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A la atención de la profesora Ana María Rodríguez Tirado

Máster Sistema Penal y Criminalidad 06/02/2015

Désirée Rodríguez García


49074146N

Comentario a la STC 145/2014 de 22 de Septiembre

La sentencia que nos ocupa proviene de un recurso de amparo presentado por un sujeto
condenado por la comisión de una serie de hechos delictivos, en el recurso se aduce la
vulneración del derecho fundamental al secreto de las comunicaciones recogido en el artículo
18.3 de la Constitución Española, vulneración que estaría basada en la realización de una
intervención telefónica, y por otra parte, en una intervención de las conversaciones de los
detenidos en la celda.

El Tribunal Constitucional rechaza la vulneración del derecho fundamental en relación a la


intervención telefónica que se lleva a cabo, puesto que según el Tribunal la decisión se
encuentra suficientemente motivada, no es necesario que en el Auto se exteriorice los indicios
objetivos que justifican la intervención telefónica si el mismo Auto se remite a la solicitud
policial, y la policía solicitó la autorización judicial para conocer el historial de llamadas del
teléfono móvil de la víctima, no vulnerándose de esa forma tampoco el secreto de las
comunicaciones del artículo 18.3 CE. Las escuchas de las grabaciones se llevaron a cabo en
presencia del Secretario Judicial con citación de las partes personadas, a la que asistió el
Letrado del recurrente en amparo, se llevó a cabo “su cotejo bajo la fe pública del Secretario
Judicial con las transcripciones de los funcionarios policiales y a referenciar los folios en los que
obraban tales transcripciones, así como el teléfono o IMEI concernido en cada caso”, de este
hecho se deduce la garantía de inmediación y contradicción, aun así estaba el derecho a
utilizar los medios de prueba adecuados para la defensa, y nada en relación a ello se hizo en el
acto de la vista.

En relación a las grabaciones de las conversaciones llevabas a cabo en los calabozos a los
detenidos, en dependencias policiales, se solicita el reconocimiento de la vulneración del art.
18.3 CE, y afectaría también a los derechos a no declarar contra sí mismo y a no confesarse
culpable, como garantías o derechos instrumentales que son del genérico derecho de defensa
(art. 24.2 CE). El primer fundamento de la queja se basa en la insuficiente habilitación
legislativa para tal intervención de las comunicaciones, se argumenta correctamente pues si
nos vamos al art 579.2 de la LECRim se habla de intervenciones telefónicas, nada se dice de un
ámbito tan sensible como es el calabozo en el que se encuentra detenido un presunto
delincuente, la literalidad del precepto “se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en
especial, las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial” no significa que la
única garantía que establece la Constitución sea la exigencia de autorización judicial, todo lo
contrario, ya que toda injerencia estatal en el ámbito de los derechos fundamentales y las
libertades públicas, que incida directamente sobre su desarrollo (art. 81.1 CE), o limite o
condicione su ejercicio (art. 53.1 CE), precisa, además, una habilitación legal, y la extensión
analógica del art. 579 LECRim no parece suficiente para fundamentar la vulneración de un
derecho de estas características.
Por otra parte, se aduce la normativa penitenciaria para argumentar la licitud de la
intervención de las comunicaciones en los calabozos, en la que se recoge la posibilidad de que
las comunicaciones orales y escritas sean intervenidas motivadamente por el director del
establecimiento penitenciario, dando cuenta a la autoridad judicial competente. En este caso,
estos preceptos no son operativos pues no estamos en el ámbito penitenciario, ni estaría
operando el régimen administrativo de especial sujeción del interno en un establecimiento de
este tipo.

Finalmente se declara vulnerado el derecho fundamental al secreto de las comunicaciones,


pero no despliega ningún efecto más que el mero reconocimiento, puesto que la sentencia
condenatoria se basa en otros elementos de prueba que llevan a desvirtuar el principio de
presunción de inocencia recogido en el artículo 24 de la Constitución, y en este caso, no es un
hecho relevante la desaparición en el proceso de esa prueba.