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148 ORÍGENES DEL CRISTIANISMO EL HUMUS GRECORROMANO 149

digna de los dioses» (3,322). Todo lo más deja translucir un ineluctable (eljuaQ/uévrj): «El hado es el logos del cosmos... o
fuerte pesimismo ante el mal en el mundo (cf. 5,195-234) y bien, el logos conforme al cual las cosas que han sucedido, han
ante la muerte, a la que define paradójicamente como inmortalis sucedido, las cosas que suceden, suceden, las cosas que suce-
(3,869) y aeterna ( ib. 1091); «¿qué mal hubiera significado derán, sucederán» (SVF II 913; cf. 921; véase también el
para nosotros no haber nacido?» (5,174); lo importante es concepto de «ley» natural y eterna en Cicerón, De leg. 1,6,18;
retirarse de la vida como un «convidado ahito» (3,938). Su 2,8-10).
contemporáneo Catulo carga más aún las tintas: Soles occidere La aporía que se abre entre hado y libertad humana se
et rediré possunt. Nobis I nox est perpetua una dormienda (Carm. soluciona en la medida en que ésta está llamada a sintonizar
5,4-6: «El sol puede declinar y salir de nuevo, pero a nosotros y conformar sus propios anhelos con los del destino (cf. las
nos espera una única e interminable noche de sueño»). últimas palabras de Zenón: «He aquí que vengo ya; / ¿por qué
Tal vez estamos ante concepciones que, según s. Pablo, me llamas?!»: Dióg. L. 7,28; y Séneca, Epist. 107,10: Ducunt
volentem fata, nolentem trahunt). De manera que el fundamento
definen a «los que no tienen esperanza» (lTs 4,13).
de la ética no es el placer, sino la razón, la cual constituye la
verdera naturaleza del hombre (cf. SVF III 200a = Séneca,
c) El Estoicismo17 es la filosofía más representativa, con
Epist. 76,9; y Dióg. L. 7,85). De aquí procede la triple división
mucho, en la época de los albores del cristianismo y quizá la entre el bien (= la virtud o ágerij), el mal (= el vicio) y las
que más puntos de contacto presenta con elementos del mensaje cosas indiferentes o lo áóiácpogov (= por ejemplo la salud,
evangélico. Su fundador fue Zenón de Citio, un chipriota que el placer, la belleza, la riqueza, la muerte, etc.) (cf. SVF III
vivió entre el 333 y el 262 a.C. Su nueva filosofía es sustan- 117 = Dióg. L. 7,102; véase también la distinción entre lo que
cialmente materialista, al igual que la de Epicuro, pero se está a nuestro alcance y lo que no lo está: Epicteto, Man. 1).
diferencia radicalmente de ésta en cuanto que para él la divi- «Dicen (los estoicos) que el fin es ser felices... Y eso implica
nidad, aun siendo corpórea, es inmanente al universo, de tal vivir según la virtud (xar'áQETrjv)... o lo que es lo mismo,
modo que Dios se identifica con la naturaleza (cf. SVF I 163: vivir según la naturaleza (xaxá cpvoiv)» (SVF III 16; cf. en
«Para Zenón la sustancia de Dios no es otra cosa que el cielo 208 los diversos apelativos dados a la virtud: buena, agradable,
y el cosmos entero»; cf. ib. 526). El principio divino unificante, dignísima, loable, bella, conveniente, útil, preferible, necesaria,
el Todo cósmico, lo denomina Logos («la razón en la materia, ventajosa, autosuficíente, no carente de nada, que sólo ella
esto es, dios»: SVF1 85; que también puede ser llamado Ttvev/ua: basta). De ahí los catálogos de virtudes (cf. SVF III 262 y 264,
ib. II 473). Y es, además, principio de verdad en lógica y que elenca Estobeo) de los que encontramos ejemplos análogos
pricipio normativo en ética. En el cosmos se da asimismo un en los escritos apostólicos, aunque con perspectivas diferentes
principio teleológico, fuente de armonía universal que recibe (cf. Gal 5,22; Ef 4,32 - 5,2; Col 3,12; 2P 1,5-7). La virtud es
el nombre de Jigóvoia = «providencia»; cometidos de ésta un principio de igualdad entre los hombres, y a ella se deben
son: «que en el mundo se den los mejores presupuestos para también «siervos y mujeres» (SVFlll 253; cf. Séneca, De benef.
su conservación, que nada le falte, y que resplandezca en él 3,18). Sólo las pasiones son fuente de infelicidad (que pueden
una belleza suprema» (SVF I 172). Es una «providencia» inma- resumirse en cuatro: deseo, miedo, dolor, placer); dominarlas
nente que se revela también como hado, destino, necesidad es el ideal del sabio, de suerte que la felicidad puede definirse
igualmente como impasibilidad o ánáésia (incluso «la mise-
ricordia forma parte de los defectos y vicios del alma»: SVF I
213s). De ahí la célebre máxima estoica: ávé%ov xai áné%ov
17. Cf. M. Pohlenz, La Stoa. Storia di un movimento spirituale, I-II, Firenze = sustine et obstine (recogido por Aulo Gelio, Noct. att. 17,19).
1967.
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Históricamente se distingue en la Estoa una fase antigua (hasta estrellas que señalen con exactitud a los humanos
el siglo III a . C : Zenón, Cleantes, Crisipo), otra media (siglos la sucesión de las estaciones, para que todo crezca a un ritmo
II-I a . C : Panecio y Posidonio), y nueva (siglos I-II d . C ) . En [continuo
este último período, que coincide con los orígenes cristianos, A él siempre lo adoran (íkáoxovxai) al principio y al final
la doctrina raya todavía más la meditación moral y asume (15) ¡Salud, padre, (xaÍQe Jiáreg) inagotable recurso (jiéya
fuertes tintes religiosos. Vamos a detenernos en sus represen- {ravfia) ¡para los hombres,
tantes más significativos. Veremos antes, sin embargo, el Himno salud a ti y a la primera generación [= los dioses].
a Zeus de Cleantes (muerto hacia el 232 a . C ) , que constituye
un ejemplo cumbre de la religiosidad griega. Y dado que dicho
himno parece depender a su vez del Prólogo de los Fenómenos 68. Cleantes, Himno a Zeus (SVF I 537)
de Arato, contemporáneo suyo, citado explícitamente en el
discurso de s. Pablo en el Areópago (cf. Hch 17,28), es oportuno ¡Gloriosísimo entre los inmortales, el de muchos nombres,
comenzar con él. [siempre omnipotente,
Zeus, principio de la naturaleza, que todo lo gobiernas con
[leyes,
67. Arato, Fenómenos 1-1618 salud! En verdad es justo que todos los mortales se dirijan a ti,
porque de ti hemos nacido (éx oov yág y£vófXE$a) habiéndonos
Comencemos por Zeus (éx Aibq ágx(bpLEO$á), a quien jamás
[tocado en suerte la imagen de dios ($eoí> [tifinga)
[los humanos dejemos
(5) a nosotros solos de cuantos seres mortales viven y se mueven
sin nombrar. Llenos están de Zeus todos los caminos,
[por la tierra;
todas las asambleas de los hombres, lleno está el mar
por eso quiero entonarte himnos y cantar siempre tu poder.
y los puertos. En todas las circunstancias, pues, estamos todos
A ti todo este cosmos, que se despliega en torno a la tierra,
[necesitados de Zeus te obedece, doquiera lo conduzcas, y de buen grado a ti se
(5) Pues también somos descendencia suya (xov yág xal yévog
[somete;
[el/uév). Él bondadoso con los hombres
como sirviente tienes en tus manos invencibles
les envía señales favorables; estimula (éyeígei) a los pueblos
(10) el rayo de doble filo, incendiado y siempre vivo;
[al trabajo
a su golpe caen todas las obras de la naturaleza,
recordándoles que hay que ganarse el sustento; les dice cuándo y con él diriges el logos común, que envuelve cada cosa,
[el labrantío está en mejores condiciones mezclado con el astro mayor y con los menores.
para los bueyes y para el arado, y cuándo tienen lugar las Nada acontece sobre la tierra sin ti, oh numen,
[estaciones propicias (15) ni bajo la divina bóveda celeste ni sobre el mar,
tanto para plantar las plantas como para sembrar toda clase de salvo lo que hacen los malvados en su demencia.
[semillas. Mas tú sabes hacer perfecto lo inmoderado
(10) Pues él mismo estableció las señales en el cielo y ordenar lo desordenado, porque lo que no es amistoso para
tras distinguir las constelaciones, y ha previsto para el curso del
[ti se vuelve amigo.
[año
Llevaste todo a la unidad (e/g ev), lo bueno y lo malo,
18. Cf. J. Martin, Arati Phaenomena, La Nuova Italia, Firenze 1956.
(20) de manera que hubiera para todo un único logos (eva
*La versión castellana es de E. Calderón Dorda, en: ARATO, Fenómenos, [Xóyov) siempre presente,
Madnd 1993. ese que abandonan en su huida los mortales malvados:
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infelices que braman siempre por adquirir nuevos bienes útil al Todo, del cual tú formas parte» (Med. 2,3). Pero esta
y no ven ni atienden a la común ley de dios, concepción cosmológica del hombre es extraña a los orígenes
cristianos (cf. por ejemplo ICor 3,21b-22). Musonio Rufo dirá
siguiendo la cual con tino llevarían una vida noble.
que «la ciudad de Zeus está constituida de hombres y de dioses»
(25) Son aquellos que fatuamente se lanzan quién sobre un mal,
(Diatr. 9). La ovyytveía o parentesco del hombre con Dios,
[quién sobre otro:
es entendida, pues, como connaturalidad básica (cf. también
unos, por afán de gloria, se dan con gran celo a tristes lides,
Dión de Prusa, Orat. 12,27-28: supra, n° 64; cf. Séneca, Epist.
otros están vendidos al lucro sin medida,
92,30; De prov. 1,1,5; Epicteto, Diatr. 2,8,11), que deriva en
y otros a la molicie y a lo que es agradable al cuerpo,
igualdad de naturaleza («La felicidad de Zeus no es en absoluto
y así hacen estupideces, dejándose llevar de aquí para allá, preferible, ni más hermosa, ni más preciada que la de los
(30) muy preocupados de que suceda siempre justo lo contrario. sabios» : SVF III 39 = Dióg. L. 7,89). En el siglo I d.C. el
Pero tú, Zeus, donador de todo, dios de las oscuras nubes y estoico L.A. Cornuto llamará a Zeus «el alma que mantiene
[del rayo centelleante, unido (ovvéxovoav) al mundo» y «óvva/uig que invade el
libera (¿>vov) a los hombres de la funesta ignorancia, universo» (Theol. 2 y 11).
aléjala, padre, del alma, y permite alcanzar el
Pero pasemos a la nueva estoa, la propia de la edad imperial.
conocimiento con el que gobiernas todo conforme a una segura
El primer gran nombre con el que topamos es el de L. A.
[justicia.
Séneca (5 a . C - 65 d . C ) . Aunque estuvo abierto a influjos de
(35) Así honrados por ti, podamos nosotros honrarte a cambio,
otras escuelas (cf. De brev. vit. 14,2; Epist. 58,16-22), su con-
cantando sin cesar tus obras, como conviene
cepto de Dios es típicamente estoico (cf. De benef. 4,7,1: «¿Qué
a un mortal: porque no hay premio mayor ni para los mortales
otra cosa es la naturaleza sino Dios y la divina razón que
ni para los dioses que celebrar siempre conforme a justicia la
penetra de sí el universo en su totalidad y en sus partes?»).
[ley común (xoivbv vófiov).
Su Dios, con todo, a pesar de su inmanencia, asume rasgos
muy personales.
El nombre de Zeus, por tanto, no designa ya a una divinidad
del Olimpo en particular, sino a lo que nosotros llamamos
comúnmente «Dios». Sus cualidades son la omnipotencia y la
69. Séneca, Epist. 41,1-5
benignidad; ante todo es garante del orden cósmico y moral.
Las relaciones del hombre con este Dios no son, con todo, de
(1) Realizas una obra excelente y saludable para ti si, tal como
amistad; aun cuando él es llamado «padre», los hombres no me escribes, perseveras en tu caminar hacia la sabiduría, la cual
reciben el apelativo de hijos suyos (cf., no obstante, Epicteto, es poco sensato pedir cuando la puedes recabar de ti mismo.
Diatr. 1,3,2). «El Dios del sabio helenístico es, por esencia, No es cuestión de elevar las manos al cielo... Dios está cerca
un Dios del mundo; y el hombre del sabio helenístico es, por de ti, está contigo, está dentro de ti. (2) Así es, Lucilo: un
esencia, una parte del mundo,... como la parte de un Todo: espíritu sagrado, que vigila y conserva el bien, mora en nuestro
y lo que cuenta principalmente es el Todo» 19 . Así se lo oiremos interior (sacer intra nos spiritus sedet); el cual, como le hemos
decir al estoico Marco Aurelio: «Cuanto sucede es necesario y tratado, así nos trata a su vez. Hombre bueno nadie lo es
ciertamente sin la ayuda de Dios [cf. también 73,16] ... Es Él
quien procura nobles y elevados consejos... (4) Si ves a un
19. A.-J. Festugiére, La Révélation d'Hermés Trismégiste, - II. Le Dieu
cosmique, París 1949, p. 328; cf. asimismo E. Des Places, Syngeneia, París
"hombre intrépido en los peligros, inaccesible a las pasiones, feliz
1964, pp. 137-141. en la adversidad, tranquilo en medio de la tormenta, que con-
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templa a los humanos desde un plano superior y a los dioses
desde un mismo nivel, ¿no penetrará en ti la veneración por él? cosas que tienen auténtica realidad. (27) Luego son ficticias estas
... (5) Una fuerza (vis) divina ha bajado hasta ahí. A esta alma cosas; durante un tiempo ofrecen cierta apariencia, pero nada
superior, equilibrada, que lo considera todo como inferior a sí, en ellas hay de estable y sólido. No obstante, nosotros las
que se ríe de cuanto tememos y ambicionamos, la impulsa un deseamos como si tuvieran que durar siempre o siempre tuvié-
poder celeste (caelestis potentia). Virtud tan grande no puede ramos que poseerlas. Débiles y perecederos nos detenemos en
subsistir sin ayuda de la divinidad; de ahí que su parte más medio de vanidades. Proyectemos nuestra alma hacia las reali-
noble está en el lugar del que ha descendido. dades que son eternas (ad illa mittamus animum quae eterna
sunt). Admiremos las formas originales de todos los seres revo-
Hablando de Dios dice, además, que «tiene hacia los hombres loteando en el cielo; y a Dios que vive en medio de ellas y que
el corazón de un padre (patrium animum) y les ama a rabiar prevé la manera de brindar a los seres que no pudo hacer
(et illos fortiter amat)» (De prov. 2,6): una afirmación de este inmortales, porque se oponía la materia, su protección frente a
calibre en el paganismo antiguo más que rara es única. Pero
la muerte y el triunfo por medio de la razón sobre los defectos
ha de advertirse que el amor de Dios es sólo hacia «los hombres
de su cuerpo. (28) Subsiste, pues, la totalidad de los seres, no
buenos», de modo que sigue existiendo un abismo respecto al
porque éstos sean eternos, sino porque los protege la solicitud
Dios cristiano (cf. Rm 5,5-8). Es también severo educador del
hombre: «No trata con caricias y dulzura al hombre bueno, de su guía; pues si fueran inmortales no precisarían de tutela.
sino que lo pone a prueba, lo templa, lo prepara de tal modo Los conserva su hacedor dominando con su poder la fragilidad
que acabe por asemejarse a él» (De prov. 1,1,5). Late de fondo de la materia. Menospreciemos todas las criaturas (contemnamus
una concepción antropológica dualista. omnia), hasta tal punto desprovistas de valor que cabe dudar si
El cuerpo, en efecto, recibe el calificativo de animi pondus existen realmente [cf. 65,22: «El alma reclamará para ella todos
ac poena (Epist. 65,16; cf. 92,10; 120,14-16; Ad Helv. 11,7) y los derechos; el menosprecio del propio cuerpo es libertad
participa de aquellas realidades visibles que han de ser trans- segura»].
cendidas. De lo que hay que cuidarse, es del alma: «De ella
provienen los pensamientos y las palabras» (Epist. 114,22; cf. Diríase que estamos leyendo a un maestro del espíritu con
Me 7,20-23); una vez «salida de esas tinieblas en las que fue cierta tradición cristiana: no en balde, Tertuliano, hablará de
situada... será restituida al cielo al cual tenía derecho por don Séneca saepe noster (De anima 20,1), y en el siglo IV verá la
de nacimiento. Sus orígenes la llaman hacia arriba» (Epist. luz un Epistolario apócrifo entre Séneca y s. Pablo20. En realidad,
79,12: pero matiza «cuando se haya desasido de los vicios, y entre la doctrina de Séneca y la fe de s. Pablo hay una distancia
pura y ligera remonte el vuelo hacia los pensamientos celestes»). abismal: mientras para éste el único salvador del hombre es
Encontramos un interesante paralelo entre un texto de s. Dios en Cristo, para el filósofo estoico el salvador del hombre
Pablo (2Cor 4,17-18) y un párrafo de las Cartas de Séneca a es él mismo (cf. Epist. 31,5: «¿Qué necesidad tienes de súplicas?
Lucilo. A los exégetas toca precisar su alcance. Nosotros, ahora, Tú mismo hazte feliz»; 80,4: «¿Qué hace falta para ser bueno?
nos conformamos con leerlo. Quererlo»; de aquí a Pelagio no hay más que un paso).
Leamos por último algunas frases suyas de impresionante
70. Séneca, Epist. 58,26-28 consonancia con el cristianismo, al menos en apariencia.

(26) ... todo aquello que se esclaviza a los sentidos, que nos
enardece y provoca, Platón no admite que se cuente entre las 20. Sobre el tema en general, cf. G. Scarpat, II pensiero religioso di Séneca
e lambiente ebraico e cristiano, Brescia 1977.

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