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Premio a la innovación: La asombrosa escuela del

profesor Rubén Centeno

Un colegio rural en Sicuani, Cusco, produce desde hace 10 años programas de radio y televisión
conducidos por sus propios alumnos. Gracias al empeño de estos niños y de su director, la escuela ha
ganado varios premios. El secreto de su éxito: saber adaptarse a la modernidad sin olvidar sus
costumbres.

–A ver, chicos. ¿Quién reconoce a este alumno?

La pregunta del profesor silencia por un momento el salón de cine, donde una decena de niños detiene
sus juegos para prestar atención.

En el ecran, improvisado con dos sábanas remendadas, se proyecta en baja resolución la figura de
un escolar larguirucho, de unos nueve o diez años, quien invita a su comunidad a participar de un
seminario sobre derechos de los pueblos indígenas. Pese a su mala definición, la toma resulta idílica:
la campiña de fondo y en primer plano el menor que parece declamar un poema.

–¡Es Jared! ¡Jared! ¡Jared! –estalla el auditorio.

Entre risas y bromas, a veces crueles, la dinámica continúa y el aula identifica a más compañeros:
Tiffany, en el campo, habla de la importancia de una campaña de vacunación; Bryan, jugando en un
manantial, invoca a no contaminar el agua; Luz, en quechua, explica por qué debemos respe tar y cuidar
la Pachamama; Ruth y Analí conducen un noticiero…
Necesidad de identidad
Es martes en el apacible poblado de Ccochacunca, una comunidad campesina en las afueras
de Sicuani, Cusco, donde parece imposible que sobreviva, desde hace medio siglo, una escuelita
primaria que en los últimos tiempos ha recibido varias condecoraciones y es considerada una de las
mejores del país.

Con poco menos de 200 habitantes, Ccochacunca no es precisamente un ejemplo de desarrollo.

Pese a su privilegiada geografía, de extensos campos y lomas, que en meses de primavera lucen un
verde intenso, como población, Ccochacunca estuvo a punto de desaparecer hace algunos años debido
a la migración masiva de los lugareños que no veían oportunidades de progreso.

Incluso la compleja algoritmia de Google no logra ubicar actualmente este pueblo con facilidad. Para el
todopoderoso buscador de internet, Ccochacunca es la escuela rural N° 56022. Y sólo eso. Todos los
resultados que aparecen al “googlear” la palabra quechua –que alude a una laguna cercana– hacen
referencia a los logros del colegio, pero ninguno al centro poblado. Como si no existiera.

Quizá por eso, desde hace una década el profesor Rubén Centeno Carrasco, director del colegio N°
56022, asumió un reto ambicioso: cambiar la manera de pensar de los niños de Ccochacunca,
mostrándoles que pueden progresar en su lugar de origen, sin necesidad de abandonar sus costumbres
ni renegar de ellas.

-Una de las razones que me motivó a trabajar en este colegio fue esa necesidad de ident idad y otros
valores que se estaban perdiendo. Un ejemplo de esto es el quechua, que muchos no querían hablar
por vergüenza o porque en las ciudades los discriminaban- recuerda Centeno.

En el salón de cine, mientras proyecta trabajos pasados de sus alumnos, que ahora se ven a sí mismos
un poco más pequeños, este docente de 50 años recalca que la identidad y la autoestima son las bases
de su proyecto:

-Ellos ya están por dejar el colegio, en pocos días acabará el año y se irán a estudiar la secundaria a
otro lado. Yo quiero que hoy se reconozcan, que vean su evolución, cómo han ido mejorando en el
tiempo y que valoren eso.

El poder de un micrófono
-De grande quiero ser periodista y salir en la televisión-comenta Analí.

-A mí también me gusta el periodismo, informar, comunicar- interviene Ruth.

Ambas niñas, de once años, son de las más desenvueltas de su clase. Luz, su compañera, no se queda
atrás:

-Cuando termine el colegio voy a estudiar ciencias de la comunicación.

Durante las grabaciones dirigidas por el profesor Rubén Centeno, las tres destacan por la modulación
de su voz y su carisma ante cámaras. Junto al inquieto Bryan, se alternan la conducción del noticiero ‘TV
Ccochacunca’, que trasmiten en un canal de YouTube.
A pesar de que se trata de niños de entre 6 y 12 años, el trabajo que realizan en el colegio es muy
profesional. Las grabaciones se llevan a cabo en un estudio de televisión propio, un aula especialmente
habilitada con un fondo verde, que el profesor Centeno aprovecha para crear un set virtual.

-Nunca estudié edición de video, ni dirección de cámara, ni nada de eso. Soy un empírico - apunta,
sonriente.

Mientras coordina con los niños cada toma, cada línea de sus guiones, Centeno parece recordar
aquellos días del año 2007, cuando tras su experiencia trabajando en ONGs y culminado un postgrado
en España, decidió crear un taller de radio en el colegio, sólo con un micrófono.

-Así empezó todo, con un micrófono y una consola muy básica. Así comenzamos el taller de radio, pero
no todos los niños participaban y eso no era muy bueno.

Sin apoyo del Estado, ni de las autoridades locales, muchas veces poniendo de su propio dinero o
apelando a una que otra colaboración de la comunidad, Centeno fue haciéndose de mejores equipos,
incluso de una antena que compró en la cachina, en una de sus visitas a Lima.

-Así empezamos a trasmitir. Grabando notas sobre fechas cívicas, actividades de la comunidad,
debatiendo los temas de nuestras clases.

La idea de grabar los programas, explica Centeno, no es casual, de ese modo se pueden corregir errores
y pulir las habilidades expresivas de los niños, sin causarles traumas o baja autoestima.

-En una trasmisión en vivo pueden trabarse, confundirse y eso causaría la burla de sus compañero s.
Eso es justamente lo que queremos evitar.

Un colegio ejemplar
Este martes, el último del mes de noviembre, los profesores oficiales del colegio se encuentran fuera
de Ccochacunca. Han sido invitados a una capacitación y los reemplazan jóvenes estudiante s de una
universidad limeña, maestros sustitutos que han llegado motivados por la fama del profesor Centeno y
su colegio, que “parece un sueño”.

Ronnie (20), estudiante de la universidad Antonio Ruiz de Montoya, usa esas palabras para referirse al
modelo educativo que ha encontrado en este plantel. Un sueño que, asegura, hará realidad en las
localidades rurales de su natal Apurímac.

-Yo había escuchado de este colegio, pero cuando llegué y vi cómo se manejaba todo, me emocioné.
Aquí los niños pueden desarrollar todas sus potencialidades y conocimientos. No tienen nada que
envidiar a ningún otro colegio, es más, los mejores colegios del país tienen mucho que envidiarle a este.

Y es que este colegio de Ccochacunca es mucho más que una escuela de radio y televisión para niños.
Los programas que producen diariamente son el resultado de una enseñanza integral, que combina
perfectamente la teoría de los libros con la práctica en la naturaleza, la modernidad con la tradición y la
tecnología con el respeto por el medio ambiente.

Gracias a la gestión de su director y el apoyo de la comunidad, cuentan con áreas de cultivo donde
siembran plantas nativas, como el maíz, el capulí y tubérculos diversos, además de criar corderos y
perros pastores. También tienen una piscigranja con peces carpa y una sala especial para el cultivo de
hongos.

Eso, sumado a una variada biblioteca, una sala de cómputo, un taller de robótica, laboratorios de
química y biología, y la ya mencionada sala de cine, donde además de sus propios pr ogramas proyectan
documentales y películas peruanas. Todo, en medio de un paisaje único, cerca de un riachuelo y
rodeado de lomas donde pastan reses.

Reconocimientos
Al inicio de esta aventura, Rubén Centeno ni siquiera imaginaba que recibiría apoyo de empresas
privadas y otros reconocimientos que hoy ostenta orgulloso. En el 2014, recibió las Palmas
Magisteriales, acaso la máxima condecoración que puede recibir un educador peruano, “por su valiosa
contribución al desarrollo de la educación en la Región Cusco”.

Recientemente, Centeno obtuvo el primer puesto del concurso nacional ‘Innovación Educativa 2017′,
organizado por la Fundación Telefónica, que lo llevó a Argentina para compartir su experiencia. En
simultáneo, ganó el premio ‘Conectarse para Crecer’, de la empresa Telefónica, por su buen uso de las
tecnologías de la información y comunicación.

Pero como un tipo que vive por su trabajo, este cusqueño no se duerme en sus laureles. Los premios
son solo una motivación, una excusa para seguir aportando a su comunidad. En diez años a cargo de
este colegio rural, Centeno cree que aún tiene mucho trabajo por hacer en Ccochacunca.

–Yo soy doctor en educación. Por mi grado académico podría ocupar una dirección regional o tentar un
cargo político, pero eso no me quita el sueño. Aún puedo darle más a este colegio, todavía no ha
terminado mi labor.

Hace unos años, los padres de sus alumnos cambiaban a los chicos a otros colegios, en zonas urbanas
o ciudades cercanas con más oportunidades de desarrollo. Hoy, niños de e stos sectores llegan a
Ccochacunca para estudiar.

De los 84 niños registrados en el plantel, un importante porcentaje llega de Sicuani para compartir sus
aulas con los hijos de campesinos y agricultores a los que antes discriminaban. Hoy, ese prejuicio se
acabó gracias a la buena labor de Centeno.

Modernidad y tradición
Viendo sus modernas computadoras, las consolas de radio, el proyector de cine y las cámaras con las
que realizan sus programas, la palabra “rural” parece ser la menos apropiada para referirse a este
colegio. Incluso, alguien podría argumentar que existe un culto excesivo por la tecnología.

–Nosotros autogestionamos todo y hay muchas formas de hacerlo. Por ejemplo, llaman para una
campaña de salud y los niños, a cambio de grabar un video, reciben cuadernos, libros o implementos
para los laboratorios. Es como una productora audiovisual que cobra con colaboraciones – explica el
director.
El objetivo es darle herramientas a los niños que puedan servirles en un futuro, pero sin alejarlos de su
realidad, de sus costumbres. Para Centeno, la armonía entre tradición y modernidad es la clave de todo.

–Les enseñamos a producir programas, pero también a dialogar con la naturaleza. A veces, cuando
hablo de esto me creen loco, pero la naturaleza se comunica con nosotros. Un ejemplo: cuando brota
mucho capulí, la tierra nos está diciendo que esa temporada no conviene sembrar papa. Eso lo sabemos
por nuestros ancestros, por conocimientos que vienen de siglos. Eso queremos trasmitirles.

A pesar de tratarse de niños de entre 6 y 12 años, el trabajo audiovisual que realizan en el colegio es
muy profesional”. En el 2014, Centeno recibió las Palmas Magisteriales, acaso la máxima condecoración
que puede recibir un educador peruano.“Las grabaciones se hacen en u n estudio de TV propio, un aula
especialmente habilitada con un fondo verde”

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Estaspáginas para alumnos de secundaria, profesores y padres de familia apuestan por el aprendizaje didáctico.

15 Dic 2015 | 14:18 h


Foto referencial:
La República

Redacción:
Redacción LR
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