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TEMA 7

DETERMINANTES DE LA PERSONALIDAD:
INFLUENCIAS GENÉTICAS Y AMBIENTALES

1. Introducción
2. Determinantes genéticos
2.1. Métodos de investigación
2.2. Explicaciones de la genética conductual
2.2.1. Heredabilidad y tipos de influencias genéticas
2.2.2. Disposiciones de la personalidad heredadas
3. Determinantes ambientales
3.1. La importancia de la familia
3.2. Ambientes compartidos y no compartidos
4. Interacción entre determinantes genéticos y ambientales
5. Conclusiones

1. Introducción

En este tema nos vamos a centrar en la influencia de los genes y del ambiente en el origen y desarrollo de la
personalidad. ¿Por qué las personas tienen personalidades diferentes? La respuesta es obvia: tienen genes diferentes y
entornos diferentes. Las cuestiones iniciales son: ¿herencia o ambiente? ¿qué factor explicativo es más importante?
¿cómo interactúan ambos para formar nuestra personalidad?. A pesar de los datos de muchos psicólogos y biólogos
de que la herencia nunca actúa en ausencia del ambiente y el ambiente nunca actúa en ausencia de la herencia, se
sigue debatiendo sobre su supremacía.

Por una parte, no se puede dejar de mencionar al estudio de las bases genéticas de las diferencias individuales
(entre ellas, los rasgos de personalidad).Ya es muy antiguo el debate “naturaleza-crianza” ( nature-nurture), que, a lo
largo de la historia ha desencadenado polémicas muy “calientes”. Es muy común hablar de la “trayectoria pendular”
del debate: a finales del siglo XIX, el clima darwinista simpatizaba con un modelo de un ser humano cargado de
“naturaleza” biológica. Galton, interesado por las diferencias individuales, atribuyó al equipaje genético un fuerte
poder de determinación, y los movimientos de eugenesia (una filosofía social que defiende la mejora de los rasgos
hereditarios humanos mediante varias formas de intervención) descansaban en estas premisas. Luego el péndulo se
desplazó hacia el polo ambiental. Desde la antropología, se iluminaba el papel moldeador de la cultura. El
conductismo también subrayaba el poder de las contingencias ambientales. Al mismo tiempo, algunas
interpretaciones (desafortunadas) de las influencias genéticas llevaron a revestir los estudios genéticos de
connotaciones racistas y discriminatorias (y asociadas a la filosofía nazi). En los años 60 y 70, la polémica alentó aún
más, en muchos científicos sociales, el rechazo a los estudios de influencias genéticas.

A pesar del antagonismo que habían despertado, desde los años 80 los estudios sobre las influencias
genéticas han logrado una gran difusión. Los avances imparables en el campo de la genética conductual reaniman el
interés por la heredabilidad de las diferencias individuales, aparecen estudios con muestras más amplias y se realizan
nuevos trabajos a gran escala sobre gemelos criados separadamente (Bouchard y cols., 1990).

En general, diferentes trabajos muestran que las diferencias en las medidas responden a una heredabilidad
moderada, que varía, entre los estudios, entre un 20% y 60%. A pesar de que estos nuevos estudios no carecen de
limitaciones, poco a poco, la idea de que la personalidad responde, en alguna medida, a los genes, se ha ido asentando
en el clima científico contemporáneo.

En resumen, teniendo en cuenta las influencias genéticas y ambientales sobre la personalidad, debemos tener
presente que el desarrollo de la personalidad es siempre una función de la interacción de los genes con los ambientes,

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no hay uno sin otro (Plomin, 1990). Las influencias genéticas y medioambientales son interdependientes.

2. Determinantes genéticos

2.1. Métodos de investigación

En la actualidad se pueden utilizar diversos métodos para identificar las contribuciones genéticas a la
personalidad. La investigación se sustenta en el examen de las características (y cada vez, con mayor frecuencia, del
material genético) que comparten individuos emparentados. Mientras más cercano sea el parentesco de éstos, mayor
será el material genético compartido. Los patrones de semejanza se buscan avanzando de los individuos más
estrechamente relacionados (los gemelos idénticos o monocigóticos y los gemelos no idénticos o dicigóticos) a otros
con menor relación –parientes en primer grado (padres, hijos y hermanos), a familiares en segundo grado (abuelos,
tíos, sobrinos) y en tercer grado (primos).

A) Estudios de gemelos

Existen dos tipos de gemelos. Los gemelos fraternos o dicigóticos (DC) se desarrollan de la unión de dos
pares distintos de óvulo y esperma. Su parecido genético no es mayor que el de cualquier otro par de hermanos
nacidos por separado (constituyen las dos terceras partes de gemelos). La tercera parte restante es de gemelos
idénticos o monocigóticos (MC) que se desarrollan de un único óvulo y espermatozoide. Poco después de la
concepción, la célula del huevo fertilizado se divide en dos “cigotos” separados, que dan lugar al desarrollo de fetos
separados que, por consecuencia, comparten la misma dotación genética, tienen idénticos genotipos (conjuntos de
genes que tiene cada ser humano en el momento de la concepción).

Como los gemelos MC son genéticamente idénticos, cualquier diferencia entre ellos debe ser atribuida a
influencias medioambientales. En cambio, en los gemelos DC, al ser genéticamente distintos, las diferencias entre
ellos se podrán atribuir a diferencias genéticas o medioambientales. El parecido entre los dos pares de gemelos se
mide normalmente obteniendo correlaciones separadas para el par de MC y el de DC. Las comparaciones entre estas
correlaciones nos proporcionarán información sobre las influencias genéticas y ambientales.

Los gemelos MC pueden ser diferentes sólo por razones del entorno. Los gemelos DC pueden ser diferentes
tanto por razones genéticas como medioambientales. Si los genotipos influyen en los fenotipos (características
mensurables de las personas, como p.e., la altura o los rasgos de personalidad), los gemelos DC deberían ser más
diferentes que los gemelos MC ya que tendrían una influencia adicional que provocaría que sean diferentes el uno del
otro. Este análisis se basa en la presunción de que los acontecimientos medioambientales tienen los mismos efectos
en los gemelos MC y en los gemelos DC. La presunción de igualdad de ambientes puede no ser correcta. Los
gemelos MC se parecen más entre sí que los DC. Puede que su parecido físico les lleve a ser tratados de la misma
forma y estar en situaciones que sean similares. Así, al estar en situaciones similares, los gemelos MC se podrían
parecer más que los DC. Una manera de probar la presunción de igualdad de ambientes es comparar a los gemelos
que se han criado en familias diferentes. El entorno en estos gemelos probablemente sea más variado que el de los
que se han criado en la misma familia. Si los gemelos MC criados por separado se parecen más que los gemelos DC
criados juntos, podemos presumir que la ruptura de la presunción de igualdad de ambientes no explica las diferencias
entre los gemelos DC y los MC. El parecido entre los gemelos MC criados por separado prueba la influencia genética
en un rasgo.

B) Estudios de adopción

Los estudios de adopción abordan la confusión metodológica que supone la “covariación” del ambiente
común con los genes compartidos. Los estudios sobre la adopción nos proporcionan una forma de separar la
influencia de los ambientes familiares compartidos de la semejanza genética .Al considerar a los niños adoptados,
la única influencia que los padres adoptivos pueden tener se encuentra en el ambiente, y la única que pueden ejercer
los padres biológicos está en la herencia. De este modo, como los dos elementos están separados, puede compararse

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de manera más directa la contribución de cada uno. Al comparar las disposiciones de personalidad de los niños
adoptados con las de los padres adoptivos y biológicos es posible evaluar los efectos de la herencia directa. Así,
también, al observar luego las semejanzas entre los hijos biológicos y adoptados criados en el mismo hogar (es decir,
en el mismo ambiente), podemos obtener una impresión adicional del grado de impacto ambiental.

El alcance del método de adopción aumenta cuando es posible identificar para estudio a gemelos MC que
fueron separados al nacer y criados en hogares adoptivos diferentes. Puesto que los gemelos MC son genéticamente
idénticos, las diferencias que se observan casi en cualquier característica pueden atribuirse por lógica a los influjos
ambientales. Como los niños se crían en ambientes familiares no compartidos, es factible tratar de identificar los
factores que afectan estas características al comparar y luego estudiar los dos ambientes familiares. Aunque los casos
son raros, han permitido obtener importantes conocimientos sobre los efectos separados de la herencia y el ambiente.
Los resultados de estudios complejos de gemelos criados juntos y por separado permiten realizar estimaciones
aisladas de la influencia de la “herencia”, el “ambiente compartido” y los “factores ambientales únicos”.

Los hermanos criados juntos comparten un entorno similar y una genética similar (comparten
aproximadamente el 50% de sus genes). Si se parecen entre sí, esas semejanzas se pueden atribuir al entorno que
comparten o a su semejanza genética. Muchas familias adoptivas tienen más de un niño adoptado, y otras tienen hijos
biológicos y adoptados. Las comparaciones entre hermanos criados juntos que no tienen una relación biológica (dos
niños adoptados, o un hijo adoptado y otro biológico) proporcionan información sobre los efectos de entornos
familiares compartidos: si los que se han criado juntos se parecen entre sí, podemos deducir que las semejanzas en el
entorno condujo al desarrollo de fenotipos similares. Por una parte, además, si los niños adoptados se parecen a los
padres adoptivos, podemos presumir que el entorno familiar ha influido en el niño. Por otra parte, si los niños
adoptados se parecen a sus padres biológicos, podemos presumir que los genes que comparten con sus padres
biológicos les han influido.

2.2. Explicaciones de la genética conductual

¿Cómo deciden los investigadores si los rasgos son heredados? Para obtener una imagen más clara ser
requerían nuevos métodos, y quienes estaban interesados en el influjo de la herencia sobre el comportamiento
acudieron a la ciencia de la genética en busca de ideas. El resultado fue una mezcla de la psicología y la genética
denominada genética de la conducta. La genética conductual es el estudio de las bases genéticas del
comportamiento y de las características conductuales como las disposiciones de personalidad, las anormalidades
psicológicas e incluso los procesos emocionales y cognoscitivos (Loehlin y cols., 1988; Plomin y cols., 1989, 1991).

2.1.1. Heredabilidad y tipos de influencia genética

La heredabilidad es un concepto estadístico, una estimación de la influencia de los genotipos sobre los
fenotipos de una población determinada. Hay toda una variedad de fórmulas para calcular la heredabilidad a partir de
los datos de gemelos (MC y DC) y un método simple es el siguiente:

Heredabilidad2= 2 (r mc – r dc)

En esta fórmula, r mc se refiere a la correlación calculada entre parejas de gemelos MC, y r dc se refiere a la
correlación entre los gemelos DC. P.e.: Heredabilidad para la estatura= 2(0.93-0.48)= 0.90. Por tanto, la estatura es
90% heredable y 10% ambiental. Así pues, las estimaciones de heredabilidad, al igual que las correlaciones, varían de
0.00 a 1.00. Si un fenotipo tiene una heredabilidad de 1.00, implica que las variaciones en las puntuaciones
fenotípicas de una población concreta son determinadas completamente por las variaciones en los genotipos. Si la
heredabilidad de un rasgo es de 0.00, las variaciones en los genotipos no influyen en absoluto en las variaciones de
los fenotipos.

La heredabilidad es un concepto mal entendido en muchas ocasiones. A menudo se considera la


heredabilidad como una propiedad fija de un fenotipo. Pensemos en esta pregunta: ¿cuál es la heredabilidad de la

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inteligencia? En cierto modo esta pregunta no tiene sentido y no tiene respuesta. La pregunta se podría reformular del
siguiente modo: ¿cuál es la heredabilidad de la inteligencia en una población concreta en un tiempo y lugar
determinados? En realidad, el grado en que la inteligencia (o cualquier otra característica de la personalidad) sea
heredable puede depender del medio ambiente en que se encuentran los diferentes grupos de individuos. La
heredabilidad es una estimación ya que no se refiere a un individuo concreto (sino a una muestra o población) y es
inestable en el tiempo y el lugar.

Si los individuos con diferentes genotipos están expuestos a entornos relativamente homogéneos, la
influencia de los genotipos sobre los fenotipos aumentará. Esto es, en el caso extremo de que no haya variaciones en
el entorno, cualquier variación en los fenotipos de un individuo debe ser causada por los genotipos. Al aumentar la
variación del entorno, la posible influencia de estas variaciones ambientales sobre los genotipos es probable que
también aumente. Así, el que haya pruebas de que un fenotipo tiene un nivel alto de heredabilidad no apoya la teoría
del determinismo biológico. La biología no es el destino. Incluso los fenotipos que tienen un alto nivel de
heredabilidad (p.e. la altura), pueden alterarse por la introducción de nuevos y diferentes ambientes.
Existen 2 tipos de influencias genéticas sobre los fenotipos:

(1) Las influencias genéticas aditivas provocan que los individuos que son similares genéticamente
desarrollen fenotipos parecidos. Estas influencias pueden hacer que los individuos genéticamente similares se
parezcan, esto es, que los niños se parezcan a sus padres biológicos y que los hermanos se parezcan entre sí. Si un
fenotipo ha sido influido únicamente por influencias genéticas aditivas, los gemelos MC (ya se hayan criado por
separado o no) tendrían una correlación de 1.00; los hermanos, incluyendo los gemelos DC, tendrían una correlación
de 0.50; y los hijos tendrían una correlación con sus padres biológicos de 0.50 (aunque no hayan sido criados por
ellos). Por ejemplo, las características de nuestras huellas digitales son determinadas casi perfectamente por las
influencias genéticas aditivas. Lykken (1982) obtuvo correlaciones de 0.96 referentes a las huellas digitales en el caso
de los gemelos MC criados juntos, y de 0.98 en el de los gemelos MC criados por separado. La correlación de los
gemelos DC era de 0.46.

(2) Las influencias genéticas no aditivas provocan que los individuos que son similares (pero no idénticos)
genéticamente sean diferentes. Estas influencias hacen que los niños sean distintos de sus padres, y que los hermanos
sean distintos entre sí. Si un fenotipo estuviera afectado únicamente por influencias genéticas no aditivas, los gemelos
MC (ya fueran criados juntos o por separado) tendrían una correlación de 1.00, mientras que otro tipo de hermanos
tendría una correlación de no más de 0.25 e incluso de 0.00. Lykken (1982) consiguió pruebas de las influencias
genéticas no aditivas en un rasgo llamado “facticidad”, definido como el interés por construir, arreglar o fabricar
cosas. Al medir este rasgo, obtuvo una correlación de 0.55 en el caso de los gemelos MC criados juntos, de 0.65 en el
de los gemelos MC criados por separado, y de 0.07 en el de los gemelos DC criados juntos.

Las influencias genéticas no aditivas son causadas por dos fenómenos genéticos: la dominancia y la
epístasis. En el caso de la dominancia, en presencia de un gen dominante (copia del alelo, o una de las formas
alternativas que puede tener un gen, que hace que se manifieste el fenotipo) si un gen es recesivo (cuando son
precisas las dos copias del alelo para que se manifieste el fenotipo) no influirá en un rasgo fenotípico. P.e.: Un niño
no desarrollará fenilcetonuria (incapacidad de metabolizar el aminoácido tirosina a partir de fenilalanina en el
hígado) si recibe el gen recesivo de ambos progenitores. La epístasis tiene lugar cuando los genes interactúan entre sí
en diferentes posiciones. Supongamos que un fenotipo es influido por tres genes en tres posiciones diferentes: los
genes A, B y C. Partimos de la base de que la persona 1 tiene estos 3 genes y que su presencia combinada produce la
puntuación más alta en un fenotipo. En cambio, la persona 2, sólo tiene los genes A y B, pero no el C. La persona 2
es genéticamente similar a la persona 1, pero como difieren con respecto al gen C, no son idénticas genéticamente. Es
posible que la influencia de cualquiera de estos genes dependa de la presencia de los otros dos. Los individuos
recibirían una puntuación alta en el fenotipo si los tres están presentes, y una puntuación baja si no están presentes.
La persona 1 y la 2 recibirían puntuaciones diferentes.

La epístasis y la dominancia hacen que los individuos genéticamente similares sean diferentes entre sí,
precisamente, por razones genéticas. Las influencias genéticas pueden provocar que los miembros de una familia se

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parezcan entre sí y a la vez sean diferentes. Un fenotipo puede estar completamente determinado por los genotipos,
así los hermanos (aparte de los gemelos MC) pueden no parecerse en absoluto en el fenotipo y los niños pueden no
parecerse a sus padres. El parecido entre los padres y los hijos no es una condición sine qua non para la presencia de
las influencias genéticas. En resumen, las influencias genéticas aditivas hacen que los hermanos biológicos criados
juntos se parezcan, y las influencias genéticas no aditivas hacen que los hermanos criados juntos sean diferentes.

2.1.2. Disposiciones de la personalidad heredadas

¿Se heredan las características de la personalidad normal? Hay varios estudios a gran escala de la
heredabilidad realizados por John Loehlin y sus colaboradores que dan una respuesta afirmativa.

El primer estudio de Loehlin se sirvió del método de estudio de gemelos: comparó 514 parejas de gemelos
MC con 336 pares de gemelos DC del mismo sexo (comprendía más del 5% de la población de gemelos
estadounidenses en el grupo de edad estudiado). Cada participante respondió a una amplia variedad de cuestionarios
de personalidad, actitudes e intereses. El conjunto de datos resultantes demostró que los gemelos MC eran más
parecidos que los DC en una amplia gama de medidas de personalidad (Loehlin y Nichols, 1976).

En el segundo estudio, Loehlin y sus colaboradores utilizaron el método de adopción: dieron seguimiento a
más de 400 niños criados con sus familias biológicas y adoptivas. Los niños adoptados se parecían a sus padres
biológicos en muchas características de personalidad, aunque no hubieran tenido ningún contacto directo desde el
nacimiento. En comparación, la personalidad de estos niños adoptados no se parecía a la de sus padres adoptivos
aunque hubieran vivido con ellos prácticamente desde su nacimiento (Loehlin, Willerman y Horn, 1987). Estos datos
indican con certeza que al menos algunos elementos de la personalidad pueden ser heredados y determinados de
manera biológica (más que social o ambiental). Pero en concreto, ¿qué tipos de características pueden heredarse?

A) El temperamento

Plomin y colaboradores realizaros varios estudios de gemelos (228 parejas de gemelos MC y 172 de gemelos
DC, con una edad promedio de 5 años y un mes) utilizando como datos las calificaciones que los padres hacían de sus
hijos (Buss y Plomin, 1974; Plomin, 1974; 1980; Plomin y Rowe, 1977). En estos estudios se encontraron fuertes
asociaciones entre las calificaciones hechas por los padres de la emocionalidad, actividad y sociabilidad de los
gemelos MC (aproximadamente de 0.62, 0.66 y 0.55, respectivamente). En el caso de los gemelos DC, esas
correlaciones eran inexistentes e incluso inversas (emocionalidad: 0.1, actividad: -0.1, sociabilidad: 0.01,
aproximadamente).

Por otro lado, se ha suscitado dudas sobre la posibilidad de que existan prejuicios en las calificaciones que
los padres hacen de sus hijos, lo que hace necesario contar con otras fuentes de evidencia. En varios estudios se ha
examinado la heredabilidad de la estabilidad emocional mediante la utilización de las escalas de autoinforme en lugar
de las calificaciones de los padres. En estos estudios se ha encontrado de manera uniforme que los gemelos MC son
más parecidos que los DC. En otros trabajos se descubrió la misma relación al utilizar las calificaciones de un gemelo
en lugar del autoinforme. Tales hallazgos agregan credibilidad a la conclusión de que la emocionalidad está
determinada genéticamente.

Una investigación que utilizó el estudio de adopciones (Loehlin y cols., 1985) sugiere que también hay
influencias genéticas en el nivel de actividad y en la sociabilidad. Dicho estudio comparó a un grupo de niños
adoptados con sus padres biológicos y con los adoptivos. A pesar de que los niños habían vivido con sus padres
adoptivos desde pocos días de nacidos, el parecido entre ellos no fue considerable. Por otro lado, a pesar de la
separación de los niños adoptivos de sus padres biológicos, hubo entre ellos un patrón muy consistente de
correlaciones moderadas. Los datos también permitieron hacer comparaciones entre los niños adoptados y sus
hermanos biológicos y adoptivos. Aunque el patrón es menos consistente que el encontrado con los padres, surgió la
misma imagen general: los niños adoptados se parecen más a sus hermanos biológicos que a sus hermanos adoptivos.

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B) Los rasgos

(1) Neuroticismo

Loehlin publicó un artículo de revisión con varios estudios de gemelos llevados a cabo en países diferentes
con 24.000 parejas de gemelos (Loehlin, 1992). En general, los resultados muestran una moderada influencia genética
para el neuroticismo con una estimación de la heredabilidad alrededor del 40% (ver Tabla 1). En estudios posteriores
(Bouchard y McGue, 2002; Loehlin y cols., 1998), utilizando no solo autoinformes sino otras medidas diferentes de
neuroticismo (p.e. listado de adjetivos), volvieron a encontrar que la heredabilidad tenía una importancia moderada
(58%) y el ambiente no compartido un peso más relevante (42%) que el ambiente compartido (0%).

Tabla 1. Resultados de estudios de gemelos, de adopción y de familias para el neuroticismo y la extraversión

Tipo de pariente Correlación neuroticismo Correlación extraversión

Gemelos MC criados juntos 0.46 0.51


Gemelos DC criados juntos 0.20 0.18
Gemelos MC criados separados 0.38 0.38
Gemelos DC criados separados 0.23 0.05
Padres biológicos 0.13 0.16
Padres adoptivos 0.05 0.01
Hermanos biológicos 0.09 0.20
Hermanos adoptivos 0.11 -0.07
Adaptada de Loehlin (1992)

Entre los diferentes genes, también llamados Loci de Rasgos Cuantitativos (QTL), que se han postulado
cómo candidatos para explicar parte de la variación en neuroticismo, destaca el gen del transportador de la serotonina:
SLC6A4 (5-HTT). La asociación entre la emocionalidad negativa y este gen SLC6A4 (5-HTT) fue investigada por
Lesch y colaboradores mediante el NEO-PI-R y el 16PF y ha sido corroborada en otros estudios (Munafo y cols.,
2003). Sin embargo, los resultados indican que la influencia de este gen en dicho rasgo de personalidad es muy
modesta (corresponde a un 7-9% de la varianza genética). Por ello, sería interesante estudiar qué ocurre entre la
presencia del gen y la expresión del fenotipo (o la puntuación en un cuestionario) ya que el salto entre una variable y
otra es muy grande y quizás este sea uno de los motivos que explique el poco efecto que tienen genes concretos sobre
fenotipos como el neuroticismo.

Una interesante aproximación experimental consiste en estudiar el funcionamiento cerebral de las personas
portadoras de un alelo, compararlo con las portadoras de otro alelo y ver cuáles son sus puntuaciones de
neuroticismo. En este sentido, Hairiri y cols. (2002) exploraron la respuesta de la amígdala frente a estímulos
emocionales en dos muestras de participantes, una mitad portadores del alelo s y la otra mitad portadores del alelo 1.
En el caso de los portadores del alelo s, la amígdala derecha se activaba más frente a estímulos emocionales negativos
(p.e., caras que mostraban miedo). Otros estudios han replicado este mismo efecto (Gallinat y cols., 2005; Munafo y
cols., 2003), aunque con poca potencia estadística. Por tanto, hacen falta nuevos estudios con muestras más grandes y
con más genes candidatos o QTL en el futuro para poder caracterizar dicha asociación.

(2) Extraversión y Búsqueda de novedad

También Loehlin (1992) exploró la correlación para la extraversión en diferentes grados de familiaridad (ver
Tabla 1). Igual que en el caso del neuroticismo, los resultados muestran una influencia genética moderada siendo la
estimación de la heredabilidad de un 50%. Estos datos han sido replicados en otros estudios destacando de nuevo que
el ambiente compartido no tiene ninguna influencia en la variabilidad de la extraversión (Bouchard y McGue, 2002;
Loehlin y cols., 1998; Weiss, Bates y Luciano, 2008).

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La asociación examinada con más frecuencia entre un rasgo de personalidad positivo y los genes ha sido la
búsqueda de novedad, la tendencia a buscar experiencias nuevas (especialmente aquellas consideradas arriesgadas,
p.e., el consumo de drogas, las relaciones sexuales de riesgo, los juegos de azar…) con el gen D4DR. Se ha
encontrado que los individuos con las llamadas “versiones repetidas largas” del gen D4DR buscan más las
sensaciones nuevas que los individuos con las llamadas “versiones repetidas cortas” de este gen (Benjamin y cols.,
1996). Sin embargo, dicha asociación entre el D4DR y la búsqueda de novedad no se ha replicado en todos los
estudios (Berman y cols., 2002; Burt y cols., 2002; Plomin y Crabe, 2000). La principal razón es que el gen D4DR
explica sólo el 4% de la varianza en la búsqueda de novedad (Benjamin y cols., 1996). También se ha especulado que
pueden haber otros 10 genes que son igual de importantes en la búsqueda de novedad y que quizás existan hasta 500
genes que covarían con otros rasgos de personalidad (Ridley, 1999).

En resumen, los genes tienen efectos muy limitados y difícilmente replicables en los rasgos de personalidad.
Sin embargo, la heredabilidad es moderada tanto para la emocionalidad positiva (extraversión y búsqueda de
novedad) como para la negativa (neuroticismo). ¿Cómo se puede explicar esta aparente falta de acuerdo entre lo que
se sospecha que sucede y lo realmente se encuentra?:

1. Herencias poligénicas para los rasgos de personalidad. Un solo gen tiene efectos muy pequeños, y un rasgo
depende de muchos genes, por lo que sería muy difícil encontrar todos y cada uno de los genes implicados en
una dimensión de personalidad concreta.

2. Efectos pleiotrópicos de los genes. Un gen afecta a más de un fenotipo (p.e. El gen 5-HTT explica rasgos de
personalidad no sólo neuróticos sino también antisociales).

3. Regulación epigenética de los genes. Algunos genes se expresan diferencialmente en función del ambiente
en el que están. Los cambios epigenéticos son cambios reversibles de ADN que hace que unos genes se
expresen o no dependiendo de condiciones exteriores o ambientales.

Un ejemplo de la regulación epigenética lo constituye el estudio longitudinal de Caspi y Moffit (2002) ya que
fueron los primeros en demostrar una relación directa entre el efecto del entorno y un gen particular, el de la MAOA,
al estudiar la conducta antisocial de 1037 chicos desde la infancia hasta la madurez (30 años). Encontraron que
aquellos individuos portadores de una versión poco funcional del gen de la MAOA y que habían sufrido maltrato
severo, presentaban puntuaciones más proclives a la antisocialidad en todas las medidas analizadas. Este efecto de la
interacción genes por ambiente ha sido replicado en estudios longitudinales, en estudios de gemelos, o en estudios
transversales, siendo en general la correlación moderada (r= 0.2). Aunque también hay estudios que no han
conseguido replicar los resultados de Caspi y cols.

Los estudios presentados hasta el momento, a pesar de ser pioneros, tienen una gran limitación, y es que no
tienen una cadena de inferencia causal robusta que sustente las relaciones entre genes, ambiente y rasgos de
personalidad (dicho de otro modo, es muy difícil controlar toda una serie de variables que pueden afectar estas
relaciones). Para tratar de superar esta limitación, Meyer-Lidenberg y cols. (2006) examinaron el cerebro a nivel
estructural y funcional respecto al genotipo de la MAOA y a las diferentes características fenotípicas obtenidas a
partir de tareas experimentales análogas de conductas violentas. Encontraron que el alelo que resulta en una menor
expresión de la MAOA, el MAOA-L, asociado previamente con el riesgo de presentar conductas violentas, predecía
una reducción del volumen límbico y una hiperresponsividad de la amígdala en una tarea de reconocimiento facial de
emociones, junto a una reactividad disminuida de las regiones de control inhibitorio de la corteza prefrontal. En
hombres este mismo alelo también se asociaba a cambios en el volumen de la corteza orbitofrontal, a hiperreactividad
de la amígdala y del hipocampo en una tarea de recuerdo aversivo y a una activación reducida del cíngulo durante una
tarea de inhibición cognitiva. Estos resultados han sido replicados por otros estudios (Eisenberg y cols., 2007)
demostrando que diferencias en el sistema límbico (implicado en la regulación emocional) y en el lóbulo frontal
(implicado en el control cognitivo) pueden estar mediando la asociación entre un gen (la MAOA) y un fenotipo de
personalidad (la antisocialidad).

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C) Las actitudes

Los estudios sobre los rasgos tradicionales de personalidad no son la única fuente de evidencia de que la
personalidad está influida por la herencia. Parece que hay un impacto genético en la cantidad de apoyo social que
recibe la gente (Kessler y cols., 1992), también hay evidencias de influencia genética en la probabilidad de que la
gente se divorcie (McGue y Lykken, 1992) y en sus actitudes hacia diversos temas (Eaves y cols., 1989). De hecho,
los hábitos de beber y fumar, las preferencias ocupacionales e incluso la orientación sexual parecen ser heredables de
forma moderada (de un 30% a un 50%). Pero igualmente, es de igual importancia subrayar que los mismos estudios
proporcionan gran relevancia a las influencias ambientales (de un 70% a un 50%) (Larsen y Buss, 2005).

Aunque la herencia es importante, en la mayor parte de los casos su impacto parece debilitarse con el tiempo.
McCartney y cols. (1990) realizaron un metaanálisis de 103 artículos sobre estudios de gemelos y llegaron a la
conclusión de que los gemelos se van diferenciando a medida que envejecen. Esta tendencia es mayor para algunos
rasgos (p.e.: la actividad y la impulsividad) que para otros. De hecho, el papel de la genética en la inteligencia parece
incrementarse con la edad.

Así, en la medida en que los datos de la genética conductual indican que aproximadamente el 40% de la
varianza de características simples de personalidad y de la personalidad total están determinados por factores
genéticos, entonces el resto de la varianza corresponde a la combinación de los efectos medioambientales y al error de
medida. Realmente, uno de los aspectos interesantes de los recientes desarrollos en la genética conductual ha sido el
esfuerzo para usar datos de estudios de gemelos y niños adoptados para determinar los efectos del ambiente en las
variables de personalidad.

3. Determinantes ambientales

Sin embargo, la mayoría de los científicos desecharon la idea de considerar la influencia del entorno tras la
revelación de Watson y Crick (1953) sobre el código genético del ADN. Incluso Charles Darwin llegó a admitir al
final de su vida que la teoría de la evolución había infravalorado el papel del medio ambiente:

“En mi opinión, el mayor error que he cometido ha sido no darle el suficiente peso a la influencia directa del
ambiente (es decir, de la comida, del clima…), independientemente del proceso de selección natural. Cuando
escribí El Origen y durante varios años después, no pude encontrar ni la más mínima evidencia de la acción
directa del ambiente: ahora hay una enorme cantidad de evidencias.” (Darwin, 1888)

3.1. La importancia de la familia

Más recientemente, en su libro Nature y Nurture, Plomin (1990) sugiere que la genética conductual tiene dos
mensajes: genética y ambiente. La investigación de la genética conductual lleva a la evidencia de la importancia de
los genes y del ambiente. La cuestión que puede realizarse es la siguiente: ¿Qué produce una diferencia en el
ambiente? Lo que los genéticos conductuales están haciendo es estimar no sólo la proporción de varianza de una
característica que es debida a la herencia, sino también estimar la proporción de varianza que es debida a diferentes
tipos de ambiente.

Queremos hacer referencia a que el término ambiente en este contexto es sumamente amplio. Hablamos de
sociedades diferentes, de culturas, de grupos dentro de cada cultura, de familias, de grupos de iguales, de diferencias
de roles, de diferencias generacionales, etc. Todo ello puede y de hecho contribuye a diferencias en la personalidad de
cada individuo. Las dos instituciones que han recibido más atención son: 1) la familia y, 2) la cultura y subcultura en
que se desarrolla la persona. Por ejemplo, un niño puede recibir la influencia de muchas fuerzas ambientales que se
solapan: la cultura nacional, una o más culturas étnicas, la cultura local inmediata y el ambiente familiar. Nos
ocuparemos de parte del conocimiento que se ha acumulado sobre las influencias familiares y culturales.

Al estudiar la familia y la cultura, encontramos formas de comportamiento “universales” y otras que son

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“específicas de la cultura”. En el lenguaje de la antropología, un universal (“etic”) es un patrón de comportamiento
común a todos los miembros de una determinada especie. Mientras que un particular (“emic”) se refiere a la conducta
o patrón de comportamiento que varía de un entorno a otro (o de una cultura a otra) en una especie. Dicho de otra
forma, un emic, o particular, es específico de la cultura. Nuestro examen gira entorno de las conductas émicas, que
dan mayor información sobre los aspectos de un ambiente en particular que pueden participar de manera directa en el
moldeamiento y mantenimiento de diferencias individuales en la personalidad.

Por ello, nos centraremos el análisis de algunas influencias familiares importantes en el desarrollo de la
personalidad. La familia nos proporciona el primer contexto en el que los niños aprenden las actitudes, opiniones y
creencias, lo mismo que las conductas básicas que se espera de ellos, pero las familias difieren tanto en su forma
(configuración) como en la manera en que se ocupan de la socialización de sus niños. A continuación veremos
algunos de los descubrimientos interesantes que conciernen tanto a la forma como al estilo del ambiente familiar.

En primer lugar, la configuración familiar ha demostrado que desempeña una función importante en el
desarrollo de la personalidad. En general, cuanto mayor sea la familia inmediata de una persona, peor será el
individuo en términos de la inteligencia verbal y de las destrezas cognitivas y sociales. Según el efecto de la dilución,
al aumentar el tamaño de una familia, disminuye la cantidad de tiempo y de atención que los padres pueden dar a
cualquiera de sus hijos. De hecho, los primogénitos y los hijos únicos tienen más éxito que los que nacen después. En
particular, el sexo de los niños en la familia también tiene un efecto importante: los varones muestran más conductas
femeninas si tienen hermanas mayores, y las niñas son más agresivas si tienen hermanos mayores.

En segundo lugar, criar a alguien en un hogar en el que está ausente el padre tiene efectos adversos en los
hijos de ambos sexos. Los hijos que crecen en un hogar en el cual el padre está ausente suelen mostrar más problemas
de ajuste (en especial en la adolescencia), por su parte, es más probable que las niñas cuyos padres están ausentes
sean sexualmente promiscuas y delincan. Los niños a los que se cría en familias que resultan de segundas nupcias, en
especial en las familias mezcladas (en las que algunos pequeños tienen padres y madres diferentes), sufren por la
posibilidad de que existan reglas conflictivas entre los padres. De hecho, los segundos matrimonios tienen más
probabilidades de terminar en divorcio que los primeros, y una de las razones parece ser el conflicto entre los
padrastros y los hijastros.

Por último, las familias también se distinguen en sus estilos parentales. Estos estilos varían a lo largo de dos
dimensiones: la aceptación del compromiso y la supervisión rigurosa.
ACEPTACIÓN DEL COMPROMISO
ELEVADA BAJA
SUPERERVISIÓ ELEVADA Con autoridad Arbitrario
N RIGUROSA BAJA Indulgente Negligente

Estas dimensiones dan lugar a cuatro estilos parentales básicos: arbitrario, con autoridad, indulgente y
negligente. Los padres con autoridad se caracterizan por la calidez y por el uso del razonamiento y una disciplina no
punitiva (basada en castigos). Así, los hijos de padres con autoridad suelen ser asertivos, competentes y responsables.
Los padres arbitrarios se caracterizan por un comportamiento restrictivo y de rechazo. Así, los hijos de padres
arbitrarios suelen ser inseguros, aprehensivos, estar aislados, tener baja autoestima y bajo autocontrol. L os padres
indulgentes se caracterizan porque no logran hacer que se sigan las reglas y por la tendencia a ceder a las demandas
coercitivas de sus hijos. De esta forma, los hijos de padres indulgentes suelen consumir alcohol y/o drogas, tener un
rendimiento académico bajo, alterar las normas en la escuela, tener una alta competencia social y una alta
autoconfianza. Por último, los padres negligentes carecen de compromiso o supervisión adecuada. De esta forma, los
hijos de padres negligentes suelen tener una baja asertividad, una baja competencia y una percepción de
irresponsabilidad en aspectos relacionados con salud y bienestar físico. Los estudios, por tanto, apuntan a que los
niños expuestos a padres con autoridad desarrollan una personalidad más adaptada que los niños de padres arbitrarios,
indulgentes o negligentes.

3.2. Ambientes compartidos y no compartidos

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Existen 2 tipos de influencias ambientales sobre los fenotipos:

(1) Las influencias ambientales compartidas son las responsables de que los individuos criados en la misma
familia se parezcan entre sí. Los entornos en los que han vivido los niños criados juntos son más parecidos que los de
los niños criados por separado. De hecho, los niños criados en la misma familia viven en circunstancia sociales
similares. El status social de la familia influye en la calidad de los colegios a los que seguramente irán, la calidad de
los servicios médicos que recibirán y en los valores y los intereses de los individuos que se encontrarán en el
vecindario. Los que se han criado en la misma familia comparten la influencia de los mismos padres como modelos y
el clima emocional de la casa. Si un fenotipo estuviera influido exclusivamente por las influencias ambientales
compartidas, los gemelos MC y DC criados juntos tendrían una correlación de 1.00 en el fenotipo. Igualmente, los
hermanos criados juntos, ya estén relacionados genéticamente o no, tendrían una correlación de 1.00.

(2) Las influencias ambientales no compartidas son las responsables de que los individuos criados en la
misma familia no se parezcan entre sí. Se sabe que las influencias ambientales están determinadas por la familia que
educa. Sin embargo, los niños criados en la misma familia pueden experimentar ambientes diferentes. Las influencias
ambientales comienzan desde el momento de la concepción. Los niños de la misma familia pueden haber tenido
ambientes prenatales diferentes. Lynn (1990), al estudiar las diferencias en inteligencia de los gemelos MC, descubrió
que el gemelo que pesaba más al nacer tendía a tener un cociente de inteligencia superior que el gemelo con menos
peso. Supuso que esta diferencia era atribuible a las diferencias en nutrición prenatal. Hay muchas influencias del
ambiente biológico que no son compartidas por los niños de la misma familia. Por ejemplo, un niño en una familia
podría sufrir una grave enfermedad que causara un gran impacto en su personalidad. Pero también hay otras muchas
influencias en el ambiente psicológico. Los niños criados en la misma familia también podrían ser tratados de manera
distinta, o creer que son tratados de forma distinta. Así como los padres pueden favorecer a los niños que se les
parecen en el físico o en el temperamento. Además, los niños criados juntos pueden encontrarse con diferentes
influencias fuera del hogar y pueden estar expuestos a diferentes adultos que les influyan. Los profesores, los
sacerdotes, los entrenadores, las estrellas de cine, y los atletas podrían ser modelos potenciales de comportamiento
para los niños. Cualquiera de estas influencias podría provocar que los niños que se han criado juntos sean distintos
entre sí.

¿Qué otras experiencias de importancia para el desarrollo no comparten los hermanos de la misma familia?
Aquí, evidentemente, hay una amplia gama de posibilidades.

- Dependiendo de la disparidad de edad, dos hermanos pueden ser educados durante momentos culturales
distintos (más conservador en los 50, más radical en los 60, la generación del “yo” en los 80, la generación más
comprometida socialmente de los 90, la generación “ni-ni” en la primera década del 2000 etc). Incluso durante
momentos sociales distintos, p.e., durante una crisis económica.

- Las experiencias escolares y las experiencias con los compañeros a menudo son bastante importantes en el
desarrollo de la personalidad y también pueden proporcionar una enorme cantidad de experiencias diferenciales para
los hermanos. Algunas de estas experiencias pueden resultar en buena parte de diferencias genéticas entre hermanos.
Por ejemplo, las experiencias probablemente diferentes entre un niño que es muy atractivo y atlético comparado a las
experimentadas por un hermano menos atractivo o atlético. Otro ejemplo, puede ser que un hermano tenga un
excelente profesor y el otro no.

- Otras experiencias diferenciales pueden resultar de las experiencias familiares que desempeñan un papel en
la conducta distinta de los hermanos con sus padres. Los niños pueden adoptar diferentes roles dentro de la familia,
mediador, problemático o responsable.

- Finalmente, algunas de estas experiencias pueden resultar de la casualidad. Y las circunstancias familiares
también cambian. El divorcio puede alterar la composición de la familia y su posición económica. Por ejemplo, un
hermano puede experimentar la muerte de un amigo y el otro no. Para bien o para mal, los encuentros casuales,

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pueden desempeñar un papel mucho más grande en el desarrollo de la personalidad de lo que la mayoría de nosotros
sospechamos.

En resumen, las influencias ambientales familiares hacen que los hermanos biológicos criados juntos se
parezcan, y las influencias ambientales no compartidas hacen que los hermanos criados juntos sean diferentes. Los
hermanos biológicos criados juntos pueden parecerse o ser diferentes por razones tanto genéticas como ambientales.
Sin embargo, los gemelos idénticos pueden diferir entre ellos sólo por razones ambientales.

¿Cuanto y cómo de similares serán los hermanos y hermanas de la misma familia más allá de lo que se
esperaría por su herencia común? Hasta qué punto podemos hablar de un ambiente familiar común para todos los
miembros de la familia. A pesar de que todos reconocemos diferencias entre hermanos, a veces llamativas diferencias,
la intuición nos dice que cuando todo está dicho y hecho, los niños de la misma familia comparten cosas en común
como resultado de compartir el mismo ambiente familiar.

Sin embargo, como vimos en el apartado anterior, hay notables pruebas de que los efectos de los ambiente
compartidos (aquel al que están sometidos todos los miembros de una familia), las experiencias compartidas como
miembros de la misma familia, no son tan importantes como los efectos de los ambientes no compartidos. Dicho de
otro modo, las experiencias únicas de los hermanos tienen dentro y fuera de la misma familia parecen ser mucho más
importantes para el desarrollo de la personalidad que las experiencias compartidas como resultado de estar en la
misma familia. ¿Por qué, entonces, los niños de la misma familia son así diferentes? (sobre todo nos referimos a
resultados de las diferencias entre gemelos MC y la escasa semejanza entre niños adoptados y sus familias adoptivas).
La respuesta es a causa de los ambientes no compartidos.

Estos resultados han sido muy controvertidos ¿Significa esto que los niños de la misma familia son diferentes
porque los efectos de las experiencias familiares son poco relevantes? Muchos psicólogos del desarrollo han recibido
con reticencias estos resultados, que parecen insinuar que las influencias de las prácticas parentales son nulas. A esto,
los genetistas conductuales han tenido que aclarar que no se niega la influencia de la familia. Lo único que se afirma
es que, dentro de una familia, pueden existir factores que afectan diferencialmente a los niños. Más bien, el sentido es
que las influencias familiares son importantes, como lo son las experiencias fuera de la familia, pero son las
experiencias únicas para cada niño las que son importantes, más que las experiencias compartidas por los niños de la
misma familia (Dunn, 1992; Dunn y Plomin, 1990). Para la investigación lo realmente importante más que la unidad
familiar son las experiencias únicas de cada niño en la familia.

Las pruebas a favor de la conclusión de la poca importancia de las experiencias ambientales compartidas
vienen de los datos correlacionales que comparan los hermanos biológicos y adoptivos que han crecido en la misma
familia. Estos datos indican que los hermanos biológicos no son totalmente similares en altura o incluso en peso. Sin
embargo, principalmente a causa de los genes comunes, las correlaciones para ambos están alrededor de 0.50,
mientras que en el caso de los niños adoptados la correlación es casi de 0. Esto es especialmente sorprendente en el
caso del peso. Uno podría suponer que a causa de los modelos de comer comunes y las actitudes comunes hacia el
peso y la figura que se desarrollen en la misma familia, conducirían a alguna similitud en el peso. El término medio
de correlación de los hermanos para la personalidad es de 0.15, mientras que para los hermanos adoptivos es de 0.05.
Datos como estos llevan a Dunn y Plomin (1990) a la conclusión de que alrededor del 40% de la varianza en la
personalidad es debida a factores genéticos, alrededor del 35% a experiencias ambientales no compartidos, cerca de
un 5% a las experiencias ambientales compartidas, y el restante 20% a errores de medida.

4. Interacción entre determinantes genéticos y ambientales

Como ya hemos dicho, genes y ambiente siempre están interactuando. Existe una “correlación genética-
ambiente”, más que entender la genética y el ambiente como fuerzas independientes. Así pues, parece que las
diferencias genéticas covarían con los ambientes que experimentan los individuos. Se pueden diferenciar tres formas
particulares de interacción o correlación entre genes y ambiente (Larsen y Buss, 2005; Plomin, 1990; Plomin y
Neiderhiser, 1992):

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(1) Pasiva: Los hijos reciben de sus padres ambientes familiares que correlacionan con sus disposiciones
genéticas. En primer lugar, podemos referirnos a la situación en la que las mismas experiencias medioambientales
pueden producir un efecto diferente en personas genéticamente distintas. Por ejemplo, la misma conducta por parte
de un padre ansioso puede tener diferentes efectos en un hijo irritable que en un niño tranquilo. Más que un efecto
directo de la ansiedad del padre que es la misma para ambos tipos de niños, hay una interacción entre la conducta del
padre y las características de los niños. En este caso, el niño es un recipiente pasivo de las circunstancias ambientales.
Los factores genéticos están interactuando con los ambientales, pero de una manera pasiva.
(2) Reactiva o evocativa: Los individuos evocan reacciones en los demás que también “correlacionan” con
sus propensiones genéticas. En una segunda forma de interacción entre ambos factores, las personas diferentes a
nivel genético pueden provocar diferentes respuestas del ambiente. Por ejemplo, el niño irritable puede evocar una
respuesta diferente en el padre que el niño tranquilo. Estas diferencias iniciales pueden tener implicaciones
importantes para el desarrollo de los entornos paterno-filiales. Pensemos en dos niños recién nacidos, uno irritable y
otro tranquilo, y ambos interactúan con un padre primerizo ansioso. El recién nacido irritable probablemente aumente
la ansiedad del padre, mientras que el tranquilo tenderá a disminuirla. En el primer caso, el padre o la madre pueden
pensar que son “un padre o una madre terrible”, mientras que el segundo caso los padres reafirman que son “un buen
padre o una buena madre”, aunque la conducta del recién nacido no tenga nada que ver con la conducta paterna. Sin
embargo, las diferentes conductas paternales evocadas por los dos niños ahora pueden establecer dos modelos de
interacción padre-hijo completamente diferentes.

Los efectos del ambiente evocado se mantienen durante todo el desarrollo. Probablemente la primera de estas
diferencias está relacionada con el género: “Es un niño” opuesto a “Es una niña”. Pero más allá de esto, a una edad
temprana los niños comienzan a asociar las características de personalidad con las constituciones corporales y así
tratan a los compañeros de forma diferente dependiendo de estas asociaciones. Se espera que los niños de
constitución robusta sean más agresivos que los niños de constitución delgada. Los niños atractivos o atléticos
producen respuestas de los demás diferentes que las que producen los niños menos atractivos o atléticos (Brehm,
1992). En cada caso, una característica determinada genéticamente provoca una respuesta diferencial del ambiente.
En estos casos, se han seleccionado los rasgos físicos como ejemplo. No obstante, las características de personalidad
con componentes genéticos actúan en líneas similares. El niño constitucionalmente tímido e introvertido produce
respuestas diferentes en los compañeros que el niño constitucionalmente extravertido.

(3) Activa: Los individuos seleccionan, modifican y construyen experiencias correlacionadas con sus
características genéticas. Así pues, desde la genética cuantitativa se defiende que, en parte, los genes podrían actuar
indirectamente a través de los ambientes que el individuo evoca o busca. De esta forma, la genética y el ambiente se
entrelazan a lo largo del desarrollo, de forma que la vieja dicotomía deja de tener sentido. En esta tercera forma de
interacción genes-ambiente, los individuos con características genéticas diferentes seleccionan, modifican y crean
distintos ambientes. Cuando el individuo es capaz de interactuar activamente con el ambiente, cosa que ocurre a una
edad muy temprana, los factores genéticos influyen en la selección y creación de ambientes. El extravertido
selecciona ambientes diferentes de los que selecciona el introvertido, la persona dotada musicalmente ambientes
distintos que la persona dotada con imaginación visual, etc. Estos efectos aumentan con el paso del tiempo a medida
que las personas son cada vez más capaces de seleccionar sus propios ambientes. En un momento particular, es
imposible determinar la extensión a la cual el individuo ha sido el "receptor" de un efecto ambiental o el "creador" del
efecto ambiental.

En resumen, las personas pueden ser receptores pasivos de ambientes, pueden desempeñar un papel en los
acontecimientos ambientales a través de las respuestas que evocan, y pueden desempeñar un papel activo
seleccionando y creando los ambientes. En cada caso, existe una interacción entre genes y ambiente. Debido a esas
interacciones, los genetistas conductuales destacan ahora las influencias genéticas sobre las medidas ambientales o la
genética ambiental (Plomin y Rende, 1991). En otras palabras, al estudiar los efectos de los genes sobre el ambiente,
ya no podemos suponer que nuestra medida del ambiente está libre de influencias genéticas. Esto es cierto tanto para
la percepción de los ambientes, como para la evaluación objetiva de los ambientes. En términos de experiencias
subjetivas de los ambientes, las personas con diferentes dotaciones genéticas darán descripciones diferentes de lo que
son objetivamente los mismos ambientes. En términos de la evaluación objetiva de los ambientes, los estudios de los

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padres interactuando con sus hijos ponen en claro precisamente cuánto influyen los hijos en el desarrollo de ambiente
paterno (Kagan, 1994). Las interacciones entre ambos aspectos empiezan muy pronto en la vida del individuo y
continúan durante toda la vida.

5. Conclusiones

Empezamos teniendo en cuenta la importancia de los genes para el desarrollo de la personalidad, dado el
funcionamiento de los genes que nos hace similares como humanos y de qué manera nos hace únicos como
individuos. Nuestra historia evolutiva sugiere que tenemos algo en común como miembros de la especie humana,
mientras que nuestra herencia genética nos dice que cada uno de nosotros somos únicos de muchas maneras. También
hemos visto la importancia del ambiente, indicando que hay pruebas notables de las influencias ambientales en la
personalidad, a pesar de que ha sido difícil definir la relación de los efectos ambientales específicos con las
características específicas de personalidad. En parte, la causa de esto son los múltiples determinantes de la
personalidad, los múltiples genes que influyen en las características más importantes de la personalidad, las múltiples
fuerzas ambientales actuando en cualquier momento, y las múltiples maneras de interactuar de la herencia y el
ambiente.

Cuando se reflexiona sobre temas complejos, es fácil caer en formas de pensamiento dicotómico, como la
controversia genes versus ambiente. En cambio, aquí se ha destacado la continua interacción entre los genes y el ambiente.
Probablemente nunca seamos capaces de determinar hasta qué punto cualquier acción humana está determinada genética o
culturalmente. De hecho, muchos sugerirían que esta cuestión no tiene sentido. Continuemos o no usando las estimaciones de
heredabilidad, siempre debemos recordar que son valoraciones de contribuciones genéticas a la variación de una población
particular, no hechos sobre qué cantidad de personalidad está genéticamente determinada.

El mapa del genoma humano ha sido una especie de “santo grial” que ha mantenido en vilo a muchos científicos
gracias al Proyecto del Genoma Humano (1990-2003). Conocer la secuencia completa del genoma humano puede tener
mucha relevancia para los estudios de biomedicina y genética clínica, desarrollando el conocimiento de enfermedades poco
estudiadas, nuevas medicinas y diagnósticos más fiables y rápidos. Sin embargo descubrir toda la secuencia génica de un
organismo no nos permite conocer su fenotipo. Como consecuencia, la ciencia de la genómica no podría hacerse cargo en la
actualidad de todos los problemas éticos y sociales que ya están empezando a ser debatidos.

Por un lado, si los científicos descifran que un comportamiento es debido exclusivamente a la genética tales hallazgos
pueden conducir al pesimismo sobre las posibilidades de cambio. Por ejemplo, si el comportamiento criminal es influido por
la genética, los intentos de rehabilitación estarían condenados a al fracaso. Por otra parte, si las diferencias genéticas entre
individuos, en lugar de las diferencias en la socialización de los padres o en la experiencia personal, son las responsables de
moldear las características centrales de la personalidad humana en un futuro se podría diseñar genéticamente a la raza
humana para fomentar la reproducción de personas con ciertos rasgos deseables y no otros indeseables.

Como vimos en el tema, la epigenética es una de las áreas clave de investigación en la actualidad dado que combina
la genética y el medioambiente. Concretamente consiste en el estudio de los cambios o modificaciones del código genético
humano que se realizan sin ser controlados por la secuencia original del ADN. Los fenómenos epigenéticos desempeñan un
importante papel en el desarrollo y la evolución. Por ejemplo, los genomas del chimpancé y del humano son extremadamente
semejantes, pero hay ciertas diferencias y estas son epigenéticas. Por ello, el Proyecto del Epigenoma Humano tiene por
objetivo identificar un catálogo e interpretar los patrones de metilación del genoma humano ampliamente, en todos los tejidos
importantes. La metilación consiste en la modificación química del ADN mediante la adición de grupos de metilo, que
consisten en tres átomos de hidrógeno y uno de carbono. Este proceso puede afectar a la expresión de los genes cercanos,
habitualmente silenciándolos o desactivándolos y es el único parámetro flexible que puede cambiar la función del genoma
bajo influencia externa. Por lo tanto, la epigenética parece constituir el principal nexo perdido entre la genética y el
medioambiente.

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Manel Esteller, director del grupo de epigenética y biología del cáncer del Institut d'Investigació Biomèdica de
Bellvitge, que recibió el premio Carmen y Severo Ochoa 2009 y es considerado uno de los referentes mundiales del estudio
epigenético, prefiere comparar la epigenética con una partida de cartas:

"Los naipes que recibe el jugador cuando nace sería la genética, que se hereda el 50% del padre y el 50% de la
madre, más o menos. Recibir buenas cartas es importante, pero también lo es cómo cada jugador hace uso de ellas. Esto es la
epigenética, y tiene que ver con los estilos de vida. Igual que se puede tener una buena mano y echarla a perder por ser
demasiado agresivo, poco inteligente o calcular mal las fuerzas, lo mismo puede suceder con la genética si, pese a ser buena,
se desperdicia por tener malos hábitos de vida. Al contrario, se puede contar con malas cartas pero jugar bien las bazas y
ganar la partida: una vida más larga y con mejor salud. La genética nos da una tendencia a ser y a desarrollar determinadas
enfermedades, pero todo ello es modulable por el ambiente" (El País, 9 de Diciembre de 2010)

En resumen, parece que la respuesta al debate genética-ambiente está en la epigenética que se han convertido en uno
de los campos que mayores expectativas están produciendo en la biomedicina. La investigación oncológica es, de momento,
la más beneficiada por este nuevo enfoque, especialmente en el tratamiento de leucemias y linfomas. Pero existen trabajos en
otras parcelas, como las enfermedades raras o la comprensión del envejecimiento. Por ello, en el futuro la epigenética ayudará
a entender, entre otras cosas, por qué somos distintos unos de otros y por qué aparecen las enfermedades. Todo un reto y una
aportación, sin duda, clave para el entendimiento de la herencia y el ambiente en la Personalidad.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

Bartrés, D., Gallardo, D., Lladó, A., Solé, C. (2008). Perspectivas en cognición, personalidad, psicopatología y enfermedades
neurodegenerativas. En: D. Bartrés y D. Redolar (Eds.). Bases genéticas de la conducta (pp. 314-333). Barcelona: Editorial
UOC

Larsen, R.J. y Buss, D.M. (2005). Genética y Personalidad. En R. J. Larsen y D. M. Buss, Psicología de la Personalidad:
Dominios del conocimiento sobre la naturaleza humana (2a ed.) (pp. 162-191). New York: McGraw-Hill.

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