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DERECHO

CONSTITUCIONAL
Corregir con apuntes chinos
ÍNDICE

ÍNDICE
EL CONSTITUCIONALISMO
LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978
PRINCIPIOS ESTRUCTURALES DEL ORDEN CONSTITUCIONAL
EL SISTEMA CONSTITUCIONAL DE FUENTES DEL DERECHO
LA CONSTITUCIÓN COMO NORMA JURÍDICA SUPERIOR
LA GARANTÍA DE LA SUPREMACÍA DE LA CONSTITUCIÓN
LA GARANTÍA DE LA SUPREMACÍA DE LA CONSTITUCIÓN (II)
LA LEY COMO FUENTE DEL DERECHO
OTRAS NORMAS CON RANGO DE LEY
LOS TRATADOS INTERNACIONALES, EL REGLAMENTO Y OTRAS FUENTES
EL ESTADO AUTONÓMICO Y EL SISTEMA DE FUENTES
LA INCORPORACIÓN DEL DERECHO DE LA UNIÓN EUROPEA AL ORDENAMIENTO ESPAÑOL
EL CONSTITUCIONALISMO

Los orígenes del constitucionalismo


El origen del movimiento constitucionalista está situado en torno a los siglos
XVIII y XIX, y su culmen se encuentra con las publicaciones de las constituciones
americana, francesa y española. El constitucionalismo es un movimiento político que
trata de plasmarse ideológicamente a través de las constituciones en los regímenes.
Está íntimamente ligado a la Ilustración y a las revoluciones burguesas, que acusaban
al absolutismo de no respetar una serie de derechos intrínsecos al hombre, unos
derechos que poseemos desde que nacemos y que debían ser positivizados a través de
las constituciones; por tanto se debía acabar con estos regímenes que no respetaban los
derechos inalienables del ciudadano, para alcanzar un nuevo sistema en el que los
propios ciudadanos fueran quienes dieran su consentimiento a los gobernadores para
que éstos pudieran alcanzar el poder.
Las normas que se califican como Derecho Constitucional son normas que,
frente a la realidad entonces existente, buscaban expresamente la proclamación y
defensa de la libertad del individuo, reconociendo la necesidad de la existencia de una
comunidad política organizada, que proporcionara además, orden y seguridad.
Buscaban una mejor organización del Estado, no su destrucción, como en los casos del
anarquismo y el marxismo. Así, los principios del movimiento constitucionalista son: 1)
La defensa de la existencia de Derechos inalienables por parte de los ciudadanos que
siempre deben ser respetados. 2) El reparto de poderes entre los diversos órganos del
estado, limitando así su poder, mediante un sistema de frenos y contrapesos. 3) La
soberanía reside en la nación (no en el pueblo) y se expresa a través del parlamento. El
principio democrático (sufragio universal) no se impuso hasta finales del XIX, había
existido en la teoría, pero en la práctica el sufragio era censitario. 4) Todos estos
principios deben ser plasmados en un texto, al que se denominará constitución.
Para poder entender este movimiento tenemos que acudir a sus raíces. Como
raíz filosófica tenemos la Ilustración, en la que destacarán pensadores como:
Locke, que recoge muchas partes básicas del posterior movimiento. Es un
contractualista, según él todos los individuos de la sociedad deben firmar un contrato
social por el que se abandonará el Estado de naturaleza, garantizándose una vida digna
y pacífica, cediendo para ello la libertad a un gobernante que será elegido
periódicamente. Además de este contrato también surgirá la división de poderes
(ejecutivo, federativo y legislativo).
Montesquieu, que teoriza lo ocurrido en Inglaterra, llegando a la conclusión de
que los depositarios del poder terminan por corromperse. Para evitar esto se debe
alcanzar un equilibrio entre los distintos poderes, lo cual explica en su obra “El espíritu
de las leyes”: para evitar el absolutismo debe existir una división entre el poder judicial,
el legislativo y el ejecutivo, convirtiéndose el primero en la voz de las leyes, y quedando
claramente separados y equilibrados, mediante un sistema de frenos y contrapesos, los
otros dos.
Rousseau, que aboga por la democracia y la soberanía popular, pero no por una
democracia cualquiera, sino por una democracia directa, en la que ninguna norma será
válida si no es ratificada por el pueblo. En este caso no se hablará de la separación de
poderes, ya que existe un único y soberano poder que reside en el pueblo. En cambio, a
diferencia de los otros dos si se hace referencia a la democracia, para los anteriores era
suficiente con la no existencia de un tirano.
Como raíz política, tendremos las revoluciones burguesas que trataron de
acabar con los absolutismos y las estructuras feudales:
Revolución gloriosa de Inglaterra de 1688: Carlos I fue ejecutado en 1649 tras
la Guerra Civil Inglesa, produciéndose la caída de la Monarquía. El país se convirtió en
una república bajo el mando de Cromwell hasta su muerte en 1660. Ese mismo año se
restauró la monarquía en la persona de Carlos II, que fue sucedido por su hermano,
Jacobo II. En 1688 el pueblo y el parlamento se rebelaron contra Jacobo II y sus
tendencias absolutistas, que se vio obligado a huir a Francia. En 1689 el parlamento
impuso a Guillermo de Orange el Bill of Rights como condición para suceder a Jacobo
II. Este texto, pese a no ser una Constitución, limitaba los poderes del rey y fortalecía al
parlamento.
Independencia de los Estados Unidos: fue consecuencia de una serie de
medidas británicas que se entendieron como abusos frente a los derechos de los
colonos. Este sentimiento quedó plasmado en la Declaración de Independencia de 1776
y, posteriormente, en la Constitución de los Estados Unidos de 1787. En EEUU, la
Constitución se concibió como la norma suprema del país, a la que se subordinan todas
las demás (Marbury vs Madison). La Carta de Derechos aprobada en 1791 fue el primer
reconocimiento del concepto de ciudadano. Desde el punto de vista organizativo, el
modelo americano se basó en una República sostenida en la soberanía popular y en una
rígida separación de los poderes.
Revolución francesa de 1789: Otro gran modelo de esta etapa es la Declaración
de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 y la Constitución de 1791. El primer
texto tiene una concepción filosófica de los derechos, que comenzaba afirmando la
igualdad de los hombres ante la ley, la libertad y la fraternidad. El Estado que se creó
conforme a dos principios claves: el de soberanía nacional y el de separación de
poderes. Esta revolución se consolidó con la llegada de Napoleón, que extendió por
Europa el movimiento constitucionalista, a partir de entonces quedarán enfrentados en
cada país los revolucionarios con los reyes.

La formulación del concepto de constitución


Concepto jurídico formal: según este concepto la constitución es un texto
jurídico normativo que vincula a los ciudadanos y a las instituciones. Es distinta de
otras leyes ya que es suprema (“norma normarum” norma de normas, ley de leyes,
fuente de fuentes) y se aprueba o reforma por cauces distintos al resto (más complejos y
exigentes, ya que al ser la base de todo debe buscar cierta estabilidad). Este concepto es
moderno, pero ya se remonta a 1803 (Caso Marbury vs Madison, EE. UU.) cuando se
establece por primera vez la supremacía de la constitución, un tribunal se encarga de
dictaminar qué es constitucional y qué no. En Europa, sin embargo, al no existir un
verdadero poder judicial, ninguna constitución es suprema hasta que Kelsen elabora la
austríaca en 1920, y crea un Tribunal constitucional, que será imitado por el resto de
Estados europeos. Así, gracias a esto, las constituciones europeas dejan de ser textos
meramente políticos, para convertirse en supremas e inviolables. El problema que
supone este concepto es que es muy amplio conceptualmente, por lo que cualquier
texto, incluso los de los regímenes autoritarios, sería considerado constitución si fuera
suprema, se reforma de forma distinta al resto de normas y vinculara a ciudadanos e
instituciones.
Concepto material: se considera como constitución todo aquel texto que
regule las relaciones estatales según unas ideas. Así estarán en ella las normas que
regulen el Estado, la relación entre éste y el ciudadano y la definición de los aspectos
básicos del ordenamiento jurídico. Dentro de esta corriente destacará la doctrina de los
garantistas, que opinan que será constitución aquel texto que regule las relaciones
estatales en base a unos ciertos valores (separación de poderes y respeto de los
derechos fundamentales). La base histórica de esta doctrina se halla en la Declaración
de los Derechos del hombre y del Ciudadano. Así, este concepto no exige
necesariamente la existencia de un texto escrito, puede estar basado en costumbres o
usos, como es el caso de Inglaterra, ya que tan sólo se interesa por el contenido.
Según García-Pelayo otros conceptos tradicionales serán:
Concepto racional-normativo: Se puede definir la constitución como un
complejo normativo establecido de una sola vez y en el que de una manera total,
exhaustiva y sistemática se establecen las funciones fundamentales del Estado y se
reglan los órganos, el ámbito de sus competencias y las relaciones entre ellos. La
Constitución es un sistema de normas.
Concepto histórico-tradicional: es un enfoque conservador y continuista.
Se fundamenta no en la razón, sino en una serie de motivos irracionales que, a su vez,
se sustentan en usos, costumbres y tradiciones. La visión más radical roza el
inmovilismo y su único argumento podría resumirse en “siempre ha sido así”. La
postura moderada admite la posibilidad de ciertos cambios, siempre y cuando se
mantengan las estructuras de los poderes sociales tradicionales.
Concepto sociológico: Se basa principalmente en dos afirmaciones. La
primera es que la constitución es un ser, no un deber ser. Dicho de otro modo: la
constitución ha de ser descriptiva, un reflejo de la realidad objetiva y no un conjunto de
normas prescriptivas. La segunda es que la sociedad tiene su propia “legalidad” y que
ésta no puede ser sometida a normas, pues la constitución no es pasado, sino las
estructuras socioeconómicas presentes; el ser de hoy, no el de ayer.
Así, por tanto la definición más completa de constitución sería un encaje de los
distintos conceptos, siendo ésta: 1) la norma jurídica suprema del Estado. 2) no sólo
hay un estudio formal, también es necesario uno material. 3) debe regular los poderes
del Estado, su relación con los ciudadanos y las fuentes de producción normativa. 4)
debe garantizar la separación de poderes y los derechos fundamentales, además del
principio democrático.

La juridificación del proceso político: el Estado constitucional


El Derecho Constitucional surge en un momento en el que el Estado se hallaba
firmemente consolidado como forma de organización típica de la comunidad política.
El constitucionalismo pretende organizar y reformar el Estado, no suprimirlo. Por ello,
la regulación que introduce se refiere a los poderes del Estado, heredados en muchos
casos del Antiguo Régimen (Rey, Parlamentos, Tribunales).
El origen del Estado se debe al fortalecimiento de la Monarquía absoluta,
imponiéndose el monarca sobre sus súbditos. La pertenencia a una comunidad política
u otra dependía del lugar del nacimiento, ya que cada comunidad política se
correspondía con unos dominios territoriales. El poder del Rey era superior a todo lo
demás, así se rompía con las viejas estructuras feudales de poder, consolidándose el
Rey como monarca absoluto, el Rey encarna en su figura al Estado. El principal teórico
de esto es Maquiavelo, quien en su obra “El Príncipe” establece que la mejor
organización política es aquella en la que un “príncipe” encarna de forma estable todo
el poder del Estado, el Estado no tiene sentido sin esta figura, que deberá utilizar la
“razón de Estado”, ponderando qué decisiones tomar para poder aumentar o mantener
su poder, sin necesidad de buscar justificación alguna (“el fin justifica los medios”).
Otro teórico es Bodino, que acuña el término de soberanía en su obra “Los seis libros de
la República”. También destaca Hobbes, que defiende que procedemos de un estado de
naturaleza anárquico, en el que “el hombre es lobo para el hombre”, por ellos debemos
firmar un contrato por el que cedamos nuestra libertad a un soberano absoluto para
que pueda gobernar y hacer funcionar un Estado que nos de seguridad, es la figura del
“leviatán” quien debe ostentar el poder.
Así, podemos afirmar que los elementos centrales del Estado son:
Soberanía. Se entiende como “poder supremo e irresistible”. Tiene una
dimensión interna y otra externa. En la interna se entiende como que no existe un
poder intermedio, el que posee la soberanía ostenta el poder total, al que nadie ni nada
puede negarse dentro del territorio sobre el que lo ostenta. En la externa se entiende
como que el Estado es independiente con respecto a cualquier otra organización
exterior. En cuanto a la titularidad de la soberanía, tradicionalmente, y cuando surge
este término, se halla en manos del Rey. El constitucionalismo hereda este concepto,
pero la soberanía ahora reside en la Nación, que ejerce el poder a través del Estado,
creando mecanismos para que no se de el despotismo, dividiendo para ello los poderes
y otorgando unos derechos fundamentales a la población. En la actualidad sigue
existiendo esta soberanía, pero el propio Estado se autolimita. Ya Bodino decía que la
soberanía tenía límites (religión, cultura…), hoy en día podríamos establecer como
límites las organizaciones supranacionales a las que un Estado se halla inscrito… Sin
embargo, en teoría, no debería tener límites, ya que al ser soberanía es
irrevocablemente irresistible e ilimitada, pero los Estados prefieren delegar parte de
ella en otras organizaciones.
Población. Está formada por el ámbito personal sobre el que se impone un
Estado, la poblacional nacional, que mayoritariamente vivirá en el territorio del Estado.
Hay que tener en cuenta que el poder del Estado también se impondrá sobre los
inmigrantes y sobre los emigrantes, aunque en menor medida. El pueblo es el objeto
del poder del Estado, pero a su vez también el titular. Durante algunos siglos la Nación
sólo se identificó con una parte del pueblo, lo que quedaba constatado con el sufragio
censitario, pero hoy en día la Nación es igual al pueblo, ya que se ha ido extendiendo
este concepto eliminando las barreras económicas, étnicas, de género… que antes lo
limitaban. La nación se puede constituir en poder constituyente para ejercer la
mencionada soberanía, autoproclamándose como originaria del poder, dando lugar a
unas instituciones con menor capacidad soberana que el poder constituyente que las
creó. A la pregunta de si un pueblo sin Estado puede considerarse Nación se le pueden
dar dos respuestas: desde el punto de vista politológico es discutible, sin embargo
desde el punto de vista jurídico no, ya que Nación es aquella que ostenta la soberanía, y
que por tanto puede constituirse como poder constituyente.
Territorio. Es el lugar en el que se ejerce la autoridad estatal sobre aquellos que
lo habitan. El Estado puede dividir territorialmente el poder de distintas formas:
Estado unitario, es aquel que tiene un centro único de poder político y legislativo,
aunque puede descentralizarse después o no. Estado compuesto, es aquel que tiene
varios centros de poder político y legislativo, varios ordenamientos jurídicos que
conviven con el estatal. Los Estados compuestos suelen denominarse Estados federales,
cada uno con sus diferencias. El federalismo nació en EE.UU. por lo que se toman como
características ideales aquellas que tuvo este primer federalismo (se forman a partir de
la federación de distintos Estados independientes, cada uno con su constitución,
aunque con límites, conservan muchas competencias, tienen poder judicial propio…) a
este federalismo se le denomina dual. Hay otros tipos de federalismo como es el
alemán, que pasa de ser un solo Estado central a dividirse en länder, dándose el
denominado federalismo cooperativo. También tenemos el federalismo
latinoamericano, que da menos competencias a sus territorios. También existen otros
federalismos pero que no son denominados así por razones históricas o de otra índole,
este es el caso de España, que se autodenomina como Estado autonómico, ya que por la
influencia de la I República se tiene del término federal un concepto separatista, al
contrario que en el resto de países. Nos diferenciamos en que los Estatutos de
autonomía deben ser aprobados por el Estado, en las CC.AA. no hay poder
constituyente ni participan en la reforma de la constitución, además hay un solo poder
judicial.
Ordenamiento jurídico. Es la genuina expresión del poder del Estado, un
Derecho unificado cuyas normas, que se hallan interrelacionadas, deben respetar un
sistema ordenado, siendo la constitución la encargada de articular este Derecho del
Estado. Además este ordenamiento será el que rija todo comportamiento y relación en
el Estado, situándose por encima de cualquier otro ordenamiento infraestatal. Por
parte del contenido, éste dependerá de la situación socio-económica histórica de cada
lugar, siendo un reflejo de la realidad material del momento. En cuanto a la forma,
como ya se ha dicho, deberá existir un cierto orden en él y una jerarquía para poder
ordenar racionalmente todo el Derecho.

Diferencias entre poder constituyente y poder constituido


El primer poder es ilimitado, puede romper con todo lo anterior, ya que es
soberano, es puntual y da resultado a una serie de estructuras, el denominado poder
constituido, que sólo será legítimo si se adecúa a los principios que ha establecido el
poder constituyente a través de la constitución. El gran teórico del poder constituyente
es Sieyès, estableciéndolo como un poder único, originario e ilimitado. Hoy en día se
ejerce desde la Nación y las constituciones son resultado de él, aunque a lo largo de la
Historia no siempre ha sido así, ni tampoco todas las constituciones se han derivado de
este poder, como es el ejemplo de la Carta otorgada de Bayona.
También cabe mencionar la existencia de un poder constituyente-constituido o
derivado, que es aquel poder que tiene la facultad de reformar lo establecido por el
poder constituyente inicial, es decir que puede reformar la constitución, sin embargo ya
no es ilimitado, sino que está limitado por la propia constitución que establece unos
trámites necesarios para poder reformarla.
LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978

El proceso de transición política


La historia española se caracteriza por la inestabilidad constitucional, dándose
un movimiento pendular, la sucesión continua de acción-reacción entre el absolutismo
y el progresismo. Así tenemos una primera constitución liberal en 1812, a la que
suceden una Carta otorgada en 1834, una constitución “progresista” en 1837, una
moderada en 1845, una revolucionaria en 1869, una conservadora en 1876, una
republicana en 1931 y por último la constitución actual de 1876. Las causas que
explican esta inestabilidad son el retraso socio-económico y la escasa vocación
negociadora de las élites políticas. Sin embargo, estas causas irán remitiendo con el
paso del tiempo, sobre todo a partir de 1960, con la llegada del denominado
“desarrollismo” y del consenso. Gracias a esto, en la Transición se lleva a cabo un
proceso constituyente que se verá facilitado
El inicio de la Transición se sitúa en 1975, coincidiendo con la muerte de Franco
el 20 de noviembre y el nombramiento de Juan Carlos I Rey de España dos días
después, aunque algunos lo sitúan ya en 1973. En 1975, la sociedad estaba dividida
entre el búnker, reformistas y rupturistas, lo que provocó que se tuviera que alcanzar
un gran consenso en todas las cuestiones. El modelo por el que se optó fue por el de
reforma del Franquismo, siguiendo los procesos legales establecidos por el mismo. En
1976 el Rey designó a Adolfo Suarez como Jefe de Gobierno, sustituyendo al inmovilista
Arias Navarro. Suarez a través de un complicado juego político logró convencer a las
Cortes franquistas para que aprobaran la Ley para la Reforma Política, que tuvo rango
de Ley Fundamental del Régimen, añadiéndose a las siete anteriores y produciendo una
ruptura material total con el régimen anterior, ya que reconoce el sufragio universal,
dota de verdaderas funciones a las Cortes y reconoce la posibilidad de establecer una
constitución. Este mismo año se somete a referéndum la ley, obteniendo una clara
victoria el “sí”. En 1977 se convocaron elecciones para junio, aunque el PCE no estaba
legalizado aún. Sin embargo el asesinato de los Abogados de Atocha y la posterior
respuesta pacífica de los comunistas no dio a Suarez otra opción que legalizar el partido
el Sábado Santo de ese mismo año. En estas elecciones el vencedor fue el partido de
Adolfo Suarez, la UCD, seguida sorprendentemente por el PSOE en lugar de por el PCE.
También en 1977 se firmaron los Pactos de la Moncloa para tratar de superar la crisis
existente alcanzando un gran consenso con empresarios y sindicatos. En 1978 se ideó la
Operación Galaxia, un plan golpista que pudo ser sofocado por el Estado antes de que
se produjera. El 23 de febrero de 1981, en la sesión de investidura de Sotelo, tras la
división de Suarez, se produjeron unos hechos que pusieron en jaque este proceso de
Transición, varios dirigentes militares y de la Guardia Civil, dirigidos por Tejero y
Armada dieron un golpe de Estado, que terminó fracasando gracias a la decisiva
intervención del Rey apoyando la democracia. Este sería el último intento golpista de la
Transición, y además de la respuesta del Rey obtuvo una respuesta mayoritaria en las
calles al día siguiente, a través de una manifestación contra el golpismo y a favor de la
democracia. También cabe mencionar como a lo largo de esta Transición, además del
golpismo y la crisis económica hubo que hacer frente al terrorismo, con bandas como
ETA, GRAPO o FRAP, quienes pusieron contra las cuerdas a las fuerzas de seguridad
del Estado. En las posteriores elecciones de 1982, el PSOE logrará su primera mayoría
absoluta poniéndose fin así a la Transición y al golpismo.

La elaboración de la Constitución de 1978


En 1977 se designará una comisión encargada de elaborar el anteproyecto de
constitución, cuyos componentes serán conocidos como los Padres de la Constitución
(Peces-Barba, PSOE; Solé Tura, PCE; Miquel Roca, CiU; Pérez-Llorca, Herrero
Rodríguez de Miñón y Cisneros Laborda UCD; Fraga, AP). Este proyecto será aprobado
por las Cortes y ratificado por el pueblo en referéndum el 6 de diciembre de 1978.
En la Constitución se abordan cuatro problemas políticos: soberanía y forma
de gobierno, religión, normalización de la relación Estado-Ejército y organización
territorial.
Soberanía y forma de gobierno. Hasta este momento la soberanía había
residido en el Jefe de Estado, el general Franco y la forma de gobierno había sido una
dictadura, aunque había quedado todo preparado para alcanzar la Monarquía a través
de la sucesión del Jefe de Estado. Así, aparece la disyuntiva entre soberanía popular
(principalmente defendida por el bando republicano) y soberanía compartida
(defendida por los inmovilistas). Finalmente se opta en la Constitución por la soberanía
popular (art. 1.2) y la monarquía parlamentaria (art. 1.3).
Religión. España a lo largo de toda su historia había sido definida en los
distintos textos constitucionales como confesional, unas veces permitiendo las demás
religiones y otras prohibiéndolas. Sin embargo, en 1931 se había establecido el principio
de laicismo, que supuso uno de los grandes problemas de la República. Como reacción
a este laicismo radical republicano, Franco estableció el denominado Nacional-
catolicismo, por el cual la Iglesia era uno de los principales apoyos de la dictadura y
unos de los principales grupos de decisión en ella. A partir del Concilio Vaticano II, en
el que se critica a las dictaduras, comienza a producirse una fractura clara entre la
dictadura y la Iglesia, lo cual quedará claramente plasmado a través de la figura del
cardenal Tarancón. Así, en el proceso constituyente se hace frente a una Iglesia que
había perdido su tradicional poder y que ya no se identifica al cien por cien con los
sectores más conservadores de la sociedad. Aparece en este caso la disyuntiva entre
laicismo (izquierda) y confesionalismo (búnker). Finalmente se opta por el Estado
aconfesional (art. 16.3)
Relación Estado-Ejército. Hasta entonces el militarismo había sido algo con lo
que la sociedad española había convivido siempre. Sin embargo, la Transición es el
segundo proceso de cambio de régimen, tras la llegada de la II República, que se
desarrolla de forma pacífica. Sin embargo, durante esta situación se tomarán muchas
medidas con el fin de evitar el golpismo, que estaría siempre amenazante (Operación
Galaxia, 23-F, 1981). Para tratar de controlar y modernizar el Ejército Suarez encargará
esta labor al general Gutiérrez Mellado. A través de la Constitución, las Fuerzas
Armadas se constituirán como garantes del nuevo sistema constitucional, sin la
posibilidad de defender otro distinto quedando alejadas de cualquier intervención en la
vida política (art. 8).
Organización territorial. El intento de modernizar las estructuras territoriales
imitando el modelo europeo nunca surtió efecto. Ya en el XIX se quiso imitar a Francia
y reprimir los sentimientos nacionalistas, que apoyaban el Antiguo Régimen, lo cual
desembocó en las tres Guerras carlistas, que dificultaron el avance del liberalismo. Así,
en este momento existía el nacionalismo vasco (racista, tradicional, ultrarreligioso),
pero por otro lado también el catalán, que representaba todo lo contrario, pero que por
interés apoyaba el absolutismo. En el XX los nacionalismos comienzan a identificarse
con el progresismo a raíz de las medidas republicanas, sin embargo, tras la Guerra Civil
serán reprimidos promoviéndose el nacionalismo español frente a los periféricos. Por
tanto en el proceso constituyente nos encontramos ante la opción federalista
(izquierda) y la centralista (búnker). En la Constitución se optará por un modelo
autonómico descentralizado aunque se asegura la unidad del país (art. 2).
Así, podemos decir que la Constitución fue el resultado de un pacto entre los
reformistas (UCD y AP) y los opositores rupturistas (PSOE y PCE). Fruto del consenso,
los segundos tuvieron que renunciar a juzgar a los franquistas, a la bandera tricolor, al
himno de Riego y además tuvieron que aceptar la Monarquía. Por parte de la derecha,
ésta cedió aceptando el sistema democrático, el Estado aconfesional, descentralizado y
social.
Estructura y contenido básico del texto constitucional
La Constitución es un texto moderno, extenso, que recoge muchos avances, y
que fue consensuada por todas las fuerzas democráticas, por lo que en ciertos
apartados optó por la ambigüedad deliberadamente. Tan sólo ha sufrido dos reformas,
que han consistido en pequeños detalles y está compuesta por 10 títulos y 169 artículos.
Está compuesta por una parte dogmática (configura política y territorialmente el
Estado, sus señas de identidad, establece los derechos de los ciudadanos y sus garantías
y marca los principios rectores de la política social y económica), título preliminar y
primero, y una parte orgánica (define las relaciones entre los órganos estatales) del
título segundo al noveno. Por parte del contenido se incluyen en la constitución las
respuestas a los distintos temas conflictivos mencionados anteriormente y los
contenidos dogmáticos y orgánicos ya mencionados.
PRINCIPIOS ESTRUCTURALES DEL ORDEN CONSTITUCIONAL

El Estado social y democrático de derecho


En el contenido básico se establece la forma del Estado español: en el artículo
1.1 se afirma que “España se constituye en un Estado social y democrático de derecho”.
Así en una sola frase se establece el Estado de derecho, el Estado democrático y el
Estado social.
Estado de derecho. Es aquel en el que: 1) todos los individuos están
sometidos al imperio de la ley, todos por igual, sin ninguna excepción. 2) si alguien
vulnera la ley es sancionado, sea quien sea, también a quien detenta el poder. 3) si se
produce una sanción, se sigue un procedimiento legal que establece unas garantías de
respeto al procesado. 4) todos los actos de los poderes públicos deben respetar los
derechos inalienables de los ciudadanos. En el artículo 9 podemos hallar claramente
algunos de estos principios.
Estado democrático. Es aquel en que la ley es un mandato general expresión
de la voluntad general, en nuestro caso son las Cortes, elegidas por sufragio universal,
las que representan esta voluntad general. Es del pueblo, soberano, del que emanan
todos los poderes del Estado (art. 1.2). Las decisiones de las instituciones son legítimas
en tanto que son representantes de esta voluntad general, ya sea de forma directa o
indirecta. Las Cortes son elegidas por sufragio universal, éstas eligen al Gobierno, al
Tribunal Constitucional, al CGPJ… El único poder que no es elegido por el pueblo es el
judicial, pero esto se debe a que es un poder que tan sólo aplica lo que han dictaminado
los órganos elegidos por sufragio, no crea nada, por tanto no es necesario que sea
elegido. Esta es una definición teórica del estado democrático español, sin embargo
sobretodo hoy en día surge una versión crítica, según la cual los representantes no
rinden cuentas ante el pueblo periódicamente, por ello critican esta democracia
representativa, entendiendo la democracia directa como una forma de verdadera
soberanía popular. En España tenemos eminentemente una democracia representativa,
aunque también tenemos algunos cauces para la democracia directa como es el caso de
los referendos, de los concejos abiertos y de las propuestas ciudadanas a las Cortes
mediante la recogida de firmas.
Estado social. Término acuñado por Heller, un filósofo alemán, aunque ya
Bolívar había hecho referencia a este concepto. Se entiende como un punto intermedio
entre el intervencionismo de los estados totalitarios y el abstencionismo de los liberales
radicales. Así, pretende poner la economía al servicio de todos, para redistribuir la
riqueza mediante una mayor intervención estatal en la materia económica. A través de
cauces democráticos, como son las políticas sociales, se busca la igualdad material de la
población. Este modelo de Estado triunfa en la Europa de post-guerra, que se hallaba
entre dos extremos, el capitalismo radical de EEUU y el comunismo de la URSS, así, en
Europa se optó por esta fórmula intermedia, que había tenido como precedente el New
Deal americano y las ideas del economista Keynes. Sin embargo, desde la caída de la
URSS en 1989, muchos ponen en duda esta fórmula, ya que se ha ido acercando cada
vez más al capitalismo estadounidense, al no existir ya el comunismo como
contrapunto. Parte importante de esto la podemos encontrar en el artículo 9.2.

La Monarquía parlamentaria
En el artículo 1.3 se establece la forma de Gobierno: “La forma política del
Estado español es una monarquía parlamentaria”.
Con el constitucionalismo se pretende acabar con los abusos de poder, alcanzar
la libertad, igualdad… Estos principios se plasman mejor en las repúblicas, ya que todos
los cargos son elegidos a diferencia de las monarquías. Sin embargo, en Europa se
mantuvieron las monarquías, luchando éstas contra los movimientos
constitucionalistas para mantenerse. A pesar de ello, finalmente se termina alcanzando
un punto intermedio: la monarquía se mantiene pero se recogen principios liberales,
cediendo ésta parte de su poder, estableciéndose la soberanía compartida. El monarca
mantiene el poder ejecutivo pero pierde el legislativo que reside en los parlamentos.
Este sistema recibe el nombre de Monarquía constitucional, y se dará en Europa
durante los siglos XIX y XX. El constitucionalismo pleno se dará a través de las
repúblicas, el pactado a través de estas monarquías.
Sin embargo, la escasa capacidad de las monarquías para adaptarse al cambio
social que se produce en el siglo XX crea de nuevo una gran tensión, cayendo algunas
monarquías y estableciéndose nuevas repúblicas, mientras que otras lograrán
mantenerse pero cediendo aún más poder. Se alcanza así la Monarquía parlamentaria
en la que el Rey ya no es depositario de la soberanía, sino que tan sólo mantiene un
poder simbólico, de ahí surge la popular frase de “el Rey reina pero no gobierna”. El
Rey pasa a ser una figura simbólica y por tanto no sujeta a responsabilidad, por lo que
todos sus actos deben estar refrendados por alguien, ya sea el Presidente del Gobierno,
un ministro, las Cortes… Esta monarquía sí será considerada como el
constitucionalismo pleno.
De esta frase además de obtener el principio monárquico, se obtiene el principio
parlamentario, en lugar del presidencialista. El Parlamento ostenta la facultad de exigir
responsabilidades al Gobierno, al Presidente y a los ministros (sesiones de control de
los miércoles). El Presidente por su parte posee la facultad de disolver las Cortes y
adelantar elecciones. En el sistema presidencialista se vota por un lado al Presidente y
por otro a las Cortes, hay mayor independencia entre el poder legislativo y el ejecutivo,
ya que ambos son elegidos directamente por el pueblo, mientras que en un sistema
parlamentario sólo se elige al poder legislativo, representado por las Cortes, y que a su
vez elegirá al Presidente del Gobierno. Aunque en España se ha optado por la
Monarquía parlamentaria, también existen repúblicas parlamentarias, al igual que
republicas presidencialistas y monarquías presidencialistas.

El Estado autonómico como forma de organización territorial


Los diversos Estados han optado por dos fórmulas distintas ante los
nacionalismos: la primera, que consiste en reprimir y acabar con estos sentimientos
(Francia) y la segunda, que consiste en reconocer las diversidades y dotar de
autogobierno a los pueblos que lo demandan. En España a través de la Constitución se
optó por la segunda fórmula reconociendo la autonomía de las distintas regiones y
nacionalidades, pero estableciendo la indisoluble unidad del Estado. Por tanto, hoy en
día es jurídicamente imposible la independencia de algún territorio, aunque se ha
dotado de autogobierno a las distintas regiones que así lo han solicitado. Esta
posibilidad de obtener autonomía no fue una imposición, sino un derecho por el que se
podía optar o no (Principio de dispositivo del Estado autonómico). Así tras la
Constitución se inicia un camino por el que las distintas regiones de España irán
adoptando la autonomía por dos opciones distintas, por un lado las denominadas
comunidades históricas (Cataluña, País Vasco y Galicia, a las que se unió por la vía
especial Andalucía) que alcanzarán la autonomía a través del artículo 151, y el resto de
comunidades que podían alcanzar la autonomía a través del artículo 143 si cumplían
una serie de requisitos. Se crearon por tanto las Comunidades Autónomas como entes
infraestatales con competencias legislativas y ejecutivas, alcanzándose una gran
descentralización. Con el paso del tiempo las menores competencias que adoptaron las
segundas han ido nivelándose hasta situarse las 17 comunidades prácticamente al
mismo nivel, en lo que sería denominado como el sistema del “café para todos”. Pero
hay que distinguir entre las competencias estatales (defensa, relaciones exteriores…) y
las competencias que pueden asumir las Comunidades (Sanidad, Educación…) Ambas
quedan definidas en la Constitución a través del artículo 148 (para las segundas) y el
149 (para las primeras).
Este sistema que no se puede definir como centralizado unitario ni tampoco
como federal, que fue denominado como sistema autonómico, con el paso del tiempo
ha sido criticado tanto por unos que aducen que genera duplicidades y derroches, como
por otros que denuncian que se queda corto en cuanto a la descentralización.
EL SISTEMA CONSTITUCIONAL DE FUENTES DEL DERECHO

Fuentes del Derecho y centros de producción normativa


El término fuentes del Derecho es un concepto polisémico, con distintas
acepciones. La primera lo entiende como el origen de donde emanan las normas, al
encontrarnos en un sistema democrático, en última instancia estas normas surgen de la
Nación, que sería por tanto la fuente del Derecho. La segunda acepción sería la que
entiende como fuente a los órganos de donde emanan las normas, es decir los centros
de producción normativa (Cortes Generales, Gobierno, Cortes autonómicas). La última
acepción tiende a definir las fuentes como los distintos tipos de normas que emanan de
los centros de producción normativa. Esta es la acepción más utilizada en el ámbito del
Derecho constitucional. La principal tarea de la Constitución con respecto a esta
cuestión es la de establecer las distintas fuentes del Derecho y la prelación entre ellas.
Antiguamente, antes de alcanzarse las constituciones normativas, cuando aún
prevalecían los textos meramente políticos, esta cuestión era tarea de los Códigos
Civiles, pero a día de hoy quienes la monopolizan son las constituciones como ya se ha
dicho.
Por tanto las fuentes del Derecho según esta última acepción son: en última
instancia la Constitución, como norma suprema; después las normas con rango de ley,
que pueden ser leyes orgánicas u ordinarias, Estatutos de autonomía, decretos-ley y
decretos legislativos; y los reglamentos administrativos como fuentes escritas; como
fuentes no escritas tenemos la costumbre y los Principios Generales del Derecho. Por
otro lado también se halla la jurisprudencia, los tratados internacionales y los
convenios colectivos. Y los centros de producción normativa son: el Parlamento, el
Gobierno estatal y los parlamentos autonómicos.

Los principios constitucionales del ordenamientos jurídico


En el artículo 9.3 se establecen estos principios (“La Constitución garantiza el
principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la
irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de
derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la
arbitrariedad de los poderes públicos”) entre los que distinguimos tres tipos: los
principios de estructura, de eficacia y de actuación de los poderes públicos.
Dentro del primer tipo de estructura encontramos:
Jerarquía normativa, es decir la prelación entre las distintas categorías de
normas jurídicas. Según este principio las fuentes de rango inferior jamás podrán
contradecir a las superiores, entre las cuales el culmen es la Constitución. La
consecuencia de esto es que una norma sólo deroga a otra anterior si pertenece a un
rango igual o superior, si la norma nueva pertenece a un rango inferior a la anterior, la
nueva será considerada inválida.
Principio de competencia. Este no aparece en el artículo 9.3, sino que se
deduce de distintos artículos de la Constitución. Según este principio cada fuente
deberá ser dictada por el órgano que posea la potestad de dictarla, es decir el órgano
competente, si no es así, la norma será inválida. Pero además tenemos otras vertientes
en este mismo principio, por un lado la competencia material, y por otro la
competencia territorial. Así, por ejemplo en función de la materia, un mismo órgano
deberá optar por un proceso u otro (serán distintos los procesos competentes para la
elaboración de una ley orgánica y de una ley ordinaria); también habrá competencia en
cuanto al ente territorial que las realice, unas normas serán competencia del Estado y
otras de las CC.AA.
Principio de seguridad jurídica. Se basa en la previsibilidad de la actuación
de los poderes públicos, especialmente a la hora de interpretar y aplicar las normas.
Así, este principio permite que podamos saber cómo van a comportarse los poderes
públicos en función de nuestro comportamiento, evitándose arbitrariedades,
sobresaltos… El principio se manifiesta a través de la posibilidad de conocer las
normas, de la confianza en la efectividad del ordenamiento jurídico y de la coincidencia
entre lo que se espera que haga el sistema y lo que hace éste después. Las formas de
garantizar este principio son los principios de eficacia.
Este tipo de principios de eficacia son:
Principio de publicidad de las normas. Las normas deben ser dadas a
conocer antes de que se pueda exigir su cumplimento, si no se publican serán inválidas.
Una vez publicada la norma se podrá exigir su cumplimiento, aunque el individuo no
conozca la norma, ya que su obligación sería conocerla. La publicidad de las normas se
lleva a cabo a través del BOE y los distintos Boletines autonómicos.
Principio de irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no
favorables (Derecho penal y administrativo) o restrictivas de los derechos
individuales. La retroactividad implica que una norma publicada dote de efectividad
a la misma con respecto a los efectos futuros de comportamientos anteriores a la
publicación, puede ser de grado máximo (el hecho pasado se convierte en inexistente) y
de grado medio (el hecho en el pasado fue válido pero en el futuro ya no). El principio
de irretroactividad consiste en que se pone un límite a esta retroactividad: cuando la
nueva norma es restrictiva con respecto a la anterior en cuanto a los derechos
individuales no podrá ser retroactiva, sólo cabe la posibilidad de que sea irretroactiva
por este principio. Se garantiza así el principio de seguridad, porque cuando actúas
sabes que se te aplicará siempre el código vigente en el momento de la infracción y no
uno posterior si es restrictivo. En cambio, “a sensu contrario” como se dice que deberán
ser irretroactivas las normas restrictivas, el Tribunal Constitucional entiende que si
podrán ser retroactivas las normas favorables con respecto a la anteriores.
Por parte de los principios de actuación de los poderes públicos tenemos:
Principio de legalidad. Por el que todos los poderes públicos están sometidos
a la ley con una vinculación positiva (sólo podrán existir si cumplen la ley) mientras
que los ciudadanos tienen una vinculación negativa (podemos actuar como queramos
mientras no incumplamos la ley). Así, dentro de este principio de legalidad entrará que
los poderes públicos apliquen la ley actual y no una posterior ya que iría contra la
legalidad de los poderes públicos.
Interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos. Conlleva la
prohibición de la arbitrariedad de estos poderes. Se entiende arbitrariedad como
aquello que sigue un interés particular en lugar del interés general, como la omisión del
proceso adecuado de elaboración de una norma y como aquello que va en contra de los
principios constitucionales. Así, arbitrariedad no es lo mismo que discrecionalidad, ya
que esta segunda no incumple los criterios anteriores.
Principio de responsabilidad de los poderes públicos. Si estos poderes
no siguen las leyes o la Constitución se produce una reacción por parte del
ordenamiento jurídico, exigiéndoles una responsabilidad.

Validez y eficacia de las normas


Validez. Una norma será válida cuando su producción cumpla los
procedimientos establecidos por el ordenamiento jurídico, es decir, 1) que sean
producidas por el órgano competente 2) que además debe respetar las normas
establecidas para la generación de este tipo de norma 3) que no haya sido derogada por
una norma posterior superior o igual y 4) que no esté en contra de una norma de rango
superior.
Eficacia. Está en relación con los efectos jurídicos previstos por el
ordenamiento jurídico para una determinada norma. Así, la eficacia variará en función
de la fuente, pero en general una norma será eficaz 1) cuando haya quedado derogada la
anterior contraria de rango inferior o igual 2) cuando haya un poder público que se
encargue de que la norma se cumpla y 3) cuando la población la cumpla.

El ámbito temporal de vigencia de las normas


Vigencia. Consiste en que cuando nazca una norma en el ordenamiento
jurídico tenga capacidad de ser obligatoria. Pero una norma no estará en vigencia
necesariamente cuando sea publicada, puede ser que no entre en vigor
inmediatamente. Esta entrada en vigor podrá ser al día siguiente de la publicación en el
Boletín Oficial, a los veinte días o cuando establezca la propia norma. El período que
pasa entre la publicación de la norma y su entrada en vigor será denominado vacatio
legis. Durante este período la norma podrá ser válida pero no será eficaz hasta que no
entre en el ordenamiento. Una vez la norma entra en vigor se hallará en vigencia hasta
que sea derogada o anulada.
Derogación. Ésta se produce cuando una norma posterior de rango superior o
igual contradice a una anterior, quedando por tanto la antigua derogada (la derogación
implica la pérdida de vigencia de las normas anteriores derogadas). Esta derogación
puede ser expresa (quedan reflejadas en las disposiciones derogatorias de la nueva
norma las normas antiguas, que son derogadas cuando la nueva entra en vigor) o puede
ser tácita (en la nueva norma no se menciona la totalidad de las normas anteriores que
quedan derogadas cuando entre en vigor la nueva, pero esto queda claro ya que la
nueva es materialmente contraria a las anteriores). Las derogaciones pueden ser
parciales o totales.
Anulación. Ésta se produce cuando un tribunal ordinario (en el caso de los
reglamentos) o el Tribunal Constitucional (en el caso de las normas con rango de ley)
declara inválida una norma por contradecir los requisitos de elaboración o por ser
contraria a una superior. Si una norma se anula pasa a ser como si no hubiera existido
nunca, como si nunca hubiera sido válida, y por tanto como si nunca hubieran existido
los efectos que tuvo durante su vigencia. Estos órganos de control, con frecuencia no
anulan radicalmente la norma, no la anulan desde su publicación, sino que modulan la
sentencia anulando la norma desde la sentencia del tribunal y no desde el inicio. Así,
diferenciamos dos tipos de sentencias: ex tumc (se anula desde la publicación) y ex
numc (se anula desde la sentencia). Esto aparece en el artículo 40 de la Ley Orgánica
del TC. Al contrario que la derogación, la anulación como tal, suprime la norma y sus
efectos desde la publicación, mientras que la derogación la suprime cuando se elabora
una posterior de rango igual o superior.
LA CONSTITUCIÓN COMO NORMA JURÍDICA SUPERIOR

Posición de la Constitución en el ordenamiento jurídico: norma suprema y norma fundante


Al definir la Constitución como norma fundante, nos referimos a que es la
única que deriva directamente del poder constituyente, produciéndose a partir de ella
el desarrollo de las demás normas y estructuras. Así, la Constitución (norma primaria),
elaborada por el poder constituyente, establece los términos formales y materiales para
la formación de los órganos estatales y de la legislación (normas secundarias).
Podemos definir el poder constituyente como ya hizo Sieyès: como un poder
originario, único e ilimitado, añadiendo que es temporal, que da lugar a una serie de
estructuras que se denominarán como poderes constituidos, y ya no tendrán estas
características al estar limitados por lo establecido por el constituyente. En un
determinado momento la voluntad popular decide constituirse como poder
constituyente, arrogándose la capacidad de elaborar una Constitución, que establecerá
la distribución de los poderes públicos y los derechos de los ciudadanos, limitando así
el margen de maniobra que tendrá el Estado, ya que tendrá que adecuarse por ejemplo
a la división de poderes o al respeto de las libertades individuales. Pero este límite que
se establece no es absoluto, ya que la CE puede ser reformada, mediante los propios
medios que el constituyente estableció en el Título X, así también se ha constituido un
poder que a su vez es constituyente, éste es el poder derivado, que tiene la facultad de
modificar lo establecido por el constituyente, pero ya no es ilimitado, ya que la reforma
que pueda realizar, se halla dentro de los límites que establece el propio texto
constitucional.
Así tenemos ya definido el concepto de fundante, de este concepto se deriva otro
fundamental, que es el de supremacía de la CE. Cuando decimos que es suprema nos
referimos a que el resto de normas se hallan jerárquicamente, a un nivel inferior, y que
por tanto no pueden contradecirla material ni formalmente. Pero esta cualidad no fue
siempre propia de las constituciones, en un principio no se reconocía como tal. El
surgimiento de este concepto lo podemos situar globalmente en EE.UU. 1803,
concretamente con el caso Marbury vs Madison; a partir de este caso la Constitución
americana pasó a ser suprema, teniendo que adecuarse a ella todas las normas y
estableciéndose el judicial review, que consistía en la inaplicación por parte de los
tribunales de las leyes que estimen contrarias a la Constitución. Sin embargo, en
Europa no podemos hablar de supremacía de las constituciones hasta un siglo después,
ya que no existían aún los medios necesarios para dictaminar sobre la
constitucionalidad de las leyes, siendo por tanto las constituciones meramente textos
políticos, declaraciones de intenciones, que no eran de obligado cumplimiento. Esta
situación cambiará a partir de 1920, con la publicación de la Constitución austríaca por
parte de Kelsen, por la que se creaba un órgano encargado de la misión de dictaminar
sobre la constitucionalidad de las leyes, un “tribunal constitucional”. Poco a poco este
órgano sería adoptado también por el resto de países extendiéndose por tanto el
concepto de supremacía por todo el continente europeo, y dejando las constituciones de
ser textos políticos para convertirse en verdaderos textos normativos, como lo son hoy
en día.

De la supremacía de la CE se derivan una serie de aspectos clave:


La CE es la norma primaria, la norma fundante, con respecto al resto de
normas, que se crean determinadas por los límites materiales y formales que establece
la primera, siendo por tanto normas secundarias con respecto a la primera.
Partiendo de que el ordenamiento jurídico sigue un determinado orden y una
jerarquía, podemos decir que la norma que ocupa el puesto de mayor jerarquía es la
CE, quedando por tanto las demás subordinadas y no pudiendo contradecirla, del
contrario serían declaradas inválidas.
La CE produce plenos efectos jurídicos sobre los ciudadanos y las instituciones.
Esto queda reflejado en el artículo 9.1: “Los ciudadanos y los poderes públicos están
sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”

La CE puede ser directamente invocable ante los tribunales, sin necesidad de


que una ley la desarrolle, como ocurría cuando las constituciones eran simplemente
textos políticos y no eran supremas. Así se podrá invocar incluso en los casos en los que
ella misma establece que en ese tema será desarrollado por la legislación, cuando aún
esta tarea no se ha llevado a cabo. Sin embargo, existen excepciones en las que la CE no
podrá ser invocada directamente bajo ningún caso, estableciéndose como es el caso del
artículo 53.3: “Sólo podrán ser alegados ante la Jurisdicción ordinaria de acuerdo con
lo que dispongan las leyes que los desarrollen”.

También se deriva de esta supremacía el efecto derogatorio de la CE,


establecido principalmente en sus disposiciones derogatorias. Así, por su carácter
supremo la CE deroga todas las normas y estructuras anteriores que fueran contrarias a
sus principios, ya sea de forma expresa, en sus apartados 1 y 2, o de forma tácita en su
último apartado. Así, además de no permitir la existencia de normas posteriores
contrarias a la CE, tampoco se permite la validez de normas contrarias anteriores,
surgiendo la denominada inconstitucionalidad sobrevenida.

Por último, se deriva que los tribunales a la hora de interpretar las normas lo
llevarán a cabo en conformidad con la CE.

La Constitución como norma jurídica: eficacia y desarrollo constitucional; el efecto


derogatorio; la interpretación constitucional
La eficacia que desarrolla la Constitución es generalmente una Eficacia
Directa: no precisa de la interposición directa de un legislador para entender aplicable
la Norma Fundamental, sus preceptos son alegables ante los Tribunales.
Siempre que la propia Constitución, por establecerlo directamente o por la
naturaleza del mandato, no haya exceptuado la aplicabilidad directa (Principios
rectores de la política social y económica = Eficacia mediata) se pueden resolver
conflictos jurídicos sin tener en cuenta ninguna norma de rango inferior. En este caso
habrá que interpretar cual es el núcleo del derecho reconocido cuyo contenido resulta
de aplicación en todo caso. De todas formas, lo más normal es aplicarla junto con otras
normas inferiores.
La noción de desarrollo constitucional significa que la Constitución vincula
en un sentido negativo, en una norma de mínimos que impone límites a la acción de los
poderes públicos. Dentro de esos límites permite que decidan libremente entre las
diferentes opciones, siempre que no contradigan los mandatos constitucionales.

En estos casos su eficacia consiste en impedir la aplicación de normas


inconstitucionales. Es necesario realizar un juicio de constitucionalidad acerca de las
normas infraconstitucionales que, de resultar negativo lleva al juez a dejar de
aplicarlas: 1) Si son anteriores a la Constitución se derogan las disposiciones que son
contrarias a la Constitución. 2) Si son de rango inferior donde el ejercicio de la potestad
reglamentaria está sujeto al principio de legalidad. 3) Plantear al Tribunal
Constitucional la cuestión de inconstitucionalidad si son normas o leyes con rango de
ley aprobadas con posterioridad a la entrada en vigor de la Constitución.
Efecto derogatorio. La CE contiene una disposición derogatoria compuesta
por tres apartados. El primero deroga las siete leyes fundamentales del Franquismo,
además de la Ley para la Reforma Política; el segundo deroga las leyes que
hipotéticamente podían obstaculizar la reintegración foral de los territorios vascos; el
tercero deroga toda aquella disposición anterior que sea contraria a la CE.
Así, la CE deroga todas aquellas normas precedentes que sean incompatibles
con ella. Desde el punto de vista constitucional, el cambio de régimen no supone la
completa eliminación del sistema jurídico anterior, sino que sólo se derogan aquellas
normas que sean contrarias al nuevo orden establecido por la CE. Se entenderán como
derogadas aquellas normas que sean contradictorias materialmente con la CE, pero no
aquellas que sean contradictorias formalmente.
Es el poder judicial ordinario el que se encargará de declarar derogadas estas
normas, pero al poder haber distintos pareceres sobre esto, será el TS el encargado de
unificar criterios. Así, la jurisdicción ordinaria se encargará de las derogaciones por ser
contrarias materialmente, mientras que será el TC el que se encargue de anular las
normas que sean contrarias formalmente no respetando por ejemplo la jerarquía
normativa.
Inconstitucionalidad sobrevenida. Según una resolución del TC con respecto a
las normas anteriores a la CE, se dice que les sobrevino la inconstitucionalidad, aunque
para Rubio Llorente esto no era así, sino que se debía a que era una norma superior y
posterior la CE y que por eso serían derogadas y no declaradas inconstitucionales..
A partir de la CE las normas serán declaradas inconstitucionales, si tienen una
duda los tribunales pueden plantear su cuestión de constitucionalidad al TC. Con
respecto a las normas anteriores, en un principio no era necesario llevarlas al TC.
Interpretación de la CE.

Los tipos de preceptos constitucionales


Podremos hacer distintas clasificaciones de los preceptos constitucionales. Por
un lado podemos dividirlos entre preceptos dogmáticos, relacionados con el
reconocimiento y garantía de los derechos, y orgánicos, relacionados con los órganos
del Estado. Por otro lado podemos dividirlos entre preceptos aplicados a los
ciudadanos, reconocimiento de los derechos fundamentales y otros que tendrán una
vinculación negativa, pudiendo hacer todo lo que no esté prohibido, y entre los
preceptos aplicados a los poderes públicos, que tendrán una vinculación positiva,
estableciendo lo que pueden hacer, no pudiendo extralimitarse de ello. Por último
podemos clasificarlos como preceptos de producción jurídica, por ejemplo el artículo
81, que establece como y para que pueden aprobarse leyes orgánicas, o como preceptos
de contenido material, prohibiéndose por ejemplo la pena de muerte.
LA GARANTÍA DE LA SUPREMACÍA DE LA CONSTITUCIÓN

La rigidez constitucional: la naturaleza de la reforma constitucional; los procedimientos de


reforma constitucional
Las constituciones se caracterizan por su rigidez con respecto al resto de
normas, ya que sus procesos de reforma son específicos y más complicados, lo cual es
parte importante de su supremacía. A pesar de esta rigidez de la que se parte, la
reforma de la CE tampoco es imposible, es difícil, pero la propia CE incluye en su Título
X el proceso de reforma de la misma, así el poder constituyente ya consideró la
necesidad de reconocer la posibilidad de reforma a través de la creación del
denominado poder constituyente constituido. En algunos países se establecen límites a
las reformas, incluyéndose cláusulas de intangibilidad, materias que no pueden ser
reformadas bajo ningún concepto, sin embargo en España, esto no es así, ya que no se
establece ninguna cláusula, entendiendo el constituyente que si en un momento
determinado existiese la necesidad de reformar algún punto de la CE, esto se llevaría a
cabo, ya fuera dentro o fuera del régimen establecido por la misma. Así, se evitaría una
ruptura formal con la CE al llevarse a cabo la reforma material. Aunque no se
establecen cláusulas materiales sí se reconocen unas cláusulas formales, no pudiendo
llevarse a cabo la reforma en momentos en los que han sido declarados los estados de
alarma, excepción o sitio
Procedimientos de reforma. La reforma de la CE se regula en los artículos
166 al 169. Primero tenemos la iniciativa de reforma, cuyos titulares serán los mismos
que pueden poner en marcha el procedimiento legislativo ordinario, excluyendo la
iniciativa popular y reforzando los requisitos ordinarios. Por parte del Congreso de los
Diputados, se requiere para la iniciativa una quinta parte de los diputados o dos grupos
parlamentarios, cuando para los trámites ordinarios basta con un grupo. Respecto al
Senado, se precisa de al menos 50 senadores que pertenezcan a más de un grupo
parlamentario, cuando para los trámites ordinarios basta con 25 senadores o un grupo
parlamentario. Por parte de las CCAA, la iniciativa partirá de los parlamentos
autonómicos, que si aprueban la iniciativa enviarán a tres representantes a las Cortes
Generales para defender su iniciativa.
Procedimiento ordinario. Está reservado a la mayoría de los preceptos.
Requiere de la aprobación por parte de tres quintas partes de Congreso y Senado. Si no
se llega a un texto idéntico en ambas Cámaras, se creará una comisión mixta paritaria
que presentará un único texto, que deberá ser aprobado por las mayorías citadas en
ambas Cámaras; en el supuesto de que no se alcancen los tres quintos en el Senado
pero sí la mayoría absoluta, el texto será saldrá adelante si es aprobado por dos tercios
del Congreso. Además, si una décima parte de los senadores o diputados solicitan, en
un plazo de quince días desde la aprobación por las Cortes Generales, la celebración de
un referéndum, éste deberá convocarse, teniendo un carácter vinculante. Sólo se han
llevado a cabo dos reformas de la CE por este método, aunque en 2005 se plantearon
otras (reforma del Senado, mención de la UE, mención de las CCAA).
Procedimiento agravado. Destinado a aquellas ocasiones en las que se trate de
modificar la CE en su totalidad o parcialmente si la reforma afecta al Título preliminar,
al Capítulo II, Sección I del Título I, o al Título II. Precisa de la aprobación del texto por
parte de dos tercios del Congreso y del Senado, si esta se produce, ambas cámaras serán
disueltas y se convocarán elecciones. Una vez celebradas las elecciones y constituidas
las nuevas Cortes se deberán ratificar las votaciones anteriores a través de las mismas
mayorías y elaborar el nuevo texto constitucional, que deberá ser sometido a un
referéndum vinculante. Nunca se ha realizado una reforma de este tipo, aunque en
2005 se planteó la posibilidad de llevar a cabo una (sucesión a la Corona).
La defensa jurisdiccional de la Constitución: naturaleza y modelos; la posición institucional
del Tribunal Constitucional
Modelos. Esta defensa se lleva principalmente a cabo a través del control de
constitucionalidad, que ha tenido dos modelos a lo largo de la historia. Por un lado
tenemos la experiencia estadounidense, reflejada desde el caso Marbury vs Madison;
según este modelo las leyes deben respetar la constitución, si no es así, no podrán ser
aplicables. Sin embargo en Europa esto era diferente, ya que las constituciones eran
meramente textos políticos que las leyes debían desarrollar, la constitución no era una
norma jurídica ya que no existía un órgano que llevará a cabo el control de
constitucionalidad. En Europa no se concebía que un órgano judicial no elegido
pudiera controlar las decisiones del parlamento, que sí era elegido, pero esto cambiaría
con la publicación de la Constitución austríaca de 1920, inspirada por Kelsen. En ella se
establecía la creación de un sistema de control a través de un órgano independiente
elegido por el parlamento, y que podía anular aquello que fuera en contra del texto
constitucional, que había pasado a ser un texto jurídico en lugar de un texto político.
Este órgano sería copiado por las constituciones italiana (1947) y alemana (1949), y
posteriormente por todas las demás, a excepción de la francesa que tras muchos
debates terminaría reconociendo un sistema similar.
Así en Europa se había creado un sistema de control de constitucionalidad
concentrado, ya que era desempeñado por parte de un tribunal único (TC), mientras
que en EEUU se daba un sistema difuso, ya que éste es desempeñado por todos los
tribunales, todos ellos tienen la capacidad de inaplicar una norma por considerarla
inconstitucional.
A día de hoy, estos sistemas se parecen cada vez más, ya que en EEUU a pesar
de que es un sistema difuso los pareceres se terminan unificando a través de su “TS” y
en Europa se reconoce el recurso de amparo, por el que cualquier persona que vea
vulnerados sus derechos fundamentales y que ningún tribunal ordinario se los
reconozca, puede acudir al TC, que decidirá sobre su caso en concreto. Así, aunque en
un principio el sistema difuso se reservaba a casos concretos y el concentrado a casos
abstractos, esto está cambiando.
Hoy en día, todo Estado constitucional deberá tener un sistema de control para
poder garantizar así la supremacía de su constitución.
Tribunal Constitucional. Para poder entender qué es el TC debemos partir
de que no es un órgano judicial, a pesar de que tiene un carácter jurisdiccional, y que
tampoco es un órgano político. Así, aplica la CE desde un punto de vista jurídico,
interpretándola, apareciendo por tanto necesariamente motivaciones políticas a pesar
de ser plenamente independiente. Con su jurisprudencia puede definir si el Estado es
más o menos federal, si permite unos determinados avances sociales o no… Esta
capacidad para decidir sobre aspectos tan importantes hace que este órgano esté
sometido a continuas presiones políticas. Por todo esto, sus miembros no son
solamente elegidos por su valía jurídica, sino también por sus valores ideológicos, ya
que sus diferentes interpretaciones de la CE podrán permitir que unas determinadas
leyes salgan adelante o no.
Como órgano está configurado directamente por la Constitución y es el único
capaz de llevar a cabo el control de constitucionalidad (Título IX y Ley orgánica del TC).
Está constituido por 12 miembros nombrados por el Rey a propuesta del Congreso (4
miembros), del Senado (4 miembros), los cuales necesitan mayoría de tres quintos para
poder proponerlos, además se invita al Senado a elegir a alguno de los propuestos por
las asambleas territoriales; del CGPJ (2 miembros) y del Gobierno (2 miembros). El
mandato de sus ocupantes es de 9 años, pero no se renuevan todos los miembros a la
vez, sino que se establecen turnos cada 3 años. En caso de retraso a la hora de elegir a
los miembros, se prolongará el mandato de los anteriores y se verá reducido el de los
nuevos.
Como requisitos para ser magistrado tenemos: ser español, ser jurista (fiscal,
profesor de universidad…), haber cumplido quince años de ejercicio profesional y tener
valía reconocida. Todo esto se reconoce en el artículo 159 de la CE.
Además se establecen una serie de características para asegurar su
independencia: inamovilidad, sólo se puede destituir siguiendo lo establecido por la ley
(incapacidad, incompatibilidad sobrevenida y responsabilidad criminal o civil);
incompatibilidades, muy similares a las de los jueces ordinarios, por ello no pueden
llevar a cabo ninguna actividad mientras trabajen, pero a diferencia de los jueces
ordinarios, los del TC sí pueden estar afiliados a partidos políticos, aunque no ocupar
puestos de dirección en ellos; no pueden ser reelegidos y son aforados, en caso de tener
que comparecer ante la justicia, lo harán ante el TS.
Dentro del TC diferenciamos distintas instituciones:
Presidente. Nombrado por el Rey a propuesta de los propios magistrados, por
mayoría absoluta, si no se consigue ésta se hará por mayoría simple. Permanecerá en el
cargo durante tres años, pudiendo ser reelegido. Se encarga se convocar y ordenar el
pleno del TC, de representar al TC y además ostenta el voto de calidad.
Vicepresidente. Su proceso de nombramiento y elección es igual que el del
Presidente. Preside una de las salas y sustituye al Presidente en el caso de que su puesto
esté vacante.
Pleno. Está compuesto por los doce magistrados, se encarga de todas las
funciones del TC menos de los recursos de amparo, aunque también podrá conocer
éstos si los considera de gran importancia.
Sala. Compuesta por seis magistrados. Se encarga de los recursos de amparo.
Según la Ley orgánica del TC de 2007, el pleno podrá delegar en las salas conflictos de
competencia, autonomía local. También podrá conocer los asuntos reservados para las
secciones si los considera de gran importancia.
Sección. Compuesta por tres magistrados. Se encarga de la admisión a trámite
de los distintos asuntos, además de los recursos de amparo delegados por las salas.
Las funciones principales del TC serán en general: el control de
constitucionalidad, la resolución de los recursos de amparo y los conflictos de
competencia, atribuciones y defensa de la autonomía local.
LA GARANTÍA DE LA SUPREMACÍA DE LA CONSTITUCIÓN (II)

El control de constitucionalidad: características generales


El TC se encargará de dictaminar sobre la constitucionalidad de aquellos casos
que conozca, pudiendo ser sobre leyes y normas con fuerza de ley (estatutos de
autonomía, decretos-ley, decretos legislativos, reglamentos de las Cámaras legislativas
y las Cortes Generales, y tratados internacionales). También podrá dictaminar sobre la
constitucionalidad de las normas anteriores a la CE, un tribunal ordinario las inaplica
(deroga), pero en caso de duda podían llegar al TC que las podría anular.
La inconstitucionalidad puede ser material si la norma tiene un contenido
contrario a la CE, o formal si no ha cumplido los requisitos de trámite establecidos por
la CE. En el segundo tipo de inconstitucionalidad se permite un cierto margen,
estableciéndose el principio de proporcionalidad, que viene a significar que por un
pequeño defecto de tramitación no se declarará inconstitucional la norma.
Para dictaminar sobre la constitucionalidad, el TC se basa en la CE y el bloque
de constitucionalidad (bloque de normas que complementan la CE, como por ejemplo
un Estatuto de autonomía, o aquel las que delimitan competencias, que establecen
convenios internacionales de derechos humanos…

Los procedimientos de control de normas: el recurso de inconstitucionalidad, la cuestión de


inconstitucionalidad y el control previo de los tratados internacionales
Tenemos distintos procedimientos de control de las normas:
Recurso de inconstitucionalidad.
Legitimación activa. Se establece en el artículo 162, así están legitimados el
Presidente del Gobierno, el Defensor del Pueblo (normalmente en defensa de los
derechos fundamentales), 50 diputados, 50 senadores, los órganos ejecutivos de las
CCAA, y en su caso, las Asambleas de las mismas, cuando hayan visto cercenadas sus
competencias.
Plazo para presentar el recurso. El recurso se formulará dentro del plazo de
tres meses a partir de la publicación de la norma en el boletín correspondiente.
Objeto. Podrá ser llevado ante el TC cualquier ley o norma con rango de ley que
se sospeche que sea inconstitucional.
Procedimiento a seguir. 1) El comisionado encargado de elaborar el recurso
presenta un escrito en el que establece los motivos y el objeto del recurso. 2) La sección
correspondiente del TC decide si admite a trámite o no el recurso. 3) Si es admitido, se
traslada el recurso al Congreso, al Senado y al Gobierno, o en caso de afectar a una
CCAA a sus correspondientes órganos; éstos podrán presentar alegaciones en este
momento. 4) Concluido el plazo de alegaciones el TC podrá proceder a dictar sentencia.
Consecuencias de la declaración de inconstitucionalidad. Se producirá la
expulsión inmediata del ordenamiento jurídico de la norma en cuestión. Las sentencias
declaratorias de la inconstitucionalidad no permitirán revisar procesos fenecidos
mediante sentencia con fuerza de cosa juzgada en los que se haya hecho aplicación de
las leyes, disposiciones o actos inconstitucionales, salvo en el caso de los procesos
penales o administrativos en que, como consecuencia de la nulidad de la norma
aplicada, resulte una reducción de la pena o de la sanción o una exclusión, exención o
limitación de la responsabilidad. Además no siempre se anulará o expulsa ex tumc, en
ocasiones los efectos de la expulsión se modulan para que sólo se apliquen a los efectos
posteriores, a la declaración de inconstitucionalidad, de los comportamientos
anteriores a ella (ex numc).
Los efectos de la sentencia serán erga omnes, ya que vincularán a todos los
individuos desde su publicación en el BOE y además esta sentencia no podrá ser
recurrida.
Cuestión de inconstitucionalidad. Es llevada a cabo cuando un órgano
judicial tiene dudas sobre la constitucionalidad de una norma que debe aplicar en un
proceso judicial, planteando así, ante el TC la cuestión.
Legitimación activa. Estarán legitimados los órganos judiciales, de oficio o por
instancia de una de las partes presentes en el proceso.
Requisitos para la cuestión. Para poder presentar una cuestión, ésta debe estar
fundamentada y la norma cuestionada debe afectar directamente al proceso abierto.
Así, la cuestión de inconstitucionalidad tiene dos partes: ad quo (ante el tribunal
ordinario) y ad quem (ante el TC).
La primera se inicia una vez termina el proceso, antes de emitir la sentencia el
órgano judicial presentará un auto con la cuestión al TC. El auto se presenta tras oír a
las partes y al ministerio fiscal, y debe concretar la norma cuestionada y los motivos de
la duda.
La segunda es muy similar al recurso de inconstitucionalidad, la sección
encargada decidirá si admite o no a trámite la cuestión, teniendo en cuenta si existe una
motivación para la cuestión y si la norma sometida a duda tiene relevancia a la hora
dictar el fallo escuchando para todo ello al Fiscal General del Estado. Si la cuestión es
admitida se traslada al Congreso, al Senado y al Gobierno, o en caso de afectar a una
CCAA a sus correspondientes órganos y además al Fiscal General; éstos podrán
presentar alegaciones en este momento. Concluido el plazo de alegaciones el TC podrá
proceder a dictar sentencia, siendo enviada la resolución al órgano que planteó la
cuestión para que pueda emitir el fallo de su proceso abierto.
Consecuencias de la declaración de inconstitucionalidad. Se producirá la
expulsión inmediata del ordenamiento jurídico de la norma en cuestión. Las sentencias
declaratorias de la inconstitucionalidad no permitirán revisar procesos fenecidos
mediante sentencia con fuerza de cosa juzgada en los que se haya hecho aplicación de
las leyes, disposiciones o actos inconstitucionales, salvo en el caso de los procesos
penales o administrativos en que, como consecuencia de la nulidad de la norma
aplicada, resulte una reducción de la pena o de la sanción o una exclusión, exención o
limitación de la responsabilidad. Además no siempre se anulará o expulsa ex tumc, en
ocasiones los efectos de la expulsión se modulan para que sólo se apliquen a los efectos
posteriores, a la declaración de inconstitucionalidad, de los comportamientos
anteriores a ella (ex numc).
Los efectos de la sentencia serán erga omnes, ya que vincularán a todos los
individuos desde su publicación en el BOE y además esta sentencia no podrá ser
recurrida.
La cuestión de inconstitucionalidad muchas veces sirve para depurar normas
inconstitucionales que no habían sido tenidas en cuenta por los políticos o los
legitimados para llevar a cabo un recurso, normalmente porque estas normas
afectarían a pequeños grupos sociales.
En ciertas ocasiones el propio TC se puede plantear una autocuestión de
inconstitucionalidad, en el caso de que una de sus salas resolviendo un recurso de
amparo llegue a la conclusión de que el recurso de amparo se debe a que una
institución estatal ha vulnerado los derechos fundamentales de un individuo, pero no
por error de la misma, sino porque ha aplicado una norma de dudosa
constitucionalidad. Así elevará al pleno su duda, encargándose éste de dictaminar sobre
la constitucionalidad de la norma cuestionada. Esta autocuestión también podrá
llevarse a cabo en el caso de que vea conflictos de autonomía local provenientes de la
aplicación de una norma supuestamente inconstitucional, por lo que elevará esta
cuestión al pleno.
Control previo de los tratados internacionales. Se denomina previo
porque la resolución del TC será anterior a la ratificación del tratado por parte del
Estado, mientras que en los otros dos procedimientos de control constitucional era
posterior a la entrada en vigor de la norma supuestamente inconstitucional. Antes de
1985 el control previo también se permitía en referencia a leyes orgánicas y Estatutos
de autonomía, lo cual se cambió ya que dificultaba mucho la tarea legislativa.
Legitimación activa. El Gobierno o cualquiera de ambas Cámaras podrán
requerir al Tribunal Constitucional para que se pronuncie sobre la existencia o
inexistencia de contradicción entre la Constitución y las estipulaciones de un tratado
internacional cuyo texto estuviera ya definitivamente fijado, pero al que no se hubiere
prestado aún el consentimiento del Estado.
Procedimiento a seguir. 1) Recibido el requerimiento, el Tribunal
Constitucional emplazará al solicitante y a los restantes órganos legitimados a fin de
que, en el término de un mes, expresen su opinión fundada sobre la cuestión. 2) Dentro
del mes siguiente al transcurso de este plazo el Tribunal Constitucional emitirá su
declaración que tendrá carácter vinculante. En cualquier momento podrá el Tribunal
Constitucional solicitar de los órganos mencionados o de otras personas físicas o
jurídicas u otros órganos del Estado o de las Comunidades Autónomas, cuantas
aclaraciones, ampliaciones o precisiones estimen necesarias, alargando el plazo de un
mes antes citado en el mismo tiempo que hubiese concedido para responder a sus
consultas, que no podrá exceder de treinta días.
Consecuencias de la declaración de inconstitucionalidad. Una vez emitido el
fallo del TC, si resulta el tratado declarado inconstitucional se tendrán dos opciones: no
ratificarlo o reformar la CE. Una vez ratificado el tratado también se podrán presentar
recursos de inconstitucionalidad por el proceso habitual.

Sentencias del Tribunal Constitucional


Surge la duda de si las sentencias del TC son fuente del Derecho o no, si su
jurisprudencia es fuente o no. Los estudiosos señalan que la interpretación que llevan a
cabo los magistrados de las normas puede ser considerada como fuente del Derecho en
el sentido de que crea un precedente para las interpretaciones posteriores. Así, la
jurisprudencia del TC se puede considerar como fuente del Derecho: aunque no innova
con respecto a la CE, sí concreta el contenido vago e impreciso de la misma,
concretando por tanto una serie de mandatos vinculantes para todos los ciudadanos.
De ahí que podamos decir que las sentencias del TC crean Derecho constitucional, pero
esta no es una facultad ilimitada, sino que se lleva a cabo respetando una serie de reglas
de interpretación.
La jurisprudencia del TC también es considerada como legisladora en sentido
negativo, ya que expulsa determinadas normas del ordenamiento al considerarlas
inconstitucionales. Pero además de estas sentencias de inconstitucionalidad, también
existen unas sentencias interpretativas, que no declaran inconstitucional, sino que
señalan la interpretación correcta del precepto, dejando fuera de la constitucionalidad
las demás. Esta es la técnica de la interpretación conforme, con la que se dice que una
determinada norma sólo será constitucional si se interpreta conforme lo que establece
el TC. En otros casos hace sentencias aditivas, en ellas, explícitamente, el TC añade a
los textos que les llevan lo necesario para que puedan ser considerados como
constitucionales, siendo esto un hecho discutido ya que se extralimitaría de su función
interpretativa al entrar en las competencias del legislador.
Como ya se ha dicho, la jurisprudencia no crea Derecho libremente, sino que lo
hace dentro de los límites establecidos por las reglas de interpretación, estas reglas son:
la de la interpretación gramatical (estudia la dicción literal de la CE tratando de
encontrar su sentido en el leguaje habitual. STC 76/1983), la de la interpretación
sistemática (estudia el precepto en relación con el resto de la CE. STC 5/1983), la de la
interpretación teleológica (saber cuál es el fin perseguida por la CE al establecer ese
precepto. STC 118/1983) y la de la interpretación histórica (que basa las
interpretaciones en el contexto de la redacción, basándose en debates durante la
elaboración del texto… STC 5/1981). Estas cuatro primeras, conocidas como técnicas
interpretativas clásicas, basan su interpretación en el texto constitucional frente a la
norma sobre la que se emite el fallo. Además, tenemos una quinta regla, el denominado
método tópico o de autorrestricción o presunción de constitucionalidad de las leyes,
que consiste en que se parte de la ley y se comprueba si traspasa la CE o no. Considera
que la CE es un medio que establece un abanico que permita actuar con libertad a los
legisladores a la hora de representar a la voluntad general.
Así podremos decir que habrá unas normas que se adapten mejor a la CE y otras
que se adapten peor, pero para poder proceder a declarar la inconstitucionalidad de un
precepto debe darse el caso de que éste no se adapte en absoluto al texto constitucional.
Por tanto, la CE será un marco amplio y no restrictivo que permitirá a la voluntad
general desenvolverse con soltura a la hora de dictar los preceptos que regirán su
comportamiento.
LA LEY COMO FUENTE DEL DERECHO

Potestad legislativa: rango y fuerza de ley. La reserva de ley


La potestad legislativa es la facultad de crear normas con fuerza de ley, la
poseen las Cortes Generales y las de las CCAA. Aunque también hay otros órganos, que
en algunos casos, tienen también esta facultad. Así, tendremos por un lado las leyes
como tal y por otro las normas con rango de ley, que tienen el mismo rango y fuerza
pero se aprueban por distinto método.
Como definición básica podemos decir que la ley es aquella norma que es
elaborada por el Parlamento a través el procedimiento previsto por la CE. Esta es una
definición formal muy extendida hoy en día, pero históricamente también tuvo una
definición material que aducía que la ley era aquella norma que elaborada por el
legislador, tenía un carácter general y abstracto. Esta definición material tuvo un gran
sentido en el siglo XIX, ya que al establecer esto se acababa con cualquier atisbo de
norma que pudiera minar la igualdad formal, estableciendo unas normas iguales para
todos y abstractas. Hoy en día esto sólo existe en la teoría, ya que en la práctica esta
desigualdad formal no existe, y por tanto se pueden permitir algunas excepciones,
permitiendo legislaciones que vinculen tan solo a determinados grupos o individuos.
Este concepto fue establecido a través de la STC 111/1983, por la que declaró
constitucional el real-decreto que supuso la expropiación de RUMASA.
La ley es después de la CE la norma más importante del ordenamiento, ya que
es elaborada por los representantes de la voluntad general. La importancia de esta
legitimidad democrática directa de la ley condujo a que en Europa se tardara en aceptar
el control de constitucionalidad de la ley, considerando que un órgano no elegido no
podía contradecir a la voluntad general. Hoy en día existe este control constitucional y
además existe una constitución normativa; pero como contrapeso, el TC a la hora de
llevar a cabo el control de constitucionalidad, parte de que las leyes son
constitucionales, por lo que debe buscar el modo de interpretarla de tal forma que
pueda ser constitucional, siendo la declaración de inconstitucionalidad el último
recurso. Así, trata de limitar al máximo su intervención en el papel del legislador,
autorrestringiéndose en su tarea de control.
Reserva de ley. En algunos casos la CE establece que determinadas materias
deben ser reguladas por ley. La finalidad de esto es que las materias consideradas como
importantes sean obligatoriamente reguladas por los representantes de la voluntad
popular y no por otros que no la representen directamente. Esto tenía sentido
tradicionalmente cuando sólo el legislativo tenía la legitimidad democrática, pero ahora
también la tiene el ejecutivo, ya que ya no es el representante del poder real, sino
también del pueblo aunque sea de forma indirecta. Por tanto, actualmente tiene sentido
la existencia de las reservas de ley en tanto que el legislativo representa a todos,
incluyendo a las minorías, mientras que el ejecutivo representa a la mayoría.
La reserva de ley puede tener intensidad variable, se puede requerir que sea una
reserva de ley o que sea una reserva de norma con rango de ley, siendo esta segunda
más habitual y menos restrictiva, dando por tanto cabida a más órganos que el
legislativo. La primera sólo existe para aquellos casos en los que los decretos-ley o
decretos legislativos no pueden actuar en virtud de las limitaciones que les reconoce la
CE. Además, cabe mencionar que también existe la reserva de ley orgánica.
La reserva de ley puede ser de una materia en su totalidad, o de una parte de la
materia, dejando libre el resto a cualquier regulación. En el segundo caso, en el que
puede participar otro tipo de regulación, la ley que regule su determinada parte,
deberá habilitar al otro tipo de regulación a entrar a regular esa parte de la materia.
Esta habilitación tiene unos límites: no puede deslegalizar la materia reservada a la ley
y además la ley no puede realizar habilitaciones genéricas (“en blanco”) de un tema, de
modo que otro tipo de regulación pueda desarrollar todo, sino que estas habilitaciones
deben ser concretas y parciales para no ir contra la CE.
En España no existe reserva de reglamento, aunque por ejemplo si lo hay en
Francia. La consecuencia de esto en España es que la ley puede regular cualquier tipo
de materia, al no haber ninguna reservada a otro tipo de regulación.

Tipos de leyes
Encontramos distintos tipos de leyes, cada una destinada a unas determinadas
materias, necesitando por tanto distintos tipos de procedimientos de aprobación. Por
tanto podemos hablar de leyes ordinarias (leyes de carácter estatal y leyes de carácter
autonómico), leyes orgánicas, leyes de presupuestos, estatutos de autonomía, leyes
marco, leyes de transferencia o delegación, leyes de armonización.

Ley orgánica
Son aquellas leyes que versan sobre unas determinadas materias de singular
relevancia establecidas en la CE y que tienen un proceso específico de aprobación y
elaboración establecido en la CE.
Materias.
La ley orgánica tiene como materias aquellas que son especialmente
importantes, no pudiendo legislar sobre otros asuntos. Las materias se establecen en el
artículo 81.1 “Son leyes orgánicas las relativas al desarrollo de los derechos
fundamentales y de las libertades públicas, las que aprueben los Estatutos de
Autonomía y el régimen electoral general y las demás previstas en la Constitución”.
Desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades públicas. En
cuanto a estos surgen dos interrogantes. El primero se refiere a la identificación de los
derechos y libertades incluidos en esta reserva. El TC consideró, en STC 76/1983, que
no serían todos los reconocidos por el capítulo II del título I, sino sólo los que se
incluían en la sección II del capítulo II del título I (artículos del 15 al 29), por
interpretación gramatical, ya que esta parte se titula: “De los derechos fundamentales y
de las libertades públicas”. Por tanto el principio de igualdad del artículo 14 o el
derecho a la objeción de conciencia del 30.2, aunque sí permiten el recurso de amparo,
no son materia de reserva de ley orgánica. Además también dentro de la sección I se
exceptúan algunos artículos, al estar sometidos a reserva de ley y no de ley orgánica
(artículo 20.3). El segundo interrogante se refiere a que se quiere decir la CE con la
palabra “desarrollo”, a esto se le da respuesta en la STC 6/1982: no se refiere a todo lo
que afecte a los derechos fundamentales y libertades públicas sino exclusivamente al
desarrollo directo de los mismos, es decir a su regulación general y esencial.
Los estatutos de autonomía.
El régimen electoral general. La sentencia 38/1983 establece que se entenderá
como régimen electoral general aquel conjunto de normas electorales válidas para la
generalidad de las instituciones representativas del Estado en su conjunto. Así se
engloban no sólo las elecciones generales, sino también todas aquellas consultas que
tengan un alcance territorial general y que se celebren simultáneamente en todo el
territorio del Estado, por tanto también las municipales y las elecciones al parlamento
europeo. En cuanto a la materia que cabe dentro de este régimen electoral general,
surgen distintas dudas, llegándose a abarcar con la LOREG un amplio campo material.
Demás previstas por la CE. En el artículo 122 de la CE establece reserva de ley
orgánica para aquella ley que regule el poder judicial. El artículo 165 para la regulación
del TC. El artículo 8.2 para la defensa nacional. El artículo 107 para la composición y
competencia del Consejo de Estado.
Están excluidas estas materias de la iniciativa popular directa, de la regulación
por decreto o reglamento y marcan competencia exclusiva del Estado.
Procedimiento.
El artículo 81.2 lo establece: “La aprobación, modificación o derogación de las
leyes orgánicas exigirá mayoría absoluta del Congreso, en una votación final sobre el
conjunto del proyecto”. Así son necesarios 176 diputados para aprobarlas y no basta
con cualquier mayoría simple. Esta votación se produce al final de todos los trámites
parlamentarios con referencia al conjunto del proyecto, y no por partes, aunque ya ha
habido antes otras votaciones, como la anterior a la remisión al Senado, que precisa de
mayoría absoluta y la de aprobación o rechazo de las posibles enmiendas del Senado
que tan sólo precisa de mayoría simple. Si en un proyecto hay un artículo que se refiere
a alguna materia reservada a la ley orgánica, todo el proyecto y por tanto, todos sus
artículos, incluidos los que no son de materias reservadas a ley orgánica, deberá ser
aprobado por mayoría absoluta, según establece el artículo 81.2. Así, se suelen separar
los artículos de reserva orgánica de los que no lo son, presentándolos como dos
proyectos distintos, votándose por mayoría absoluta los primeros y por mayoría simple
los segundos.
Materias conexas. En algunos casos se hace necesario incluir en el texto de
una LO materias que no son reserva de LO, ya que desarrollan el texto o son
tangenciales a él. A estas materias ordinarias, que van conectadas con la reserva de LO
se las denomina materias conexas y en un principio congelarán su rango, pudiendo
reformarlas sólo como LO, sin embargo, según establece la STC 5/1981, el legislador
podrá excluir de esta congelación alguna parte si así lo recoge en las disposiciones
adicionales. Posteriormente el TC podrá dictaminar si esta exclusión es válida o no, o si
alguna otra materia puede ser reformada también como ley ordinaria.
Relación entre leyes orgánicas y ordinarias. Tienen una relación de
competencias, no de jerarquía, por tanto no existen problemas en cuanto a las materias
ya que éstas están bien definidas. A pesar de esto, en algunos casos algunas leyes
orgánicas pueden derogar alguna parte de una ley ordinaria, esto es debido a que la ley
orgánica requiere unas mayorías superiores y por tanto debe ser la orgánica la que se
aplique y no la anterior ordinaria. Esta ley orgánica se reformaría como ordinaria ya
que en realidad debería haber sido aprobada como ordinaria y no como orgánica. Si lo
que se produce es lo contrario, que una ordinaria haya invadido terreno de una
orgánica se deberá llevar a cabo el control de constitucionalidad, ya que en ningún caso
podría ocurrir esto, porque una ordinaria requeriría una mayoría inferior.
OTRAS NORMAS CON RANGO DE LEY

Las disposiciones normativas del Gobierno con rango de ley: el decreto legislativo y el
decreto-ley
Proceden del Gobierno y tienen la misma fuerza que la ley pero su proceso de
elaboración y aprobación es distinto. Podemos hablar por tanto, de los decretos
legislativos (art. 82-85) y los decretos-ley (art. 86).
Decretos legislativos. Son textos jurídicos elaborados por el Gobierno con
posterioridad a que las Cortes le hayan habilitado para ello con una ley de delegación.
El decreto deberá redactarse en los términos previstos por la ley de delegación. Hay dos
tipos de ley de delegación:
Ley de bases: contiene los aspectos esenciales del decreto a elaborar. Contienen
el objeto y el alcance de la delegación que se va a otorgar al Gobierno (no puede ser una
delegación en blanco). El Gobierno cogiendo esa ley de bases, elaborará el decreto,
detallando para ello lo que establece la ley de bases. Este tipo de decreto se ha dado en
contadas ocasiones.
Ley ordinaria que tiene por objeto refundir textos legales: delimita el ámbito
normativo de la delegación especificando si la delegación se basa en poder fundir varios
textos legales en uno solo, o si además se podrá intervenir en el texto a la hora de
refundir. Este segundo tipo sí se ha utilizado en más ocasiones. Este es el caso del
Estatuto de los Trabajadores de 1995.
Características de la delegación: se debe hacer expresamente para una materia
en concreto, ni cabe la delegación implícita; ha de fijar un plazo para que se lleve a cabo
el decreto, transcurrido el plazo decae la habilitación. Mientras dura el plazo, el poder
legislativo tiene en suspenso su capacidad para dictar normas legislativas sobre esa
materia; caben leyes mixtas donde se regule por las Cortes una parte y se delegue en el
Gobierno la otra.
Límites de las leyes de delegación: no pueden versar sobre materias orgánicas,
no pueden autorizar su propia modificación por el decreto, no puede facultar al
Gobierno a dictar normas con carácter retroactivo y la ley de delegación no puede
permitir la subdelegación a otras autoridades distintas al Gobierno.
Control de la potestad delegada. Es llevado a cabo por el TC ya que son normas
con rango de ley. La inconstitucionalidad puede ser formal (se ha sobrepasado lo
establecido por la ley de delegación…) o material. Tanto el TS como el TC con su
jurisprudencia le han otorgado a los tribunales ordinarios el poder para controlar los
excesos ultra vires de los decretos legislativos, es decir controlar si se ha sobrepasado la
delegación, si esto se produce esa parte deja de ser una norma con fuerza de ley,
convirtiéndose en un reglamento (se les permite a los tribunales ordinarios porque son
ellos los que controlan los reglamentos habitualmente). Una parte de la doctrina
defiende que esto no debería ser posible ya que este estudio de los excesos se hace sobre
todo el decreto, y al tratarse una norma con rango de ley sólo debería poder hacerlo el
TC.
Cuando la ley de delegación lo establece así, el decreto deberá ser controlado
también por el Congreso, ya que la CE permite establecer otras formas de control. Si
son previas a la promulgación del decreto podrán incidir en el uso que hace de ellas el
Gobierno y si son posteriores sólo serán un control declarativo (art. 82.6).
Decreto-ley. El Gobierno en casos de extraordinaria y urgente necesidad (el
hecho habilitante de extraordinaria y urgente necesidad se dará cuando exista la
convenida necesidad de legislar de forma inmediata o por un hecho inesperado que
haga necesaria una respuesta rápida) podrá dictar disposiciones provisionales con
rango de ley, que en un plazo de 30 días deberán ser presentadas ante el Congreso, que
votará el proyecto en su totalidad y sin poder establecer enmiendas, decidiendo si lo
convalida o no.
El procedimiento de elaboración se inicia por tanto, con el Gobierno y su
entrada en vigor es inmediata, se inicia su vigencia al día siguiente de la reunión del
Consejo de Ministros, así normalmente entra en vigor el sábado. Si se convalida la
norma continúa en vigor y no transforma el decreto-ley en ley, con lo cual sigue
sometido a los límites de estos decretos. Si el Congreso no lo convalida quedará
derogado, con lo cual sus efectos no se anulan (art. 86.2 de la CE); esto no significará
que el Congreso no pueda legislar sobre esta materia posteriormente. Cuando el
decreto-ley se ha convalidado, dentro de los 30 días mencionados se puede iniciar la
tramitación de ese decreto como ley por el procedimiento de urgencia, convirtiéndose
por tanto en ley; mientras este procedimiento se lleva a cabo ya se producen efectos ya
que el decreto ya está funcionando, cuando se publique la nueva ley, el decreto será
derogado e iniciará su funcionamiento la ley.
Además se establecen una serie de materias sobre las cuales el decreto-ley no
puede tratar: el ordenamiento de las instituciones básicas del Estado, los derechos y
deberes de los ciudadanos regulados en el título I (en la CE se dice “afectar” a estos
derechos, lo cual significa regular de forma general, no concreta, el derecho, STC
111/1983), el régimen autonómico (STC 29/1986 concreta que se refiere a los Estatutos
de autonomía y las leyes competenciales) y el Derecho electoral general (mismos casos
que en la ley orgánica).
El TC en su control de constitucionalidad estudiará: si el hecho habilitante es
correcto, si está dentro o no de su ámbito material establecido por la CE y también si va
en contra de la CE en su contenido. Se podrá llevar a cabo sobre los decretos
meramente convalidados y sobre los que hayan sido derogados al tramitarse como ley,
sin embargo, en este caso ya no tendrá efectos prácticos esta declaración, ya que en este
caso, ya se habría convertido en ley y se limitará tan sólo a establecer jurisprudencia
para casos posteriores.

El reglamento parlamentario
Son normas también con rango de ley recogidas en el 72.1 de la CE, entre las que
encontramos el reglamento del Congreso, el del Senado y el de las Cortes Generales.
Aunque son elaboradas por las Cámaras, no son leyes ya que no son sancionados por el
Rey y no se publican en el BOE. Los reglamentos parlamentarios derivan directamente
de la CE y se posicionan con respecto a la ley en términos de competencia y no de
jerarquía. Como normas con fuerza de ley pueden ser objeto del control de
constitucionalidad llevado a cabo por el TC. Los reglamentos parlamentarios no pueden
ser modificados por una ley y establecen su propio método de reforma. Requieren de
mayoría absoluta tanto para su aprobación como para su reforma. El del Congreso
requiere de la mayoría absoluta del Congreso, el del Senado de la mayoría absoluta del
Senado y el de las Cortes Generales requiere la mayoría absoluta de ambas cámaras y
sólo se usa en sesiones conjuntas de ambas cámaras. Los reglamentos parlamentarios
regulan la vida de las cámaras, sus órganos, sus funciones, el estatuto de los
parlamentarios (prerrogativas que tienen, derechos y obligaciones, sanciones…) y los
procedimientos legislativos.
Se van complementando con las resoluciones de los Presidentes de las cámaras,
que han de contar con el acuerdo de la mesa de portavoces. Lo más destacable de estas
resoluciones es que se integran en el texto del reglamento y adquieren, por tanto, el
mismo rango. Las resoluciones de la Presidencia sirven para suplir las posibles lagunas
del reglamento: cómo afrontar situaciones que no están recogidos en su articulado.
Estas resoluciones también sirven para interpretar artículos confusos del reglamento.
LOS TRATADOS INTERNACIONALES, EL REGLAMENTO Y OTRAS FUENTES

Los tratados internacionales en el sistema de fuentes


Un tratado internacional es una norma jurídica producto de un acuerdo entre
distintos países y es obligatoria para el país como entidad desde su ratificación, además
tendrá efectos en ese país, tanto para instituciones como personas (si no es
desarrollado por una norma propia del país), desde su publicación. Se sitúa por debajo
de la CE, pero tampoco se halla por encima de las leyes, ya que también tiene rango de
ley, existiendo por tanto un reparto de materias entre las leyes y los tratados. El control
de constitucionalidad podrá ser previo, o una vez ratificado mediante el proceso
normal.
El poder de negociar y firmar tratados le corresponde al Gobierno, pero una vez
firmado el tratado, éste pasará al proceso de ratificación por parte de las Cortes por el
cual se producirá la definitiva asunción del mismo por parte del Estado.
Según su contenido los tratados deberán ser aprobados de una forma u otra:
aquéllos por los cuales se cede soberanía a una organización internacional, precisarán
de aprobación por mayoría absoluta y corresponde a las Cortes Generales o al
Gobierno, según los casos, la garantía del cumplimiento de estos tratados y de las
resoluciones emanadas de los organismos internacionales o supranacionales titulares
de la cesión (art. 93). Otros se recogen en el artículo 94.1 requiriendo de autorización
previa por parte de las Cámaras, ésta será necesaria para tratados de carácter político,
de carácter militar, que afecten a la integridad territorial del Estado o a los derechos y
deberes fundamentales establecidos en el Título I, que impliquen obligaciones
financieras para la Hacienda Pública o que supongan modificación o derogación de
alguna ley o exijan medidas legislativas para su ejecución. El resto de tratados que no
versen sobre materias recogidas en los art. 93 ni 94.1 y podrán ser firmados
directamente por el Gobierno, aunque después deberá informar de ello a las Cámaras
(art. 94.2).

La potestad reglamentaria del Gobierno; clases de reglamentos; los reglamentos de los


órganos constitucionales
La expresión “reglamento” alude hoy en día, a las normas jurídicas dictadas por
el Gobierno, que se caracterizan por tener una fuerza o rango inferior al de la ley, es
decir a los reglamentos administrativos. Pero no sólo existe este tipo de reglamento,
sino que también tenemos los ya desarrollados reglamentos de las Cortes, los del CGPJ
(determinan la estructura interna del PJ, el funcionamiento de sus órganos y la
potestad disciplinaria de los jueces), los del TC y los de otros órganos habilitados, como
el Defensor del Pueblo o el Tribunal de Cuentas.
Además hay que tener en cuenta que no nos referimos a todas las disposiciones
del Gobierno, ya que se excluyen de este concepto los actos administrativos, por no ser
generales en la mayor parte de los casos y por no añadir nada nuevo al ordenamiento y
ser temporales, como puede ser el caso de la convocatoria de unas oposiciones.
A lo largo de la historia el reglamento ha sufrido una serie de cambios como
fruto de las pugnas entre el poder legislativo y el ejecutivo, surgidas del nacimiento del
Estado liberal. En este momento se dieron dos modelos básicos: el francés, que como
consecuencia de un proceso revolucionario establecía el monopolio normativo del
Parlamento, y el alemán, que sí reconocía esta potestad al ejecutivo, estableciendo una
relación de competencias entre ambos poderes. Durante los siglos XIX y XX ambos
países siguieron dos caminos distintos consecuencia de sus posturas iniciales, Francia
aumentó las prerrogativas del ejecutivo y Alemania las fue reduciendo.
En el artículo 97 de la CE se establece directamente y de forma general la
capacidad normativa del Gobierno, llevada a cabo a través de los reglamentos. A través
de la Ley 50/1997, conocida como “Ley del Gobierno”, se concretó el enunciado
constitucional dotando con esta facultad al Consejo de Ministros, a los ministros y al
Presidente del Gobierno.
El último dicta los reglamentos conocidos como reales decretos del Presidente,
que tendrán una función de organización interna, determinando cuáles son los
Ministerios, las Secretarías de Estado… es decir, la estructura orgánica del Gobierno;
además este tipo de reglamento se publicará al ser investido o al llevarse a cabo las
crisis de Gobierno.
Los ministros tienen la capacidad de dictar las denominadas órdenes
ministeriales, que ya no tendrán sólo un carácter interno, sino también externo, ya que
además de organizar la estructura de su Ministerio podrán dictar disposiciones
relativas a su materia.
El Consejo de Ministros, por su parte, puede dictar disposiciones sobre
cualquier materia que no esté reservada a la ley y sobre la estructura organizativa del
Gobierno.
Esta ley, además de establecer los distintos tipos de reglamento administrativo,
estableció también la jerarquía existente entre ellos: los superiores son los dictados por
el Presidente o Consejo de Ministros, seguidos por las órdenes ministeriales. En último
puesto tenemos las resoluciones administrativas, que no tienen el rango de reglamento
propiamente dicho.
Tipos de reglamentos. Según el órgano titular: a nivel estatal, real decreto
del Presidente, real decreto acordado por el Consejo de Ministros, órdenes
ministeriales y cuando provienen de comisiones delegadas del Gobierno reciben el
nombre del ministro competente o del de Presidencia si corresponden a distintos
ministros. A nivel autonómico, igual a los anteriores pero los decretos del Presidente no
tienen el calificativo de real y los de los consejeros son órdenes de la correspondiente
consejería. Por parte de las entidades locales destacan los reglamentos orgánicos y las
ordenanzas municipales.
Según la materia: por un lado los ad extra o jurídicos y por otro los ad intra o
administrativos. La potestad reglamentaria interna sería un poder inherente a toda
organización sobre su propia estructura orgánica. La potestad reglamentaria externa es
distinta, ya que afecta a todos los individuos y no sólo a la propia organización que lo
emite.
Según su relación con la ley: tenemos unos que están relacionados con las leyes
ya que se generan en ejecución de una de ellas y otros que se dictan para materias no
reguladas por la ley. Los primeros (ejecutivos, habilitados o secundum legem)
desarrollan, complementan o precisan el texto de una ley, o preparan su ejecución y son
resultado de la habilitación recogida en la correspondiente ley (cláusula de remisión) a
la que van a desarrollar. Los segundos (independientes, paralegales o praetem legem)
son aquellos que regulan una materia libre de regulación por parte de una norma de
rango superior, siendo derogados cuando esta regulación se llevara a cabo, o que se
produce sin que exista una remisión o apoderamiento por parte de las leyes; son
discutidos por parte de la doctrina ya que no cumplen de forma purista con su
naturaleza ejecutiva de las leyes, pero en un principio no contradicen el principio de
legitimidad ni el de jerarquía por lo que tanto el TS como el TC no los han declarado
nulos. Sobre este segundo tipo de reglamento se debe llevar a cabo un especial control,
ya que entre ellos y la CE no existe ninguna otra regulación.
Aparte tendríamos que hablar de los denominados decretos de necesidad, que
son dictados en circunstancias excepcionales y que, por tanto, requieren una respuesta
normativa excepcional. Normalmente tienen una habilitación legal pero también hay
casos en los que ésta no se lleva a cabo, o incluso casos en los que se hace necesario que
el reglamento sea contrario a la ley con el fin de salvaguardar algún principio
constitucional de forma temporal.
Las relaciones entre el reglamento y la ley son jerárquicas, ya que el
primero no puede contradecir a la segunda y además no puede regular de forma
general aquellas materias que son reservadas a la ley, necesitando de una remisión
legislativa que además no podrá ser en blanco y en algunas materias no podrá tener un
carácter sancionador no favorable o restrictivo. Por otro lado el reglamento no tiene la
discrecionalidad de la que goza la ley a la hora de desarrollar la CE, ya que al haber
llevado a cabo ya una concreción del precepto constitucional, el Gobierno no parte ya
de un supuesto tan general. En cuanto a estas relaciones también surge la duda de si se
mantiene congelado el rango cuando se produce el fenómeno de la deslegalización, es
decir que una materia que estaba regulada por ley deja de estarlo dando lugar a una
clausula abierta, la respuesta más generalizada para esto es que no se congela rango,
por tanto un reglamento podría pasar a regular esta materia si no es reserva de ley.
Control de la potestad reglamentaria. Todos los jueces que integran el PJ
son competentes para controlar las disposiciones reglamentarias. Este control se
llevará a cabo a través de la inaplicación, y en el caso de los jueces del orden
contencioso-administrativo competentes a través de la anulación. El control llevado a
cabo por el legislador está muy diluido ya que en la mayoría de los casos la mayoría
parlamentaria se corresponderá con el Gobierno.

Otras fuentes del derecho


Entre estas otras fuentes destacarán las costumbres y convenciones sociales, los
principios generales del Derecho, los convenios colectivos y la jurisprudencia.
Por parte de las costumbre, ésta se aplicará en los casos en los que no existe
regulación escrita y se demuestra que ésta es una práctica que se lleva desarrollando de
forma habitual a lo largo de los años. Por tanto estas costumbres podrán funcionar
como fuente del Derecho en una serie de casos residuales y cuando no vayan contra
ninguna otra norma escrita.
Los principios generales del Derecho articulan al mismo ya que son
utilizados en muchos casos como criterios interpretativos. La mayoría de ellos se hayan
positivizados como es el caso de los principios del artículo 9.3 de la CE. Por tanto
podemos plantearnos la duda de si los principios no positivizados son fuente del
Derecho. Los no positivizados se consideran así porque se están respaldados por una
norma escrita, con lo cual la verdadera fuente sería esa norma y no el principio,
mientras que los segundos sería muy difícil considerarlos como fuente y alegarlos ante
los jueces.
Los convenios colectivos son los acuerdos firmados por patronal y sindicatos
para regular las relaciones del empresario y los trabajadores en un determinado sector.
Estos convenios podrán ser sectoriales o a nivel de empresa y se aplicarán sobre todos
los trabajadores estén afiliados o no al sindicato firmante.
El concepto de jurisprudencia se puede definir como la interpretación del
conjunto de tribunales del ordenamiento jurídico o como la doctrina reiterada sentada
por el TS al aplicar las normas a casos concretos. Los jueces serán independientes a la
hora de interpretar y aplicar el Derecho, sin embargo si su interpretación no se ajusta a
la del TS lo más probable es que sea posteriormente revocada. Para evitar esto
normalmente el juez se ajustará a la jurisprudencia del TS. Pero no hay que olvidar que
esa interpretación del TS puede cambiar, no es estática, así tenemos por ejemplo la
interpretación que realizó el TS del CP en cuanto al máximo de 30 años de cárcel,
estableciendo primero que los beneficios penitenciarios que recibiera el preso se
aplicarían sobre esos 30 años, y después sentando jurisprudencia de nuevo para
reconocer que este beneficio se aplicaría sobre cada una de las penas y no sobre los 30
años.
En cuanto a la pregunta de la jurisprudencia es fuente o no hay disputas, en
teoría no lo sería, pero sin embargo, es constatable que los jueces a la hora de
interpretar el Derecho se basan normalmente en la jurisprudencia del TS para evitar
que pudieran revocar su sentencia después.
EL ESTADO AUTONÓMICO Y EL SISTEMA DE FUENTES

Estado compuesto y pluralidad de ordenamientos


El Estado compuesto es aquel que tiene varios centros de poder político y
legislativo, y por tanto varios ordenamientos jurídicos que conviven con el estatal. Los
Estados compuestos suelen denominarse Estados federales, cada uno con sus
diferencias. El federalismo nació en EE.UU. por lo que se toman como características
ideales aquellas que tuvo este primer federalismo (se forman a partir de la federación
de distintos Estados independientes, cada uno con su constitución, aunque con límites,
conservan muchas competencias, tienen poder judicial propio…) a este federalismo se
le denomina dual. Hay otros tipos de federalismo como es el alemán, que pasa de ser un
solo Estado central a dividirse en länder, dándose el denominado federalismo
cooperativo. También tenemos el federalismo latinoamericano, que da menos
competencias a sus territorios. También existen otros federalismos pero que no son
denominados así por razones históricas o de otra índole, este es el caso de España, que
se autodenomina como Estado autonómico, ya que por la influencia de la I República se
tiene del término federal un concepto separatista, al contrario que en el resto de países.
Nos diferenciamos en que los Estatutos de autonomía deben ser aprobados por el
Estado, en las CC.AA. no hay poder constituyente ni participan en la reforma de la
constitución, además hay un solo poder judicial.
Tendremos que diferenciar por tanto entre las fuentes estatales y las
autonómicas, teniendo por tanto leyes y reglamentos estatales y leyes y reglamentos
autonómicos que no se relacionarán a través del principio de jerarquía sino por el de
competencia.
De todo este entramado surgirá el denominado bloque de constitucionalidad,
que está compuesto por aquellas normas que complementan a la CE, normalmente
estableciendo el reparto de competencias entre Estado y CCAA.

El estatuto de autonomía
Son las normas institucionales básicas de una CA y su contenido básico estará
recogido por el artículo 147 de la CE: deberán crear la CA, ya que tienen un carácter
fundamental, deberán establecer la denominación y delimitación de su territorio, la
organización de sus instituciones básicas, las competencias que se atribuye y otra serie
de contenidos establecidos por la CE (regulación de la lengua, símbolos, proceso de
selección de los senadores autonómicos…)
Además a través de la STC 31/2010 sobre el Estatut de Catalunya se
establecieron otros requisitos en torno a qué es lo que debe contener un Estatuto y qué
es lo que no: además de lo ya dicho también debe respetar la función que la CE buscaba
para los estatutos como normas básicas del ordenamiento autonómico. Así el contenido
del mismo deberá ser limitado cuantitativamente, ya que al ser una norma rígida
deberá regular de forma general y no detallada, y también cualitativamente, ya que hay
una serie de materias derivadas directamente del poder constituyente y que por tanto
no pueden regular. Así, no podrán definir por ejemplo en qué consisten las
competencias exclusivas, las compartidas o las ejecutivas.
El estatuto es la norma básica de la CA pero a su vez es una norma más dentro
del ordenamiento jurídico aprobada como ley orgánica por el Congreso. De su
condición de ley orgánica se derivará que estarán sometidos al control de
constitucionalidad por parte del TC. Aun así, a pesar de ser leyes orgánicas su proceso
de reforma será distinto al del resto de leyes de su categoría. Su posición en el
ordenamiento permitirá que sirvan como parámetro de constitucionalidad a la hora de
determinar las competencias entre Estado y CCAA, ya que el TC en caso de que dicha
competencia no esté regulada en la CE, pero sí en un estatuto, considerará que es de
competencia autonómica.
La aprobación estatuto da lugar a la creación de la comunidad. Según el título
octavo de la CE se establecen dos procedimientos de aprobación: el de vía lenta y el de
vía rápida. El primero tiene como consecuencia que la CA sólo pueda asumir las
competencias recogidas en el artículo 148 y sólo una vez transcurridos 5 años podrá
añadir otras. El de vía rápida suponía que esta CA pudiera asumir todas las
competencias que no fueran exclusivas del Estado, por tanto no solo las del 148.
El de vía lenta se regula en el 143, afecta a todas las comunidades excepto
Euskadi, Cataluña, Galicia y Andalucía: “Las provincias limítrofes con características
históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias
con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en
Comunidades Autónomas”. Exige para la iniciativa la aprobación por parte de dos
tercios de los municipios, por parte de todas las diputaciones y por parte de la mayoría
de su población. Una vez aprobada se constituirá una asamblea de diputados,
senadores y miembros de la Diputación del territorio que elaborará un proyecto que se
remitirá a las Cortes Generales para su aprobación como ley orgánica. Según el artículo
144, las Cortes Generales, mediante ley orgánica, podrán suplir, entre otras cosas, la
iniciativa de las corporaciones locales.
El de vía rápida, que se regula en el artículo 151, es mas exigente, ya que además
de necesitar los mismos requisitos de iniciativa que el 143 añade la necesidad de tener
el apoyo de tres cuartas partes de los municipios que representen a la mayoría electoral
de cada provincia y tiene que ser ratificada por un referéndum que obtenga mayoría
absoluta en todas las provincias. Una vez aprobada la iniciativa se constituirá una
asamblea de diputados, senadores y miembros de la Diputación del territorio que
elaborará un proyecto que se remitirá a las Cortes Generales para su aprobación como
ley orgánica y que después deberá ser aprobado por referéndum.
Este procedimiento fue seguido por Andalucía, aunque la iniciativa de la
provincia de Almería fue suplida por las Cortes Generales. A Galicia, Euskadi y
Cataluña, que ya tenían estatutos aprobados en el pasado, la disposición transitoria
segunda de la CE les eximió de tener que plantear estas fases del procedimiento de
iniciativa. En Navarra se accedió a la autonomía mediante la actualización de sus fueros
a través de la “Ley orgánica de reintegración y amejoramiento del régimen foral de
Navarra”, que tiene un procedimiento distinto a lo anterior, a raíz de una negociación
entre Diputación foral de Navarra y las Cortes Generales.
Una vez pasados 5 años las CCAA que habían accedido a la autonomía por la vía
lenta llevaron a cabo reformas para ir equiparando competencias con las de vía rápida,
para ello el PP y PSOE llegaron a un pacto que se formuló en la ley orgánica 9/1992,
que se tradujo en las leyes orgánicas 1-11/1994 (Asturias, Cantabria, La Rioja…) de
reforma de los Estatutos. La segunda oleada de reformas se produjo entre 1996 y 1999 y
supuso mejoras institucionales y competenciales para Aragón, Canarias, Madrid... La
tercera oleada se produjo a partir del 2005 y se vieron afectadas la Comunidad
Valenciana, Cataluña, Baleares, Andalucía, Castila y León y Aragón. Las anteriores
reformas venían de un pacto nacional PP-PSOE, sin embargo, estas viene de la
iniciativa de cada territorio.
Al no ser fruto de un pacto nacional estas reformas son muy variadas, pero
tienen alguna característica común [reconocen a nivel autonómico derechos,
complementarios a los fundamentales, que vinculan a la CA, se produce una nueva
ampliación de competencias en materia de justicia (creación de un Consejo de Justicia,
competencias de sus tribunales), se hace referencia a nuevos casos como la
inmigración, la participación de las CCAA en la política europea, introducen elementos
identitarios (Cataluña nación, Valencia cambio de denominación), la bilateralidad
(relación Estado-CA), clausulas relacionadas con el régimen de financiación, intentos
de definir competencias propias y del estado…] La STC 31/2010 matizó estas reformas,
al hacer un estudio de cada Estatuto no son sentencias generales para todos los demás,
por tanto unos estatutos pueden ser inconstitucionales y otros diciendo lo mismo no
serlo.
En la STC mencionada, que tuvo un carácter de sentencia de interpretación
conforme (el estatuto sólo es constitucional si se acepta la interpretación que da el TC),
se matizó alguno de estos aspectos: clarifica que el estatuto de autonomía está
subordinado a la CE y no puede contradecirla aunque pertenezca al bloque de
constitucionalidad, clarifica que Cataluña no es una nación jurídicamente, esta
mención se puede mantener sólo si no implica consecuencias jurídicas (no se puede
constituir como poder constituyente aunque se diga que es nación) no es posible que el
estatuto de autonomía limite las competencias del estado y tampoco se puede definir lo
que es la competencia básica del estado (esto solo lo puede hacer la CE o el TC), con
respecto a la justicia, lo que tiene que ver con el desarrollo del poder judicial se hace
con ley orgánica por tanto sólo puede hacer esto la ley orgánica del poder judicial y no
el estatuto.
En cuanto a la reforma del estatuto se recoge en su propio texto, y tiene que
implicar necesariamente la participación de las Cortes Generales y de las de la CA, en
algunos estatutos la aprobación del proyecto de reforma requiere mayorías cualificadas
en otras no (en Madrid son necesarios dos tercios, en Castilla-La Mancha mayoría
absoluta). Una vez aprobado el proyecto se envía a las Cortes Generales en forma de
proposición de ley, y en el debate de toma en consideración tres parlamentarios
autonómicos defienden el proyecto. Si las Cortes admiten este texto se inicia el proceso
de aprobación normal de una ley orgánica, una vez aprobado por las Cortes Generales
hay dos posibilidades: si el estatuto recoge que se deba hacer referendum se someterá a
él el texto aprobado por las cortes generales, si no, no será.
Por tanto, actualmente los estatutos de autonomía se han equiparado más o
menos en cuanto a competencias, pero sin embargo, sigue existiendo la tensión de
determinadas CCAA que siguen exigiendo que tienen que diferenciarse del resto y por
tanto cada vez piden mas competencias para diferenciarse de las otras comunidades no
nacionalistas.

Otras leyes estatales relativas al régimen autonómico


Junto a los estatutos de autonomía el reparto competencial se basa también en
otras leyes estatales: leyes básicas, marco, de transferencia o delegación y
armonización.
Leyes básicas: regulan las bases de una materia dejando a las CCAA el
desarrollo de la legislación de dicha materia. Por ejemplo en la Sanidad (artículo 149.1
apartado 16), el Estado legisla las bases y la CA el desarrollo.
Se entiende como básico según el TC, que es el único que puede decir qué es
básico y qué no, el común denominador normativo que recae sobre un ámbito donde
existe un interés general por encima del interés territorial de una CA. También ha dicho
que dentro de lo básico se pueden integrar competencias ejecutivas y no sólo
normativas en aras del interés general.
A veces lo básico hace que el Estado entre en competencias exclusivas de las
CCAA (149.1 apartado 13) legislando en vivienda, turismo... Estas son las competencias
transversales, en las que el Estado solo legisla lo básico pero prácticamente sobre casi
cualquier materia.
Las Cortes Generales son las que declaran el alcance de lo básico al aprobar la
ley, según el TC son las Cortes Generales las que tienen que determinar el alcance
básico de sus normas, pero eso no significa que esto no pueda ser revisado por el TC,
pero se exige al legislador que desde el principio trata de decir cual es el alcance básico.
Leyes marco: según el artículo 150.1 de la CE el Estado puede, en materia de
competencia estatal, crear una ley marco, de rango ordinario, que habilite a las CCAA a
legislar en el marco de los principios y directrices fijados por dicha ley. Así la CA puede
legislar materias que en un principio son del Estado. Pese a que la CE menciona que las
CCAA pueden dictar normas legislativas en el marco de dicha ley, el TC ha establecido
que tampoco se puede excluir la iniciativa reglamentaria si esta desarrolla la ley que ha
surgido de la ley marco. La ley marco puede establecer formas de control de la
legislación que haga la CA en virtud de dicha ley
Leyes de transferencia: según el artículo 150.2 el Estado puede transferir
competencias estatales mediante ley orgánica a una CA en concreto, siempre y cuando
la naturaleza de estas competencias permita que sean transferidas. La ley preverá en
cada caso la correspondiente transferencia de medios financieros, así como las formas
de control que se reserve el Estado.
Se diferencia de las anteriores en que esta segunda trasfiere la materia en
blanco, pudiendo dictar cualquier tipo de regulación ley, reglamento independiente,
reglamento ejecutivo... ya que la CA pasa a ser totalmente competente; no existe límite
como en la primera, no hay un marco, además la segunda precisa de aprobación como
ley orgánica, que podrá ser revisada después por otra ley orgánica.
El control estatal se puede establecer en la propia ley orgánica, pudiendo el
Estado controlar también el ejercicio de las competencias transferidas. El techo
competencial de la CE podría rebasarse a través de este mecanismo también
establecido en la CE, pero no se ha usado para esto, sino para adelantar mediante un
procedimiento mas sencillo la asunción de competencias por parte de una CA de vía
lenta (LOTRAVA, a Valencia y LOTRACA, a Canarias de 1982), adelantando así el plazo
de 5 años a través de este proceso distinto a la reforma de estatuto
La ley organica 9/1982 (pacto PP-PSOE) permitio tranferir competencias a
distintas CCAA adelantando el proceso de 5 años. A través de la ley orgánica 5/1987 el
estado delegó competencias en materia de transporte por carretera o por cable.
Leyes de armonización: el artículo 150.3 atribuye al Estado la capacidad de
dictar leyes que armonicen las disposiciones de las CCAA si así lo exige el interés
general, aunque sea en materia de competencias autonómica. El pacto UCD-PSOE de
1982 dio lugar a la LOAPA (Ley orgánica de armonización del proceso autonómico),
pero el TC anuló esta ley y fijó que las leyes de armonización se han de limitar a
establecer unos principios mínimos comunes, pero que no pueden privar a las CCAA
del ejercicio de sus competencias.
Por tanto las leyes de armonización pueden marcar principios mínimos pero no
limitar como hacia la LOAPA, el ámbito material puede ser exclusivo autonómico o
concurrente entre CA y Estado y debe proteger el interese general. Es una vía
excepcional, si no hay tal situación de excepcionalidad no se puede llevar a cabo,
además cuando deje de estar en peligro el interés general deberán dejar de estar
vigentes dichas disposiciones.
Se precisa de mayoría absoluta de ambas cámaras para determinar si se da o no
dicha situación excepcional, si se determina que sí, se podrá iniciar la tramitación de la
ley, pero esto no exige que la ley deba ser ley organica. De ahí que se haya hecho una
interpretación que argumenta que es lógico pensar que si se necesita mayoría absoluta
para iniciar proyecto también se necesitara para aprobar el texto final.

El ordenamiento de las Comunidades Autónomas


Potestad legislativa autonómica y reglamentaria: la primera parte de sus
asambleas autonómicas, existiendo además la posibilidad de que en la CA se puedan
dictar decretos legislativos y decretos leyes (fruto de la ultima oleada de reformas
Cataluña, Valencia...) si así lo establece su estatuto, tal y como determina la CE o según
otra forma que diga el estatuto. La segunda parte del gobierno de la CA, pudiendo
tratar sus materias competenciales, para elaborar reglamentos tanto independientes
como ejecutivos en un régimen parecido al estatal.

Las relaciones entre Derecho autonómico y Derecho estatal


En cuanto a relación entre el Derecho autonómico y el Derecho estatal se
establece una relación basada en unos principios: principio de competencia no de
jerarquía, el estado se sitúa en un plano de supremacía respecto a los ordenamientos
autonómicos ya que puede revisarlos, integrarlos... por tanto hay un limite a este
principio de competencia, esta especie de supremacía se basa en los principios de
supletoriedad (art. 149.3, el Derecho estatal será supletorio del de las CCAA, STC
61/1997, el Estado podrá dictar normas en su ámbito de competencias que tendrán un
carácter supletorio en defecto de que no exista norma autonómica aplicable, pero no
significa que el Estado pueda dictar normas en materia de competencia exclusiva
cuando la CA no haya dictado normas en tal materia) y el principio de prevalencia (art.
149.3 las normas del estado prevalecerán en caso de conflicto sobre las de las CCAA,
esto tendrá sentido cuando ambas regulen una materia común de formas distintas, por
ejemplo en competencias transversales).
LA INCORPORACIÓN DEL DERECHO DE LA UNIÓN EUROPEA AL
ORDENAMIENTO ESPAÑOL

Integración supranacional y Derecho constitucional


Al tratarse de relaciones internacionales lo primero que tenemos que tener en
cuenta es que el competente es el Estado. Hoy en día existe un debate abierto entre los
constitucionalistas: si el Estado nación está en crisis podríamos plantearnos como
solución buscar la globalización, la integración supranacional para dar respuesta a la
crisis actual de forma conjunta y no de forma individual cada uno de los Estados en
crisis. Aquí en Europa se propone que las soluciones se den desde la UE y no desde
cada Estado, por ello se debe buscar una mayor integración política y económica entre
los distintos Estados.
En un caso general, no en el europeo, al haberse globalizado la economía
también debería globalizarse la política, respetando siempre los principios del
constitucionalismo (democracia, respeto de los derechos fundamentales…). Es
necesario llevar a cabo esta unión porque un solo Estado no tiene capacidad para
actuar como lobby, la única solución posible es hacer un frente común para presionar y
no estar subordinado a un poder que no es democrático ni controlado como es el
económico.
Por todo esto muchos constitucionalistas defienden el tránsito del Derecho
constitucional nacional al Derecho constitucional transnacional, creando una
gobernanza política común para resolver de forma unificada unos problemas que ya no
son meramente nacionales. Existe una parada intermedia para este fin, la UE, una
institución que debería tener capacidad para dar respuesta a estos problemas que
necesitan una respuesta internacional común y no individual. En estos momentos la
UE es una integración supranacional, el mejor ejemplo en el mundo de ello, a la que los
Estados miembros han cedido ya parte de su soberanía, para tomar decisiones que
antes eran tomadas individualmente. Esto es posible debido a las características
comunes entre los distintos países miembros (cultura occidental). La integración
económica ya es cierta y la política aunque existe, es aún mucho menos importante que
la anterior y necesita mucho desarrollo. Así el reto del constitucionalismo es lograr que
esta unión pueda lograr la integración total respetando los principios de democracia,
derechos fundamentales…
Este camino ya se ha empezado, ya existe una tabla de derechos fundamentales,
eficaz desde el Tratado de Lisboa (2007), se ha mejorado el papel del Parlamento
europeo, mejorando la legitimidad democrática… Pero aún estamos a medio camino, y
ello es una de las causas que impiden tomar las decisiones correctas y eficaces. Así, la
solución es más Europa y menos naciones. Algunos países ya lo defienden mientras que
otros son reacios al considerar que eso les afectaría individualmente, así se habla de
“britanización” al buscar el beneficio propio de cada país y no el común. Así, la semilla
(derechos fundamentales vinculantes, Parlamento europeo con más poderes, Estados
más cercanos entre sí…) ya existe, sólo hace falta desarrollarla como ha quedado claro
con esta crisis a la que no se ha podido dar una respuesta satisfactoria.
A la hora de construir el Derecho constitucional europeo, lo que los
constitucionalistas tienen claro es que este nuevo Derecho constitucional debe ser
diferente al nacional, se debe reformular, ya que los esquemas nacionales no se pueden
trasladar tal cual a una organización de tal magnitud.
España, gracias al artículo 93 de la CE tuvo facilitada la cesión de soberanía a un
ente supranacional, mientras que otros países tuvieron que reformar sus constituciones
para poder hacerlo. Según este artículo 93 la cesión deberá llevarse a cabo por ley
orgánica.
Características del ordenamiento jurídico comunitario
La UE nació a partir de la fusión de la CECA (1951), el EURATOM y la CEE, éstas
dos últimas surgidas del Tratado de Roma (1957), producida en 1992 con el Tratado de
Maastricht. Estas tres primeras organizaciones tuvieron como objetivo evitar una
nueva guerra europea. Los países que formaron la CECA fueron el Benelux (Bélgica,
Holanda y Luxemburgo), Alemania, Francia e Italia. La unión era básicamente
económica, aunque tuviera alguna característica de unión política. En 1957 “los Seis”
firmaron los tratados de Roma avanzando en la integración. En los años 70 se
incorporan Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca, dando lugar a la Europa de “los
Nueve”. En los 80 Grecia, España y Portugal. En los 90 Austria, Finlandia y Suecia. Ya
en el siglo XX Polonia, República Checa, Chipre, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania,
Malta, la República Eslovaca y Eslovenia. En los últimos años se adhirieron Rumania y
Bulgaria dando lugar a la “Europa de los Veintisiete”.
Reformas de los tratados fundacionales iniciales: Acta Única de la UE
(1986), Tratado de Maastricht (1992), Tratado de Ámsterdam (1997), Tratado de Niza
(2000), intento de tratado para crear una constitución europea en el año 2004, que no
fue ratificado por algunos países y por ello no salió adelante, y por último el Tratado de
Lisboa de 2007, que entró en vigor en 2009.
Instituciones principales: Consejo de la UE, Consejo Europeo, Comisión
Europea, Parlamento Europeo, Tribunal de Justicia y Tribunal de Cuentas.
Consejo de la UE: reúne a los ministros de los Gobiernos de los Estados miembros. Hay
consejos de todas las materias comunitarias comunes, por ejemplo, Consejo de
Sanidad, Consejo Justicia, etc. El más transversal es el Consejo de Asuntos Generales,
formado por los ministros de Asuntos Exteriores de los Estados miembros. La
presidencia de estos consejos se va rotando cada 6 meses entre los distintos países de la
UE, siendo realmente de 18 ya que participan el anterior presidente, el actual y luego el
posterior. Las funciones del Presidente consisten en presidir las reuniones del consejo,
fijar los temas a debatir, mediar en los conflictos en busca de compromiso de los
miembros y representar al Consejo. Por debajo del Consejo existe una institución
llamada COREPER (Comité de Representantes Permanentes) que Se encarga de
preparar los trabajos del Consejo. Filtra los temas y los asuntos, dejando al consejo sólo
las decisiones políticas.
Consejo Europeo: reconocido desde Lisboa, ya que antes estaba unido al consejo
anterior. Reúne a los jefes de estado o de gobierno de los países miembros, en las
denominadas cumbres comunitarias. No tiene funciones propias desde el punto de
vista jurídico: no legisla ni presupuesta, su función es dar impulso al conjunto de
instituciones europeas. Se reúne cuatro veces al año y en él se plasman las ideas que
luego deberán ser juridificadas por el resto de instituciones europeas, ya que este
consejo toma decisiones políticas no jurídicas. El mandato del presidente dura 2 años y
medio y su elección precisa mayoría cualificada de los miembros y no necesita
aprobación del parlamento. Sus funciones son limitadas, de preparación para el resto
de instituciones europeas, representa a la UE en el exterior y presenta informes
después de reuniones de Consejo europeo.
Parlamento europeo. Elegido cada 5 años por sufragio universal. En virtud del
tratado de Lisboa el Parlamento ha aumentado su poder legislativo extendiéndolo a
muchas materias. Se da para ello el denominado poder de codecisión con el Consejo de
la UE y el Parlamento: es un procedimiento en el que ambos tienen poder de decisión y
veto sobre el instrumento que se va a aprobar. Por tanto el parlamento ya tiene un
poder legislativo verdadero, que también tiene competencias presupuestarias y tiene
poder de control sobre la Comisión europea, mediante un procedimiento parecido a los
que hay a nivel nacional con los Gobiernos.
Comisión europea. Es el órgano ejecutivo de la UE, compuesto por un comisario
por cada estado miembro y un presidente. El presidente se elige a proposición del
Consejo europeo y necesita la ratificación del parlamento. El nombramiento de
comisarios es a propuesta del presidente en colaboración con el Consejo europeo, esta
decisión debe ser ratificada por Parlamento europeo sobre los nombramientos en su
conjunto. Sus atribuciones son: la iniciativa legislativa, sobre la cual tiene el monopolio,
la ejecución de derecho europeo, y el control de que se cumpla el Derecho comunitario,
tanto por parte de cada Estado como por parte de la UE, incluso sobre los particulares,
pudiendo para ello denunciar ante el Tribunal de justicia.
Tribunal justicia. Controla la aplicación del Derecho comunitario, es el órgano
judicial de la UE. Está formado por un juez por cada estado.
Instituciones auxiliares: Comité económico y social, Comité de las regiones,
BCE y Tribunal de 1ª Instancia.
Competencias: se basan en el principio de atribución, la UE sólo ejerce las
competencias que le atribuyen los tratados, no más. En las materias que no son
competencia exclusiva la UE, sólo puede intervenir si la acción de los Estados no sirve
para alcanzar los objetivos perseguidos por la UE (principio de subsidiariedad). Las
competencias ya no son sólo económicas, también son culturales, sociales…
Fuentes del derecho comunitario.
Obligatorias: dos partes, el Derecho originario y el Derecho derivado. El
primero está formado por el conjunto de tratados que los Estados han suscrito y
ratificado y se dividen en fundacionales, modificativos y complementarios. Los
fundacionales son el de la CECA y los de Roma; los modificativos y complementarios
los del Acta, Maastricht, Ámsterdam, Niza y Lisboa, también los de adhesión se sitúan
en este grupo. Los tratados originarios son lo más parecido a una constitución, ya que
establecen y posibilitan las fuentes del Derecho derivado, son fundamentales y
primarios, estando por tanto, el Derecho derivado subordinado al originario. El
derivado, que se produce a partir del principio de codecisión, está formado por los
reglamentos (normas jurídicas con efectos directos en países miembros sobre Estados y
particulares, serían el homólogo de las leyes); directivas (mandatos a uno o varios
países miembros, carecen de eficacia directa, necesitan una transposición, que podrá
ser llevada a cabo mediante ley, ley orgánica o reglamento, por parte del ordenamiento
nacional para poder ser aplicadas. La jurisprudencia del TJ de la UE ha sentado que si
una directiva no es transpuesta en plazo y forma debida por el país, tendrá efecto
directo la directiva sobre los particulares); decisiones (tienen carácter vinculante pero
se diferencian de las anteriores en que se suelen dirigir a destinatarios concretos, no
teniendo por tanto un carácter general); actos convencionales (tratados que firma la UE
con otros países); principios generales del Derecho europeo (reglas no escritas, pero
que son aceptadas por los países miembros, y que son positivizadas por el TJ UE con su
jurisprudencia, así que son fuente en el mismo sentido que a nivel nacional); posiciones
comunes (cooperaciones intergubernamentales para las materias que sólo son estatales
y no europeas, como la justicia interior y los asuntos exteriores).
No obligatorias: son dictámenes o informes no vinculantes

Las relaciones entre el ordenamiento comunitario y el ordenamiento interno


Estas relaciones se basan en tres principios: el principio primacía, el de efecto
directo y el de autonomía institucional.
Primacía: según la STJ “Costa/ENEL” de 1964, el Derecho comunitario prima
sobre el nacional, cuando un tratado reconoce una competencia de la UE ésta tiene
supremacía sobre los países miembros en ella. Así una directiva o reglamento prima
sobre una constitución de un Estado miembro. Para que exista el Derecho comunitario
esto es necesario, además de para garantizar el principio de no discriminación por
razón de nacionalidad. Cuando un juez de un Estado miembro ve que una norma
interna contradice la comunitaria debe inaplicar la norma interna. Según la STJ
“Simenthal” no importa que la norma nacional sea anterior o posterior a la norma
comunitaria, en cualquiera de esos dos casos debe ser inaplicada. En los años 70 los
tribunales constitucionales de Alemania e Italia comunicaron que no estaban de
acuerdo, ya que la tabla de derechos fundamentales de cada país debía primar sobre lo
que estableciera la UE. Cuando se ratificó el tratado de 2004 se consultó al TC si el
principio de primacía era constitucional y éste sentó que no contradecía a la CE gracias
al art 93, considerando que la CE era suprema aunque el Derecho comunitario primara,
el Derecho europeo prima pero la CE es suprema.
Efecto directo: según la STJ de 1963 “van Gend en Loos”, el Derecho
comunitario originario es directamente invocable ante los tribunales ordinarios de cada
Estado miembro por los particulares, con el Derecho derivado también ocurre lo mismo
excepto con las directivas, salvo que no se haga la transposición. Para que una norma
europea tenga efecto directo debe ser clara y precisa y no estar condicionada. En torno
a este principio surgen dos conceptos el efecto directo vertical y el horizontal. El
primero posibilita a los particulares invocar las disposiciones europeas frente a las
nacionales y el horizontal invocar disposiciones europeas frente a otro particular. En el
segundo caso, aunque se reconoce el efecto directo horizontal, se hace con más
limitaciones que el vertical.
Principio autonomía institucional: el Estado español ha de ejecutar las
obligaciones impuestas por la UE. En España en virtud del reparto de competencias de
la CE y los estatutos, podrán ser las CCAA o el Estado quienes las ejecuten. Según el
principio de autonomía institucional, aunque la norma comunitaria señale que la
autoridad central es la que debe ejecutar las decisiones, el TC sentó que regía el
principio de autonomía institucional y que debía ser ejecutada por quien tuviese la
competencia. En esa misma sentencia el TC establecía que la responsabilidad del
Estado es única ante la UE, los poderes centrales deben asegurar esa responsabilidad,
la UE se dirige a España no a la CA, por eso el Estado central puede establecer
mecanismos de control para vigilar que se cumpla la normativa europea. Todo ello se
debe hacer a través del principio de colaboración Estado-CCAA. Para mejorar esta
colaboración se crearon las conferencias sectoriales Estado-CCAA y se creó la CARCE
(Comités Asesores Regionales de Comercio Exterior).