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COLEGIO SANTA FAMILIA

FRANCISCA JAQUE PINTO


MARIA MERCEDES ARAYA LARA
PROFESORA
LENGUAJE Y COMUNICACIÓN

MEDICIÓN DE LA COBERTURA CURRICULAR

SEXTO AÑO BÁSICO


LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
EVALUACIÓN 04 ( AGOSTO )
2016

IMPORTANTE
NO OLVIDES REGISTRAR TUS DATOS EN LA HOJA DE RESPUESTAS
RUT - ASIGNATURA - NOMBRE COMPLETO - CURSO - FECHA
Lee el siguiente texto y responde las preguntas 1 a 7.

Momotaro, el niño melocotón

Hace muchos años vivía en el lejano Japón una pareja de ancianos que no había tenido hijos.
El hombre era leñador y su esposa le ayudaba en la tarea diaria recogiendo troncos y
maderas. Un día salieron los dos al campo y mientras el hombre trabajaba, ella se acercó al
río a lavar la ropa ¡Menuda sorpresa se llevó la buena mujer! Flotando sobre las aguas vio un
enorme melocotón. Llamó a su marido y entre los dos, consiguieron llevarlo hasta la orilla. Si
encontrar un melocotón gigante fue algo muy extraño, más raro fue lo que vieron dentro…
Al abrirlo, de su interior salió un pequeño niño de tez blanca que sonriente les miraba con
sus grandes ojos negros como el azabache. Los ancianos se pusieron muy contentos y se lo
llevaron a casa. Le llamaron Momotaro, pues, en japonés, momotaro significa melocotón.
Momotaro creció muy sano y fuerte, más que el resto de los niños del pueblo. Con el tiempo
se convirtió en un joven bondadoso al que todo el mundo quería y respetaba. Por aquellos
años con frecuencia asaltaban la aldea unos demonios que ponían todo patas para arriba,
robando todo lo que podían y atemorizando a sus habitantes. La tarde en que Momotaro
alcanzó la mayoría de edad, todos propusieron que fuera él quien salvara al pueblo de los
molestos demonios. – ¡Es un honor para mí! Iré a Onigashima, la Isla de los Demonios y les
daré un buen escarmiento para que no vuelvan por aquí – dijo el joven mientras le ponían
una armadura y le daban provisiones para unos días. Dispuesto a cumplir su misión cuanto
antes salió del pueblo y tras varias horas caminando, el valiente Momotaro se encontró con
un perro. – Hola, Momotaro… ¿A dónde vas? – le dijo el animal. – Voy a la isla de
Onigashima a derrotar a los demonios. – ¿Me das algo de comer que tengo mucha hambre?
– preguntó el can. – Claro que sí. Llevo bolitas de maíz… ¿Te vienes conmigo a la isla y me
ayudas? – Sí… ¡iré contigo! – le respondió el perro agradecido. Al ratito, Momotaro y el perro
se cruzaron con un mono. – Hola… ¿A dónde vais tan rápido? – Vamos a Onigashima a
vencer a los demonios de la isla ¿Quieres venir con nosotros? Llevo ricas bolitas de maíz para
todos. El mono aceptó y se unió al grupo a cambio de un poco de alimento. Poco después se
les acercó un faisán. – ¿A dónde os dirigís, amigos? – A Onigashima, a ver si conseguimos
deshacernos de los demonios- afirmó Momotaro. –Perfecto, me apunto a ayudaros – dijo el
faisán con voz algo chillona. A cambio, Momotaro compartió también con él su comida.
Llegaron a la costa y el extraño cuarteto embarcó en un velero que les llevó hasta la isla.
Cuando avistaron tierra, el faisán voló sobre ella para echar un vistazo y regresó a donde
estaba el barco. – ¡Están todos dormidos! ¡Vamos, entremos! – gritó desde el aire a sus
compañeros. Desembarcaron y se acercaron a la gran muralla tras la cual se refugiaban los
demonios. El mono entró en acción y trepando por el alto muro de piedra, saltó hacia el otro
lado y abrió la enorme puerta desde dentro. Bajo las órdenes de Momotaro, todos irrumpieron
gritando. – ¡Eh, demonios, salid de vuestro escondite! ¡Dad la cara, no seáis cobardes! Los
demonios, recién levantados de su larga siesta, se sorprendieron al ver al chico con los tres
animales.
Antes de que pudieran reaccionar, el perro empezó a morderles, el faisán a picotear sus
cabezas y el mono a arañarles con sus fuertes uñas. Por mucho que los demonios quisieron
defenderse, no tuvieron nada que hacer ante un equipo tan valiente y bien organizado. – ¡Ay,
ay! ¡Nos rendimos! ¡Dejadnos en paz, por favor! – suplicaban desesperados. – ¡Sólo si
prometéis dejar tranquila a la gente de mi aldea! – les gritó Momotaro – ¡No quiero que os
acerquéis a ella nunca más! – Sí, sí… ¡Haremos lo que tú digas! – bramaron los demonios sin
fuerzas ya para defenderse. – Está bien… ¡Pues ahora devolvednos todo lo que le habéis
robado durante años a mi gente! Así lo hicieron. Momotaro y sus pintorescos amigos cargaron
una carretilla con cientos de monedas y joyas que los demonios habían quitado a los
habitantes de la aldea y se despidieron de la isla para siempre. Al llegar al pueblo, fue recibido
como un héroe y compartió el éxito con sus nuevos y fieles amigos.

1.-¿Qué tipo de texto es el leído?

A. Un poema. B. Una noticia. C. Un cuento. D. Una leyenda.

2.- ¿Cuál es el objetivo de este texto?

A. Entretener. B. Informar. C. Opinar. D. Expresar.

3.- ¿Cómo se eligió a Momotaro para ir a pelear contra los demonios?

A. En elecciones oficiales.
B. En acuerdo entre los pobladores.
C. Momotaro se ofreció valientemente.
D. Sus padres los postularon.

4.- ¿Qué esperaba el perro de Momotaro?

A. Que le invitara a pelear contra los demonios.


B. Que le diera alimento pues tenía hambre.
C. Que lo llevara a conocer Onigashima.
D. Que le ayudara a vengarse de los demonios.

5.- ¿Por qué Momotaro y los animales ganaron tan rápido?

A. Porque sorprendieron a los demonios durmiendo.


B. Porque los demonios no saben pelear.
C. Porque estaban recién almorzados.
D. Porque los animales eran enormes y fuertes.
6.- ¿Por cuál palabra reemplazarías la subrayada? “les daré un buen escarmiento para que no
vuelvan por aquí”

A. Frustración.
B. Desastre.
C. Fracaso.
D. Castigo.

7.- ¿Cómo es Momotaro?

A. Amistoso.
B. Inquieto.
C. Sumiso.
D. Nervioso.

Lee el siguiente texto y responde las preguntas 8 a 19.

Momo y sus amigos Una ciudad grande y una niña pequeña

En los viejos, viejos tiempos cuando los hombres hablaban todavía muchas otras lenguas, ya
había en los países ciudades grandes y suntuosas. Se alzaban allí los palacios de reyes y
emperadores, había en ellas calles anchas, callejas estrechas y callejuelas intrincadas,
magníficos templos con estatuas de oro y mármol dedicadas a los dioses; había mercados
multicolores, donde se ofrecían mercaderías de todos los países, y plazas amplias donde la
gente se reunía para comentar las novedades y hacer o escuchar discursos. Sobre todo, había
allí grandes teatros. Tenían el aspecto de nuestros circos actuales, sólo que estaban hechos
totalmente de sillares de piedra. Las filas de asientos para los espectadores estaban
escalonadas como en un gran embudo. Vistos desde arriba, algunos de estos edificios eran
totalmente redondos, otros más ovalados y algunos en forma de semicírculo. Se les llamaba
anfiteatros. Había algunos que eran tan grandes como un campo de fútbol y otros más
pequeños, en los que sólo cabían unos cientos de espectadores. Algunos eran muy suntuosos,
adornados con columnas y estatuas, y otros eran sencillos, sin decoración. Esos anfiteatros no
tenían tejado, todo se hacía al aire libre. Por eso, en los teatros suntuosos se tendían sobre las
filas de asientos tapices bordados de oro, para proteger al público del ardor del sol o de un
chaparrón repentino. En los teatros más humildes cumplían la misma función cañizos de
mimbre o paja. En una palabra: los teatros eran tal como la gente se los podía permitir. Pero
todos querían tener uno, porque eran oyentes y mirones apasionados. Y cuando escuchaban
los acontecimientos conmovedores o cómicos que se representaban en la escena, les parecía
que la vida representada era, de modo misterioso, más real que su vida cotidiana. Y les
gustaba contemplar esa otra realidad. Han pasado milenios desde entonces. Las grandes
ciudades de aquel tiempo han decaído, los templos y palacios se han derrumbado.
El viento y la lluvia, el frío y el calor han limado y excavado las piedras, de los grandes teatros
no quedan más que ruinas. En los agrietados muros, las cigarras cantan su monótona canción y
es como si la tierra respirara en sueños. Pero algunas de esas viejas y grandes ciudades siguen
siendo, en la actualidad, grandes. Claro que la vida en ellas es diferente. La gente va en coche o
tranvía, tiene teléfono y electricidad. Pero por aquí o por allí, entre los edificios nuevos,
quedan todavía un par de columnas, una puerta, un trozo de muralla o incluso un anfiteatro de
aquellos lejanos días. En una de esas ciudades transcurrió la historia de Momo. Fuera, en el
extremo sur de esa gran ciudad, allí donde comienzan los primeros campos, y las chozas y
chabolas son cada vez más miserables, quedan, ocultas en un pinar, las ruinas de un pequeño
anfiteatro. Ni siquiera en los viejos tiempos fue uno de los suntuosos; ya por aquel entonces
era, digamos, un teatro para gente humilde. En nuestros días, es decir, en la época en que se
inició la historia de Momo, las ruinas estaban casi olvidadas. Sólo unos pocos catedráticos de
arqueología sabían que existían, pero no se ocupaban de ellas porque ya no había nada que
investigar. Tampoco era un monumento que se pudiera comparar con los otros que había en la
gran ciudad. De modo que sólo de vez en cuando se perdían por allí unos turistas, saltaban por
las filas de asientos, cubiertas de hierbas, hacían ruido, hacían alguna foto y se iban de nuevo.
Entonces volvía el silencio al círculo de piedra y las cigarras cantaban la siguiente estrofa de su
interminable canción que, por lo demás, no se diferenciaba en nada de las estrofas anteriores.
En realidad, sólo las gentes de los alrededores conocían el curioso edificio redondo.
Apacentaban en él sus cabras, los niños usaban la plaza redonda para jugar a la pelota.
Pero un día corrió la voz entre la gente de que últimamente vivía alguien en las ruinas. Se
trataba, al parecer, de una niña. No lo podían decir exactamente, porque iba vestida de un
modo muy curioso. Parecía que se llamaba Momo o algo así. El aspecto externo de Momo
ciertamente era un tanto desusado y acaso podía asustar algo a la gente que da mucha
importancia al aseo y al orden. Era pequeña y bastante flaca, de modo que ni con la mejor
voluntad se podía decir si tenía ocho años sólo o ya tenía doce. Tenía el pelo muy ensortijado,
negro y con todo el aspecto de no haberse enfrentado jamás a un peine o unas tijeras. Tenía
unos ojos muy grandes, muy hermosos también muy negros y unos pies del mismo color, pues
casi siempre iba descalza. Sólo en invierno llevaba zapatos de vez en cuando, pero solían ser
diferentes, descabalados, y además le quedaban demasiado grandes. Eso era porque Momo no
poseía nada más que lo que encontraba por ahí o lo que le regalaban. Su falda estaba hecha de
muchos remiendos de diferentes colores y le llegaba hasta los tobillos. Encima llevaba un
chaquetón de hombre, viejo, demasiado grande, cuyas mangas se arremangaba alrededor de
la muñeca. Momo no quería cortarlas porque recordaba, previsoramente, que todavía tenía
que crecer. Y quién sabe si alguna vez volvería a encontrar un chaquetón tan grande, tan
práctico y con tantos bolsillos.
Debajo del escenario de las ruinas, cubierto de hierba, había unas cámaras medio derruidas, a
las que se podía llegar por un agujero en la pared. Allí se había instalado Momo como en su
casa. Una tarde llegaron unos cuantos hombres y mujeres de los alrededores que trataron de
interrogarla. Momo los miraba asustada, porque temía que la echaran. Pero pronto se dio
cuenta de que eran gente amable.
Ellos también eran pobres y conocían la vida.
—Y bien —dijo uno de los hombres—, parece que te gusta esto.
—Sí —contestó Momo.
—¿Y quieres quedarte aquí?
—Sí, sí puedo.
—Pero, ¿no te espera nadie?
—No. —Quiero decir, ¿no quieres volver a casa?
—Ésta es mi casa.
—¿De dónde vienes, pequeña?
Momo hizo con la mano un movimiento indefinido, señalando algún lugar cualquiera a lo lejos.
—¿Y quiénes son tus padres? —siguió preguntando el hombre. La niña lo miró perpleja,
también a los demás, y se encogió un poco de hombros. La gente se miró y suspiró. —No
tengas miedo —siguió el hombre—. No queremos echarte. Queremos ayudarte. Momo asintió
muda, no del todo convencida. —Dices que te llamas Momo, ¿no es así? —Sí. —Es un nombre
bonito, pero no lo he oído nunca. ¿Quién te ha llamado así? —Yo —dijo Momo. —¿Tú misma
te has llamado así? —Sí. —¿Y cuándo naciste? Momo pensó un rato y dijo, por fin: —Por lo que
puedo recordar, siempre he existido. —¿Es que no tienes ninguna tía, ningún tío, ninguna
abuela, ni familia con quien puedas ir? Momo miró al hombre y calló un rato. Al fin murmuró:
—Ésta es mi casa.

8.- ¿A qué género literario pertenece este texto?

A. Lírico. B. Narrativo. C. Dramático. D. Informativo.

9.- ¿En qué época vive Momo?

A. En la antigüedad.
B. En la prehistoria.
C. En el futuro.
D. En la actualidad.

10.- ¿Quiénes vivían en las casas grandes en los tiempos antiguos?

A. Los emperadores.
B. Los mercaderes.
C. La familia de Momo.
D. Los artistas.
11.- ¿De qué se trata este texto?

A. De una niña perdida.


B. De una niña huérfana.
C. De un anfiteatro antiguo.
D. De una ciudad turística.

12.- ¿Qué NO se realiza en las plazas?

A. Comentar novedades.
B. Realizar discursos.
C. Escuchar discursos.
D. Elevar plegarias.

13.- ¿A qué se le llama anfiteatros?

A. A los teatros.
B. A las filas de asientos.
C. A los escenarios.
D. A los campos deportivos.

14.- En relación a su infraestructura, ¿cómo eran en general los anfiteatros?

A. Eran muy elegantes y adornados.


B. Estaban sólidamente techados.
C. Eran de piedra y mimbre.
D. Eran hechos de acuerdo a los recursos de cada lugar.

15.- ¿Cómo era el anfiteatro donde vivía Momo?

A. Era muy turístico.


B. Estaba lejos y oculto.
C. Era un lugar muy transitado.
D. Estaba siendo objeto de estudio.

16.- ¿Cuál de las siguientes característica NO corresponde a Momo?

A. Lleva ropas grandes.


B. Está sucia y despeinada.
C. Usaba zapatos muy negros.
D. Tiene una edad indescifrable.
17.- ¿Dónde vivía Momo?

A. Debajo de las galerías de asientos.


B. Al lado del escenario.
C. En las cámaras bajo el escenario.
D. Sobre la hierba del patio central.

18.- ¿Qué es lo que sabe Momo sobre su propia historia?

A. Solo el lugar dónde nació.


B. Su fecha de nacimiento.
C. El nombre de sus padres.
D. No tiene ningún conocimiento

19.- ¿Por cuál palabra reemplazarías la que está subrayada? “ya había en los países ciudades
grandes y suntuosas”

A. Amplias. B. Lujosas. C. Desarrolladas. D. Abiertas.

Lee el siguiente texto y responde las preguntas 20 a 27.

La lengua vive en la boca

La lengua vive en la boca


como la almeja en su concha.
Si algo cae entre sus labios,
lo pule y lo saborea
como si fuera una idea
nacida de siete sabios.

Aunque sea una basura


que le ha herido el paladar,
la envuelve y no se apresura,
pues la paciencia es su cura
y su modo de sanar.

La entibia entre su saliva


-porque una idea está viva-;
le da tiempo, le da oriente
y un reflejo del poniente
con su tenue quemadura.
Pero no nos deja verla
hasta que está bien madura:
Así de hermosa es su perla.
La lengua vive en la boca
como la almeja en su concha.
¿Por qué dicen que es de sabios
tener cerrados los labios?
¡Que los abra! ¡Que los abra!
Que le dé luz a su perla
para verla. Que los abra
y dé luz a su palabra…

20.- ¿Qué tipo de texto es?

A. Cuento. B. Fábula. C. Poema. D. Noticia.

21.- ¿A cuál sentido apela el texto para su completa comprensión?

A. Olfato. B. Visión. C. Gusto. D. Tacto.

22.- ¿Qué figura literaria está presente en el siguiente verso? “La lengua vive en la boca como la
almeja en su concha.”

A. Hipérbole. B Personificación. C. Comparación. D. Aliteración.

23.- ¿De qué se trata el texto?

A. Del nacimiento de las palabras.


B. De la comida en la boca.
C. De las almejas en su concha.
D. De las perlas de la boca.

24.- ¿Cuál figura literaria está presente en los siguientes versos? “La entibia entre su saliva -
porque una idea está viva-”

A. Comparación. B. Personificación. C. Hipérbole. D. Aliteración.

25.- ¿A qué se refiere el siguiente verso cuando dice ”¡que los abra!”? “Que los abra y dé luz a
su palabra”

A. A los labios. B. A la perla. C. A la luz. D. A la lengua.


26.- ¿Por cuál palabra reemplazarías la subrayada?
“la envuelve y no se apresura, pues la paciencia es su cura”

A. Estimula. B. Apura. C. Completa. D. Finaliza.

27.- ¿A qué se refiere este verso?


”Qué le dé luz a su perla para verla”

A. A la palabra. B. A la boca. C. A la lengua. D. A la idea.

Lee el siguiente texto y responde las preguntas 28 a 35.


28.- ¿De qué se trata el texto?

A. Del ciclo del agua.


B. Del calentamiento solar.
C. De mundo primaria.
D. De la precipitación.

29.- ¿Cuál es el primer paso del ciclo?

A. Se evapora el agua.
B. Se forman las nubes.
C. Se calientan las aguas.
D. Se forma la precipitación.

30.- ¿Qué se puede entender de la infografía?

A. Que a mayor evaporación más precipitaciones.


B. Que se evapora más agua que la que precipita.
C. Que el hielo de los glaciares no se derrite.
D. Que la evaporación depende de la cantidad de agua.

31.- En el ciclo del agua, ¿cómo se condensa ésta?

A. El agua transformada en nieve.


B. El agua evaporada sube formando nubes.
C. El agua a bajas temperaturas forma granizo.
D. El agua se derrite hasta ser líquida.

32.- ¿Cuándo se cierra el ciclo?

A. Cuando se evapora el agua.


B. Al calentarse las aguas superficiales.
C. Al haber precipitaciones.
D. Al formarse las nubes.

33.- En la condensación, ¿cuál es el estado del agua?

A. Líquida.
B. Gaseosa.
C. Sólida.
D. Mixta.
34.- En qué alternativa se ordena el ciclo del agua:

A. Calentamiento - Evaporación - Condensación - Precipitación.


B. Evaporación - Calentamiento - Condensación - Precipitación.
C. Calentamiento - Evaporación - Precipitación - Condensación.
D. Evaporación - Condensación - Calentamiento - Precipitación.

35.- En la oración: “las nubes son pequeñas” ¿Qué tipo de palabra es la subrayada?

A. Sustantivo.
B. Artículo.
C. Verbo.
D. Adjetivo.

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