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SALA DE CASACIÓN SOCIAL

Ponencia del Magistrado ALFONSO VALBUENA CORDERO

En el juicio que por reclamación de indemnizaciones derivadas de enfermedad


profesional, lucro cesante y daño moral intentó el ciudadano JOSÉ ANTONIO SILVA,
representado judicialmente por la abogada Janeth Josefina Reyes Vásquez,contra la sociedad
mercantil C.A., CERVECERA NACIONAL (BRAHMA), representada judicialmente por los
abogados Esteban Guart Guarro y Luis Aquiles Mejía Arnal; el Juzgado Superior del Trabajo de
la Circunscripción Judicial del Estado Lara, en fecha 19 de enero del año 2005, dictó sentencia
mediante la cual declaró con lugar el recurso de apelación interpuesto por la parte demandante,
y sin lugar la defensa de prescripción de la acción alegada por la parte demandada, acordando
una indemnización por la cantidad allí establecida por “daño moral por equidad”.

Contra el fallo anterior anunciaron recurso de casación tanto la parte actora como la
empresa accionada, recursos estos que fueron admitidos. El recurso extraordinario intentado
por la parte demandada fue oportunamente formalizado, mientras que la parte accionante
formalizó e impugnó extemporáneamente.

Remitido el expediente, fue recibido en esta Sala de Casación Social, dándose


cuenta del asunto en fecha 01 de marzo del año 2005 y designándose ponente al Magistrado
Alfonso Valbuena Cordero.

En la oportunidad fijada para la realización de la audiencia oral, concurrieron ambas


partes y expusieron sus alegatos en forma oral y pública.

Concluida la sustanciación con el cumplimiento de las formalidades legales y siendo


la oportunidad legal para ello, pasa esta Sala a reproducir la sentencia dictada en fecha 14 de
junio del año 2004, bajo la ponencia del Magistrado que con tal carácter la suscribe, en los
siguientes términos:

PUNTO PREVIO
En el presente caso, la sentencia de alzada fue dictada el 19 de enero del año
2005, quinto día de despacho siguiente a la celebración de la audiencia oral. En este mismo
sentido, el Juzgado Superior respectivo dictó auto mediante el cual dejó constancia de que el
lapso para anunciar recurso de casación culminó el 26 de enero del mismo año, por lo que es a
partir de éste que comienza a computarse el de la formalización del referido recurso, el cual
feneció el día 21 de febrero del año 2005.

Con base en las anteriores consideraciones esta Sala observa que la apoderada
judicial de la parte actora consignó extemporáneamente la formalización (28 de marzo del año
2005), conjuntamente con un escrito en el que explica que por motivos de salud no pudo
presentar dicha formalización tempestivamente, anexando constancia médica de fecha 01 de
marzo del año 2005, en la que se indica que presentó quiste suburetral obstructivo severo que
amerita intervención quirúrgica, por lo que le fue ordenado reposo absoluto por quince días y
viajó a la ciudad de Miami-Florida por las referidas razones médicas.

Sin embargo, se observa que el lapso de formalización culminó el 21 de febrero del


año 2005, es decir, con suficiente anterioridad a la fecha en que fue suscrita la constancia
médica, lo que hace suponer que el referido padecimiento de salud fue posterior al fenecimiento
del referido lapso, puesto que tiene fecha de 01 de marzo del año 2005, siendo consignado ante
esta Sala en fecha 28 del mismo mes y año, por lo que se concluye que el referido recurso de
casación debe ser declarado perecido y así se decide.

Asimismo la contestación a la formalización de la parte demandada no será


considerada por esta Sala, por cuanto también fue consignada extemporáneamente. Así se
resuelve.

DEL RECURSO DE CASACIÓN FORMALIZADO POR LA PARTE DEMANDADA


-I-

Denuncian los formalizantes con fundamento en el artículo 168, numeral 2° dela


Ley Orgánica Procesal del Trabajo, que la recurrida infringió los artículos 1.193 del Código Civil
y 560 de la Ley Orgánica del Trabajo, por errónea interpretación, así como el artículo 177 dela
Ley Orgánica Procesal del Trabajo por falta de aplicación.

Alegan los formalizantes:

De Conformidad con el numeral 2° del artículo 168 dela Ley Orgánica Procesal del
Trabajo, denunciamos la infracción de los artículos 1.193 del Código Civil, y 560 de la
Ley Orgánica del Trabajo, ambos por error de interpretación, y del artículo 177 dela
Ley Orgánica Procesal del Trabajo, por falta de aplicación.

Afirma el Sentenciador, para condenar a la empresa al pago de una indemnización


por daño moral, lo siguiente:

En el contexto del derecho laboral venezolano, se produce un cambio de


jurisprudencia luego de la sentencia dictada por la Sala de Casación Social del
Tribunal Supremo de Justicia de fecha 17 de mayo de 2000, con ponencia del
Magistrado Omar Mora, en la cual se determinó que:

El Patrono de una empresa está obligado a pagar una indemnización, a


cualquier obrero víctima de un accidente de trabajo o a sus representantes,
sin que haya que investigar, en principio, si este accidente proviene, ya de
culpa del patrono, ya de caso fortuito, ya inclusive de un hecho culpable del
obrero. El accidente de trabajo es un riesgo de la profesión: amenaza a
todos los que trabajan.

Este nuevo cambio en la doctrina jurisprudencial, se fundamenta en una


responsabilidad de tipo objetivo y no como anteriormente se venía desarrollando
sobre una de tipo subjetivo, en virtud de lo cual los patronos tienen el deber de
reparar tanto los daños materiales como los morales sufridos por los trabajadores
a su servicio, independientemente de que ellos como patronos hubiesen tenido
participación culposa o no en la ocurrencia de tales daños; trayendo esto como
consecuencia, que en las demandas no se requerirá fundamentar el reclamo en la
culpa que ha tenido el patrono, sino en la “Responsabilidad Objetiva del
Guardián”, ello de conformidad con el artículo 1.193 del Código Civil, el cual
establece:

Toda persona es responsable del daño causado por las cosas que tiene bajo
su guarda, a menos que pruebe que el daño ha sido ocasionado por falta de
la víctima, por el hecho de un tercero o por caso fortuito o fuerza mayor.

Ahora bien, además de lo citado por el Sentenciador de la recurrida, la decisión dela


Sala de 17 de mayo de 2000, citando calificada doctrina, entre otros fundamentos,
expresa “hace procedente a favor del trabajador accidentado o enfermo, el pago de
las indemnizaciones contempladas por el propio Legislador, independientemente de la
CULPA o NEGLIGENCIA DEL PATRONO, pero siempre condicionado a la presencia
de un ineludible requisito de procedencia o presupuesto de hecho, como lo es la
circunstancia de que el accidente o enfermedad a indemnizar, provengan del servicio
mismo o con ocasión directa de él”, para concluir en que “De todo lo hasta aquí
expuesto, se desprende que la teoría del riesgo profesional, tuvo su origen en la
conocida responsabilidad objetiva por la guarda de la cosa, y por lo tanto, como bien
lo ha señalado la doctrina y la jurisprudencia, en virtud de dicha responsabilidad
objetiva se debe reparar tanto el daño material como el daño moral.”

Es por ello que la teoría del riesgo profesional, aplicable al patrón por los
accidentes o enfermedades profesionales que sufran sus empleados, lo hace
responder objetivamente, es decir, independientemente de la culpa, tanto por el
daño material como por el daño moral, siempre que “el hecho generador
(accidente o enfermedad profesional) de daños materiales pueda ocasionar,
además, repercusiones psíquicas o de índoles afectiva al ente moral de la víctima”
(S.C.C. 23-03-92). Así se declara.

Por otra parte, la doctrina de la Sala de Casación Social, establecida en la sentencia


citada sobre la responsabilidad objetiva del patrono, también se sustenta en los
siguientes argumentos:

En materia de accidentes de trabajo, es sabido que nuestra Ley Laboral sustantiva


recoge en su Artículo 140, (hoy 560 de la L.O.T.), la doctrina de la responsabilidad
objetiva, también denominada “Doctrina del Riesgo Profesional”, que hace
procedente a favor del trabajador accidentado o enfermo, el pago de las
indemnizaciones contempladas por el propio Legislador, independientemente de la
CULPA o NEGLIGENCIA DEL PATRONO, pero siempre condicionado a la
presencia de un ineludible requisito de procedencia o presupuesto de hecho, como
lo es la circunstancia de que el accidente o enfermedad a indemnizar, provengan
del servicio mismo o con ocasión directa de él (Mille Mille, Gerardo; Comentarios
sobre Jurisprudencia Laboral y la Ley Orgánica del Trabajo, Editores Paredes,
Caracas, 1991, p. 131).

De las precedentes transcripciones se evidencia, que en materia de infortunios de


trabajo (accidentes o enfermedades profesionales) se aplica la teoría de la
“responsabilidad objetiva”, también llamada del riesgo profesional, la cual hace
proceder a favor del trabajador accidentado el pago de indemnizaciones por
daños, independientemente de la culpa o negligencia del patrono.

Esta doctrina, originalmente establecida antes de la vigencia de la Ley Orgánica


Procesal del Trabajo, fue reiterada ya en vigor la actual normativa (ver sentencia de
30-9-2004), ponencia del Magistrado Omar Alfredo Mora Díaz. Exp. N° 04-718, dec.
N° 1127) la cual establece en su artículo 177: “Los jueces de instancia deberán
acoger la doctrina de casación establecida en casos análogos, para defender la
integridad de la legislación y la uniformidad de la Jurisprudencia”.

En consecuencia las disposiciones legales que sirvieron de fundamento a la


jurisprudencia vinculante de la Sala de Casación Social, deben interpretarse con el
sentido y alcance que la Sala les ha dado en su doctrina.

No existe en nuestra casación, como directo motivo de casación la violación de


doctrina; por consiguiente denunciamos la errónea interpretación de los artículos
1.193 del Código Civil, que establece: “Toda persona es responsable del daño
causado por las cosas que tiene bajo su guarda, a menos que pruebe que el daño ha
sido ocasionado por falta de la víctima, por el hecho de un tercero, o por caso fortuito
o fuerza mayor”, y del artículo 560 de la Ley Orgánica del Trabajo, conforme al cual
“Los patronos, cuando no estén en los casos exceptuados por el artículo 563, estarán
obligados a pagar a los trabajadores y aprendices ocupados por ellos, las
indemnizaciones previstas en este Título por los accidentes y por las enfermedades
profesionales, ya provengan del servicio mismo o con ocasión directa de él, exista o
no culpa o negligencia por parte de la empresa o por parte de los trabajadores o
aprendices.
Conforme a la interpretación de la Sala de Casación Social, esta responsabilidad, por
guarda de la cosa, y objetiva por la sola prestación del servicio, se extiende a la
reparación por daño moral, pero sujeta a dos condiciones que extraemos de lo arriba
transcrito:

1) Que el accidente o enfermedad a indemnizar, provengan del servicio mismo o


con ocasión directa de él.

2) Que el hecho generador (accidente o enfermedad profesional) de daños


materiales pueda ocasionar, además, repercusiones psíquicas o de índole afectiva
al ente moral de la víctima.

Si bien el pretium doloris, debe ser estimado por el Juez, siguiendo los parámetros de
fundamentación establecidos por esta Sala, es necesario, conforme a la correcta
interpretación de las disposiciones citadas que generan la responsabilidad objetiva
por daño moral -y centrando la cuestión en lo discutido, una enfermedad o condición
orgánica- que se evidencie de autos es proveniente de la prestación del servicio
laboral y que se pueda derivar de la naturaleza de la enfermedad o condición (sic)
repercusiones psíquicas o de índole afectiva al ente moral de la víctima.

Así lo entiende parcialmente el Sentenciador, cuando en una motivación que en


denuncia separada será atacada, expresa:

A tales efectos, constatada como se encuentra la enfermedad profesional sufrida


por el trabajador José Antonio Silva, según informe médico, solicitado por la
instancia emitido en fecha 06 de octubre de 2004, por el Instituto Venezolano de
los Seguros Sociales, mediante el cual, se señala como diagnóstico:
“HIPOACUSIA NEUROSENSORIAL CON TRAUMA ACUMULATIVO
PROFESIONAL”, producto de una enfermedad profesional causada por la
exposición al ruido industrial durante 13 años y 4 meses en la empresa Brahma y
como secuelas, la sordera profesional para las altas frecuencias y el síndrome
vertiginoso crónico.

Así pues, considera esta Superioridad, que el ciudadano José Antonio Silva,
trabajó por más de 13 años para la empresa accionada y que si bien es cierto, la
enfermedad profesional por él hoy sufrida, no es causa de un hecho ilícito por
parte de la empresa, no es menos cierto, que la misma se debió a la exposición al
ruido dentro de la empresa accionada; y como quiera que la doctrina permite ante
la existencia de una enfermedad profesional, acordar una indemnización por daño
moral por equidad enmarcándola dentro de la teoría de responsabilidad objetiva,
este Juzgador considera prudente acordar la misma.

De lo transcrito se aprecia que la Alzada, si bien consideró como enfermedad


profesional la condición en que se encuentra el actor, lo cual implica en este aspecto
una correcta interpretación de las normas, acorde con el criterio de la Sala, respecto
a la segunda condición, es decir que el hecho generador (accidente o enfermedad
profesional) de daños materiales pueda ocasionar, además, repercusiones psíquicas
o de índole afectiva al ente moral de la víctima, la omite totalmente, con lo cual está
interpretando que basta la existencia de una enfermedad profesional para que se
genere la responsabilidad objetiva del patrono quien queda obligado a indemnizar un
daño moral, sin que se derive de los hechos una repercusión psíquica o de índole
afectiva. Al proceder así infringió por error de interpretación los artículos 1.193 del
Código Civil, y 560 de la Ley Orgánica del Trabajo, en su correcto alcance dado por la
Sala de Casación Social, e infringió el artículo 177 de la Ley Orgánica Procesal del
Trabajo, por falta de aplicación, al no acatar la doctrina vinculante del Tribunal
Supremo de Justicia.

La infracción denunciada es determinante del dispositivo del fallo, porque de haber


interpretado correctamente la norma, se vería obligado a tratar de establecer el grado
de “hipoacusia”, que como su nombre lo indica no es sordera, sino disminución de la
capacidad auditiva, y tendría que haber observado que los documentos que se
acompañan a la demanda implican aseveraciones del actor, y del documento
acompañado marcado “C”, denominado EVALUACIÓN AUDIOLÓGICA, practicada
(sic) 13 de agosto de 2002, es decir casi cinco meses después de finalizada la
relación de trabajo, se aprecia lo siguiente: “Porcentaje de Pérdida Monaural OD: 17,
OI: 2%, Binaural: 5%.” Es decir, que si bien en el libelo alega sordera, acompaña
certificados que señalan una disminución conjunta de la audición del 5%, lo cual es
naturalmente explicable a los 52 años y no aparece, la alegada disminución auditiva,
en un examen posterior también acompañado al libelo, fecha de certificación 6-3-02,
donde señala: “Asiste hoy. La hipoacusia no es evidente”.

Es máxima de experiencia, que las personas con el transcurso de los años vamos
perdiendo paulatinamente facultades o habilidades físicas, y que una pequeña, o
incluso moderada disminución de la capacidad auditiva no es capaz de ocasionar
repercusiones psíquicas o de índole afectiva al ente moral de la víctima, condición
requerida para que el patrono se vea obligado a resarcir el daño moral. En
conclusión, tal repercusión no quedó evidenciada e incluso resulta excluida por la
aplicación de la sana crítica a las pruebas que constan en autos.

Para decidir, se observa:

Alegan los formalizantes que conforme a la interpretación de esta Sala de Casación


Social, la responsabilidad por guarda de la cosa (consagrada en el artículo 1.193 del Código
Civil) y la responsabilidad objetiva (contemplada en el artículo 560 de l a Ley Orgánica del
Trabajo), se extiende a la reparación del daño moral, pero sujeta a dos condiciones: que el
accidente o enfermedad a indemnizar provengan del servicio mismo o con ocasión directa de él,
y que el hecho generador (accidente o enfermedad profesional) de daños materiales, pueda
ocasionar, además, repercusiones psíquicas o de índole afectiva al ente moral de la víctima.

Como fundamento de la condena al pago de la indemnización por daño moral, la


sentencia recurrida expresó:

Ahora bien de las actas que conforman el expediente no existe prueba alguna de los
elementos que constituyen el hecho ilícito del patrono, ya que, el trabajador no logró
demostrar, que su enfermedad, haya sido producto de un acto voluntario y culposo
por parte del patrono o de un incumplimiento de una conducta preexistente, por parte
de este. Así pues, si el efecto fundamental del hecho ilícito, es el elemento de la
responsabilidad civil que tiene quien lo genera contra la víctima, resulta obvio, que al
no generarse el hecho ilícito, tampoco se genera la responsabilidad civil.

Por tal motivo se descarta el daño moral fundamentado en el artículo 1185 y 1196 del
Código Civil Venezolano; los cuales establecen:

(Omissis)

Igual tratamiento jurídico obedece el lucro cesante que en conjunción con el daño
emergente conforman los daños materiales derivados del hecho ilícito, lo que
tampoco corresponde en el caso concreto.

Anteriormente la Sala de Casación Civil de la extinta Corte Suprema de Justicia,


señalaba que para que pudiese prosperar una demanda por indemnización de daños
morales ocasionados por un accidente de trabajo o enfermedad profesional, era
indispensable probar que el accidente o enfermedad fue consecuencia directa de un
hecho ilícito imputable al patrono, o lo que es igual, era necesario demostrar la
relación de la causa a efecto.

En el contexto del derecho laboral venezolano, se produce un cambio de


jurisprudencia luego de la sentencia dictada por l a Sala de Casación Social del
Tribunal Supremo de Justicia en fecha 17 de mayo de 2000, con ponencia del
Magistrado Omar Mora, en la cual se determinó que:

(Omissis)

Este nuevo cambio en la doctrina jurisprudencial, se fundamenta en una


responsabilidad de tipo objetivo y no como anteriormente se venía desarrollando
sobre una de tipo subjetivo, en virtud de lo cual los patronos tiene el deber de reparar
tantos (sic) los daños materiales como los morales sufridos por los trabajadores a su
servicio, independientemente de que ellos como patronos hubiesen tenido
participación culposa o no en la ocurrencia de tales daños; trayendo esto como
consecuencia, que en las demandas no se requerirá fundamentar el reclamo en la
culpa que ha tenido el patrono, sino en la “Responsabilidad Objetiva del Guardián”,
ello de conformidad con el artículo 1.193 del Código Civil, el cual establece:

(Omissis)

Doctrina esta que ha sido ratificada mediante sentencia de la Sala de Casación Social
de fecha 22 de marzo del año 2001, con ponencia del Magistrado Alfonso Valbuena
Cordero en la cual se estableció que:

(Omissis)

Ahora bien, en el caso de marras, si bien es cierto que la reparación del daño moral
es improcedente derivada de un hecho ilícito, no obstante, el patrono si tiene, cierta
responsabilidad en la enfermedad profesional sufrida por el actor, ello de conformidad
con la responsabilidad objetiva del patrono, en cuyo caso el juez puede acordar una
indemnización, el punto que se plantea, es como se calculara (sic) un daño moral por
equidad, ello en virtud de la sentencia proferida por la Sala de Casación Social del
Tribunal Supremo de Justicia en fecha 27 de septiembre de 2004, en la cual se
señala que:

A tales efectos, constatada como se encuentra la enfermedad profesional sufrida por


el trabajador José Antonio Silva, según informe médico, solicitado por la instancia
emitido en fecha 06 de octubre de 2004, por el Instituto Venezolano de los Seguros
Sociales, mediante el cual, se señala como diagnóstico: “HIPOACUSIA
NEUROSENSORIAL CON TRAUMA ACUMULATIVO PROFESIONAL”, producto de
una enfermedad profesional causada por la exposición al ruido industrial durante 13
años y 4 meses en la empresa Brahma y como sus secuelas, la sordera profesional
para las altas frecuencias y el síndrome vertiginoso crónico.

Así pues, considera esta Superioridad, que el ciudadano José Antonio Silva, trabajó
por más de 13 años para la empresa accionada y que si bien es cierto, la enfermedad
profesional por él hoy sufrida, no es causa de un hecho ilícito por parte de la
empresa, no es menos cierto, que la misma se debió a la exposición al ruido dentro
de la empresa accionada; y como quiera que la doctrina permite ante la existencia de
una enfermedad profesional, acordar una indemnización por daño moral por equidad
enmarcándola dentro de la teoría de responsabilidad objetiva, este Juzgador
considera prudente acordar la misma.

De la lectura de la sentencia recurrida se evidencia que, ciertamente, el juzgador


luego de establecer que la enfermedad padecida por el demandante es profesional, así como la
inexistencia de hecho ilícito imputable a la demandada, acordó a éste una indemnización por
daño moral “por equidad”, pero no analizó si tal enfermedad, además de daños materiales, en
realidad originó repercusiones psíquicas o de índole afectivas al ente moral de la víctima,
infringiendo con tal pronunciamiento los artículos 1.193 del Código Civil y 560 de la Ley
Orgánica del Trabajo, por errónea interpretación, así como el artículo 177 dela Ley Orgánica
Procesal del Trabajo, por falta de aplicación, al no acatar la doctrina vinculante de esta Sala, por
lo que la presente denuncia debe ser declarada con lugar, así se decide.

- II -

De conformidad con lo establecido en el ordinal 3° del artículo 168 dela Ley


Orgánica Procesal del Trabajo, delata el recurrente la infracción del artículo 159 de la misma
Ley, por incurrir el fallo recurrido en el vicio de inmotivación por silencio de pruebas.

Alegan los formalizantes:

De conformidad con el numeral 3° del artículo 168 dela Ley Orgánica Procesal del
Trabajo, denunciamos la infracción del artículo 159 de la misma Ley, por incurrir el
fallo recurrido en inmotivación, por silencio de pruebas.

El Sentenciador de alzada estableció que la disminución de la capacidad auditiva del


actor es producto de una enfermedad profesional, lo cual sólo hace derivar de un
informe médico, el cual no valora según las reglas de la sana crítica, pues al no estar
complementados con una inspección o constatación de las condiciones de trabajo, no
podían sin más determinar que eran producto de la exposición a un ambiente ruidoso,
y que este era precisamente el de la fábrica de Brahma.

El actor en su libelo afirma una disminución de capacidad auditiva, y acompaña


certificaciones que al ser anexos del libelo deben considerarse como afirmaciones de
la pretensión. Pues bien, del documento acompañado marcado “C”, denominado
EVALUACIÓN AUDIOLÓGICA, practicada (sic) 13 de agosto de 2002, es decir casi
cinco meses después de finalizada la relación de trabajo, se aprecia lo siguiente:
“Porcentaje de Pérdida Monaural OD: 17, OI: 2%, Binaural: 5%, lo cual es explicable
a la edad de 52 años y no puede ser adjudicado, sin mas, a las condiciones de
trabajo. En ocasiones dicha disminución auditiva es imperceptible por los médicos.
Así, en examen posterior, esta vez del IVSS, también acompañado al libelo, fecha de
certificación 6-3-02, donde señala: “Asiste hoy. La hipoacusia no es evidente”. El
Sentenciador de la recurrida dice apreciar esta prueba, pero no la analiza para
determinar la existencia de una enfermedad profesional. Es más, solicitado en
primera instancia informe a los médicos, sólo respondió el Dr. José Manuel Pulido
(folio 215), quien informó que para la fecha de la consulta el trabajador se encontraba
en buenas condiciones y que se le recomendó un control audiométrico anual al cual
no asistió, informe no apreciado ni examinado por la recurrida.

Asimismo, deja constancia el Juez de que se realizó una experticia, de donde se


evidencia el cumplimiento por la empresa de las normas de higiene y seguridad
industrial, pero no la analiza ni valora a fin de determinar si la disminución de la
capacidad auditiva es una enfermedad profesional.

Por otra parte, durante la realización de la audiencia oral,el Juez de la causa hizo
uso de la facultad de interrogar a las partes y dejó constancia en su sentencia del
resultado, en los siguientes términos:

DECLARACIÓN DE PARTE

Actor: Manifestó al Tribunal que la empresa le suministra a sus trabajadores los


implementos de seguridad tales como casco, lentes, taponeras y orejeras y que al
ingresar a trabajar en ella son instruidos a través de charlas sobre los riesgos y
dispositivos de seguridad y que el uso de estos es obligatorio, pues de no hacerlo
eran despedidos de su trabajo. Así mismo, afirmó padeció la enfermedad durante
su relación de trabajo con la accionada, por lo que debió acudir a la consulta
médica de la misma.
Esta declaración, trascendental para la decisión tampoco es analizada ni juzgada por
la Alzada, antes de revocar la decisión que había declarado sin lugar la demanda.

El silencio de estas pruebas constituye inmotivación del fallo, que trasciende a lo


decidido, pues de no haberlo cometido, habría quedado desvirtuada su conclusión de
la existencia de una enfermedad profesional, por la baja entidad de la disminución
auditiva y por el cumplimiento de las reglas de seguridad, específicamente el uso de
taponeras y orejeras.

Para decidir, se observa:

Fundamentan los formalizantes su denuncia alegando que el sentenciador de


alzada estableció que la disminución de la capacidad auditiva del actor es producto de una
enfermedad profesional, sin analizar el examen médico, emanado del Instituto Venezolano de
los Seguros Sociales, de fecha 06 de marzo del año 2002, en el que el médico respectivo dejó
constancia de la asistencia del demandante, así como de que “La hipoacusia no es evidente”,
prueba ésta que dice apreciar, pero no la analiza para la determinación de la naturaleza de la
enfermedad.

Asimismo indican los recurrentes que tampoco fue analizado el informe médico
rendido por el Dr. José Manuel Pulido (folio 215), quien afirmó que para la fecha de la consulta
el trabajador se encontraba en buenas condiciones y que se le recomendó un control
audiométrico anual, al cual no asistió.

Por otra parte, afirman los formalizantes que, aun cuando el juzgador superior indica
que fue realizada una experticia, mediante la cual se evidencia el cumplimiento por parte de la
empresa demandada de las normas de higiene y seguridad industrial, no la analiza ni le da valor
probatorio.

Por último, denuncian los recurrentes que en la Sentencia impugnada no tomó en


consideración la respuesta dada por el demandante a la pregunta formulada por el Juez de la
causa, en uso de su facultad de interrogar a las partes, aun cuando fue recogida en la sentencia
de primera instancia, así:

Manifestó al Tribunal que la empresa le suministra a sus trabajadores los


implementos de seguridad tales como casco, lentes, taponeras y orejeras y que al
ingresar a trabajar en ella son instruidos a través de charlas sobre los riesgos y
dispositivos de seguridad y que el uso de estos es obligatorio, pues de no hacerlo
eran despedidos de su trabajo. Asimismo afirmó que padeció la enfermedad durante
su relación de trabajo con la accionada, por lo que debió acudir a la consulta médica
de la misma.

Concluyen su denuncia los formalizantes indicando que el silencio de estas pruebas


constituye inmotivación del fallo, que trasciende lo decidido.
Respecto a las pruebas indicadas expresó la sentencia recurrida:

Informes:
De los informes que fueron requeridos, solo consta en autos, el del Dr. José Manuel
Pulido, el cual se encuentra incurso al folio 215 de la presente causa. Del mismo se
desprende que para la fecha de la consulta el trabajador se encontraba en buenas
condiciones y que se le recomendó que se realizara un control audiométrico anual al
que no asistió.

(Omissis)

Experticia:
Que se realizó en la sede de l a C.A. CERVECERA NACIONAL (Brahma), la cual
corre inserta a los folios 218 al 221, evacuada esta por el organismo rector de la
seguridad e higiene en el Estado Lara, Instituto Nacional de Prevención, Salud y
Seguridad, del mismo se evidencia que la empresa accionada, da cumplimiento a un
programa sistemático de seguridad e higiene industrial, con lo cual queda desechado
cualquier presunción de hecho ilícito patronal y así se establece.

De la revisión de la decisión impugnada se evidencia que el examen médico,


emanado del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, de fecha 06 de marzo del año 2002,
no fue valorado por el juzgador de alzada.

En cuanto a la experticia que realizó en la sede de la empresa demandada el


Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad, se observa que sí fue analizada y valorada
por el sentenciador, pues a partir de esta prueba descarta la existencia del hecho ilícito
patronal.

Con relación al informe médico rendido por el Dr. José Manuel Pulido (folio 215),
éste fue analizado por el juez de alzada.

Por último, en cuanto a la respuesta dada por el demandante al juez de la causa, en


la que afirmó que la empresa le suministra a sus trabajadores los implementos de seguridad
tales como casco, lentes, taponeras y orejeras y que al ingresar a trabajar en ella son instruidos
a través de charlas sobre los riesgos y dispositivos de seguridad y que el uso de éstos es
obligatorio, pues de no hacerlo son despedidos de su trabajo, el sentenciador de alzada guarda
absoluto silencio.

De lo expuesto se evidencia que, la recurrida incurrió en el vicio de silencio de


pruebas respecto al examen médico, emanado del Instituto Venezolano de los Seguros
Sociales, de fecha 06 de marzo del año 2002 y a la respuesta dada por el demandante al juez
de la causa, con relación al uso obligatorio de los implementos de seguridad, por lo que esta
denuncia debe ser declarada con lugar y así se decide.
- III -

Denuncian los formalizantes, de conformidad con lo establecido en el artículo 168


numeral 3° de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, que la sentencia recurrida incurrió en
ausencia de motivos y falsedad en los mismos al sustentar la condena del daño moral.

Los formalizantes fundamentan así su denuncia:

De conformidad con el numeral 3° del artículo 168 dela Ley Orgánica Procesal del
Trabajo, denunciamos la infracción del artículo 159 de la misma Ley, por incurrir el
fallo en ausencia de motivos y falsedad en los mismos al sustentar la condena al
daño moral, lo cual conduce a la nulidad de la sentencia por mandato del artículo 160
eiusdem.

Expresa la decisión recurrida, para estimar la cuantía de la indemnización:

Así pues, considera esta Superioridad, que el ciudadano José Antonio Silva,
trabajó por más de 13 años para la empresa accionada y que si bien es cierto, la
enfermedad profesional por él hoy sufrida, no es causa de un hecho ilícito por
parte de la empresa, no es menos cierto, que la misma se debió a la exposición al
ruido dentro de la empresa accionada; y como quiera que la doctrina permite ante
la existencia de una enfermedad profesional, acordar una indemnización por daño
moral por equidad enmarcándola dentro de la teoría de responsabilidad objetiva,
este Juzgador considera prudente acordar la misma.

La misma se calculará, tomando en consideración el último salario devengado por


el trabajador, ello de conformidad con el artículo 575 de la Ley Orgánica del
Trabajo, el cual asciende a la cantidad de TRESCIENTOS CINCUENTA Y
CUATRO MIL OCHOCIENTOS SIETE BOLÍVARES CON OCHENTA CÉNTIMOS
(Bs. 354.807,80), multiplicado por veinticuatro (24) meses, tomando en
consideración que es una incapacidad absoluta y permanente, ello de conformidad
con el artículo 571 ejusdem, lo cual arroja la suma de OCHO MILLONES
QUINIENTOS QUINCE MIL TRESCIENTOS OCHENTA Y SIETE BOLÍVARES
CON VEINTE CÉNTIMOS (Bs. 8.515.387,20), indemnización que se considera
equitativa y justa, para este caso en concreto conforme al criterio establecido por la
Sala Social del Tribunal Supremo de Justicia en múltiples fallos.

Las expresiones transcritas incurren en falta absoluta de motivos, en algunos


aspectos y en falsedad de los motivos, en otro.

Ha establecido la Sala de Casación Social en reiterados fallos, la necesidad de que el


Juez, al condenar al pago de un daño moral, sustente su decisión en determinados
parámetros que le permitan calcular una justa indemnización. En decisión de fecha
27 de septiembre de 2004, bajo ponencia del Magistrado Juan Rafael Perdomo, exp.
N° 04-823, dec. N° 1123, al ratificar otro aspecto de la sentencia marco que
establece la doctrina de la responsabilidad objetiva, expresó:
En sentencia N° 144 del 7 de marzo de 2002, (caso: José Francisco Tesorero
Yánez, contra la empresa Hilados Flexilón, S.A.), que hoy se reitera, la Sala
estableció que el juez debe indicar y analizar en su decisión los aspectos objetivos
señalados por la jurisprudencia, que permita a l a Sala controlar la legalidad del
quantum del daño moral fijado por el juez, tales como: la entidad del daño, tanto
físico como psíquico; el grado de culpabilidad del accionado o su participación en
el accidente o acto ilícito que causó el daño (según sea responsabilidad objetiva o
subjetiva); la conducta de la víctima y la escala de sufrimientos; la posición social,
económica, el grado de educación y cultura del reclamante; la capacidad
económica de la parte accionada, los posibles atenuantes a favor del responsable;
el tipo de retribución satisfactoria que necesitaría la víctima para ocupar una
situación similar a la anterior al accidente o enfermedad, todo, para obtener una
proyección pecuniaria razonable a indemnizar.

Excluye absolutamente el sentenciador de alzada considerar “el grado de culpabilidad


del accionado”, “la conducta de la víctima y la escala de sufrimientos”, “la posición
social, económica, el grado de educación y cultura del reclamante”, “los posibles
atenuantes a favor del responsable”, etc. En estos aspectos, la decisión es
absolutamente inmotivada.

Por otra parte, al expresar el Juez que se trata de una “incapacidad absoluta y
permanente”, incurre en una motivación falsa, pues al aplicar la sana crítica a las
pruebas acompañadas por el actor, surge claro que una disminución en la capacidad
auditiva no conduce a una incapacidad absoluta, que impida a la persona todo tipo de
trabajo. No debemos confundir las recomendaciones de los médicos al Instituto de los
Seguros Sociales, para que otorgue una pensión que después de largos años de
labor y cotización el trabajador ha financiado, con la posibilidad de ejecutar otras
actividades, o incluso la misma que viene realizando.

Las omisiones y falsedad señaladas son determinantes del dispositivo, porque al no


examinar estos aspectos omitió analizar pruebas del expediente que demuestran la
observancia del patrono de las reglas de seguridad industrial, lo cual fue aceptado
por el demandante en el interrogatorio de parte durante la audiencia de primera
instancia, y al tratarse de una disminución de la capacidad auditiva, muy explicable
por el transcurso del tiempo, no debe dar lugar, en el supuesto ya negado de que se
trate de una enfermedad profesional, a una cuantiosa indemnización.

Para decidir, se observa:

Aducen los formalizantes que la recurrida no señala los parámetros que le sirven de
fundamento para condenar al pago de la indemnización por daño moral, puesto que excluye
absolutamente considerar el “grado de culpabilidad del accionado”, “la conducta de la víctima”,
“la escala de sufrimientos”, “la posición social, económica, el grado de educación y cultura del
reclamante”, “los posibles atenuantes a favor del responsable”, etc., por lo que debe
considerarse completamente inmotivada.
Por otra parte, denuncian que al expresar la sentencia impugnada que se trata de
una “incapacidad absoluta y permanente”, incurre en una motivación falsa, puesto que de la
aplicación de la sana crítica a las pruebas de autos, se evidencia que una disminución en la
capacidad auditiva no configura una incapacidad absoluta que impida a la persona todo tipo de
trabajo.

Respecto a la motivación que debe preceder la fijación de un monto de dinero por


concepto de indemnización por daño moral, esta Sala de Casación Social, en numerosos fallos
ha expresado que:

En atención a la exposición del fallo recurrido, se observa que se acuerda la condena


por daño moral reclamado, pero sin efectuar el debido proceso lógico, fáctico y
objetivo que permita precisar la razón o motivo de la cantidad que se ordena pagar;
amén de que se determina que hubo un accidente de trabajo indicándose que le
costó la amputación de ambas piernas al trabajador reclamante, no se aprecian todos
los elementos necesarios para lograr fijar el monto que por este concepto se
establece.

Por tratarse de un caso de características análogas al asunto que nos ocupa, y con la
finalidad de mantener la unidad de criterio en los fallos que emanan de esta Sala, se
trae a colación la sentencia N° 144 de fecha 7 de marzo de 2002, en el caso José
Francisco Tesorero Yánez contra Hilados Flexilón S.A., en la cual se prescribió:

(...), debemos recalcar que en el presente caso se demandó la indemnización por


daño moral proveniente de un accidente laboral, que dicha pretensión fue
declarada con lugar por el sentenciador que conoció en reenvío, y que ha sido
criterio pacífico y reiterado, tanto de la doctrina como de la jurisprudencia, al
señalar que en dichos casos el Juez debe expresamente motivar el proceso lógico
que lo condujo a estimar o desestimar el daño moral reclamado y su consiguiente
cuantificación.

Lo antes aseverado, se corrobora con los criterios que a continuación, se


transcriben:

El fallo debe expresar cuáles son las razones de hecho en que se fundamenta
para dejar establecido el daño y el alcance de la responsabilidad del dañante;
debe dejar establecido con precisión los hechos en que se funda, para poner en
evidencia los extremos fundamentales de la condenación. La sentencia que no
contenga estos extremos, será nula por falta de motivación (Planiol y Ripert,
Tomo XIII, p. 281).

...como consecuencia de lo anterior y a los fines de controlar la legalidad de la


fijación hecha por el Juez, éste debe exponer las razones que justifican su
estimación.
(...) Ahora bien, ha sido reiterada la jurisprudencia que ha indicado que aunque
el Juez no tiene que dar la razón de cada razón expuesta en el fallo, sí tiene que
indicar cuáles son los motivos en que basa su decisión, pues la sentencia debe
contener en sí misma la prueba de su legalidad, por lo que al no contener la
decisión impugnada motivo alguno que justifique porque condena a la
demandada al pago de sesenta millones de bolívares (Bs. 60.000.000,00) por
concepto de daño moral, debe ser declarada con lugar la presente denuncia”
(Sentencia N° 4 de la Sala de Casación Social de fecha 16 de enero de 2002)
(Subrayados de la Sala).

(...)

Por otro lado, la jurisprudencia de este Alto Tribunal, con relación a los hechos
objetivos que el Juez debe analizar en cada caso concreto, para determinar la
procedencia del pago de la indemnización del daño moral, así como de su
cuantificación, ha señalado, lo siguiente:

Al decidirse una reclamación por concepto de daños morales, el sentenciador,


necesariamente, ha de sujetarse al proceso lógico de establecer los hechos, de
calificarlos y de llegar a través de este examen a la aplicación de la Ley y la
equidad, analizando la importancia del daño, el grado de culpabilidad del autor, la
conducta de la víctima y la llamada escala de los sufrimientos morales,
valorándolos, pues no todos tienen la misma intensidad, por las distintas razones
que puedan influir en ellos, para llegar a una indemnización razonable...”
(Sentencia N° 116 de la Sala de Casación Social de fecha 17 de mayo de 2000).

En general, la doctrina y jurisprudencia patria han señalado que se debe dejar al


Juez amplias facultades para la apreciación y estimación del daño moral.
Pertenece a la discreción y prudencia del Juez la calificación, extensión y
cuantía de los daños morales.
Igualmente se ha asentado que el Juez para fijar la cuantía de los daños
morales debe tomar en cuenta el grado de educación y cultura del reclamante,
su posición social y económica, así como la participación de la víctima en el
accidente o acto ilícito que causó el daño. (Sentencia la Sala de Casación Social
del 16-02-02).

Es decir, el fallo que declare con lugar una pretensión por daño moral, debe motivar
expresamente, so pena de incurrir en la infracción del ordinal 4º del artículo 243 del
vigente Código de Procedimiento Civil, el proceso lógico que lo llevó a declarar
procedente dicho pedimento y en base a qué hechos objetivos cuantificó dicho daño
moral.

En otras palabras, si bien ha sido criterio pacífico y reiterado que la estimación del
daño moral lo debe realizar el juez sentenciador a su libre arbitrio, y por tanto, está
autorizado para “obrar discrecionalmente de modo equitativo y racional procurando
impartir la más recta justicia” (TSJ, SCC, 10-08-2000), éste -el respectivo juzgador-
debe exponer en su decisión -motivar- el análisis de los hechos concretos que le
permiten declarar la procedencia del daño moral, y los parámetros que utilizó para
cuantificar dicho daño moral, el cual es objetivamente incuantificable, porque el
pretium doloris no es periciable, ni valuable en dinero, el perjuicio moral no es de
naturaleza pecuniaria, sin embargo, “no es imposible; porque no se trata de calcular
la suma necesaria para borrar lo que es imborrable, sino para procurar algunas
satisfacciones equivalentes al valor moral destruido”. (CSJ, SCC, 24-04-1998)

Lo señalado en la parte in fine del precedente párrafo, tiene su base en que el pago
que se dispone como reparación de los daños morales, no tiende a compensar el
perjuicio extrapatrimonial sufrido, sino que éste sirve para acordar una satisfacción al
damnificado, es por ello que el Juez debe otorgar al damnificado una suma de dinero
“que tenga en cuenta el desasosiego, sufrimiento, molestias, etc., pero no como una
compensación al dolor físico o psíquico, sino como una retribución satisfactoria de
tales quebrantos”.

(...)
Articulando todo lo antes expuesto, el sentenciador que conoce de una acción por
daño moral debe hacer un examen del caso en concreto, analizando los siguientes
aspectos: a) la entidad (importancia) del daño, tanto físico como psíquico (la llamada
escala de los sufrimientos morales); b) el grado de culpabilidad del accionado o su
participación en el accidente o acto ilícito que causó el daño (según sea
responsabilidad objetiva o subjetiva); c) la conducta de la víctima; d) grado de
educación y cultura del reclamante; e) posición social y económica del reclamante, f)
capacidad económica de la parte accionada; g) los posibles atenuantes a favor del
responsable; h) el tipo de retribución satisfactoria que necesitaría la víctima para
ocupar una situación similar a la anterior al accidente o enfermedad; y, por último, i)
referencias pecuniarias estimadas por el Juez para tasar la indemnización que
considera equitativa y justa para el caso concreto.

En consecuencia, el Juez debe expresamente señalar en su decisión el análisis que


realizó de los aspectos objetivos señalados en el precedente párrafo, exponiendo las
razones que justifican su estimación, las cuales lo llevaron a una indemnización
razonable, que permita, controlar la legalidad del quantum del daño moral fijado por
el Juez. (Sentencia de la Sala de Casación Social del 16 de octubre del año 2003)

Ahora bien, en el presente caso el juzgador de la recurrida al ordenar el pago de la


indemnización por daño moral, expresó:

A tales efectos, constatada como se encuentra la enfermedad profesional sufrida por


el trabajador José Antonio Silva, según informe médico, solicitado por la instancia
emitido en fecha 06 de octubre de 2004, por el Instituto Venezolano de los Seguros
Sociales, mediante el cual, se señala como diagnostico: “HIPOACUSIA
NEUROSENSORIAL CON TRAUMA ACUMULATIVO PROFESIONAL”, producto de
una enfermedad profesional causada por la exposición al ruido industrial durante 13
años y 4 meses en la empresa Brahma y como sus secuelas, la sordera profesional
para las altas frecuencias y el síndrome vertiginoso crónico.

Así pues, considera esta Superioridad, que el ciudadano José Antonio Silva, trabajó
por más de 13 años para la empresa accionada y que si bien es cierto, la enfermedad
profesional por él hoy sufrida, no es causa de un hecho ilícito por parte de la
empresa, no es menos cierto, que la misma se debió a la exposición al ruido dentro
de la empresa accionada; y como quiera que la doctrina permite ante la existencia de
una enfermedad profesional, acordar una indemnización por daño moral por equidad
enmarcándola dentro de la teoría de responsabilidad objetiva, este Juzgador
considera prudente acordar la misma.

La misma se calculará, tomando en consideración el último salario devengado por el


trabajador, ello de conformidad con el artículo 575 de la Ley Orgánica del Trabajo, el
cual asciende a la cantidad de TRESCIENTOS CINCUENTA Y CUATRO MIL
OCHOCIENTOS SIETE BOLÍVARES CON OCHENTA CÉNTIMOS (Bs. 354.807,80),
multiplicado por veinticuatro (24) meses, tomando en consideración que es una
incapacidad absoluta y permanente, ello de conformidad con el artículo 571 ejusdem,
lo cual arroja la suma de OCHO MILLONES QUINIENTOS QUINCE MIL
TRESCIENTOS OCHENTA Y SIETE BOLÍVARES CON VEINTE CÉNTIMOS (Bs.
8.515.387,20), indemnización que se considera equitativa y justa, para este caso en
concreto conforme al criterio establecido por la Sala Social del Tribunal Supremo de
Justicia e (sic) múltiples fallos.

De la lectura del fallo impugnado se evidencia la absoluta falta de motivos con


relación a la fijación del monto de la indemnización por daño moral, ya que ninguno de los
aspectos señalados por los formalizantes, fueron considerados por el sentenciador de alzada,
es más, al calificar como incapacidad absoluta y permanente la sufrida por el actor, también
incurre el juzgador en falta de motivación, por cuanto no contiene la sentencia las razones que
fundamentan tal declaratoria.

En este sentido, el artículo 159 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, dispone
que el juez deberá expresar en términos claros, precisos y lacónicos los motivos de hecho y de
derecho de la decisión. Y el artículo 177 eiusdem, dispone que los jueces de instancia deberán
acoger la doctrina de casación establecida en casos análogos, para defender la integridad de la
legislación y la uniformidad de la jurisprudencia.

En el caso de autos, el Tribunal ad quem sin más fundamentos fijó el monto de la


indemnización por daño moral en la cantidad de ocho millones quinientos quince mil trescientos
ochenta y siete bolívares con veinte céntimos (Bs. 8.515.387,20) y del mismo modo actuó al
calificar como incapacidad absoluta y permanente la sufrida por el actor y es por esa falta de
fundamentos que la presente denuncia debe ser declarada con lugar y así se resuelve.
En este sentido, considera la Sala necesario advertir al juez de la recurrida que no
debe incurrir en el vicio detectado a través de la presente denuncia, puesto que los parámetros
que deben servir de base al sentenciador al momento de establecer el monto de la
indemnización por daño moral han sido reiterados en numerosas oportunidades por esta Sala,
por lo que ya, en ningún caso, se justifica la omisión del análisis de tales aspectos en un fallo de
esta naturaleza.

DECISIÓN
Por las razones antes expuestas, este Tribunal Supremo de Justicia, en Sala de
Casación Social, administrando justicia en nombre de l a República y por autoridad de la ley,
declara: 1°) PERECIDO el recurso de casación anunciado por la parte actora contra la
sentencia dictada en fecha 19 de enero del año 2005, por el Juzgado Superior del Trabajo dela
Circunscripción Judicial del Estado Lara. Se condena en costas del recurso a la parte
demandante, de conformidad con el artículo 175 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo; 2°)
CON LUGAR el recurso de casación intentado por la parte demandada contra la citada decisión
de fecha 19 de enero del año 2005, dictada por el Juzgado Superior del Trabajo dela
Circunscripción Judicial del Estado Lara. En consecuencia, se ANULA el referido fallo y se
ordena la reposición de la causa al estado de que el Juzgado Superior que resulte competente
dicte nueva sentencia, subsanando los vicios aquí señalados.

Publíquese, regístrese y remítase el expediente al Juzgado Superior del Trabajode


la Circunscripción Judicial del Estado Lara, con sede en Barquisimeto.

Dada, firmada y sellada en la sala de Despacho dela Sala de Casación Social del
Tribunal Supremo de Justicia en Caracas a los veintidós (22) días del mes de junio de dos mil
cinco. Años 195° de la Independencia y 146° de la Federación.

El Presidente de la Sala,

____________________________
OMAR ALFREDO MORA DÍAZ

El-
Vicepresidente, Magistrado,

_______________________________ ________________________
LUIS E. FRANCESCHI GUTIÉRREZ JUAN RAFAEL PERDOMO

Magistrado Ponente, Magistrada,

_______________________________ ________________________________
ALFONSO VALBUENA CORDERO CARMEN ELVIGIA PORRAS DE ROA

El Secretario,

_____________________________
JOSÉ E. RODRÍGUEZ NOGUERA

R.C. N° AA60-S-2005-000194
Nota: Publicada en su fecha a las
El Secretario