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Bases del liderazgo cristiano

La sociedad moderna necesita urgentemente un grupo de cristianos evangélicos


que puedan impactarla por su vida y su palabra, llevándola al Señor Jesucristo, y
un grupo así requiere liderazgo. Cualquier estudio de la historia del Pueblo de Dios
en la Biblia y de la Iglesia muestra que los movimientos y los grupos son guiados
por hombres de Dios. Moisés, David, Lutero, Wesley y Hudson Taylor, por nombrar
a algunos, eran hombres llamados por Dios para cumplir una tarea específica.
Tenemos tendencia a dos errores en nuestra democracia actual.
El primero de ellos consiste en una rebelión contra la autoridad, y se ve en todos los
niveles de la sociedad. Junto con el ideal democrático de igualdad de derechos para
todos los ciudadanos se ha desarrollado también una falta de disposición para
reconocer y someterse a la autoridad.
En segundo lugar, mucho de lo que se escribe hoy en día sobre la selección y el
desarrollo de los líderes se opone al concepto bíblico de liderazgo porque se basa
en el individualismo, el egoísmo y el deseo de poder. Los grupos cristianos hoy en
día son influidos por ambas corrientes: tienden a reaccionar contra la autoridad de
los líderes y además frecuentemente eligen un mal tipo de líder.
Este artículo, pues, examinará los principios y la práctica del liderazgo enseñados
por Dios en las Escrituras y su posible aplicación a nuestro contexto.
PRINCIPIOS EN EL NUEVO TESTAMENTO Después de la ascensión de nuestro
Señor y a través de la predicación del Evangelio surgieron grupos de cristianos por
toda Palestina y en otros países del imperio romano. Estos grupos iban creciendo
progresivamente y se encontraban con ciertas dificultades que los líderes tenían
que enfrentar. El apóstol Pablo, en sus cartas posteriores, reconoció la necesidad
del liderazgo en un grupo cristiano y enumeró las cualificaciones y requisitos
necesarios para tales hombres.
Estas son las características que Dios pide para el liderazgo espiritual: Pero es
necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio,
prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no
pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no
avaro; ... no un ne6fito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenaci6n del
diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que
no caiga en descrédito y en lazo del diablo. (1ª Timoteo 3:2-3, 6-7) Porque es
necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio,
no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias
deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de
sí mismo, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también
pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. (Tito 1:7-
9)
Estas declaraciones deben tenerse en cuenta antes de que se considere a los
líderes. Por supuesto los requisitos hay que adaptados a cada grupo (por ejemplo,
el equivalente de «marido de una sola mujer» puede ser si nos referimos a un grupo
de jóvenes «no coquetea» o «no tiene fama de cambiar de pareja cada dos por
tres»).
Hay que darse cuenta de que estas listas tienen que ver con diversas áreas de la
vida. El testimonio personal del líder debe ser irreprochable, tanto ante los cristianos
como ante los no cristianos, una vida caracterizada por el dominio propio, justicia y
motivaciones correctas. No debe ser alguien recién convertido, advertencia que a
menudo se pasa por alto elevando a puestos importantes a la estrella de fútbol, el
presidente de un club social o el estudiante sobresaliente inmediatamente después
de su profesión de fe. Por otra parte, el líder debe entender bien la doctrina cristiana
y poder enseñar con paciencia a los creyentes más jóvenes.
Fijémonos en lo poco que se encuentran aquí las llamadas «cualidades naturales»
del liderazgo, aunque no obstante son muy importantes y las trataré más adelante.
No se deben menospreciar los dones naturales, pero es frecuente que un grupo
cristiano elija a sus líderes según su personalidad, habilidades deportivas,
popularidad y capacidad para dar conferencias u organizar eventos. En cualquier
caso, el elemento común del liderazgo espiritual eficaz ha de ser, poseer cualidades
espirituales dadas por el Espíritu Santo. Qué maravillosamente estimulante es darse
cuenta de que las cualidades que Dios requiere son las que está dispuesto a dar
por medio del Espíritu Santo. No se nos dan todas a la vez; se desarrollan día a día
y semana tras semana. El mero hecho de ser un líder provee el ambiente apropiado
para el desarrollo de este fruto. El líder debe saber que también su cargo puede
originar el ambiente propicio para el crecimiento de las malas hierbas que podrían
destruir el fruto.
Oswald Chambers ha observado que el valor de mi actividad pública para Dios se
mide en virtud de mi comunión personal con Él. La base de cualquier tipo de
liderazgo espiritual es la relación del cristiano con su Señor. La presión del trabajo
o de los estudios, las necesidades del grupo al que se lidera y los «negocios» en
general acecharán constantemente para exprimir el tiempo devocional y paralizar la
vida espiritual. El líder cristiano debe luchar diariamente para encontrarse con su
Señor por medio de la lectura de las Escrituras y de la oración.
LOS PRINCIPIOS DEL LlDERAZGO La siguiente declaración da de lleno en lo que
es el servicio eficaz al Señor: A todos los líderes del pasado les ha sido dado un
sentido de vocación, un sentimiento de incapacidad y el conocimiento del poder de
Dios que está a su disposición cuando se han cumplido las condiciones necesarias
para su servicio (Autor desconocido).
a. Un sentido de vocación.- ¿Tengo la plena confianza de que Dios me ha elegido
para esta tarea en ese momento? Al Dios Soberano, que controla todas las
circunstancias y que ha comenzado el testimonio de Cristo Jesús y lo va a continuar
en los años próximos, le ha complacido ponerme a mí aquí hoy. A los primeros
discípulos se les dio este sentido de vocación cuando su Señor les dijo, No me
elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que
vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca... (Juan 15:16). La falsa humildad
que huye de la responsabilidad dada por Dios debe ser rechazada tanto como el
orgullo que le precipita a uno a la obra tan solo con sus propias fuerzas.
b. Un sentimiento de incapacidad personal. Los grandes líderes que aparecen en la
Biblia tenían esta cualidad. Veamos el llamamiento de Moisés (Éxodo 3), de Isaías
(Isaías 6), y el nombramiento de Jeremías (Jeremías 1). Cada uno de estos
hombres, y otros de igual importancia en la historia de la Iglesia, se dio cuenta de
su propia incapacidad frente a la enorme tarea a la que se enfrentaba. Cualquiera
que participe en la obra confiando en sus propias habilidades y fuerzas está en el
camino del fracaso. La obra es demasiado grande para nosotros; la tarea que Él
nos ha encomendado es de una envergadura increíble. Nuestro sentimiento de
incapacidad en esta situación no tiene que desanimamos ni asustamos. Al contrario,
sirve para obligamos a depender completamente de un Dios soberano, hacedor de
milagros, cuyos recursos y herramientas, armas y municiones, son más que
suficientes para la batalla.
c. Fe en el poder de Dios. Muchos se han paralizados por el sentimiento de
incapacidad y haberse dedicado a pedir ayuda pero sin intentar avanzar confiando
en el poder de Dios. Así como Pedro dejó la barca para andar sobre las aguas de
un mar agitado, el líder debe estar dispuesto a avanzar con fe, descansando en la
palabra de su Señor. Esta es la clase de fe de la que Santiago habla en el capítulo
2 de su epístola. Una fe que se expresa en acción. Pero para experimentar el poder
de Dios tenemos que cumplir sus condiciones. El líder cristiano debe haber
aprendido (y seguir aprendiendo constantemente) que Cristo exige nada menos que
una obediencia incondicional a Él como Señor de toda la situación. La santidad (es
decir, la obediencia a la voluntad de Dios paso a paso cuando se revela) es el
requisito para discernir el propósito de Dios para el grupo y seguir adelante con fe
para alcanzado. Cuando el Espíritu Santo le muestra situaciones de pecado que
hay en su vida, el líder será llevado a confesados y abandonados, continuando
adelante en obediencia a su Señor.
d. Discernimiento. La sabiduría ha sido definida como el conocimiento puesto en
acción. El discernimiento es más que conocimiento. Es la habilidad de sopesar las
ventajas y desventajas en un momento importante y tomar una decisión sabia. Una
buena decisión tiene en cuenta tanto la información que se tiene como a las
personas afectadas. Hay que considerar las ideas y a las personas. Un buen líder
debe evaluar ambas cosas. Debe ser capaz de escuchar y aprender de los demás,
pero al final ha de tomar su propia decisión y llevada a cabo. Es importante que sea
capaz de discernir cuál es el asunto principal y que no se deje engañar por pistas
falsas. Día a día, cuando el líder se dispone a oír la Palabra de Dios y le busca en
oración, experimentará un sentimiento nuevo de comisión, una dependencia que le
lleva a orar a Dios, y fe en el poder del Señor para llevar a cabo Su propio trabajo.
Y descubrirá de manera creciente que Dios bendice su liderazgo. Puede ser que
parezca obvio decir que el requisito principal de un líder es que sea reconocido
como tal; un líder es alguien que tiene seguidores. Un verdadero líder no tiene que
presionar para que le obedezcan. Más bien, mientras anda en el camino de Dios
encontrará que su liderazgo es reconocido por sus compañeros cristianos y que su
grupo es fortalecido.