiración polí­
tica que no hacía de ella sólo una propuesta táctica: "E l sen­
tido de nuestra táctica del frente único consiste en esto: que
estemos verdadera y honestam ente preparados p ara cum plir
un trecho de cam ino con cualquier partido obrero que quiera
com batir, el trecho que ese p artido quiera hacer con nos­
otros [ . . . ] nuestros discursos sobre el desenm ascaram íento
dificultan m ás el hacer asi que los m ism os socialdem ócratas
se desenm ascaren verdaderam ente. Les perm iten afirm ar: los
com unistas no quieren el fren te único, las suyas son solamen­
te m aniobras tácticas. Y los obreros traducen este latín con
palabras sim ples: em brollos de la p o lítica/'
R especto a este planteam iento originario el inform e de Dímí-
trov se p resen ta sin duda como una "recuperación", p ero en
la claridad y positividad con que este planteam iento originario
es repropuesto hay ya un elem ento nuevo que docum enta en
qué m edida fueron superadas las tim ideces del pasado. Dimí­
tro v m ism o ofrece u n a m otivación explícita de ello que no
deja lugar a dudas y que provee una clave de lectu ra general
de la propuesta.
Concluyendo el inform e D im ítrov se refiere a la posibilidad
de q u e las indicaciones sum inistradas fueran in terpretadas
com o u n "v iraje a la derecha" respecto a las indicaciones p re ­
cedentem ente dadas p o r la ic. Sin preocuparse p o r refu tar,
excepto con a l u s i o n e s irónicas, esta posible objeción, y tan to
m enos en discutirla detenidam ente, d a en síntesis lo que ju s­
tam ente consideraba el objetivo fundam ental prefijado con el
inform e:
"Q uerem os q u e n u estro s p artid o s en los países capitalistas
intervengan y procedan com o verdaderos partid o s políticos de
la clase o brera; que desem peñen en realidad el papel de factor
político en la vida de su país; que realicen siem pre una políti­
ca bolchevique activa de m asas, en lugar de contentarse con la
esta lucha se acercará y ya no as juzgaremos por vuestro terrible pasado,
sino con base en nuevas experiencias" (Hajek. pp. cit.. pp. 36-37).
15 Cit. en Hajek, op. cit.. p. 100.
M FRANCO DE FELICE
propaganda, con la crítica y los llam am ien to s estériles a la lu.
c h a p o r la d ic ta d u ra del p ro le ta ria d o . ” 4 8
E stá n a q u í fijados los elem entos fu n d am en tales q u e hacen
d e «ste inform e y n « s e n general d el V II C ongreso u n m om en-
to de viraje, que va m ás allá de la situ ació n p a rtic u la r p a ra
s u b v e rtir la cual h a sido realizado —es decir, el fascism o y
la evolución reaccionaria del capitalism o europeo y m u n d ial—,
p a ra e n tre g a r al m ovim iento o b rero en su to talid ad , y con un
grado de conciencia y d e m adurez d e c o n ju n to m ucho m ás alta
qu e en el pasado, las razones del n acim ien to d e u n a nueva
form ación política del m ovim iento ob rero , la co m u n ista pre<
cisam ente. E n e sta m otivación m ás general, n o p o r a z a r reivin­
dicada polém icam ente p o r D im ítrov c o n tra ev entuales contra-
dictores de “izquierda", el inform e se co n fig u ra com o algo m ás
rico que la definición de u n a estrateg ia ofensiva c o n tra el
fascism o, p a ra s e r la recuperación de la lección len in ian a en
u n contexto histórico preciso. N o es casu al ciertam en te q u e se
dedique am plio espacio en las citas a las o b ra s d e Lenin y
particularm ente a E l “izquierdism o ”. La c rític a severísim a que
Dimítrov desarrolla c o n tra el sectarism o "p len o d e s í”, consi­
derado "un vicio enraizado" y el "o b stác u lo p rin c ip a l” p a ra el
desarrollo de los p artid o s com unistas com o p a rtid o s de m asas
y m ás en general p a ra u n a re a l dirección de las m asas p o r
p a rte com unista, es m ucho m ás que la c rític a a cristalizacio­
nes doctrinarias o a fenóm enos de a n g u stia p o lític a p a ra en ­
globar en general un estilo de tra b a jo y u n a d efinición del
papel del p artid o , la relación e n tre éste y la clase y las m ás vas­
tas m asas populares, el esp eso r n o cancelable de la co m p leji­
dad de la realidad, de las estratificaciones sociales y políticas,
de la viscosidad de las organizaciones politicéis y sindicales
existentes con las cuales a ju s ta r cu en tas, h a s ta lle g a r a u na
definición rápida pero esencial d e q u é es la d irecció n política,
donde el elem ento esencial es la relació n con las m asas y con
su grado de conciencia:
"Hay que con q u istar el papel d ire c to r del p a rtid o com unista
en las batallas de la clase o b re ra . N o c o n siste e sto en decla­
m ar acerca del papel d irectivo de los c o m u n istas, sin o en
realizar un tra b a jo de m asas c o tid ian o y, a tra v é s d e u n a poli,
tica justa, m erecer, c o n q u istar la confianza de las m a sa s obre­
ras. E sto no es posible m ás q u e si n o so tro s, c o m u n istas, tene­
m os en cuenta seriam ente en n u e s tro tr a b a jo p o lític o el nivel
real de la conciencia de clase de las m a sa s, s u g ra d o d e revo-
lucionarización; si apreciam os se ria m e n te la situ a c ió n concre­
ta, no sobre la base de n u e stro s deseos, sin o d e lo q u e es la
re a lid a d ."4T
Son acentos no nuevos en la h is to ria del m o v im ien to comu*
« Cf. en este volumen, pp. 218-219.
47 Ibtd., p. 213.
INTRODUCCIÓN 27
n ista —b a sta pensar, en Ita lia , en lo q u e escribía diez años
an tes A ntonio Graxnsci u sando casi las m ism as p a la b ra s 4 8 o
m ás en general en las observaciones de Lenin — 4 0 pero, com o
se v erá m e jo r a continuación, h ab ían sido de hecho abandona­
dos sí n o a b iertam en te criticados. La im p o rtan c ia del inform e
d e D im ítrov n o resid e sólo en el hecho de que estos elem entos
esenciales de la tradición com unista sean nuevam ente plan tea­
dos con fuerza sino so b re todo en e l hecho d e que, calados en
u n contexto h istó rico p ro fu n d am en te d iferen te del de los años
veinte y cargados d e u n a experiencia de m asas original, ad ­
qu ieren u n contenido diverso que los tra n sfo rm a ráp id am en te
de elem entos d e p rincipio y m etodológicos generales en polí­
tica y organización de m asas.
O bservaciones análogas pueden hacerse p a ra la q u e consti­
tuye la inspiración fu n d am en tal d e to d o el inform e: es decir,
la reconsideración de los lím ites de la p e n etrac ió n com unista
en E u ro pa, en la clase o b re ra y m ás e n general e n las m a sa s
populares, y la exigencia d e s u p e ra r esa laceración h istó ric a
a b ie rta en e l m ovim iento o b re ro in tern acio n al con la g u e rra
m undial, la revolución ru s a y la creación d e la I I I In tern acio ­
nal. La recom posición p o lític a d e la clase es el g ran o b jetiv o
h istó ric o q u e D im ítrov re p ro p o n e a l m ovim iento co m u n ista
in tern acio n al: “L a c a u sa d e la u nificación d e las fuerzas d e
la clase o b re ra en u n único p a rtid o p ro le ta rio , e n el m o m en to
en q u e el m ovim iento o b re ro in te rn a c io n a l e n tra e n el período-
de la liq u id ació n d e la escisión, es n u e stra causat e s la cau sa de
la In te rn a c io n a l C om unista." 6 0 S o b re la s c a ra c te rístic a s de esta
unificación n o h a y d u d as, en c u a n to q u e el lista d o d e las con­
diciones p a ra que ta l unificación sea p o sib le in d ic a claram en te
q u e ella n o p uede m ás q u e su ced er con b a se e n la ad q u isició n
p o r p a rte de la clase o b re ra del p lan team ien to com unista»
A p arte de los p ro b lem as q u e e sta d eclaración g en eral de Dimí­
tro v conlleva y s o b re la cu al se d irá algo e n seguida, y descon­
ta n d o q u e el o b je tiv o in d ic a d o es el re su lta d o de u n la rg a
proceso, los elem entos q u e d e in m ed iato se su b ra y a n son o tro s.
La exigencia d e c o n q u ista r a la m ay o ría d e la clase o b re ra

Cf. la carta de Gramsci a Scoccimarro y Togiiatti del 1 de marzo


de 1924: “El trabajo organizativo, la tenaz y dura lucha por mantener el
aparato del partido, son por cierto grandes cosas: pero no se puede sobre
ellas hacer un balance de un partido. Vivir no es suficiente: es preciso
tener una historia, es preciso moverse y desarrollarse para poder afirmar
ser un organismo político que tiene una ta se propia y el porvenir para
sí, como nosotros queremos" (La formaziotie del gruppo dirigente del
Partido Comunista italiano. Rosna, Ríuniti, 1982, p. 219).
Aquí sólo bastará señalar las páginas extremadamente densas escri­
tas por Lenin contra las formaciones minoritarias que concebían ert tér­
minos voluntaristas la construcción de un partido político {cf. El "/*-
<3uicrdisma", enferm edad infantil del comunismo, en Obras, cit., t. XXXin,
pp. 144 y ss.).
60 Cf. en este volumen, p. 215.
FRANCO DE I't-tlcp
para la leona y ia práctica comunistas, equipando por lo tanto
ai movimiento obrero con instrumentos adecuados a nivel ¿el
antagonismo do clase abierto con la guerra y la edad de las
revoluciones socialistas, es un hilo rojo continuam ente presen,
te en la linea de la ic y por lo tanto no constituye de p or sí
una novedad. El elemento nuevo está en la situación particu­
lar en que tal exigencia es repropucsta y el modo sobre tocio
de su actuación. La experiencia de la victoria fascista y de i a
organización estatal realizada, destruyendo toda form a autó­
noma y libre d e organización de clase, tanto com unista como
socialista; las orientaciones reaccionarias que afloran con di­
versa fuerza y capacidad de acción en una serie de países; la
crisis e c o n ó m ic a y las tensiones sociales a ella conectadas po.
niendo en discusión las condiciones elementales de vida de las
masas: éstos son, todos, elementos que replantean con fuerza la
debilidad del movimiento obrero, los espacios que las divisio­
nes existentes abren a la iniciativa del adversario y p o r lo tan-
to crean condiciones nuevas, por estar fundadas en experien­
cias de masas, si no para resolver al menos para p la n te ar en
términos positivos el problema de superar la laceración del
movimiento obrero internacional. Ya por esta sola razón —.y
hay otras más generales— la crítica de Dimítrov al sectaris­
mo, antes recordada, no es doctrinaria ni ritualista (oportunis­
mo de derecha y de izquierda) sino que es política: es crítica
a la incomprensión e inutilización de los espacios de iniciativa
que esta situación nueva abre.
El dato realm ente nuevo, que califica en térm inos originales
esta reproposición de elementos e s e n c ia le s de la tradición co­
munista, está en el m odo de utilizarlos refiriéndolos al con­
texto histórico en el que deben tornarse operativos. La conquis­
ta por la IC de la mayoría del proletariado y de las m asas
populares es alcanzable no a través d e la denuncia firm e e
implacable de la dirección socialdem ócrata y de su papel en el
marco de la lucha de clases y de la iniciativa del adversario, a
través de la propaganda de las posiciones com unistas, de la re.
volución y de la organización socialista de la sociedad como
único remedio para los males del presente —denuncia y pro-
paganda que no obstante deben seguir estando m uy presen­
tes— sino desarrollando la iniciativa política, es decir, hacién­
dose cargo de todas las contradicciones y los antagonism os
políticos y sociales presentes en la clase y en las m asas popu­
lares, y trabajando por su superación. La recuperación leniniana
está en asumir la política como terren o p a ra su p erar la esci­
sión típicamente segundintem acionalista e n tre economicismo
e ideología y sobre todo como instrum ento de recomposición
de las fuerzas sociales. El frente único y p o p u la r antifascista
—y el adjetivo en este caso es calificativo— es ciertam ente
la propuesta política específica para tra sto c a r u n a situación
INTRODUCCIÓN 29
determinada pero es también mucho más: esto explica p or qué
siendo el propio informe esencialmente operativo, Dimítrov
puede concluirlo con el objetivo general recordado precedente­
mente (la unificación política de la clase); por qué la estra­
tegia elaborada no es reductible estrictam ente a la lucha con­
tra el fascismo sino que contiene posibilidades m ucho más
amplias, como puede extraerse explícitamente de! informe;
p o r qué finalmente el "frentism o" ha constituido un dato esen­
cial de la elaboración y de la política de los partidos comu­
nistas aun después de la derrota del fascismo. Reconsiderando
muchos años después y en un contexto diferente el significa­
do del V II Congreso, Togiiatti subrayaba con fundam ento su
alcance histórico aproximándolo a la misma fundación de la
Internacional; "Se com prende fácilmente por qué la política
del V II Congreso tuvo una repercusión tan am plia en todos
los continentes e hizo que el movimiento com unista diera un
enorm e paso hacia adelante, análogo al cum plido en los p ri­
m eros años después de 1919. Dicha política era esa guía de la
cual la clase obrera, las m asas dem ocráticas y los pueblos
sentían necesidad en ese m om ento." S1
E l p rim er punto firm e a destacar es, por lo tanto, la insis­
tencia p o r p a rte de Dimítrov en la relación en tre frente único
y prio rid ad de la política como único terren o sobre el que es
posible p a ra los partidos com unistas redefm ir su propio víncu­
lo con las m asas y reafirm ar su propio papel de dirección y
unificación, pero sobre todo los contenidos concretos que debe
a d o p tar esta relación para se r real, y p o r lo ta n to los datos
históricos nuevos que a través de esta indicación política Di­
m ítrov consigna al m ovim iento com unista internacional. Sobre
esta base la política unitaria de 1935 es distinta de la de
1921-1922.
Togiiatti, Algunas problemas de ta historia, cit., p. 394. Es este al­
cance histórico —entendido en su implicación más general de proceso de
adecuación teórico-politica por parte del movimiento comunista a los
términos de la lucha de clases, que es luego el dato significativo del jui­
cio togliattiano— el que no es realmente recuperado en el debate desarro­
llado algunos años atrás sobre ]a política de los frentes populares {cf. Ma-
gri, "Unificazione su quale linea?”, en Riñas cita, 6 de marzo de 1965:
Serení, "Appunti per una discussione sul le politiche di fronte popolari
c nazicmale", en Critica marxista, 1965, núm. 2; Basso, "II rapporto tra
rivoluzionc democrática e rivoluzione socialista nella resistenza", en Cri­
tica marxista, 1965, núm. 4; Amendola, "Insegnamenti del VII Congresso
dell'IC. Rileggendo Dimítrov”, ibid.', Magri, "II valore e ¡1 limite delle
esperienze frontiste", ibid.), Y no podía serlo además en cuanto que se
trataba en realidad de una diferenciación política, como será claro pocos
años después, en plena lucha de clases en Italia, en 1968-1969. El dato
común, sin embargo, era la asunción del frentisrao clásico como eje de la
estrategia del ra, es decir una lectura no correcta de la política comu­
nista italiana en la segunda posguerra y aún más de la sucesiva al
VIII Congreso.
■** FRANCO D33 PELTcfc

La propuesta que Dimítrov hace para ab atir al fascism o alij


donde se ha convertido en estado o para im pedir su victoria
es la organización sobre bases antifascistas de todo el mundo
del trabajo. Objetivo que puede ser alcanzado apropiándose cie
todos los elementos de la realidad: “Lo prim ero que hay qUe
hacer, aquello por lo que es necesario comenzar, es crear el
frente único, establecer la unidad de acción de los obreros
de cada fábrica, de cada distrito, de cada región, de cada país,
del m undo entero.” “
En esta perspectiva general es propuesta "La defensa de
los intereses inmediatos, económicos y políticos de la clase
obrera, la defensa de ésta contra el fascismo" como el “pun­
to de partida” y "el contenido -fundamental del fren te úni.
co en todos los países capitalistas " . 53 El antifascism o es un
elemento calificante de toda la propuesta de D im ítrov no sólo
por la obvia comprobación de que se elige golpear al adversa­
rio más peligroso y tanto menos porque toda la acción des­
arrollada hasta el VII Congreso p o r p arte com unista no hu­
biera sido antifascista, sino porque a nivel de la p ropuesta
política no son recuperados ni presentados todos los elem entos
que definen el program a comunista. Más aún, el program a de
lucha contra el fascismo contribuye a definir la am plitud y
los límites del frente único: "La Internacional Com unista no
formula ninguna condición para la unidad de acción a excep­
ción de una sola, elemental, aceptable por todos los obreros.
La siguiente: que ta unidad de acción esté dirigida contra el
fascismo, contra la ofensiva del capital, contra la am enaza de
guerra, contra el enemigo de cíase." *4 E l c arác te r antifascista
del frente único es calificante en la m edida en que con él se
registra Ja prim era diferenciación profunda y n e ta con la acti­
tud precedente.
Como se ha recordado, la acentuación sobre los contenidos
del frente único e ra im portante en cu an to q u e significaba iden­
tificar los problem as reales con que en fre n ta rse y so b re los
cuales verificar la propia capacidad o la a jen a incapacidad
dirigente; o sea, era im p o rtan te p o r la indicación p o lítica que
de tal modo subyacía a la propuesta táctica. E! lím ite p a ra el
desarrollo de esta indicación política que p e rm itie ra superar
las aporías y la ambivalencia de la p ro p u esta estab a justam en­
te en la definición de los contenidos: e! elem en to constante
era la identificación de reivindicaciones económ icas y políti­
cas (salarios, lucha contra la reacción, d esarm e d e las form a­
ciones m ilitares burguesas, crítica al tra ta d o d e Versalles)
como momentos necesarios p a ra el crecim iento d e u n movi­
m iento de masas que invirtiera el orden cap italista. E l desfase
“ Cf. en este volumen, p. 170.
*» Ibid.. p. 174.
54 Ibid., p. 171.
INTRODUCCIÓN 31
entre el objetivo particular, sindical o político, sobre el cual
construir el frente y, el general, la destrucción del capitalis­
mo, tendía necesariam ente a resolver la realización del frente
en una propuesta de agitación o movilización am pliam ente
condicionada a la desem bocadura revolucionaría de la crisis
del capitalismo. La proposición dei objetivo del gobierno obre­
ro y campesino nace de la exigencia de cubrir el desfase entre
la inm ediatez de las reivindicaciones del frente único y el ob­
jetivo general a que la movilización realizada tendía (1 a dic­
tadura del proletariado), dando p o r lo tanto al movimiento
construido con el frente una dimensión y una desembocadura
política más próximos. Dicho de otro modo, se planteaba en
térm inos políticos el problem a de la transición al socialismo.
Sobre toda la cuestión del gobierno se volverá en seguida,
pero no es casual por cierto que ella sea retom ada explícita­
m ente por Dimítrov. Lo que ahora urge señalar es que el
carácter agitante del frente único podía ser superado sólo
recuperando u n a dim ensión política definida. Cuando efectiva­
m ente el objetivo del gobierno obrero y cam pesino es aban­
donado después del V Congreso, el elem ento fundam ental que
servía p ara caracterizar la construcción del fren te único era
la movilización y la agitación p a ra el abatim iento del capita­
lismo. E s u n a línea precisa que se define, coherentem ente con
o tra s opciones antes recordadas, después del V I Congreso y
llega h a sta el X III Pleno: en esta ocasión, después de la vic­
to ria nazi en Alemania, la indicación fundam ental que se daba
e ra ésta:
"Los p artid o s com unistas deben p la n te a r del m odo m ás re ­
suelto fren te a las m asas el problem a de la salida revoluciona­
ria de la crisis del capitalism o. A las recetas charlatanas de los
fascistas y de los socialdem ócratas, que se esfuerzan p o r sal­
v a r al capitalism o en putrefacción, los com unistas deben con­
tra p o n e r fren te a las m asas la dem ostración de que los males
del capitalism o son incurables [ . . . ] N o hay o tra salida de la
crisis general del capitalism o, fuera de la indicada p o r la revo­
lución de o c t u b r e 68
In tro d u cir en la construcción del fren te único la lucha con­
tra el fascism o com o elem ento que define sus caracteres y sus
“ Tesis de la XIII Sesión plenaria, cit., pp. 23-24. Poco antes las tesis
afirmaban: "En las condiciones de la maduración de la crisis revolucio­
naría mundial, mientras que la burguesía trata, en interés del reforza-
miento de su dictadura, de canalizar la efervescencia, el descontento y
la indignación de las masas por el camino de la fascistización y de la
guerra, la tarea principal de los comunistas es dirigir el movimiento de
las masas hacia la lucha por el abatimiento de la dictadura de las elases
explotadoras" (ibid., pp. 16-17), Es decir, no existe aún, en las tesis apro­
badas en diciembre de 1933, ninguna mediación entre solución fascista
y perspectiva proletaria: la lucha antifascista seTá aquella por la victoria
del socialismo.
FRANCO Di-
objetivos significa por cierto identificar al adversario princij>^.
pero tam bién suscitar un problem a m ás amplio que luego cor
diciona el desarrollo, ei aliento y el m ism o carácter de cías
del trente antifascista, es decir, la relación fascism o-cap]^
lismo. Más adelante se verá en que m edida está presente este
problem a en Dimítrov y qué solución se le da. E l elemento
que aquí se menciona es que la caracterización an tifascista del
frente es el prim er ejem plo preciso de qué entendía Dimítrov
cuando identificaba la finalidad de la ic en la transform ación
de ios partidos comunistas en factores políticos reales: la i den,
tidad de los comunistas no está tan to en volver a situarse en
la plenitud de su programa, es decir en colocarse frente a los
demás como la vanguardia consciente y m ás com pleta respecto
a las otras formas de conciencia más atrasadas expresadas por
la clase obrera —tal operación se resuelve operativam ente en
un trabajo de convencimiento y de clarificación que ap u n ta a
elevar ei núm ero de quienes han alcanzado la m ás alta form a
de conciencia revolucionaria, es decir la com unista—, sino que
está en cambio en la capacidad de saber articu lar esta mayor
conciencia perm itiendo asi dirigir todo el proceso que debe
conducir a Ja superación de los niveles de conciencia existen­
tes. Tal tarea se hace más urgente y p rio ritaria cuanto m ás
profunda es la laceración producida p o r experiencias de m a­
sas, como la guerra, la revolución de octubre, el derrum be de
la II Internacional de donde derivó la constitución de una
nueva forma de organización política de la clase.
La reafirmación de la p ro p ia identidad n o e s t á , p a ra usar
ei lenguaje de Dimítrov, e n pro p o n er el d errib am ien to del
capitalismo y la dictadura del pro letariad o sino en "en co n trar
y form ular consignas y form as de lucha derivadas de las ne-
cesidades vitales de las m asas, del nivel de su com batividad
en una etapa dado del desenvolvim iento. Debem os in d icar a
las masas lo que deben h acer hoy p a ra defenderse del pj.
llaje capitalista y de la b arb arie fascista " . 6 8 U na opción de
w> Cf. en este volumen, p. 174, La medida de la novedad y de la impor.
tanda política de las indicaciones dadas por Dimítrov puede obtenerse
fácilmente refiriéndose a las posiciones expresadas por Kuusinen er» su
informe al XIII Pleno y aún más claramente al sesgo de las tesis dej
XI Pleno, celebrado mientras la crisis económica iniciada en 1929 mani­
festaba toda su gravedad: "La más grande crisis económica mundial de
la historiaC...1 y los progresos formidables de la edificación del socia­
lismo en la Unión Soviética, han hecho resaltar, con una fuerza inaudita
las contradicciones entre el sistema de) socialismo en construcción y e(
sistema del capitalismo en putrefacción. Las contradicciones entre el sis,
lema capitalista y el sistema socialista oo se han desarrollado Jamás
con tal fuerza, y las ventajas del sistema socialista sobre el .sistema
capitalista no se han manifestado jamás de manera tan convincente coma
ahora" (La X I sesstone pletiaria del CE delta Internaziotuüe comunista
fe s i e risotuzioni, parís, Edizíoni di cultura sociale, 1931, pp. 3-4). Toda*
la primera parte de las tesis está construida sobre la base de este conti­
nuo entrelazamiento entre economicismo e ideología: estos elementos
INTRODUCCIÓN 33
esto tipo ¿contribuye a dism inuir el alcance, a despuntar las
alas m ás revolucionarias o no contribuirá en cam bio a ab rir
espacios y posibilidades de penetración basta ese momento
desconocidas, en ia m edida en que la opción adoptada y las
iniciativas políticas concretas indicadas tienden a acrecentar
el papel de la clase obrera y a m odificar en su favor las corre­
laciones de fuerza existentes? La respuesta de Dimítrov es neta
y está dada no sólo por el carácter global del inform e sino
tam bién p o r los objetivos concretos confiados al frente único.
La crítica con stan te y severa que Dimítrov dirige al maxí-
malism o partidario y aún más a la tendencia a su stitu ir los
"m étodos de dirección de las m asas" por los "de dirección
del grupo restringido de los inscritos en el p artid o ” va clara­
m ente en e sta dirección. La cuestión que Dimítrov plantea
asum iendo el antifascism o como elem ento calificante es la de
la necesidad d e identificar objetivos políticos que valgan para
hoy y que abran al m ism o tiem po el cam ino al m añana: al
rem itir a un análisis más detallado de la problem ática gene­
ral y de las am plias consecuencias que tal opción im plica —so­
b re tod o la relación entre la perspectiva, que sigue siendo la
revolución socialista, y la construcción concreta de su realiza­
ción—, lo que p ro n to resulta claro de la opción hecha p or
D im ítrov es que el fren te único antifascista n o es defensivo, no
se lim ita sólo por lo m enos en su presentación a la lucha
contra el fascism o sin o que tien e u n a perspectiva ofensiva con
u n carácter de clase netam ente definido: "A m edida que el
m ovim iento se desarrolla y se fortalece la unidad de la clase
obrera, debem os ir m ás lejos, p re p a ra r el trá n sito de la defen­
siva a la ofensiva contra el capital, orientándonos hacia la
organización de u n a huelga política de m asas . " 11
Lo que docum enta vigorosam ente la diferencia con el pasado
es la consecuencia operativa de la opción indicada p o r Dimí­
tro v gravitando sobre el cóm o y el con quién co n stru ir el fren­
te único.
E l cam ino para la creación del frente único es variado, las
etapas son diversas, y D im ítrov las indica todas, desde el míni­
m o de u n a consulta e n tre las fuerzas políticas obreras hasta la
u n idad de acción en to m o a la creación de u n organism o de
m asas perm anente y d istinto de las organizaciones de partido.
La p rim era elección a realizar es aquella en favor de la uni­
dad sindical, es decir, provocar u n a intervención allí donde
ya existen form as de organización de m asas que responden a
están presentes también en las tesis del XIII Pleno: "El ejemplo vivien­
te del gran país de los soviets debe ser popularizado con fuerza y expli­
cado a los trabajadores y a los explotados de todos los países capitalistas'*
(op. cit., p. 24).
BT Cf. en este volumen, pp. 174-175,
34 FRANCO DE FKLTCt,
las exigencias elem en tales d e d e fe n sa d e la fu erza de trab a'
y tie n e n p o r lo ta n to u n a cap a c id ad de expansión tendencia?
m ente id ó n ea p a ra c u b rir a to d a la clase. Es sabido, y D im ítro
lo re c u e rd a , cóm o ju s ta m e n te p o rq u e el sin d íc alo es u n can^
sólido de vinculación con las m asas o b re ra s so b re e ste terrc¡nQ
se p ro d u jo el ch o q u e m ás d u ro e n tre c o m u n istas y socialista^
y se v erificaron con m a y o r frecu en cia las ten d en cias centrí,
fugas de los sin d ic ato s re fo rm ista s p a ra c re a r o tro s revolucio!
n a n o s, Si u n a de las m ayores d ificu ltad es en la re la ció n e n trB
co m u n istas y sin d icato s dependió, com o y a o b serv ó C arr, de
m ay o r fu erza de re siste n c ia d e m o stra d a p o r Ja In te rn a c ió n ^
sindical de A m sterd am re sp ec to a la d e m o stra d a p o r la orga.
nización p o lítica,8* ciertam en te so b re este te rre n o se h a cía mu,
cho m ás difícil todavía m a n te n e r ju n ta s las dos caras del fren,
te único.
L a posición leniniana favorable n e ta m e n te a la perm an en cia
y al tra b a jo en los sind icato s re fo rm ista s y reaccionarios,
fo rm u la d a con clarid ad en E l "izg id e rd ism c ", es d em asiad o co.
nocida p a ra que deba ser re c o rd a d a aquí: era, sin em bargo, no
unívoca, en la m edida en q u e la creació n del P ro fin te m sen ta ­
b a las p re m isas p a ra la constitu ció n de sin d icato s revolucio­
narios antagónicos a los re fo rm ista s y h acía m ás difícil la
aplicación de la indicación leniniana. R em itien d o p a ra u n a
reconstrucción a te n ta de Jas relacio n es e n tre c o m u n i s t a s y
sindicatos a las pág in as de C a rr y H a je k , 60 sin téticam en te
puede re c o rd a rse q u e la o rie n ta ció n de la í c fu e la d e resol,
ver la ap o ría co n ectad a a la c o n stru cc ió n d el P ro fin te m y 3
la exigencia de la u n id ad d a n d o la in d icació n ríg id a de blo.
q u ear cu alq u ier fo rm a u lte rio r de escisión sin d ical p o r parte
com unista y de tr a b a ja r in te n s a m e n te en la recom posición
de ia u nidad sindical allí d o n d e y a s e lm b ie ra p ro d u c id o
ru p tu ra. É sta es la indicación fu n d a m e n ta l del I V 60 y
V Congreso: en e sta ocasión Z inóviev d ijo a b ie rta m e n te que
ss E. H. Carr, Historia de 1a Rusia soviética, m . E l socialism o en un solo
pats (J924-1926). 3. Las relaciones exteriores, Madrid, Alianza, 1976, p. 53li
5 ® £ . H. Carr, ibid., pp. 531 y ss. (todo el capítulo "La Comintem y
sindicatos"); Hajek, op. cit., pp. 303 y 5J.
«o Tesis sobre la acción comunista en>el m ovim iento sindical, en Loj
cuatro primeros congresos de la Internacional C om unista, Segunda parte
Cuadernos de Pasado y Presente, núm. 47, México, 1977, pp. 214 y
Tesis 21: "I-a consigna de la Internacional Comunista (contra la escisión
sindical) debe ser aplicada tan enérgicamente corno antes, pese a las fy.
riosas persecuciones a que los reformistas de todos los países someten a
los comunistas." Tesis 22: "La escisión de] movimiento sindical, sobre
todo en las condiciones actuales, representa el mayor peligro para d
movimiento obrero en su conjunto. La escisión en los sindicatos obreros
haría retroceder a la clase obrera varios años, pues la burguesía podría
entonces retomar fácilmente las conquistas más elementales de los obre,
ros. Los comunistas deben impedir a cualquier precio la escisión sindí.
cal f . . . 3" (p. 219).
INTRODUCCIÓN 35
"el len in ism o en lo s sin d ica to s e s lucha contra lü escisión sin ­
dical",Ú1
E ra una Línea e sta que encontraba serios obstáculos en la
im p o rtan te se cc ió n alem ana, donde la victoria de la izquierda
en la d irecció n d el p artid o significó el abandono en m asa de
los sin d ica to s p o r p a rte com unista. H ajek recu erd a q ue “m ien ­
tra s en e l c o n g r e so sindical de 1922 el 13 % de los delegad os
estab a form ad o p or com unistas, en 1924 e l p orcen taje descen­
d ió a m en o s del 1 % " . 02 El pu n to m ás alto en ia tendencia
a la reco n stru cció n d e m om entos unitarios es, com o se sabe,
la constitución del com ité anglo-soviético que tuvo vida breve
y n o lo g ró cu m p lir el papel que los soviéticos in ten tab an con­
fiarle.63 E l v ira je gen eral a la izquierda hecho p o r la ic invirtió
ta m b ién la p o lític a sindical: si B u jarin y las tesis del VI Con­
g r e so se rem itían e x p líc ita m e n te a las c o n c lu sio n e s de]
IV C on greso d el P ro fin tem ,6* e l X Pleno y la aceptación de
la tesis d el socialfascism o hizo prácticam ente im posible la apli­
c a ció n de la línea tradicional del tra b a jo en los sindicatos
r e fo r m ista s. Bs, en efecto, p o r estos años cuando se reg istra
el a b a n d o n o de los sindicatos socialistas p o r p a rte de m u ch os
o b rero s revolucionarios, provocando u n debilitam iento gene­
ral de la p resen cia com unista en el sindicato . 65 E s e n estos
años que se cavan p ro fu n d as fosas e n tre socialistas y com unis­
ta s y s e d e sa r ro lla n tesis ra d ica les com o la de la destrucción
de los sindicatos o la o tra que ve en los sindicatos u n a escuela
d el capitalism o: tesis ya criticad as e n el X II Pleno ea y citadas
p o r Pieck en su in fo rm e co m o e je m p lo de su fraseología revo­
lu cio n aria q u e a b re e s p a c io s a la iniciativa ad v ersaria . 67
«i protokoll, Fünfter Kongress der konunuilistischcn Interna;¡Olíale,
Verlag Cari Hoym Nachf., pp. 902 y ss. La cita está en la p. 904.
82 Hajek, op. cit., p. 90.
63 Carr, op. cit., pp. 585 y ís. : "Durante un par de años, las esperanzas
de Moscú se habían basado en la influencia creciente de una poderosa
ala izquierda en la dirección sindical británica. A finales de 1925, Jos fun­
damentos sobre los que se apoyaban estas esperanzas habían comenzado
a desmoronarse” (p. 586).
o: cf. V I Congreso, i, pp. 115-116. Tesis sobre ta sttttación y tas tareas
de la Internacional Comunista, cit,, tesis 38.
«s Hajek, op, cit., p. 196.
ce Enseñanzas de las huelgas económicas y de ta lucha de tos parados,
en Tesis y resoluciones del X II Pleno de ta Internacional Comunista,
septiembre de 1932, Barcelona, Publicaciones Edeya: "Las secciones de
la ic deben luchar implacablemente contra los elementos 'izquierdistas'
sectarios de los partidos comunistas y del movimiento sindical revolu-
donario, que aprovechan la lucha de la IC contra Ja consigna oportunista
‘empujando a los burócratas sindicales’, para renunciar de hecho al tra­
bajo en los sindicatos reformistas. El XII Pleno llama a todas las seccio­
nes de la ic a luchar resueltamente contra la renuncia 'izquierdista' sec­
taria a ia lucha por los puestos electivos dentro de los sindicatos
reformistas, lo que es una obligación para todo comunista, según las
decisiones del XI Pleno del cb do la ic ” (pp. 26-27).
Cf. en este volumen, pp. 85 y ss.
36 FRANCO m PIJli
La exigeucia de una línea sindical u n itaria, que contiene
em brión un juicio preciso sobre la especificidad de la s í t ^
ciór» en Occidente, sobre la articulación de la organización } '
clase, sobre los diversos niveles de conciencia y p o r lo tant
de experiencia que esto iraplica, es replanteada con fuerza pQ*?
D imítrov quien no sólo recuerda cóm o "N u estra táctica debí
derivar t s o b r e todo, del problem a siguiente: saber
de se hallan las masas obreras",** sino que, co h eren tem ei^
con el planteam iento de todo el inform e, tiende a fu n d ar tales
opciones en orientaciones que nacen desde lo profundo de lg¡.
experiencias vividas por las masas; en efecto, la crisis econG,
mica, la tentativa de la burguesía de cargar sobre las esp ald ^
de los trabajadores la reorganización del capitalism o, ade.
más de la agresión directa p o r p a rte fascista, im pulsan a los
obreros "a agruparse m ás estrecham ente alrededor de los sin.
dicatos”, a hacer de ellos un instrum ento com bativo de defe^,
sa. Allí donde el trabajo político com unista se ha insertado en
estas tendencias, criticando las orientaciones liquidadoras del
sindicato y haciéndose por el contrario expresión de la recupe.
ración de su valor de instrum ento de lucha, como en Austria,
las relaciones de fuerza se volcaron en su favor; en cambio,
allí donde el sectarism o prevaleció se dieron organizaciones
sindicales no sólo m inoritarias sino, y éste es el dato político,
ajenas a Ja tendencia de fondo que llevaba al d e s a r r o l l o numé,
rico de los sindicatos de A m sterdam .
Una vez más volvía a destacarse fu ertem en te q u e la recup&
ración y la conservación de la propia id en tid ad y del propj 0
papel de vanguardia de los com unistas residía en u n a opción
política —la lucha p o r la unidad sindical— y en u n a caractetj.
zación aparentem ente m ínim a y que co n stitu ía su m é rito pro.
pió ("Y nosotros, p ara ia unificación de las organizaciones
sindicales, ponemos una sola condición: la. lucha contra $
capital, la lucha contra el fascism o, la dem ocracia interna e/¡
los sindicatos”),** pero que en realidad d e se r realizada hu.
biera creado una situación política nueva. E n e l in te rio r de ^
clase obrera, aum entando ei peso de los com unistas; en el país
acrecentando la gravitación de la clase o b re ra y p o r lo tanto
haciendo m ás difícil la estabilización del ad v ersario de clase. Y
éstas eran orientaciones que Lozovski, en n o m b re d e la isg
retom a y defiende en su intervención en el congreso.
En la propuesta de construcción d el fre n te p lan tead a jw
Dimítrov hay o tro d e m e n to de gran im p o rtan c ia p o r la dife,
renciación con el pasado que m arca y p o r los problem as qüe
conlleva, aun cuando luego no tienen re sp u e sta cum plida en d
inform e. E n efecto, la realización d e la u n id ad , aun sobre
** Cf. en este vofumen, p. 203 Cías cursivas son nuestras-!.
Cf. en este volumen, pp. 195-196.
IN T R O D U C C IÓ N 37
la base de las indicaciones precisas antes recordadas —p a rtir
del nivel de conciencia real de las masas, identificar objetivos
políticos capaces de d ar una respuesta hoy a exigencias, pro­
blemas, contradicciones, abriendo el camino al m añana— pasa
a ser un tem a propagandístico y no real si no se asum e en
todo su espesor la orientación ideal y las diferenciaciones po­
líticas existentes en prim er lugar en la clase y más en general
en tre las m asas populares.
Lo que resulta abandonado en la propuesta de Dimítrov es
la prioridad del fren te único desde abajo y la tesis del social­
fascismo: " [ . . . ] a fin de asegurar a los obreros el camino que
conduce a la unidad de acción, es necesario sim ultáneam ente
tra b a ja r para concertar acuerdos de duración breve o prolon­
gada respecto a las acciones a em prender juntam ente con los
partidos socialdemócratas, los sindicatos reform istas y otras
organizaciones de trabajadores contra los enemigos de clase
del p roletariado " . 70 Cuando Dimítrov presentaba su inform e
se habían realizado ya muchos pasos en este camino: pactos de
unidad de acción habían sido estipulados en Francia e Italia,
como se h a recordado, y pocos meses después otros se estable­
cieron en Austria y España. El papel de los partidos socialistas
en la construcción del frente único ya n o estaba en discusión:
el texto de los pactos de unidad de acción en Francia y en Ita ­
lia es un docum ento elocuente. Aun cuando en las declaracio­
nes con que p o r ejem plo en Ita lia los partidos acom pañaban
el texto del acuerdo es evidente la tendencia a reafirm ar la
continuidad de u n a política y a echar sobre el o tro la respon­
sabilidad del retraso, perm anece fírm e la adquisición de que
se tra ta de una conquista irreversible y de una etapa hacia la
unidad, aunque m uy lejana.
"Todo juego sutil —escribía Grieco—, toda m aniobra de as­
tucia, to d a interpretación picaresca, to d a intención sabotea­
d o ra serían fácilm ente identificadas y denunciadas p o r la vigi­
lancia de los dos partidos. T anto nosotros como el partido
socialista debem os e s ta r persuadidos de que no se puede re­
gresar, de que la firm a del pacto no es un accidente en
el cu rso de n u estra política y m arca u n paso adelante en el
cam ino de la form ación de las fuerzas del proletariado ita­
liano." ti
i» Ibid., p. 175.
ti R. Grieco, "Per la organizzazione del fronte único", en Lo Stato opc-
rato, agosto de 1934, p. 570. También él muchas veces citado artículo del
c e de la IC publicado en preparación del congreso e s explícito en este
punto: "Hoy, nosotros continuamos desenmascarando la política de conci­
liación de la socialdemocracia, p erot...J podemos y debemos, aplicando
la táctica del frente único, movilizar rápidamente las amplias masas,
desenmascarando a la socialdemocracia en el curso de la lucha. Esto
quiere decir que debemos aplicar nuestra táctica del frente único de ma­
nera tal que ¡os obreros socialistas no puedan, en nhigrirt caso, ver e»
38 FRANCO DE FELlC],
El o b jetivo que estaba detrás de la indicación oficial preva
ieciente en la íc después del X Pleno (frente desde ab ajo ), eg
decir, in tro d u c ir una contradicción e n tre las aspiraciones revo,
m cioparias de la base y su m anipulación p o r la dirección re.
ro rm ista, está p o r cierto presente en el inform e —particular,
m ente en la p a rte dedicada al análisis de la victoria del fas.
cism o, de los program as de los partid o s socialdem ócratas allí
donde están en ei poder o finalm ente a las ru p tu ra s eventuales
del fren te ú n ico — , 72 pero son observaciones que caen d en tro
de un objetivo m ás general que es el de la batalla p o r la con­
q u ista de la dirección política de la clase obrera, que no tra d u ­
ce sin em bargo m ecánicam ente en térm inos políticos Ja p rofun­
didad de la diferenciación estratégica.
E l dato fundam ental está en el abandono d e aquellas fuer,
tes com ponentes e c o n o m ic i s t a s , presentes en las tesis sobre el
fren te único desde abajo, y que consisten en ig norar que onen-
taciones políticas y com ponentes ideales son p a rte integrante
de la d e f in ic ió n de una clase y no de los accidentes secunda­
rios que puedan descuidarse en favor de una realidad social,
definida sólo con relación al lugar que ocupa en las relaciones
de p r o d u c c i ó n . E ra éste un planteam iento que aú n reflejab a la
G e n e ra liz a c ió n d e la experiencia histórica de estrato s de la cla­
se obrera que habían adquirido form as de organización y con­
ciencia política revolucionaria en e l curso de t i n a crisis social
muy aguda; un juicio sobre la situación todavía existente, am­
pliam ente caracterizado p o r la convicción d e una crisis revo­
l u c i o n a r i a a corto plazo, con ía consiguiente disolución rá­
pida de las form aciones políticas precedentes.
Quince años de experiencias difíciles, él peso cada vez m ás
claro de Ja d erro ta o b rera en O ccidente, la consistencia m aciza
de la influencia socialdem ócrata im ponían u n a reconsideración
general; una vez m ás ella no estab a en el significado d e la
escisión, en el juicio d ad o en 1914 y luego después d e o ctu b re
con la constitución de la íc sino en el m odo de co n v ertir en
activas tales verdades. Si la acentuación del papel d e los p a rti­
dos en la construcción del fren te m arca el m om ento de m ayor
analogía entre la pro p u esta de D im ítrov y la contenida en las
tesis de diciem bre de 1921, sin em bargo es la am p litu d de
las motivaciones en favor de esta pro p u esta la que re g istra un
salto cualitativo y ab re u n a nueva dim ensión.
ella una maniobra de parte nuestra, porque no deseamos para nada tita-
timbrar" ("Compiií c (attica dei partiti comnnisti", cit., p. 47).
72 "Cumpliendo lealmentc las condiciones de todos los acuerdos con.
certados, denunciaremos despiadadamente todo sabotaje de la acción co­
mún por Jos individuos y organizaciones participantes del frente único. A
cualquier tentativa para provocar el fracaso de los acuerdos —es posible
que estas tentativas se efectúen—, responderemos con un llamamiento
..f, nuestra ludia implacable para restablecer la
unidad de acción violada» (cf. en este volumen, p. 175).
introd ucción 39
En efecto, una p o lítica de unidad im pone asu m ir al obrero
socialista , católico y republicano c o m o socialista, católico y
republicano y n o só lo com o obrero, e s d ecir c o m o m om en tos
de h istoria de la c la se que plantean problem as esp ecífico s. Di­
m ítrov n o es m uy rico en ind icacion es sobre esta tem ática,
p ero lanza en la dirección indicada toda una serie de observa­
ciones: ante todo la crítica a la su b estim ación de la "fuerza del
vínculo tradicional que u n e las m asas a su s organizaciones y
a su s dirigentes", y a la tendencia, "cuando las m asas n o rom ­
pen b ru scam en te estas ligazon es”, "se adopta resp ecto a ellas
una a ctitu d tan enérgica com o fren te a sus d irectores reaccio­
narios".73 En segu n d o lugar, es aún m ás im portante la urgencia
para los com u n istas de apropiarse y de rem terp retar to d o e l
pasado y la trad ición de un pueblo, de ser así la vanguardia
c o n sc ie n te pero al m ism o tiem po integrante de la h istoria y de
la experiencia colectiva profunda y form adora de una nación;
o sea de n o vivir com o un cuerpo separado, sin o p o r el con­
trario de p resen tarse com o la ú nica fuerza capaz d e valorizar
p len am en te las exp erien cias au tón om as, origin ales y dem ocrá­
ticas qu e un pueblo ha sabido expresar.
"Toda cuestión im portante, n o solam ente del presente y del
futuro, sino tam bién del pasado de nu estro pueblo, nos afec­
ta [ . . . ] nosotros n o som os partidarios del nihilism o nacional y
no debem os presentarnos nunca com o tales. E l problem a de la
educación de los obreros y de todos los trab ajad o res en el espí­
ritu del internacionalism o pro letario es u n a de las tareas funda­
m entales de todos los partid o s com unistas. P ero quien piense
q u e esto le p erm ite escupir, e incluso obligar a escupir, sobre to­
dos los sentim ientos nacionales de las am plias m asas trabajado­
ras,se halla m uy lejos del bolchevism o auténtico: no ha com pren­
dido la d octrin a de Lenin y Stalin sobre la cuestión nacional." T*
Son indicaciones im portantes y significativas que m ien tras
p lantean, com o se verá m ejo r a continuación, el problem a de
la relación e n tre internacionalism o pro letario y realid ad nacio­
nal, confirm an la com plejidad de experiencias que u n a política
u n ita ria debe to m a r en cuenta p a ra se r u n hecho real y creati­
vo. P or lo dem ás la exigencia m uchas veces reafirm ada p o r
D im ítrov de considerar la unidad de acción com o una condi­
ción necesaria para llegar a la unidad política de la clase, que
es u n objetivo de largo plazo, docum enta bien la m edida en
que está p resen te la com plejidad de lo real.
P ara com pletar la pro p u esta de construcción del frente úni­
co hay p o r fin u n te rc e r elem ento que resum e y hace opera­
tivas, en el te rre n o de la organización, todas las indicaciones
antes dadas. S obre la construcción concreta del frente único,
los cam inos y los instrum entos expuestos docum entan grandes
*3 CF. en e s t e volumen, p. 213.
« /Aid., p. 208.
franco DE FEUCp
posibilidades y amplio espacio a la experimentación: la poten
ciaJidad política de la propuesta de organización no está por i0
tanto en los casos individuales de ejecución, por objetivos di.
versos, del frente único, sino en la propuesta general a la qt,e
estas experiencias particulares deben dar cima: la creación de
un movimiento político de masas, como es el frente único anti­
fascista, para dirigir y desempeñar su función debe culminar
en una organización de masas, con caracteres institucionales,
que sea política pero no de partido:
“lo s comunistas y todos los obreros revolucionarios deben
trabajar por la creación de organismos de clase fuera del par*
ti do, de frente único en las fábricas, entre los parados, en los
barrios obreros, entre las gentes modestas de Jas ciudades y
de las aldeas, organismos elegidos [ . . . ] Sólo organismos de
esta clase pueden englobar igualmente en el movimiento de fren­
te único a la enorme masa desorganizada de los trabajadores;
podrán c o n t r i b u ir al desenvolvimiento de la iniciativa de la$
masas en ia lucha contra la ofensiva del capital, el fascismo
y la reacción y, sobre esta base, a la creación de un extenso
activo obrero necesario para el frente único, a la formación de
centenares y millares de bolcheviques sin partido en los países
capitalistas."7S
Se trata de una nueva realidad democrática de masas con la
cual las organizaciones existentes deben aju star cuentas, que
sirve para dar expresión política y posibilidades de incidencia
a estratos de la clase obrera no alcanzados por las organiza­
ciones existentes o que no se reconocen en ellas; ofrece un
terrero de organización de la clase que no sacrifica ningún^
de las componentes políticas e ideales en ella presentes, y
tiende a recuperarlas o criticarlas, pero, en realidad, confron­
tándolas con exigencias profundas y colectivas, en el interior
de una hipótesis política tendiente a modificar las correlacio-
nes de fuerza existentes.
En este punto solamente puede medirse con claridad en qué
medida ¡a propuesta de un programa antifascista de ningu­
na manera ei mínima: pero eí informe de Dimítrov va m ucho
más allá. La propuesta de una organización de m asas que par­
tiendo de los organizados alcance a los desorganizados crea
las condiciones para el pasaje del frente único al frente popu.
lar. Tal pasaje es evidentemente esencial y constituye sin duda
el elemento más importante del informe, sum inistrándole un
aliento estratégico general.
El frente único y el popular son m omentos diversos pero
estrechamente conectados en la construcción del despliegue
social y político antifascista y la im portancia política está en
el hecho de que hayan sido repropuestos ambos, se hayan iden-
73 Ibid., p. 176.
IN T K O D U C C I0 N 41
tíficado los nexos, ios jn ornen tos y Jas formas de pasaje de uno
a otro. La relación entre frente único y frente popular es la
que existe entre la clase y el pueblo: justam ente la existencia
de este nexo constituye una explicación, pero como se dirá más
adelante, no del todo exhaustiva, de la am plitud de argum en­
tación y especificación dada por Dimílrov al frente único, en
estrecha conexión por lo demás con la continuidad de temá­
tica sobre este punto por parte de ia íc. En cuanto elemento
esencial de la contradicción fundamental de ia estructura so­
cial capitalista, sobre la clase obrera se concentra de m anera
prioritaria la iniciativa política y organizativa de los comunis­
tas: una clase obrera dispersa, desorganizada, dividida no
puede cum plir ninguna de las tareas de reorganización de la
sociedad de la que es históricam ente portadora. Más aún, es a
través de la clase obrera por donde ha pasado con m ayor pro­
fundidad la laceración política conectada con el fracaso del
socialismo segundinternacionalista y es la cristalización de esta
laceración la que ha contribuido fuertem ente a hacer de la cla­
se obrera un elemento de la crisis burguesa y no el eje cons­
ciente de un orden nuevo. Finalmente, es con relación a la
clase obrera, a las estratificaciones y divisiones ideales y polí­
ticas en ella presentes, que se mide la capacidad de las form a­
ciones comunistas p ara colocarse y ser representativas de la
clase en su conjunto. La vieja máxima leniniana según la cual
un partido obrero es tal sólo cuando es reconocido como pro­
pio por las masas proletarias 76 es el tem a inspirador de la
argumentación de Dimítrov.
Estos elementos rápidam ente señalados, a la vez que expli­
can la insistencia y la continuidad de la elaboración com unista
sobre el frente único, rem iten a un problem a más general co­
nectado con el planteam iento fundam entalm ente eurocéntrico
que tiene la elaboración com unista de aquellos años sobre la
revolución: es en Europa, en efecto, donde la clase obrera
constituye un protagonista social definido y determ inante, por
lo cual la recuperación de su unidad es una condición esencial
de la revolución. Las indicaciones de Lenin, desde 1920 en ade­
lante, no dejan dudas a este respecto. Pero la insistencia sobre
este aspecto com o prioritario condujo tam bién a la margi-
nación en la definición de una estrategia revolucionaria de
componentes esenciales de la concepción leniniana de la revo­
lución proletaria como revolución popular guiada p or la cla­
se obrera. Sin querer afro n tar aquí toda la cuestión y el salto
cualitativo que la reflexión leniniana representa sobre el par­
tido y la política respecto a la I I Internacional, bastará recor­
d ar las observaciones explícitas hechas p o r Lenin en 1916,77 en
"•* Ct'. El “izquícrdismo". . en Lenin, Obras, cit., pp. 145 y ss.
n "Quien espera una revolución social ‘pura’, no llegará a verla jamás.
Es un revolucionario de palabra y no comprende !o que es una verdadera
1 T ÍA N O O D C

^ izquierdism o" r* y aún más claram ente en el III Congreso, e


decir cuando sobre c¡ problema de 1a láctica se colocaba, coriJ*
decía, a la extrem a derecha del congreso.’* Rasgos consistente^
de esta marginalización en la elaboración y en la p ráctica cq.
m unista después de 1920 pueden identificarse fácilm ente en ]a
propuesta form ulada por Dimítrov.*®
La particular acentuación del frente único en el inform e e*,
presa en efecto algo más que la exigencia, de cualquier Forma
presente, de !a critica al sectarism o y de la recuperación de ju
política en el interior de una linea lanzada p o r la ic de I92(
en adelante. La limitación del espacio dedicado al frente popy,
lar implica una no plena apropiación del alcance general del
pasa fe de la clase al pueblo y una asignación algo subalter.
na, de apoyo, a la iniciativa desarrollada p or la clase o b rera a
través del frente único. Por lo demás, el explícito replanteo,
por parte comunista, del pasaje del frente único al popular era
muy reciente; lo había form ulado Thorez en Francia algunos
meses antes del congreso .* 1
Si por tanto puede decirse que el inform e reproduce todavía
aquella tendencia presente en la orientación de la IC a la mar,
ginación de esta com ponente esencial de la concepción le.
nmiana de la revolución y si es justam ente en la cuestión del
frente popular que es posible cap tar con m ayor evid en cia las
aponas de !a propuesta de Dimítrov y el c arác te r de transí,
ción del VII Congreso, sin em bargo el dato histórico y política-
revolución C... 3 la revolución socialista caí Europa no puede ser otra
cosa que un estallido de lucha de masas por parte de todos los oprimi.
das y descontentos. Sectores de la pequeña burguesía y obreros atrasado;
participarán inevitablemente en esta Jucha —sin tal participación no «j
posibie una lucha de masas, no es posible ninguna revolución—, c igual,
mente inevitable es que lleven ai movimiento sus prejuicio®, sus fantasía*
reaccionarias, sus debilidades y errores" {Lenin, Batanea de una discu.
sión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, en O b ra s
dt-, t. xxm, pp. 476-477).
?s Cf. op. cit., pp. 146-147.
*a Véanse todas las intervenciones de Lenin en el III Congreso, la
crítica severa a la teoría de Ja ofensiva, a la subestimación de la necesi.
dad de la conquista de la mayoría {Obras, cit., t, XXXV, pp. 351 y ss.).
*° No me parece ni fundada, ni demostrada la observación, de Poulant.
ras según la cual "aunque se diga que el 'frente popular' debe fundarse
'sobre la base' del frente único, Dimítrov atribuye una importancia mucho
mayor al frente popular, que parece en el él dominar al frente único
proletario" (op. cit., p. J87).
•J G. Lefrane, Histoire da front populaire, París, Payot, 1965, pp.
ys s.; Haiek, op. cit., p. 273. Hajek se refiere explícitamente a las memo,
rías de Thorez y a la invitación hecha al dirigente comunista por To
gliatti a renunciar a la propuesta de frente popular. Recientemente este
testimonio es confirmado pero también rectificado de modo significativa -
no sólo por Ja riqueza de señalamientos en torno a la reconstrucción dei
encuantro entre Thorez y Togiiatti con otros representantes de Ja ic
(Goitwald y Clemenf "Le Grand”), sino sobre todo por la precisión acer­
ca de la orientación de Togiiatti sobre la cuestión en su conjunto
(cf. Cerreti, op. cit.. pp. 168 y ss., en particular p. 172).
INTRODUCCIÓN 43
m ente relevante consiste en que esta tem ática fue planteada,
con toda la a u to r id a d q u e se desprendía tic haber sitio lanzada
p o r la tribuna del congreso, y con esto abría concretam ente
el camino a la crítica de opciones precisas que en otros mo­
mentos de la historia de ia xc habían sido llevadas a cabo.
Como antes se señaló, uno de los nudos donde fue m ás dram á­
tico y profundo el choque en el X Pleno entre la delegación
italiana y tos representantes de la C om intcm era el del carác­
te r popular de la revolución, centro de la estrategia elaborada
de 1924 en adelante por el p c i. En el debate se adelantaban
estrecham ente entrelazados problem as teóricos generales (qué
es la revolución socialista) y definición concreta de cóm o se
plantea políticam ente la realización de la hegemonía del prole­
tariado:
" [ . . . ] en todo caso —decía Manuilski— el partido debe plan­
te a r el problem a de la hegemonía del proletariado de m anera
tal q ue no haya ninguna duda sobre la revolución proletaria".
Y Togliatti respondía:
" [ • • • } el carácter popular de la revolución proletaria, que es
una de las ideas de Lenin, es la condición p ara la victoria del
proletariado [ . . . ] La revolución en Ita lia debe ten er este ca­
rácter sin el cual no será victoriosa. M anuilski propone que se
estudie este problem a p o r prim era vez. ¿P or qué fue d erro tad a
la revolución italiana en 1920? Porque no se había visto el p ro­
blem a cam pesino; ni siquiera la fracción com unista [ . . . ] He­
mos estudiado a fondo este problem a y hem os llegado a la
conclusión de que algunos problem as de estrategia deberán
ser resueltos y de que, si la clase ob rera no los resuelve, se
hablará en el vacío. La lucha p o r la hegem onía del p ro letaria­
do: no se tra ta sólo de afirm arla en las resoluciones, sino que
es preciso ten er u n a política que p erm íta realizarla."8-
Por lo tanto, el problem a que D im ítrov plantea con la cons­
trucción de un frente po p u lar sobre la base del frente único
es el de la creación de u n bloque social alternativo en torno
de la clase obrera y p o r lo tan to el de identificar los m odos a
través de los cuales se pasa del antagonism o fundam ental de
clase a la insubordinación popular.
La escasez de indicaciones dadas p o r D im ítrov respecto a la
am plitud y esencialidad de la cuestión planteada —que invierte
los caracteres m ism os del estado burgués a conquistar y del
ob rero a co n stru ir— confirm a lo que se señalaba antes sobre
ln falta de una plena conciencia de las im plicaciones del pasaje
propuesto y explica tam bién por qué, aun constituyendo este
pasaje la liquidación de la táctica "clase contra clase" fijada
en el X Pleno, sin em bargo tal pasaje en el congreso no es
«a Ragionierí, "Togliatti, Grieto e Di Vittorio", cit., pp. 147-148.
44
FRANCO 1* Flíl.i^
entendido asi. como se deriva de algunas intervenciones sieh.
ucativas (por ejemplo, de Ja de Palme Dtitt). Ésto no se de^u
Solo a rasones de cánida, a la preocupación de que un canihi
demasiado radical introdujese elementos de desorientación CJ?
tre los militantes, sino que tenía razones más profundas: |
superación real de esa línea estaba en el desenlace positivo
todos ios problemas conectados con el pasaje de la clase m
pueblo.
Una vez más un elemento clarificador y una confirmaciú,,
de esta contradicción interna es provisto, precisamente por Sl)
esquematismo, por el muchos veces referido artículo del c»
de la íc en preparación del VII Congreso:
"Esta consigna [clase contra clase] por cierto no significaba
y no significa hoy que a la clase de la burguesía debe oponér.
sele una sola clase, el proletariado, sin aliados. Ella no apun,
taba más que a acentuar la lucha contra los conciliadores [ . . . j
Entonces la íc entendía [ . . . ] la necesidad de acentuar, c?i pri
mer lugar, Ja lucha contra la socialdemocracia y la dirección
de los sindicatos reformistas, con el fin de poder combatir ^
nuestro enemigo, la burguesía.''
Hoy, prosigue el articulo, cuando el impulso a la unidad tie.
ne carácter de masa y compromete a los partidos socialistas
"la consigna de 'clase contra clase’ sigue siendo justa, coihq
sigue siendo cierto que nuestro enemigo principal es la bur.
guesía y nuestra finalidad el desarrollo de la Jucha de rnasa^
contra Ja burguesía. Pero por el momento, nos es mucho más
fácil explicar la lucha de masas aplicando a gran escala ia
táctica del frente único —y por eso debemos modificáronme,
diatamente Jas formas de lucha contra la socialdemocracia,
debilitar por otra parte la lucha en sí misma ” .83 Cae fuera del
horizonte de este artículo toda la problemática —y la propues. ■
ta misma— del frente popular. I
El pasaje del frente único al popular vuelve a plantear con
mayor fuerza la primacía de la política como único terreno
que permite al proletariado colocarse como "clase general’* y
por lo tanto en el centro de una reorganización social de con.
junto. Sobre este punto Dimítrov es muy explícito: considera *
necesario volver contra el fascismo Jas mismas arm as usadas 1
contra el proletariado, demostrando "con paciencia y perseve. |
rancia” quién "carga al campesino el fardo de los impuestos í
y de los tributos, quién le estafa sus intereses como usurero I
quién [ . . . ] expulsa al campesino y su familia de su pedazo def
tierra y lo condena a la desocupación y a la miseria [ . , , ] [
quién arruina a los pequeños productores y los artesanos con:
las contribuciones, con Jos impuestos, con las altas rentas y i
con una competencia que ellos no pueden soportar, quién echa f
88 “Compiti e tattica dei partiti comunisti", cit., pp. 46-47.
(HJWDUCCldN 45
j, lii calle y p r iv a d e l t r a b a j o a la s g ra n d e s m a s a s d e lo s tra -
ta ja d o r e s in te le c tu a le s".* * O s e a q u e e s n e c e s a rio d e s a r r o lla r u n
intonso tr a b a j o d e p r o p a g a n d a y d e d e n u n c ia , p e ro D im ítro v
su b ra y a c o n f u e r z a q u e to d o e so e s in su íic ic iU e . e le m e n to fu n ­
damental y d e c is iv o e s l a in ic ia tiv a p o lític a :
"L o p rin c ip a l, lo m á s d e c is iv o p a r a c o n s titu ir e l f r e n te po»
p u lar a n tif a s c is ta e s la a c c ió n d e c id id a d e l p r o le ta r ia d o rev o ­
lu cio n ario p a r a ia d e f e n s a d e la s re iv in d ic a c io n es d e e sta s
capas, y e n e s p e c ia l d e l c a m p e s in a d o la b o rio s o , re iv in d ic a c io ­
nes q u e s ig u e n la lín e a d e lo s in te re s e s fu n d a m e n ta le s d e l
p r o le t a r ia d o y q u e i m p o r t a c o m b in a r, e n el p ro c e s o d e la lu­
cha, co n la s r e iv in d ic a c io n e s d e l a c la s e o b r e r a .” “
£ s una indicación cargada de significados: asignar a la clase
0brcra» a través de su partido, la tarea de hacerse cargo de
reivindicaciones de otros estratos sociales significa identificar
¿orno terreno concreto sobre el que se produce el encuentro en­
tre la clase obrera y las masas populares el de ta expansión
de objetivos dem ocráticos que marcan al mismo tiempo un
incremento de la incidencia de la clase obrera. Sin embargo
este tema, fundamental en la concepción leniniana de la revo­
lución, apenas es señalado en el informe y rápidamente absor­
bido en la exigencia de dar vina correcta orientación hacia los
partidos a través d e los cuales estas masas no proletarias se
expresan. Por cierto, tal exigencia es importante y no secun­
daria: reconfirma lo que se decía precedentemente sobre las
novedades introducidas por Dimítrov en la consideración del
papel de la política y de los partidos políticos (y en este caso
no se trata de partidos obreros) com o terreno específico para
practicar. Pero no es sólo esto. La rapidez con que se tratan
e s t o s temas centrales rem ite a otro, a una contradicción inte­
rior a la propuesta y que constituye una confirmación ulterior
del carácter transitorio del congreso.
El problema de fondo que plantea el pasaje del frente
único al popular e s el de la construcción de un estado nue­
vo provisto de los elem entos definitorios esenciales —una di­
rección política y los sujetos sociales capaces de llevarla ade­
lante— y consecuentem ente de extender la crítica de clase a
toda la organización de la sociedad existente. Es a nivel de
este objetivo institucional que se recupera una estrecha uní-
dad entre econom ía y política, entre reivindicaciones parciales
y cotidianas y perspectiva unificadora. El problema central
que surge en este planteam iento es el de los modos de cons­
trucción del frente popular, es decir de la dirección proletaria
sobre las masas populares.
Si se hace referencia a las fuerzas sociales con que construir
el frente popular resultan claros pronto algunos elementos
Cf. en este volumen, p. 177.
•» Ibidern.
FRANCO di: |,t,.
’Cb
esenciales. Dinutrov dice claramente que "El ifxito de to^,
livb.» dd ^wWtanaUo i>ta estrechamente ligado al csiub^
nikmo Je una alianza de combate con el campesinado lab^-^'
so y ¡a masa fundamental de la pequeña burguesía urba
que constituyen la mayuna de b población incluso er* ?*,
países imlusíriaünente más desarrollados".** Las fuerzas
cíale* fundamentales a agregar en torno de la clase obrera
la pequeña burguesía urbana y campesina trabajadora. A eli*1'
es preciso agregar aun las mujeres y los jóvenes en cuan?
portadores de una cuestión especifica y aguda a la que e] ;
forme dedica una atención particular.
La identificación de estos protagonistas del frente popuu
junto a la clase obrera no es por cierto casual y de ella cIok
van algunas consecuencias relevantes: ante lodo el hecho
que el fundamento objetivo que determina aun el modo dji
pasaje de la clase al pueblo está dado por ia articulación q j
dominio del capital y por sus formas de penetración y subor¡
dinadón de toda la sociedad: todas las figuras sociales ide^
tificadas (campesinos, jóvenes y mujeres) expresan una
bordinación al capital en formas y lugares distintos de
fundamental del trabajo asalariado. En relación con estas cues>
tiones, coherentemente por lo demás con toda la problemática
conectada con el frente popular, puede registrarse una oscila
ción significativa: identificar elementos estrechamente canee,
tados con la definición y caracterización de la organización
global del capitalismo (economía y política, sociedad y estado)
pero al mismo tiempo filtrar esta apropiación a través de una
experiencia históricamente dada corno la fascista. Si esta liga.
zón se explica y remite a un juicio preciso de Dimítrov sobre
la relación fascismo-capitalismo, en el sentido de que el pr¡,
mero constituye la tendencia vencedora en el interior de ]a
burguesía, sin embargo, por todas las razones que el mismo
Dimítrov dirá en su informe, no es cierto lo contrario (es de.
cir, si el fascismo es una forma de dominio capitalista, no toda
forma de dominio capitalista es fascismo), por lo cual no es
posible operar una generalización de soluciones específicas,
las fascistas justamente, sin una simplificación que impide
st Ibid., p. 177. Se rechaza por lo tan lo netamente Ja tesis adelantada
muchas veces por Poulantzas en su trabajo según la cual el estado fas.
cista en el análisis comunista seria resultado y expresión de una frac.
<Ü¡n muy restringida de la ciase dominante (el capitalismo financiero);
"La que se dibuja aquí como cu filigrana es [ ...1 claro. Es la concepción
de Ja política de los frentes populares, que preconiza Ja alian/a antifascista
más amplia, comprendiendo todas las fracciones d d capital con excepción
de aquella, cada vez más resiriiigkla, de la que el fascismo es conside­
rado el representante 'exclusivo'" (op. c i t p. 104). Si el primer aspecto
dei juicio es discutible (fascismo como dictadura "exclusiva" del capital
financiero), et segundo es infundado: no hay huellas de esa apertura
en Jas componentes de Ja burguesía capitalista que señala Poulantzas en
«I informe, y esto es por cierto un problema.
INTROD UCCIÓN 47
luego también verdaderamente la posibilidad de tina interven*
eiún real.
El límite de fondo por lo tanto de la indicación dada por el
informe está en la ausente definición de los caracteres especí­
ficos que representa la cuestión agraria, femenina y juvenil no
sólo respecto a la política fascista sino más en general respec­
to al desarrollo capitalista.
«La nueva generación de la juventud masculina y femenina
_decía Dimítrov— no ha pasado por los horrores de la guerra.
Siente sobre sus espaldas el peso de la crisis económica, del
paro y de la bancarrota de la democracia burguesa. No viendo
perspectivas futuras, considerables contingentes de jóvenes
sido particularmente sensibles a la demagogia fascista,
que les dibujaba un porvenir tentador después de la victoria
del fascismo."
Tarea de los comunistas entonces es la de organizar y unifi­
car a la juventud contra el fascismo partiendo de la contra­
dicción elemental entre las promesas y la realidad fascista:
"inaudita falta de derechos”, militarización de la juventud,
ausencia de derechos económicos y politicos.»T Relativamente
más precisa es la caracterización de la cuestión femenina en
ja medida en que junto a la identificación del antagonismo
entre política fascista y condición de la mujer se ofrecen indi­
caciones más generales: "Debemos encontrar la posibilidad
teniendo en cuenta todas las situaciones concretas de moviíizar
3 Ja masa de mujeres trabajadoras alrededor de sus intereses
cotidianos y reivindicaciones para la lucha contra la carestía
de la vida, por la elevación de los salarios sobre la base del
principio ‘a trabajo igual, salario igual'; contra los despidos
en masa, contra toda manifestación de su desigualdad y de su
sumisión al fascismo."88 Por cierto no es mucho, pero existe
el ejemplo de elementos de definición de la relación capitalis­
mo-cuestión femenina.
Subrayar la importancia de tal planteamiento más general
no es secundario: en efecto, identificar el vínculo entre cues­
tión campesina, femenina y juvenil y capitalismo, del cual el
fascismo es una forma especifica de dominio político, significa
impedir que frente a estos protagonistas sociales se vuelva a
plantear un retroceso de la iniciativa política a la propaganda,
y aún más importante, asegurarse de que los modos de cons­
trucción del frente no resulten condicionados por la experien­
cia de los estados fascistas.
En efecto, si el centro de la reflexión de Dimítrov está dado
a? Cf. en este volumen, p. 164.
“s Ibid.. p. 199. Sobre este problema ios resultados del debate inter­
nacional estaban m ás avanzados; cf. las observaciones de Clara Zetfo’n
citadas por Ragionicri ("II programma dell'lntemazicmale comunista", i,
eii Sludi storici, 1972, núm . 4, pp. 708*710).
48 franco De ^
por los nuevos regímenes totalitarios de masas creados en
centro de Europa, no obstante el campo de aplicación ^
frente popular y del frente único es mucho más amplio, revisa-
situaciones muy diversas (Estados Unidos, Inglaterra, FranCj
países escandinavos) por jo que sólo el planteamiento del
blema en relación con el juicio sobre el desarrollo y sobre £?'
tendencias del capitalismo (el fascismo como solución
riosa) asegura la generalización de la propuesta de Dinn'tf0?'
Una vez más la construcción del frente antifascista y la
nición de su alcance en el interior de una estrategia revoluc¡¿
naria remite a la identificación de ia relación fascismo-capita
lismo. Sólo sobre esta base es posible establecer la medida e*
que una formación antifascista es también anticapitalista v
por lo tanto no sólo defensiva contra la amenaza principal
sente en Europa en el decenio 1930-1940, y en qué medida ^
cambio la acentuación anticapitalista tiende a vaciar de sig.
nificado real a esa recuperación de objetivos intermedios
la asunción del antifascismo implicaba.
Hay en la propuesta de Dimítrov al menos dos elementos
que documentan la existencia de contradicciones no resueltas;
ante todo la definición en términos sociales del frente popular
excluye la posibilidad de la participación en la lucha antifas­
cista de franjas de burguesía capitalista, es decir, si bien no
presenta al adversario de dase como bloque h o m o g é n e o , p0r
lo menos no considera utilizables las contradicciones que
obstante el desarrollo del capital financiero provoca, la fisura
que ei avance del fascismo abre en el interior del grupo doiuj,
nante. Éste es un elemento esencial en la definición de los ca.
racteres y de la duración misma de la fase de transición *1
socialismo, pero también es señal de una orientación significa,
tiva: definir el signo de clase de un proceso basándose en Iqs
protagonistas sociales del mismo, como así también en la direc.
ción política, es decir, en la modificación global de las relacio.
nes que una formación implica a escala nacional e internacional.
El segundo elemento está directamente ligado al carácter
general que tiene el pasaje del frente único al popular: o sea,
volver a plantear en términos políticos el problema de la con*
quista deJ estado. En esta perspectiva la construcción del fren,
te popular en los mismos términos del frente único —comités
no de partido— significa identificar formas institucionales que ;
llevan directamente consigo la apertura de un dualismo de po-
der y que involucran el problema de la relación con los soviets.
Tanto en el informe como en las conclusiones Dimítrov elude
este problema y se comprende fácilmente el porqué; pero más :
allá de Jos condicionamientos teóricos y políticos, ei funda- ,
mentó de tal incertidumbre puede buscarse en el sostén anali. *
tico de Ja propuesta del frente antifascista y en las perspecti. f
vas que a ella se asigna. j
j MTRODÜCCIÓN 49
ANALISIS d e l f a s c is m o

«as aporías evidenciadas en el informe en la construcción del


frente popular entre antifascismo y un. más general impulso
Lticapitalista se hacen más marcadas en el análisis que sos­
tiene la propuesta.
gl eje fundamental de este análisis está constituido por el
fascismo y las razones de esta centralidad son totalmente evi­
dentes: además de presentarse tendencialmente como la solu­
ción victoriosa en Europa después de Alemania, fenómenos
amenazadores se presentaban en Francia y en España (para no
hablar de la situación de los Balcanes y de Europa oriental),
£ crisis económica de 1929 y los esfuerzos realizados por una
restructuración del capitalismo actuaban como elemento es­
pontáneo de movilización de las masas cuyo nivel mismo de
Existencia era cuestionado. L a elección, por lo tanto, se justifi­
caba histórica y políticamente: el fascismo es realmente el
ad v ersario principal. Sin embargo la cuestión no reside aquí;
t ^emento de novedad que contribuye ulteriormente a carac­
terizar el V I I Congreso respecto a las precedentes reuniones
Ac la íc está en haber puesto al fascismo en el centro del pro-
nío informe. En efecto, el punto focal de los debates de la
internacional en el período precedente no está constituido por
fascismo sino por la tendencia del capitalismo, por el des­
arrollo de sus contradicciones y por la identificación en la
socialdemocracia del canal principal de vínculo con las masas
Dor parte de la burguesía.
En las tesis del IV Congreso se podía identificar el papel
del fascismo en Italia, su originalidad al ser un movimiento
de masas y la posible expansión de esta experiencia: "E¡ pe­
ligro del fascismo existe ahora en muchos países: en Checos­
lovaquia, en Hungría, en casi todos los países balcánicos, en
Polonia, en Alemania (Baviera), en Austria, en los Estados
Unidos y hasta en países como Noruega. Bajo una forma u
otra, el fascismo tampoco es imposible ni siquiera en países
como Francia e Inglaterra"; 80 sin embargo no era luego sobre
este dato nuevo emergente, que modificaba los términos tradi­
cionales de aproximación a la realidad mundial, que se centra­
ba la reflexión y la elaboración política.
Una orientación similar expresaba Bujarin en el VI Ccngre-
í» R eso lu ció n s o b r e ta tá c tic a d e la In te r n a c io n a l C om u> tis:¿ en L-:s
cuatro p rim e ro s c o n g r e so s d e ta in te r n a c io n a l C o m u n ista , s e p j r y Arte,
cit., p- 183. Una contribución importante por cuanto Incorpora r*r?se*T*sr*
do importancia general para la caracterización de? fascismo es Mofrec:t?3
por el estudio de A. Apjcsti, “L'anrtHsí del fascismo a! IV Conprr>> -
Intcrnwionale comunista", en P ro b te m i d e l so c ia lis m o , 1977?, nOms. !Í-Í2.
pp. 797 y ss. Deben tenerse particularm ente presentes las observaciones
sobre la construcción del frente único en Rádek, vinculadas en forma
estrecha con el análisis de? f a s c is m o ' ibht.. t>. S!2V
50 1 'ttA N C O D R P E | 1

so cuando planteaba como peligro principal la preparactón


la guerra contra la Unión Soviética. El fascismo es visto coh e
un dato de la situación mundial y como indicio de la inca^
tidad del capitalismo para dirigirse,*0 pero de ningún in0j
está en el centro del discurso y tic las conclusiones. Ei
arrollo de la teoría del socialfascismo, luego, contribuía a hacJ'
aún más difícil la definición no genérica del fenómeno fascist*
pero más que nada contribuía a hacer evidente la rafe de
retraso analítico: la sustancial indiferencia hacia las fornla?
políticas, achatadas en su reducción a una común matriz ^
clase, por lo que el elemento central su convertía en la conti^
posición frontal con la organización social existente y la n,^
vilizatión general para derribarla, Economicismo c ideologj^
se entrelazaban estrechamente: todo el patrimonio analíüCC)
que la sección italiana había ido acumulando sobre su prop¡a
experiencia y de la que los escritos más famosos de Togliattj
son un documento ejemplar*1 seguían siendo marginales. ¿ a
insistencia con que Togiiatti en su escrito de 1928 y en su¡¡
intervenciones en el VI Congreso y en el X Pleno sostenía la
necesidad de un análisis "diferenciado", de hecho implicaba
una crítica^ dura a todo esquematismo analítico y achatamicn-
to cconomicista, colocaba en el centro de la valoración a Jas
relaciones de fuerza entre las clases y significaba una adhesión
muy cauta a la tesis del socialfascismo. Si Bujarin se ritiere
explícitamente en sus conclusiones a los peligros presen les en
la tendencia a empobrecer los fenómenos, a g e n e r a liz a r e l jui­
cio cíe "fascismo" a toda experiencia tohiiituria, sin embarga
eso no modifica las orientaciones predominantes.
Las tesis del X í Pleno (abril de J93I) son bastante explícitas
y reveladoras del modo de referirse al fenómeno:
"El desarrollo del fascismo ha sido posible en estos últinios
tiempos sólo gracias al apoyo que ía socialdemocracia interna-
cionaí, en todo ei período de Ja posguerra, ha dado a la dicta­
dura de Ja burguesía, bajo cualquier forma. Contraponiendo
Ja forma "democrática" de Ja dicíadura de Ja burgues/a al
fascismo, adormeciendo la vigilancia de las masas en la lucha
contra la creciente reacción política y contra el fascism o, ocul-
tando el carácter conlrarrcvolucíonario de la democracia bur-
guesa —forma de la dictadura de Ja burguesía— Ja social,
democracia se convierte en un factor y en un agente activo de
Ja fascistización deí estado capitalista, El éxito de la fucha
*o VI Congreso, u, p. 22. Sobre el lugar ocupado por el debate sobre el
fascismo en la comisión para cf programa c'n el VI Congreso v<íansc las
observaciones de ftagionieri ("ÍJ programan rieJI’ Intcrna/.ionaie comu­
nista", ji, en Studi storici, 197.1, núm. J. pp. 119 y ss.).
»i Véase para todos el escrito famoso A propósito d el fa scism o , de
¡928, ahora tn P Togiiatti, Opere, rol.
ir, cit., pp. 542 y ss. Sot>re la ínter-
prcladón del fascismo tintín por Toglinrti véanso las observaciones de
Raghmlcti en la introducción a los ¿los volúmenes de Jas obras.
INTRODUCCIÓN 51

contra el fascism o exige tic los partidos comunistas la moví-


lizacíón de (as m asas a través dei JYciitc único en la base con*
tra todas las form as tic la dictadura burguesa, contra todas
sus medidas reaccionarias que abren el caí ni no a la dictadura
fascista." ""
Tampoco se introducen elementos de novedad en el XIII Ple­
no casi un año después de la derrota alemana: se adopta la
d e fin ic ió n esíaliniaua dei f ascismo pero ios antagonismos que
el desarrollo del laicism o provoca son considerados como un
fenómeno interno a Ja dominación burguesa: "El fascismo,
nacido en el seno de la democracia burguesa, es a los ojos de
los capitalistas una tabla de .salvación contra el desmorona­
miento del capitalism o. No es más que para engañar y desar­
mar a los obreros que la socialdemocracia niega la fascistiza-
cidn de la dem ocracia burguesa y contrapone en línea d e
principio Jos países de la democracia a los países de ]a dicta­
dura fascista." ■*
Respecto a estos elem entos que caracterizan la posición de
la je antes del VII Congreso, la centralidad asignada a la va­
lo ració n del fascism o significa su asunción como fenómeno
global y específico con qué medirse. Ya este solo hecho cons­
tituye un dato im portante de novedad en cuanto introduce una
articulación no secundaria en la dialéctica dictadura burguesa-
dictadura proletaria y acrecienta la adquisición sobre bases de
masas de la com plejidad de la lucha de clases.
Ofrecer una reconstrucción analítica de la elaboración comu­
nista sobre el fenóm eno fascista y de las interpretaciones ade­
lantadas no sólo no corresponde al presente trabajo sino que
constituye una empresa nada fácil. La literatura sobre eJ ar*
gumento es niuy escasa; ** el m ism o importante trabajo de
Hajek presenta justam ente en este tema su aspecto más débil:
el análisis de la elaboración de la íc sobre el frente único en
/os diversos m om entos no ligada estrechamente a los referen­
tes objetivos de la realidad mundial tiende siempre a resolver­
se en una reconstrucción interna, a considerar el planteamien­
to originario com o un m odelo, a ofrecer casi una interpretación
cíclica de las opciones realizadas en este terreno por la íc.
Los escritos de Togliatti suministran indicaciones más útiles
y ricas, tanto el muchas veces recordado de 1928. como las
jta XI sessúme ptenaria del CE deiia Jn!er):a-iona!e cí:.
p. 12. S im ila re s la orientación expresada en ta K~>¡s del X II Pleno <cí. La
fine delta stabUizzaziime, pp. 9-! I),
' ■Tesis de Ja XIH Sesión plenaria, cit.. p 7,
•* Para indicaciones v juicios sobre Ja literatura existente cf. E. Ra-
glonien. Introíiiiziotu' a P. Togliatti, Opere, vof. i. Roma. Riuniti. 1^67,
pp. exxiif y .«*. Cf. también observaciones e indicaciones en Ago.«ti. op d i ,
PP. 797-79#.
52 FRANCO UE Pe Li |
Lecciones sobre el fascismo,n que aunque indirectanientu ■
ministran referencias precisas a una serie de interlocutor^* j
análisis presentes en el movimiento comunista (de Bordi * ;
a Zctkin, a Thalheimer). Más reciente es la contribución d jj9 i
por Pouíantzas par;» una reconstrucción global de la relac^ :
Comintcrn-fasctsmo. Aun ofreciendo una serie de caracteri^ '
ciones significativas,M tal trabajo me parece viciado por ¿¡3 '
fuerte tendencia a la tipificación y sobre todo por un juic¿ :
general sobre la actividad de la Internacional después de :
nin (catastrofismo cconomicista): ejemplar en tal sentido i
el listado que Pouíantzas hace de las concepciones más difUri •
didas en ia ic a propósito del fascismo y los corolarios que ^
elias derivan.*r
La exigencia de la reconstrucción de estas orientaciones y
de los debates relativos no es dictada por razones de compi¿
tamiento formal: en efecto, la definición del fascismo dedy'
cible del informe de Dimítrov no es unívoca. Tal diversidad n<j
es casual; corresponde por cierto a los diversos ángulos desde
los cuajes es examinado en cada momento el fenómeno y esD
está ligado al fuerte señalamiento, presente en todo el ínfor.
me, de la novedad de la situación creada por el fascismo, de
Sr c ° j ^ no re(^uctible a una fórmula o definición sim,
plmcadora. Esto es cierto, pero no es todo. La diversidad c¡<¡
juicios identifica la presencia en el informe de la sedimenta,
ción de análisis precedentes asumidos poco a poco por D¡rn¡.
trov: esto es notable no sólo por Jas caracterizaciones
conocidas (fascismo como dictadura terrorista abierta de ]q5
elementos más reaccionarios, etc., y el fascismo como exprg,
sión de debilidad de la burguesía), sino también por las for.
mas específicas que asume en diferentes países el desarrollo
del fascismo y su dictadura. La coexistencia entre fascismo
residuos de parlamentarismo y márgenes de legalidad defacigj
a la socialdemocracia o a algunos partidos burgueses habfa
sido ya identificada y denunciada en los XII y XIII Plenos.
Párrafos enteros del informe pueden encontrarse en documen­
tos oficiales o seraioficiaies de la Internacional.'8 ^
La presencia de estas sedimentaciones plantea evidentemen.
te problemas-’ ¿sa qué medida la propuesta táctica de D¡mf.
trov implica también una modificación analítica del fascismo
Patmiro Togiiatti, lecciones sobre et fascismo, México, 1977, pp i* i
y ss.
« Cf. Pouíantzas, op. cit., pp. 80 y ss. Interesante el espacio reservad
a las reflexiones rrainscianas. 0 J
tT Ibid., pp. 44-51. ■
ís Compárense, por ejemp/o, ln< motivaciones dadas por el artículo d*l !
op de la ic sobre la relación f.iscj?moitebilidnd de la burguesía, fascisrn ‘
desarrollo de condiciones revolucionarias (toe, cit., pp. 2Í4-235) con 1 !
observaciones de Dimítrov contenidas en el párrafo E l fascismo es i?* !
poder feroz, pero precario (en este volumen, pp. 166 y ss.). j
INTRODUCCIÓN 53

. por el contrario está por él condicionada?, ¿qué elemento de­


cisivo introduce Dimítrov en la comprensión dei fascismo a par­
tir del cu&l los análisis precedentes cuyos juicios conclusivos es­
tán presentes en su informe tienen una lectura diversa? No
eS posible, me parece, dar respuestas definidas y no s61o por-
aae los elementos a disposición deberían necesariamente ser
¿nichos más. El carácter de transición del Congreso hace así
nue todos los elementos de duda o de crítica suscitados, aun
recien tem en te, frente al análisis contenido en el informe sean
verdaderos pero que no logren definir realmente y con plenitud
e] juicio dado por Dimítrov, que presenta siempre una doble
faz. Es esta aparente indeterminación el elemento más signi­
ficativo que resulta valorizado: así, la crítica que se ha hecho
al vínculo, por cierto presente en Dimítrov como por lo demás
en toda la Internacional, entre desarrollo del fascismo y rápi­
da maduración de perspectivas revolucionarias®* aparentemen­
te parece fundada, en tanto que asienta la generalización de
la derrota obrera, pero descuida en cambio un dato central
aue ese vínculo tendía a colocar en primer lugar: la ines­
tabilidad política y social, el cambio d e correlaciones in­
ternas aun en el bloque de poder dominante, es decir, de
m ovim ientos profundos d e la sociedad q u e creaba orientacio­
nes subversivas, que no debían dirigirse necesariamente hacia
la derecha. Más sustanciales, en cuanto fruto d e la experiencia
sucesiva, son las incisivas observaciones que otros adelanta­
ron y todas remisibles a la identificación, fu e rte m e n te pre­
sente en el informe, del fascismo como punto de llegada nece­
sario del capitalismo maduro, por lo cual "la política del frente
popular nacía íntimamente ligada a un análisis del capitalismo
como sistema osificado, incapaz ya de asegurar un real des­
arrollo de las fuerzas productivas, de fundar p o r lo tanto su
poder en una se rie de mediaciones sociales complejas en el
ámbito de las instituciones democrático-burguesas, y de resis­
tir a la disgregación del imperio colonial".1®0 Si esto es cierto
v va se ha visto con relación a Ja construcción del frente po­
pular en qué medida gravita un vínculo similar, y se verán
más adelante los límites generales que ello implica, sin em-
99 cf. las notas conclusivas del volumen de McKenzie: "Si !a clase obre­
ra, como afirmaba la Com intem , iba orientándose paulatinamente cada
veá mis h ad a la revolución, ¿por qué la alianza con !a sod ai democracia,
para no hablar de los partidos burgueses, era tan vigorosamente desta­
cada v considerada como una estrategia absolutamente necesaria? Si el
capitalismo era cada vez m ás odiado por las masas 'trabajadoras', ¿por <jué
la Comintem se proponía solam ente una revisión p a rd a l y no el comple­
to derrumbamiento del capitalism o?" (op. cit.. p. 299). Análoga orientación
expresa PouJantzas que valora al VII Congreso v en particular a! infir­
mo Dimfltov como un reconocimiento "tácito" de la fase defensiva en
que si hallaba el movimiento obrero (op. cit., p. 56).
lM lbid., p. 45; cf. tam bién en el mismo sentido Pouiantzas. op- cit.,
pp, W y .«.
54 FRANCO DE F fiij
bargo tampoco este juicio puede considerarse totalnw
exhaustivo, en cuanto que descuida el dato realmente r»ue
que Dimítrov introduce en la interpretación del fascismo yv°
través de esto, de la situación mundial. '3
La notable diversidad de juicios sobre el fascismo en el ¡h
forme halla en efecto su unificación en un elemento centf!jj
introducido por Dimítrov, capaz de aferrar el fenómeno ar. '
lizado en su dinámica: el acento particular puesto sobre
caracteres estatales de] fascismo.
“El advenimiento al poder del fascismo no es la sustituci^
ordinaria de un gobierno burgués por otro, sino la sustituci*^
de una forma estatal de dominación de clase de la burguCs¡
—la democracia burguesa— por otra forma de dominación
ta dictadura terrorista abierta."»41 ’
Se trata como es fácil de entender de un juicio de funcj^,
mental importancia que tiende a apropiarse de la línea ue¡
adversario de clase no sólo a nivel de las formas de organi^,
ción brutalmente represivas sino al más general y articula^
de Ja organización de la sociedad en su conjunto, es decir
justamente a nivel del estado. En la perspectiva ofrecida pot
este juicio se aclaran y enriquecen los otros elementos de va,
1oración también presentes en el informe: definir el fascismo
como dictadura abierta del capital financiero o ex p re sió n ctF
la debilidad de la burguesía significa en ambos casos no tanto
subrayar el carácter de clase del fascismo —in s e rtá n d o s e asj
en un débate que implicaba a toda la izquierda internacional-^
cuanto en cambio definir de manera m ás específica este car¡5c
ter de clase, aprehendido o en el nivel de las modificaciones
internas en el bloque de poder dominante o en el de la rnocij.
ficación de los instrumentos institucionales, políticos c ideo,
lógicos a través del cual este desplazamiento de las correla,
ciones de fuerzas se expresa y se ejerce.
Sin duda el aspecto más significativo y nuevo de este jujcfQ
sobre el fascismo como forma de dominio estatal de tipo nue.
vo es la apertura que ofrece a una reconsideración del fascis.
mo como fenómeno social de masas y consecuentemente dej
modo en que ha resuelto el problema de la relación entre rria
sas y estado. Es decir, el fascismo como ejemplo de la capa
cidad de la burguesía de reafirmar su dominio en una situación
cambiada y sobre bases no exclusivamente represivas, vo)v¡en
do a lanzar a Ja clase obrera mucho más atrás de los nivel
alcanzados como fuerza política y como sujeto de agregaei
social en la primera posguerra. Esto que constituye la niav D
novedad del fascismo, y que plantea por lo tanto las tare
más altas al movimiento obrero y comunista internación T
constituye al mismo tiempo su punto más vulnerable; ji,<¡f
Cf. en este volumen, p„ 155.
It¿TROJ>UCCIÓN
•e su condición de régimen de masas y sustitutivo de los
JrtCcaJ1jSjí,os políticos liberales obliga al fascismo a mediatizar
tes sociales y contradicciones de clase que no pueden
111 n t r a s

c° resueltos sólo con la fuerza. Se comprende mejor entonces


56 interpretación dada por Dimítrov a la tesis estalíniana del
Ia, .¡3,1 ,0 como signo de debilidad de la burguesía; la debilidad
está en haber abandonado las instituciones liberales, en la
í1°.dida en que esto significaría asumir esa expresión instítu-
tf'-ínal y política históricamente determinada del dominio bur-
c ¿s como la única posible, sino por el contrario en una rcali-
m u c h o más densa. La burguesía ha debido superar el cho-
,e de la primera posguerra derrotando por cierto, y en diver-
s formas, al proletariado, pero haciendo propia la carga sub-
sa siva, la voluntad de cambio y hasta la crítica al capitalismo
ve crán elementos de movilización de la s masas en ese perio-
de c ris is aguda. Todos éstos son elementos presentes dema-
/L ic am u n tc en todos los movimientos políticos de extrema
^ .recha que entonces se desarrollaron. La burguesía venció
f rean im án dose como clase y modificando las relaciones con
f s otros sectores sociales;102 ha debido en definitiva afrontar
írrc c ta m c n te e l problema de la organización d e las masas. Y
uí dice Dimítrov, el talón de Aquiles de la dictadura fascis-
?•? está "en su base social. Ésta es extremadamente heterogé-
■a E n g lo b a a diversas clases y capas de la sociedad. El fas-
n'siño se proclama representante único de todas las clases y
capas de la población, del industrial y del obrero, del millo-
íario y del parado, del terrateniente y del pequeño campesino,
dd gnm capitalista y del pequeño productor".103 Partiendo de
esta'contradicción potencial y latente Dimítrov da indicaciones
precisas que luego han de abrir concretamente el camino, en
algunos países, al desarrollo de la influencia comunista y a la
organización antifascista sobre bases de masas.
Lo sumariamente delineado aquí es el sostén analítico sumi­
nistrado por Dimítrov a su propuesta de frente único y popu­
lar, y se ha recordado también el grado de profundización que
esté análisis presenta respecto al patrimonio precedente de
la ic. No obstante, a pesar de estos elementos indudables cuya
relevancia es destacada con fuerza, el análisis del fascismo
suscita problemas generales que no encuentran respuesta.
i« "No es posible, cam aradas —decía Dimítrov—. im aginarse Ja subida
al poder del fascism o de m anera sim plista y única, como si cualquier
comité tlef capital financiero docidicra in stau rar en tal fecha la dictadura
fascista. En realidad, el fascism o llega al poder com en tensen te por una
ludia recíproca, en ocasiones aguda, contra los viejos partidos burgueses,
a contra un sector determ inado de ellos, incluso a través de una lucha
interna en el propio cam po fascista, que reviste en ocasiones el carácter
ik1 colisiones arm adas, como hem os v is to en Alemania, Austria y cipos
países" (cf. en este volumen, p. 156).
:<u ¡bul., p. 185.
56 DE S0Lí ;
Justamente la valoración del fascismo como forma est *' |
de tipo nuevo impone un nivel analítico que no se rnnni¡a^l ;
con rigor: su ser en efecto expresión de la dominación üir^ í ;
del capitalismo financiero tiene consecuencias im p o r t^ '1;*
Ante todo en el interior de la clase dominante, abriendo <>?*■
tradicciones cuya profundidad e influencia no es secunda-?’
en la definición de una estrategia antifascista y en la :
trucción de la formación popular: Dimítrov hace una rápjJ*'
referencia al problema, que luego, como ya se ha visto, no * !
recogido en las Indicaciones provistas sobre la construcci^*
del frente. En segundo lugar, ese juicio sobre el fascismo J*
importante para la comprensión de la organización global de j
sociedad que la dominación directa del capital financiero
plica. Analizando las razones del éxito fascista Dimítrov
refiere a la propaganda demagógica pero articulada con la q,,
el fascismo se afianzó entre las masas.104 Pero es justamente
esta reconstrucción la que presenta fuertes elementos de deb?
lidad: por un lado concluye remitiéndose a la relación ba$',
tante general entre la ausencia de iniciativa de la clase obrej»
y el espacio así dejado abierto al adversario de clase, por e|
otro la preocupación principal es la de subrayar el carácter
propagandista y cínico de la política fascista. En ninguno dt
jos casos opera como criterio interpretativo ni In relación
fascismo-estado ni mucho menos la de fasc ism o -ca p ita l finan.
Clero. No son propuestos como terreno esp ecifico cíe an á lisfj
y de critica ni las formas in stitu c io n a le s n u ev a s c re a d a s p0f
el fascismo en Italia y en Alemania ni el nuevo papel a^
mido por el estado ni ei lugar asignado a 1os_ diversos estrato^
sociales por la dominación del capital financiero. Se evidencia
así un hiato entre el juicio de conjunto sobre el fascismo y e.
análisis específico de su articulación. La larga e importan;,
lista que Dimítrov hace de las contradicciones destacabas e„
tre las promesas del programa fascista y la situación real —q( '
empero podía abrir concretamente el camino^ a la profunda
ción indicada— tampoco va en esta dirección; en efecto, u
urgencia por destacar con insistencia la existencia de espacio,
donde insertar la iniciativa de clase y por lo tanto el carácter
"El fascismo consigue atraer una parte de las m asas porque hala-,
demagógicamente sus necesidades y aspiraciones tnás sentidas. El f /
cismo no hace sino reavivar los prejuicios profundamente arraigado®
Jas masas; juega de este manera con Jos mejores sentimientos (Je l
masas: con su sentimiento de justicia y, en ocasiones, con sus tradicvJ38
revolucionarias f- --J Aventajando en cinismo e hipocresía a las restam
variedades de la reacción burguesa, ‘el fascismo adapta su demagop;
tas particularidades nacionales de cada país e incluso a las particí] *
dades de las diferentes capas sociales en un mismo país". Y las i n * *
de )a pequeña burguesía, como también una parte de los obreros cmn*35
das a la desesperación por la miseria, el paro y lo precario dé sm •s‘
tencia, se convierten en vfcijmas de Ja demagogia social v n a rirJ í ts'
del fascismo" (cf. en este volumen, pp. 156-157). onal/sta
^•JKODUCCIÚN 57

jjjjjjcdjatamente operativo del análisis prevalece sobre otros


aspectos.
pero Ja cuestión que Dimítrov ha planteado con su evalua­
ción es realmente central y una profundización de la misma
jesuíta esencial aun para la definición precisa de la propuesta
y de sus salidas. Subrayar en el fascismo el carácter estatal y
de régimen de masas significa mi efecto especificar con rela­
ción a una determinada experiencia como la fascista, aun cuan­
do se la considere tendencialmente general, un dato histórico
nuevo que define todo un período iniciado a fines del siglo
pasado que asumió formas "dramáticas" y trastornantes y di­
mensiones aún más amplias al día siguiente de la primera gue-
rra mundial: el papel de protagonistas activas de las masas
populares como fenómeno mundial y no sólo europeo. Es sa­
bido en qué medida la conciencia de este dato nuevo de funda­
mental importancia estaba presente en Lenin y cómo justa-
píente su existencia a escala mundial le permitió hablar de
a c t u a l i d a d de la revolución y mirar con optimismo —a pesar
de todas las derrotas sufridas por el movimiento obrero en
O ccidente y la extrema dificultad de la construcción del socia­
lismo en Rusia— la posibilidad de que la joven república so­
viética subsistiera.
la socialización de la producción y la masificación de la so­
ciedad contemporánea, en efecto, abren una contradicción
nueva y aguda; constituyen la condición objetiva, vinculada
con Ja transformación imperialista del capitalismo, de la crí­
tica de masas a la separación del estado y de la política y al
mismo tiempo crean el problema de reproducir tal separación,
que es una de las condiciones de la subordinación de las
masas. En esta mutada relación entre masas y política la cues­
tión de la organización se convierte en el terreno decisivo del
antagonismo de clases; aqui está el fundamento objetivo de la
primacía de la política tanto para la burguesía como para
la clase obrera y la función opuesta que la política asume
para ambas clases.
El mérito fundamental de Dimítrov está no sólo evidente­
mente en haber recuperado y vuelto operativo como criterio
de comprensión del presente este dato histórico, sino en ha­
berlo recuperado en los términos en que se planteaba en los
años treinta, con las soluciones originales que su presencia
ineliminable había impuesto aun después de la derrota de la
hipótesis revolucionaria. Que este elemento esté conscientemen­
te presente en Dimítrov no sólo se extrae de las observaciones
antes recordadas sobre el fascismo, sino también de la ejem-
plificación de los diversos tipos de estado donde aplicar el
frente único en diferentes formas. Analizar, aun desde el pun­
to de vista de opciones operativas a realizar y de iniciativas
políticas a sostener, la variedad de las formas en que se ex-
58 )
FRANCO DE

mun<,ial Ia dominación de clase es un elern,.^'


eratuW C Pertcnece estrictamente a la tradición de %
COnSresos dc la íc. Aun cuando en el centro de «.S
i conocimiento efectuado por Dimítrov está fundameotajj^5^
te ia experiencia fascista en sus versiones italiana y alen^611
sin embargo ella no agota la problemática^ planteada y p ^ , ;
tanto impide considerar la estrategia indicada por Óirnítr
como antifascista en sentido estricto; le da en cambio un
ce mucho más amplio con relación a la identificación de las
dencias del capitalismo a organizar autoritariamente las r a ­
ciones con las masas. *
Los aspectos más débiles de este reconocimiento munH¡,
se refieren a la relación metrópoli-colonias, la relevancia jn «1
nacional de los procesos en acto en los países directa e £
directamente dependientes (ios ejemplos dados son l0s 'i1
Brasil India y China), las formas específicas que asum e7
dominación imperialista y la respuesta ongmal que req„¡¿«
y que de hecho en algunas zonas neurálgicas en aquellos
era elaborada. La impresión bastante fundada que se dertw
n i este reconocimiento es la de que todo gran nudo con?
títuido por la relación cuestión colonial-movimiento obreiÍT
cue además comprometió tan profundamente la elaboracj,;
comunista, sigue siendo un nudo que no logra modificar en Sl,
conjunto la elaboración de una linea que sigue teniendo cotnl
punto de referencia principal el del enfrentamiento "clásiC(¿
en los sectores capitalistamente desarrollados. Es evidenteme*
te una opción correcta —— y no es éste el lugar pata scnal^v
todas las cuestiones que en tomo a ella fueron planteada^
pero que corre el riesgo de la generalización de una exper¡e«
cía y problemática específica en situaciones diversas; el frenu
antimperialista y antifascista es diferente no sólo según seas
las situaciones coloniales y semicoloniales en el que deben
crearse sino que es aún más diferente respecto a aquel con
figurable en Europa y no sólo porque es antimperialista sino
por los protagonistas sociales en él involucrados, por la reí»,
ción entre las clases, por el papel que los comunistas deben
desempeñar en él y finalmente por el propio objetivo a con.
seguir.
_Pero quizá todavía más relevante que estas cuestiones
ticulares, que como tales no podían ciertamente encontrar es.
pació en un informe general —malogrando la integración in.
tentada por la prolongada intervención de Van Min—, el efe.
mentó fundamental nunca cuestionado es el vínculo estrecho
que existe entre revolución en las colonias, con objetivos de­
mocráticos y nacionales, y la lucha de la clase obrera en los
países avanzados. La única mención específica hecha por Di.
mitro.v ,ei? su informe es la relativa a la importancia interna.:
cionai del frente único:
J hJTKODU o c i ó n 59

"Ei proletariado de los países imperialistas tiene aliados


posibles no solamente en la persona de los trabajadores de su
JAcopio país, sino también en las naciones oprimidas de tas
-Llonias y semicolonias. Pero mientras el proletariado esté
escindido en una escala nacional e internacional; mientras una
de sus partes sostenga la política de colaboración con la bur­
guesía y en particular su régimen de opresión en las colonias
v semicolonias, los pueblos oprimidos de las colonias y semt-
L,iornas son apartados de la clase obrera y el frente antim-
-erialista se debilita. Cada paso dado por el proletariado de
j7s metrópolis imperialistas en el camino de la unidad de ac-
rá<jn, encaminado a sostener la lucha emancipadora de los pue­
blos coloniales significa la transformación de las colonias
v semicolonias en una de las principales reservas del proletaria-
\ 0 mundial." 108 Como motivación de la construcción de las
alianzas internacionales de la clase obrera es bastante externa.
Sin querer insistir demasiado sobre este aspecto específico
s o b r e el que se volverá a continuación, el significado más pro­
fundo de este tipo de aproximación efectuada por Dimítrov a
ia realidad contemporánea, y que resulta con claridad como ele­
mento unifícador de toda la ejemplificación de la diversidad
¿q Jas situaciones, no es resoluble en un ámbito estrechamen­
te pragmatista sino antes bien sirve para identificar el terreno
ntás fácil de apropiación por el movimiento comunista inter­
nacional en su conjunto, tal como era entonces, de los dos
objetivos de fondo que Dimítrov se proponía: transformar las
formaciones comunistas en organismos políticos (de aquí la
importancia constante señalamiento de la iniciativa, de
¡05 espacios que a ella se abrían y de los caracteres que debía
tener para gravitar sobre la realidad) y al mismo tiempo, como
sosten analítico general de esta transformación, consignar al
movimiento comunista internacional el dato histórico nuevo
a cuyo nivel se hace indispensable equiparse para trabajar:
todos los estados modernos son estad os de masas y por eso
mismo portadores de una contradicción nueva inherente a su
misma estructura institucional, es decir, la contradicción en­
tre el carácter cada vez más social del estado y la acentuación
cada vez más clasista de su dirección, contradicción por cierto
diferente de la fundamental entre trabajo asalariado y capital
pero a ella estrechamente conectada en cuanto se proyecta,
en formas propias, sobre toda la organización de la sociedad.
Es justamente la existencia de esta contradicción más general
la que permite abrir, a la contradicción de clases fundamen­
tal, espacio y posibilidades de generalización y de agregación
sin duda desconocidos para la iniciativa obrera y socialista
antes de la guerra mundial. Hay más: sólo insertándola en esta
ios Cf. en este volumen, pp. 170-171.
60 1
contradicción más amplia es posible recuperar para la r ^
mental de clase et papel de contradicción principal
transformarse cn centro de una agregación social y (k
alternativa. La ausencia de esta soldadura lleva a com ^i
ia clase en ia economía, a transformar la política en j(lc%
gia, la vanguardia política en una secta y a abandonar el
so de los estratos sociales populares a orientaciones cortw*-
tivas. Es más claro en este punto el significado de la polí^*'
reafirmado tan a menudo por Dimítrov en el informe: eslc,it
recuperación de la hegemonía. **
El haber consignado al movimiento obrero comunista, en ^
sitio tan autorizado como el congreso de la íc, este gran
leniniaDO no sólo como verdad teórica sino como experienc¡
histórica de masas es el mayor trabajo político de DimítrQ?
y del VII Congreso; abre el camino a una reflexión abierta
profundizada sobre el estado burgués contemporáneo y sob^
la problemática de la revolución socialista en los puntos alt^
dei desarrollo capitalista. Todos los problemas que la m is ^
temática planteada por Dimítrov coloca, y son muchos y ger^.
rales, se ubican de cualquier forma más acá de la vertiente
señalada por esta adquisición histórica. Todas las aporías pr&
sen tes en la elaboración de Dimítrov, a las que ya se hizo r¿
pida referencia, serán superadas por la sucesiva elaboración
teórica y experiencia práctica del movimiento comunista, pro,
fundizando las implicaciones vinculadas con el dato histórico
identificado por Dimítrov.

En efecto, la cuestión inmediata que se plantea está estrecha


mente ligada con el tema presentado por Dimítrov. En e¡
informe parece que la contradicción entre las tareas cada ve$
más sociales del estado y su cada vez más acentuada dirección
clasista constituye un dem en to que de por sí puede transfor.
marse en operativo con la inserción de una intervención cons.
cíente, en la medida en que se tra ta de la contraposición da
dos elementos precisamente definidos: la enorme mayoría
de la población trabajadora (los 9/10 dirá Dimítrov) contra
un grupo de explotadores.
Si en última instancia ésta es la realidad, sin embargo es
justam ente la presencia del elemento estatal, tantas veces re. !
cordado por Dimítrov, lo que impide asum ir como punto de
partida una concepción tan simplista. Para que la verdad pro.;
funda de ese dato histórico indicado por Dimítrov se convier- i
ta en adquisición positiva de las grandes masas y por lo tanto '
se transforme en "potencia m aterial" y “crítica radical", es í
decir, en elemento político disruptivo, es preciso aclarar jus. j
tamente las relaciones existentes entre los dos elementos de )a í
contradicción enfatizada e individualizar sus razones objetivas.
1STK 0 W C CIÜ N Í1
Si el pasaje de la fábrica a la aocicdad y de la clase obrera al
pueblo está presente de manera diferente en la elaboración
socialista y luego con gran fuerza en Lenin como condición
de la revolución socialista, sin embargo también es cierto que
asta verdad teórica deviene fuerza política cuando el desarrollo
mismo del capitalismo sometiendo a su dominación a toda la
sociedad crea vinculaciones cada vez más estrechas entre fá­
brica y sociedad, entre trabajo asalariado y otras formas de
trabajo. En consecuencia, oí fundamento objetivo de esc dato
histórico —las masas protagonistas nuevas de la realidad con­
temporánea— está en el desarrollo del capitalismo monopolista
y en el carácter cada vez más socializado de la producción,
jijo es una precisión académica; sólo sobre esta base puede
aprehenderse la articulación de la sociedad y su remisión a un
criterio unitario, comprender las formas específicas en que
se articula esa contradicción fundamental pero también aque­
llas en que es recompuesta por el adversario de clase, la real
diferenciación inducida entre las masas populares y cómo ope­
rar para recuperar su unidad, convertir en "potencia material”
esa verdad elemental. Parece que con referencia a este proble­
ma, evidentemente esencial, Dimítrov no superó por completo
ese simplismo doctrinario del que es crítico tan severo.
Puede observarse en este punto con gran evidencia un ele­
mento señalado en el in ic io de estas páginas: el viraje que
Dúpítrov deseaba que fuese realizado por el VII Congreso
comprometía toda una orientación de la ic basada en un jui­
cio analítico preciso sobre las tendencias del capitalismo y
sobre la modificación de las relaciones sociales a ellas vincu­
ladas. El viraje se produjo y fue profundo, como se ha tratado
de reconstruir, pero involucró sólo un aspecto del problema.
Justamente haber identificado en el fascismo al enemigo prin­
cipal y en la relación con las masas el terreno decisivo del
enfrentamiento de clase tenía como consecuencia la atención
específica a la relación entre restructuración del capitalismo
e invención de form as originales de unión y control de las
masas» entre m odificaciones institucionales y opciones de polí­
tica económica.
Bujarin, en su inform e al VI Congreso, al caracterizar el "ter­
cer período" tendía a tomar los elementos crecientes de in­
estabilidad y de contradicción que el mismo desarrollo espec­
tacular de las fuerzas productivas y de la recuperación del
capitalismo implicaba, y esto para identificar los términos
sociales y políticos nuevos del enfrentam iento de clase que se
perfilaba. En el curso de este análisis identificaba también fe­
nómenos de fundamental importancia que iban a caracterizar
a escala mundial la organización del capitalismo en su conjun­
to, es decir, la progresiva integración entre política y econo­
mía y el desarrollo del capitalism o de estado:
°~ FRANCO DE
‘'Hace algún tiem po, en el congreso del vcus, planteé ia ^
de que actualm ente se opera un cierto crecimiento de
dencias del capitalism o de estado, y no bajo la forma cié *
talism o de guerra’ [ . . . ] Bajo una nueva forma o mejor
form as nuevas se desarrolla actualm ente el proceso de Eü°aj&
la interpenetración cada vez m ás marcada de Jos tru^ 3 ,
teles, consorcios bancarios con los organism os estatales ^ ^
burguesía capitalista [ . . . ] Se trata de las form as de org^^Jj
ción de la fu sió n de los organismos económ icos de la buj.^
sía imperialista con sus organism os gubernamentales.
problem a de la form a de ese proceso sólo tiene un caráq5¡
secundario. Sólo intento comprobar y subrayar que ese p3
ceso es un hecho cierto. Lo observamos en Italia, en Jap(,
en los Estados Unidos, en Alemania, y bajo las formas ^
variadas." iM
La diversidad de las form as de desarrollo del capitalismo 4
estado no era y no es tan secundario como parecía opinar fij*
jarin; de cualquier form a se tomaba un elem ento esencial n,.
i n t r o d u c í a instrum entos de control nuevos en la organizacúj!
de la sociedad y de la econom ía a través del uso del presu
puesto. La m ism a im portante discusión planteada por Bujatk
sobre las raíces sociales de la aristocracia obrera y del ref0[
m ism o en condiciones diferentes a las del m onopolio cok
nial, más allá de las com ponentes econom icistas que presenta
conduce no obstante al nudo de la cuestión, es decir, la relaeió.
entre organización de la producción y del trabajo, desarrol|!
de las fuerzas productivas y división del trabajo y estratifi^
ciones sociales.
Todos éstos son elem entos analíticos de gran importancia
que no están presentes en el inform e de Dim ítrov y que de¡*j
indeterm inado el gran tem a en él propuesto. Cuando D im it í
presentaba su inform e, esa tendencia identificada por Bujar¡¡
no sólo se había extendido y reforzado, sino que se expresaba
concretam ente en la realización de opciones nuevas, tendió
tes a reorganizar y controlar en su conjunto a la econoujj,
es decir en las experiencias de planificación. Dimítrov analfe,
rápidamente, y en un contexto diferente al del problema aq#¡
discutido, el plan Man, recayendo m ás sobre las contradic.
ciones entre las prom esas (reducción de la jornada de trabajo
normalización de los salarios, el salario m ínim o, la organiza!
ción de un sistem a de seguro social, la difusión del confort
como resultado de las nuevas construcciones de viviendas) y
la realidad del plan que sobre las consecuencias relativas a la
organización de la sociedad conectadas con tal opción.
No más útiles indicaciones sum inistra Varga en su interven,
ción: enumerando las razones que hacen de la planificación
108 VI Congreso, n, cit., p. 11: cf. también La situación internadomi,
en VI Congreso, t, cit., pp. 96-99, particularmente la tesis 3.
INTRODUCCIÓN 63
una componente frecuento de la propaganda burguesa, ¿ 1 se
¿•eftere al “deseo de retardar el proceso de revolucionarízación
de )¡1S rausas obreras". Pero de este objetivo tiende a tomar
jos elementos de demagogia y de contención respecto al ejem­
plo alternativo que viene de la Unión Soviética. Las observa­
ciones específicas sobre la relación plan-intervención en el mer­
endó subrayan netamente que la única forma que esta inter­
vención puede asumir es la de la reducción de Ja producción:
“De hecho, en un régimen capitalista, no se plantea sino la
[iiestián de la reducción de ta producción para resolver la so­
breproducción/’ «r La hipótesis de intervenir ampliando el mer­
cado y Pür 1° tanto aumentando la capacidad de consumo es
to ta lm e n te excluida como demagógica: "Pedir a la burguesía
pagar de buena gana salarios más elevados para poder vender
jnás mercancías quiere decir proponer dar de su propio bol­
sillo a los obreros con lo cual ellos podrían comprar las mer­
cancías excedentes. ¡La burguesía no marcha sobre estos ma­
los negocios! Las vicisitudes sucesivas demostrarán en qué
medida este juicio era doctrinario.” 108

Lí, ausencia del análisis de este nudo contribuye a explicar


mejor algunos problemas que quedaron abiertos en la propues­
ta del frente popular. Justamente por la centralidad e impor­
tancia del dato histórico destacado —estados de masas y direc­
ción de clase— es claro cuál es el fundamento del pasaje
necesario propuesto por Dimítrov del frente único al popular,
pero al mismo tiem po son justamente las incertidumbres pre­
cedentemente señaladas las que confirman por qué este pa­
saje es bastante indeterm inado en las formas, en los momentos
de construcción, en la definición de las relaciones entre las
fuerzas sociales llamadas a formar parte de él y en la exclu­
sión de componentes de la burguesía.
$e comprende m ejor tam bién por qué el nivel analítico elegi­
do es el político-institucional y m ás precisamente el de las
diferentes formas en que puede organizarse esta contradicción
general de nuevo tipo. En esta clave el análisis de las situa­
ciones diferentes (países de dirección liberal-burguesa, bur-
gués-socialdemócrata y fascista) es rigurosamente unitario,
porque unitario es el problema. Pero si se subvierte eí discurso
y se quiere comprender el m odo en que el adversario ha
io7 V lle Congrés, cit., p. 1720.
ios ibid. Recientemente Serení lia recordado en qué medida la discu­
sión sobre el capitalismo de estado estaba viciada por la preocupación
predominante de criticar "las pretensiones del dirigismo burgués y de la
reglamentación de la economía en el capitalismo". (E. Stfreni, “Fascismo,
capitale tinanziario e capitalismo monopolistico di stato nelle analisi dei
comunisti italiani", en Critica tnarxista, 1972, n ú m . 5, septiembre-octu­
bre, p. 42).
64 FRANCO DE | ;c c io n 65
resuelto en cada momento esta contradicción y planteado < no y °^a aiin se ttíruan ecos cn el congreso. Pero era una
relación con las masas, sólo de Jas páginas dedicadas a los iw disíinción que llevaba a considerar como adversario principal
menes fascistas pueden obtenerse elementos útiles. Los mi&ttit yna línea que no era la victoriosa en íu reorganización del
ejemplos que Dimítrov da (Estados Unidos y Gran Bretaña- Ljpitaiísmo norteamericano o por lo menos implicaba una orien-
plantean problemas que no son resolubles cn el interior de j íación menos negativa frente a ia política del New Deal;
líneas trazadas en la valoración del fascismo. La diversidad "Es necesaria una buena dosis de esquematismo —dirá Di-
de las situaciones examinadas, en efecto, no es tan sólo a niv i •írov concluyendo el debate sobre su informe— para no ver
político: éste es expresión de una diferente correlación velos círculos más reaccionarios del capital financiero norte­
fuerzas entre las clases, de diferentes orientaciones en el ¡n(e a m e r ic a n o que atacan a Roosevelt representan justamente, an­
rior de la burguesía. Esto es tan cierto que para los Estado* tes QuC t(X*os' *a £ucrza <lue estimula y organiza el movimiento
Unidos la propuesta de Dimítrov es completamente diferente fa sc is ta en ios Estados Unidos. No ver detrás de las frases
a la de! frente popular: de una organización política de masas hioócritas de estos círculos sobre la ‘defensa de los derechos
diferente a los partidos, se pasa a proponer un partido de’ democráticos de los ciudadanos norteamericanos* el fascismo
masas obrero y campesino: "Un partido semejante no ser/a ue nace en los Estados Unidos, significa desorientar a la clase
mí socialista, ni comunista. Pero debe ser antifascista y *0 o b re ra en Ja lucha contra su peor enemigo.” 310
debe ser un partido anticomunista. Su programa debe orien­ Era una crítica justa que, sin embargo, al tiempo que golpea­
tarse contra los bancos, trust y monopolios; contra los pr¡n. ba las deformaciones más groseras de valoración presentes en
el movimiento comunista, replanteaba con fuerza un proble­
cipales enemigos del pueblo, que especulan con sus des­ ma; ¿cuáles eran las relaciones con las masas que el sistema
gracias” 108 El antifascismo en este caso no tenía el mismo del New Deal realizaba?, ¿cómo orientarse frente a soluciones
valor calificante que en Alemania, en Italia y Francia: el ele­ no fascistas? La construcción de un partido obrero-campesino
mento fundamental subrayado en la propuesta de Dimítrov es era una línea general que de hecho se limitaba a registrar la
la necesidad de crear las condiciones para una afirmación diferencia con la experiencia fascista, sin extraer todas sus
políticamente autónoma de las masas trabajadoras norteame­
ricanas, dar voz política al contraste de clases. Pero se traía consecuencias explícitas.
evidentemente de una autonomía diferente que la necesaria Aunque es indudable que con su análisis del fascismo Dimí­
trov abrió espacios reales a la iniciativa del movimiento obrero
para la clase obrera y para las masas populares italianas v
alemanas regimentadas por el fascismo. y consiguientemente al incremento de la influencia comunis­
La ejempliñcación de estados capitalistas diferentes de aque­ ta, creo que puede decirse que en el centro de su análisis
llos donde el fascismo ya ha vencido suministra una serie de permanecen las experiencias fascistas europeas (Italia y Alema­
elementos analíticos sobre el problema de la relación con las nia) y que su análisis es interno a los fenómenos analizados.
masas que no son recogidos y desarrollados y que de todas Es decir, la experiencia fascista está presente como la ejemplifi-
formas vuelven por lo menos problemática y forzada la exten­ cación concreta de un modo con que el capitalismo resuelve el
sión a ellos de los criterios de trabajo y de intervención pro­ problema de la relación con las masas y eso implica también
puestos para los estados fascistas. Permanecía no obstante un juicio más general sobre la relación fascismo-capitalismo.
siempre abierto, aparte de toda otra consideración, el problema No creo que existan dudas de que la orientación de Dimítrov
de identificar con precisión el modo en que la contradicción de es la de considerar que el fascismo constituye la tendencia
nuevo tipo propuesta con fuerza por Dimítrov y presente vencedora dentro de la burguesía, como único modo para re­
en todos los estados de masas era resuelta o mediatizada en solver el problema del control de las masas.111
estados que aún no eran fascistas; tal elemento era esencial Tal relación necesaria había sido establecida algunos años
también para definir una iniciativa del movimiento obrero ca* antes de modo preciso por Bujarin: '‘Algunos camaradas atri­
paz de impedir una solución de tipo fascista. Para p erm a n ec er buyen estos síntomas específicos sólo a los países atrasados,
en el ejemplo de los Estados Unidos, cuando Dimítrov pronun­ pero esto no es exacto. No es el grado retrógrado de tal o cual
ciaba su informe estaba en proceso de realización el New Peal país el que desempeña un papel decisivo, ni la posesión o no
lla ladirección
J!!?lu^ n!?“f.s«d »ba a
J a rns,s norteamericana no iba
indicada por Dimítrov. Éste critunh o n fu e r/a en
toda hipótesis de identificación de la política ron*3 cS?*1
,!“Prctvkoll itcs Vfl. Wcltkottgresscs (ter Kominitnisiische>i í^tjrnatio-
-o >;ule Hhii’cki'trztL' Ans^nbe), Stuiignrt. Yerlag Xeucr Wej?. 1976. p. 726.
el fascismo; había sido ésta una tesis sostenida cn el XHÍ Pie 1,1 Ténganse presentes, en esta óptica, las primeras páginas del ¿Iscur-
lo® Cf. en este volumen, p. 379. *> de Dimítrov, donde todo lleva a la burguesía capitalista a ver a! fas­
cismo como la única solución posible.
FRANCO DE i
posesión de colonias; las condiciones del fascismo son ^
diciones de quebrantamiento del capitalismo rcspect
es el síntoma decisivo, la condición determinante.*' na ¿Vo' s j1,
mente difícil sostener la posibilidad de dar entonces una Cit*k
ción diferente, y sin embargo aun en el interior de e$teV^Dtñ.
general de tendencia hay escasa articulación. Las observará
que Dimítrov hace sobre las diferentes formas que el fa$c^ S -
asume "según las condiciones históricas, sociales y económj%
según las particularidades nacionales y la posición intenJ^;
nal del país dado",113 más que esfumar esta relación, ae \x^ \
es un afianzamiento de la generalidad de la tendencia. ;
llamado que hacía Togiiatti en 1928 a no considerar fascjJj}5
a cualquier forma autoritaria continuaba conservando inx^ .
su valor. Aun permaneciendo en el interior del análisis
fenómeno fascista que está en el centro del informe el pro^i
ma vuelve a presentarse: el fascismo italiano no es lo mis^i
que el nazismo, el corporativismo es diferente de la planif^;
ción alemana- Una vez más no se trataba de una diversid^
sólo institucional sino de una diversidad en las relaciones ^
clase. Aun el análisis de la diversidad de las formas de fasci$,;
mo remite al problema central: la identificación de la
creta dominación de clase y las relaciones entre las clases ^
esencial para la misma construcción del frente a n tif a s c is ta , j.1
definición de las fuerzas que deben construirlo, las relación^'
internas y el papel y el espacio que puede c u b r i r una paite|
de la burguesía. b !
Todos éstos son elementos que ya se han identificado angjj í
zando la propuesta del frente antifascista, que encuentran i
motivación más amplia recorriendo el sostén analítico dej^j
propuesta, pero que se concretan de modo particularmeQte1
evidente en lo que constituye el resultado político más genera] j
e importante de la línea trazada por Dimítrov, es decir S i
gobierno de frente único y popular. [

EL GOBIERNO DE FRENTE POPULAR Y EL PROBLEMA DE LA TRANSIGIR >

La cuestión del gobierno planteada por Dimítrov es de j


mental importancia no sólo por las implicaciones de caráct ■
general a ella ligadas y que, al menos en parte, son consciem^ ^
mente propuestas por Dimítrov, sino sobre todo porque co ¡
tituye el plano sobre el que toda la temática señalada en í
cedencia es recuperada adquiriendo una dimensión genp^ <
que da una marca precisa al proceso de construcción del f
te popular. n”
1*2 v i Congreso, n f cit., pp. 215-216.
113 Cf. en este volumen, p. 155.
c o n s t i t u c i ó n de un gobierno antifascista es el objetivo
k3'so que se asigna a la construcción del movimiento y es
£>reíHedor ¿i que es posible unificar una línea política con
P rotagonistas sociales de ella; la construcción de un go-
JoS P ge torna así el referente general que impone un alcance
Mítico a los momentos, fases y episodios particulares en que
^ « a r i a m e n t e se articula la construcción del frente y al mis-
neC tiempo es un elemento esencial de organización del pro-
en general, la cuestión del gobierno constituye la
‘p a c i ó n de un elemento indicado precedentemente, cual
C 1 s e ñ a l a m i e n t o d e la importancia de las fuerzas políticas
e5/í Jas instituciones existentes como terreno específico de
^ - v e n c i ó n , que no puede ser descuidado sin vedarse la po-
de constituir permanentemente a las grandes masas
ulares dándoles una gravitación real. Haber escogido en
ma c o n s c i e n t e el antifascismo y no el anticapitalismo como
no de unificación y de movilización impone la necesidad
^identificar salidas positivas que graviten, transformándola,
hre la situación presente sin concluir no obstante en la dio-
dura del proletariado. Este papel asignado ai gobierno con-
f 'ína una vez más el carácter operativo del informe y la
edificación de la orientación de los partidos comunistas como
^hietivo prioritario a alcanzar. S e explica entonces por qué la
e s t i ó n del gobierno se resuelve en el de la relación entre los
C o m u n i s t a s y e l gobierno antifascista.

niniítrov había ya formulado una orientación positiva, aun-


ue superficial, al hablar de la situación francesa donde el
d e s a r r o l l o de un movimiento de masas tornaba particularmen­
te próxima la realización de este objetivo,114 pero afrontando
tal cuestión en sus términos generales tal positividad está ex­
presada de manera explícita:
"Respecto a la pregunta de que si en el terreno del frente
único preconizamos los comunistas solamente la lucha por las
reivindicaciones parciales o si nos hallamos dispuestos a con­
traer la responsabilidad de ello, incluso si se tratara de crear
gobierno sobre la base del frente único, contestamos con tal
conciencia de nuestra responsabilidad: Sí; admitimos la even­
tualidad de que la creación de un gobierno de frente único
proletario o de frente popular antifascista sea no solamente
n* “Y si en Francia el movim iento antifascista consiguiera la consti­
tución de un gobierno que realizara u n a lucha verdadera -—no verbal,
sino expresada por los hechos—, Que aplicara el program a de reivindica'
ciones del frente popular antifascista, entonces los com unistas, sin dejar
¿ ser enemigos irreconciliables de cualquier gobierno burgués y parti­
darios del poder de los soviets, estarían dispuestos, a pesar de todo,
frente al peligro progresivo fascista, a apoyar a este gobierno” (cf. en
este volumen, p. 183).
68
FRANCO DE ^
posible, sino indispensable en interés del proletariaHr ^
caso, intervendremos sin ningún género de vac»' X *
P**? *a creación de este gobierno." 116
"ti aspecto significativo sobre el cual no es necesario '
nerse ahora es el contenido del gobierno que allí $e ^
Se retoman, en efecto, las indicaciones generales
referencia al frente popular, con la misma gradación h S
objetivo mínimo e inmediato de la defensa contra la o f ? ^
del capitalismo (gobierno de lucha contra el fascismo y
ción) hasta el desarrollo de una acción ofensiva:
que realice [el gobierno] las reivindicaciones revoluci^N,
radicales determinadas, que respondan a la situación3^
ejemplo, el control de la producción, de los bancos, ia ¿ A
ción de la policía, su sustitución por la m ilicia obrera arní0^
etcétera . " 116 , . S
El punto fundamental que da a estos objetivos Un
de penetración rea! es el hecho de que con el objetivo7 *
gobierno Dimítrov introduce en su discurso la temática ti ^
transición al socialismo. No es por cierto casual la necesí^.
que tiene Dimítrov de subrayar a continuación que el gofo» ^
del que habla no es aquel constituido después sino antes d °
revolución socialista, lo que significa que el punto de refo^:
cia de todo el discurso está constituido por el nivel de
ciencia de los partidos comunistas de la época .117 Aún ^
explícitamente recordará la invitación hecha por Lenin en *
"izquierdismo" a buscar las formas particulares de acercami '
to a la revolución proletaria porque "la propaganda y ia
ción solas no pueden sustituir para las masas a su p^T
experiencia política, cuando se trata de conquistar realnw1*
a las amplias masas de trabajadores para la vanguardia re T
lucionaria sin lo cual la lucha victoriosa por el poder ^
posible".11* 1111
Bastarían estas breves observaciones para mostrar en Q
Ibid., p. 201.
Ibid., p. 205.
117 Un ejemplo significativo de la necesidad de asumir como punt0({,
referencia al nivel de conciencia del movimiento comunista nos f<>5¡
Spriano, que reconstruye cómo es acogida por algunos dirigentes comí
rustas italianos la indicación cstaliniana favorable a la política de defc&b
nacional hecha por Francia (Spriano, Storia, cit., vol. m, p. 7, nota 2)
118 Cf. en este volumen, p. 205. La indicación, de Lenin a que se refw
Dimítrov para plantear el problem a de la tran sició n es la siguiS^
"C..*3Io principal se ba logrado y a : se h a co nquistado a la vanguarda
de la clase obrera, que se ha colocado del lad o deJ poder soviético!,
contra el parlamentarismo, de? lado de la d ic tad u ra del proletariado i :
contra la democracia burguesa. H ay que co n c en tra r ahora todos los er
fueraos y toda la atención en el paso siguiente, que puedo parecer v
«esde cie n o punto de vista en realidad lo es— m enos fundamental, perc
JíUe, por otra parte, está en realidad m ás cerca do la solución práctica 4 i
j* ,a *ea. es decir: buscar las form as de la transición o del acceso a ¡i1
revolución proletaria" (Lenin, Obras, cit., I , xxxur, p. 200), i
in t r o d u c c ió n 69

mcc.Hd¿i Pimflrov se diferencia cfel planteamiento presente on


la orientación de la íc tal como resulta do las tesis del Pleno
arriba recordadas. La necesidad de la transición es de hecho
el eje de todo el informe, pero su reconsideración explícita a
nivel de la dirección política en su conjunto (gobierno), al tiem­
po que destaca Ja organicidad profunda det planteamiento de
pimílrov, propone un nudo temático de fundamental impor­
tancia.

£ 1 esfuerzo por identificar formas y momentos que cubrían


la fase intermedia entre la lucha actual contra el capitalismo
« la creación de la dictadura del proletariado está presente en
ja elaboración comunista internacional y, como resulta eviden­
te, está vinculada en forma estrecha a la concepción de la re­
volución socialista.
ya se ha recordado la ampliación política general dada al
frente único planteando como objetivo la creación del go­
bierno obrero en cuanto que forma específica a través de la
cual realizar este acercamiento. En las tesis del IV Congreso
se da la indicación por la cual "el gobierno obrero (eventual­
mente el gobierno cam pesino) deberá ser empleado en todas
partes como una consigna de propaganda general'V1* y se re­
conoce que la constitución de un gobierno de este tipo es una
necesidad política en los países en que la situación de la bur­
guesía es particularmente poco segura. Se fijaba también una
serie de variantes del gobierno y se establecía respecto a ellas
la orientación de Jos com u n istas;120 los contenidos del progra­
ma consisten de m odo preciso: "en armar al proletariado, en
desarmar a las organizaciones burguesas contrarrevoluciona­
rias, en instaurar el control de la producción, en hacer recaer
sobre los ricos el mayor peso de los impuestos y en destruir
la resistencia de la burguesía contrarrevolucionaria".121 Como
se ve son totalm ente sim ilares los contenidos indicados por
Dimítrov, casi señalando la continuidad de una tradición;
pero la uniformidad es aparente en la medida en que el mar-
no R e s o lu c ió n s o b r e ta t á c t i c a d e l a I n t e r n a c i o n a l C o m u n i s t a ,en L o s
cuatro p r i m e r o s c o n g r e s o s d e l a I n t e r n a c i o n a l C o t m t n i s t a , Segunda parte,
cit., p< 186.
tso "La Internacional comunista debe considerar las siguientes even­
tualidades: 13 un gobierno obrero liberal l ... 1; 21 un gobierno obrero
socialdemócrata (Alemania) ? 33 un gobierno de los campesinos y de los
obreros. Esta eventualidad puede darse en los Balcanes, en Checoslova­
quia. etc.; 41 un gobierno obrero con la participación de los comunistas;
51 un verdadero gobierno obrero proletario que, en su forma más pura,
sólo puede ser encamado por el partido comunista. Los dos primeros
tipos de gobierno obrero no son gobiernos obreros revolucionarios, sino
gobiernos camuflados de coalición entre la burguesía v los líderes obre­
ros contrarrevolucionarios {ibid., p. 183).
Ib id ., p. 189.
fra n co r«: P
co general en que estos objetivos se insertan es n
mente d;£ere*r¡tc y contribuye a calificar también en r"51»
diferente la problemática dcl gobierno. De cualquier ^
el dato importante de Jas tesis dei IV Congreso es la
ta explícita de la problemática de la transición, dirigid^ ***«$.
chazar ia identificación mecánica de gobierno obrero v c ^
pcííno con dictadura dcl proletariado, modificando la' 0r?^*
tacion expresada por Zinóviev cn el informe; "Los otro$ í?*
tipos de gobierno obrero en los que pueden participar los 7*
munistas tampoco son la dictadura del proletariado ni con^
tuyen una forma de transición necesaria hacía la dictad^u
pero pueden ser punto de partida para la conquista de <3
dictadura. La dictadura total del proletariado sólo puede ^
realizada por un gobierno obrero compuesto por comunJ
tasM; lT* finalmente, se reconoce la posibilidad de la consti^
ción de un gobierno obrero a través de combinaciones parl^
mentarías pero se identificaba su fuerza sólo en la relaci^
establecida con las masas.1**
La reflexión sobre la temática de la transición al socialist^
pone en el centro el problema de la relación con las instífuci^
nes existentes y con la democracia burguesa. La resolución de|
congreso de Leipzig de la kpd, recordada por Hajek, es muj
significativa y explícita:
"El gobierno obrero no es ni la dictadura del proletariado
ni la vía parlamentaria paciñca hacia ella. Es «na tentativa
de la clase obrera de realizar la política, obrera en eJ ámbito
y con los instrumentos de Ja democracia burguesa, mientras
que la dictadura proletaria rompe el marco de Ja democracia
y el aparato democrático estatal, para sustituirlos completa,
mente por órganos de clase proletarios [ *.. j En estas luchas
para vencer la resistencia de la burguesía el gobierno obrero
se verá obligado a sobrepasar el marco de la democracia y ^
tomar medidas dictatoriales [ . . . ] El curso de estas luchas
debe llevar a la liquidación de la constitución democrática, a
la dictadura política, si la clase obrera no quiere sucumbir."
Se fijaba en esta resolución un terreno de intervención que
>** Ibid., p, 189. Era una indicación precisa que rechazaba la tesis cíe :
Zinóviev. expresada en cl in fo r m e , sobre d gob/emo obrero como súióní.
mo de !a dictadura de] proletariado, desvaneciendo así toda posibilidad
de plantear el problema de 1a transición (cf. Hajek, op. cit.. p. 50; Carr,
o p, c it., pp. 83 y s s X
i» "Un gobierno obrero surgido de una combinación parlamentaria tam­
bién puede pr'/porcionar la ocasión de revitalízar cl movimiento obrero
re'.TjJucíonano. Pero es evidente que cl surgimiento de un gobierno ver.
laderamente obrero y la existencia de un gobierno que realice una polf-
tica revolucionaria debe conducir a la lucha más encarnizad?! y, eventual-
mente, a la guerra civil contra Ja burguesía } Por lo tanto la consigna
dcl gobierno obrero es susceptible de concentrar y desencadenar luchas
revolucionarias" (R e s o lu c ió n so b r e ta táctica de ta internacional C n m rt
n ís ta , en />>$ c u a tr o p r im e r o s c o n g reso s t cit., p, Í87).
C f. H a je k , op. c i t , p , 52.
.\u a un ano habría de ser un elemento de diferenciación
tíc hm<ia entre derecha e izquierda en el interior dol comu-
p'cmo internacional En ei V Congreso, en efecto, se registró
,1! j cíípia/amiento general hacía la izquierda sobre la base de!
vocaso de ta breve experiencia del gobierno obrero de Sajonia
Vde insurrección armada, con la consecuencia de vaciar de
ideado al gobierno obren» y campesino interpretado como
Anónimo de la dictadura del proletariado. Se marginaba así,
como tema central y decisivo» al problema de la transición;
pero era una solución nada unívoca en cuanto que oscilado-
\#s significativas se realizarán en Ja ic basta el VI Congreso
v el X Pleno en el interior de esta orientación de izquierda 138y
algunas secciones continuarán moviéndose sobre una vía que
^ era la dei "sinónimo”, como en el caso de Italia.
primera nación europea en experimentar las formas nuevas
de dominación de clase expresadas por el fascismo, Italia ofre­
ció al PCI un laboratorio analítico de excepcional importancia
que permitía plantear y afrontar una gama temática de gran
relieve que sólo mucho más tarde, después de la derrota ale­
mana y el VII Congreso, se convertirá en patrimonio del mo­
vimiento comunista en su conjunto: es decir, la relación fas-
cismo-burguesía, la definición de una estrategia antifascista
que sea también anticapitalista, el problema de la transición
y el carácter de la revolución proletaria. Era una elaboración
teóricopojítica que pasaba a través de una diferenciación del
grupo dirigente —en el V Congreso Bordiga tomó partido ne­
tamente por la tesis del sinónimo entre gobierno obrero y
dictadura del proletariado mientras que Togiiatti la criticó ex­
plícitamente—; 12(1 y partiendo de la crisis Matteotti llegaba a la
definición de una estrategia de clase y a una concepción del
gobierno obrero y campesino absolutamente original y mucho
más avanzada que la contemporánea elaboración internacional
comunista, idónea para cubrir todo un período de transición
aun sin atribuirle el valor de una "Fase real del desarrollo
histórico".1*7
*25 I b i d pp, 118 y ss.
"Pero ¿creemos que se trata aquí verdadera y solamente de una
cuestión cíe palabras? fgobíemo obrero como sinónimo de dictadura del
proletariado!. Si creemos esto, entonces tiene razón Rádek cuando nos
reprocha no haber logrado en dos congresos resolver una cuestión de
palabras, mientras que la clase obrera en 1919 y en 1920 comprendía muy
bien la palabra de la dictadura del proletariado. La verdad es que no se
trata de un problema de palabras. So trata de diferentes condiciones his­
tóricas y poíflicas, de diferentes correlaciones de fuerzas entre lu clase
obrera y la clase burguesa, que nos obligan a seguir líneas tácticas dife.
rentcs,,*<P. Togiiatti, Opere, val. í, cit.» pp. 733-734).
m Cf Tesis de Lyon. núm. 44: "EUa fia fórmula 'gobierno obrero y
campesino’] indica Incluso a las masas más atrasadas la necesidad de
.¿nonisla <tel poder para lo solución de los problemas vitales que te
intcrí’vtn v permite conducirías al terreno propio de !a vanguardia pro-
nw N oo Up '
En cl muchas voces recordado y dramático ri k ' i
comisión italiana dcl X Pleno, Grieco defenderá i !
adoptadas desde 1924 en adelante con una m otivé !■<
que recuperaba el papel determinante de la políifC*011 & S'
de las observaciones que habéis hecho demucst^ ^
tenéis confianza en nosotros, que tenéis miedo
tamos errores de oportunismo; en efecto, nuestros0 ^Ue Co^
están habituados a las maniobras políticas, v
un partido que intenta una maniobra política', v o s ^ ^ 0 Ir-
una desviación.” 12S Togliatti, defendiendo la tesis see*°Ste»rJ-
la dirección será conquistada por 3a clase obrera v
tido comunista en el curso del movimiento, juicio*0**e*IV
mente ligado a la definición dada de las tesis de Lyon hSí^V
dirigente del partido,129 rechazaba la necesidad de
abierta la temática de la transición y de refutar el
tismo de ias posiciones rusas: eS^ü%'
"¿Es justo o no plantear estos problemas en las disc
con los compañeros del centro del partido? Si 3a Conr*0^
dice que no es justo, ya no los plantearemos; cada uno d ***
otros pensará estas cosas y ya no hablará de ellas; se
mente que la revolución antifascista será una revoluci/H
letaria. Pero cada uno de nosotros pensará que no es n ^
mente cierto que tendremos su dirección desde el prime!1^
mentó y pensará que podremos conquistarla sólo en el1 ^
de la lucha. Planteo el problema concretamente: nuestro^
tido, ¿debe o no decir que será en la lucha donde se
POqjí
leían a más evolucionada (lucha por la dictadura del proletariado!
este sentido es una fórmula de agitación, pero no corresponde a unaV '
real de desarrollo histórico sino al modo de las soluciones intermJr
evocadas en la tesis precedente... El partido arriesgaría exponerse»
ves desviaciones en su misión de guía de la revolución sí mterpr*?*
que el gobierno obrero y campesino corresponde a una fase real de a;
arrollo de ía lucha por el poder, es decir, si considerase que esta
signa indica la posibilidad de que el problema del estado se resuelva**
interés de la clase obrera en una forma que no sea la de la dictad*'
dcl proletariado" (cf. A. Gramsci, Escritos políticos (1917-l9tt\ ü.!i
p. 259). ’ Q!
Rapioniüri, “Togliatti, Grieco e Di Vitttorio", cit., p. 155.
120 Véase la tesis 36: "El principio de que el partido dirige a la cl
obrera no debe ser interpretado mecánicamente. No hay que creer o*
el partido puede dirigir a la clase obrera mediante una imposición autÜ
ritaria externa; esto no es válido ni para el período preccdeme a
quista del poder ni para el periodo que le sigue... Afirmamos queT
capacidad de dirigir a la clase obrera no está cn relación con el hedí
de que el partido se 'proclame' cl órgano revolucionario de la mjSíl
sino con que 'efectivamente' logre, como una parte de la clase obren
ligarse con todos los sectores de la clase e imprimir a la masa un mov
miento en la dirección deseada y favorecida por las condiciones objetivas
Sólo como consecuencia de su acción entre las masas el partido podrí
obtener que lo reconozcan como ‘su* partido (conquista de la mayoría
y sólo una vez cumplida esta condición puede afirmar que la clase obrt.
xa lo sigue. l~as exigencias de esta acción entre las masas son supeiiom
a tocio patriotismo' de partido" (Gramsci, Escritos, cit., p. 252).
lS, WM>l;CCÍON
*star la hegem onía del proletariado? Sí, y en ton ces debe-
ci>|lc^Ll’ner una política del partido, una estrategia que tienda
|ü°*' lizíir la hegem onía del proletariad o.” ir'°
ÍX nrofvmdidad del viraje im preso en 1929 al com u n ism o
binacional puede m ed irse hacien do referencia al p u n to por
ÍI?t i marginal —y al m en os p or largos años no operativo— ,
cierto ^ im portancia, ofrecid o por Zinóviev en el V Con-
p la n t a n d o la h ip ótesis de que en Italia p u d iese susti-
grtís° fascism o un sistem a de nueva dem ocracia:
íU*V mañana ia dem ocracia burguesa vence realm en te en Ita­
la nueva 'dem ocracia' n o será la m ism a que en 1920. Sa-
Ü?.' e ei llam ado partid o so cia lista era un gran partido de
bclS g La clase obrera se sen tía libre y la dem ocracia burgue-
ITl3!onoCió su m áxim o florecim ien to. Pero los trabajadores ita-
S*a C s no com prendieron en esa ép oca la esen cia de la Memo-
El partido so cia lista estab a llen o de ilu sion es. L os tra-
C1^Cdores políticam ente eran b a sta n te in genuos. C uando este
^ v n e n fue abatido, ¿podía la cla se obrera ser la m ism a que
re£'l ? giia ha com p rend ido las ilu sio n e s ‘d em o crá tica s’. E lla
2 naeado un alto p recio p or su in stru cción . Ahora habrá un
'¡im político m uy diferen te, una ‘d em o cra cia ’ com p letam en-
tJU ueva. La clase obrera ha a teso ra d o exp erien cias p o lític a s
to ta lm e n te nuevas. Creo que d eb em o s ten er e sto m u y pre-

sC!]íC ] hemos con sid erad o a v e c es la situ a ció n en form a de-


asiado sim plista: antes ex istía la d em ocracia, lu ego vin o el
Sscismo y después del fa sc ism o h e allí d irecta m en te la d icta ­
dura del proletariado. P u ed e su ced er, p e r o p u ed e ta m b ién n o
r Si por ejem p lo co n sid era m o s Italia, p u ed e d arse que
Sf régimen m ussoliniano n o sea su s titu id o in m ed ia ta m en te por
]a dictadura del p roletariad o sin o p or u na nueva 'dem ocracia'
míe no puede ser la m ism a q u e en 1920, y que b a jo e sta nueva
'democracia* se prepare la d ictad u ra del p roletariad o [ . . . ] Si
en Italia se desarrolla una era de d em o cra cia la c la se ob rera
entrará en ella en riq uecida y tem p la d a p o r n u evas e x p erien cia s
políticas. El papel d e n u estro p a r tid o será p or lo tan to to ta l­
mente distinto ju sta m en te p orq u e la situ a c ió n es u n a situ a ció n
totalmente d is tin ta /'lñl
El hecho de haber rep lan tead o en un c o n g r e so in tern acion al
veon gran fuerza el p ro b lem a del g o b iern o y de la b ú sq u ed a
de las formas de tran sición h acia el so c ia lism o c o n stitu y e una
elección de gran im p ortan cia y c o n trib u y e a reforzar ulterior-
i3o Ragionieri, “Toglintti, Grieco e Di Vittorio”, cit., p. N9.
i.:i ProiokolL Fihifter Kotigress, cit., p, 459. Ya Hajek (op. cit.. pp. 102*
103) había llamado la atención sobre esta parte de las conclusiones de
Zinóviev. pero permanece totalmente abierta la cuestión del lugar real
que ella asume, tanto en el planteo de la temática de la transición por
parle de Zinóviev como más en general en el conjunto del Y Congreso
de la Internacional.
74 f r a n c o t>t:
m ente cl papel decisivo que asumió el VII Congreso N ,
blem a que se plantea por lo tanto es el de ver en qu¿ r* foy
Dim ítrov desarrolla la temática propuesta y va más allá^idí ‘
elem entos presentes, aun cuando no orgánicamente, en ia lv
ción com unista internacional.
El prim er nudo evidentem ente es el de la definición ri
transición, de su amplitud, de los caracteres esp ecificó I,
asum e e im pone a la iniciativa política del proletariado
elem entos que Dimítrov ofrece para responder a estos p¿QS
mas pueden reducirse esencialmente a dos: la condición b A ;
por la cual es posible una modificación de la dirección poi»^;
de un país y que sea al mismo tiempo expresión y gaf'V
tía de un nuevo peso de los protagonistas sociales de tal
tica es la existencia de una crisis política de la burguesía .
decir "cuando las clases dominantes ya no son capaces de
tener el poderoso empuje del movimiento antifascista de ^
sas”.132 La insistencia con que Dimítrov subraya la necesi^i
de una crisis política de la burguesía como condición pat,
plantear el problema del gobierno no constituye sólo una It
cuperación de las indicaciones leninianas sobre la definici^
de una situación revolucionaria,133 sino que tiene implicación*
más generales, directamente ligadas a la valoración del fas
cism o como realidad política nueva, que implica por cierj.
una relación aún más abiertamente reaccionaria con las mas*
populares pero que expresa una modificación interna en t;
bloque de poder dominante.
Finalmente, subrayar la necesidad de la crisis política conjc
condición para la constitución del gobierno frentista signifj^
recuperar un elem ento ya afirmado con fuerza en otra pa^f
del informe, es decir el papel insustituible de las fuerzas
líticas. En efecto, si la incapacidad de la burguesía de gober.
nar constituye la condición general y principal para plantea,
el problema del gobierno, no obstante tal condición, para cor.
vertirse de elemento potencial —presente en todos los paiW
capitalistas por la contradicción conectada con el carácter <fe
masas de estos estados— en un dato político que actúe coi^
acelerador de la crisis, necesita otras condiciones especificó
que es tarea del movimiento político de masas realizar, es* ;
cir, la parálisis y la desorganización del aparato estatal de i
burguesía, un impetuoso movimiento de masas contra el fe
cismo, un fuerte desplazamiento hacia la izquierda en la soci?)
democracia, de manera tal que una parte consistente de ell
esté dispuesta a luchar por medidas "despiadadas” contra l ^
fascistas y la reacción. La enumeración no es rígida y miwh >
menos es obra de la casualidad, sino que cada uno de los el°'
méritos indicados actúa al mismo tiempo como resu ltado ;'
'3- Cf. en esle volumen, p. 202.
133 Cf. fit “izqiiierdismo", cit., pp. 195 y ss. i
j MTRODUCCIÓN 75

agente difusor del proceso de disgregación y agregación al­


ternativa.
Los elementos de esta especificación son, a juicio de Dimi-
trov, presentes y actuales: la situación mundial y los efectos
je iá crisis económica son tales que abren una fase intensa­
mente dinámica de la lucha de clases, acentúan la inestabili­
dad política burguesa abriendo contradicciones graves en su
interior: corresponderá a la capacidad de iniciativa del movi­
miento obrero saber transformar estos elementos en crisis real.
"El hecho de que con carácter general pongamos hoy en es­
tajo este problema [del gobierno] está en relación evidente-
mente con nuestra apreciación de la situación y de las perspecti­
vas inmediatas del desarrollo, así como también del impulso
efectivo del movimiento de frente único durante este último
período en una serie de países. Durante más de diez años la
situación en los países capitalistas era tal que la Internacional
Comunista no tenia por qué examinar problemas de este gé­
nero."
El desarrollo de los frentes populares en Francia y en Espa­
ña, con la constitución de gobiernos de frente popular, pareció
confirmar, de allí a un año, el fundamento de la valoración rea­
lizada por Dimítrov, pero también el carácter esencialmente
eurocéntrico de la propuesta.
Pero si el análisis y la discusión de este elemento esencial
de definición de la transición no presenta particulares proble­
mas, salvo los ya indicados con relación a la construcción del
proceso y a los modos con que ampliar el consenso de masas
v operar la unificación de los diversos protagonistas sociales
l_se trata en efecto del desarrollo coherente y a todos los
niveles de la línea del frente antifascista—, la cuestión esencial
que corresponde estrechamente a la definición de la transición
es la conectada con la identificación del papel del gobierno
de frente popular.
Las indicaciones que Dimítrov da sobre el gobierno de fren­
te popular —y ellas constituyen el segundo elemento de defini­
ción de la transición— son muy significativas y contribuyen
a confirmar en qué medida la debilidad analítica destacada a
propósito del fascismo desempeña en este lugar esencial un
papel determinante: “Si nuestros partidos saben utilizar en for­
ma bolchevique la posibilidad de crear un gobierno de frente
único, la lucha por su creación lo mismo que el ejercicio del
poder por tal gobierno para la preparación revolucionaria de
i'< Cf. en esíc volumen, p. 202. Poco m ás a je la n te Dimítrov reafirm ará
también este juicio: "A preciando el desarrollo actual de la situación m un­
dial, vemos que una crisis política m adura en tina serie de países. Este
hecho determina la (rran actualidad o im portancia de la firm e resolución
adoptada por nuestro congreso cu la cuestión del gobierno de frente
único” (ibid., p. 206).
76
FRANCO Qjj ^
77
las masas será también la mejor justificación polítjr * ^ 1 .tfHOD,yCCIÓN '
tra orientación hacia la creación de un gobierno de f - cle in,(1 en el centro del problema de ia función del gobierno
co." 135 El gobierno es un instrumento de organizac'^ % tanto el proceso de desarrollo y recomposición de las
l u z - h a de
lucha rlf» clases n<-’rr» n m h ip n p
pero ftambién ese nquien
u i o t i nopera
novn — . ,
un salto c 1161i-*I flo tí j j Cc io n e s que el movimiento del frente único y popular
tivo: consolida las posiciones adquiridas y las amplía Cl,a*>ls í°nlI*obierno Por ^ expresado provoca, como en cambio su
dizando las razones de la crisis política burguesa. *"of v ¿I jjberador de las ilusiones democráticas y pequeño-
En el análisis del problema del gobierno frentista Djr f^ esas aún presentes de modo tal que las masas estén lis-
dedica amplio espacio a la discusión de la consigna pre f°t la insurrección armada. La insistencia leniniana so-
en la ic desde el IV hasta el V Congreso. Se trata ante t o ^ 1 lP P eXperiencia real de las masas como condición del des-
una discusión de los errores de derecha y de izquierda ^ j* cje su conciencia revolucionaria, es decir, de la profun-
tados con la ejecución de dicha consigna y por lo tanto v l ¿¡^restrictivamente ,f ón de las contradicciones sociales y de clase, es entendida
como preparación de masas para otro
para dar elementos tales que impidan su repetición en un'^l ¡líj1*1 ej definitivo: "Ayudar a millones de trabajadores a
mentó en que el problema se replantea; por esto el eje elJM s^í0’[ender lo más rápidamente posible, por su experiencia,
por Dimítrov para discutir estos errores es el de reafirr|- eS preciso hacer y dónde hallar la solución decisiva;
continuamente la estrecha relación existente entre probW *0,?es el partido que merece su confianza; he aquí para qué
del gobierno y existencia de las condiciones concretas, poj|¡?| n e c e s a ria s las consignas transitorias, así como las formas
cas y sociales, que lo hacen posible, es decir crisis política ¿I ^ t r a n s i c i ó n o aproximación a la revolución proletaria.” 138
la burguesía y gran movimiento de masas.130 El dato generJ i esta altura resulta claro qué entiende Dimítrov por tran-
en el que se insiste con fuerza es que la coexistencia de estj ■ n VPor objetivos transitorios: función de dirección y or-
2
dos elementos, ambos necesarios, crea una nueva condición pj s'c,° ',An de las masas cn la lucha por el poder y por lo tanto
la cual la situación creada ya no es a nivel político social e ijJ a agotarse en esta lucha. Y era ésta una concep-
titucional la de antes pero tampoco todavía la situación pj(J juicamente presente en todos aquellos que reafirmaban
pia de la dictadura del proletariado. En la definición de y ción!^tl,nda de un período de transición: Togliatti, que ya se
transición Dimítrov no dice más y no difiere mucho por lo tar,| ¡a^qué.J!medida J. Jí
o í í*íel«V»simplismo
rechazaba aceptar r\ la fórmu-
de
to de aquella dada por la k p d en la resolución del congr^l v'°"revoIución antifascista como revolución proletaria", justi-
de Leipzig antes recordada. La discusión de los errores y ¡¡j *■- ba Jas consignas transitorias como la Asamblea republicana
las experiencias pasadas no va más allá de la asunción de y ¡a base de los comités obreros y campesinos de modo
transición como temática específica. Reafirma con fuerza qjJ al formulado por Dimítrov.130
la tarea esencial de los gobiernos de frente popular es la En"el presente, las necesidades esenciales de las masas, la
e m p r e n d e r iniciativas que tiendan a superar el marco y o •¡«encia de defender la propia autonomía organizativa y el
límites de la democracia burguesa, que los representantes pr& j'iTibamiento de la dominación de clase evidencian una solu-
letarios no se comporten como "mediocres ministros parlarrien. ynje continuidad que corre el riesgo de dispersar todos los
larios" y que la experiencia histórica ofrecida por Sajonia esté I cL entos presentes en la construcción del frente y que mina
siempre presente "como ejemplo clásico de cómo los revoJ . mjSmo tiempo las posibilidades de desarrollo y sobre todo
lucionarios no deben comportarse cuando están en el jeacentuación ofensiva del frente. En efecto, el elem ento esen­
bieroo".137 cia l que se acentúa en el papel de los comunistas es, en esta
Pero es sobre el problema fundamental de qué debe enten
derse por ampliación de Ja crisis de la burguesía donde D¡j fase yano la política sino la propaganda: y esto está estrecha­
mítrov ofrece indicaciones extremadamente generales v ge mente ligado a la definición y a la función del objetivo tran­
néricas, o tendientes a trastocar una concepción que todo su sitorio:
discurso precedente apuntaba en cambio a superar. Efectiva "En la medida en que este gobierno emprenda realmente la
lacha contra los enemigos del pueblo, conceda la libertad de
1 Ibid. acción a la clase obrera y al partido comunista, nosotros, co-
"Siendo éste un movim iento de combate contra el fascismo v 1
reacción, constituirá una fuerza motriz perm anente que empuie al o * ¡bid,, p. 206.
biem o de frente único a la lucha contra la burguesía reaccionaria Cuan “Es la consigna del inicio de la revolución, y no la de su conclu­
to m ás se desarrolle este movimiento m ayor será la fuerza que nned sión, cuando todas las relaciones de clase son d estru id as: en su realiza­
poner a disposición del gobierno para com batir a los rearrinníU^ c i ó n , » la dictadura del proletariado: es la consigna que los obreros
(ibid., p. 204). a c c ió n anos quieren, que explica del modo nías simple cóm o se realiza la d ictad u ra
Ibid., p. 205. del proletariado aun desde el punto de v ista organizativo [ . . . ]" R.i¿io-
nkri,'Togliatti, Grieco e Di Vittorio", cit., p. 150).
'» FRANCO 0 8
monistas, lo sostendremos por todos los medios y COlyi ^
dos de la revolución nos batiremos en la prim era Jín !° ^ok
linca de fuego. Pero nosotros decimos con franqueza a l' Cq |.
sas: Este gobierno no puede proporcionar la salvación ¿ .‘tu
ve. No es capaz de derrum bar el dominio de clase de los^1^
tadores, y por esta causa no puede apartar tampoco defi^Hk
mente el peligro de la contrarrevolución fascista. Por lo t ' v*
hay necesidad de prepararse para la revolución socialjsJ.a\
lamente el poder soviético, y nada más que él, proporcm'
ia salvación.”14" ^
Parece casi que la urgencia por destacar la prioridad t|
política como instrum ento de agregación y dirección U
masas, asumiéndolas tal como son, estuviera ligada a la
cución del objetivo transitorio, que tiene de por sí un efe(!0'
desencadenante que basta orientar con la presencia y la pr 'o
ganda. Es evidentemente un punto importante: pueden id™
tificarse aquí, con claridad, las aporías generales señaladas w
arriba, es decir, el llamado genérico a las masas p o p u w
como un dato nuevo del marco mundial posbélico pero incjjf{
renciado y unificado en su potencial anticapitalismo.
Se señaló antes la relación existente entre el programa ^
frente popular y el del gobierno por él expresado: si se
lizan las indicaciones positivas que Dimítrov indica como eje^
píos de intervención ofensiva sobre la estructura del cap¡ta,
íismo (control sobre la producción y los bancos y disolución
de ia policía) puede aprehenderse de modo evidente un hiato
entre política y economía ¿dentificable en la separación entre e] i
movimiento de masas que debe ser suscitado para realiza ;
un viraje en la dirección política y las propuestas revolucio. j
narias fundamentales" indicadas que reflejan una concepción 1
decimonónica del estado (industria, bancos, fuerzas armadas),
No porque evidentemente los objetivos indicados no fueran
importantes y no debieran ser alcanzados sino porque se tor­
nan realmente revolucionarios en la medida en que extienden
la insubordinación, agregan o ponen en movimiento a estratos
sociales cada vez más amplios. Éste es ei criterio real que de­
cide el carácter revolucionario de una medida, es su gravita­
ción sobre la relación general entre las clases: son las masas
en definitiva quienes ofrecen el terreno de superación de este
hiato, con tal de que sean asumidas en todo el espesor de su
1«° Cf. en este volumen, p. 206. En el documento-artículo del ce puede
rastrearse una valoración análoga: ’T ...] nosotros no disimulamos para
nada el fin principal del frente único. Este fin consiste en facilitar a las
masas sociajdenrwicratas su pasaje al comunismo en vista de la conquista
del poder soviético. Este ha sido siempre y sigue siendo nuestro íin
principal" ( " C o m p i t i e t a t l i c a " , c i t ., p . 4 5 ). En el escrito del c e falta sin
embargo toda referencia a la problemática de la transición que en cam­
bio da un espesor diferente a la orientación expresada por Dimítrov so­
bre el objetivo fina!.
! ntoDua^
fí< .ficación y do sus antagonismos. No es casual que en el
de la iniciativa del gobierno frentista no estén los pro-
(c0*r° j e construcción del frente antifascista antes menciona-
íK'«aS r lo tanto las relaciones entre clase y pueblo. Se com-
d’ iiiejor en este punto por qué, aun presentando el frente
P1 lar todos los elementos de un bloque histórico y sus for-
poPude organización el carácter de estructuras estatales, no es
f 1! el aspecto fundamental puesto en evidencia. El dualismo
¿stlL>der y las formas específicas que asume de hecho en el
wisis y en las propuestas de Dimítrov planteaba el problema
f, ¡a relación con los soviets como único modelo posible de
reanimación política y estatal de clase. Se comprende mejor
n este punto cuánto y cómo pesa el nivel analítico alcanzado
mejor dicho el peso negativo de su debilidad— al contri-
hüir a definir ia amplitud y los contenidos de la iniciativa po­
lítica y de los movimientos de masas a través de los cuales se
opera su agregación alrededor de una hipótesis diferente de re-
organización de la sociedad, o sea a través de los cuales se
opera concretamente la transición. Se comprende también me­
jor ja relación que existe entre la concepción de la revolución
resultante de estas indicaciones de Dimítrov y el tipo de aná­
lisis por él realizado: el carácter transitorio de los objetivos
indicaos y su tarea prioritaria de liberar a las masas de
jas ilusiones democráticas e incrustaciones pequeñoburguesas
preparándolas para la insurrección armada, no abre por cierto
espacios al problema totalmente político del proceso de uni-
: ficación de las masas y por lo tanto de la superación de las
• formas concretas de sujeción al capital a que están some-
. tidas.
En términos más generales, puede decirse que el nudo fun­
damental que Dimítrov plantea de hecho, pero al que no da
respuesta, es el de la relación entre la cuestión del gobierno
yla del estado: es esta relación, en efecto, quien define la tran­
sición, su amplitud, los caracteres que asume, el objetivo a
alcanzar pero también las fuerzas que pone en movimiento, los
términos nuevos más agudos pero también más elevados en
que se replantea la lucha de clases. El antifascismo como ele­
mento calificante del reagrupamiento popular a construir y
la definición del fascismo como forma estatal de tipo nuevo
constituyen los elementos esenciales, en el informe, para plan­
tear el problema, pero para alcanzar una definición y carac­
terización más precisa es determinante volver una vez más al
juicio sobre el fascismo y sobre todo a aquél sobre la democra­
cia: es aquí donde efectivamente está el eslabón central de la
relación gobierno-estado.

En la definición de la transición y consiguientemente del pa-


SO Franco de tr.
}:ik*
peí del gobierno no opera com o elem ento caracterizante
üo que sin embargo es el dato nuevo de la situación y ca^
el cual
^ Dimítrov
i . ------- llama a la movilización;
-------------------------- . es decir, el fasc^1
Clsjjj^
Es la asunción de este referente lo que, como se ha visto p
del frente único algo diferente del pasado, y es él quien
problema del gobierno una fisonomía distinta que iaa ^
1922-1924.
Dimítrov establece una relación explicando el cambio h
nombre, de gobierno obrero y campesino a gobierno de fren?
único, con la exigencia de impedir confusiones con los gobie
nos socialdemócratas “que se atribuyen habitualmente el non!
bre de 'gobierno obrero'. Mientras que el gobierno socialdem¿
crata representa un arma de la colaboración de clases con
burguesía en interés de la conservación del régimen capital;^
ta, el gobierno de frente único es un organismo de colabora,
ción de la vanguardia revolucionaria del proletariado con l0s
demás partidos antifascistas en interés de todo el pueblo tra.
bajador; es un gobierno de lucha contra el fascismo y la reac.
ción. Es evidente que se trata de dos cosas fundamentalmente
distintas ”,141
Se trata sin embargo de un planteamiento qüe
desplaza el problema: el problema en efecto no es el de ]a
relación con un gobierno socialdemócrata sino el otro, mucho
más grueso, de la relación con las consignas lanzadas por la ic
en el IV y V Congreso en una situación completamente dife.
rente. Asumir como elemento discriminante la lucha contra
el fascismo y la reacción significa asumir una orientación <Ji,
ferente y plantear en nuevos términos la relación con la demo*
cracia burguesa y el nexo democracia-fascismo. Tal plantea­
miento implicaba una neta crítica de la orientación presente
en la ic hasta poco antes del VII Congreso, tendiente a con.
síderar al fascismo como un desarrollo de elementos presentes
en la democracia burguesa. "El fascismo —decían las tesis del
XIII Pleno— nacido en el seno de la democracia burguesa es
a los ojos de los capitalistas un salvavidas contra el desmorona*
miento del capitalismo. No es sino para engañar y desarmar
a los obreros que la socialdemocracia niega la fascistización
de la democracia burguesa y contrapone en linca de principio
los países de la democracia a los países de la dictadura fas*
cista." 142
1■*> Cf. en este volumen, pp. 203-204.
Tesis de la X/ l í Sesión plenaria, cit., p. 7. Kuusincn además en su
informe en el XÍJJ Pleno había sitio aún más brutalm ente negativo: *7 a

miento de cualquier tipo de dictadura de Ia burguesía” (Nuestra tm lnhn


principal es la palabra d el ptxtcr d e h s soviets, loe. cit., p. p rí
bien las tesis del X fl Pleno, ap. cit.; Hajek, op. cit., pp. 192 y • ¿ pi!1**
lamzas, op. cit., pp. 58 y ss. ’’ 1°u'
r
^ ’CCIÓN 81
I?1 •fercnciación de Dimítrov de este planteamiento es ex-
I> v reafimiada dos veces.143 Esto no impide, sin embargo,
lícita y, conjUnto del informe este tema tenga un peso mar-
i r n puedan registrarse vacilaciones significativas. Efectiva-
¿1$ y ^orando el fascismo en el marco del proceso revolu-
^ piniítrov subraya su papel al liberar a las masas de
cesiones democráticas y del respeto por la autoridad de las
líis apropiándose así de una orientación presente en las de-
iey^ciones de los plenos precedentes- Resulta evidentemente
jjiático establecer un vínculo entre este juicio y el obje-
jaramente indicado de defender la democracia; es un
lív° ¡0 ulterior del carácter de transición que tiene el VII Con-
íien¿ pesando sobre él la realidad de una tradición, experien-
orientaciones políticas e ideales consolidados y activos
Voco ^ emP° a t r ^ s y *a urgencia de una reconsideración
^nerai a la altura de los fenómenos originales registrados,
f ¿logo era, como se recordará, el juicio dado por Pieck al
nsiderar falsa y aberrante la posición comunista que consi­
deraba que no existían diferencias entre fascismo y democra-
cia burguesa.
gl límite de conjunto de las posiciones expresadas por Di­
mítrov y por Pieck en sus respectivos informes estaba en no
io2rar dar una motivación general del significado nuevo que
/d e m o c ra c ia venía a asumir en el marco del desarrollo del
fascismo como opción fundamental de la burguesía capitalis-
ta. es decir, una motivación que lograse dar a la asunción por
parte de los comunistas de la defensa de la democracia bur­
guesa un planteamiento positivo y autónomo, un espesor polí­
tico e ideal más general que la opción del mal menor; una
motivación que no fuese simplemente defensiva o instrumental
yque registrase aun en la asunción de la defensa de la demo-
cracia una neta diferenciación de la socialdemocracia. La irre-
solubilidad en esta cuestión central está confirmada por e!
artículo del c e varias veces recordado:
us Replicando a una eventual objeción, de parte socialdemócrata, a ¡a
propuesta del frente único Dimítrov responde: “Somos partidarios de la
democracia soviética, de la democracia de los trabajadores, de la demo­
cracia más consecuente del mundo. Pero defenderemos palmo a palmo
en [os países capitalistas las libertades democráticas burguesas, contra
jas que atentan el fascismo y la reacción burguesa, porque esto está ins­
pirado en los intereses de ia lucha de clases del proletariado" (cf. en
[íte volumen, p. 172). Conceptos estos que serán reafirmados más ade­
lante enumerando las tareas que están frente a la clase obrera francesa,
sobre todo cuando se destaca la importancia y la urgencia de un trabajo
antifascista en el ejército para impedir que éste sea utilizado por un gol­
pe de estado "anticonstitucional'’.
i« "Liquidando los restos de la democracia burguesa, erigiendo la
violencia francamente confesada en un sistema del fascismo, ésto des­
truye las ilusiones democráticas y ia autoridad de la legalidad a los ojos
de las masas trabajadoras*’ (ibid.. p. 167),
«¿ FRANCO DE ^
“Concluyendo con nosotros un acuerdo de frente únic ^
miras a la lucha contra el fascismo, los socialistas apum Cüíl
restablecer o a consolidar el régimen de la democracia k1*
guesa, régimen que no es otra cosa que una de las Forma
la dictadura burguesa. En cuanto a nosotros, firmando ta ll^
to, si bien estamos listos para combatir con la mayor ener
por la defensa, el restablecimiento de las más mínimas l j ^
tades obreras, por la defensa de las más mínimas reivin^i^'
ciones económicas de los obreros, nuestro objetivo final es &¡
aniquilar cualquier forma de dominación burguesa e instau^
la dictadura del proletariado/'146 r
Ün desarrollo sustancial en el planteamiento del problern
será realizado por Dimítrov en 3a conclusión del debate sobr?
su informe; contra la resistencia y vacilaciones que afloraron
reafirmará con fuerza la crítica a la indiferencia hacia las f0rt
mas políticas de dominación de clase y ofrecerá motivación^
de carácter histórico yi aun más importante, de carácter teórj.
co a la relación positiva con la democracia burguesa.
Ante todo niega que la situación en Alemania en 1932 fue^
igual a la del periodo de estabilización capitalista:
"El error de los comunistas, en una serie de países y en pa*.
ticular en Alemania, estribaba en que no tenían en cuenta los
cambios que se operaban, sino que continuaban repitiendo con.
signas y se aferraban a posiciones tácticas que habían sid0
justas unos años antes, sobre todo en los momentos en que la
lucha por la dictadura proletaria cobraba un carácter de ac­
tualidad y en que, bajo la bandera de la República de Weimar,
se agrupaba, como ocurrió en 1918-1920, toda la contrarrevolu-
ción alemana."146
Es una aclaración importante que introduce un elemento de
diferenciación entre el gobierno obrero y campesino de 1923
y el del frente único antifascista contra Hitler más sustancial
que el dado en el informe; sin embargo, esta especificación
histórica, que remite sustancialmente la diversidad de orienta­
ción a razones tácticas aunque no en una acepción vulgar, no
logra vincularse con otra motivación de carácter general que
Dimítrov da luego después citando a Lenin:
"Sería radicalmente errado pensar que la lucha por la de­
mocracia puede disuadir al proletariado de la revolución socia­
lista proletaria, o bien hacerla olvidar, oscurecerla, etc. Por el
contrario como el socialismo no puede ser victorioso sin ejer­
cer una plena democracia, así el proletariado no puede prepa­
rarse para la victoria sobre la burguesía sin conducir de todos
los modos una lucha consecuente y revolucionaria por la demo­
cracia,"
un "Compiti e tattica”, cit., p. 48.
340 Protokolt des VII..., cit., p. 733.
n? Jbid., p. 734.
lSrRODUCCIÓN Xó
¡a importancia d e esta remisión leniniana está en el hccho
j > que de ella resulta una caracterización d e la revolución
ociafísta en términos distintos de los presentes en el informe
\e D im ítrov, permite superar los obstáculos a que conducía la
-strecha relación establecida entre fascismo y capitalismo ofre­
ciendo las coordenadas teóricas generales para la elaboración
de una estrategia ofensiva anticapitalista en situaciones no di-
rectamente condicionadas por la presencia fascista. Aun cuan­
do el desarrollo positivo de este nexo será fruto de la elabora-
ción sucesiva del movimiento comunista internacional, no
obstante es indudable, y esto no es por cierto secundario en la
I evaluación de la importancia del VII Congreso, que los elemen-
¡ tos esenciales histórica y materialmente fundados para la re-
i cLiperación de esa indicación marxista-leninista fundamental
están presentes en el informe de Dimítrov.
Ante todo, precisamente el dato histórico nuevo planteado
con fuerza por Dimítrov —el papel determinante de las ma­
sas capaz de condicionar la iniciativa del adversario y de trans-
formar sus formas de dominación— y por tanto la creciente
socialización de la producción a imponer con fuerza creciente
y como condición necesaria de un proceso de trastocamiento
social es la expansión de la democracia como terreno avanzado
¿e lucha, en cuanto que allí se opera la organización de la
contradicción general que justamente ese dato histórico ha
introducido. La escasa operatividad de este elemento presente
¿n Dimítrov se debe a no haber desarrollado hasta el fondo
eI problema de la revolución como un proceso cada vez más
amplio de luchas sociales y políticas, al no haber explicitado
jas implicaciones generales presentes en el juicio estaJiniano
^cordado por Dimítrov sobre el fascismo como expresión de
la debilidad de la burguesía constreñida a abandonar formas
¿e dominio políticas e institucionales tradicionales.
El otro elemento importante del informe capaz de abrir el
camino a un planteamiento diferente de la relación presente-
porvenir, democracia-socialismo, es el tema central de la fun­
ción nacional de la clase obrera y de la relación entre inter­
nacionalismo y original elaboración nacional:
"Camaradas, el internacionalismo proletario debe, pudiéra­
mos decirlo así, aclimatarse en cada país para penetrar pro­
fundamente su raíz en la tierra natal. Las ‘formas nacionales'
de la lucha proletaria de clases y del movimiento obrero en
los diferentes países no contradicen el internacionalismo pro­
letario; al contrario, es justamente a través de estas formas
como pueden defenderse también con éxito los intereses inter­
nacionales del proletariado/*148
El proceso de la revolución mundial no es ni unívoco ni li-
n« Ibid-, P- 209.
1
84 FRANCO DE FeIj
neal pero impone y pasa necesariamente a través de las <. ^
mas nacionales” de la lucha de clases y por lo tanto a tr»S
de las formas específicas de la dominación capitalista
Dicho de otro modo, pasa no a través de la uniformidad de
modelo sino al contrario a través de la exaltación y expan^
de experiencias diferentes y diversas como diferentes y 1*?
versas son las tradiciones de lucha, organización e inspirac¡?'
ideal dentro de las que el partido comunista debe imervet)¡
Si este gran esfuerzo por hallar una unidad de línea en ¡
interior de una realidad diferente de la europea industrial Con
tituye el centro del debate comunista sobre la cuestión C0[q
nial —y una propuesta de solución a este problema se hac¡s
victoriosa en China justamente en el año del VII Congreso^
no obstante el mismo problema se planteaba en el interW
mismo de una realidad económico-social aparentemente hom0.
génea como la europea. En el planteamiento metodológico ge’
neral —que luego es inmediatamente político— ofrecido p0t
Dimítrov la función nacional de la clase obrera es parte inte­
grante de la apropiación de las "formas nacionales” de la lucha
de clases: la función nacional es resultado de esta apropiación
pero ésta no puede suceder realmente si la clase obrera no
adquiere como propio patrimonio todos aquellos elementos
progresivos originales y típicos que hacen de la historia de un
pueblo una historia nacional:
"[•••] la revolución socialista significará la salvación de la
nación y le abrirá el camino hacia un mayor esplendor. P0r
el hecho de que la clase obrera edifica actualmente sus orga.
nizaciones de clase y fortifica sus posiciones, que defiende con­
tra el fascismo los derechos democráticos y la libertad, que
lucha por el derrumbamiento del capitalismo, por este hecho
mismo lucha ya por el porvenir de la nación.” 148
Asumir como parte integrante de la revolución socialista la
cuestión nacional en los dos aspectos recordados significa con­
cretamente plantear las premisas para la identificación de la
expansión radical de la democracia —es decir de específicos
movimientos de masas— como condición de la revolución so­
cialista y por lo tanto superar esa solución de continuidad que
aun en el planteamiento de Dimítrov continúa presente.

■<» Ibid., p. 210.


. helm p ib c k
yiílL f
<-nRME SOBRE LA ACTIVIDAD DEL COMITÉ EJECUTIVO
¡jf la in t e r n a c io n a l COMUNISTA *

Ag OOS vI as de desarrollo so m etid a s a la prueba de la h ist o r ia

^aradas: Siete años de lucha dolorosa y abundante en sa-


Oficios por parte de las masas trabajadoras contra sus opre-
c reS y explotadores separan los VI y VII Congresos mundia-
55 je Ja Internacional Comunista. Siete años, que han deter-
^nado un cambio notable en la relación de fuerzas entre las
jjSes sociales en el mundo entero y que han dotado al prole­
tariado mundial de una experiencia revolucionaria inmensa-
mente rica. __
problema decisivo que se planteó a nuestro VI Congreso
{ra el siguiente: ¿Adonde conduce el desenvolvimiento inter­
nacional? Y este mismo problema se planteaba al congreso de
U II Internacional, que en aquellos momentos celebrábase en
gruselas.
¡*íos hallábamos en el período de la estabilización relativa,
parcial, del capitalismo, período en el cual la industria y el
comercio superaron el nivel anterior a la guerra y conocieron
una fase de prosperidad.
¿Cuál fue la respuesta de los socialdemócratas al problema
<¡e la perspectiva del desarrollo internacional? Partiendo del
pecho de que el capitalismo había conseguido en u n a cierta
pedida restablecer su equilibrio, y de que la producción, la
técnica y el comercio progresaban al mismo tiempo que las
relaciones entre las potencias imperialistas se reglamentaban
por un sistema completo de tratados internacionales, los social-
demócratas formulaban la conclusión de que había terminado
la época de las revoluciones y guerras, fallando la teoría y
práctica de los bolcheviques, y de que, por lo tanto, la Unión
Soviética estaba obligada a capitular ante la burguesía inter­
nacional, si n o quería perecer.
Los socialdemócratas deducían aun otra conclusión: Si era
inminente una época de "capitalismo organizado”, de prospe­
ridad eterna y de evolución pacífica, había fracasado la teoría
marxista de la lucha de clases y del derrumbamiento violento
de la burguesía, imponiéndose en su lugar la teoría de la pe­
netración pacífica en el socialismo, ayudados por el poder
reforzado del estado, colocado sediciosamente por encima de
* Informe pronunciado el 26 de julio de 1935.
[85]
W lUíEu,
las clases, y por la teoría de la paz económica y de C|t
cipación en los gobiernos de coalición. 'a w .
Esta actitud no era exclusivamente de la socialue '
oficial. Su influencia se extendía incluso a nuestras If ?Crac¡
compartían los elementos de la derecha, quienes en la la
nes de la Internacional Comunista defendían la teoríaS ieCc*o.
el desenvolvimiento internacional conducía a una estabir 'toe
del capitalismo, que éste había conseguido reorganizarse230''’''
el progreso técnico permitía un nuevo apogeo del cap¡iar %
Pretendían también que no debía contarse con una rán¡c]lSr,1°.
toria del socialismo en la Unión Soviética, siendo impn.V’c-
prever para un porvenir próximo un nuevo avance de
revolucionaria. °U
En oposición a estas concepciones socialdemócratas y 0n
tunistas de derecha respecto al desarrollo de la Unión Sov
tica, el camarada Stalin —partiendo de la teoría leniniana
que un país aislado puede, con sus fuerzas interiores, edif¡c
Ia sociedad socialista, y de que la victoria del socialismo en f
URSS es de una gran importancia mundial— hacía penetrar3
la Unión Soviética en el camino de la industrialización, en ^
camino de la colectivización de la economía campesina.
Contradiciendo todas las concepciones socialdemócratas v
oportunistas de derecha acerca de la permanencia y solide’2
de la estabilización capitalista, del triunfo del capitalismo y c¡e
la posibilidad de un desenvolvimiento pacífico y sin crisis, el
camarada Stalin señalaba, en diciembre de 1927, la perspectiva
siguiente:
"De la estabilización misma, del hecho de que la producción j
crece, el comercio se desarrolla, la técnica progresa y las posi- :
bilidades de producción aumentan, mientras que el mercado !
mundial, sus límites y las esferas de influencia de los diferen­
tes grupos imperialistas continúan siendo más o menos es­
tables, ha de resultar precisamente la crisis más profunda y
aguda del capitalismo mundial, crisis que provocará nuevas
guerras y amenazará toda clase de estabilización."
El camarada Stalin agregaba:
"Si un hecho como el asesinato de Sacco y Vanzetti ha podi­
do dar origen a manifestaciones de la clase obrera, esto de­
muestra indudablemente que las energías revolucionarias están
acumuladas en el seno de la clase obrera, energías que buscan
y buscarán una ocasión propicia, un acontecimiento, acaso in­
significante en apariencia, para abrirse paso y avanzar al asal­
to de) sistema capitalista.” 1
Basado en este análisis marxista-Ieninista de la situación
mundial, hecho acertadamente por e) camarada Stalin, el
Vi Congreso de la Internacional Comunista, contrariamente a
1 Stalin, "Discurso de clausura <iel XV Congreso del PC ele la URSS'
r
SOBRÉ LA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC 87
isPoR><B de ia socialdemocracia y de los oportunistas de
0 p¡n¡oííeSia orientación de que el nuevo periodo iniciado,
■ V 13' n la evolución posterior a la guerra, era el período
ft¿rcer°H’zación de todas las contradicciones del capitalis-
j 13 agU Ldo de una nueva fermentación revolucionaria y
o.cl ^ntamicnto de la estabilización del capitalismo. Seña-
Jl'qu^uc estábamos en vísperas, no de un desarrollo pa-
de la agudización de la lucha de clases y de la
¿fleo- S1 cacja vez más inminente, de la nueva guerra impe-

]a socialdemocracia com o los oportunistas de derecha


P010 sUfriendo sus teorías un lamentable fracaso.
Í3llarünérspectivas señaladas por el VI Congreso de la ic, tanto
el desenvolvimiento mundial com o sobre la edificación
ociosa jgj SOcialismo en la URSS y el quebrantamiento de
vi^abiüfflci*» capitalista, han sido confirmadas por el curso
13fos acontecimientos.
Pl período transcurrido ha sido el de un cambio en todo el
Arrollo mundial. En la Unión Soviética, un período de pro-
^ impetuoso y de victoria del socialismo; en los países
^oitalistas, un retroceso continuo, una crisis económica pro-
fnda, s'n pi'ecettentes; la búsqueda infructuosa de solución,
un período de profundización de la crisis general del capita-
fjSfllO* ,/
La Unión Soviética se ha convertido económica y política­
mente en una gran potencia socialista, pletórica de fuerzas,
¡erciendo en progresión creciente su influencia sobre el con-
■¿flto del desenvolvimiento mundial. El mundo capitalista, al
contrarío, está debilitado por la crisis y quebrantados sus fun­
damentos por los profundos e irresolubles antagonismos entre
jjS clases y entre los estados, antagonismos que en su des-
brollo ulterior conducen a la maduración de las condiciones
necesarias al hundimiento de las dominaciones de la clase de
los explotadores.
Durante estos siete años no ha cesado de crecer en los países
capitalistas el movimiento revolucionario de los trabajadores.
También los partidos comunistas, que han dado a las masas
consignas justas, orientándolas hacia la lucha, han crecido y
cn muchos países se han convertido en factores importantes
de la vida política.
Ha comenzado el gran viraje histórico de las masas, que pa­
san del reformismo al comunismo, del mantenimiento del capi­
talismo a la lucha por el socialismo.
En mi informe referente a la actividad del Comité Ejecutivo
de la TC pondré e n primer plano dos grandes grupos cié cues-
ljones: los resultados del trabajo de los comunistas entre las
masas V el desenvolvimiento de nuestro trabajo de partido.
P a ra facilitar el examen de conjunto, dividiré el período que
8S WILHELM „
comprende este informe, de acuerdo con el desenvolvim'
de ia lucha de clases y de las formas determinadas del lLlllo
miento revolucionario predominantes en cada moment^l0v>'
tres sectores de !ucha: '
i ] Maduración del nuevo impulso del movimiento revolu •
nario. 2] El movimiento xevolucionario durante los años
agudos de la crisis. „?] Orientación de los obreros soc¡ai¡V^s
hacia el frente único con los comunistas.

I. MADURACIÓN DEL NUEVO IMPULSO DEL MOVIMIENTO


REVOLUCIONARIO

Inmediatamente después del VI Congreso de la íc. los aconte


cimientos confirmaron la justicia de nuestro análisis de las per¡j'
pectivas del movimiento revolucionario. Tuvimos razón al de!
cir que el desarrollo de la revolución en China, la insurrección
de Indonesia, las potentes manifestaciones celebradas en Euro,
pa y América contra la ejecución de Sacco y Vanzetti, la huelga
general en Inglaterra (1926), los acontecimientos de julio de
1917, en Viena, y el aumento observado del movimiento huej.
guista en la mayoría de los países capitalistas desde 1927 eran
índices de un nuevo despertar revolucionario que se iniciaba.
Predijimos el crecimiento posterior de este impulso, al quc
ninguna muralla china separaba de la crisis revolucionaria.
El congreso señaló como tarea a las secciones de la íc organj.
zar y dirigir la lucha ascendente de los trabajadores contra la
ciase explotadora.

Las luchas económicas y políticas del proletariado


Varios meses después del VI Congreso veíase avanzar en todos
los países de Europa una ola de huelgas económicas tal como
no se había visto desde hacía mucho tiempo. En Lodz daba
comienzo una de las huelgas textiles más grandes cn la historia
del movimiento obrero polaco, la cual se transformó en huelga
general del proletariado de Lodz. En el Rur, 200 000 obreros
lucharon durante cinco semanas por obtener un aumento de
salarios. En el norte de Francia, el ramo textil declaró la huel­
ga. En las elecciones parlamentarias celebradas en Alemania,
Polonia y Francia, aumentaba considerablemente el número
de votos otorgados a los partidos de orientación comunista,
lo que señalaba el carácter político progresivo de la animación
iniciada.
No se limitaba esta efervescencia revolucionaria a los países
europeos. Se manifestaba también en la revolución antimperia-
so b re l a a c tiv id a d del ce de LA IC 89

aria en China, en el movimiento nacional revolucio-


üstí y ei movimiento obrero de la India.
W'° (miento demostraba que las amplias masas trabaja-
¿I m Duestas ya de las derrotas sufridas de 1921 a 1923, no
(IDi*5' í? intención de aceptar una agudización nueva de su si-
[i#? Dr0vocada por la racionalización y la crisis general
^ ‘Sialismo.
i sil?» producción capitalista experimentó un considerable
oto, la situación de la clase obrera empeoró sensible-
sU,llte Úna parte de los obreros ocupados percibían salarios
cievados que durante los primeros años de la posguerra;
'"oen compensación a esto, la explotación dimanada de ia
J*r.o’nalización se intensificaba en grado inaudito, siendo elimi-
&CL ¡a dase obrera, en gran parte, del proceso de producción.
1,a, oS socialistas hablaban de "prosperidad"; pero el paro au-
entaba- Hablaban de "democracia económica", y la explota­
do desenfrenada en las fábricas resultaba intolerable. Los
¿ialdemócratas construían frases respecto al "capitalismo
^ganizado", que resuelve sus contradicciones internas; sin
flibarg0' 'os antagonismos de clase agravábanse de día en día
J provocaban la acentuación de la lucha de clases.
• ^ socialdemocracia, en todos los países del mundo, poníase
pálmente a' servlc*o del progreso de la economía capitalista.
Su perspectiva de la evolución de la economía capitalista al
socialismo la deducía del crecimiento y de los éxitos del capi­
ta lism o durante este período. De aquí su teoría de la posibili-
jad de una “eterna prosperidad", de una "evolución sin crisis",
<je un "capitalismo organizado" y de una "democracia econó­
mica", en la que obreros y patronos serían "contratantes con
|0S mismos derechos" en la solución de los problemas econó­
micos. En algunos países, los socialdemócratas calificaron esta
c o n c e p c ió n de "socialismo constructivo”, con lo que preten­
dían que el desarrollo de la economía capitalista conduciría
a| socialismo por el camino de la democracia parlamentaria
y de la coalición gubernamental.
Inspirada por tales concepciones, la socialdemocracia se
aproximaba cada día más al estado burgués, participando en
¡os gobiernos capitalistas en Alemania, Inglaterra y Dinamar­
ca. Incorporábase asimismo a los organismos directores de los
trust y obtenía de la burguesía cargos en los consejos de
administración. La consecuencia natural de esto era que la so­
cialdemocracia se dedicara a limitar la lucha de clases, a pre­
conizar la paz económica, intentando el fracaso de las huelgas
de los obreros. Cuantos problemas afectasen a los intereses
económicos de la clase obrera debían solucionarse por medio
de los tribunales arbitrales del estado.
Como consecuencia de esta orientación de los jefes social­
demócratas y de las posiciones sólidas que la burguesía oeu-
90 WILHHLM
paba con relación a la cíase obrera, era evidente que el c
tariado hallábase a merced de la burguesía y habría per^ ^
cido sin dirección alguna en sus luchas económicas s¡ tlt
comunistas no hubieran opuesto con el mayor vigor la iü^
de clases a la colaboración de clases de la socialdejnocra .?
con la burguesía e intentado organizar una dirección revo^
cionaria de las luchas económicas y políticas.
La necesidad de defender los intereses vitales de las nja.
trabajadoras, de aumentar su capacidad de lucha contra i*
explotación y opresión intensificadas y de reagruparlas
esta ¡ucha determina la IX Sesión Plenaria del c e de ja *
en 1928, ia cual señaló a los comunistas como tarea "destaC
car de una forma más concreta y vigorosa su línea poIít¡c'
particular, diferente fundamentalmente de la de los i ef0ra
mistas, destacándola tanto en las cuestiones políticas general^
(guerra, actitud respecto a la Unión Soviética, problemas ^
China, India, Egipto, etc.) como en las luchas cotidianas de |a
clase obrera (oposición a los tribunales de arbitraje, a la re.
ducción de salarios y prolongación de la jornada de trabajo
contra el apoyo a los capitalistas en los problemas de racioné
li2 ación, contra la paz en la industria, etcétera).
Esta línea política de los comunistas encontró su expresión
en la táctica correspondiente a la consigna de la "clase contra
clase”, la clase de los proletarios contra la clase de la bur.
guesia.
La táctica "clase contra clase’’ iba dirigida contra la coali.
ción de la socialdemocracia con la burguesía. Se proponía des-
unir e) bloque de los jefes socialdemócratas con la burguesía.
No se dirigía contra el frente único de los comunistas con los
socialistas para la lucha contra la burguesía, sino que signi-
ficaba precisamente Jo contrario. Tendía a la creación de una
dirección revolucionaria de las luchas económicas y políticas
del proletariado.
La resolución del ce de la ic de febrero de 1928, respecto a
la táctica de "clase contra clase’’ en Inglaterra, lo dijo muy
claramente: ¡
"En la medida en que capas importantes de la clase obrera
siguen todavía a los jefes reformistas, es absolutamente nece-
sario proponer el frente único, tanto en una escala nacional
como en el cuadro local, a fin de tener una nueva ocasión de
desenmascarar a los jefes del Labour Party y de los sindicatos,
que prefieren la unidad con los capitalistas a la unidad con
los obreros revolucionarios.”
Una delimitación clara entre la política reformista y la comu­
nista, delimitación que es una necesidad absoluta y una de las
bases esenciales de nuestra táctica "clase contra cíase”, no sig­
nifica de ninguna manera que los comunistas, en las eleccio­
nes, no puedan comprometerse, aunque llevando con indepen-
r

4E s o b re l a a c t i v i d a d d e l c e d e LA IC 91

ia política su campaña electoral, por ejemplo en Inglaterra,


A tener a aquellos candidatos del Labour Party que voten
5 *jgS reivindicaciones urgentes de la clase obrera, o pactar
^Francia, en ciertos casos, con los socialistas para impedir
í n - le c c ió n de los candidatos reaccionarios. S i n la realización
** este frente único de los obreros contra los capitalistas, es
í^nosible defender eficazmente los intereses vitales de los
Meros en la lucha contra la burguesía.
° La aplicación de la táctica "clase contra clase” ha consoli­
d o a ,os partidos comunistas y les ha permitido afirmarse
ate la clase obrera como fuerza independiente en la dirección
1. la lucha de clases. En Inglaterra, los comunistas comenza-
on P ° r v e z P r i m e r a a organizar independientemente en todo
país grandes campañas de masas. En Francia se destacaron
(0m° fuerza independiente frente al bloque de izquierdas. En
j]einania, solamente la aplicación decidida de una línea inde­
pendiente permitió al partido comunista atraerse a grupos im­
portantes de las masas que se apartaban de la socialdemocra-
•ia y organizar potentes movimientos huelguistas y manifesta­
ciones y formar un frente sólido de la lucha de clases revo­
lucionaria.
Ahora bien: estos éxitos no deben borrar ante nosotros la
realidad de que en la aplicación de la táctica "clase contra
fláse" se ha cometido un número determinado de faltas secta­
rias. Por justo que fuera que los comunistas en Inglaterra pre­
staran a las elecciones parlamentarias candidaturas indepen­
dientes contra los jefes del Labour Party y de luchar por su
triu n fo , constituía, sin embargo, una falta que el pequeño par­
tido comunista concentrara totalmente su atención en sus
propias candidaturas, sin preocuparse absolutamente por ha­
cer que las candidaturas del partido obrero fueran presentadas
por conferencias obreras de los sindicatos locales y del Labour
party. Por muy justo que fuera para los comunistas de Ale­
mania discriminarse decididamente de la socialdemocracia y
llevar a cabo intransigentemente la lucha contra Zoergiebel y
Jevering, era, no obstante, erróneo por parte de los comunistas
comenzar a aislarse también de los obreros socialdemócratas,
tratándoles de ‘‘pequeños Zoergiebel”. Por justo que haya sido
para los comunistas de Alemania, Francia. Inglaterra y algunos
países más, en las condiciones de los años 1928-1929, no hacer
proposiciones de frente único a los directores de la sociai-
democracia, era, por el contrario, una falta interpretar las de­
cisiones de la Internacional Comunista en el sentido de que
nuestros camaradas no debían tampoco hacer proposiciones
análogas a las organizaciones locales de la socialdemocracia
v de los sindicatos reformistas.
Como consecuencia de esta defectuosa aplicación de nuestra
táctica "clase contra clase”, deformada con frecuencia hasta el
92 WILHeuj p
extremo de decir que excluía sediciosamente al frente ■
nuestras secciones no obtuvieron durante esta fase de
los éxitos que eran de esperar. Solamente cuando com'j
resurgir el movimiento huelguista, cuando la sociaiderno^ *
se opone a este movimiento, movilizando la máquina arií-^'*
del estado para ahogar las huelgas, la táctica revoluc¡0 ^1
de los comunistas conquista la simpatía de las grandes
obreras. Nuestras secciones comenzaron a darse cuenta
importancia que tenía para las luchas de los obreros la 0e k
nización de comités de huelga independientes, elegidos po/f9,
obreros directamente.
Cierto que con motivo de esto los comunistas chocarían c
los jefes sindicales reformistas, que, invocando la discipij°n
sindical y agitando la amenaza de exclusión, pretendían
rar a Jos comunistas de la organización de la lucha huelgu¡sv|'
Pero éstos no debían de ninguna manera renunciar, por respe?-
a tal disciplina sindical, a luchar por la revindicación de lJ!
masas y organizar las luchas. Si no se hubiera violado Ja (j¡s
ciplina sindical, manipulada por los jefes reformistas, y orga^.'
zado las direcciones independientes de la lucha, no se hubiera*
producido la huelga de Lodz, la lucha del Rur y el formidab]e
movimiento huelguista de Checoslovaquia,
Dada la política socialdemócrata de paz económica, si n0
hubiera habido dirección comunista de las luchas huelguistas,
la burguesía habría conseguido en una escala más amplia, en
los años de alta coyuntura económica, llevar a cabo su pjai)
de reducción de salarios, de prolongación de la jornada de tra.
bajo y agravación de las condiciones económicas de trabajo.
Millares y millares de obreros, al ver que nadie dirigía su
lucha, habríanse apartado, decepcionados, de la lucha de clases, j
Fue así como los comunistas, igual que en 1914, salvaron <je
nuevo el honor del movimiento obrero, el honor del socialismo.
Los comunistas, colocándose a la cabeza de una serie de
grandes huelgas y de otras pequeñas en un número más eleva­
do aún, organizando piquetes de huelga y manifestaciones y
conduciendo a la masa desde las batallas económicas a la lu­
cha política, estadio más elevado, demostraron la mayor com­
batividad, realizando ellos mismos los sacrificios más grandes.
Conquistaron así una considerable influencia entre las masas
obreras y en sus organizaciones.

Consecuencias de las faltas sectarias


Sin embargo, también en este moví miento cometieron Jos co­
munistas bastantes errores sectarios. No supieron implantar
orgánicamente su influencia en los organismos reformistas
y entre los obreros no organizados. Al organizar ?a lucha huel-
SOBRE LA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC *3
i « comunistas reforzaron el espíritu de la lucha de
. ista, 10 eI proletariado, aunque la socialdemocracia se pro-
liascs ja paz económica y predicase el "mundismo” y
i'üflC'«*>n'as análogas. No obstante, los comunistas cometían
ftrí,S n t e m e n t e la falta de continuar en huelga cuando la ma-
ptf?1 jos huelguistas había reanudado ya el trabajo. Con lo
d e

yí,rfqiiedaban aislados de las masas obreras con demasiada


‘bacías a Ia consigna de la dirección independiente de las
leas Por ,a minoría revolucionaria, los comunistas han
1> t r i b u i d o a provocar huelgas y a liberar el trabajo sindical
jucionario de las cadenas del aparato sindical reformista.
fe,V
,0 al ejecutar la consigna se desdeña la tarea esencial y
^ioiordial de la minoría revolucionaria: asegurar la adhesión
r ja m ayoría de los obreros de la fábrica a la declaración de
aa y a la formación de un comité de huelga independiente,
legido Por los obreros huelguistas.
Aunque los comunistas tuvieran razón al rebelarse contra la
ctitud aristocrática tradicional de los reformistas respecto a
?s no organizados y al decidirse en pro de su incorporación
las huelgas y de su participación en los comités de huelga,
puchos de ellos, sobre todo en Alemania, han llegado a des­
am ar no sólo la importancia de los obreros organizados y
i3 influencia que los sindicatos reformistas ejercen en ellos,
«¡no también de los no organizados.
pe esta manera acertada, la Internacional Sindical Roja for­
muló la tarea de frustrar la pretensión de la burocracia sindical
reformista de decidir soberanamente l a s luchas económicas,
pretensión que empleaba con el solo fin de impedirlas. Pero
ja decisión de la Conferencia de Estrasburgo, celebrada a
principios de 1929, sobrepasaba este objetivo, proclamando
“que ios comités de huelga y los comités de acción tienen
-orno tarea preparar y dirigir de una manera independiente
¡alucha huelguista, a pesar y contra la voluntad de los sindíca­
los reform istasLo mismo respecto a la consigna dada de que
“las elecciones para comités de lucha en los lok-outs, así como
para Jos comités de huelga y otros organismos de lucha, ha­
brán de ser apartadas como rompehuelgas cuantas personas
^tuvieran ligadas a la socialdemocracia y a la burocracia sin­
dical".
Las experiencias de la lucha han demostrado que los jefes
de ¡os sindicatos reformistas, presionados por el estado de
e sp ír itu de las masas, cada vez más propicio a las huelgas, no
s ie m p r e se opusieron a ellas, y, en consecuencia, la táctica del
frente único era posible y necesaria. Los oportunistas de nues­
tro campo sostenían la opinión de que sería conveniente, en
lo tocante a las hueleas, colocar a los "bonzos” sindicales
reformistas bajo la presión de la masa de los miembros: pero
que en aquellos casos de negativa de los jefes • ^
declarar Ja huelga, era preciso someterse a sus dec’S'ndiCale '
concepción oportunista debía, naturalmente, serIS,°n(:s-£ *
Pero a su vez constituía una falta suponer qUeCortlbat¡^
hecho de ejercer una presión sobre Ja burocracia s'^ silC
formista, con ayuda de la masa, de los miembros e*ndical
nismo, sentido que en Alemania primero y después^ Opon!'
países se ha atribuido a nuestro punto de vista con/ 0 ° S
de la consigna brandieríana "imponed vuestra volunM ^ij
bonzos”. La minoría revolucionaria concentraba su aten ” 5
la dirección independiente de las huelgas; pero perdía d°ne|i
ta la tarea de participar en los movimientos huelguista, > i
gidos por los jefes sindicales reformistas, como un traba ^
contribuiría a que conquistáramos una gran influenciaJ° ^ !
la mayoría de los obreros. S°K |
A pesar de estas faltas sectarias, la influencia de los c0 i
nistas en las masas obreras organizadas se extendió rán5 'g‘
mente. Por ello, los jefes sindicales reformistas en Alemán
Inglaterra, Estados Unidos y en otros países comenzaron'3,
excluir a los comunistas de los sindicatos. 5
Para combatir tales medidas, el partido comunista alejn¿
adopta una táctica de combate absolutamente justa, recome^
dando a sus adheridos que firmaran los compromisos pra
puestos por los jefes sindicales reformistas respecto a la surrji.
sión a la disciplina sindical, con objeto de conservar de esta
manera la posibilidad de permanecer en los sindicatos.
La indignación creciente de los obreros revolucionarios con-
tra las exclusiones y la política reformista escisionista impulsa
a los militantes comunistas, en ocasiones, a formular la con.
signa sediciosamente radical, pero absolutamente sectaria, (je
la cesación de cotizaciones. Los jefes sindicales reformistas se
aprovecharon de esto rápidamente, como es natural, para pro.
ceder más vigorosamente aún a la exclusión de la oposición.
Análoga política escisionista fue realizada por los reformistas
en las organizaciones deportivas y culturales.
Semejante política de los reformistas exigía una consolida­
ción orgánica de la oposición sindical revolucionaria, sobre
todo en Alemania y Polonia. En efecto, en 1928-1929 se obtu­
vieron algunos éxitos. Pero al mismo tiempo se cometió una
falta sectaria transformando la o s r en nuevos sindicatos, ais­
lando de esta manera a la masa principal de los sindicatos
reformistas. Otra falta cometida por nuestras secciones de
otros países fue la de interpretar esta consigna del partido ale­
mán de una manera mecánica, sin tener en cuenta la situación
concreta, diferente en absoluto de su país.
El ejemplo más característico de sectarismo en el movimien­
to sindical lo ha ofrecido Inglaterra, donde ante la violencia
de los ataques de los miembros de la derecha del Consejo Ge-
.inHE JJ\ a c t iv id a d d e l c e d e i a IC ya
)KME SOBKt- W
1 i , las vacilaciones de los jefes sindicales de izquierda,
•ral y *stas emplearon una táctica tan desacertada y sec-
ms cünH'm ei movimiento minoritario fue víctima de una
a¡ía, reaj. Los comunistas, que se orientaban hacia la
{iisS,’¿.saCj(jn independiente de las luchas económicas, como
^ |OS err0res de derecha cometidos anterior-
ia cimentación orgánica insuficiente del movimien-
y - tarj0, se dedicaron a trasladar el centro de gravedad
to ^ '^ ¡vid ad en los grupos sindicales a los individuos, y de
& SU’ dicatos, a los no organizados, oponiendo sus fuerzas
los sl" ¡cantes al conjunto del movimiento sindical. Y estas fal-
jiis>§n' j-avaron aún más cuando los comunistas, consideran-
135 S? m o v im ie n to minoritario como embriones de nuevos
^ Zatos, cesaron de reclutar obreros para los sindicatos,
5 - ín d o les a adherirse al movimiento minoritario.
''’rf be tenerse en cuenta que estas faltas fueron cometidas
iu e stro s camaradas en un país donde los sindicatos refor-
' cuentan con las más antiguas tradiciones. La consecuen-
n'l5de esto no podía ser otra que un aislamiento de los comu-
e¡® ¿el movimiento sindical en general, y, como resultado,
i>lS d isg reg ació n del movimiento minoritario. Sólo merced a
linagran esfuerzo nuestros camaradas ingleses, dándose cuenta
U° sus errores y procediendo a una modificación de su tác-
^ co n sig u en reconquistar su influencia en el movimiento
sindical-
Fue precisamente a causa de desestimar la fuerza de las tra-
-oncs que ligan a las masas con las viejas organizaciones
‘ dicales, por haber trasladado el centro de gravedad de nues­
tra activ id ad al fortalecimiento d e los sindicatos rojos y des­
colló de la oposición sindical revolucionaria por lo que los
comunistas, durante algunos años, desdeñaron el trabajo en
los sindicatos reformistas, a pesar de que e s te trabajo era per-
fectamente posible. Lo cual debía necesariamente tener reper­
cusiones lamentables en la propagación de nuestra influencia
¿ntre las masas sindicalmente organizadas.
A pesar de todo, persiste el hecho de que en el período pre­
cedente a la crisis, cuando las huelgas económicas constituían
la forma del desenvolvimiento de la lucha de clases, fueron
| j0s comunistas los principales promotores y jefes de las lu-
! chas huelguistas en muchos países. Los partidos comunistas
1 jurante este tiempo se reafirmaron políticamente, y al mismo
¡iempo su influencia ideológica sobre las masas se amplió
considerablemente. Pero aún no se habían convertido en una
fuerza capaz de utilizar en su total amplitud en beneficio de la
lucha del proletariado la nueva situación creada con el comien­
zo de la crisis económica mundial.
Así es como llegamos al segundo sector de la lucha durante
el período que analizamos, que comprende el movimiento re-
96 WILH E U íp Jf; '
volucionario durante los años de mayor agudización d ^
crisis. e

II. EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO EN LOS AÑOS MÁS AGUDOS


DE LA CRISIS

En otoño de 1929 comienza en los Estados Unidos la crisi$ •


dustrial, que se combina con la crisis agraria en los paJt|‘ !
agrícolas y con la crisis en las colonias, y que se extiende cCs
rapidez sorprendente a todo el mundo capitalista. 0,1
Esta crisis arroja a las masas trabajadoras a una miser-
inaudita. Millones y millones de obreros y empleados son (j.'9
pedidos de las fábricas, minas y oficinas. Las estadísticas tl«i
Boletín de la Oficina Internacional del Trabajo expresan qü*
el número de los parados, sólo en 34 países industriales h»
pasado de 6538 000, en 1929, a 29 042 000 en 1932. En los Está
dos Unidos, según las estadísticas oficiales, hubo en 1932 12 m¡! ¡
llones de parados, y 17 millones según las estadísticas de]
Instituto Hamilton. En Alemania, de acuerdo con las estadía
ticas oficiales, la cifra de parados asciende, en 1932, a siete
millones.
Los salarios de los obreros ocupados han disminuido en
todos los países. Millones de obreros están obligados a un par0
parcial, y sus salarios disminuyeron proporcionalmente. Los
obreros calificados ven descender su nivel de vida al de
los obreros no calificados, y los obreros ocupados al de los
parados.
En Alemania, según la Oficina Gubernamental de Estadísti.
ca, la suma global de los salarios de obreros, empleados y
funcionarios ha descendido de 44 500 millones de marcos, en
1926, a 26 000 millones en 1932. En los Estados Unidos, de
17 200 millones de dólares, cn 1929, a 6 300 millones en 1932.
No hay obrero ni empleado de ningún país capitalista que
tenga seguridad en el día de mañana. Millones de trabajadores
padecen hambre y frío; se han transformado en mendigos y
desamparados, que pasan las noches en los bancos de los par­
ques, en las plazas o debajo de los puentes. La clase obrera,
creadora de todas las riquezas de la sociedad moderna, yace
en una miseria inaudita, desconocida hasta ahora.
Sin embargo, la miseria y el desamparo de los campesinos
trabajadores no son menores que los de la clase obrera. Para
agotar a las amplias masas campesinas, cl capital monopoliza-
dor, los trust y bancos comprimen los precios de los produc­
tos agrícolas entregados por los campesinos, aunque mante­
niendo los precios de las mercancías industriales. Los bancos
cobran implacablemente los intereses de sus préstamos y de
«OBRE IA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC 97
s,pORJ|lfc
1 - titos hipotecarios. El peso de los impuestos es más m-
s“s C1thle cada día, porque el estado subvenciona a los ban-
trust en quiebra. >
c0¡ í ‘ política de agotamiento del campesino acelera la deca-
de la economía agraria, arruina totalmente a decenas
dallares de explotaciones agrícolas y condena a otros millo-
"de ellas a vegetar lamentablemente. En determinados paí-
íeS reintroducen y consolidan los elementos del feudalismo.
** capas más pobres del campesinado son víctimas del usu­
ro E1 alguacil se ha convertido en "huésped” permanente
' la casa de los campesinos. Regiones agrícolas enteras de
liorna, del nordeste del Japón y de la Ucrania cárpata son
rtsas del hambre. Una parte considerable de colonos ameri­
cios están en la miseria-
C R esulta aún más atroz la situación si se piensa que en todos
loSPalses 'os coraercios y almacenes rebosan de granos, que las
locom otoras son alimentadas con trigo, que se arrojan al mar
<^0s de café, mientras que los campesinos productores de es­
tos géneros vegetan y perecen de hambre.
La pequeña burguesía de las ciudades se encuentra en situa­
ción semejante. Los trust y los grandes capitalistas se apro­
vechan de su depauperización para apoderarse de lo que posee.
Los intelectuales y pequeños burgueses pierden cada día más
las posibilidades de existencia. Millares de maestros, médicos,
a b o g ad o s, y más especialmente los ingenieros y agrónomos,
p e r m a n e c e n s i n colocación: vegetan miserablemente. La capa­
cidad y los conocimientos pierden toda su significación desde
ej ¡comento en que los capitalistas no pueden extraer de ella
a to ín provecho.
Más desesperada todavía es la situación de la población de
jas colonias y países sometidos. Se hallan arruinados a conse­
cuencia del descenso aun mayor de los precios de los produc­
tos de su trabajo, provocado por la presión de los monopolios
imperialistas y por los altos precios de las mercancías indus­
triales. Centenas de millones de campesinos coloniales padecen
hambre; epidemias que ya se creían desaparecidas renacen con
nueva virulencia, diezmando a la población agotada físicamen­
te. Los parados soportan un hambre indecible en China, India,
Indochina y Africa, sin recibir ningún socorro.
La rapacidad de la burguesía imperialista, que no tiene con-
sideración de las masas famélicas, provoca entre los trabaja­

1
dores una ola cada vez más vasta de movimientos contra sus
explotadores y verdueos. Movimientos que amenazan cada día
más la dominación de los imperialistas en las colonias y pue­
blos sometidos.
WlLHEUt pt
Ia burguesía imperialista busca una solución e n i S
y el fascismo a S"e>>s
La burguesía imperialista no puede limitarse a eslnr
agotarlas a las masas trabajadoras de su propio paíJar
posesiones coloniales de las que se han apoderado. La ^ ^
de la lucha de clases, la compresión de los beneficios la8^
bras, el retroceso del comercio exterior, la incitan a’prS
la guerra con el propósito de aumentar sus ganancias Spataf
conquista y el saqueo de los países extranjeros. Esta pjS?1 ^
ción de la guerra se propone al mismo tiempo, y sobre'
la destrucción de la Unión Soviética, foco, base y baw*°-
de la revolución proletaria. Comienza, por lo tanto, la car?^
desenfrenada de los armamentos. 6ra
Japón se apodera de Manchuria para convertirla en base
operaciones en la guerra contra la Unión Soviética. Con el t
de someter China a su influencia, arrasa Chapei, barrio
tario de Shanghai. La guerra estalla entre Paraguay y Boi¡v¡
En Alemania, los elementos más patriotas, más nacionalista*'
y reaccionarios del capital financiero, instauran la dicta<juJ
fascista. Propagan el mito de la "sangre y el honor”, la "teor¡!
de las razas”, que es la teoría del imperialismo alemán, ávido^
guerras. Predican la cruzada contra la Unión Soviética y e[
exterminio del marxismo en el mundo entero.
El imperialismo italiano prepara la anexión de Abisinia, eoa
lo cual crea un nuevo foco guerrero.
Efectivamente, la burguesía está dispuesta a cometer l0s
crímenes más sangrientos, más feroces y espantosos, a fin de
aumentar sus ganancias, o, mejor, para impedir que dismi.
nuyan.
A pesar de todo el impulso revolucionario que progresa, la
simpatía, cada vez mayor, de las masas trabajadoras p<>t
la Unión Soviética, y, por otra parte, la opresión sin preceden­
tes de las masas, los armamentos insensatos para una nueva
guerra y la organización de los fascistas por la burguesía de-
muestran la proximidad de formidables batallas de clase, reve-
lando al mismo tiempo la debilidad de la burguesía.
Los primeros índices de la aproximación de estas luchas
surgieron ya en 1930 y 1931. En España, el potente movimiento
espontáneo de las masas derriba la dictadura fascista en la
primavera de 1931 y destrona al rey Alfonso. La revolución
burguesa democrática española da comienzo.
En China asciende una nueva ola de la revolución agraria y
antimperialista, siendo su expresión la creación de los soviets
y Ja formación de un poderoso ejército rojo. En Indochina las
masas campesinas se sublevan para sacudirse el yugo impe­
rialista.
El sistem a capitalista se ha q u eb ran tad o tam bién en los
SOBRE LA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC 99

jS^ . oenaIista$ más importantes. La XI Sesión Plenana


jjíS V fL IC co m p ro b ó ya, en la primavera de 1931, que cn
n ce . „iaduraban las premisas de la crisis revolucionaria,
Íl¿ií,aí!iainbién aumentaban en Polonia los elementos de esta
a"e ia XII Sesión Plenaria del ce de la íc comprueba en
V¡s's'-o de 1932 que había llegado a su fin la estabilización
í1 temporal del capitalismo y que se entraba en un ciclo
pjfc’ 3 / e guerras y revoluciones.
¥ \ llegar a tal conclusión, la XII Sesión Plenaria basábase
nuevos progresos del impulso revolucionario, en la ma-
£fl 10 ¡¿n de la crisis revolucionaria en Alemania y Polonia, en
devoluciones en China y España, en el desencadenamiento
ja5 ofensiva japonesa contra China. Se fundaba asimismo en
Quiebra profunda del Tratado de Versalles, en la ruptura
Ia. acuerdo de los países vencedores contra Alemania, como
tflbién en la ruptura de la alianza entre Inglaterra, Japón,
i^dos Unidos y Francia para la explotación en común de
rh¡i>a‘ Agregábase a esto la maduración de una nueva guerra
imperialista, simultánea con el progreso de la potencia polí-
jicíTe c o n ó m i c a y militar de la Unión Soviética.

m close obrera busca una solución en la revolución


w internacional Comunista ha demostrado a todos los tra­
bajadores cómo en la Unión Soviética la dictadura del prole*
tariado hizo desaparecer el paro en las ciudades y el pauperis­
mo en el campo; cómo la situación de las masas trabajadoras
mejora día a día; que el socialismo ha triunfado.
La Unión Soviética ha enseñado a las masas trabajadoras el
¿^ico camino para salir de la miseria, del desamparo y de los
sufrimientos inauditos. Es la senda liberadora para escapar
jj fascismo y la guerra.
permitir una mejor comprensión por parte de las masas
trabajadoras del mundo entero del formidable ejemplo dado
por la Unión Soviética, inculcarles profundamente la gran lec­
ción de este ejemplo, impregnarlas de esta verdad hasta la
médula: ésta fue la tarea que la Internacional Comunista se-
galó a sus secciones.
Significaba este ejemplo que los trabajadores debían romper
con cuantas teorías de charlatanería burguesa y socialdemócra-
ta pretendieran hacerles creer que, puesto que las crisis son
inherentes al capitalismo, la clase obrera debe soportar humilde­
mente todo su peso; que, al ser las guerras inherentes al capita­
lismo, es imposible impedirlas; que, ya que el desarrollo del
capitalismo podrido conduce al fascismo, éste resulta inevitable.
La tarea táctica inmediata durante la crisis consistía en or­
ganizar la lucha a fin de impedir que su peso recayera sobre
w w x lh e lm Pl
las espaldas de las masas hambrientas. El punto estrié
esencial de esta lucha residía en Alemania. é8ic0
Ahora bien, la clase obrera se comprometía en esta i
hallándose interiormente dividida. La socialdemocracia el ^
tido obrero más antiguo e importante, se hallaba en toe)Par'
país corroída por la roña reformista, y en las condicione e|
la crisis estaba colocada en el terreno de la colaboración deS
se con la burguesía. Solamente el partido comunista, relat^'
mente joven, cuya influencia en muchos países era insuf¡c-Va'
te, se colocaba en el terreno de la lucha de clases intransige^0'

Colaboración de clase con la burguesía o lucha de clases


Era el problema que rompía las filas del proletariado y .
litaba sus fuerzas. u
Los comunistas marchaban a la cabeza en numerosas acc¡0
nes pequeñas y grandes de los obreros y campesinos, invité,i
doles a la lucha. La socialdemocracia, al contrario, declaraba
que ia lucha contra los despidos y la reducción de salarios en
tiempo de crisis carecía de sentido.

Luchas de los parados


Los comunistas consiguieron, pese a la socialdemocracia, ele-
var en un cierto número de países a un nivel más elevado el
movimiento de los parados, la parte más desheredada de ]as
masas trabajadoras. En los países donde los obreros están ase­
gurados contra el paro por el estado: en Alemania, Inglaterra,
Polonia, Checoslovaquia, Austria, los comunistas se colocaban
a la cabeza en la lucha contra el aumento del sistema de se­
guros, contra la reducción de la tarifa de socorros y la dismi­
nución del tiempo que debían percibirlo, y contra la sustitu-
ción del socorro al paro por el socorro a la crisis. En los
Estados Unidos, donde no existe ningún sistema gubernamen­
tal de seguro contra el paro, los comunistas emprendieron una
campaña por su creación; elaboraron un proyecto de seguro
de paro, apoyándolo con manifestaciones, mítines y congresos,
consiguiendo conquistar el apoyo de los sindicatos y de los
intelectuales avanzados.
En todos los países los comunistas estuvieron a la cabeza
en la lucha contra los desahucios de los parados que no podían
pagar el alquiler, por el socorro suplementario de los munici­
pios, en dinero o especie: patatas, carbón, etcétera.
Esta lucha ha sido extraordinariamente difícil. Sólo merced
a la creación de una red de organizaciones de parados y rea­
lizando grandes manifestaciones, en las que abundaron los
BKE LA ACTIVIDAD DHL CE DE LA IC 1U1
, ^ lC S con la policía, se logra arrancar al estado
[ e¡ viole»1 órganos concesiones favorables a los parados.
Y 3 tsU[eS acciones fue posible en numerosos países ali-
pff^cias 3 ¡ón de una parte de los parados y oponer resisten-
D.hs»tu, -igravación de la legislación social, sin conseguir,
clio impedirla.
¿é lo encarnizado de tales luchas, llevadas a cabo
más avanzada de los parados, no se logró inten-
í 18 más, convirtiéndolas en lucha de las amplias masas
I^c¿rl3s ^ s; 's¡ incluso el movimiento de los parados se de-
ffütpj 19 3 2 en la mayoría de los países, la causa reside, a
[¡litó 611estro, en los siguientes hechos:
míc¡°' , sabotaje criminal y la lucha directa de los jefes de la
iieniocracia contra las reivindicaciones y el movimiento
p a ra d o s impidieron obtener una mejora sensible en la
íí ioS.xn de las amplias masas de parados, lo que originó en­
sillos la decepción y la pasividad.
(T'-’.Í'tji socialdemocracia impidió que el movimiento de los
dos fuera apoyado por movimientos de huelga de los obre-
Para ue trabajaban, los cuales permanecieron pasivos ante la
,ria> la angustia y el hambre que padecían los parados.
Nosotros no conseguimos incorporar a la lucha activa más
e una Parte Poco considerable, del 10 al 20°/o, de los para-
f i mienlras clue 1T>ayor parte permanecía pasiva.
fío se pusieron a prueba todas las formas y métodos de
ucha susceptibles de agitar más a la opinión pública y que
hiib¡ei‘an conquistado la simpatía de todo el pueblo para la
iucha de los parados. No era posible triunfar exclusivamente
por medio de manifestaciones políticas, que no tenían muchas
^ces un objetivo concreto. Todos recordamos la gran impre­
sión producida en todo el mundo por las marchas de hambre
énInglaterra y Estados Unidos. Pero la impresión en la opinión
pública hubiera sido mayor si verdaderamente la totalidad de
¡os parados hambrientos hubieran salido a la calle con muje­
res y niños, exigiendo simplemente pan y socorro.
5 ] Los comunistas tampoco supieron popularizar aquellas
consignas que por su contenido concreto hubieran movilizado
3 los parados para la lucha contra el capital, ligando a esta
lucha a las masas de obreros que trabajaban.
Se trata de reivindicaciones como, por ejemplo, la de confis­
car los depósitos en beneficio de los parados, gravar especial­
mente con impuestos a los capitalistas, exigir cuentas a las
fábricas que cierran o despiden a su personal. Cierto que los
comunistas fundaron tales reivindicaciones en diferentes paí­
ses; pero con frecuencia no lo hicieron en momento oportuno
ni su popularización fue de tan amplias proporciones como
era necesario, y, sobre todo, no se luchó por ellas lo suficiente.
6] No se encontraron tampoco todos los medios posibles
102 u\ ACTIVIDAD DHL CE DE I-A IC 10 3
w h -h e u ,
para que el estado y los organismos públicos socorrier
parados. Quiero citar, a propósito de esto, un ejempi^ a lo, jrfffaS ^ l a reducción y a los despidos. Los comunistas parti-
Unión Soviética. Cuando en 1921 el hambre asolaba |a° |5 3 1 limar eminente en la organización de estas luchas.
Soviética, las masas populares obligaron al clero de Ja • c‘ n asi a la clase obrera que es posible incluso en
cristiana más reaccionaria a ceder, con objeto de s o c o la ínl0StIj e crisis rechazar la ofensiva del capital, lo cual con*
los hambrientos, el oro y la plata que tenían atesorado. ^ mismo tiempo a aumentar la combatividad de los
manera hubieran debido exigir las masas populareis qúe j ^ aumentó el prestigio de los comunistas como orga-
i)^ores de lucha.
Austria, Polonia y otros países abriesen sus tesoros a los rK jf . Inglaterra' - desde e* comienzo de la crisis, la elase obrera
dos famélicos. " ’§ ^ una resistencia considerable a 1a ofensiva del capitalismo.
Es indudable que la posición fatalista de la socialdemocr . i ^ ]930, 307 000 obreros se declararon en huelga; en 1931,
sosteniendo que nada es posible hacer contra la fuerza ele*!?* J *Ün0ffO; en 1932, 379 000. La cuarta parte del número de huel-
tal de la crisis ha influido en todo el proletariado. Hubo eín 1 - aproximadamente, terminó ventajosamente para los obre-
comités de parados mucho de agitación simplista y pma v I v un 34% por medio ele un compromiso. También aquí
casa iniciativa para la organización de la lucha real. Los co¿*' I ^mostró que se pueden declarar huelgas y triunfar en tiem-
nistas, que supieron organizar a millares y decenas de milijJ1' I ^ de crisis.
de parados, no han adquirido aún la aptitud necesaria pafs ,1 ^cjn embargo, en otros países, en los cuales la crisis era
ganar millones de ellos al movimiento. a Ift ^jcalarmente profunda, como en Alemania y Estados Uni-
Ésta ha sido la razón por la cual en Alemania una parte d [i ¡ms, Ia c*?se °^rera' en primeros años de la crisis, no opuso
los parados cayó en la trampa de los fascistas, cuando ésto! [1 asistencia seria por medio de la huelga a la reducción de sa-
abrieron sus cenas populares para los parados, dejándose sen, míos- en . movimiento huelguista comienza a sur­
cir por su propaganda de la ' “comunidad
" ............. * * ■• aparté
del pueblo", _ u- f en Estados Unidos con 774 763 huelguistas. En Alemania,
dose de esta manera de la lucha revolucionaria. La activida(¡ wsta el otoño de 1932, no estalla el movimiento huelguista,
del movimiento se debilitó también en otros países. -■*- de un período de calma general, con la formidable
I huelga deJos obreros del transporte en Berlín, que adquiere
.¡a gran importancia política. Incluso esta huelga fue estran­
Las huelgas gulada por la socialdemocracia.
5 Se confirma, como los comunistas pronosticaron desde el
Paso a ocuparme del movimiento huelguista durante la crisis principio de la crisis, que la política y la estrategia de la social-
Si los comunistas no consiguieron durante los primeros años ^nocracia entrañaba la parálisis de las fuerzas combativas
de la crisis, de 1930 a 1932, impulsar a las huelgas a los obre, ¡¡él proletariado, y, por tanto, un acrecentamiento enorme de
ros de las fábricas; si permanecieron sordos a sus invitaciones, jumiseria. Y ello fue a causa de no haber respondido los obré­
fue a causa del sabotaje de cada movimiento^ huelguista por’ is a los llamamientos de los comunistas para que lucharan
Jos jefes sindicales reformistas y de la concepción socialdemó. c0ntra la reducción de salarios y los despidos y por la conser­
crata de que en tiempo de crisis no pueden declararse huef. vación y el aumento del socorro al paro, permitiendo de esta
gas. Además, la exclusión en masa de los comunistas de los manera a los capitalistas agudizar aún más la situación de los
sindicatos había debilitado considerablemente su influencia ¡abajadores, mejorando la suya a expensas de éstos.
entre los obreros sindicalizados de las fábricas. Apesar de esta política de la socialdemocracia, encaminada
A fines de 1932, los obreros comienzan con más frecuencia 3 impedir las grandes luchas, grupos avanzados d e trabajado­
y espontaneidad a Juchar en bastantes países. Este creciente res emprendieron incesantemente la lucha contra el capital,
deseo de Jas masas por la huelga obliga a los jefes sindicales enseñando así el camino verdadero a millones y millones de
a resignarse e incluso ponerse a la cabeza. ¡rebajadores.
En Polonia, sólo 50000 obreros hicieron una huelga contra Basta r e c o rd a r la s g ra n d e s m a n ife s ta c io n e s d e l 6 d e m a rz o
la reducción de salarios, despidos de obreros y cierrede fábri­ áe 1930 en lo s E sta d o s^ U n id o s, e n la s q u e p a r tic ip a r o n c e rc a d e
cas en 1930; cn 193 f. son ya 106 985; en 1932, 313 934, y en un millón d e p a r a d o s ; las c e le b ra d a s e n A lem an ia en 1930 y
1933, 458 399. En algunos casos los huelguistas ocuparon las la im p re s io n a n te m a n ife sta c ió n d e p a r a d o s e n B u d a p e st
fábricas, haciéndose fuertes en ellas, para impedir su cierre v .i'dL 1 d e s e p tie m b re d e 1930; la h u e lg a d e co lo n o s cn los
el despido de obreros. Esta tenacidad extraordinaria de los Estados U n id o s e n 1932; ia im p o r ta n te m a rc h a d e lo s v etera-
1LW W ILH E L M 11I;
nos de guerra hacia Washington en 1932; la rcvolució, ^
ñola deí J4 de abril de 1931; Ja huelga de la marina dc\e*Pa
inglt\s;i el 14 de septiembre de 1931, en Invergordon; el
de !a marina de guerra en Chile en septiembre de*
alzamientos de los campesinos en la Ucrania occident ¡ ,(Js
1932; la sublevación del barco de guerra holandés "De y ^
Provincen”, en febrero de 1932. ^

Lagunas en la organización de las luchas obreras

Ahora bien, ¿Por qué estos impetuosos movimientos poIít¡„


de los trabajadores no arrojaron más que algunos respiaril,Qs
res intensos y no resultados serios para ia lucha libertadora^
¿Por qué no se han convertido en lucha política de masas cqJ
tra el estado burgués?
Cuatro debilidades esenciales constituyen las causas:
1] Estos movimientos eran espontáneos en la mayoría de]0s
casos, sin preparación seria, sin reagmpamiento orgánico
tedas las fuerzas, sin objetivo concreto. Sólo una peque^
parte de ellos se desarrollaron respondiendo al Jlamamient0
del partido comunista.
2'J Si bien el partido comunista se esforzó por dar a cst0s
movimientos consignas concretas, por ampliarlos y elevar C|
nivel de la conciencia política de las masas, la socialdeniocra.
cia, por su parte, y los sindicatos reformistas, se opusieron
a ellos con todas sus fuerzas. Los partidos comunistas no eran
suficientemente fuertes e influyentes como para organizar a
las masas que emprendían espontáneamente la lucha política
y darles una dirección sólida.
3] En estos movimientos participaban comunistas, social-
demócratas y obreros sin organizar. Emprendiendo la lucha
espontáneamente, no podían guardar su cohesión y avanzar en
el combate más que creando un frente único entre las orga-
nizaciones comunistas y socialdemócratas. Pero a esto se
oponía la socialdemocracia, imposibilitando la formación del
frente único. Hubiérase necesitado asimismo construir orga­
nismos permanentes, elegidos por las masas, compuestos de
comunistas y socialdemócratas y sin partido para dirigir la
lucha, organismos con suficiente autoridad para incorporar a
la lucha a masas cada día más amplias y al mismo tiempo
asegurar a todo el movimiento una dirección revolucionaria.
Ahora bien, tales organismos no fueron creados.
4] La idea de esta elase de organismos ha surgido, desde
luego, en el movimiento de parados. Pero aquellos comités que
fueron creados en unas u otras ciudades y barrios por los co­
munistas carecían de base amplia y no gozaban de autoridad
suficiente entre las masas para ejecutar esta tarea. No fueron
SOBRE i a a c t i v i d a d d p x c e d e l a íC 10 5
i'1**' . sit¡0 un centro político, aunque fuera poco consi-
n'ngU"n centro de atracción de la simpatía de todos los
^ ¿ o i e s ; n 0 Pasaron a ser al 8 ° corrum a totla Ja clase.
liun¡stas no pretendieron ni una sola vez hacer corn­
os jj0!. a jos trabajadores el sentido e importancia de tales
-sinos. Lo que tuvo por resultado que Ja burguesía y
jfFnl¡al(]emocrac¡a pudieran presentarlos como organizacio-
|j 5¡í.reSponsables”, circunstanciales, o com o instrumentos del
ncS '|o comunista, debilitando de esta manera su influencia
^ ; , 0S obreros no comunistas.
partidos comunistas, en las condiciones creadas por la
í/s asumieron una enorme y difícil tarea en la dirección
masas. Debían contar con m illones de trabajadores e
& ‘(‘ar llevar al frente de lucha a todas sus capas. Tarea tanto
i*1!, difícil de realizar cuanto que los partidos comunistas eran
,1!li|a mayoría de los países, antes de la crisis, organizaciones
^¿■ricamente débiles, cuya influencia se extendía solamente
0 ia capa relativamente reducida de obreros.
1 cambio brusco de la situación, así como el aumento ex-
^•tlinario del malestar de las masas, los progresos del peli-
L fascista y la amenaza de la guerra exigían de los comu­
nistas un control constante de la situación, del papel de los
ijfercntes partidos, grupos o personas, la formulación oportu-
consignas que respondieran a la situación modificada,
gsta complejidad de la situación exigía un formidable trabajo
organización. En la ejecución de estas tareas ofrecen los
cjniuuistas más de un ejemplo admirable de trabajo excelen­
te Pero el desenvolvimiento político precipitado y complicado
¡,¡icía Que sus consignas llegaran en ocasiones con demasiado
atraso, no apreciando siempre de una manera acertada la
¡elación de fuerzas entre las clases y manteniendo consignas
,•métodos de lucha que, justos hasta algún tiempo antes, eran
ja inadecuados ante la situación cambiada. Si bien los par­
tidos comunistas asimilaron perfectamente las comprobacio-
„es importantes del VI Congreso respecto a que un nuevo
¡mpulso revolucionario estaba gestándose, no supieron en
ocasiones darse cuenta de que ese impulso no estaba separado
de la crisis revolucionaria por una muralla china. Muchas ve­
ces llegaron a formarse una idea excesivamente simplista del
modo como se produciría el rompimiento de las masas obreras
con sus viejos jefes reformistas, al incorporarse a la lucha
revolucionaria.

Siempre r o n la s m a s a s y a la ca b e za d e ellas

En b a s ta n te s o c a s io n e s lo s c o m u n is ta s d e s e s tim a r o n la m a d u ­
rez p o lític a d e la s m a s a s , s u p o n ie n d o q u e n o e r a n e c e s a r io u n
106 "“«a* „
trabajo difícil y tenaz para impregnarlas de espírit,, , %
y hacerlas comprender la necesidad de ésta. Creyeron V
taba con popularizar el poder soviético y explicar a l
el programa que ejecutarían los comunistas despu^HT
conquista del poder para incitar a los obreros a que S ^ ]
guido les siguieran. Semejantes concepciones errónea*0*0 5«¡
varón que algunos partidos comunistas se convirtieran^
raímente en simples organismos de propaganda de
programa de lucha, en lugar de ligar a la propaganda de'**1'0
programa la tarea de form ular oportunamente consigna ***«
movilizaran a las masas en una etapa determinada de
Estas falsas concepciones de muchos comunistas se
festaron principalmente en la cuestión sindical y en el
envolvimiento de la lucha económica. Los comunistas excp
dos de los sindicatos reformistas adoptaron una actitud J"'
til hacia éstos, suponiendo que cuanto más intensamente
combatieran por su pasividad, su sabotaje de las huelgas, ^
reformismo, más rápida y espontáneamente romperían las
sas con ellos para pasar a las pequeñas organizaciones sindi^,
les de cuadro de los comunistas.
Los comunistas olvidaron lo que el camarada Stalin dijo
9 de mayo de 1925, en la reunión de militantes de Moscú.
“Si los partidos comunistas quieren convertirse en una ver-
dadera fuerza de masas, capaz de impulsar a la revolución
es necesario que se liguen a los sindicatos y se apoyen en
ellos."
El camarada Stalin señalaba que algunos comunistas "dq
comprendían que los simples obreros miembros de los sindi.
catos, sean éstos buenos o malos, ven en ellos las fortalezas
que les ayudan a defender su salario, su jomada de trabajo,
etcétera".
Fue precisamente durante la crisis, al abatir una gran mise-
ría a las masas trabajadoras, cuando el obrero común sintió
de manera particularmente intensa que su sindicato, por malo
que pudiera ser, no por eso era menos capaz de defender sus
derechos y asegurarle una ayuda material, aunque fuera mí. i
nima, y que tal sindicato constituía una cierta fuerza, por
cuya razón no quería romper con él.
En algunos países los comunistas cometieron la falta de no
contar con este estado de espíritu de las masas, de no trabajar
en los sindicatos, y también la de no saber cambiar oportuna­
mente su actitud respecto a ellos; de no saber pasar oportuna­
mente del frente único sólo por abajo al frente único con las
orgnizadones. En Alemania, en el momento de la ofensiva del
fascismo, algunos comunistas hablaron incluso de la necesidad
de "destruir" los sindicatos reformistas, contribuyendo de esta
manera a aislar a los comunistas de Jos obreros organizados
En los Estados Unidos Jos comunistas declararon durante
SOBRE la ACTIVIDAD DHL CE DE LA IC 107
0 que la Federación Americana del Trabajo era
uCho tie^ación puramente capitalista, una organización de
ta °rg m-íc viendo solamente a su líder Green y no a los
iiptítiue
Sesión plenaria del ce de la re, en otoño de 1932, con-
^ c o n c e p c i ó n muy extendida de que "los sindicatos eran
¿{p<5*a eja ¿el capitalismo". No fue hasta el otoño de 1932 que
ii^rdo comunista alemán dio a los comunistas la consigna
c!F3?'der las organizaciones obreras y sus bienes, lo que sus-
¿e^ .arjdes simpatías hada los comunistas de los adheridos
Sindicatos, cooperativas y partido socialdemócrata. C o n
traso aún, y en Alemania, incluso después de la toma
11$J o d e r por Hitler, los comunistas lanzaron claramente la
¡je* de "defensa de los sindicatos libres", y después la
^¡Establecimiento de los sindicatos libres”. Fue necesario
de traJiscurriera mucho tiempo para que los comunistas de
í* países comprendieran la gran importancia del trabajo
< oS sindicatos.
^Una ^ ta *an Srande, como la de desestimar el peligro fas-
ta ce is tió en ver el fascismo en todas partes, incluso allí
c o n s..........
(lS •-? aún 1
no existía. Falta que
-
provenía
- ,
de que ciertos escri-
-s comunistas interpretaron mecánicamente lo que señalaba
Vi Congreso de la ic o sea que la burguesía propende a
¡izar cada día más acentuadamente los métodos de domi­
'«ióOníln If<a s c is t a .
¡ jacriA
n
gn Alemania, los comunistas pensaron durante mucho tiem-
.que el gobierno Hermann Muller realizaba la fascistización;
Ze el gobierno Bruning era ya un gobierno de dictadura fas-
Lta. P°r otra Parte< desestimaron el movimiento hitleriano,
¡oponiendo que en un país como Alemania, donde la clase
.¡jrera estaba organizada en un grado muy superior, sería im­
posible para los hitlerianos conquistar el poder y que las ma-
jjs pequeñoburguesas que afluían espontáneamente a los
hitlerianos ^es volvería rápidamente las espaldas.
£n Austria, el gobierno Schober era calificado aún en 1929
£ gobierno fascista. En Checoslovaquia, el grupo Masaryk-
genes fue tratado por los comunistas de grupo fascista. Exis­
ta aün bastantes ejemplos de concepciones tan erróneas como
éstas.
Estos conceptos equivocados respecto a la naturaleza del
fascism o, esta ausencia de un análisis serio del fascismo ita­
liano y polaco impidieron que los comunistas fueran capaces
delanzar a tiempo consignas para defender contra el fascismo
que había pasado al ataque lo que quedaba todavía de demo­
cracia burguesa y de explotar los antagonismos en el seno de
la burguesía. . . . , .,
En Alemania, sólo después de la elección a la presidencia
de la Dieta prusiana, en 1932, declararon los comunistas que
WilHEu*
votarían por los candidatos de la socialdemocracia h
para impedir la elección de los fascistas. del cen(
Incluso en Polonia, donde después de 1926 los ^
se dedicaron más intensamente que en otros
del fascismo, y que presentaron ante las masas la co ?stu*
lucha contra la destrucción de los restos de Jas
democráticas burguesas, no fueron capaces, cuando s
bloque centrista de las izquierdas, de explotar las diverCreó «1
entre el campo gubernamental y el campo de la oposicí^110^
guesa democrática. 011
Estas faltas tenían su origen en la idea absolutamente
de que todos los partidos burgueses son fascistas, de q ^
hay dos métodos de dominación burguesa, de que no *>o
pete a los comunistas la defensa de los restos de la democr°^‘
burguesa. Mientras no podamos remplazar la democracia
guesa con la democracia proletaria, con la dictadura del pr
tañado, el proletariado tiene interés por cualquier fragme¡
de democracia burguesa, y debe utilizarlo para preparar a /<0
masas para el derrumbamiento del capital y la conquista
la democracia proletaria. s
Esas concepciones sectarias, que no tienen nada de com¿n
ni con las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Stalin, ni c0„
las decisiones del VI Congreso de la IC , han frenado el progre,
so de la influencia de los partidos comunistas, impidiendo
absolutamente conquistar a los obreros socialdemócratas para
la lucha común.
Sin extirpar estas concepciones sectarias es imposible for,
mar el frente único con los obreros socialdemócratas, ni crear
el amplio frente popular con las masas trabajadoras, que per.
manecen aún alejadas de los comunistas y que, sin embargo,
pueden luchar conjuntamente con nosotros contra el fascismo
y la guerra, contra la ofensiva del capital, por sus reivindica-
ciones parciales y por la defensa de los restos de la democracia
burguesa.

La lucha por la conquista de los aliados del proletariado


E n e sta etap a de la lu ch a el c a rácter re tró g ra d o de nu estra
acción p o r la conquista de los aliados del p ro le ta ria d o entre
los cam pesinos y la p eq u eñ a b urguesía de las ciu d ad es se ha
d ejad o se n tir con u n a fu erza ex trao rd in aria. H em os rechazado
la desestim ación de principio y el desprecio co rp o rativ o d e los
viejos p artid o s socialdem ócratas p o r las m asas pequeñoburgue-
sas, q u e afirm ab a que el p ro letariad o no podría confiarse
ja m á s en las m asas pequeñoburguesas. Sin em bargo, cn la
m ayoría de los países, prescindiendo de Polonia y los B alca­
nes, los com unistas, h asta el m om ento de la crisis, no se ele-
la a c tiv id a d d e l c e d e l a IC 109
vtf! s°0RE d 1 simple reconocimiento del principio de
r poí e ^ tarabaj° en las masas pequeñoburguesas de las
Í í s y delin fS u n is ta s ejercen desde hace tiempo una
i/wonfr' iderable en la parte avanzada de los campesi-
1 f05cía c0nlLa los vestigios del feudalismo y carecen de
/ S s0p?ido co m u n ista luchó por la conquista de la s ma-
Par“ con ia consigna: “La tierra a los campesinos”, y
t¡^PeSínl p0 form uló reivindicaciones parciales, como, por
^ céntim o de impuestos al gobierno fascista.’’
V ° : la supresión de los derechos de usufructo”; "Contra
de cam inos” ; “Contra el sistema de los pagos en
Estas reivindicaciones eran muy populares entre las
’ero por su naturaleza casi no podían considerarse
Sindicaciones parciales. Tenían por fin principal em-
V* reios cam pesinos a colisiones directas con el poder del
> r aSurgida la crisis revolucionaria cuando el proletariado
rnado ya en lucha, el movimiento campesino podría, mer-
ü3e° estas consignas, proporcionar un refuerzo considerable
^ «iletariadQ- Pero, cuando terminada la insurrección de
>1F L central, el movimiento campesino experimentó una
Gsión y el proletariado no aporta a la lucha el concurso
^ rio, el partido tenía el deber de situar el centro de gra-
*fd en las reivindicaciones parciales, únicas que permitían
' rporara la lucha a las amplias masas campesinas.
^ofl frecuencia los comunistas no dieron prueba de suficien-
flexibilidad en su táctica. Su deber era ante la amenaza de
16 eSpediciones punitivas buscar éxitos parciales para los cam­
inos en una disminución de los pagos en trabajo, de impues-
í decaminos, etcétera, conservando de esta manera su influen-
•aen las masas campesinas y sus organizaciones con vistas a
Llucha posterior.
En aquellos p aíses e n q u e d u r a n te la crisis el ca m p e sin ad o ,
3 consecu en ciade la m is e ria q u e le ag o b iab a, com enzó a volv er
ijs espaldas a la b u rg u e sía , lo s c o m u n ista s d e s d e ñ a ro n en oca­
sión oportuna el m o v im ien to c a m p e sin o q u e se d e sa rro lla b a
^ las consignas de lu c h a c o n tra la o m n ip o te n c ia d el ca p ita l
inonopolizador, q u e a r r u in a b a a los cam p esin o s, c o n tra los
pitcios bajos y c o n tra la "e sc la v itu d de la u su ra " .
En Alemania, d o n d e el d e sc o n te n to d e los cam p esin o s hab ía
progresado en o rm e m e n te com o consecuencia de los precios
exorbitantes de los im p u e sto s v de los in te re se s leoninos, el
partido co m u n ista publicó, en 1931, su p ro g ra m a de auxilio
a los cam pesinos, en el cual p ro p u g n a b a la anulación de las
deudas, abolición d e los im p u e sto s in d ire cto s, expropiación
de la gran p ro p ie d a d ag ra ria , y rec lam a b a la ayuda del estado
para los cam pesinos tra b a ja d o re s. G racias a e ste program a,
un grupo d e cam pesinos del n o rte d e A lem ania, ligado hasta
Wii *HEu , ;
entonces a los fascistas, se orienta en 19 3 1 ha ■ I
comunista. Pero el partido, falto de suficiente n S el Par.- '
pagandistas y agitadores para el campo, no supo ° ^ hJ\
venientemente la explicación de su programa en en/° car jN- !
oponerse de esta manera a la influencia creciente CaiílPo
cistas, que usaban abundantemente su demagogia " Ios fe1'
trust y los bancos”. Los campesinos marchaban i)arC-0ritra
tido al cual no conocían por sus actos y que no estab* 61 Pa
en el poder, pero que les prometía aumentar los r>?
los artículos agrícolas y mejorar la suerte de los carn°ÍOs «le
sin derrumbar el capitalismo. es*flos
En Francia y Estados Unidos, el descontento de los
sinos provocó un vasto movimiento contra los bajos
de ios productos agrícolas. El partido comunista sostuv c‘°s
bastante retraso las reivindicaciones de los campesinos, C|? Co,)
ya comenzaba a decaer el movimiento. Se alzó contra los h ^
ficios de los intermediarios y los almacenadores de har '
con lo cual preparaba para el futuro la extensión de su infíuas‘
cia entre los campesinos. Uet>-
Tampoco supieron los comunistas colocarse a la cabeza
la lucha de las capas medias de las ciudades contra los bancetl
y trust monopolizadores. Cuando quebró la Danatbank «S
Alemania, que ocasionó la pérdida de ahorros de grandes iJ1
sas de la pequeña burguesía, el partido comunista no d¡0
estas capas ninguna consigna para su lucha, con lo cual pefa
dió una excelente ocasión de conquistar una gran influencia
sobre ellas. Igualmente en muchos otros países la pequega
burguesía no encontró suficiente apoyo en los comunistas en
su resistencia contra los trust y bancos, que les chupaban ia
sangre. La consecuencia fue que estas capas permanecieran
apartadas de la lucha y terminaran por seguir a los fascistas
ayudándoles a triunfar.
Aunque la influencia e importancia de los partidos comunis.
tas se había aumentado considerablemente, no fueron, sin em­
bargo, lo bastante fuertes para destruir la influencia de los
jefes de los partidos socialdemócratas y de los sindicatos en
las grandes masas obreras e impedirles que las apartaran de la
lucha en nombre de la disciplina sindical. Quedó demostrado
que los partidos comunistas no estaban suficientemente edu­
cados en el terreno de la teoría y la práctica para encontrar
formas adecuadas de influencia y dirección, que hubieran ter­
minado rápidamente con la división del movimiento obrero
y aumentado la fuerza de la organización de la clase obrera,
condiciones previas para la lucha victoriosa de ésta.
Fue precisamente la debilidad de la clase obrera, provocada
por su división y por la traición de la socialdemocracia a los
intereses obreros, lo que permitió a la burguesía alemana apro­
vechar las vacilaciones de la pequeña burguesía y del campe-
, ACTIVIDAD del CE DE LA IC 11 i
gdfiRB ^
- momentáneamente estas capas al campo del
y atrael munistas alemanes no tuvieron en cuenta con
LjShkla la importancia extraordinaria del yugo de
'¡/'¿del ¿xiponía a las masas trabajadoras un peso abru-
¡3 Qics, ?Uft on bastante hábiles para utilizar la situación que
' dOf» n interés de la lucha de clases. Permitieron con
cP^K.ircuesía alemana pusiera al servicio de su domi-
fL q“e, odio contra el yugo de Versalles.

• f asci sta c o n tr a to s tr a b a ja d o r e s a le m a n e s

ota del proletariado alemán y la instauración de la die-


^erIfascista en Alemania constituyen el acontecimiento más
de estos primeros años de crisis en los países capi-
i^pf s Las organizaciones más antiguas de la clase obrera,
^ Aas con la bandera marxista, fueron demolidas por una
cS& ggivaje de bandoleros. Uno de los pueblos más cultos y
I* zados cae bajo la férula del partido más patriótico y reac-
^ari0 ^ caP'ta^ financiero. Uno de los países más cultos
Suvierte en foco de la reacción europea, en la más horro-
s6«í cámara de tortura, en instigador de una nueva guerra.
r°„eviste una grave importancia averiguar si las masas traba-
, V.raS de Alemania hubieran podido evitar esta catástrofe,
j? ¡ndudable que hubiesen podido. Para ello, la clase obrera
hubiera debido formar el frente único, romper el frente único
ootrarrevolucionario de la socialdemocracia y de los jefes sin­
ocales reformistas con la burguesía y no haberse dejado cegar
r la teoría socialdemócrata de que la lucha de clases es
Lposible en tiempo de crisis, siendo necesario esperar pasiva­
mente a que pase, y por la inutilidad de alzarse contra el
fascismo. Hubiera sido preciso que la clase obrera pasara
al c0ntraataque sobre la ofensiva del capital, ayudando a los
míe yacían en la miseria. Hubiérase necesitado que la clase
obrera no hubiera tolerado el desarme y la destrucción de la
Liga del frente rojo, imponiendo su fusión con la bandera del
imperio y convirtiendo a ésta, tras de cambiar su política, en
unapoderosa organización de lucha revolucionaria del proleta­
riado. La clase obrera no tenía derecho a contemplar tranqui­
lamente el armamento de los fascistas dirigidos por Hitler, sino
que debía obligar al gobierno de la república de Weimar a
desarmar a las bandas fascistas, a confiscar los bienes de sus
organizaciones y a encarcelar a sus jefes. La clase obrera no
debía permitir a los fascistas desplegar su demagogia contra
el yugo de Versalles, sino que se imponía obligar al gobierno
de la república de Weimar a rasgar el Tratado de Versalles.
Pero la clase obrera alemana no lo hizo. En su mayoría ha
seguido ciegamente a la socialdemocracia, permaneciendo sor-
WlLHEUí
da a las advertencias de los comunistas. A causa ri N
ahora obligada a soportar los horrores del in fiem Stose
Los comunistas alemanes no podían por sí solos fE%,V<í
esta catástrofe a las masas obreras. aPartaP >
Ya en 1930 la quiebra del sistema de Weimar era •
Comienza una rivalidad desenfrenada para movilizar aV^te
sas entre la revolución que se avecinaba y la contrarrev i V
que se armaba para impedirla. No había duda de que ] c'»ti
guesía alemana no podía reinar en lo sucesivo con l0sa V .
dos del parlamentarismo y de la democracia burguesa
En la primavera de 1932 era claramente visible que lo
cistas aventajaban considerablemente a los comunistas ? ^
movilización de las masas y que era inevitable la instaura"1-*4
en Alemania de la dictadura más atroz y sangrienta d e^
fascistas si no se producía rápidamente un cambio en las ra
ciones de clase en beneficio del proletariado. Los comíais^
intentaron provocar este cambio, realizando todos los esfue
zos posibles para fortalecer la lucha por medio del frente %'
co. Se asignaron como tarea llegar como fuei-a a un acuerdó
con el partido socialdemócrata y la Confederación general de
los sindicatos alemanes. Este frente único tendría por objetivo
rechazar al fascismo y defender los restos de la democracia
burguesa.
EÍ partido socialdemócrata rechazó decididamente todas
proposiciones de tal carácter. Incluso cuando los fascistas ha-
bían ya llevado la lucha a la calle, cuando sembraban el terror
entre los obreros de todas las ciudades de Alemania y asesi­
naban cobardemente a los mejores representantes del prole,
tariado, la socialdemocracia se limitaba exclusivamente a pro.
testas moderadas en el parlamento. Era absolutamente claro
para toda persona clarividente que la lucha con los fascistas
no podía decidirse en el parlamento; que el problema del por-
venir de Alemania y de la suerte del movimiento obrero ale­
mán había sido ya llevado a la calle por los fascistas.
Asimismo cuando el gobierno de Papen expulsa el 20 de julio
a los ministros socialdemócratas de Prusia y el partido comu.
nista propone al partido socialdemócrata y a la Confederación
general de sindicatos la declaración de huelga, estas dos orga­
nizaciones invitaron a los obreros a permanecer quietos. En
cuanto a los ministros excluidos, "recurrieron al Tribunal
supremo" contra la infracción de la constitución.
También el 30 de enero de 1933, cuando el capital financiero
había entregado ya las riendas del gobierno al partido de
Hitler para ejercer la dictadura fascista, la socialdemocracia
y la Confederación general de sindicatos rechazaron la nueva
proposición de huelga general formulada por el partido comu­
nista. Declararon entonces que los comunistas eran provoca­
dores e invitaron a los obreros a no oponer ninguna resistencia
a c t i v i d a d d e l c e d e LA IC 113
^ en aquel momento, hicieron cuanto les era
, / ¡tiuo'staducir a las masas trabajadoras a la lucha re-
¡pic ,,ra c°nT,edir la instauración de la dictadura fascista.
e tos comunistas obtuvieron éxitos importantes.
yt‘cl%spec^ en condiciones de cambiar la relación de
ff no c tí» creado la socialdemocracia al no abandonar
VI q f í al frente único y a la lucha.
i4osti! hora los obreros alemanes, juzgue el proletariado
siL g u e 11^ qUién recae la culpa de la derrota alemana!
¡ > l i Cio n e s sangrientas d e los acontecimientos de Ale-
las g señen que esta derrota ha sido posible solamente
¡“Jía Ie* ue la clase obrera seguía todavía ciegamente a la
V mocracia, desoyendo las advertencias de los comunis-
^ Q u e r ie n d o luchar! Hay sedicentes revolucionarios “ d e
# ■' <lue afirrnan ílue’ a Pesar de todo, los comunistas
w a emprender la lucha, aunque la consecuencia de ésta,
ii<óiCA°a c a b o por una minoría del proletariado, hubiera sido
^ hstamiento. Tales héroes de la fraseología revolucionaria
11 ¡eren comprender que esto hubiera significado una de-
.«í!l'aún mayor y la demolición completa de los cuadros
racionarios del proletariado alemán.
proletariado alemán ha sufrido una derrota. Los comu-
. tas no quisieron ni quieren que los cuadros revolucionarios
por heroísmo puro. No es éste el heroísmo supre-
sllCQuieren que esos cuadros organicen las luchas nuevas y
¡Js'futuras victorias.

la bufS,ies^a no debilitado la voluntad combativa


¿c ias masas
derrota del proletariado en Alemania, uno de los más im­
portantes puntos estratégicos de la lucha de clases internacio-
cali tuvo como consecuencia la contención momentánea del
(ftcinuento del movimiento revolucionario de masas y paralizó
momentáneamente la maduración de los elementos de la cri-
5¡s revolucionaria en Polonia. La derrota de Alemania hizo más
audaz a la reacción internacional, incrementó la amenaza de
«tierra, reforzó la presión de la burguesía sobre la clase obrera
ymultiplicó las tentativas para instaurar el fascismo en otros
países.
En el mismo momento en que los fascistas oprimían, hasta
agobiarlos, a los trabajadores de Alemania, el proletariado ob­
tenía en otros países una serie de grandes victorias. Los prole­
tarios y campesinos chinos erigían su República de los Soviets.
Con motivo de las campañas militares emprendidas por el
gobierno de Nankin contra el ejército rojo, las masas popula­
res ofrecieron admirables ejemplos de heroísmo y devoción a
114 WII.HRLM T>,.
;tK
U revolución. Frente a ia agresión de los imperialistas jaioh
ses y la renuncia a la lucha del gobierno japonés contra ,
agresión, los soviets chinos levantaron la bandera de Ja |ü
para libertar al pueblo chino del yugo japonés, la bande^ i4
la guerra popular contra el imperialismo japones, contenicn,
de esta manera su avance hacia el interior de China. En J?**»
tiempo los soviets chinos se convirtieron en una fuerza Q>C°
la política internacional de los imperialistas estuvo obligó
a tener en cuenta. ^
En Espaáa vemos, a pesar de la división de la clase obro
un resurgir brioso del movimiento de masas, una amplja 5?*
de huelgas de masa, un aumento de las huelgas políticas y d
movimiento de los campesinos, los cuales se apropian las *■
rras de sus señores. le-
En todos los países capitalistas y coloniales se puede reo!
trar una ola de grandes huelgas y movimientos campesi^'
más vasta cada día. 5
Pero lo que reviste una importancia decisiva para todo
frente mundial revolucionario es que precisamente duranf i
los años en que las masas trabajadoras están sumidas p0r *
capitalismo en una miseria infinita, y en Alemania el fascisrt)0 j
destruye las organizaciones obreras, la Unión Soviética p0n
término a su primer plan quinquenal y mejora cada día ei
bienestar de todos los trabajadores. Precisamente durante ej.
tos años el socialismo ha triunfado definitiva e irremisible,
mente en la Unión Soviética.
Esta victoria histórica mundial del socialismo en la Unión
Soviética mina el sistema del imperialismo mundial, multipi^
las fuerzas de la revolución, aumenta la importancia de |a
Unión Soviética como factor de paz, como base de la revolución
mundial, y fortalece la voluntad de los trabajadores del mun.
do entero para luchar por el socialismo y el poder soviético.
Al final de esta etapa de la lucha la burguesía ha conseo^,
do mejorar su situación a expensas de los obreros, camp^
sinos y pueblos coloniales y crear las condiciones necesaria^
para pasar de la crisis a la depresión e infligir una derrota
al proletariado alemán. No ha conseguido, en compensación
debilitar el frente revolucionario mundial, destruir al partido
comunista en Alemania, ni crear las premisas de un nuevo
florecimiento económico.
La relación internacional de fuerzas ha cambiado no en fa-
vor del capitalismo, sino del socialismo; no en beneficio de la
burguesía, sino del proletariado.
Paso a ocuparme ahora de la tercera etapa de lucha del pe.
r/odo que analizo, la cual comprende el nuevo rumbo de los
obreros socialistas hacia el frente único con los comunistas.
[SfOKMB SOBRK X . ACrivIDAu DrsL ^ de ^ jc

^ ¡s k í í m ^ ¡s s a ^ - r - —

fOr .*? sovíérticadey


i|ú»t>n s>ovieu<' a > y «Hp
.Po°ra
r üo tt rr aa rem
p a iecliab
t e , pl°
o r duI
la s socií,U
a t r o c isrno
d a d e en la
s co-
JLtidas p o r e l f a s c is m o e n A le m a n ia , c o m ie n z a a q u e b r a r s e
i cí$tenia to ta l 0£ la c o n c e p c ió n d e l m u n d o q u e t e n í a n la s
«‘ ■¡as m a s a s o b r e r a s , la s c u a le s , r e c i e n t e m e n t e , c r e í a n e n la
* ivlcz inquebrantable del capitalismo y de la democracia bur-
50 a v en la posibilidad de llegar pacificamente al socialism o
2a «’voluciones ni guerras. La base ideológica en que descan­
s a el programa y la táctica de los partidos reform istas se
O c i a s e obrera ha c o m p r e n d i d o que fue la división del
U nfonroletario lo que condujo al fascism o a la victoria
''^Alemania y por lo tanto que la unidad es necesaria.
victoria del fascismo en Alemania no ha abierto, com o
decían los socialdemócratas, un largo período de reacción.
pf®lntrario, se puede observar en todo el m undo una tenden-
A- m á s precipitada de la maduración de la c n s is revoluciona.
c0.< c o m o señalaba la X I I I Sesión plenaria. En el m undo en-
rn “la idea del asalto contra el capitalism o m adura en la
‘'Ciencia de las m asas”, según dem ostró el camarada Stahn
el X V I I Congreso del pc de la URSS.
Ps en tal situación cuando la Unión Soviética conquista m ás
• t e n s a m e n t e cada día el corazón y el espíritu de las m asas
"abajadoras y les enseña el cam ino de la lucha; cuando la
^toria del socialismo incita a m illones de trabajadores a cam ­
biar totalmente sus opiniones e ideas; cuando se efectúa un
cambio brusco en el espíritu de las am plias m asas trab ajad o
y, en primer lugar, en el espíritu de los obreros m iem bros
de íos partidos socialdemócratas y de los organizados en los
sindicatos reformistas.
las primeras formas de expresión de este cambio están, en
primer término, en el frente único del proletariado mundial
organizado espontáneamente en una vasta escala para defen­
der a los acusados de Leipzig, donde la valiente defensa del
comunismo, realizada por nuestro camarada Dimítrov, tuvo
una gran importancia histórica para el establecim iento del
frente único; en segundo lugar, el paso de los obreros a
la respuesta activa contra el fascism o en su propio país.
El proletariado no retrocede ya sin combatir ante el fascism o,
como sucedió en Alemania, sino que responde a la ofensiva
fascista con la huelga general en Francia en 1934 y con la lu­
cha armada en Austria en febrero de 1934 y en España en
octubre del mismo año.
La Jucha armada en Austria y España es una demostración
de la combatividad potente de la clase obrera, del heroísm o
ilimitado y dcl espíritu de sacrificio, de la firmeza
naria y de ia tenacidad de los obreros en lucha \
schutsbundlerianos, los héroes de Florisdorf, los d e h ^
de las casas Karl Marx y Goethe en Viena, Koloman U n S
el ingeniero Weisel, Munichreiter, pasan eternamente a ] s^.
toria de la lucha del proletariado por la liberación. a ^s!
Los mineros heroicos de Asturias, los primeros combatía,
de la guardia roja española, ios defensores de Oviedo, co s
nistas, socialistas, anarquistas y sin partido, se han cubfe111,
de gloria inmortal. Enviamos desde aquí nuestro saludo a íto
miliares de revolucionarios españoles que padecen en las
siones de Lerroux y Gil Robles, como también al jefe de u*'
socialistas españoles, Caballero, sumido en su celda. 05
Los jefes socialdemócratas que huyeron de los campos h
batalla, olvidando sus deberes elementales de jefes de lücjJ
se han cubierto, por el contrario, de ignominia y de oprobié
Los jefes anarquistas españoles, que durante la lucha romp¡e'
ron el frente formado y obraron de acuerdo con Lerroux v
Gil Robles, se han cubierto enteramente de vergüenza y £
infamia.
Camaradas: Recordemos la ráfaga revolucionaria que sop]a
en los barrios obreros de las ciudades de todo el mundo cuan,
do llegan las noticias de los acontecimientos de Austria y
paña. ¡De qué manera galvanizaron a los trabajadores de todos
los países los combates heroicos del proletariado para defen.
der Oviedo! ¡Qué entusiasmo provoca entre todos los obreros
cuando se enteran de que el estandarte de la lucha por el po.
der soviético ha ondeado en Asturias!

La bancarrota de la política socialdemócrata


Ahora bien, ¿Por qué la lucha armada del proletariado en fe.
brero y octubre de 1934 en Austria y España no ha conducido
a la victoria del proletariado, como sucedió en Rusia en la
insurrección armada de octubre de 1917?
En abril de 1931, como en Rusia en 1917, fue derrumbada
la monarquía en España. La revolución burguesa democrática
española dio comienzo. De manera distinta a los bolcheviques,
que lucharon en los soviets por la continuación de la revolu­
ción, los socialistas españoles participaron como ministros en
el gobierno de Azaña, imitando de esta manera el ejemplo de
los mencheviques y socialistas revolucionarios rusos, que tam­
bién participaron como ministros en el gobierno de Kerenski.
¿Qué hicieron los ministros socialistas españoles, qué hizo
todo el partido socialista español durante los tres años de la
revolución, ese mismo partido que en octubre de 1934 invita
a los obreros a la lucha armada?
- SOBRE LA ACTIVIDAD DEL CE DE LA ÍC 117
de luchar por el desarme de la guardia civil, los
1 españoles votaron créditos para su perfecciona­
ría1'5p o ste rio r y convirtieron al general Sanjurjo, monár-
ynt0 P se había alzado en armas contra la República, des-
t a V puesto en libertad, en jefe de la guardia civil que
y s Ofender ia República. En lugar de luchar por la expul-
W*de lo® oficiales reaccionarios y la democratización del
jjóH.j0 jes dejaron estar a sus anchas. En lugar de desarmar
# rClenemigos del pueblo, a los fascistas, recluyéndolos en
persiguieran a los comunistas y promulgaron la Ley
f^nefénsa de la República, sobre cuya base son juzgados los
felpantes en el movimiento de octubre, socialistas y comu-
f o c a r o n las tierras, propiedades y derechos de la Iglesia
Accionaria, ni las de los conventos, ni dieron tierra a los cam­
inos, a los cuales era necesario ganar para la revolución.
Ijjo introdujeron el control obrero en la producción ni me-
jjron la situación de los obreros, ni les armaron para la de-
•Lsa de la revolución. En lugar de acorralar a la burguesía
faccionaria, cerrándole la salida, le permitieron organizarse
arniarse. ¿Fue así como obraron los bolcheviques en 1917?
.fue de esta manera como prepararon el triunfo del proleta-
^¿lo en la revolución?
han procedido los socialistas españoles precisamente
cotno Kerenski, cuyo gobierno fue derrumbado por los bolche­
viques?
ya en febrero de 1917, bajo la presión de los bolcheviques,
la gendarmería zarista fue disuelta; se instituyeron los cómi­
cs de soldados; a los soldados se les otorgaron derechos civi­
les, y s\ zar y l° s altos funcionarios fueron encarcelados. Los
bolcheviques llevaron a cabo la insurrección con las consig­
as: "Paz, pan, tierra y libertad”, y lucharon por estas con­
signas durante todas las etapas de la revolución, movilizando
alas masas para su defensa.
El primer día de la insurrección decretaron la entrega de
toda la tierra a los campesinos.
Inmediatamente después de la victoria lucharon por la con­
clusión de un tratado de paz; dieron la libertad a los pueblos
oprimidos, introdujeron el control obrero en las empresas, pro­
cedieron a la confiscación de la propiedad de los contrarrevo­
lucionarios y destruyeron íntegramente a la clase de los terra­
tenientes y el aparato burgués que servía para la opresión de
los trabajadores.
Mucho antes de la revolución toda la actividad de los bolche­
viques se orientaba a la movilización del proletariado y sus
aliados para derrumbar la dominación burguesa y crear la
dictadura del proletariado, que debía transformar en actos las
reivindicaciones más ardientemente sentidas poi el pueblo. A
W I i -HEU j

causa de esto, Ja inmensa mayoría de los trabajada


a los bolcheviques, ayudándoles a triunfar. s
La actividad total de los socialistas españoles en el ^
de Azaña y fuera de éste tuvo por finalidad entendersf bi%
burguesía, conservar la propiedad privada, proteger lo k
reses de los grandes terratenientes, de la iglesia y de ]
guesía contra el asalto revolucionario de las masas V ffV
intacto el viejo aparato del estado burgués. A causa de ^
debilitaron al proletariado y reforzaron a los fascistas ^
En Austria no existía situación revolucionaria antes cfP
combates armados, como sucedió en España; pero el pro¡ ^
riado austríaco tenía la ventaja de que la mayoría abrumad^'
de los obreros estaba organizada en un partido y en los
dicatos que seguían a este partido y de que el porcentaje ¡r
proletariado era extraordinariamente elevado. ^
Pero el partido socialdemócrata, al que seguían el 9q0,
de los proletarios austríacos, no era un partido revoluciona**
que hubiera preparado sistemáticamente y según un plan pj?
determinado la lucha por la victoria del proletariado. ES(.
partido había ayudado a la burguesía durante la revolucj^
de 1918 a 1930 a saltar por encima de él, contentándose COn
que se otorgaran a la clase obrera derechos democráticos for.
males y algunas concesiones sociales.
Cuando los fascistas emprendieron la lucha contra la dem0,
cracia burguesa, los jefes de la socialdemocracia retrocedieron
paso a paso, abandonando una tras otra todas las conquistas
de la revolución de 1918. Dieron su asentimiento a la ampljj,
ción de las facultades presidenciales, a la reforma de la cons,
litución, en perjuicio de los trabajadores; toleraron la prohj.
bición de su prensa y el desarme parcial de la “Schutzbund”.
Durante varios años persuadieron a las masas a permanecer
en el terreno de la democracia burguesa, no pensando en Ja
revolución proletaria ni preparando a las masas para ella.
Las fuerzas de com bate de la b u rg u esía iban_ desarrollándo­
se, en tan to que las del pro letariad o ib a n d eb ilitá n d o se. La fe
de las m asas trab a jad o ra s en la p o sib ilid ad d e u n a m ejora de
su situación b a jo la dirección so ciald em ó crata desapareció.
E s ridículo el ac tu al propósito d e O tto B a u e r, cu a n d o ya la
socialdem ocracia austríaca h a desorganizado a lo s trabajado­
res p o r su proceder y no h ab e r p rep arad o la lu ch a, pretender
d em o strar que h a obrado siguiendo el ejem p lo d e los bolche­
viques, lim itándose a ad a p ta r la táctica de los bolcheviques
"asiáticos" a las condiciones "europeas”.
La insurrección arm ada debe prepararse com o u n a causa co­
m ún a toda la clase obrera. P ara ello es necesario conquistar
a la m ayoría del proletariado. Más todavía, es indispensable
q u e la lucha sea sostenida p o r la mayoría de los trab ajad o res
Los socialistas españoles y austríacos, al co n trario hicieron
sobre ia activ idad d e l c e d e l a IC iiy
_^¡eín un asunto exclusivo de las formaciones de
>' ¡nsui-reccio
una insurrección triunfe hay que elegir el momen-
r 3 ‘fvorablc al proletariado. Los socialistas españoles y
. j# dejaron durante mucho tiempo que la iniciativa es-
# !r’a<de sus manos, abandonando a los fascistas el cuidado
el momento de combate.
i éxito de una insurrección hay necesidad de que las
^conozcan claramente los objetivos que persigue. Sin em-
<jPslS joS jefes socialdemócratas españoles y austríacos no
tillaron estos objetivos de la lucha. No recurrieron a las
fe11”, ‘para derribar a la burguesía, sino solamente para ejer-
J^resióíi sobre ella y defenderse de su ofensiva.
^ . p r o l e t a r i a d o ruso formó en 1 9 1 7 soviets como organismos
L,ces de agrupar a todos los obreros, campesinos, emplea-
a s o l d a d o s y marinos.
bolcheviques lucharon por la dirección de las masas en
i seno de los soviets. Transformaron los soviets en órganos
t p r e p a r a c ió n y realización de la insurrección proletaria.
En ESP.3®3’ con5rari°» Largo Caballero declara q u e no
.•necesidad de soviets, ya que la clase obrera estaba orga-
^da en *os s*n^>catos y partidos. ¿Era esto justo? No; de
jnguoa manera. En España, lo mismo que en los demás paí-
^'capitelistas, la mayoría de los obreros no estaba orga-
0izada.
¡¿ pronunciarse c o n tra la f o rm a c ió n d e los so v ie ts, L arg o
Caballero y los s o c ia lista s e s p a ñ o le s q u e r ía n tr a n s f o r m a r la
¡surrección, qu e h a de s e r c a u s a c o m ú n d e to d a la c la se o b re ­
ra en la causa d e l p a r tid o s o c ia lis ta o d e u n b lo q u e d e p a r ­
tidos para a te n u a r la fu e rz a d e l m o v im ie n to y d e s u c a r á c te r
de masas.
En Austria, B a u e r y D e u ts c h n o p e n s a ro n n u n c a e n o rg a ­
nismos de m asas p a r a la p r e p a ra c ió n y d ire c c ió n d e la lu ch a,
Yadoptaron el v e rd a d e ro m é to d o b la n q u is ta a b a n d o n a n d o la
causa de la lu c h a a r m a d a ú n ic a m e n te a la " S c h u tz b u n d " , qu e
luchó aislada. H u b ie ra b a s ta d o c o n in v ita r a la s m a sa s a la
lucha para c re a r e n a lg u n o s d ía s o rg a n ism o s ca p ac es de m o­
vilizar p ara el c o m b a te a la s a m p lia s m a sa s de lo s tra b a ja d o ­
ra y organizar e l apoyo d e la " S c h u tz b u n d ” e n lu c h a. L o cual
habría m o d ificado to d o el c u rso u lte r io r d e lo s co m b ate s con
ventaja del p ro le ta ria d o .
Sin em bargo, lo s so c ialista s a u s tría c o s y esp añ o les coincidie­
ron en d e s d e ñ a r e l m o m e n to d e la lu c h a a rm a d a : la ex perien ­
cia de la rev o lución ru sa . M illares d e p ro le ta rio s p ag a ro n con
su vida y co n to r tu r a s incon ceb ib les e ste olvido v o lu n tario de
la experiencia ru sa.
Reconocemos el h ech o im p o rta n te d e q u e ta n to en E spaña
como en A u stria u n a p a rte de lo s jefes socialdem ocratas, aun-
'vilhEUi
que no haya si do sino por la presión de las ™ ‘V
decidido a la Jucha armada contra la burguesía r as- $e i
tas los apoyaron con abnegación. ‘ °s co^
En España, los comunistas se adhirieron a ]a "a i- N.
ra”, aunque no hayan ejercido en ella ninguna influí **
En España, igual que en Austria, los comunistas iu”,C,Et W'-
las primeras filas, pues en todas partes el puesto de i 0f>^
nistas está donde se desarrolla la lucha. Pero prc¿ C(V
la experiencia de estos combates armados desarroHado^k^dt1
dirección socialdemócrata demuestra que bajo esta d j°)a
el proletariado no puede vencer. Irec%
Los éxitos de la lucha armada en Asturias, donde se
zó la guardia roja bajo la dirección de los comunista*83»!,
lucha armada se convirtió en una verdadera insurrección ^
firman lo que la revolución rusa había demostrado ya-•i00»-
el éxito de la lucha armada del proletariado exige una'
ción comunista bolchevique". Mas a consecuencia de la nu­
lidad y juventud de los partidos comunistas, tanto en Es ~
como en Austria, tal dirección no existió.
Asimismo los elementos revolucionarios de la "Schutzbn
y de los socialistas españoles han deducido las conclusj¿f*
justas pasándose a las filas del partido comunista, démoste
do con esto que no considei'an terminada la lucha. ^

Los éxitos del frente único y del frente popular antifascista


La lucha en Francia, que adquirió proporciones considera,
bles en febrero de 1934, aunque en sus^ manifestaciones exte.
riores permaneciera en un grado inferior a la de España j
Austria, ejerció una influencia mayor sobre el desarrollo (je
la lucha en todos los países, a causa de que las acciones de)
proletariado francés fueron orientadas en el momento opor­
tuno contra el fascismo.
¿Cuál es el rasgo característico de la lucha en Francia?
Cuando las bandas fascistas salen a la calle por vez prime,
ra en París, el proletariado francés no se deja adormecer,
como en Alemania, por la teoría del mal menor y por la char­
latanería sobre la democracia formal, pero sin distinción de
partido; sale a la calle al surgir Ja primera ofensiva del fascis-
mo para hacerle frente por medio de la potente manifestación
política del 9 de febrero y por la huelga general política del
12 de febrero de 1934. Actuando así, el proletariado francés
rechazó la primera gran ofensiva de los fascistas en Francia.
El proletariado francés, que durante las jomadas de febrero
creó el frente único de lucha, lia demostrado con esto la formi­
dable fuerza que representa el proletariado cuando está unido
y no evita la lucha, enfrentándose a tiempo con el enemigo
so b re i a a c t i v i d a d d e l c e d e la IC 121
J- de esta acción el proletariado obligó al partido
' <wi' " ranees a aceptar la creación del frente único con
Elista unista, aunque con grandes vacilaciones. Esto
/'¿íti<íobaSe para las acciones antifascistas comunes al con-
de, Movimiento obrero organizado, las cuales ejercieron
■'o10furcia inmensa sobre la mayoría organizada de la cla-
í^rj y ¿[e las masas pequeñoburguesas en las ciudades

*■í'16 tro partido comunista francés, considerablemente au-


! >-'Cdo y dando pruebas de gran iniciativa, no se contentó
tífico el frente único con los socialistas, sino que formuló un
Cuitas- de reivindicaciones que impresionaron a la burgue-
f{0%r ejemplo: imposición fiscal sin contemplaciones hacia
tunas, o también reivindicaciones encaminadas a desor-
lís |zar ei fascismo, como la reivindicación de prohibir las orga-
S?1áones fascistas y su prensa, el encarcelamiento de los
ii’fes fascistas y la confiscación de los recursos materiales de
r organizaciones fascistas; y asimismo reivindicaciones enca­
minadas a atenuar el peligro de guerra, como por ejemplo:
19 reivindicación del pacto de paz con la Unión Soviética y
jfe ja verdadera lucha contra los instigadores de la guerra,
¡todas éstas son reivindicaciones que alivian indudablemente
,asituación de las masas trabajadoras y que además fortifican
us posiciones.
i El partido comunista francés, por su conducta, colocó los
fundainentos un ai^pli° frente popular para luchar contra
^ fascismo y la guerra, que conquista a capas, cada vez más
amplias* de campesinos, de ia pequeña burguesía urbana y de
jos intelectuales; atrae al movimiento a los adheridos al par­
tido radical socialista y asegura, cada día más, al proletariado
revolucionario la hegemonía y dirección de la lucha de todos
]0s trabajadores.
La formidable manifestación antifascista del 14 de julio
¿e 1935, fiesta nacional francesa, en la que desfilaron unidos
comunistas, socialistas y radicales socialistas, y en la que par­
ticiparon más de 500 000 trabajadores, fue no sólo la más im­
portante d e todas las manifestaciones celebradas hasta ahora
en los países capitalistas, sino la expresión de la poderosa in­
fluencia ejercida por el frente único en la combatividad de
los obreros, por intermedio de los cuales otras capas trabaja­
doras se incorporan al frente popular.
Esto se ha puesto también de manifiesto en los éxitos elec­
torales conseguidos por el p c f en las últimas elecciones mu­
nicipales del año actual. Ello fue el resultado de la lucha del
PC por la formación del frente único de la clase obrera }
del frente popular antifascista para la defensa de los derechos
democráticos, el resultado de la actividad e iniciativa de los
comunistas en ocasión de las crisis gubernamentales y de
122
la a c tiv id a d d e l c e d e LA IC 123
la lucha por un pacto de asistencia mutua entre pr % *05 S°BRH
URSS en el caso de agresión armada. at,e¡a . con las organizaciones sindicales locales y el tra­
te ú»iic° loS comunistas dentro de él tuvieron por resul-
Estos éxitos del p c de Francia reforzaron al PrflI ** 11 ioieI,a? s sin d ic a to s, en muchos casos, se opusieran al Con­
francés, liaciendo con esto más difícil para la bure
paso a los métodos fascistas de dominación. 8Uesía 5 ejo qaC.°al de sindicatos y repudiaran la "circular negra”
[0 =a ñor él y en la {lue se exigía la expulsión de los
La situación en Francia se ha agravado extraordinapi 11 ktas de los sindicatos.
te. La suerte de la III República y de la democracia, la «í. Unidos los obreros revolucionarios han con­
de las masas trabajadoras dependen actualmente del h Süett5 sVa g r aEdstados a s a la táctica de frente único, consolidar y ex-
lio ulterior del frente único y del Érente popular, la1 S ^ su influencia en muchas organizaciones de la f a t y
dad de las masas. ct>v¡. distar en una amplia proporción el apoyo de los sindica-
La lucha del proletariado francés tiene una gran irr»p0 proyecto de ley referente a la creación del seguro del
cia internacional. Los éxitos del proletariado francés, qüri9t>- ¡o5 presentado por los comunistas, convirtiendo esta reivin-
febrero de 1934 rechazó el primer asalto de las masas <?2 * en causa de todos los trabajadores. Actuando de esta
tas gracias al frente único de los socialistas y comunistas-T’5' l°s obreros revolucionarios han conseguido ganar una
el 14 de julio de 1935 desencadenó su formidable marcha n í'^ncia decisiva en la huelga de 1934, en la huelga de los
lucha contra el fascismo, demostraron a los proletarios de t ü'f'ros de las costas del Pacífico y en la huelga general
dos los países que solamente la lucha común de los trabajé 1,1 San Francisco, obteniendo con esto bastantes ventajas ma­
cales para los obreros y al mismo tiempo reforzar las posi­
bles políticas generales y la conciencia de clase del proleta-
las maniobras de los instigadores a la guerra. 11 íLdo norteamericano. Con esto, el carácter del movimiento
La lucha del proletariado francés ha demostrado a todo» j>rero norteamericano ha experimentado un cambio profundo
los trabajadores de qué manera debe actuar el proletaria^ ^ __
jia impulsadoOalalarlnCA
_Ítv»nn1«aíi^ clase Auroro
obrera r»por el camino de
rvr- al #la una «n po-
en los países capitalistas para rechazar los ataques del fascis. |fc a independiente,
mo y marchar a la conquista de la dictadura del proletariado gn Polonia, a u n q u e la d ir e c c ió n d e l p a r ti d o s o c ia ld e m ó c ra ta
a la instauración del socialismo. ’ rtdiazara to d o g é n e ro d e a c u e r d o s c o n lo s c o m u n is ta s , e l carn­
El acuerdo de frente único entre socialistas y comunista eo espirítu al d e la s m a s a s h a d e te r m in a d o q u e lo s co m u n is-
en Francia, que los socialistas no admitieron sino a coose, (3s llevaran a ca b o e l f r e n te ú n ic o c o n d iv e rs a s o rg a n iz a c io n e s
cuencia de la presión de las masas contra la voluntad expresa .oCia!istas y se r e f o rz a r a e l m o v im ie n to a n tif a s c is ta d e m a sa s
del Ejecutivo de la II Internacional, enseñó el camino a Ios trabajadoras. E s to se p u s o d e m a n ifie s to , co n in d u d a b le evi­
socialdemócratas de izquierda de todos los países. dencia, en la o la im p e tu o s a d e h u e lg a s p o lític a s y m o v im ie n to s
Se han realizado acuerdos de frente úníco entre comunistas campesinos d e s e n c a d e n a d a a in ic ia tiv a d e l p a r tid o c o m u n is ta
y socialistas en Austria, España e Italia, teniendo lugar accio. contra la n u ev a c o n s titu c ió n f a s c is ta . E s ta o la se e x te n d ió a
nes de masas de la clase obrera sobre la base del frente único todos los c e n tro s in d u s tr ia le s y a c ie r to s d is tr ito s ca m p e sin o s,
en Inglaterra, Estados Unidos, P olonia, Checoslovaquia y en siendo ap o y ad a p o r lo s d o s p a r tid o s . E s te m o v im ie n to h u e l­
muchos otros países, en los cuales los directores de los parti­ guista político, cu y a d ire c c ió n e x c lu siv a p r e te n d ía el p s p , es­
dos socialistas, así como el Ejecutivo de la II Internacional, forzándose al m is m o tie m p o p a r a d iv id irlo e n h u e lg a s se p ara-
continúan rechazando toda clase de acuerdos con los conju- ¿as, con d u ciría in e v ita b le m e n te a la re v o lu c io n a riz a c ió n p o s­
nistas. terior de las m a s a s, in f lu id a s p o r e l p a r tid o s o c ia lis ta p olaco, y
En Inglaterra, el pequeño partido comunista ha realizado el ¡1 desenvolvim iento c o n s ig u ie n te del f r e n te ú n ic o e n fo rm a d e
frente único con el partido socialista independiente y numero­ acuerdos e n tr e c o m u n is ta s y s o c ia lista s p a r a la lu c h a c o n tra
sos sindicatos y las organizaciones de base del Labour Party. el fascismo, p o r la d e fe n s a d e lo s sin d ic a to s y d e la s o rg a n i­
El 9 de septiembre de 1934 el partido comunista consiguió zaciones. . . . .
sacar a la calle a 150000 obreros, y en enero-febrero de Í935 El m o v im ien to d e f re n te ú n ic o d e lo s tr a b a ja d o r e s se a b re
obligó al gobierno por medio de una ola de manifestaciones camino e n to d o s lo s p a ís e s c a p ita lis ta s , p e s e a c u a n to h ac en
reuniones y huelgas a renunciar a la aplicación de la segunda los jefes s o c ia ld e m ó c ra ta s p a ra o p o n e rse e n la p r á c tic a al
parte de la ley del paro, la cual preveía la organización de los acuerdo co n lo s c o m u n ista s; p ese al te m o r q u e in s p ira a los
campos de trabajo y confiaba a una comisión extraparlamenta iefes la in flu e n c ia re v o lu c io n a ria d el f re n te ú n ic o co n los co­
ría la reglamentación del socorro a los parados. La creación del munistas so b re la s m a sa s q u e les sig u en . N e c e s ita ría u n tiem -
WlU,Bt* j,
po excesivo para exponer en mi informe todos l0s - . %
frente único de los trabajadores. .
Este movimiento se manifiesta en las formas más „ 1
comenzando por acuerdos entre los partidos y el
por encima de los partidos, de Amsterdam-Pieyel contr
cismo y la guerra, a cuya cabeza se halla nuestro amigo
Barbusse, hasta la fusión de las organizaciones sindícale* %
nizaciones juveniles, deportivas, culturales y otras.'lol’S i
reformistas, a pesar de todos los esfuerzos que real«ar
pudieron disminuir la influencia, cada día mayor, de j?1, «o
signa de unidad en la lucha de todos los proletarios com Co,t-
fascismo y la guerra. Menos aún pudieron contener la jnna el
cia que ejerce la victoria del socialismo en la Unión Sovji!^'
sobre las masas trabajadoras de todo el mundo. ^
Aunque los socialdemócratas participen en los gobiernos j
Checoslovaquia, Bélgica, Dinamarca, Suecia y Noruega; J*
el Labour Party llegue a ocupar el poder en Inglaterra
comunistas lo apoyarán contra los fascistas—, las masas oV?
ras de estos países han comenzado a comprender que su fu '
za no consiste en los puestos ministeriales, sino en la
del frente único.
Pero los ministros socialdemócratas de Checoslovaquia,
namarca, Suecia y Noruega no luchan realmente contra ej
fascismo.
El pueblo checo se inquieta por la suerte de su independa,
cia nacional. Esta inquietud la comparten los comunistas. Aho.
ra bien: ¿qué hacen los ministros socialdemócratas? En luoar
de hacer retroceder a los agentes hitlerianos en Checoslova- j
quia por una política adecuada a los intereses nacionales y ;
económicos de las masas trabajadoras, cultivan el movimiento
fascista de Henlein, permitiéndole atraer a su partido a la
mayoría de los alemanes de Checoslovaquia. En lugar de mo-
vilizar todas las fuerzas del pueblo contra el fascismo, persi-
guen a los comunistas. En lugar de recluir a los fascistas
en prisiones y campos de concentración, lo hacen con los co­
munistas y antifascistas. En lugar de luchar contra los insti-
gadores a la guerra, los gobiernos socialdemócratas de Dina-
marca y Suecia sostienen objetivamente por su política a los
fascistas alemanes. Esta política antiobrera, desarrollada por el
partido socialdemócrata de Checoslovaquia y el de los países
escandinavos, hace comprender claramente a las masas obre­
ras que los ministros socialdemócratas no son un dique contra
el desarrollo del. fascismo, los preparativos de cuerra y la ofen­
siva del capital.
Esta compensación empuja a la clase obrera checoslova­
ca, como es evidente, a buscar el frente único con los co­
munistas para ajustarle cuentas en forma proletaria al fas­
cismo y a los instigadores de la guerra y para evitar una sitúa-
S0BKB LA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC 125
(s < • a a la que el proletariado sufre actualmente y no
•p idénoc futuro una nueva carnicería mundial.
Jnitlí Pfuerza y el valor del frente único fueron cómpren­
l a Sranpr¡mer lugar, por la clase obrera en los países fas-
.¡joSí fresar de algunas concepciones sectarias, que reciente-
,ptas- ^ se manifestaban en la dirección del partido comu-
> te ‘ Alemania, y de la resistencia de los jefes socialdemó-
,iisia.e jaS masas obreras de Alemania se daban cuenta cada
(^tés de que sólo mediante el frente único de comunistas
^ !¿aldemócratas podía llevarse a cabo una lucha eficaz
( srl ei fascismo y derrumbarlo.
^En Hungría, los obreros comprendieron que no podían de-
\jer sus sindicatos, ni siquiera las organizaciones socialde-
,icra(as’ m^s ^ue Por medio del frente único con aquellos
isinos comunistas a quienes, recientemente, los jefes social-
¡pnócratas denunciaban a la policía.

0no terminar con la escisión de la clase obrera


a ¡movimiento de frente único de comunistas y socialistas tie-
e raíces profundas. Parte de la impresión rotunda que ia
victoria del socialismo en la Unión Soviética produce en las
nlasas obreras, bajo cuya influencia madura en su conciencia
jaidea del asalto contra el capitalismo. Parte de las experien-
cj3s del movimiento obrero internacional en los países capi­
talistas, de la experiencia de la derrota alemana y de los com-
; bates armados en Austria y España, así como de la huelga
j general y del frente único en Francia. La clase obrera deduce
í \i conclusión de que la lucha contra el capitalismo no debe
[ llevarse a cabo sino por medio del frente único y en estrecha
I lizazón con la Unión Soviética.
I Ha sido esta conclusión sacada por las masas de su propia
I experiencia de lucha la que ha operado en el movimiento
1 obrero internacional el cambio más radical después de la revo-
I lución de octubre.
I Camaradas: El movimiento de frente único significa mucho
1 más que la adición aritmética de las fuerzas de los dos par-
j tidos obreros. La mayoría de la clase obrera en los países ca-
I pítalistas está desorganizada, y en otros muchos sigue todavía
1 alos partidos burgueses. El frente único del movimiento obre­
ro significa un aumento tal de fuerzas, que se transforma en
una poderosa fuerza de atracción para las masas proletarias,
hasta ahora inconscientes; las separa de los partidos burgue­
ses, incorparándolas a la lucha de clases.
E n P o lo n ia, d o n d e e l p a r tid o s o c ia lista e s tá a ú n e n la legali­
dad, en ta n to q u e lo s c o m u n is ta s so n v íc tim a s d e las m ás
feroces p e rse c u c io n e s; d o n d e lo s o b re ro s so c ia lis ta s y sin p ar-
126 " '" - " « • M hr
tido, que participaron en las acciones con los común- *
tán sometidos a idénticas persecuciones que éstos i 5- e*
único testimonia el crecimiento poderoso de la revoW-
ción de las masas obreras y su voluntad de sacrificio011^
lucha revolucionaria. Si los tres millones de miembrPOí ■í
Labour Party se orientaran hacia la unidad de Erente °S
partido
j a n m u comunista,
t u i i x u n o i a , el
c i iresultado no
w w u a u v u u sería
o c i i a una suma
u n a d aritnS1
u u ia a r i t i r u \.6!¿
m

de las fuerzas de los dos partidos, sino el giro rápido d 04


masas reformistas hacia la política revolucionaria. e
El frente único es el primer paso para terminar con la -j*
sión del movimiento obrero, para crear un poderoso parn'-
revolucionario único del proletariado.
En Austria, los comunistas han presentado la cuestión
la fusión con el partido de los socialistas revolucionarios.
hasta ahora no se ha realizado, ha sido a causa de la nega[¡vl
de los socialistas.
En Francia, los comunistas han comenzado con el partid
socialista conversaciones para un partido revolucionario únj^
En los países bálticos se oye a muchos socialistas que eons¡'
deran necesaria la aproximación política al movimiento obre.
ro soviético, lo que debemos saludar con alborozo.
Este movimiento, favorable a un partido revolucionario ún¡.
co, se desarrolla inevitablemente, pues la victoria del social^
mo en la Unión Soviética ha destruido los fundamentos ¿e|
reforxnismo y todos los trabajadores del mundo entero se agry,
pan alrededor de la política de la Unión Soviética.
Esto se halla confirmado no solamente por el desenvolví,
miento en los países imperialistas, sino también por el des.
envolvimiento en los países coloniales y dependientes.

El “raid" victorioso de los soviets chinos


El acontecimiento dominante de todo el período de la posgue.
rra, que imprime su sello a todo el mundo colonial, es la re­
volución china, que después del VI Congreso de la ic ha
tomado Ja forma de los soviets. La formación y el progreso
victorioso del movimiento soviético en China tienen una im­
portancia histórica mundial de la mayor trascendencia. La lu­
cha heroica del ejército rojo chino, que se ha cubierto de
gloria inmortal, es un ejemplo magnífico para los trabajado­
res de todo el mundo colonial. Seis veces los militaristas del
Kuomintang han equipado expediciones apoyadas por los im­
perialistas internacionales para aplastar el movimiento sovié­
tico.
A pesar de los medios y fuerzas enormes empleados para tal
fin por los enemigos del pueblo chino, el ejército rojo de los
obreros y campesinos chinos pudo contener todos los golpes
la a c t iv iü a d d el c e d e IA IC 127
SO0KE
rialistas y de las clases contrarrevolucionarias y
I(j5 í’^as'chinas. Las seis campañas de los generales contra
crtviéticas terminaron
V C c s soviéticas ---------- todas con la derrota de los
" f^ aas del Kuomintang.
1 e el ejército rojo chino, para evitar que le cercaran
41A 10 as del Kuomintang, haya sido obligado después de la
paga a abandonar el territorio de la antigua región
caa ¿ntral de la provincia de Kiangsi, ha conseguido des-
5 íjéuCj pian de los imperialistas y militaristas chinos, cuyo
consistía en rodear y diezmar al ejército rojo chino.
0bjell.av¿s de combates encarnizados, el ejército rojo ha au-
Ál‘dQ considerablemente sus efectivos. La campaña realiza-
<% ntem ente por las fuerzas principales del ejército rojo
i en la provincia de Setchoen abre amplias perspectivas
ei desarrollo posterior de la revolución soviética en Chi-
enseñanzas de la lucha militar suministran la prueba
^iitable de que un pueblo pisoteado por el imperialismo es
, . de luchar con éxito contra un enemigo superior y con­
cap8el. imperialismo
- • ----- •
*"-•----- internacional . . hasta
armado . . los dientes
...
tra en el curso de la guerra revolucionaria las necesida­
ctfando
des fundamentales de los trabajadores son satisfechas.
Los éxitos de los soviets chinos son una brillante confirma-
¡ón ^ Ia rectitud de la linea de la Internacional Comunista,
cpoyada en la teoi'ía de Lenin y Stalin sobre la revolución
colonial. Son también la expresión de la influencia poderosa
>e ia revolución de octubre, que ha inaugurado una época nue­
va en la historia de la sociedad humana.
por primera vez en la historia del mundo una lucha por la
liberación nacional revolucionaria en China conduce a una dic­
tadura democrática revolucionaria soberana del proletariado
y los campesinos. Por primera vez en la historia mundial la
revolución agraria antimperialista de un país semicolonial se
desarrolla en forma de lucha por los soviets. De esta manera
la posibilidad del establecimiento del poder soviético en un
país colonial se halla demostrada prácticamente; de un poder
soviético que se manifiesta como la forma estatal de la dicta­
dura revolucionaria democrática del proletariado y de los cam­
pesinos v asegura la transformación de la revolución burguesa
democrática en revolución socialista.
La revolución china suministra el ejemplo de la primera re­
volución colonial que realiza la hegemonía ideológica del pro­
letariado, así como su hegemonía estatal en su forma inicial.
A través de la clase obrera china, el proletariado colonial ha
demostrado prácticamente su capacidad para resolver los gran­
des problemas históricos, para defender la completa indepen­
dencia económica y política del país, para terminar totalmente
1^5 supervivencias feudales, eliminando la gran propiedad
agraria y el carácter de la usura; procediendo a las transfor-
W lUfEU í
madones revolucionarias previas que abren el camino a l
tona del socialismo. a
La política de los soviets chinos y las medidas prácticas
adoptaron para asegurar una mejora absolutamente tanJñ*
de la situación de los obreros y campesinos contribuyeron
despertar a las amplias masas de los trabajadores a una vid*
política activa y a intensificar rápidamente su espíritu de on*?
nización y su conciencia política. Entre la población trabaja
dora de los territorios chinos del Kuomintang, que vive priva!
da de todos los derechos, condenada a la ruina, al hambre, á
la desaparidón; condenada por el régimen del Kuomintang a
una nueva esclavitud colonial, se refuerza la convicción de
solamente los soviets pueden salvarla. Cada día masas
amplias de trabajadores chinos llegan a comprender que sólo
los soviets son la fuerza capaz de defender Ja unidad e inde­
pendencia de China, de unificar el país, de rechazar los ata-
ques de los conquistadores imperialistas y de asegurar una
mejora radical de la situación de las masas de obreros y cam.
pesinos.
Los éxitos del desenvolvimiento del movimiento soviético
en China llenan de entusiasmo a los trabajadores de todo el
mundo colonia! para los cuales los soviets chinos son el ejem­
plo y la bandera de la lucha revolucionaria por la libertad.

Camaradas: He terminado mi análisis de las tres etapas de Ja


lucha. Resumamos el desenvolvimiento del movimiento obrero
internacional a partir del VI Congreso.
El insoportable yugo económico, la ausencia de toda pers*
pectiva de mejora de la situación de las masas dentro del cua­
dro del capitalismo, el peligro de inmediata guerra, la ofensiva
brutal, ciega, de la burguesía contra los últimos restos de las
libertades democráticas y del parlamentarismo y las tentativas
para instaurar en un número cada vez mayor de países el ré­
gimen fascista de sangre y terror, elevan cada vez más a una
mayor altura la gran ola de la lucha de clases del proletariado
en el mundo capitalista.
La Unión Soviética se convierte cada día más en el punto de
atracción para las masas trabajadoras, lo que significa que en
la conciencia de las masas madura fa idea de la necesidad de
crear su propio poder soviético.
Ningún cambio temporal de la coyuntura económica; ningu­
na maniobra de los gobiernos de “izquierda" y socialdemócra­
tas pueden cambiar esta tendencia principal en el movimiento
obrero internacional.
Este apogeo del movimiento obren? y la voluntad reforzada
de Jas masas de luchar por el socialismo demuestran que la
crisis revolucionaria madura en todo el mundo.
SOBRE I-A ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC 129
*' ahora en mi informe a la parte que trata del estado
Jostras secciones.

^ íhtbrnacional comunista y sus secciones

desarrollo de los acontecimientos históricos depende, hoy


ís que nunca, del grado de conciencia y organización de la
ij4 e obrera, de una táctica hábil e inteligente de los comunis-
de la potencia y efectivos de la Internacional Comunista.
i9p! camarada Stalin dijo en su informe al XVII Congreso del
¿e la URSS, en enero-febrero de 1934:
Algunos camaradas piensan que inmediatamente que co-
:cnza una crisis revolucionaría la burguesía penetra forzosa-
^pte en una situación sin salida; que su fin está, por lo tanto,
^determinado; que la victoria de la revolución está asegurá­
is Vque no hay sino esperar simplemente el derrumbamien-
‘ ¿e la burguesía y escribir las resoluciones de la victoria.
csto es un grave error; la victoria de 3a revolución no llega
„imca por sí sola; es necesario prepararla y obtenerla por me-
¿¡0 de una lucha.
"Ahora bien: sólo u n fu e rte partido proletario revoluciona­
do puede prepararla y ganarla. Hay momentos en que la sitúa*
cíón es revolucionaria, en que el poder de la burguesía está
quebrantado h a sta sus fundamentos; pero en que la victoria
je la revolución no llega, sin embargo, porque no hay partido
revolucionario del proletariado con fuerza y autoridad bástan­
les pí»ra conducir a las masas y tomar en sus manos el poder.
Seríaabsurdo suponer que tales ‘casos' no pueden producirse."
Camaradas: Debemos reconocer que “casos” semejantes se
repiten y pueden repetirse si no tenemos en cuenta las adver­
adas del camarada Stalin y no hacemos todo lo posible y
necesario para reforzar los partidos comunistas y cuidar de
que adquieran la posibilidad de conquistar la mayoría del pro­
letariado.
Veamos si es verdad. ¿No era revolucionaria la situación de
A lem ania en los años que van de 1918 a 1920 y 1923? Sin em­
bargo, el proletariado no pudo vencer, porque no había enton­
ces en Alemania un fuerte partido revolucionario del proleta­
riado capaz de organizar su victoria sobre la burguesía. Inclu­
soen 1923, el re alemán no se mostró lo suficientemente fuerte
para llevar los obreros socialdemócratas a la huelga general,
en contra de la voluntad de sus jefes.
¿No era revolucionaria la situación de Italia en 1920? Sin
embargo, el proletariado no venció. Fueron los fascistas quie­
nes, por el contrario, llegaron al poder, porque no existía toda­
vía un fuerte partido revolucionario del proletariado.
130
¿No hubiera sido distinto el resultado de los %
tos de Austria en 1934 si hubiera habido en e s t a S ^ k
fuerte partido comunista, si el partido so cia ld em ó cr^ ^
biera dominado en Austria, partido que el propio Ott
califica de partido no revolucionario?
Y en España también, donde la revolución burguesa .
crática se desarrolla desde hace cuatro años, ¿no hubierf^
distinta para el desarrollo posterior del movimiento i%
nario?
¿No hubieran sido mayores los éxitos del movimiento d
parados y las acciones políticas de la clase obrera,
estos últimos años en los países capitalistas, si los
comunistas hubieran sido más fuertes, si hubieran sabido
un sistema potente de organizaciones de masas proletar^
atraerse al proletariado y a las amplias masas trabajado^ *
conducirlas al ataque contra el capitalismo? í
Si el proletriado ruso venció en octubre de 1917 fue, Sot
todo, porque existía en Rusia el partido fuerte y experto /
los bolcheviques, que, bajo la firme dirección de Lenin,
establecer un contacto estrecho con la masa entera de los S
plotados y oprimidos y conquistar a la mayoría del proW
riado para llevarlo a la revolución victoriosa final.
Sin tal partido, el proletariado de Rusia no hubiera podi^
a pesar de la situación revolucionaria, conquistar el poder. '
La lección principal que nos ha dado la historia del
miento revolucionario es que nosotros, comunistas, debe®^
trabajar incansablemente en organizar a las masas, en refoj,
zar los partidos comunistas y su ligazón con aquéllas, en r*.
forzar la Internacional Comunista.
Si no nos preparamos para la ejecución de esta tarea pue>
de suceder que, por muy profunda que sea la crisis revoluto,
nana, la burguesía consiga engañar a las masas y aplaste nug.
vamente por nn cierto tiempo el movimiento liberador
proletariado implantando la dictadura fascista en muchos paj.
ses más y provocando una nueva guerra imperialista para un
nuevo reparto del mundo y encuentre de esta manera ttoa
salida a su difícil situación.
El período transcurrido entre los VI y VII Congresos de la
Internacional Comunista ha sido, como anteriormente dije, un
período de avance de las masas obreras hacia la lucha revo­
lucionaria, un período de progreso rápido de la influencia de
los partidos comunistas sobre las masas y al mismo tiempo
un período de consolidación orgánica y política de los partí*
dos comunistas.
Esta consolidación política y orgánica de los partidos co-
munistas se ha realizado en lacha contra los elementos de
derecha, que invitaban al partido a capitular ante la social
democracia. Inmediatamente después del v i Congreso se pro*
SOBRB LA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC 131
, ievanlam iento de los derechistas contra la línea del
* Brandler, en Alemania; poco después, Lovestone, en
¿Atados Unidos; Jilek, en Checoslovaquia; Kilboom, en Sue-
^s gcuier y después Doriot, en Francia.
^ rtesar de todo, ni en Alemania, ni en los Estados Unidos,
/¿Francia y Checoslovaquia, los oportunistas de derecha
siguieron arrastrar tras de sí ni un solo núcleo importante
u^'tté0, Sólo en Suecia, Kilboom consiguió escindir el parti-
í comunista y separar de la ic a una parte de obreros revo-
M ^ loSt gracias a un trabajo deficiente de explicación y
^ fa lta s cometidas por los partidarios de la ic.
3 Tanto en la lucha contra los derechistas como en la lucha
■jrmltánea contra las concepciones sectarias de "izquierda",
5tíe conducían al partido al aislamiento de las masas, los par»
ijos comunistas se han templado suficientemente para defen-
L-se de la influencia oportunista; han sometido a prueba
¿ 5 filas, rechazando los elementos podridos, incapaces para
íalucha, y adquiriendo al mismo tiempo una mayor capacidad
03fa maniobrar en la lucha contra la burguesía y ei reformis-
?Qy para adaptar mejor su táctica a las condiciones concre-
(a$ de b lucha de clases del proletariado de cada país.

fr¡s intrépidas patrullas comunistas


^ consecuencia de la consolidación del partido, gracias a la
¿tperiencia recogida en la nueva etapa de la lucha y entrena-
^Tiento serio de los cuadros, los comunistas han conseguido
ascender a un grado nuevo y superior. Testimonio de esto
son los combates heroicos del ejército rojo chino, a cuya cabe*
2a están los campesinos, obreros agrícolas y estudiantes, que,
durante estos siete últimos años, acudieron a las escuelas del
partido, transformándose en organizadores y guías notables
<ie las masas y en estadistas proletarios.
Otro testimonio es el trabajo del partido comunista de Ale­
mania, el trabajo realizado por sus cuadros de base, que, pese
a la desorganización frecuente de la dirección central por la
Gestapo (policía secreta del estado) y a un terror medieval,
supo orientarse independientemente en las cuestiones políticas
complicadas y publicar millares de periódicos ilegales y orga­
nizar la lucha de los obreros contra los nacionalistas.
Asimismo se atestigua con la táctica hábil del partido comu­
nista de Francia, que ha conducido a la constitución del fren­
te único y a la unión de las amplias masas del pueblo para la
lucha contra la ofensiva de los fascistas. Y, finalmente, en los
combates de octubre en España, donde cinco años antes no
existía más que un insignificante grupo de propaganda comu­
nista, dirigido por elementos semitrotskistas, los cuales rom-
132

pieron con la íc; pero durante los últimos afio* * %


un poderoso partido comunista, que dirigió los e Hf
mados en una gran parte de Asturias. ^ b a t^ o
Los siete años que ñan transcurrido demostraron ^
que en todos los puntos donde comenzaron las mas ^
doras la lucha contra el yugo imperialista, contra h
abrumadora de los trabajadores por la alta finanza 10°?*%
y los trust, por la defensa de la libertad de los puebl^^s
la cultura humana, los comunistas han luchado en b»** to­
ras filas.
En esos años el mundo pudo convencerse de la fw
abnegación, de la devoción ilimitada de los cuadros
a la causa de la lucha por la liberación de todos los expj Ic
dos y oprimidos. Qt*
Recordad la actitud del camarada Dimítrov en el proc
de Leipzig; la de Rakosi, en Hungría; Antikanen, en Finían/?0
Fíete Schulze, en Alemania; recordad la muerte de Jos ^
radas Tsou^Tso-Bo (Sartakhof), Luttgens, Kofarljief;
dad, en fin, a los numerosos héroes y víctimas de la m-'
lucha liberadora en todos los países del mundo.
Es necesario atribuir una importancia excepcional al hecho
de que, en el período que analizamos en este informe, algun0s
partidos aislados, y varios conjuntamente, tomaran la iniciativa
de acciones internacionales en la causa de la lucha por
parados, contra el fascismo y la guerra. También fue de una
importancia excepcional que los partidos mas fuertes, de
experiencia, ayudaran con sus consejos a los partidos más dé-
biles, elaborándoles programas; que los partidos de los países
imperialistas ayudaran en su trabajo a los comumstas de los
países coloniales, así como a los partidos mas débiles, tanto
para su consolidación interior como para luchar contra la bur­
guesía.
El cambio que en estos últimos años se ha producido en la
conciencia de las amplias masas obreras, y sobre todo en los
obreros socialdemócratas, ofrece al partido comunista posibi­
lidades inmensas para ganar a las masas obreras. Nuestras
consignas se popularizan entre capas cada vez más extensas
de la clase obrera y también en Jas filas de los partidos social­
demócratas.
Se precisa que la posición de los jefes socialdemócratas sea
muy precaria para que muchos de ellos se vean obligados hoy
a reconocer la dictadura del proletariado. Ja forma soviética
del estado, la confiscación de los medios de producción y su
nacionalización, el derrumbamiento por la violencia de la cla­
se explotadora. Esta victoria de las consignas e ideas de la re
demuestra que si los partidos comunistas durante los años de
estabilización no pudieron extender sino muy lentamente su
influencia y no consiguieron romper la de los viejos partidos
SOBRE LA ACTIVIDAD DEL CE DB LA IC 133
nnistas más influyentes, hoy, realizadas ya las condiciones
Ominares necesarias, les es posible extender más rápida-
f r iC su influencia y progresar aceleradamente en la con­
s t a de & mayoría de la clase obrera.
burguesía se esfuerza por dificultar a los partidos comu-
■ctas la conquista de la mayoría de la clase obrera, restrin-
^ndo ía libertad de propaganda comunista, paralizando el
^bajo legal de los partidos comunistas, procediendo contra
2 miembros por medio del terror y oponiendo a sus consig-
las de los diferentes partidos burgueses, semifascistas y
fascistas*
frente al abandono impetuoso del reformismo por las ma-
- a la amenaza de revolución proletaria, la burguesía pro-
L¡je a la supresión de los últimos vestigios de las libertades
¿vfliocráticas burguesas y de todas las organizaciones del pro­
letariado, comprendidos incluso los partidos socialdemócratas
v]os sindicatos reformistas.
Acausa de esta ofensiva de la burguesía contra las organi­
zaciones obreras, de las 67 secciones de la Internacional Comu-
n¡5ta, solamente 22 secciones pueden trabajar, legal o ilegal-
jnente, en los países capitalistas (y de ellas 11 en Europa) y
45 secciones (15 de ellas en Europa) están obligadas a actuar
¿n la más estricta ilegalidad y en las condiciones de terror
jnas crueles.
Entre éstos hay algunos países, como Italia, Alemania, Aus-
irlay Letonia, donde los fascistas han destruido todas las orga­
nizaciones del proletariado, comprendidas las de los partidos
socialdemócratas y los sindicatos y llevando por la fuerza a
(os obreros a las organizaciones fascistas.

Necesidad de explicar a las masas et programa,


ia estrategia y táctica de la IC
Us formas y métodos de lucha de los comunistas para la con­
quista de las masas obreras, la agitación y propaganda, el tra­
bajo de organización están determinados por la situación de
los partidos comunistas en cada país, considerado particular­
mente. Sin embargo, cn todos los países capitalistas, sin excep­
ción, la lucha se desarrolla alrededor de consignas generales
contra la ofensiva del capital, el fascismo y la preparación de
una nueva guerra imperialista. En todos los países el trabajo
de ios comunistas se verifica con la consigna fundamental de
la íc, la lucha por el poder soviético.
Nuestra agitación y propaganda fueron determinadas por el
hecho de que los comunistas, en su lucha contra el capitalis­
mo, el fascismo y !a guerra, han debido al mismo tiempo com­
batir a la socialdemocracia, que aparta a las masas de la lu-
134

cha. Sin combatir a la socialdemocracía era imposible i *


contra la burguesía, pues se
ac trataba de conoaister
iraiaoa ae conquistar n»»*. «r
cha a los obreros socialdemócratas. ^ c a**ilu.
Es precisamente la actual situación la que nos
mentar la critica contra aquellos partidos y jefes social/^
cratas que continúan reteniendo a las masas y desempeña**0*
en la lucha de la clase obrera el papel de rompehuelgas p °
al mismo tiempo debemos en nuestra agitación y propaga^ 0
luchar con el máximo de rigor contra la burguesía, pritkS
mente contra los partidos m á s reaccionarios, los fascistas;
quieren captar con sus consignas demagógicas, "anticapúaj?
tas1', a las masas antes políticamente pasivas y sin concien^
de clase, que se apartan del reformismo y por vez primera ^
ponen en marcha.
Los métodos de agitación y propaganda empleados por
fascistas y por bastantes partidos burgueses y sus jefes atestj,
guan que la burguesía se siente débil, que no se considera
paz de conservar su dominación, declarándose con franqu^
ante las masas partidaria del capitalismo.
Un buen número de nuestros agitadores y redactores opj.
nan que nuestra tarea consiste en realizar las prueba teóri*
ca de que estas consignas de la burguesía no son científicas
ni están acordes con la economía política marxista-Ieninista,
Preocupación totalmente ociosa. Nuestra tarea consiste en
demostrar por todos los medios que los jefes burgueses, ayu.
dados con tales consignas, engañan a las masas; que ningún
partido burgués puede realizarlas; que solamente el poder
soviético libertará a los trabajadores de la dominación de los
bancos y trust, del yugo del capital, de la pobreza, deí han*,
bre y de la miseria.
Nuestra tarea consiste en demostrar a las masas que en el
nacionalsocialismo alemán no hay rastro alguno de socialismo,
Los demagogos fascistas intentan envolverse con la toga de
tribunos del pueblo, que se preocupan de salvar las "cosas
esenciales" de la totalidad de la nación.
De ahí que nuestra tarea sea Ja de desenmascararlos como
agentes de los trust más poderosos, de los reyes del cañón,
demostrando a las masas lo que se oculta detrás de la leyenda
de la unidad nacional y presentándolos como un puñado de
capitalistas y de jefes fascistas que se alimentan a expensas
del pueblo. Debemos demostrar a las masas que solamente la .
dictadura del proletariado, que es 3a única y verdadera demo­
cracia para los trabajadores, creada con arreglo al modelo de
la Unión Soviética, puede ayudar.
E! sistema capitalista aparece ante los trabajadores con un
aspecto cada día más odioso. Contra el sistema capitalista
se rebelan todos los hombres eminentes en la actualidad El
comunismo aparece ante las masas como la tabla de salvación
r jjUjj IA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC
trabajadoras están contra el capitalismo; han per-
el reformismo y comienzan a romper con él. Las
135

Plantadoras están por el frente único de lucha contra


A fascismo y la guerra.
>organizadores consecuentes de la lucha con-
a de capital, el fascismo y la guerra, están por
& único como forma de lucha que hay que realizar

o basta con ia unidad de acción- E l cambio experimen-


masas a causa de la modificación de la situación
i i f f ^ r í a s a la victoria del socialismo y al hecho de que
¿^tlesía haya pasado a Ja utilización de ios métodos de
fascista en un número cada día mayor de países,
$ n t resultado que las masas socialdemócratas comenza-
Orientarse espontáneamente hacia el frente de lucha.
*e5to no significa todavía que estas masas vendrán al
ismo espontáneamente.
obreros quieren un partido único; pero con frecuencia
presentan la creación de este partido de una manera de-
* ciado simplista. Para que todos los obreros revolucionarios
agrupados en un solo partido es necesario que las ma-
por sí mismas, discutan ampliamente los problemas de
Agrama y de táctica, los objetivos de la lucha.
P partido verdaderamente único del proletariado no puede
más que sobre la base de la unidad del programa, de
Lestrategia y de la táctica. El programa y la táctica de la
^democracia han fracasado. El programa, la estrategia y
¡atáctica de ia Internacional Comunista han resistido victo-
¿osamente todas las pruebas. A causa de esto, estamos en
adiciones de hacer comprender a los obreros socialdemó­
cratas nuestro programa, nuestra táctica y estrategia, de lu-
cliar sobre esta base por la unión de todas las fuerzas revo­
lucionarias y de pasar en todo el frente a la ofensiva contra
el reformismo.

la «tifón con las masas, ley del bolchevismo


paso a ocuparme del estado orgánico de nuestras secciones.
En todos los países han progresado política y numéricamen­
te. Mas los progresos de nuestra organización no corresponden
al aumento de influencia y puede resultar que los partidos co­
munistas sean incapaces de hallarse a la altura de la tarea
formidable que les impone la situación política en el problema
de la dirección de las masas.
Los progresos orgánicos de las secciones de la Internacional
Comunista en aquellos países donde cl movimiento es legal tro­
piezan hoy sobre todo, con un número determinado de faltas
136 WILHELM PtEctc
en el reclutamiento de nuevos miembros y en el trab»;
educación, así como en el desenvolvimiento oreáni?Í° ^
partido. ^ <k|
Destaca esto especialmente en las fluctuaciones, o sea
los miembros ganados para el partido, o bien no entran
mente en sus filas, o las abandonan al cabo de algunos ^
ses. Muchos de los obreros afiliados al partido están
poco educados políticamente; no son lo suficientemente
vos y disciplinados. Es necesario, pues, que la organizac^
del partido se ocupe mucho de ellos para convertirlos de -T
munistas con voluntad de lucha en militantes del partido, Ata
ra bien, esto es de lo que se preocupan muy poco los antig^
miembros. El desarrollo orgánico de las secciones de la Inter
nacional Comunista en los países de movimiento ilegal se hal],
muy dificultado por las medidas de represión policiaca y ^
miedo a la penetración de provocadores en la organización. Sj#
embargo, en las secciones ilegales los nuevos adheridos,
regla general, están mejor educados y son más activos y jjjj.
ciplinados. A pesar de todo, también en éstos se manifiesta)]
faltas considerables.
Con frecuencia las células no son organismos políticos qye
examinan los diferentes problemas políticos, y esto no pué^
explicarse de ninguna manera por las necesidades eventuales
de la conspiración. Con frecuencia no son otra cosa que oigj.
nizaciones recaudadoras de la cotización o distribuidoras de
las funciones del trabajo del partido.
En muchas organizaciones, tanto en las secciones legales
como ilegales, domina un temor sectario a la influencia ^
antiguos obreros socialdemócratas. Sectarismo que en muchas
organizaciones de Alemania ha llegado al^ extremo de crear
para los antiguos socialdemócratas condiciones especiales de
admisión, o bien los han organizado en células especiales, lle­
gando en ocasiones a formularles exigencias políticas excesi­
vas. Esta manera de tratar a los viejos socialdemócratas ates­
tigua una incomprensión absoluta del cambio que han experi­
mentado las masas socialdemócratas.
Este viraje se destaca bien en el ejemplo de nuestro partido
austríaco, compuesto hoy en más de dos tercios por camara­
das que no hace todavía un año estaban en el partido social-
demócrata, siendo en la actualidad miembros fieles, devotos
y activos del partido comunista de Austria. Esto sucede no
sólo con simples miembros de la base de la socialdemocracia,
sino también con antiguos militantes socialdemócratas. He de
señalar con placer que la delegación a nuestro congreso de la
sección austríaca se compone en una proporción considerable
de camaradas que hasta febrero de 1934 eran militantes emi­
nentes del partido socialdemócrata. La composición de la de­
legación austríaca es precisamente la mejor prueba de la deca­
r,¿^
^
TA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC
SOBRE W1
^fomiismo y de la victoria de nuestras consignas
137

^W jDio fundamental de nuestra organización del partido


T**en aue sepa ahora mantener el contacto más estrecho
jts^'sas y utilizar todas las posibilidades para organizar
a t r a y é n d o l a s a ella. Para lo cual hay necesidad
p '^árse en las capas decisivas de los obreros de las em-
$sgram as industriales más importantes.
j&fJL .¡Pialar dos sectores particularmente importantes del
organización de nuestro partido, que son precisa-
ios más descuidados: el trabajo entre las mujeres y
íjM-enes. En todos los países las premisas son actualmente
favorables para ganarlos a la lucha t evolucionaría, en
tfrjcon los otros sectores.
trabajo de los comunistas en los sindicatos y en las de*
Js organizaciones *lue agrupan masas obreras es la condición
•¡Jpera decisiva para el éxito del trabajo de los comunistas
Has niasas y para la conquista de éstas. Sin asegurar la in-
¡jr^jcia de estas organizaciones en las masas no es posible
¡¡¿a los comunistas la conquista de la mayoría de la clase
£n estos últimos tiempos se ha observado una sensible me-
de nuestro trabajo en los sindicatos amsterdamianos en
Waterra, Hungría, Polonia y en la Federación sindical de
América. Lo que ha tenido como resultado que los refonnis-
¡js no pudieran aplicar ni en Inglaterra ni en América las
orientaciones dadas en lo que se ha denominado “circular
i negra”, a propósito de la exclusión de comunistas. En Hungría
' . Polonia nuestro trabajo ha hecho más difícil a los fascistas
la supresión de las organizaciones sindicales.
las comunistas de Austria y Alemania han desarrollado asi­
mismo una gran iniciativa últimamente, participando activa­
mente en el restablecimiento de los sindicatos libres. Pero
muchos comunistas consideran siempre a los sindicatos ams-
terdamianos como un feudo socialdemócrata y no como sus
propias organizaciones, como a organizaciones fundamentales
de la clase obrera, para cuyo fortalecimiento hay que realizar
un trabajo concreto.
En los países donde todas las organizaciones obreras están
destruidas p o r ios fascistas, los com unistas no pueden llegar
a las grandes m asas obreras si no utilizan todas las posibili­
dades legales o semilegales, si no trabajan en los sindicatos
fascistas en Italia y Austria, así como en las filas del sedicente
"Frente del T rabajo", en Alemania; si no luchan en estas orga­
nizaciones p a ra conquistar la influencia sobre las masas y
dirigirlas.
Nuestra consigna en la lucha p o r la conquista de la mayoría
del proletariado para el partido com unista es ampliar el fren-
WILHELm h
ie, penetrar más profundamente en todas las ores»; ^
de masa. <Icfoj¡»
La tarea de nuestro trabajo en el seno del partido
en fortalecer el partido y elevar el nivel político de
nizaciones. %or».

Las secciones más importantes de ta IC


Quiero hablar ahora de la situación de algunas de nUe,.
más importantes secciones. ^
En los siete años transcurridos, los partidos comunistas h
aprendido a conducir a millones de trabajadores, adquirid
una formidable experiencia de lucha. En todos los ®°
importancia de los partidos comunistas ha crecido notaW
mente. Nuestra sección se lia fortalecido.
El partido comunista alemán, nuestro mayor partido en ei
mundo capitalista, que después de la derrota del proletaria
alemán en enero de 1933 no ha cesado un solo día de luchar
contra la burguesía, ha sido reducido a la ilegalidad. En la
toria del movimiento obrero es el más grande partido ilegal de¡
proletariado. A pesar del terror, y venciendo la posición sectaria
de liria parte de la dirección del partido, moviliza a las masas
proletarias contra el fascismo y la preparación de una nueva
guerra y lucha contra la miseria obrera de cada día. Contra-
riando las declaraciones de los jefes nacionalsocialistas, qUe
pretenden haber aniquilado al marxismo, el partido ha demos,
trado que puede destruirse el neomarxismo socialdemócrata
pero que es imposible aniquilar el marxismo. No es posible
una consolidación prolongada del régimen nacionalsocialista.
El partido com unista au stríaco , q u e to d a v ía h ac e año y
dio era un pequeño grupo de p ro p ag a n d a q u e sólo gozaba de
una influencia débil, se h a convertido, d esp u és de la derrota
de la socialdemocracia, en el h ered ero ú n ico de las tradiciones
revolucionarias y en el partid o d ire c to r del p ro letariad o aus­
tríaco. Lucha con éxito contra el reform ism o, p o r el frente
único y el agolpam iento de todos los o b rero s revolucionarios
en un solo partido: el partido com unista unificado.
E l partido com unista español, que cuando el VI Congreso
era un grupo sectario compuesto en su m ayoría de emigrados,
se h a convertido en un partido de masas co h eren te y templado
en la lucha, en un poderoso factor político en el desarrollo de
la revolución española. Sus consignas prenden en m asas cada
día m ás num erosas. En octubre de 1934 desem peñó en las
luchas arm adas un gran papel político.
Resumiendo lo dicho sobre estos tres partidos, podemos
señalar con orgullo la constancia y tenacidad in au d ita de los
com unistas alemanes, en condiciones atroces de teiT or y el
SOBRE la a c tiv i d a d d e l CE DE LA IC 139
urinariamente importante de que los comunistas
j p c* y Austria no sólo estuvieron en las barricadas en
rfiP ftla, sino que inmediatamente después de la derrota,
^tf^der ún momento, señalaron las debilidades del frente
¿ pef-L a las masas obreras, hicieron frente al reformismo
V e n iz a r o n el frente único de todos los proletarios para
t o#j0 esta manera los fundamentos sólidos de las victorias
(U'jtro partido comunista de China, cubierto de gloria, se
^antenido en estos últimos siete años en las primeras avan-
¡iS10 ¿e com bate en la lucha de los pueblos coloniales y paí-
^oitjetidos. Cuenta con más de 300 000 miembros. Ha crea­
se* ejército rojo, conquistando el poder en una parte impor-
á°'z de China. Sus éxitos demuestran que sólo las consignas
(3?1» Internacional Comunista sirven de estrella polar a las
ndes masas trabajadoras de los pueblos coloniales. Pero
^ jtro partido chino no ha conquistado aún a la mayoría
j*u¡0s trabajadores en la China del Kuomintang. No ha sabido
L¡nizar al proletariado de los centros in d u striales más des­
ellados y ve plantearse ante él, en la lucha contra la burgue-
^ nacional y la intervención japonesa, la tarea inmensa y
^ordinariamente difícil de extender la revolución soviética
J toda China.
' Otro acontecimiento de importancia inmensa en el desenvol-
j-ijniento del movimiento revolucionario colonial es la creación
¿el partido comunista de la India.
El partido co m u n ista fra n cé s reg istra, com parado con los
atan te s países im p e rialista s, los éxitos m ás im portantes. H a
triplicado su s efectivos, convirtiéndose, p o r la aplicación vic­
toriosa de la tá c tic a del fre n te único, en facto r político extra­
ordinariamente im p o rta n te en Francia. Su tarea consiste en
reforzar el fre n te ú n ico de toóos los trabajadores contra la
ofensiva del fascism o y la guerra, p o r las reivindicaciones dia­
rias de la clase tra b a ja d o ra y p a ra rechazar los futuros ata­
ques del fascism o y conducir a los trabajadores de la lucha
contra el fascism o a la lucha p o r los soviets.
El p artid o co m unista de Inglaterra, organización pequeña
comparada con el L abour Party, h a aum entado sus efectivos
cn un tercio, h a realizado el fre n te único con el ilp y, gracias
a su trab a jo eficaz e n tre las m asas y a una aplicación justa
de la táctica del frente único, ha consolidado su posición en el
movimiento sindical y, po r lo tanto, en tre la clase obrera. Apo­
ya las reivindicaciones dem ocráticas de las masas, lucha por
¿stas, sostiene a las m asas en sus aspiraciones a la formación
de un gobierno del Labour P arty y propaga al mismo tiempo
el program a de una revolución proletaria, tínica salida a Ja
miseria y angustia. A pesar de todo, sigue siendo una organi­
zación pequeña.
1

W IL H E L M . s ^ i E SOBRe A C T IV O S UH1. CE DT2 141


140 pteck-
iJtliÓn Soviética.^ D e b e a l m is m o tie m p o lle v a r la lu c h a co n -
£i piu lido comunista de los Estados Unidos, después de h ■i 1&o p re s ió n n a c io n a l e n lo s t e r r i t o r i o s a le m a n e s , u c r a n ia n o s
ber superado la lucha fraccional, ha crecido numéricarne^?' jjovacos. Organizando las lu c h a s p o r la s r e iv in d ic a c io n e s
en proporción considerable, paralelamente a la agudización rt V .¡ales, e l p a r ti d o d e b e c o n d u c ir a las m a s a s a la lu c h a con-
la crisis económica; ha comenzado a ampliar su influerj5e f |a b u rg u e s ía , a l a lu c h a p o r e l p o d e r . Y p a r a t e r m i n a r , ca-
entre las grandes masas de la clase obrera y entre los carnpJ? l i a d a s , u n a s p a l a b r a s a ú n s o b r e l a s e c c ió n m a y o r , l a s e c c ió n
nos e intelectuales. Pero para fortalecer todavía más su ■ ‘ fi rtnra d e n u e s t r a I n t e r n a c i o n a l C o m u n is ta , e l p a r t i d o d e
fluencia en las masas obreras es preciso que el partido ere» 11 : ¿ l l a m a r a d a s L e n in y S ta lin , e l p a r t i d o c o m u n is ta d e la
a su vez y consolide sus posiciones en el movimiento sindicó
Se precisa que luche más enérgicamente que hasta ahora n
i -n S o v iética . . .,
i (j*1' .rfinte e l p e r ío d o t r a n s c u r r i d o , b a j o l a d ir e c c ió n d e l ca-
, .

la creación de un amplio partido de masas de los obreros \ Aa S ta lin , h a o b te n id o n u e v a s v ic to r ia s d e u n a tr a s c e n d e n -


campesinos, por la coalición de todas las organizaciones i i'lí,rf;« tó ric a m u n d ia l e i m p u l s a d o l a lu c h a p o r l a c r e a c i ó n d e
los trabajadores contra la burguesía. de ■^ s o c i e d a d socialista sin clases. Para nosotros constituye
El partido comunista del Japón, cuyo trabajo se desarrnii | iin» * ejemplo d e cómo hay que luchar y vencer.
en un régimen inaudito de terror, ha organizado de mane ■^ tarad as: No he mencionado en mi informe sino a algu-
bolchevique la lucha contra la ofensiva del imperialismo jarf3 i lQS partidos mayores de nuestra Internacional. Hubiera
nes en China, prestando a las masas trabajadoras de este >i'05 „ytraordinariamente difícil hacer en esta sesión un in-
País
un apoyo serio. Sin embargo, el terror gubernamental y j ‘ ' $•id» e a u n q u e fuera
* muy 'breve, de cada una de- -las secciones.

provocaciones lo han debilitado considerablemente. Para ]S
obtención de nuevos éxitos, los comunistas japoneses debe^
extirpar decididamente las supervivencias sectarias y utiliza*1
realmente todas las posibilidades legales con vistas a la luc]^ estilo leninista de la dirección
por los intereses cotidianos de la clase obrera. Ésta es al ■ rnanera general, sólo quiero señalar particularmente un
mo tiempo la condición primera de la consolidación política oto- Un número cada día mayor de partidos comunistas, que
y orgánica del partido para conducir a las masas trabajado, batido el VI Congreso no eran otra cosa que simples grupos
ras a la lucha contra la reacción. p ro p ag an d a, comienzan hoy a transformarse en partidos de
El partido comunista de Polonia no sólo venció su larga sa y a convertirse en factores políticos de importancia en su
lucha fraccional, sino que entre el VI y el VII Congresos trip]¡. ^¡s_ En todos los partidos comunistas de los grandes países
có sus efectivos, ampliando su influencia política, y supo, gra.
cias a sus consignas de combate justas, colocarse a la cabeza K jiafi formado ya organismos directores fieles a nuestros
en los grandes movimientos de masas. El frente único le ha 'rincipi°s y capaces de resolver independientemente, basán-
permitido acercarse más a las masas. Hay que utilizar todas í¡n$c erl ^as ^ec*s*ones nuestros congresos y plenos, las cues­
las posibilidades legales y defender los últimos vestigios de las t e s y tácticas más complejas de su país.
11£s/s hecho m odifica las funciones del Comité Ejecutivo de la
libertades y derechos democráticos del pueblo trabajador, a
fin de que las masas se tornen aptas para la lucha demoledora . Mrtuicioruil C om unista y le permite situar el centro de gra­
de la dictadura fascista y por una Polonia soviética. bad de su actividad en la elaboración de la orientación po-
El partido comunista de Checoslovaquia dirigió durante los ¡tica y táctica fundamental del movimiento obrero intemacio-
pasados años grandes movimientos de masa, consolidándose al, bien entendido que para la solución de todas las cuestiones
tanto política como orgánicamente. Gracias a su buen trabajo Ly cllie Var^ r de tas condiciones concretas y particulares de
entre las masas pudo, pese a las negativas formuladas por la •¡¿a P0-^ dado; convertir en regla el evitar inm iscuirse en las
dirección de la socialdemocracia a todas las proposiciones de \ll¿stiones de organización interior de los diferentes países y
frente único, realizar el frente único con muchas organizacio­ en ayuda de todos los partidos para la consolidación
nes locales socialdemócratas. Los resultados de las elecciones :* los organismos directivos verdaderamente bolcheviques en
parlamentarias de 1935, que dieron al partido 850 000 votos, \¡s cuestiones de agitación, propaganda y utilización de la ex­
tie n d a del movimiento comunista mundial.
demuestran la influencia creciente del partido entre las masas Dada la gravedad excepcional de la situación actual, conside­
obreras y campesinas. El partido debe desarrollar ampliamen­ raos necesaria al mismo tiempo la participación activa y
te el frente único contra la ofensiva del capital, contra el Permanente de los representantes más prestigiosos de todas
fascismo checo y alemán, contra la guerra que amenaza la in­ :,s secciones, más o menos grandes, de la Internacional Comu-
dependencia del estado del pueblo checo, por una alianza con
WILH£Ut Pf
nista en los trabajos del Comité Ejecutivo de ^
y Secretariado. ' ^ ^es^v
‘ Lo cual fortalecerá todavía más a nuestra direcciA. *
nacional y colocará a nuestro organismo director v a ! ; ^
a un nivel más elevado. J u
El estilo y métodos de nuestro trabajo se modifican
lación con los cambios de Ja situación política, desar/í1 ^
fortalecimiento de nuestros partidos. Si cuando ei Vr c° )
so muchos de nuestros partidos se hallaban divididos :
sensiones internas y luchas fracciónales, hoy tenemos ^ i
unión y cohesión que nunca. %
Hay que dar a nuestro trabajo un impulso muy vigoi^-
no debe haber hoy, tanto en la política interior y etíeti®^
país como en las relaciones recíprocas entre el partido y r
grupos, cuestiones acerca de las cuales los comunistas no
jan su atención y tomen posición, a fin de influir el curs0 í'
tero del desenvolvimiento histórico. ^
Modelo de este estilo nuevo de trabajo es la actividad dei
partido comunista francés, que, gracias al frente único y ¿
frente popular, ha conseguido organizar a los partidos de ^
quierda para la resistencia contra la formación de un gobie^j
de derecha y soldar a las más amplias masas del pueblo
la manifestación antifascista del 14 de julio.
De la actividad de los comunistas, de su aptitud para
lizar todos los cambios que se produzcan en la política de
burguesía de su país y cualquier antagonismo entre las clases
directoras, para defenderse contra la reacción, el fascismo v
los fomentadores de la guerra, depende hoy el fortalecimiento
del frente de los trabajadores contra el frente burgués, presa
actualmente de furia loca y ei esfuerzo del frente comunista
contra el frente capitalista.

La era de la II Internacional está cerrada


La era de la II Internacional en el movimiento obrero está
cerrada. La situación en los países capitalistas, la situación
del capitalismo mundial, incapaz de hallar solución a las difi­
cultades en que se debate, incapaz de aliviar la miseria y el
hambre de las masas, demuestra que un nuevo apogeo, un nue­
vo período de prosperidad no es posible ya para cl reformis­
mo. Puede que en algunos países, por un período breve, los
partidos socialdemócratas se consoliden; que aquí o allá lle­
guen aun al poder y participen en gobiernos burgueses. Pero
esto no será a causa de que en Jas masas persiste aún la ílu-
* sss& ta ssr
SOBRE l a a c t i v i d a d d e l c e d e l a IC 14 3

k e ¿te la reacción, por medio de la ayuda de gobiernos


jPltertlÓcr&t*5'
G$ ií internacional atraviesa una profunda crisis política.
?V* cris*8 del reformismo mundial, provocada por la agrava-
P ¿e la situación mundial, por el reagrupamiento naciente
# masas, por su viraje hacia la lucha contra la burguesía,
jílfja revolución.
ftc crisi$ de la socialdemocracia y de toda la II Internacional
^ tcB ante todos los obreros socialdemócratas, ante todos
^militantes socialdemócratas honrados, la siguiente cues-
I°1' ¿Adónde vamos?
diferentes ocasiones hemos propuesto al Comité Ejecu*
.{^dela II Internacional la creación del frente único de lu-
íjVcontra la ofensiva del capital, contra el fascismo y la gue-
2? era por hacer declaraciones, sino en consideración a
í jlicba verdadera, por lo que propusimos en 1933 emprender
Nodaciones entre los diferentes partidos. Sin embargo, la
[jloternacional declinó nuestras proposiciones, declarando
Le *as negociaciones sólo podían llevarse a cabo entre las
íjs internacionales. En 1934 propusimos al Comité Ejecutivo
la II Internacional negociaciones para acciones comunes
^cretas. Nuevamente fueron rechazadas nuestras propues­
tas- En 1935, antes del 1 de mayo, propusimos, una vez más,
jl ce de la II Internacional, el frente único. En esta ocasión
contestó que las conversaciones podían llevarse a cabo entre
partidos y no entre las Internacionales.

¿Qué quiere la II Internacional?

Una de dos: o no es ya capaz de actuar como una organización


internacional, o sabotea la unidad del proletariado. Si los jefes
de la II Internacional esperan sobrevivir a tiempos tan difí­
ciles como los actuales para el reformismo; si creen que puede
jlegar todavía una coyuntura favorable para el reformismo,
declaramos ante las amplias masas obreras: todas las mani­
obras de la socialdemocracia, basadas en la esperanza de que
vuelva una coyuntura favorable al reformismo, son vanas y
catastróficas para la clase obrera.
A todos los socialistas y partidos socialistas les proponemos
que sigan con nosotros, comunistas, el único camino justo y
posible: el camino del frente único de la lucha contra el fas­
cismo, la guerra y el capitalismo por el socialismo.
Les proponemos la unión de todas las fuerzas revoluciona­
rías del proletariado en un solo partido revolucionario, cons-
truido sobre la base, probada en la experiencia, de la teoría y
organización de las doctrinas de Marx y Lenin.
Nosotros, comunistas del mundo entero, estamos en presen*
wrLHELM^
cía de una tarea de Ja mayor importancia: obrar de w *
adecuada para nnpedir que Jos farsantes de la
dan engañar por medio de la demagogia a las massTai, ^
perdido ya su fe en el rcformismo; conducir al profeta*^
sobre la base del frente único, a la lucha contra Ja ofe
del capital, contra el fascismo y la guerra; ganar a l a s *
sas proletarias para la revolución y la lucha por el tJ?3'
soviético,
Llego ya, camaradas, a la parte que cierra mi informe*
cuestión de las perspectivas del desenvolvimiento mundial
de Ja revolución mundial. J !¡

Y. PERSPECTIVAS DE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL


i
¿Cuáles son las perspectivas del desarrollo mundial y de la ^ j
volución?
El sistema capitalista se halla quebrantado en sus funda, ■
mentos a causa del desenvolvimiento de Ja crisis general del ■
!
capitalismo, por la crisis económica mundial, por Ja revoluclo, \
narización progresiva de los trabajadores y por los síntoo^ •
de la crisis política que se manifiestan en bastantes países, 1
I^as fuerzas de la burguesía están debilitadas; las fuerzas del j
proletariado, consolidadas. La relación de fuerzas en una es. i
cala mundial ha cambiado favorablemente al socialismo en \
detrimento del capitalismo. i
i
La URSS, orgullo y gloria del proletariado mundial j
1
La Unión Soviética se ha convertido en el factor más poderoso i
e importante en la lucha mundial por el socialismo. Si cuando j
en el VI Congreso de la t c era todavía un estado relativamente j
débil, que no poseía una gran industria digna de ser mencio­
nada, hoy se ha convertido en una gran potencia socialista, des- j
bordante de fuerzas desde un punto de vista económico y po-
lítico, apoyándose en una industria pesada perfecta y en la
mejor técnica actual.
Hoy, la Unión Soviética, por su política general, ejerce una
influencia cada día más intensa en los destinos del capitalismo
mundial y en el desenvolvimiento de la lucha por Ja liberación
del proletariado mundial y de los pueblos de los países colo­
niales y dependientes. La importancia mundial de la victoria
de! socialismo en un solo país se manifiesta en esta influencia
progresiva de la victoria del socialismo en Ja Unión Soviética
en el desenvolvimiento mundial y en la conciencia de las ma
sas trabajadoras de los países capitalistas, pues es una victorh
SOBRE LA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC 145

uede permanecer aislada, sino que conduce a la victo-


s o c ia lis m o en el mundo entero.
%dudamos de que el cambio que se produce en las masas
p . doras* es decir, la orientación de éstas hacia la lucha
ciooaria contra la ofensiva del capital» el fascismo y la
es debido esencialmente a los éxitos de la Unión So*
Estos éxitos han demostrado al mundo entero que la
fi dortw es capaz de edificar con sus propias fuerzas una
a s o c i e d a d , una sociedad socialista, y que el socialismo
f#vorCicma a los trabajadores una vida de alegría, de libertad
p^Lestar.
yj* superioridad del nuevo sistema económico, del sistema
alista sobre el capitalista; la superioridad del nuevo or-
^ social socialista sobre la sociedad de ciase burguesa; el
traste evidente entre la Unión Soviética y los países fascis-
^ constituyen la fuerza que por medio de un trabajo enérgico
¿fl'0 *os comun*stas ha sido capaz en pocos años de re-
í cií* a *a na£*a *a influencia en las masas del reformismo.
% victoria del socialismo en la Unión Soviética demuestra
l mismo tiempo que es inevitable su victoria en todo el
gobre la base de las ventajas enormes de la economía socia­
lista apoyada en la técnica mejor de los tiempos actuales y
0 lá colectivización de la agricultura; sobre la base de la con-
jolidación de la propiedad social, el nivel material y cultural
los trabajadores continuará elevándose con una rapidez
extraordinaria; la potencia económica y política de la Unión
Soviética continuará aumentando, y la democracia soviética,
perfeccionándose para todos los trabajadores.
£1 país de los soviets aparece en una medida cada día mayor
jnte las masas del mundo entero como el país de la cultura
yJa técnica avanzadas, como el país de la paz y el bienestar
(¡e todo el pueblo, como el país de la democracia y libertad,
¿ojbo el gran país socialista donde cada hombre tiene la posi­
bilidad de desarrollar completamente sus capacidades y apti­
tudes individuales,
fin la victoria del socialismo en la URSS y en las perspec­
tivas ilimitadas del progreso ulterior de la URSS en el camino
del socialismo fundamos la seguridad de que nuestra influen­
cia en las masas trabajadoras del mundo entero aumentará
coa rapidez enorme, que la victoria del socialismo orientará
bacía el comunismo a la clase obrera de todos los países y
producirá la victoria del socialismo en el mundo entero.
Basta para esto con la paz, que asegurará la posibilidad de
nuevas victorias del socialismo en la URSS. Basta con la posi­
bilidad de instruir y organizar a los trabajadores de los países
capitalistas con la energía, voluntad y devoción de los comu­
nistas a la causa de la lucha por el socialismo para que núes-

>
14 6 WUJUa* IW
tra victoria esté asegurada en un plano mundial en » *
plazo histórico. qn
Si fueron precisos menos de cincuenta años para Ileo
la primera verdadera revolución burguesa, la gran revd A
francesa de 1789, al alba de la época en que una ola de**0^
luciones burguesas inundaron Europa, destruyendo definí
mente el poderío feudal, no habrá necesidad de un p w ^ -
yor, sino esencialmente más corto, para llegar de la victo??'
de la primera revolución socialista» la gran revolución de*
tubre de 1917, a la victoria del socialismo en el mundo ent^

Maduración de la crisis revolucionaria


El sistema capitalista no abandonará sin lucha la arena de l.
historia mundial. ^ *
El sistema capitalista está debilitado; pero el^capitalismo^
conseguido vencer el punto más bajo de la crisis económica
No obstante» tres años después de superar este punto, a pesa
de la influencia notoria de los preparativos de guerra so¿re
el aumento de Ja producción, ésta no ha obtenido, a pesar efe
todo, el nivel de antes de la guerra. En cuanto al córner^
exterior, ha continuado hasta los últimos tiempos constriña
dose como consecuencia de la relajación de las relación^
económicas mundiales.
El enorme aumento de paro, comparado con el del período
precedente de la crisis; el nivel de vida extraordinariamente
reducido de todos los trabajadores; la crisis agraria en 1qs
países agrícolas; el nivel extraordinariamente ínfimo de las i*
versiones de capitales en la industria en la mayoría de los paf.
ses; el aumento colosal del parasitismo del estado; el hecho
de que el estado, en forma de impuestos fiscales, acapare uog
parte considerable de la renta nacional para costear los pre,
parativos bélicos y mantener el aparato del^ estado desarro,
liado desmesuradamente, todo ello ha reducido grandemente
la capacidad de compra del mercado interior de los países
imperialistas.
Por otra parte, el refuerzo considerable de los trust y car-
teles monopolizadores, que quieren mantener los precios ele­
vados en el mercado interior, obstaculiza la extensión del mer*
cado y la absorción de mercancías y ocasiona una acumulación
acelerada de nuevos depósitos de mercancías. Las barreras
aduaneras, la anulación de los vestigios del libre cambio, la
guerra comercial, el dumping, la reducción de la capacidad
de absorción de los mercados coloniales, la crisis persistente
en las colonias, la disgregación del sistema monetario y del
crédito internacional, todo ello constituye un obstáculo al res-
tablecimiento de las ligazones internacionales y a la extensión
,r cobrb la actividad d e l c e d e la IC 147
rcio exterior. Ello reduce los límites de renacimiento
la producción industrial c impide un resurgimien-
r io general de la producción para todos los países.
¡o jen$i6n general de las relaciones entre las clases y estados,
^Lj.0 inmediato de guerras y los síntomas de una crisis
eí PLjj en un gran número de países crean una atmósfera de
fuíettfíl desfavorable a la consolidación de la economía y al
^Siento económico.
f que acabamos de decir demuestra que la crisis general del
italísmOj sobre cuya base se desarroHa la crisis económica,
breado una situación en la cual persisten las condiciones
fa v o ra b le s del desarrollo de la economía, que impiden a la
oflomía capitalista adquirir un movimiento ascendente un
serio y que favorecen el proceso de su putrefacción.
Pgstas causas determinan que en la mayoría de los países
Mi&e una ten<*encia evidente a la prolongación ulterior de
i depresión, y es muy probable que el progreso de la produc­
en de corta duración, desigual en los diferentes países y ra-
^ sea acompañado de un nuevo acceso de la crisis eco-
póinica* ^ ^

£sta situación economica, caracterizada por una depresión


particular, q u e condena e n todos los países capitalistas a de-
Jgnas de millones de parados al hambre y a la extinción, y a
centenares de millones de obreros, campesinos, intelectuales,
pequeños burgueses y esclavos coloniales a la indigencia, ha
Contribuido a ahondar el abismo entre el pequeño grupo de
^iiopolízadores del capital financiero y las masas del pueblo,
condenadas a la miseria y desesperanza.
La fe en ei capitalismo, en la aptitud de los jefes y directo­
res de la economía capitalista y del estado para encontrar
solución a la crisis y llegar a una nueva prosperidad, es sabo-
teada por las amplias masas del pueblo. La autoridad de los
niilitaristas es debilitada en las colonias; todos los fundamen­
tos económicos, sociales y políticos de la sociedad burguesa son
quebrantados de tal manera que las mismas clases dominan­
tes están obligadas a recurrir a una demagogia capitalista.
Tal es la situación, la cual, presentando ante las masas tra­
bajadoras de la manera más tangible el contraste entre el
capitalismo y el socialismo, agudizará rápidamente la lucha de
los oprimidos contra sus opresores, hará crecer rápidamente
la indignación de las masas contra el régimen capitalista; ma­
durará la crisis revolucionaria y, al mismo tiempo, en la con­
ciencia de las masas proletarias, cada día más numerosas, la
idea del asalto al capitalismo.
Puede suceder que en algunos países la economía capitalis­
ta, resolviendo las condiciones desfavorables a su desarrollo,
conozca todavía un esplendor pasajero, que la burguesía de
estos países encuentre un alivio. Sin embargo, este resurgí-
148
WLHELM PtEcc
miento de la economía capitalista en las condiciones de *
tuación general de la cnsis del capitalismo no puede conn*
a la estabilización y al reflujo de la ola revolucionaria A?Cit
trario, no hará sino reforzar la lucha entre los diferentes ^
pos de la burguesía, que se apresurarán a aprovecharse dfí*'
coyuntura mejorada, la cual acentuará la lucha en cl nEJ*
internacional, ya que los mercados están protegidos por *2 °
barreras aduaneras; pues, en definitiva, el renacimiento 5 *
^ 4 rf> a fn C f lH lia n o r o c * n n p c n n /ío f Í M t í i 't m a l

nómico de uii país se efectuará a costa de otros países, <¡¡¿


serán relegados a un plano secundario. *
Todo ello agravará la situación política, aumentará el
gro de guerra, no disminuirá la incertidumbre de las masas
respecto a su porvenir. Lo cual significa que, sea cual
el desarrollo económico de los próximos años, la putrefacción
del capitalismo está ya tan avanzada, que una mejora seria de
éste es imposible. Significa también que todo el desenvolví,
miento del capitalismo conduce a la maduración de la cri$¿
revolucionaria.
La declinación del sis te m a capitalista, por una parte, la vic­
toria del socialismo en la URSS y el crecimiento de su infhjen.
da en los trabajadores de los países capitalistas, por la otra,
revolucionan a las masas trabajadoras del mundo entero y
hacen cada día más insegura y vacilante la situación de las cía.
ses dominantes.
La burguesía se siente débil y aislada. El poder de 1a bar.
guesía es cada día más inestable; su base social reformista
desaparece de día en día. A causa de esto, la burguesía 0 0
puede ya conservar su máscara democrática, que tan útil fe
era para realizar su dominación, y está obligada a quitársela.
La burguesía, no porque lo quiera, sino obligada por la nece­
sidad, busca cada día en un mayor número de países nuevos
asegurar su dominación, pasando de los métodos parlamenta­
rios al método gubernamental de tentwr fascista, privando a
los trabajadores de los últimos vestigios de derechos demo­
cráticos y del derecho de defensa de sus Intereses.

El fascismo es ia guerra
La política autárquica, de nacionalismo económico, practicada |
por los fascistas con el fin de someter el mercado interior ex- j
elusivamente a la burguesía del país para atracar a las masas,
desorganiza en mayor grado el comercio exterior y la econo­
mía monetaria. La orientación hacia un nuevo reparto del
mundo refuerza el yugo militarista, desorganiza más las finan-
zas del estado, conduce al saqueo de una parte cada vez mavor
de la renta nacional para sostener los preparativos bélicos
y agrava más intensamente la situación de los trabajadores
_ la a c t iv id a d d e l C E D E LA I C 149

* tismo desenfrenado de los fascistas y ios prepara-


V F 0* de los países fascistas más importantes conduce
torcimiento del nacionalismo y a la fiebre de armamen-
países capitalistas.
V allí donde la burguesía ha conseguido restablecer la
ra fascista, las masas obreras, por estar privadas de
# los derechos, y a causa de la explotación creciente y
W Preparación de la guerra, comprenden cada vez más cía*
teO^ el g a s in o actúa» no en interés del pueblo, sino
tuneóte de una oligarquía financiera. En estos países pro*
insápidamente el descontento de las masas, que han per-
¡C/us ilusiones en el capitalismo y en las rutas democrá*
¿c la lucha. En las tinieblas de la dictadura fascista
ios alzamientos de las masas populares contra el
‘‘Smo-
^ ofensiva burguesa, sus tentativas de instaurar la dicta-
fascista, han provocado crisis políticas en Austria, Espa-
f y Francia. Cuando cualquier obrero sabe ya lo que le re-
% el fascismo, la resistencia de las masas a la instauración
itela dictadura fascista se fortalece diariamente, y el descon­
t ó de las masas aumentará cada vez en mayores propor-
Xoda la política de los fascistas refuerza el movimiento anti­
fascistaen aquellos países donde quedan aún vestigios de par*
¡¿¡entarismo y libertades democráticas. En éstos la burguesía
otra mayores dificultades para pasar a la dictadura fas­
cista. Esto desorganiza todo el sistema imperialista. Nuestra
Asigna es la lucha contra el fascismo.

0 socialismo es ta paz
Estamos persuadidos de la posibilidad de evitar la guerra por
asedio de la lucha común por la paz, del proletariado de los
países capitalistas y de la URSS.
Si por medio de la lucha de la Unión Soviética y de los tra*
bajadores de todos los países se logra impedir que los impe­
rialistas desencadenen la guerra, nueva carnicería mundial, y
conservar la paz, esto será testimonio no sólo de un aumento
considerable de las fuerzas del proletariado, sino que tendrá
también por efecto que la edificación del socialismo en la
Unión Soviética, y el contraste mayor cada día entre ésta y
el mundo capitalista, produzca un progreso formidable de las
masas trabajadoras.
Si por la lucha de la Unión Soviética y de los trabajadores
de todos los países capitalistas por la paz se aplaza la gue­
rra, aunque sólo sea por un cierto tiempo, esto permitirá al
mismo tiempo al proletariado desarrollar mejor sus posiciones
150 Wt._
WilHEU, *
en los países capitalistas, fortalecer la potencia de ^
Soviética y crear condiciones cada día más favorahi ^
transformar la guerra entre los imperialistas o la a tai*
éstos contra la Unión Soviética en una revolución d.
triunfante. VICU» V
Pero si el proletariado no consigue impedir ia *
nueva guerra mundial fraguada por los imperialistas, so?' k
guerra de bandidaje imperialista para el saqueo de los
de la Unión Soviética, para sojuzgar a los pueblos
ños y débiles, independientes todavía, para un nuevo reSt*e‘
de las colonias y zonas de influencia de las grandes poteS*
imperialistas. ^
La guerra producirá en los trabajadores una miseria
cible. ¿La soportarán éstos?
Si la guerra del Japón contra los pueblos chinos ha pj^.
cado ya una efervescencia de las masas populares en los
países, un impulso de la gente mejor del pueblo chino hacb
la unión para la lucha común, al lado del ejército rojo
si los preparativos de guerra de Alemania han provocado ^
todo el mundo un movimiento antiguerrero# no hay duda
que el desencadenamiento de una guerra de los imperialista
contra la Unión Soviética o entre ellos provocará una con.
flagración abierta de todas las contradicciones del sistema
imperialista y conducirá a los proletarios de todos los países
y a todos los pueblos a la acentuación extrema de la lucha
de clases.
El desencadenamiento de la guerra por los imperialistas
significa el principio de la crisis revolucionaria en todo el
mundo capitalista.
El deber de todos los proletarios consistirá en luchar por
la victoria de la revolución, es decir, por la transformación
de la guerra imperialista en una guerra civil contra la bur­
guesía.
Sea cual fuere el desenvolvimiento posterior de la situación,
éste conduce a la revolución.
La crisis revolucionaria, aun no madura, está madurando
ya en todo el mundo.
La burguesía, por medio de sus preparativos desenfrenados
de guerra y por las tentativas de instaurar la dictadura fas­
cista en nuevos países, agrava cada día la situación y acelera
la maduración de esta crisis. Las siguientes palabras de Lenin
caracterizan la situación:
“La burguesía actúa claramente como saqueadores que han
perdido la cabeza, comete desatino tras desatino, agudizando
la situación y acelerando su propio fin [... ] Los partidos re­
volucionarios deben ‘demostrar' ahora en la práctica aue tie­
nen suficiente conciencia, organización, vínculos con las masas"
explotadas, decisión y habilidad para utilizar esta crisis para
SOBRE LA ACTIVIDAD DEL CE DE LA IC 151
revolución exitosa y victoriosa. ’ 1
o^J.-gún orden social cae por sí mismo; por podrido que esté,
necesidad de derrumbarlo* Ninguna crisis revolucionaría
traer la victoria d e l proletariado si éste no sabe orga-
JJjpa y conseguirla.

QOti & bandera de Lenin-Stalin, al asalto del capitalismo


. gstra tarea consiste en organizar a las masas trabajadoras
,e se alzan contra el capitalismo en un ejército revoluciona-
% coherente y conducirlo al asalto decisivo.
Muestro congreso debe ratificar la voluntad de todos los
dietarios de terminar con la división de la clase obrera, de
5Ltat>iecer un amPlio frente único capaz de movilizar a las más
\LpIias masas del pueblo para la lucha contra la ofensiva del
Spxtal. el fascismo y la guerra.
Nuestro congreso debe enseñar al proletariado el camino
flUe conduce a un partido revolucionario único, enraizado en
1 terreno inquebrantable del marxismo-leninismo.
e fodos nosotros debemos obtener como consecuencia de este
egreso la conciencia de que la suerte del proletariado de­
pende de nosotros.
Debemos adquirir la conciencia de que sólo el derrumba­
m iento de la dominación de las clases explotadoras y la ins­
tauración de l a dictadura del proletariado y el poder soviético
pueden arrancar a las masas trabajadoras de la miseria, de la
Angustia, de su suerte horrible.
En numerosas luchas el proletariado se ha manifestado de­
masiado débil todavía a causa de su división y de la debilidad
je los partidos comunistas.
La hora actual exige el refuerzo de los partidos comunistas
como guías en la lucha por el poder soviético. La situación
mundial es excesivamente tensa. Cada día puede colocarnos
ante grandes acontecimientos revolucionarios, ante la necesi­
dad de colocarnos a la cabeza de un movimiento de millones
de trabajadores para su liberación. Nosotros, comunistas, en­
señamos a las masas la única solución de la crisis, la solución
de los obreros y campesinos de la Unión Soviética, la salida
del poder soviético.
N uestra ta re a no consiste sólo en enseñársela a las m asas,
sino en n n im o s a éstas, poniéndonos a ta cabeza. ¡Entrem os
en lucha p o r la libertad, la paz y el p an, p o r el poder soviético,
por el socialism o! ¡N uestra consigna principal es la lucha po r
cl poder soviético! ¡Nuestra bandera, la b a n d e ra de Marx, En-
gels, Lenin y Stalin! ¡N uestro jefe, Stalin! Con esta bandera
i V I. Lenin, *'lt Congreso do la Internacional Comunista", en Obras
completas,Madrid, A k a l. t. xxxm, 1978. p p . 550-351.
152
penetremos más profundam ente en w
nuestros lazos con ellas; ampliemos el frL Itlasa«- i>, ri
letaríado. Comunistas: Cimentad a la cla¡°te ®st^ CK^ ^ nEL FASCISMO Y LAS TAREAS DE LA
cito político único de millones de orsar,¡e 0,:>rL.j.. % '!' COMUNISTA EN LA LUCHA
«“nizados. eB ^ e W A,MrnAD PE LA CLASE OBRERA
g ^ » sc,SMO'

?A S C IS M 0 y l a CLASE o b r e r a

1 r a d a s : Ya el VI Congreso de la Internacional Comunista


& > 6 al proletariado internacional la maduración de una
í® ofensiva fascista y le requirió a luchar contra ella. El
^areso indicaba que "las tendencias fascistas y lo s gérme-
c0Í>ñíú m o v i m i e n t o fascista existían en casi todas partes en
,if5 " ffl¿s o menos desarrollada".
las condiciones de una crisis económica extraordinaria-
„¡e profunda, del aumento notable de la crisis general del
italis1130’ de ,a revolucionarización de las masas trabaja-
lf L s el fascismo ha pasado a una amplia ofensiva. La bur­
eta dominante busca su salvación preferentemente en el
Ejcism0- con e* propósito de realizar medidas expoliadoras
Opcionales contra los trabajadores, de preparar una guerra
tjperialista de bandidaje, una agresión contra la Unión So-
Liética, la sumisión y el reparto de China y conjurar, sobre
¿sta base, la revolución.
Los medios imperialistas pretenden que el peso total de la
crisis recaiga sobre las espaldas de los trabajadores. A causa
¿e esto, tienen necesidad del fascismo.
Se esfuerzan por adelantarse al ascenso de las fuerzas de
ja revolución por medio del aplastamiento del movimiento
revolucionario de los obreros y campesinos y de una agresión
militar contra la Unión Soviética, baluarte del proletariado
m u n d ial. A causa de esto, tienen necesidad del fascismo.
En una serie de países, principalmente en Alemania, estos
medios imperialistas han conseguido antes de que se operase
el rumbo decisivo de las masas hacia la revolución infligir una
derrota al proletariado e instaurar la dictadura fascista.
Pero es un signo característico de la victoria del fascismo,
que atestigua precisamente, por una parte, la debilidad del pro­
letariado, desorganizado y contenido por la política socialde-
mócrata escisionista de colaboración de clase con la burguesía,
y que, por otra, expresa la debilidad de la propia burguesía, el
que ésta, dominada por el pánico ante la realización de la uni-
lnforme pronunciado el 2 de agosto de 1935.
rt5J]
1S4
GBORgj ^
dad de lucha de ia clase obrera, por miedo a Ja n * ,
no sea capaz ya de conservar su dictadura sobre las
los viejos métodos de la democracia burguesa v dli Poí
mentarismo. Par]*.
En el XVII Congreso del Partido Comunista de la URss
camarada Stalin dijo: ^ e|
“Es necesario considerar la victoria del fascismo en Alen,
nia no sólo como un signo de debilidad de la clase obr
y como el resultado de las traiciones perpetradas contra
por la socialdemocracia, la cual ba preparado el camino i
fascismo. Se precisa considerarlo igualmente como un si&¿
de debilidad de la burguesía, como una señal demostrativa <¡°
que esta última no es ya capaz de ejercer su poder por
viejos métodos del parlamentarismo y de la democracia bur.
buesa, lo cual la obliga a recurrir en su política interior a l0s
métodos terroristas de dominación, signo demostrativo de qUe
no puede encontrar una solución a la actual situación inspj.
rada en una política exterior de paz, lo que la obliga a recurrir
a 3a política de guerra.” 1

Carácter de cíase del fascismo


Camaradas: E l fascism o en el poder, como lo caracterizó acer-
tadamente la XIII Sesión plenaria del Comité Ejecutivo de la
Internacional Comunista, "es la dictadura terrorista declarada
de los elementos más reaccionarios, más nacionalistas, más
imperialistas del capital financiero”. ^
La variedad más reaccionaria del fascismo es el^fascismo de
tipo alemán. Se titula impúdicamente nacionalsocialismo, aun­
que no tiene nada de común con el socialismo. El fascismo
hitleriano no solamente es un nacionalismo burgués: es un
chauvinismo bestial. Es un sistema gubernamental de bandi­
daje político, un sistema de provocaciones y torturas contra
la clase obrera y los elementos revolucionarios del campesi­
nado, de la pequeña burguesía y de los intelectuales. Es la
barbarie medieval y el salvajismo: es una agresión desenfre­
nada para los demás pueblos y países.
El fascismo alemán aparece como el destacamento de cho­
que de la contrarrevolución internacional, "como el principal
factor de la guerra imperialista, ei instigador de la cruzada
contra la Unión Soviética, la patria grande de los trabajadores
de todo el mundo”.
No es el fascismo una forma de poder estatal, colocada se­
dicentemente "por encima de las dos clases: el proletariado
y la burguesía , como afirmaba, por ejemplo, Otto Bauer No
i Stalin, Deux Mondes, París, Bureau d’Editions, pp n .jj
tV.\ DHt FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 155

uCga burguesía rebelada "que se apodera de Ja máqui-


. 1# ^ tado,r, como afirma el socialista inglés Brailsford. No.
ismo n® es 1111 P ^ e r Por encima de las clases, ni el
gl ja pequeña burguesía y del lumpen proletariat sobre
financiero. El fascismo es el poder del capital finan-
f i í l a organización de la represión terrorista contra la
y *a P31* 6 revolucionaria de los campesinos e ín*
cl^ualcs. El fascismo, en política exterior, es el chovinismo
f0rma más grosera, alimentando un odio animal con-
$ ¡¿¡ demás pueblos.
tf3 * preciso señalar con particular vigor este carácter verda-
Iq del fascismo, pues la máscara de demagogia social le ha
^nítido atraerse en varios países a las masas de la pequeña
Prttiesía, descentradas por la crisis, e incluso a algunas par-
de Ia3 caPas m^s atrasadas del proletariado, que jamás
huirían al fascismo si hubieran comprendido su carácter real
■¡filase, su verdadera naturaleza.
El desarrollo del fascismo y de su dictadura revisten en los
gerentes países formas diferentes, según las condiciones his-
'ricas* sociales y económicas; según las particularidades na-
*?-nales y la posición internacional del país dado. En algunos
plises, sobre todo en aquellos donde el fascismo no tiene una
intensa base de masas y donde la lucha de los diferentes gru­
mos en el propio campo de la burguesía fascista es bastante
Le,jsa, el fascismo no se decide, desde el primer golpe, a
liquidar el parlamento y deja a los demás partidos burgueses,
k mismo que a la socialdemocracia, una cierta legalidad. En
otitis países, donde la burguesía dominante presiente la explo­
r o inminente de la revolución, el fascismo establece su mo­
nopolio político ilimitado, bien al dar el primer golpe, bien
acentuando cada vez más el terror y la represión respecto a
todos los partidos y grupos competidores. Lo cual de ninguna
manera descarta las tentativas del fascismo, en el momento
<jeun empeoramiento sensible de su situación, de ampliar su
base y, sin cambiar su esencia de clase, combinar la dictadura
terrorista declarada con una falsificación grosera del parla*
mentarismo.
El advenimiento al poder del fascismo no es la sustitución
ordinaria de un gobierno burgués por otro, sino la sustitu­
ción de una forma estatal de dominación de cíase de la burgue­
sía —la democracia burguesa— por otra forma de domina­
ción, la dictadura terrorista abierta, que habría impedido el
proletariado de haber movilizado a las más amplias masas
trabajadoras de la ciudad y el campo para la lucha contra la
amenaza de los fascistas de apoderarse del poder, así como
utilizando las contradicciones existentes en el propio campo
de la burguesía. Desconocer esta situación supondría cometer
una grave Taita. Pero no menos grave y peligrosa es la des­
156

estimación de la importancia que revisten pata k ■ ^


cion de ]a_dictadura fascista Jas “medidas rea?c.v?„
!a burguesía, que se intensifican hoy en los países ^ " í
cracia burguesa, que destruyen las libertades
los trabajadores, falsifican y cercenan los derechos dei ’H
mentó y acentúan la represión contra el movimiento
cionario. ^v<%
No es posible, camaradas, imaginarse la subida al po^
fascismo de manera simplista y única, como si cualquw^
mité del capital financiero decidiera instaurar en tal fecj, ^
dictadura fascista. En realidad, el fascismo llega al poder3 ®
rrientemente por una lucha recíproca, en ocasiones aguda,
tra los viejos partidos burgueses, o contra un sector <...
nado de ellos, incluso a través de una lucha interna ej
propio campo fascista, que reviste en ocasiones el carácte.
de colisiones armadas, como hemos visto en Alemania, Austti»
y otros países. Todo lo cual, sin embargo, no disminuye ¡»
importancia del hecho de que antes de la instalación de la
tadura fascista los gobiernos burgueses atraviesan, por lo j¡e.
neral, una serie de etapas preparatorias y realizan una serie
de medidas reaccionarias que contribuyen al advenimiento j¡
poder de la dictadura del fascismo. Quienes no luchen en el ciu.
so de estas etapas preparatorias contra las medidas reaccio.
narias de la burguesía y el fascismo no se hallaran en disposi­
ción de impedir la victoria fascista, sino que, por el contrario,
la facilitarán.
Los jefes de la socialdemocracia esfumaban y ocultaban a
las masas el verdadero carácter de clase del fascismo y no
llamaban a la lucha contra las medidas cada día más reaccio-
narias de la burguesía. Sobre ellos recae la gran responsabi­
lidad histórica de que en el momento decisivo de la ofensiva
fascista una parte considerable de las masas trabajadoras en
Alemania y en otros varios países no reconocieran en el fas.
cismo al bandido financiero sanguinario, a su peor enemigo,
y de que estas masas no se hallaran dispuestas a dar la res­
puesta.
¿Cuál es, por lo tanto, la fuente de Ja influencia del fas­
cismo en las masas? El fascismo consigue a tra e r u na parte de
las masas porque halaga demagógicamente sus necesidades y
aspiraciones más sentidas. El fascismo no hace sino reavivar
los prejuicios profundamente arraigados en Jas masas; juega
de esta manera con los mejores sentim ientos de las masas-
con su sentimiento de justicia y, en ocasiones, con sus tradí-
ciones revolucionarias. ¿Por qué ios fascistas alem anes laca­
yos de la gran burguesía y enemigos m ortales del socialismo
se hacen pasar ante las masas como "socialistas" y renresen
tan su advenimiento al poder como una "revolución-’J p
se proponen explotar la fe en Ja revolución y el i m p u L o S
» del fa sc ism o y ta rea s DE LA IC 157

* • lismo <lue v‘ven cn e* c°razón de las amplias masas


. s^oras tie Alemania.
J>^ZcCiímo obra en interés de los imperialistas extremos;
' ^ e presenta a las masas con la máscara de defensor de
¿r° 5 c¡¿n herida y se dirige al sentimiento nacional herido,
W ° hace, por ejemplo, el fascismo alemán, que se atrae a
crasas con la consigna "contra Versalles".
P lf fascismo quiere la explotación desenfrenada de las ma-
■ pero aborda a éstas con una hábil demagogia anticapita-
s¡»s* explotando el odio profundo de los trabajadores contra
l^'eguesía rapaz, los bancos, los trust, los magnates finan-
la"LSi y formulando las consignas más tentadoras para las
decepcionadas en el momento actual; en Alemania, "el
común está por encima del bien privado”; en Italia, "raues-
& estado no es un estado capitalista, sino corporativo"; en el
[ v¿n, ‘‘Por un Japón sin explotación"; en Estados Unidos,
S la distribución de la riqueza”, etcétera,
gl fascismo deja el pueblo a merced de los elementos más
,etialcs y corrompidos; pero se presenta reivindicando un
Líder honrado e incorruptible”. Especulando con la de­
jación profunda de las masas respecto a los gobiernos de la
democracia burguesa, el fascismo se indigna hipócritamente
,0ntra las corrupciones (por ejemplo, los negocios Barmat y
Sitiareis, en Alemania; Stavisky, en Francia, y algunos más
en otros países).
£1 fascismo ac ap ara, en in terés de los círculos m ás reaccio­
narios de la b urguesía, a las m asas decepcionadas que aban­
donan los viejos p a rtid o s burgueses. Se im pone an te estas
¡nasas por la "violencia d e sus ataq u es” co n tra los gobiernos
burgueses, p o r su ac titu d intran sig en te resp ecto a los viejos
partidos de la burguesía.
Aventajando en cinism o e hipocresía a las restan tes varie­
dades de la reacción burguesa, "el fascism o ad ap ta su dem a­
gogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso
a las p articu laridades de las diferentes capas sociales en un
mismo p aís” . Y las m asas de la pequeña burguesía, com o tam ­
bién una p a rte de los obreros, em pujadas a la desesperación
por la m iseria, el p aro y lo precario de su existencia, se con­
vierten en víctim as de la demagogia social y nacionadista del
fascismo.
El fascism o sube al poder com o el partido de choque con­
tra el m ovim iento revolucionario del proletariado, con tra las
masas populares en ferm entación; pero presen ta su adveni­
miento a l poder com o un "m ovim iento revolucionario" contra
la burguesía en nom bre de “toda la nación” y p o r la salvación
de la nación. Recordemos la m archa de M ussolini sobre Roma,
la de Pilsudski sobre Varsovia, la "revolución nacionalsocia­
lista” de H itler en Alemania, etcétera.
158
GB* GI di^ v
Pero cualesquiera que sean los disfraces del fosci5mfl V
cuales fueren las formas en que interviene y los camir,'^
elige para llegar ?,1 poder: 05 %
El fascismo es ta ofensiva más feroz del capital contr Í
masas trabajadoras. E l fascismo es cl nacionalismo d e s ir
nado y la guerra de conquista. El fascismo es la n S u *
enfurecida y la contrarrevolución. El fascismo es el peor ¿ 1
migo de la clase obrera y de todos los trabajadores. ^

¿Qué da a las masas el fascismo vencedor?


El fascismo prometió a los obreros un "salario equitativo",
pero, en realidad, los reduce a un nivel inferior de vida, a ^
nivel miserable. Prometió trabajo a los parados; pero, en re*
íidad, les ha proporcionado tormentos de hambre aún
penosos; un trabajo forzado de esclavos. De hecho transfor^
a los obreros y a los parados en parias privados de todos Ios
derechos de la sociedad capitalista; destruye sus sindicatos;
les despoja del derecho de huelga y de prensa; los alista obli,
gadamente en las organizaciones fascistas; dilapida los fondos
de sus seguros sociales; convierte las fábricas y factorías en
cuarteles, donde reina el arbitrio desenfrenado de los capit&
listas.
El fascismo prometió a la juventud trabajadora abrirte ^
espléndido camino hacia un brillante porvenir. En realidad,
le ha proporcionado los despidos en masa de la juventud e&
las fábricas y los campos de trabajo y el entrenamiento mili*
tar incesante para la guerra de conquista.
Eí fascismo prometió a los empleados, pequeños funciona­
rios e intelectuales, asegurar su existencia, destruir la omni-
potencia de los trust y la especulación del capital bancario.
En realidad. Ies ha proporcionado una ¡«certidumbre aún
mayor sobre el mañana; les somete a una nueva burocracia
compuesta de sus partidarios más serviles; crea una dictadura
insoportable de los trust; siembra en proporciones inauditas
la corrupción y la descomposición.
El fascismo prometió al campesinado arruinado, caído en
ia miseria, liquidar el yugo de las deudas, abolir los arrenda­
mientos e incluso repartir sin compensación las tierras de
los grandes propietarios, en beneficio de los campesinos sin
tierras y en trance de ruina. En realidad, ha creado una su-
misión inaudita de! campesino trabajador por medio de las
trust y el aparato del estado fascista, llevando a límites extre­
mos la explotación de las masas fundamentales del campesi
nado por los grandes terratenientes y los bancos y usureros
"Alemania será un país campesino o no será nada"
ba solemnemente Hillcr. ¿Y qué han recibido los Siínpesinot
t nUL FASCISMO Y TAREAS BE LA IC 159
^ V
^ ania bajo Hitler? ¿La moratoria, que ha sido ya anu-
AlfiILa ley de bereacia bogar campesino, que conduce
V ¿0jo de millones de hijos e hijas de los campesinos de la
jos transforma en indigentes? Los asalariados agrí-
hallan convertidos en semisiervos, privados incluso del
¿oíanla! derecho del libre desplazamiento. El campesinado
e^jador está privado de la posibilidad de vender en el mer-
tf3 los productos de su economía.
<¡$¡¡ en Polonia?
¡¡tij campesino polaco —dice el periódico polaco Szas—
procedimientos y medios que se emplearon acaso sola­
n t e en la Edad Media; conserva el fuego de su hogar y lo
‘résta al vecino; divide las cerillas en muchos trozos; utiliza
PVviejas aguas enjabonadas; hierve toneles de arenques para
Seguir agua saladsu No es esto una fábula, sino la situa­
do real de la campiña, de la que cualquiera puede conven-
cl° A"
Quienes esto escriben, camaradas, no son comunistas, sino
n periódico reaccionario polaco.
$o es esto todo^ ni mucho menos. Diariamente en los carn­
es de concentración de la Alemania fascista, en los sótanos
¿e la gestapo (policía secreta de seguridad), en los calabozos
polacos, en la seguridad general búlgara y finlandesa, en la
'<Glavniatch” de Belgrado, en la “Siguranza” rumana, en las
islas italianas, son sometidos los mejores hijos de la clase
obrera, los campesinos revolucionarios, los combatientes por
un bello porvenir de la humanidad, a violencias tan repugnan-
tes> que hacen palidecer a las más infames de la Okrana za­
rista. El fascismo alemán vergonzante transforma en una
masa sanguinolenta a los maridos en presencia de sus muje­
res; envía a las madres en paquetes postales las cenizas de
sus hijos asesinados. La esterilización es transformada en un
medio de lucha política. En las cámaras de tortura se inyecta
por la fuerza a los antifascistas capturados substancias tóxi­
cas; se les rompen las manos, se les arrancan los ojos, se les
cuelga con la cuerda al cuello, se les marca en su propia carne
la insignia fascista.
Tengo ante mí ia estadística del s r i de los asesinados, heri­
dos, detenidos, inutilizados y torturados en Alemania, Polo­
nia, Italia, Austria, Bulgaria, Yugoslavia. Sólo en Alemania,
desde la subida al poder de los nacionalsocialistas, lian sido
matados más de 4 200; detenidos, 317 800; heridos y sometidos
a penosos tormentos. 218 600 obreros, campesinos, empleados,
antifascistas, comunistas, socialdemócratas, miembros de las
organizaciones cristianas de oposición. En Austria, el gobierno
fascista “cristiano", desde los combates de febrero del año pa­
sado, ha asesinado a 1 900; herido y mutilado a 10 000, y dete-
¿60
GEORGI W liíx ^
nido a 40000
¡c iM de vser
obreros
r chiT
revolucionarios. Y esta estadístic
inlA fa camaradas. ^uotiQ i p«u
'
lejos completa,
Es imposible encontrar palabras para expresar toda u t
dignación que se apodera de nosotros ante la idea délo?*
meatos que sufren hoy los trabajadores en los países fa ? '
tas. Las cifras y hechos que citamos no reflejan siquiera ?
centésima parte del cuadro verdadero de la explotación
torturas del terror blanco de que está plena la vida diat¿
de la clase trabajadora en los diferentes países capitalista,
No hay libros, por muy numerosos que sean, capaces de dar
una idea clara de las innumerables ferocidades ejercidas p0r
el fascismo sobre los trabajadores.
Con profunda emoción y con un sentimiento intenso de odio
para los verdugos fascistas inclinamos las banderas de la ln,
ternacional Comunista ante la memoria inextinguible de John
Scheer, Fiete Schultz, Luttgens, en Alemania; Koloman Wal.
lisch y Munlchreiter, en Austria; Challay y Furst, en Hun­
gría; Kofárljiev, Lutidbrodski y Volkov, en Bulgaria; ante fe
memoria de los millares y millares de obreros, campesinos,
representantes de los intelectuales eminentes, comunistas, so­
cialdemócratas y sin partido que han dado su vida en la lucha
contra el fascismo.
Saludamos desde esta tribuna al jefe del proletanado aJe.
mán y presidente de honor de nuestro congreso, al camarada
Thaelmann. Saludamos a los camaradas Ra&osi y Gramsci.
Antikainem, Ionko, Panov. Saludamos al líder de los socialis­
tas españoles, Caballero, arrojado dentro de la prisión por los
contrarrevolucionarios; a Thomas Mooney, que desde hace
diez y ocho años yace en prisión, y a los millares de prisione­
ros del capital y del fascismo, y les decimos: 'Hermanos de
lucha y de armas, no os olvidamos. Estamos con vosotros.
Cada hora de nuestra vida, cada gota de nuestra sangre, la
daremos por libertaros y libertar a todos los trabajadores dcl
vergonzoso régimen fascista.”
Ya Lenin nos advertía, camaradas, de que acaso la burgue­
sía consiguiera azotar con un terror feroz a los trabajadores
y contener por un intervalo de tiempo, breve, las fuerzas cre­
cientes de la revolución; pero que, de todos modos, no le
sería posible escapar a su pérdida.
"La vida —escribía Lenin— la arrastrará consigo. Puede la
burguesía agitarse, exasperarse y perder Ja razón; sobrepasar
todo límite, cometer tontería tras tontería, vengarse anticipa­
damente de /os bolcheviques, esforzarse en asesinar como en
India, Hungría y Alemania, y en otras partes, a centenares
y millares de bolcheviques de mañana o de ayer; obrando de
esta manera no hace sino proceder como procedieron «fem
prc las clases condenadas por la historia. Los comunistas de
nBt# FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 161
áS**
ber que el porvenir les pertenece, suceda lo que suceda.
a de esto, podemos y debemos unir en la gran lucha
racionaría ef ardor más apasionado a la sangre fría más
/te t a y ^ la estimación más desapasionada de las agita*
/Üs febriles de la burguesía."
¿^f5i nosotros y el proletariado de todo el mundo marcha­
ron paso firme por el camino señalado por Lenin y Stalin,
i^tífguesía perecerá, haga lo que haga.

inevitable la victoria del fascismo?


r
wr qué y de qué manera pudo vencer el fascismo?
tvj fascismo es el peor enemigo de la clase obrera y de los
^jadores. El fascismo es el enemigo de las nueve décimas
del pueblo alemán, de las nueve décimas partes del
Leblo austríaco, de las nueve décimas partes de los restantes
¡¡ncbios de los países fascistas. ¿Cómo, de qué manera pudo
^jtcer este enemigo, el peor de todos?
y fascismo pudo ascender al poder, sobre todof porque la
cj9$e obrera, a causa de la política de colaboración de dase
4$ la burguesía, practicada por los jefes socialdemócratas» se
¿itcontró escindida, desarmada potinca y orgánicamente frente
ala agresión de la burguesía. Respecto a los partidos comu­
nistas, eran insuficientemente fuertes para, sin y contra la so­
cialdemocracia, levantar a las masas y conducirlas a la batalla
decisiva contra el fascismo.
En efecto. Que los millones de obreros socialdemócratas que
jioy, al mismo tiempo que sus hermanos comunistas, sufren
jos horrores de la barbarie fascista» reflexionen seriamente.
Sí cn 1918, en ei momento de estallar la revolución en Alema­
niay Austria el proletariado alemán y austríaco no hubieran
seguido la dirección socialdemócrata de Otto Bauer, Federico
Adíer, Renner, en Austria, y de Ebert y de Scheidemann en
Alemania, sino el camino de los bolcheviques rusos, la vía de
l,enin y Stalin, el fascismo no existiría hoy ni en Austria,
ni en Alemania, ni en Italia, ni en Hungría, ni en Polonia, ni
cn los Balcanes. No sería la burguesía, sino el proletariado, el
dueño de la situación en Europa desde hace tiempo.
Tomemos por ejemplo a la socialdemocracia austríaca. La
revolución de 1918 la había elevado a una altura considerable.
Ocupaba el poder. Tenía fuertes posiciones en el ejército y
en cl aparato del estado. Basándose en sus posiciones podía
matar en germen el fascismo naciente. Pero abandona sin
resistencia, una tras otra, las posiciones de la clase obrera.
Permitió a la burguesía fortalecer su poder, anular la consti­
tución, eliminar del aparato dcl estado, dcl ejército y de la
policía a los funcionarios socialdemócratas, retirar el arsenal
GEORCU DlMf-fj.
a los obreros. Permitió a los bandidos fascistas ascsin*
punemente a los obreros socialdemócratas; aceptó h, ‘al­
ciones del pacto de Hüttenberg, que daba acceso a las f
a los elementos fascistas. Al mismo tiempo, los jefesa** :
socialdemocracia aturdían el cerebro de los obreros con a ^
del programa de Linz, el cual preveía la posibilidad d/ ^ 3
violencia armada contra la burguesía y la instauración fe?
dictadura del proletariado, asegurándoles que el partido r 1
pondería con un llamamiento a la huelga general y Ja iUc?‘
armada, sí las clases directoras empleaban la violencia contí*
la clase obrera. ¡Como si toda la política de preparativos £
agresiones fascistas contra la clase obrera no fuera una
sión de violencias, veladas con las formas constitucionales!
Incluso en vísperas de las batallas de febrero, y durante ¿
tas, la dirección de la socialdemocracia austríaca deja ¿
“Schutzbund” que luche heroicamente, aislado de las masas
predestinando al proletariado austríaco a la derrota. '
¿Era invitable la victoria del fascismo en Alemania? No; ]a
clase obrera alemana podía evitarla.
Mas para ello debía haber conseguido realizar el frente
único proletario antifascista, obligar a los jefes de la social,
democracia a cesar su campaña contra los comunistas y a
aceptar las proposiciones insistentes del partido comunista
respecto a la unidad de acción contra el fascismo.
Durante la ofensiva del fascismo y de la liquidación grg.
dual por la burguesía de Jas libertades democráticas burgue.
sas no hubiera debido contentarse con resoluciones verbales
de la socialdemocracia, sino responder con una verdadera lu.
cha de masas q\ie hubiera dificultado los planes fascistas de
la burguesía alemana.
Hubiera debido impedir la prohibición por el gobierno
Braun-Severing de la Asociación de combatientes rojos y crear
entre ésta y la "Reichsbanner",* que contaba con cerca de un
millón de miembros, un contacto de combate, y obligar a Braun
y Severing a armar a ambas para responder a Jas bandas fas*
cistas y aplastarlas.
Hubiera debido obligar a los líderes socialdemócratas, co­
locados a la cabeza del gobierno de Prusia, a tomar medidas
de defensa contra el fascismo, a detener a los jefes fascistas,
prohibir su prensa, confiscar sus recursos materiales y los
recursos de los capitalistas que financiaban el movimiento
fascista, a disolver las organizaciones fascistas, quitarles sus
armas, etcétera.
Además, debía haber conseguido el restablecimiento v ex­
tensión de todas las formas de asistencia social y el estable-
* "Acjchsbanncr": Unión de la bandera del __ .
masas semímiiitar sociaJdcmócraia. peno, organización de
dpl fascismo y tareas de la IC 163
<*** l0 de una moratoria y de los socorros de crisis para
¿i^mpesínos en trance de arruinarse por los efectos de
l<js c3iinponiéndosela a los bancos y trust, y de esta manera
ó**3' arse el apoyo de los campesinos trabajadores. No se
í^^sto por causa de la socialdemocracia, y a causa de esto
fLcism 0 *ipo vencer.
el * burguesía y los nobles debían triunfar inevitablemente
¿gspaña, país en el cual se combinan tan ventajosamente
cu garzas de la insurrección proletaria y de la guerra cam­

pos socialistas españoles estaban en el gobierno desde los


•meros días de la revolución. ¿Establecieron un contacto
5?combate entre las organizaciones obreras de todas las ten-
ípcias políticas, incluidas las comunistas y anarquistas, sol-
<£on a la clase obrera en una organización sindical única?
Agieron la confiscación de todas las tierras de los grandes
¿-atenientes, de la Iglesia, de los conventos, en beneficio de
}L campesinos para ganar a estos últimos a la revolución?
.¡^tentaron luchar por la autodeterminación nacional de cata­
n e s , vascos, por la liberación de Marruecos? ¿Procedieron
¿a el ejército a la depuración de los elementos monárquicos
fascistas para preparar su paso al lado de los obreros y
Lmpcsinos? ¿Disolvieron la guardia civil? ¿Atacaron al par­
tido fascista de Gil Robles? ¿Anularon el poder de la Iglesia
católica? No; nada de esto hicieron. Rechazaron las proposi­
ciones de los comunistas, formuladas con insistencia acerca de
ja u n id ad de acción contra la ofensiva de la reacción burgue­
sa agraria y del fascismo; votaron leyes electorales que permi­
tieron a la reacción conquistar la mayoría en las cortes (par­
amento); leyes que castigaban el movimiento popular y con
arreglo a las cuales se juzga hoy a los heroicos mineros de
Asturias. Fusilaron a los campesinos que luchaban por la tie­
rra, etcétera.
Fue así, camaradas, como la socialdemocracia desbrozaba el
camino que conducía al fascismo al poder, y en Alemania,
Austria y España, desorganizaron y escindieron las filas de
la clase obrera.
Camaradas: El fascismo ha vencido también porque el pro­
letariado se encontró aislado de sus aliados naturales. El fas­
cismo venció porque llevaba tras de sí a las amplias masas del
campesinado, debido a que la socialdemocracia practicaba en
nombre de la clase obrera una política anticarapesina en cuan­
to al fondo. El campesino había visto sucederse en el poder
a una serie de gobiernos socialdemócratas que personificaban
a sus ojos el poder de la clase obrera, sin que ninguno de
ellos hubiera zanjado el problema de la miseria campesina, ni
les hubiera dado la tierra. La socialdemocracia en Alemania
VBh PASCISMO y TAREAS DE LA ÍC 165

164 ñera errónea las fuerzas motrices de la revolución


GEORGI DlXjfj iir** supo distinguir el carácter fascista del golpe de
no había tocado a los grandes propietarios, reacción», ^ ^ P iisu d sk i, marchando a la zaga de los acontecimien­
tra Jas huelgas de los obreros agrícolas. El t o píuiandia, donde nuestro partido, basándose en una
estos en Alemania, bastante tiempo antes del acCeSo d:u, > e té eíli a de fascistización lenta, gradual, dejó escapar el gol*
al poder, abandaron los sindicatos reformistas y en ta er 5 ^ fascista preparado por un grupo director de la
TÍA ríp
ría de lflS í^cnc se
los casos ca pasaron
naenrAn a« los “cascos ----j_de / acero".. v y°‘ j $ ti* golpe de estado que tomó desprevenido al partido
nacionalsocialistas. ya1 j#)a dase ' obrera.
El fascismo venció también porque logró penetrar en i f 3 ndü ya el nacionalsocialismo se había transformado en
filas de la juventud, mientras que la socialdemocracia an de masas que amenazaba a Alemania, camara-
taba a Ja juventud obrera de la lucha de clases, y porquf^j u¡i& -j0 Heintz Neumann, para quien el gobierno Bruning era
proletariado revolucionario no había desplegado entre 1qs
venes el trabajo educativo necesario ni reservado Ja atención jó- V f$i C \ de la dictadura fascista, declaraba con desdén: "Si el
i ® jmperio de Hitler llega un día, no será más que a metro
suficiente a la lucha por sus intereses y aspiraciones especf! ^dio bajo tierra y, por encima de él, el poder obrero ven-
ficas. El fascismo supo utilizar la necesidad, particularmente'
aguda entre los jóvenes, de una actividad combativa, atra. \t$u
Nuestros camaradas de Alemania desestimaron durante mu-
_ ^ ^
yéndose a una parte considerable de éstos a sus destacan^, ¿j tiempo el sentimiento nacional contrariado y la indigná­
tos de combate. La nueva generación de la juventud masco, i s de las masas contra Versalles; observaban una actitud
lina y femenina no ha pasado por los horrores de la guen*. ¡jgjdeaosa respecto a las vacilaciones de la pequeña burgue-
Siente sobre sus espaldas el peso de la crisis económica, &[
paro y de la bancarrota de la democracia burguesa. No viendo tardaban en establecer un programa de emancipación
perspectivas futuras, considerables contingentes de jóvenes ** '* * y nacional, y cuando lo formularon no supieron adap­
han sido particularmente sensibles a la demagogia fascista, to a las necesidades concretas y al nivel de las masas; no
que les dibujaba un porvenir tentador después de la victoria supieron siquiera popularizarlo ampliamente entre éstas.
del fascismo. £n muchos países se sustituía la necesidad de desarrollar la
En este orden de ideas no podemos dejar de hablar de las iucha de masas contra ei fascismo por razonamientos estériles
faltas cometidas por los partidos comunistas, las cuales fre. sobre el carácter del fascismo en general y sobre la “estrechez
naron nuestra Jucha contra el fascismo. ^ sectaria" respecto a la posición y solución de las tareas polí­
Existía en nuestras filas una desestimación inadmisible del ticas actuales del partido.
peligro fascista, la cual hasta ahora no ha sido liquidada en Camaradas: Hablamos de las causas de la victoria del fas­
todas las partes. Uno de los puntos de vista que existían au* cino, señalamos la responsabilidad histórica de la socialdemo­
teriormente en nuestros partidos era el "de que Alemania no cracia por la derrota de la clase obrera; señalemos también
era Italia", en el sentido de que el fascismo pudo vencer nuestros propios errores en la lucha contra el fascismo, y esto
en Italia, pero su victoria en Alemania se hallaba excluida, no exclusivamente porque queramos estudiar en el pasado. No
dado que éste era un país altamente desarrollado en el as­ somos historiadores divorciados de la vida; somos combatien­
pecto industrial, extraordinariamente culto, poseyendo tradi­ tes de la clase obrera, obligados a responder a la pregunta que
ciones de cuarenta años de movimiento obrero, donde ei atormenta a millones de obreros: "¿Se puede prevenir, y por
fascismo era imposible. Hoy existen puntos de vísta como qué medio, la victoria del fascismo?*' Y nosotros respondemos
el siguiente: En los países de democracia burguesa “clásica" a estos millones de obreros: "Sí, camaradas; es posible cerrar
no hay terreno propicio para el fascismo. Estos puntos de el paso al fascismo. Es perfectamente posible. Esto depende
vista podían y pueden contribuir a disminuir la vigilancia res* de nosotros mismos, de los obreros, de los campesinos, de to­
pccto al peligro fascista y a dificultar la movilización del dos los trabajadores."
proletariado en la lucha contra el fascismo. La posibilidad de prevenir la victoria del fascismo depende,
Pueden citarse también numerosos casos en c^uc los comu­ "ante todo", de la actividad combativa de la clase obrera, de
nistas fueron tomados desprevenidos por cl g o lp e de estado la reunión de sus fuerzas cn un ejército combatiente único
fascista. Recordad Bulgaria, donde nuestro parí ido ocupó una que luche contra la ofensiva del capital y del fascismo. El pro­
posición "neutral” y en el fondo o p o rtu n ista re s p e c to a l irolne letariado, después de haber creado su unidad de combate,
d e e s ta d o del 9 d e ju lio d e 1923; en Polonia, d o n d e en imvr>
1926 la dirección del p a rtid o co m u n ista, h ab ien d o am c c ia d o
paralizaría la acción del fascismo sobre el campesinado, la
GBORGI DlMfw
pequeña burguesía urbana, la juventud y los intelectual
bría neutralizar a una parte y atraerse a la otra. ; **
En segundo lugar, depende de la existencia de un fi
partido revolucionario, dirigiendo de una manera justa íJ? 6
cha de los trabajadores contra el fascismo. Un partido
invite sistemáticamente a los obreros a recular ante el fas^ e
mo y permita a la burguesía fascista reforzar sus posición!
un partido de esta clase conduciría inevitablemente a los obr
ros a la derrota. e'
En tercer lugar, depende de la política justa de la cíase
obrera respecto al campesinado y a las masas pequeñoburgue.
sas de la ciudad. Estas masas deben tomarse tal como son
y no tal como quisiéramos que fueran. Sólo en el pr0ce!
so de la lucha abandonarán sus dudas y vacilaciones; sólo
si nosotros observamos una actitud paciente respecto a $ü$
vacilaciones inevitables y si el proletariado le da su ayuda
política, conseguirán elevarse a un grado superior de concie*
cia revolucionaria y de actividad.
En cuarto lugar, depende de la vigilancia y oportunidad de
la acción del proletariado revolucionario. No permitir al fas,
cismo tomarnos desprevenidos; no abandonar la iniciativa;
darle golpes decisivos antes de que consiga agrupar sus fuer,
zas; no permitirle consolidarse; responder a cada paso allí
donde se manifieste; no permitirle conquistar nuevas posicio,
nes, como pretende hacerlo con éxito el proletariado francés.
Éstas son las condiciones principales para prevenir el pro­
greso del fascismo y su acceso al poder.

El fascismo es un poder feroz, pero precario


La dictadura fascista de la burguesía es un poder feroz, pero
precario. ¿Cuáles son las causas esenciales de lo precario de
la dictadura fascista?
El fascismo, que se aprestaba a resolver las divergencias y
contradicciones en el campo de la burguesía, agudiza aún más
estas contradicciones. El fascismo se esfuerza por establecer
su monopolio político, destruyendo por la violencia a los de­
más partidos políticos. Pero la presencia del sistema capitalis.
ta> la existencia de las diferentes clases y la profundización
de las contradicciones de clase, conducen inevitablemente al
quebrantamiento y explosión del monopolio político del fas­
cismo. No es el país soviético, donde la dictadura del prole­
tariado ha sido realizada también por un partido monopoliza­
dos pero cuyo monopolio responde a los intereses de millones
de trabajadores y se apoya cada vez más en la edificación de
una sociedad sin clases. En un país fascista, el partido de los
fascistas no puede conservar largo tiempo su monopolio por
lVA FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 167

^ es capaz de asignarse como tarea la abolición de las cla-


s antagonismos entre éstas. Él destruye la existencia
*5 V * ¡os partidos burgueses; pero muchos de ellos siguen
U^ údo ilegalmente» En cuanto al partido comunista, aun
J$VCcondiciones de ilegalidad, sigue hacia adelante, se tem-
^ guía la lucha del proletariado contra la dictadura fas-
$ y pe esta manera, el monopolio político del fascismo debe
¡•íst* bajo los golpes de los antagonismos de clase.
£ tra causa de lo precario de la dictadura fascista consiste
^ e el contraste entre la demagogia anticapitalista del fas-
^rao Y *a P ° ^ ca enriquecimiento más expoliador de la
cinesia monopolizadora facilita la divulgación de la natura-
& de clase del fascismo y conduce al quebrantamiento y
tricC^ n su ^ase masas-
LdenoÁSf ^ victoria del fascismo provoca el odio profundo
la indignación de las masas; contribuye a su revolucionan-
Lctfn Y da un poderoso impulso ai frente único del proleta­
rizo contra el fascismo.
Realizando una política de nacionalismo económico (autar­
cía) y acaparando la mayor parte de la renta nacional para
preparar *a guerra, el fascismo mina toda la economía del país
v agrava la guerra económica entre los estados imperialistas,
presta a los conflictos que estallan en el seno de la burguesía
t\ carácter de colisiones, violentas y frecuentemente sangrien­
tas, lo que compromete la estabilidad del poder del estado
fascista a los ojos del pueblo. Un poder que asesina a sus pro­
pios partidarios, como se vio el 30 de junio del año pasado, en
Alemania; un poder fascista contra el cual la otra parte de la
burguesía lucha con las armas en la mano (putsch nacional­
socialista en Austria, intervenciones violentas de los diversos
grupos fascistas contra el gobierno fascista en Polonia, Bul­
garia, Finlandia y otros países); un poder semejante no puede
gozar de autoridad durante mucho tiempo a los ojos de las
amplias masas pequeñoburguesas.
La clase obrera debe saber utilizar las contradicciones y
conflictos en ei campo de la burguesía; pero no debe alimentar
la ilusión de que el fascismo se agotará él mismo. El fascismo
no se hundirá automáticamente. Sólo la actitud revolucionaria
de la clase obrera ayudará a utilizar los conflictos que surjan
inevitablemente en el campo de la burguesía para minar la
dictadura fascista y derribarla.
Liquidando los restos de la democracia burguesa, erigiendo
la violencia francamente confesada en un sistema del fascis­
mo, éste destruye las ilusiones democráticas y la autoridad de
la legalidad a los ojos de las masas trabajadoras.
Esto sucede con más razón en países como Austria y Espa­
ña, en los cuales los obreros han luchado con las armas en la
CEORCI B1MÍT80v
mano contra el fascismo. En Austria, la lacha heroica >
"Schutzbund" y de los comunistas, a pesar de la derrota 0, 1
brantó desde cl principio la solidez de la dictadura fas'ckt
£n España, la burguesía no ha conseguido poner a los traba’ :
dores cl bozal fascista. Los combates armados en Austria13 ■
España tuvieron como resultado que masas cada día más atn ■
plias de la clase obrera adquirieran conciencia de la necc$i! i
dad de una lucha de clases revolucionaria. ' ■
Sólo filisteos monstruosos y lacayos de la burguesía, ta|es
como los más viejos teóricos de la II Internacional, Karl Kauts-
kv, pueden reprochar a los obreros que hayan tomado las ■
armas en Austria y España. ¿Cuál sería hoy el carácter del ino, '
vimiento obrero en Austria y España, si la clase obrera de
estos países se hubiera inspirado en los consejos traidores ■
de Kautsfcy? La clase obrera habría sufrido una profunda des. 5
moralización en sus filas.
"Y la escuela de la guerra civil -—ha dicho Lenin— no pasa
en vano para los pueblos. Es una escuela difícil y su curso
completo necesariamente incluye victorias de la contrarrevolu. í
ción, desenfreno de los reaccionarios enfurecidos, salvajes re­
presiones del viejo régimen contra los insurgentes, etc. Pero
sólo los pedantes empedernidos y las momias que han per-
dído el juicio pueden lloriquear porque los pueblos ingresen
en esa escuela doloross; ella enseña a las clases oprimidas a
sostener la guerra civil, enseña a lograr el triunfo de la revo­
lución, concentra en las masas de los esclavos de hoy todo el
odio que siempre han sentido los esclavos pisoteados,^ torpes
e ignorantes, y que los lleva a cumplir grandiosas hazañas his­
tóricos cuando adquieren conciencia de la vergüenza de su
esclavitud. " 5
La ■victoria del fascismo en Alemania, como se sabe, ha teni­
do como consecuencia desencadenar una nueva ola de ofensi­
vas fascistas, que condujo en Austria a la provocación de Doll-
fuss; en España, a las nuevas ofensivas de la contrarrevolución
sobre las conquistas revolucionarias de las masas; en Polonia,
a la reforma fascista de la constitución, y en Francia, ha es­
timulado a los destacamentos armados fascistas a intentar un
golpe de estado en 1934. Pero esta victoria y el frenesí de la
dictadura fascista suscitaron un movimiento reflejo de frente
único proletario contra el fascismo en una escala internacio­
nal. El incendio del Reiclistag, que fue la señal de la ofensiva
genera! del fascismo contra Ja clase obrera; el embarco de los
sindicatos obreros y demás organizaciones y su saqueo; los que-
jidos de los antifascistas torturados, saliendo de los sótanos i
de lo s cuarteles y campos de concentración fascistas demues i
= V. I. Lenin. "Material inflamable cn Ja política inundi-it” , fiu
completas, M a d rid , Akal Editor, t. xv, 1977, p, ]ü4, ' Obras
DEL fascismo y tareas de la IC 169
on evidencia a las masas el fin a que ha conducido el
(^"^escisionista reaccionario de los jefes de la socialdemo-
a¡emana, que habían rechazado las proposiciones comu-
5 *^ Je lucha contra el fascismo agresivo, y las convencen
5 necesidad de unir todas las fuerzas de la clase obrera
je derrumbar el fascismo.
f victoria de Hitler dio también un impulso decisivo a la
c¡¿n del frente único de la clase obrera contra el fascismo
í^Pj-jmcia. La victoria de Hitler no sólo despertó en los obre-
^ ¿i temor &compartir la suerte de los obreros alemanes; no
avivó el odio a los verdugos de sus hermanos alemanes,
•o que fortaleció su resolución de no permitir en ningún caso
5l0sU país lo que pasó con la clase obrera en Alemania,
poderosa atracción del frente único en todos los países
¡talistas demuestra que las lecciones de la derrota no fueron
” ,9s. La clase obrera comienza a proceder de otra manera.
l7 iniciativa del partido comunista en la organización del fren-
, único y la abnegación indefectible de los comunistas, de los
!]jreros revolucionarios en la lucha contra el fascismo, han
tenido como consecuencia un aumento nunca visto de la auto-
!¡jad de la Internacional Comunista. Al mismo tiempo se des­
arrolla la crisis profunda de la II Internacional, cuya quiebra
,, sido señalada por la derrota de la socialdemocracia ale­
ona.
Los obreros socialdemócratas pueden convencerse cada vez
con mayor evidencia de que la Alemania fascista, con todos sus
liorrores y su barbarie, es, en fin de cuentas, la consecuencia
¿e ¡a política socialdemócrata de colaboración de clases con
lt burguesía. Estas masas se dan cuenta con mayor claridad
jatfa día de que el camino por el que los jefes de ia social-
detnocracia llevaron al proletariado no puede ser elegido nue­
vamente. Nunca hubo en el campo de la II Internacional una
(fervescencia ideológica semejante a la actual. La diferencia­
ción se opera en el interior de todos los partidos socialdemó­
cratas. En sus filas se forman dos campos principales: al mar­
gen de los elementos reaccionarios, que se esfuerzan por to­
dos los medios en mantener el bloque de la socialdemocracia
coa la burguesía y rechazan con rabia el frente único con los
comunistas, comienza a formarse un campo de elementos revo­
lucionarios, que dudan de la justeza de la política de colabora­
ción de clases con la burguesía, que son partidarios de la
creación de un frente único con los comunistas, y comienzan
en una medida cada día más grande a pasar a las posiciones
tie la lucha de clases revolucionaria.
De esta manera el fascismo, que ha surgido como el resul­
tado de la decadencia del sistema capitalista, actúa en último
análisis como factor de su descomposición posterior. De esta
170 DEL f a s c i s m o y t a r e a s d e LA IC 171
georgi rJSlW
tras una de sus partes sostenga la política de colabora-
manera el fascismo, que se asignó como obligación en w . con Ia burguesía y en particular su régimen de opresión
marxismo, al movimiento revolucionario de la clase obr*,^ *1 'Á ú *
colonias y semicolonias, los pueblos oprimidos de las
4 ___ « i 1ac> t\IIA k 1 /\0 n M m m ir ln * J a In e

duce el mismo, como resultado de la dialéctica de ¡jfi ^jaS y semicolonias son apartados de 1a clase obrera y el
de la lucha de clases, al desenvolvimiento posterior dé la* a > c^te antimperialista mundial se debilita. Cada paso dado por
zas que deben ser sus enterradoras, las enterradoras er' Proletariado de las metrópolis imperialistas en el camino
talismo. ^Pi.
é ?a unidad de acción, encaminado a sostener la lucha eman-
¿ora de los pueblos coloniales, significa la transformación
^las colonias y semicolonias en una de las princiaples reser-
^ del proletariado mundial.
II. EL FRENTE ÚNICO DB LA CLASE OBRERA CONTRA EL FASCISMO ^finalmente, si tenemos en cuenta el hecho de que la unidad
acción internacional del proletariado descansa en la fuerza
Camaradas: Millones de obreros y trabajadores de los país^ ^cíente del estado proletario, del país del socialismo, de la
capitalistas se preguntan; ¿Cómo impedir la llegada al pcnjer ímión Soviética, veremos lo amplias que son las perspectivas
del fascismo y cómo derrumbar al fascismo victorioso? La hiertas para la realización de la unidad de acción del proleta*
ternacional Comunista responde: Lo primero que hay qüe
hacer, aquello por lo que es necesario comenzar, es crear el jLjo en 101 es,caJa nacional e internacional.
frente único, establecer la unidad de acción^ de los obreros de gl establecimiento de la unidad de acción de todos los des*
cada fábrica, de cada distrito, de cada región, de cada país «camentos de la cíase obrera, independientemente del partido
del mundo entero. La unidad de acción del proletariado en un organización a que pertenecen, es necesario aun antes de
plano nacional e internacional es el arma poderosa que hace Le Ta mayoría de la clase obrera se una en la lucha por el
a la clase obrera capaz no solamente de defenderse con éxito, Arrumbamiento del capitalismo y la victoria de la revolución
sino también de pasar triunfalmente a la contraofensiva con. proletaria^ ^ .
tra el fascismo, contra el enemigo de clase. ¿Es posible realizar esta unidad de acción del proletariado
en los diferentes países y en el mundo entero? Sí, es posible,
g inmediatamente:
La importancia del frente único la Internacional Comunista no formula ninguna condición
para la unidad de acción, a excepción de una sola, elemental,
¿No está claro que Ja acción común de los adheridos a los aceptable por todos los obreros. La siguiente: Que la unidad
partidos y organizaciones de las dos Internacionales Inter­ ¿e acción esté dirigida contra el fascismo, contra la ofensiva
nacional comunista y II Internacional— facilitaría la respues­ ¿jel capital, contra la amenaza de guerra* contra et enemigo de
ta de las masas a la presión fascista y aumentaría la impor­ clase. Ésta es nuestra condición.
tancia del papel político de la clase obrera? ^
La acción común de los partidos de las dos Internacionales
contra et fascismo no se limitaría, sin embargo, a influir en sus ¿rgwnentos principales de tos adversarios del frente único
partidarios actuales, comunistas y socialdemócratas; influiría
poderosamente en las filas de los obreros católicos, anarquis­ ¿Qué pueden objetar, qué objetan los adversarios del frente
tas e inorganizados e incluso en aquellos que momentánea' único? -
mente han sido víctimas de la demagogia fascista. "Para los comunistas —dicen unos—, la consigna del frente
Más aun, el potente frente único del proletariado ejercería único es solamente una maniobra.” “SÍ es una maniobra —les
una influencia enorme en todas las demás capas del pueblo respondemos—, ¿por qué no desenmascaráis la 'maniobra co­
trabajador, en el campesinado, en la pequeña burguesía urba­ munista' con vuestra honrada participación en el frente úni­
na, en los intelectuales. El frente único inspiraría fe cn la co?” Nosotros declaramos con franqueza: queremos la unidad
clase obrera a las capas más vacilantes. de acción de la clase obrera para que el proletariado se forta­
No es esto todo El proletariado de ios países imperialistas lezca en su lucha contra la burguesía, para que defendiendo
tiene aliados posibles no solamente en la persona de los tra­ hoy sus intereses cotidianos contra el capital agresivo, contra
bajadores de su propio país, sino también en las naciones oori- cl fascismo, sea capaz mañana de crear las premisas de su li­
muías de as cotonías y sem,colonias. Pero mientras el nrole beración definitiva.
tañado esté escindido en una escala nacional e internacional- "Los comunistas nos atacan" —dicen otros—. Escuchad: Mu-
m «O »G I DIMÍTROV
chas veces hemos declarado: no atacaremos a nadie ni w
viduos, ni organizaciones, ni partidos que estén por el fren,
único de la clase obrera contra el enemigo de clase* Pero »\
mismo tiempo estamos obligados —en interés del proletariado
y de su causa— a criticar a los individuos, organizaciones v
partidos que obstaculicen la unidad de acción de los obreros
"No podemos hacer el frente único con los comunistas,
que éstos tienen otro programa” —dicen los terceros—, pem
¿no afirmáis que vuestro programa es diferente del programa
de los partidos burgueses? Lo cual no os ha impedido, no os
impide, llegar a una coalición con estos partidos.
"Les partidos democráticos burgueses son mejores aliados
contra ei fascismo que los comunistas" —dicen los adversarios
del frente único y defensores de la coalición con la burgue­
sía—. ¿Qué nos enseña la experiencia de Alemania? ¿No hicie-
ron bloque los socialdemócratas con "sus mejores aliados"?
¿Cuáles fueron los resultados?
"Si constituimos el frente único con los comunistas, los pe.
queñoburgueses tendrán miedo al 'peligro rojoJ y pasarán a
los fascistas”, oímos con frecuencia. Pero ¿acaso este frente
único amenaza a los campesinos, pequeños comerciantes, arte­
sanos e intelectuales trabajadores? No; el frente único ame.
naza a la gran burguesía, a los magnates de la nnanza, a l o s
"junkers" y demás explotadores, cuyo régimen lleva a la ruina
completa a todas estas capas.
“La socialdemocracia está por la democracia, mientras que
los comunistas son partidarios de la dictadura; a causa de esto,
no podemos constituir el frente único con los comunistas”, di­
cen aígunos líderes de la socialdemocracia. Pero ¿hemos pro­
puesto actualmente el frente único para proclamar la dictadura
del proletariado? Por el momento no lo proponemos, ¿no es
cierto?
"Que los comunistas reconozcan la democracia, que tomen
su defensa, y entonces nos hallamos dispuestos a hacer e! fren*
te único.'* A esto respondemos: "Somos partidarios de la de­
mocracia soviética, de la democracia de Jos trabajadores, de la
democracia más consecuente del mundo. Pero defenderemos
palmo a palmo en los países capitalistas las libertades demo*
cráticas burguesas, contra las que atenían el fascismo y la reac­
ción burguesa, porque esto está inspirado en los intereses de
ia lucha de clases del proletariado."
"Pero los pequeños partidos comunistas no agregarán nada
con su participación al frente único que el partido laborista no
realice" dicen, por ejemplo, l o s jefes laboristas en Inglaterra.
Recordadles que ios jefes socialdemócratas austríacos decían
lo mismo del pequeño partido comunista austriirn ,v
demostraron los acontecimientos? No fue la socialdemocracia
jjEL FASCISMO Y TAREAS B E IA IC 173

^ flauer y Renner a la cabeza quien tuvo razón, sino el


ai pacido comunista austríaco, que había señalado en
'^ oportuna el peligro fascista en Austria e invitaba a los
lucba. Toda la experiencia del movimiento obre-
demostrado que los comunistas, incluso con su pe-
í^nfim ero, son el motor de la actividad combativa del
Cariado? No hay que olvidar, además, que los partidos
p i s t a s de Austria e Inglaterra no son solamente las dece-
millares de obreros solidarios del partido: son los
0**^meatos del movimiento comunista mundial; son las sec-
la Internacional Comunista, cuyo partido director
¿ idel proletariado, que ha vencido ya y reina en una sexta
¿ L del globo.
fjytfo el frente único no ha impedido la victoria del fascis­
t a el Sarre"; ésta es la objeción que formulan los adver­
aos del frente único. Extraña lógica la de estos señores. Pri-
síí0( hacen todo lo posible para asegurar la victoria del fas­
tano. y después, gruñen porque el frente único que aceptaron
* el último instante no ha conducido a los obreros a la vic>
torf®* . . . ^
*'Si constituimos el trente único con los comunistas, debe»
0 $ salir de la coalición, y entonces serán los partidos fascis*
[ZSy reaccionarios los que entrarán en el gobierno", dicen los
jefes socialdemócratas instalados en los gobiernos de los dife*
rentes países. Bien. ¿La socialdemocracia no formaba parte
del gobierno de coalición? Sí. ¿La socialdemocracia austríaca
Do ocupaba el gobierno? También estaba. ¿Los socialistas es­
pañoles no estaban en el mismo gobierno con la burguesía?
Sí, también ellos. ¿La participación de la socialdemocracia en
¿ gobierno de coalición burguesa ha impedido a los fascistas
atacar al proletariado? No, no lo ha impedido. Es claro como
el día, por lo tanto, que la participación de los ministros social­
demócratas en el gobierno burgués no es una barrera contra
el fascismo.
'‘Los comunistas proceden como dictadores, quieren cons­
tantemente mandarnos y darnos órdenes." No. Nosotros nada
mandamos ni dictamos. Formulamos simplemente nuestras
proposiciones acerca de las cuales estamos convencidos de
que su realización responde a los intereses del pueblo traba­
jador. Esto no sólo es un derecho, sino también el deber de
lodos los que habían en nombre del pueblo trabajador. ¿Te
méis la dictadura do los comunistas? Presentemos conjunta­
mente, si queréis, a los obreros todas las proposiciones, las
vuestras y las nuestras; estudiémoslas en común con todos
los obreros y elijamos aquellas que sean más útiles a la causa
de Ja clase obrera.
En consecuencia, todos los argumentos contra eí frente tmi-
1 /4 GE°R G I W M ÍT 80V :
co no resisten a ninguna crítica. Son más bien evasivas d* i
jefes reaccionarios de la socialdemocracia, que prefieren
frente único con la burguesía al frente único con el oróle,
nado. la'
No; tales evasivas no prosperarán. El proletariado interna,
cional ha sufrido demasiado con las consecuencias de la esci
sión del movimiento obrero y se convence cada vez más ¿
que cl frente único, la unidad de acción del proletariado en ^
plano nacional e internacional es necesaria y perfectamente \
posible. \

Contenido y formas del frente único


¿Cuál es y cuál debe ser el contenido esencial del frente único
en una etapa dada? La defensa de los intereses económicos
y políticos inmediatos de la clase obrera, la defensa de ésta
contra el fascismo debe ser el punto de partida y ha de cons­
tituir el contenido esencial del frente único en todos los paí,
ses capitalistas.
No debemos limitamos simplemente a áridos llamamientos
a la lucha por la dictadura del proletariado, sino encontrar y
formular consignas y formas de lucha derivadas de las necesi.
dades vitales de las masas, del nivel de su combatividad en
una etapa dada del desenvolvimiento.
Debemos indicar a las masas lo que deben hacer hoy para
defenderse contra el pilJaje capitalista y la barbarie fascista.
Debemos trabajar para crear el más amplio frente único
por medio de acciones comunes de las organizaciones obrejas
de las diferentes tendencias, para defender los intereses vita­
les de las masas trabajadoras.
Lo cual significa, primero, luchar en común para hacer re-
caer realmente los efectos de la crisis en las espaldas de las
clases dominantes, de los capitalistas, de los propietarios; en .
una palabra, sobre las espaldas de los ricos. !
En segundo lugar, luchar en común contra todas las formas
de la ofensiva fascista para la defensa de las conquistas y de- j

rechos de los trabajadores, contra la liquidación de las líber- !


tades democráticas burguesas.
En tercer lugar, luchar conjuntamente contra el peligro in­
minente de una guerra imperialista de tal manera que impida­
mos su preparación.
Debemos preparar infatigablemente a Ja clase obrera para
cambiar rápidamente las formas y métodos de lucha cuando
se modifique la situación. A medida que el movimiento se des­
arrolla y se fortalece la unidad de la clase obrera, debemos ir
más lejos, preparar el tránsito de la defensiva a la ofensiva
contra el capital, orientándonos hacia la organización de una
DEI. FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 175
.•jSl’
e nolitíca de masas. Y la condición absoluta de tal huelga
¡la participación en ésta de los principales sindicatos
W t país determinado.
á6 conmistas, evidentemente, no pueden ni deben renun-
Ifi5 .y n minuto a su trabajo independiente en materia de
^ción comunista, de organización y movilización de las
sin embargo» a fin de asegurar a los obreros el camino
^conduce a la unidad de acción, es necesario simultánea-
trabajar para concertar acuerdos de duración breve o
respecto a las acciones a emprender conjúntame^
f°c0íl ios partidos socialdemócratas, los sindicatos reformis­
ta v 0tras organizaciones de trabajadores contra los enemigos
^clase del proletariado. Haciendo esto, se precisa orientar
d** (¿pálmente la atención hacia el desarrollo de las acciones
jfinasa realizadas por las organizaciones de base, por me-
% de acuerdos concertados en los sitios de trabajo.
Cump*ien£Í0 talm ente las condiciones de todos los acuer-
concertados, denunciaremos despiadadamente todo sabota­
g e la acción común por individuos y organizaciones parti­
cipantes del frente único. A cualquier tentativa para provocar
\ fracaso de los acuerdos —es posible que estas tentativas se
Efectúen—, responderemos con un llamamiento a las masas,
Continuando nuestra lucha implacable para restablecer la uní-
Jad de acción violada.
gs evidente que la realización concreta del frente único en
los diversos países se hará de una manera diferente, que adop­
tará distintas formas, según el estado y carácter de las orga-
^ciones políticas, su nivel político, la situación concreta del
dado, los cambios sobrevenidos en el movimiento obrero
internacional, etcétera.
Estas formas pueden ser, por ejemplo: la acción común con-
tortada de los obreros en u n a y otra ocasión para motivos
concretos, para reivindicaciones aisladas o sobre la base de una
plataforma común; la acción concertada en diversas fábricas
o por ramas de producción; la acción concertada en un plano
local, regional, nacional e internacional; la acción concreta con
vistas a organizar la lucha económica de los obreros, a realizar
acciones políticas de masas, organizar la autodefensa común
contra los ataques fascistas; la acción concertada con vistas a
procurar socorro a los detenidos y sus familias; luchar contra
la reacción social; la acción concertada para la defensa de los
intereses de la juventud y de las mujeres; en el dominio de la
cooperación, de la cultura, de los deportes, etcétera.
Seria insuficiente contentarse simplemente con concluir un
pacto de acción común y crear una comisión de contacto com­
puesta de los partidos y organizaciones participantes del fren­
te único, o sea semejantes a los que tenemos, por ejemplo, cn
176 GEORCI DIMÍTROV
Francia. No. Esto no es sino el primer paso. El pacto es „„
medio auxiliar para realizar acciones comunes; pero, por ,,
solo, no es todavía el frente único. La comisión de enlace «u»
las direcciones respectivas de los partidos comunista y socia
lista es necesaria para facilitar la realización de accione* comu.
nes; pero por sí solas están muy lejos de bastar para desarro,
llar realmente el frente único, para incorporar a masas amplias
a la lucha contra el fascismo.
Los comunistas y todos los obreros revolucionarios deben
trabajar por la creación de organismos de clase fuera del par.
tido, de frente único en las fábricas, entre los parados, en los
barrios obreros, entre las gentes modestas de las ciudades y
de las aldeas, organismos elegidos (y en los países de dictadura
fascista, elegidos entre los participantes más autorizados en ei
movimiento del frente único). Sólo organismos de esta clase
pueden englobar igualmente en el movimiento de frente único
a la enorme masa desorganizada de los trabajadores; podrán
contribuir al desenvolvimiento de la iniciativa de las masas
en la lucha contra la ofensiva del capital, el fascismo y la reac*
ción y, sobre esta base, a la creación de xin extenso activo
obrero necesario para el frente único, a la formación de cen­
tenares y millares de bolcheviques sin partido en los países
capitalistas.
La acción común de los obreros organizados: tal es el prin­
cipio, la base. Pero no debemos permitir que escape a nuestro
campo visual el hecho de que las masas inorganizadas consti*
tuyen la mayoría aplastante de los obreros. En Francia, el^nú­
mero de obreros organizados ■ —comunistas, socialistas, miem­
bros de sindicatos de diferentes tendencias— no llega sino a
un millón, aproximadamente, mientras que el número total
de obreros es de 11 millones. En Inglaterra, los sindicatos y
partidos de todas las tendencias cuentan, aproximadamente,
con cinco millones de adheridos. Ahora bien, el número total
de obreros se calcula en 14 millones. En Jos Estados Unidos de
América hay, aproximadamente, cinco millones de obreros or*
ganizados, mientras que el número total de obreros es de 35 mi­
llones. Aproximadamente esta misma relación existe en muchos
de los demás países. En tiempo normal esta masa queda, gene­
ralmente, fuera de la vida política. Pero ahora esta gigantesca
masa se pone siempre en movimiento, es arrastrada e inter­
viene en ia vida y en el terreno políticos.
La creación de organismos de cíase fuera de Jos partidos es
la mejor forma para realizar, ampliar v consolidar el frente
único en lo más profundo de Jas amplias masas. Estos orea-
msmos serán también el mejor baluarte contra todas h s te n
tativas de Jos adversarios del frente único para v io /ar la uní
dad de acción establecida en ei seno de Ja clase obrera
I
oEL FASCISM O \ TABEAS DE I A IC 177
«íSÍvA
r fe popwiar antifascista
ente
fl' de movilización de las m asas trab ajad o ras p a ra
m la ° contra el fascismo, u n a de las tareas particu larm en te
*V*>a tes consiste en crear u n amplio frente po p u lar anti-
^?°rtals o b r e la base del fren te único proletario. E l éxito de
g asta lucha del proletariado está estrecham ente ligado al
V a i cimiento de u n a alianza de com bate con el campesi-
á*13 laborioso y la tnasa fundam ental de la pequeña b u rg u esía
0* a <lue constituyen la m ayoría de la población, incluso
países industrialm ente más desarrollados.
eOloSsU agitación, el fascismo, deseoso de ganar p a ra sí a
£n masas, intenta oponer las masas trabajadoras de la ciu-
el campo al proletariado revolucionario, de a te rra r al
iiefto burgués con el espantajo del “peligro rojo"* Debemos
f ^ teX ia punta y dem ostrar a los campesinos trab ajad o res, a
artesanos e intelectuales trabajadores de dónde viene el
rea* que les am enaza> enseñarles de una m anera con-
Pfeta quién carga al campesino el fardo de los im puestos y de
c s tributos, quién le estafa sus intereses como usurero, quién,
¡peyendo las tierras mejores y todas las riquezas, expulsa al
^ p e s u io y su fam ilia de su pedazo de tierra y lo condena a
ja desocupación y la miseria. Explicar concretam ente, con
^ciencia y perseverancia, quiénes arruinan a los pequeños
productores y los artesanos con las contribuciones, con los
¡Apuestos, con las altas rentas y con una competencia que ellos
no pueden soportar, quién echa a la calle y priva del tra b a jo
^ las grandes masas de trabajadores intelectuales.
Pero no basta con esto. Lo principal, lo más decisivo p a ra
c o n stitu ir e! frente popular antifascista es la acción decidida
del proletariado revolucionario para la defensa de las reivin­
dicaciones de estas capas, y en especial del cam pesinado labo­
rioso, reivindicaciones que siguen la línea de los intereses fun­
damentales del proletariado y que im porta com binar, en el
proceso de la lucha, con las reivindicaciones de la clase obrera.
Con ocasión de ia constitución del frente p o p u lar antifas­
cista, una cosa importante es el abordar de una m anera ju sta
a Jas organizaciones y partidos, a ios cuales se adhieren en
número considerable el campesinado laborioso y las m asas
fundamentales de la pequeña burguesía urbana.
En los países capitalistas, la mayoría de estos p artid o s y
organizaciones, tanto políticas como económicas, están aún
bajo ia influencia de la burguesía y m archan tras de ella. La
composición social de estos partidos y organizaciones no es
homogénea. Se encuentran kulaks perfectos al lado de cam­
pesinos sin tierra; grandes cerveceros al lado de pequeños
comerciantes; pero la dirección pertenece a los prim eros y a
1 /0 GEORCt UIMÍTROV
los agentes del gran capital. Esto nos obliga a abordar de
manera distinta a estas organizaciones, teniendo en cuenta cl
h ech o de que con frecuencia la masa da adheridos no conoce
la fisonomía política real de su dirección. En circunstancias
determinadas podemos y debemos orientar nuestros esfuerzos
para, a pesar de su dirección burguesa, atraer a estos partidos
y organizaciones o a porciones de ellos al lado del frente po.
pular antifascista. Ésta es, por ejemplo, la situación cn Fran­
cia con el partido radical; en los Estados Unidos, con las
diversas organizaciones de colonos; en Polonia, con la "Stro.
nistvo Ludové”; en Yugoslavia, con el partido campesino croa-
ta; en Bulgaria, con la Unión agrícola; en Grecia, con los
agrarios, etc. Pero independientemente del problema de saber
si existen posibilidades de atraer tales partidos y organizacio­
nes al lado del frente popular, nuestra táctica en todas las
condiciones debe orientarse a atraer a los pequeños campes*,
nos, pequeños productores, y artesanos, etc., a que formen
parte del frente popular antifascista.
Veis, pues, cómo hay necesidad de terminar totalmente con
el desdén y la actitud despreciativa que se nota frecuente­
mente en nuestra práctica respecto a los diversos partidos y
organizaciones de campesinos, pequeños productoies y masas
pequeñoburguesas urbanas.

Las cuestiones centrales del frente único en los distintos países


En cada país existen problemas entrecruzados que agitan, en
una época determinada, a las más amplias masas, y alrededor
de los cuales debe desarrollarse la lucha para la constitución
del frente único. Poner el dedo en ellos significa garantizar
y acelerar la constitución del frente único.
a] Estados Unidos. Tomemos, por ejemplo, un país del mun­
do capitalista tan importante como los Estados Unidos. Aquí
la crisis ha puesto en movimiento a millones de trabajado­
res. El programa de renovación del capitalismo ha fracasado.
Enormes masas comienzan a apartarse de Jos partidos burgue­
ses y hoy permanecen indecisas en la elección de camino.
El naciente fascismo norteamericano se esfuerza por orientar
la decepción y el descontento de estas masas por los canales
de la reacción fascista. De otra parte, la particularidad del des­
envolvimiento del fascismo norteamericano consiste en que su
lase actual se afirma principalmente en forma de oposición al
fascismo como corriente "extraña", importada del extranjero
A diferencia del fascismo alemán, que formulaba consienas
anticonstitucionales, el Fascismo norteamericano pretende ana
recer como el campeón de la constitución y de la democra
DHL FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 179

No representa todavía una fuerza que constituya una


£;j. directa. Pero si logra introducirse en las masas de-
jitfi*?!jadas por los viejos partidos burgueses, puede conver-
una amenaza seria en un porvenir próximo.
|l mté significaría ia victoria del fascismo en los Estados Uni-
¿j para las masas trabajadoras significaría, sin ninguna duda,
^ifuerzo desenfrenado del régimen de explotación y el aplas-
# del movimiento obrero. ¿Cuál sería la trascendencia
1 «rnacional de esta victoria del fascismo? Como se sabe, los
¡ftad05 ÜDÍdos no son Hungría, ni Finlandia, ni Bulgaria o
Atonía- La victoria del fascismo en Estados Unidos modifi­
c a muy sensiblemente toda ia situación internacional,
gn estas condiciones, ¿puede contentarse el proletariado nor-
jjiiericano con organizar solamente a su vanguardia conscien-
' dispuesta a marchar por la s sendas revolucionarias? No.
£s evidente que los intereses del proletariado norteameri­
cano exigen que todas sus fuerzas sean apartadas, sin retraso,
$ los partidos capitalistas.
]_a es indispensable hallar los caminos y formas adecuadas
para impedir oportunamente el fascismo y apoderarse de las
jtnplias masas de trabajadores descontentos. Debemos decir
jhcrfít que la creación de un partido de masas trabajadoras, de
iio "partido obrero campesino" puede ser la forma adecuada
j las condiciones norteamericanas. Tal partido seria una for­
ma específica del frente popular de masas en América, forma
<¡tie debe oponerse a los partidos de los trust y bancas, lo
mismo que al fascismo ascendente. Un partido semejante no
sería ni socialista, ni comunista. Pero debe ser antifascista y
no debe ser un partido anticomunista. Su programa debe orien­
tarse contra los bancos, trust y monopolios; contra los prin­
cipales enemigos del pueblo, que especulan con sus desgra­
cias. Este partido sólo responderá a su destino si defiende las
reivindicaciones diarias de la clase obrera, si lucha por una
verdadera legislación social, por el socorro contra el paro; si
Jocha por la tierra para los colonos blancos y negros y por
su liberación de la carga de las deudas; si trabaja por anular
las deudas de los campesinos; si combate por la igualdad
de los negros, por la defensa de las reivindicaciones de los
veteranos de guerra, de los intereses de los representantes de
las profesiones liberales, de los pequeños comerciantes y pe­
queños productores. Y así sucesivamente.
Claro está que un partido semejante laborará por que re­
presentantes suyos pasen a formar parte de los municipios,
¡ de los organismos representativos de los diferentes estados,
| así como también del congreso y del senado.
Nuestros camaradas de los Estados Unidos han procedido
rectamente, demostrando gran iniciativa en la creación de tal
ISO
CEORGI DIMÍTROV
partido. P e r o debían haber tomado medidas electivas para
que su creación fuera obra directa de las masas. El problema
de la creación de un "partido obrero y campesino” y su pro-
gj ama conviene que sea estudiado en reuniones populares de
masas. Hay necesidad de desarrollar un vasto movimiento
alrededor de l a creación de este partido y de colocarse a sü
cabeza. En ningún caso debe permitirse que la iniciativa en
los trabajos de organización del partido pase a los elementos
que quieren aprovechar el descontento de l a s masas decepcio-
nadas de los dos partidos burgueses: demócrata y república,
no, para crear un "tercer partido" en los Estados Unidos como
partido anticomunista, dirigido contra el movimiento revoiu*
cionario.
b] Inglaterra. En Inglaterra, como consecuencia de las ma­
nifestaciones de masas de los obreros ingleses, la organización
fascista de Mosley, momentáneamente, ha sido rechazada. Pero
no debemos cerrar los ojos al hecho de que el gobierno, sedi-
centemente nacional, ejecuta una serie de medidas reacciona­
rias contra la clase obrera, por medio de las cuales se crean
también en Inglaterra condiciones propicias a la burguesía
para pasar, en caso de necesidad, al régimen fascista. Comba-
tir el peligro fascista en Inglaterra en la etapa actual significa,
ante todo, luchar contra el “gobierno nacional” y sus medidas
reaccionarias, contra la ofensiva del capital, en pro de las
reivindicaciones de los parados, contra la reducción de los
salarios y por la abolición de todas las leyes que permiten a
la burguesía inglesa reducir el nivel de vida de las masas.
El odio creciente de la clase obrera contra el "gobierno na­
cional'' une a masas cada día más amplias bajo la consigna de
constitución en Inglaterra de un nuevo gobierno ^ laborista.
¿Pueden ignorar los comunistas este estado de espíritu de ma­
sas considerables, que conservan aún su fe en _el gobierno
laborista? No, camaradas; debemos hallar el camino que con­
duce a esas masas. Debemos decirlas francamente, como lo
ha hecho el XIII Congreso del partido comunista inglés: Los
comunistas somos partidarios del poder soviético, único poder
capaz de libertar a los obreros del yugo del capital. Ahora
bien; ¿vosotros queréis un gobierno laborista? Sea, Hemos
luchado y luchamos con vosotros, codo con codo, para derro­
tar al "gobierno nacional". Estamos dispuestos a sostener
vuestra lucha para constituir un nuevo gobierno laborista, a
pesar de que los dos gobiernos anteriores no cumplieron las
promesas hechas a la clase obrera por el partido laborista.
Nosotros no esperamos de ese gobierno la realización de medi­
das socialistas. Pero en nombre de millones de obreros le
exigimos que defienda los intereses económicos v noí.Vi™«
más apremiantes de la dase obrera y de todos los trabajado
jVA OFX FASCISMO Y TAREAS DB IA IC 181

^ adiemos, por lo tanto, conjuntamente el programa co­


cí' t estas reivindicaciones y realicemos la unidad de acción
^ fnsable ai proletariado para responder a la ofensiva reac-
í^'^-a del "gobierno nacional”, del capital y del fascismo, y
;iaíl&r,reparación de una nueva guerra. Sobre esta base los ca-
¡i fa *LS ingleses se hallan dispuestos a presentarse unidos
i# ° orgaxiizaciones del partido laborista en las próximas elec-
j>a* parlamentarias contra el "gobierno nacional”, lo mismo
^"contra Lloyd George, que pretende a su manera atraer a
^masas obreras contra la causa de la clase obrera y en ir.te-
¿e ia burguesía inglesa.
(íL t£i posición de los comunistas ingleses es justa. Ella les
.¡litará la constitución del frente único de lucha con los mi-
Lies de trabajadores de las trade-unions inglesas y del parti-
¡o laborista.
permaneciendo siempre en las primeras filas del proletaria-
¿0 en lucha, señalando a las masas el único camino justo —al
.^ino de la lucha para derrumbar revolucionariamente la do­
minación de la burguesía e instaurar el poder de los soviets—,
!0s comunistas, definiendo sus tareas políticas actuales, no
ijebei» pretender forzar las etapas necesarias del movimiento
¡jg masas, durante cuyo proceso las masas obreras, por ex­
periencia propia, se desprenden de sus ilusiones y pasan al
l^do de los comunistas.
cj Francia. Como se sabe, Francia es el país en que la clase
obrera ha dado ejemplo al proletariado internacional de cómo
jjay que luchar contra el fascismo. El partido comunista fran­
cés da ejemplo a todas las secciones de la Internacional Co­
munista de cómo hay que aplicar la táctica del frente único; y
los obreros socialistas dan también ejemplo a los obreros so-
cíaidemócratas de los demás países capitalistas de lo que deben
hacer para luchar contra el fascismo. La manifestación anti­
fascista de medio millón de manifestantes que tuvo lugar el
día 14 de julio de este año en París, y las numerosas mani­
festaciones en tas demás ciudades de Francia, tienen una enor­
me importancia. No es esto solamente un movimiento de fren­
te único obrero; es el principio de un amplio frente popular
contra el fascismo en Francia.
Este movimiento de frente único aumenta la fe de la clase
obrera en sus fuerzas; fortalece la conciencia de su papel
director respecto al campesinado, pequeña burguesía urbana
c intelectuales; extiende la influencia del partido comunista
en las masas obreras y, por lo tanto, liace al proletariado más
fuerte en la lucha contra el fascismo. Despierta oportunamen­
te la vigilancia de las masas respecto al peligro fascista. Este
movimiento servirá de ejemplo contagioso para el desarrollo
de la lucha antifascista en los demás países capitalistas y
182 gborgi duiítrov

producirá un efecto reconfortador en los proletarios alemanes


aplastados por la dictadura fascista. '
La victoria es grande, en efecto; pero no decide todavía el
porvenir de la lucha antifascista. La mayoría aplastante del
pueblo francés está, sin duda alguna, contra el fascismo. Pero
ía burguesía, ayudada por la fuerza armada, sabe violentar la
voluntad de los pueblos. El movimiento fascista continúa des-
amollándose con entera libertad, sostenido activamente por
el capital monopolizador, el aparato del estado de la burgue­
sía, e! estado mayor del ejército francés y la Iglesia católica,
baluarte de toda clase de reacción. La más poderosa organiza­
ción fascista, los "cruces de fuego", dispone hoy de 350 000
hombres armados, cuyo núcleo lo constituyen 60 000 oficiales
de la reserva. Cuenta con sólidas posiciones en la gendarmería,
policía, ejército, aviación y en todo el aparato del estado. Las
últimas elecciones municipales demuestran que en Francia
progresan no sólo las fuerzas revolucionarias, sino las del fas-
cismo. Si el fascismo consigue arraigar en el campesinado y
asegurarse el apoyo de una parte del ejército, permaneciendo
neutral la otra, no podrán impedir las masas trabajadoras
francesas el ascenso al poder de los fascistas. No olvidar, ca­
maradas, que Ja debilidad orgánica del movimiento obrero
francés facilita la victoria de la ofensiva fascista. No hay ra­
zón, ni para la clase obrera ni para los antifascistas de Fran­
cia, para contentarse con los resultados obtenidos.
¿Qué tareas se presentan a la clase obrera francesa?
Primeramente, conseguir la constitución del frente único, no
solamente en el dominio político, sino también en el económi­
co, para organizar la lucha contra la ofensiva del capital, ven­
cer con su impulso la resistencia opuesta al frente único por
los jefes de la Confederación general del trabajo reformista.
En segundo lugar, realizar la unidad sindical en Francia;
sindicatos únicos que tengan como base la lucha de clases.
Tercero, atraer al movimiento antifascista a las amplias ma­
sas campesinas y a la pequeña burguesía, concediendo a sus
reivindicaciones particulares un lugar especial en el programa
del frente popular antifascista.
Cuarto, consolidar orgánicamente y ampliar incluso el mo­
vimiento antifascista ya comenzado, por medio de la creación
de organismos electorales sin partido del frente popular anti­
fascista, que sean más amplios que los partidos y organizacio­
nes de trabajadores que existen actualmente en Francia.
Quinto, hacer presión para conseguir la disolución y des­
arme de las organizaciones fascistas, dado su carácter de or­
ganizaciones de conspiradores contra la república y agentes
de Hitíer en F rancia.
Sexto, proceder de tal modo que el aparato del estado, el
jVtt DEI* FASCISMO Y TABEAS DE IA IC lo->
é' )a policía sean depurados de los conspiradores que
el golpe de estado fascista.
V ■no promover Ja lucha contra los directores de las ban-
^Sancionarías de la Iglesia católica, uno de los principales
«5 ** del fascismo francés.
D^ 1 vo. ügar ®1 ejercito al movimiento antifascista, consti-
0*» en su interior comités de defensa de la república y
,1))^ constitución contra aquellos que pretenden utilizar el
j< 13jt0 para un golpe de estado anticonstitucional; no permitir
íj^fijerzas reaccionarias de Francia frustren el pacto franco-
jático* que defiende la causa de la paz contra la agresión
^fascismo alemán.
¿Y sj en Francia el movimiento antifascista consiguiera la
l5titución de un gobierno que realizara una lucha verdadera
verbal, sino expresada por los hechos—, que aplicara el
Agrama de reivindicaciones del frente popular antifascista,
?(0V s los comunistas, sin dejar de ser enemigos irrecon­
ciliables de cualquier gobierno burgués, y partidarios del poder
los soviets, estarían dispuestos, a pesar de todo, frente al
peligro fascista progresivo, a apoyar a este gobierno.

0 frente único y las organizaciones de masa fascistas


paradas: La lucha para la constitución del frente único en
lus países en que los fascistas ocupan el poder es, quizás, el
-roblctna más importante que se nos plantea. En ellos esta
fucha se concibe y desarrolla en condiciones peores que en los
países cuyo movimiento obrero es legal. Sin embargo, en
los países fascistas todas las condiciones están dadas para des*
; ¡¡¡rollar un verdadero frente popular antifascista en la lucha
fontra la dictadura fascista, dado que los obreros socialdemó-
tfatas, católicos y, en general, todos los demás, pueden en
Remanía, por ejemplo, adquirir conciencia directamente de la
necesidad de realizar comúnmente con los comunistas la lucha
contra la dictadura Fascista. Las amplias masas de la pequeña
burguesía y del campesinado, que han gustado ya el fruto
amargo de la dominación fascista, sienten un descontento y
excepciones mayores cada día, lo que facilita su adhesión al
frente popular antifascista.
Ahora bien, la tarea esencial en los países fascistas, sobre
todo en Alemania e Italia, donde el fascismo supo asegui-arse
una base de masas y ha alistado por la fuerza a los obreros
y a todos los trabajadores en sus organizaciones, consiste en
com binar acertadamente la lucha contra la dictadura fascista
desde el exterior, minando desde el interior los organismos fas­
cistas de masas. Hay necesidad de estudiar, de asimilarse y
aplicar, con arreglo a las condiciones concretas de estos países,.
g e o r g i d im ít r o v
los métodos y medios particulares que contribuyen a la dista*
gadón más rápida de la base de masas del fascismo y pr^a*
rar el derrumbamiento de su dictadura. Hay que estudiar estos
problemas, asimilárselos y aplicarlos, sin que baste con gritar
sencillamente: "¡Abajo Hitler! ¡Abajo Mussolini!” Estudiar
asimilarse y aplicar. ‘
Tarea difícil y compleja. Tanto más difícil cuanto que nues­
tra experiencia de lucha victoriosa contra el fascismo es muy
reducida. Nuestros camaradas italianos, por ejemplo, luchan
desde hace trece años en las condiciones de la dictadura fas-
cista. Sin embargo, no han logrado promover una verdadera
lucha de masas contra el fascismo; por cuya razón no pueden,
desgraciadamente, ayudar en este aspecto, por medio de una
experiencia positiva, a los demás partidos comunistas de los
países fascistas.
Los comunistas italianos y alemanes, así como los de los
demás países fascistas y las juventudes comunistas, han rea­
lizado prodigios de heroísmo: cada día llevan a cabo sacrifi.
dos enormes. Pero con el heroísmo no es suficiente. Hay que
coordinar este heroísmo con un trabajo diario entre las masas,
con una lucha concreta contra el fascismo que nos permita
obtener los resultados más tangibles. En nuestra lucha contra
la dictadura fascista es peligroso, sobre todo, convertir nues­
tros deseos en realidades. Hay necesidad de partir de los he­
chos, de la situación concreta, real.
¿Cuál es hoy la realidad, por ejemplo, en Alemania?
Aumenta en las masas el descontento y la decepción contra
la política de la dictadura fascista, revistiendo incluso la for­
ma de huelgas parciales y manifestaciones análogas. A pesar
de todos sus esfuerzos, el fascismo no ha conseguido ganar po­
líticamente para su causa ala masa fundamental de los obreros;
pierde, y cada día perderá más, incluso a sus antiguos parti­
darios. Sin embargo, debemos darnos cuenta de que los obre­
ros convencidos de la posibilidad de derrocar la dictadura
fascista, y dispuestos desde ahora a luchar activamente por
la consecución de este objetivo, constituyen todavía una mino­
ría, compuesta sólo por nosotros, los comunistas, y la parte
revolucionaria de los obreros socialdemócratas. Respecto a
la mayoría de los trabajadores, no han adquirido aún concien­
cia de las posibilidades reales y concretas, ni de los caminos
que llevan al derrumbamiento de esta dictadura: permanece
a la expectativa.
Es necesario tener en cuenta este hecho cuando formulamos
nuestras tareas para luchar contra el fascismo en Alemania v
cuando nos proponemos buscar, estudiar y aplicar los procedi­
mientos especiales susceptibles de quebrantar y derrocar la
dictadura fascista en Alemania.
n SjVA DEL FASCISMO Tt TAREAS DE LA IC 103
^ infligí1' un golpe sensible a la dictadura fascista debe-
«’C iocer cuál es su punto más vulnerable. ¿Dónde está el
de Aquiles de la dictadura fascista? En su base social,
ti^es extraordinariamente heterogénea. Engloba a diversas
y capas de la sociedad. El fascismo se proclama repre-
' único de todas las clases y capas de la población, del
í í^fstrial y del obrero, del millonario y del parado, del terra-
( i1*vnte y del pequeño campesino, del gran capitalista y del
i^'jjpóo productor. Aparenta defender los intereses de todas
f* capas, el interés de la nación. Pero siendo el fascismo la
Atadura de la gran burguesía, debe inevitablemente chocar
¿y base social de masas, tanto más cuanto que precisa­
n t e bajo la dictadura fascista las contradicciones de clase
^puestran con mayor relieve entre la jauría de los magnates
t la fin»023 y *a mayoría abrumadora del pueblo.
j»[0 podemos conducir a las masas a la lucha decidida para
derrumbar la dictadura fascista sino atrayendo a los obreros
^lutados por fuerza para las organizaciones fascistas, o que
presaron en ellas por falta de conciencia, a los movimientos
elementales de defensa de sus intereses económicos, poli-
jicos y culturales. Precisamente por esta razón los comunistas
L,ben trabajar en estas organizaciones como los mejores de­
j a r e s de los intereses diarios de la masa de adheridos, te­
niendo muy en cruenta que a medida que los obreros que
gruían parte de estas organizaciones comienzan con mayor
{j¿cuencia cada vez a reivindicar sus derechos y a defender
jUs intereses, chocarán inevitablemente con la dictadura fas­
cista-
£n el terreno de la defensa de los intereses diarios, de los
I elementales de las masas trabajadoras de la ciudad y el
! campo, es más fácil relativamente encontrar un lenguaje co-
: mún, no solamente con los antifascistas conscientes, sino tam-
| bíén con aquellos trabajadores que son todavía partidarios del
) fascismo, pero que, decepcionados y descontentos de su polí-
\ (¡ca, murmuran y buscan ocasión propicia para expresar su
I descontento. En general, debemos darnos cuenta de que nues-
ira táctica en ios países de dictadura fascista debe poseer tal

¡ carácter, que no aparte de nuestro lado a los partidarios co-


. rricntes del fascismo, que no los lance de nuevo en brazos de
] éste, sino que profundice el abismo entre las cumbres fascis­
t a s y la masa de sus partidarios corrientes, ya decepcionados,
I y que provienen de las capas trabajadoras,
t No hay que inquietarse, camaradas, si aquellos a quienes
■movilizamos por sus intereses diarios se consideran indiferen-
tes en política o incluso partidarios del fascismo. Lo impor-
i tante para nosotros es hacerlos moverse, puos aunque en los
comienzos ese movimiento no se desarrolle francamente por
100 GEORCI d im ítro v
consignas de lucha contra el fascismo, no por eso deja de ser ¡
objetivamente un movimiento antifascista que opone las masas
a la dictadura fascista.
La experiencia nos enseña lo perjudicial y erróneo que es el
punto de vista de que en los países de dictadura fascista a
imposible, por regla general, actuar legal o semilegahnente.
Persistir en este punto de vista significa recaer en la pasivt
dad, renunciar de una manera general a un trabajo real de
masas. Cierto que es difícil y compleja la tarea de encontrar
en las condiciones de la dictadura fascista formas y métodos
de acción legales o semilegales. Pero, de igual manera que en
otras cuestiones, el camino nos lo señala la propia vida y la
iniciativa de las masas, que han dado ya bastantes ejemplos,
los cuales debemos generalizar, aplicar acertadamente y cn
forma organizada, siendo indispensable terminar definitiva­
mente con la desestimación del trabajo en las organizaciones
fascistas de masas. En Italia, lo mismo que en Alemania y
en otros países fascistas, nuestros camaradas han ocultado su
pasividad y aun su negativa franca a trabajar prácticamente
en el seno de las organizaciones fascistas de masas, oponien­
do el trabajo en las fábricas al que debe realizarse en aquellas
organizaciones. Ahora bien, esta oposición esquemática ha
conducido, en realidad, a que se haya trabajado con^ una
lentitud extrema y en ocasiones a que no se haya realizado
ningún trabajo ni en las organizaciones fascistas de masas
ni en las fábricas.
Importa extraordinariamente que en los países fascistas los
comunistas se hallen allí donde haya masas- El fascismo ha
privado a los obreros de sus propias organizaciones legales.
Les ha impuesto las organizaciones fascistas, y es en éstas
en donde están las masas, por la fuerza o en parte voluntaria­
mente. Estas organizaciones pueden y deben ser nuestro cam­
po de acción legal o semilegal, en las cuales mantendremos
comunicación con las masas. Pueden y deben convertirse para
nosotros en punto de partida legal o semilegal para la defensa
de los intereses cotidianos de las masas. Con cl fin de utilizar
estas posibilidades, los comunistas lian de trabajar en ellas y
obtener puestos electivos, asegurando de esta manera la liga­
zón con las masas y liberándose del prejuicio que condena
como impropio e indigno de un revolucionario esta clase de
actividad.
En Alemania, por ejemplo, existe el sistema de los "delega­
dos de fábrica". ¿Cuándo se ha dicho que debemos reservar
para los fascistas el monopolio de estos organismos? ¿Acaso
no podemos intentar unir cn la fábrica a los obreros comu­
nistas, socialdemócratas, católicos v demás obreros antifascis­
tas para que al votar las listas de "delegados de fábrica"
,SIVA DEL FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 18/
^ a jos agentes descarados del patrón y los sustituyan
litr o s candidatos que disfruten la confianza de los obre-
¡oii ^ práctica nos ha demostrado que esto es posible.
¡tfj. nos ha demostrado también la práctica que es posi-
‘ de acuerdo con los obreros socialdemócratas y los des­
juntas, exigir a los delegados de fábrica que defiendan
tftgnte los intereses de los obreros?
Consideremos el "frente del trabajo" en Alemania o los sin-
..8tos fascistas en Italia. ¿No es posible exigir la elección y
í cel nombramiento de los funcionarios, insistir para que los
"cirios directivos de los grupos locales den cuenta de su acti-
!< %A a 'as asambleas de miembros de la organización, pre-
jar después de la decisión del grupo estas reivindicaciones
! 'i patrón, al "inspector del trabajo”, a los órganos supremos
¡ '‘frente del trabajo”? Esto es posible a condición de que
j obreros revolucionarios trabajen efectivamente en ei “fren-
jdel trabajo” e intenten conseguir puestos.
1 métodos semejantes de trabajo son igualmente posibles y
^cesados en las demás organizaciones fascistas de masas:
!.,¡iión hitleriana de juventudes, organizaciones deportivas, en.
i L “Kvaft durch Freude", "Dopo Laboro", en cooperativas,
| jteítera.
Recordaréis, sin duda, camaradas, la vieja leyenda de la con­
ista de Troya. Troya, para prevenirse contra el ejército que
jj atacaba, se había rodeado de murallas inexpugnables. El
Ejército sitiador, después de perder numerosas víctimas, no
¿do conseguir la victoria hasta que con la ayuda del famoso
‘•aballo de Troya penetró en el interior, en el corazón mismo
enemigo.
Opino que nosotros, obreros revolucionarios, no debemos
vacilar en aplicar la misma táctica contra nuestro enemigo
fascista, que se defiende contra el pueblo con la muralla viva
¿e sus verdugos.
Quien no comprenda la necesidad de aplicar esta táctica
con respecto al fascismo y juzgue “humillante" este proceder,
acaso sea un excelente camarada; pero permitidme deciros
que es un charlatán y no un revolucionario, y que no sabrá
¡ruiar a las masas al derrocamiento de la dictadura fascista.
” El movimiento de masas de frente único, que nace en el
exterior y en el interior de las organizaciones fascistas de
Alemania, Italia y demás países en los cuales el Fascismo
posee una base de masas; que partiendo de la defensa de las
necesidades más elementales va cambiando sus formas y con­
signas de lucha a medida que esta lucha se extiende y eleva,
será el ariete llamado a destruir la fortaleza de la dictadura
fascista, considerada actualmente por muchos como inexpug­
nable.
(JEORGI DlMf'i'Sov
El frente único en los países en que gobiernan
los socialdemócratas

La lucha para la constitución del frente único plantea todav


problemas muy importantes, como el del frente único en aciu
líos países en los cuales hay gobiernos socialdemócratas o ¿
coalición con participación socialista, como, por ejemplo en
Dinamarca, Noruega, Suecia, Checoslovaquia y Bélgica. ’
Ya es conocida nuestra actitud absolutamente negativa res-
pecto a los gobiernos socialdemócratas, que son, en realidad
gobiernos de coalición con la burguesía. Sin embargo, no juz'
gamos como un obstáculo insalvable para la formación del
frente único con los socialdemócratas sobre cuestiones deter­
minantes la existencia de un gobierno socialdemócrata o de
una coalición gubernamental del partido socialdemócrata con
los partidos burgueses. Consideramos que, incluso en este caso,
el frente único es perfectam ente posible e indispensable para
la defensa de los intereses diarios del pueblo trabajador y
en la lucha contra el fascismo. Es evidente que en los países
donde los partidos socialdemócratas participan en el gobierno,
la dirección socialdemócrata opone fuerte resistencia al frente
único proletario. Ello es comprensible, ya que se proponen
demostrar a la burguesía que son precisamente ellos quienes
mejor saben frenar a las masas obreras descontentas y prote­
gerlas contra la influencia del comunismo. Sin embargo, la
actitud negativa de los ministros socialdemocratas respecto
al frente único proletario no puede justificar, ni mucho me­
nos, que los comunistas no hagan nada para constituir el fren­
te único del proletariado.
Nuestros camaradas de los países escandinavos siguen con
frecuencia la línea de menor resistencia, contentándose con de­
nunciar en su propaganda al gobierno socialdemócrata. Esto
constituye una falta. En Dinamarca, hace diez años que los
jefes socialdemócratas están instalados en el gobierno, y du­
rante esos diez años los comunistas repiten día por día qus
este gobierno es burgués, capitalista. Debemos suponer que esta
propaganda es conocida ya por los obreros daneses. El hecho
de que la mayoría considerable conceda sus votos, a pesar de
todo, al partido gubernamental socialdemócrata, demuesti-a
lo siguiente: Que no basta denunciar al gobierno en la propa­
ganda; sin embargo, esto no demuestra que estos centenares
de millares de obreros estén contentos con todas las medidas
gubernamentales de los ministros socialdemócratas. No; están
descontentos de que el gobierno socialdemócrata, por medio
de su acuerdo de crisis , haya acudido en ayuda de los gran­
des capitalistas y terratenientes y no en la de los obreros y
campesinos pobres; que por su decreto publicado en enero
DEL FA SC ISM O y tareas de LA IC 18*

• f^SlVA t're. a los obreros el derecho a la huelga; que la di-


! ‘ ,03 ^ " -idemócrata proyecte una peligrosa reforma elec-
i iccjófl ‘ ocrática (con reducción considerable del número
’ a° dos)- No me engañaría, camaradas, si afirmara que
■SdiPfjL jos obreros de Dinamarca no aprueban semejantes
■-1 ^ políticas de los jefes y ministros socialdemócratas.
• iH^’^nueden los comunistas en Dinamarca proponer a los
i ¿rf° P y organizaciones socialdemócratas el estudio de tal
l .jiidjcacUestión de actualidad, que formulen su opinión e inter-
i q comúnmente, por medio del frente único proletario, con
^ ‘‘opósito de hacer prosperar las reivindicaciones obreras?
i el mes de octubre último, cuando nuestros camaradas
; „eSes invitaron a los sindicatos a emprender una acción con-
i ^ la red'100’’®11 socorro de paro y en defensa d e los dere-
: |r'a , d e m o c rá tic o s de los sindicatos, más de cien organizacio-
¡ ^ sindícales locales se adhirieron al frente único.
; íCgn S u ecia se halla por tercera vez en el poder un gobierno
: c}aldem ócrata. Los comunistas suecos se han negado duran-
; juticho tiempo a aplicar en la práctica la táctica de frente
i !ljco. ¿P°r ¿Son hostiles al frente único? No. De ningu-
i a manera; en principio, son partidarios de él, del frente único
ln genera^' Pero no han comprendido a propósito de qué,
: ,cerca de qué problemas concretos, por la defensa de qué
i feivindicaciones es posible constituir con éxito el frente único,
¡ dónde y cómo tomar la iniciativa. Meses antes de la formación
i ¡je! gobierno socialdemócrata este partido había formulado,
; c0n ocasión de la lucha electoral, una plataforma que contenía
i ^¡vindicaciones susceptibles de ser incluidas en la plataforma
i je) frente único proletario. Por ejemplo, las consignas: "Con-
; (fa los derechos aduaneros", "Contra la militarización", "Fin
. ¿e la moratoria en los seguros de paro”, "Asegurar a los an-
I cíanos una pensión suficiente para poder vivir”, “No tolerar
, |a existencia de organizaciones como la ‘Munch Korps'" (or-
1 oanización fascista), "Abajo la legislación antisindical de clase
exigida por los partidos burgueses”.
Más de un millón de trabajadores votaron en Suecia, en
; 1932, por estas reivindicaciones que había formulado la social-
: democracia, y acogieron gozosos la formación del gobierno
‘ socialdemócrata en 1933, con la esperanza de que iban a ser
; realizadas estas reivindicaciones. ¿Qué cosa más natural en
; situación semejante y que respondiera mejor a los deseos
; de las masas obreras que un mensaje del partido comunista
■a todas las organizaciones socialdemócratas y sindicales, propo-
? níéndoles emprender acciones comunes para realizar estas rei­
vindicaciones formuladas por el partido socialdemócrata?
Si con el fin de realizar aquellas reivindicaciones que los
! propios socialdemócratas habían formulado se hubiera logra­
190 GEORGI WMÍTOov
do movilizar efectivamente a amplias masas, soldar las nr„
nizaciones socialdemocratas y comunistas en un frente ún'
no cabe duda ninguna de que la clase obrera de Suecia hubip,0'
salido beneficiada. Es innegable que los ministros socialdem,?
cratas de Suecia no estarían muy satisfechos. Pero, aun así el
gobierno se hubiera visto obligado a dar satisfacción, aunque
sólo fuera a algunas de estas reivindicaciones. De cualquier
manera, no hubiera sucedido lo de ahora, o sea que el go­
bierno, en lugar de suprimir los derechos aduaneros, ha aumen­
tado algunas de las tarifas; en lugar de reducir el militarismo"
aumentó el presupuesto de guerra, y en lugar de rechazar toda
la legislación dirigida contra los sindicatos, ha presentado a
su vez al parlamento un proyecto de ley de este carácter.
Cierto que en relación con esta última cuestión el partido
comunista sueco ha realizado una buena campaña de masas
orientadas hacia el frente único proletario, consiguiendo, en
definitiva, que hasta la fracción socialdemócrata del parla­
mento se viera obligada a votar contra el proyecto de ley gu­
bernamental, el cual, por el momento, se ha frustrado.
Los comunistas noruegos procedieron acertadamente invi­
tando el primero de mayo a las organizaciones del partido
obrero a manifestarse unidos y formulando una serie de reivin­
dicaciones que en el fondo coincidían con las de la plata­
forma electoral del partido obrero noruego. Aunque estas me­
didas por el frente único hayan sido preparadas débilmente
y la dirección del partido obrero noruego se haya declarado
en contra, tuvieron lugar en treinta localidades las manifesta­
ciones de frente único.
Antiguamente eran muchos los camaradas que temían se con­
siderara como una manifestación de oportunismo si no opo­
nían a cualquier clase de reivindicaciones parciales de los so­
cialdemócratas sus propias reivindicaciones, dos veces más
radicales. Esto era una candidez. Si los socialdemócratas rei­
vindican, por ejemplo, la disolución de las organizaciones fas­
cistas, es innecesario que agreguemos: "y la disolución de la
policía del estado” (aunque en otra ocasión sea oportuno for­
mular esta reivindicación); pero debemos decir a los obreros
socialdemócratas: "Aceptamos estas reivindicaciones de vues­
tro partido como reivindicaciones del frente único proletario y
estamos dispuestos a luchar para su realización. Emprenda­
mos unidos la lucha.”
Asimismo, en Checoslovaquia es posible y deben utilizarse
para crear el frente único de la clase obrera las reivindicacio­
nes determinadas que han sido formuladas por los socialdemó­
cratas checos y alemanes y los sindicatos reformistas. Cuando,
por ejemplo, la socialdemocracia exige que se dé trabajo a
los parados, o la abolición (como hace desde 1927) de las le-
. n i-L F A S C IS M O Y TAREAS DH LA IC 191

m o t iv a s de las autonomías municipales, hay necesidad,


f5 h se Y en cac*a distrito, de concretar estas reivindicacio-
1» ?e acuerdo con las organizaciones socialdemócratas Iu-
ts, y su aplicación efectiva. O cuando los partidos social-
cü31'/ratas fulminan "en general” sus anatemas contra los
é¿ífl°tes del fascismo en el aparato del estado, proponer en
y distrito que sean descubiertos los portavoces
saetas concretos, exigiendo, de acuerdo con los socialdemó-
i*sCi's su expulsión de las instituciones del estado.
¿élgica han entrado en el gobierno de coalición los jefes
foartido socialista, con Émile Vendervelde a la cabeza. Han
‘ tenido este "triunfo” gracias a su amplia campaña alrededor
dos reivindicaciones esenciales: primera, anulación de los
& retos de excepción; segunda, ejecución del plan Man. La
rttfiera cuestión es muy importante. El anterior gobierno
pornulgó 150 decretos de excepción reaccionarios que abru-
PlaIj ai pueblo trabajador. Se propone su anulación inmedia-
^ gi partido socialista así lo exigía. Pero, ¿son muchos los
Secretos de excepción anulados por el nuevo gobierno? Éste
0 lia anulado ninguno. Simplemente lia atenuado un poco algu­
nas leyes de excepción, con el propósito de llevar a cabo una es-
* cie de “rescate simbólico” por las generosas promesas que
Lbían hecho los jefes socialistas de Bélgica (algo parecido al
•‘dólar simbólico”, que algunas potencias europeas proponen
a A m érica como pago de sus deudas de guerra, calculadas en
filones).
por lo que respecta a la ejecución del prometedor plan
jían, las cosas han adquirido un giro insospechado para las
¿asas socialdemócratas. Los ministros socialdemócratas han
declarado que es necesario, primero, resolver la crisis econó­
mica y no aplicar más que aquellas partes del plan Man
que mejoran la situación de los capitalistas industriales y
bancos, y solamente después será posible aplicar aquellas
,nedidas que tienden a aliviar la situación de los obreros. Aho­
ra bien: ¿cuánto han de esperar los obreros aquella parte de
“prosperidad” que les promete el plan Man? Una verdadera
lluvia de oro ha caído ya sobre los banqueros belgas. Se ha
llevado a cabo la devaluación del franco belga del 28 %, gra­
cias a lo cual los banqueros han podido apropiarse como tro­
feo cuatro mil millones y medio de francos, a costa de los
asalariados y modestos ahorradores. ¿Cómo se concilia esto
con el contenido del plan Man? Pues tomando el plan al pie
de la letra se propone “perseguir" los excesos monopolizadores
y las maniobras especuladoras.
En virtud del plan Man, cl gobierno ha nombrado una comi­
sión encargada de controlar los bancos, aunque compuesta
por banqueros, los cuales, alegres y confiados, se controlan a
sí mismos.
g eo rg i dimítrov
El plan Man promete también otras cosas excelentes- "re
ducción del tiempo de trabajo", "normalización del salario”
“salario mínimo", "organización de un sistema universal dé
seguros sociales”, "extensión de las comodidades de la vida
gracias a las nuevas construcciones de habitaciones”, etc. To­
das estas reivindicaciones pueden ser apoyadas por nosotros!
Debemos dirigimos a las organizaciones obreras de Bélgica y
decirles: Los capitalistas h an recibido ya bastante e incluso
demasiado. Exijamos a los ministros socialdemócratas que
cumplan las promesas hechas a los obreros. Agrupémonos en
un frente único para el triunfo de la defensa de nuestros
intereses. Ministro Vandervelde: Nosotros apoyamos las rei-
vindicaciones para los obreros contenidas en vuestra plata­
forma; pero declaramos francamente: Estas reivindicaciones
las tomamos en serio; queremos actos y no palabras vanas,
por cuya razón agrupamos a centenas de millares de obreros
para la lucha por estas reivindicaciones.
De esta manera, en los países de gobiernos socialdemócra­
tas los comunistas utilizan las reivindicaciones correspondien­
tes contenidas en las plataformas de los propios partidos so-
cialdemócratas y las promesas hechas en las elecciones por
los ministros socialdemócratas como punto de partida para
realizar la acción común con los partidos y organizaciones
socialdemócratas, pudiendo a continuación desarrollar más
cómodamente la campaña para la constitución del frente único,
sobre la base de otra serie de reivindicaciones de las masas
en lucha contra la ofensiva del capital, el fascismo y la ame­
naza de guerra.
Es necesario, además, no perder de vista que, de una ma­
nera general, la acción común con los partidos y organiza­
ciones socialdemócratas exige de los comunistas hacer una
crítica seria y fundamental de las concepciones socialdemó­
cratas como ideología y práctica de la colaboración de clases
con la burguesía y aclarar fraternal e incansablemente a los
obreros socialdemócratas el programa y las consignas del co­
munismo, esta tarea es especialmente importante en la lucha
por el frente único precisamente en aquellos países en donde
existen gobiernos socialdemócratas.

L a lucha por la unidad sindical

Camaradas: La realización de la unidad sindical en un plano


nacional e internacional debe ser la etapa esencial en el afian­
zamiento del frente único.
Como se sabe, la táctica escisionista de los jefes reformis­
tas ha sido aplicada con mayor agudeza en los sindicatos. Esto
tiene una explicación. Es en este dominio donde su política
r
i rcrVA DEL FA SCISM O Y TAREAS DE LA IC 193
¡ (1{7pKslv
! elaboración de clases con la burguesía halla su corona-
i ¿e C <riráctica en la fábrica a expensas de los intereses vitales
í‘^ as masas obreras. Esto ha provocado una crítica violenta
i ^ consiguiente respuesta de los obreros revolucionarios guia-
y p o r los comunistas. Ha sido a causa de esto por lo que
i i0‘-<r desencadenado la lucha más enconada entre el comunis-
£ v e¡ reformismo en el dominio sindical,
i Cuanto más difícil y complicada era la situación del capita-
, „a0j más reaccionaria fue la política de los jefes de los sin-
| j!vatós de Amsterdam y más agresivas sus medidas respecto
i £0clos los elementos de oposición en los sindicatos. Ni siquie-
l i Ia instauración de la dictadura fascista en Alemania y la
í fetisiva agravada en todos los países capitalistas ha contri-
| L{do a disminuir esta agresividad. ¿No es característico, aca-
j 0| que sólo en el ano 1933 se hayan dictado circulares infa-
I ags con el propósito de excluir de los sindicatos a los comu-
| distas y obreros revolucionarios en Inglaterra, Holanda, Bél-
| ¡ica y Suecia?
i En Inglaterra se publicó en 1933 una circular prohibiendo
j j las secciones sindicales locales adherirse a las organizacio-
> eS antibélicas y a otras organizaciones revolucionarias. Éste
j fae el prólogo a la famosa circular negra "del Consejo general
i ios trade-unions" que declaraba fuera de la ley a cualquier
í consejo sindical que admitiera a delegados "ligados de una u
i otra manera a organizaciones comunistas”. ¿Qué podremos
; ^cir de la dirección de los sindicatos alemanes, que usaron
| todos represivos inconcebibles contra los elementos revolu-
¡ c¡0narios de los sindicatos?
Muestra táctica debe derivar no de la conducta de los dife-
| rentes jefes de los sindicatos de Amsterdam, sean cuales fue-
i las dificultades que ésta pueda crear a la lucha de cla-
¡ ses, sino, sobre todo, del problema siguiente: saber dónde se
| hallan las masas obreras. Respecto a esto, debemos confesar
1 francamente: El trabajo en los sindicatos es la cuestión más
; ^premiante para todos los partidos comunistas. Debemos con­
seguir un cambio radical efectivo en el trabajo sindical, con-
. virtiendo en centro el problema de la lucha por la unidad
| sindical.
Ya Stalin decía hace diez años: "¿En qué consiste la fuerza
de la socialdemocracia en Occidente? En que se apoya en los
- sindicatos. ¿En qué consiste la debilidad de nuestros partidos
: comunistas en Occidente? En que no se han soldado, y algunos
comunistas no quieren hacerlo, con los sindicatos.
"Por esta razón, la tarea fundamental de los partidos comu­
nistas de Occidente, en el momento actual, consiste en desarro­
llar hasta el final la campaña por la unidad del movimiento
sindical. Todos los comunistas, sin excepción, deben adherirse
a los sindicatos y emprender un trabajo paciente y sistemá­
194 GEORCI DIMÍTROV
tico para agrupar a la clase obrera contra el capital y proce,
der de tal modo que los comunistas puedan apoyarse cn los
sindicatos." *
¿Ha sido ejecutada esta orientación del camarada Stalin?
No, camaradas; no se ha realizado.
Ignorando la atracción que los sindicatos ejercen sobre los
obreros, y en presencia de las dificultades propias del trabajo
en el interior de los sindicatos de Amsterdam, muchos de
nuestros camaradas resolvieron traspasar a otros esta tarea
complicada. Hablaban invariablemente de la crisis orgánica
de los sindicatos de Amsterdam, del abandono presuroso de
los sindicatos por parte de los obreros, y no percibieron que,
pasado el descenso de los sindicatos., correspondiente al co­
mienzo de la crisis económica mundial, éstos comenzaron a
progresar inmediatamente. La particularidad del movimiento
sindical consistía precisamente en que la ofensiva de la bur*
guesía contra los derechos sindicales, la tentativa llevada a
cabo en varios países para unificar a los sindicatos (Polonia,
Hungría, etc.), la restricción de los seguros sociales, el saqueo
de los salarios, obligaban a los obreros, a pesar de la falta de
resistencia opuesta por los jefes sindicales reformistas, a agru­
parse más estrechamente alrededor de los sindicatos, pues los
obreros querían y quieren ver en el sindicato al defensor deci*
dido de sus más apremiantes intereses de clase. Por esto se
explica que la mayoría de los sindicatos de Amsterdam ■—en
Francia, Checoslovaquia, Bélgica, Suecia, Holanda, Suiza, etc.—,
hayan aumentado numéricamente durante estos últimos años.
La Federación americana del trabajo ha aumentado también
en proporción considerable el número de sus adheridos en
estos últimos años.
Si los camaradas alemanes hubieran comprendido mejor la
tarea sindical, de la cual les habló muchas veces el camarada
Thaelmann, nuestra situación en los sindicatos hubiera sido
mejor de lo que era en realidad cuando advino la dictadura
fascista. Hacia fines de 1932, sólo un 10 %, aproximadamente,
de los miembros del partido estaban afiliados a los sindicatos
libres. Y esto, a pesar de que los comunistas, después del
VI Congreso de la zc, marchaban a la cabeza en toda una serie
de huelgas, En la prensa, nuestros camaradas expresaban la
necesidad de reservar el 90 % de nuestras fuerzas para el tra­
bajo sindical; pero, en realidad, todo giraba alrededor de la
oposición sindical revolucionaria, que pretendía reemplazar
a los sindicatos. ¿Y después de la toma del poder por Hitler?
Durante dos años, muchos de nuestros camaradas se opusie*
ron tenaz y sistemáticamente a la consigna justa de restableci­
miento de los sindicatos libres.
3 S t a l in , l e s q u e s tio n s d u te n in is m e , t, i , p . 201, esi. [ H a y e d cn
español, C u e s tio n e s d e l l e n in is m o , Editorial Problemas, 1947,]
w
jjgjVA DEL FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 195
■^fodffo citar análo^os ejemPlos de ios demás países capita-
t& L al fin, contamos ya con un primer activo serio en Ja
P°r *a u ^ d a d del movimiento sindical en los países eu-
1 ^ 5 Me refiero a la pequeña Austria, donde, a iniciativa
Apartido comunista, se ha creado una base para el naovi-
l*it 0 sindical ilegal» Después de las batallas de febrero, los
^jSidemócratas, con Otto Bauer a la cabeza, han lanzado la
*¡¡¡Sgna: “Los sindicatos libres no pueden ser restablecidos
: después de la caída del fascismo." Los comunistas se
l^ieron a trabajar para restaurar los sindicatos. Cada fase
: r^ste trabajo ha constituido un trozo del frente único vivo
:Jj proletariado austríaco. El éxito de la reconstrucción de los
' ¡Reatos libres ilegales ha sido una derrota seria del fás-
La socialdemocracia vacilaba en la elección del camino
seguir. Una parte pretende entablar negociaciones con el
'Jjjierno. La otra, en presencia de nuestro éxito, crea para-
^oente sus propios sindicatos ilegales. No había más que
cam ino: o capitular ante el fascismo, o luchar en común
éste y por la unidad sindical. Bajo la presión de las
^¿sas, la dirección vacilante de los sindicatos paralelos, créa­
las por los viejos jefes sindicales, resolvió aceptar la unión.
base es la lucha irreconciliable contra la ofensiva del ca­
pital y el fascismo y la garantía de la democracia en los síndi­
cos. Camaradas: Saludamos con alegría este hecho que, por
5# el primero que se produce después de la escisión formal
¿e) movimiento sindical posterior a la guerra, tiene una im­
portancia mundial.
El frente único en Francia ha dado un impulso gigantesco,
jjn ningún género de duda, a la realización de la unidad sindi­
cal, Los directivos de la Confederación general del trabajo
lian frenado y frenan con todos los medios la realización de
la unidad, oponiendo al problema fundamental de la política
sindical de clase cuestiones de importancia subordinada y se*
cundaria o de carácter formal. La constitución de los sindica­
tos únicos en un plano local, que afecta en los ferroviarios a
las tres cuartas partes de los efectivos sindicales, ha consti­
tuido un éxito indudable en la lucha por la unión de los sin­
dicatos.
Nosotros nos pronunciamos decididamente en favor de la
anidad sindical en todos los países y en un plano internacional
p r el sindicato único en cada industria , por la unidad sindical
cada país, por la unidad sindical internacional por indus­
trias, por una internacional sindical tínica, basada en la lucha
de clases; por los sindicatos de clase únicos com o im portantes
baluartes de la clase obrera contra ta ofensiva del capital y
del fascism o . Sobre esta base sólo ponemos una condición
para la unificación de las organizaciones sindicales: la lucha
iy o g eo rg i d im ítro v
contra el capital, la lucha contra el fascismo, la democracia
interna en los sindicatos. xa
El tiempo apremia. Para nosotros, el problema de la unidad
sindical, nacional e internacionalmente, es el problema central
de la gran obra unificadora de nuestra clase en poderosas oc
ganizaciones sindicales únicas contra el enemigo de clase.
Saludamos con satisfacción el mensaje dirigido por la Inter­
nacional sindical roja a la Internacional de Amsterdam en vís­
peras del primero de mayo último proponiéndole estudiar con­
juntamente las condiciones, métodos y formas de unificación
del movimiento sindical mundial. Los jefes de la Internacional
de Amsterdam han rechazado esta proposición con el pretex­
to de que la unidad del movimiento sindical no es posible
más que en las filas de la Internacional de Amsterdam, la cual
digámoslo de paso, agrupa casi exclusivamente a las organiza*
ciones sindicales de una parte de los países europeos.
Los comunistas que trabajan en los sindicatos deben pro­
seguir incansablemente la lucha por la unidad del movimiento
sindical. La tarea de los sindicatos rojos y de la is r consiste
en hacer cuanto dependa de ellos para que llegue lo más
pronto posible la hora de la lucha común de todos los sindi­
catos contra la ofensiva del capital y del facismo, para realizar
la unidad del movimiento sindical, a pesar de la oposición
obstinada de los jefes reaccionarios de la Internacional de
Amsterdam. Los sindicatos rojos y la Internacional sindical
roja deben recibir nuestra ayuda total en este sentido.
En aquellos países en que existen pequeños sindicatos rojos
recomendamos que trabajen para adherirse a los grandes sin­
dicatos reformistas, reivindicando la libertad de defender sus
opiniones y la readmisión de los excluidos, y en aquellos países
en donde existen paralelamente a los sindicatos reformistas
grandes sindicatos rojos, la convocatoria de congresos de uni­
dad sobre la base de una plataforma de lucha contra la ofen­
siva del capital y la garantía de la democracia sindical.
Debemos declarar de la manera más categórica que el obre­
ro comunista revolucionario que no se adhiera al sindicato de
masas de su profesión, que no combata por transformar el sin­
dicato reformista en una verdadera organización sindical de
clase, que no combata por la unidad del movimiento sindical
sobre la base de la lucha de clases, este obrero comunista,
este obrero revolucionario, no cumple su primer deber pro­
letario.

El frente único y las juventudes

He señalado ya, camaradas, el papel que en la victoria del fas


cismo ha desempeñado la integración de las organizaciones
DEL f a s c is m o y ta r ea s de la IC
■0 s con los jóvenes. Hablando de las juventudes, debemos
^sci5tar francamente: Hemos desdeñado la tarea que nos in-
áec&* atraer a las masas de la juventud trabajadora a la
^ Iílbí c o n t r a la ofensiva del capital y del fascismo y la ame-
guerra; hemos desdeñado esta tarea en varios países,
desestimado la enorme importancia de la juventud
lucha contra el fascismo. No tuvimos siempre en cuenta
efl intereses particulares económicos, políticos y culturales
l°s juventud. Tampoco prestamos la atención precisa a la
¿ción revolucionaria de los jóvenes.
Todo lo cual ha sido utilizado muy hábilmente por el fas-
, llevando en algunos países, especialmente en Alemania,
Agrandes destacamentos de jovenes por un camino distinto
i del proletariado. Es necesario contar con que el fascismo
Vae a *aS juventuc*es no solamente con el romanticismo mi-
rtarista. A algunos de ellos los alimenta; a otros, los viste
n los destacamentos; a otros, les da trabajo; funda incluso
instituciones denominadas culturales para uso de la juventud,
*ntentando hacer creer a ésta que realmente quiere y puede
Alimentarlas, vestirlas, instruirlas y hacer trabajar a la masa
¿c la juventud laboriosa.
Muestras uniones comunistas de jóvenes, en una serie de
países capitalistas, son todavía organizaciones principalmente
sectarias, apartadas de las masas. Su debilidad fundamental
c o n s i s t e en que se esfuerzan por copiar a los partidos comu­
nistas sus formas y métodos de trabajo, olvidando que las
juventudes comunistas no son el partido comunista de la juven­
tud- N° tienen en cuenta suficientemente que son una organi­
zación que posee sus propias y particulares tareas. Sus mé­
todos y formas de trabajo, educación y lucha deben adaptarse
al nivel concreto y a las aspiraciones de la juventud.
Nuestros jóvenes comunistas han dado ejemplos inolvida­
bles de heroísmo en la lucha contra las violencias fascistas
y la reacción burguesa. Pero aún les falta capacidad para
arrancar, de una manera concreta y obstinada, las masas de
jóvenes a la influencia enemiga. Se observa esto en la resis­
tencia, no vencida todavía, a trabajar en las organizacio­
nes fascistas de masas, y en su manera, no siempre justa, de
abordar a la juventud socialista y a los demás jóvenes no co­
munistas.
Una gran responsabilidad de esto incumbe, evidentemente,
a los partidos comunistas, que deben guiar y apoyar a las
juventudes comunistas en su trabajo. El problema de la juven­
tud no es exclusivamente el problema de la juventud comu­
nista: es el problema de todo el m ovim iento com unista . En el
dominio de la lucha por la juventud es necesario que los par­
tidos comunistas y las organizaciones de la juventud comunis­
ta operen prácticamente un cambio decisivo. La tarea princi­
19S g e o r g i d im ít r o v

pal del movimiento comunista de la juventud en los países


capitalistas consiste en marchar audazmente por el camina
de la realización del frente único, por el camino de la organi­
zación y agrupamiento de la joven generación trabajadora.
Los ejemplos de Francia y Estados Unidos en estos últimos
tiempos demuestran la influencia enorme que tiene esta tarea
para el movimiento revolucionario de la juventud. En estos
países ha bastado con proceder a la realización del frente
único para que inmediatamente se hayan obtenido éxitos con­
siderables. En el dominio del frente único internacional me­
rece destacarse la iniciativa afortunada llevada a cabo por el
comité parisiense contra el fascismo y la guerra para la colab»,
ración internacional de todas las organizaciones no fascistas
de la juventud.
Estas gestiones afortunadas, realizadas últimamente en el
movimiento del frente único de las juventudes, demuestran
también que las formas del frente único de las juventudes
no deben aplicarse con arreglo a un modelo estereotipado: no
deben ser forzosamente idénticas a las practicadas por los par­
tidos comunistas. Las uniones comunistas deben tender por
todos los medios al agrupamiento de las fuerzas de todas las
organizaciones de masas no fascistas de la juventud, llegando
a crear organizaciones comunes de todas las clases para la
lucha contra el fascismo y la privación de derecho y militari­
zación de la juventud en defensa de los derechos económicos
y culturales de la joven generación, por el alistamiento en el
frente antifascista de esta juventud en aquellos lugares en
que se encuentre: fábricas, campos de trabajos forzados, bol­
sas de trabajo, cuarteles, flota, escuelas y diferentes organiza­
ciones deportivas, culturales, etcétera.
Desarrollando y fortaleciendo las juventudes comunistas,
nuestros jóvenes comunistas deben trabajar para crear asocia­
ciones antifascistas, uniones comunistas y socialistas de jóve­
nes, basadas en la plataforma de la lucha de clases.

El frente único y las ynujeres


Camaradas: No menor ha sido la desestimación respecto al
trabajo que correspondía realizar entre las mujeres trabaja­
doras, entre las obreras, paradas, campesinas y sirvientas. Sin
embargo, si el fascismo decepciona, sobre todo a los jóvenes,
esclaviza a la mujer de manera particularmente implacable y
cínica, jugando con los sentimientos más dolorosos de la ma­
dre, de la sirvienta, de la obrera abandonada c insegura res­
pecto a lo que sucederá al día siguiente. El fascismo, presen­
tándose como bienhechor, arroja una miserable limosna a
la familia hambrienta, pretendiendo de esta manera ahogar la
jVA DEL FASCISM O Y TAREAS DE LA IC
e ie provoca y, sobre todo entre las mujeres tra-
I,»rgür* ja e s c l a v i t u d inaudita y bestial que les aporta. Ex-
tjt>á°r!\ás obreras de la producción; arroja por la fuerza a la
iil*3.- a las jóvenes menesterosas, consagrándolas a domés*
{^P'^tuitas de los kulaks y terratenientes. Sin cesar de pro­
sea5 ® ja mujer un hogar familiar feliz, las empuja, como en
ntro régimen capitalista, por el camino de la prósti­
lo
tUc,° Comunistas, sobre todo nuestras mujeres comunistas, no
olvidar que no puede haber lucha victoriosa contra el
^ isitio y la guerra sin la incorporación a esta lucha de las
f^ ja s masas femeninas- Ahora bien, para conseguir esto, no
sta con la p a c i ó n . Debemos encontrar la posibilidad te­
fe?n¿o en cuenta todas las situaciones concretas de movilizar
fll?a masa de mujeres trabajadoras alrededor de sus intereses
* lidíanos y reivindicaciones para la lucha contra la carestía
í la vida, por la elevación de los salarios sobre la base del
^ ndpi° "a trabajo igual, salario igual"; contra los despidos
amasa, contra toda manifestación de su desigualdad y de su
utnísión al fascismo.
5 gn nuestros propósitos de incorporar a las mujeres trabaja*
doras al movimiento revolucionario, no debemos temer crear
¿0nde sea necesario distintas organizaciones femeninas.
El prejuicio de que hay necesidad de liquidar en los países
c¿pitalistas las organizaciones femeninas dirigidas por el par­
ado comunista, en nombre de la lucha contra el "separatismo
femenino” en el movimiento obrero, ha causado con frecuencia
un gran perjuicio.
importa encontrar las formas más sencillas y flexibles que
permitan establecer el contacto y la lucha en común de las
organizaciones femeninas revolucionarias, antiguerreras y anti­
fascistas, socialdemócratas y progresivas. Debemos, cueste lo
que cueste, proceder de manera que las obreras y mujeres
trabajadoras luchen codo con codo con sus hermanos de clase
en las filas del frente único de la clase obrera y del frente
popular antifascista.

frente único antimperialista


En presencia de la situación internacional e interior modifica-
da, el problema del frente único antimperialista adquiere una
importancia excepcional en todos los países coloniales y semi-
coloniales.
En relación con la creación de un frente único antimperia-
lista de lucha en las colonias y semicolonias, es preciso, ante
todo tener en cuenta la variedad de condiciones en que se
desarrolla la lucha antimperialista de las masas, el diferente
200 GEORGI DIMÍTROV
grado de madurez del movimiento de liberación nacional, el
papel que corresponde al proletariado y la influencia del par­
tido comunista en las masas.
La cuestión se presenta en el Brasil de manera distinta que
en la India, China, etcétera.
En el Brasil, el partido comunista, que ha comenzado acer­
tadamente su labor para desarrollar el frente antimperialista,
constituyendo una alianza de emancipación nacional, debe con­
sagrar todos sus esfuerzos a la extensión posterior de este
frente, atrayendo, en primer lugar, a los millones de campesi­
nos, orientándose hacia la creación de unidades del ejército
revolucionario popular, devotos absolutos de la revolución, y
hacia la realización del poder de la alianza de emancipación
nacional.
En la India, los comunistas deben participar en todas las
acciones antimperialistas de masa, sin exceptuar las que son
dirigidas por los nacionalreformistas, y sostenerlas y ampliar­
las. Aunque conservando su independencia política y orgánica,
deben efectuar un trabajo activo en el interior de las organi­
zaciones, participando en el congreso nacional de la India,
contribuyendo a la cristalización dentro de él del ala revolu­
cionaria nacional, con el propósito claro de desarrollar pos­
teriormente el movimiento de liberación nacional de todos
los pueblos de la India contra el rapaz imperialismo bri­
tánico.
En China, donde el movimiento popular ha conducido a la
creación de regiones soviéticas en vastas extensiones del país
y a la organización de un poderoso ejército rojo, la ofensiva
expoliadora del imperialismo japonés y la traición del go­
bierno de Nankin han puesto en peligro la existencia nacional
del gran pueblo chino. Solamente los soviets chinos pueden
intervenir como centro unificador en la lucha contra la sumi-
sión y el reparto de China por los imperialistas, como centro
unitario que reunirá todas las fuerzas antimperialistas para la
lucha nacional del pueblo chino.
A causa de esto, aprobamos la iniciativa de nuestro valiente
hermano, el partido comunista chino, en su obra de creación de
un amplio frente único antimperialismo japonés y sus agentes
chinos con todas las fuerzas organizadas que existen en los te­
rritorios de China, decididas a llevar a cabo, efectivamente, la
lucha por la salvación de su país y de su pueblo. Estoy seguro
de expresar el sentimiento y el pensamiento de todo nuestro
congreso declarando que enviamos un caluroso saludo frater­
nal, en nombre del proletariado revolucionario de todo el mun­
do, a todos los soviets de China, al pueblo revolucionario chino.
Enviamos un caluroso saludo fraternal al heroico ejército rojo
de China, probado en millares de batallas. Y aseguramos al
pueblo chino nuestra firme resolución de apoyar su lucha por
*
j^flSlVA DHL FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 201
total liberación de todos los bandoleros imperialistas y de
fus agentes chinos.

gobierno del frente único


, ainaradas: Nosotros nos orientamos decidida y audazmente
h8cia el frente único de la clase obrera y estamos dispuestos
. llevarlo a cabo con toda la perseverancia necesaria.
Respecto a la pregunta de que si en el terreno del frente
¿pico preconizamos los comunistas solamente la lucha por las
reivindicaciones parciales o si nos hallamos dispuestos a con­
traer la responsabilidad de ello, incluso si se tratara de crear
un gobtemo sobre la base del frente único, contestamos con
total conciencia de nuestra responsabilidad: Sí, admitimos la
eventualidad de que la creación de un gobierno de frente único
proletario o de frente popular antifascista sea no solamente
■ posible, sino indispensable en interés del proletariado. Y en
¡al caso, intervendremos sin ningún género de vacilaciones
para la creación de este gobierno.
No me refiero ahora al gobierno que pueda crearse después
¿e la victoria de la revolución proletaria. Evidentemente, no
se excluye la posibilidad de que en un país cualquiera, inme*
: diatamente después del derrumbamiento revolucionario de la
burguesía, un gobierno soviético pueda constituirse sobre
la base de un bloque gubernamental del partido comunista
con otro partido cualquiera (o su ala izquierda), que participe
en 1& revolución. Es sabido que después de la revolución de
octubre el partido vencedor de los bolcheviques rusos dio
participación en el gobierno soviético a representantes de los
socialistas revolucionarios de izquierda. Ésta fue la particula­
ridad del primer gobierno soviético después de la victoria de
la revolución de octubre.
No se trata ahora de un caso de este género, sino de la
posible formación de un gobierno de frente único en vísperas
de la victoria de la revolución soviética.
¿Qué gobierno es éste? ¿Y en qué situación puede admi­
tirse?
Ante todo, es el gobierno de lucha contra el fascismo y la
reacción. Debe ser un gobierno formado como consecuencia
del movimiento de frente único y que no limite de ninguna
manera la actividad del partido comunista y de las organiza­
ciones de masa de la clase obrera, sino, al contrario, que adop­
te disposiciones enérgicas contra los magnates contrarrevolu­
cionarios de la finanza y sus agentes fascistas.
En el momento propicio, apoyándose sobre el movimiento
progresivo del frente único, el partido comunista de un país
determinado intervendrá para la creación de un gobierno se-
202 GEORGI DIMÍTROV
mejante sobre la base de una plataforma antifascista deter­
minada.
¿En qué condiciones objetivas es posible la formación de
un gobierno como éste? A esta pregunta puede responderse
de una manera general: en las condiciones de una crisis polí­
tica, cuando las clases dominantes ya no son capaces de con­
tener el poderoso empuje del movimiento antifascista de
masas. Esto no es sino una perspectiva general, sin la cual
no sería posible prácticamente formar un gobierno de frente
único. Solamente la presencia de condiciones particulares de­
terminadas puede poner a la orden del día el problema de la
creación de este gobierno como tarea particularmente indis­
pensable. En mi opinión, en la actualidad merecen una gran
atención las condiciones siguientes:
Primera. Cuando el aparato del estado burgués está lo bas­
tante desorganizado y paralizado de tal manera, que la burgue­
sía no puede impedir la creación de un gobierno de lucha
contra la reacción y el fascismo.
Segunda, Cuando las amplias masas de trabajadores, y so­
bre todo los sindicatos de masa, se rebelan impetuosamente
contra el fascismo y la reacción, pero no son capaces aún de
sublevarse para luchar bajo la dirección del partido comunista
por la conquista del poder soviético.
Tercera. Cuando la diferenciación y evolución hacia la iz­
quierda en las filas de la socialdemocracia y de los demás
participantes en el frente único ha conducido al resultado de
que una parte considerable de ellos exige medidas implacables
contra los fascistas y demás reaccionarios, lucha en común con
los comunistas contra el fascismo e interviene francamente
contra la parte reaccionaria, hostil al comunismo, de su pro­
pio partido.
¿Cuándo y en qué países existirá una situación en que estas
condiciones estén reunidas en grado suficiente? No puede
contestarse a esta pregunta anticipadamente; pero no estando
excluida una posibilidad semejante para ningún país capita­
lista, debemos tenerla en cuenta y no solamente orientarnos
hacia ella y prepararnos, sino orientar también en forma ade­
cuada a la clase obrera.
El hecho de que con carácter general pongamos hoy en es­
tudio este problema está en relación evidentemente con nues­
tra apreciación de la situación y de las perspectivas inmedia­
tas del desarrollo, así como también del impulso efectivo del
movimiento de frente único, durante este último período, en
una serie de países. Durante más de diez años la situación
en los países capitalistas era tal, que la Internacional Comu­
nista no tenía por qué examinar problemas de este género.
Recordaréis, camaradas, que en nuestro IV Congreso, cele­
brado en 1922, y también en el V Congreso, en 1924, estudia­
OFENSIVA DEL FASCISMO Y TAREAS DE IA IC 203

mos la consigna del gobierno obrero u obrero y campesino. Se


trataba en principio, en cuanto al fondo, de una cuestión casi
análoga a la que hoy presentamos. Los debates promovidos
entonces en la Internacional Comunista sobre esta cuestión, y
sobre todo respecto a las faltas políticas cometidas en este
dominio, tienen todavía importancia para excitar nuestra vi­
gilancia contra el peligro de desviaciones hacia la derecha o
la izquierda, con relación a la línea bolchevique. A causa de
esto, señalaré brevemente algunas de estas faltas, a fin de dedu­
cir las enseñanzas necesarias para la política actual de nues­
tros partidos.
La primera serie de faltas se hallaba condicionada precisa­
mente por el hecho de que el problema del gobierno obrero
no estaba ligado, clara y sólidamente, a la existencia de una
crisis política. Merced a estas circunstancias, los oportunistas
de derecha pudieron interpretar las cosas con el propósito de
hacer creer que se trataba de ensayar la formación de un go­
bierno obrero, apoyado por el partido comunista en cualquier
situación de las llamadas "normales”. Los ultraizquierdistas,
por el contrario, no admitían que el gobierno obrero pudiera
ser creado sino únicamente por medio de la insurrección ar­
mada, después del derrumbamiento de la burguesía. Ambos
puntos de vista eran falsos, y por esto, con el fin de evitar la
repetición de errores análogos, acentuamos hoy la necesidad
de tener en cuenta exactamente las condiciones concretas par­
ticulares de la crisis política y del vigor del movimiento de
masas, únicas que pueden hacer posible y políticamente indis­
pensable la creación de un gobierno de frente único.
La segunda serie de faltas estaba condicionada por el hecho
de que la cuestión del movimiento obrero no estaba ligada al
desenvolvimiento de un amplio movimiento combativo del
frente único del proletariado. Por esto, los oportunistas de
derecha tuvieron la posibilidad de deformar la cuestión, redu­
ciéndola a una táctica sin principios de coalición con los par­
tidos socialdemócratas, basados en combinaciones puramente
parlamentarias. Los ultraizquierdistas, por el contrario, excla­
maban: “Nada de coaliciones con la socialdemocracia contra­
rrevolucionaria", considerando en el fondo a todos los social­
demócratas como contrarrevolucionarios.
Ambos puntos de vista eran falsos. Y ahora, señalamos de
una parte que no queremos por nada del mundo un “gobierno
obrero" que sea pura y simplemente un gobierno socialdemó­
crata ampliado. Preferimos, incluso, renunciar a la denomina­
ción de "gobierno obrero", y hablamos de un gobierno de
frente único que por su carácter político es completamente
diferente, diferente también desde el punto de vista de prin­
cipios de todos los gobiernos socialdemócratas, que se atribu­
yen habitualmente el nombre de ''gobierno obrero". Mientras
204 GEORGI D IM I trov
que el gobierno socialdemócrata representa un arma de
colaboración de clases con la burguesía en interés de la con­
servación del régimen capitalista, el gobierno de frente únic0
es un organismo de colaboración de la vanguardia revolucio.
naria del proletariado con los demás partidos antifascistas en
interés de todo el pueblo trabajador; es un gobierno de lucha
contra el fascismo y la reacción. Es evidente que se trata de
dos cosas fundamentalmente distintas
De otra parte, señalamos la necesidad de ver la diferencia
que hay entre los dos distintos campos de la socialdetnocra-
cta. Como he indicado ya, existe un campo reaccionario de la
socialdemocracia; pero ai mismo tiempo sxiste y sg extiende
un campo de socialdemócratas de izquierda (sin comillas), de
obreros en vías de revolucionarizarse. La distinción decisiva
entre ellos consiste prácticamente en su actitud respecto a]
frente único de la clase obrera. Los socialdemócratas reaccio­
narios están contra el frente único, calumnian este movimien*
to, lo sabotean y disgregan, porque hace fracasar su política
de colaboración con la burguesía. Los socialdemócratas de
izquierda son favorables al frente único y defienden, desarro­
llan y fortalecen este movimiento. Siendo éste un movimiento
de combate contra el fascismo y la reacción, constituirá una
fuerza motriz permanente que empuje al gobierno de trente
único a la lucha contra la burguesía reaccionaria. Cuanto más
se desarrolle este movimiento mayor será la fuerza que pueda
poner a disposición del frente para combatir a los reac­
cionarios. Y cuanto mejor organizado esté y sobre todo en
la base; cuanto más extensa sea la red de los organismos
de clase ajenos al partido del frente único en las fábricas,
entre los parados, en los barrios obreros, entre los pequeños
propietarios de la ciudad y el campo, más garantías habrá
contra la degeneración posible de la política del gobierno de
frente único.
La tercera serie de puntos de vista erróneos que se mani­
festaron en los debates precedentes conciernen, precisamente,
a la política práctica del "gobierno obrero". Los oportunistas
de derecha estimaban que el gobierno obrero debía "mante­
nerse en el cuadro de la democracia burguesa" y que, por lo
tanto, no debía emprender ninguna gestión que rebasara este
cuadro. Los ultraizquierdistas, por el contrario, negábanse a
cualquier tentativa para crear un gobierno de frente único.
En Sajonia y Turingia pudo verse en 1923 un cuadro muy
claro de la práctica oportunista de derecha del gobierno obre­
ro. La entrada de los comunistas en el gobierno de Sajonia
con los socialdemócratas de izquierda (grupo Zeigner) no
r ^ , tn^ye P-°r i 1 ™ísm a.una falta; al contrario, la situación
pJ Z ? T aria de A,cn?an'a Justificaba plenamente este gesto.
Pero al formar parte de un gobierno ios comunistas debieron
OFENSIVA DEL FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 205

utilizar sus posiciones, sobre todo para armar al proletariado.


No lo hicieron, y ni siquiera requisaron un solo domicilio de
los ricos, a pesar de que la penuria de viviendas para los obre­
ros era tan grande, que muchos de ellos, con sus niños y
mujeres, permanecían a la intemperie. No emprendieron nada
para organizar el movimiento revolucionario de masas de los
obreros. Se conducían, en general, como vulgares ministros
parlamentarios “en el cuadro de la democracia burguesa".
Éste fue, como se sabe, el resultado de la política oportunista
de Brandler y sus partidarios. De lo cual sobrevino una ban­
carrota tal, que ahora tenemos necesidad de referirnos al go­
bierno de Sajonia para sentar un ejemplo clásico de cómo
los revolucionarios no deben comportarse cuando están en el
gobierno.
Camaradas: Nosotros exigimos otra política de cada gobier­
no de frente único. Exigimos que realice las reivindicaciones
revolucionarias radicales determinadas, que respondan a la si­
tuación. Por ejemplo, el control de la producción, de los ban­
cos, la disolución de la policía, su sustitución por la milicia
obrera armada, etcétera.
Hace quince años Lenin nos invitaba a concentrar nuestra
atención "en buscar una fórmula de transición y aproxima­
ción a la revolución proletaria". El gobierno de frente único
acaso se acreditara en una serie de países como una de las
principales formas de transición. Los doctrinarios de izquierda
han prescindido siempre de esta advertencia de Lenin. Estos
mediocres propagandistas hablaban sólo del “fin”, sin preocu­
parse jamás de las “formas de transición". En cuanto a los
oportunistas de derecha, intentan con ayuda de esta consigna
crear "una fase intermedia democrática", especial entre la
dictadura de la burguesía y la del proletariado, para inculcar
a los obreros la ilusión de un pacífico paseo parlamentario. Y a
este estado intermedio ficticio lo titulan también “forma tran­
sitoria", osando incluso referirse a Lenin. Mas no es difícil
descubrir esta fullería. Lenin hablaba de una forma de transi­
ción y acercamiento a la "revolución proletaria", o sea el de­
rrumbamiento de la dictadura burguesa, y no de una imaginaria
forma de transición entre la dictadura burguesa o proletaria.
¿Por qué concedía Lenin importancia tan considerable a la
forma de transición a la revolución proletaria? Porque tenía
en consideración “la ley fundamental de todas las revolucio­
nes”, según la cual la propaganda y agitación solas no pueden
sustituir para las masas a su propia experiencia política, cuan­
do se trata de conquistar realmente a las amplias masas de
trabajadores para la vanguardia revolucionaria, sin lo cual la
lucha victoriosa por el poder es imposible. La falta corriente
de carácter izquierdista la constituye la idea de que desde que
surge una crisis política (o revolucionaria) basta con que la
206 GESORGI DIMÍTROV
dirección comunista lance Ja consigna de insurrección para
que las amplias masas la cumplan. No; ni siquiera tratándose
de tales crisis, las masas están siempre preparadas. Lo tene­
mos en el ejemplo de España. Ayudar a millones de trabaja­
dores a comprender lo más rápidamente posible, por su propia
experiencia, lo que es preciso hacer y dónde hallar la solución
decisiva; cuál es el partido que merece su confianza; he aquí
para qué son necesarias las consignas transitorias, así como
las formas de transición o aproximación a la revolución pro­
letaria. Si no, las amplias masas populares soportarán el yugo
de las ilusiones y tradiciones democráticas pequeñoburguesas,
llegando incluso en presencia de una situación revolucionaria
a vacilar, a contemporizar, a equivocarse, sin encontrar el ca­
mino de la revolución, para caer después bajo los golpes de
los verdugos fascistas.
^Por esto, examinamos la posibilidad de crear en las condi­
ciones de una crisis política un gobierno de frente único anti­
fascista. En la medida en que este gobierno emprenda real­
mente la lucha contra los enemigos del pueblo, conceda la
libertad de acción a la clase obrera y al partido comunista,
nosotros, comunistas, lo sostendremos por todos los medios
y como soldados de la revolución nos batiremos en la primera
línea, en la línea de fuego. Pero nosotros decimos con fran­
queza a las masas:
Este gobierno no puede proporcionar la salvación definitiva.
No es capaz de derrumbar el dominio de clase de los ex­
plotadores, y por esta causa no puede apartar tampoco defi­
nitivamente el peligro de la contrarrevolución fascista. Por lo
tanto, hay necesidad de prepararse para la revolución socia­
lista. Solamente el poder soviético, y nada más que él, pro­
porcionará la salvación.
Apreciando el desarrollo actual de la situación mundial, ve­
mos que madura una crisis política en una serle de países.
Este hecho determina la gran actualidad e importancia de la
firme resolución adoptada por nuestro congreso en la cuestión
del gobierno de frente único.
Si nuestros partidos saben utilizar en forma bolchevique la
posibilidad de crear un gobierno de frente único, la lucha por
su creación, lo mismo que el ejercicio del poder por tal go­
bierno para la preparación revolucionaria de las masas, será
también la mejor justificación política de nuestra orientación
hacia la creación de un gobierno de frente único.

La lucha ideológica contra el fascismo


Uno de los aspectos más débiles de la lucha antifascista de
nuestros partidos consiste cn que no reaccionan suficiente­
OFENSIVA DHL FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 207

mente y en ocasión oportuna contra la demagogia del fascismo


y continúan todavía considerando desdeñosamente las cues­
tiones de la lucha contra la ideología fascista. Muchos de
nuestros camaradas no creen que una variedad ideológica bur­
guesa tan reaccionaria como el fascismo» que llega en ocasio­
nes hasta la locura del absurdo, sea capaz en general de con­
quistar una influencia de masas. Esto ha constituido una gran
falta. La putrefacción muy avanzada del capitalismo, que llega
hasta el corazón de su ideología y de su cultura, y la posición
desesperada de las masas populares, hacen a algunas de sus
capas propicias al contagio de los fermentos ideológicos de
esta putrefacción.
Este poder contagioso ideológico del fascismo no debemos
desestimarlo en ningún caso. Al contrario, hemos de desarro­
llar por nuestra parte una gran lucha ideológica, basada en
una argumentación clara y popular, observando una actitud
justa y muy meditada respecto a la psicología nacional, que
es peculiar de las masas populares.
Los fascistas repasan la historia de cada pueblo para presen­
tarse como herederos y continuadores de todo lo que hay de
sublime y heroico en su pasado, y se sirven de cuanto hay
de humillante e injurioso para los sentimientos nacionales del
pueblo como arma contra los enemigos del fascismo. En
Alemania se editan centenares de libros con este fin: falsificar
en sentido fascista la historia del pueblo alemán.
Los historiadores nacionalsocialistas subvencionados repre­
sentan la historia de Alemania en forma que se crea que, en
virtud de una supuesta "continuidad histórica”, se ve exten­
derse a través de dos mil años una línea progresiva que con­
duce a la aparición en la escena histórica “del salvador” na­
cional, del "mesías" del pueblo alemán, el "caporal" tan
conocido de origen austríaco. En estos libros son represen­
tadas las grandes personalidades del pueblo alemán del pa­
sado con carácter fascista, y los grandes movimientos campe­
sinos, como precursores directos del fascismo.
Mussolini se esfuerza por todos los medios en capitalizar
en provecho propio la figura heroica de Garibaldi. Los fas­
cistas franceses ponen por delante como heroína a Juana de
Arco. Los fascistas norteamericanos invocan las tradiciones
de las guerras por la independencia, las tradiciones de Wash­
ington y Lincoln. Los fascistas búlgaros utilizan el movi­
miento de emancipación nacional de .1870-1880 y sus héroes
populares favoritos, como Vassil Levskoi, Stéfan Karadj, et­
cétera.
Los comunistas que consideran que esto no afecta a la causa
de Ja clase obrera, que no hacen nada para aclarar desde el
punto de vista histórico, en sentido verdaderamente marxista,
leninista-marxista, leninista-sialiniano, ante las masas trabaja-
2OS o-EORcr d i m í -^

doras, el de su propio pueblo para enlazar su lucha actual


las tradiciones y su pasado revolucionario, estos común,-^
abandonan voluntariamente a los falsificadores fascistas
lo que hay de precioso en el pasado histórico de la nación Q
No, camaradas; toda cuestión importante, no solamente
presente y del futuro, sino también del pasado de nuestro D
blo, nos afecta. Porque los comunistas no realizamos una n>C'
tica estrecha de los intereses corporativos de los obreros u
somos los hombres mediocres de los trade-unions o directiv
de las guildas medievales de artesanos y compañeros. Somos ]°S
representantes de los intereses de clase de la clase más imn °S
tante, más grande, de la sociedad moderna, de la clase obrer*'
llamada a libertar a la humanidad de las torturas del régim a’
capitalista, de la clase que en una sexta parte del globo h*
roto ya el yugo del capitalismo y es la clase reinante. Defetf
demos los intereses vitales de todas las capas trabajadora
explotadas, o sea de la mayoría aplastante del pueblo de tociQS
los países capitalistas. s
Como comunistas, somos irreconciliables adversarios del na­
cionalismo burgués en todas sus formas. Pero no somos partí-
darios del nihilismo nacional, y no debemos presentarnos
nunca como tales. El problema de la educación de los obreros
y de todos los trabajadores en el espíritu del intemacionalis-
mo proletario es una de las tareas fundamentales de todos los
partidos comunistas. Pero quien piense que esto le permite
escupir, e incluso obligar a escupir, sobre todos los sentimien­
tos nacionales de las amplias masas trabajadoras, se halla muy
lejos del bolchevismo auténtico: no ha comprendido la doctri­
na de Lenin y Stalin sobre la cuestión nacional.
Lenin, que combatió siempre con decisión y perseverancia
el nacionalismo burgués, nos ha dado un ejemplo de la manera
como conviene enfocar el problema de los sentimientos nacio­
nales en su artículo "El orgullo nacional de los gran rusos”,
escrito en 1914. Veamos lo que decía:
"¿Acaso el sentimiento de orgullo nacional es ajeno a nos­
otros, proletarios políticamente concientes gran rusos? ¡Claro
que no! Amamos nuestro idioma y nuestra patria, nuestra la­
bor tiene por encima de todo el fin de elevar a sus masas
trabajadoras (es decir, las nueve décimas partes de su pobla­
ción) a la vida conciente de los demócratas y los socialistas.
Nada nos duele más que ver y sentir la violencia, la opresión
y la burla a que someten a nuestra hermosa patria los verdu­
gos zaristas, los nobles y los capitalistas. Nos oi'gu Mecemos de
que esa violencia haya provocado resistencia cn nuestro medio,
entre los gran rusos, que de este medio hayan salido un Radis-
chev, los decembristas, los revolucionarios razjiochintsi de la
década del 70; de que la clase obrera gran rusa creara en 1905
el poderoso partido revolucionario de masas [ . . . ] El sentí-
•ÍJSIVA DEL FASCISM° Y TAREAS DR IC 2UV
°F de orgullo nacional que nos invade se debe a que la
m¡erl,t 0 an rusa ha creado también la clase revolucionaria, ha
flaCÍ°strado también que es capaz de dar a la humanidad gran-
demejem plos de lucha por la libertad y el socialismo, y no
g ran d es pogroms, hileras de horcas, mazmorras, grandes
i adas de hambre, ejemplos de rastrero servilismo ante los
ves, los zares, los terratenientes y los capitalistas.
*»por el hecho mismo de ese sentimiento de orgullo nacional
nos invade sentimos un odio particular por nuestro pasa­
do [ ■•3 y nuestro presente de esclavos, cuando esos mismos
te rraten ie n tes, auxiliados por los capitalistas, nos llevan a la
fTuerra para estrangular a Polonia y Ucrania, para aplastar el
movimiento democrático de Persia y China y para afianzar a
la b an d a de los Románov, Bobrinski y Purishkiévich, que son
una afrenta para nuestra dignidad nacional de gran rusos.” *
Así se expresaba Lenin con respecto al orgullo nacional.
Creo, camaradas, que yo procedí de una manera justa, en el
proceso de Leipzig, cuando al intentar los fascistas calumniar
al pueblo búlgaro como a un pueblo bárbaro, tomé la defensa
del honor nacional de las masas trabajadoras de este pueblo,
que luchan con abnegación contra los usurpadores fascistas,
v erd ad ero s bárbaros y salvajes; y cuando declaré que no tenía
n inguna razón para avergonzarme de ser búlgaro, sintiéndome
orgulloso, por el contrario, de ser hijo de la heroica clase
obrera búlgara.
Camaradas, el internacionalismo proletario debe, pudiéra­
mos decirlo así, "aclimatarse” en cada país para penetrar pro­
fundamente su raíz en la tierra natal. Las "formas nacionales”
de la lucha proletaria de clases y del movimiento obrero de
los diferentes países no contradicen ei internacionalismo pro­
letario; al contrario, es justamente a través de estas formas
como pueden defenderse también con éxito los intereses inter­
nacionales del proletariado.
Evidentemente, es necesario, siempre y en todas partes, de­
nunciar y demostrar concretamente a las masas que, con el
pretexto de defender los intereses de la nación en general, la
burguesía fascista realiza su política egoísta de opresión y
explotación de su propio pueblo, lo mismo que su política de
pillaje y esclavización de los demás pueblos. Pero no hay que
limitarse a esto. Es necesario al mismo tiempo, para la lucha
de la clase obrera y las intervenciones de los partidos comu­
nistas, demostrar que el proletariado que se subleva contra
todo género de yugo y opresión nacional es el único campeón
verdadero de la libertad nacional y de la independencia del
pueblo.
Los intereses de la lucha de clases del proletariado contra
los explotadores y opresores en el interior del país no contra-
* Lenin, Obras completas, cit., t. xmt, pp. 197-196.
210 GEORGI D l M f r ^
dicen los intereses del porvenir libre y feliz de la nación
contrario, la revolución socialista significará la salvación ^
la nación y le abrirá el camino hacia un mayor esplendor »
el hecho de que la clase obrera edifica actualmente sus or°r
oizaciones de clase y fortifica sus posiciones, que defieiw'
contra el fascismo los derechos democráticos y la libertad
que lucha por el derrumbamiento del capitalismo, por es,
hecho mismo lucha ya por el porvenir de la nación. e
El proletariado revolucionario lucha por salvaguardar la cm
tura del pueblo, por liberarla de las cadenas del capital mon<v
polizador en putrefacción, del fascismo bárbaro que la violen
ta. Solamente la revolución proletaria puede impedir la mUer’
te de la cultura, elevarla a un florecimiento superior, en tanto
que cultura popular verdadera, nacional por su forma y socia.
lista por su contenido, lo cual hemos visto realizarse ante
nuestros ojos bajo la dirección de Stalin en la Unión Soviética
El internacionalismo proletario no sólo no contradice está
lucha de los trabajadores de los diferentes países por la líber,
tad nacional, social y cultural, sino que garantiza, gracias a
la solidaridad proletaria internacional y a la unidad de com­
bate, el apoyo necesario a la victoria de esta lucha. Solamente
por una estrecha unión con el proletariado vencedor de la
gran Unión Soviética, la clase obrera de los países capitalistas
puede vencer. No es sino luchando codo con codo con el pro.
letaríado de los países capitalistas como los pueblos coloniales
y las minorías nacionales oprimidas pueden obtener su libera-
ción. Es sólo a través de la unión revolucionaria de la clase
obrera de los países imperialistas con el movimiento de eman­
cipación nacional de las colonias y pueblos sometidos por don­
de pasa el camino de la victoria de la revolución proletaria en
los países imperialistas, pues, como nos enseñar Marx, “un
pueblo que oprime a otros no puede ser libre".
Los comunistas que pertenecen a una nación oprimida, es­
clavizada, no pueden rebelarse victoriosamente contra el na­
cionalismo en el interior de su nación si no demuestran a)
mismo tiempo en la práctica del movimiento de masas que
luchan en realidad por la liberación de su nación del yugo
extranjero. Asimismo, los comunistas de la nación opresora
no pueden hacer todo lo necesario para educar a las masas
trabajadoras de su nación en el espíritu del internacionalismo
sin llevar a cabo una lucha decidida contra la política de opre­
sión de su "propia" burguesía, por el derecho a la autodeter­
minación absoluta de las naciones sometidas por ella. Si no lo
hacen, no facilitarán a los trabajadores de la nación oprimida
la tarea que consiste en superar sus prejuicios nacionalistas.
Si procedemos en este sentido, si en todo nuestro trabajo
de masas demostramos de manera convincente que estamos
libres del nihilismo nacional tanto como del nacionalismo bur-
^ S iV A DEL FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 211

ia podremos llevar a cabo realmente, y con éxito, la lucha


^ntíra Ia demagogia patriotera de los fascistas.
Acausa de esto, la aplicación justa y concreta de la política
cional leninista-staliniana es tan importante. Ésta es una
adición absolutamente indispensable para el éxito de la lu­
to contra el “chauvinismo", arma principal de la acción ideo­
lógica sobre las masas.

jj LA CONSOLIDACIÓN DE LOS PARTIDOS COMUNISTAS Y LA LUCHA


POR LA UNIDAD POLÍTICA DEL PROLETARIADO

Camaradas: En la lucha por constituir el frente único, la im­


portancia del papel directivo del partido comunista aumenta
¿e una manera extraordinaria. En el fondo, sólo el partido
comunista es el iniciador, el organizador, la fuerza motora del
frente único de la clase obrera.
Los partidos comunistas no pueden asegurar la movilización
de las amplias masas de trabajadores para la lucha común
contra el fascismo y la ofensiva del capital más que a condi­
ción de fortalecer por todos los medios sus propias filas, de
fomentar su iniciativa, de realizar la política marxista-leninista
y una táctica justa, flexible, que tenga en cuenta la situación
concreta y la disposición de las fuerzas de clase.

La consolidación de ios partidos comunistas

En el período comprendido entre el V y el VI Congresos


nuestros partidos han aumentado y se han aguerrido notable­
mente en los países capitalistas. Pero nos engañaríamos peli­
grosamente si nos limitáramos a considerar esto.
Cuanto más se amplíe el frente único de la clase obrera, más
numerosas y complicadas serán las tareas que se nos presenten
y más necesario será trabajar para la consolidación política y
orgánica de nuestros partidos. El frente único del proletariado
pone en marcha a un ejército de obreros que puede realizar
una misión si a su cabeza hay una fuerza directora que le
señale los objetivos y caminos. Esta fuerza directora no puede
ser otra que un sólido partido revolucionario proletario.
Cuando los comunistas llevamos a cabo todos los esfuerzos
para constituir el frente único, no lo hacemos desde el punto
de vista estrecho del reclutamiento de nuevos adheridos para
los partidos comunistas. Sin embargo, debemos fortalecer por
todos los medios los partidos comunistas y aumentar sus efec­
tivos, precisamente porque deseamos seriamente consolidar
el frente único. El fortalecimiento de los partidos comunistas
no representa un interés limitado de partido, sino el int» ,
toda la clase obrera. réH
La unidad, cohesión y combatividad de los partidos Cn '
nistas es un capital de los más preciosos, que no nos perte
sólo a nosotros, sino a toda la clase obrera. 11Cce
Nuestro celo para marchar unidos a los partidos y 0rBa .
zaciones socialdemócratas en la lucha contra el fascisnv,,
hemos combinado y lo combinaremos con una lucha irretJ?
ciliable contra la socialdemocracia como ideología y práctj
de conciliación con la burguesía, y, por lo tanto, contra to?
penetración de esta ideología en nuestras filas. ^
Realizando con valor y decisión la política de frente únjCo
encontramos en nuestras propias filas obstáculos que es nece’
sario apartar, cueste lo que cueste, en el plazo más breve
sible.
Después del VI Congreso de la Internacional Comunista, sc
ha llevado a cabo con éxito una lucha en todos los partidos
comunistas de los países capitalistas contra las tendencias a
una adaptación oportunista a las condiciones de estabilización
capitalista y el contagio de las ilusiones reformistas y lega.
listas. Nuestros partidos han depurado sus filas de los oportu.
nistas de todas las clases, reforzando de esta manera su uni-
dad bolchevique y su combatividad. La lucha contra el secta­
rismo ha sido llevada a cabo con menos éxito, y cn ocasiones
no se ha emprendido siquiera. El sectarismo se manifestaba en
las formas primitivas, declaradas, como en los primeros años
de existencia de Ja Internacional Comunista, pero disfrazándo­
se con un reconocimiento formal de las tesis bolcheviques y
frenando el desarrollo de la política bolchevique de masas.
En nuestra época, frecuentemente, no es ya una "enfermedad
infantil", como decía Lenin, sino un "vicio arraigado"; sin
desembarazarse de 61, es imposible resolver la tarea que con­
siste en constituir el frente único del proletariado y hacer
pasar a las masas de las posiciones reformistas al lado de la
revolución.
En la situación actual el sectarismo presuntuoso, como lo
hemos calificado en el proyecto de resolución, impide sobre
todo nuestra Jucha por la realización del frente único. El secta­
rismo, satisfecho con su espíritu doctrinal limitado, con su
aislamiento de ia vida real de las masas; contento con sus
métodos simplistas de solución de los problemas más com­
plejos del movimiento obrero sobre la base de esquemas es­
tereotipados. El sectarismo aspirante a la omnisciencia, que
considera superfluo pasar por la escuela de las masas, asimi­
larse las lecciones del movimiento obrero. En una palabra, el
sectarismo que, como se dice, no duda de nada.
El sectarismo pretencioso no quiere ni puede comprender
que la dirección de la clase obrera por el partido comunista
nPL FASCISMO Y TAREAS DE LA IC 213
btiene automáticamente. Hay que conquistar el papel
o 56 °r del partido comunista en las batallas de la clase obre-
W^consiste esto en declamar acerca del papel directivo de
(* munistas, sino en realizar un trabajo de masas cotidia-
[0$ c° a través de una política justa, merecer, conquistar la
it¡) í ^ de las masas obreras. Esto no es posible más que
N osotros, comunistas, tenemos en cuenta seriamente en
s¡trabajo político el nivel real de la conciencia de clase
"las masas, su grado de revolucionarización; si apreciamos
ámente la situación concreta, no sobre la base de nuestros
^gos, sino de lo que es la realidad. Debemos pacientemente,
a Pas0<facH\tar a las amplias masas su paso a las posi-
PTjjes del comunismo. No debemos olvidar nunca las advér­
selas *lue con to^a energía nos hacía Lenin de que “se trata
lfecisMnente de no considerar aquello que ha desaparecido
Lfü nosotros como extinguido también para la clase y para
[4S ’
Camaradas, ¿acaso son hoy poco numerosos en nuestras filas
l0s elementos doctrinarios que en la política de frente único
^ hacen sino husmear peligros en todas partes? Para estos
paradas, el Erente único no es más que un peligro continuo,
¡¡¡¡te "espíritu de principio” sectario no es otra cosa que la
impotencia política en presencia de las dificultades de la direc-
¿ón inmediata de la lucha de masas.
El sectarismo se manifiesta especialmente por la desestima­
ción de la penetración revolucionaria de las masas, por la des­
estimación del ritmo de su abandono de las posiciones refor­
mistas, por las tentativas de prescindir de las etapas difíciles
y dejar a un lado las tareas complejas del movimiento. Los
métodos de dirección de las masas son con frecuencia reem­
plazados en la práctica por los métodos de dirección de un
reducido grupo del partido. Se desestima la fuerza de la liga­
zón tradicional de las masas con sus organizaciones y direccio­
nes, y cuando las masas no rompen bruscamente estas liga­
zones se adopta respecto a ellas una actitud tan enérgica como
frente a sus directores reaccionarios. Se calcan la táctica y las
consignas para todos los países, y no se tienen en cuenta las
particularidades de la situación concreta de cada país aislado.
Se desconoce la necesidad de llevar a cabo una lucha tenaz
en lo más profundo de las masas para conquistar su con­
fianza; se desdeña la lucha por las reivindicaciones parciales
de ios obreros, así como el trabajo en los sindicatos reformis­
tas y organizaciones fascistas de masas. La política del frente
único se" sustituye frecuentemente con invitaciones frustradas
y una propaganda abstracta.
Los puntos de vista sectarios contribuyen también a difi­
cultar la elección juiciosa de los hombres, la educación y
f o r m a c ió n de cuadros ligados a las masas, que gocen de su
214 GEORGI DIMÍTROV
confianza; cuadros de buen temple revolucionario, probados
en las batallas de clase, que saben combinar la experiencia
práctica deI trabajo de masas con la firmeza de principios de
un bolchevique.
Asimismo, el sectarismo retrasa en grado notable el creci-
miento de los partidos comunistas, dificulta la realización de
una verdadera política de masas, impide utilizar las dificulta,
des del enemigo de clase para reforzar el movimiento revo­
lucionario, obstaculiza la conquista de las amplias masas pro.
letarias para los partidos comunistas.
Luchando resueltamente para desarraigar y dominar los úi.
timos vestigios del sectarismo presuntuoso, debemos reforzar
por todos los medios nuestra vigilancia y nuestra lucha res-
pecto al oportunismo de derecha y contra todas sus manifes-
taciones concretas, sin perder de vista que el peligro que re­
presente aumentará a medida que se desarrolle y amplíe el
frente único. Existen ya tendencias que aspiran a disminuir
el papel del partido comunista en el seno del frente único y
reconciliarse con la ideología socialdemócrata. Es necesario
no perder de vista que la táctica del frente único consiste en
persuadir prácticamente a los obreros de la justeza de la poli-
tica comunista y de la falsedad de la política reformista, y no
en reconciliarse con la ideología y la práctica socialdemócra­
tas. El éxito de la lucha para la creación del frente único
exige necesariamente una lucha constante en nuestras filas
contra la tendencia a reducir el papel del partido, contra las
ilusiones legalistas; contra la orientación hacia la espontanei­
dad y el automatismo, tanto en lo que se refiere a la liquida­
ción del fascismo como a la realización del frente único; con­
tra las más insignificantes vacilaciones en el momento decisivo
de la acción, y "la necesidad —nos enseña el camarada Sta­
lin— de que el partido sepa en su trabajo combinar el espíritu
de principio más elevado (no confundirlo con el sectarismo)
con el máximo de ligazones y contactos con las masas (no
confundirlo con el remolquismo), sin lo cual es imposible que
el partido no sólo instruya a las masas, sino que se instruya él
por medio de éstas; no sólo guiar a las masas y elevarlas al
nivel del partido, sino prestar oídos a la voz de las masas y
adivinar sus necesidades urgentes”.8

La unidad política de la clase obrera


El progreso del frente único de lucha de los obreros comunis­
tas y socialdemócratas contra el fascismo y la ofensiva del
capital plantea asimismo el problema de la unidad política,
* Stalin, "Perspectiva del fca y de su boichevizadón”, en Pravda 3 de
noviembre de 1925.
tUA d E L f a s c is m o y tareas de la IC 215
i
! u grtxio político de masas único de la clase obrera. Los
i $ os socialdemócratas se convencen más cada día, por su
? pcia, de que la lucha contra el enemigo de clase exige
I ^dirección política única, puesto que el dualismo en mate-
| ii^.g dirección dificulta el desarrollo continuo y el fortaleci-
; fi? t0 ¿e la lucha única de la clase obrera,
i intereses de la lucha de clases del proletariado y los
í de la revolución proletaria dictan la necesidad de tener
• „ cada país un partido único del proletariado. Llegar a con-
i ^gujr esto no es evidentemente fácil ni sencillo. Esto exigirá
I trabajo y lucha tenaces y será necesariamente un proceso
I más o menos prolongado. Los partidos comunistas, apoyándo-
I ,e en la tendencia cada día más pronunciada de los obreros
3 la unión de los partidos socialdemócratas y de las organiza­
ciones aisladas con los partidos comunistas, deben tomar con
firmeza y seguridad la iniciativa de esta obra unitaria. La cau­
sa de la unificación de las fuerzas de la clase obrera en un
único partido proletario, en el momento en que el movimien­
to obrero internacional entra en el período de la liquidación
je la escisión, es nuestra causa, la causa de la Internacional
Comunista.
Pero si para constituir el frente único de los partidos comu­
nistas y socialdemócratas basta con un acuerdo para la lucha
contra el fascismo, la ofensiva del capital y la guerra, la reali­
zación de la unidad política no es posible más que sobre la
base de una serie de condiciones determinadas que tienen un
carácter de principio.
Esta unidad no es posible, en primer lugar, más que a con­
dición de una completa independencia respecto a la burguesía
y de una ruptura total del bloque de la socialdemocracia con
la burguesía.
En segundo lugar, a condición de que la unidad de acción
sea realizada previamente.
Tercero, reconociendo la necesidad del derrumbamiento revo­
lucionariamente de la dominación burguesa y la instauración
de la dictadura del proletariado con la forma de los soviets.
Cuarto, negativa a sostener a su burguesía en la guerra im­
perialista.
Quinto, construcción del partido sobre la base del centralis­
mo democrático, garantizando la unidad de voluntad y acción
comprobada por la experiencia de los bolcheviques rusos.
Debemos explicar a los obreros socialdemócratas, con pa­
ciencia y camaradería, por qué, en defecto de estas condicio­
nes, es imposible la unidad política de la clase obrera. Debe­
mos estudiar con ellos la significación e importancia de estas
condiciones.
¿Por qué son necesarias para la realización de la unidad
política del proletariado la completa independencia respecto
216 x GEOKGI DIMÍTROV
a la burguesía y la ruptura deI bloque de la socialdemocracia
con la burguesía?
Porque toda la experiencia del movimiento obrero, y espe­
cialmente la experiencia de los quince años de política coali­
cionista en Alemania, han demostrado que la política de depen­
dencia respecto de la burguesía conduce a la derrota, y que el
camino de los bolcheviques es el camino seguro que lleva a
la victoria de la lucha de clases irreconciliable contra la bur­
guesía; es el camino que conduce sin pérdida a la victoria.
¿Por qué la unidad de acción debe ser la condición preli­
minar de la unidad política?
Porque la unidad de acción, para rechazar la ofensiva del
capital y el fascismo, es posible y necesaria todavía antes de
que la mayoría de los obreros se una sobre la plataforma po­
lítica común del derrumbamiento del capitalismo, y porque la
elaboración de la unidad de opinión respecto a los caminos
fundamentales y a los objetivos de la lucha del proletariado,
sin los cuales la unidad de los partidos es imposible, exige un
tiempo más o menos prolongado. Ahora bien: la unidad de cri­
terio se elabora mejor en la lucha común contra el enemigo
de clase desde hoy. Proponer en lugar del frente único la
unidad inmediata es enganchar el caballo a la trasera del co­
che y creer que éste tira delante. Precisamente porque la
unidad política no es considerada por nosotros como una ma­
niobra, como para muchos jefes socialdemócratas, insistimos
en la realización de la unidad de acción como una de las etapas
esenciales en la lucha por la unidad política.
¿Por qué es preciso admitir el derrumbamiento revoluciona­
rio de la burguesía y la instauración de la dictadura del prole­
tariado con la forma del poder de los soviets?
Porque la experiencia de la victoria de la gran revolución de
octubre, de una parte, y de otra las amargas lecciones de Ale­
mania, Austria y España durante el período de la posgueira
han confirmado una vez más que la victoria del proletariado
no es posible más que por el derrumbamiento revolucionario
de la burguesía, y que ésta ahogará al movimiento obrero en un
mar de sangre antes que permití1- al proletariado instaurar
el socialismo por medios pacíficos.
La experiencia de la revolución de octubre ha demostrado
de una manera evidente que el contenido fundamental de la
revolución proletaria es el problema de la dictadura del pro­
letariado, llamada a aplastar la resistencia de los explotadores
derrocados, a armar a la revolución para la lucha contra el
imperialismo y conducirla hasta la victoria completa del socia­
lismo. Para realizar la dictadura del proletariado como dicta­
dura ejercida por la mayoría aplastante sobre una minoría ín­
fima, sobre los explotadores —y sólo así puede ser ejecutada_
es necesario poseer soviets que engloben a todas las capas dé
5lVA pel f a s c is m o y tareas de LA IC 217
^ se obrera, a las masas fundamentales del campesinado
u trabajadores, sin los cuales, sin que integren el fren­
t e ja lucha revolucionaria, es imposible la consolidación
¡e f victoria del proletariado.
^.por qué causa la negativa a sostener a la burguesía en la
erra imperialista es una de las condiciones de la unidad
Mítica?
' porque la burguesía realiza la guerra imperialista con pro-
,jitos expoliadores contra los intereses de la inmensa mayo-
\ de los pueblos, sea cual fuere el pretexto de Ja guerra.
Mrque todos los imperialistas combinan con la preparación
f¿bril de la guerra una intensificación extremada de la explo-
(Jc¡ón y opresión de los trabajadores en el interior del país,
¿poyar a la burguesía en una guerra semejante significa trai­
cionar los intereses del país y de la clase obrera internacional.
¿Por qué, finalmente, la construcción del partido sobre la
: base del centralismo democrático es condición de la unidad?
porque solamente un partido construido sobre la base del
1centralismo democrático, que garantiza la unidad de voluntad
y acción, puede conducir al proletariado a la victoria sobre
ja burguesía, que dispone de un arma tan poderosa como el
aparato centralizado del estado. La aplicación del principio de
centralismo democrático ha soportado la brillante prueba his­
tórica del partido bolchevique ruso, del partido de Lenin y
Stalin.
Sí, camaradas; somos partidarios de un partido político de
masas único de la clase obrera. Y de aquí la necesidad, como
dice el camarada Stalin:
"[ . . . ] de un partido combativo revolucionario, lo bastante
valiente para llevar al proletariado a la lucha por el poder, y
lo suficientemente experto para desenvolverse en las condi­
ciones complicadas de una situación revolucionaria, y lo bas­
tante flexible para salvar toda clase de escollos y llegar al fin.” 8
Por estas razones, es necesario trabajar para la unidad polí­
tica sobre la base de las condiciones indicadas.
Somos favorables a la unidad política de la clase obrera.
Por ello, estamos dispuestos a colaborar de la manera más
estrecha con todos los socialdemócratas que se pronuncian
por el frente único y sostienen sinceramente la unidad sobre
¡ las bases señaladas. Pero precisamente porque somos partida-
i ríos de la unidad lucharemos decididamente contra los dema-
! gogos de "izquierda" que pretenden utilizar la decepción de
los obreros socialdemócratas para crear nuevos partidos socia­
listas o nuevas Internacionales que, dirigidos contra el movi-
I miento comunista, profundicen la escisión del movimiento
|
obrero.
; 6 Stalin, Et partido. Principios del leninismo, ed. rusa.
218 GEORGI D IM ÍTR O V

S a lu d a m o s la tendencia cada vez más acentuada entre los


obreros socialdemócratas hacia el frente único con los comu­
nistas. Vemos en este hecho el progreso de su conciencia revo­
lucionaria y el principio de la liquidación de la escisión de la
clase obrera. Considerando que la unidad de acción es una ne­
cesidad imperiosa y el camino más seguro para la realización
de la unidad política del proletariado, declaramos que la Inter­
nacional Comunista y sus secciones están dispuestas a entablar
conversaciones con la II Internacional y sus secciones para
establecer la unidad de la clase obrera en la lucha contra la
ofensiva del capital, el fascismo y la amenaza de guerra impe­
rialista.

CONCLUSIÓN

Camaradas: Voy a terminar mi informe. Como veis, teniendo


en cuenta los cambios que se han producido en la situación
desde el VI Congreso y las lecciones de nuestra lucha, y apo­
yándonos asimismo en el grado de consolidación ya alcanzado
por nuestros partidos, planteamos hoy, de una manera nueva,
una serie de cuestiones, y en primer lugar la relativa al frente
único y a la actitud que debemos observar con respecto a los
sindicatos reformistas y a todas las demás organizaciones
de masa.
Hay seres prudentes que creen ver en todo esto un aparta­
miento de nuestras posiciones de principio, un cierto viraje
a la derecha respecto a la línea bolchevique. ¡Bien está! En
Bulgaria se dice, entre nosotros, que una gallina hambrienta
sueña siempre con maíz.
Dejemos que las gallinas políticas sueñen con lo que les
plazca.
Esto nos interesa muy poco. Lo importante para nosotros
es que nuestros propios partidos y las masas de todo el mundo
comprendan a qué aspiramos.
No seríamos marxistas revolucionarios, leninistas, discípulos
de Marx, Engels, Lenin y Stalin si, modificada la situación
política y dadas las transformaciones sobrevenidas en el mo­
vimiento obrero mundial, no modificáramos de manera ade­
cuada nuestra política y táctica.
No seríamos verdaderos revolucionarios si no nos instru­
yéramos por nuestra propia experiencia y por la experiencia
de las masas.
Queremos que nuestros partidos en los países capitalistas
intervengan y procedan como verdaderos partidos políticos de
la clase obrera; que desempeñen en realidad el papel de factor
político en la vida de su país; que realicen siempre una políti­
O FEN SIV A DEL F A S C IS M O Y TAREAS DE LA IC 219

ca bolchevique activa de masas, en lugar de contentarse con


la propaganda, con la crítica y los llamamientos estériles a la
lucha por la dictadura del proletariado.
Somos enemigos de todo esquematismo. Queremos tomar en
consideración la situación concreta en cada momento y locali­
dad determinada; no obras con arreglo a un clisé determinado,
único para todos los lugares y tiempos, y no olvidar que en con­
diciones diferentes la posición de los comunistas no puede ser
idéntica.
Queremos tener saludablemente en cuenta todas las etapas
en el desarrollo de la lucha de clases y en la elevación de la
conciencia de clases de las masas; saber hallar y resolver en
cada etapa las tareas concretas del movimiento revolucionario
correspondiente a esta etapa.
Queremos hallar un lenguaje común con las masas más ex­
tensas, a fin de luchar contra el enemigo de clase; encontrar
los caminos que conducen a la liquidación definitiva del aisla­
miento de la vanguardia revolucionaria respecto a las masas del
proletariado y de todos los trabajadores, así como a la liqui­
dación del aislamiento fatal de la clase obrera respecto a sus
aliados naturales en lucha contra la burguesía y el fascismo.
Queremos incorporar a masas cada día más amplias a la
lucha revolucionaria de clases y conducirlas a la revolución
proletaria, partiendo de sus intereses y necesidades vitales más
apremiantes y sobre la base de su propia experiencia.
Queremos, igual que nuestros gloriosos bolcheviques ru­
sos, igual que el primer partido de la Internacional Comunista,
el glorioso partido comunista de la Unión Soviética, combinar
el heroísmo revolucionario de los comunistas alemanes, es­
pañoles, austríacos, etc., con un realismo revolucionario au­
téntico y terminar con los últimos restos de agitación escolás­
tica alrededor de los graves problemas políticos.
Queremos armar teóricamente a nuestro partido de todas
las maneras para resolver las complejas tareas políticas que
tienen planteadas. Con este fin, hay que elevar cada vez más
su nivel teórico, educarlos en el espíritu de un marxismo-leni-
nista vivo y no de un doctrinarismo muerto.
Queremos desarraigar de nuestras filas el sectarismo pre­
tencioso que nos cierra el camino hacia las masas e impide la
realización de una auténtica política bolchevique de masas.
Queremos reforzar con todos los medios la lucha contra todas
las manifestaciones concretas del oportunismo de derecha, con­
siderando que por este lado aumentará el peligro precisamente
en el curso de la realización práctica de nuestra política y de
nuestra lucha de masas.
Queremos que en cada país los comunistas deduzcan en oca­
sión oportuna y utilicen todas las enseñanzas de su propia
experiencia como vanguardia revolucionaria del proletariado.
220 G E O R G I D IM ÍT R O V

Q u erem o sque aprendan rápidam ente a nadar en las aguas


turbulentas de la lucha de clases, cn lugar de perm anecer en
La orilla en calidad de observadores, viendo cómo suben las
olas, en espera de m ejor tiempo.
Esto es lo que queremos. Y lo queremos porque solamente
así la clase obrera, a la cabeza de todos tos trabajadores, sol­
dada en un poderoso ejército revolucionario de millones de
combatientes, guiada por la Internacional Comunista y pose­
yendo a este gran y prudente tim onel que es nuestro jefe, al
camarada Stalin, podrá cum plir con seguridad su misión his­
tórica: barrer de la superficie terrestre al fascismo y con éste
al capitalismo.
D. MANUILSKI

ENGELS EN LA LUCHA POR EL MARXISMO


REVOLUCIONARIO *

I. ENGELS Y SU PAPEL EN LA CREACIÓN DEL SOCIALISMO


CIENTÍFICO

Cuarenta años hace que murió Friedrich Engels, el más íntimo


compañero de luchas de KarI Marx, el formidable pensador
revolucionario de la humanidad, el organizador y jefe del par­
tido proletario internacional. Los nombres de Marx y Engels
quedarán para siempre en la memoria de los pueblos como los
nombres de dos grandes genios: los creadores del socialismo
científico y los indiscutibles fundadores del movimiento comu­
nista mundial.
La actuación revolucionaria de Engels va inseparablemente
unida a la vida y la actuación de Marx.
"Las leyendas de la antigüedad —escribía Lenin hace cuaren­
ta años—• relatan ejemplos de emocionante amistad. El prole­