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SERMÓN 1

Siempre útiles (Jóvenes)

Tema: Liderazgo juvenil/Actitud frente a las críticas.


Texto clave: Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. (2
Timoteo 4:11).
Objetivo o propósito: Ayudar y motivar a los jóvenes para lidiar con la frustración y el
juicio agudo de los líderes adultos.
1) Saber. Que el autor del primer evangelio escrito en la historia, fue un joven
“rechazado por Pablo debido a uno de sus mayores errores.
2) Sentir. Entusiasmo al saber que nuestros errores no definen nuestro futuro y que
siempre es posible revertir nuestros fracasos.
3) Hacer. Resolver prepararnos y participar en la labor misionera para conservarnos
ser siempre útiles en el ministerio.

Introducción

El abuelo Roberto solía salir temprano rumbo a su trabajo al campo, tenía un pequeño
plantío de plátanos y algunas secciones de maíz que solía cuidar muy bien porque eran las
que le proveían el sustento para la abuela y él, también era conocido por ser casi nulo al
expresar simpatía y más bien era de carácter rudo y áspero.

Sin embargo, eso no importo para que aceptara la propuesta de recibir un poco de “ayuda”
extra en sus tareas de parte de sus dos nietos, mi hermano y yo; a decir verdad, al parecer le
emocionó la idea ya que era la primera vez que lo acompañábamos y tener de compañía a
dos hombres de diez años debió emocionarle, aunque como dije, su rostro adusto no lo
reflejaba.

Como haya sido, aquella mañana emprendimos la aventura, “uncimos” el caballo, nos
subimos al viejo “carretón” y entre improperios, maldiciones y varios azotes al pobre animal,
el buen cristiano don Roberto Venegas nos llevó su lugar de labores. La verdad es que era
poca o más bien nula la ayuda que podíamos dar, así que sus indicaciones fueron claras y
bastantes sencillas: “Quédense aquí y espérenme, si pasa algo grítenme fuerte, estaré por allá
trabajando”, Nos dejó un enmohecido machete y una botella de agua se despidió y luego se
perdió entre la maleza, estaría como a unos cincuenta metros de distancia de nosotros porque
oíamos los golpes del machete.

Como era de esperarse, los dos chiquillos inquietos buscamos muy pronto como
entretenernos, y se nos ocurrió que una buena forma de iniciarnos como campesinos era
cortando algunas pequeñas plantas de plátano y luego azotar las hojas de otras con unas varas,
aquello era muy divertido, pero luego tal cual Eva y Adán nos dimos cuentas que eso no le
causaría ninguna gracia al abuelo, nos llenó de terror pensar en lo que podría pasar si se
enterará, la imagen de su “terrible ira” nublo nuestro juicio, y decidimos abandonar la escena
del crimen antes de que el llegará, emprendimos la huida de regreso a casa que estaría a unos
6 kilómetros. Y ahí dejamos al abuelo, sólo en el campo, sin darle ni siquiera una pista de
nuestro paradero.
Cuando el pobre viejo regreso a ver como estaban sus nietos se “lleno de espanto” al no
encontrarnos, nos buscó por todos lados, grito al aire nuestros nombres, se internó entre la
maleza, su imaginación saco varias conclusiones sobre qué sería de nuestro paradero, incluso
recurrió a las leyendas náhuatl: ¿Se los llevaría la malhora o el sombreron? Con
remordimiento y desesperación, dejó caballo y carretón y decidió regresar a casa, caminó
esos 6 kilómetros de una carretera empedrada con las inclemencias del sol de medio día y ahí
nos descubrió, los dos simpáticos “campesinos” que habían fracasado en su primera
experiencia de trabajo.

Quizás esta demás decir que don Roberto resolvió aquel mismo día nunca más llevar a su
parcela a aquellos dos “desertores… que no lo habían acompañado a aquella obra” (Hechos
15:38).

¿Has tenido una experiencia similar? ¿Desertaste alguna vez de una tarea importante?
Deseabas realmente ayudar, querías colaborar de buena gana, pero algo paso, te desanimaste,
tuviste miedo, no supiste como hacer las cosas, o simplemente fracasaste en el intento,
decepcionaste a muchos, o esperaban más de ti, al parecer los resultados no fueron
suficientes, y eso no solo hizo que te juzgarán severamente, sino que te “marco” ante los
demás. Yo también y muchos más hemos estado ahí. De hecho, el autor del primer evangelio
que se escribió, Marcos, fue un joven “rechazado” por Pablo debido a uno de sus mayores
errores, pero logró revertir su fracaso y llegar a “ser útil en el ministerio” ¿Quieres saber
cómo lo logró?

I. La soledad de Pablo
a. Desde una fría y húmeda mazmorra, Pablo, el misionero incansable y gran
propagador del evangelio escribe su segunda carta a Timoteo, su “hijo amado”, le
da indicaciones y enseñanzas sobre su labor ministerial, y antes de terminar dedica
algunas líneas para tratar asuntos personales, hacerle algunos pedidos especiales y
mandar sus saludos.
b. Quiero que observemos dos cosas importantes, de esta sección de la carta a
Timoteo:
i. vv. 9–13 Primero Pablo abre su corazón, habla de su soledad y de cómo sus
colaboradores “desampararon”. Expresa ideas como estas: “procura venir pronto
a verme” (v. 9), “Demas me ha desamparado” (v.10), hace una lista de los que
estaban con él y se fueron, a continuación, dice “En mi primera defensa ninguno
estuvo conmigo, sino que todos me desampararon, no les esa tomado en cuenta”
(v. 16), y una vez más le repite a Timoteo “procura venir antes del invierno” (v.
21). Pablo sabe que se está acercando al final de su carera, así lo dijo en los
versículos anteriores: 6-8. Por eso le pide a Timoteo que llegué pronto, quiere
tenerele con él, pero también le pide que no llegue sólo sino que se traiga a Juan
Marcos “porque me es útil para el ministerio” (v. 11) En sus horas más tristes y
nostálgicas Pablo solicita un ayudante “útil”. Ya tiene consigo a Lucas, pero Pablo
desea más compañía, fortalecer con la presencia de dos jóvenes Timoteo y Juan
Marcos.
c. Pero el apóstol no solo desea compañía y una buena charla, el pide un colaborador
“útil”. Predicar el evangelio en Roma no era cosa fácil, y menos ante un ambiente
tan hostil, por otro lado, uno de sus colaboradores cercanos, Demas, lo había
abandonado, este mismo había estado con Pablo en Roma en ocasiones anteriores
(Flm. 24), pero ahora le había causado frustración, y quizás esta sea la razón
principal de su nostalgia, él dice: “me ha desamparado, amando este mundo”, por
ello busca un nuevo colaborador “útil”, más confiable, alguien con las capacidades
para compartir el evangelio en Roma, que no ame este mundo y sobre todo que no
lo vaya a desamparar. Y él ya pensó en esa persona, le pide a su hijo espiritual
“trae contigo a Juan Marcos porque me es útil para el ministerio”.
II. De desertor a ministro útil
a. ¡¿Juan Marcos?! Hechos 13:5 nos informa que en el primer viaje misionero de
Pablo y Bernabé, Juan Marcos, que era sobrino de este último (Col. 4:10), los
acompaño, pero por alguna extraña razón, apenas comenzando el viaje misionero,
deserto llegando a Panfilia. No es muy difícil imaginar cual podría haber sido la
razón de su fracaso misionero, su falta de experiencia, quizás se emocionó al
escuchar los informes misioneros que leían en su iglesia, y pronto descubrió que la
realidad siempre frustra a la imaginación:
i. En ese primer viaje misionero persiguieron a Pablo y Bernabe y los expulsaron de
los límites de Antioquía de Pisidia (Hechos 13:50).
ii. Luego se fueron a Iconio y también salieron huyendo de ahí porque los judíos
fueron en “búsqueda y captura” para apedrearlos (Hechos 14:5, 6).
iii. En Listra causaron una gran excitación, la comunidad creyó que eran los dioses
Júpiter y Mercurio, pero cuando los desengañaron de esa idea los mismos judíos
que los habían perseguido desde Iconio y Antioquía incitaron a la multitud y le
dieron una buena pedriza a Pablo que literalmente lo dejaron medio-muerto y lo
arrastraron fuera de la ciudad (Hechos 14:11-19).
b. Pues con razón Juan Marcos se regresó, de hecho desertó a tiempo. Sin embargo,
esto no le causo ninguna gracia a Pablo y tal fue su enfado que cuando estaban
organizando su segundo viaje misionero y Bernabé propuso invitar otra vez a su
sobrino, a Pablo no “le pareció la idea… y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se
separaron el uno del otro” (Hechos 15:36-40). Hay dos asuntos aquí que
personalmente me incomodan:
i. Primero es que nadie quiso ceder, para solucionar cualquier conflicto es necesario
ceder un poco de terreno a la contra parte, aparentemente Pablo tenía razón: ¿cómo
iba a llevar consigo a un desertor una tarea tan desafiante? Se necesitaba coraje,
entrega, disposición a padecerlo todo, y al parecer Juan Marcos no tenía eso ¿O
si?. El caso es que Pablo no tenía paciencia para averiguarlo y no estaba dispuesto
a darle otra oportunidad al muchacho. Por otro lado Bernabé insistió y tampoco
quiso desistir de su intención de llevarlo, estaba tan decidido que eso causo la
fractura de ese equipo misionero, el tiempo le dio la razón a Bernabé, el muchacho
tenía madera, podía lograr su cometido pero necesitaba tiempo y un buen maestro,
alguien que con paciencia lo instruyera, y al parecer Pablo también aprendió esa
lección.
ii. Lo segundo que me incomoda es que Lucas relata en Hechos 15:40 que “Pablo
escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor”
Y enfatizo esta línea “encomendado por los hermanos”, al parecer la iglesia
tampoco creyó en que Bernabé y su primo desertor tuvieran éxito, o a Lucas no le
pareció interesante esa pareja que prácticamente la dejó en el olvido y siguió en su
relato a Pablo. Creo que la mayoría de los líderes creyeron que Juan Marcos no
tenía mucho futuro como misionero.
c. Sin embargo, ahora en su mazmorra en Roma Pablo está pensando que puede ser
de utilidad. Él apóstol está hablando de desertores, menciona que Demas lo
desamparo y que necesita un obrero útil y ahora está pidiendo a ¡otro antiguo
desertor! ¿Es Juan Marcos, a la vuelta de los años, una persona de fiar? ¿Puede ese
joven que también lo abandono en Panfilia, ser de confianza? ¿Por qué el apóstol
esta tan seguro que él es la persona idónea para el ministerio en Roma? Pues el
Apóstol dice que sí.
d. Y tengo más preguntas: si el apóstol necesitaba ayuda en Roma ¿Por qué entonces
no retuvo a Crescente que se fue a Galacia, o a Tito que fue a Dalmacia? ¿Por qué
mandó a Tíquico a Éfeso? ¿Es acaso Juan Marcos más “útil” para el trabajo
misionero en la capital del imperio que aquellos? Para Pablo no hay duda, la
respuesta es sí. Y esto no es poca cosa el apóstol aún en su prisión sigue siendo el
líder máximo de misiones, organiza, instruye, comisiona y envía a otros a la labor
misionera.

Conclusión
Por ahora concluiré con tres lecciones que me parecen importantes:
1. “El fracaso llega primero antes que el éxito”. No esperes triunfar sin primero
fracasar, te equivocaras muchas veces antes de llegar a tener la experiencia
necesaria, todos tenemos que pasar por ese camino ya seas predicador, instructor
bíblico, misionero, evangelista, etc.
2. Los grandes líderes también pueden equivocarse. El liderazgo cristiano no es
símbolo de perfección o infalibilidad, recuerda que con Juan Marco también
muchos se equivocaron.
3. Aprende de tus errores y supérate a ti mismos. Tarde o temprano vendrá otra
oportunidad de servicio, si aprendes las lecciones de tu fracaso y perfeccionas tus
habilidades, estarás listo para ellas.