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EL CABALLO Y EL ASNO

Un hombre tenía un caballo y un asno.

Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose


cansado, le dijo al caballo:

- Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.

El caballo haciéndose el sordo no dijo nada y el asno cayó


víctima de la fatiga, y murió allí mismo.
Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo, incluso
la piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:

- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un


ligero fardo ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel del asno encima!

Moraleja: Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu prójimo que
honestamente te lo pide, sin que lo notes en ese momento, en realidad te estás
perjudicando a ti mismo.
EL OSO DE LAS DOS CARAS

Este era un oso que vivía en el bosque. Habitualmente, demostraba una gran valentía en cada
uno de sus actos, y dicha valentía sumada a su fuerte y gigantesco cuerpo, hacía que ningún
otro animal se atreviera a enfrentarle. Se dice que medía de pie casi tres metros de largo y que
su fuerza podía aplastar incluso a los hombres.

 Soy el oso más valiente y fuerte del mundo. ¿Acaso


existirá alguien capaz de hacerme frente en algún
lugar? – Vacilaba frecuentemente el oso, aplaudido
por todos los animales del bosque que tendían a
acobardarse con su mera presencia.

Sin embargo, a la espalda del oso valiente todos discutían


en la búsqueda de un remedio que atemorizara al animal,
por raro que fuese, convencidos de que algo tenía que ser
capaz de acobardarlo.

 ¡Pero si es el más valiente del mundo! ¿Qué podría


asustarle? – Se planteaba angustiado un oso de su
misma especie.

Entre todos eran incapaces de dar con una solución, hasta que un día estalló una gran
tormenta. Los relámpagos eran inmensos y venían acompañados de truenos que hacían
temblar la superficie de la tierra. Y cuál fue la sorpresa de los animalillos del bosque al observar
que el oso temido y valiente salía despavorido de su cueva, aterrorizado con el estruendo de
aquella tormenta, pidiendo auxilio con fuertes y lastimosos rugidos.

Aquel día todos los animales del bosque, menos el oso, fueron felices. Nunca jamás habían
disfrutado tanto de una tormenta, y es que habían dado con aquello capaz de atemorizar al oso
vacilante y burlón que se creía el más fuerte del mundo.

Moraleja: Debemos entender que nadie es invencible, siempre puede existir alguien mejor que
uno mismo.
EL CERDITO Y EL CONEJO

Había una vez en un colegio un conejo muy presumido que


todos los días llevaba sus zapatitos muy limpios, relucientes,
brillantes.

En su misma clase también estaba el cerdito Peny, que


tenía mucha envidia al conejo por sus zapatos.

Pero el cerdito al vivir en una charca de barro sabía que


nunca conseguiría tener unos zapatos como los de su amigo conejo.

Todos los días limpiaba y limpiaba, pero nada seguían igual de sucios.

Un día jugando en el recreo tenía que hacer una carrera para ver quién era el más
veloz. El cerdito asustado, no sabía qué hacer, ya que sus zapatillas no eran como las
de su amigo.

El día de la carrera, el cerdito Peny no se lo pensó, y salió corriendo a la par que el


conejo.

Mientras corría, solo pensaba en ser el ganador y no rendirse nunca, tal y como le
decía su madre.

Al llegar a la meta, todos se quedaron asombrados por la rapidez del cerdito Peny, no
entendían como podía haberle ganado al conejo y sus super zapatillas.

Moraleja: da igual el zapato que lleves, el esfuerzo por conseguir una meta que te
propongas no está en los zapatos sino en ti. Debes ser feliz con lo que tienes, sentirte a
gusto contigo mismo y confiar en ti.

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