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BOLILLA 13

1. FACTORES DE ATRIBUCION DE RESPONSABILIDAD.

Requisitos de la obligación de resarcir (presupuestos que determinan la responsabilidad civil.bol.12)


Como ya sabemos, para que surja la obligación de resarcir se tienen que dar los siguientes requisitos:
 Antijuricidad: Acción u omisión contraria al ordenamiento jurídico, infracción a la ley (material u objetivo) o ilicitud
en sentido amplio.
 Factores de atribución o imputación: es la razón o el fundamento para adjudicar el deber de afrontar el daño. Es el
motivo jurídicamente relevante que justifica el deber de resarcir.
 El daño: consiste en la lesión a un derecho o en un interés ilícito que tienen por objeto a las personas, patrimonio o
un derecho de incidencia colectiva.
 Relación de causalidad: vincula jurídicamente el hecho con el resultado. Es una causa que enlace el hecho generado
por el sujeto responsable y el daño sufrido por la víctima.
Los factores de atribución. Conceptos generales:
El factor de atribución o imputación es aquel elemento valorativo o axiológico que determina quién pagara el daño y por
qué razón o título lo hará. Esta cuestión de imputar o atribuir un daño a una persona es netamente jurídica. Se responsabiliza
al autor porque no hizo aquello que era necesario, ya que si lo hubiera hecho el daño no hubiera ocurrido.
Los factores de atribución se distinguen en:

 Subjetivos: Pueden ser dolo o culpa. Para adjudicar responsabilidad, se hace necesario la demostración de un
elemento psicológico que se traduce en la omisión de cierta actitud (pj. diligencia), que el Derecho impone a una
conducta social.
 Objetivos, son aquellos establecidos por la ley, en los cuales basta la demostración del nexo causal entre la conducta
prohibida y el daño, para responsabilizar al autor. Caben dentro de este factor el riesgo creado por una cosa o
actividad, garantía, equidad, abuso del derecho, etc.
Regla del art. 1721: interpretación.
ART. 1721. FACTORES DE ATRIBUCION. La atribución de un daño al responsable puede basarse en factores objetivos
o subjetivos. En ausencia de normativa, el factor de atribución es la culpa.
En el código anterior el fundamento de la responsabilidad civil era subjetivo, fundado en la culpa: “sin culpa no hay
responsabilidad”. Fue la reforma de la ley 17.711 que introdujo definitivamente la responsabilidad por riesgo creado en la
concepción admitida actualmente.
El nuevo código no establece jerarquías de los factores de atribución, los que tienen la misma importancia cualitativa. La
diferencia es cuantitativa ya que en la práctica, se presentan mayor cantidad de casos de responsabilidad objetiva en razón de
que comprende un número superior de supuestos facticos.
El código prevé que los factores pueden ser subjetivos u objetivos. Una de las polémicas más vivas de la doctrina argentina
fue si estaban en plano de igualdad ambos factores o si los subjetivos tenían una primacía.
El código opta por considerar que la culpa (subjetivos) es la norma de clausura del sistema. Esto quiere decir que: a). los
factores objetivos son excepcionales y deben estar creados por la ley. b). si no es aplicable un factor objetivo, solo habrá
responsabilidad si se aprueba la culpa.
La culpa reviste el carácter de norma de clausura, lo que implica que ante la inexistencia o duda de otro factor legal de
atribución, debe buscarse, antes de imponer la obligación de resarcir, si hubo culpa en el sujeto. Esta previsión legal no
desprotege a la víctima ni presenta riesgos de que no se apliquen los factores objetivos.

Factor objetivo. Concepto. Interpretación del art. 1722.


ART. 1722. FACTOR OBJETIVO. El factor de atribución es objetivo cuando la culpa del agente es irrelevante a los
efectos de atribuir responsabilidad. En tales casos el responsable se libera demostrado la causa ajena, excepto disposición
legal en contrario.
La responsabilidad es objetiva cuando la culpa no es necesaria para atribuir responsabilidad, en realidad la culpa del agente
es indiferente y se prescinde de ella, por lo que la obligación de reparar se efectúa con abstracción de la imputación subjetiva.
Se señala como rasgo característico de la responsabilidad objetiva la forma que operan las eximentes: el sujeto se exonera
de reparar el daño si acredita la causa ajena es decir la ruptura, total o parcial, entre el resultado dañoso y el hecho ilícito.
Por eso se afirma que operan en el ámbito de la causalidad. Y esa causa ajena puede ser: el hecho del damnificado; el hecho
de un tercero por el que no debe responder y el caso fortuito o fuerza mayor.
Por último la norma dispone que el responsable se exonera de responsabilidad salvo disposición legal en contrario. En efecto,
tanto en el Código como en la legislación especial se registran numerosos supuestos de responsabilidades agravadas en las
que las eximentes son más rigurosas. Por ejemplo, para el constructor de una obra de larga duración no constituye causa ajena
el vicio del suelo ni de los materiales.
El nuevo texto implica un avance significativo ya que define las circunstancias que configura la responsabilidad objetiva y
precisa cómo opera la eximición de la responsabilidad, total o parcial, en el terreno de la causalidad.
Cuando la culpa es irrelevante. Si alguna duda pudiera caber en que la culpa es irrelevante cuando el factor es objetivo, el
nuevo código termina de despejarla. Sobre todo porque la distinción entre responsabilidad contractual y extracontractual ha
desaparecido.
Examen de algunos textos del CCyCN:
En el nuevo código se prevén, entre otros, los siguientes supuestos de responsabilidad objetiva:

 Los daños causados por los actos involuntarios: art. 260, 261, 1750.
 Por el riesgo y vicio de las cosas, incorporándose expresamente las actividades riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por
los medios empleados o por las circunstancias de su realización: art. 1757, 1758, 1733 inc. E.
 En las obligación de no hacer (art. 778)
 En las obligación de dar art. 746
 El daño causado por animales: art. 1759
 La responsabilidad del dueño y del ocupante de un edificio por las cosas arrogadas o caídas. Art. 1760.
 Los daños derivados de los accidentes de tránsito. Art. 1769
 La responsabilidad de los titulares de los establecimientos educativos.
 La responsabilidad de los padres por un hecho de sus hijos, etc.
Responsabilidad objetiva en la obligación de resultado. Fundamentos. Ámbito de aplicación.

ART. 1723. RESPONSABILIADAD OBJETIVA: cuando de las circunstancia de la obligación, o de lo convenido por las
partes, surge que el deudor debe obtener un resultado determinado, su responsabilidad es objetiva.
La teoria de las obligaciones de medios y de resultado ha sido utilizada por la doctrina argentina, con numerosas posiciones
distintas, que, en el plano de su aplicación, dio lugar a soluciones dispares. Por esta razón no se las incluyó expresamente ni
se las reguló, sino que se estableció reglas normativas antes que clasificaciones. Así el art 1723 afirma que cuando se promete
un resultado determinado, ya sea porque expresamente se lo pacto o porque surge de las circunstancias de la obligación, la
responsabilidad es objetiva.
Según Lorenzetti, la responsabilidad contractual tiene como presupuesto fundamental al incumplimiento de una
obligación. Probada la existencia de un incumplimiento, y de daños que están en relación de causalidad adecuada con él,
habrá responsabilidad del deudor, salvo que éste demuestre, que la obligación se ha extinguido por algún motivo, y en
particular por imposibilidad de cumplimiento (art 955 y 1732 CCYC).
El incumplimiento se define por contraposición a lo que el obligado debía hacer para cumplir, para determinar su existencia
es preciso establecer en cada caso qué era lo debido por el deudor. Esto conduce necesariamente a la conocida clasificación
de las obligaciones “de medios” y “de resultado”, aceptada por la mayoría de la doctrina.
 En las obligaciones de medios el sujeto se compromete simplemente a desarrollar un plan prestacional diligente tendiente
a satisfacer un interés del acreedor, pero sin asegurar este último resultado (ej. El médico no se compromete a curar al
paciente, sino a desarrollar una conducta acorde a los dictados de la ciencia, encaminada a lograr su curación.
 En las obligaciones de fines, el deudor afianza o garantiza un resultado y únicamente puede considerarse que ha cumplido
cuando aquel se alcanza efectivamente (el locador de obra se compromete a lograr un resultado, “obra construida”, en el
tiempo fijado al efecto).
Es decir que el incumplimiento de la obligación se producirá de manera diferente según que nos encontremos ante una u otra
clase de deberes.
En las obligaciones de medios, el incumplimiento equivale a la culpa del deudor porque estando este precisado de prestar
una conducta diligente, la inejecución de la obligación consistirá en actuar negligentemente, es decir de manera culpable. En
los deberes de fines, en cambio resultara indiferente la existencia de culpa por parte del obligado, si su deber era alcanzar el
resultado comprometido, la sola falta de consecución de dicho resultado configura su incumplimiento.

Por eso, a diferencia a lo que sucede en el terreno extracontractual, en la responsabilidad contractual el factor de
atribución no se extrae del análisis del hecho que produjo el daño, sino de la extensión de lo debido por el obligado. En
las obligaciones de medios el factor de atribución será subjetivo mientras que en las obligaciones de resultado será objetivo
Fundamentos
En los fundamentos del código se alude al distingo entre las obligaciones de medios y de resultado, como parte de la
construcción dogmática pero se sostiene que se ha prescindido de hacer referencia a él en la definición de la imputación
objetiva, en razón de las controversias que ha suscitado en la doctrina argentina.
No obstante queda claro que cuando lo debido es un resultado se aplica el artículo 1723, razón por la cual el
incumplimiento y la consiguiente responsabilidad del deudor se configura por su sola falta de obtención. Cuando, en cambio,
el plan prestacional consiste en una conducta diligente juega el artículo 1724 y la configuración del incumplimiento y de la
responsabilidad del obligado requiere de la presencia de culpa del solvens.
Es importante establecer qué criterios deben seguirse para saber si se está ante uno u otro caso. En principio, si se
trata de obligaciones surgidas de un contrato habrá de estarse a “lo convenido por las partes”, como lo señala el artículo en
comentario. Si la extensión de lo debido no resulta claramente dé lo pactado, entonces rige el otro criterio sentado por el
artículo 1723: deberá estarse a lo que surja "de las circunstancias de la obligación". Como pauta general, puede decirse que
las obligaciones de dar y de no hacer tendrán, en principio, el carácter de deberes de resultado, mientras que en materia de
obligaciones de hacer habrá que desentrañar si se empeñaron medios o fines.
Otro criterio adicional muy empleado por la doctrina y la jurisprudencia para establecer si se está o no ante la promesa
de un resultado, en el caso concreto, consiste en tener en cuenta el grado de aleatoriedad de ese resultado en relación con el
obrar del deudor. Si aquél puede alcanzarse normalmente mediante la conducta del obligado, se estará ante una obligación
de resultado, mientras que ella será de medios en el caso contrario.
Finalmente, es necesario dejar en claro que esta cuestión del factor de atribución no tiene nada que ver con la carga
de la prueba, que está regida por otras normas.

Debate en la doctrina:
Si bien tanto la doctrina como la jurisprudencia ampliamente mayoritarias aceptan desde hace mucho tiempo que
cuando el deudor debe obtener un resultado su responsabilidad es objetiva, esa conclusión no estaba claramente consagrada
en el código derogado.
Por el contrario, varias de sus normas parecían dar entender que el deudor únicamente respondía por culpa, aunque
también se apreciaba en su articulado una confusión entre el caso fortuito y la falta de culpa. El CCYCN en cambio, recoge
los criterios actuales y aclara que el factor de atribución en la responsabilidad contractual está determinado por la extensión
del compromiso que haya asumido el deudor, pues la responsabilidad es subjetiva en las obligaciones de medios y es objetivas
en los de resultado.

2. LOS FACTORES SUBJETIVOS DE ATRIBUCION. Los factores subjetivos: concepto y enumeración.

ART. 1724: FACTORES SUBJETIVOS. Son factores subjetivos de atribución la culpa y el dolo. La culpa consiste en la
omisión de la diligencia debida según la naturaleza de la obligación y las circunstancias de las personas, el tiempo y el
lugar. Comprende la imprudencia, la negligencia y la impericia en el arte o profesión. El dolo se configura por la
producción de un daño de manera intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos.

Según el código, un factor de atribución es objetivo cuando la prueba de la diligencia no alcanza para eximirse de responder.
Haciendo un paralelismo, para el código el factor es subjetivo, cuando el agente no responde si no se prueba su culpa.
En la responsabilidad subjetiva media autoría material e imputabilidad moral, es decir voluntariedad (discernimiento,
intención y libertad) en el agente que ejecuta el hecho por acción u omisión y que es merecedor de un juicio de reproche.
Los dos factores de atribución de responsabilidad subjetivos previstos expresamente son la culpa y el dolo, aunque también
se regulan supuestos especiales de culpa agravada.
En la culpa no media intención de dañar; en cambio en el dolo el daño se produce de manera intencional o con
manifiesta indiferencia por los derechos ajenos. Las tres modalidades de la culpa son: la imprudencia, la negligencia y la
impericia en el arte o profesión. Además en ausencia de otro factor de atribución, la culpa actúa como norma de cierre del
sistema (art. 1721).

Culpa. Definición:
La magistral definición de Vélez sigue intacta en el nuevo código. La culpa es la omisión de un estándar de conducta
exigible. Es la inobservancia o infracción de los deberes de precaución o cuidado que impone el tráfico jurídico en una
situación determinada.
La innovación del código es que ahora reconoce los tres tipos de culpa, que la doctrina y la jurisprudencia habían distinguido,
por lo tanto la culpa puede consistir en:
a) Negligencia: cuando el agente omite los cuidados debidos, o no prevé lo que es previsible objetivamente para una persona
en su misma situación. Por ej. El conductor que sale a la calle con el auto en malas condiciones.
b) Imprudencia: esta también relacionada con la omisión de cuidados debidos, pero esa omisión es consecuencia de una
conducta precipitada, irreflexiva, o de asunción de riesgos innecesarios. Por ej la persona que conduce a una alta velocidad
para llegar a su casa después de trabajar.
c) Impericia: importa desconocer las reglas propias del arte, ciencia o profesión; se actúa con incapacidad técnica, apartándose
de estándar del comportamiento medio del buen profesional. Por ej. El conductor profesional que infringe las normas de
tránsito esenciales.
Las cuatro directivas básicas previstas para ponderar la culpa son las siguientes:
1. Las circunstancias de la obligación o en las que se produjo el hecho: asi por ej. la prudencia requerida al conductor es
mayor al pasar frente a una escuela de la que salen niños que cuando transita en una zona despoblada,
2. Las circunstancias de las personas: no es igual la diligencia esperada de un chofer experimentado que de uno principiante;
3. Las circunstancias del tiempo: el conductor debe extremar las precauciones si está lloviendo;
4. Las circunstancias del lugar: requiere mayor grado de cautela conducir en un camino montañoso que hacerlo en una ruta
desértica.
Por ultimo cabe destacar la valoración de la culpa, para la cual existen dos sistemas:

 En abstracto: significa que la diligencia desplegada por el sujeto demandado se juzga en comparación con lo que, en las
mismas circunstancias, haría una persona que se compota correctamente.
 En concreto: aquí la actuación del sujeto se juzga, sin recurrir a un modelo de conducta, sino apreciando lo que sucedió
en esa particular situación.
Si bien el juez, en principio valora la culpa en concreto, teniendo en cuenta la naturaleza de la obligación y las circunstancias
de tiempo y lugar, en base a esos elementos elaborará un tipo abstracto de comparación, que represente la conducta que debió
obrar el agente en la situación dada.
Dolo. Definición:
El dolo es la máxima expresión de un factor subjetivo, que se caracteriza porque el agente obra con la intención de
producir un daño que prevé, en base al conocimiento que tiene de las circunstancias que rodean la realización del hecho.
En el código de Vélez la definición que se daba de delito equivalía a la de dolo “el acto ilícito ejecutado a sabiendas
y con intención de dañar a la persona o los derechos de otros”. Por lo tanto se exigía dos elementos para su configuración,
uno era cognoscitivo (acto ejecutado a sabiendas) y el otro volitivo (con intención).
En el régimen actual el dolo se configura cuando el daño es producido "de manera intencional". El sujeto se
representa el resultado necesario y de todas formas decide actuar. En base a ello se sostiene que el dolo puede configurarse
aun cuando el sujeto no haya tenido intención de dañar, basta que el resultado se haya previsto y buscado en base al
conocimiento de todas las circunstancias que rodearon al acto, sin requerirse el ánimo de perjudicar asi por ej cuando el
deudor teniendo el dinero suficiente decide pagar un viaje.
Por ello se afirma que el fundamento del agravamiento de la responsabilidad del deudor en caso de dolo, no radica
sólo en la magnitud de los daños causados, ni resulta suficiente considerar que se debe castigar más severamente a quien
tiene intención de dañar; sino que se agrava su responsabilidad subjetiva cuando actúa en el ámbito de la previsibilidad de
las consecuencias, es decir cuando ha previsto el resultado e igual actuó.
Ámbito de aplicación: La prueba del dolo incumbe a quien lo alega y son admisibles todos los medios de prueba. El dolo
agrava la responsabilidad del deudor; por ejemplo en los contratos se responde por las consecuencias que no sólo la parte
previeron al contratar sino también por los existentes al momento del incumplimiento; en caso de deudores solidarios las
consecuencias propias del incumplimiento doloso de uno de los deudores solidarios no son soportados por los otros; si media
dolo, no opera el consentimiento del damnificado como eximentes ni la atenuación de la responsabilidad por equidad.

Obligaciones de medios
Como ya dijimos anteriormente el deudor se compromete simplemente a desarrollar un plan prestacional diligente, tendiente,
a satisfacer un interés del acreedor pero sin asegurar este último resultado (ej. El médico no se compromete a curar al paciente,
sino a desarrollar una conducta acorde a los dictados de la ciencia, encaminada a lograr su curación). Aquí el factor de
atribución es subjetivo, ya que el incumplimiento equivale a la culpa del deudor, porque estando este precisado de prestar
una conducta diligente, la inejecución de la obligación consistirá en actuar negligentemente, es decir de manera culpable.

La valoración de la conducta. El art. 1725 del CCyCN. A) regla general. B) confianza especial. C) pauta de valoración.
ART. 1725: VALORACION DE LA CONDUCTA. Cuanto mayor sea el deber de obrar prudencia y pleno conocimiento
de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las consecuencias.
Cuando existe una confianza especial, se debe tener en cuenta la naturaleza del acto y las condiciones particulares de las
partes.
Para valorar la conducta no se toma en cuenta la condición especial, o la facultad intelectual de una persona determinada,
a no ser en los contratos que suponen una confianza especial entre las partes. En estos casos, se estima el grado de
responsabilidad, por la condición especial del agente.
El artículo alude a un estándar de conducta general fundado en los principios de normalidad, buena fe, razonabilidad,
apariencia y confianza. Se sientan varios parámetros para valorar la conducta de la persona física o jurídica que causó daños
injustificados, sean de origen contractual o extracontractual. La norma resalta la previsión, particularmente en el ámbito de
la relación de causalidad, la confianza negocial y las condiciones especiales del agente si se tuvieron en cuenta al momento
de celebrar el negocio jurídico. Por ello, en el ámbito obligacional, a la exigencia de actuar como un "contratante cuidadoso
y previsor y de buena fe" se le añade el "plus" derivado de la confianza.

Las reglas vertebrales que sienta el artículo 1725 son las siguientes:

1. Debe obrarse con prudencia y pleno conocimiento de las cosas evitando causar un daño injustificado. Se trata del
comportamiento regularmente observado, conforme a los conocimientos razonablemente requeridos al tiempo de su
realización por el arte, la ciencia y la técnica correspondientes a la actividad desarrollada.
La regla general es la previsibilidad media. Dicha regla parte de la base de lo que es previsible para un hombre medio con
criterio abstracto. Es decir, lo que acostumbra a suceder de acuerdo al curso natural y ordinario de las cosas, es algo que
puede ser conocido por todos. Sin embargo se sienta una regla excepcional cuando la persona tiene mayores conocimientos:
2. Cuando mayor es el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, también es mayor la diligencia
exigible a la gente y la rigurosidad en la valoración de la previsibilidad de las consecuencias.
3. Cuando existe una confianza especial se deben tener en cuenta la naturaleza del acto y las condiciones particulares de las
partes.
4. Para valorar la conducta no se toma en cuenta la condición especial o la facultad intelectual de una persona determinada
sino la regla general de diligencia y previsibilidad ordinaria. O sea no está en mejor situación la víctima del torpe o del
ignorante que la del sabio o fuerte. Cuando existe "una confianza especial entre las partes, se estima el grado de
responsabilidad por la condición especial del agente", tenida en miras al contratar.

3. LA RELACION DE CAUSALIDAD. Relación de causalidad. Concepto

ART. 1726. RELACION DE CAUSALIDAD. Son responsables las consecuencias dañosas que tienen nexo adecuado de
causalidad con el hecho productor del daño. Excepto disposición legal en contrario, se indemnizan las consecuencias
inmediatas y mediatas previsibles.
Nuestro régimen exige un nexo de causalidad entre el hecho y el daño. Esa relación causal es un elemento o presupuesto
indispensable de la responsabilidad civil.
Puramente, el empleo del término "relación causal" se presta a equívocos, porque puede llevar a confusiones entre la
causalidad "material" y la "jurídica". Normalmente, el Derecho no asigna el carácter de -causa (de un determinado efecto) a
hechos que según las leyes de la física no poseen ese carácter, sino que se asienta sobre la causalidad material. De allí se
entiende que la llamada causalidad jurídica es en realidad una relación de imputación, que tiene lugar únicamente luego de
establecida la existencia de causalidad material.
La relación de causalidad tiene fundamental importancia en dos aspectos: permite determinar quién es el autor material de
un daño. Y, una vez establecida la autoría de una conducta, determinar la extensión del daño, es decir que consecuencias de
su conducta le son imputables.
Distintas teorías.
Las teorías jurídicas acerca de la denominada "relación de causalidad" son reglas que permiten imputar determinados
resultados a ciertos hechos desde un punto de vista conceptual. Podemos distinguir las siguientes:
a) Teoría de la equivalencia de condiciones:
Propuesta por Maximilian von Buri, para quien, si desde el punto de vista filosófico todas las fuerzas tienen la
eficacia para causar el nacimiento de un fenómeno, lo mismo debería suceder en lo jurídico.
Se la conoce como la “teoría generalizadora”, porque no distingue entre las distintas causas que condicionan la
producción de un resultado. Por ello concluía que todas las condiciones son equivalentes, por lo tanto son causas del
resultado y si faltase una de ellas el hecho no se hubiera producido. Por ej. A atropella a B, y luego a raíz de ello, B muere al
generarse un incendio en el hospital donde fue internado. Entonces según este punto de vista tanto la acción del automovilista
y el incendio son causas de la muerte de B.
La fórmula que se utiliza para determinar la causalidad es la “supresión mental hipotética”, según la cual, la causa
es aquella conducta que suprimida mentalmente, lleva a que el resultado no se hubiera producido jamás. Así, si A no hubiera
atropellado a B, este no hubiera necesitado internarse en el hospital cuyo incendio le causó la muerte. Por lo tanto la acción
de A es causa del resultado.
La principal crítica que se le formula es que no distingue entre causa y aquellas condiciones que favorecen la
operatividad de la causa eficiente; por lo que la responsabilidad puede extenderse al infinito, transformándose en una carga
impagable para el responsable.
b) Teorías individualizadoras:
Son teorías que tienen en común, señalar entre todas las condiciones, la que debe ser considerada como causa del resultado.
Aquí causa y condición no son sinónimos como en la teoría e la equivalencia.
1. Teoría de la causa próxima: asigna el rango de “causa del daño" al hecho temporalmente más próximo al daño. Por lo
tanto la causa sería la más próxima al resultado y las demás son condiciones. Esta teoría tiene el inconveniente de que no
siempre es fácil saber cuál ha sido el último acontecimiento en la cadena causal. Así por ej. Una persona que intercambia el
medicamento de un paciente y la enferma los suministra sin tener conocimiento del intercambio. Según esta teoría la
enfermera es causante de la muerte del paciente.
2. Teoría de la condición preponderante: asigna el rango de causa a aquella condición que rompe el equilibrio entre factores
favorables y desfavorables a la producción del daño, y es la que influye decisivamente en la producción del resultado. Critica.
No explica como determinar la “preponderancia”.
3. Teoría de la causa eficiente: conceptualmente es idéntica a la anterior. Recurre a la noción de eficacia, es causa del daño el
hecho más eficiente para la producción del resultado dañoso. Critica. No explica como determinar cuál es la más eficiente,
cuando concurren varias causas.
4. Teoría de la causa adecuada:
Para esta teoría lo que permite diferenciar una causa de la otra es lo que sucede en la generalidad de los casos. Por lo
tanto será causa del daño la que según el curso natural y ordinario de las cosas, es idónea para la producción del
resultado dañoso. Así por ej. Conducir alcoholizado produce la pérdida de los reflejos que aumentan la probabilidad de un
accidente.
No basta, entonces, con que entre ambos extremos (hecho y resultado) medie una relación causal desde el punto de
vista físico, sino que es preciso además, que el resultado aparezca como una consecuencia previsible del hecho. Esta
previsibilidad se mide en abstracto, teniendo en cuenta no lo que efectivamente previó o pudo prever el agente sino lo que
habría previsto un "hombre medio" puesto hipotéticamente en el momento del hecho.
Para ello el intérprete debe efectuar un juicio de "prognosis póstuma", que consiste en preguntarse si un hombre
medio podría haber previsto que aquel hecho iba a generar ese resultado y si la acción que se juzga era por si sola apta para
provocar normalmente esa consecuencia. Así el disparo de un arma de fuego es la causa adecuada de la muerte o las lesiones
provocadas sobre una persona, porque la experiencia nos enseña que eso es lo que suele suceder en tales casos.
Causalidad adecuada (art1726) Sentado ello, cabe señalar que el Código adopta la teoría de la "causalidad
adecuada", siguiendo en esto el sistema que implícitamente había adoptado Vélez Sarsfield. El artículo 1726 dice
expresamente que son reparables las consecuencias dañosas que tienen nexo adecuado de causalidad con el hecho productor
del daño.

Distintas clases de consecuencias. Concepto:


ART. 1727. TIPOS DE CONSECUENCIAS. Las consecuencias de un hecho que acostumbran a suceder según el curso
natural y ordinario de las cosas, se llaman en este código “consecuencias inmediatas. Las consecuencias que resultan
solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto, se llaman consecuencias “mediatas”. Las
consecuencias inmediatas que no pueden preverse se llaman “consecuencias casuales.
Desde un punto de vista general son las prolongaciones de un acto; se refieren a la repercusión del hecho en la
esfera de la víctima.
Como sabemos todo hecho genera, desde el punto de vista físico, un sin número de consecuencias, pero no todas
ellas son reguladas por el Derecho. Por ej. el disparo del arma de fuego hirió gravemente a la víctima, y la incapacitó
parcialmente para el ejercicio de actividades económicamente apreciables. También generó la necesidad de realizar ciertos
tratamientos médicos, con los gastos consiguientes. Asimismo uno de los hijos del lesionado canceló —ante la necesidad de
cuidar y acompañar a su padre— un viaje de estudios al exterior, que le habría permitido obtener un valioso título de posgrado
y le habría dado la chance de ser contratado por una empresa importante.
Todas estas consecuencias están causalmente conectadas con el hecho de disparar el arma desde un punto de vista
físico, pero no todas ellas son jurídicamente imputables al responsable. Sino que solo serán resarcibles las consecuencias que
estén en relación causal adecuada con el hecho. Desde este punto de vista serán resarcibles los gastos médicos en los que
incurrió el lesionado, pero no la chance que tenía el hijo de ser contratado por la empresa.
El artículo 1726 declara resarcibles las consecuencias inmediatas y las mediatas previsibles, salvo disposición
legal en contrario. En cuanto a las consecuencias casuales no pueden, en principio, ser puestas a cargo del responsable.
El artículo 1727 define las distintas clases de consecuencias, así
a) Consecuencias inmediatas: son las que acostumbran a suceder según el curso natural y ordinario de las cosas. En
realidad, esa circunstancia (que acostumbran a suceder) es común tanto en las consecuencias inmediatas como en las mediatas
previsibles, en razón de que en ambos casos hay relación de causalidad adecuada. La característica propia de las inmediatas
es que, además de ser previsibles resultan "directamente del acto mismo", sin que medie un hecho distinto Son siempre
imputables al autor del comportamiento. Siguiendo el ejemplo: los gastos médicos por disparo del arma y daño moral.
b) Consecuencias mediatas: resultan solamente de la conexión del hecho con un acontecimiento distinto. Existe una
conexión indirecta entre la conducta y el daño. Si este segundo acontecimiento es previsible, la consecuencia que resulta
también lo es, y se imputa igualmente al responsable. En el ejemplo del disparo del arma del fuego: es una consecuencia
mediata el lucro cesante sufrido durante la convalecencia de la víctima, pues resulta de la conjunción del hecho original
(lesión de la víctima) con otro distinto pero igual previsible (que el sujeto se desempañaba en una actividad remunerable).
c) Consecuencias casuales: son las consecuencias mediatas que no pueden preverse. Aquí ya no hay una relación causal
adecuada, porque entre el hecho originario y el daño se interpone otro u otros hechos que son imprevisibles de acuerdo al
acontecimiento normal del hecho. Asi por ej. la pérdida de chance del hijo de ser contratado por una empresa importante. La
regla sostiene que son inimputables al autor, salvo que hubieran sido tenidas en miras, es decir que el sujeto haya tenido la
intención de llegar a esas consecuencias. Por lo tanto se resarcen solo cuando hubo dolo.

Previsibilidad contractual. Regla general. Buena fe.

ART. 1728. PREVISIBILIDAD CONTRACTUAL. En los contratos se responde por las consecuencias que las partes
previeron o pudieron haber previsto al momento de su celebración. Cuando existe dolo del deudor, la responsabilidad se
fija tomando en cuenta estas consecuencias también al momento del incumplimiento.
La regla según la cual entre el hecho y el daño debe haber una relación causal adecuada sufre una excepción cuando
se está ante un contrato negociado. En tales casos, la regla es distinta: el deudor responde por las consecuencias que los
contratantes previeron o pudieron prever al momento de la celebración del contrato.
La razón de ser de esta regla especial se encuentra en el respeto del esquema de riesgos y beneficios que los
contratantes reflejaron en su acuerdo, que se vería desvirtuado si se aplicara el criterio de la causalidad adecuada
A diferencia de la causalidad adecuada, se trata de un criterio subjetivo porque se consideran las finalidades o valores
que se tuvieron en miras al celebrar el contrato; y además se tiene en cuenta (al efecto de determinar si una consecuencia era
previsible o no) el momento de la celebración del contrato (y no el del incumplimiento), aunque esta última distinción queda
sin efecto en caso de incumplimiento doloso. En estos casos basta con el incumplimiento deliberado para responsabilizar al
autor, aunque este no haya tenido la intención de dañar al acreedor. (Remitirse a dolo como factor subjetivo).
4.EXIMENTES Y LIMITES DE RESPONSABILIDAD:
Son circunstancias o hechos que modifican los presupuestos de responsabilidad, menos el daño. En este caso
nos interesa la eximente de la relación de causalidad.
Como sabemos todo hecho que produce un resultado dañoso es una sumatoria de factores, circunstancias,
condiciones que cuando se desencadenan de determinada manera desembocan en un determinado resultado. Ahora,
cuando la cadena de sucesos se ve alterada o desviada por un factor o causa ajena que desconecta, el hecho originario del
resultado final, decimos que estamos ante la interrupción del nexo causal.
Entonces la relación de causalidad puede ser excluida total o parcialmente por esa “causa ajena”, definida
como todo hecho o acontecimiento extraño y no imputable al responsable, que tiene por efecto esencial alterar el nexo
causal, exonerando de responsabilidad o al menos atenuándola. Tales causas pueden ser: el hecho de la víctima, el
caso fortuito o fuerza mayor, y el hecho de un tercero por quien no se deba responder.

El hecho del damnificado. Concepto


ART 1729. EL HECHO DEL DAMNIFICADO. La responsabilidad puede ser excluida o limitada por la incidencia del
hecho del damnificado en la producción del daño, excepto que la ley o el contrato dispongan que debe tratarse de su
culpa, de su dolo, o de cualquier otra circunstancia especial.

Concepto. Puede ocurrir que el propio damnificado haya contribuido causalmente a la producción del daño que sufre: el
peatón que cruza la calle con el semáforo en verde, el paciente que no sigue las prescripciones médicas, o abandona el
tratamiento, etc. En todos estos casos, existe un aporte causal de la víctima que o bien destruye la relación causal entre el
hecho y el daño —con lo que exime a autor de responsabilidad—, o bien concurre con él y actúa como concausa del
perjuicio, lo que justifica la reducción de la indemnización conforme a la incidencia causal del hecho del damnificado.
Requisitos: Para que el hecho de la víctima desplace totalmente al autoría del agente, y se constituya en la causa exclusiva
del perjuicio, es preciso que reúna los caracteres del caso fortuito (deber ser imprevisible e inevitable y exterior). Y esto
es así porque únicamente el caso fortuito rompe totalmente el nexo causal adecuado entre el hecho y el daño.
Si el hecho de la víctima no reúne los caracteres del caso fortuito, se constituye en una concausa adecuada del daño, y justifica
la reducción de la indemnización, en función de la incidencia causal del hecho del damnificado.
Regla general: Basta para excluir la responsabilidad, la conducta material del damnificado pero habrá excepciones cuando
la ley o el contrato exija (para eximir de responsabilidad) culpa o dolo por parte del damnificado u otra circunstancia especial.
 Incidencia del dolo: Como ya dijimos para que el hecho de la víctima se constituya en causa exclusiva del daño y
desplace la autoría del agente, debe reunir los caracteres del caso fortuito. Sin embargo, si la víctima ha buscado
intencionalmente el daño, en esos casos, el dolo absorbe la total eficacia causal y desplaza al hecho del responsable.
 Incidencia de la culpa: en algunos casos se exige una culpa calificada del damnificado, lo cual opera como una
forma de protección para él. Así por ej. la ley de tránsito dispone que el peatón goza de duda y presunciones, siempre
que no incurra en violaciones graves a la reglas de tránsito. Ahora si el sujeto viola gravemente dichas reglas, se
entiende que hubo culpa (calificada) de su parte y por lo tanto su conducta tiene virtualidad exoneratoria.
 Circunstancias especiales: en otros casos ni la culpa o el dolo de la víctima son suficientes para eximir al
responsable, como en la responsabilidad de los propietarios de establecimientos escolares en que el responsable se
exime solo con la prueba del caso fortuito.
Hecho de un tercero
ART. 1731. HECHO DE UN TERCERO. Para eximir de responsabilidad, total o parcialmente, el hecho de un tercero
por quien no se debe responder deben reunir los caracteres del caso fortuito.
Concepto: es la actuación de un tercero que desvía el íter de los sucesos. El hecho de un tercero, por quien no se debe
responder, únicamente exime de responsabilidad cuando reúne los caracteres del caso fortuito (imprevisible, inevitable, ajeno
al deudor o autor del hecho). En caso contrario, es decir cuando el hecho del tercero concurre causalmente con el del
demandado, ambos responderán, solidaria o concurrentemente, por el total de la indemnización frente a la víctima, sin
perjuicio de las acciones de regreso o de contribución que corresponda.
Condiciones:
 Que no pueda ser prevista la interferencia del tercero (casos de riesgos propios de la actividad)
 Que sea un hecho insuperable, inevitable.
 Que sea un tercero ajeno al demandado, por quien no se deba responder, el tercero no debe depender del demandado (padre
e hijo) o el demandado no debe garantizar la actuación del tercero.
Caso fortuito o fuerza mayor:
ART.1730. CASO FORTUITO. Fuerza mayor. Se considera caso fortuito o fuerza mayor al hecho que no ha podido ser
previsto o que, habiendo sido previsto, no ha podido ser evitado. El caso fortuito o fuerza mayor exime de responsabilidad,
excepto disposición en contrario.

Concepto: El caso fortuito o de fuerza mayor se presenta como un acontecimiento imprevisible o inevitable, exterior al
riesgo de la cosa o la actividad, y que no tiene por antecedente una culpa del damnificado. Rompe la cadena causal porque
se trata de hechos que no acostumbran a suceder de acuerdo al curso normal y ordinario de las cosas. Escapan a la
previsibilidad normal de un sujeto, o, si bien pueden ser previsibles, son inevitables porque no se sabe el momento exacto de
ocurrencia, o porque aun sabiéndose es imposible resistirlos. Por lo tanto se constituye la verdadera causa adecuada de los
daños sufridos por la víctima.
De ahí que el caso fortuito produce un quiebre total de la relación causal entre el hecho del agente y el daño, y por esa razón
lo libera totalmente de responsabilidad
A diferencia del Código de Vélez, este código emplea los términos “caso fortuito” (hecho natural) y “fuerza mayor” (hecho
del hombre) como sinónimos, consiguientemente producen los mismos efectos.
Caracteres generales.
Imprevisibilidad: el caso fortuito debe ser imposible de pronosticar o prever, que ocurrirá porque es un hecho sumamente
extraño. La imposibilidad debe ser apreciada objetivamente (lo normal)
Inevitabilidad: puede que un hecho sea susceptible de ser previsto, como un terremoto, pero imposible de resistir o evitar,
ya sea porque no se sabe el momento en que sucederá o porque aun sabiéndolo es de tal magnitud que el ser humano no tiene
fuerza para hacerle frente. Esto es importante porque es un rasgo definitorio del caso fortuito, dado que la imprevisibilidad
desemboca en la inevitabilidad
Ajeneidad: solo hay caso fortuito cuando el agente no ha colocado ningún antecedente idóneo (por acción o por omisión)
que haga posible el suceso lesivo sobreviniente. Eso implica que el daño no debe haber sido facilitado por la culpa del
responsable (como por ej que el animal se lo haya dejado abandonado en un campo bajo, y muere a causa de una inundación
extraordinaria) tampoco el “supuesto” caso fortuito se debe constituir como una contingencia propia del riesgo de la cosa o
la actividad (caso del automóvil que a causa de un defecto de diseño presenta dificultades en el frenado, por lo que embiste
a un peatón).
Efectos: si reúne los requisitos nombrados anteriormente, exime de responsabilidad al demandado, excepto disposición en
contrario.
a) En la esfera contractual: exime al deudor de la responsabilidad derivada del incumplimiento de la obligación.
b) En la esfera extracontractual: exime al autor material del hecho ilícito por las consecuencias de su actuación.

Imposibilidad de incumplimiento.

ART. 1732. IMPOSIBILIDAD DE CUMPLIMIENTO. El deudor de una obligación queda eximido del cumplimiento, y
no es responsable, si la obligación se ha extinguido por imposibilidad de cumplimiento objetiva y absoluta no imputable
al obligado. La existencia de esa imposibilidad debe apreciarse teniendo en cuenta las exigencias de la buena fe y la
prohibición del ejercicio abusivo de los derechos.
Ya sabemos que el fundamento de la responsabilidad "contractual" es el incumplimiento: en tanto exista una obligación
incumplida, el deudor debe responder por los daños que el acreedor sufra como consecuencia de esa inejecución. Sin embargo
cuando el objeto de la obligación resulta de cumplimiento imposible para el deudor, material o jurídicamente, por una causa
sobreviniente al nacimiento del vínculo, sin culpa suya, se configura la imposibilidad de cumplimiento. Si la dificultad ya
existe al momento de contraer la obligación, no puede ser alegada porque se supone que el deudor la tuvo en cuenta al calcular
el costo de su prestación. La imposibilidad de cumplimiento es una consecuencia del caso fortuito.
Ámbito de aplicación: se aplica en las obligaciones de da cosa cierta o incierta de genero limitado. Ej. Vender un caballo de
carrera.
Requisitos: Se requiere que la imposibilidad cuente con los siguientes requisitos:
 Sobreviniente: La imposibilidad debe haber acaecido con posterioridad al nacimiento del vínculo obligatorio, pues
si fuera concomitante a él la obligación sería nula por imposibilidad de su objeto.
 Objetiva: es decir debe estar constituida por un impedimento inherente a la prestación en sí y por si considerada,
será subjetiva, en cambio, cuando ese impedimento, se relaciona con las condiciones personales o patrimoniales
propias del deudor, por ej que el deudor este en una situación de insolvencia. El clásico ejemplo de imposibilidad
objetiva es el del pintor que pierde un ojo por un accidente, en este caso las condiciones personales del deudor están
relacionada con la prestación en si.
 Absoluta: la prestación no debe ser cumplida en modo alguno, si cualquier persona puede cumplirla, no hay
imposibilidad.
 Definitiva: Únicamente la imposibilidad definitiva libera al obligado. La meramente transitoria podrá, a lo sumo,
eximirlo de responsabilidad por el daño moratorio que pueda experimentar el acreedor.
 No imputable al deudor: Finalmente, para que la imposibilidad tenga efecto liberatorio es necesario que no resulte
imputable a culpa del obligado. Esto es así porque en todas las obligaciones, ya sean de medios o de resultado, el
deudor asume, como deber complementario de la prestación principal, el accesorio de preservar diligentemente la
posibilidad del cumplimiento. Si el incumplimiento del deber se debe a la culpa de deudor, este deberá responder por
ello.
Sin embargo, la existencia de esa imposibilidad debe apreciarse, también, teniendo en cuenta las exigencias de la buena fe
y la prohibición del ejercicio abusivo de los derechos, con lo cual proporciona una especie de escape para aquellos casos
en los que sostener el criterio de la imposibilidad absoluta conduciría a exigencias desproporcionadas. En base a esos
parámetros el juez podrá evaluar la situación y declarar la imposibilidad de incumplimiento sin responsabilidad del deudor.
Efectos: si la imposibilidad reúne los requisitos enumerados se produce un doble efecto, la obligación se extingue, y el
deudor se libera de responsabilidad.
Criterio de apreciación: se analizará si concurren los caracteres de la imposibilidad como así también las exigencias de la
buena fe y la prohibición del ejercicio abusivo de los derechos.

Responsabilidad no obstante el caso fortuito o la imposibilidad. Análisis del art. 1733. Distintos casos en los que se
responde
ART. 1733. RESPONSABILIDAD POR CASO FORTUITO O POR IMPOSIBILIDAD DE CUMPLIMIENTO. Aunque
ocurra el caso fortuito o la imposibilidad de cumplimiento, el deudor es responsable en los siguientes casos:
a) si ha asumido el cumplimiento aunque ocurra un caso fortuito o una imposibilidad;
b) si de una disposición legal resulta que no se libera por caso fortuito o por imposibilidad de cumplimiento;
c) si está en mora, a no ser que ésta sea indiferente para la producción de caso fortuito o de la imposibilidad de cumplimiento;
d) si el caso fortuito o la imposibilidad de cumplimiento sobrevienen por su culpa;
e) si el caso fortuito y, en su caso, la imposibilidad de cumplimiento que de él resulta, constituyen una contingencia propia
del riesgo de la cosa o la actividad;
f) si está obligado a restituir como consecuencia de un hecho ilícito.

El artículo menciona diversos casos en los cuales, pese a existir un caso fortuito o una imposibilidad de cumplimiento
derivado de aquel, no se produce la liberación del deudor. Ello puede ocurrir porque así se pactó contractualmente, porque
lo dispone la ley, porque el deudor estaba mora, porque el caso fortuito no reúna requisitos de ajenidad, o bien porque el
demandado está obligado a restituir como consecuencia de un hecho ilícito.
Cabe mencionar a continuación las distintas hipótesis previstas por la norma:
 Asunción contractual de caso fortuito: en función de la autonomía de voluntad, las partes pueden poner a cargo del deudor
alguno de los hechos que, con los caracteres del caso fortuito, podría obstar a la ejecución de la obligación; como convenir,
directamente que el obligado garantiza el resarcimiento de los daños en cualquier circunstancia (aunque no se haya
presentado un c.f.)
 Disposición de la ley: excepcionalmente, la ley dispone que el caso fortuito no exonera; esto es lo que ocurre con el supuesto
previsto en el inciso c que prevé el caso de que el sujeto esté en mora con anterioridad al acaecimiento del c.f. En otras
ocasiones la ley no se contenta con el caso fortuito ordinario, y exige una eximente calificada.
 Mora del deudor: uno de los efectos de la mora es la traslación de los riesgos de la prestación, que a partir de ese momento
pasan a estar en cabeza del deudor incumplidor, por ese motivo el obligado no se libera si está en mora en el momento en
que sobreviene la imposibilidad de cumplimiento. Sin embargo la ley permite que, aun en ese supuesto, el deudor demuestre
que su estado de mora fue indiferente para la producción de la imposibilidad de pago.
 Existencia de culpa previa del responsable. No existe caso fortuito, por la falta de la condición de ajenidad; el evento
imprevisible o irresistible carece de toda virtualidad al ser absorbido por la culpa del agente. Así no hay fuerza mayor si el
deudor que debía prestar servicios personales se enferma con motivo de su ebriedad.
 Contingencia propia al riesgo de la cosa o la actividad: como ya sabemos el caso fortuito debe ser exterior o ajeno al
responsable. Es decir que debe ser extraño a la esfera económica del agente, a sus actividades, a su empresa o a las cosas
de su propiedad No hay ajenidad si un automóvil se desplaza y daña a un tercero en el contexto de una fuerte tormenta, pero
la imposibilidad de controlar el vehículo se debe a un vicio en los frenos; la contingencia en cuestión es propia al riesgo de
la cosa, ya que el automóvil puede presentar fallas mecánicas o de diseño.
Una contingencia propia del riesgo de la actividad del fabricante de medicamentos la posibilidad de que sus productos
presenten vicios imposibles de detectar de acuerdo al estado de los conocimientos científicos y técnicos en el momento en
que ellos son lanzados al mercado.
 Obligación de restituir como consecuencia de un hecho ilícito: cuando la obligación de restituir es consecuencia de un
hecho ilícito, el deudor no se exonera ni siquiera por imposibilidad de cumplimiento objetiva y absoluta causado por caso
fortuito.
5. PRUEBA DE LOS FACTORES DE ATRIBUCION DE RESPONSABILIDAD, EXIMENTES Y DE LA
RELACION DE CAUSALIDAD.

Prueba de los factores y eximentes: carga de la prueba


ART. 1734. PRUEBA DE LOS FACTORES DE ATRIBUCIÓN Y EXIMENTES. Es esta disposición legal, la carga de
la prueba de los factores de atribución y de las circunstancias eximentes corresponde a quien lo alega.
El artículo contiene la regla general en materia de carga de la prueba de los factores de atribución y las eximentes, y en ese
sentido establece que ella pesa sobre quien los alega. Así a la víctima le corresponderá, en principio, probar el factor de
atribución (subjetivo u objetivo), mientras que el demandado correrá con la prueba de las eximentes.
Esta regla se complementa con la prevista en el artículo siguiente, que faculta al juez para alterar en ciertos casos aquel
principio general.
Medios de prueba.
 Carga de la prueba del factor de atribución:
Siendo el factor de atribución un elemento valorativo, no es éste el que habrá de probarse, sino las circunstancias
fácticas. Como sabemos cada factor de atribución se encuentra previsto abstractamente por la ley y requiere, para su
aplicación, la configuración de ciertas circunstancias de hecho; son estas circunstancias las que deberán ser objeto de
prueba en el proceso. Así, si el factor aplicable es la culpa, la prueba deberá recaer sobre los hechos que demuestren que el
demandado actuó de manera negligente; si es el riesgo, deberá acreditarse la existencia de una cosa o actividad riesgosa, y
la causalidad material entre aquélla y el daño.
En el caso de la responsabilidad contractual, esta tiene al incumplimiento como presupuesto fundamental. Por lo tanto, en
este caso, la prueba del factor de atribución se confunde con la del incumplimiento: el acreedor debe probar tanto la
existencia misma de la obligación como el incumplimiento.
 Carga de la prueba de las eximentes
La norma añade que también la prueba de las eximentes está a cargo de quien las alegue, lo cual equivale a disponer que
será el demandado —quien las invocará para intentar exonerarse de responsabilidad— el encargado de acreditarlas. Ahora
bien, las eximentes más usuales en materia de responsabilidad objetiva están constituidas por la causa ajena, por lo que en
realidad no se refieren, en sí, al factor de atribución, sino al nexo de causalidad adecuada. Por lo tanto, cuando frente a la
imputación de una responsabilidad objetiva el demandado invoque el hecho de la víctima, el de un tercero por quien no
debe responder, o el caso fortuito o la fuerza mayor, le corresponderá acreditar esas circunstancias.
Facultades juez. Distribución de la prueba y Procedimiento.
ART. 1735. FACULTAD DEL JUEZ. No obstante, el juez puede distribuir la carga de la prueba de la culpa o de haber
actuado con la diligencia debida, ponderando cual de las partes se hallan en mejor situación para aportarla. Si el juez lo
considera pertinente, durante el proceso debe comunicar a las partes que aplicará este criterio, de modo de |permitir a los
litigantes ofrecer y producir los elementos de convicción que hagan a su defensa.

a) Sabemos que la regla general es que, quien afirma un hecho debe probarlo. Sin embargo, esa regla a veces agrava
la situación procesal de la víctima de un daño, puesto que le corresponde acreditar todos y cada uno de los elementos de la
responsabilidad civil.
Particularmente, cuando se tiene que probar la culpa, muchas veces el damnificado carece de los conocimientos o los
elementos necesarios como para acreditar ese factor de atribución, asi por ej. el paciente que imputa mala praxis a los
médicos que lo atendieron no sabe, qué ocurrió en el quirófano, mientras que los facultativos demandados podrían explicar
y acreditar con mucha mayor facilidad su eventual obrar diligente.
Por tal motivo, se ha expandido en la doctrina y la jurisprudencia argentina la aplicación de la doctrina
denominada "de la cargas probatorias dinámicas", que postula que la carga de la prueba de un hecho debe ser puesta
en cabeza de quien se encuentre en mejores condiciones de producirla. En el caso del ejemplo, en vez, la víctima de
probar que hubo culpa por parte del demandado, será esté el que deberá probar que actuó diligentemente. La carga
probatoria es, entonces, dinámica, porque no se encuentra atada a principios rígidos, sino que todo va depender de la
situación del caso concreto.
b) Procedimiento: No obstante, la norma prevé ciertos recaudos a efectos de preservar el derecho de defensa del
demandado. En tal sentido dispone que si el juez considera pertinente hacer uso de la facultad que le concede la ley,
e invertir en un caso concreto la carga de la prueba de la culpa, debe hacer saber a las partes que aplicará ese criterio,
de modo de permitirles ofrecer y producir los elementos de convicción que hagan a su defensa. Es importante resaltar
que esta comunicación a las partes no es una mera facultad del juez, sino que se trata de una obligación que le impone la
ley, una vez que decidido distribuir las pruebas.

Prueba de la relación de causalidad. Carga de la prueba: regla general.


ART. 1736. La carga de la prueba de la relación de causalidad corresponde a quien la alega, excepto que la ley le impute
o la presuma. La carga de la prueba de la causa ajena, o de la imposibilidad de cumplimiento, recae sobre quien la invoca.

Regla general. Carga de la prueba.


El Código sigue el principio general ya mencionado: la prueba de la relación de causalidad, o de las circunstancias que
la excluyen, se encuentra a cargo de quien alegue su existencia. Es decir que será, en principio, el actor quien deberá probar
el vínculo causal, mientras que el demandado deberá acreditar la causa ajena.
Probar le vinculo causal implica, ante todo, acreditar la existencia de una relación de causalidad material (desde el punto
de vista de las ciencias naturales) entre el hecho y el daño, a lo que debe sumarse la prueba de que ella es, además, adecuada
(es decir que ese resultado dañoso era previsible para un hombre medio puesto en el momento del hecho).
Si se está en presencia de una consecuencia mediata, será preciso, acreditar el carácter previsible del o los sucesos que se
hayan interpuesto entre el daño y el hecho original.
Si el perjuicio fue causado por el incumplimiento de un contrato, además de la existencia de causalidad material entre ese
incumplimiento y el daño, será menester probar que esa consecuencia había sido prevista por las partes, o bien que ellas
pudieron haberla previsto, al momento de celebrar el negocio.
Presunción e imputación legal.
La norma hace una excepción de los casos en los que la ley impute o presuma causalidad. Se trata en realidad de una misma
situación, constituida por aquellos supuestos en los que median presunciones legales de causalidad o bien presunciones de
adecuación causal.
El primer caso es más raro, y se presenta frente al daño proveniente de un miembro no identificado de un grupo
determinado, la ley presume que todos los integrantes de ese grupo son autores, con lo cual la presunción recae tanto sobre
la existencia de una relación de causalidad material como sobre el carácter adecuado de ese vínculo.
La segunda situación se da sobre todo en el terreno de los daños causados por el hecho de las cosas y actividades
riesgosas. El demandante debe probar la causalidad material entre el daño y la cosa o actividad riesgosa pero una vez
acreditado ese nexo surge una presunción legal de adecuación causal que pone al dueño o guardián de la cosa o al explotador
de la actividad en la necesidad de probar la ruptura del nexo causal para eximirse de responder.

Prueba de la causa ajena o de la imposibilidad de pago.


Al demandado le corresponde acreditar la causa ajena que rompe el nexo causal, por lo tanto deberá acreditar la
existencia de un caso fortuito o bien de un hecho de la víctima que desplace la causalidad o al menos atenué su
responsabilidad.
Aunque la norma trate separadamente la prueba de la causa ajena y la de la imposibilidad de pago, se trata del mismo
fenómeno, porque, como ya se dijo, la imposibilidad solo libera, si ha sido consecuencia de una fuerza mayor. Por lo tanto,
una vez constatado el incumplimiento, el deudor únicamente podrá liberarse si prueba la existencia de un imposibilidad de
cumplimiento objetiva, absoluta y no imputable causada por caso fortuito.