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Fernanda Alexandra Tirira Tirira

Ende, M (1993) La prisión de la libertad, Alfaguara, Madrid.

La prisión de la libertad Cuento de las mil y once noches.

En este documento he encontrado un cuento en el cual se narra y describe una historia fantástica,
ya que a mi parecer requirió una gran imaginación, fuerza de voluntad, interés, intriga, en fin un
compendio de situaciones magnificas para la imaginación de la realidad de las persona.

En un principio nos indica en gran problema que enfrento un hombre al momento cuando se dejó
llevar por su maravilla frente a sus ojos. Por su interés frente a algo que le pareció hermoso y que
quería conseguirlo. En este momento no solo se refiere a un momento tipo sentimental sino que
también cuando a una persona se le presenta frente a nuestros ojos el deseo, la intriga de conocer
tal o cual cosa. Y por eso a veces olvidamos algo importantísimo y simplemente como
coloquialmente se conoce nos dejamos llevar en el instante. (No me refiero en un ámbito
sentimental solamente). El término de que nos dejamos llevar es a nivel general, ya sea en los
estudios, trabajo, comunidad, amigos, en fin en cualquier circunstancia en donde nos
encontremos con una gran atracción a algo o alguien. Por ejemplo si de pronto apareciera alguien
y nos ofrece un gran sueldo por un trabajo no muy sacrificado. Entonces uno se enfrenta en esta
gran incertidumbre de lo q hacer y por la gran tentación que se tiene quizá se deja llevar y no se
mide al grado de consecuencia que podemos encontrar. Ya que todo cuanto se hace o se dice
tiene su consecuencia y más aún cuando todo se hace a la ligera y sin una planificación
adecuada. Es aquí cuando se encuentra totalmente y sale a relucir según nuestras decisiones en
mi opinión por supuesto el grado de madurez, y prudencia que se ha venido adquiriendo. Por lo
cual regresando a la tentación que tuvo este hombre, pues el simplemente se dejó llevar por la
intriga que le producía esta mujer maravillosa para sus ojos, o quizá no era maravillosa sino que
él quería verla así, y por lo tanto la veía así. Es aquí cuando no midió las consecuencias y se
arriesgó y de repente quedo inmiscuido en otro ambiente totalmente diferente.

Posteriormente se dio cuenta de la gran diferencia e indecisión en la cual se había introducido.


La voz tan malvada que escuchaba, la incertidumbre y desconfianza tan hiriente a la cual se
enfrentaba. En fin se dio cuenta de la realidad que él quería ver, que él se la presentaba. Que él
tenía la capacidad de saber si esto sería cierto o no. La misteriosa voz le molestaba y le repetía
con mucha insistencia que debía escoger entre alguna puerta y además que le poder de Ala en
ese momento no tendría ningún efecto que no se molestara en pedir ayuda o algo parecido., ya
que todo dependía de él y la decisión solo provendría de él. Solamente de él. Nadia podría
intervenir en esto. Pero este hombre se sentía desmoronarse en frente de cuan seria su decisión.
En fin espero un poco, discutió con aquella voz. Como también pidió ayuda, porque no podía
decidir, que cuando ya quería hacerlo ahí justo sentía temor y no lo hacía. Temía equivocarse, al
riesgo. Pero más temía según pasaban en tiempo que cada vez se le terminara las posibilidades
o alternativas que tenía para decidir. Porque cada vez que se despertaba encontraba menos
alternativas en esa habitación burda, fría y llena de misterio.

En fin; lo que nos refleja este último acontecimiento es que quizá por el miedo a fallar a
equivocarse, casi siempre nos encerramos en nuestro mismo e hiriente mundo. Por lo cual
nosotros mismos somos los que ponemos en nuestro camino la indecisión los inconvenientes, las
barreras, los miedos, las voces a las cuales nos enfrentamos. Y esto a mi parecer está ligado
con la inseguridad, la falta de conocimiento, por eso tenemos a no saber cómo actuar, que decir
cómo hacer. Que decidir. Por lo tanto en nosotros mismos esta la oportunidad de decidir el camino
correcto que queremos, si hacer o no hacer esto, todo es nuestra responsabilidad, nadie nos debe
obligar a nada. A nada. Debemos aprender a ser responsables, a afrontar las consecuencias, de
nuestras acciones. Y más que nada a hacer algo a no quedarnos ahí estáticos sin ser ni hacer
nada sin producir algo si decir algo, sin dar nuestra opinión. Por lo contrario en nosotros esta ser
y hacer algo distinto con lo cual nos sintamos provechosos, realizados, conscientes. Y por
supuesto todo esto únicamente se lo consigue con el conocimiento y las ganas, la fuerza de
voluntad de querer hacer algo.

Dejemos por fuera nuestros miedo y que es la hora en la cual debemos empezar a sentirnos vivos
a ser útiles. Todo esto por supuesto sin herir a nadie, ya que no tenemos derecho a eso. Por lo
cual debemos ser prudentes en nuestros actos. Pero no desfallecer, no temer. Ya que a mi
parecer de los errores se aprende y mucho. Según el pasar del tiempo la experiencia al último
pesa muy fuerte.