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Bioseguridad en granja: Manejo de las

variables y el diagnóstico en campo y


laboratorio (I parte)
Tanto el Calor Sensible como el Latente son antagónicos, y responden a la temperatura
exterior, por lo que esta marca la pauta de cuál de estos dos mecanismos está siendo
más importante.

Marzo 07/2017
Lima - Perú
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Más sobre: artículo avícola Bioseguridad Crianza de Pollos Sector Avícola sector
avicultor

La Bioseguridad en crianzas tecnificadas es una pieza fundamental para el éxito de una


campaña, porque implica una inversión a largo plazo. Ésta debe ir acompañada de
acciones que complementen la infraestructura ya establecida, porque de ello depende la
eficacia de cualquier programa sanitario, y evita la entrada de cualquier agente etiológico
y la posible ocurrencia de enfermedad en el núcleo. Existen diversos conceptos sobre el
término Bioseguridad, pero el fin que se persigue es el mismo. Evitar, disminuir, prevenir
la entrada de cualquier patógeno al interior de una explotación avícola, y se realiza
mediante dos formas.

Bioseguridad pasiva
Es aquella inherente a la zona geográfica, por lo tanto, poco o nada podemos modificar
para mejorar si no hemos previsto al momento de decidir en qué lugar se construirán las
instalaciones: velocidad del viento, densidad de explotaciones pecuarias aledañas,
existencia de recurso hídrico en la zona y humedales adyacentes. Si bien es cierto, está
fuera del universo que es el núcleo, definitivamente tiene un impacto sobre la explotación
avícola, aunque éste sea menor, dependiendo cuán cerrada sea la explotación para ser
influenciada por factores externos ya mencionados.

Bioseguridad activa

Son las acciones directas que realizamos dentro de la granja, para asegurar el buen estatus
sanitario de la misma. Corresponden a directivas dirigidas y realizadas por el plantel
profesional al mando del responsable de sanidad (en la mayoría de los casos un médico
veterinario). Deben ser descritas y plasmadas en un documento interno al cual consultar,
porque de forma verbal se tergiversan, y no se lleva a cabo el cumplimiento de las mismas
con la contundencia que requieren. El vacío sanitario, limpieza de vehículos a la entrada
y salida de un núcleo, un diario de ocurrencias, el control de visitas y el baño obligado de
toda persona al ingresar al establecimiento, son medidas que deben ser supervisadas por
el médico veterinario, y tener una escala de medición para la verificación de tales
medidas.

El sistema ‘Todo dentro - Todo fuera’ se cumple a cabalidad solamente si se maneja en


un solo núcleo a una sola edad, porque todos los galpones entrarían en el mismo tiempo
y espacio a un vacío sanitario correcto y deseable, pero en la mayoría de las granjas no
puede ser posible. La mayoría de las empresas pequeñas y medianas tienen tres a más
edades, porque el ciclo de producción no se puede detener, y no es rentable tener varios
galpones con aves de la misma edad, porque se sobresatura la oferta del mercado
local/regional donde está destinada la venta de estas granjas avícolas. Entonces, es difícil
mantener una buena Bioseguridad, porque transgrede los principios en los cuales se basa,
sobre todo en el eje fundamental que es el VACÍO SANITARIO.
Existen dos conceptos claves para que se cumpla la Bioseguridad activa: aptitud y actitud.
El primero implica la capacitación del personal de granja, así como de los profesionales
de las funciones que deben cumplir, y que están enmarcadas en un protocolo de buenas
prácticas de manejo y sanidad que debe tener cada explotación avícola.

Esto permite actuar con conocimiento de causa ante cualquier evento que rompa la
Bioseguridad de la misma. La actitud es la disposición y empoderamiento de cada persona
que labora en granja para con el cumplimiento de las normas de Bioseguridad y la
identificación que tenga con la empresa, pues resulta esencial para que exista un efecto
multiplicador. En un ambiente laboral de confort y buen trato, tanto la plana de operarios
como profesionales, cumplen a cabalidad el manual interno de buenas prácticas sanitarias
y constantes capacitaciones por parte de personal entrenado para tal fin, como de los
proveedores de productos, haciendo que el efecto sea continuo y no estático. Ello se ve
reflejado en parámetros productivos y en otros índices económicos que miden el impacto
del seguimiento del protocolo interno establecido en cada explotación.

En la Figura 1, se observa la desinfección, tanto de los vehículos, como de las personas


que van a entrar al núcleo. En las fotos subsiguientes se aprecia al médico veterinario de
granja entrando a la ‘zona sucia’ para el baño respectivo, para que pueda ingresar a la
zona limpia con indumentaria limpia. A su vez, en la foto de la derecha, se observa al
colega verificando el correcto funcionamiento del compostaje, que nos va permitir
realizar un adecuado manejo técnico de los animales muertos, y la utilización de este
material como abono orgánico.

En la Figura 2, el médico veterinario del PRONASA (Programa de Sanidad Avícola) hace


uso de las duchas para ingresar a la 'zona limpia', mientras que en la foto inferior se
observa la presencia de servicios higiénicos para el personal interno, lo cual es
fundamental.

En las otras fotos, se aprecia el ambiente donde se realizan las necropsias: ambiente
cerrado y una mesa de madera, y recubierta la superficie de melamine, material fácilmente
lavable y que no es poroso, por lo que restos biológicos no quedan en la mesa y son
adecuadamente eliminados. En la foto subsiguiente, se aprecia al médico veterinario del
PRONASA revisando y verificando las condiciones del silo y que éste sea de fácil
higienización.

Manejo del agua

El suministro del agua en la costa se basa en la perforación de pozos de 80 a 100 metros


en las granjas tecnificadas o pertenecientes a un integrado regional o a una empresa de la
capital. Existen también aquellas que mantienen la disponibilidad del agua con la
construcción de pozos artesanales (común denominador en la selva), así como la
utilización de una fuente de agua dulce aledaña a la zona, o el desvío de un río mediante
tuberías y canales. Existe además presencia de aguas subterráneas, las cuales pasan por
un proceso físico como la filtración (o decantación), para después ser tratadas mediante
procesos químicos, o en su defecto, con el uso de cloro industrial directo sobre las
cisternas que almacenan el agua a distribuir a cada uno de los galpones de un núcleo.

La utilización del cloro sin ningún tipo de control por parte del profesional responsable,
dejando al personal de la granja la dosificación, hace que se sobredosifique. Como
consecuencia, ocurre la inactivación de medicamentos y vacunaciones que tienen como
vehículo el agua; por lo que después, uno se pregunta el porqué del fallo de los
tratamientos instaurados, o la presencia de una enfermedad, si se ha ‘vacunado’ el día
indicado. El pollo debe tomar agua que contiene entre 1 a 3ppm de cloro como máximo.
Sin embargo, se encuentran valores cercanos de 8 a 12 ppm en granjas, porque se piensa
erróneamente que a más dosis, se eliminan patógenos potenciales y posibles fuentes de
infección. Se debe realizar periódicamente (cada 6 meses) un análisis físicoquímico y
microbiológico del agua procedente de cada núcleo, desde la fuente de agua o cisterna y
los bebederos (niples), para evaluar diferencias y la efectividad del tratamiento con cloro
(Figuras 3 y 4).

La realización de estas pruebas debe realizarse en un laboratorio acreditado, o que ofrezca


garantía de los resultados. Lo ideal es analizar el agua in situ, para descartar posibles
factores que alteren los resultados, sobre todo en el de recuento de patógenos; porque sin
una buena cadena de frío, se desencadena una proliferación de patógenos y resulta una
lectura distinta. Por motivos prácticos, se utiliza tuberías de pvc, con lo cual el riesgo de
almacenar ‘Biofilm’ (presencia de materia orgánica utilizada como fuente de energía por
las bacterias) es mínimo. Existe la tendencia de acidificar el agua (PH 5.5 -6), porque
incrementa los parámetros productivos y -porque en la experiencia prácticadisminuye los
problemas digestivos (tránsito rápido, coccidiosis, malabsorción intestinal, etc.).
Aumenta los estándares productivos y la eficacia de los programas sanitarios empleados.
El calor sensible está dado básicamente por tres mecanismos: radiación, conducción y
convección. Estas tres formas físicas le sirven al ave para la transmisión de
calor/temperatura al exterior como a otros cuerpos (Figura 5). Estos mecanismos forman
parte del Calor Sensible, que tiene importancia cuando las temperaturas son bajas,
mantienen al ave en una homeostasis, y representa del 50 a 75 por ciento del calor total.
En contraposición, la evaporación es una respuesta fisiológica del ave ante un aumento
de la temperatura, porque junto al jadeo y aumento de respiraciones por minuto, es la
respuesta ante un estrés por calor; ya que no tienen glándulas sudoríparas, siendo la
respiración cutánea escasa. Éste es el llamado Calor Latente, que tiene importancia
cuando la temperatura se incrementa a partir de los 28°C. Otras formas de Calor Latente
son las deyecciones (5 por ciento) y respiraciones. En la Figura 6, se puede observar la
importancia de cada uno de los dos mecanismos. Tanto el Calor Sensible como el Latente
son antagónicos, y responden a la temperatura exterior, por lo que ésta marca la pauta de
cuál de estos dos mecanismos está siendo más importante. La producción de calor del ave
se da por varios mecanismos: ingestión de pienso, formación de músculo y grasa, tasa de
metabolismo basal, por lo que siempre existe un excedente que debe ser eliminado.
Siendo el pollo de engorde un animal que produce carne a una velocidad tal que sobrepasa
su propia capacidad de mantener su homeostasis interna, es más recurrente en estos
últimos años tener problemas de tipo metabólico y muerte súbita, porque la genética
avanza, pero la respuesta del cuerpo del ave no, y eso se refleja en los hallazgos en campo
o en las necropsias.

Binomio temperatura – humedad:

En el microclima establecido en un galpón dentro de una explotación avícola, estos dos


parámetros son indisolubles, y deben ser considerados como un todo. De ello dependerá
el confort de la parvada y la presentación de problemas por manejo. A su vez, evitaremos
la inmunosupresión de los pollos, por cuanto esto influye en la ganancia de peso y en la
pigmentación si se presenta un cuadro digestivo por cama húmeda o problemas
respiratorios cuando no existe la recirculación del aire y el amoniaco irrita las mucosas
del tracto respiratorio alto.

MECANISMO DE EVAPORACIÓN = REDUCIR EFECTOS DE T° EN AVES

IMPORTANCIA RELACIÓN EN GALPÓN = T ° y HUMEDAD RELATIVA

ESTRÉS TÉRMICO: Se establece que la suma de la T y la HR es de 105, siendo la


temperatura superior a 27°C (índice de estrés x calor).

 IC= 30+70 = 100 Las aves se encuentran bien


 IC= 30+80 = 110 Las aves sufren por calor
 IC= 30+90= 120 Las aves empiezan a morir
 IC= 32+100= 132 Las aves en situación crítica

En estos casos, después de una tormenta de verano, solo se puede refrigerar al ave
mediante velocidad de aire alta a través de su cuerpo, para reducir sensación térmica.
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