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“Amistades en el mundo”

Campamento Juveniles

Pasajes: Juan 17:1 - 26

Introducción
Cuando hablamos del matrimonio, del pololeo, de tener pareja y por último, de las amistades
con el mundo ¿Qué pasaje, típico, de la Biblia se les viene a la cabeza?

(Dejar que ellos mismos busquen la cita y respondan)

2 Corintios 6:14-15 “No os juntéis en yugo con los infieles:


porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué
comunión la luz con las tinieblas? (15) ¿Y qué concordia Cristo
con Belial? ¿ó qué parte el fiel con el infiel?”
Este pasaje lo hemos utilizado siempre para referirnos a nuestras juntas. Lo enseñan en clases
de la escuela dominical, en lecciones objetivas, en congresos.

Pero ¿Es este el pasaje que realmente nos enseña a como enfrentar el mundo, las amistades,
la formación de las familias?

Para ello, debemos tener en cuenta que cuando estudiamos la Palabra de Dios, tenemos que
tener en cuenta la intención original del escritor, quienes van a ser aquellos que reciban el
mensaje, es decir, la audiencia original, por lo tanto el contexto histórico es importante, y,
por último, el contexto literario en el que está escrito, es decir, donde está situado el texto,
los pasajes que le anteceden y aquellos que vienen después, el capítulo completo, el libro en
el que está, y por último, la Biblia misma como Gran Contexto.

Teniendo esto en cuenta, debemos entender que en el pasaje en 2 Corintios 6: 14 -15, el


escritor no nos está hablando directamente a nosotros. Pablo había estado argumentando en
contra de la afinidad de los corintios para proteger a maestros populares y orgullosos que
llevaban a cabo su ministerio de una manera que evitaba la persecución a toda costa. Estos
“superapóstoles” habían llevado a la gente lejos del evangelio y lejos de Pablo. ¡Y Pablo los
quería de vuelta! Los quería unidos en un mismo yugo con él. Hablando históricamente, por
tanto, nuestro enfoque de este texto debería ser controlado por la preocupación de Pablo en
cuanto a nuestra unión con los falsos maestros.

El contexto literario de estos versos confirma esto. En los versículos anteriores, Pablo dice a
los corintios que su corazón ha estado abierto a ellos, incluso cuando sus corazones han
estado cerrados. Él suplica: “Ensanchaos también vosotros” (6:13), un llamamiento a estar

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estrechamente unidos bajo un mismo yugo junto a él. Y él vuelve a esta súplica en los versos
que siguen a nuestro pasaje: “Admitidnos” (7:2).

Al parecer, no tiene nada que ver con las amistades que formemos o con quien pololeemos.
¿Esto quiere decir que tenemos toda libertad de buscar pololas y pololos en el mundo? No,
la Palabra de Dios tiene muuuuchos concejos respecto a este tema. Lean Proverbios con
atención y verán que los estándares de Dios respecto a este asunto son bastante altos.

Entonces, si el pasaje de 2 Corintios 6 no nos habla sobre las amistades que debemos formar
¿Existe algún pasaje claro que nos diga que tenemos que hacer con aquellas personas con las
que nos relacionamos en el día a día?

Es difícil tomar un solo pasaje, pero uno que especialmente me gusta mucho porque entrega
principios que podemos aplicar en cada aspecto de nuestras vidas.

Veamos la oración que levantó Cristo a su Padre en el capítulo 17 del evangelio de Juan:

“ESTAS cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es llegada;
glorifica á tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique á ti; Como le has dado la potestad
de toda carne, para que dé vida eterna á todos los que le diste. Esta empero es la vida eterna:
que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado. Yo te he
glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre,
glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo
fuese. He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me
los diste, y guardaron tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son
de ti; Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido
verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego
por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son: Y todas mis cosas son tus cosas,
y tus cosas son mis cosas: y he sido glorificado en ellas. Y ya no estoy en el mundo; mas
éstos están en el mundo, y yo á ti vengo. Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por
tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros. Cuando estaba con ellos en el
mundo, yo los guardaba en tu nombre; á los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos
se perdió, sino el hijo de perdición; para que la Escritura se cumpliese. Mas ahora vengo á ti;
y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado
tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del
mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad. Como tú
me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico á mí
mismo, para que también ellos sean santificados en verdad. Mas no ruego solamente por
éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean
una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa:
para que el mundo crea que tú me enviaste. Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que
sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean
consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado,

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como también á mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo
estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me
has amado desde antes de la constitución del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido,
mas yo te he conocido; y éstos han conocido que tú me enviaste; Y yo les he manifestado tu
nombre, y manifestaré lo aún; para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en
ellos.” (Juan 17:1-26)

Cristo nos muestra que un verdadero cristiano es aquel que guarda la Palabra de Dios. Cristo
cuando estuvo aquí en la tierra enseñó a muchos, y el mismo vio a aquellos que le habían
recibido, que habían creído y que en ese momento siguieron sus Palabras. Estos fueron los
que manifestaron ser salvos, lo demostraban con sus acciones. Nosotros, ahora en la
actualidad, también podemos identificarnos de esta misma manera, un cristiano guarda las
enseñanzas que el Señor nos muestra en su Palabra y, por medio de ella, reconoce que Jesús
realmente es el hijo de Dios que vino a este mundo a morir en la cruz para que tengamos
salvación.

Y Jesús ora a Dios para que los guarde. Aquí está la seguridad que debemos tener de nuestra
salvación. Somos salvos por los méritos de Cristo, y tenemos confianza y seguridad en esta
salvación porque es Dios mismo quien la resguarda. Y si somos guardados por Dios, entonces
vamos a poder alcanzar aquella unidad que debe caracterizar a la iglesia de Cristo. La unidad
en la iglesia se ilustra de distintas formas: El apóstol Pablo enseña que los miembros de la
iglesia son un solo cuerpo. También enseña que formamos un solo templo de adoración a
Dios. Todos diferentes, cumpliendo funciones distintas conforme a los dones y talentos que
Dios nos dio, pero todos con un solo propósito.

Entonces, cuando nos podemos identificar como verdaderos cristianos, cumpliendo la


Palabra de Dios, guardándola en todo momento y tenemos seguridad de que somos salvos al
ver como Dios mismo es aquel que nos mantiene, es de esperar que tengamos resistencia de
parte del mundo. Así como el mundo rechazó y rechaza a Cristo por no ser de ellos, el mundo
nos rechaza a nosotros porque tampoco pertenecemos a él. Es algo que nosotros tenemos que
entender ahora. NO SOMOS BIENVENIDOS EN EL MUNDO, porque a pesar de que aquí
puedan tener un mensaje supuestamente tolerante ante cualquier opinión, cuando levantamos
la voz para defender los valores cristianos, el mundo nos rechaza.

Es algo que tenemos que tener siempre presente, es posible que, si empezamos a demostrar
al mundo que somos cristianos, nuestros amigos empiecen a rechazarnos. De ahí que la
unidad que tengamos con la iglesia es importante. Es bueno que nuestras amistades estén en
la iglesia porque con ellas vamos a tener un vinculo que Dios está resguardando. Dios se
convierte en el centro de las relaciones que rodean a sus hijos.

Pero aquí viene algo que Cristo dice y que nos ayuda a comprender algo fundamental en
nuestras vidas. Jesús dice:

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“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del
mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad.”
El sufrimiento por causa de Cristo es importante para el cristiano. Jesús sabe que los hijos de
Dios vamos a sufrir en la Tierra, y sin embargo su oración no es “Padre, líbrelas de este
sufrimiento llevándolos a tu presencia”.

Su oración es “No los saques de ahí, pero por favor, protégelos de caer en el pecado”.

Cuando Jesús habla que seamos guardados del mal, no se refiere al daño que podamos sufrir
por las persecuciones, sino a la maldad misma. Cristo pide que el Señor resguarde nuestra
santidad. La santidad de un cristiano es invaluable, para Dios es carísima. Y en la medida
que guardemos la Palabra de Dios, vamos a ser cada vez más santificados.

Entonces, de aquí aprendemos que, si queremos mantenernos firmes, debemos acudir a Dios.
Si queremos mantenernos santos, debemos acudir a la Palabra de Dios. Es importante que
tengamos esto presente, porque yo no les voy a prohibir que se junten con no cristianos, pero
si les voy a advertir que, si no se resguardan en el Señor y dejan de lado su palabra, LA
SANTIDAD DE USTEDES ESTÁ EN JUEGO, y cuando un hijo de Dios se aparta de sus
caminos, Dios es capaz de mandar tormentas (como a Jonás) con tal de volvernos a poner en
el sendero correcto y así apartarnos del mal.

¿Por qué Jesús ora que Dios no nos saque del mundo, a pesar de todo el sufrimiento?

Porque Jesús ora, un poco más adelante, por los que van a creer por causa de aquellos que
van a predicar el evangelio. Es necesario que padezcamos persecución, que suframos en esta
tierra, porque lo que vamos a ganar es aun mayor que nuestro bienestar momentáneo en esta
tierra: La VIDA ETERNA de aquellos a quienes les hablemos.

Porque, con la predicación del evangelio, el mundo podrá ver que Cristo efectivamente ha
sido enviado por su Padre a la tierra a morir por los pecadores, el mundo podrá ver que Dios
los ha amado.

Conclusión
Cristo no ora para que estemos en una burbuja. Todo lo contrario, ora para que podamos estar
en medio del mundo, pero no para ser arrastrados a él, sino para que con la predicación del
evangelio, podamos llegar a otros para que sean parte del pueblo de Dios y sean una sola
iglesia con nosotros, un solo cuerpo, un solo templo para Dios.

Y eso incluye a sus amigos que tienen en el mundo. Dios los ha puesto ahí. Cristo oró para
que estuviesen ahí, y es necesario que ustedes les prediquen, les hablen de Cristo, que
testifiquen. No tengan miedo de las burlas, aunque sea difícil no tenerlo. Hablen de su fe,

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testifiquen y podrán ganar un alma que tendrá vida eterna. Resguárdense en la Biblia,
busquen el concejo oportuno, la sabiduría que el Señor nos entrega, protéjanse con la Verdad
que el Señor nos ha revelado en su Palabra y mantengan la seguridad de su salvación porque
es el Señor el que nos guarda y nada ni nadie nos apartará de su mano.