You are on page 1of 2

DPTO.

DE ORIENTACIÓN
C.C.B. LA ASUNCIÓN PONFERRADA

Cómo motivar al alumnado.


Antes de comenzar el curso resulta de gran interés identificar las necesidades
de los estudiantes, tanto aquellas de las que son conscientes como de las que
no. Es bueno dedicar un tiempo a relacionar el valor del aprendizaje con las
necesidades y deseos del alumnado, dando forma y concretando así sus
motivaciones.
• Ser positivo y demostrarlo con una actitud positiva. Si el profesor/a mantiene
una actitud positiva, esto se transmite al alumnado.
• Crear un ambiente agradable en el aula para que predominen el respeto y la
concordia, huyendo de las situaciones que puedan provocar estrés,
humillación, etc… Una atmósfera abierta y positiva ayudará a que todos nos
sintamos más tranquilos y con una mejor predisposición para el trabajo.
• Siguiendo el hilo del punto anterior, tener en cuenta la importancia de ayudar
a los estudiantes a sentirse miembros valorados en su grupo, en este caso su
comunidad de aprendizaje.
• Mantener una mente abierta y flexible ante los conocimientos y sus posibles
cambios. Hay que ser consciente de que los conocimientos se construyen y
reconstruyen día a día y de que existen diferentes perspectivas para
abordarlos.
• Cuidar los mensajes que se dan. A veces, mensajes del tipo «esto es muy
difícil», «no sé si seréis capaces de entender esto», más que ayudar a
mantener la atención pueden desanimar y desmotivar. Ojo con su utilización.
• Preparar los contenidos y actividades de cada sesión. La improvisación se
suele detectar fácilmente y puede restar credibilidad, lo que ayuda a la
progresiva desmotivación. Por el contrario, la mayoría de los estudiantes
responden positivamente a un curso bien organizado. Si además es impartido
por un profesor entusiasta que siente interés por sus estudiantes y su progreso
en los estudios, tenemos asegurado un nivel aceptable de motivación.
• Es importante comenzar los temas detectando el nivel de conocimiento previo
de los alumnos. Ayudará a situar el punto de partida y el nivel de dificultad
adecuado a la hora de plantearlos (los temas). Asimismo, generar conflictos
cognitivos planteando problemas que activen su curiosidad o interés, ayudará a
captar la atención de los alumnos.
• Presentando la información nueva de manera sorprendente o incongruente
con los conocimientos previos, puede crear la necesidad de investigar y
aprender más, a la vez que ayuda a reacomodar los esquemas mentales.
• Hay que intentar utilizar un lenguaje familiar para el alumno y muchos
ejemplos que pueda relacionar con su contexto, sus experiencias, sus valores.
Esto conecta con la necesidad de ayudar a los estudiantes a encontrar un
significado personal y un valor en la materia objeto de estudio.
• Variar los procedimientos y las actividades. Si siempre seguimos el mismo
esquema para desarrollar los temas, es más fácil que llegue el aburrimiento.
• Es importante mostrar las aplicaciones que pueden tener los conocimientos
objeto de estudio. Si se puede ejemplificar mediante situaciones de la vida
diaria, la relevancia de los contenidos quedará bien patente y su interés
aumentará.
• Hacer que los alumnos sean parte activa en el desarrollo de las clases. La
pasividad choca frontalmente con la curiosidad y la motivación. Hay que lanzar
preguntas constantemente, animar a los alumnos a sugerir cuestiones, adivinar
respuestas…
• Organizar actividades en grupos cooperativos, con exposiciones, debates,
representaciones, investigaciones… Este tipo de trabajo resulta bastante
motivador para buena parte del alumnado. Esto debe ir unido al respeto de la
individualidad de cada uno, dejando que cada alumno actúe y piense por sí
mismo. La combinación de ambos factores dará como resultado el equilibrio
necesario para el correcto desarrollo personal y académico.
• Mantener las expectativas bien altas con cada grupo. Las expectativas del
profesor/a tienen un efecto comprobado en los resultados obtenidos por los
estudiantes. No dejar que decaigan.
• Dar frecuentes, anticipadas y positivas respuestas que apoyen a los alumnos
a creer que pueden hacerlo bien.
• Asegurarse de dar oportunidades para que los estudiantes tengan éxito,
asignando tareas que ni sean demasiado fáciles, ni demasiado difíciles.
Mensajes positivos para que se sigan esforzando en la medida de sus
posibilidades, incrementarán su confianza.
• Diseñar exámenes que fomenten el tipo de aprendizaje que se desea que los
alumnos asuman. Si, por ejemplo, los exámenes se basan en memorizar
detalles los estudiantes se centrarán en memorizarlos; si en cambio los
exámenes ponen énfasis en sintetizar y evaluar la información, los estudiantes
se motivarán para poner en práctica estas habilidades cuando estudien la
asignatura.
• Diseñar las evaluaciones de forma que proporcionen información sobre el
nivel de conocimientos, y en caso de fracaso, detallar los puntos débiles de
manera que se puedan conocer las razones de tal fracaso, y que quede claro
de esa forma qué es lo que se necesita corregir y en lo que hay que incidir. En
este sentido, es interesante que las notas de evaluación se proporciones de
manera confidencial, destinando un tiempo para hablar con cada alumno,
dándole la información necesaria acerca de los fallos y aciertos.