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TRABAJO DE INICIACIÓN EN LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICO-JURÍDICA

HISTORIA DEL DERECHO

1) En primer lugar, transcribiremos el índice del libro:

INTRODUCCION - LA MORAL DE LOS IDEALISTAS.


I. La emoción del Ideal – II. De un idealismo fundado en la experiencia. - III. Los temperamentos
idealistas. - IV. El idealismo romántico. - V. El idealismo estoico. - VI. Símbolo.

CAPÍTULO I - EL HOMBRE MEDIOCRE.


I. ¿"Áurea Mediocritas"? - II. Los hombres sin personalidad. – III. En torno del hombre mediocre.
- IV. Concepto social de la mediocridad. - V. El espíritu conservador. - VI. Peligros sociales de la
mediocridad. - VII. La vulgaridad.

CAPÍTULO II - LA MEDIOCRIDAD INTELECTUAL.


I. El hombre rutinario. - II. Los estigmas de la mediocridad intelectual. - III. La maledicencia: una
alegoría de Botticelli. - IV. El sendero de la gloria.

CAPÍTULO III - LOS VALORES MORALES


I. La moral de Tartufo. - II. El hombre honesto. - III. Los tránsfugas de la honestidad. - IV. Función
social de la virtud. - V. La pequeña virtud y el talento moral. - VI. El genio moral: la santidad.

CAPÍTULO IV - LOS CARACTERES MEDIOCRES


I. Hombres y sombras. - II. La domesticación de los mediocres. - III. La vanidad. - IV. La dignidad.

CAPÍTULO V - LA ENVIDIA
I. La pasión de los mediocres. - II. Psicología de los envidiosos. III. Los roedores de la gloria - IV.
Una escena dantesca: su castigo.

CAPÍTULO VI - LA VEJEZ NIVELADORA


I. Las canas. - II. Etapas de decadencia. - III. La bancarrota de los ingenios. - IV. Psicología de la
vejez. - V. La virtud de la impotencia.

CAPÍTULO VII - LA MEDIOCRACIA


I. El clima de la mediocridad. - II. La patria. - III. La política de las piaras. - IV. Los arquetipos de
la mediocracia. - V. La aristocracia del mérito.

CAPÍTULO VIII - LOS FORJADORES DE IDEALES


I. El clima del genio. - II. Sarmiento. - III. Ameghino. - IV. La moral del genio.

Pasaremos a explicar la estructura formal de la obra. Esta comprende una introducción y ocho
capítulos, que responden a un criterio temático de división. Tal estructura permite una comprensión
general del tema, ya que clarifica el dualismo presente en toda la obra (idealismo-mediocridad),
concluye con resultados sociales, políticos y jurídicos, y con modelos contemporáneos al autor que

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se presentan con el objeto de generar un impacto emocional y trascendental inmediato en el lector o
lectora, y que esto finalmente signifique una determinada dirección conductual.
De todas formas, sugerimos agrupar en una misma sección los capítulos I a V, ya que constituyen el
estudio y la descripción central, bajo enfoques morales, filosóficos y psicosociales, del ser humano
que él denomina mediocre; por otro lado, dejaríamos como capítulos apartados los últimos tres (VI-
VII-VIII), en tanto cada uno puede considerarse autónomo relativamente. No obstante, el capítulo
VIII puede leerse como una extensión de la introducción, pero creemos que el autor pensó en
distanciar dos figuras cercanas temporalmente a él (Sarmiento y Ameghino) de los modelos de la
introducción, con el fin de evitar generar cualquier tipo de comparaciones y confusiones
controversiales entre los círculos políticos, académicos y sobre todo entre el público.

2) El autor se propuso en la introducción presentar el concepto de ideal y el conjunto de pensamientos


y acciones propios de los seres humanos que persiguen un determinado tipo de aquel. En la diversidad
de ese conjunto, el ser humano idealista se expresa de diferentes formas para Ingenieros: en líneas
generales, en la búsqueda de conocimiento, en el ejercicio de una moral virtuosa y benéfica para el
conjunto social y/o en el despliegue y perfeccionamiento artístico.
Los capítulos I a V estudian sociológica, moral y filosóficamente a los seres humanos que el autor
caracteriza como mediocres, aquellos o aquellas que no dirigen sus pensamientos y acciones a la
consecución de un ideal, y las consecuencias de su extensión, estimadas por Ingenieros como
negativas, para el conjunto social. Constituyen el estudio central del autor, y están perfectamente
opuestos a la introducción, en lo que respecta a contenido y ubicación en la estructura formal de la
obra. El desarrollo de esta descripción focaliza en atributos abstractos, que conllevan una carga
filosófica, social y moral negativa para Ingenieros: la rutina, el intelecto promedio, el espíritu
conservador, la maledicencia, la hipocresía, el servilismo, la honestidad pasiva, la vulgaridad, la
envidia y la vanidad.
El capítulo VI funciona como un apartado que presenta, aunque no rigurosa y extensamente, algunas
conclusiones asociadas a la neurobiología y la psicología, lo que le permite al autor “cerrar” el estudio
central llevando al ciclo vital de los individuos la dualidad idealismo-mediocridad, ya que el
desarrollo del proceso senil concilia aquella dualidad y nivela a los individuos entre sí, bajando a los
seres humanos idealistas al promedio de su despliegue vital y reafirmando o inferiorizando a los seres
humanos mediocres.
El capítulo VII versa sobre la culminación social, política y jurídica que resulta de la proliferación de
los valores, pensamientos y acciones de los seres humanos mediocres. Hábil e irónicamente utiliza el
término “mediocracia” (no estrictamente en el sentido político actual, esto es, el poder ejercido por
los medios de comunicación para operar a favor de un determinado proyecto electoral), para describir
“el gobierno de los mediocres” en una determinada sociedad. A este concepto Ingenieros le opone la
“aristocracia del mérito”, esto es, “el gobierno de los excelentes e idealistas”.
El capítulo VIII, como expresamos en la primera respuesta, lo consideramos una extensión de la
introducción; básicamente, es un retrato apologético del político, periodista y escritor argentino
Domingo F. Sarmiento y del paleontólogo argentino Florentino Ameghino. El autor los considera
forjadores de ideales y por ende arquetipos pasibles de conformar una aristocracia del mérito y de la
excelencia. Ingenieros también expresa en este último capítulo la necesidad de un clima propicio para
el despliegue del genio en sus diversas formas: el hecho de que precisamente “gobierne una
mediocracia” da cuenta de la estructura granítica que supone la contradicción entre el idealismo y la
mediocridad; se necesitan entre sí, ya que el genio revolucionario debe su vida a un ideal, que se
corresponde con la ruptura de un determinado orden social, científico y artístico, y el individuo
mediocre, que “llega tarde” al menos una generación, necesita aprovechar utilitariamente los
resultados de aquellas conmociones históricas.
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El afán que presuponemos animó a José Ingenieros a elaborar este ensayo es de índole netamente
persuasiva para con el público lector. A este afán debe corresponderse una claridad estructural y
expositiva, que en efecto está presente en esta obra. El autor expresa bajo múltiples maneras posibles
y en todo momento la contradicción idealismo-mediocridad para lograr que el público lector examine
su propia posición social, moral y filosófica. Este estilo discursivo panfletario inferimos que
Ingenieros lo asimiló merced a su participación en círculos anarquistas y socialistas.
No obstante, es en la exhaustividad donde el ensayo tiene su principal defecto. Podemos achacar esta
cuestión precisamente a lo que expresamos en el anterior párrafo, el afán de convencer y difundir en
un público masivo. En un contexto social nacional e internacional dinámico y convulsionado al
momento de publicarse la obra (el florecimiento del capitalismo en su fase imperialista, sus
contradicciones y su inminente resolución en conflictos bélicos, la agitación de las clases obreras y
las burguesías intelectuales a nivel nacional e internacional, la consolidación de capitalismos
nacionales dependientes de los imperios, entre otros procesos), lo estrictamente científico y
académico cede lugar a lo heurístico, a una guía de acción individual y colectiva. Por esto, el autor
abunda en referencias literarias y filosóficas puntuales que sirven a modo ilustrativo y no presenta
pruebas científicas y estadísticas que lo conduzcan a exponer fehacientemente las causas del
desarrollo de un determinado carácter (para el caso de la obra: excelente, mediocre o inferior), o bajo
cuáles “síntomas” se expresan estos mismos.

1) Seleccionamos para analizar la siguiente conclusión, ubicada en el apartado IV del capítulo I (“El
Hombre Mediocre), página 47 (Editorial Losada, 19° edición: marzo 1992, corregida y aumentada
por el autor en 1917):

“Todos, al nacer, reciben como herencia de la especie los elementos para adquirir
una personalidad específica.
El hombre inferior es un animal humano; en su mentalidad enseñoréanse las tendencias
instintivas condensadas por la herencia y que constituyen el ‘alma de la especie’. Su ineptitud para
la imitación le impide adaptarse al medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta
el nivel corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos casos
fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su incapacidad para pensar como los
demás y compartir las rutinas comunes.
Los más, mediante la educación imitativa, copian de las personas que los rodean una
personalidad social perfectamente adaptada.
El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y
está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos
reconocidamente útiles para la domesticidad. Así como el inferior hereda el ‘alma de la especie’,
el mediocre adquiere el ‘alma de la sociedad’. Su característica es imitar a cuantos le rodean:
pensar con cabeza ajena y ser incapaz de formarse ideales propios.
Una minoría, además de imitar la mentalidad social, adquiere variaciones propias,
una personalidad individual, netamente diferenciada.
El hombre superior es un accidente provechoso para la evolución humana. Es original e
imaginativo, desadaptándose del medio social en la medida de su propia variación. Ésta se
sobrepone a atributos hereditarios del "alma de la especie" y a las adquisiciones imitativas del
‘alma de la sociedad’, constituyendo las aristas singulares del ‘alma individual’, que le distinguen
dentro de la sociedad. Es precursor de nuevas formas de perfección, piensa mejor que el medio en
que vive y puede sobreponer ideales suyos a las rutinas de los demás.”

Esta conclusión la deriva de las siguientes premisas, contenidas en la ubicación mencionada:


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A) “Si observamos cualquier sociedad humana, el valor de sus componentes resulta siempre
relativo al conjunto: el hombre es un valor social.”

B) “Cada individuo es el producto de dos factores: la herencia y la educación. La primera tiende


a proveerle de los órganos y las funciones mentales que le transmiten las generaciones
precedentes; la segunda es el resultado de las múltiples influencias del medio social en que el
individuo está obligado a vivir. Esta acción educativa es, por consiguiente, una adaptación de las
tendencias hereditarias a la mentalidad colectiva: una continua aclimatación del individuo en la
sociedad.”
“El niño desarróllase como un animal de la especie humana, hasta que empieza a distinguir
las cosas inertes de los seres vivos y a reconocer entre éstos a sus semejantes. Los comienzos de su
educación son, entonces, dirigidos por las personas que le rodean, tornándose cada vez más
decisiva la influencia del medio; desde que ésta predomina, evoluciona como un miembro de su
sociedad y sus hábitos se organizan mediante la imitación.”

C) “Más tarde, las variaciones adquiridas en el curso de su experiencia individual pueden hacer
que el hombre se caracterice como una persona diferenciada dentro de la sociedad en que vive.”

Pasaremos a comentar estas premisas, con el objeto de comprender al menos parcialmente la


operación intelectual que efectuó el autor:
- La premisa A enuncia lo ya esgrimido desde Aristóteles, que permanece como proposición
prácticamente indiscutible a nivel filosófico y de las ciencias sociales. El hombre es un valor social,
porque el desarrollo pleno de su vida material y espiritual (esto es, no sólo la simple adaptación a la
naturaleza, sino la capacidad de transformarla para su provecho) no pudo, no puede ni podrá
efectuarlo sin la conjunción con otros hombres. De aquí que cada hombre constituya un valor para
otros hombres, en tanto encierra capacidad de organización, producción y consumo de bienes
materiales y espirituales. El desarrollo del hombre como especie, tal como lo conocemos actualmente,
es inseparable de su existencia dentro de un conjunto social.
- La premisa B aborda dos factores diferentes entre sí: uno es la herencia, en tanto mecanismo
biológico transmisor de aptitudes fisiológicas. Este proceso se aborda en disciplinas “duras”, fácticas,
descriptivas de mecanismos objetivos. El otro factor es la educación, que es un proceso social con
variaciones subjetivas: la imitación y el desarrollo individual y social de los educadores son claves
en esta premisa.
- Bajo la premisa C, el ser humano, a diferencia del resto de las especies animales, posee la capacidad
de preconcebir lo que va a ejecutar (pensamiento y acción). Esto, naturalmente, es componente de la
experiencia individual. Esta capacidad de preconcepción es la que sufre diferenciaciones y provoca
que la herencia y la educación no sean factores únicos y determinantes en el curso de la formación de
la personalidad.

De estas premisas, cada tipología de personalidad es producto de diferentes combinaciones de estos


factores, tanto en presencia como en intensidad: el ser humano inferior absorbe la herencia, es incapaz
de cumplir con la imitación social, y muchísimo más es incapaz de desarrollar mecanismos de
preconcepción de sus acciones; lo que a simple vista pueda parecer una adquisición individual, no es
más que un reflejo entrenado de adaptación a la naturaleza.
El ser humano mediocre absorbe la herencia, es capaz de cumplir con la imitación social, pero es
incapaz de desarrollar pensamientos propios, sus reflejos entrenados derivan de su adaptación a la
naturaleza y al medio social.

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El ser humano superior es capaz de hacer prevalecer por encima de la herencia y del medio social sus
propias preconcepciones, por lo que sus acciones tienden a diferenciarse de las resultantes del devenir
natural y social.

La conclusión deriva completamente de las premisas, la explicación tiene un alto poder de validez.
Se aviene a la estructura formal de la obra, ya que la caracterización del hombre mediocre responde
a los supuestos derivados de los factores mencionados (herencia, educación y experiencia individual).
No obstante, no estamos de acuerdo con la explicación completa, en tanto falta especificar supuestos
que cambiarían notablemente las conclusiones. Nos basta sólo mencionar la existencia previa al
individuo de mecanismos de organización, producción y consumo de bienes materiales y espirituales,
que condicionan a su vez a todas las formas de transmisión educativa y por ende a la capacidad del
individuo de afrontar y desarrollar su propia experiencia frente a la naturaleza y la sociedad, la
caracterización de las tipologías cambia rotundamente. Los seres humanos inferiores y mediocres
podrían asimilarse a clases sociales postergadas: lumpenaje, clases obreras, pequeña burguesía, etc.,
y los seres humanos superiores podrían asimilarse a clases sociales predominantes: empresarios,
terratenientes, funcionarios de alto rango, etc.

4) El autor señala implícitamente el temor a que la ampliación democrática, concretada por la Ley
Sáenz Peña, cancele la legitimidad de las minorías del talento.
Así, con dicho contorno social, Ingenieros habla de “degeneración del sistema parlamentario”, como
así también critica “los Derechos del Hombre” “como si la igualdad ante la ley implicara una
equivalencia de aptitudes”.

“Es de ilusos creer que el mérito abre las puertas de los Parlamentos envilecidos. Los partidos, o el
gobierno en su nombre operan una selección entre sus miembros …”
“Desde que se inventaron los Derechos del Hombre todo imbécil los sabe de memoria para
explotarlos, como si la igualdad ante la ley implicara una equivalencia de aptitudes. Ese afán de
vivir a expensas del Estado rebaja la dignidad.”
“Con el Sistema Parlamentario se la esclavizó por partida doble del Ejecutivo y del Legislativo. Este
juego de influencias bilaterales converge a empequeñecer la dignidad de los funcionarios”
(pág. 176/177)

5) El autor utiliza diversas fuentes y referencias con el fin de efectuar una caracterización sociológica
y psicológica y derivar un sistema ideal de principios morales y filosóficos que conduzca al bienestar
del conjunto social, valiéndose de una actitud profundamente crítica al clima sociopolítico imperante
en el momento en el que escribe la obra, y apelando a lo largo de ella a lo emocional y lo trascendental,
para convencer a sus lectores de adherir a aquella guía de conducta. Encontramos en esta obra fuentes
directas no jurídicas, en las que el autor intenta rastrear dichos principios en obras de teatro, cuadros,
novelas, relatos, ensayos; y fuentes indirectas no jurídicas a través de discursos y doctrina de
pensadores de diversas épocas históricas.
En primer lugar, realizaremos una clasificación general de las fuentes y referencias principales.
Sucintamente:

 Literarias: el texto es muy profuso en este tipo de referencias. Nos parecieron relevantes las
alusiones a los personajes de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” de Miguel de
Cervantes Saavedra, de “Tartufo o El Impostor” de Molière y “Las Aventuras de Gil Blas de
Santillana” de Alain René Lesage. También es importante la referencia del autor a la obra del
novelista francés Gustave Flaubert.
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 Misceláneas: es claro el objetivo del autor de alcanzar a cada vez más lectores, al utilizar varias
referencias a leyendas, mitología griega y romana, fábulas y refranes populares. Podrían
emparentarse con las del primer tipo por su importancia, pero nos pareció conveniente
discriminarlas ya que su profusión a lo largo de la obra es menor relativamente.
 Filosóficas: atento al balance discursivo que busca alcanzar públicos dispares, las referencias de
este tipo, que en un ensayo sociológico netamente académico “deberían tener” mayor presencia y
relevancia, están presentes, pero no son abundantes. Utiliza figuras de filósofos como modelos de
cierta corriente de pensamiento y acción (ver “El Idealismo Romántico” o “El Idealismo
Estoico”), y cita textual y cuasi textualmente a Plutarco, Platón, Aristóteles, Horacio, Maquiavelo,
Voltaire, La Boetie, Montaigne, Descartes, Schopenhauer y Nietzsche.
 Otras referencias artísticas: para evaluar ciertos atributos morales y generar impacto emocional,
el autor se vale de algunas descripciones de pinturas de renombrados artistas tales como Poussin
(al caracterizar la envidia), Apeles (representando a la envidia y la calumnia), Rubens (también
al caracterizar la envidia) y Botticelli (representando a la calumnia).
 Científicas: estas son escasas a lo largo del libro. Señalamos referencias a la obra “Psicología de
los sentimientos” del psicólogo francés Théodule Ribot, y a algunas hipótesis del neurobiólogo
español Santiago Ramón y Cajal.

Ejemplos de cada clase de fuente extraídos de la obra. Se toma como referencia la decimonovena
edición de editorial Losada 1992.

Literarias:

Tartufo de Moliére (pág. 86)

“Por eso es declamatoria y suntuosa la retórica de Tartufo, arquetipo del género, cuya creación
pone a Moliére entre los más geniales psicólogos de todos los tiempos. No olvidemos la historia de
ese oblicuo devoto a quien el sincero Orgon recoge piadosamente y que sugestiona a toda su
familia. Cleanto, un joven, se atreve a desconfiar de él; Tartufo consigue que Orgon expulse de su
hogar a ese mal hijo y se hace legar sus bienes. Y no basta: intenta seducir a la consorte de su
huésped. Para desenmascarar tanta infamia, su esposa se resigna a celebrar con Tartufo una
entrevista, a la que Orgon asiste oculto. El hipócrita, creyéndose solo, expone los principios de su
casuística perversa; hay acciones prohibidas por el cielo, pero es fácil arreglar con él estas
contabilid a- des; según convenga pueden aflojarse las ligaduras de la conciencia, rectificando la
maldad de los actos con la pureza de las doctrinas. Y para retratarse de una vez, agrega:

En fin, votre scrupule est facile á détruire:


Vous étes assurée ici d'un plein secret,
Et le anal n'est jamais que dans l'éclat qu'on fait;
Le scandale du monde est ce que fait l'offenre
Et ce n'est pas pécher que pécher en silence”

Don Quijote de la Mancha de Cervantes (pág. 64 y 65)

“Sancho Panza es la encarnación perfecta de esa animalidad humana: resume en su persona las más
conspicuas proporciones de tontería, egoísmo y salud”
“… hubo quien lo encontró cordial, fiel, crédulo, iluso, en grado que lo hiciera un símbolo ejemplar
de pueblos.
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¿Cómo no distinguir que el uno tiene ideales y el otro apetitos, el uno dignidad y el otro servilismo,
el uno fe y el otro credulidad…”

Leyendas (pág. 188 y 189)

“Repiten con frecuencia el legendario juicio de Midas. Pan osó comparar su flauta de siete carrizos
con la lira de Apolo. Propuso una lid al dios de la Armonía y fue árbitro el anciano rey frigio.
Resonaron de Pan los acordes rústicos y Apolo cantó a compás de sus melopeas divinas. Decidieron
todos que la flauta era incomparable a la lira unánimes todos menos el rey, que reclamó a victoria
para aquella. De pronto crecieron entre sus cabellos dos milagrosas orejas: Apolo quedó vengado y
Pan se refugió en la sombra. El juez, confuso, quiso ocultarlas bajo su corona. Las descubrió aún
cubiculario; corrió a un lejano valle, cavó un pozo y contó allí su secreto. Pero la verdad no se
entierra: florecieron rosales que, agitados por las brisas, repiten eternamente que Midas tuvo orejas
de asno”

Fábulas (pág. 142)

“Toda la psicología de la envidia está sintetizada en una fábula, digna de incluirse en los libros de
lectura infantil. Un ventrudo sapo graznaba en su pantano cuando vio resplandecer en lo más alto
de las toscas a una luciérnaga. Pensó que ningún ser tenía derecho a lucir cualidades que el mismo
no poseería jamás. Mortificado por su propia impotencia saltó hasta ella y ola cubrió con su vientre
helado. La inocente luciérnaga osó preguntarle: ¿Por qué me tapas? Y el sapo, congestionado por
la envidia solo acertó a interrogar a su vez: ¿Por qué brillas?”

Filosóficas

“Schopenhauer, en sus Aforismos, definió el perfecto filisteo como un ser que se deja engañar por
las apariencias y toma en serio todos los dogmatismos sociales: constantemente ocupado de
someterse a las farsas mundanas” (pág. 45 y 46)

“Los románticos, envueltos en sublime desdén, han enfestado contra los temperamentos serviles:
Musset, por boca de Lorenzaccio, estruja con palabras y levantes lo cobardía de los pueblos avenidos
a la servidumbre. Y no le van en zaga los individualistas cuyo más alto vuelo lírico alcanzara
Nietzsche: sus más hermosas páginas son un código de moral anti mediocre, una exaltación de
cualidades inconciliables con la disciplina social” (pág.122)

“Sócrates enseñó, hace de esto algunos años, que la Ciencia y la Virtud se confunden en una sola y
misma resultante: la Sabiduría. Para hacer el bien, basta verlo claramente; no lo hacen los que no
lo ven; nadie sería malo sabiéndolo. El hombre más inteligente y más ilustrado puede ser el más
bueno; “puede” serlo, aunque no siempre lo sea. En cambio, el torpe y el ignorante no pueden serlo
nunca, irremisiblemente” (pág.108)

Referencias artísticas

Botticelli (pág. 73)


“Ninguna escena alegórica posee más honda elocuencia que el cuadro famoso de Sandro Botticelli:
La calumnia. La Inocencia yace, en el centro del cuadro, acoquinada bajo el infame gesto de la
Calumnia. La Envidia la precede; el Engaño y la Hipocresía la acompañan. Toda las pasiones viles
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y traidoras suman su esfuerzo implacable para el triunfo del mal. El Arrepentimiento mira de través
hacia el opuesto extremo, donde está, como siempre sola y desnuda, la Verdad; contrastando con el
salvaje ademán de sus enemigas, ella levanta su índice al cielo en una tranquila apelación a la
justicia divina. Y mientras la víctima junta sus manos y las tiende hacia ella en una súplica e infinita
y conmovedora, el juez Midas presta sus vastas orejas a la Ignorancia y la Sospecha”

Rubens
“Hay quien envidia a Sócrates y quien, a Napoleón, creyendo igualarse a ellos rebajándolos; para
eso endiosaran a un Brunetiére o un Boulanger. Pero esos placeres malignos, poco amenguan su
desventura que está en sufrir de toda felicidad y en martirizarse de toda gloria. Rubens lo presintió
al pintar la envidia en un cuadro de la Galería Medicea, sufriendo entre la pompa luminosa de la
inolvidable regencia”

Científicas

Ribot y Cajal (pág. 160 a 162)


“En mi cerebro disminuyen las permutas nutritivas, se alteran las transformaciones químicas y el
tejido conjuntivo prolifera, haciendo degenerar las células más nobles. Roto el equilibrio de los
órganos, no puede subsistir el equilibrio de las funciones: la disolución de la vida intelectual y
afectiva sigue ese curso fatal perfectamente estudiado por Ribot en el capítulo final de su psicología
de los sentimientos”.
“… agrega Ribot que a esa disolución de los sentimientos superiores sigue la de todos los
sentimientos altruistas y la de los egos altruistas, perdurando hasta el fin los egoístas, cada vez más
aislados y predominantes en la personalidad del viejo.”

“Con el crecimiento de las neuronas en el hombre joven y su poder de crear nuevas asociaciones
explicaría Cajal la capacidad de adaptación del hombre y su aptitud para cambiar sus sistemas
ideológicos; la detención de esas funciones en los ancianos o en los adultos de cerebro atrofiado por
la falta de ilustración u otra causa permite comprender las convicciones inmutables”
“… Cajal ha tenido en cuenta la conservación mayor de las memorias juveniles; las vías de
asociación creadas hace mucho tiempo y ejercitadas durante algunos años, han adquirido
indudablemente una fuerza mayor por haber sido organizadas en la época en que el cerebro poseía
su más alto grado de plasticidad.”

6) Fuente utilizada: “Tartufo” de Molière


Comedia en cinco actos estrenada en 12 de mayo de 1664. A través del personaje, el autor describe la
manera de ser hipócrita y falso. Tartufo se trata de un mediocre y ladino personaje que llega a ser
director espiritual de Orgón, intenta casarse con su hija, a su vez seducir a su segunda esposa y quedarse
con sus bienes.
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ESCENA II

DORINA: Esto no es nada en comparación con la manía que tiene su hijo; si usted lo oyera diría que es mucho
peor. El dueño de casa, el señor Orgón, siempre fue un hombre sabio y prudente, y durante la época de los
disturbios demostró coraje para servir al rey. Pero desde que llegó Tartufo a esta casa está como embrutecido
y vive obsesionado; le dice "hermano" y lo quiere cien veces más que a su madre, que a sus hijos y a su mujer.
Es el único confidente de todos sus secretos y el que le dice lo que debe o no debe hacer; lo mima y lo abraza
y con una amante no se podría ser más tierno; en la mesa quiere que ocupe la cabecera y goza viéndolo comer
por diez. Hace que le den los mejores bocados y si lanza un eructo le dice "buen provecho". En fin, está loco
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por él. Es todo su héroe. Le admira, le cita a cada momento, sus acciones más insignificantes le parecen
milagros y todo lo que dice le parece un oráculo. Tartufo, conociendo la debilidad del dueño de casa, saca buen
provecho. Con hipocresía le pide dinero para hacer limosnas y se cree autorizado para hacer comentarios sobre
todos los que vivimos aquí. Y esto no es lo peor, sino que hasta el sirviente se permite darnos lecciones. Nos
sermonea con ojos feroces y nos quita las cintas, el carmín, los perfumes. El otro día me rompió con sus propias
manos un pañuelo que encontró en un devocionario, diciendo que nosotros mezclamos las cosas santas, con
los adornos del demonio.

ESCENA VII ORGÓN y TARTUFO

ORGÓN: ¡Ofender de este modo a una persona tan santa!


TARTUFO: ¡Oh, cielo! ¡Perdónale el daño que me hace! (A Orgón) ¡Con qué pena veo que tratan de
difamarme ante mi hermano!
ORGÓN: ¡Ay!
TARTUFO: El sólo pensar en esta ingratitud me produce un suplicio indecible.... Tengo el corazón tan
oprimido, que no puedo hablar.... Esto puede causarme la muerte....
ORGÓN: (Corriendo, deshecho en lágrimas, hacia la puerta por donde ha echado a su hijo) ¡Desgraciado!
¡Me arrepiento de no haberte apaleado hasta matarte! (A Tartufo) Tranquilícese, hermano, haga un esfuerzo.
TARTUFO: Olvidemos, olvidemos este incidente. Veo que he traído grandes trastornos a esta casa, y creo
que lo mejor será, hermano mío, que me vaya.
ORGÓN: ¿Cómo? ¿Qué dice?
TARTUFO: Todos me odian, todos quieren que usted sospeche de mí. ORGÓN: ¡Y qué importa! Yo no
les hago caso.
TARTUFO: No faltará quien insista en la calumnia, y lo que usted no cree hoy día puede creerlo mañana.
ORGÓN: ¡No, hermano mío, nunca!
TARTUFO: ¡Ah!, hermano, una mujer puede sorprender fácilmente la credulidad de su marido.
ORGÓN: No, no.
TARTUFO: Deje que me vaya, así les quitaré toda ocasión de atacarme. ORGÓN: No, usted se queda;
¡me va en ello la vida!
TARTUFO: Pues bien, me sacrificaré, si usted así me lo exige ORGÓN: ¡Ah, por fin!
TARTUFO: Sea, no hablemos más. Ya veo cómo debo portarme de ahora en adelante. El honor es
delicado, y la amistad me obliga a prevenir los rumores y las ocasiones de sospecha. No hablaré más con
su esposa y ...
ORGÓN: No, eso no. Aunque todos se molesten la seguirá tratando. Mi mayor alegría es hacer rabiar a la
gente. Quiero que lo vean a todas horas con ella, y es más: para hacerles rabiar más todavía, lo nombraré
mi heredero universal y le haré donación de todos mis bienes. Un amigo franco y leal a quien he escogido
para yerno vale para mí mucho más que los hijos, la esposa y todos mis parientes juntos. Voy a ordenar
que se haga de inmediato la escritura de donación. ¿Acepta lo que le propongo?

ESCENA IV ELMIRA y ORGÓN

ELMIRA: Acerque esa mesa y escóndase debajo. Sobre todo, es indispensable que esté bien escondido.
ORGÓN: ¿Y por qué debajo de la mesa?
ELMIRA: Deje que disponga todo según mis planes y luego verá. Escóndase, le digo y cuidado con que
nadie lo vea ni lo oiga.
ORGÓN: Parece un poco de más todo esto. En fin, ya veremos cómo saldrá de esta empresa.
ELMIRA: No se preocupe (Orgón se esconde debajo de la mesa). Es muy extraño lo que voy a hacer, pero
no se escandalice. Todo lo que yo diga es permitido, porque lo diré sólo para convencerlo. Con coquetería
voy a obligar a ese hipócrita a que se quite la máscara; le voy a dar esperanzas a sus deseos desvergonzados
y dejaré el campo libre para que se atreva. Haré esto para convencerlo a usted y para mejor confundirle a
él, y así, las cosas no llegarán más allá de donde usted quiera. Como vea que la cosa se pone demasiado
atrevida, de usted dependerá detenerla y así me librará de tener que exponerme a lo que parece que usted
cree indispensable para desengañarse de una vez. Ese es problema suyo, y es usted el que va a manejar el
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asuntito y. ... ¡ya viene! ¡Escóndase, que no lo vea!

ESCENA V TARTUFO, ELMIRA, y debajo de la mesa, ORGÓN

TARTUFO: Me han dicho que quería hablarme aquí


ELMIRA: Sí, tengo que contarle algo. Pero, cierre antes esa puerta y mire bien que no haya alguien que
pueda escucharnos y nos sorprenda. (Tartufo cierra la puerta). No nos conviene que se arme otro lío como
el de esta tarde. ¡Qué sorpresa tan desagradable!
Damis quería matarlo, pero ya se habrá dado cuenta de los esfuerzos que hice para evitarlo y calmar su
furia. Mas, gracias al cielo, todo se ha arreglado y las cosas están un poco más tranquilas. El aprecio que
le tiene todo el mundo ha disipado la tormenta y mi marido no puede sospechar de usted. Para hacer callar
el rumor de las habladurías él quiere que estemos juntos todo el tiempo, por esto precisamente puedo
encontrarme ahora aquí sola, encerrada con usted sin temor de ser sorprendida, y la ocasión me invita a
confiarle mi corazón que, tal vez, se interesa ya demasiado por su amor.
TARTUFO: Su lenguaje, señora, es difícil de comprender Hace poco hablaba usted de otra manera.
ELMIRA: ¡Ah! ¡Qué mal conoce el corazón de una mujer, si juzga por lo que le dije hace poco y no
comprende lo que queremos dar a entender cuando nos defendemos sin mucha convicción! Nuestro pudor
impide la verdadera manifestación de lo que sentimos. Si el amor nos domina, siempre nos da vergüenza
decirlo. Nuestras palabras se oponen a nuestros deseos, pero al decir que no, lo prometemos todo. Esto es
hacerle una confesión demasiado franca y debiera reprenderme de ello el pudor; mas, ya he llegado al
estado de confesarlo todo. Dígame, ¿habría procurado calmar a Damis, y habría escuchado con tanta
complacencia la expresión de su amor, si el ofrecimiento que me hizo no me hubiese complacido? Y
cuando he querido yo misma obligarle a renunciar al casamiento que le proponían, ¿No comprendió que
yo abrigaba ya cierto interés por usted y no quería consentir que ese matrimonio partiera en dos un corazón
que quiero entero para mí?
TARTUFO: Es dulzura indecible, señora, oír de esa boca amada esas palabras. Su miel derrama en mis
sentidos una suavidad que me estremece. Agradarle es mi suprema ambición, y mi corazón no desea otra
cosa. Pero este corazón le pide también la libertad de dudar un poco de lo que me dice. Pienso que sus
palabras son una trampa para hacerme renunciar al casamiento que se me prepara Si quiere que me
explique claramente, le diré que no puedo fiarme demasiado de declaraciones tan dulces, a menos que un
anticipo de los favores que anhelo, me asegure con hechos lo que me ha dicho.
ELMIRA: (Tosiendo para advertir a su esposo) ¡Cómo! No se puede avanzar tan rápido a riesgo de agotar
enseguida la ternura de mi corazón. Le he hecho una confesión tan elocuente ¿y no le basta? No me diga
que para convencerme necesita llegar a los últimos favores que tendría que darle.
TARTUFO: Cuando menos se merece un favor, más se atreve uno a pedirlo. ¡Cuesta tanto tener confianza
sólo en las palabras! Dudamos de la gloria de poder satisfacer nuestros deseos y por eso queremos gozar
antes de creer que sea posible, y mi duda es tan grande, señora, que no creeré nada mientras no vea que
usted corresponde a mi pasión con realidades
ELMIRA: ¡Dios mío! ¡Su amor es verdaderamente tiránico! ¡Con qué fuerza lo domina y con qué violencia
exige lo que desea! ¿No me podré librar de su persecución y no me dará tiempo ni para respirar? No está
bien que sea tan riguroso y quiera obtener de inmediato todo lo que pide, abusando así, con sus demandas,
de la debilidad que por usted tenemos todos los de esta casa.
TARTUFO: Pero si usted acepta mi pedido, ¿por qué no quiere darme testimonio de su amor?
ELMIRA: ¿Cómo quiere que consienta en lo que me pide sin ofender a Dios del que usted es tan devoto?
TARTUFO: Si no es más que Dios el que se opone a mis deseos, es cosa muy fácil para mí salvar ese
obstáculo.
ELMIRA: ¡Pero usted nos da tanto miedo cuando invoca los castigos del cielo! TARTUFO: Puedo
disiparle, señora, esos temores; conozco el arte de quitar los escrúpulos. Es cierto que el cielo prohíbe
ciertos placeres, pero siempre hay maneras de concertar con él algunas transacciones. Según las
necesidades de cada uno, es una verdadera ciencia saber cuándo conviene aflojar los lazos de nuestra
conciencia y rectificar lo malo de la acción con la pureza de la intención. Yo la instruiré, señora, en estos
secretos, y usted no tendrá más que dejarse conducir.
ELMIRA: Más de lo que usted puede imaginarse.
10
TARTUFO: Conmigo puede estar tranquila con la seguridad de un completo secreto, pues el mal
no existe más que cuando se ve. El escándalo es lo que constituye la ofensa, y por lo tanto, pecar
en secreto, no es pecar.
ELMIRA: (Después de haber tosido otra vez y haber dado algunos golpes a la mesa) Veo que
tengo que decidirme y consentir en lo que me pide. Es difícil llegar a este punto y créame que lo
hago muy a pesar mío, pero ya que no quiere creer nada de lo que le digo y se empeña en que
debo darle las pruebas de mi amor, me resignaré. Pero si cometo alguna falta, peor para usted que
me obliga a hacerlo. No será mía la culpa.
TARTUFO: Yo cargo con ella, señora, y la cosa en sí...
ELMIRA: Abra un poco la puerta y mire si mi marido está en la galería.
TARTUFO: No se preocupe por él. Yo lo manejo como un pelele. Por vanidad consiente nuestras
conversaciones y lo domino en tal forma que aun viéndolo todo, no se atreve a creer nada
ELMIRA: De todas maneras, salga un momento y mire bien que no haya nadie ahí fuera.

ESCENA III Señora PERNELLE, MARIANA, ELMIRA, DORINA, DAMIS, ORGÓN y CLEANTE

SRA. PERNELLE: ¿Qué pasa? He sabido que aquí están ocurriendo cosas muy desagradables.
ORGÓN: Sí, lo he visto con mis propios ojos, es así cómo se pagan mis favores. Recojo con la
mayor buena fe a un hombre hundido en la miseria, le alojo en mi casa, lo considero como a mi
propio hermano, lo colmo de atenciones, le entrego mi hija y todos mis bienes, y él, ¡infame!
pretende seducir a mi esposa y no contento con esta indignidad se atreve a amenazarme con la
ruina y pretende expulsarme de esta casa y reducirme al estado de miseria del que yo lo saqué.
DORINA: ¡El pobre hombre!
SRA. PERNELLE: No puedo creer que Tartufo haya querido cometer una acción tan indigna.
ORGÓN: ¿Cómo?
SRA. PERNELLE: Los hombres de bien están rodeados de envidiosos. ORGÓN: ¿Qué quiere
decir, madre?
SRA. PERNELLE: Que aquí, en tu casa, todos odian a muerte a ese pobre hombre. ORGÓN:
¿Qué tiene que ver con lo que le he dicho?
SRA. PERNELLE: Cien veces te lo he repetido cuando eras niño. La virtud siempre es
perseguida. Los envidiosos mueren, pero la envidia no.
ORGÓN: ¿Pero qué relación tienen sus palabras con lo que ha pasado hoy?
SRA. PERNELLE: Que te habrán contado mil cuentos sobre Tartufo.
ORGÓN: Pero ya le he dicho que lo he visto yo mismo.
SRA. PERNELLE: La maldad de los murmuradores no tiene límite.
ORGÓN: No me haga perder la paciencia por favor, madre. Le vuelvo a decir que lo he visto yo,
con mis propios ojos.
SRA. PERNELLE: Las malas lenguas siempre tienen veneno, y no hay nadie en la tierra que
pueda librarse de ellas.
ORGÓN: Pero ¿por qué no entiende? Lo he visto, repito, yo mismo con mis propios ojos, lo que
se llama visto... ¡Es preciso repetírselo cien veces y gritar como animal! SRA. PERNELLE: Las
apariencias engañan, no se puede juzgar sólo por lo que se ve. ORGÓN: ¡Ay, qué desesperación!
SRA. PERNELLE: Siempre se hacen falsas suposiciones y a menudo interpretamos lo bueno
como malo.
ORGÓN: Entonces debo pensar que es bueno abrazar a mi mujer en mis propias narices.

La obra literaria Tartufo como fuente literaria del Hombre Mediocre, fue utilizada de forma
general, resumida y analizada por el autor ya que la misma es tomada como modelo y arquetipo

11
del hombre hipócrita y falso, y lo incluye en el punto I del Capítulo III sobre Los Valores Morales.
Asimismo, transcribe cinco versos de la obra de teatro escrita en francés original.

“En fin, votre scrupule est facile á détruire:


Vous étes assurée ici d'un plein secret,
Et le anal n'est jamais que dans l'éclat qu'on fait;
Le scandale du monde est ce que fait l'offenre
Et ce n'est pas pécher que pécher en silence” (pág.86)

“Finalmente, vuestro escrúpulo es fácil de destruir, estais asegurada aquí de un pleno secreto y el
mal no está más que en el ruido que se hace, el escándalo del mundo es lo que hace la ofensa y no es
pecar, pecar en silencio.”

Esa en la moral de la hipocresía jesuítica sintetizada en cinco versos.

Podemos asimismo decir que dicha fuente fue respetada, ya que toma el espíritu de la obra de Moliere y lo
aplica en forma fidedigna y respetando su ideología.

7) La Historia del Derecho se propone conocer las estructuras políticas, sociales y económicas, que
cada comunidad ha tenido en las distintas etapas de su existencia. Es por su finalidad y contenido una
ciencia jurídica que opera auxiliada por el método histórico. El Derecho, mediante el establecimiento
de normas obligatorias, y coactivamente exigibles, da una estructura a la sociedad y puede moldearla
imponiéndole las reglas que le parecen justas y convenientes.
Todas las ideologías políticas, sociales o económicas, aspiran a imponer nuevos ordenamientos
jurídicos y determinan entonces los sucesos pacíficos o violentos, que en definitiva los cambian. Hay,
por lo tanto, una estrecha relación entre la Historia y el Derecho. Este se modifica y evoluciona a
través del tiempo, y es a la vez, en gran medida, una consecuencia de los cambios que ocurren en la
sociedad, la religión, la moral, los problemas económicos y las condiciones políticas. De modo que
un sistema jurídico no puede ser nunca bien comprendido, sino en función de esos antecedentes
históricos que nos explican las razones de su evolución y el sentido de sus normas.
Fuente: Zorroaquín Becú, Ricardo, Historia del Derecho Argentino, 1995

La concepción del Derecho para el autor es acumulativa. Evoluciona, como en todos los ámbitos del
conocimiento, en forma lineal y ascendente. Para Ingenieros, el Derecho es un sistema de
ordenamiento acorde a los principios morales imperantes en una determinada época y geografía. Si
se parte de un principio de desigualdad, por ejemplo, todo el sistema jurídico sería acorde a ella.
Esta concepción podemos observarla en los siguientes pasajes (páginas 197-198, capítulo VII, sección
V, Losada 1992):

 “… las leyes no crean un clima. El derecho efectivo es una resultante concreta de la moral.”

 “Hay que esperar mejores tiempos, sin pesimismos excesivos, con la certidumbre de que la
reacción llega inevitablemente a cierta hora: los hombres superiores la esperan custodiando
su dignidad, y trabajando para su ideal. Cuando la mediocridad agota los últimos recursos de
su incompetencia, naufraga.”

 “Un régimen donde el mérito individual fuese estimado por sobre todas las cosas, sería
perfecto. Excluiría cualquier influencia numérica u oligárquica. No habría intereses creados.
12
El voto anónimo tendría tan exiguo valor como el blasón fortuito. Los hombres se esforzarían
por ser cada vez más desiguales entre sí, prefiriendo cualquier originalidad creadora a la más
tradicional de las rutinas.

8) Aspecto literario de la obra

Podemos inferir que tiene un estilo barroco, muy cargado de adjetivos descriptivos y sinónimos y que
utiliza en general el tiempo presente, salvo cuando refiere anécdotas o leyendas que utiliza el tiempo
pretérito.
La lectura en general no resulta dinámica, resulta por momentos poco claro, pero sí podemos decir
que tiene un estilo didáctico en cuanto a que se emplea cantidades de ejemplos que apoyan sus
conceptos y que surgen como parte de la herencia que le dejara Sarmiento, figura que toma como
ideal del Genio.
El texto cuenta con un tono aforístico, marcado por las máximas morales que recorren los capítulos.
También apela reiteradamente a refranes y relatos populares como la fábula del sao envidioso de la
luciérnaga, útil para ejemplificar eficazmente el sentimiento de envidia. Lo mismo sucede con las
leyendas al recrear, por medio de una narración, la tensión entre espiritualidad y utilitarismo burgués,
a través del relato del duelo entre Pan y Apolo.
El autor se burla de la sabiduría popular encarnado en el estereotipo de Sancho Panza que sólo se
expresa a través de refranes a pesar de que él mismo los utiliza por ejemplo cuando advierte que las
aptitudes con que se nace “Salamanca no las presta”.

Fuente: MAILHE, Alejandra. "El laberinto de la soledad" del genio, o las paradojas de El hombre
mediocre. Varia hist. [online]. 2013, vol.29, n.49, pp.197-216. ISSN 0104-
8775. http://dx.doi.org/10.1590/S0104-87752013000100010.

13
Biografía del autor
Fuente: Wikipedia

Nacido Giuseppe Ingegnieri, era hijo de Salvatore Ingegnieri y Mariana Tagliavia. Cursó sus estudios
primarios en el Instituto Nacional. Trabajó desde niño corrigiendo pruebas de imprenta, ya que su padre era
periodista y tuvo dificultades económicas. Solía encargarle traducciones de italiano, francés e inglés, incluso
de libros enteros. En 1888 ingresó al Colegio Nacional Buenos Aires. En 1892, finalizados sus estudios
secundarios fundó el periódico La Reforma y un año después, ingresó como alumno a la Facultad de
Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en la que se recibió en 1897 de farmacéutico y en 1900
de médico con su tesis Simulación en la lucha por la vida. Para esa época ya era conocido en los círculos
literarios.
Además de sus intereses puramente científicos y sociales, también tuvo desde muy joven interés por el estudio
del ocultismo, los fenómenos parapsicológicos y la teosofía. Desde 1897 dirigió el diario La
Montaña (periódico que se autodenominó «socialista revolucionario») junto con Leopoldo Lugones, en donde
en su primer número escribió un artículo (el primero de varios) en donde defendía a la teosofía y al ocultismo y
daba su punto de vista respecto al papel que estos tendrán (o deberían de tener) en el futuro, especialmente en
el campo de la investigación científica.
En 1898 escribió por primera vez para la revista teosófica Philadelphia, para la cual escribirá en varias
ocasiones. En sus publicaciones, Ingenieros mostraba un rechazo por las posturas científicas oficiales
―señalándolas como dogmáticas―, y proponía una actitud más abierta en la investigación psicológica.
En 1903, la Academia Nacional de Medicina lo premió por Simulación de la locura (secuela de su tesis editada
en libro). Fue nombrado jefe de la Clínica de Enfermedades Nerviosas de la Facultad de Medicina de
la Universidad de Buenos Aires. En 1904 obtuvo la suplencia de la cátedra de Psicología Experimental en
la Facultad de Filosofía y Letras (de la Universidad de Buenos Aires).
Se convirtió en un destacado miembro de la Cátedra de Neurología a cargo de José María Ramos Mejía y en
el Servicio de Observación de Alienados de la Policía de la Capital, del cual llegó a ser su director.
Entre 1902 y 1913 dirigió los archivos de Psiquiatría y Criminología y se hizo cargo del Instituto de
Criminología de la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires, alternando su trabajo con conferencias en
universidades europeas.
En 1908 obtuvo la cátedra de Psicología Experimental en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de Buenos Aires. Ese año fundó la Sociedad de Psicología.
En 1909 fue elegido presidente de la Sociedad Médica Argentina y delegado argentino en el Congreso
Científico Internacional celebrado en Buenos Aires. Completó sus estudios científicos en las universidades
de París, Ginebra, Lausana y Heidelberg.
En 1914 José Ingenieros se casó con Eva Rutenberg en Lausana (Suiza); aunque el noviazgo se había iniciado
en Buenos Aires. Del matrimonio nacieron cuatro hijos, Delia, Amalia, Julio y Cecilia. Su esposa Eva
Rutenberg lo sobrevivió por 30 años, en tanto que su hija menor, Cecilia, falleció en 1995, y la hija mayor,
Delia, en 1996.
Sus ensayos sociológicos como El hombre mediocre, y otros ensayos críticos y políticos, como Al margen de
la ciencia, Hacia una moral sin dogmas, Las fuerzas morales, Evolución de las ideas argentinas y Los tiempos
nuevos tuvieron un gran impacto en la enseñanza a nivel universitario en Argentina y obtuvieron una gran
adhesión moral entre la juventud panamericana.
Además de dirigir su periódico bimestral, Seminario de Filosofía, mezcló su pasión por la ciencia con una ética
social acentuada. En sus múltiples actividades demostró una capacidad y penetración notorias, siendo
considerado un intelectual de peso en su tiempo.
Durante la Reforma Universitaria iniciada en 1918 fue elegido vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras,
con amplio apoyo del movimiento estudiantil.
En 1919 renunció a todos los cargos docentes y hacia 1920 comenzó su etapa de lucha política, participando
de manera activa en favor del grupo progresista Claridad, de tendencia comunista.
En 1922 promovió, como forma de protesta contra el sistema político imperante en la provincia de Córdoba,
la candidatura de un personaje extravagante, Enrique Badessich, que logró ser elegido diputado provincial; no
obstante, su diploma fue rechazado por la Cámara de Diputados provincial. Ese mismo año propuso la
formación de la Unión Panamericana, un organismo de lucha contra el imperialismo, de difusión continental.
14
En 1925, pocos meses antes de su muerte, creó el mensuario Renovación en contra del imperialismo, firmando
con los seudónimos de Julio Barreda Lynch y de Raúl H. Cisneros.
Al paso del tiempo discrepó con las posturas del socialismo de Estado y empezó a colaborar con
periódicos anarquistas, acercándose política e intelectualmente a su corriente de pensamiento. Esto se debió
en parte a la influencia de criminólogo italiano Pietro Gori. Murió el 31 de octubre de 1925, a los 48 años,
siendo la causa de su deceso meningitis grave.

Obra y publicaciones

Ingenieros fue un representante destacado del pensamiento positivista, sobre todo en sus primeros años.
También fue uno de los fundadores del socialismo en la Argentina, aunque no participó orgánicamente en la
actividad partidaria.
Sus aportes al socialismo y a la psicología los basa, además de sus conocimientos científicos universitarios, en
sus conocimientos sobre ocultismo y teosofía, de la cual fue defensor durante muchos años de su vida,
escribiendo numerosos artículos en revistas teosóficas. También fue el fundador, director y animador de
la Revista de Filosofía, Ciencia, Cultura y Educación, la cual se publicó entre 1915 y 1929 en ejemplares
bimensuales.
A partir de la década del '10 comenzó a profundizar una línea de pensamiento más relacionada con los aspectos
morales y políticos, aspectos ambos que Ingenieros veía íntimamente relacionados, inspirando a la juventud
latinoamericana que realizó la Reforma Universitaria desde 1918 y lo nombró Maestro de la Juventud de
América Latina.
Sus desarrollos sobre la identidad argentina y el antiimperialismo tuvieron gran influencia sobre varias
generaciones del continente.

Primer período

 1902: La psicopatología en el arte, Buenos Aires


 1902: La simulación en la lucha por la vida, Buenos Aires
 1903: Simulación de la locura, Buenos Aires
 1904: Histeria y sugestión, Buenos Aires
 1906: Patología del lenguaje musical, París
 1906: Crónicas de viaje, Buenos Aires
 1907: La locura en la Argentina, Buenos Aires
 1908: Sociología argentina, Buenos Aires

Segundo período

 1910: Archivos de Psiquiatría y Criminología, aplicadas a las ciencias afines. Lecciones desarrolladas en
su curso universitario de 1910. Buenos Aires
 1911: Principios de psicología, Buenos Aires
 1913: El hombre mediocre, Madrid
 1917: Hacia una moral sin dogmas, Buenos Aires
 1917: Ciencia y filosofía, Madrid
 1918: Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía, Buenos Aires
 1918: Evolución de las ideas argentinas, Buenos Aires
 1919: Las doctrinas de Ameghino, Buenos Aires
 1921: Los tiempos nuevos, Buenos Aires
 1922: Emilio Boutroux y la filosofía francesa, Buenos Aires
 1922: La cultura filosófica en España, Buenos Aires
 Las fuerzas morales, obra póstuma
 Tratado del amor, obra póstuma

Artículos
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 1898: «Unilateralidad psicológica de los sabios oficiales», artículo en la revista Philadelphia (Buenos
Aires), 7 de noviembre de 1898.
 1897: «La ciencia oficial y la facultad de ciencias herméticas», artículo en el diario La Montaña, año I,
n.º 11, 1 de septiembre de 1897.
 1915: «El contenido filosófico de la cultura argentina», artículo en Revista de Filosofía (Buenos Aires),
enero de 1915.
 1905: «El elogio de la risa», artículo en Chinón; publicado también en la revista Teosofía en Argentina,
número 4, 1996.

Vínculo del autor con la masonería


Fuente: https://masones.wordpress.com/2008/11/05/masones-ejemplares-jose-ingenieros/

Iniciado en la Logia Unión Italiana Primera Nº 90 el 5 de agosto de I898, de la que era Lubetón desde el 22
de agosto de 1888 por ser hijo de masón, ocupó diversos cargos en la misma. En 1901-2 fue Gran Hospitalario.
Colaboró con su padre, don Salvador Ingenieros, en la redacción de la Revista Masónica, que apareció hasta
1904. A partir de ese año esta publicación optó por el nombre de Cadena de Unión y continuó contando con
la colaboración del doctor Ingenieros durante varios lustros. Ferviente defensor de los principios liberales
difundió estas ideas a través de toda su obra literaria y científica. Junto con su padre publicó una breve Historia
de la Masonería y dos interesantes obras explicativas de la filosofía y fines de la institución.
Nota: citamos la página de la masonería argentina para conocer sucintamente de qué trata esta institución -
http://www.masoneria-argentina.org.ar/

Teosofía
Fuente: Wikipedia

La teosofía (del griego: θεός, theós, ‘Dios’, y σοφία, sophía, ‘sabiduría’) es un conjunto de enseñanzas y
doctrinas difundidas bajo ese nombre por Helena Petrovna Blavatsky a fines del siglo XIX. En su obra explica
que el nombre teosofía es uno de los tantos que se utiliza para designar a una sabiduría sin edad, eterna, que
no es otra que el conocimiento de la verdadera realidad. Del mismo modo que la ciencia no crea las leyes que
rigen la naturaleza, sino que las descubre, la teosofía es la realidad, y los seres humanos van aprendiendo
progresivamente porciones del conocimiento de esta realidad. A partir de 1875 se crea la Sociedad Teosófica,
que tiene como uno de sus objetivos el estudio comparativo de Religión, Ciencia y Filosofía, con el objeto de
descubrir la enseñanza fundamental en cada una de ellas.
La teosofía propone que todas las religiones surgieron a partir de una enseñanza o tronco común, que ha
quedado oculta bajo el velo de las doctrinas que se fueron elaborando con el correr de los siglos siguientes,
llevando muchas veces a contradecir la enseñanza original. El estudio comparativo de la Ciencia y la Filosofía
son otra forma de acercamiento a esta enseñanza original, que no es otra cosa que la realidad permanente que
subyace por detrás del mundo sensible sujeto al constante devenir. El movimiento teosófico moderno fue
creado por Helena Blavatsky, Henry Steel Olcott y William Quan Judge, quienes fundaron la Sociedad
Teosófica en Nueva York en 1875.
Constituye un movimiento ecléctico occidental que funde religiones como el cristianismo, el budismo,
el hinduismo y está directamente relacionado con movimientos esotéricos espiritistas de finales del siglo
XVIII como gnósticos y rosacruces. La influencia de la teosofía es claramente visible en buena parte de otros
movimientos, como por ejemplo la “metafísica cristiana” de Conny Méndez, la Escuela Arcana de Alice
Bailey, la Sociedad Antroposófica de Rudolf Steiner, la Fundación Krishnamurti y corrientes relacionadas con
las doctrinas orientalistas sobre "niveles de ascensión" (Maestros Ascendidos).
Una definición más formal del Concise Oxford Dictionary la describe como:
“Una de las varias filosofías que profesan alcanzar el conocimiento de Dios a través del autodesarrollo
espiritual, la intuición directa, o las relaciones individuales especiales. En particular un movimiento moderno
que sigue las enseñanzas cristianas, hindúes y budistas y que busca la fraternidad universal.”

16
La Reforma Universitaria de 1918

A 99 AÑOS

15 de junio de 2017
La Reforma Universitaria de 1918 en Argentina
Fabio Oñativia

Presentamos una síntesis del movimiento reformista de 1918, que revolucionó las universidades
latinoamericanas, y reflexionamos sobre su vigencia en la actualidad.

Link: http://www.laizquierdadiario.com/La-Reforma-Universitaria-de-1918-en-Argentina

«Si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho
sagrado a la insurrección (Manifiesto liminar de la Reforma Universitaria, 21 de junio de 1918).»

En la Argentina de principios del siglo XX, el desarrollo capitalista y su consecuente modernización de la


sociedad, trajo aparejada la apertura de las universidades a las recién emergidas clases medias urbanas de
carácter liberal. No obstante, los anticuados modelos universitarios conllevaron a que el estudiantado, en su
lucha por la introducción de diversas reformas, se esbozara como un sujeto fundamental de la política nacional,
ganándose su lugar definitivamente tras los acontecimientos que culminaron en la Reforma Universitaria de
1918.
Sin embargo, presentar la Reforma meramente como un conjunto de demandas de carácter académico implica
desconocer el grado de radicalización del movimiento estudiantil y, como asegura Bonavena [1], sus profundos
cuestionamientos de la sociedad. Esto no es sino un claro objetivo de borrar cualquier rastro de subversión del
estudiantado que logró instaurar una revolución educativa y social en la historia nacional.
Para 1918 existían en el país cinco universidades: las de Buenos Aires, La Plata, Santa Fe, Tucumán y Córdoba.
En algunas ya se habían formado los primeros centros de estudiantes, a la par que se introducían ligeras
reformas en los estatutos universitarios. Muy diferente era Córdoba: el dominio ejercido por la Iglesia se
traducía en un régimen reaccionario y conservador que se empeñaba en abortar cualquier intento de modificar
el control que los sectores clericales ejercían sobre la institución.
A nivel internacional, procesos como el de la Revolución Mexicana de 1910, la triunfante Revolución Rusa de
1917 y el enfrentamiento entre las potencias imperialistas en la Primera Guerra Mundial, reflejaban las
convulsiones que producía el sistema capitalista. A nivel nacional, las sucesivas huelgas de la clase obrera
trastocaban el régimen político oligárquico-conservador el que, como válvula de escape a la creciente
conflictividad social, daba lugar a la primera apertura electoral a través de la Ley de Roque Sáenz Peña. Esto
derivó en la elección de Hipólito Yrigoyen en 1916.
En ese marco, los estudiantes cordobeses comenzaron a exigir la introducción de reformas en vistas de
modernizar la casa de estudios que, fundada en 1613, aún funcionaba con la dinámica heredada de los tiempos
coloniales. En pleno siglo XX las ideas darwinistas eran consideradas heréticas y se impartían materias como
la de “Deberes para con los siervos” [2].

La historia

La primera acción del estudiantado cordobés tuvo lugar el 10 de marzo de 1918, con la manifestación en las
calles y la conformación del Comité Pro Reforma que, en principio, solo reclamaba tímidos cambios. Ante la
respuesta negativa de las autoridades, el 14 de marzo el Comité declaró la huelga general de los estudiantes
por tiempo indeterminado. La adhesión a la misma fue total, imposibilitando el inicio de clases el 1 de abril.
Entonces, el gobierno nacional decretó el 11 de abril la intervención de la universidad a cargo de José N.
Matienzo; mientras que, simultáneamente, se conformaba en Buenos Aires la Federación Universitaria
Argentina. El 22 de abril, Matienzo anunció un proyecto de reformas del estatuto de la universidad abriendo
17
la participación en el gobierno universitario al claustro de profesores. Así, se reanudaban las clases, la situación
se normalizaba temporalmente y se cerraba la primera etapa del conflicto.
El segundo período del proceso giraría en torno a las expectativas puestas en la elección del nuevo rector que
tendría lugar el 15 de junio. Los estudiantes conformaron la Federación Universitaria de Córdoba, y militaron
las elecciones para el rectorado a favor del candidato liberal Enrique Martínez Paz. Además de éste, se
postulaban, por un lado, Alejandro Centeno, y por el otro, Antonio Nores, representante de la cúpula clerical
y miembro de la Corda Frates [3].
Nores resultó electo nuevo rector. La respuesta de los estudiantes no se haría esperar y se abriría la tercera
etapa del conflicto: los reformistas irrumpieron en el salón de grado, rompiendo los vidrios y muebles,
descolgando los cuadros de las históricas autoridades de la universidad, y expulsando del lugar a la policía y
los matones contratados por las autoridades clericales.
Nuevamente declararon la huelga general que rápidamente se extendió a nivel nacional con la adhesión de los
estudiantes de las restantes universidades del país. Inmediatamente marcharon por las calles y obtuvieron la
adhesión de la Federación Obrera de Córdoba a la lucha estudiantil, forjando una embrionaria unidad entre
obreros y estudiantes.
El 21 de junio, Deodoro Roca redactó anónimamente el “Manifiesto liminar de la Reforma Universitaria”. El
documento expresaba un intransigente anticlericalismo y antiimperialismo expresado en su título “La juventud
de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica” y su ferviente romanticismo por la independencia
latinoamericana.
En agosto, el gobierno nacional decretó nuevamente la intervención de la Universidad, esta vez a cargo del
ministro de Instrucción Pública, José Salinas. Los estudiantes radicalizaron sus medidas y el 9 de septiembre
ocuparon la Universidad asumiendo sus funciones de gobierno: nombraron a los dirigentes estudiantiles
Horacio Valdés, Enrique Barrios e Ismael Bordabehere como decanos de las facultades de Derecho, Medicina
e Ingeniería, organizaron actividades curriculares, nombraron profesores, consejeros y empleados e incluso
llegaron a constituir mesas de exámenes. La universidad se encontraba completamente en manos del
estudiantado, situación que sólo sería revertida tras el desalojo y la detención de algunos estudiantes por parte
de la policía.
Pero para entonces, Salinas se vio obligado a atender los reclamos estudiantiles y decretar la reforma del
estatuto universitario incorporando la docencia libre y el cogobierno paritario (la participación de los
estudiantes en el gobierno de la universidad en igual número respecto a los profesores titulares y suplentes).
Paulatinamente, los cambios se instauraron en el resto de las universidades del país y, para 1921, la reforma
universitaria regía a nivel nacional.
Posteriormente, la lucha estudiantil alcanzaría dimensiones continentales: el estudiantado se levantaba en
Chile, Perú y Cuba durante los primeros años de la década de 1920; y durante la década de 1930, en México,
Paraguay y Brasil.

El legado del movimiento reformista

Uno de los principales puntos que suele dejarse de lado al hablar de la Reforma Universitaria –con la intención
de eliminar su carácter revolucionario–, es el de la ligazón entre la universidad y la sociedad.
En este sentido, parte del movimiento reformista cuestionó el papel de la universidad en tanto meras “fábricas
de títulos” que se encontraban desvinculadas de las problemáticas sociales que aquejaban a la época. Si bien
este cuestionamiento no daría lugar a profundas experiencias en Argentina, sí sería el caso de los movimientos
estudiantiles en otros países como Perú y Cuba principalmente, a través de la constitución de universidades
populares con el objetivo de ligarlas a la clase obrera y el pueblo pobre, que se encontraban excluidos de la
enseñanza superior (en Argentina recién con el Cordobazo se manifestaría en los hechos esta unidad). En
ambos países cumplirían un rol clave importantes figuras del marxismo latinoamericano como el peruano José
Carlos Mariátegui y el cubano Julio Antonio Mella.
En nuestro país, el principal dirigente del movimiento reformista y redactor del Manifiesto liminar, Deodoro
Roca, profundizaría el desarrollo de sus ideas alrededor de esta cuestión. En discusión con las diversas
tendencias que defendían la postura de que la reforma solo se expresaría en cuestiones meramente académicas,
no dejó de tener en cuenta el eje central de la relación entre la universidad y la sociedad.

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Son ellos a quienes se refiere como lo “puramente universitario”: “Tales trogloditas, dirá, creen saldadas sus
deudas con los demás ‘por el mero hecho de atestiguar ante el asombro privado que son cisternas de saber’,
sin advertir que es necesario que ‘con la palabra del intelectual se transparente una acción” [4].
Para 1920, Deodoro concebía a la universidad y a todas sus problemáticas como un reflejo de los problemas
que atravesaban a la sociedad argentina coetánea. La universidad se le presentaba como “resultante de un
problema profundo, concreto, y formidable: el problema social. De la injusticia social”, llegando a utilizar
categorías del marxismo como su noción de que la universidad era productora de un “ejército de asalariados
intelectuales”.

Repensar la Reforma Universitaria en la actualidad

Actualmente, los cuestionamientos de la profunda brecha que separa a la universidad de la clase trabajadora y
el pueblo no pierden vigencia, sino que continúan siendo una de las principales desigualdades que atraviesa a
las sociedades capitalistas contemporáneas; pues la universidad responde a un modelo capitalista que, con su
inherente carácter elitista, constantemente segrega a amplios sectores de la población del acceso a la misma.
La Ley de Educación Superior (LES) sancionada en 1995 durante el menemismo, y mantenida por los
posteriores gobiernos de la Alianza y los sucesivos gobiernos kirchneristas, constituyó un importante avance
del neoliberalismo sobre las universidades nacionales: se introdujeron, principalmente, una enorme cantidad
de posgrados pagos que van en detrimento del título de grado. El sistemático recorte de ofertas horarias
dificulta a miles de estudiantes que, debido a su situación económica, se ven obligados a trabajar y, por ende,
imposibilitados a cursar una carrera universitaria; además de que los sistemas de becas no logran –ni se
proponen– solventar los problemas económicos de miles de jóvenes para asegurarles el acceso a las carreras
de grado.
El gobierno macrista esbozó un nuevo intento de avance sobre la educación universitaria pública con paritarias
docentes a la baja, tarifazos en los transportes públicos y recortes de presupuestos en materia de educación que
el año pasado obtuvo respuesta a nivel nacional, 40.000 personas se movilizaron en las calles de Buenos Aires
y decenas de miles más en el resto del país.
La defensa de la universidad pública hoy reside en que estudiantes y docentes, junto con el resto de los sectores
de trabajadores que enfrentan las políticas de ajuste, la tomen en sus propias manos.
Es menester poner en pie un movimiento estudiantil que cuestione, no solo el modelo de la universidad actual,
sino también la sociedad de clases que la engendra.

[1] Bonavena, Pablo Augusto; Califa, Juan Sebastián; Millán, Mariano (comp.), El movimiento estudiantil
argentino: historias con presente. Buenos Aires, Cooperativas, 2007.
[2] Portantiero, Juan Carlos, Estudiantes y política en América Latina, México, Siglo XXI, 1978.
[3] Asociación católica de carácter ultraconservador y aristocrático.
[4] Galfione, María Verónica, “Deodoro Roca y la Reforma Universitaria”.
[5] Roca, Deodoro, “Encuesta de Flecha”, en: Del Mazo, Gabriel, La reforma universitaria, La Plata, 1941.

Nota: el resaltado del artículo es nuestro.

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