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Enric Larreula. (2002). Aula de Innovación Educativa. [Versión electrónica].

Revista Aula de Innovación Educativa 111

La narrativa oral

Enric Larreula

A la larga lista de agravios que las personas de una cierta edad podríamos hacerle al sistema educativo en el que tuvimos
que formarnos, podríamos añadir también el de las palabras secuestradas. ¿Quién nos devuelve las palabras reprimidas en
la escuela cuando éramos niños, mordidas y tragadas, abortadas desde el mismo nido donde se empollan las ideas y el
deseo de contacto humano?

La expresión oral en la escuela

Los tiempos han cambiado mucho y ha ido creciendo la percepción de que, en nuestra cada vez más compleja sociedad,
una buena capacidad de expresión oral es un valor potencial de gran eficacia. Por eso, lejos de aquellos tiempos en que en
la escuela se rendía culto al silencio sólo resquebrajado por las autorizadas y doctas voces de maestros y educadores, ya
hace años que, afortunadamente, no sólo la gente habla, sino que los educadores son concientes de que se tendrían que
enseñar a hablar. O mejor dicho, dando por sentado que cuando los niños y niñas llegan a las escuelas ya saben hablar, se
les tendría que enseñar a mejorar su capacidad expresiva. Porque para seres sociales como somos los humanos, la
expresión oral, aunque se manifieste espontánea, hay que educarla, pulirla, adaptarla, y, si conviene, potenciarla. Por ese
motivo, la escuela, sobre la cual recaen ya tantas responsabilidades educativas es también un lugar indicado para aprender
a expresarse con mayor eficacia.

Los cuentos como material de gran valor para educar la expresión oral

Si los cuentos leídos pueden tener una extraordinaria fuerza educadora, los cuentos explicados aún la pueden tener más.
Por ese motivo creo que sería conveniente dedicar cierto tiempo del ya muy apretujado tiempo escolar a explicar cuentos y
a enseñar a explicarlos. Es decir, además de los cuentos explicados por la maestra o el maestro, utilizar los cuentos
explicados en clase por los propios alumnos como material apropiado para mejorar su capacidad expresiva.

¿Por qué los cuentos?

Mi experiencia como inventor de cuentos me ha llevado a visitar muchas escuelas y a dialogar con muchos niños y niñas
sobre las cosas más importantes y fascinantes de esta vida, como son las aventuras imaginadas y los personajes que nos
hacen vivir con ilusión nuevas situaciones y sorpresas. Por qué los cuentos pueden ir cargados de emoción, de fascinación,
de intriga... Y por lo tanto, son un material extraordinario para fomentar en los niños y niñas las sensaciones, los
sentimientos, el deseo de protagonismo, y, por lo tanto, la necesidad de comunicar, de expresar, de narrar, de compartir
con los demás...

Parece, pues, que los cuentos explicados por ellos mismos pueden ser un material de gran importancia para canalizar la
necesidad expresiva de los pequeños y facilitarles así a los maestros su intervención educadora.

Naturalmente, en este aspecto, como en tantos otros, es difícil animar a los alumnos a realizar una actividad educativa
concreta si la persona que los ha de guiar y orientar en esta actividad no está ella misma mínimamente animada. Por lo
tanto, lo primero que el maestro o maestra debería hacer es comprender el gran valor comunicativo y de modelo expresivo
que pueden contener los cuentos y contar cuentos en clase.

Pero no es suficiente explicar cuentos, hay que saber explicarlos con cierta gracia. O mejor aún, saber representarlos con
cierta gracia. Ya que, en definitiva, explicar un cuento, si se hace bien, es tanto como escenificar una minúscula obra de
teatro. O si se prefiere, dar vida y voz a una pequeña obra de arte, como quizás diría Sara C. Bryant.

Y saber explicar cuentos también quiere decir saber escogerlos, prepararlos, adaptarlos si es preciso, y, naturalmente,
también saber inventarlos a partir de cualquier suceso.

El maestro o la maestra pueden ser un buen modelo expresivo, pero es mucho mejor si de vez en cuando se puede llevar a
los alumnos a sesiones públicas en bibliotecas u otros lugares donde actúe alguien que se dedique profesionalmente a
explicar cuentos. Al fin y al cabo se trata de que los alumnos, además de oír cuentos distintos, vean buenos modelos de
explicación o representación oral.

Ver cómo lo hacen los demás es ya un buen inicio para aprender a hacer.

Cómo enseñar a los niños y niñas a explicar cuentos


A andar se aprende andando y a hablar se aprende hablando, por lo tanto, a explicar cuentos se aprende explicándolos...
siempre y cuando el maestro o la maestra ayuden a vencer titubeos, a superar obstáculos, a mejorar efectos expresivos...
En definitiva, a acortar la distancia que media entre hacer las cosas mal o hacerlas medianamente bien y cada vez mejor.

Así pues, un primer trabajo por realizar con los alumnos es hacerles tomar conciencia del emisor, que sabe la historia, es
decir, de ellos mismos como conocedores del cuento; del mensaje, o la historia en sí; y del receptor, o receptores, para los
cuales se explica la narración que se supone que los demás desconocen.

Por lo tanto, ante todo es muy importante que comprendan bien los cuentos que tienen que explicar. Que interpreten bien
los argumentos. Que comprendan bien quiénes son, cómo pueden ser y qué representan los diferentes personajes que
intervienen, las situaciones concretas que les toca vivir a cada uno de ellos, las emociones que pueden sentir, los paisajes
que les envuelven, etc.

Y es importante que comprendan que para contar bien un cuento hay que contarlo de una manera ordenada y coherente,
sin descuidarse partes esenciales del argumento, sin distorsionar aspectos importantes. Sin que ello tenga que ser un
obstáculo para improvisar cuando haga falta o dar una versión particular del argumento o de los personajes.

Además, es necesario que comprendan que hablar no sólo consiste en decir palabras, sino que para expresarse
correctamente se debe hablar con un adecuado orden en la exposición de las ideas, con subidas y bajadas de tono de voz,
con exclamaciones y silencios, con una cierta expresión en la mirada, con una gestualidad viva, real y significativa...

Eso quiere decir ayudarlos a no hablar demasiado de prisa, a pronunciar correctamente, a moverse, y tantos otros
pequeños detalles que al fin y al cabo marcan la diferencia entre una expresión oral sugestiva y convincente o aburrida.

Por eso, teniendo en cuenta que en la expresión oral interviene todo el cuerpo del hablante, e incluso el alma, si se me
permite la expresión, aparte las correcciones y orientaciones que se pueden aportar al alumno cuando explica su cuento,
también puede ser conveniente preparar una serie de pequeños ejercicios parateatrales que les pueden ayudar mucho en
sus representaciones. Naturalmente, la realización de estos ejercicios estará condicionada por la edad que tengan los
alumnos, sus capacidades individuales y un cúmulo de otras circunstancias que todo buen maestro o maestra debe conocer
y tener en cuenta.

Ejercicios para desarrollar la capacidad expresiva

La emoción

Saber hablar es saber sentir, compartir, aportar, participar, manifestar...

.Es interesante hacerles comprender que para explicar un cuento hay que sentir. Comprender las emociones que pueden
sentir los personajes e intentar representarlas. Por otro lado, hablar es querer comunicar a los demás un argumento, unas
situaciones, unas ilusiones, una alegría, una diversión, una intriga, un interés...

.Saber hablar es saber reír, saber callar, saber temer, saber llorar... Se les puede hacer imitar la risa, el temor, la alegría,
el miedo, la tristeza, etc.

La mirada

Saber hablar también es saber mirar.

.Hacerles comprender que las miradas también hablan, expresan, comunican... Por lo tanto, tendrán que adecuar la mirada
a las distintas situaciones que pueden vivir los personajes.

.Imitar la mirada de atención, de desdén, de sorpresa, etc.

.Mirar a los ojos de los demás. Reseguir todo el auditorio con la mirada.

.Sostener la mirada de otra persona sin inmutarse.

.Sostener la mirada sin reír.

.Por otro lado, a los alumnos y alumnas mayores es conveniente hacerles comprender que cuando explican una cosa a un
grupo de personas han de repartir la mirada por todo el auditorio y que no es correcto mirar sólo a una persona del grupo,
como sucede a menudo.
El gesto, la mímica

Saber hablar también es saber moverse.

.En el transcurso de la explicación del cuento, el alumno debe saber valerse del gesto y del movimiento corporal de una
forma significativa. Debe saber mover las manos, los brazos, las piernas, el cuerpo... según sea el argumento de la historia
narrada, o la necesidad de representar la marcha, el reposo, el descanso, la lucha... a través de los gestos o ademanes,
debe saber representar los diferentes personajes de la narración.

.Saber hacer muecas con la cara para dar vida a los personajes que representan la inocencia, la maldad, etc. I al mismo
tiempo saber demostrar las distintas situaciones de sorpresa, indignación, alegría, segundas intenciones, etc.

Pueden ampliarse estos ejercicios de representación de cuentos con otros ejercicios preparatorios, incluso desvinculados de
la misma narración, gracias a los cuales los alumnos pueden practicar la mímica significativa. Entre los que se pueden
probar los siguientes:

.Que el alumno, sin decir nada ni emitir ningún sonido, imite los movimientos de diversos animales; sus compañeros
tendrán que adivinar de que animal se trata.

.Hacer lo mismo, pero imitando oficios de personas. Los demás tendrán que adivinar de qué oficio se trata.

.Comunicar una cosa sin articular palabras sólo pronunciando una sola vocal. También los demás tendrán que adivinar el
mensaje.

La palabra

Saber hablar es ante todo saber decir

.Trabajar la entonación. Es decir, darle a cada palabra la carga afectiva que necesita para causar en el receptor la emoción
que el narrador pretende.

.Hablar muy despacito. Hablar más rápido.

.Saber crear expectación en los oyentes.

.Saber jugar con los silencios.

.Hablar con la voz un poco más fuerte de lo normal, mirando a los que escuchan.

.Aprender a susurrar.

.Articular correctamente.

.Aprender a decir trabalenguas.

Hablar es recordar, ordenar, seleccionar...

Para practicar el orden de exposición y selección de elementos narrativos importantes, se pueden probar los siguientes
ejercicios:

.Explicar en pocas palabras una historia previamente escuchada, seleccionando los puntos básicos y más importantes.

.Resumir un cuento escuchado previamente seleccionando los puntos básicos e indispensables.

.Dado un argumento muy elemental, ampliar la información dada con detalles improvisados.

Para practicar la memoria se puede proponer:

.Explicar un cuento encadenado añadiendo más y más elementos.

.Volver a explicar un cuento que acaba de explicar la maestra.

.Volver a explicar una noticia leída en un periódico.


.Recitar de memoria pequeños poemas.

La improvisación

Saber hablar es saber inventar, escoger, decidir cada palabra, cada frase, sobre la marcha. Saber hablar es básicamente
saber improvisar, improvisar, improvisar...

.Improvisar a partir de una palabra dada.

.Dar dos palabras e improvisar un argumento que las relacione.

.Inventar sobre la marcha un final diferente para un cuento conocido.

.Inventar sobre la marcha un cuento entre todos, un pedazo cada alumno.

El contexto. La ambientación

Saber hablar es saber situar el oyente en el contexto de la narración.

Se les puede hacer imitar voces y sonidos:

.Explicar un cuento corto en el que salgan diferentes personajes procurando imitar las voces adecuadas a cada uno.

.Explicar un cuento resaltando con la propia voz las onomatopeyas y los ruidos ambientales que se supone que se
producen: voces de animales, ruidos, puertas que se abren, viento, lluvia, truenos, pasos...

.Saber tararear una música para producir en la narración un efecto de misterio, de alegría, de serenidad, etc.

.Saber escoger una canción adecuada al cuento.

.Saber cantarla.

Conclusiones

El modelo narrativo de los propios profesores, más las observaciones que éstos pueden aportar a los niños y niñas cuando
éstos explican sus cuentos, es básico para que el alumnado mejore su capacidad narrativa. Ahora bien, los pequeños
ejercicios de dramatización o representación, que se han apuntado en este artículo, y muchos otros parecidos que se
pueden practicar de vez en cuando, pueden ayudar a los alumnos a tomar conciencia de la gran importancia que tienen el
orden de exposición, la dicción, la dramatización y, en definitiva, la expresión oral. En el caso que nos ocupa, expresión
oral adecuada a una de las temáticas que más juego oral ofrecen de todas las que los niños pueden manejar: la explicación
en clase de cuentos ya conocidos o inventados por los propios alumnos.

Que los cuentos contados nos ayuden a soñar, nos ayuden a reír, y, sobre todo, que nos ayuden a contar, es decir, a
hablar mejor.

Hemos hablado de:


Educación
Enseñanza
Ciencias de la educación
Pedagogía
Narrativa
Cuento

Bibliografía

RODARI, G. (1998): Gramàtica de la fantasia. Introducció a l'art d'inventar històries. Barcelona. Columna.

BRYANT, S.C. (1996): Com explicar contes. Barcelona. Biblària.

PELEGRIN, A. (1986): La aventura de oír. Madrid. Cincel.


MANTILLA, L. (2000): La aventura del teatro. Madrid. Espasa Calpe.

LLUCH, G. y cols. (2000): De la narrativa oral a la literatura per a infants. Alzira. Bromera.

Dirección de contacto

Enric Larreula
Universitat Autònoma de Barcelona. Departament de Didàctica de la Llengua i la Literatura