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2.

DEFINICIÓN DEL PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN:

TURISTIFICACIÓN DE LAS LOCALIDADES EN EL MARCO DEL PROGRAMA


DESARROLLISTA

Desde el Grand tour, experiencia de viajes formativa que realizaban los jóvenes
aristócratas europeos en los albores de la Revolución Industrial, a nuestros días, la actividad
turística ha tenido tiempo de constituirse como un campo relativamente autónomo de la
economía y ha experimentado a su vez cambios significativos que implican una
transformación no sólo de las motivaciones que llevan a las personas a desplazarse hacia
determinados lugares de destino, o de las preferencias en torno a los circuitos de viaje
socialmente valorados, es posible observarlo también en la intensificación cada vez mayor
de las relaciones de intercambio cultural y económico que subyacen a la comercialización
de estas experiencias turísticas.
Es un hecho que con el tiempo cambia la forma de hacer y concebir el turismo. En
el marco de una economía neoliberal globalizada como la que predomina en nuestros días,
el turismo se ha consolidado como un sistema productivo en el que participan una
multiplicidad de componentes interrelacionados que conforman la oferta y demanda
turística de un destino señalado, con atractivos, productos y servicios que son promovidos
por las agencias de viaje y los touroperadores encargados de facilitar la interacción entre las
partes.
Tal como señalan Vera et. al. (2011), la dinámica turística contemporánea está
caracterizada por una expansión considerable del mercado, de la mano de la
universalización del acceso al consumo de bienes y servicios, lo que ha producido una
expansión cualitativa de la demanda de nuevos destinos y experiencias memorables, la
búsqueda de nuevos sentidos sociales para la antigua práctica de la hospitalidad que ahora
se encuentra conectada a la máquina de producción capitalista y su incombustible proyecto
del Desarrollo.
2.1 La construcción del espacio receptivo en el “turismo de masas”

Cabe preguntarse, en este escenario, ¿cuáles son las características que debe poseer
un territorio para ser reconocido como un espacio receptivo? ¿Cuáles son los atributos
territoriales que activan en las personas la intención de viajar hacia tal o cual lugar? ¿Cómo
se reconocen y construyen socialmente los denominados “atractivos turísticos”? En el
ámbito de la gestión de destinos contemporánea, existe consenso respecto a que las
movilidades y flujos de personas que genera el turismo se fundamentan en la valoración
social de ciertos componentes geofísicos y geoculturales de un territorio, los cuales se
comportan como recursos o factores de atracción para los visitantes, que pueden ser turistas
o excursionistas, residentes o no residentes, cuyas actividades impliquen un gasto turístico
(OMT, 20XX).
Desde un punto de vista histórico, el origen del turismo como una actividad
económica masiva se remonta a finales de la década de 1940, inmediatamente después de la
Segunda Guerra Mundial, y nace precisamente para intentar restablecer la economía
mundial devastada (Vera et. al., 2011). En ese contexto de universalización del acceso al
turismo, se crean mecanismos de gestión y producción de vacaciones relativamente baratas,
normalmente de sol y playa, con lo que se abre desde los años cincuenta hasta la actualidad
una etapa de crecimiento alto y continuado en la construcción del espacio turístico,
particularmente del litoral (Montanari & Williams, 1995).
En este modelo de turismo masivo, la producción constante de bienes a gran escala
conduce a una industrialización de los servicios turísticos, los cuales pasan a formar parte
del aparato productivo convencional y generan la llegada de capitales de otros sectores
económicos a un negocio que hoy en día goza de altas expectativas. Así es como, en este
robustecido mercado del turismo, los intereses capitalistas han encontrado una buena fuente
de obtención de beneficios en la expansión del sector inmobiliario, llevando adelante
procesos de urbanización y loteo de zonas potencialmente turísticas, proporcionando
además una gran cantidad de puestos de trabajo destinados a la operación de los servicios
complementarios de la hospitalidad y el entretenimiento.
Todas estas cualidades dinamizadoras de la economía han contribuido, de alguna
manera, a que la actividad turística sea reconocida y valorada por los países emergentes

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como un importante factor de desarrollo social y económico, priorizando muchos de ellos la
formulación e implementación de políticas públicas que apunten en dicha dirección: sobre
todo considerando que esta ‘tercerización de la economía’ responde de manera efectiva a la
búsqueda de nuevos yacimientos de empleo y de espacios alternativos de crecimiento
económico enfocados en el aprovechamiento estratégico de las capacidades endógenas,
vinculándose con la producción de intangibles y la economía de experiencias, tal como
señala Anton Clavé (2009).
De igual manera, cabe señalar que al “turismo de masas”, modelo de gestión
hegemónico desde la mitad del siglo XX, le sigue un proceso de complejización de la
relación espacio-emisor espacio-receptor, coordenada según la cual se han estructurado
tradicionalmente las prácticas de intercambio económico y de experiencias turísticas. Tal
como señalan Vera et. al. (2011, 22), en tiempos de la pretendida globalización económica
“el turismo y los viajes participan como conectores en esta dinámica, agentes de la
globalización, y como fenómeno relacionado en sí mismo con el ‘achicamiento’ del mundo
por los flujos de personas que se mueven entre ámbitos territoriales diferentes”

2.2 Tendencias y oportunidades en el mercado turístico global

En los últimos años, el turismo ha cobrado además una gran relevancia en la


dinámica económica mundial por mostrar una notable adaptación a las condiciones
cambiantes de los mercados, manteniendo su ritmo de crecimiento cercano al 5%, a pesar
de las guerras, los desastres naturales y las crisis internacionales que han afectado
fuertemente a otros sectores productivos (SERNATUR, 2013).
A su vez, estas proyecciones optimistas de la industria turística están en
concordancia con una serie de tendencias mundiales que propician un escenario favorable
para el desarrollo del sector, desde políticas de flexibilidad laboral que permiten programar
de mejor manera el período de vacaciones y feriados, pasando por la conquista de derechos
laborales que han redundado en un aumento del tiempo de descanso de los trabajadores,
disponible para el ocio y la recreación, hasta cuestiones como la generalización del acceso
al consumo de bienes y servicios turísticos, lo cual ha hecho que viajar sea cada vez más

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asequible para un porcentaje importante de la población mundial, debido “al desarrollo de
la clase media en Asia y América que puso en el mercado a cerca de 700 millones de
nuevos viajeros procedentes de estas regiones del mundo” (IDEM, 24).
Estas nuevas prácticas de acceso al mercado de consumo, que atañen también al
mercado turístico, surgen como consecuencia del uso extendido de los medios de transporte
y de las tecnologías de la información y de la comunicación. Prueba de ello es que hoy en
día internet representa una valiosa plataforma de difusión y es la norma en términos de
transacciones de servicios turísticos, pues permite comprar pasajes, reservar alojamientos y
restaurantes o bien contratar actividades sin agencias ni intermediarios, pudiendo el
interesado armar su viaje de acuerdo a las posibilidades del presupuesto que maneja,
disfrutando de actividades que ofrezcan “experiencias auténticas” como aquellas ligadas al
ecoturismo, el turismo indígena y el turismo de aventuras; por nombrar actividades que
forman parte de la vocación turística de la Región del Biobío, y particularmente de la
comuna de Alto Biobío, nuestro caso de estudio.
Hoy en día los turistas están buscando algo más que el turismo de masas, el llamado
turismo “de sol y playa”. Es por esto que la autenticidad de un destino turístico se ha vuelto
un factor de decisión clave a la hora de planificar un viaje. Con mayor frecuencia también
los turistas parecen expresar una sensibilidad socio-ambiental que ha hecho más exigentes
los estándares de calidad de los destinos turísticos, prefiriendo aquellos que privilegian una
gestión responsable del medio ambiente y que logran compatibilizar su lógica de
producción con un ánimo de respeto y conservación de los recursos puestos en valor.
Como consecuencia de esta preocupación creciente por la sustentabilidad de los
territorios y sus procesos de desarrollo económico, se produce -a partir de la década de
1980- la emergencia de una serie de prácticas económicas localizadas, “basadas en la
patrimonialización de los recursos naturales, la cultura y la historia, o bien en una mezcla
entre estos elementos y se presenta como una alternativa de desarrollo para regiones con
una gran diversidad y riqueza de este tipo de recursos” (Espinosa et. al., 2014, 116).
Turismo de intereses especiales es el nombre genérico que adoptó el conjunto de
estas modalidades de turismo a pequeña escala, relacionadas con motivaciones turísticas de
nichos, donde las experiencias de viaje son personalizadas, no comercializadas en forma
masiva, sino que diseñados “a la medida” de cada turista.

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2.3 Actualidad y desafíos del destino emergente “Chile”.

En línea con estas tendencias globales, Chile recibió en 2017 el galardón que lo
distinguía por segundo año consecutivo como el “Mejor Destino de Turismo Aventura del
Planeta”, reconocimiento entregado en los World Travel Awards, conocidos como los
premios “Oscar del Turismo”. Aquello venía a consolidar lo que hace tiempo las cifras
expresaban con claridad, confirmado una tendencia de más de diez años de aumento
sostenido de llegadas de turistas extranjeros al país, alcanzando la cifra récord de 5,6
millones de visitas, lo cual representa un aumento de un 26% respecto a 2015.
En cuanto al aporte del turismo receptivo a la economía del país, este crecimiento
sostenido de la demanda turística genera un aumento en el ingreso de divisas
correspondiente a US$ 3 mil 130 millones; cifra que implica un incremento de un 8%
respecto al ingreso total de divisas en el año 2015, de acuerdo a las estimaciones realizadas
por la División de Estudios de la Subsecretaría de Turismo (2017). Para este 2017 la
llegada total de turistas registrará un incremento de un 14% respecto a 2016, lo que implica
pasar de los 5,6 millones de turistas a un poco más de 6,4 millones de turistas extranjeros.
Como se ve, Chile es un destino emergente global que posee una demanda turística
considerable, que por lo demás no deja de crecer. De hecho, en 2017 recibió por tercera vez
el reconocimiento al Mejor Destino de Turismo Aventura de Sudamérica, liderazgo
regional que se proyecta también en áreas como el turismo enológico y astroturismo, por su
importante capacidad instalada, en lo que se refiere a viñas de gran calidad y los grandes
centros de observación astronómica de carácter científicos y educativos, respectivamente.
Pero esta aparente dinámica del mercado turístico chileno se ve opacada, entre otras
cosas, por el fantasma recurrente de la estacionalidad, que deriva en un bajo nivel de
productividad de esta industria, y por el hecho de que su funcionamiento se ha basado
históricamente en el aprovechamiento de tres destinos de clase mundial, como son Desierto
de Atacama, Torres del Paine e Isla de Pascua, que hoy han sobrepasado su límite de
saturación socioambiental (Ver Notas de Prensa N° XX), evidenciando un bajo nivel de
diversificación del destino, precariedad de la oferta turística nacional que ha empezado a
cambiar pero que preocupa en términos de competitividad y sustentabilidad de los
territorios.

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Gráfico Nº XX
Relación Llegada de turistas v/s Gasto Individual
Periodo 2001-2013

Fuente: SERNATUR. Turismo en Chile: Tendencias y desafíos (2015).

Por lo tanto, aun cuando se podría señalar que Chile pasa por su mejor momento, el
aumento de las llegadas de turistas extranjeros al país, tal como muestra el gráfico Nº XX,
no se condice con el comportamiento irregular del gasto individual de los turistas, que
después de 10 años no ha podido alcanzar su máximo histórico (2004) de UD 607, lo cual
indica claramente que la industria nacional ha sido incapaz de generar valor agregado en
torno a sus atractivos, perdiendo –de esta forma- la posibilidad de maximizar los impactos
positivos de esta actividad productiva, en gran medida por el bajo nivel de sofisticación de
los productos y servicios turísticos disponibles, concebidos fuera de la cadena de valor que
origina la asociatividad de las empresas del rubro y su encadenamiento productivo con
fines estratégicos.
Con todo lo anterior, las problemáticas y los desafíos de la industria turística
nacional no son ajenos a la realidad específica de la Región del Biobío, donde el grado de
articulación del sector es todavía incipiente, a pesar de los esfuerzos desplegados por

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organismos sectoriales, tanto públicos como privados, que trabajan para hacer más
competitivo y sofisticado el mercado turístico regional.
De igual manera, los principales documentos estratégicos vigentes, entre ellos la
Estrategia Regional de Desarrollo (SUBDERE BIOBIO, 2009: 23), reconocen que los
recursos naturales constituyen el factor más positivo para la competitividad de la región, y
en razón de aquello, enfatizan el “especial interés en desarrollar su potencial turístico, pues
una política pública que tienda a fortalecer la calidad de la oferta turística permitiría
capturar e integrar la diversidad espacial y cultural de la región, al tiempo que fortalecería
su identidad”. De allí que se manifieste un renovado interés de las comunas por impulsar
iniciativas tendientes a fomentar el crecimiento armónico de este sector productivo, pues
junto con articular nuevos polos de desarrollo económico, se presume les permitiría
potenciar el patrimonio natural y cultural de sus respectivos territorios.
Siguiendo estos lineamientos de política pública, SERNATUR BIOBÍO, organismo
sectorial encargado de promover las bondades de la región, ha procurado destacar la
riqueza tanto natural como cultural que posee el territorio, posicionando una serie de
pequeños destinos emergentes y zonas de interés turístico que dan cuenta de la variedad de
ecosistemas e identidades territoriales que presenta el destino de mar a cordillera.

2.5 Creación de un sistema institucional para el desarrollo del turismo

En razón de esto mismo, el Estado de Chile ha promulgado en 2010 la Ley 20.423,


que crea un Sistema Institucional para el Desarrollo del Turismo, con el fin de reconocer la
actividad como un sector económico estratégico y abordar las brechas, potencialidades y
oportunidades que lo caracterizan (SUBTURISMO, 2015).
Con la presentación de la Estrategia Nacional de Turismo para el periodo 2012-
2020, el Estado confirma su “carácter prioritario en el desarrollo económico del país, pues
se cree que asegurará la prosperidad de las localidades y regiones donde está inserta y
contribuirá a una mayor equidad social, equilibrio regional y a la superación de la pobreza”
(SERNATUR, 2013, 17).

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Complementariamente, la política de clasificación y priorización de destinos
turísticos, dada a conocer en el Plan Nacional de Desarrollo Turístico Sustentable
presentado por la Subsecretaría de Turismo (2015), viene a establecer una delimitación
territorial que ha permitido identificar, según su estado de desarrollo, 83 destinos turísticos
priorizados, sobre los cuales se están llevando a cabo procesos intensivos de turistificación
apoyados por políticas públicas intersectoriales. Entre estos territorios priorizados se
encuentra precisamente el territorio pewenche de Alto Biobío.
Esta política de desarrollo preparada por el Ministerio de Economía y anunciada en
el marco de la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento (2014), provee además
importantes recursos (U$ 100 millones) que serán ejecutados por la Subsecretaría del área
en convenio con otros organismos públicos, en un plazo razonable de cuatro años (2015-
2018). Inversiones estratégicas, infraestructura, financiamiento a las pymes, impulso al
emprendimiento, eficiencia en la regulación, mejores mercados y nueva institucionalidad,
son los ejes de este decidido plan que termina de ejecutarse en los próximos meses.
Su objetivo era “enfrentar el desafío de la productividad, la principal causa de la
brecha entre Chile y las economías desarrolladas” (web), y el camino trazado apuntaba a
diversificar la economía produciendo nuevos bienes y servicios, desarrollando nuevas
industrias y generando nuevos polos de innovación; lógica de producción y condiciones de
financiamiento con las cuales la industria turística emergente ha tenido tiempo de
familiarizarse no sin ausencia de conflictos e incertidumbres. Pero más allá de los válidos
cuestionamientos al financiamiento del desarrollo, las agencias estatales confían en que
“tanto los recursos disponibles como la institucionalidad existente ofrecen una gran
oportunidad para impulsar acciones que consoliden al turismo como un sector económico
relevante y que impacte la economía local de las distintas regiones del país”
(SUBTURISMO, 2015, 11). No obstante, visto desde el punto de vista de las comunidades
residentes, surgen algunas preguntas ineludibles: ¿De qué manera se gestionarán dichos
cambios? ¿Quién tomará las decisiones importantes y en atención a qué reglas? ¿Tienen
efectivamente algo que decir las comunidades locales en este proceso de innovación
económica que proyecta intervenir su territorio y, por lo tanto, compromete la reproducción
de sus propias vidas?

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2.6 Paternalismo económico y desarrollo de pequeños destinos

Tal y como se han estructurado hasta hoy las relaciones de intercambio cultural y
económico entre los países del centro industrial y aquellos que se ubican en la denominada
periferia, el panorama no es muy alentador para las comunidades locales. Como bien
señalaron en su momento Furtado (1964), Cardoso (1973) y otros autores, las principales
relaciones de desigualdad y dependencia están contenidas y se reproducen precisamente en
el “programa desarrollista”, que puede ser entendido como un conjunto de políticas sociales
y económicas promovidas e instauradas en América Latina por agencias de cooperación
tanto nacionales como internacionales (ONU, CEPAL, OMT, etc.) desde la década de
1950.
A pesar de que estas relaciones de intercambio ha cambiado en muchos aspectos
con la globalización económica (tema en el que profundizaremos más adelante), las
transformaciones estructurales que trajo consigo la adopción del modelo de desarrollo
neoliberal (tales como la transnacionalización de la economía, la reorganización del capital
a gran escala, la pérdida de tierras y autonomía política, la privatización de servicios
públicos y bienes comunes, así como la consolidación de un Estado Subsidiario), juegan
todavía un papel gravitante en la implementación de políticas económicas paternalistas que,
en mayor o menor medida, han vulnerado el derecho de las comunidades a buscar su propio
desarrollo, negandoles de facto la posibilidad de constituirse en sujetos económicos, por
considerarlos población vulnerable o simplemente pobres que deben ser asistidos.
Por estas mismas razones, resulta interesante analizar procesos de turistificación de
territorios emergentes a partir del caso de Alto Biobío, territorio habitado ancestralmente
por el pueblo pewenche (actualmente el xx% del total de la población), posee un
patrimonio natural sorprendente asociado a la geografía de la Cordillera de los Andes y los
caudalosos ríos Queuco y Bío Bío, su población vive mayoritariamente en la ruralidad
acorde a su forma de vida tradicional, de hecho varias de ellas conservan su estructura
política y organizacional a contrapelo de las exigencias estatales que poco a poco han ido
invalidando estos saberes y liderazgos tradicionales que continúan vigentes.
Desde un punto de vista político-administrativo, la comuna de Alto Biobio fue
creada en 2003, no obstante, su historia reciente no se entiende sin la fractura social y

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productiva que significó la instalación de las megacentrales hidroeléctricas Ralco y Pangue,
casos emblemáticos de resistencia étnica y medioambiental cuyo desenlace, junto con
afectar el autoestima y la valoración de sus habitantes, vino a agudizar condiciones de
pobreza material y problemáticas sociales complejas (como el alcoholismo y la tasa de
suicidios).
Situados en la complejidad política e institucional que hemos descrito, reconociendo
que el Alto Biobío es una zona de encuentros y desencuentros de dos formas de vida
radicalmente distintas, de dos ontologías opuestas por sus principios de relación con la
tierra, nos interesa describir el proceso de emergencia y consolidación de un sistema
productivo de turismo a escala comunitaria, en un territorio que, a pesar de los excesos
extractivistas, el paternalismo estatal y las precariedades materiales de sus habitantes, posee
valiosos recursos naturales y culturales que han sido reconocidos, jerarquizados y puestos
en valor de manera colectiva, ciertamente con resultados disímiles.
En esta fase primaria de articulación social y productiva, en la que habitualmente
tienen protagonismo agencias estatales de desarrollo (tales como municipios, gobiernos
regionales y organismos técnicos), apoyados por agencias privadas, fundaciones u ONGs,
se llevan a cabo una serie de prácticas de diagnóstico y activación de bienes patrimoniales;
prácticas institucionales, económicas y culturales que van constituyendo lo que podríamos
denominar el capital turístico de un territorio: aquello de lo que depende la capacidad de los
actores de negociar y conseguir posiciones más ventajosas en el mercado turístico que en
participan (Bourdieu dixit).
Esta especialización productiva permite, de igual manera, que se vayan instalando
nuevos conceptos y exigencias en el ámbito de la gestión pública chilena, que se vayan
incorporando recursos y tecnologías orientadas a la planificación e intervención turística de
la esfera comunitaria; esto a pesar de que los destinos turísticos raramente coinciden con los
límites político-administrativos de las comunas. Esta aparente contradicción se debe, no
obstante, a que en esta escala, que representa el nivel más básico de la estructuración del
Estado, se toman decisiones que inciden significativamente en las condiciones de desarrollo
y consolidación de los encadenamientos turísticos.
Entonces podríamos afirmar, que en el ejercicio de reconocer y evaluar
‘participativamente’ el territorio pewenche del Alto Biobío, se ponen en marcha

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mecanismos de legitimación social mediante los cuales se producen y reproducen los bienes
patrimoniales que el agenciamiento turístico comunitario utiliza como materias primas
(commodities) para generar movilidades. Junto con ello, se originan por defecto relaciones
de colaboración y/o competencia entre los agentes y surgen estructuras transitorias de
administración de recursos territoriales comunes, instancias de negociación y resolución de
conflictos que permiten encauzar el desarrollo del sector en razón de objetivos estratégicos
comunes y recíprocamente valorados (si es que los hubiera).
Al respecto, una amplia producción literaria sobre el tema (Velasco, 2010; Vera et.
al., 2013; González & Palafox 2014) ha venido señalando que los modelos de gestión
turística que cristalizan en una u otra época lo hacen determinados por las condiciones
estructurales de producción (como los ciclos políticos y económicos, que no son
necesariamente estables), por las capacidades institucionales y tecnológicas del aparato
público para adaptarse a nuevos escenarios de desarrollo económico e indudablemente por
el éxito (o no) de las propias partes interesadas en la articulación de confianzas en
diferentes niveles de gestión.
Pero ante este poderoso paquete de oportunidades y condiciones favorables, cabe
preguntarse si un territorio puede negarse (por las razones que sean) a la turistificación de
su ecosistema socio-ecológico o al menos intentar un camino propio equilibrado en la
aplicación de políticas de desarrollo paternalistas o asistencialistas. Y si esa posibilidad es
meridianamente factible, ¿cuáles serían los parámetros de negociación de una metodología
de gestión turística liberadora, que contribuya al buen vivir y la autonomía económica de
las comunidades residentes?
¿Tiene la sociología algo que aportar a esta discusión que, hasta el momento, le ha
sido ajena?

2.7 Investigación en turismo: un campo analítico en formación

A pesar de la magnitud económica, cultural y socio-demográfica que implica el


fenómeno del turismo, y de lo que puede decir acerca del funcionamiento de las sociedades
contemporáneas, se trata de un campo de estudio que permanece todavía poco investigado,

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denotando con esto que las disciplinas sociales no le han prestado la atención teórica o
empírica que requiere (Apostolopoulos, 2006).
Se podría afirmar, de igual manera, que por lo general los fenómenos sociales
ligados al turismo son considerados objetos de estudio poco convencionales para la
disciplina sociológica, sobre todo en Latinoamérica, donde la producción de conocimiento
respecto al tema es relativamente escasa y se encuentra concentrada en un par de revistas de
circulación restringida a los idiomas español y portugués, tales como Estudios y
Perspectivas en Turismo (Argentina), Gestión Cultural (Chile), Pesquisa em Turismo
(Brasil).
Todos estos factores develan, ciertamente, la existencia de dificultades prácticas y
teóricas para aprehender científicamente la dinámica turística. De hecho, los estudios de
turismo se caracterizan por desbordar los límites específicos de una u otra disciplina,
constituyendo un campo de fuerzas en el cual distintas visiones de mundo compiten por
obtener legitimidad sobre los sistemas de interpretación que van dando forma a la discusión
y que alimentan algunos modelos de gestión turística contemporánea. La investigación
social aplicada funciona, por lo tanto, como input o entrada de información e innovación al
sistema turístico. En el mismo sentido, una investigación crítica y propositiva como la
nuestra, refuerza la idea de producción de conocimiento situado al estimular la instauración
y reproducción de prácticas científicas democratizadoras que enfatizan los usos sociales de
dicho conocimiento.
En consecuencia, nuestra aproximación se enfoca en la gestión de destinos turísticos
emergentes, desde una perspectiva que asume al turismo como parte constitutiva de la
realidad social contemporánea, destacando su potencial transformador en función de
criterios de sustentabilidad que podrían contribuir el desarrollo socio-económico de los
pueblos y de sus respectivos territorios, dependiendo obviamente del modelo de desarrollo
que adopten y de cómo se gestionen dichos procesos en términos de participación social,
respeto medioambiental y autonomía político-económica.
De acuerdo con lo anterior, nuestra investigación se propone explorar las
tecnologías de valoración y estandarización de la experiencia de vida de las
comunidades pewenche del Alto Biobío, las prácticas y discursos sociales que han
facilitado o resistido la mercantilización turística de los bienes comunes de la

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naturaleza y la cultura que ellos auténticamente re-producen. En este pequeño destino
rural dominado por actividades económicas de corte extractivista, con un mercado turístico
en formación y una institucionalidad pública emergente, nos interesa conocer la pequeña
historia de la turistificación que el territorio ya posee, enfocados en la transformación de los
mecanismos tradicionales de producción, acumulación e intercambio económico, desde una
matriz trashumante diversa a una más neoliberal y homogenizante. Nuestro propósito es
mirar desde dentro y fuera del campo de acción del Estado para registrar y visibilizar el
entramado de prácticas económicas diversas de gran significación territorial que muchas
veces no son reconocidas en profundidad, pero que podrían jugar un rol importante en el
diseño de experiencias turísticas liberadoras y post-desarrollistas.

2.8 Preguntas de Investigación:

Las preguntas que orientan la presente investigación son las siguientes:

Pregunta General:

¿Cómo funcionan las tecnologías (prácticas, discursos y estrategias) de


patrimonialización mediante las cuales los agentes sociales legitiman ciertos recursos
comunes como patrimonio turístico de un destino emergente? Y en este caso aplicado,
¿cuáles serían las tecnologías de diseño y estandarización de experiencias turísticas que
permitirían armonizar las diferentes visiones de mundo (ontologías) que disputan el control
(simbólico y productivo) del territorio pewenche de Alto Biobío?

Preguntas Específicas:

1 ¿Cuáles son las condiciones generales de turistificación de territorios


emergentes?
a) ¿Cuáles son los direcciones de política económica dominante?
b) ¿Cuál ha sido rol del Estado y sus agencias de desarrollo en el territorio?

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c) ¿Cuáles son las visiones de mundo (ontologías) que disputan el control del
territorio?
d) ¿Cuáles son las prácticas económicas que han sostenido la reproducción de la
vida en las comunidades pewenche?

2 ¿Cómo funcionan las tecnologías de patrimonialización de recursos comunes


con fines turísticos?
a) ¿Cuáles son las lógicas de valoración social involucradas en la gestión turística
local?
b) ¿Cuáles son las prácticas y discursos patrimoniales activados por los agentes
turísticos comunitarios en el desarrollo del destino?
c) ¿Cómo se clasifican y jerarquizan turísticamente los bienes patrimoniales
disponibles?
d) ¿Qué tipo de transformaciones experimenta el patrimonio local en los procesos
de turistificación estudiados?

3 ¿Cómo se organiza y gobierna la gestión del turismo comunitario pewenche?


a) ¿Cuáles son los agentes (individuales y colectivos) que participan de la gestión
turística comunitaria?
b) ¿Cómo se organiza el ámbito de acción institucional de las partes interesadas
(stakeholders) en turismo?
c) ¿Cuáles son los espacios de participación y deliberación comunitaria en temas
de turismo?
d) ¿Qué tipo de relaciones de poder establecen los agentes turísticos comunitarios
para negociar o resolver conflictos?

4 ¿Cómo sistematizar metodologías de diseño y estandarización de experiencias


turísticas post-desarrollistas en Alto Biobío?
a) ¿Cuáles son los principios y valores culturales involucrados en el diseño de las
experiencias turísticas comunitarias existentes?

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b) ¿Cuáles son los parámetros de intercambio cultural y económico que
caracterizan el desarrollo del destino?
c) ¿Cuáles son los principales riesgos y conflictos de la turistificación para las
comunidades residentes?
d) ¿Cómo vincular las oportunidades que ofrece la turistificación a un proyecto de
autonomía político-económica de las comunidades pewenche?

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