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ALGUNOS RELATOS Y ANÉCDOTAS

SOBRE LAS «CARACTERÍSTICAS» DE


SANTO TOMÁS DE AQUINO
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ÍNDICE
A. CARACTERÍSTICAS FÍSICAS Y BIOGRÁFICAS ..........................................7
Rasgos biográficos ................................................................................................... 7
Rasgos físicos y temperamentales ............................................................................ 8
B. EL ESTUDIO Y LA ENSEÑANZA, COMO MEDIOS PARA ALCANZAR A
DIOS ..................................................................................................................9

C. ANÉCDOTAS ............................................................................................. 15
Amor a Dios, a la Virgen y las cosas divinas ......................................................... 15
Humildad y paciencia heroicas .............................................................................. 18
Limpieza de corazón y otras virtudes..................................................................... 21
Valentía y convicción ............................................................................................ 22
Amor a la verdad .................................................................................................... 24
Otros detalles…: .................................................................................................... 26
D. CARIDAD EXQUISITA, FAVORES MILAGROSOS Y APOSTOLADO: ...... 29

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA: ................................................................... 31

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«Santo Tomás de Aquino, el gran maestro de la cristiandad occidental»
(PIEPER, J. Las virtudes fundamentales, p. 13; cf. p. 529).

«Que el tomismo sea la filosofía del sentido común es una cosa del sentido común.
Sin embargo, requiere una palabra explicativa porque por largo tiempo
hemos tomado estos temas con un sentido poco común»
(CHESTERTON, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 129).

«El tomismo no es ni aristotélico ni agustiniano; supera ampliamente sus fuentes


inspiradoras, tras haberlas asimilado y transformado. Por ello no puede
ser designado sino con su propio nombre: ‘tomismo’»
(PONFERRADA, G. E., Introducción al tomismo, p. 42).

«En el Sol de Aquino está todo tan trabado,


que no se comprenden fácilmente sus obras sin su vida»
(RAMÍREZ, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, p. xii).

«Tomás de Aquino dijo cosas tan llanamente verdaderas que, desde su época hasta
hoy, muy pocos han sido capaces de olvidarse de sí mismos lo suficiente para
aceptarlas. Hay un problema ético en la raíz de nuestras dificultades filosóficas; los
hombres somos muy aficionados a buscar la verdad, pero muy reacios a aceptarla
(…). En resumen, hallar la verdad no es difícil; lo difícil es no huir de la verdad una
vez que se la ha hallado (…). Los más grandes filósofos son aquellos que no titubean
en presencia de la verdad, sino que le dan la bienvenida con estas simples palabas: Sí,
amén. Uno de estos últimos fue Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás era
suficientemente inteligente para reconocer la verdad cuando la veía, y suficientemente
humilde para humillarse en su presencia. Su santidad y su filosofía derivaban de la
misma fuente: su anhelo más que humano de dar paso a la verdad»
(E. GILSON, La unidad de la experiencia filosófica, pp. 77-78).

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A. CARACTERÍSTICAS FÍSICAS Y BIOGRÁFICAS1:
Rasgos biográficos:
1. «De manera extraña y casi simbólica, Tomás de Aquino surgió en el centro exacto
del mundo civilizado de su tiempo (…). Fue italiano y francés y alemán y por sobre
todo, europeo»2.
2. «A fines del año 1225 (fecha más probable) nació Tomás, séptimo y último hijo del
conde Landolfo de Aquino y de Teodora de Theate, en el castillo de Rocasecca, en las
cercanías de Nápoles»3.
3. «Landolfo y Teodora fueron padres de numerosa prole. Doce hijos les concedió el
Señor: siete varones y cinco hembras. Tomás era el benjamín de los varones» 4.
4. «Santo Tomás nació en el castillo de Roccasecca, cera de Aquino, hacia fines del año
1224 o comienzos del 1225. En el año 1230 se hace oblato en el monasterio de Monte
Casino. En el año 1239 vuelve Tomás por algún tiempo a su familia. No obstante, desde
el otoño del mismo año lo hallaremos como estudiante de arte en la Universidad de
Nápoles. En esta misma ciudad viste el hábito dominicano a los 20 años (1244), se pone
luego en camino hacia París en compañía del maestro general de la Orden, Juan el
Teutónico. Sus hermanos, despechados por su entrada en religión, preparan un golpe de
mano cerca de Aquapendente, se apoderan de él y lo llevan a Roccasecca. Tomás
recobra su libertad en el otoñó del año 1245 y se va a París, donde estudia en la facutlad
de de teología, bajo la dirección de Alberto Magno. En el año 1248 Tomás abandona
Paría para acompañar a su maestro, encargado de la dirección del nuevo Studium
generale establecido por la orden en Colonia. Allí reside hasta las vacaciones de vernano
de1252, fecha en la que vuelve a Paris preparándose para optar al título de maestro en
teología. En el año 1256 obtiene el licenciado en teología y comienza luego su
enseñanza para alcanzar el título de maestro de teología. Continúa en la enseñanza
durante tres años, desde septiembre de 1256 a junio de 1259. Obtenido el título de
maestro… vuelve a Italia y enseña sucesivamente en Agnani (1259-1261), Orvieto
(1261-1265), Roma (1265-1267) y Viterbo (1267-1268). En esta fecha abandona Italia
para volver a Paris a donde llega en 1269. Nuevamente abandona a París en 1272;
enseña en Nápoles en 1273 y parte en enero de 1274, llamado personalmente por

1 Una excelente descripción del físico y las virtudes de Santo Tomás, en Ramírez, S., Introducción
general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, pp. 50.
2 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 59.
3 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 23.
4 Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, p. 3.

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Gregorio X, para el segundo Concilio general de Lyon. En el camino le sobreviene una
enfermedad, se detiene en Fossanova y muere el 7 de marzo de 1274»5.

Rasgos físicos y temperamentales:


5. «Santo Tomás fue un ingente y pesado toro, un hombre grueso, lento y tranquilo,
muy apacible y magnánimo pero no sociable, reservado aún más allá de la humildad de
la santidad y retraído aún más allá de sus ocasionales y cuidadosamente ocultadas
experiencias de trance o éxtasis (…). Fue tan callado y retraído que en las escuelas que
frecuentó regularmente los maestros lo tuvieron por un zote»6.
6. «Cuando pasaba por los campos con sus compañeros, los paisanos se volvían para
mirarle, maravillados de su elevada estatura. Era grande, moreno, de cuerpo robusto, de
porte erguido. Tenía la tez trigueña, la cabeza grande y algo calva»7.
7. «Nacido en 1226, Tomás tuvo desde su infancia una aversión inexplicable a
convertirse en ave de presa o a asumir por lo menos un interés ordinario en la cetrería,
los torneos u otros pasatiempos caballerescos. Era un muchacho pesado, grave,
apacible…»8.
8. «Cuando no estaba sentado inmóvil leyendo un libro, paseaba por el claustro y lo
hacía a pasos largos y rápidos, y aun furioso, acción típica como la que más de hombres
pelean sus batallas en la mente. Cuando quiera le interrumpían era cortés y afable y se
deshacía en excusas más que el demandante. Pero tenía un no sé qué que simulaba
cuánto mayor sería su felicidad si no le interrumpieran»9.
9. «Santo Tomás tenía un cierto tipo si no común en Italia, común entre italianos de
excepción (…). Su altura era más notable que su circunferencia y, por sobre todo, su
cabeza era en proporción tan poderosa como para dominar el cuerpo (…). Mandíbula y
mentón firmes, nariz romana, frente amplia y sienes desnudas»10.

5 Gilson, E., La filosofía en la Edad Media, pp. 166s.


6 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 12-13. Cf. p. 109.
7 Maritain, J., El Doctor Angélico, pp. 33.
8 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 48.
9 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 110.
10 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 108.

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B. EL ESTUDIO Y LA ENSEÑANZA,
COMO MEDIOS PARA ALCANZAR A DIOS:

1. «Santo Tomás no reconcilió a Cristo con Aristóteles: reconcilió a Aristóteles con


Cristo»11.
2. «A pesar de su recurso a la Ética a Nicómaco de Aristóteles, no está hablando como
un simple “aristotélico” (cosa que, hablando en rigor, no lo fue nunca)» 12.
3. «El Maestro trabajaba sin descanso, desplegando un poder intenso de intelección y
una actividad tenaz sosegada (los testigos narran que no sólo dictaba tres y aun a cuatro
secretarios a la vez sobre tópicos distintos, sino que, aun más, le aconteció seguir
dictando dormido en medio del dictado, luego de haberse recostado para descansar).
Trabaja sin miramientos, pues sabe muy bien que si la contemplación está por encima
del tiempo, no ocurre lo mismo con la acción que se efectúa en el tiempo y debe marchar
rápidamente y vencer la malicia del instante»13.
4. «Al morir, cuando aún no tenía cincuenta años, dejaba escrita una vasta literatura
teológica y filosófica, equivalente a unas cuatro mil páginas en cuatro por año, realizada
consecutivamente durante cuatro lustros»14.
5. «[San Alberto Magno] como buen profesor no ignoraba que el zote no siempre es un
zote. Le causó regocijo enterarse de que a su zote lo habían apodado los compañeros el
Buey Mudo. Era algo natural, que no quitaba, empero, nada del saber extraño y
simbólico del énfasis extraordinario con que al final el zote habló. Porque a Tomás se lo
conocía todavía generalmente como un alumno oscuro y obstinadamente callado entre
muchos otros más brillantes y prometedores, cuando el gran Alberto rompió el silencio
con su grito famoso y su profecía: ‘Le llaman el Buey Mudo. Y bien yo os digo que ese
buey bramará tan alto que sus bramidos llenará el mundo’»15.
6. «Esta vida errante parece poco apropiada para un erudito y un pensador, pero su
constante aplicación al estudio y el trabajo, en todas las circunstancias, le permitió
producir un número sorprendente de obras en su corta vida de 49 años»16

11 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 20. Cf.: p. 75: «Es lo que se ha llamado, no sin cierto
humor, ‘el bautismo de Aristóteles’»; p. 103: «Fue el Aquinate quien bautizó a Aristóteles». Cf.
Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 39.
12 Pieper, J. Las virtudes fundamentales, pp. 507-508.
13 Maritain, J., El Doctor Angélico, pp. 31-32. Cf. Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica

de Santo Tomás de Aquino, p. 38.


14 Derisi, O. N., Santo Tomás y la Filosofía actual, p. 11.
15 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 59-60.
16 Copleston, F. C., El pensamiento de Santo Tomás, p. 8.

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7. «Era un gran ecónomo del tiempo. Perder el tiempo hubiera sido para fray Tomás
faltar a la pobreza. El tiempo era su única riqueza, y derrocharlo hubiera sido para él una
falta grave. Por eso huía de las conversaciones inútiles»17.
8. «Entraba a penas en París cuando desde la colina le mostraron el esplendor del
arranque de las nuevas flechas, y alguien dijo algo así: ‘¡Qué grandioso debe poseer
todas esas cosas!’. Y Tomás de Aquino únicamente murmuró: ‘Yo preferiría tener el
manuscrito de Crisóstomo, y no lo logro obtener’»18.
9. «Es conocido el diálogo entre el Maestro y sus estudiantes, cierta vez que volvían
juntos de una visita a Saint-Denis: ‘Maestro, ¡qué hermosa es esta ciudad de París!— Sí,
es hermosa por cierto.— ¡Pluguiese al cielo que fuera nuestra!— Y ¿qué haría yo con
ella? — La podríais vender al rey de Francia y con su precio construir todos los
conventos de los frailes predicadores— En verdad, más desearía poseer en este
momento las homilías del Crisóstomo sobre San Mateo’»19.
10. «Otro día el Maestro explica una cuestión muy difícil. Fray Tomás toma notas
afanosamente en una hoja, que perdió en la puerta de su celda. Encontró la hoja el
Maestro de estudiantes. Al leerla se maravilló de la claridad y precisión del resumen. Y
le entregó la hoja al Maestro Alberto, el cual le dijo que ordenara a fray Tomás que
preparase para un acto académico solemne un tema muy difícil, a lo que el buen
estudiante se resistía por humildad, pero no le quedó más remedio que aceptar por
obediencia. Expuso el tema con claridad y competencia. El Maestro Alberto argüía en
contra de la tesis mantenida por el ponente, el cual deshacía los argumentos y los
resolvía satisfactoriamente. En aquel momento, el Maestro le dijo: “Fray Tomás, no
parece usted un alumno que contesta, sino un maestro que define”. A lo cual contestó
con reverencia: “Maestro, no veo otra manera de responder”. Y el Maestro, para poner a
prueba el calibre de su inteligencia, le dijo: “Responda ahora con sus distinciones a este
problema”. Y le objetó cuatro argumentos tan fuertes que todos creyeron que fray
Tomás estaba vencido y no podría responder. Pero, serenamente, con profunda sabiduría
fue respondiendo a cada uno de los argumentos con claridad y definitivamente. Entonces
Alberto el Grande dijo: “Nosotros llamamos a éste ‘buey mudo’, pero él dará tales
mugidos con su doctrina, que resonarán en el mundo entero”» 20
11. «Regresando un día con sus estudiantes de la Iglesia de san Dionisio, a donde habían
ido para visitar las reliquias de los santos y el monasterio, viendo de cerca la ciudad de

17 Forment, E. Id a Tomás, p. 16.


18 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 87.
19 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 35.
20 Forment, E. Id a Tomás, p. 16. Cf. Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo

Tomás de Aquino, pp. 11-12.


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París, le dijeron los estudiantes: “Maestro, ved que hermosa es la ciudad de París
¿Querríais ser señor de esta ciudad?”. Pensaban que les diría alguna palabra de
edificación. Fray Tomás respondió: “Con mucho mayor gusto tendría las homilías del
Crisóstomo sobre el Evangelio de San Mateo”»21.
12. «En su prisión le permitieron tener el Breviario, la Biblia, las Sentencias (libros que
aprendió de memoria) y la Sophistica de Aristóteles»22.
13. «La vida de fray Tomás se concentró en la oración y en el estudio. Sabía todo el
Salterio de memoria desde su paso por Monte Casino. En el año y medio largo que pasó
en Rocasecca, aprendió de memoria lo restante de la Biblia y las Sentencias de
Lombardo»23.
14. «En su misión de Doctor integró la Italia de los Papas, la Alemania de Alberto
Magno, la Francia de San Luis y de la Universidad de París, así como la herencia de los
Padres y la sabiduría cristiana juntó lo tesoros griegos y latino, árabes y judíos, en una
palabra, el aporte completo del mundo entonces conocido»24.
15. «Estudió la literatura sin omitir la de los adversarios del cristianismo con cuidado e
imparcialidad mayores de las que estaban en boga; trató de entender en serio el
aristotelismo arábigo de los musulmanes, y escribió un tratado sobre el problema de los
judíos y su trato. Se esforzó siempre por ver las cosas desde el interior y tuvo la suerte
de haber nacido en el centro del sistema del Estado y la alta política de su tiempo»25.
16. «Sería totalmente falso decir que el Aquinate se inspiró en Aristóteles. La lección
que se desprende de toda su vida, especialmente de sus primeros años, del relato de su
infancia y elección de carrera, nos muestra a un hombre movido por sobre todo y
directamente por la devoción y que amó apasionadamente el culto católico aun antes de
darse cuenta de que tenía que luchar por él»26.
17. «Y siempre mantendrá esta disciplina intelectual no dejando ninguna duda sin
aclarar, ninguna verdad, por quienquiera expuesta, sin retomar, ejerciendo en un palabra,
el máximo de vigilancia y desentendiéndose de todo lo demás»27.
18. «Más que al poder de su espíritu debía su ciencia al poder de su oración (…). Si le
ocurría tropezar con algún punto dudoso, refiere Bartolomé de Capua, corría al altar y

21 Forment, E. Id a Tomás, p. 20.


22 Fraile, G. Historia de la filosofía II (2º), p. 259.
23 Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, p. 9.
24 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 61.
25 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 40.
26 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 25.
27 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 35.

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permanecía allí, entre grandes lágrimas y sollozos, para luego volver a su celda y
continuar sus escritos»28.
19. «No por casualidad formula Tomás la siguiente objeción. Ya que Dios es un ser
incorpóreo y nuestro fin es la “semejanza con Dios” tendría que decirse que el alma
separada del cuerpo es más semejante a Dios que la unida al cuerpo. Un argumento,
pues, que se apoya en un pensamiento muy elevado y al que parece ser que nadie se
puede oponer. Pues bien, Tomás se opone. “Más que el alma separada del cuerpo es
semejante a Dios el alma unida al cuerpo, porque ella (el alma encarnada) posee
naturaleza de un forma más perfecta” (De Potentia 5,10 ad 5). La corporeidad es, por
tanto, buena. Con ello se incluye que la sensibilidad es buena (…)»29.
20. «El filósofo no se caracteriza propiamente por dedicarse a una disciplina determinada
metódicamente, claramente diferenciada. Casi se puede decir que el que filosofa
seriamente no se interesa en absoluto por la “Filosofía”. Él quiere saber qué ocurre con
la totalidad del mundo y del hombre, ciertamente en tanto que algo se presente a la
mirada completamente abierta y simple»30.
21. «Filosofar quiere decir que yo dirijo mi mirada al mundo y a mí mismo y,
manteniendo así la realidad en la mirada, me pregunto por la significación última de
todo lo concerniente al mundo, al hombre y a Dios (en tanto en cuanto Dios aparece a mi
mirada en la contemplación del mundo o también en la experiencia íntima, por ejemplo,
en mi propia conciencia)»31.
22. «La enseñanza dice Tomás, es una de las formas más elevadas de la vida espiritual
en general, precisamente porque en la enseñanza se unen la vida contemplativa y la vida
activa, no al modo de una yuxtaposición externa, no simplemente de un manera
“fáctica”, sino en una unión natural y necesaria. El verdadero maestro participa una
verdad, que primeramente ha comprendido como tal en una mirada puramente receptiva,
a otros hombres que igualmente quieren y deben apropiarse de es verdad. El docente
mira, pues, a la verdad de las cosas; éste es el aspecto contemplativo de la enseñanza. Es
también es aspecto del silencio, sin el cual la palabra del maestro no tendría ascendencia
y sería aspaviento, charlatanería, cuando no engaño. Pero el maestro mira al mismo
tiempo a la cara de hombres vivientes y se somete al trabajo metódicamente disciplinado
y fatigoso de explicar, mostrar y transmitir. Done no tiene lugar esta mediación, no
existe enseñanza Uno es tanto más maestro cuanto más intensivamente y
apasionadamente viva estos dos rasgos; por una parte, la relación con la verdad, la
facultad de la silenciosa aprehensión de la realidad; por otra parte, el asentimiento de los
oyentes y discípulo. Y se puede decir que Tomás ha realizado efectivamente ambas
cosas en su persona con una gran intensidad (…). Creemos que esto precisamente

28 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 42.


29 Pieper, J., Introducción a Tomás de Aquino, p. 138.
30 Pieper, J., Introducción a Tomás de Aquino, p. 166.
31 Pieper, J., Introducción a Tomás de Aquino, p. 161.

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caracteriza al maestro, hacer el esfuerzo —y conseguirlo— de pensar, y no meramente
de hablar, a partir de la situación del principiante, a partir de la situación interior del
primer encuentro con el objeto (…). Por supuesto que Tomás unió el amor del verdadero
maestro al dominio magistral del oficio didáctico (…). Hay que evitar, por ejemplo, el
hastío que producen lo demasiado usual y la constante repetición de lo mismo, pero esto
no quiere decir que el maestro tenga que hacer el objeto “interesante” de un modo
caprichoso a fin de que sea más fácil para el estudiante, sino que se trata de los
siguiente: todo conocimiento profundo, y no sólo el filosofar, empieza con el asombro.
Si esto es verdad, entonces todo depende de que el estudiante sea guiado hasta
comprender el carácter de lo asombroso, de lo mirandum, de lo “nuevo” del objeto de
que se trate. Si se consigue esto, entonces se ha hecho más, y también algo distinto, que
hacer la ciencia amena e interesante (…). No hay aquí ningún lucimiento por lo que
entonces estuviera de moda, sino el convencimiento del gran maestro de que la verdad
no podría hacerse presente de ninguna otra forma que en un lenguaje vivo, que lo
conocido y pensado hacía ya largo tiempo se comprende y configura siempre de una
nueva forma»32.
23. «Hubo también otro elemento igualmente incuestionable que se unió a su ‘amor por
la verdad’ para poner fin a los malos entendidos. Es un elemento que nunca hay que
omitir en un retrato de santo Tomás. Por sumergido que haya estado en teorías o
distraído o llevado de imaginaciones, abundaba Tomás en sentido común; y cuando
ocurrió no sólo que le enseñaran sino que lo hicieran equivocadamente algo hubo en él
que clamó desde lo hondo tajantemente: ‘¡Oh, esto tiene que acabar!’» 33.
24. «Santo Tomás con su corazón humilde estuvo siempre dispuesto a dar gracias por
todos sus pensamientos a Alberto Magno, como también a Aristóteles o a Agustín, o a
cualesquiera viejos maestros. Sin embargo, su pensamiento es bien suyo y superó en
mucho al de Alberto y al de los otros aristotélicos, por no hablar de Agustín y los
agustinistas»34.
25. «El Aquinate fue un firme realista, aunque moderado (…); de hecho, en casi todas
las cosas, dijo exactamente lo que el sentido común hubiera dicho si no lo hubieran
trastornado herejes inteligentes»35.

32 Pieper, J., Introducción a Tomás de Aquino, pp. 109-112.


33 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 59.
34 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 60.
35 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 157.

13
14
C. ANÉCDOTAS:
Amor a Dios, a la Virgen y las cosas divinas:
1. «Si es cierto que no ha faltado aún en tal Doctor el sello de las limitaciones humanas
en lo que atañe a los divinos misterios, como en el privilegio de la Inmaculada
Concepción, tan discutido en su tiempo y que no fue enseñado por él (y que fue
tenazmente combatido durante varios siglos por algunos de su escuela), debemos tener
en cuenta que la reserva guardada por Santo Tomás sobre dicho punto proviene de que
(por prudencia teológica y para no adelantarse al juicio de la Iglesia romana) permaneció
en lo implícito sin llegar a las precisiones definitivas. En el planteamiento de sus
principios no se descubre ninguna falla, antes bien fue el timonel que asegurando la
recta dirección, sirvió tanto como el fervor admirable de Escoto y de la escuela
franciscana para preparar la definición dogmática pronunciada por Pío IX en 1854. El
amor había visto más que la razón»36.
2. «Pareciera que santo Tomás vivió una especie de segunda vida misteriosa, que es la
divina réplica de lo que se llama doble vida. Alguien alcanzó a entrever en él ese tipo de
milagro solitario que la gente de la psicología llama levitación; tiene el tal que haber
sido o un mentiroso o un testigo ocular, porque no cabían dudas o grados en tal prodigio
acaecido a tal persona: inventar el hecho sería como jactarse de haber visto los enormes
pilares de la catedral suspendidos en el aire como nubes»37.
3. «La revelación más representativa de esa cara de la vida de santo Tomás la
encontremos en el celebrado relato del milagro del crucifijo cuando en la paz silenciosa
de la iglesia de Santo Domingo en Nápoles una voz descendió desde la imagen de Cristo
y anunció al fraile prosternado que había escrito bien y le ofreció la elección de una
recompensa entre todos los bienes de la tierra»38.
4. «Un domingo de Pasión que celebraba la misa ante un gran concurso de soldados, en
el convento de Nápoles, viósele arrebatado de espíritu y sollozando de tal modo, que
parecía estar presente en el Calvario y doblegarse bajo el peso de los sufrimientos de
Cristo. Los frailes hubieron de acercarse y tocarle para que pudiera continuar la misa»39.
5. «[Reginaldo] recibió del Santo algunas extrañas y sorprendentes confidencias de un
género que rara vez se brinda a los amigos (…). Le rogó que retomara sus hábitos
regulares de lectura y de trabajo y no abandonara las controversias de su tiempo.

36 Maritain, J., El Doctor Angélico, pp. 117-118. También leer la importante cita al pié que traen estas
páginas. Cf. Introducción a la cuestión 27, por Alberto Colunga, en Suma Teológica de Santo Tomás,
tomo XII, pp. 5 ss.
37 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 119. Cf. otro suceso parecido en la p. 122.
38 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 119-120.
39 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 43.

15
Respondió Tomás: ‘No puedo escribir más’. Hubo, al parecer, un silencio tras el cual
Reginaldo se aventuró a tocar el tema de nuevo y Tomás le respondió con fuerza aún
mayor: ‘No puedo escribir más. He visto cosas ante las cuales mis escritos parecen
paja’»40.
6. «En 1274, cuando el Aquinate bordeaba los cincuenta años, el Papa, le mandó un
mensaje pidiéndole que marchara a un concilio por realizarse en Lyon (…). Se puso en
marcha con su amigo con el propósito de descansar por la noche junto a su hermana a la
que profesaba profunda devoción. Y cuando llegó a esa casa un mal desconocido lo
abatió (…). Eventualmente lo trasladaron al monasterio de Fossanuova y desde ese
momento su fin se acercó a grandes pasos (…). Confesó sus pecados y recibió a su
Salvador (…). Luego debió llegar un momento en que las gentes alrededor del Santo
descubrieron que el molino se había detenido repentinamente (…). Y el confesor, que
había estado con el Santo en la cámara interior, corrió como asustado y susurró que su
confesión había sido la de un niño de cinco años»41.
7. «Era el primero en levantarse por la noche, e iba a postrarse ante el Santísimo
Sacramento. Y cuando tocaban a maitines, antes de que formasen fila los religiosos para
ir a coro, se volvía sigilosamente a su celda para que nadie lo notase. El Santísimo
Sacramento era su devoción favorita. Celebraba todos los días, a primera hora de la
mañana, muy al amanecer, y luego oía otra misa o dos, a las que servía con
frecuencia»42.
8. «Un secreto que le reveló a fray Reginaldo, para gloria de Dios y para su consuelo,
cuando estaba para morir en Fossanova. Que la Virgen María, Madre de Dios, se le
apareció y le certificó sobre su vida y su ciencia, y que impetró de Dios y obtuvo para él
todo lo que él deliberadamente le había pedido (...) Es un detalle muy curioso de la
devoción del Santo a la Virgen, abonado por otra pincelada anotada por los
investigadores, que constatan que en la redacción de la Suma contra los Gentiles, cuyo
original se conserva en el Archivo Vaticano, en todas las páginas, al iniciar la escritura,
está como sello de autenticidad la salutación angélica: “Ave María”, de la mano del
Santo»43.
9. «Durante la noche, tras un sueño corto, permanecía arrodillado en oración, en su
celda o en la Iglesia»44.
10. «Se le apareció un día la Virgen María para darle plena seguridad sobre su vida y
doctrina y revelarse su estado, como lo suplicara tantas veces, jamás habría de cambiar
(es decir, que nunca sería ascendido a ninguna prelatura)»45.

40 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 125-127. Cf. Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 48.
41 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 127-128. Cf. Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 38.
42 Forment, E. Id a Tomás, p. 18. Cf. Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 37.
43 Forment, E. Id a Tomás, p. 18.
44 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 43.
45 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 43. Cf. p. 48.

16
11. «En este último tiempo de su vida, vivió con gran intensidad los misterios de la vida
de Cristo y de los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía. Se cuenta que en la
iglesia del convento de Nápoles, el 26 de marzo de 1273, domingo de Pasión, celebra la
Eucaristía, a la que asisten muchos caballeros y frailes. En el decurso de la celebración
se le vio absorto en la contemplación del misterio y como si sufriera las penas de
Jesucristo, llorando copiosamente. Estando así mucho rato, se acercaron los frailes y lo
sacudieron para que prosiguiera la misa. Y, al acabarla, los frailes y caballeros más
amigos le pidieron que les manifestara lo que le había pasado, al menos para que
pudieran edificarse. Pero no quiso decirles una sola palabra»46.
12. «El día 3 de diciembre de 1273 deja de dictar. Según sus biógrafos, está tratando del
sacramento de la penitencia y el 5 de diciembre termina la cuestión 90 de la tercera parte
de la Suma. Al día siguiente, fiesta de San Nicolás, celebra misa en la capilla del mismo
Santo, lugar en que cada día celebraba. Ha tenido durante la misa un arrobamiento
prolongado y ha derramado muchas lágrimas. Oye otra misa, pero no ayuda en ella. Está
inmóvil, de rodillas, hecho un mar de lágrimas (...). Viendo fray Reginaldo, que el
Maestro había cesado de escribir, le dijo: “Padre, ¿por qué dejas una obra tan grande que
redundaría en alabanza de Dios y sería para luz del mundo?” A lo que respondió el
Maestro: “Reginaldo, no puedo”. Temiendo fray Reginaldo que el mucho estudio le
hubiera debilitado la mente, le insistía siempre para que continuase escribiendo. Y fray
Tomás le respondía: “Reginaldo, no puedo, porque todo lo que he escrito me parece
paja”. Le dijo más adelante: ‘Hijo Reginaldo, te digo en secreto para que no lo reveles a
nadie mientras yo viva: ha llegado el fin de mi escritura, porque me han sido reveladas
tales cosas que todo lo que he escrito me parece muy poca cosa. Por eso espero de mi
Dios, que así como ha llegado el fin de mi enseñanza, así será pronto el fin de mi
vida»47.
13. «No sucedió que la temprana muerte de Santo Tomás le hubiese arrebatado la pluma
de las manos. En este punto no son acertadas las observaciones del editor que, por regla
general, se encuentran en las ediciones. Sino que Santo Tomás manifestó un día
exactamente constatable, el 6 de diciembre de 1273, volviendo a su celda de la
celebración de la misa, que le repugnaba seguir escribiendo. ‘Todo lo que he escrito me
parece como paja comparado con lo que he contemplado y con lo que me ha sido
revelado’. Y permaneció fiel a esta negativa. Esto significa que el carácter fragmentario
del a Summa Theologica forma parte de su afirmación»48.
14. «Santo Tomás de Aquino acostumbraba, mediada la jornada, a bajar al templo, y con
abandono y confianza, reclinar su frente sobre el sagrario, en un coloquio tú a tú con
Jesús en la Eucaristía. El gran teólogo medieval es también conocido por haber
compuesto el oficio de la fiesta del Corpus Christi, en que manifiesta toda su profunda
devoción eucarística»49.

46 Forment, E. Id a Tomás, p. 21.


47 Forment, E. Id a Tomás, p. 21.
48 Pieper, J., Introducción a Tomás de Aquino, p. 175.
49 Catecismo de la Iglesia Católica: Compendio, p. 76.

17
15. «Con el intento de que se recuperara, el médico y el prior decidieron enviarle a pasar
unos días al castillo de San Severino, de su hermana, la condesa Teodora. El viaje le
resultó pesado y fatigoso. Tuvieron que detenerse algún día en Salerno. En el convento
de allí (...) su socio Reginaldo y fray Jacobo de Salerno, el hermano cooperador
asignado a su servicio, son testigos de que “estando en Salerno en el convento de los
frailes, fue visto el Doctor, hallándose en oración ante el altar mayor después de los
maitines, por los dichos fray Jacobo y por su socio, que le observaban curiosamente,
elevado como dos codos sobre la tierra”. Sin recuperación alguna, regresaron a Nápoles.
Al Maestro fray Tomás de Aquino le parecía paja todo lo que había escrito. Pero
Jesucristo pensaba de otra manera. Lo comprobó fray Domingo Caserta, sacristán en el
convento de Nápoles: “Advirtiendo fray Domingo que el Maestro Tomás bajaba desde
su celda a la Iglesia antes de los maitines, y cuando sonaba la campana para los maitines
volvía rápidamente a su celda para no ser visto por los demás, una vez lo observó con
curiosidad. Y acercándose por detrás a la capilla de San Nicolás, en donde permanecía
muy quieto en la oración, lo vio con dos codos elevado en el aire. Mientras admiraba
esto, escucho allí mismo, en donde estaba el doctor orando con lágrimas, una voz que
procedía del crucifijo: ‘Tomás, has escrito bien de mí: ¿qué merced quieres?’. A lo que
respondió fray Tomás: ‘Señor, no otra sino a Ti’. En este tiempo estaba escribiendo la
tercera parte de la Suma, sobre la pasión y la resurrección de Cristo. Después de escribir
esto, ya escribió muy poco, por las cosas maravillosas que el Señor le reveló”»50.
16. «[De niño estuvo](…) dotado de una prodigiosa capacidad de silencio, al punto que
no abría la boca si no era para preguntar repentinamente y de manera explosiva a su
maestro: ‘¿Qué es Dios?’»51.
17. «A los cinco años de edad habita, como oblato, en la abadía de Monte Casino;
interroga a los monjes no teniendo más que una pregunta en sus labios: ¿quién es
Dios?»52.

Humildad y paciencia heroicas:


18. «Cuando a santo Tomás le preguntaron qué era lo que más agradecía a Dios
respondió con simplicidad: “He entendido todas y cada una de las páginas que he
leído”»53.
19. «Notamos las raras ocasiones, una o dos, en que santo Tomás acudió a la denuncia;
no conocemos ninguna en que haya ironizado. No hay mejor manera de resumir su
carácter profundamente simple y su inteligencia lúcida pero laboriosa, que decir que no
conoció la ironía»54.

50 Forment, E. Id a Tomás, pp. 21-23. Cf. Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 44.
51 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 48.
52 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 24.
53 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 13.
54 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 113.

18
20. «Por este tiempo [1265] se le ofreció el arzobispado de Nápoles; pero no aceptó,
deseoso de seguir entregado a las labores de docencia e investigación»55.
21. «Su corpulencia se prestaba a que se lo mirase con humor como un barril ambulante
(…) y el propio Santo hacía bromas sobre esto. Es probable que no hayan sido los
parciales irritados de las facciones agustinianas o los árabes sino el mismo Tomás el
responsable de esa sublime exageración sobre la media luna que hubo que abrir en el
refectorio para que se pudiera sentar. Es más cierto que eso haya sido una
exageración»56.
22. «Inflexible en la defensa de la verdad, se admiraban, muchas veces, sus discípulos,
de que soportase tan plácidamente los ataques personales (…). De sentimientos vivos, su
naturaleza le impulsaba fácilmente a la ironía; pero la venció con su dulzura. No se
entrometía en asuntos ajenos; odiaba el juicio temerario y prefería aparecer como
ingenuo antes de dar crédito fácilmente al mal, no resultando por ello, engañado el
entendimiento especulativo, sino, a lo sumo, con un error en materia contingente» 57.
23. «El estudiante napolitano era de alta estatura y de recia contextura. Por eso sus
hermanos de hábito y condiscípulos comenzaron a llamarlo cariñosamente “el buey
mudo de Sicilia”. Era muy taciturno, apenas hablaba. El Maestro Alberto explicaba en
clase el libro De los nombres divinos, de Dioniso el Pseudo-Areopagita. La doctrina era
intrincada y profundísima. Fray Tomás estaba como distraído y ensimismado. Un
condiscípulo, por compasión, se ofreció a repetirle la lección y él, humildemente, lo
aceptó con gratitud. Un día, llega un momento en que el condiscípulo comienza a
titubear, a enredarse, a confundir las explicaciones. Entonces fray Tomás repite
puntualmente la lección del Maestro, añadiendo muchas cosas que el profesor no había
dicho. El compañero le suplica sea él quien cada día le repita la lección. Accedió el
“buey mudo” a ello, con la condición de que a nadie lo dijera. Pero al condiscípulo le
falto tiempo para contárselo al Maestro de estudiantes, el cual, escondido, escuchó la
repetición explicativa de la clase. Y también a éste le falta tiempo para contárselo al
Maestro Alberto»58.
24. «En aquel tiempo los religiosos que tenían que salir del convento a la ciudad,
después de pedir permiso al prior del convento, solicitaban del mismo prior la
asignación de un fraile acompañante. Estaba fray Tomás de tránsito en el convento de
Bolonia. Como era su costumbre, paseaba por el claustro, con la cabeza levantada y a
grandes pasos, abstraído en altísima contemplación. En eso se le acerca un fraile que no
lo conocía, diciéndole: “El padre prior me ha ordenado que el primer fraile que
encontrara me acompañe a mis asuntos en la ciudad. y el primero que encuentro es a
vos. El prior, pues, le manda que venga conmigo”. Fray Tomás, inclinado la cabeza, lo

55 Beuchot, M., Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, p. 11.


56 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 108.
57 Maritain, J., El Doctor Angélico, pp. 36-37.
58 Forment, E. Id a Tomás, p. 15.

19
siguió sin decir nada. Como el otro religioso era más ágil y caminaba más deprisa, el
Maestro se iba rezagado, por lo que era reprendido por el compañero, excusándose
humildemente y esforzándose por seguirle. Algunos ciudadanos de Bolonia, que
conocieron a fray Tomás, admirados de que siguiera fatigosamente a un frailecito de
poca condición, pensando que se trataba de algún error, le indicaron a éste quien era el
acompañante. Entonces el buen fraile se volvió a fray Tomás y le pidió perdón,
obteniendo inmediatamente indulgencia. Vueltos los ciudadanos al Maestro le
preguntaron con toda reverencia por qué motivo había dado tal ejemplo de humildad. A
lo qué el Santo respondió: “La obediencia es la perfección de la vida religiosa, por la
que el hombre se somete al hombre por Dios, como Dios obedeció al hombre en favor
del hombre”»59.
25. «Se examinaba un religioso en París delante del Canciller y del claustro de
profesores para obtener el grado de magisterio. En el ejercicio de la víspera, el
licenciado, al plantear la cuestión, sostenía una opinión contraria a la verdad, que fray
Tomás había explicado en su clase. Muy paciente, y no sintiéndose como contradicho
por el presentado, todavía novicio, lo dejó pasar, con tranquilidad de mente y de
palabras. Y volviendo al convento, acompañado de los estudiantes y de su socio, los
cuales, no pudiendo soportar la injuria que acababa de recibir el Maestro, le dijeron:
“Maestro, nosotros hemos sido gravemente ofendidos en vuestra persona, porque aquel
Maestro no debía haber dicho nada contra vuestra opinión, y vos no debíais tolerar esta
injuria delante de todos los maestros parisienses”. A lo cual, tranquilo en sus palabras y
en su mente, respondió: “Hijos, me pareció que al principio de su magisterio debía
perdonar al examinando, para que no fuera confundido delante de todos los maestros.
No dudo de mi doctrina, por más que la contradijera el aspirante al doctorado. Bien sabe
Dios que la he defendido con las autoridades de los Santos y con la verdad de la razón.
Sin embargo, si a vosotros os parece lo contrario, mañana podré suplir lo que omití”. Se
continúa el relato, narrando que al día siguiente fueron al aula del Obispo para proseguir
el examen fray Tomás y los estudiantes, y el licenciado planteó las mismas cuestiones
que la tarde anterior, sin ninguna corrección. El Maestro Tomás con toda moderación, le
dijo: “Ésta vuestra opinión no puede mantenerse, si hay que salvar la verdad, porque va
contra tal Concilio. Es necesario que respondáis de otra manera, si no queréis ir en
contra o discordar del Concilio”. Entonces el examinando, aun hablando de otra manera,
no cambió el fondo de la cuestión. El Maestro arguyó de nuevo aduciendo la doctrina
del Concilio, obligándole a confesar su error y pidió humildemente al Santo que quería
conocer más plenamente la verdad. Entonces fray Tomás dijo: “Ahora decís bien”, y le
enseñó lo que debía mantener según la verdad. Todos quedaron admirados de la
serenidad de su mente y sus palabras, porque argüía como si enseñara a un discípulo»60.
26. «En el año 1270, en una discusión pública, en presencia del obispo, que está
preparando la condena de las principales tesis averroístas, embiste contra fray Tomás,

59 Forment, E. Id a Tomás, p. 17. Cf. Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 36.


60 Forment, E. Id a Tomás, pp. 19-20.
20
que es su contrincante (...). Peckam es arrebatado, colérico, y con frases ampulosas y
provocadoras trata de convencer a los asistentes y de irritar y descomponer a fray
Tomás. Pero éste no pierde la serenidad, sino que contesta con perfecta lógica, con
exactitud y prudencia a las impertinencias del contrincante. Las invectivas y
despropósitos del adversario no le inmutan. Muchos de los asistentes empujan a fray
Tomás a argumentar en el estilo del oponente. Pero él no pierde la calma» 61.

Limpieza de corazón y otras virtudes:


27. «Después del episodio del tizón y la mujer que lo tentó en la torre, cuentan que
Tomás tuvo un sueño: dos ángeles le ceñían con una cuerda de fuego, lo que le causaba
un dolor terrible y le daba una fuerza terrible al mismo tiempo; y añaden que se despertó
lanzando un grito en la noche»62.
28. «Su conducta en el monasterio fue ejemplar. Recogido, piadoso, meditabundo,
silencioso, era el modelo de los demás oblatos. No se deleitaba en los juegos, como los
demás, sino que se retiraba solitario. Su aplicación era extraordinaria (…); asidua su
oración, que alternaba de día y de noche; y acuciante su curiosidad por las cosas divinas
(…)»63.
29. «Es conocida la historia. Se hace entra en la pieza donde dormía Tomás ‘a una joven
y hermosa niña aderezada con todos los encantos de la galantería’; pero él, dando un
salto, se apodera de un tizón encendido, echa afuera la tentadora y traza con tizón el
signo de la cruz sobre la puerta. Desde entonces, por una gracia angelical, no
experimentó movimiento alguno en la carne»64.
30. «Fue un sacerdote y un fraile ejemplar»65.
31. «Otro día le traman el golpe que ellos consideran decisivo, a espaldas de su madre y
de sus hermanas, que es un ataque en el que “se derriban las torres, las peñas se
ablandan y caen los cedros del Líbano”. Le introducen en la estancia una mujer, joven
bellísima, para que le incite a pecar. Él, tomando un tizón de fuego que ardía en el
fogón, la expulsa de la habitación y, llegando al ángulo de la misma, traza con el madero
en combustión el signo de la Cruz y, postrado en tierra, pide a Dios, llorando conservar
siempre incorrupta la castidad. Entonces se quedó dormido y soñó que los ángeles le
ceñían un cíngulo, que era el de la castidad. Se lo contó el mismo Tomás a su socio
Reginaldo con toda humildad en la hora de la muerte»66.

61 Forment, E. Id a Tomás, p. 21.


62 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 118. Cf. García Villoslada, R., Historia de la Iglesia
Católica II: Edad Media (800-1303), p. 795.
63 Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, p. 3.
64 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 4.
65 Copleston, F. C., El pensamiento de Santo Tomás, p. 8.
66 Forment, E. Id a Tomás, p. 15.

21
32. «Los primitivos biógrafos y algunos de los testigos del Proceso de canonización
relatan un hecho encantador, que tiene un sabor muy significativo para sus mentalidades.
Siendo el niño todavía lactante, su madre, con otras señoras, fue a los baños de Nápoles
y llevó consigo al niño con la nodriza. Ésta sentó a Tomás para bañarlo y él, alargando
la mano, porque todavía no andaba, agarró fuertemente un pequeño trozo de pergamino.
Queriendo abrirle la mano para desnudarlo, el niño comenzó a gritar, llorando.
Compadecida la nodriza lo bañó con la mano cerrada, lo secó, lo vistió y se lo llevó a su
madre. Doña Teodora le abrió la mano, por más que el niño lloraba, le quitó el
pergamino, en el que estaba escrita la salutación angélica: “Ave María”. Desde entonces,
cuantas veces lloraba, la nodriza no podía hacerlo callar sino dándole el escrito, que el
niño inmediatamente se llevaba a la boca»67.
33. «Cierto día, en que la nodriza lo está por bañar, el pequeño Tommaso ase un trozo de
pergamino que no quiere soltar de ningún modo; tanto lloriquea que es preciso bañarlo
con la mano cerrada. Llega la madre; pese a los gritos y alaridos le abre, por fuerza, la
mano; sobre el trozo del pergamino estaba escrita la salutación angélica»68.

Valentía y convicción:
34. «Parece que el joven Tomás de Aquino se llegó un día al castillo de su padre y
anunció fríamente que se había hecho fraile mendicante en la nueva orden fundada por
el español Domingo; era como si el primogénito de una noble familia viniera al hogar e
informara despreocupadamente que se había casado con una gitana…, y su familia se
lanzó sobre él como fieras salvajes; sus hermanos lo persiguieron a lo largo de los
caminos públicos, arrancaron de sus espaldas el sayal de fraile y lo encerraron
finalmente en una torre como un lunático…; de acuerdo con algunos relatos, la
desaprobación materna no fue de larga duración y la madre pronto pasó a su bando; pero
no fueron sólo los parientes los que se vieron comprometidos en el enredo… Señaló
tajantemente el Santo que quería ser dominico en la orden dominica y no es un baile de
máscaras… Tomás quería ser fraile. Ni más ni menos… No quería ser abad, no quería
ser monje ni siquiera prior ni ocupar cargo alguno de gobierno en su propia
fraternidad… No permitió que nada lo apartara de la férrea inmovilidad de su decisión
juvenil, ni lo alejara de lo que fue su suprema y más elevada ambición: ocupar el lugar
más bajo… El general de los dominicos se percató probablemente de las presiones
diplomáticas que se iban a ejercer sobre él (…). Su expediente fue sacar de Italia a su
nuevo recluta ordenándole marchar a París con un pequeño grupo de otros frailes (…).
Todavía no habían alcanzado los frailes el recodo del camino, cuando fueron asaltados
por una salvaje cabalgata de raptores que se apoderaron de Tomás como ladrones pero

67 Forment, E. Id a Tomás, p. 14.


68 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 24.
22
que eran de hecho, como es fácil colegir, sus enfurecidos hermanos (…). Cuan sus
parientes intentaron despojarlo del hábito de fraile reaccionó —se cuenta— con la
manera belicosa de sus ancestros y con éxito ya que el intento fue abandonado. Aceptó
el encarcelamiento con su compostura acostumbrada, y es posible que no le haya
preocupado mucho si tenía que filosofar en un calabozo o en una celda (…). Por una vez
en su vida, la primera y la última, Tomás de Aquino estuvo realmente fuera de sí,
arrebatado por una tormenta que lo sacó de la torre del intelecto y la contemplación en
que acostumbraba vivir. Y ello ocurrió cuando sus hermanos introdujeron en su cuarto
una cortesana muy bien pintada y particularmente atractiva con la idea de sorprenderlo
con una tentación repentina o por lo menos de envolverlo en un escándalo (…). Saltó de
su asiento, arrebató un tizón de fuego y se plantó blandiéndolo como espada encendida.
La mujer se estremeció y huyó que era cuanto Tomás quería (…)»69.
35. «Los relatos no nos cuentan claramente cómo Tomás escapó de la torre y cuáles
miembros de la familia se pasaron a su bando. Pero pues es un hecho que el santo
mantuvo un vivo afecto por sus hermanas y no es improbable, ni leyenda, que hayan
sido ellas las que arreglaron la fuga. Según el relato, fijaron una cuerda al tope de la
torre de la que pendieron un gran canasto (…), y así escapó al mundo» 70.
36. «Previniendo esta hostilidad, le enviaron al convento de Santa Sabina de Roma, para
que hiciera su noviciado. Camino de esta ciudad, con el Maestro General de la Orden y
otros tres frailes, fue secuestrado por sus hermanos, movidos por su madre. Encontraron
«el grupo de cinco frailes junto a una fuente cerca de Aquapendente, descansando de la
fatiga, pues el camino lo hacen a pie y, a principios de mayo, por aquellas tierras se
notaba el calor. Sin mediar palabra, se lanzan contra Tomás, como leones ávidos de
presa, intentando arrancarle el hábito por la fuerza, al que se agarra fuertemente, de
forma que es imposible quitárselo. Vestido con el hábito lo llevan a la madre, que los
esperaba en el castillo de Montesangiovanni, una posesión de los Aquino, no lejos de
Rocaseca. Doña Teodora no logra convencerle para que se quite el hábito»71.
37. «Estaban los jóvenes estudiantes dominicos de Colonia en la recreación. Fray Tomás
andaba como despistado y ausente, rumiando sus propios pensamientos y ordenando tal
vez, en su mente las ideas que había ido recogiendo en la última clase. Un compañero se
asoma a la ventana y, para divertir a los demás, le gasta al “buey mudo” una broma.
“Fray Tomás, mira: ¡un buey que vuela!”. El de Aquino, como si despertara de un
sueño, se acerca a la ventana, con paso tardo y aplomado, restregándose los ojos, y mira
fijamente, y vuelve a mirar para ver el prodigio. Todos los estudiantes estallan en una

69 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 48-54.


70 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 60-61.
71 Forment, E. Id a Tomás, p. 15. Cf. Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo

Tomás de Aquino, p. 8.
23
sonora carcajada, comprobando la simplicidad de Tomás. Pero el simple napolitano
replica serenamente: “No tenéis por qué reíros; porque yo pienso que es más fácil que
vuele un buey, que no el que un religioso mienta”»72.

Amor a la verdad:
38. «Entre los alumnos que se apretujaban en las aulas había uno conspicuo por su figura
alta y robusta y perfectamente decidido a no hacerse notar por otra cosa alguna (…). Lo
llamaban el Buey Mudo. Se había convertido no sólo en objeto de burla sino también de
compasión. Un compañero de buen corazón se compadeció de él y trató de ayudarle en
las lecciones repasando los elementos de lógica (…). El zote le agradeció con patética
cortesía, y el filántropo siguió sumergiéndose en la enseñanza hasta llegar a un pasaje
donde sus dudas no eran pequeñas, donde en realidad estaba totalmente equivocado.
Ante lo cual el zote con todas las apariencias del embarazo y la turbación sugirió una
solución posible que por supuesto era acertada. El benévolo estudiante se quedó mirando
como a un monstruo a esa mezcla misteriosa de ignorancia e inteligencia. Y por las aulas
empezaron a correr toda clase de rumores». Uno de los biógrafos de Tomás de Aquino
ha dicho que al término de ese encuentro ‘su amor por la verdad superó la humildad’, lo
que si bien se lo entiende es precisamente la verdad»73.
39. «Filósofo y teólogo no sabe sino de la Verdad»74.
40. «No penetró en la ciencia sino con el fin de alcanzar la sabiduría, entregándose sin
reserva al Espíritu de Verdad»75.
41. «Sto. Tomás fue considerado como un innovador por muchos de sus
contemporáneos»76.
42. «Si se trata de física, de fisiología o de meteoros, santo Tomás sólo es el discípulo de
Aristóteles; pero si se trata de Dios, del génesis de las cosas y de su retorno hacia el
Creador, santo Tomás es santo Tomás»77.
43. «Santo Tomás tiende a lo nuevo accidentalmente, no buscando sino lo verdadero»78.
44. «Es extraordinariamente interesante notar que es ésta la única ocasión en que el Buey
Mudo se lanzó realmente al ruedo como un toro salvaje. Cuando se levantó para
contestar a Siger de Brabante estaba totalmente transfigurado y hasta el estilo de sus
sentencias, que es como el tono de la voz del hombre, se alteró repentinamente. Ante

72 Forment, E. Id a Tomás, p. 16. Cf. Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 37.


73 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 58.
74 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 89.
75 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 100.
76 Copleston, F. C., El pensamiento de Santo Tomás, p. 269.
77 Gilson, E., La filosofía en la Edad Media, p. 171.
78 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 94. Cf. Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de

Santo Tomás de Aquino, p. 15 y 16.


24
enemigos en desacuerdo con él nunca se había enojado. Pero los enemigos de ahora
habían intentado la peor de las traiciones: lo querían hacer convenir con ellos (…). En
sus palabras hay un sonido donde se manifiesta un algo más allá de la paciencia casi
impersonal que siempre mantuvo en los debates con tantos enemigos: ‘He aquí nuestra
refutación del error. No se funda en documentos de fe, sino en los argumentos y las
afirmaciones de los propios filósofos (…)’. Después de su grande y victorioso duelo con
Siger de Brabante se apoderó de Tomás un grande y repentino deseo de silencio y
reposo (…)»79.
45. «Tomás había rechazado numerosas invitaciones sociales a las cortes de reyes y
príncipes no porque fuera poco afable, lo que no era, sino porque siempre estaba
discurriendo en su interior planes realmente gigantescos de exposición y argumento que
llenaban su vida. En una ocasión, con todo, lo invitaron a la corte del rey Luis IX de
Francia, más conocido como el gran san Luis, y por una u otra razón los superiores de su
orden dominica estimaron conveniente que aceptara; así pues lo hizo inmediatamente
(…). Pero Tomás venía muy contra su voluntad (…). Por fin condujeron mal que bien a
ese bloque masivo de pensamiento hasta un asiento en la sala del banquete real, y todo
lo que sabemos de él confirma que se comportó cortésmente, pero él habló poco y
pronto quedó olvidado en medio de la charla más brillante (…). Silencio… y de repente
las copas saltaron y rodaron sobre el tapete y la gran mesa se sacudió porque el fraile
abatió su puño como una maza de piedra con una violencia que sobresaltó a todos y gritó
con voz poderosa como de hombre que habla en sueños: ‘¡Y esto acabará con los
maniqueos!’ (…). Y se volvió el rey a sus secretarios y les requirió en voz baja que
tomaran sus codicilos y se acercaran al asiento del buen hermano y distraído
controversista y tomaran nota del argumento que acaba de ocurrírsele»80.
46. «Esta propensión al ensimismamiento, extraordinariamente desarrollada en él, le
ocasionó, más de una vez, algunos percances. En la mesa de San Luis (a cuya invitación
hubo de acceder por orden del Prior, apartándose de la Suma Teológica, que dictaba
entonces), de improviso golpea sobre la mesa y exclama: ‘¡He aquí un argumento
decisivo contra la herejía de los maniqueos!’. ‘Maestro, le responde el Prior, atended: os
halláis ahora a la mesa del rey de Francia’, y le da un tirón de la capa para hacerle salir
de su ensimísmenlo. El rey manda llamar inmediatamente a un secretario y traer lo
necesario para escribir.»81.
47. «Otro día, en Italia, un Cardenal quiere verle. Fray Tomás deja su trabajo, no ve a
nadie y se queda pensando; luego exclama con regocijo: ‘¡Ahora tengo lo que buscaba!’.

79 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, 80-82.


80 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, 85-88.
81 Maritain, J., El Doctor Angélico, pp. 34.

25
Es preciso tirarle nuevamente de la capa para que se percate de la presencia del
Cardenal, quien como no recibiese ninguna muestra de reverencia, tampoco le dio
muestras de aprecio»82.
48. «También hay que señalar que su prestigio como consejero llega a cautivar al Rey de
Francia, San Luis, que siempre pedía su parecer en los asuntos más graves de su
gobierno. Se decía que cuando el rey tenía que celebrar consejo, el día anterior hacía
llegar a fray Tomás los temas para que los meditara y le diera su parecer. Lo que hacía
puntualmente el fraile»83.
49. «Un día San Luis, rey de Francia, lo invitó con el prior a comer en su mesa, aunque
él se excusaba humildemente por el trabajo que llevaba entre manos en la redacción de
la Suma teológica, que estaba dictando en aquellos días. No pudiendo eludir el
compromiso ante el Rey y ante el mandato del prior, dejando el estudio y recogimiento
de la celda, fue a la casa del Rey y se sentó en la mesa junto al Rey. De repente golpeó
fuertemente la mesa, diciendo: “Ahora se ha acabado contra los maniqueos”. El prior le
agarró con fuerza de la capa y le dijo: “Maestro, advertid que ahora estáis en la mesa del
Rey de Francia”. Inmediatamente, como quien despierta de un sueño, se inclinó ante el
Rey santo, le rogó que le perdonara, porque se había distraído estando en la mesa regia.
De lo cual el rey se admiró y edificó... El mismo Rey proveyó para que aquella reflexión
que pudo distraer la mente del Doctor no se perdiera. Y llamando a su secretario quiso
que se recogiera por escrito, delante de él, lo que el Doctor había descubierto contra los
maniqueos»84.

Otros detalles…:
50. «Uno de los primeros biógrafos de Santo Tomás, Guillermo de Tocco en su Historia
beati Thomæ, refiere «una visión de doña Teodora cuando concibió a Tomás, calcada
sobre la Anunciación de Jesús a su Madre María. “Estando en Rocaseca, en los confines
de la Campania, vino a ella en espíritu fray Bueno (que era mejor en vida y religiosidad),
un anacoreta, con fama de santo, que había estado con otros muchos en el territorio de
Rocaseca, y le dijo: 'Alégrate, Señora, porque el hijo que llevas en tu seno se llamará
Tomás. Tú y tu marido pensáis hacerlo monje en el monasterio de Montecasino, en el
que descansa el cuerpo de san Benito, con la esperanza de llegar a los grandes réditos del
monasterio, mediante su promoción a la máxima prelatura. Pero Dios ha dispuesto sobre
él otra cosa: que sea fraile de la Orden de Predicadores, y obtendrá tal claridad en la
ciencia y en la santidad de vida, que en todo el mundo de su tiempo no se encuentre a
nadie como él'. A lo que respondió la señora: 'No soy digna de tener tal hijo; haga Dios
según el beneplácito de su voluntad'” (...) Demasiado parecido a la Anunciación. Es
probable que sea sólo leyenda»85.

82 Maritain, J., El Doctor Angélico, pp. 34.


83 Forment, E. Id a Tomás, p. 17.
84 Ibíd., p. 20.
85 Ibíd., p. 14.

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51. «A últimos de enero de 1274 se pone en camino hacia Lyon, para participar en II
Concilio de Lyon, al que había sido convocado por el Papa Gregorio X. Ello suponía
varias semanas de caminar, con tiempo frío. Como ha notado Abelardo Lobato, Tomás
fue un itinerante que recorrió a pie unos 15.000 Km., por los tortuosos senderos de la
Europa medieval, y supo lo que eran los asaltos, las tormentas, la sed y el hambre de un
caminante que, mientras iba de camino, tenía que mendigar el pan. No es habitual la
imagen de Tomás fraile predicador itinerante, pero es muy exacta. Le acompañaban fray
Reginaldo y fray Santiago de Salerno. Al pasar por la ciudad de Teana se les unen el
señor Guillermo, abad de Teana, que después será obispo allí, y un sobrino suyo, que
luego fue deán. El camino que les llevaba a Borgonuovo era angosto, entre ribazos y
bien poblado de árboles. Un árbol había caído atravesado en el camino, y fray Tomás,
que iba cabalgando en su mula, no lo advirtió. Al pasar por allí se dio un buen golpe en
la cabeza. Fray Reginaldo corrió a ver lo que le había sucedido, preguntándole: “¿Se ha
hecho daño con el golpe?”. A lo que fray Tomás contestó: “Un poco”. Se dirigen
después al castillo de Maenza, de la condesa Francisca, sobrina del Aquinate. Santo
Tomás empeora y pierde el apetito. Llamado el médico, Juan Guido de Piperno, y
preguntándole qué alimento le apetecía, respondió que comería arenques frescos, como
los había comido en Francia. El médico quedó contrariado, porque allí no se podían
encontrar arenques frescos. Fray Reginaldo fue a la plaza del castillo, encontrando a un
repartidor o vendedor ambulante de pescado, llamado Bordonario, que venía de
Terracina con unas cestas de pescado y, preguntándole qué peces llevaba, le contestó:
llevo sardinas. El fraile le hizo abrir las cestas y encontró una llena de arenques frescos.
El vendedor de los peces aseguraba que el había comprado sardinas, pues en aquellas
tierras nunca se hallaban arenques frescos. Fray Reginaldo fue corriendo a donde estaba
fray Tomás y le dijo: “Maestro, Dios ha cumplido vuestra voluntad y tenéis lo que
deseáis, porque se han encontrado arenques frescos”. Y él contestó: “¿De dónde han
venido y quien los ha traído aquí?”, a lo que contestó el socio: “Dios os los envía”».
Después de ocho días, la enfermedad se agravaba y, dándose cuenta el enfermo, dijo: “Si
el Señor quisiera visitarme, es mejor que me encuentre en una casa de religiosos que en
casa de los seglares”. Y se hizo trasladar al monasterio de Fossanova. El abad del
monasterio, refiere los hechos: “En llegando al monasterio, al entrar en el mismo, el
testigo oyó que fray Tomás dijo: ‘éste es mi descanso por los siglos de los siglos: aquí
habitaré, porque lo he elegido' (Sal 132, 14)”. El abad Teobaldo y los monjes de la
abadía cisterciense de Fossanova, que tenían gran amistad con Santo Tomás, por
haberles visitado éste muchas veces, cuando iba o venía de Roma a Nápoles, le cuidaron
muchísimo, procurando que no pasase frío, pues sabían que Santo Tomás era muy
sensible a él. A petición de algunos monjes que le pidieron que les dejase un recuerdo de
su paso por el monasterio, les comentó brevemente el Cantar de los cantares. El 5 de
marzo de 1274, recibió la comunión del abad. A la pregunta que le formula: “¿Crees que
en esta hostia consagrada está el verdadero Hijo de Dios, que nació de la Virgen y por
nosotros fue clavado en la Cruz, murió y resucitó al tercer día?”. El enfermo, desde el
suelo, contesta: “Creo de verdad y sé de cierto que este es el Redentor, Dios y hombre,
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el Hijo del eterno Padre e hijo de la Virgen María, el Señor Jesucristo. Así lo creo de
corazón y lo confieso con mi boca”. A continuación añadió: “Te recibo, precio de la
redención de mi alma, viático de mi peregrinación, por cuyo amor estudié, vigilé y
trabajé. Te prediqué, te enseñé y nunca dije nada conscientemente contra ti. Pero si algo
he dicho menos bien contra este sacramento, o de otros, lo dejo todo a la corrección de
la santa Iglesia romana, en cuya obediencia salgo de esta vida”. Al día siguiente, recibe
el sacramento de la unción de los enfermos. Antes de recibir el viático pidió a fray
Reginaldo que oyera la confesión general de sus pecados. El confesor quedó tan
admirado de la sinceridad y de la materia de sus faltas que dijo, después de su muerte,
que había sido una confesión de un niño de cinco años. Al día siguiente, miércoles, 7 de
marzo, a la madrugada, falleció. San Alberto Magno, que conoció por divina revelación
el momento de la muerte de Santo Tomás, estaba en el convento de dominicos, de
Colonia, sentado a la mesa en presencia del prior y de algunos frailes. De repente
comenzó a llorar. El prior le preguntó por el motivo de su llanto. Alberto le contestó:
“Ha muerto mi hijo fray Tomás, flor del mundo y luz de la Iglesia”»86.

86 Forment, E. Id a Tomás, pp. 21-23. Cf. Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 49.
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D. CARIDAD EXQUISITA, FAVORES MILAGROSOS Y APOSTOLADO:
1. «Ambos hombres, Alberto y Tomás, se convirtieron, con todo, en estrechos amigos y
su amistad revistió gran importancia en esta lucha central e la Edad Media»87.
2. «Quizá se deba a la sombra de la tormenta que se abatía sobre todos los frailes el que
la amistad del franciscano Buenaventura con el dominico Tomás creciera hasta el punto
de que los contemporáneos los compararan con David y Jonatán»88.
3. «Santo Tomás nunca fue un puritano en el verdadero sentido de la palabra y hasta
llegó a organizar vacaciones y un banquete para sus jóvenes amigos donde no faltaba
una discreta abundancia»89.
4. «Por toda su familia Tomás de Aquino sintió una ternura constante y hasta diría
obstinada»90.
5. «En 1265 fue invitado a pasar las Navidades consigo por el Cardenal Ricardo degli
Anibaldi (…). El Cardenal había invitado también a otros huéspedes ilustres, entre los
que se encontraban dos judíos muy doctos y ricos. Al hacer su presentación, el Cardenal
Ricardo rogó a Tomás que dirigiese a dichos judíos algunas buenas y santas palabras,
como él solo sabía decirlas. Aceptó gustoso, y, para hacerlo con más libertad, se fue con
ellos a una capilla. Entablando el diálogo, les iba resolviendo plenamente todas las
dificultades que se les ofrecieron sobre la divinidad de Jesucristo. Tomás añadió:
Pensadlo bien todo, y a mañana continuaremos nuestra conversación. Hiciéronlo así, y al
día siguiente, que era la víspera de Navidad, después de un breve coloquio, oyó la voz
de nuestro santo y de su compañero fray Reginaldo de Priverno, que cantaban el Te
Deum (…). Los judíos habían abrazado la fe de Cristo»91.
6. «La muchedumbre se agolpaba para escucharle, oyéndole con tanta atención y
reverencia como si hablase el mismo Dios»92.
7. «Existe por lo menos un milagro de curación, el de una mujer que tocó su hábito» 93.
8. «(…) cayeron enfermos él y fray Reginaldo (…). Fray Reginaldo, que sufría de
fiebre continua, empeoraba de día en día: tanto, que los médicos del Cardenal
pronosticaban un fatal desenlace. Entonces Tomás, que llevaba consigo sobre su pecho y
suspendida al cuello una reliquia de Santa Inés, se acercó a fray Reginaldo y le dijo:

87 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 60.


88 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 61.
89 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 116.
90 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 125.
91 Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, pp. 31-32.
92 Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, p. 42
93 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, p. 122. Cf. La curación del subprior del monasterio,

multitud de milagros ocultados, cuerpo intacto, etc., en Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 50; Ramírez,
S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, p. 49.
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Tome esta reliquia, póngasela al cuello y encomiéndese a la Santa con plena confianza.
Hízolo así y quedó repentinamente sano de su dolencia»94.
9. «Y hasta el final de su vida parece haberse inclinado con especial afecto a uno de sus
hermanos en religión, un fraile de nombre Reginaldo».95
10. «A su hermana (…) profesaba profunda devoción»96.
11. «Instruye a sus hermanas en las sagradas letras, hace ingresar en la Orden de San
Benito a su hermana Marotta, que trataba de alejarlo de los dominicos, y se comportó
tan bien que al fin su misma madre, según se dice, le ayudo a burlar la vigilancia de sus
hermanos y a ponerse en fuga»97.
12. «Lleno de simplicidad e ingenuidad, tenía para con sus hermanos una profunda
dilección. Lloraba las faltas ajenas como si fueran propias»98.
13. «Y tuvo un encuentro decisivo en su vida intelectual: trabó amistad con Guillermo de
Moerbeke, notable especialista en lengua griega, de quien obtuvo traducciones directas
de las principales de las obras de Aristóteles y de sus comentaristas, inaccesibles a los
latinos»99.
14. «Los estudiantes gozaban de rodearle y acompañarle, pues él era sumamente
bondadoso»100.

94 Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, pp. 40-41.
95 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 125-126.
96 Chesterton, G.K., Santo Tomás de Aquino, pp. 127. Cf. Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 48.
97 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 28.
98 Maritain, J., El Doctor Angélico, p. 38.
99 Ponferrada, G. E., p. 32.
100 Ramírez, S., Introducción general a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, p. 38

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